Terapia Narrativa y Feminismo en Familias
Terapia Narrativa y Feminismo en Familias
Resumen
La terapia narrativa propuesta por Michael White y David Epston tiene, desde sus
orígenes, un posicionamiento crítico que permite enfocar discursos y prácticas de
poder que afectan la vida de las personas. Sus premisas, procedimientos y técnicas
son posibles de articular a lecturas feministas, para cuestionar lógicas opresivas que
afectan directamente a las mujeres. Desde esta confluencia, el artículo recupera el
proceso terapéutico con enfoque narrativo realizado con una familia, en un proyecto
de extensión docente universitario. Se destaca que la terapia narrativa permitió a la
familia analizar los hechos que generaron el sufrimiento y apropiar los discursos
alternativos que propiciaron un cambio en la identidad y las relaciones.
Palabras clave: abuso sexual, feminismos, género, terapia narrativa, trabajo social, violencia.
� Este artículo surge de la sistematización de resultados del proyecto de extensión docente ED-
3262: Construyendo nuevas estrategias de crianza y vinculación: familias en procesos de cambio,
financiado por la Universidad de Costa Rica, como parte de los fondos públicos que se utilizan
en el país para realizar acción social.
�� Licenciada en Trabajo Social y Magíster en Trabajo Social con énfasis en Intervención Tera-
péutica. [email protected] / https://orcid.org/0000-0003-4252-2598
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Carolina Rojas-Madrigal
Abstract
The narrative therapy proposed by Michael White and David Epston has a critical
position from its origin that allows focusing speeches and power practices that
affect people’s lives. Their premises, procedures and techniques can connect with
feminist positions to question the oppressive logic that directly affect women.
This paper shows the confluence by describing the therapeutic process based on
a narrative approach with a family within a university extension project. This
type of therapy allowed the family to analyze the events that generated suffering,
and they appropriated the alternative discourses for a change in their identity
and relationships.
Keywords: feminisms, gender, narrative therapy, sexual abuse, social work, violence.
Resumo
A terapia narrativa proposta por Michael White e David Epston, tem, desde sua
origem, uma posição crítica que permite focalizar os discursos e as práticas de
poder que afetam a vida das pessoas. É possível vincular suas premissas, procedi-
mentos e técnicas com leituras feministas, de modo a questionar lógicas opressivas
que afetam diretamente as mulheres. Dessa confluência, este artigo recupera o
processo terapêutico com foco narrativo realizado com uma família num projeto
de extensão do ensino universitário. Destaca-se que esse tipo de terapia permitiu à
família analisar os eventos que geraram sofrimento, além de discursos alternativos
adequados para uma mudança na identidade e no relacionamento.
Palavras-chave: abuso sexual, feminismo, gênero, serviço social, terapia narrativa, violência.
Introducción
Dentro de las múltiples formas que históricamente se han desarrollado en
el Trabajo Social para la atención de familias, interesa en este escrito re-
flexionar sobre los procesos terapéuticos. Para esto, se retoman algunos ele-
mentos centrales de la terapia narrativa, su conexión con las epistemologías
feministas y los alcances del trabajo con una familia en particular. 75
Como antecedentes importantes cabe mencionar que en la Escuela de
Trabajo Social de la Universidad de Costa Rica se desarrolla desde agosto
del 2016 el proyecto Construyendo nuevas estrategias de crianza y vincula-
ción: familias en procesos de cambio, el cual está inscrito en la Vicerrectoría
de Acción Social.
Dentro de la lógica de trabajo de esta universidad pública, es posible ins-
cribir proyectos de investigación, docencia o acción social —extensión— en
las vicerrectorías correspondientes, tras pasar por la revisión y análisis de las
instancias autorizadas. Aprobados los proyectos, al personal académico se
le asigna una carga de horas por semana para desarrollar los objetivos, y se
asigna un presupuesto anual para materiales, según se soliciten. Los fondos
para el pago de las o los docentes, asistentes y materiales se realizan con el
presupuesto regular de la universidad.
El proyecto en cuestión se orienta a atender a familias que, por diversas
razones, presentan fricciones a nivel relacional, así como conflictos afec-
tivos y en la comunicación, que provocan afectaciones en los procesos de
crianza de personas menores de edad. Estas situaciones se consideran rele-
vantes, dado que ponen en riesgo el desarrollo humano de sus integrantes
(Escuela de Trabajo Social, Universidad de Costa Rica 2016). Con el fin de
captar población que realmente requiera del servicio, se hizo una alianza
con el Patronato Nacional de la Infancia —en adelante, pani—, instancia
que se encarga de velar, a nivel nacional, por los derechos de las personas
menores de edad. Allí, las profesionales seleccionan las familias que cum-
plan con los requisitos definidos desde el proyecto.
La atención de las familias ha permitido sistematizar cada experiencia
fuente de reflexiones metodológicas y técnicas relativas a la formación y
quehacer de las trabajadoras y los trabajadores sociales. En el proyecto
se trabaja con tres propuestas de atención terapéutica de familias: la te-
rapia breve centrada en soluciones, el modelo de validación humana y
la terapia narrativa. En este escrito se hará alusión específicamente a la
terapia narrativa.
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1 Si bien las publicaciones iniciales sobre terapia narrativa son formalmente de autoría de Michael
White y David Epston, interesa subrayar el ambiente académico y profesional de discusión e
intercambio de ideas que fue base importante para esta propuesta, entre Michael White, su
esposa Cheryl White, David Epston y su esposa Ann Epston.
2 “Una historia densa está llena de detalles, se conecta con otras y sobre todo, proviene de las
personas para quienes esa historia es relevante. Una historia ‘delgada’ generalmente proviene de
observadores de fuera, no de las personas que la están viviendo y difícilmente tiene lugar para
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la complejidad y las contradicciones de su experiencia. Cuanto más ‘densa’ sea una historia,
más posibilidades abrirá para la persona que la vive” (López 2011, 135).
3 Michael White (2007), en el texto Maps of narrative practice, retoma los panoramas de acción
y de identidad —lansdcape of action and lanscape of identity— de Bruner, para trazar con la
persona dos mapas que se conectan o, mejor dicho, se sobreponen. El panorama de acciones
permite a la persona identificar eventos, circunstancias, secuencias en el tiempo, logrando
establecer una trama, que a su vez ha generado un panorama de identidad, ya que estos eventos
han sido interpretados y pueden ser reinterpretados en la terapia a partir de comprensiones de
qué sucedió y qué aprendizajes, conocimientos y realizaciones han sido alcanzados.
4 Iván Castillo Ledo, Hilda I. Ledo González y Yasiel del Pino Calzada (2012, 62) afirman:
“Nuestra identidad personal está constituida por lo que ‘sabemos’ de nosotros mismos y como
nos describimos como personas. En otras palabras, cuando los miembros de una familia, los
amigos, los vecinos, los compañeros de trabajo o los profesionales piensan que una persona
‘tiene’ una cierta característica o un problema determinado, están ejerciendo un poder sobre el
al ‘representar’ este conocimiento respecto a esa persona. Por tanto, en el terreno de lo social,
conocimiento y poder están inextricablemente unidos”.
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7 “Mais apropriado seria falar em epistemologias e em metodologias, no plural, uma vez que não
há uma só forma de fazer ciência a partir das lentes oferecidas pelo feminismo e pelos estudos
de gênero” (Narvaz y Koller 2007, 120).
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9 Martha Giudice Narvaz y Sílvia Helena Koller (2007) sostienen esta noción de compromiso
con las personas víctimas de violencia, gestionando apoyo legal y otros recursos que se requie-
ran; de este modo la terapia y la política se articulan en la terapia familiar feminista en pro
de relaciones más justas e igualitarias. En la situación presentada, el apoyo legal y el proceso
en las instancias correspondientes ya había iniciado, por lo que se atendió a la familia desde
la universidad para desarrollar el proceso terapéutico.
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La familia de Sara10 fue referida desde una oficina local del pani. El pro-
ceso se desarrolló desde septiembre del 2016 hasta abril del 2017. Todas las
sesiones fueron realizadas en la Cámara Gesell de la Escuela de Trabajo
Social, por una sola trabajadora social, a saber, la autora de este artículo. El
grupo familiar al iniciar la terapia estaba constituido por Cristina, de 45
84 años, quien tenía a su cargo a Sara, de 17 años; Carlos, de 15; y Elena, de
5. Estas tres personas, menores de edad, son hijas e hijo biológico de Cris-
tina. Sara y Carlos nacen en el primer matrimonio de Cristina, y Elena de
una relación posterior. También es parte de la familia Jonathan, de 2 años,
hijo de Sara. Por tanto, se trataba de una familia con una figura adulta,
dos personas jóvenes, una niña y un niño. La manutención de la familia
procede de trabajos esporádicos de la madre, y del apoyo mensual, no re-
gulado por la vía legal, por parte del padre de Sara y Carlos, y de los padres
de Elena y Jonathan.
El padre de Elena y Jonathan, Adolfo, fue pareja de Cristina por un
lapso de 5 años. En este tiempo ella se trasladó con Sara y Carlos a vivir con
él y sus otros 5 hijos e hijas de relaciones anteriores; la convivencia de am-
bas familias fue conflictiva desde el inicio. En ese arreglo familiar definido
por la pareja se da el abuso sexual de Sara, por parte de uno de los hijos
de Adolfo, y paralelamente por el mismo Adolfo. Estas relaciones abusivas
inician cuando Sara tiene 13 años y se descubren al presentarse el embarazo.
Cuando Cristina recibe la noticia del embarazo, pregunta sobre el
padre y las circunstancias; Sara no revela lo ocurrido en un primer mo-
mento, pero indica después que podría ser Adolfo o su hijo. Cristina se
siente confundida, no le cree a su hija y por intervención del pani11 Sara
es reubicada con una tía —hermana de Cristina— para su protección
por varios meses, ya que su madre continúa la convivencia y relación con
Adolfo, quien niega los hechos.
En el momento de iniciar el proceso terapéutico, Adolfo y Cristina ya
no convivían. Desde que Cristina se instala en una vivienda independiente
con Sara y Jonathan, nuevamente se trasladan a vivir con ella Carlos y Elena.
Un hecho relevante es que Sara decide realizar la prueba de paternidad y
10 Los nombres de las personas integrantes de la familia fueron modificados. Por otra parte, todas
las personas que han sido parte del proyecto firmaron un consentimiento y asentimiento infor-
mado, en el cual se explicó que el equipo de trabajo podía a futuro hacer publicaciones en revistas
académicas sobre lo tratado en las sesiones, pero sin hacer mención alguna de su identidad.
11 Cuando esta familia es referida al proyecto desde el pani, el proceso judicial por el delito de
abuso sexual aún no se había resuelto.
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tuvieron ellas ante esta externalización se preguntó qué hicieron los ofen-
sores para crear el monstruo de la traición. Esto permitió que las narrativas
se centraran en responsabilizar a quienes cometieron los hechos delictivos,
lo cual fue generando la posibilidad de que Sara volviera a conectarse con
su madre, pese a que en un inicio no fungió como figura protectora. Pre-
86 cisamente para que Cristina se ubicara como figura responsable y protec-
tora de sus hijas e hijo y analizara su narrativa de forma crítica, se trabajó
solamente con ella en varias sesiones, de forma tal que fue posible ubicar
antecedentes de violencia en su historia de vida.
Cristina relata durante las sesiones recuerdos de su padre como una fi-
gura amorosa y protectora, pese a que golpeaba a su madre, llegaba a la casa
alcoholizado y maltrataba a sus hermanas. Cristina, como hija menor, ob-
servaba estas formas de violencia hacia otras mujeres cercanas desde muy
pequeña. Aunado a esto, Cristina recuerda a su madre como una buena
mujer que no se quejaba ni decía lo que le molestaba. Narra en las sesiones
cómo el padre llegaba a la casa con otra mujer, con la cual tuvo un hijo; de-
jaban el bebé al cuidado de la madre de Cristina, mientras se iban a comer y
a tomar licor. La madre nunca hizo tan siquiera un comentario al respecto.
Precisamente por esta historia de violencia familiar, se trabajó con Cris-
tina el silencio como segunda externalización. Ella analizó lo que este causó
en su madre, sus hermanas y en ella. En el proceso, Cristina identifica que
ella se ha comportado de forma similar a su madre, ya que, como parte
de su identidad, se comprendía como alguien que debía aguantar, jalar la
carga, apoyar siempre a los demás, perdonar todo.
La imposición del silencio se plantea como un aprendizaje generacional
que hace daño. Cristina logra identificar que Sara continuó cumpliendo el
mandato familiar del silencio, lo cual es utilizado como estrategia por am-
bos ofensores sexuales —Adolfo y su hijo— para ocultar los hechos. Au-
nado a esto, se cuestionaron las ideas de perdón hacia los ofensores, como
algo que Sara no requería para sanar12.
Este trabajo sobre el silencio, desde la terapia narrativa se entiende como
parte del cuestionamiento a la ideología dominante, propuesto por Fou-
cault13. Para Cristina fue posible narrar y, por consiguiente, observar ideas
12 Para Cristina, uno de los aspectos más complejos de comprender era por qué su hija no le había
dicho nada en el momento que sucede el primer evento. Este silencio de Sara no lo reconocía
como parte de la historia familiar.
13 Foucault abrió importantes discusiones sobre el poder; sin embargo, como afirma Federici
(2013), realiza omisiones históricas al obviar la situación de las mujeres en sus análisis. Por
sobre sí misma que había aprendido y aceptado como verdades, las cuales
eran parte de su identidad14. Esto no significa que se le culpabilizara por
haber asumido estos discursos; por el contrario, se reflexionó conjunta-
mente en el impacto de estas ideas sobre lo que ella debía ser, en su vincu-
lación con figuras masculinas. Estos elementos se conectaron con asuntos
estructurales, es decir, cómo estos discursos generan daño en la vida de las 87
mujeres, por justificar el silencio, la sumisión y el perdón. Cuestionar esta
noción de la buena madre y buena esposa que sufre todo lo que sucede en
silencio, fue esencial para analizar las pautas relacionales que aún existían
con Adolfo. Pese a todo lo sucedido, él contactaba a Cristina por celular
constantemente y utilizaba la entrega de dinero y comestibles como excusa
para que se encontraran.
Precisamente, uno de los relatos alternativos que presenta Cristina en el
proceso se derivó de una reacción que tuvo con él, sobre la cual indica “no
parecía yo, parecía algo que puede hacer otra persona, pero lo hice”. Cristina
logró confrontar a Adolfo, un día en que descubrió una nueva mentira y,
en lugar de guardarse para sí lo que siente y piensa, como era usual, le dijo
de frente lo que por años había callado y en el momento de enojo arrojó
el celular de Adolfo a la calle. Lo simbólico de este hecho no solo refiere a
que Cristina por fin habla, y lo hace con voz fuerte y en una calle pública,
sino que además rompe este objeto con el cual se ejercía control sobre ella,
mediante llamadas y mensajes de texto.
Otra acción para retar el silencio fue solicitar a madre e hija que escri-
bieran lo que cada una quisiera decirle a la otra. Se indicó expresamente
escribir aquello que no se dijo antes. Sara agradeció a su madre el apoyo que
ahora le daba. Cristina logró por escrito reconocer en su hija fuerza y va-
lentía para hablar y afrontar todo lo sucedido.
En el trabajo que se hizo respecto al silencio, se enfatiza en todo mo-
mento en la desculpabilización de Sara, ya que no solo su madre sino otros
integrantes de la familia le habían hecho reclamos por no decir que estaba
siendo abusada cuando esta situación de violencia inició. Desde los aportes
consiguiente, se retoman varias de sus ideas como base de la terapia narrativa, pero teniendo
presente la crítica feminista a los límites de su obra, enfocada más en describir cómo se despliega
el poder que en identificar su fuente.
14 White y Epston (1993) plantean que hay una compleja relación entre la identidad y las afirma-
ciones que otras y otros realizan sobre lo que una persona “es” o “debe ser” que van asumién-
dose como verdades. Cristina, durante el proceso, ubica afirmaciones familiares construidas
acerca del silencio. En su familia de origen el “no decir”, el “aguantar todo” y el “guardarse
las cosas” formaron parte de sus aprendizajes sobre ser buena madre y esposa.
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15 “Often it is very meaningful for people to have the experience of other family members listen-
ing to and understanding what they find problematic” (Freedman 2014, 22)
16 “As feministas denunciam que a experiência masculina tem sido privilegiada ao longo da his-
tória, enquanto a feminina, negligenciada e desvalorizada. Elas demonstraram, ainda, que o
poder foi (e ainda é) predominantemente masculino, cujo objetivo original foi a dominação
das mulheres, especialmente de seus corpos” (Diamond y Quinby 1988; Millet 1970; Pateman
1993, citados por Narvaz y Koller 2007, 120).
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17 Sara había dejado de asistir a un proceso terapéutico anterior para abordar las secuelas del
abuso, por lo cual se le plantearon alternativas institucionales, a las que no estuvo anuente. Por
esto, se abordaron en este proceso elementos básicos de la situación de violencia, mas no otros
aspectos que Sara tenía que trabajar en un proceso individual, fuera de la terapia familiar.
18 Hasta no resolverse el juicio por el delito de abuso sexual, Sara podía solicitar la pensión ali-
mentaria para cubrir la manutención de Jonathan, tras contar con la prueba de paternidad.
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19 En el trabajo terapéutico fue esencial tanto con Cristina como con Sara el análisis de los este-
reotipos sobre la maternidad. Al respecto, Cristina Palomar y María Eugenia Suárez (2006)
indican que la maternidad debe ser cuestionada desde una perspectiva de género, de forma
tal que se logren trascender las nociones de instinto materno y naturaleza de las mujeres, y se
reflexione sobre las condiciones en las cuales las mujeres son madres.
20 El tratar la maternidad de Jonathan como una decisión se planteó no en términos legales y
administrativos, sino simbólicos y vinculares. La imposición de la maternidad para Sara no
se había tratado previamente. Se considera que esta forma de maternidad es en sí violenta, y
que era imperativo trabajar con ella los sentimientos hacia el embarazo y la crianza del niño.
La situación de Sara es lastimosamente la de muchas niñas y jóvenes. Como indican Casas
et al. (2016), las maternidades forzadas causan una serie de repercusiones en la salud mental,
que usualmente no son debidamente tratadas.
21 La decisión de Sara fue posible por la expresión abierta de sentimientos y el redireccionamiento
del enojo de manera más clara hacia los ofensores.
22 Véase White y Epston (1993).
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Conclusiones
En este escrito se ha compartido cómo la terapia narrativa, si bien no
incorpora abiertamente referentes bibliográficos feministas, tiene, desde sus
orígenes, una serie de premisas que viabilizan trabajar las desigualdades de
género en la atención de familias. Dichas premisas se sustentan en un cues-
tionamiento abierto a las relaciones de poder, lo cual crea una confluencia
directa con el Trabajo Social feminista.
La terapia narrativa permite ubicar las experiencias de las personas en
una dimensión temporal, mediante la construcción de un panorama de
aquellos eventos esenciales para definir la identidad y cómo esta puede
cambiar cuando se aportan otras perspectivas. Además, apuntala la incor-
poración de visiones diferentes sobre los hechos sin que esto implique una
desvalorización de lo dicho, sino la posibilidad de analizar las bases de es-
tas diferencias (White y Epston 1993). La reautoría, que es precisamente
la manera de construir nuevos relatos mediante la reflexión en el análisis
de las narraciones, permitió a esta familia analizar los hechos que habían
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