CASO: DESCUARTIZADOR DE LIMA
INTRODUCCION
Díaz Balbín, de aproximadamente 30 años de edad, fue detenido. Tenía
nefastos antecedentes habría dispersado troncos, cabezas y piernas por
distintas partes de Lima-. No sólo era el principal sospechoso de un crimen
no resuelto por la Policía, el de la italiana Nina Barzotti, sino también el
frío asesino de su tía paterna, Genoveva Díaz, a quien apuñaló repetidas
veces en el pecho, junto con dos de sus hijos.
Estuvo preso por ese delito nueve años en el penal de Lurigancho, pero a
partir del 5 de diciembre de 1985, por su buena conducta, se le permitió
salir algunos días en “libertad vigilada”. Esas fechas coincidieron con el
hallazgo de las víctimas seccionadas. La Policía estaba casi segura de que
él era el serial killer tan buscado.
Estuvo preso por ese delito nueve años en el penal de Lurigancho, pero a
partir del 5 de diciembre de 1985, por su buena conducta, se le permitió
salir algunos días en “libertad vigilada”. Esas fechas coincidieron con el
hallazgo de las víctimas seccionadas. La Policía estaba casi segura de que
él era el serial killer tan buscado.
El comandante Víctor Cueto Candela, jefe de la División de Homicidios,
convencido por un subalterno -el alférez Araujo-, decidió buscar a Mario
Poggi, a quien conocían ya que había sido catedrático en la Escuela de
Oficiales de la PIP (1981-1982). El contacto fatal entre el psicólogo y el
psicópata estaba en marcha.
En ese entonces, Poggi era un psicólogo desempleado que decidió asumir
el caso y, en lo que creía una “batalla mental” con el presunto homicida, lo
amenazó con estrangularlo con su correa a Díaz Balvìn que se resistía a
hablar, creyendo que era una bravuconada hasta que terminó asfixiado.
La mente criminal
En estos casos los psicólogos forenses deben abocarse a establecer el perfil
de la personalidad del delincuente, elaborando una historia clínica que
busca explicar el origen de su conducta y, paralelamente, descartando
alteraciones mentales que podrían catalogarlo de inimputable.
“Los asesinos que descuartizan a su víctima buscan exhibir su crimen y, no
tanto para ocultar el crimen. Se trata de asesinos primitivos. El
descuartizador siempre sabe que, en algún momento, lo van a descubrir y
que es el protagonista del crimen. No descuartiza para ocultar, sino para
disfrazarse él mismo”, resumió el criminólogo Enio Linares.
El prestigioso forense, Raúl Torre, resumió los posibles móviles que llevan
a un asesino a desgarrar a su presa.
“En primer lugar, hay que aclarar que el descuartizamiento es subsidiario al
homicidio. Es decir que, salvo que la persona esté aún con vida, no es un
delito en sí mismo porque, como la víctima ya está muerta, carece de
derechos”.
Sin embargo, tal brutalidad puede actuar como agravante a la hora del
juicio.
Por esa razón, a la hora de la sentencia, es importante determinar si el
asesino cometió el desmembramiento cuando la persona aún estaba con
vida.
“Si es así, es probable que el homicida puede sufrir una patología
psicológica”, acotò.
MARIO POGGI ASESINO DEL ASESINO
Saqué fuerzas de donde no las tenía y apreté la correa lo más fuerte que
pude hasta que dejó de moverse. Ese día me convertí en un héroe”,
explicaba, orgulloso, bajo los reflectores.
Un cuarto de siglo después, dice, está arrepentido. Las cosas no salieron
como esperaba. Retrocede el tiempo mentalmente y se pregunta: “¿Por qué
la Policía no me dio una mano?, ¿por qué no dijeron que se había ahorcado
solo? Eso me hubiera salvado”.
La gente se aburrió de él, de sus locuras y lo relegó a un rincón lejano de su
memoria.
TEORÍAS APLICADAS EN EL PRESENTE CASO:
Situaciones teóricas:
1.- El descuartizador de lima
La Asociación Americana de Psiquiatría describió a los psicópatas como
“individuos de comportamiento habitualmente antisocial, que se muestran
siempre inquietos, incapaces de extraer ninguna enseñanza de la
experiencia pasada ni de los castigos recibidos, así como también de
mostrar verdadera fidelidad a una persona, a un grupo o a un código
determinado. Suelen ser insensibles y hedonistas, de muy acentuada
inmadurez emocional, carentes de responsabilidad y de juicio lúcido, y
muy hábiles para racionalizar su comportamiento a fin de que parezca
correcto, sensato y justificado”.
Además, este tipo de sujetos “no experimentan sentimientos de
culpabilidad, no tienen remordimientos y sufren una falta total de empatía
y una gran capacidad para fingir”. Razón por la cual, varios psicópatas
criminales intentan aducir una enfermedad mental para evitar su condena,
haciendo creer, incluso, que poseen una personalidad múltiple, tal como
sucede en los casos de psicosis.
A diferencia del resto de los asesinos, el psicótico es un enfermo. “La
pérdida del contacto con la realidad es lo que genera sus acciones
incontroladas y fuera de todo sentido común. Su percepción de las cosas y
de lo que sucede a su alrededor se ve de tal forma alterada que su
reacciones se ven condicionadas hasta el extremo de que nada ni nadie
puede sacarle del error en que se encuentra”. Asimismo, algunos de ellos
presentan cuadros de alucinaciones y delirios.
Los análisis clínicos de Balbín
Cinco psicólogos criminalísticos examinaron al sospechoso y lo perfilaron
como psicópata solitario con falta de afecto. Sus dibujos de personas
carecían de brazos y piernas; además, se rehusaba a usar el color rojo. Su
manejo de la sierra debido al tiempo en el que había trabajado en una
carpintería solo reforzaba las sospechas de que él era el descuartizador.
En los interrogatorios, Balbín se mostraba impenetrable. Era dócil.
Cumplía y cooperaba con todas las indicaciones propiciadas, pero no
hablaban y vieron imposible que confesara. La policía decidió contactar
con el especialista Mario Poggi, quien había cursado estudios de psicología
criminal en la Policía Nacional del Perú y ejercía como catedrático en la
Escuela de Oficiales de la PIP. Poggi tenía estudios tanto en el Perú como
en el extranjero; no obstante, no concluyó ninguno después de la
universidad y permaneció con el grado de bachiller toda su carrera.
Según el portal de noticias Notimérica, “El doctor empleó diversas técnicas
para ahondar en el pensamiento del asesino. Le incitó a la violencia
arrebatándole la comida o provocándole con imágenes de los cuerpos
descuartizados. Sin embargo, Díaz Balbín se mantenía callado, contestaba
asertivamente y no reaccionaba ante las provocaciones de Poggi”.
Teoría psicopatológica
Para esta teoría el origen de la violencia se encuentra a nivel de los rasgos
personales psicopatológicos, tales como los trastornos de personalidad,
trastornos mentales y las adicciones, y el presente caso de los cinco
psicólogos criminalísticas que examinaron al sospechoso, lo perfilaron
como psicópata solitario con falta de afecto, además de que era una persona
catatónica. Sus dibujos de personas carecían de brazos y piernas; además,
se rehusaba a usar el color rojo. Su manejo de la sierra debido al tiempo en
el que había trabajado en una carpintería solo reforzaba las sospechas de
que él era el descuartizador. Y del examen psicosomático realizado se
concluyó que este individuo era un enfermo mental que tenia de
diagnóstico esquizofrenia paranoide (loco).
Cunningham y otros autores, postulan que ciertos diagnósticos de los
agresores, especialmente, los trastornos límite y antisocial de la
personalidad están asociados a casos de violencia. De igual manera, se
consideran aquellos que desdibujan la percepción de la realidad como los
trastornos psicóticos, y cuya expresión más recurrentes es la paranoia, cuyo
síntoma principal son los delirios, razón por la cual pueden generar
agresiones y ataques en la familia, por lo que en el caso que analizamos en
los interrogatorios realizados a este personaje, el también conocido como
“descuartizador de Lima” confesó que la paranoia que sufría era lo que lo
obligaba a cometer los sangrientos asesinatos y uno de estos fue el
asesinato de su tía Genoveva y el de sus sobrinos en la ciudad de chacra
ríos.
2.- El psicólogo homicida
Teoría del estrés y afrontamiento, y la teoría Social-Situacional
Según el sociólogo Robert Agnew, este afirma que el comportamiento
violento puede estar relacionado con la frustración y el enojo que se
produce cuando un individuo recibe maltratos. Describiendo a sí tres tipos
de tensiones que aumentan los sentimientos de ira y miedo en una persona.
El primero y el que se identifica en el presente caso está relacionado con la
tensión asociada con el fracaso de no poder lograr objetivos valorados
positivamente, esto quiere decir que este tipo de tensión puede hacer que un
individuo use medios ilegítimos para obtener lo que quiere y en el caso que
analizamos podemos ver que Mario Poggi era un psicólogo desempleado
de 42 años que recorría la capital sin rumbo fijo y, sin duda, ese caluroso
enero la pasaba muy mal, sin embargo la policía lo contacto para que lleve
el caso del descuartizador. El doctor estaba convencido de que su paciente
era el descuartizador; no obstante, a falta de pruebas, era necesaria su
confesión y pronto, pues se acababan los días en los que podía estar
detenido por prisión preventiva, sin embargo la presión de los medios de
comunicación , de los altos funcionarios de la policía y psicólogo al sentir
la frustración de que el descuartizador no confesaba decidió obtener la
confesión optando por realizarlo con un medio ilegitimo el cual fue
asfixiarlo tomó su cinturón y lo ahorcó tirándolo al suelo y colocando su
pie en la cabeza del imputado y salió del salón de interrogatorios gritando
'Salvé a la humanidad, acabé con el monstruo”
Teoría del aprendizaje
Esta teoría propone que la mayoría de los comportamientos son aprendidos
a través de la observación y la experiencia de conductas. En
correspondencia, aquellas personas que han experimentado o presenciado
violencia tienen más probabilidades de agredir a otra persona, que aquellas
que no han sido expuestas a entornos violentos. De la misma forma,
Bandura (1973) argumentó que las tendencias agresivas no son innatas,
sino aprendidas, estas observaciones, según la teoría, pueden ser el
resultado de la violencia que ven en la televisión u otras fuentes, que más
tarde conducen al desarrollo de conductas delictivas, inclusive al asesinato,
en el presente caso se tiene que Mario Poggi era el psicólogo de su víctima
y que por su trayectoria como Psicólogo habría adquirido conocimientos y
experiencia al tratar ese tipo de criminales y casos, ya que de los hechos se
tiene que empleó diversas técnicas para ahondar en el pensamiento del
asesino e incluso lo incitó a la violencia, para verse como un héroe que
cree haberse inmolado para salvar a la ciudad de un monstruo asesino que
disfrutaba serruchando los cuerpos de sus víctimas, y que al salir, las
cámaras lo esperaban en la puerta del penal, era una celebridad, firmaba
autógrafos, salía en la televisión casi todos los días y no se cansaba de
contar el homicidio con lujo de detalles.