Etica Ministerial
Etica Ministerial
Los ministro de hoy caminan sobre una cuerda floja de ética. En un momento pueden servir como
profetas, sacerdotes, o educadores, en el siguiente, pueden ser administradores, consejeros o
lideres de adoración. Cada uno de estos papeles necesitan dilemas éticos y se exponen a
vulnerabilidad moral”. la ética cumple una parte muy importante en el cual ayudara al ministro
luego de santificar su vida al servicio de Dios a poder andar de forma firme y seguro.
la ética afecta toda la vida del ministro o la ministro. Por lo tanto el tratar este punto es clave,
cuando se trata el tema de la ética y su papel en la vida del ministro, nos asombra ver como la falta
de ética ha destruido muchos ministerios. Por lo tanto, de ahí la importancia de que los ministros
estén claros sobre el papel de la ética y para esto, es necesario conocer la naturaleza moral de
Dios como los señalan los autores. “Sed santo por que yo Jehová soy santo” (Levítico 19:2). Esta
declaración representa no solo la naturaleza de Dios; sino que a la vez es un llamado que el nos
hace a ser santo como El.
la ética abarca todas las áreas de la vida del ministro, estas incluyen la familia, su relación con los
demás, la relación del ministro con las finanzas, y sobre todo que el ministro practique lo que
predica.
Es el conjunto de normas escriturales que rigen los ministros cristianos tanto en la esfera de las motivaciones como en la
de sus acciones y que determinan su conducta en relación con Dios, la sociedad, su familia, su iglesia, la denominación
a la que pertenece y las instituciones cristianas.
Es importante notar que llamamos ministro a todo cristiano que desarrolla un ministerio de liderazgo dentro de la iglesia,
en su denominación, o dirigiendo un ministerio o entidad de servicio.
¿Ilógico? Definitivamente si. Todo en la misión que Dios encomendó a Noé parecía ilógico. No comprendía bien cuál era
el propósito, sin embargo actuó en obediencia. “E hizo Noé conforme a todo lo que le mandó Jehová”(Génesis 7:5).
Esa disposición de sujetarse a las pautas trazadas por dios la apreciamos en la preparación y posterior embarque de
todo el género animal así como de su propia familia (versículos 9 y 16). No discutió, no argumentó, no contradijo. Tenía
claro que nuestro amado Creador no improvisa cuando nos manda a hacer algo.
Un hombre o mujer que se hayan matriculado en la “Escuela de Dios” para potencializar sus capacidades como líder en
aras lograr crecimiento permanente y sostenido, asume la obediencia como un principio ineludible.
Cuando seguimos las instrucciones al pie de la letra, Aquél que nos llamó a servirle en Su obra nos irá mostrando la ruta
a seguir. Algo diametralmente opuesto ocurre cuando obramos a nuestra manera. Generalmente tropezamos una y otra
vez porque estamos moviéndonos en nuestras fuerzas y no en las de Aquél que nos envió a cumplir la misión.
LA ETICA DE LA CONDUCTA MINISTERIAL
LA ÉTICA DE LA CONDUCTA MINISTERIAL
La palabra ética viene de un vocablo griego que se define como carácter. Ética es la parte de la filosofía que trata la
valorización moral de los actos humanos, y es un conjunto de principios y normas que regulan las actividades humanas.
"Es la ciencia de la moralidad", entendiéndose por moralidad el conjunto de juicios que la gente hace referente a lo que
es correcto o incorrecto, bueno o malo, en las relaciones interiores o entre individuos.
La palabra ética viene de un vocablo griego que se define como carácter. Ética es la parte de la filosofía que trata la
valorización moral de los actos humanos, y es un conjunto de principios y normas que regulan las actividades humanas.
"Es la ciencia de la moralidad", entendiéndose por moralidad el conjunto de juicios que la gente hace referente a lo que
es correcto o incorrecto, bueno o malo, en las relaciones interiores o entre individuos.
Concluimos diciendo que la ética tiene como objectivo orientar a las personas a fin de que sepan cómo deben proceder
para que su vida sea correcta, especialmente en relación con el bien y el mal.
DEFINICIONES
En cambio la ética cristiana "es la ciencia de la conducta humana, tal como está determinada por la conducta de Dios".
Cuando hablamos de ética cristiana, estamos pensando en la conducta que debe observar el cristiano en todo momento
y en toda circunstancia. El apóstol Pedro escribe: "Como hijos obedientes, no os conforméis a los deseos que antes
teníais estando en vuestra ignorancia; sino, como aquel que os llamó es santo, sed también vosotros santos en toda
vuestra manera de vivir; porque escrito está: Sed santos, porque yo soy santo" (1 P 1.14-16).
La ética cristiana nos desafía a mejorar nuestra manera de vivir porque demanda que vivamos según las normas de
santidad que Cristo vivió. El apóstol Juan escribe: "El que dice que permanece en él debe andar como él anduvo" (1 Jn
2.6).
La ética cristiana sólo puede vivirla plenamente el cristiano, ya que solo él puede alcanzar ese nivel de conducta como
resultado del poder del Espíritu Santo obrando en su vida. En Romanos 8.5-6, el apóstol Pablo nos explica: "Porque los
que son de la carne piensan en las cosas de la carne; pero los que son del Espíritu, en las cosas del Espíritu. Porque el
ocuparse de la carne es muerte, pero el ocuparse del Espíritu es vida y paz".
Cuando el apóstol Pablo escribe sus cartas explica el cambio de vida que debe experimentar toda persona después de
aceptar a Cristo como salvador (Ef 4.17-32). Declara que los que están en Cristo son una nueva criatura y que las cosas
viejas, las formas de vida, y aun las motivaciones deben ser hechas nuevas (2 Co 5.17). El cristiano debe ser un
ejemplo de vida para el mundo sin Cristo, tanto en su conducta personal como en su relación con la familia, la sociedad
y las autoridades (Ef 5.21, 6.9).
Es el conjunto de normas escriturales que rigen los ministros cristianos tanto en la esfera de las motivaciones como en la
de sus acciones y que determinan su conducta en relación con Dios, la sociedad, su familia, su iglesia, la denominación
a la que pertenece y las instituciones cristianas.
Es importante notar que llamamos ministro a todo cristiano que desarrolla un ministerio de liderazgo dentro de la iglesia,
en su denominación, o dirigiendo un ministerio o entidad de servicio.
Somos parte de una sociedad sin Dios que está gobernada por un relativismo moral alarmante. Hay una falta total de
ejemplos de ética en todas las esferas. En el periódico La Nación, salió un artículo titulado "El fracaso moral de la
civilización", en el cual se expresa: "Desde el Decálogo de Moisés a través de toda la poderosa influencia moral del
cristianismo, la civilización occidental había mantenido tenazmente un conjunto de reglas morales y de principios éticos
que constituían la base misma de la educación y de la conducta civilizada.
El reconocimiento de esos grandes principios morales llegaban a conformar una manera de distinguir fácilmente entre lo
que era el bien y lo que era el mal. Lo que ha ocurrido desde la Primera Guerra Mundial equivale a una inmensa
hecatombe moral de nuestra civilización. Se ha ido estableciendo tenazmente un divorcio entre los principios éticos y las
realidades de la vida social, con inmensas consecuencias destructivas del ideal mismo de una civilización digna de ese
nombre".
Lo grave es que ese relativismo moral y la filosofía hedonista de nuestra decadente sociedad ha ingresado a las iglesias.
1.LA SOCIEDAD
Todos conocemos la situación moral de nuestros países latinoamericanos. Nuestros dirigentes no son un modelo de
conducta ética. La mentira, la vida ostentosa, el fraude, la corrupción, la impunidad, la falta de justicia y de seguridad y
un nivel de transgresión generalizado han creado un ambiente de libertinaje.
Los medios masivos presentan, además, como súmmun de felicidad, el tener cosas, el ser exitoso, aunque no virtuoso.
Propone disfrutar de la vida, pero sin responsabilidad. Por otro lado las mafias de la droga y la pornografía así como los
grandes emporios de la diversión, han abierto las puertas a todo tipo de posibilidades de placeres sin pensar en el daño
que hacen.
Pareciera que el apóstol describe nuestra sociedad moderna cuando dice: "Estando atestado de toda injusticia,
fornicación, perversidad, avaricia, maldad; llenos de envidia, homicidios, contiendas, engaños y malignidades.... quienes
habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino
que también se complacen con los que las practican" (Ro 1.29-32; véase 1 Ti 3.1-5).
Frente a estas situaciones nos preguntamos: ¿Qué es correcto hoy? ¿Quién lo determina? Nuestra sociedad no puede.
Sabemos que como cristianos evangélicos esa es nuestra responsabilidad, pero ¿tenemos la capacidad y la disposición
para hacerlo? Jesús dijo que somos la sal de la tierra, pero que si la sal pierde sus propiedades y no cumple su función
"no sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres" (Mt 5.13). ¿Estaremos perdiendo
nuestra capacidad de ser sal?
2.LA IGLESIA
Al analizar la conducta de muchos líderes y congregaciones evangélicas, nos asombra encontrar un relativismo moral
similar al que rige a nuestra sociedad sin Dios. Pero peor aun es descubrir en nuestras iglesias y en ministerios
cristianos los mismos pecados, las mismas situaciones censurables que encontramos en nuestra sociedad
contemporánea.
En esas congregaciones no se viven la santidad, la pureza, el amor, la verdad, la humildad y el respeto o temor a Dios.
Algunos líderes obran como si fueran dueños de las congregaciones, de los ministerios y de los recursos, cayendo en
los mismos excesos y pecados que condenan en los líderes que no son cristianos. Bien se expresó Cipriano cuando
dijo: "Los pecados de los cristianos han debilitado el poder de la iglesia".
Después de abandonar a su familia, un hombre fue a otra ciudad en la cual fue designado evangelista y enviado a otro
pueblo para iniciar una iglesia.
En una iglesia un líder llevaba a las mujeres jóvenes a un salón aparte para liberarlas de "espíritus inmundos de sexo";
les hacía sacar prendas íntimas y las manoseaba mientras pretendía reprender a los demonios.
Un pastor designó a un matrimonio joven como misioneros a otro pueblo, y les pidió que vendieran su casa y que le
entregaran el dinero. Cuando regresaron se encontraron sin su casa y estafados por su pastor que había usado el
dinero para otros fines.
Un pastor recibió la propiedad de unos ancianos como ofrenda, a cambio de que la iglesia les permita usarla y les
brindaran atención ya que no tenían familiares. Poco después, comenzó a tener problemas para brindarles la debida
atención. Los envió a un geriátrico y se quedó con la propiedad.
Un pastor se ufanaba de que los vecinos le vendían sus casas a él a muy poco precio. La razón era que ya no se podía
vivir en las cercanías del templo por el ruido que hacían en las reuniones. Los dueños se las vendían a un valor muy
inferior con tal de irse del barrio.
Un pastor se ofreció a cooperar con ocho pastores del interior del país para que ellos cobraran la asignación familiar que
otorga el gobierno. Les hizo firmar un poder autorizándole a cobrar por ellos. Durante tres años este pastor cobró
mensualmente el dinero de sus colegas y a quienes jamás se los remitió. Cuando el organismo estatal le requirió la
documentación correspondiente, la fraguó falsificando firmas de sus colegas y dando gracias a Dios porque no había
sido descubierto.
3. EL RELATIVISMO MORAL QUE ESTÁ INVADIENDO NUESTRAS IGLESIAS.
En un curso de ética ministerial que dictaba solicité una lista con faltas de ética más comunes el ministerio. Estos son
algunos de resultados:
Falta de integridad, tanto en la enseñanza como en el trato con los demás. Falta de un verdadero espíritu de servicio.
Marcado interés por lo material. En muchos casos, se anuncia que el Señor castigará a quienes no ponen sus diezmos y
ofrendas. El dar el diezmo se transforma en una especie de seguro contra la pobreza. Falta de respeto por otros
ministros y ministerios. No ser personas de palabra. Prometer y no cumplir. lmpuntuales crónicos. Falta de interés por
aprender o capacitarse para ser mejores ministros. Hacer acepción de personas, especialmente cuando tienen dinero.
Terminaremos mencionando las más obvias categorías del relativismo moral de la sociedad contemporánea y su
influencia en la iglesia.
A )ORGULLO Y OSTENTACIÓN
Algunos líderes viven y se comportan como si fueran magnates del evangelio. Sus casas, sus autos, su vestuario y la
suntuosidad de sus templos (y ministerios) contrasta totalmente con el estilo de Jesús y con la pobreza de los miembros
de sus iglesias.
Visten y actúan como estrellas del cine o de la televisión. Hacen de cada culto un "show" para demostrar todo lo que
pueden hacer o cuánta "unción" o " poder" tienen.
La idea de que todo cristiano debe vivir en prosperidad no es una enseñanza bíblica. Los ministros que viven en lujos y
sin privarse de nada, mal usando las ofrendas que dan con amor al Señor cristianos que no tienen casi para comer, es
un pecado que Dios condena.
B) ABUSO DE PODER
El poder que tenemos por causa de nuestra posición en el ministerio nos corromperá si no lo usamos en sujeción al
Señor, sirviendo a la iglesia. Aprovechándose de las estructuras administrativas de su denominación, hay líderes que se
rodean de personas que los adulan, los secundan y los protegen de la gente. Hay pastores que condicionan a los
miembros de su iglesia para que ofrenden, asistan y cooperen con las actividades y lo hacen no por amor, sino por
temor. Otros ministros son duros con los miembros pero muy permisivos con sus líderes y familiares. Algunos asumen
actitudes de caudillismo, manejando la congregación como si fuera su feudo y haciéndose acompañar por
guardaespaldas.
Un caso lamentable lo constituye Diótrefes quien "...no contento con estas cosas (criticar al apóstol Juan) no recibe a los
hermanos, y a los que quieren recibirlos se los prohibe, y los expulsa de la iglesia" (3 Jn 9,10).
C )LA MENTIRA
En nuestras congregaciones e instituciones se miente, exagerando las estadísticas sobre la membresia y la asistencia.
Se miente cuando se promete a la gente la solución inmediata de todos sus males y la provisión divina para cubrir todas
las necesidades. Como consecuencia, miles de personas se sienten estafadas y/o defraudadas por los cristianos
evangélicos que les prometieron en forma muy definida cosas que no se cumplieron.
Una familia conocida tenía una anciana internada en un hospital en estado muy grave. Algunos cristianos les aseguraron
que para la Navidad la anciana estaría sentada con ellos en la mesa compartiendo esa fecha tan especial. Para esa
fecha la abuela estaba sepultada y la gente decepcionada con los evangélicos. Ellos nos decían que si no los hubieran
ilusionado dándoles tanta certeza de sanidad, no se hubieran sentido tan desanimados y frustrados.
D) PECADOS SEXUALES
Nuestros jóvenes en porcentajes importantes tienen relaciones sexuales fuera del matrimonio y se casan apurados por
un embarazo no deseado. Por otro lado cada vez son más los líderes y pastores que caen en pecados sexuales.
Agrava el problema la falta de disciplina para con algunos líderes que caen en pecados sexuales. Aparte del mal
ejemplo que dan, esa falta de disciplina transmite el falso mensaje de que no es tan grave la fornicación o el adulterio
porque si ellos, que son los líderes, caen y no hay sanciones, da la impresión de que se protejen entre sí y por lo tanto
no se aplican disciplinas. Tienen la sensación de que los miembros regulares pueden y deben ser amonestados y
sancionados pero los pastores no. ¿Por qué no puede pecar un miembro y ser perdonado sin tener disciplina?
Es fundamental que los líderes y pastores cristianos evangélicos vivan éticamente, como modelos de conducta cristiana.
Esta responsabilidad tiene dos dimensiones, una hacia la iglesia, que necesita ver en sus ministros modelos de vida
cristiana, y la otra, hacia la sociedad sin Dios, que necesita desesperadamente ver la posibilidad de cambiar y de
alcanzar un estilo de vida que sea mejor.
La gente en nuestros días necesita con urgencia encontrar una posibilidad de comenzar de nuevo, de vivir mejor y de
vencer la presión de una sociedad enajenante. Nosotros sabemos que el evangelio es esa alternativa porque es "poder
de Dios para salvar" (Ro 1.16). Pero la iglesia no será ejemplo a menos que sus líderes sean modelos que los miembros
de las congregaciones puedan seguir. Como el apóstol Pablo, debemos estar en condiciones de decir "Sed imitadores
de mí, así como yo de Cristo." (1 Co 11.1; véase 4.16; Fil 3.17).
Escribiendo a los cristianos de Tesalónica, Pablo les recuerda la conducta que él y su equipo . habían tenido en medio
de ellos y los insta a imitarlos apartándose de los que vivían desordenadamente. "Ustedes son testigos, y Dios también,
de que nos hemos portado de una manera santa, recta e irreprochable con ustedes los creyentes; ...les hemos
encargado que se porten como deben hacerlo los que son de Dios que los llama a tener parte de su propio reino y
gloria." (1 Ts 2.10-12 VP).
"Hermanos, les ordenamos en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que se aparten de cualquier hermano que lleve
una conducta indisciplinada y no siga la tradiciones que recibieron de nosotros" (2 Ts 3.6-9 VP).
Nuestra responsabilIdad es grande y no debemos fallarle ni al Señor quien nos llamó al ministerio, ni a la iglesia que
espera que no seamos guía viviendo delante de ellos como es digno de un siervo de Dios.
Frente a lo expuesto, no podemos menos que concluir declarando que urge estudiar y vivir la ética ministerial para ser
ejemplos a nuestras iglesias como lo fue Jesús para sus discípulos y para su generación, y como lo fue el apóstol Pablo
para las iglesias y líderes de su tiempo.
PASTOREAR: EL DESAFÍO
El pastorear es nuestra tarea, debemos formar pastores, pero nunca dejar de pastorear y convertirnos en ejecutivos sin
relación con la grey de Dios.
En cierta congregación, durante el tiempo de testimonios en el culto, doña Carmen agradeció al Señor porque al
convertirse había encontrado en su iglesia local la familia que nunca había tenido. Había sido aceptada, amada y
pastoreada.
Varios años después visité nuevamente esa congregación, había crecido, pero doña Carmen ya no estaba y pocos
sabían algo de "la hermana Carmen".
Eso me ha hecho meditar en los desafíos que tenemos en la pastoral hispanoamericana. Cuando el evangelio llegó por
primera vez a nuestras tierras, una de las grandes ventajas de la pastoral evangélica fue la atención que logró darle a
las personas. Las conversaciones, las oraciones, el consejo y el aprecio expresado por los primeros pastores (unido a
otras formas de actuar del Espíritu de Dios) ayudaron a preparar el terreno para el gran crecimiento que ha tenido la
iglesia en nuestros países. Sin embargo, ¡no pude encontrar a doña Carmen en su iglesia local! ¿por qué?
Como consecuencia del crecimiento numérico, la pastoral se ha ido profesionalizando e institucionalizando cada vez
más y hemos dejado elementos fundamentales, así como aceptado modelos no muy convenientes.
Muchos pastores hemos asimilado el modelo de «consultorio sicológico» en la atención de los feligreses y esperamos
que ellos lleguen cuando tienen necesidades (¡Eso sí, con previa cita!).
El modelo «gerencial» (Organización, planificación y delegación, ¡lograr que las cosas se hagan!) nos ha afectado al
punto que somos tentados a perder el contacto con las ovejas que Dios nos dio a cuidar.
Hemos tragado la idea de que el pastor debe dedicarse a formar líderes (lo cual es cierto) y dejar que estos sean los que
tengan el contacto con las ovejas. De repente llegamos a ser figuras de púlpito, diferentes a Jesús, quien fue el pastor
de los discípulos (más de 70) y también de las calles, de los niños, de las multitudes.
Es necesario que volvamos a nuestras raíces pastorales. No estamos hablando del modelo de pastor que se dedicaba a
mantener el culto y a visitar a los hermanos. La tarea y demandas pastorales son amplísimas y no estamos para hacer lo
mínimo.
Lo que debemos recordar es que el pastor «huele a oveja» (no sólo a la adulta o a la líder) y para ser pastores,
debemos estar con el rebaño. Es estar con los hermanos, reír y llorar con ellos, enseñarles y aprender de ellos. Permitir
que en nuestra relación con las ovejas, los formemos y seamos formados.
¿Ha meditado sobre la forma que Jesús le dijo a Pedro de cómo podía mostrar su amor hacia el Maestro? «Apacienta
mis corderos, pastorea mis ovejas» (Jn 21.15–17). Pedro enseñó que la corona que vamos a recibir del Príncipe de los
pastores, tiene mucha relación con haber cumplido nuestra tarea: «pastorear la grey de Dios» (1 Pe 5.4).
Es necesario volver a las prácticas y a los principios que dieron origen al crecimiento, los cuales son el modelo del
Nuevo Testamento (Hch 2.42–47):
Bautismo e integración de los convertidos a la comunidad de fe (pastoreo directo)
Formación doctrinal
Comunión entre los creyentes (comidas, santa cena, entre otros)
Orar juntos
Ayudar al necesitado
Alabanza y adoración a Dios
Señales del poder de Dios
Para mejorar en nuestro trabajo, es necesario que nos evaluemos:
¿Cuánto tiempo le estamos dedicando a las tareas y cuánto a las personas?
¿Qué tipo de relación estamos sosteniendo con los hermanos?
¿Estamos dedicando tiempo sólo a los líderes u «ovejas adultas»?
¿Estamos compartiendo con los recién convertidos y con los no convertidos (niños jóvenes y adultos)?
¿Qué propósito tenemos al relacionarnos con los hermanos? (oración, consejo, diversión, ver su estado espiritual, ¿qué
más se nos ocurre?)
Los apóstoles delegaron en los diáconos responsabilidades que les estaban distrayendo de su prioridad, pero nunca
delegaron su llamado y su función prioritaria (Hch 6.1–7). El pastorear es nuestra tarea, debemos formar pastores, pero
nunca dejar de pastorear y convertirnos en ejecutivos sin relación con la grey de Dios.
Comparto un bello ejemplo que leí en un libro. Un hermano en la fe, gerente de un Banco, al llegar a su oficina saludaba
por nombre a la persona que abría la puerta, a la del ascensor, a la que limpiaba y claro está a sus colaboradores
inmediatos. No tenía problema en detenerse y preguntar por el hijo enfermo o por el proyecto de vivienda de alguno de
ellos. ¡Mente prodigiosa! Tal vez, pero lo que se dejaba ver en ese hombre era su interés en las personas, en los que de
alguna manera Dios había puesto a su cuidado. Si eso hizo un gerente de banco, ¿cuánto esperará el Señor de los
pastores?
¡Cuán bello es compartir con las ovejas, verlas crecer y madurar!, a pesar de que en alguna ocasión debamos sufrir.
Cuando el Señor regrese y lo vea decirle sonriente: —Ven buen siervo y fiel (pastor) sobre poco has sido fiel, sobre
mucho te pondré… ¡Qué satisfacción! ¡qué realización!
Nos engañaron... definitivamente nos engañaron... ¿La razón? La sociedad que nos rodea nos vendió a través de todos
los medios –impresos y audiovisuales-- una imagen estereotipada de los líderes...
Los presentan como los protagonistas de alguna película en la que jamás les ocurre nada y siempre, al final de la
historia, aparecen sonrientes en la pantalla mientras que a lo lejos se aprecia el sol muriendo entre las montañas.
Inmediatamente después aparecen los créditos de los realizadores del filme y quedamos con la íntima sensación de que
no estamos refiriéndonos a seres comunes sino a una especie de súper-hombres y súper-mujeres que jamás cometen
errores, a quienes todo les sale a pedir de boca, que superan con facilidad cualquier obstáculo, que no se desesperan a
pesar de las circunstancias adversas, y si llegan a sufrir algún ataque que los derriba, se levantan airosos limpiándose el
polvo que se adhirió a sus ropas.
Tampoco es la que ofrecen las tiras cómicas o tal vez los programas de dibujos animados en los que el personaje
central puede caer desde un edificio muy alto o quizá recibir todo el peso de un enorme piano, y aunque en el instante
quedan aplanados como si se tratara de sellos postales de correo, se restablecen con facilidad y, armados de un sonrisa
que nunca abandona sus rostros, reemprenden la jornada...
¿Qué puede pensar el pequeño empresario que lucha una y otra vez por colocar sus productos en el mercado, mientras
que la competencia despiadada agota sus esfuerzos para sacarlo del camino? ¿Acaso aquellos que hoy lucen
satisfechos en las fotografías de los diarios como productores sólidos y emprendedores no enfrentaron alguna vez y, al
igual que él, las mismas dificultades?¿O tal vez los empresarios que tienen buenos ingresos hoy no aprendieron ayer de
los fracasos y los desengaños cuando las cosas no salían como esperaban?
¿Y qué razonará el promotor de libros y enciclopedias que concluye su jornada sin que haya vendido tan siquiera un
texto?¿Qué podrá decir si en las conferencias de motivación le aseguraron que sería tan fácil como saludar al potencial
comprador y despacharle --en cuestión de minutos-- todas las ventajas de los manuales, para encontrarse sobre el
terreno que apenas perciben que se trata de un comercializador le cierran las puertas en la cara?
¿De qué manera asimila los fracasos la persona corriente que adquirió un libro de superación --de esos que se leen en
cuestión de horas y que ofrecen un cambio extraordinario de la vida con sólo disponerse a ser un triunfador—cuando
enfrenta la realidad de que los famosos principios hacia el éxito no son aplicables a su realidad?
Y ¿Qué decir del hombre que renunció a su empleo recién abierta una pequeña iglesia de provincia para dedicarse al
pastorado a tiempo completo pero que, una vez inicia su trabajo, encuentra que pasan las semanas y nadie llega al
templo?
¿Y el joven que comenzó a dirigir el grupo de alabanza de la congregación para encontrarse, a vuelta de poco tiempo,
que las personas a su cargo no quieren atender sus instrucciones y cada quien quiere hacer las cosas a su manera?
¿Usted ha enfrentado una situación similar o probablemente aproximada? Si es así, ¡Bienvenido! ...este material fue
diseñado para analizar junto a usted y con detenimiento –porque el afán no es concluir el curso a la mayor brevedad
sino asimilar el mayor volumen de conocimientos posible—las pautas de vida que rodearon a líderes de carne y hueso,
que enfrentaron frustraciones, que tropezaron con el fracaso, que en ocasiones se rindieron a las dificultades y que
finalmente vencieron, sobreponiéndose a toda adversidad para navegar en las aguas –unas veces turbulentas y otras
quietas—del liderazgo...
Caminaremos a lo largo de las siguientes páginas para apreciar de cerca --tal como si asistiéramos a una buena cinta
cinematográfica--, a los hombres de la Biblia que cambiaron el curso de la historia...
Ellos fueron líderes triunfadores... sin embargo también se equivocaron y fracasaron... En ocasiones cayeron bajo el
peso del desánimo y en otras, se alentaron y levantaron su mirada dispuestos a seguir aun cuando todo a su alrededor
decía que era imposible...
UN LÍDER NO LE TEME A LO DESCONOCIDO...
El sol comenzó a brillar en lo alto y poco a poco, como si despertaran de un prolongado sueño, las nubes fueron
abriendo paso a un cielo azul y limpio que servía como telón de fondo a la inmensa estructura de madera que se
levantaba en mitad del amplio terreno.
--Otra jornada...—murmuró quedamente Noé mientras se apuraba una bebida caliente para comenzar el día. A un
costado, sobre la mesa, el martillo y, en el suelo, desperdigados unos y apilados otros, estaban enormes tablones que
iban dando forma al Arca.
Uno de los curiosos sonrió. Otro meneó la cabeza y un tercero dijo con ironía:-- Está loco... definitivamente loco--.
Noé no prestó atención a sus comentarios. Estaba acostumbrado a las voces contrarias, a las frases burlonas y a las
críticas que comenzaron el día en el que recibió instrucciones de Dios para construir la estructura.
--No se parece en nada a Lamec, su padre. El sí que era sensato. Tenía puestos los pies sobre la tierra. Noé en cambio
es un soñador... —prosiguió comentando el hombre mientras se alejaba con una expresión de burla en su rostro.
Tras él, la armazón: inmensa, desafiante, inverosímil. Semejaba una casa. Una primera ojeada permitía establecer al
espectador que se encontraba frente a una construcción de 130 metros de largo por 20 metros de ancho y 13 metros de
alto. Las tablas y listones se entretejían hasta configurar lo que parecían tres pisos. Arriba, en el techo, una enorme
ventana que servía para iluminar la estancia.
Noé se dispuso a reemprender la labor, mientras que sus hijos Sem, Cam y Jafet le ayudaban untando de brea las
tablas. Sin duda aquella era una nave que rompía todos los esquemas de la época, y lucía muy extraña en un territorio
en el que ni siquiera caían lluvias. Sin embargo Noé se empecinaba a advertir que pronto vendría un enorme diluvio que
arrasaría con aquellos que no escucharan el mensaje de Dios.
Mientras clavaba unas tablillas, recordó como si devolviera las páginas amarillentas de un álbum viejo, las imágenes que
se sucedieron con una rapidez sorprendente y que quedaron grabadas para siempre en su memoria.
Samuel Padilla es un pequeño empresario peruano residente en la ciudad de Trujillo. Por espacio de cuatro años recibió
formación básica sobre cómo planear, estructurar y poner en marcha una empresa. Los libros que leyó durante su
formación académica fueron apasionantes. Siempre pensó que sería fabuloso terminar la colegiatura para iniciar su
propio negocio.
Sin embargo después de los alegres momentos que experimentó en la graduación y el posterior ejercicio profesional, le
llevaron a comprender que existe una enorme brecha entre la teoría y la práctica. Una cosa es el cúmulo de enseñanzas
que recibimos en las aulas universitarias o colegiales, y otra bien distinta la realidad que enfrentamos. El primer gran
obstáculo fue determinar qué producto elaborar; el segundo conseguir el crédito necesario, y el tercero, incursionar en el
mercado. Lo intentó varias veces. Si lograba superar una dificultad se topaba con otra y así sucesivamente hasta que se
vio navegando en las aguas turbulentas de la desesperación.
Samuel dirige hoy su propia factoría. Es pequeña pero rentable. El produce utensilios de cocina de plástico. Son
económicos y atrayentes al público. Tienen buena demanda entre las amas de casa. Comenzar no fue fácil. Lo intentó
con varios elementos: tablas para picar alimentos, electrodomésticos importados que compraba en Lima y revendía en
su ciudad y adornos elaborados con cerámicas. En sus primeros intentos fracasó porque el mercado estaba saturado.
Fue entonces cuando entendió que siguiendo el curso de los demás, jamás llegaría a ningún lado.
Martha Lucía Ramírez vivió sometida por muchos años a las drogas. Hasta el nacimiento de su segundo hijo y la ruptura
de tres relaciones que inicialmente creyó, serían estables, le llevó a reorientar sus pasos.
Una primera gestión, tras estabilizar su familia, fue la de ayudar a los necesitados. Y lo hace en su modesta vivienda, al
oriente de Santiago de Cali, que ha convertido en albergue de tránsito de las familias que salieron huyendo de sus fincas
y parcelas como consecuencia de la violencia que azota a Colombia.
Recientemente las autoridades caleñas le otorgaron un premio que se suma a otros reconocimientos de organizaciones
que trabajan por la defensa de los derechos humanos. Todos reconocen su liderazgo y el esfuerzo que le ha costado
luchar para sacar adelante su sueños con todas las circunstancias en contra.
Líderes en circunstancias y países distintos. Sin embargo convergen en un principio que experimentó Noé: los líderes
nadan contra la corriente.
Observe lo que dice la Biblia acerca de nuestro personaje: “Noé, hombre justo, era perfecto entre los hombres de su
tiempo; caminó Noé con Dios. Y engendró tres hijos: Sem, Cam y Jafet”(Génesis 6:9, 10).
¿Se da cuenta? Era una persona como usted o como yo. Si lo encontráramos en alguno de nuestros pueblos y
ciudades, seguramente lo confundiríamos entre la multitud de hombres y mujeres que van de un lado para otro,
presurosos, afanados por llegar a tiempo a la oficina o quizá, ocupar los primeros lugares en la larga fila de quienes
esperan el autobús.
El pasaje Escritural no nos dice que era más alto, más bajo o quizá más robusto que cualquiera otro. En absoluto. Es
más, nos advierten que era padre de familia. Tenía sobre sus hombros la responsabilidad de una esposa y tres hijos.
¡Nada fácil!.
Hasta allí todo marcha bien. Sin duda lo invitaríamos a tomar un buen café tinto si lo halláramos alguna vez. Pero... --el
inevitable pero-- Noé era además de un ciudadano como los que vemos en medio nuestro, alguien que reunía tres
principios que rompían todos los esquemas: Primero, “...era justo”, es decir, alguien centrado con principios y valores;
segundo, era “perfecto entre los hombres de su tiempo”. En otras palabras, así media ciudad estuviese tras él en
procura de encontrarle alguna falla, se llevarían tremendo chasco porque era “perfecto”, sin una conducta inclinada a
errar, engañar, poner trampas a los demás o tomar ventaja de ellos en cualquier trato o negocio que concretara.
Hay un tercer aspecto que no podemos pasar por alto: “...caminó Noé con Dios”. ¿Se da cuenta? Estamos hablando de
un líder... de un auténtico líder... alguien que, aunque a primera vista luciera similar a todos, marcaba la diferencia no
solo por su manera de pensar sino por las actitudes que diferían del común de las gentes. Noé fue un líder que impactó
a su generación. Tenía algo diferente...
Pero ¿cuál era el medio en el que se desenvolvía? “La tierra se corrompió delante de Dios, y estaba la tierra llena de
violencia. Y miró Dios la tierra, y vio que estaba corrompida, porque toda carne había corrompido su camino sobre la
tierra”(Génesis 6.11, 12).
Es evidente que todo en derredor era un caos. Y él junto con su familia se encontraban en el ojo del huracán.
Para Noé hablar de recobrar principios y valores en el quehacer cotidiano, significaba tanto como nadar contra la
corriente. Era avanzar contra una enorme ola o quizá, intentar escalar cuando el viento está en contra y golpea nuestro
rostro despiadadamente. ¡No era fácil!. ¡Que enorme diferencia entre las palabras motivadoras que podía recibir cada
día, y la horda de enemigos, libertinos y criticones que debía enfrentar!.
Si viviera en nuestros días, seguramente estaría abrumado –como nos ocurre a usted y a mi—cuando encendemos la
televisión para encontrarnos con una enorme carga de pornografía en programas que se transmiten en franjas de
audiencia supuestamente familiar; abriría el diario para hallar un sumario de muertes y violencia; transitaría las calles
para toparse con la víctima de un atraco o quizá de una violación que no puede hacer mucho porque las autoridades son
lentas y pareciera que amparan la delincuencia y la impunidad; trabajaría en una empresa en la que robar y poner
trampas está a la orden del día, o voltearía la mirada a un lugar a otro para hallarse –a boca de jarro—con el hecho de
que los matrimonios se desmoronan ante el avance incontenible de la promiscuidad y el adulterio...
Es probable que me diga: “Un momento, yo no soy religioso, quiero hechos prácticos ¿Qué relación tiene Noé con mi
vida?”. De acuerdo. Usted y yo nos movemos en circunstancias similares a las de este hombre de la antigüedad porque,
como en su tiempo, había deslealtad, se engañaba a los patrones o a su vez los patrones engañaban a los empleados;
los políticos eran mañosos y aspiraban cargos de relevancia para taparse en dinero y popularidad; las separaciones
matrimoniales eran frecuentes y además, quien no se comportara de acuerdo con el parámetro común, era mirado como
un espécimen raro.
Ese es el panorama que tenemos enfrente y que sin duda no difería mucho del que enfrentaba Noé. A él como a
nosotros le tocó “Nadar contra la corriente”. Quizá lo aprendió a fuerza de fracasos y de intentarlo nuevamente, pero su
liderazgo se fortaleció enfrentando una concatenación de adversidades. Muchos en su lugar, quizá habrían renunciado.
Pero él, como líder, tenía claro que es teniendo el viento en contra que los que vuelan en cometas llegan más alto...
Lo normal y aceptable en la sociedad de su tiempo para Noé, y para nosotros hoy, sería ajustarse a los principios
vigentes. Así él y nosotros ahora, quedaríamos bien con todos. Sin embargo la Biblia insiste en un hecho: “Pero Noé
halló gracia ante los ojos de Jehová”(Génesis 6:8).
Ese hecho marcó la diferencia. En apariencia algo intrascendente, pero en la práctica, algo de suma importancia. Sin
duda rompió todos los esquemas. Esa determinación le permitió avanzar. De lo contrario, sujeto a lo que todos
pensaban y hacían, sin duda nunca habría llegado a ninguna parte. Habría encontrado personas negativas a su paso, a
quienes consideran que nada se puede hacer diferente porque ellos no pudieron hacerlo y quienes miran mal a los que
tan solo se atreven a pensar diferente.
¿Usted imagina qué pasaría con nuestra sociedad si un buen grupo de personas, al igual que Noé, hallaran gracia ante
Dios? Sencillamente que comenzaríamos a cambiar el mundo. Los conductores respetarían las normas de tránsito; los
vendedores retornarían el vuelto correcto a sus clientes; quienes acuden a solicitar un servicio respetarían la fila sin
tratar de colarse por encima de quienes llevan rato esperando; el médico ejercería a cabalidad su profesión mientras que
el periodista se ceñiría a los hechos y no a la especulación... definitivamente el mundo sería diferente...
¿Ilógico? Definitivamente si. Todo en la misión que Dios encomendó a Noé parecía ilógico. No comprendía bien cuál
era el propósito, sin embargo actuó en obediencia. “E hizo Noé conforme a todo lo que le mandó Jehová”(Génesis 7:5).
Esa disposición de sujetarse a las pautas trazadas por dios la apreciamos en la preparación y posterior embarque de
todo el género animal así como de su propia familia (versículos 9 y 16). No discutió, no argumentó, no contradijo. Tenía
claro que nuestro amado Creador no improvisa cuando nos manda a hacer algo.
Un hombre o mujer que se hayan matriculado en la “Escuela de Dios” para potencializar sus capacidades como líder en
aras lograr crecimiento permanente y sostenido, asume la obediencia como un principio ineludible.
Cuando seguimos las instrucciones al pie de la letra, Aquél que nos llamó a servirle en Su obra nos irá mostrando la ruta
a seguir. Algo diametralmente opuesto ocurre cuando obramos a nuestra manera. Generalmente tropezamos una y otra
vez porque estamos moviéndonos en nuestras fuerzas y no en las de Aquél que nos envió a cumplir la misión.
¿Ha sentido alguna vez la satisfacción de concluir cabal y exitosamente con su trabajo? Esa misma sensación fue la que
embargó a Noé cuando terminó el diluvio, la tierra se secó y todo retornó a la aparente normalidad ¡Había cumplido la
misión!
El desenvolvimiento de este patriarca que aprendió lecciones de liderazgo en la práctica y no en el instituto bíblico o
quizá en una escuela de formación superior, contrasta con personas que hoy día comienzan una tarea y no la
concluyen. Se especializan en hacer las cosas “a medias”.
Nunca terminan aquello que empiezan. El entusiasmo con el que emprenden las labores se agota poco tiempo después
de iniciar la jornada y permiten que los embargue la pereza o el desánimo.
Tales personas difícilmente llegan a ninguna parte. Los hallamos en todas partes: en la iglesia pero también en el
trabajo, la universidad o en el sector que habitamos. Con su inconsistencia no hacen otra cosa que pagar la colegiatura
para ser fracasados.
¿Acaso Dios quiere esa actitud derrotista para nosotros. En absoluto. El nos creó para ser triunfadores. Pero en cierta
medida, lograrlo sólo es posible cuando caminamos conforme a la voluntad de El, trazada en la Palabra, y aplicamos
esos principios que --si bien es cierto-- en ocasiones no entendemos, nos llevarán a puerto seguro.
En el relato leemos que “Bendijo Dios a Noé y a sus hijos, y les dijo: ”Fructificad multiplicaos y llenad la tierra”(Génesis
9:1). A través de este visionario el Señor había cumplido su tarea de sanear el mundo. Cuando cesó la voz del Creador,
Noé dio vuelta y se encaminó a su tienda donde le esperaban su esposa y sus ojos. Sonrió con satisfacción y razonó
que había valido la pena todo el esfuerzo. Sentado en una silla mientras caía la tarde, volvió a sonreír y pensó en todo
lo que había aprendido en la “Escuela de Dios”. Sin proponérselo, había marcado toda una generación con su
liderazgo...
La noche cayó con una sorprendente rapidez. Su esposa se encontraba unos metros más allá. Dormía. El no podía
conciliar el sueño.
Hacía calor. Sudaba. Hubiera querido beberse otro vaso con agua fría, pero asumió que lo mejor era salir por un rato de
la estancia y dejarse arrullar por la brisa que—cerca de la medianoche—golpeaba con fuerza sobre el caserío.
El cielo lucía hermoso, tachonado de estrellas que se perdían en el infinito. Alrededor, las gentes dormían. Estaban
ajenos a su realidad. El no hacía otra cosa que pensar. La vida le había sonreído. Tenía el reconocimiento de sus
coterráneos, gozaba de solidez económica, de un hogar apacible, de una familia que le amaba y de vastas extensiones
de tierra que se perdían en el horizonte.
--Definitivamente la vida me ha sonreído...—musitó al recordar con satisfacción los años pasados, con la misma
sensación de bienestar de quien vuelve atrás las páginas de un viejo álbum en el que guarda fotografías de momentos
agradables.
Estaba ensimismado en sus pensamientos cuando escuchó la voz apacible de Dios, como la había escuchado otras
tantas veces: “Vete de tu tierra y de tu parentela, y de la casa de tu padre, a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una
nación grande, y te bendeciré, y engrandeceré tu nombre, y serás bendición. Bendeciré a los que te bendijeren, y a los
que te maldijeren maldeciré; y serán benditas en ti todas las familias de la tierra”(Génesis 12:1-3).
Las palabras quedaron resonando en su cabeza. No podía asimilarlas fácilmente. Dios le acababa de plantear dos
asuntos que no estaban dentro de su presupuesto mental: el primero, cumplir una misión que iba más allá de toda
previsión; el segundo, renunciar prácticamente a todo...
Llegar a la cima no se logra de la noche a la mañana. No es tan sencillo como cerrar y abrir los ojos. ¡Ojalá todo fuera
tan fácil! Sin embargo se necesita mucho más que eso. Escalar la montaña implica que todo líder debe aprender:
Primero, a fijarse una meta. Significa determinar a dónde queremos llegar, así inicialmente no tengamos claridad
respecto de cuáles son las etapas necesarias para lograr ese objetivo.
Aquí ya estamos configurando la misión, es decir aquello que bien nos fue asignado o simplemente, lo que queremos
lograr.
Segundo, volver nuestros esfuerzos hacia la conquista de ese propósito. Esta fase implica determinación y constancia. Y
el tercero, ajustar todo cuando pensamos y hacemos para llegar a la meta propuesta.
Todos los seres humanos tenemos un propósito en la existencia. No somos producto del azar ni tampoco un accidente
del cosmos.
Bajo este convencimiento es fundamental que nos fijemos una meta. Sólo quienes lo hacen llegan a algún lado, de lo
contrario, agotará sus fuerzas dando tumbos de un lugar a otro.
En el caso de Abram, Dios le puso de presente su misión: “Vete... a la tierra que te mostraré. Y haré de ti una nación
grande...”