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Material de Lectura Mod 1 - Educacion Emocional

Este documento presenta una introducción a un curso de educación emocional. Explica que los jóvenes carecen de límites y guía claros, y propone que la educación emocional en las escuelas puede ayudar a los estudiantes a desarrollar habilidades emocionales para tener vidas más felices y saludables. También destaca la importancia de trabajar en el desarrollo integral de los estudiantes y en prepararlos para el mundo real.
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Material de Lectura Mod 1 - Educacion Emocional

Este documento presenta una introducción a un curso de educación emocional. Explica que los jóvenes carecen de límites y guía claros, y propone que la educación emocional en las escuelas puede ayudar a los estudiantes a desarrollar habilidades emocionales para tener vidas más felices y saludables. También destaca la importancia de trabajar en el desarrollo integral de los estudiantes y en prepararlos para el mundo real.
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Diplomatura en Educación Emocional en el aprendizaje.

Instituto de Extensión UNVM

Módulo 1
Educación Emocional
Lucas J. J. Malaisi
Diplomatura en Educación Emocional en el aprendizaje. Instituto de Extensión UNVM

HOJA DE RUTA

INTRODUCCIÓN - 4

INTELIGENCIA EMOCIONAL

Reseña histórica de la Inteligencia Emocional - 8


¿Qué es la Inteligencia Emocional?- 9
Coeficiente Emocional y Coeficiente Intelectual - 12
Inteligencia Social -13
Integralidad - 16
Importancia de la Inteligencia Emocional en la vida - 17

EDUCACIÓN EMOCIONAL

¿Qué es la Educación Emocional? - 19


¿En qué consiste la estrategia educativa de la Educación Emocional? - 22
¿Cómo implementar la Educación Emocional en la escuela? - 23

EMOCIONES

¿Qué son las emociones? - 24


Emociones: energía inagotable - 25
Emociones: señales existenciales - 26
Toma de decisiones: ¿Qué emociones me guían y cuáles me extravían?- 27
Biología y duración de las emociones - 28
Efecto de las emociones en el desempeño - 30
El interruptor On/Off: Modo defensa o Modo creativo - 32
Modo Defensa, Creativo y Sub modo relax – 33

PENSAMIENTOS

Autodiálogo: expresión directa de los pensamientos - 40


Autodiálogo: generador instantáneo de emociones - 42
Evaluamos y clasificamos permanentemente - 43
Creencias: GPS Interno – 45

ACCIÓN

Un abordaje holístico: pensamiento y acción – 49


Beneficios de entrar en acción – 50

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EMOCIONES Y APRENDIZAJE – 51

Las emociones son contagiosas – 53


¿Qué origina las emociones? - 54
Clasificación de las emociones – 55
Cuadro esquemático de emociones - 59
Necesidades emocionales - 61
Necesidad de Atención – 64
Habeas Emotum – 66

BIBLIOGRAFÍA – 67

ACERCA DEL DOCENTE – 68

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Diplomatura en Educación Emocional en el aprendizaje. Instituto de Extensión UNVM

INTRODUCCIÓN1

En la actualidad nos toca ser testigos de diversos y profundos problemas sociales:


conductas violentas, delictivas, suicidas, adictivas, depresivas, entre tantas otras, que
proliferan como parte de una realidad desigual que no le es ajena a la mayoría de los
rincones de este planeta.2 Existe una creciente cantidad de adolescentes con problemas de
conducta severos (Trastorno Negativista Desafiante y Trastorno Disocial del
Comportamiento). Se ha registrado un aumento de la depresión infanto-juvenil, y un
preocupante inicio de la sintomatología a edades cada vez más tempranas. También se
observan casos de niños/as con angustia crónica3.

En el ámbito educativo los índices de repitencia y abandono escolar son muy altos. Por si
fuera poco, la fragmentación familiar, la desintegración de las redes de apoyo comunitario,
la urbanización, la inseguridad social, la indefensión aprendida, la inestabilidad económica,
la inequidad, la marginación y la discriminación social, la sobreexposición a la violencia
gráfica y a las tecnologías deshumanizantes, las condiciones de hacinamiento, etc., son
factores de este pernicioso círculo vicioso, que a su vez se combina con cambios valórico-
culturales que fomentan el consumismo, el individualismo, el materialismo, el hedonismo,
la masificación, la frivolidad, la búsqueda del placer inmediato y el culto de la imagen,
haciendo cada vez más difícil una adaptación saludable de jóvenes y adultos/as a este
medio hostil, nuestro mundo actual.

Así, en un delicado entramado de innumerables variables interconectadas e


interdependientes que afectan a las sociedades, pululan nefastas e impensadas
problemáticas de una complejidad creciente

En este contexto te invito que reflexionemos lo siguiente: ¿Realmente los


jóvenes transgreden más límites que antes? ¿O es que no tienen
consignas ni límites claros?

Si prestas atención a los cambios visibles y comportamentales que describí, vas a darte
cuenta que es una cuestión nuestra, de los/as adultos/as, que estamos fallando como
autoridad (guías) y no estamos estableciendo ni sosteniendo –sobre todo esto último–
consignas claras.

1
MALAISI, Lucas Javier Juan. Cómo ayudar a los niños de hoy, Educación Emocional, Argentina, San Juan, Editorial
Educación Emocional Argentina, Segunda Edición, 2011
2
https://www.unicef.org/lac/ni%C3%B1os-y-ni%C3%B1as-en-am%C3%A9rica-latina-y-el-caribe
3
https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/adolescent-mental-health
4
Diplomatura en Educación Emocional en el aprendizaje. Instituto de Extensión UNVM

Los/as chicos/as actúan en consecuencia nuestra.

El contexto en el que se enseñan y practican las habilidades emocionales es de vital


importancia, tanto como las habilidades mismas. Si queremos brindar una Educación
Emocional que les permita a los/as alumnos/as adquirir las destrezas para reconocer,
expresar y gestionar sus emociones, no podemos subestimar la importancia del clima
educativo. Los/as niños/as, en la etapa de la escuela primaria, son influenciados/as por la
relación que establecen con los/as adultos/as de su establecimiento, especialmente sus
maestros/as. Por tanto, otro aspecto a trabajar en las escuelas es el de las relaciones
interpersonales y para ello es necesario brindar talleres sobre trabajo en equipo,
comunicación, resolución de problemas, etc.

Vemos claramente un contexto sin precedentes y difícil para el/la niño/a, quien por otro lado
en medio de tales situaciones carece de espacios para el desarrollo de capacidades
emocionales que permitan un sano crecimiento personal acorde a los tiempos que corren.
Estoy seguro de que ningún lector/a es ajeno/a a estos problemas que mencioné, como
tampoco de que requieren sin más rodeos ni postergaciones de nuestro trabajo y
compromiso para su pronta resolución.

Entonces la pregunta fundante de este trabajo es: ¿Qué podemos hacer


para ayudar a los/as niños/as y jóvenes de hoy a ser más felices y
saludables?

Yo propongo que hagamos Educación Emocional en las escuelas. Como vimos, cada vez
son menos las familias que brindan a los/as niños/as apoyo y saberes para la vida, entonces
la escuela pasa a ser un lugar crucial donde brindar enseñanzas sociales y emocionales en
forma sistematizada, sostenida y con fundamento científico, tanto a niños/as y adolescentes
como a los mismas familias y docentes.

No quiero decir que la escuela por sí sola pueda remplazar a todas las instituciones
sociales, menos aún a la familia, pero ofrece un ámbito seguro y propicio donde podemos
brindar lecciones básicas de cómo transitar por la vida de una manera más segura y
saludable.

No nos olvidemos de que, en sus raíces, el objetivo de la educación es la formación


integral de las personas para que se realicen como personas, a partir del desarrollo
de sus capacidades para elaborar sus propios proyectos de vida.

5
Diplomatura en Educación Emocional en el aprendizaje. Instituto de Extensión UNVM

Para averiguar si es importante o no aprender a manejar las emociones,


reflexionemos sobre las siguientes preguntas.

En el día de hoy, como parte de tu rutina, ¿cuántas veces tuviste que sacar la raíz
cuadrada de algún número? ¿Cuántas fechas de acontecimientos históricos debiste
recordar o cuántos conocimientos de biología te fueron indispensables para mantener tu
adaptación? Seguramente la respuesta a estas preguntas es cero o cercana a cero.

Pero si te pregunto: ¿Cuántas veces debiste lidiar con una


emoción en lo que va del día?, no importa en el área en que te
desempeñes ni dónde estés, seguramente me dirás que muchas veces.

El adquirir habilidades emocionales marca una gran diferencia en la vida de las


personas. El trabajo (ya sean negocios, manualidades, medicina, etc.), la vida de pareja
(donde lo que haga o deje de hacer el otro habitualmente tendrá un alto impacto emocional
en tu vida), el deporte, las artes (arquitectura, escultura, pintura, literatura, danza, música,
cine), en fin, todo lo que hagas está atravesado por lo emocional. No digo con esto que no
debamos trabajar lo académico, pero sí que el acento ya no debe recaer sólo allí, sino
también en lo social y lo emocional.

En el artículo onceavo, punto “b” de la Ley de Educación Nacional N° 26.206 de


Argentina se declara: “Garantizar una educación integral que desarrolle todas las
dimensiones de la persona y habilite tanto para el desempeño social y laboral como para el
acceso a estudios superiores”. Pregunto: ¿En qué asignatura se aborda en forma explícita
lo social, lo laboral y la preparación para el compromiso que requieren los estudios
superiores? En ninguna.

La dimensión emocional es lo que motiva al ser humano y la motivación es,


a su vez, la condición de la constancia que se requiere para la consecución de
objetivos a largo plazo y la realización de los sueños que tenemos en la vida.

Para poder alcanzar estas metas educativas necesitamos que los/as alumnos/as
puedan encontrar los objetivos que aman y conectarse con la energía de la pasión.
En fin, para alcanzar todo esto es necesario crear un espacio en el que se acompañe a
los/as niños/as en su autodescubrimiento.

Lawrence Shapiro4 afirma que anteriormente el interés estaba puesto en las


capacidades intelectuales de las personas, pero desde hace algunos años se ha
comenzado a pensar en lo que es llamado “capacidad emocional”, lo cual ha dado lugar al
desarrollo del concepto de Inteligencia Emocional. La OMS (Organización Mundial de la
Salud) en 1986 hace un comunicado a los sistemas educativos mundiales en el que propone
desarrollar las “Habilidades para la vida” (Life skills). Luego, en 1993 elabora un nuevo

4
Shapiro, Lawrence E. La inteligencia emocional de los niños. Vergara Editor, S.A. México, 1997
6
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documento centrado en la educación (Life Skills Education in School), en el cual define


aquellas habilidades como “Capacidades para adoptar un comportamiento adaptativo y
positivo que permita a los individuos abordar con eficacia las exigencias y desafíos de la
vida cotidiana”. Luego, en 1998, en un glosario sobre promoción de la salud especifica la
necesidad de desarrollar en el ámbito educativo 10 habilidades para la vida, de las cuales
al menos 6 son habilidades emocionales en forma específica. Estos documentos se basan
en una contundente e incuestionable evidencia científica de los beneficios de hacer
Educación Emocional. El grado en que los trastornos emocionales pueden interferir en la
vida no es ninguna novedad. Los chicos que se sienten ansiosos, enojados, atemorizados
o deprimidos no aprenden ni pueden desarrollarse sanamente. Son dificultades que pueden
comenzar inadvertidamente pero a medida que el/la niño/a se convierte en adolescente,
puede que estas conductas se exageren más o se transformen en otras nuevas tales como
la promiscuidad, la delincuencia o el abuso del alcohol y otras drogas. Podríamos continuar
con la enumeración de trastornos y complicaciones por las que atraviesan los/as niños/as,
pero nuestros esfuerzos deben concentrarse en un solo objetivo: el Cambio.

La mosca queda atrapada en la botella


porque se empeña en tratar de salir por donde no
está el agujero. Repite esquemas de acción o
soluciones intentadas sin tener éxito. En los seres
humanos, casi como en las moscas, romper estos
esquemas de acción, repetitivos y enquistados,
requiere tener que vencer la resistencia al cambio.
Como dije anteriormente, la educación formal insiste
una y otra vez en lo mismo: reformas centradas en lo
cognitivo, ignorando lo emocional. El hacer
Educación Emocional es intentar un cambio en la
manera de cambiar.

Las habilidades para la vida propuestas por la OMS son las siguientes (las
subrayadas son habilidades emocionales):

o Capacidad de tomar decisiones.


o Habilidad para resolver problemas.
o Capacidad de pensar en forma creativa.
o Capacidad de pensar en forma crítica.
o Habilidad para comunicarse en forma efectiva.
o Habilidad para establecer y mantener relaciones interpersonales.
o Conocimiento de sí mismo.
o Capacidad para establecer empatía.
o Capacidad para manejar las propias emociones.
o Habilidad para manejar las tensiones y el estrés.
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INTELIGENCIA EMOCIONAL

Reseña histórica de la Inteligencia Emocional

El término Inteligencia Emocional fue acuñado en 1990 por los psicólogos Peter Salovey de
la Universidad de Harvard y John Mayer de la Universidad de New Hampshire. Se lo empleó
para describir las cualidades de personalidad que parecen tener importancia para “el éxito”.

Dentro de éstas pueden incluirse: la empatía, la expresión y comprensión


de los sentimientos, el control de nuestro genio, la independencia, la
capacidad de adaptación, la simpatía, la capacidad de resolver los
problemas en forma interpersonal, la persistencia, la cordialidad, la
amabilidad y el respeto.

Existen diferentes tipos de inteligencias. Howard Gardner5 describió siete en su famosa


tesis “Inteligencias Múltiples”:

1. Inteligencia Lógico-matemática. La utilizamos para resolver problemas de lógica


y matemáticas. Se corresponde con el modo de pensamiento del hemisferio
izquierdo del cerebro, con un funcionamiento lógico y con lo que nuestra cultura ha
considerado siempre como la única inteligencia.
2. Inteligencia Lingüística. Es la que tienen en alto grado los buenos escritores, los
poetas y los buenos redactores. Utiliza ambos hemisferios cerebrales y está
caracterizada por proveer al individuo de una gran capacidad de abstracción.
3. Inteligencia Espacial. Consiste en formar un modelo mental del mundo en tres
dimensiones. Es la inteligencia que tienen los marineros, los ingenieros, los
cirujanos, los escultores, los arquitectos y los decoradores.
4. Inteligencia Musical. Es, naturalmente, la de los cantantes, compositores,
músicos y bailarines.
5. Inteligencia Corporal–kinestésica. Es la habilidad y capacidad de utilizar el
propio cuerpo para realizar actividades o resolver problemas. Se manifiesta a
través de un elevado control de los movimientos corporales que la persona realiza.
Es la inteligencia de los deportistas, los artesanos, los cirujanos y los bailarines.
6. Inteligencia Intrapersonal. Es la que nos permite entendernos a nosotros
mismos. Describe la importante capacidad de reconocer los propios estados
afectivos y pensamientos. No está asociada a ninguna actividad concreta.
7. Inteligencia Interpersonal. Es la que nos permite entender a los demás y
llevarnos bien con la gente. La solemos encontrar en buenos vendedores, políticos
populares, profesores y terapeutas.

En 1999, Gardner incluye un tipo de inteligencia más: la Inteligencia Espiritual. La define


como “la capacidad para situarse a sí mismo con respecto al cosmos y a los rasgos

5
Howard Gardner, Frames ofd Mind. The Theory of Multiple Inteligences. 1993. Basic Books. Nueva York.
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existenciales de la condición humana, como es el significado de la vida y de la muerte”.


Es la habilidad para dar sentido o un significado adecuado a nuestros actos. Existen
numerosas definiciones para esta inteligencia. Otra de ellas es la postulada por Danah
Zohar e Ian Marshall6, quienes la definen como “la inteligencia que nos permite afrontar y
resolver problemas de significados y valores, ver nuestra vida en un contexto más amplio y
significativo y al mismo tiempo determinar qué acción o camino es más valioso para nuestra
vida”. Consideran que la inteligencia espiritual está en todo nuestro Ser como una totalidad,
trabajando de manera armónica con la inteligencia racional y la inteligencia emocional.

Gardner enfatiza el hecho de que todas las inteligencias son igualmente importantes.
El problema es que el sistema escolar no las trata por igual y ha sobrevalorado las dos
primeras de la lista (la inteligencia lógico-matemática y la inteligencia lingüística), hasta el
punto de casi negar la existencia de las demás. Sin duda tenemos que plantearnos si una
educación centrada en sólo dos tipos de inteligencia es la más adecuada para preparar a
nuestros alumnos para vivir en un mundo cada vez más complejo.

Del análisis de la inteligencia intrapersonal y la interpersonal surge la octava


inteligencia, la Inteligencia Emocional, y juntas determinan nuestra capacidad para
dirigir nuestra propia vida de manera satisfactoria.

¿Qué es la Inteligencia Emocional (IE)?

La palabra “inteligencia” proviene del latín intellegere (inter: entre, llegere: escoger), y
significa “saber escoger la mejor opción entre varias”. Claro que el tener más conocimientos
es una ventaja para elegir mejor, de ahí la confusión entre inteligente e intelectual. En este
sentido, tener a nuestra disposición un buen registro de nuestras emociones es
información que nos posiciona mejor para elegir.

La IE fue definida como “la capacidad de reconocer nuestros propios


sentimientos y los ajenos, de motivarnos y de manejar bien las emociones, en
nosotros mismos y en nuestras relaciones”. Su análisis arroja cinco
habilidades emocionales que la componen:

 Autoconocimiento. Se trata de reconocer los sentimientos mientras ocurren. Esto


implica el poder vivenciar las propias emociones, siendo capaces de identificarlas,
nombrarlas o simbolizarlas, es decir, ponerlas en palabras. Puede parecer simple,
fácil y obvio, pero no siempre lo es. Esta habilidad constituye la base de las
siguientes habilidades de la IE. A menudo las emociones displacenteras como
tristeza, angustia, miedo, enojo, etc., son evitadas y buscamos no anoticiarnos de
ellas. La toma de conciencia de las emociones (escuchar los mensajes que nos
envía nuestro ser) y establecer contacto con el propio cuerpo parece cosa sencilla,

6
Danah Zohar, Ian Marshall Inteligencia espiritual. 2001 Barcelona PLAZA & JANES.
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pero es algo que muchísimas personas relegan. El no poder expresar verbalmente


las emociones es llamado en psiquiatría “alexitimia”. Esta incapacidad impide
expresar lo que sentimos y atenuar tensiones, por lo que el organismo queda más
expuesto, predisponiendo a la aparición de síntomas psicosomáticos, entre otros.
De esta manera, no identificar las emociones es el común denominador de
numerosas patologías físicas y psicológicas. El hábito de expresar verbalmente las
emociones es conocido como el “poder sanador de la palabra”. Sanamos porque
al tener recursos simbólicos para decir lo que sentimos, evitamos exponer el
cuerpo como vehículo de la emoción. Asimismo, el Autoconocimiento implica
ser conscientes de nuestro estado emocional y de nuestras ideas y
pensamientos acerca de tal estado. Los pensamientos y las emociones están
muy relacionados. El modo en que percibimos las circunstancias afecta la manera
en que nos sentimos respecto de ellas, y cambiar el modo de percibirlas nos
permite cambiar el modo de sentirnos. Así, tener conocimiento de uno mismo no
sólo implica saber qué sentimos, sino también ser conscientes de los propios
procesos de pensamiento (que quedan evidenciados en el autodiálogo, lo que nos
decimos a nosotros mismos). Es estar atentos a cómo pensamos, lo cual nos
permitirá evitar el llamado “secuestro emocional”. Muchas personas, al no tomar
conciencia de sus pensamientos y emociones, actúan sin control. Sienten como si
hubiesen perdido por completo el dominio de sus actos y se dejan llevar por el
impulso propio de la emoción. El conocer, comprender y poder reflexionar acerca
de lo que sentimos y pensamos nos da más libertad, en tanto podemos elegir si
actuar o no y cómo. Es un meta conocimiento, puesto que es un pensamiento
acerca de los pensamientos desencadenados por los propios sentimientos. Pero
para desarrollarlo es condición necesaria que la persona primero conozca cada
una de las emociones, es decir que aprenda un léxico emocional. De este modo,
cuando sienta la emoción podrá reconocerla y nombrarla.

 Autorregulación. Luego de saber qué sentimos, gracias a la capacidad dada por


el eje precedente, podemos gestionar la emoción y elegir qué hacer con ella. La
autorregulación hace referencia a la capacidad de autodominio para sosegarnos,
controlar y medir nuestras reacciones, desintoxicándonos de la ira, por ejemplo,
dejando de rumiar una y otra vez los pensamientos que nos enojan. Muy por el
contrario de lo que se piensa, el dar rienda suelta a la ira es una de las peores
formas de calmarla, dado que los estallidos de ira intensifican la excitación. Es lo
que yo llamo el “efecto tobogán” de la emoción: mientras más me embalo en la
descarga de una emoción, más difícil será frenarme después. Está establecido que
la mejor manera de calmar la ira es un diálogo tranquilizador con uno mismo, en
donde se reconoce la emoción y se establecen opciones saludables. Se trata de
poder decirse a uno mismo, por ejemplo, “Ahora estoy muy enojado”, y a partir de
ello elegir un comportamiento desintoxicador, como tomar una pausa y dar una
caminata, beber agua, cambiar patrones de respiración, distraernos con algo,
posponer la conversación, buscar otras opciones, etc.

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En este sentido, el ejercicio aeróbico al aire libre genera un cambio físico y de


excitación que favorece la salida del estado de depresión, como los ejercicios de
relajación ayudan a disminuir la ansiedad. Asimismo, practicar ejercicios de
respiración pausada, meditación y Yoga son indiscutiblemente recursos muy útiles
para calmarnos. Como veremos en el capítulo de las emociones, la actividad física
y los patrones de respiración pausados disminuyen la actividad simpática y
generan cambios en la composición química de la sangre, lo cual permite disipar
emociones displacenteras. El poder tolerar la frustración, aceptando ciertos
estados de ánimo, como la capacidad de hacer algo para cambiarlos, son
habilidades propias de la autorregulación emocional. También lo es la capacidad
de expresar adecuadamente las emociones según las circunstancias, es decir
buscar el espacio, el momento y el modo adecuados de hacerlo. Se trata de una
capacidad de negociar con uno mismo la mejor manera de expresar (jamás
reprimir) la emoción, de calmarnos y tolerar los estados afectivos, a la vez que nos
permitimos pensar y reflexionar en medio de los afectos. El autodominio emocional
no debe ser excesivo, al punto de sofocar todos los sentimientos y la
espontaneidad. De hecho, ese exceso de control tiene un costo físico y mental. Las
personas que sofocan sus sentimientos elevan su ritmo cardiaco en señal de
tensión aumentada. Cuando esa represión emocional se torna crónica puede
dificultar el pensamiento y el desempeño intelectual, además de impedir una fluida
interacción social. En contraste, la aptitud emocional implica poder “elegir la forma
asertiva de expresar los sentimientos, y actuar del modo más adecuado y auténtico
posible”.

 Automotivación. Este eje agrupa los rasgos de las personas entusiastas,


persistentes, responsables, constantes, decididas, etc. De la capacidad de
motivarnos dependen, en gran medida, las posibilidades de tener éxito en lo que
hagamos. Como veremos en el capítulo siguiente, la motivación proviene del
aprovechamiento creativo de la energía que es propia de las emociones. Es utilizar
esta fuerza inagotable invirtiéndola en hacer aquello que nos guste. Es, también,
seguir las preferencias. Como ejemplo siempre digo: “Yo amo mi trabajo, por eso
estoy motivado a levantarme todos los días para salir a trabajar”. Obtengo de las
emociones –en este caso, del amor por lo que hago– la fuerza, la constancia, la
persistencia y la energía que se necesitan para lograr los objetivos; es por ello que
es tan importante un adecuado registro emocional. Asimismo, la motivación está
relacionada con la autorregulación porque nos da la fortaleza para tolerar
frustraciones y levantarnos cuando caemos, lo que siempre está presente en la
consecución de objetivos a largo plazo.

 Empatía. Es la capacidad de reconocer las emociones en las demás personas. La


empatía halla sus raíces en el autoconocimiento emocional: cuanto más abiertos
estemos a nuestras propias emociones, más hábiles seremos para interpretar las
emociones de los demás. Es la habilidad para poder decodificar y entender el

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mensaje analógico, o las señales no verbales: tono de voz, ademanes, gestos,


movimientos voluntarios e involuntarios, en fin, la expresión facial y corporal en su
totalidad. En su acepción etimológica, “empatía” deriva del griego y significa “sentir
dentro”. Implica una consideración por la otra persona y sus sentimientos. Está
muy relacionada con el altruismo, que es la actitud por la cual nos sacrificamos a
nosotros mismos (en cuanto a nuestro bienestar) a partir de un compadecer
(padecer con el otro), en pos de un beneficio ajeno. Esta habilidad permite captar
las señales sociales que indican lo que otros necesitan. Es muy importante para la
vida personal y profesional de las personas. Las personas con características
psicopáticas no poseen desarrollada esta capacidad. Al no poder comprender ni
sentir con los demás, no hallan mayores dificultades para infligir dolor al otro, no
pudiendo reparar o evitar el sufrimiento ocasionado, pues no lo perciben, por lo
cual se oponen con esta característica a la persona altruista.

 Habilidades sociales. Es el arte de manejar las emociones en las relaciones con


los demás, habilidad que determina nuestra capacidad de ser populares, líderes y
lograr una eficacia interpersonal. Implica la sincronía que existe con el otro y la
capacidad de socializar. Estudios efectuados en el aula demuestran que cuanto
mayor es la coordinación de movimientos entre profesor/a y alumnos/as, más
amigables, contentos, entusiasmados, interesados y sociables se muestran éstos
mientras interactúan. Las habilidades sociales comprenden destrezas de
comunicación, seducción o agrado, carisma y capacidad para intermediar y llegar
a un acuerdo, además de la aptitud para negociar y resolver conflictos
interpersonales.

Según Goleman que una de las máximas expresiones de la habilidad social está dada por
la capacidad de aliviar las emociones de los demás cuando están alterados. El poder
enfrentarse a alguien que está en pleno ataque de ira y lograr tranquilizarlo es tal vez la
prueba más difícil.

Esto es lo que se conoce como “alquimia emocional”: logramos


transformar una emoción en otra. Una estrategia eficaz podría ser
distraer a la persona furiosa, mostrar empatía con sus sentimientos y
luego atraer su atención a un foco alter-nativo, algo que le permita
armonizar con una gama de sentimientos más positiva.

Coeficiente Emocional y Coeficiente Intelectual (CE y CI)

Las cinco habilidades emocionales mencionadas anteriormente, constituyen los “colores


primarios” de los que se constituye la IE. El coeficiente emocional es poco medible. Esto se
debe a que no podemos medir con precisión rasgos sociales y de personalidad tales como
la amabilidad, la confianza en uno mismo, la empatía, el reconocimiento de las propias
emociones o el respeto por los demás. Tal vez podemos acordar a grandes rasgos si somos

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más o menos hábiles con las emociones, pero no podremos especificarlo con exactitud. Sin
embargo, aunque el CE no resulte medible, es un concepto muy importante.
A diferencia del CI, el CE no lleva una carga genética tan marcada, lo cual permite que
familias y educadores/as brinden oportunidades para entrenar estas habilidades
emocionales. Entonces el CE, si bien no puede medirse, puede incrementarse
marcadamente, pues la IE es aprendida, y si es aprendida es educable.

Inteligencia Social

El quinto eje constitutivo de la IE (Habilidades Sociales) coincide en su significado con lo


que es definido actualmente como Inteligencia Social (IS), anteriormente llamada
inteligencia interpersonal, según la tesis de las inteligencias múltiples de Gardner. A partir
de tales similitudes existe cierta controversia en considerar este eje como constitutivo de la
IE o como una inteligencia en sí misma. Sin embargo, la realidad ignora estas discusiones
teóricas y muestra la íntima relación que existe entre las habilidades sociales y las
emocionales. Así, por ejemplo, la timidez, que puede describirse como una cierta dificultad
para socializar, lo cual es propio del plano de la IS, puede tener sus raíces en la baja
autoestima de la persona, que opta por evitar desafíos. Esto es propio de un bajo CE, que
no le permite un autoconocimiento de sus habilidades y limitaciones ni la autorregulación
de sus emociones. De este modo, la IE está incidiendo en el desempeño social de la
persona, condicionando la IS.

Entonces IE e IS están íntimamente relacionadas, al punto de que podemos considerarlas


una misma cosa vista desde ópticas distintas. Esta es la razón por la cual tal vez no sólo se
necesite aprender nuevas habilidades sociales para interactuar en sociedad sino también
revisar la propia autoestima y las emociones que dan a la persona la seguridad que necesita
para interactuar. Al hablar de IS, en mi opinión, se especifica y delimita con mayor precisión
una serie de habilidades que ponen el acento en el comportamiento manifiesto de la
persona, en lugar de lo interno. IS es “La capacidad para llevarse bien con los demás y
conseguir que cooperen con vosotros”.

En los extremos de la IS podemos encontrar comportamientos nutritivos y tóxicos. Los


primeros hacen que los demás se sientan valorados, capaces, queridos, respetados y
apreciados. De este modo las personas con una elevada IS resultan magnéticas para los
otros; mientras que la gente con baja IS tiene comportamientos tóxicos caracterizados por
provocar que los demás se sientan devaluados, inadecuados, intimidados, furiosos,
frustrados o culpables, por lo cual resultan personas antimagnéticas.

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En el siguiente cuadro se exponen algunos ejemplos de comportamientos nutritivos


y comportamientos tóxicos:

El tomar conciencia de esta clasificación de los comportamientos en tóxicos y nutritivos nos


permite autoevaluarnos en nuestras relaciones sociales para poder cambiar y aumentar
nuestra IS. De igual manera, podemos ayudar a que el/la alumno/a piense cómo es su

7
- Confirmar es registrar que el otro existe, que es percibido, que es visto por nosotros, por tanto, que es incluido en nuestro
mundo. Existen distintos niveles confirmatorios.
- Este término significa subestimar o “calificar bajamente” al otro. Es desvalorizarlo, pero sin embargo percibirlo, pues se le
otorga existencia en tanto que para juzgarlo se lo tiene que ver. Es decir, se lo confirma, pero se lo subestima o descalifica.
- Este término, a diferencia del precedente, significa que la persona no percibe al otro. Lo ignora, dado que para él el otro
“no existe”. Este comportamiento interactivo es verdaderamente nocivo para la otra persona, desde una perspectiva
psicológica, sobre todo cuando existe alguna vinculación entre ambos sujetos.
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comportamiento y sus consecuencias en el plano social, con el objetivo de que cultive


comportamientos nutritivos.
La IS está constituida por cinco dimensiones o categorías de competencia
según Karl Albrecht:

1- Conciencia situacional. Se trata de una especie de “radar social” o capacidad de leer


situaciones e interpretar los comportamientos de las personas en esas situaciones. Implica
tener un conocimiento de patrones, paradigmas y reglas sociales y culturales, como
también un respetuoso interés en las demás personas sin estar centrado en uno mismo, de
manera que nos sea posible captar cómo está el ambiente. Las personas de características
narcisistas generalmente están centradas en sí mismas y no pueden darse cuenta de las
necesidades de los demás o de la pertinencia de determinados comportamientos y
comentarios según el contexto, porque no registran cómo pueden llegar a sentirse los
demás. En cambio, aquellas personas que tienen una adecuada conciencia situacional, si
no conocen las reglas culturales o propias del grupo en el que están, inicialmente se
desenvuelven con precaución y cautela hasta que devienen más conscientes de cómo
comportarse adecuadamente en tal situación.

2- Presencia. Esta categoría implica un abanico de habilidades verbales y no verbales, la


propia apariencia, el respeto, los modales, el aspecto en general, la postura, la afabilidad,
la calidad de voz, los movimientos sutiles, la elocuencia, la expresión que uno lleva en el
rostro, etc. Todo un repertorio de señales que los demás procesan en una impresión
evaluativa y valorativa de la persona. En otras palabras, lo que se ha dado en llamar el
“porte”. Como escribió Saint Exupèry en su libro El Principito: “El astrónomo repitió una
demostración en 1920, con un traje muy elegante. Y esta vez todo el mundo compartió su
opinión”.

3- Autenticidad. Revela lo honesto, fiable y sincero que uno es con las personas y con uno
mismo en cualquier momento dado. Comportarse íntegra y auténticamente implica ser
quien uno es, tratando a las personas cara a cara y como dice Serrat, “llamando las cosas
por su nombre”. Esta dimensión es importantísima y queda en evidencia con el tiempo.

4- Claridad. Es la capacidad para expresarnos, ilustrar ideas, transmitir información y


explicarnos con claridad y precisión; articular adecuadamente nuestros puntos de vista y
cursos propuestos de acción y formular enunciados claros y precisos. Es una capacidad
relacionada con la didáctica que utilizamos para darnos a entender, de resumir conceptos
complejos en algo simple y entendible para todos. La claridad (en tanto podamos emitir
enunciados claros) facilita que los demás cooperen con nosotros.

5- Empatía. En el contexto de la IS la empatía implica un nivel de profundidad mayor,


definido como un sentimiento positivo entre dos personas, que da la sensación de conexión
que inspira a la gente a cooperar. Lograr esta conexión ayuda a que las personas se
muevan con y hacia nosotros. Empatía es lograr entre las personas un sentimiento de

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pertenencia o vínculo, en el que se sabe qué siente el otro, favoreciendo el compromiso


mutuo. Como vimos, ambas inteligencias están íntimamente relacionadas. Como dije, la IE
hace hincapié en los aspectos internos de la persona, aunque tiene en cuenta también sus
manifestaciones externas como lo es su quinto eje de habilidades sociales; mientras que la
IS acentúa los aspectos externos, analizando cómo deben ser éstos para aumentar la
cooperación y el magnetismo entre las personas. Así, para dar otro ejemplo, podemos
suponer que una persona tiene un buen conocimiento de sí misma, empatía y una adecuada
expresión de las emociones, pero si no aprendió buenos modales su desempeño social
será bajo.

Integralidad

Esta estrecha relación que existe entre IE e IS es la misma que existe entre las
demás inteligencias, puesto que en la realidad todas las inteligencias y demás habilidades
de las personas están íntimamente relacionadas entre sí, dado que somos seres integrales.
Esto significa que todas nuestras habilidades y capacidades son manifestación de un ser
íntegro, en tanto todas sus conductas provienen de un mismo substrato. Así, al propiciar
una estimulación en una de las inteligencias necesariamente producimos un cambio en
todas las demás. A su vez, la no estimulación de una de ellas provoca no sólo un retraso
madurativo en la misma inteligencia sino también en las demás. Afirma María P. Puerta
que, por ejemplo, el grado de autoestima que posee el/la niño/a determina su nivel de
creatividad, en la medida en que necesita disponer de la confianza en sí mismo/a para
afrontar los retos que le plantea cada acto creativo. De igual manera la autoestima es la
condición para un adecuado funcionamiento en todas las áreas en las que se manifieste el
niño. Así, aquel/la niño/a que sea estimulado/a en sus habilidades musicales incrementará
su inteligencia musical, lo que también favorecerá a aumentar su autoestima. Esto a su vez
facilita que se sienta más seguridad en sus relaciones sociales, permitiéndole relacionarse
con sus pares de manera más segura. Tal vez acepte desafíos y se entregue dispuesto/a y
seguro/a a tareas recreativas y deportivas, desarrollando habilidades kinestésicas, que a
su vez inciden sobre las demás por la misma integralidad. Podemos afirmar que estimular
determinadas habilidades, cualesquiera sean, favorece el desarrollo de las demás.

La autonomía, la creatividad, la solidaridad, el respeto, la felicidad, la salud, las


habilidades intelectuales, sociales, emocionales, físicas, musicales, lingüísticas, etc., están
en íntima relación. Está comprobado que la estimulación de la inteligencia musical produce
un desarrollo intelectual de las demás inteligencias, debido a que se desarrollan nuevos y
diferentes circuitos neuronales que aumentan el repertorio de recursos para dar respuesta
a una situación determinada. Hablar, correr, descansar, pensar, vivenciar una emoción son
actos físicos, intelectuales, sociales, emocionales y espirituales al mismo tiempo –como
muchas otras actividades que realizamos– porque somos una totalidad, que en ocasiones
separamos sólo para su estudio y análisis, pero que en el mundo real no puede dividirse.
En efecto, recientes investigaciones proponen que pensamos con todo el cuerpo, sí, con
todas las células de nuestro cuerpo. La concepción integral de la persona implica vernos

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como una totalidad en la que en cada acción intervienen todas las inteligencias y funciones
de nuestro cuerpo y el resultado es la conducta.
Importancia de la Inteligencia Emocional en la vida: “La prueba del Bombón”

“Nada puedes enseñarle a un hombre,


Sólo puedes ayudarlo a que lo descubra dentro de sí mismo”
Galileo

En Estados Unidos, hace unos cincuenta años se realizó un estudio longitudinal muy
famoso llamado “La prueba del Bombón8”, en el que se puso en evidencia la trascendental
importancia de la IE en la vida de las personas. Se trata de un experimento simple pero
muy revelador, que requirió más de 25 años para ser completado. Fue iniciado por el
psicólogo Walter Mischel en la década del sesenta en un jardín de infantes del campus de
la Universidad de Standford. Se trabajó con chicos de 4 años a quienes se les dio la
siguiente consigna: “Niños, si pueden esperar a que el maestro termine de hacer unas
tareas, podrán recibir dos bombones como recompensa. Los que no puedan –o no quieran–
esperar, sólo recibirán uno, pero de forma inmediata”. Esto sin lugar a dudas es una
encrucijada que pone a prueba a cualquier criatura ¡Qué no hacían para evitar tomar
contacto con tal tentación! Algunos se tapaban los ojos, otros hablaban solos, cantaban,
contaban números, jugaban con las manos y los pies e incluso algunos intentaron dormir.
El caso es que unos se comieron el bombón inmediatamente, mientras que otros valientes
niños/as pudieron esperar el cuarto de hora que le tomó al maestro terminar la “tarea”. Lo
revelador de este experimento no se observó en aquel momento sino unos catorce años
más tarde, cuando se comparó el desempeño de los/as niños/as que habían logrado
comerse dos bombones con el grupo que no había resistido la tentación y sólo accedió a
uno. Los que habían esperado a los 4 años la gratificación de dos bombones eran
adolescentes más competentes en el plano social, obtenían calificaciones increíblemente
más altas en lo académico y en el plano personal eran más seguros de sí mismos y más
capaces de enfrentarse a las frustraciones propias de la vida. Eran más confiables,
aceptaban los desafíos y procuraban resolverlos en lugar de abandonarse. Tenían iniciativa
y se comprometían en proyectos. Pero los resultados del estudio no terminan aquí sino que,
una década más tarde, pudo corroborarse que esos/as niños/as (ahora adolescentes)
todavía eran capaces de postergar la gratificación para alcanzar sus objetivos. Por otro
lado, no es menos significativo el que aproximadamente una tercera parte de los que no
habían controlado el impulso, compartían características conflictivas. Estos chicos, durante
la adolescencia, mostraron mayor inclinación a ser tercos, a sentirse fácilmente perturbados
por las frustraciones, a considerarse a sí mismos malos o inútiles, a quedar paralizados por
el estrés y a ser desconfiados y resentidos. Inclusive luego de todos esos años no podían
postergar la gratificación en pos de objetivos o metas superiores. Seguramente la actitud
de los chicos del primer grupo fue sostenida a lo largo de sus vidas y, como vimos, ellos
tuvieron la capacidad de elegir un camino en el cual, si bien los esfuerzos eran mayores,
las recompensas también.

8
Nota: este experimento denominado “La prueba del Bombón” también es llamado “Test del Malvavisco”.
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Esta investigación muestra que la capacidad de postergar la gratificación


–propia de la autorregulación– ayuda fuertemente al desarrollo de la
esfera intelectual, además de la social.

Asimismo, estudios que se han hecho llevando a cabo seguimientos de niños/as


desde la edad preescolar hasta la adolescencia demuestran que más de la mitad de
aquellos que en los primeros grados son indisciplinados, incapaces de llevarse bien con los
demás niños/as, desobedientes con sus padres, madres y resistentes a la autoridad del/a
docente, se transformarán en delincuentes durante los años de la adolescencia. El mismo
Sigmund Freud expuso mucho tiempo antes, un concepto que describe lo observado en
este experimento. Según Freud existen personas que se rigen por el principio de placer,
como hay quienes lo hacen según el principio de realidad. En el principio de placer priman
motivaciones hedonistas cuyo lema es “evitar el displacer y procurar el placer”.

Existe en este principio un comportamiento infantil y caprichoso, pues no hay


capacidad de espera ni de tolerancia de la frustración que implica una dilación en la
satisfacción del impulso. Podríamos decir que aquellos/as niños/as que no pudieron
posponer la gratificación y accedieron a ésta de manera inmediata se rigen por el principio
de placer. En cambio, en el principio de realidad observamos que la búsqueda de la
satisfacción ya no se efectúa siguiendo los caminos más cortos, sino mediante rodeos, y se
aplaza la satisfacción inmediata del impulso por una gratificación más duradera. De este
modo se asegura la satisfacción del impulso de manera tardía pero más prolongada y
verdadera, evaluando las posibilidades exteriores de satisfacción. Ocurre que al cualificar
un objetivo, la energía propia del deseo queda sujeta a ese objetivo y nos da la motivación
para soportar las dificultades que puedan sucederse hasta alcanzarlo. Como bien dice la
frase, “Es más fácil el cansancio cuando no hay un objetivo”. O como decía Nietzsche:
“Quien tiene algo por qué vivir es capaz de soportar cualquier cómo”.

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EDUCACIÓN EMOCIONAL

¿Qué es la Educación Emocional?

La Educación Emocional es susceptible de ser definida desde varias perspectivas. Una


de ellas, considerando su causa final (a lo que apunta) sería:

“Una estrategia educativa de promoción de la salud que tiene por objetivo mejorar la
calidad de vida de las personas a partir del desarrollo de habilidades emocionales”.

Si nos focalizamos en las acciones y las personas implicadas, otra definición sería:

“Es el proceso de enseñanza de las habilidades emocionales mediante el


acompañamiento y apuntalamiento de la persona en el ejercicio y perfeccionamiento de
las mismas”.

Es un proceso porque implica un tiempo (toda la vida, y no un día) y por otro lado, cambios
progresivos en la adquisición de dichas habilidades. Es una enseñanza, dado que se
basa en la transmisión de conocimientos y la corrección de lo erróneo (como los
comportamientos agresivos, impulsivos o desadaptativos).

 Por habilidades emocionales entendemos los cinco ejes constitutivos de la


Inteligencia Emocional (autoconocimiento, autorregulación, empatía, motivación y
habilidades sociales).

 En cuanto al acompañamiento, se trata de la presencia de un “otro humano” que está


junto a quien aprende, compartiendo un cierto período de tiempo (no es un libro ni un
transeúnte o la persona mientras enseña y apuntala, puesto que reafirma los
comportamientos adecuados).

 Con el término “ejercicio” hago referencia a la importancia de que la persona


ejercite tales aprendizajes, ya que se trata de un entrenamiento en situación que nadie
puede hacer por nosotros.

 Por último, la palabra “perfeccionamiento” hace referencia a la mejora continua de las


habilidades emocionales, proceso que no tiene fin, puesto que tal enseñanza puede
realizarse a lo largo de toda la vida y, por otro lado, no hay una llegada, ya que siempre
podemos mejorar e incrementar estas habilidades.

Nótese que en ambas definiciones se hace referencia a una estrategia educativa, no


hablamos de método terapéutico. No pretendemos abordar problemáticas para
resolverlas o aliviarlas, ya que eso es del ámbito de los profesionales de la salud
(psicólogos, psicopedagogos, neurólogos, etc.).
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La Educación Emocional busca adelantarse a los problemas,


trabajando con las personas sanas para mantenerlas sanas,
fortaleciendo y esparciendo la salud en la población.

Este es el ámbito de profesionales de la educación que crean las condiciones necesarias


para adquirir y desarrollar habilidades emocionales y mejorar la calidad de vida de las
personas. En este sentido, la Psicología Positiva da cuenta de que el desarrollo de
fortalezas y virtudes actúa a modo de barrera contra los trastornos psicológicos.

Por mi experiencia como terapeuta, considero que una de las formas más efectivas de
combatir la patología es generar salud en la persona. Además, a diferencia de las
estrategias para combatir la enfermedad, el desarrollo de habilidades que generan salud,
son auto-sostenidas, es decir, perduran en el tiempo.

Claro que quien tiene un “problema” psicológico seguramente se beneficiará de aprender


a gestionar sanamente sus emociones. Sin embargo, quiero dejar bien en claro que no
es objetivo de la Educación Emocional abordar la patología de una persona, sino
dinamizar recursos en ella. En la práctica se hace difusa la línea divisoria entre lo
estrictamente educativo y lo terapéutico, pero al menos en la teoría quiero dejar en claro
sus alcances y limitaciones.

En el siguiente cuadro vemos los diferentes niveles de acciones de


estrategias de salud.

La Educación Emocional se encuentra dentro de la promoción de la salud.

A medida que subimos:

 Más participación activa del beneficiario de la estrategia.


 Mayor cantidad de personas beneficiadas.
 Mejora la calidad de vida.

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¿Quién la
Estrategia de Niveles Definición
realiza?
Salud

Promoción de la Promoción de la Acciones para mejorar Docentes y


Salud E. EMOCIONAL salud y mantener la educadores/as.
calidad de vida y la Medios de
salud. ¡No actúa comunicación,
sobre la patología! actores sociales y
demás agentes
multiplicadores.
Prevención Primaria Protección Conjunto de Profesionales de la
Específica actividades que se salud pública.
realizan antes de que Vacunación por
aparezca la personal médico y de
enfermedad, enfermería.
justamente para que
no aparezca.
Pre Prevención Detección precoz
secundaria Diagnóstico precoz. Médicos9
Limitación de la Detección precoz. Médicos
invalidez Epidemiología de una
población
asintomática.
Prevención Terciaria Rehabilitación Tratamiento para curar Médicos
o paliar una
enfermedad o
síntomas. Es el
restablecimiento de la
salud en el enfermo.
Prevención Acciones para Médicos y terapistas.
Cuaternaria evitar el sobre
tratamiento, para
proteger a los
pacientes de
nuevas
intervenciones
médicas y para
sugerirles
alternativas
éticamente
aceptables.

A medida que descendemos aumenta la:


 Complejidad de la intervención (requiere personal muy
capacitado).
 Costos monetarios (excepto en la cuaternaria).

9
Médicos o el profesional de la salud que corresponda según la patología que se busca evitar: puede ser psicólogo,
psicopedagogo u otro profesional que trabaje para un diagnóstico precoz.
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Como podemos advertir en el cuadro, hacer promoción de la salud es más amplio que
prevenir la enfermedad, ya que se trata de mejorar la calidad de vida en todo
aspecto, fortaleciendo, esparciendo y manteniendo la salud. Prevenir la enfermedad,
en cambio, es una acción específica referida a una patología en particular, con el objeto
de evitarla o tratarla.

¿En qué consiste la estrategia educativa de la Educación Emocional?

Consta de dos ejes troncales: Desarrollo de las habilidades emocionales (lo


propuesto por la OMS) y Conocimiento de uno mismo (toma de conciencia y
valoración de la propia unicidad).

Las HSE pueden ser medidas por un/a educador/a que evalúa. Por ejemplo, puede
observarse si un alumno reconoce sus emociones y tiene un léxico emocional
(autoconocimiento), si tiene tolerancia a la frustración, si expresa asertivamente lo que
siente (autorregulación) y reconoce lo que sienten los demás (empatía).

Pero es preciso hacer una aclaración muy importante: si bien un


observador externo puede evaluar si la persona tiene desarrollada la
habilidad del autoconocimiento, no podrá evaluar si ese autoconocimiento
es correcto o incorrecto. Por dos razones: el observador no está dentro
de la persona para saber qué es lo que vivencia y, por otro lado, las
respuestas que dé la persona son únicas, ni correctas ni incorrectas. Es decir, que un/a
niño/a le tema a la oscuridad y a las arañas no está ni bien ni mal. Es una respuesta única
que no puede ser juzgada.

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De este modo, es en el segundo eje troncal de la Educación Emocional


(Conocimiento de uno mismo), donde el educando se descubre y conoce
a sí mismo, con todos sus intereses, habilidades, limitaciones, recursos,
vivencias, recuerdos, emociones, etc. no es evaluable por la alteridad,
sólo es autoevaluable.

¿Cómo implementar la Educación Emocional en la escuela?

Ambos ejes troncales (desarrollo de las 5 habilidades emocionales + Conocimiento de


uno mismo) deben trabajarse transversalmente mediante las Modalidades de Trabajo y
verticalmente mediante las Técnicas.

Transversalmente Verticalmente
(En un 70-80 %) (En un 30-20 %)

Al estar presentes las emociones en Creando un espacio curricular para tal


todas las disciplinas, deben abordarse fin: asignatura Educación Emocional,
desde cada una de ellas: matemáticas, como así también un tiempo curricular
lengua, educación física, música, artes destinado al autoconocimiento y al
plásticas, etc. ejercicio de habilidades emocionales.

Mediante las modalidades de Mediante las


trabajo Técnicas

Riesgo: al suponer que se hace en Riesgo: ninguno.


todas las asignaturas, puede que no
se haga en ninguna.

¿A quiénes capacitar para desarrollar las habilidades emocionales?

Para llegar eficazmente a desarrollar la Inteligencia Emocional en niños/as y jóvenes,


es necesario un trabajo sistémico y sostenido en el tiempo, abordando los cuatro
pilares de la Educación Emocional:

1. Educación Emocional del/a docente. Desarrollo de habilidades emocionales


en el/la educador/a, para que aprenda cómo gestionar sus emociones y cómo
automotivarse, considerando que es el modelo de los estudiantes.

2. Educación Emocional para familias. Desarrollo de habilidades emocionales


en tutores y conocimiento de claves para una crianza sana.
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3. Educación Emocional en las relaciones interpersonales. Abordaje de las


dificultades a nivel organizacional (comunicación, trabajo en equipo, liderazgo,
etc.).

4. Educación Emocional de Educandos. Técnicas y modalidades de trabajo


para aplicar con niños/as y adolescentes en el aula (como contenido curricular
y en forma transversal).

Por detrás de estos pilares están las políticas educativas a nivel macro y la cultura propia
de una sociedad.

EMOCIONES

¿Qué son las emociones?

Desde la psiquiatría clásica las emociones son definidas como afectos bruscos y agudos
desencadenados a partir de una percepción (externa o interna) o representación, y tienen
abundante correlación somática. Suelen ser poco duraderas, si bien hay notables
excepciones.

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Yo las defino como estados psicobiológicos que brindan información y energía


existencial, y afectan profundamente el desempeño personal.

Otra definición que me gusta mucho es la propuesta por Enric Corbera desde la
BioNeuroEmoción. Según esta filosofía las emociones son el vehículo que une el
consciente con el inconsciente. Por ello nos brindan información sobre cosas que
tienen que ver con toda nuestra existencia –sea pasada, presente o futura, relacionado
con la intuición.

Emociones: energía inagotable

Reflexionemos… ¿Qué sentís a nivel físico cuando estás enojado?


¿Qué pasa con tus músculos y los latidos de tu corazón? ¿Notas
cambios en tu piel y en los ritmos respiratorios? Y en la voz, ¿algún
cambio?

A nivel físico sentimos tensión muscular, taquicardia, aumento de la irrigación sanguínea


(piel colorada), aumento de la temperatura y de los ritmos respiratorio y cardíaco, entre
otros cambios. Con este simple experimento vemos que las emociones generan un
aumento de energía. No te extrañará que lo que acabas de descubrir coincida con el
significado etimológico de la palabra “emoción”, que proviene del latín y quiere
decir moción, movimiento, impulso que induce a la acción.

La emoción, entonces, motiva a la acción. Así, cuando estamos enamorados nos


sentimos motivados a hacer cualquier cosa por la persona que amamos. Del mismo
modo, si amamos o le damos un sentido a nuestro trabajo o un objetivo a cumplir,
estamos motivados para madrugar todos los días y salir a trabajar. También cuando
odiamos algo o a alguien estamos motivados para establecer un límite entre nosotros y
aquello que nos molesta, y hasta llegamos a buscar su destrucción. Asimismo, el miedo
nos motiva a tomar distancia de una situación temida, como la alegría o el placer nos
inducen a repetir aquello que nos produce dicha. Todas las emociones son pura
energía, excepto la tristeza que más bien nos la sustrae, como veremos más
adelante. En este sentido, Fritz Perls, un reconocido autor de psicología, dice de las
emociones: “son la fuerza básica que energiza toda nuestra acción”. Son el motor del
hombre que moviliza los medios para la satisfacción de las necesidades. La persona que
no toma conciencia de sus emociones pierde la oportunidad de experimentar una fuente
inagotable de energía (motivación). Las emociones están en constante pujanza por
ser liberadas o descargadas. Es por ello que es tan importante que hallemos una forma
de expresión adecuada para ellas, y mucho mejor si las canalizamos productivamente
beneficiándonos de su energía. Esto es nuestra elección, y por tanto nuestra
responsabilidad. Justamente de esto trata el tercer eje de la IE, Auto-motivación, donde
se busca utilizar la energía emocional en forma productiva.

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Emociones: señales existenciales

Además de energía, las emociones son información auténtica. Para que veamos
claramente esto de la información voy a hacer otro experimento. En general la mayoría
de la información que recibimos proviene de los sentidos, pero ¿Cuál de los cinco
sentidos te dice que tu profesión, hobbies u oficio es el indicado para vos? ¿Acaso
es el olfato? ¿Huele bien tu profesión? ¿Es el gusto? ¿Tiene rico sabor lo que
haces? ¿Es por la vista que te gustan tus actividades? ¿Textura suave o un sonido
agradable?

Seguramente con cara de extrañado me dirás que no es por su olor, color, sonido, ni por
su sabor o textura que te gusta lo que haces, sino porque simplemente te hace sentir
bien. Y esto lo sabes gracias a las emociones. Cuando sentís placer o amor, eso que
estás haciendo es lo tuyo. Pero cuando vienen en forma constante la angustia o el miedo,
tales emociones te advierten que estás en el camino errado.

¿Te acuerdas del secreto que le dijo el zorro al Principito? “No se ve bien si no es con el
corazón. Lo esencial es invisible a los ojos”. Lo esencial en tu vida no podrás percibirlo
con los sentidos, sino con las emociones. Por ello las emociones son el sexto sentido, el
único que te permite ver lo esencial. Te conectan con información existencial.

Para mí las emociones son como una brújula: algo mágico, un


magnetismo invisible que indica tu camino (un rumbo único para un ser
único). Las emociones marcan lo importante en tu vida y te dan la fuerza
y perseverancia propias de la brújula: no importa cuántas veces la gires,
tuerzas y retuerzas, siempre te dirá cuál es el norte. Las emociones
son la brújula que muestra nuestra verdad.

Cuando estés perdido, cierra los ojos y si logras conectarte con tus emociones, el camino
aparecerá. Recuerda que el camino hacia nuestros objetivos está señalizado por dentro,
no por fuera. No es lo que papá, mamá o la sociedad quiere para nosotros, es lo que
dicta tu corazón. Y es preciso escuchar ese mensaje y darle forma con los recursos de
los que disponemos.

De esta manera las emociones tienen una doble función: son pura energía
(combustible del alma) y son una señal que nos provee valiosísima información
existencial.

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Toma de decisiones: ¿Qué emociones me guían y cuáles me extravían?

Al ser las emociones un valioso recurso de información, nos ayudan a tomar


decisiones.

Las emociones desagradables o por muchos autores llamadas “negativas” (a mi criterio,


erróneamente, pues son juzgadas sólo por su condición de dolorosas o displacenteras),
son valiosas y estupendas señales que alertan acerca de un problema en particular, y su
función es llamar tu atención para que hagas algo al respecto. Pero también constituyen
un aumento energético que tiene por objeto preparar a la persona para resolver tal
problema. De esta manera, las emociones displacenteras no sólo nos brindan
información de una necesidad insatisfecha, sino que también nos proveen de energía
para llevar a cabo la acción necesaria para resolver el problema o satisfacer la necesidad.

A menudo ciertas emociones dolorosas o socialmente inadecuadas –como el enojo por


ejemplo– son evitadas. Intentamos escaparnos de ellas o reprimirlas negando su
existencia, como si tales intentos pudieran lograr su extinción. Desgraciadamente no es
así. Para que las emociones dolorosas puedan ser disueltas debemos vivenciarlas y
satisfacer la necesidad que las mueve. La energía contenida en la emoción siempre es
descargada, ya sea en la forma que nosotros elijamos o en la que ellas encuentren, si es
que intentamos reprimirlas. Así, la ira, la ansiedad, el miedo, la depresión o cualquier
emoción displacentera, si se dan de manera intensa y prolongada, pueden aumentar la
vulnerabilidad a la enfermedad, empeorar los síntomas o dificultar la recuperación. Como
explica Norberto Levi, ignorar las emociones sería como tapar en el tablero del auto,
la luz roja que indica que no tenemos combustible, para así “nunca quedarnos sin
reservas”.

No es lindo saber que debemos hacer algo difícil, pero debemos hacerlo. Las emociones
jamás son el problema, sino su alarma, una señal de que tenemos que entrar en acción.

Cierta vez me pasó tener que tomar una decisión difícil. Un par de amigos y yo abrimos una
consultora de Recursos Humanos en la que prestábamos servicios a empresas. Al poco tiempo
apareció la oportunidad tan deseada. Se trataba de un cliente que nos contrataba para realizar la
logística de una seguidilla de eventos tan importantes como redituables. Nos invadió entonces un
entusiasmo escalofriante que nos impedía decir “no” a cualquier demanda del cliente. El caso es
que a medida que pasaba el tiempo yo veía cómo mis socios se entusiasmaban cada vez más y en
mí sólo crecía el miedo, pues advertía algunas subrepciones. Este miedo venía a mí una y otra vez.
Es que esta grandísima “oportunidad” proyectaba una sombra de riesgos diez veces mayor que me
provocaba una intensa angustia cada vez que nos reuníamos a planificar. Pero afortunadamente
un día me animé a hacer lo que tanto postergaba: hacerle caso a mis emociones y contarles a mis
socios mis intuiciones, explicarles lo que sentía. Así fue que tomé el toro por las astas y les fui
sincero. Inmediatamente después de hacerlo sobrevino en mí una impagable tranquilidad. Ellos, a
su vez, me comprendieron y disculparon. Afortunadamente para mi credibilidad y cordura, el tiempo
confirmó aquellas sospechas y nuestro cliente resultó ser un timador bárbaro.
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Escuchar a nuestro corazón y hacer lo que creemos correcto suele ser


difícil, pero sin lugar a dudas es sano y liberador. Ahora bien, ¿Qué
emociones tengo que escuchar?

Muchos pueden afirmar que siguieron sus emociones y se metieron en


problemas. Es que no todas las emociones son una guía, e incluso hay algunas que te
despistarán. Sí. Las emociones del momento (un arranque de ira, por ejemplo) son más
bien un impulso que sin dudas te extraviará, mientras que aquellas emociones recurrentes
que vienen a vos en estados diversos o de calma sí son una guía. Ahí hay un mensaje
que has de escuchar. La frase “Haz lo que dicte tu corazón” mal interpretada puede
meterte en problemas. Suena lindo, pero basar tus decisiones en emociones pasajeras e
intensas es un error. La intuición, en cambio, es un mensaje sutil que viene en momentos
de calma, por eso es conveniente prestarle atención. Insisto, la idea es desestimar
emociones pasajeras o del momento y considerar aquellas estables y recurrentes. Si una
y otra vez te sentís incómodo, o bien atraído por una situación, es que ahí hay algo de lo
que tienes que tomar conciencia y actuar. No todo es racional, hay un saber verdadero en
las intuiciones y emociones.

Biología de las emociones


“El corazón tiene razones que la razón nunca entenderá”
Pascal

Desde un punto de vista biológico, las emociones son simplemente una sustancia
química en sangre que provoca cambios en el organismo. Estos cambios son variados:
reacciones vasomotoras, intestinales (diarrea), secretoras (sudoración, lagrimeo),
renales (poliuria), musculares lisas (espasmos), circulatorias (taquicardia, cambios
tensionales), respiratorias (taquipnea, disnea), descenso de la resistencia eléctrica de la
piel (reflejo psicogalvánico), etc. Muchas de estas respuestas son objetivables y se
pueden registrar (poligrafía). Todos estos signos son muy importantes, porque nos
ayudan a reconocer qué tipo de emoción vivenciamos. Desde una simple sonrisa hasta
una lágrima, estos pequeños indicios nos dicen mucho acerca del afecto que subyace.

En la emoción se produce una variación psíquica y somática que actúa


como estimulante para movilizar los mecanismos de adaptación del
individuo frente al estímulo.

Duración de las emociones

Todas las emociones son temporales, ninguna de ellas en sí misma dura por
siempre. La duración de una emoción depende de la idea a la cual esté asociada.
Quien tienda a ver el lado negativo de las cosas seguramente extenderá la tristeza o la
nostalgia. Tampoco el amor mismo dura por siempre, a menos que se lo mantenga vivo
nutriéndolo. Veamos…
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Los sentimientos y emociones, por su misma naturaleza bioquímica, y aunque


parezca raro, tienden a desvanecerse. Lo que sí puede pasar es que una emoción se
renueve por sí misma, dando la impresión de que es permanente o muy duradera. Y el
hecho de que se renueve por sí misma o por otra depende de los hábitos, de la
psicomotricidad (cómo movemos el cuerpo) y fundamentalmente de los pensamientos.
Pero para comprender esto es necesario hacer un breve recorrido por la biología
de las emociones. En el centro del cerebro existen unas estructuras llamadas
amígdalas, que constituyen el centro de las emociones. Cuando percibimos algo que
decodificamos, por ejemplo, como amenazante, inmediatamente la amígdala inicia una
reacción en cadena10 que finaliza con la segregación de una sustancia en sangre que es
la responsable del correlato físico de la emoción. Así, a nivel físico, las emociones no son
otra cosa que una sustancia química en sangre que provoca sudoración, lagrimeo, risa,
taquicardia, tensión muscular y demás cambios que mencioné más arriba. Lo interesante
de todo esto es que la sustancia en sangre –de cualquiera de las emociones– tarda
aproximadamente 90 segundos en ser metabolizada por el cuerpo, es decir que le toma
ese tiempo desaparecer junto a sus efectos. Esto es fácil de comprobar si recuerdas
alguna vez que te diste un susto. Aunque rápidamente descubrieras que la amenaza
no era de temer, sentiste que tu corazón seguía galopando y tus ojos seguían abiertos
como huevos fritos. Esta sensación dura unos instantes porque la adrenalina sigue dando
vueltas por tu cuerpo, hasta que pasan esos 90 segundos.

Seguramente sabrás que es frecuente que nos digan, cuando nos enojamos:
“Cuenta hasta 10, cuenta hasta 100 que así te vas a tranquilizar”. Esto es para darle
tiempo a nuestro cuerpo de que se “desintoxique” del cóctel químico en sangre propio
del enojo. También es eficaz tomar distancia dando una pequeña caminata, beber agua,
respirar varias veces profundo y pausado o hacer cualquier cosa que te desvíe el foco
de atención del motivo del enojo. Pero si por el contrario seguimos haciendo foco en lo
que nos enoja, renovamos la emoción. Así hay quienes dicen “Ok, voy a contar hasta
cien”, pero mientras cuentan dicen “1, 2, 3… es un maldito, 6, 7… cómo pudo hacerme
esto… 9, 10, 11… pero quién se ha creído este… 14, 15… seguramente lo hizo a
propósito… 19, 20, 21… siempre me hace lo mismo, 25, 26… cuando lo vea lo ahorco…”,
y así continúan.
Entonces, ¿Qué está haciendo la persona al contar así? Su foco se mantiene en
lo mismo, y continúa dándole a la amígdala un motivo para que siga segregando la misma
sustancia. La emoción queda “atrapada en un bucle de pensamiento recursivo” y sigue
renovándose por sí misma, alargándose su duración natural, pues sigue asociada al
mismo pensamiento. Entonces esos 90 segundos se transforman en una cuenta de
90”+90”+90”+90”… Esto es lo que en psicología se llama “rumiación mental”. La persona
sigue dándole vueltas a una misma idea una y otra vez, con el correlato emocional
correspondiente.

10
La reacción en cadena: la amígdala envía proyecciones al hipotálamo, encargado de la activación del sistema nervioso
autónomo; los núcleos reticulares, para incrementar los reflejos de vigilancia, paralización y escape/huida, a los núcleos del
nervio trigémino y facial para las expresiones de miedo, al área tegmental ventral, locus ceruleus, y núcleo tegmental
laterodorsal para la activación de neurotransmisores de dopamina, noradrenalina y adrenalina.
29
Diplomatura en Educación Emocional en el aprendizaje. Instituto de Extensión UNVM

Está comprobado que quien padece depresión tiene una propensión a pensar en forma
pesimista, lo que renueva emociones de tristeza o desesperanza, extendiendo estos 90
segundos. Lo mismo con el enojo crónico, que se condice con un hábito de pensamiento
crítico y negativo; o con la felicidad, cuyo secreto es pensar en lo que se tiene y ser
agradecido por ello. Así, la gratitud es un estado mental que genera felicidad. Por esto
es que en psicología decimos “Todo aquello a lo que le prestes atención, crece”.

Efecto de las emociones en el desempeño

En un momento de mucha bronca, ¿Te pasó poder conciliar el sueño?


¿Pudiste concentrarte en leer y estudiar un texto? ¿Qué pasó con tu
apetito? ¿Pudiste continuar con alguna actividad que requería de tus
habilidades o concentración?

Seguramente me dirás que en medio del enojo, el miedo o la angustia no te fue posible
dormir, tampoco comprender un texto. Quizá leíste varias hojas como un autómata, pero
no entendiste nada. A muchas personas se nos corta el apetito con esas emociones y
otras personas aprendieron a canalizarlas mediante la ingesta de comida.

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Diplomatura en Educación Emocional en el aprendizaje. Instituto de Extensión UNVM

Lo que trato de exponer es que bajo el estado de emociones


displacenteras hay ciertas conductas que son biológicamente imposibles
de llevar a cabo. Concentrarte en lo que estudias, dormir, conducir un
auto, reír, tener una buena performance en un deporte, comer y digerir
son actividades imposibles o muy difíciles de realizar en dicho estado.

Esto se debe a que la sustancia en sangre propia de la emoción activa


ciertos sistemas en el cuerpo, a la vez que desactiva otros. Por ejemplo, en medio del
miedo se activa el sistema simpático, que acelera el corazón, dilata los bronquios,
contrae las arterias e inhibe el aparato digestivo, preparando al organismo para
reaccionar con todos sus recursos ante la situación de estrés. Mientras que emociones
como placer, felicidad, alegría, alivio, dicha, deleite, satisfacción, tranquilidad, amor,
permiten el ingreso a escena del sistema parasimpático. Éste se encarga de mantener
al cuerpo en situaciones normales y de producir los efectos opuestos del simpático,
preparando al organismo para la alimentación, la digestión, la reconstitución celular
(autorreparación) y el reposo.

Emociones como miedo, enojo, vergüenza, pánico o angustia –es decir,


cualquier emoción displacentera – además de impedirte estudiar, ser
habilidoso, recordar y demás conductas deseadas, disminuyen tu salud
física ya que activan el sistema simpático, que tiene un efecto
inmunosupresor11.

En este sentido, un científico chileno de reconocimiento mundial llamado Humberto


Maturana12 define las emociones como “disposiciones corporales que determinan
dominios de acción”. Dice el autor que cuando una emoción cambia, cambia también
el dominio de acción, y da el siguiente ejemplo, al llegar a la oficina uno declara que
piensa pedir un aumento de sueldo al jefe, pero la secretaria amiga dice: “No le pidas
nada hoy porque está enojado y no va a darte nada”. Todos sabemos que esto es así:
bajo el enojo, “sí” es una palabra poco dicha. Dicho de otra manera, bajo el dominio de
acción del enojo la conducta de conceder el aumento no es posible.

Esta es la razón por la cual todos tenemos esos días en los que “todo nos sale mal” y
esos otros en los que “todo nos sale bien”. Mientras que las emociones displacenteras
nos ponen en Modo Defensa, que es una plataforma emocional que nos prepara para
huir o defendernos, pero deshabilita las funciones de descanso, digestión, inmunología,
sexo, memoria, creatividad, reconstitución celular, entre otras.

El día en que sentís que todo va mal, estás bajo el dominio de acción de emociones como
enojo, miedo, vergüenza, etc., es decir, estás en Modo Defensa, en simpaticotonía.

11
El sistema simpático fuerza al organismo a una actuación de “lucha o huida” a la vez que desactiva el sistema parasimpático
que permite la digestión y el reposo (teoría del ahorro de recursos). Las consecuencias a largo plazo del estrés, debidas en
parte a la inmunosupresión, no parecen justificar los beneficios de la inhibición inmunitaria a corto plazo. Lo cierto es que en
la actualidad no conocemos la finalidad -si es que la tiene- de la inmunosupresión.
12
https://es.wikipedia.org/wiki/Humberto_Maturana
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Mientras que cuando te sentís un ganador y todo va bien, estás bajo el dominio de acción
de emociones que permiten que las cosas fluyan y tus proyectos prosperen. Podrás
estudiar, reflexionar, recordar, tener relaciones sexuales, comer, reír, bailar, cantar, hacer
deporte en forma habilidosa, estar atento y elocuente, etc. Este es el Modo Creativo,
caracterizado por un equilibrio entre el sistema simpático y el parasimpático.

Así como las emociones afectan las funciones mencionadas arriba, también afectan el
modo en que pensamos. Está comprobado científicamente que la tristeza nos hace
proclives a ver el lado negativo de las cosas –lo que, como vimos antes, genera más
tristeza. El enojo nos impide concentrarnos en la solución de los problemas, y a veces
nos lleva a malinterpretar actitudes. El amor suprime el pensamiento crítico, haciendo
que todo sea “color de rosas”. Por eso se dice que el amor es ciego.

El interruptor On /Off: Modo defensa o Modo creativo

Nuestro desempeño (alto o bajo) depende de esa misma sustancia de la emoción


que segregó la amígdala. En el caso del enojo, por ejemplo, su sustancia química en
sangre pone al cuerpo en modo defensa. Es decir, la emoción enojo pone al cuerpo en
un estado de preparación para defenderse. Bajo ese dominio de acción, como vimos, es
biológicamente imposible dormir, estudiar o comer, porque tu cuerpo está preparado para
la defensa. Esto no es nada nuevo, ya a principios de siglo un fisiólogo llamado Walter
Cannon estudió este tipo de respuesta de emergencia y acuñó el nombre de “reacción
de lucha o huida”, por ahí también conocida como “respuesta lucha-huida-parálisis”.
Los médicos, en especial los endocrinólogos saben muy bien el efecto de estas
sustancias sobre el cuerpo. Ante el enojo, siguiendo con nuestro ejemplo, a nivel biológico
se activa una parte del Sistema Nervioso Autónomo llamado sistema simpático y la
función de éste es preparar al organismo para una emergencia, para defenderse de
amenazas. Entonces la frecuencia cardíaca aumenta, las arteriolas de la piel y el intestino
se contraen, las del músculo esquelético se dilatan y la presión arterial se eleva. La
sangre se redistribuye en el cuerpo, abandonando el tracto gastrointestinal y se dirige al
encéfalo, el corazón y el músculo esquelético. Además los nervios simpáticos dilatan las
pupilas, los bronquios, inhiben el músculo liso de los bronquios, el intestino y la pared
vesical y cierran los esfínteres. Se producen piloerección y sudoración.

En resumidas cuentas dicha emoción prepara tu cuerpo para defenderse


o huir, pero sólo para ello. Te prepara únicamente para defenderte
físicamente pero te “discapacita” para otras actividades como son estudiar,
comprender, actividad sexual, disfrutar, estar creativo, recordar, etc.

Por otro lado, estas conductas adaptativas de dormir, estudiar, comer, comprender,
recordar, estar creativo, atento, dispuesto para lo sexual, etc. serán biológicamente
posibles cuando exista una equilibrada activación de la otra mitad del sistema nervioso
central: el sistema parasimpático. El funcionamiento del parasimpático está dirigido a

32
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conservar y restablecer la energía. Así regula y activa el sistema digestivo, inmunológico,


sexual, el encargado de regular el sueño, la creatividad, la memoria, etc. El parasimpático
te habilita a que duermas y descanses, que estés creativo, que te relajes, asimiles los
nutrientes de las comidas, se regeneren células, rías, disfrutes, se active el sistema
inmunológico, estés atento, etc.

Los componentes simpático y parasimpático cooperan –funcionan en equipo- para


mantener la estabilidad del cuerpo. La división simpática prepara y moviliza el cuerpo
para una emergencia cuando hay un ejercicio intenso súbito, miedo o furia. Mientras que
el parasimpático promueve la digestión y la absorción del alimento mediante el aumento
de la secreción de glándulas del tracto gastrointestinal y la estimulación del peristaltismo
y activa el sistema inmunológico. Ambos sistemas actúan en control antagónico de los
órganos del cuerpo ya que son antagonistas fisiológicos, así por ejemplo, la actividad
simpática aumenta la frecuencia cardíaca, mientras que la actividad parasimpática la
lentifica. Es decir, que en las inervaciones en que uno está activo, el otro no, en un mismo
momento. Podríamos decir que si bien trabajan paralelamente, nunca trabajan
simultáneamente en el mismo lugar, donde uno está actuando el otro brilla por su
ausencia y viceversa. Seligman se refiere a esto diciendo que el buen humor, o lo que
aquí estamos llamando modo creativo, produce una atención más amplia, mayor
pensamiento creativo y holístico. En contraste, el mal humor o modo defensa, atención
estrecha, mayor pensamiento crítico y analítico. Dice que cuando uno está en modo
defensa o de mal humor tiene mayor conciencia de “qué-anduvo-mal-aquí”, mientras que
cuando uno está en modo creativo se tiene mayor conciencia de “qué-está-bien-aquí”.
Peor aún, cuando estás en modo defensa vuelves defensivamente a lo que ya conoces
siguiendo órdenes.

Creo que no está de más aclarar que ambos modos, defensa y creativo,
no son ni correctos ni erróneos, sino que esto depende de las
circunstancias. Ante una situación de emergencia, el modo defensa es
definitivamente adaptativo, mientras que para la vida y desafíos
cotidianos, que es la mayor parte del tiempo, el modo creativo es mejor.

Modo Defensa

Entonces ¿Qué pasa cuando estoy en modo defensa? Mi sistema parasimpático está
inactivo –o eclipsado por un elevado funcionamiento del simpático-, por lo tanto no va a
funcionar adecuadamente ninguno de los sistemas que este regula –el inmunológico,
sueño, digestión, actividad sexual, creatividad, memoria, etc.- Es decir, no voy a poder
dormir ni descansar, tampoco hacer la digestión ni absorber los nutrientes de los alimentos,
no me sentiré dispuesto para la actividad sexual y mi sistema inmune no estará
funcionando. Entonces ¿Qué pasa si no puedo elaborar una estrategia que me saque de
esa situación que percibo como amenazante? Voy a continuar en modo defensa con un
predominio del funcionamiento simpático por sobre el parasimpático.

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Es decir, con el sistema inmune deprimido, mi corazón va a seguir


acelerado y cada una de las células de mi cuerpo va a percibir esa
desarmonía. A las claras está que si sigo así por mucho tiempo ¡voy a
enfermar! El estrés propio del modo defensa puede contribuir, directa o
indirectamente, a la aparición de trastornos generales o específicos del
cuerpo y de la mente.

A medio plazo, este estado de alerta sostenido desgasta las reservas del organismo y
puede producir diversas patologías. Los episodios cortos o infrecuentes de estrés
representan poco riesgo, aunque pudiendo ser altos, por ejemplo, un paro cardíaco. Pero
cuando las situaciones estresantes se suceden sin resolución, el cuerpo permanece en
un estado constante de alerta, lo cual aumenta la tasa de desgaste fisiológico que
conlleva a la fatiga o el daño físico, y la capacidad del cuerpo para recuperarse y
defenderse se puede ver seriamente comprometida. Como resultado, aumenta el riesgo
de lesión o enfermedad. Esta es la razón de por qué las personas se enferman con mayor
frecuencia cuando están muy estresados: sus sistemas inmunológicos no están
funcionando debido a que están en modo defensa. En este sentido es sólida y numerosa
la evidencia científica que sustenta el efecto de los estados emocionales sobre la salud.

El cuerpo a nivel biológico se comporta según un mecanismo de “economía” que hace


que los recursos que le son propios a cierta función, sean sustraídos y puestos al servicio
de la satisfacción de una necesidad que eventualmente sea percibida como de mayor
jerarquía. Entonces cuando nuestro cuerpo percibe una amenaza, despoja a los demás
sistemas de sus recursos para invertirlos en la defensa. Así por ejemplo, para digerir los
alimentos, tu cuerpo dirige cierta cantidad de sangre al sistema digestivo, pero si por
algún motivo te asustaras o enojaras, este mecanismo haría que esa sangre sea
redistribuida a los músculos de las extremidades (musculatura estriada) para tener más
fuerza en caso de ser necesario huir o defenderte. En otras palabras, no podrías decirle
un leopardo que te acecha: “espérate un momento, ahora estoy haciendo la digestión,
después me correteas para comerme”. Tu cuerpo inmediatamente va a priorizar salvarte
de la amenaza poniéndote en modo defensa, haciendo todos los cambios orgánico-
biológicos en forma instantánea.

Esta es la razón, como veremos en forma específica más adelante, de por qué si te
mantienes en modo defensa no vas a tener una buena performance en el deporte,
estudio, relaciones sociales, salud, etc. Todos tus recursos están al servicio de la defensa
y no donde quisieras. Pero el problema es que la mayoría de los peligros de la vida actual,
no son reales, sino simbólicos. La mayoría de los problemas que percibimos no son
peligros que atenten contra nuestra vida en forma directa, es decir, no son reales ni
actuales. Son una creación mental –a veces fundada pero muchas más infundadas- en
la que nos anticipamos al problema en sí y nos ponemos innecesariamente en modo
defensa.

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El modo defensa sería operativo y necesario en caso de un peligro que amenace tu


integridad física, como por ejemplo el que el leopardo te persiga para comerte. En ese
caso, sí que necesitarías que tu corazón lata a full y todos tus músculos y reflejos
dispongan de la mayor cantidad de recursos para correr por tu vida. Pero como dije, en
la cotidianidad de la vida actual del siglo XXI, son muy pocas las circunstancias que
requieren del modo defensa. Muy por el contrario, si por ejemplo crees que tu jefe no está
conforme con tu trabajo, más que palpitaciones, sudoración y reflejos, necesitarías poder
descansar bien para estar tan relajado, creativo y atento a tus deberes como sea posible.
En otras palabras, cuando el peligro es monetario-económico, psicológico, laboral no es
necesario el modo defensa, sí cuando corre peligro tu integridad física.

Obviamente esta es una falla de nuestro cuerpo, donde la amígdala no discrimina el tipo
de peligro, en el sentido de si es real o fantaseado, de modo que segrega igualmente las
sustancias del miedo que activan el modo defensa. Este funcionamiento puede
interpretarse como un remanente de la evolución filogenética (evolución de la especie a
lo largo de millones de años). Esta fue una respuesta adaptativa cuando fuimos alguna
especie de primate, pero hoy, en medio de la civilización y con la mayoría de los
depredadores animales en el zoológico y en extinción desgraciadamente, ya no lo es.

¿Qué emociones activan el modo defensa?

El modo defensa es activado por aquellas emociones que son displacenteras de


vivenciar. El enojo, vergüenza, culpa, miedo, tristeza, disgusto, envidia, ansiedad,
angustia, entre otras, te ponen en modo defensa. Todas las emociones displacenteras,
si bien son distintas y brindan información específica, tienen en común que te están
informando de que algo anda mal o de la presencia de alguna amenaza, lo que en la
mayoría de los casos y si no educaste tus emociones, activa automáticamente dicho
modo.

En relación a los sistemas que activan a nivel corporal las emociones, vuelvo al concepto
de Humberto Maturana sobre las emociones como “disposiciones corporales que
determinan dominios de acción”. Esta es una definición que me encanta porque
explica muy bien cómo bajo ciertos estados emocionales estarás imposibilitado a realizar
ciertas acciones, puesto que son condiciones biológicas o dominios de acción.

Nos detengamos en esta definición con más detalle: Las emociones


determinan biológicamente líneas de acción, el funcionamiento corporal y
conductas personales. Por lo que cuando te enojas te inicias en un
recorrido en el cual sólo son posibles ciertas conductas y otras no. Como
vimos, el enojo activa el modo defensa, el que a nivel biológico activa el
sistema simpático por sobre el parasimpático, desactivando todos los sistemas que este
regula: sistema inmunológico, digestivo, sexual, del sueño, la creatividad, etc.

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Entonces bajo la “disposición corporal” del enojo estoy en un “dominio de acción (modo
defensa)” que me impide por ejemplo dormir, reflexionar con claridad o estar creativo. Sin
embargo, insisto en que para algunas actividades puede ser bueno estar en modo
defensa. Por ejemplo, en ciertos deportes de alto impacto que requieren de tu fuerza
física y del óptimo funcionamiento de tus reflejos, es bueno estar en modo defensa.

También puede representar una respuesta adaptativa en casos extremos en los que
requieres una dosis adicional de fuerza, como sería el caso de tener que actuar ante el
rescate de una persona, para defenderte o huir. En estos casos seguramente será útil
que tu corazón se mantenga al galope utilizando tu máxima capacidad pulmonar con los
bronquios dilatados. Pero insisto, para la mayoría de las actividades el modo defensa no
es adaptativo.

Modo Creativo

La amígdala también segrega emociones que activan el modo creativo. El modo


creativo es un dominio de acción que te permite disponer de todos tus recursos
para invertirlos en aquello que ocupe el foco de tu atención, es decir, en las
actividades voluntarias. En este modo, dispones de todos tus recursos corporales
estando habilitado para tener una alta performance en lo que sea que te desempeñes13

A nivel biológico el modo creativo es un equilibrio entre el sistema parasimpático


y simpático. Es decir, existe cierta activación del parasimpático pero no es excesiva, sin
llegar a un estado de relax total. En el modo creativo es un estado de activación
placentero, lo que en psicología llamamos estrés o lo que en psicología positiva llaman
Estado Flow. El estrés es un tipo de estrés que es positivo y placentero. Es un estado de
justa activación –ni muy aburrida ni muy estresante- de las funciones cerebrales
superiores y corporales. Es decir, se trata de una calibrada activación de todo el cuerpo,
en un equilibrado funcionamiento de los sistemas simpático y parasimpático. De modo
que al estar activo el sistema parasimpático se da un buen funcionamiento del sistema
digestivo, sexual, inmune, de la creatividad, memoria, etc.; mientras el sistema
parasimpático esté en funcionamiento, te mantendrás sano y con una buena
performance. Bajo el dominio de acción del modo creativo verás que puedes dormir,
comer, estudiar, estar creativo, ágil, además de que tu sistema inmune funcionará a todo
vapor, manteniéndote fuerte ante enfermedades.

El modo creativo es activado por aquellas emociones que vivenciamos


como placenteras: alegría, amor, felicidad, tranquilidad, dicha,
seguridad y entusiasmo.

13
Claro que una alta performance depende de habilidades adquiridas, pero aquí estamos hablando de alto desempeño en
la medida justa de tus habilidades. Es incuestionable que una vez adquiridas las habilidades podrás tener una alta
performance sólo si te mantienes en modo creativo.
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Estas emociones, si bien también son distintas y te brindan información específica, tienen
en común que te informan que no hay peligro alguno. En definitiva, cada vez que sentís
seguridad y confianza estás en modo creativo. Entonces tu organismo celebra “¡Si no es
momento de defensa, a disfrutar, a recargar energías y hacer lo que me place!” De modo
que todas aquellas circunstancias que te sean amistosas, familiares, conocidas o que te
inspiren confianza, serán inductoras del modo creativo.

Hagamos un experimento: Trae a la memoria el recuerdo de una


situación en que estabas teniendo un excelente desempeño. Sea en el
deporte, estudio, ejecución de una pieza musical, cuentas matemáticas,
reuniones sociales, yoga, actividades culinarias, dibujo, etc.
Ahora responde: ¿Cómo te sentías en esa situación?
Seguramente me dirás que bien, dirás que estabas disfrutando. Sea donde
sea que te desempeñes, cuando te sentís bien vas a sentir que todo te
sale bien. Este fenómeno fue descripto por Csikszentmihalyi como un fluir, es
una experiencia en la que te conectas tanto que pierdes noción del paso del
tiempo y como también de la autoconciencia. Es un estado de tal
focalización y sincronización de todas tus funciones que uno llega a
olvidarse de sí mismo y producen que te energices profundamente.

Ahora quiero que recuerdes cuando algo no te salía


bien, trae a la memoria esos momentos en que estabas
teniendo “una mala performance” y responde: ¿Cómo te
sentías? Seguramente me dirás que te sentías mal. Es muy
simple este enfoque: cuando te sentís bien tienes una buena
performance porque estas en modo creativo, experimentando
seguridad. Cuando te sentís mal, en general, tendrás una mala
performance porque estás en modo defensa, lo que está más
relacionado con el miedo y demás emociones displacenteras.
Y esto es así porque son dominios de acción biológicos.

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El desempeñar actividades que disfrutamos nos energizan incluso cuando estamos


agotados físicamente. Es realmente maravilloso el mundo de las emociones, porque ellas
no sólo te informan de aquello que te gusta hacer, sino que también te brindan la energía
para la acción.

El modo creativo, como su nombre lo indica, te permite que estés más creativo para
resolver dificultades de la vida cotidiana. Mientras te sentís bien tenés mucho mejor
desempeño físico o deportivo, cognitivo e intelectual, musical, etc. Por ejemplo, los
músicos más experimentados cuando están embargados por estados de ira o angustia
no pueden afinar sus instrumentos con precisión. Las personas que miden más alto en
una escala estándar de felicidad resuelven veinticinco por ciento más de desafíos
creativos que aquellos que se sienten molestos o enojados. Estados de ánimo
placenteros te permiten relajarte más, lo cual te hace focalizarte menos en los problemas
del mundo y asociar más eficientemente, conceptos remotos. Estanislao Bachrach,
biólogo especialista en creatividad, sostiene que la felicidad incrementa la posibilidad de
tener insigts o experiencias de creatividad, mientras la ansiedad –modo defensa- los
decrece. Dice: “las [buenas] ideas pueden aparecer en cualquier momento pero
fundamentalmente se manifiestan más seguido cuanto más relajados estamos”. Esto es
porque cuando estás relajado, estás en modo creativo y en este modo biológicamente
dispones de todos tus recursos.

La otra cara de esta moneda dice que el realizar actividades que no son de tu agrado te
dejará exhausto al poco tiempo. ¿Por qué? Porque al hacer algo que te desagrada, te
pondrás en modo defensa, estarás regañando y enojado por una tarea que te es
desagradable o repulsiva, lo que te insume mucha energía en temblores, palpitaciones,
respiración agitada, tensión muscular, etc. sin considerar que seguramente tendrás que
hacer cada cosa un par de veces, puesto que seguramente tu desempeño se verá
empobrecido al punto de cometer muchos errores y olvidos.

Sub-modo Relax

Un sub-modo del modo creativo es el modo relax. El modo relax es un estado en el que
como su nombre lo indica, estamos muy relajados. Se da un marcado predominio del
sistema parasimpático por sobre el simpático y la conducta en este estado será la de
relajación, somnolencia, sueño o sueño profundo. A nivel corporal habrá una disminución
del ritmo cardíaco que permitirá conciliar el sueño y descansar. El modo relax es óptimo
para cumplir con algunas funciones corporales irremplazables destinadas a mantenernos
sanos, como son el descanso y recuperar energías. Cuando estamos en modo relax, el
arousal14 -o nivel de activación cerebral-, es tan bajo que no habrá lugar para un alto

14
Arousal: Nivel de activación cerebral. Implica tanto el ritmo de los procesos cerebrales como el nivel general de atención
frente a los estímulos del medio y está regulado por el sistema de activación reticular. Puede variar desde un nivel de sobre-
activación, como en el caso de emociones intensas o de estados de alerta, hasta un nivel atencional óptimo para la acción
intencional, o hasta niveles de infra-activación, como en el caso de estados de relajación o de sueño.
38
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desempeño. Podemos entrar en este modo si algo nos parece muy aburrido o muy poco
desafiante o interesante y nuestro desempeño no será elevado. Por ejemplo, en este
sub-modo no será posible llevar a cabo el aprendizaje ni sostener la concentración para
actividades que así lo requieran. De modo que no podremos acicatear el pensamiento
reflexivo ni desarrollar hábilmente actividades físicas, artísticas, de estudio, fuerza, ni
nada prácticamente. A este sub-modo se puede entrar por cansancio, aburrimiento
o también por alguna distracción o pérdida de concentración súbita.

Curva de desempeño

10
Modo Defensa
9 Bajo desempeño
debido a demasiado
8
estrés (Distrés)
Nivel de arousal (activación)

7
6 Modo Creativo
Zona del Óptimo
5 desempeño
4 (Eustrés)

3
2
Relax
Bajo desempeño
1
Relax
0
Estrés
0 1 2 5 6 7 8
3 4 TIEMPO 9 10 Fluir

Recapitulando: las emociones son un cóctel químico segregado por la amígdala ante un
estímulo determinado. Esa sustancia es derramada al torrente sanguíneo activando lo que
desde un punto de vista psicológico dimos en llamar modo creativo (que a nivel biológico
se trata de un equilibrio entre el funcionamiento del sistema simpático y el parasimpático
con un arousal ni demasiado alto ni demasiado bajo) o modo defensa (que a nivel
biológico se trata de un predominio del sistema simpático). Ambos son dominios de acción
que determinarán conductas y funciones orgánicas. Así, estas sustancias tienen un
profundo efecto en nuestro desempeño tanto conductual y en el funcionamiento biológico
de nuestro organismo. Por otro lado, estas sustancias tardan en ser metabolizadas
apenas unos 90 segundos. Es decir que una vez segregadas las sustancias se inicia un
proceso en cascada cuyos efectos tendrán como mínimo un minuto y medio de duración.
Sin embargo, el tiempo de la emoción puede extenderse si el foco de la atención es
sostenido en aquello que provocó la emoción originalmente, dado que al hacer foco
en forma constante sobre un aspecto, la amígdala sigue segregando esas sustancias que
mantendrán el modo creativo o defensa, dependiendo de cómo sea considerado –bueno
o malo- aquello en lo que se haga foco.

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PENSAMIENTOS

El abuelo le explicó al niño:


-Hay dos lobos aullando dentro de ti. Uno está lleno de ira, amargura, resentimiento y deseo de
venganza. El otro lobo que tienes dentro está lleno de amor, gratitud, generosidad, compasión e
indulgencia.
-Y ¿qué lobo crees que ganará?- le preguntó el niño a su abuelo.
-El que alimentes- contestó el abuelo.

Lo que activa el modo creativo o defensa son sólo dos cosas: los
pensamientos y cómo utilizas tu cuerpo (las acciones).

En este capítulo nos ocuparemos de los pensamientos, en tanto cómo y por qué generan
emociones. Quizá te parezca raro que las emociones sean provocadas por los
pensamientos, ya que la mayoría de las personas consideran que son los
acontecimientos los que gatillan una respuesta emocional. Pero en realidad no es así,
son los pensamientos los que principalmente las originan porque es a través de ellos que
interpretamos cada acontecimiento en la vida. Insisto, nunca es el entorno, las
circunstancias o los eventos en la vida los que pueden “hacerte sentir” de tal modo, sino
el significado que le das –es el cómo los interpretamos-. Las emociones encuentran su
origen en el mundo de los significados y pensamientos.

- Pero, ¿Qué es un pensamiento? ¿Dónde está? ¡Quiero entenderlo en detalle!

Auto diálogo: expresión directa de los pensamientos

La respuesta es muy simple, se trata de algo tan cotidiano que pasó inadvertida por
mucho tiempo. Cada pensamiento está en lo que te decís a vos mismo. Podes
“detectar” un pensamiento en tu auto diálogo, porque cada vez que piensas, estás
hablando con vos mismo.

El 90 % de la comunicación que tenemos los seres humanos, es con nosotros


mismos, sólo el 10 % se da con el afuera. Sí, leíste bien, la mayor parte del tiempo nos
la pasamos charlando con nosotros mismos inmersos en nuestros pensamientos. Desde
que te levantas hasta que te acuestas, hablas con vos mismo. Por ejemplo, apenas te
despiertas, puedes pensar “me levanto o sigo durmiendo un momento más… no, mejor
me levanto porque tengo que hacer”. Y así cada cosa que piensas es una especie de
monólogo interno. El auto diálogo es una realidad científica, un hecho fáctico que fue
descripto por muchos autores que le dieron sendos nombres. Lo podrás encontrar por
discurso o monólogo interno, rumiación mental, estilo explicativo, charla cerebral, etc.

Ahora bien, ya sabes de la equivalencia entre pensamiento y auto diálogo, pero la


clave de todo esto es que según sea tu auto diálogo será tus emociones.

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El padre de la psicología positiva Dr. Martin Seligman argumenta en consonancia con


Aaron Beck y Albert Ellis que “lo que pensamos conscientemente es lo que
mayoritariamente determina como nos sentimos”. A la amígdala no le importa si lo que
te decís a vos mismo pasó en la realidad o es producto de tu fantasía, si realmente es
una creencia, si realmente te lo decís con convicción, segregará las sustancias del modo
defensa o creativo igual.

Pongamos un ejemplo: Te estás por subir a una montaña rusa y mientras estás
haciendo la fila esperando tu turno para ingresar al carro, escuchas a alguien que
en la fila dice que esta montaña rusa es “un peligro”. Asegura que no recibió el
mantenimiento de rutina por mucho tiempo, ya que este parque de juegos está
atravesando una crisis económica devastadora. El caso es que si piensas que
esta persona tiene razón y te decís a vos mismo “la verdad que sí, este parque
de juegos está en bastante mal estado”, es muy probable que le otorgues credibilidad a sus
palabras y te pongas en modo defensa, y cuando te subas a esa montaña rusa, seguramente no
podrás disfrutar nada. Harás todo el recorrido escuchando los sonidos del crujir y rechinar de las
ruedas de metal contra el riel esperando el “inminente” momento del descarrilamiento, todo esto
en un estado panicoso. Lo que cuenta aquí es que, independientemente de –la realidad- si la
montaña rusa está en buenas condiciones o no; si lo que te decís a vos mismo te lo tomas en
serio, es decir, si le otorgas credibilidad a tu auto diálogo, tu amígdala obedecerá segregando las
sustancias del modo defensa. A la amígdala no le importa si lo que te decís es real, fantaseado,
cierto o falso; sólo considera si vos lo crees y luego segrega el cóctel químico que te pondrá en
modo defensa o creativo.

El caso es que dependiendo de la calidad de tu auto diálogo o pensamientos, va a ser


cómo te vas a sentir. Hay gente que todo el tiempo está diciéndose cosas como “Que
idiota que soy, cómo pude haber hecho así el ridículo”, “todo me sale mal” o “el mundo
conspira en mí contra, que mala suerte tengo”. Personas que tienen este tipo de
pensamiento o estilo explicativo –como le llama Seligman- decodifican todo en derredor
como amenazante o tremendo, entonces tienden a segregar sustancias que activan el
modo defensa constantemente.

En contraste, hay otros quienes en su auto diálogo o pensamientos decodifican la


realidad en términos optimistas –o al menos son más indulgentes consigo mismos y con
el mundo circundante-. Así por ejemplo se dicen: “esto que me está pasando no es lo
peor, hay cosas peores”, “esto me va a ayudar a mejorar, algo voy a aprender de todo
esto”, “todo lo que pasa siempre es para bien” o “no me sirve de nada lamentarme, voy a
focalizarme en la solución”, “yo sé que puedo”; de este modo las crisis en lugar de
traducirse como problema neto, se convierte en algo más leve y llevadero o hasta en una
oportunidad. Es decir, no es que sean ingenuos y no vean el problema, sí lo ven, pero
hacen hincapié en la solución. No se quedan enquistados en los lamentos o en el
problema dramatizando la situación. No gastan demasiado tiempo pensando en las
consecuencias o lo malo del problema, sino que buscan qué pueden hacer para
resolverlo, o para qué puede servirles la situación.

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En este sentido, todos los seres humanos siempre, nos guste o no,
tenemos a alguien que tiene el poder de influir y determinar nuestras
decisiones. Todos tenemos ese alguien que puede alentarnos y
motivarnos como criticarnos hasta desmoralizarnos….ese alguien siempre
es ¡uno mismo!. Nadie te susurra al oído ni siquiera una mínima porción de lo que lo
haces vos con vos mismo. Como es tu auto diálogo será tu estado emocional.

Auto diálogo: generador instantáneo de emociones

Vamos a hacer un pequeño experimento para que veas que los pensamientos
-o auto diálogo- producen una emoción en forma instantánea.

Supongamos que un padre otorga permiso a su hijo adolescente para salir por primera vez a una
fiesta. Ambos se ponen de acuerdo en que volverá de la fiesta a la una de la mañana. El muchacho
lleva un celular por si algo le pasa o si necesita algo, él pueda comunicarse con su padre y viceversa.
Pero, a la una de la mañana el joven no aparece, ni tampoco a la una y media, de modo que su
padre preocupado llama al celular de su hijo para ver cómo está, pero el celular le da apagado. Se
hacen las dos y tampoco aparece. Las dos y media, sin novedades aún. Ya son las tres de la mañana
y el padre continúa sin noticias de su hijo. La pregunta es, ¿Qué crees que siente el padre? Cuando
hago esta pregunta en los talleres surgen respuestas muy interesantes. Hay quienes inmediatamente
responden: bronca, indignación, preocupación, desesperación, miedo, angustia, entre otras. Ante la
misma circunstancia cada cual siente emociones distintas ¿Cómo es posible? El secreto está en
saber qué piensa cada uno para sentir esto. Los que responden bronca e indignación, en general
aducen que a los adolescentes no les importa nada y que siempre hacen lo que quieren. Se imaginan
que el adolescente a propósito apagó el celular y siguió de fiesta. Los que sienten preocupación,
miedo o desesperación piensan que le pudo haber pasado algo malo. De hecho, exteriorizan sus
pensamientos en forma de auto diálogo diciendo “y si está internado en el hospital por un accidente”
o “puede no tener el celular por eso no responde”.

Lo que intento evidenciar es que lo que te decís a vos mismo, va a determinar cómo
te vas a sentir. Fíjate, el hecho fáctico es el mismo tanto para los que sienten enojo como
miedo: el joven se fue a una fiesta y dos horas más tarde, aún no regresa. No estoy
sugiriendo que esté bien pensar una cosa o la otra, sólo que los pensamientos generan
emociones en forma instantánea; basta con las suposiciones que hacemos para sentir un
estado emocional u otro. Dicho sea de paso, hacemos suposiciones gran parte del tiempo.
Hay quienes me dicen “bueno Lucas, pero si tu hijo nunca cumple con lo que dice y
siempre que sale llega a la hora que se le canta, cómo quieres que no me enoje si sé que
sigue de jarana”. Está bien, yo no cuestiono de dónde sacaste vos esa creencia, no
cuestiono si es fundada o infundada, lo que digo es que dependiendo de dónde esté el
foco de tu atención va a ser cómo te vas a sentir. Entonces si crees o te imaginas que está
en algo indebido, te vas a enojar; pero si piensas que le pasó algo malo, te vas a angustiar.
En términos concretos, el auto diálogo y emociones de la madre que espera a su hijo, irá
más o menos así: Durante la primera media hora de retraso, “¿Dónde estará? Seguro que
apagó el celular a propósito”, entonces durante este momento estará muy enojada. Pero
luego se pregunta “¿Y si le pasó algo malo? ¿Quizá tuvo un accidente? ¡Ay Dios santo!”
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Con este auto diálogo ahora la mujer pasó del enojo a la angustia, miedo o preocupación
profunda. Pero luego de unos minutos se dice a sí misma: “Pero qué le va a haber pasado
algo, si este es más vivo que todos, seguro está tomando unos tragos con los holgazanes
de sus amigos”, entonces vuelve a enojarse. Si más tarde vuelve a pensar que pudo
haberle pasado algo, seguro volverá a la angustia y así sucesivamente.
Independientemente de la realidad, lo que va pensando va originando sus emociones.

Ahora veamos cuál es el mecanismo por el cual el auto diálogo genera (o


disipa) emociones en forma casi instantánea.

Evaluamos y clasificamos permanentemente

Cada instante estamos evaluando las circunstancias que nos rodean. Por ejemplo, si
entras a un café, en cuestión de décimas de segundos, realizas varias evaluaciones -que
la mayoría pasarán inadvertidas-. Lo primero que sentís quizá sea un aroma a café, el
que será evaluado y clasificado en agradable/desagradable. Luego la temperatura, el
volumen de la música del lugar, cuando te sientas, la confortabilidad de la silla, el aspecto
del mesero, su actitud solícito/despectivo, cuando te traen el café lo clasificarás también,
pudiendo resultarte muy caliente, caliente, justo, tibio, frío, una porquería; su sabor:
fuerte, suave, perfecto, aguachento, etc. A cada segundo nuestro cerebro procesa
grandísimas cantidades de información que proviene de los sentidos externos y
propioceptivos. Ahora bien, mientras la evaluación arroje resultados que no excedan el
rango de lo normal, no llamará tu atención y todo ello pasará generalmente en forma
inadvertida. Pero si algo sale del rango de la normalidad, sea por bueno o malo, irrumpirá
automáticamente un auto diálogo en tus pensamientos que te hará consciente de la
situación. Por ejemplo, puedes decirte “qué calor que hace aquí”, “qué molesto que es
este barullo”, etc. a lo que inmediatamente tu cuerpo reaccionará segregando alguna
emoción. Si la clasificación se destaca por positiva, la emoción será placentera
poniéndote en modo creativo, elevando tu nivel motivacional; pero si la evaluación se
destaca por negativa, la emoción será displacentera haciéndote ingresar en modo
defensa.

El psicólogo cognitivo Rafael Santandreu15 dice: “evaluamos de manera tan constante


que, prácticamente, no nos damos cuenta de ello. Es como respirar. Esta valoración, en
definitiva, busca determinar si los eventos son “buenos” o “malos” para nosotros,
“beneficiosos” o “perjudiciales”. Pues bien, esta valoración es crucial para nuestra salud
mental”.

Santandreu postula que la evaluación que realizamos de todo está en una línea que
contiene todas las graduaciones posibles para clasificar algo. Es muy interesante el
hecho de que según sea la clasificación que hagamos será cómo nos sentiremos y

15
https://www.rafaelsantandreu.es/psicologo-rafael-santandreu/
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consecuentemente, de esta valoración dependerá nuestro nivel de fortaleza o de


vulnerabilidad. Las diferentes graduaciones dentro de la línea de evaluación pueden ser
prácticamente infinitas –bueno, un poquito mejor, muy bueno, un poco mejor y así
sucesivamente- pero lo que nos interesa son los extremos establecidos por terrible y
excelente.
Línea de Evaluación

El problema es cuando clasificamos algo de “terrible”, peor aun cuando nos


habituamos a hacerlo, porque con esta clasificación nos sentimos muy mal,
nos ponemos en un profundo modo defensa (con todos sus efectos). Esta
clasificación de terrible en términos cognitivos, dice Santandreu, es
equivalente a decir: 1) No puedo ser feliz, 2) Esto nunca debería haber
sucedido y 3) No lo puedo soportar. Mientras que el otro extremo de excelente en la línea
de evaluación significa: “Voy a ser feliz para siempre”.

Lo interesante de todo esto es que existe una plena correspondencia entre el modo
de clasificar los hechos y la intensidad de la emoción que produce. Es decir, a mayor
gravedad que le atribuyo a un hecho, mayor la intensidad de la emoción, pudiendo pasar
de vivenciar emociones displacenteras pero sanas, a emociones malsanas cuando estoy
muy enojado, deprimido, en estado panicoso, etc. De igual modo puedo hacer una
clasificación de un determinado acontecimiento como muy positivo y sentirme en
consecuencia. El siguiente gráfico indica la correspondencia entre la “Línea de
evaluación” con la “Línea emocional”.

Correspondencia entre Línea de Evaluación y la Línea de intensidad emocional

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El problema es que hay quienes tienen una particular facilidad para clasificar todo lo que
les sucede o podría sucederles como terrible, ¡y se sienten en consecuencia! Estas son
las personas más vulnerables emocionalmente ya que se ponen en modo defensa casi
por todo, casi constantemente. Dicho autor sostiene que la madre de todos los trastornos
es la “terribilitis”. Habla de esa particular devoción por tremendizar o terribilizar todo,
destacando que lo que está trastocado es el criterio de evaluación. Utilizan demasiado las
altas graduaciones negativas. Recordemos que según la evaluación que hagamos de los
hechos será como nos sentiremos. En la línea de evaluación el rango más utilizado por
estas las personas que sufren “terribilitis” o que se toman todo a la tremenda, se vería más
o menos así:

Es increíble el punto al que pueden llegar las creencias y pensamientos para generar
infelicidad (o felicidad). Muchos de mis consultantes quedan enredados en dificultades
cotidianas que luego los llevan a depresiones o estados de ira casi constante. Todos
tenemos dificultades o momentos difíciles en la vida, pero es la forma en que los
decodificas o interpretas, lo que va a marcar la diferencia. También existen aquellos
quienes casi nunca se enojan. Son personas que siempre tienen una. Casi por todo se
alegran y jamás terribilizan. Se mantienen en modo creativo la mayor parte del tiempo.
Buscan la forma de volver a la calma casi invariablemente.

Pero para entender en profundidad la influencia de los pensamientos


tenemos que responder la siguiente pregunta: ¿De qué manera llegamos a
pensar cómo pensamos? ¿Por qué esa tendencia a “Terribilizar” si es
dañino y no es para nada placentero?

Los pensamientos son expresiones directas de algo que es más estable: las
creencias o paradigmas. Es simple, lo que cada uno dice y se dice a sí mismo es
manifestación de su sistema de creencias. Debido a que los pensamientos suelen
transformase en hábitos, las emociones también. Hete aquí que el secreto está en
detectar nuestros hábitos de pensamiento o auto diálogo para develar las estructuras que
subyacen, las creencias. De este modo podremos profundizar lo suficiente y así cambiar
los estados emocionales.

Creencias: GPS Interno

Una definición que me gusta de las creencias es “certeza que se tiene acerca de
determinadas personas, cosas, ideas, experiencias, etc. asociada a un carga emocional,
que en gran medida es inconsciente”.

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Las creencias son muy poderosas, pudiendo ser el fin o el origen del bienestar y
desgracias. Pueden limitarnos e impedir alcanzar objetivos como empoderarnos para
alcanzar lo que muchos creen imposible. En el mundo de la psicología tenemos una forma
muy didáctica para explicarlo. Las creencias o paradigmas son llamados “mapas” ya que
guían y orientan nuestras acciones. Representan el territorio, pero no son la realidad
misma. Puede parecerte raro pero los seres humanos no nos relacionamos con la realidad,
sino con lo que creemos que existe. Solemos decir que vivimos en nuestro mapa, pero el
mapa no es el territorio así como tampoco el menú no es la comida. De este modo, las
creencias determinan todo lo que ves del mundo circundante y cómo lo ves.

Imagínate por un momento que vas en tu auto con GPS, pero el mapa que
tiene incorporado no coincide con el de la ciudad en la que estás transitando,
¡menuda desorientación! Cada metro que avances, cada curva que dobles el
GPS irá incesante –leer con voz de computadora intransigente-
“recalculando, doble a la izquierda… Recalculando, en la próxima curva tome a su
derecha, a 200 metros en la rotonda doble a la izquierda” y miras por el parabrisas
buscando lo que te indica el GPS pero no hay ninguna rotonda. Decime, ¿Cómo la vas a
pasar con esa orientación? ¿Crees que vas a llegar a destino con ese GPS? Claro
que la vas a pasar muy mal y no vas a llegar a ningún lado. Esto es más o menos lo que
pasa cuando una persona tiene paradigmas que no se adecúan a la realidad. Tendrá una
voz interna –como la del GPS- que prácticamente la volverá loca, porque le estará dando
instrucciones erróneas constantemente.

Siempre tenemos algunos aspectos de nuestros paradigmas que no se condicen con la


realidad en que estamos. Cuando el mapa difiere poco con el territorio no representa
mayor problema, pero el problema se da cundo las diferencias son grandes. Hay quienes
tienen creencias totalmente distintas a la realidad, entonces están convencidos de que el
mundo debería ser de otro modo. Sus EXPECTATIVAS de cómo deben ser los amigos,
parejas, trabajos, policías, curas, médicos, psicólogos, etc. son muy distintas de cómo es
la realidad, entonces viven frustrándose constantemente por un “GPS que tiene un mapa
muy imperfecto”. Y en lugar de revisar sus mapas y actualizarlos, se enojan con el mundo
porque no es como dicen sus creencias. En otras palabras, intentan forjar la realidad de
ese momento en lo que establecen sus mapas, en lugar de intentar adaptar el mapa al
territorio. Imagínate un cartógrafo que diga “saquen esa montaña de ahí porque no figura
en el mapa”. ¡Qué locura! Lo correcto en este caso sería modificar el mapa, jamás el
territorio.

Albert Ellis16, sostiene que la ira la creamos nosotros mismos filosóficamente, en el sentido
de que recurrimos a pensamientos absolutistas y autoritarios. Afirma que ninguna
experiencia o circunstancia tiene un valor establecido per se, sino que somos nosotros los
que la enjuiciamos o clasificamos de buena o mala según nuestro sistema de creencias.

16
https://es.wikipedia.org/wiki/Albert_Ellis
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El problema es cuando esas creencias se alejan mucho de cómo es la realidad. Todos los
“yo debería” y “el mundo o los demás deberían” como dogmas imperativos son
generadores de emociones malsanas, tanto respecto de nosotros mismos –cuando te
enojas con vos mismo- o de los demás, cuando esperas demasiado de los demás. Ellis
enfatiza que las emociones son una consecuencia de los pensamientos. Dice, “Tras haber
hablado con miles de personas con distintos niveles de perturbación emocional, aún no
hemos encontrado a una sola que no sea responsable de crear, con sus dardos verbales
auto punitivos, gran parte de sus innecesarias perturbaciones emocional”17.

El esquema que intento trazar sigue la siguiente secuencia: en primer


lugar, se crea una imagen ideal de una determinada situación, luego se
genera la expectativa de que así será –se da por supuesto sin cuestionar
esta misma suposición- y luego, cuando la realidad es real, no ideal como
se pretendió, surge el enojo. La falta de aceptación de la realidad a partir
de una creación de un ideal inexistente, es la base de los malestares emocionales. Es esta
clase de incongruencias –que sólo es nuestra responsabilidad- la que suele originar varios
trastornos emocionales.

El mismo Sigmund Freud marcó la diferencia entre los conceptos “realidad” y “realidad
psicológica”. Resulta que él en el tratamiento psicoanalítico que hacía con sus pacientes
descubrió en varios casos que la descripción de las vivencias “traumáticas” que hacían de
sus infancias, no coincidía con lo que realmente había acontecido. De modo que algunos,
vivían tristes por un pasado que nunca tuvo lugar en la realidad, sino que sólo pertenecía
a sus realidades psicológicas. Se dio cuenta también de que cuando somos niños/as, nos
falta mucha información o no podemos llegar a comprender muchas situaciones de
adultos/as, ante lo que llenamos esos baches de ignorancia con construcciones mentales.
De modo que fuimos creando nuestro pasado acomodando y encajando recuerdos de la
mejor manera posible con la información disponible y una capacidad de comprensión
inmadura –sólo por la condición de niños/as-. Así, creamos nuestras propias creencias o
realidades psicológicas, las que posteriormente generan emociones. El caso es que estas
realidades al ser construidas desde la mirada del pequeño ojo de la cerradura de nuestras
infancias, suele estar bastante distorsionada. Esto de realidades psicológicas es lo que
hoy en día llamamos en PNL (Programación Neuro Lingüística) programaciones
mentales.18

17
ELLIS, Albert; Controle su ira antes que ella le controle a usted, España, Barcelona, Editorial Paidos, 1° edición Bolsillo
2007, Pág. 27.
18
Si bien pueden existir pequeñas diferencias de significado, a los efectos de este texto doy por equivalentes los conceptos
de paradigmas, mapas mentales, realidad psicológica, sistema de creencias y valores. Por otro lado, quiero aclarar que en
términos neurológicos una creencia es una red neuronal.
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El problema, como habrás podido advertir, es que casi en la totalidad


de los casos somos inconscientes del proceso creación de esta
realidad psicológica o programación mental. Pocas veces somos
conscientes de nuestras creencias o de la manera en que pensamos.

Lo curioso de esto es que estas creencias tienen muchísima influencia en mi conducta y


en la génesis de mis emociones. Así, según nuestras creencias vamos haciendo
interpretaciones de cuanta cosa pasa, haciendo suposiciones y endilgando
responsabilidades –en muchos casos injustamente tanto a terceros como a nosotros
mismos- que después provocan emociones malsanas, en algunos casos. En otras
palabras, el modo en que vamos dibujando nuestros mapas mentales no es riguroso, es
más bien impreciso, pero en general somos ignorantes de ello.

Por esto es tan importante que los adultos/as acompañen a los/as niños/as
con explicaciones moderadoras de la realidad. Eso les ayuda en el proceso
de programación mental o construcción de mapas.

El caso es que estos mapas mentales (o creencias) son los responsables de nuestras
emociones y comportamientos, porque determinan cómo decodificamos y clasificamos lo
que nos pasa.

ACCIÓN

¡El movimiento es vida!

Además de los pensamientos, las emociones son generadas por nuestras acciones
o movimiento corporal. Según cómo usamos nuestro cuerpo, será como nos sentiremos.
Todo lo que involucre el movimiento genera cambios en nuestro patrón de respiración, lo
que a su vez modifica la compostura química de la sangre, provocando cambios en los
estados emocionales. El movimiento es vida y definitivamente el movimiento está asociado
con la felicidad y la quietud a la tristeza. Todo lo que sentimos es el resultado de cómo
usamos nuestro cuerpo, la emoción es creada por el movimiento dice Anthony Robbins.
Pero no sólo el movimiento en cuanto a ejercicio físico, sino cómo utilizas el cuerpo en
forma cotidiana. Es decir tu postura, los gestos, movimientos, sonrisa, etc. En la psiquiatría
era bien sabido que las emociones inciden en las respuestas físicas y fisiológicas, pero se
ha comprobado que el circuito también funciona al revés. En Dr. Paul Ekman, profesor de
psiquiatría de la universidad de california dice: ‘sabíamos que cuando uno experimenta
una emoción, la misma se refleja en su cara’. Ahora se ha descubierto que lo contrario
también es verdad. Uno siente lo que muestra en su cara. Si se ríe uno del dolor,
interiormente no sufrirá. Si pone la cara triste, sentirá lo mismo por dentro. A partir de cómo
utilizamos nuestro cuerpo se van configurando patrones fisiológicos que están asociados
a estados emocionales particulares. Por ejemplo, las personas con depresión se
caracterizan por tener patrones fisiológicos de movimientos lentos y suaves, donde los
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hombros, la cabeza y la mirada están hacia abajo. El caso es que el estado emocional en
el que estás afecta tu fisiología –funcionamiento corporal- pero también el movimiento
corporal afecta a las emociones, de modo que, como habrás advertido, esto deviene en
un círculo auto perpetrante.

Por otro lado, es importante mencionar que el ejercicio físico estimula


la secreción de endorfinas. Esta es la llamada sustancia de la felicidad ya
que está asociada a experiencias placenteras, además de cumplir una
función importante en calmar el dolor.

Es segregada naturalmente cuando consumimos chocolate, al hacer ejercicio, en el


enamoramiento y al hacer actividades que te resulten placenteras. De modo que una de
las formas más saludables de experimentar felicidad es haciendo ejercicio, ya que además
del bienestar que produce dicha actividad genera beneficios físicos, embelleciendo y
haciéndole el mantenimiento a la casa del alma, tu cuerpo. Es esta sensación de disfrute
y felicidad sumado a los beneficios estéticos y de salud algunas unas de las razones por
las que muchas personas suelen volverse adictas a la actividad deportiva.

Un abordaje holístico: pensamiento y acción

Desde mi perspectiva, un trabajo holístico es muy operativo ya que abordamos los estados
emocionales a cambiar desde más frentes. Cuando una persona está constantemente en
modo defensa, sea por angustia crónica, depresión, fobia, ansiedad, etc. desde mi rol
como psicólogo me ocupo de ver qué está pasando en su vida, considerando
especialmente cuál es la lectura que hace de los hechos. Me ocupo de provocar cambios
estructurales en su sistema y de abordar las creencias que tiene respecto de su situación.
Pero llegados a este punto existe cierta dificultad que, en general, puede ser superada
mediante la actividad física. En estados de depresión o angustia profundos –Modo defensa
profundo o casi en un secuestro emocional- las capacidades de reflexión, pensamiento
positivo y busca de soluciones están prácticamente embargadas. De modo que trabajar
únicamente desde lo cognitivo puede servir, pero en mi experiencia, lleva más tiempo.

Como vimos, cuando uno está muy triste por ejemplo, tiene una facilidad para ver el lado
negativo de las cosas y mira el futuro desesperanzadamente lo que se convierte en un
circuito auto perpetrador de la tristeza. De modo que puedo insistir y reflexionar sobre las
estrategias a seguir, pero si la persona está por demás negativista quizá los esfuerzos
sean en vano. Para corregir errores cognitivos (modificar la manera de pensar) y hacer
que la semilla del optimismo caiga en suelo fértil es necesario preparar el terreno, y suelo
hacerlo mediante el ejercicio físico o en casos agudos con derivación y atención
psiquiátrica. Al igual que la medicación psiquiátrica, la actividad física produce un cambio
casi inmediato – de una a cuatro semanas- en el ánimo de la persona, de modo que una
vez que está de mejor humor, se abre una ventana en el tiempo para trabajar lo cognitivo.
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Es ese el momento en que podrá apreciar las oportunidades y recurso que tiene como
persona, considerando esperanzadamente cambiar. Al ingresar en un modo creativo,
aunque más no sea por unas horas, estará bajo un dominio de acción que lo habilitará a
tener conductas y pensamientos distintos a los que lo llevaron al problema.
Las teorías sistémicas –a cuyo enfoque adhiero por completo- y la teoría del caos nos
enseñaron que pequeños cambios pueden generar grandes cambios, y en mi opinión,
nuca ocurrió otra cosa. Soy testigo de cómo pequeñas acciones permiten que ingresen
nuevas bolas al bolillero. Para todos los casos de trastornos del estado de ánimo, se trate
de angustia, depresión, fobias, suelo prescribir dentro de lo posible ejercicio físico. Esto,
combinado con el trabajo psicoterapéutico, en mi experiencia siempre ha sido muy
productivo, casi diría milagroso. Los resultados positivos se precipitan antes de lo
esperado, tan rápido como se comprometan con entrar en acción y mover el cuerpo. Estoy
convencido que el ejercicio físico es una excelente forma de mantenernos en modo
creativo.

Beneficios de entrar en acción

Además de la sensación de bienestar producida por las endorfinas, es innegable la


cantidad de beneficios que trae la actividad física.

Uno de los grandes predictores de un envejecimiento exitoso es la


presencia o ausencia de una vida sedentaria. El ejercicio mejora el sistema
cardiovascular y reduce el riesgo de enfermedades, como ataques al
corazón y accidentes cerebro-vasculares. Disminuye considerablemente
las posibilidades de padecer Alzheimer y otras demencias, osteoporosis,
hipertensión, entre otras. Emocionalmente combate el estrés, la ansiedad, las
depresiones, contribuye a disipar el enojo, además de generar felicidad. Una persona que
tiene elevada actividad física tiene mejor desempeño intelectual además de los beneficios
físicos y estéticos de mantenerse en forma. Se ha visto repetidamente en investigaciones
científicas que el buen estado físico está asociado a un buen desempeño cognitivo. Por
ejemplo, el riesgo de tener una demencia se reduce a la mitad en aquellas personas que
han tenido actividad física durante su vida. Siempre recomiendo que la gente practique
yoga guiados por especialistas. El controlar la respiración y estirar la musculatura y los
nervios del sistema nervioso, en mi opinión, contribuye a cambiar la actitud que asumimos
ante la vida y sus vicisitudes. No soy especialista ni mucho menos, sin embargo puedo
dar testimonio de los beneficios que experimenté al aprender algunos ejercicios y posturas
de yoga. No podemos elegir directamente estar sanos o enfermar, podemos elegir
conductas que nos llevan a esos estados. Si bien estos estados son una elección, no
siempre representan una elección consciente. Cada conducta que elegimos tiene sus
consecuencias sobre la salud en el futuro. Por ello considero de trascendental importancia
promocionar la salud con el trabajo que hacemos al educar a los/as niños/as.

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EMOCIONES Y APRENDIZAJE

Después de lo expuesto el material “Introducción a la educación emocional”, es fácil


anticipar la íntima relación existente entre aprendizaje y emociones. Pero veamos un poco
más en profundidad cómo las emociones influyen facilitando o dificultando el aprendizaje,
para sacar conclusiones que nos permitan hacer algo para mejorar la educación.

La posibilidad de aprender o evocar conocimientos frecuentemente desaparece ante una


emoción intensa. Frente a la frustración, la desesperación, la preocupación, el miedo, la
tristeza o la vergüenza, los chicos (y también los/as adultos/as) pierden acceso a su propia
memoria, a su capacidad de razonamiento y a su habilidad para sacar conclusiones. Por
ejemplo, el mero y cotidiano hecho de hacerlos leer en voz alta ante el resto de la clase es
suficiente para paralizar a algunos/as chicos/as.

De esta manera los/as niños/as asustados (o con otra emoción displacentera) tienen un
bajo desempeño que les impide adquirir nuevos conocimientos con facilidad. Puesto que la
ansiedad es una emoción que los pone en Modo Defensa y por ende activa el sistema
simpático, el cual desactiva la memoria de evocación y redirige la atención sobre el peligro
(en este caso, hacer el ridículo) impidiendo el fluir de la lectura. Desgraciadamente vemos
niños/as cuyas energías y capacidades intelectuales son absorbidas por estados de
ansiedad o emociones displacenteras. Por lo tanto podemos afirmar que las emociones
son el “interruptor de prendido/apagado del aprendizaje”, en el sentido de que influyen
para que el alumno haga grandes progresos en el aprendizaje o bien bloqueos y retrocesos.

Así como influyen negativamente en el aprendizaje, las emociones pueden


originar lo contrario gracias a la motivación y redirección de la atención que
traen consigo.

Por lo tanto, el/la educando/a que se aboca a aquello que ama guiado por su propio deseo
–al cual subyacen placer, bienestar y alegría– se mantiene en Modo Creativo, activando
emociones que a nivel biológico permiten el funcionamiento de la memoria, la creatividad y
la capacidad de reflexión, logrando comportamientos adaptativos que garantizan un
aprendizaje significativo. El aprendizaje significativo es más duradero en el tiempo
porque tiene un refuerzo interno. Las gratificaciones internas –mucho más poderosas
que las externas– consisten básicamente en un placer (emoción) que el/la alumno/a
experimenta cuando logra una respuesta o descubre y comprende el significado de algo
(“ley de cierre” de Wertheimer, “equilibración” de Piaget). Cuando esto sucede, el/la niño/a
accede a una comprensión y sensación de control de la realidad aprendida que por sí misma
fortifica el aprendizaje y lo hace resistente al olvido. Esta es la base del Constructivismo: la
importancia de estimular al estudiante para que descubra por sí mismo la realidad. Por otro
lado, los/as educandos/as están predispuestos/as, por sus propias emociones, a
interesarse por determinados temas. Es así que algunos podrán sentirse atraídos por las
matemáticas mientras que otros por el dibujo o las actividades físicas, por ejemplo.

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Ningún contenido está libre de emociones porque toda persona es un


ser emocional. Por lo tanto, hacer relevante y significativo para el/la
alumno/a el contenido de la materia es una modalidad adecuada y bien
establecida para asegurar un aprendizaje duradero y por ende, verdadero.

Para incluir las emociones a favor de la enseñanza, cada docente tiene que manifestar a
través del cuerpo su interés por el conocimiento que imparte. Debe mostrar su pasión por
lo que enseña mediante la mirada, la modulación de la voz, la vehemencia del gesto, el
manejo de silencios y suspensos, etc. Así canaliza el interés y la pasión que el conocimiento
significa para sí mismo. El/la alumno/a, por su parte, capta el “deseo del otro” por el sólo
hecho y hechizo de una exhibición corporeizada que el educador realiza. Es decir, el alumno
percibe el interés y disfrute del maestro en lo que enseña y esto a su vez le produce interés
a él.

En este sentido, Sábato opina que más vale que el maestro logre fascinar al/a alumno/a
con su relato. Que logre encarnar las historias y no pretenda enseñarlo todo, sino pocos
episodios y problemas estructurales, desencadenantes de conocimientos actuales y
futuros. Dice: “Más bien pocos libros, pero leídos con pasión, única manera de vivir algo
que, si no, es un cementerio de palabras”.

Recordemos que “educación” en su acepción etimológica significa desarrollar, llevar


hacia fuera lo que aún está en germen, poner en acto lo que sólo existe en potencia.
Es preciso entonces que el/la docente tome los propios intereses del/a niño/a para
desarrollarlos. O bien puede generar intereses mediante el suyo propio, que será percibido
por el alumno cuando el docente trasmita los conocimientos con verdadero placer,
desarrollando la capacidad de asombro del/a estudiante –condición para que considere de
importancia lo que se le está enseñando. La imposición de contenidos puede generar
emociones displacenteras –enojo, disgusto, miedo–, lo que biológicamente impide o
dificulta el aprendizaje y hasta mutila la capacidad de asombro y de pensamiento crítico.

Es por esta razón que los/as estudiantes rinden mucho menos en aquellas
materias que desprecian. Si bien en el aprendizaje se ven involucrados
muchos factores –como la didáctica docente, el desarrollo madurativo
intelectual del/a alumno/a, su situación actual y los factores biológicos (como
visión, audición, motricidad, alimentación, genética, etc.) – las emociones cumplen un rol
protagónico en tanto facilitadoras u obstaculizadoras de dicho proceso.

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Las emociones son contagiosas

La verdadera educación consiste en sacar a la luz lo mejor de la persona.


Gandhi

Se realizó una investigación en la que se monitoreaban respuestas


fisiológicas (ritmo cardíaco) de dos personas puestas a conversar. Se
demostró que al comienzo de la interacción los ritmos cardíacos eran
distintos, pero luego de unos quince minutos terminaban sincronizándose.

Esto mismo es fácil de comprobar en la vida cotidiana. Seguramente recordarás que cuando
compartís tiempo con personas “buena onda” te sentís bien, mientras que cuando estás
con pesimistas éstos te invaden con su “mala onda”.

Las emociones más intensas y prolongadas son las que terminan esparciéndose en
los demás. Es ésta la función de entrenadores/as o coaches, líderes y docentes que ante
el desánimo de los jugadores, alumnos o seguidores deben entusiasmarlos y llenarlos de
energía, es decir, contagiarlos de optimismo. Hete aquí la importancia del estado
emocional del docente. Si está enojado, desganado o triste, esto hará eco en sus
alumnos/as. Asimismo, el clima educativo y el estado emocional del/a directivo/a son muy
relevantes ya que impactan en el/la docente. Con un pensamiento sistémico –o cuántico–
podrás seguir la lógica de que todos estamos conectados y que todo influye sobre todo.

Comunicación

Nuestras emociones nos ayudan a comunicarnos con otras personas. Nuestra expresión
facial, por ejemplo, puede manifestar un amplio rango de emociones. Si tenemos una
expresión triste, estamos señalando a los demás que necesitamos ayuda, o por lo menos
nuestro semblante provee cierta información de cómo necesitamos ser tratados en ese
momento. Pero si además desarrollamos habilidades verbales, tendremos más
posibilidades de expresar nuestras necesidades emocionales, como así también de
sentirlas y satisfacerlas.

Las emociones recurrentes jamás mienten, son una verdadera y


auténtica fuente de información tanto para nosotros mismos
como para los demás, dado que no podemos esconderlas con
facilidad. Algunos más, otros menos, manifestamos nuestras
emociones mediante gestos, actitudes, comentarios, movimientos,
etc. Para mí ellas son lo más natural y puro que tenemos, muestra
genuina de quiénes somos.

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¿Qué origina las emociones?

Mayoritariamente están determinadas por los pensamientos. Posiblemente disientas


conmigo y me digas que la causa de las emociones es el estímulo mismo. Pero no es así,
sino que es la representación que te haces del estímulo lo que ocasiona la emoción, pues
no nos relacionamos con la realidad sino con lo que creemos que existe. Todo está en
nuestro sistema de creencias. Así, lo que puede ser un problema para una persona, para
otra no lo es. Por ello en psicología decimos que “no vemos las cosas como son, sino como
somos”. Los pensamientos se dan en forma de auto diálogo. Seguramente, como a mí, te
sorprenderá saber que la comunicación que tenemos los seres humanos se da en un 90%
con uno mismo y sólo en un 10% con el mundo exterior. Sí, desde que nos levantamos
hasta que nos acostamos practicamos la “charla cerebral”. Todo el tiempo estamos
hablando con nosotros/as mismos/as. Es curioso ver cómo algunas personas, en la fila de
un banco o en un semáforo, al estar solas y no tener con quién hablar, comienzan a
gesticular como si hablasen con algún fantasma. Sucede que se involucran tanto con lo que
piensan que comienzan a actuar su auto diálogo. Las emociones dependerán de la calidad
de la comunicación con uno/a mismo/a.

Por otro lado, lo que conscientemente pensamos es lo que mayormente determina cómo
nos sentimos. Las personas optimistas se dicen cosas positivas, empoderadoras y
agradables, son indulgentes consigo mismas y consecuentemente se sienten bien. Pero las
personas pesimistas se están criticando constantemente a sí mismas y se toman las cosas
en forma catastrófica, poniéndose en estados emocionales caracterizados por angustia,
miedo, enojo, vergüenza, tristeza, etc. Casi todas las personas tenemos ese “matón” interno
que nos hace sentir mal. Así, es común decirnos en nuestro auto diálogo: “soy un estúpido,
estoy haciendo el papel de tonto”, “estoy mal vestido”, “estoy muy gordo/a”, “qué fea voz
que tengo”… O hablamos en segunda persona: “eres un idiota”, “siempre todo te sale mal”,
“nadie se va a fijar en vos”, “no digas te quiero, es un signo de debilidad”, etc. Ese
pensamiento auto derrotista que nos taladra la cabeza y lesiona la autoestima es un
compuesto de todos los rechazos y humillaciones que recibimos de niños/as. Es como una
grabación de opiniones negativas sobre nosotros que alguna vez escuchamos. El rumiador
mental puede ser pesimista u optimista. El primero está en problemas, porque su sistema
de creencias es pesimista y se repite una y otra vez cuán mal están las cosas o cuán mal
estarán, pues el pesimismo es una propensión a ver y juzgar las cosas en sus aspectos
más desfavorables, tanto en lo pasado como en lo presente y futuro. Mientras que el
rumiador optimista tiende a desembarazarse de problemas y complicaciones. y
naturalmente se siente bien. Lo paradójico de todo esto es que el pesimismo disminuye las
respuestas del sistema inmunológico, haciendo a la persona más vulnerable; mientras que
el optimismo fortalece las defensas, por lo que la persona se enferma menos.

Se refuerzan entonces los sistemas de creencias, tanto del optimista como del pesimista.
Esto es llamado en psicología “profecía auto cumplida”: el pesimista termina comprobando
sus catastróficos vaticinios y el optimista obtiene lo que se augura: salud y bienestar.

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Esto lo expresó con gran precisión Henry Ford al decir “Si crees que puedes, como si no,
tienes razón”. Pensamiento y emoción son las dos caras de una misma moneda, pues
siempre se dan juntos. Anthony Robbins dice: “Where focus goes, energy flows”, que
significa: “Donde me focalizo, fluye la energía”. Si me focalizo en lo negativo, me enojaré, y
si me focalizo en lo positivo o en las soluciones, seguramente me aliviaré.

Clasificación de las emociones

Existen numerosas formas de clasificar las emociones, y hay poco acuerdo entre los
autores. Afirma Rafael Bisquerra Alsina que “los usos del lenguaje han complicado el intento
[de clasificar las emociones] de tal manera que se ha llegado a considerar que era un
esfuerzo inútil”19. Por lo tanto es importante que tengamos un pensamiento flexible y
tolerancia a la diversidad, entendiendo que algo puede ser visto de muchas maneras según
la epistemología con la que se trabaje.

Algunos teóricos proponen familias básicas de emociones, aunque no todos coinciden en


cuáles serían. Otros (W.Wundt, J.B. Watson) proponen que todas las emociones pueden
situarse entre los ejes placer-displacer (a lo que adhiero). Otros clasifican las emociones en
positivas y negativas, con lo que disiento por completo, ya que pueden suscitarse errores.
Otros hablan de emociones tóxicas, pero eso sólo tiene asidero si uno no hace una buena
gestión de lo emocional. En fin, quiero mostrarte que hay muchas tipologías de las
emociones, sin que una sea más correcta que otra. Sólo se trata de perspectivas distintas,
todas ellas válidas.

¡Bienvenidos al mundo de las emociones,


donde todo depende de cómo se lo mire!
¡Dejen sus estructuras y rigideces en la
puerta! ¡Gracias!

Ahora, veamos algunas formas posibles de clasificar las emociones.

19 Bisquerra Rafael Psicopedagogía de las emociones. Madrid, 2009. Síntesis


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Clasificación según familias básicas de emociones:

En esta lista de grupos de emociones falta, a mi criterio, la envidia, que podría ser incluida
dentro del grupo de emociones de “disgusto o ira”, ya que es un disgusto, dolor o enojo que
surge cuando percibimos que el otro ha alcanzado algo que nosotros deseamos y no hemos
logrado.

También existe una clasificación que habla de emociones centrales. El


argumento para dicha clasificación se basa, en cierta medida, en el
descubrimiento de Paul Ekman, el autor que inspiró a los creadores de la famosa
serie ‘Lie to me’. Según Ekman las expresiones faciales correspondientes a
cuatro emociones centrales (temor, ira, tristeza, placer) son reconocidas por personas de
culturas de todo el mundo, lo cual confirma la universalidad de las emociones. Ekman
enseñó retratos que expresaban diferentes emociones a personas de culturas diversas y
descubrió que todos los consultados reconocían las mismas emociones básicas o centrales.
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Otras clasificaciones, en función de las variables intensidad y duración, hablan


de pasiones (estado afectivo más intenso pero también más breve);
emociones propiamente dichas (no son tan breves y tampoco tan intensas); y,
por último, sentimientos (estados afectivos más estables y no tan intensos).
Esta clasificación, por rígida y esquemática que parezca, puede tener excepciones. Como
vimos, dependiendo del pensamiento o idea a la cual estén sujetas, las emociones pueden
tener una duración e intensidad variables.

Pensar en esta clasificación que distingue sentimientos, emociones y pasiones


ayuda a comprender ciertas situaciones que pueden ser conflictivas. Por ejemplo, un
padre que se enoja y reta a un hijo porque hizo una travesura. La reprimenda puede ser
interpretada por el niño como una falta de amor o, lo que es peor, como una manifestación
de odio. Pero lo importante acá es ver que simplemente se superpuso una emoción a un
sentimiento. Esto es así porque la emoción desencadenada por el niño en el padre es enojo,
pero, como dijimos, es transitoria, aunque también intensa. No obstante, el sentimiento que
prevalece y subyace en la relación padre-hijo es el amor incondicional. Entonces el niño
puede comprender que el padre lo ama, lo cual no quita que se enoje.

Otra clasificación muy útil es la que distingue entre emociones primarias y


secundarias. Cuando sentimos una emoción primaria estamos viviendo un
estado afectivo incipiente, que es más fácil de manejar y cuyas causas se
pueden identificar también con facilidad. La emoción secundaria se da cuando
tenemos una acumulación de emociones primarias. A menudo no entendemos por qué una
persona reacciona de manera exagerada y dice “Fue la gota que rebalsó el vaso”. Para
dejarlo bien claro, las “gotas” son las emociones primarias y el “vaso rebalsado” son las
emociones secundarias.
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Muchos no hacen caso a las pequeñas “gotas” (emociones primarias) que al


acumularse desembocan en emociones secundarias (el “vaso rebalsado”).

El odio (emoción secundaria) se da como consecuencia de sentirnos insultados,


presionados, trampeados o estafados (emociones primarias). La depresión es secundaria
a la tristeza, la decepción, la desesperanza, la soledad, la desolación, la incomprensión, el
agobio, etc. De igual manera, podemos afirmar que el amor es una emoción secundaria
porque antes sentimos agrado, simpatía, gusto por alguien, “química” (emoción primaria) y
luego, al cabo de un tiempo, al conocer a la persona con sus valores y actitudes, nos damos
cuenta que la amamos. El enamoramiento es una emoción primaria, mientras que el amor
“verdadero” sólo puede surgir con el tiempo. Siguiendo esta lógica, la fobia es la emoción
secundaria del miedo. Frecuentemente, la fobia aparece luego de una seguidilla de
emociones primarias como temor, preocupación, miedo, ansiedad, etc. Las emociones
secundarias, como el odio y la depresión (estados afectivos displacenteros), no nos ayudan
mucho cuando tenemos que identificar nuestras necesidades emocionales no satisfechas.

Por ejemplo, cuando digo que me siento muy enojado o que odio algo,
nadie puede saber cómo ayudarme a satisfacer la necesidad emocional
que tengo, pero si digo que me siento presionado o insultado, es mucho
más clara la necesidad emocional, como así también aquello que pueden
hacer para ayudarme. Por ello, una técnica muy simple para una sana
gestión emocional es identificar las emociones primarias.

Si bien la clasificación comentada en este apartado me parece muy útil, pues ayuda a
entender que los estados emocionales intensos tienen una historia comprensible,
eventualmente puede pasar que nos salteemos las emociones primarias y pasemos a sentir
emociones muy intensas.

Por último, pero no menos importante, existe una clasificación propuesta por la
BioNeuroEmoción que habla de sentimientos como pensamientos con emoción (es
decir, emoción pensada). “Me siento atrapada, me siento solo, me siento abandonada, me
siento frustrado, atacado, impotente, traicionada…”.

Según esta perspectiva, existen los siguientes tipos de emociones: Emoción


secundaria o social: es lo políticamente correcto. Enmascara la emoción
primaria u oculta, aquella que no es socialmente aceptable reconocer, por lo
tanto es reprimida y guardada. La emoción oculta es la que eventualmente los
consultantes pueden “largar” después de escudriñar un poco en sus vidas y llegar al origen
de todo el conflicto. Por otro lado, la Emoción transgeneracional es una emoción que
nace con nosotros ya que la heredamos de los ancestros. Es decir, heredamos información
genética que nos predispone a sentir una determinada emoción. Esto puede observarse
cuando las personas permanecen en estados emocionales sin que tengan una relación o
un motivo para sentir lo que están viviendo. Emoción del ser: es aquella que el individuo
experimenta cuando toma conciencia de la emoción oculta, siente una coherencia interna
y logra un estado de paz. Por esta descripción de coherencia y paz interior es que yo
considero que la emoción del ser es lo mismo que la felicidad (que, como veremos más
adelante, no es lo mismo que la alegría o el entusiasmo, sino un estado sutil de bienestar y
seguridad producto de la coherencia con uno mismo).

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Antes de seguir, te invitamos a visitar el Glosario


emocional que se encuentra en el aula.

Cuadro esquemático de emociones que indican función y energía:

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Cuando trabajo este cuadro en los talleres suelen preguntarme por qué
tenemos más emociones displacenteras que placenteras.
Respuesta: nuestro cerebro está preparado para la supervivencia personal
y de la especie, por lo tanto tiene una “predilección” por indicarnos lo malo.

Esto que puede parecer negativo en nuestra evolución filogenética significó una diferencia
entre la vida y la muerte. Por ejemplo, si te pongo en una mesa una gran variedad de tortas
ricas, pero entre medio suelto una serpiente, más vale que cuando estires tu mano para
tomar un trozo de pastel tu cerebro perciba el peligro antes que el placer. Por esto es que
percibimos con más facilidad lo negativo. Importante aclarar que todas aquellas emociones
que son vivenciadas como displacenteras casi siempre activan el sistema simpático,
proveyéndonos de energía para la defensa o huida. Las emociones placenteras movilizan
el parasimpático, permitiendo las funciones biológicas de descanso, alimentación y
digestión, auto-reparación, inmunidad, aprendizaje, diversión, sexo, creatividad, etc. Es
decir, las emociones placenteras nos ponen en Modo Creativo: plataforma emocional del
alto desempeño.

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Necesidades Emocionales

Todas las personas tenemos necesidades físicas o fisiológicas –comer, beber, respirar e ir
al baño– y necesidades emocionales, también llamadas necesidades de contacto. Pero
mientras todos compartimos estas necesidades emocionales, cada uno se diferencia en la
intensidad con que siente cada una de ellas. Hay quienes para sentirse amados necesitan
que todo el tiempo les estén dando besos, abrazos y recordándoles cuánto los quieren,
mientras que eso para otros puede ser un pegoteo incómodo. Una persona puede necesitar
más libertad e independencia, otra puede necesitar más seguridad y conexiones sociales.
Hay quienes pueden tener mucha curiosidad y una gran necesidad de entender, mientras
otros están contentos con aceptar lo que les dicen. Así, cada persona tiene necesidades
emocionales diferentes, lo que hace que todos seamos únicos e irrepetibles.

Uno de los problemas más frecuentes en las escuelas es que el trato que se les da a los/as
estudiantes, así como a sus necesidades emocionales y físicas, es exactamente el mismo
para cada uno/a de ellos/as. El resultado: muchas necesidades de estos chicos quedan
insatisfechas, y ellos terminan frustrados. Casos comunes pueden ser los/as de niños/as
que tarden más en copiar la tarea del pizarrón, o tengan una atención más dispersa, o se
les pida que hagan una actividad que no es interesante, o bien cuando no son lo
suficientemente desafiados o motivados para trabajar. No estoy hablando de que no se les
exija, sino de que es necesario atender las necesidades de cada uno en la medida en que
cada uno lo requiera, dentro de lo posible. Los/as niños/as suelen actuar sus frustraciones
(acting out) de diferentes maneras, las cuales son vistas especialmente como un mal
comportamiento. Pero mientras más identifiquemos sus necesidades únicas y hagamos
algo para satisfacerlas, menos problemas de comportamiento encontraremos en la escuela.

En algunas familias es muy común que los/as niños/as permanezcan con sus necesidades
emocionales insatisfechas por mucho tiempo. Pueden tener comida y un techo sobre sus
cabezas, como a veces también dinero, pero sus necesidades emocionales siguen sin ser
atendidas. Un fundamento científico de la importancia de las necesidades emocionales lo
constituye la tesis de René Spitz20. Este grande de la psicología describió una reacción
específica del/a infante que es consecuencia de un acontecimiento externo y no procede
de su desarrollo madurativo. Spitz estudió el comportamiento del bebé, en su desarrollo de
los 6 a los 18 meses y situado en un medio desfavorable (sin las satisfacciones emocionales
mínimas), después de una separación maternal. Primero se observa un período de
lloriqueo, más tarde un estado de retraimiento e indiferencia. Paralelamente, aparecen la
regresión del desarrollo y/o numerosos síntomas somáticos. Todo ello conduce a un estado
de miseria próximo al marasmo21. Spitz llama a esta reacción depresión anaclítica. Luego
describe una reacción llamada hospitalismo, que se produce cuando el bebé reside durante
mucho tiempo en un hospital, o bien es abandonado allí.

20
Spitz, R.A. (1951). Las Enfermedades Psychogenic en Primera infancia - una Tentativa en su Clasificación Etiologic.
Estudio Psicoanalítico de Niño, 6, 255-275.
21
Suspensión total de la actividad de una cosa o de la actividad física o mental de una persona.
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Comienza a observarse la sintomatología hasta que el/la niño/a, en los casos más drásticos,
muere por la simple insatisfacción emocional. Es importante destacar que estos/as bebés
tenían todas sus necesidades físicas satisfechas: se los alimentaba, abrigaba, higienizaba
y hasta se los asistía médicamente. Sin embargo morían por no obtener la satisfacción de
sus necesidades emocionales, por falta de amor. También habla Spitz de un hospitalismo
intrafamiliar. En este sentido, Humberto Maturana redobla la apuesta y dice: “En verdad, yo
diría que el 99 % de las enfermedades humanas tiene que ver con la negación del amor.
No estoy hablando como cristiano […], estoy hablando desde la biología”22.

Por otro lado, los estudios de J. Robertson sobre niños que presentan una carencia
amorosa sin separación física arrojaron resultados similares, lo cual demuestra que lo
determinante no es la ausencia o presencia del contacto, sino su calidad. Deficiencias
desde el punto de vista de la interacción, presentaban características comunes: hipotonía
muscular, lentitud en el desarrollo muscular, falta de reactividad hacia la madre y el
ambiente y disminución de la capacidad de comunicarse con los/as demás y de expresar
sus sentimientos.

Por todo esto, es de gran ayuda darse cuenta de la existencia e importancia de las
necesidades emocionales, entendiéndolas como el primer paso hacia la ayuda en la
infancias y adolescencias.

En diferentes grados, y de acuerdo a nuestra unicidad, cada uno de nosotros necesita


sentirse como indica el siguiente cuadro.

22
Maturana Romecín, Humberto (1996). El sentido de lo humano Dolmen ediciones.
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A las distintas maneras de satisfacer estas necesidades se las llama


caricias positivas. Ejemplo de ellas son mensajes como: “Es un placer
charlar con vos”, “Qué alegría me da verte”, “Me alegro de que seas mi hijo”,
“María, qué bien bailás”, “Tus mates son los mejores”, “Qué bien que cantas”,
etc.

Las caricias positivas dan a la persona información sobre sus aptitudes y características
positivas, haciéndola más consciente de ellas. Un niño es acariciado positivamente cuando
su padre, su madre, profesor/a o amigo/a lo/a saluda con un cariñoso “¡Hola!”, usa su
nombre, lo incluye, lo mira a los ojos y, lo más importante, escucha sin censura lo que tiene
para decir y respeta sus sentimientos. Aseguran Muriel James y Dorothy Jongeward23 que
el escuchar es una de las mejores caricias positivas que una persona puede dar a otra.

En este punto es importante aclarar que las necesidades emocionales deben


ser satisfechas en su justa medida. Como vimos, la carencia de afecto tiene
sus consecuencias nocivas, pero también es perjudicial satisfacerlo
excesivamente. Es decir, cuidar, proteger y proveer de todo lo que necesita
en forma excesiva e inmediata puede traducirse en una sobreprotección.
Frases como “No vas a poder hacerlo”, “Déjame que lo haga por vos”, “Yo me ocupo” o “No
vas a saber qué hacer, mejor voy yo” son representativas de una sobreprotección
incapacitante.

Esta actitud no motiva a dinamizar sus propios recursos para alcanzar sus objetivos, más
bien acostumbra a que todo lo que necesite lo tenga al alcance de su mano. Con tal actitud
se le está incapacitando para que aprenda a satisfacer sus necesidades y resolver sus
dificultades. Ciertos padres muy inseguros y/o ansiosos no dejan tiempo para que el/la
niño/a sienta el deseo, dado que acuden a satisfacer la necesidad en forma inmediata. De
esta manera se crían niños/as ansiosos/as, con baja tolerancia a la frustración, muy
inseguros/as y sin capacidad de espera.

23
Muriel James y Dorothy Jongeward (1978) Nacidos para triunfar. A Signet Book
63
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Winnicott24 decía en este sentido, refiriéndose puntualmente a la relación madre-bebé, que


se debe preservar, de un modo u otro, cierto espacio de respiración para lo simbólico. Esto
es: la madre “suficientemente buena” también debe ser “suficientemente mala”, en el
sentido de poder retirarse del bebé regularmente para permitirle desear. De esta manera
se deja un tiempo entre la aparición de la necesidad y su satisfacción para que pueda
vivenciar el deseo. Demasiado amor suscita fusión y confusión. Por ello, paradójicamente,
la madre ha de ser en su justa medida “insuficiente y mala”. Es decir, ha de permitir
pequeñas esperas que hacen las veces de frustraciones moderadas.

Aclarada la medida en que sugiero deben ser atendidas las necesidades emocionales,
tratándose de un equilibro entre la no-satisfacción y la satisfacción excesiva, podemos
seguir adelante. En general podemos decir que las necesidades emocionales tienen como
común denominador una necesidad de atención. Veamos más en profundidad este tema.

Necesidad de Atención

Es natural para todos nosotros buscar la atención de los demás. Siempre


necesitamos atención cuando tenemos algo importante para decir. Pero
quién no ha escuchado decir a algún adulto/a respecto de un/a niño/a
revoltoso/a: “Ignórenlo/a, sólo quiere captar la atención”. Pero eso sería
como decir: “No lo/a alimenten, sólo tiene hambre; no lo/a abriguen, sólo
tiene frío; no lo/a curen, sólo está lastimado/a”. La necesidad de atención es tan real como
las necesidades físicas.

En la investigación que realicé para mi tesis de grado tuve la posibilidad de entrevistar a


ciertos púberes con problemas de conducta, a quienes les hice un test psicológico llamado
TAT (Test de Apercepción Temática), que consiste en mostrar una serie de láminas con
dibujos impresos representando diversas situaciones sobre las cuales debían relatar una
historia a partir de lo que ellos veían. En dicho experimento pude constatar que estos
púberes tenían sus necesidades emocionales insatisfechas. Para ejemplificar, expondré
algunos relatos representativos de sus sentimientos y necesidades emocionales.

Alberto ante la lámina 3VH, expuso: “Estaba triste porque no ve a su familia [...]. Cuando
vio a la madre se puso contento”. En la lámina 11 dijo: “Hay una persona que está sola, que
se ha perdido… Pide auxilio, quiere salir de ese lugar… Ya no puede, llora porque no tiene
a nadie al lado que lo ayude y necesita a alguien como para que lo saque de ahí”.

Recordemos que la población seleccionada para la investigación estaba caracterizada por


un patrón de mala conducta. Así, pude ver que estos chicos llamaban la atención (que todo
ser humano necesita) a través del mal comportamiento, con lo cual lo único que obtenían
eran reprimendas y sanciones que les ocasionaban una mayor segregación. De este modo,
cargaban con rótulos que los diferenciaban negativamente del resto.

Independientemente de una discusión acerca de si la sanción era justa o no (tema que será
tratado en profundidad en el capítulo siguiente), lo cierto es que no resolvía el problema, ya

24
La experiencia de mutualidad entre la madre y el bebé. P. 309 (1969) Exploraciones psicoanalíticas I (1989).
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que en lugar de eliminar la mala conducta la incrementaba, pues era la forma de llamar la
atención que estos chicos habían aprendido. De esta manera, se enquistaban los roles y
los adolescentes no eran integrados. Se originaba entonces un círculo vicioso. Estos chicos,
al estar tan necesitados de “caricias”, comienzan a aceptar o hasta buscar caricias
negativas porque no pueden obtener el reconocimiento de sus aspectos positivos. Así como
una persona que se está muriendo de hambre o de sed puede comer comida podrida o
beber agua contaminada, algunos chicos aceptan contactos tóxicos cuando no pueden
obtener los nutritivos (al menos es algo de atención, piensan). Parafraseando a uno de
ellos, considero que estos niños piden auxilio, quieren salir de ese lugar y no pueden, lloran
porque no tienen a nadie al lado que los ayude y necesitan a alguien como para que los
saque de ahí. Sólo que la ayuda que solicitan no es expresada de manera verbal, sino
mediante la mala conducta. Hete aquí la importancia de hacer Educación Emocional en
forma sustentable en las aulas.

Rutter y Olweus, en investigaciones realizadas en contextos familiares, encontraron


relaciones significativas entre ciertos estilos paternos de interacción y la aparición de
conductas agresivas. Dichos estilos se caracterizan por el rechazo hacia los hijos, por la
falta de sensibilidad ante las necesidades del niño y por la inconsistencia en las estrategias
de control utilizadas por los padres, tanto si son de absoluta permisividad como de
imposición autoritaria y punitiva de las normas de comportamiento. Es decir que también
en el contexto familiar la no-satisfacción de las necesidades emocionales propicia la
gestación de comportamientos des-adaptativos en los niños. En ocasiones, si bien puede
parecer que los/as niños/as se están “portando mal”, a menudo sólo tratan de llamar la
atención de sus compañeros/as, pues buscan en éstos una respuesta que los haga sentir
mirados. Ayudarle al/a niño/a a que simbolice o verbalice tales intentos es muy beneficioso.
Así, por ejemplo, el docente puede decirle: “Me parece que con tu comportamiento estás
tratando de captar la atención de tus compañeros/as, porque cuando se ríen de las cosas
que haces o de la voz que pones, te parece que te quieren”.

Es importante que el/la docente –como también los padres o tutores– den signos claros al/a
niño/a de que lo/a comprenden y que consideran que su comportamiento es una forma muy
razonable de lidiar con sus afectos. Sólo si se sienten comprendidos/as y no criticados/as,
los/as niños/as podrán usar las sugerencias de otras formas de comportamiento que
reciban. El pasar desapercibido/a o el anonimato en un/a niño/a es mucho peor que el
reconocimiento que obtienen de la llamada identidad negativa.

En general, un/a niño/a buscará ser visto/a como agresivo/a, mentiroso/a, pendenciero/a,
irrespetuoso/a, inquieto/a, molesto/a, irresponsable, vago/a o malo/a antes que no ser
visto/a o ser la misma nada. La identidad negativa es al menos una identidad. El/la niño/a
obtiene la atención que necesita desde ahí, dado que no se le da una identidad positiva que
valore sus virtudes. Cloé Madanes sostiene que todas las personas tenemos necesidades
emocionales, sólo que cada uno encuentra su forma particular de satisfacerlas. Es
paradójico, pues podemos hacerlo mediante formas positivas o negativas, por ejemplo
siendo el/la mejor o bien el peor en algo, y tanto con acciones de bien como sometiendo a
otros/as, obligándolos a mostrar aprecio.

Por todo esto es muy importante prestarles atención a los/as alumnos/as desde sus
aspectos positivos (virtudes, habilidades, recursos, intereses, etc.). Si no lo hacemos desde
ahí, procurarán hacer todo tipo de cosas para llamar la atención.

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Como dije, “Todo aquello a lo que le prestes atención, crece”. Si hago hincapié en lo
negativo, crecerá ese aspecto. Por el contrario, si veo lo positivo y lo hago saber, sin la
menor duda crecerá su aspecto positivo.

Cohen sugiere que para lograr un clima educativo comprensivo de las necesidades
emocionales de los estudiantes deben tenerse en cuenta los siguientes ítems:

 Acceso a adultos que presten atención y brinden apoyo.


 Oportunidades de interactuar socialmente con adultos fuera de clase.

Mediante esta interacción el/la adulto/a confirma al/a niño/a como persona,
independientemente de su edad.

Un sentimiento de confianza y respeto mutuos entre la escuela y el hogar, y entre


adultos y niños de la escuela.

Habeas Emotum

“Todos aquellos chicos y chicas, jugando con sus pequeños juguetes, todo lo que realmente
necesitaban de vos era tal vez un poco de amor… ¿Por qué debemos estar solos?”
John Lennon

Para finalizar quiero exponer un derecho relacionado con las emociones y


que nos pertenece a todos. Habeas emotum es el derecho del individuo a
sus propios sentimientos y a la expresión de los mismos, salvo en los casos
en que esa expresión limite la libertad emocional de los/as demás.

En nuestra cultura actualmente existe una especie de tabú con respecto a las emociones.
Esta postura tiene una tradición de larga data, con sus orígenes en la exacerbación de la
razón establecida por el cartesianismo y luego por el racionalismo. Así, la expresión de los
sentimientos pareciera ser un signo de debilidad.

Desde temprano nos dijeron: no toques, no te muevas, no llores, no saltes, no corras, no


grites, etc. Se fueron trazando de esta manera las fronteras de la expresividad desde la
infancia, limitando los comportamientos expresivos. Las limitaciones para expresar
sentimientos y necesidades comienzan a notarse desde muy temprano en la vida. Es
bastante común tener cierta dificultad para dar, pedir o aceptar caricias.

Frecuentemente quienes no están familiarizados con tratos afectivos se comportan como


una planta reseca que es regada. Al principio el agua queda en la superficie, resbala sin
ingresar en la tierra. Pero luego, por la frecuencia del riego, el agua se filtra en la tierra e
hidrata la planta. Inicialmente estas personas pueden rechazar las caricias, pero si la actitud
afectuosa permanece, aprenden a absorber y recibir el afecto. Para ejercer nuestro derecho
a expresar nuestras emociones es fundamental aprender la asertividad, que nos permitirá
expresar lo que sentimos sin invadir a otros ni perjudicarnos a nosotros/as mismos/as.

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BIBLIOGRAFÍA

SELIGMAN, Martín E. P.; La auténtica felicidad, Barcelona, 1° Edición 2011, Editorial Zeta.
SELIGMAN, Martín E. P.; Flourish, USA, First Free Press hardcover edition, April 2011.
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Lucas Malaisi: Licenciado en Psicología (Univ. Católica de Cuyo). Posgrado en


Psicoterapia Gestáltica, Evaluación Psicológica y BioNeuroEmoción. Es presidente de la
Fundación Educación Emocional de Argentina y autor del Proyecto de Ley de Educación
Emocional. Coordinó programas del Ministerio de Desarrollo Humano y Promoción Social
de la provincia de San Juan y fue miembro del cuerpo académico de la UCC. Autor de
los libros: Cómo ayudar a los niños de hoy: Educación emocional, Descubriendo mis
emociones y habilidades, Modo Creativo: Educación emocional del adulto y
Descubriendo emociones: Guía para padres y docentes.

Sitio web: www.fundacioneducacionemocional.org


Facebook: www.facebook.com/fundacioneducacionemocional

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