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El Retrato de Dorian Gray

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= ony Oscar Wilde IVR oN EL RETRATO DE DORIAN GRAY Editor Panamericana Editorial Lida Direccién editorial ‘Andrés Olivos Lombana Edicion Gabriel Siva Rincén Diego Martinez Celis Prologo Susana Castellanos “Tradueldo y adaptado de The Pletire of Dorian Gray, Ward, Lock and Co,, abril de 1891. Primera edicién en Panamericana Eatorial Lida, julio de 1994 Cuarta reimpresién, noviembre de 2001 (© 1994 Panamericana Faltoral Ltda. Calle 12 No. 34-20, Tels: 3603077 - 270100 Fax: (67 1) 2373805 Correo elettGnico: panaedit®panamericanaedioril.com ‘ww panamericanaeiitors.como Bogotb, D.C., Colombia ISBN: 958-30-0143-0 “Todos los derechos reservados. Prohibida su yeproduccién total o parcial por cualquier medio sin permiso de! Editor, Impreso por Panamericana Forres empresas S. A. Calle 65 No, 95-28, Tes 4302110 - 4300355, Fax: (57 1) 2763008, Quien s6lo acta como impresor Tmpreso en Colombia ~Prinied in Colombia Drdlogo La reproduccién del rostro de una persona por cualquier me- dio, dibujo o fotografia, guarda cierto encantamiento. Algunas religiones prohiben expresamente tales reproducciones porque al capturarse los rasgos de una persona, ereen, se puede escla- vizar también su alma. Estas creencias se sintetizan en la historia de Dorian Gray, al que podria considerérse como el reflejo del escritor sobre cl papel. Dorian se cri6é como un joven inglés de clase social alta que inicia una vida superficial de hombre de mundo con intereses de dilectante por la belleza y las artes, el tipo de jo- ven que a la manera de Oscar Wilde, pretende “hacer arte de su propia vida” rindiendo culto al esteticismo como fin de a existencia, Poscedor ce una excepeional belleza varonil, su rostro mostraba todo el candor, pureza y apasionamiento de la jjuventud, dando Ia impresién de que se habia mantenido in- contaminado por el mundo, Aunque su biisqueda de lo bello y del. placer adoptase tonos siniestros, Wilde refleja a través de Dorian Gray, una existencia intl, sin objeto ¢ inmotivada. vt coscan wie El dandy en Inglaterra, con sus amaneramientos de lengua- je, pensamiento y extrafic modo de vida, es una protesta con- tra la falta de imaginacién, Lacursi elegancia del dandy inglés, rayante en la extravagancia, es la encarnacién de la protesta contra la rutina y trivialidad de la vida burguesa. Dice Baude- laire en La peinire de la vie moderne: “La elegancia en el ves- tido y sus rebuscadas maneras no son sino la disciplina mental que los miembros de esta alta orden se imponen a sf mismos en el mundo vulgar del presente; lo que interesa en realidad es Ja fntima superioridad e independencia, la carencia absoluta de objetivos y el desinterés por la vida y por la acci6n, El dandis- mo es la tiltima revelacién del herofsmo en una época de de- cadencia, una puesta de sol, el tltimo rayo pleno de orgullo humano”. $f, el dandismo es “Ia dltima chispa de herofsmo”, pero de una raza que desea cantar bajo tortura, hacer cada ges- to imaginable y creer en todos los encantamientos. En El retrato de Dorian Gray, Oscar Wilde representa la tendencia liberal en el are y la literatura ingleses a finales del siglo XIX. Esta generacin es totalmente hostil ala burguesfa pero no es en su conjunto democratica ni tampoco socialista en modo alguno. Este movimiento no va contra la burguesia capitalista sino contra la que desdefia el arte, la que por su ram- plonerfa capitalista es incapaz de percibir lo estético puro. Su senstalismo y su hedonismo, su designio de disfrutar la vida y hacer de ella una obra de arte, de convertir cada instante en na experiencia inolvidable e insustituible. Asume con frecuen- ccia un cardcter antisocial y amoral. Para Oscar Wilde un artista no tiene ninguna clase de simpatias éticas, la virtud y la maldad son sélo lo que para el pintor son los colores en su paleta. Dorian Gray es extraordi- nariamente impulsivo, reméntico hasta lo absurdo, toda su vida es una constante obsesiin por un sentido exagerado de con ciencia que le estropea sus placeres y que le advierte que, en rxo1009 vir este mundo, la juventud y la diversién no lo son todo. Wilde decfa: “Mi natracién es un ensayo en el arte decorativo, reac ciona contra la brutalidad cruda del simple realismo. Seré ve~ nenosa si usted quiere, pero no puede usted negar que es al mismo tiempo perfecta, y 1a pe-feccién es lo que buscamos nosotros los artistas...”. El contraste que existe entre la biisqueda estética y moral en Wilde, y la céustica ironfa con que fustigan las tradiciona- Tes costumbres de la sociedad inglesa, le ocasioné-que-fuese- violentamente criticado a rafz desu obra. El alma considerada como espejo, fue un concepto esbo- zado inicialmente por Plat6n y Plotino y, particukarmente de~ satrollado por Atanasio y Gregerio Niseno. Segtin Plotino, la imagen de un ser esté dispuesta a recibir la imagen de su mo- delo, como un espejo. Para Niseno, asi como un espejo recibe sobre su superficie los rasgos de aquel que se le presenta, el alma, purificada de todas las suciedades terrenas, recibe en sti pureza la imagen de la belleza incorruptible. Es una participa cién y no un simple reflejo: asf el alma participa de Ia belleza en la medida en que se vuelve hacia ella. B1 aspecto numinoso del espejo es el terror que inspira el conocimiento de sf mis- mo. El encantamiento del juego de los espejos no esté solamen- teen Dotian Gray y en su retrato, sino también en el escritor, que ve reflejada su alma humana en el papel por intermedio de Dotian. Gracias a su reflejo el hombre se convierte en su propia imagen, esto es, el espac'o donde los contratios se fur den, Todas las imagenes constituyen un intento por aprisionar al set, de hacerlo comprensible en un aspecto especial, cada imagen es en realidad una copia bien sea del mundo exterior 0 interior. Es una creencia antigua que el espejo saca a la luz Ia ver- ddad, asf, el retrato seria la permanencia del reflejo de un espe- jo. Su cardcter magico se da en el momento de la percepcién va OscAR WILDE al revivir la experiencia de lo real y al reconciliar por un ins- tante, al menos, simbolo y realidad. El hombre es su imagen, el arte instala al hombre fuera de sf al mismo tiempo que le hace volver a su ser original, Susana Castellanos Prefacio del artista D urante la primavera de 1884, Oscar Wilde frecuentaba mi estudio, Un joven aristocratico de extraordinaria be- lleza, a quien sus amigos llamaban el Radiante Adolescente, posaba ante mi. Todas las tardes, Wilde, mientras observaba ‘cémo iba avanzando la obra, nos encantaba con su brillante conversacién; hasta que, finalmente, quedé terminado el re- rato y el original siguié haciendo su vida habitual, gozoso, sin duda, de recobrar su libertad. ‘Ahora bien: la belleza de Dorian era de ese género cuya seducci6n proviene del color y de la expresi6n. Su pelo era rubio y ondulado; sobre sus mejillas se difundia un sonrosado saludable: sus ojos chispeaban de sana alegria, de buen hu- mor y de elevados pensamicntos. Pertenecfa a esa clase de jévenes que hacen que el mundo parezca jovial aunque sople ‘1 infortunio. La bondad y la dicha iradiaban de é! visible- mente; la habitacién més sombrfa parecia iluminarse suave- ‘mente y animarse cuando él entraba. —Léstima que un set tan magnifico deba envejecer algtin dia -suspir6 Wilde. ~Sf; es realmente una lastima ~dije yo-. Serfa dichoso que “Dorian” pudiese permanecer exactamente tal como es, y que en cambio, su portrait envejeciera y se marchitase. (Oja- 14 fuera asi! 'Y esto fue todo. Me consagré nuevamente a la pintura durante un cuarto de hora, mientras Wilde fumaba pensativa- mente, sin decir una palabra, Después se levant6, fue despa- cio hacia la puerta, y con una simple inclinacién de cabeza, salié de la habitacién, “Mis adelante, asuntos familiares me alejaron de Londres. No volvfa vera Wilde ni a Gray. Afios después, un dia lleg6 a mis manos este libro, sin que pueda yo recordar cémo ni cuindo, aunque me sorprendid hallar en é1 el germen, sembrado al descuido en una ociosa chatla, y desarrollado ror el arte del escritor, en El retrato de Dorian Gray. Wilde tiene que haber acariciado largamente el tema. EJ Radiante Adolescente es, sin duda, lo contrario, pre- cisamente, del héroe perverso de Wilde; pero era tal la aficién del autor a la paradoje, que esta antitesis del personaje fue suficiente para fascinar el espiritu del poeta, del que surgie~ ron las paginas siguien‘es. Basil Hallward Drefacio del autor El artista es el creador de cosas bellas. Revelar el arte y esconder al artista es la finalidad del arte Elcritico es el que puede traducir con otto estilo, o mediau te un nuevo procedimiento, su impresi6n ante las cosas bellas, La més elevada de las formas de erftica, asf como la mas baja, son una forma de autobiogrefia. Quienes encuentran intenciones feas en las cosas bellas estén corrompidos y carecen de encanto. Esto es un defecto. Quienes encuentran intenciones bellas en las cosas bellas son cultos. Para ellos hay esperanza, Existen los elegidos para quienes las cosas bellas tan s6lo significan belleza. No hay, de ningtin modo, libros morales o inmorales. Los libros estan bien o mal escritos. Eso es todo. La aversién del siglo XIX por el Realismo es Ia ira de Caliban al ver su rostro reflejado en un espejo. La aversién del siglo XIX por el Romanticismo es la ira de Calibén al no ver su rostro reflejado en un espejo. La vida moral del hombre forma parte del tema del artis- ta; pero la moralidad del arte consiste en el uso perfecto de un medio imperfecto. Ningtin artista intenta comprobar nada. In- clusive las cosas ciertas pueden ser comprobadas. Ningtin artista tiene simpatfas éticas. Una simpatia ética en un artista constituye un imperdonable amaneramiento del estilo, Ninggin artista nunca es morboso. El artista puede expre- sarlo todo. Pensamicnto y lenguaje son para el artista instrumentos de unarte. Vicio y virtud son para el artista materiales de un arte. Desde el punto de vista de la forma, ef modelo de todas las artes es el arte del mtisico. Desde el punto de vista del sentimiento, el trabajo del actor es el modelo. ‘Todo arte es, a un inismo tiempo, superficie y simbolo. Aquellos que se introducen bajo la superficie, lo hacen por su cuenta y riesgo. Aquellos que descifran el simbolo, lo hacen por su cuenta yriesgo. Es al espectador, y no a la vida, a quien realmente refleja elarte. La diversidad de cpiniones sobre una obra de arte indica que la obra es nueva, compleja y vital. Cuando los eriticos difieren, el artista esté de acuerdo consigo mismo. Podemos perdonar a un hombre por haber creado una cosa ttil, mien- tras él mismo no la admire. La tinica disculpa para crear algo initil es la intensa admiracién que produce. Todo arte es completamente imiitil. Capitulo | E estudio estaba impregnado del fuerte perfume de las to- sas, y cuando la leve brisa del verano cortia entre los &t- boles del jardin, Hegaba por la puerta abierta el olor denso de 1as lilas 0 el aroma mis delicado de los agavanzos floridos. Desde un dngulo de! divén cubierto con tapices persas, sobre el que estaba recostado fumando, segiin acostumbraba, incontables cigartillos, lord Henry Wotton alcanzaba a ver el brillo dorado de las flores color miel de un citiso, cuyas temblorosas ramas apenas parecian soportar el peso de tan magnifica belleza; y de tanto en tanto las sombras fantésticas de los pajaros que pasaban volando se vislumbraban a través de lus largas cortinas de fussor' que velaban la ancha ventana, ‘ereando un fugaz efecto japonés, haciéndole recordar aque- Ilos pintores de Tokio, de palidas caras color jade, quienes, mediante un arte necesatiamente inmévil, intentan plasmat la velocidad y el movimiento. El sordo zumbido de las abejas, abriéndose paso entre las altas hierbas sin podar 0 revolo- "eid alga re, teando insistentemerte en torno a los polvorientos brotes amarillos de una madre selva, haefa que la calma fuese aun mas pesada. El distante fragor de Londres era como una nota deun 6rgano Iejano. En el centro de lahabitaci6n, colocado sobre un caballete vertical, se hallaba un retrato en tamaiio natural de un joven cuya belleza era extraordinaria, y frente a éste, algo alejado, estaba sontado el pnt, Basi Hallward, cua site desape- Lord Henry arqueé las ce,as, miréndole con asombro a través de las finas espirales de humo azul que se entrelazaban caprichosamente brotando de su grueso y opiado cigarrillo ~,Que no lo mandaré usted a ninguna parte? gY por qué, mi querido amigo? ;Tiene usted alguna raz6n? {Qué hombres mas extrafios son ustedes los pintores! Remueven el mundo para adquirir fama. En cuanto la consiguen, parece como si quisieran desprenderse de ellz. Es tonto por su parte, pues icin, hacta ya tonces a gran agitaci¢n piiblica y suscitado las mis Varig extrafias suposiciones. ‘Al mismo tiempo que miraba el pintor Ia graciosa y gentil figura que su arte hebfa reproducido con tanta sutileza, una sonrisa de placer cruz6 por su cara y parecié permanecer en ella, Pero de pronto sc estremecié y, cerrando los ojos, colo- €6 los dedos sobre sus pérpados, como si hubiese querido aprisionar en su cerebro algtin raro suefio del que temiese despertar. “Esta es sti mejor obra, Basil; lo mejor que ha hecho usted nunca ~dijo lord Henry lénguidamente-, Tiene usted que en- viarla el afio proximo a la Exposici6n de Grosvenor, La Aci demia es demasiado grande y demasiado vulgar. Cuantas veces he ido allf, habfa tanta gente que me ha sido imposible ver los cuadtos, lo cual era espantoso, o tantos cuadros, que no he podido ver la gente, lo cual era peor atin. Grosvenor es realmente el tinico siti. No creo que envie esto a ningtin sitio ~respondid el attis- ta, echando hacia atrés la cabeza con aquel raro ademan que hacia que se burlasen de é1 sus amigos de Oxford-. No, no enviaré esto a ninguna parte. 7 atest eatiesasocindn cel movimiento estca de 1800, expeiazada cn expone ote dear vanguard comos peal, sélo hay en el mundo una cosa peor que ef que hablen de ino, y es que no hablen. Un retrato como éste lo colocaria a usted por encima de todos Jos jévenes de Inglaterra y volverfa envi- digsos a los viejos, si los viejos fuesen capaces de sentir algu- na emocién. =Ya sé que se reird usted de mi -replie6 el pintor-; pero realmente no puedo exponerlo, He puesto tanto de mf mismo endl... Lord Henry se tumbé sobre el divén, riendo. Sabia que usted se iba a refr; pero es absolutamente cier- to, apesar de todo. —iDemasiado de usted mismo en él! Palabra, Basil: no lo crefa a usted tan vanidoso; no encuentro verdaderamente nin- giin parecido entre usted, con su cefiuda y enérgica fisono- fa, su pelo negro como el carbén y ese joven Adonis’, que parece hecho de marfil y de pé:alos de rosa. Porque, mi queri- do Basil, ¢s el propio Narciso’, y usted... Bueno; naturalmen- te, tiene usted una expresién inteligente y todo lo demés. Pero la belleza, 1a verdadera belleza, acaba donde empieza la expresi6n intelectual, La inte ectualidad es en sf misma un modo de exageracién y destruye Ia armonfa de cualquier faz, > ioe esc, scl simp se represent conn um bl joven. Su hemasura y us amores eon ‘ens han soe easier mine oso sts aves das tempos. “penton de a iloga eg, que se emo He fimo al conenplas ingen fj en Insapuade uaa 4 oseanwnoe Desde el momento en que se sienta uno para pensar, se vuel- ‘ye uno todo nariz o todo frente, 0 algo asf de horrible. Mire usted los hombres que han triunfado en doctas profesiones. Qué perfectamente horrorosos son! Excepto, naturalmente, en la Iglesia. Pero en la Iglesia no piensan. Un obispo repite a Jos ochenta afios lo que le enseffaron a decir a los dieciocho, y a consecuencia natural es que tiene siempre un aspecto deli- 11 joven y misterioso amigo, cuyo nombre no me ha dicho usted nunca, pero cuyo retrato me fascina realmente, no piensa nunca, Estoy completamente seguro de ello. Es una bella criatura sin sesos, que podrfa siempre sustituir aqui, en invierno, a las flores ausentes y refrescamnos siempre la inteli- gencia en verano. No se alabe, Basil; no se parece usted a él bajo ningsin concepto. —No me comprende usted, Harry -respondié el artista~ Naturalmente que no me parezco a él. Lo sé perfectamente. En verdad, sentitfa perecerme a él. ,Se encoge usted de hom- bros? Le digo la verdad. Una fatalidad pesa sobre tocla supe- rioridad fisica ¢ intelectual, esa especie de fatalidad que sigue, a través de la Historia, los pasos vacilantes de los re- yes. Es mejor no ser diferentes de nuestros compaiicros. [Los feos y los estGpidos son los mejor librados desde ese punto de vista en este mundo, Pueden sentarse a su antojo o bostezar en la representaci6n. Si no saben nada de la victoria, les esté, por lo menos, ahorrado el conocimiento de la derrota. Viven como querrfamos vivir todos: imperturbables, indiferentes y sin inquietudes, No importunan a nadie, ni son importunados. Pero usted, Harry, con su rango y su fortuna; yo, con mi ta- lento, tal como es, mi arte en lo que valga; Dorian Gray, con su magnifico semblante, suftiremos todos por lo que los dio- ses nos han dado, suftiremos terriblemente. {Dorian Gray? gEs éste su nombre? ~pregunté lord Henry, ctuzando el estudio hacia Basil Hallward. -Si, éste es su nombre. No pensaba decirselo a usted. Pero, gpor qué no? —jOh! No podria explicérselo. Cuando quiero a alguien muchisimo, no digo nunca su nombre a nadie. Es como re- nunciar a una parte de él. He aprendido a amar el secreto, Parece set Ia inica cosa que puede hacernos la vida modema, misteriosa 0 matavillosa, La cosa més vulgar nos parece deli- ciosa si alguien nos la oculta, Cuando salgo de esta ciudad no digo a nadie adénde voy. Si lo hiciera, perderia todo mi pla- cer. Es una costumbre tonta, lo confieso; peroren cierto modo parece aportar romanticismo alla vida de uno. Me figuro que debe usted creerme loco rematado? “En absoluto —respondié lord Henry-, en absoluto, mi querido Basil. Parece usted olvidar que estoy casado y que el tinico encanto del matrimonio es que proporciona una vida de decepcién absolutamente necesaria para ambas partes. No sé nunca dénde esté mi mujer, y mi mujer no sabe nun- ca lo que hago. Cuando nos eacontramos, y nos encontramos de vez.en vez, cuando comemos fuera juntos 0 cuando vamos ‘casa del duque, nos contamos mutuamente las historias més absurdas con las caras mas serias. Mi mujer me supera real- mente en ese aspecto. Jamas esté indecisa en las fechas, y yo siempre lo estoy. Pero cuando se da cuenta no se enfada con- migo, Muchas veces lo desearfa; pero se rie de mf simple- mente. —Me desagrada esa manera que tiene usted de hablar de su vida conyugal, Harry -

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