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Imputabilidad y responsabilidad en adolescentes

El documento discute la imputabilidad y responsabilidad en la adolescencia desde las perspectivas jurídica y psicoanalítica. Explica que para el psicoanálisis, la responsabilidad se refiere a la capacidad de apropiarse de los actos propios, mientras que jurídicamente la imputabilidad determina si alguien puede ser considerado responsable de un acto. También analiza cómo la adolescencia es un período de transición entre la niñez y la adultez donde los individuos se apropian de su sexualidad y lugar en la sociedad

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Imputabilidad y responsabilidad en adolescentes

El documento discute la imputabilidad y responsabilidad en la adolescencia desde las perspectivas jurídica y psicoanalítica. Explica que para el psicoanálisis, la responsabilidad se refiere a la capacidad de apropiarse de los actos propios, mientras que jurídicamente la imputabilidad determina si alguien puede ser considerado responsable de un acto. También analiza cómo la adolescencia es un período de transición entre la niñez y la adultez donde los individuos se apropian de su sexualidad y lugar en la sociedad

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● Imputabilidad y Adolescencia

Miguel Calvano

Entre el discurso jurídico y el psicoanálisis

En las líneas que siguen vamos a situar la definición de algunos términos para el
psicoanálisis, con el objetivo de pensar en el cruce con el discurso jurídico del tema: la
impunidad en la adolescencia.
Impunidad es un término estrictamente jurídico. Ha sido definida como la
posibilidad de referir una acción a un agente como causa de esa acción.
Para Kant, en términos morales, la impunidad es el juicio por medio del cual alguien
es considerado como autor. Establece Kant que hay una libre elección para el autor de una
acción civil sometida a leyes. A esta acción civil sometida a leyes la llama hecho.
Llamaremos civilización al conjunto de acciones civiles. La acción de bienes civil por
la inscripción del Estado del sujeto agente de esa acción. La acción de bien y moral por la
inscripción en el campo de la cultura del sujeto agente de la acción. Hay por lo tanto
acciones civiles y acciones morales.
Hay coincidencias con el planteo freudiano de que el fundamento de una cultura es
la ley, ley a la que Freud llama prohibición del incesto.
Al término “impunidad” el psicoanálisis lo toma como responsabilidad. Y para el
psicoanálisis dos tipos de responsabilidades. Una que es la que corresponde al analista: su
responsabilidad es la de conducir el análisis. Y la otra, que es la que nos interesa, que sitúa la
responsabilidad en relación con el analizante. Desde esta perspectiva, analizamos un
movimiento que va de la culpa a la responsabilidad. Movimiento que corresponde a la
marcha misma de un análisis y que ubicará el pasaje, la tensión, entre lo individual y lo
general, lo universal, lo que vale para todos.
El psicoanálisis plantea al sujeto, a su concepto de sujeto, como homólogo de
responsable, ya que el sujeto es una respuesta, el sujeto emerge como respuesta a lo que
falta en el Otro. La caída que el sujeto es, es lo que falta en el Otro.
Para que se entienda: el sujeto para el psicoanálisis es la respuesta singular a lo
universal de la interpelación, a la universal de responder ante la ley existen la cultura en la
que se haya ese sujeto. Es el modo personal de responder, en el curso de su propio análisis, de
su sujeción a la ley y de su transgresión a ella. El sujeto es la conexión entre lo particular y lo
general.
Preguntemos nos ante quien responde ese sujeto demandado a responder. Ante el
Estado, cuyo representante es, en principio, la policía. En segundo lugar, ante la ley, cuyo
representante es la justicia. En tercer lugar, en la soledad, en la intimidad, el sujeto responde
al deseo. Esta es la reflexión en relación con la verdad de su acto.
Recién entonces empieza a aparecer un psicoanalista. Acá tiene su lugar, lugar en
relación con la intimidad y la verdad del acto.
Habría dos responsabilidades: la que alguien tiene ante el requerimiento judicial,
respuesta moral, y la que tiene ante su analista, respuestas sobre la verdad.
Cabría distinguir la noción de verdad, Qué es diferente para los jueces que para un
analista. Para unos, es verdad de los hechos; para otros, es verdad del deseo. Es verdad, para
decirlo de otro modo, aplicada a distintos objetos.

Apropiación

La apropiación es la posibilidad de lectura de su acto por parte del sujeto, del


cual es efecto. Las consecuencias de la lectura quieren decir asumir las consecuencias de su
acto. Este acto no siempre está en relación con las intenciones conscientes de alguien.
El psicoanálisis postula que la responsabilidad no es un juicio previo a obrar. Sitúa
esta doctrina de que el sujeto es efecto de su acto, que el acto lo constituye como sujeto. No
hay sujeto previo al acto.
La posibilidad de apropiación de lectura de ese acto es lo que comúnmente se
denomina reflexionar sobre las consecuencias de las acciones de los hombres o las mujeres.
La apropiación es la actitud para afrontar la soledad que implica soportar que un acto
tiene consecuencias. Tiene consecuencias en lo real. Significa que un acto se inscribe como
un trazado, como un surco, en el campo moral; campo moral que más arriba hemos
definido como el campo de lo que específicamente suele llamarse cultura.
A la apropiación la llamamos dignidad, honra, honor.
Esta apropiación muchas veces es un movimiento que no termina de producirse. Suele
no haber convergencia entre el sujeto y su acto. Lo que podríamos llamar una apropiación
impropia.
Tenemos por ejemplo a los niños. Jurídicamente, el niño es inimputable lo que quiere
decir que no es responsable de sus hechos. Que no se sitúa la dimensión de la palabra hasta
determinada edad, lo que la justicia llama “mayoría de edad”.
Si no se nombra a los niños en un juicio, un hecho penal, es porque su nombre, su
palabra, no tiene estatuto en la legalidad del Estado. Si los niños no son imputables, no se la
reconoce la posibilidad de inscribir su acto como una marca en el campo moral. No existe la
posibilidad de referir una acción de la cual el niño se a causa.
Imputar los jurídicamente le hace perder su condición de niño.
En el movimiento de apropiación del acto, en el movimiento de subjetivación de
alguien, el accionar institucional de la justicia permite motorizar ese movimiento o
puede cercenar. La justicia ubica condiciones sociales y morales para dicha
apropiación.
La noción de imputabilidad va en esa dirección. Por el contrario, el dictamen de
inimputabilidad no propicia movimiento subjetivos de apropiación del hecho, no permite
hacer del hecho un acto. No permite subjetivación de las acciones.
La inimputabilidad supone que no pudo hacer otra cosa que la que hizo, que no había
libertad de elección.
Creo yo, y entiendo que la justicia participa de ello, que sólo luego del veredicto el
estado puede establecer la indicación de un tratamiento. Sólo luego de sancionar lo público,
se puede indagar lo privado.
Para el derecho, la sanción recae sobre alguien que al momento del hecho era
responsable: sabía lo que hacía, diferencia va el bien del mal. Podría haber hecho otra
cosa que la que hizo, etcétera.
Me pregunto si la pena tiene efecto retroactivo sobre el hecho, si produce
arrepentimiento. El arrepentimiento sería uno de los nombres para la traducción
subjetiva de lo que llamamos sujeto, la recuperación de la dignidad, la humanidad, el
buen nombre y el honor.
¿De qué depende este arrepentimiento, este sentimiento subjetivo? De la conciencia
moral, la instancia psíquica de auto observación.
A modo de conclusión de este apartado, queda en evidencia que, si los adolescentes
no son imputables jurídicamente, quedan ubicados como los niños y los enfermos mentales
declarados inimputables. Pero ¿Qué es un adolescente?

Adolescencia y globalización
En este tiempo de la vida se anudan la sexualidad con la prohibición del incesto. Se
anudan cuerpo y ley. Más precisamente se anudan de otro modo. Es el momento del
abandono de las teorías sexuales infantiles y el abandono de la satisfacción por el Otro
parental. Es el pasaje a la inexistencia de la relación sexual y a la responsabilidad por el
propio goce.
Cada púber ingresa en el mercado global del sexo y al ingresar adquiere lo que esos
sueños y ensoñaciones la requieren, partenaire sexual: posibilidad de penetración para unos,
posibilidad de procreación para otras.
La sexualidad, su posibilidad de uso es la diferencia entre el juego infantil y el juego
de la pubertad: este juego se paga, se paga con goce. La sexualidad es este pago. Los
embarazos adolescentes suelen ser pagos anticipados por entrar en ese mercado.
Este ingreso se hace a través de lo que ha llamado ritos de iniciación. La iniciación
incumbe tanto a lo que se espera de ellos, Cómo a lo que ellos esperan del mundo Otro.
Los adolescentes esperan que la obligada postergación de la infancia culmine y se
inicie el tiempo del acto. Por su parte, el mundo adulto espera de ellos que ingresen en el
universal de la ley: se los nivel a en relación con la ley, que es una nivelación entre
individuos igualmente afectados por la ley.
El ingreso a la ley del intercambio puede formularse de este modo: en la iniciación
puberal se inscribe una palabra, un don que permite hacer lazo social, hacer lazo a
partir de la inscripción que el Otro hace del sexo del púber.
Ahora bien: la iniciación no es un acto puntual. Dura años, lo que dura el tiempo de
apropiación de este don; de una nueva ubicación en el mundo de la ley y en el mundo
del sexo. A este tiempo de apropiación lo llamamos adolescencia. Al tiempo de la
emergencia de los real sexual y al momento del rito de iniciación los llamamos pubertad.
La adolescencia es el tiempo en el que púber se hace responsable, que se apropia
de lo que se dona y lo hace propio, lo hace íntimo.
Ellos tienen diversas y conocidas estrategias para dominar lo indómito de su cuerpo:
los procesos identificatorios con ideales grupales. Este es un punto muy importante, son
fácilmente captados por diversas sectas, y/o identificación con figuras de la política.
A estos grupos hechos los llaman tribus. Algunos tienen la particularidad de hacer de
su voluntad, ley. En muchos casos, a través de sus comportamientos, dan cuenta del fracaso,
de la vacilación respecto de lo que han recibido o no han recibido del Otro parental.
Si el espacio social no los en marca, lo intentan romper para entrar en él.
Es una cuestión muy compleja la que plantean esos jóvenes sin historia, sin padres,
que enfrentan a la policía y en general a cualquier forma de autoridad con una crueldad que
suele ser un único destino ante el vacío existencial y simbólico que los habita.

Momento de concluir

La adolescencia es un tiempo de metamorfosis: se reemplaza un sistema infantil de


valores por un sistema adulto de valores, lo que quiere decir que se ponen en cuestión en la
adolescencia los sistemas de valores de los padres, cuando lo hubo, y se elige un sistema de
valores propio (que podría o no coincidir con el familiar). Para llevar adelante esta ruptura se
necesita tiempo, eso que llamamos tiempo de apropiación. De manera que resulta
indispensable la presencia del Estado para acompañar a los jóvenes en ese tiempo de
transformaciones.
La justicia, afortunadamente, acompañado históricamente estos procesos de ensayo y
error de los jóvenes. No debe dejar de hacerlo porque ese es el tiempo en que se solidifica la
base necesaria para la imputabilidad.
Si, la responsabilidad, es habilidad para situarse frente al Otro de la ley, no está
determinada de entrada en los sujetos, ahora vemos que el momento propicio para su
determinación es la adolescencia.
En la adolescencia comienza a situarse el orden de la responsabilidad para los jóvenes
porque se hacen posibles:
● Una aptitud para responder en soledad por las consecuencias de su acto.
● Una aptitud para responder ante la ley por las consecuencias de sus
hechos.
● Una aptitud para producir un trazo en el campo moral.

Corresponderá al accionar legal contemplar estas particularidades de constitución


subjetiva. Curiosa paradoja en un tiempo de globalización y universalidad es, la
particularidad se impone como requisito para impartir justicia.

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