el punto es reflexionar sobre un hecho triste de que necesitamos una catástrofe para que
podamos repensar las características básicas de la sociedad en la que nos encontramos.
noticias falsas, teorías de conspiración paranoicas, explosiones de racismo.
“Este virus es democrático y no distingue entre pobres y ricos o entre estadista y ciudadano
común”.
Y no estamos lidiando solo con amenazas virales: otras catástrofes se avecinan en el
horizonte o ya están ocurriendo: sequías, olas de calor, tormentas masivas, etc. En todos
estos casos, la respuesta no es pánico, sino un trabajo duro y urgente para establecer algún
tipo de eficiente coordinación global.
las infecciones virales funcionan de la mano en ambas dimensiones, real y virtual.
los medios de comunicación y las autoridades se esfuerzan por difundir un clima de pánico,
provocando un verdadero estado de excepción, con graves limitaciones de los movimientos
y una suspensión del funcionamiento normal de las condiciones de vida
pánico colectivo
Una de las consecuencias más deshumanas del pánico que se busca por todos los medios
propagar en Italia durante la llamada epidemia del corona virus es la idea misma del
contagio
untador potencial que no se atiene a las prescripciones es castigado con la cárcel.
la medida de lo posible las máquinas sustituyan todo contacto —todo contagio— entre los
seres humanos.
La radio y la televisión insisten en que se trata de una medida de autoprotección.
Protegiéndome a mí mismo, protejo a los demás.
La vida cuotidiana ha volado por los aires y ya sólo queda el tiempo de la espera.
Permanecemos encerrados en el interior de una gran ficción con el objetivo de salvarnos la
vida: confinamiento
el miedo consigue lo que no consigue nadie más.
Pero solamente van a trabajar y se exponen en el metro aquellos que necesitan el dinero
imperiosamente.
El capitalismo es asesino
El capital tiene miedo
«La venta exclusiva de una posible vacuna a los Estados Unidos debe evitarse por todos los
medios. El capitalismo tiene límites» uso exclusivo
podemos imaginar un mundo en el que las vidas europeas son valoradas por encima de
todas las demás: desigualdad social radical, el excepcionalísimo estadounidense
implique que solo algunos tendrán acceso y otros queden condenados a una mayor
precariedad. La desigualdad social y económica asegurará que el virus discrimine. El virus
por sí solo no discrimina, pero los humanos seguramente lo hacemos, modelados como
estamos por los poderes entrelazados del nacionalismo, el racismo, la xenofobia y el
capitalismo
diferencia: aquellos quienes a toda costa serán protegidos de la muerte y esas vidas que se
considera que no vale la pena que sean protegidas de la enfermedad y la muerte.
Lo ideal sería: la cobertura médica es un «derecho humano» o una obligación social por lo
que quiere decir que todo ser humano tiene derecho al tipo de atención médica que requiere
Desigualdad social: algunos tengan acceso a una vacuna que pueda salvarles la vida cuando
a otros se les debe negar el acceso porque no pueden pagar o no pueden contar con un
seguro médico que lo haga.
“primero yo”, la regla de oro de la ideología contemporánea, no tiene ningún interés, no
ayuda e incluso puede aparecer como cómplice de una continuación indefinida del mal.
Esta epidemia disminuye a la Razón, y que obliga a los sujetos a regresar a los tristes
efectos (misticismo, fabulaciones, rezos, profecías y maldiciones) que en la Edad Media
eran habituales cuando la peste barría los territorios.
Estigmaticemos de pasada, todos aquellos que lanzan, en redes del internet, las fabulas
típicamente racistas, respaldadas por imágenes manipuladas según las cuales todo proviene
de que los chinos comen murciélagos casi vivos…
[Emmanuel] Macron, “estamos en guerra”, es correcta: Guerra o epidemia, el Estado es
obligado, incluso yendo más allá el juego normal de su naturaleza de clase, a aplicar
prácticas tanto más autoritarias como más globales para evitar una catástrofe estratégica
Por cierto, mostraremos con valentía, públicamente, que las pretendidas “redes sociales”
muestran una vez más que ellas son (además del hecho de que engordan a los
multimillonarios del momento) un lugar de propagación de la parálisis mental fanfarrona,
de los rumores fuera de control, del descubrimiento de las “novedades” antediluvianas,
cuando no es más que simple oscurantismo fascista 67 Demos crédito, incluso y sobre todo
confinados, únicamente a las verdades verificables de la ciencia y a las perspectivas
fundadas sobre una nueva política, de sus experiencias localizadas y de su objetivo
estratégico.
El soberano es quien decide sobre el estado de excepción. Es soberano quien cierra
fronteras. Pero eso es una huera exhibición de soberanía que no sirve de nada
Diferencias de los países de Asia con los europeos: los piases asiáticos tienen una
mentalidad autoritaria, que les viene de su tradición cultural (confucianismo). Las personas
son menos renuentes y más obedientes que en Europa. También confían más en el Estado.
para enfrentarse al virus los asiáticos apuestan fuertemente por la vigilancia digital.
Sospechan que en el big data podría encerrarse un potencial enorme para defenderse de la
pandemia
el big data salva vidas humanas, no se tiene en cuenta la privacidad de datos esta no existe,
la vida cotidiana que no esté sometido a observación.
Una biopolítica digital que acompaña a la psicopolítica digital que controla activamente a
las personas. El estado conoce a fondo a la población por el intercambio de información
entre las internet y el mismo estado
Está surgiendo una sociedad de dos clases. Asia y Europa, clase alta y baja
En la época de las ‘fake news’, surge una apatía hacia la realidad
En Europa impera un individualismo
A pesar de todo el riesgo, que no se debe minimizar, el pánico que ha desatado la pandemia
de coronavirus es desproporcionado. Ni siquiera la “gripe española”, que fue mucho más
letal, tuvo efectos tan devastadores sobre la economía.
Y en la época posfáctica de las fake news y los deepfakes surge una apatía hacia la
realidad. Así pues, aquí es un virus real, y no un virus de ordenador, el que causa una
conmoción.
ha dicho Naomi Klein, la conmoción es un momento propicio que permite establecer un
nuevo sistema de gobierno, Y tras la pandemia, el capitalismo continuará aún con más
pujanza
el virus no vencerá el capitalismo, El virus nos aísla e individualiza. No genera ningún
sentimiento colectivo fuerte. De algún modo, cada uno se preocupa solo de su propia
supervivencia. La solidaridad consistente en guardar distancias mutuas no es una
solidaridad que permita soñar con una sociedad distinta, más pacífica, más justa 97
Lo que está claro es que el coronavirus, más que una enfermedad, parece ser una forma de
dictadura mundial multigubernamental policíaca y militar.
Es lo más parecido a una dictadura donde no hay información, sino en porciones calculadas
para producir miedo.
Nada más fascista que hacer de las casas de la gente sus cárceles de encierro. Nada más
neoliberal que proclamar el sálvese quien pueda como solución tutelada
porque antes de que llegue el coronavirus en un cuerpo, había llegado en forma de miedo,
de psicosis colectiva, de instructivo de clasificación, de instructivo de alejamiento
Ni una sola de las medidas copiadas se ajusta a nuestras condiciones reales de vida, no solo
por las deudas, sino por la vida misma. Todas y cada una de esas medidas copiadas de
economías que nada tienen que ver con la nuestra, no nos protegen del contagio, sino que
nos pretenden privar de formas de subsistencia que son la vida misma
Nuestra única alternativa real es repensar el contagio. Cultivar el contagio, exponernos al
contagio y desobedecer para sobrevivir
necesitamos concebir una Ilustración global totalmente nueva.
la crisis climática, mucho más dañina que cualquier virus porque es el producto del lento
autoexterminio del ser humano. El coronavirus no hará más que frenarla brevemente, se
necesita ese cambio de mentalidad después del virus.
hecho positivo que puede extraerse de la situación actual: es posible que, después, la gente
comience a preguntarse si la forma en que vivían era la correcta.
La nueva religión es la ciencia
dos rasgos comunes a todos los seres humanos, nuestra animalidad constituyente y nuestra
fragilidad inmunológica ante lo desconocido
El virus sabotea el imaginario del cálculo y control del sí- mismo. La soberanía sobre el
tiempo ha sido maniatada sin más. No somos sujetos sobre un predicado maleable, sino más
bien puro devenir-frágil en un mundo que no controlamos
la biopolítica: todo acto de protección implica una definición inmunitaria de la comunidad
según la cual esta se dará a sí misma la autoridad de sacrificar otras vidas, en beneficio de
una idea de su propia soberanía. El estado de excepción es la normalización de esta
insoportable paradoja.
dime cómo tu comunidad construye su soberanía política y te diré qué formas tomarán tus
epidemias y cómo las afrontarás.
La Covid-19 ha legitimado y extendido esas prácticas estatales de biovigilancia y control
digital normalizándolas y haciéndolas “necesarias” para mantener una cierta idea de la
inmunidad