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33 Orientaciones Sexuales y Dignidad

El documento habla sobre la dignidad de la diversidad sexual desde una perspectiva católica. Resalta que Dios ama a cada persona por igual, más allá de su orientación sexual. También define conceptos como sexualidad, género y sexo desde las perspectivas de la Iglesia y organismos internacionales, con el fin de promover el diálogo y la inclusión de las personas LGTBIQ+ en la comunidad eclesial.
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33 Orientaciones Sexuales y Dignidad

El documento habla sobre la dignidad de la diversidad sexual desde una perspectiva católica. Resalta que Dios ama a cada persona por igual, más allá de su orientación sexual. También define conceptos como sexualidad, género y sexo desde las perspectivas de la Iglesia y organismos internacionales, con el fin de promover el diálogo y la inclusión de las personas LGTBIQ+ en la comunidad eclesial.
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Sexualidades y dignidad:

Diversidad sexual integral

“...Dios ama a cada persona como individuo único.


La identidad sexual ayuda a definir a las personas
únicas que somos y, un componente de nuestra
identidad sexual, es nuestra orientación sexual.
Por consiguiente, nuestra personalidad total
va más allá de nuestra orientación sexual.
Los seres humanos ven las apariencias,
pero el Señor ve el corazón (cf. 1 Sm 16:7).
Dios no ama a alguien menos porque es homosexual.
El amor de Dios siempre y en todas partes se ofrece
a los que están abiertos para recibirlo...”

Comité para el Matrimonio y la Familia de la Conferencia


de Obispos Católicos de Estados Unidos (1997)

Objetivo General: Sensibilizar sobre la diversidad sexual como una realidad humana
y desde un enfoque de dignidad, con el fin de contribuir a la inclusión efectiva de las
personas LGTBIQ+ en la comunidad eclesial.

Objetivos específicos:
1. Definir conceptos generales sobre sexualidades y género necesarios para
aproximarse a las realidades de diversidad sexual.

2. Presentar la discriminación y exclusión que experimentan las personas


LGTBIQ+ en la sociedad y en la Iglesia, algunas de sus manifestaciones,
causas y consecuencias.

3. Abordar la enseñanza del Magisterio Católico sobre diversidad sexual desde la


base de la dignidad de la persona.

4. Proponer abordajes pastorales para la inclusión de las personas LGTBIQ+ en


las comunidades eclesiales.

INTRODUCCIÓN

La diversidad sexual es un elemento importante en la conformación de las realidades


humanas que se vivencian en las sociedades contemporáneas y en la Iglesia. Es un
tema que ha tomado protagonismo en las agendas políticas y sociales y se ha
constituido como una de las mayores sensibilidades de la cultura actual. Tratar la
diversidad sexual es un asunto de alta complejidad que involucra factores biológicos,
psicológicos, morales, e incluso teológicos, espirituales y pastorales.

Las diferentes posturas sobre la temática han generado que tanto en los sectores
políticos, sociales y eclesiales hayan roces y polarización de criterios que muchas
veces generan división entre los seres humanos y conductas de odio y violencia. Es
por ello que resulta fundamental hacer un análisis que permita sensibilizar y aclarar
conceptos relacionados con la población LGTBIQ+, sus realidades de discriminación,
la postura de la Iglesia Católica sobre el tema y algunas consideraciones pastorales
acerca de la inclusión y acogida de la población sexualmente diversa dentro de la
comunidad de fe.

El término LGTBIQ+ hace referencia a la comunidad sexualmente diversa en


contraposición a que, de forma tradicional, se ha validado unicamente la sexualidad
heteroxual. Corresponde a las siglas de las palabras Lesbiana, Gay, Trans, Bisexual,
Intersexual, Queer y otros (+); las cuales serán explicadas a lo largo de este marco
teórico.

En un primer momento se abordarán diferentes conceptos desde la perspectiva


secular y magisterial, que permitirán un mejor entendimiento de las realidades en torno
a la sexualidad humana, incluyendo algunos de sus componentes, de modo que los
agentes de pastoral y las personas LGTBIQ+ sepan dialogar en el mismo idioma. Esto
permitirá un mejor acercamiento bajo el contexto del respeto, el diálogo, la
misericordia y la caridad fraterna. Como indica el jesuita James Martin: ​“El diálogo
comienza por reconocer cómo hay que hablar con otra persona. Necesitamos estar
especialmente atentos en este sentido con respecto a la comunidad LGTBIQ+”​.

Sexualidad:

La Organización Mundial de la Salud define la sexualidad humana como “​un aspecto


central del ser humano a lo largo de la vida que abarca el sexo, las identidades y roles
de género, la orientación sexual, el erotismo, el placer, la intimidad y la reproducción.
La sexualidad está influenciada por la intersección de factores biológicos, psicológicos,
sociales, económicos, políticos, culturales, legales, históricos, religiosos y espirituales.”
(OMS, 2017). El factor social es fundamental en la sexualidad humana, ya que esta se
construye en cada individuo por medio de la interacción entre él (como individuo) y las
las estructuras sociales vigentes (como comunidad en la que se desenvuelve). El
desarrollo pleno de la sexualidad es esencial para el bienestar individual, interpersonal
y social.

La Iglesia concuerda con la visión anterior, el Catecismo de la Iglesia Católica en el


numeral 2332 define que ​“La sexualidad abraza todos los aspectos de la persona
humana, en la unidad de su cuerpo y de su alma. Concierne particularmente a la
afectividad, a la capacidad de amar y de procrear y, de manera más general, a la
aptitud para establecer vínculos de comunión con otro.” Bajo esta perspectiva, la
sexualidad se refiere a la capacidad humana de construir vínculos con otras personas
y esto se refleja en todos los aspectos de la vida. Tanto desde la concepción cristiana
como la laical, un análisis consistente de la sexualidad no debe ir únicamente por la
línea libídica y biológica, sino que debe incluir componentes tanto de afectividad,
emociones, relaciones humanas, moral, espiritualidad y realización personal. Consiste
en un error reducir la sexualidad a únicamente una de sus dimensiones (por ejemplo la
erótica o la moral), siempre se debe tener la visión de integralidad de la sexualidad.

El psicólogo costarricense José Manuel Salas (2002) enfatiza en cómo la dimensión


sexual ha estado intervenida por controles, inhibiciones, representaciones, mitos, entre
otros, a lo largo de la historia de las diferentes sociedades. Esto explica por qué la
sexualidad en nuestra sociedad suele ser un punto de confluencia de discordancias,
tabúes, estereotipos, juicios de valor y otros elementos que pueden repercutir en
experiencias negativas y de exclusión para ciertas experiencias sexuales.
Al ser un elemento tan importante en la constitución de la dignidad humana, la
sexualidad tiene una gran injerencia en la forma en la que la persona se desenvuelva
en su cotidianidad. La religiosa catalana Margarita Bofarull (2014) afirma que ​“la
sexualidad es una dimensión básica de la vida humana con una doble capacidad.
Tiene la capacidad de potenciar a las personas y de proporcionar una felicidad muy
grande, que es lo que todo el mundo anhela. Cuando se vive liberadoramente es un
potencial que engrandece al ser humano. Pero es también una dimensión del ser
humano con una gran capacidad de esclavizar.” Es aquí donde se rescata la
importancia de la visión católica, la cual constituye una propuesta para vivir la
sexualidad de una forma integral y plenificante.

Sexo:

El sexo, según lo menciona Hock (2005) responde a una caracterización de índole


biológica basada en los cromosomas de una persona, hormonas y estructuras
sexuales anatómicas. Corresponde al componente biológico de la sexualidad,
expresado en el cuerpo en general.

Según la ONU mujeres (2017) son ​“Las características físicas y biológicas que
distinguen a hombres y mujeres”. Una persona pertenece en uno de los dos sexos
establecidos a nivel cromosómico, sin embargo estos conjuntos de características
biológicas tienen sus excepciones en personas con mutaciones génicas, epigenéticas1
o ambientales que hacen que la expresión de su sexo sea ambigua o diferente a la
norma binaria. A estas personas se les conoce como Intersexuales, que según la OMS
(2017) son personas que ​“nacen con características sexuales físicas o biológicas
(incluyendo anatomía sexual, órganos reproductivos y / o patrones cromosómicos) que
no corresponden a las definiciones tradicionales de hombres o mujeres.”

La Iglesia enseña que el ser humano tiene como una de sus características
fundamentales el ser persona sexuada. Con respecto a esto, la Congregación para la
Educación Católica (2019) afirma que ​“el sexo define la pertenencia a una de las dos
categorías biológicas que derivan de la díada originaria, femenina y masculina.”

Recordemos que la Biblia reconoce la existencia de dos sexos como un elemento


fundamental del ser humano. El ser seres sexuados es una característica deseada por
Dios para la persona humana lo cual se demuestra en su voluntad a la hora de crearle.
En Génesis 1, 27 se menciona: ​“Y creó Dios al hombre a su imagen, a imagen de Dios
lo creó; varón y mujer los creó”.

El ser humano es sexuado con un fin específico, como indica el Catecismo de la


Iglesia católica en el numeral 2335: ​“Cada uno de los dos sexos es, con una dignidad
igual, aunque de manera distinta, imagen del poder y de la ternura de Dios. La unión
del hombre y de la mujer en el matrimonio es una manera de imitar en la carne la
generosidad y la fecundidad del Creador”.​ Es decir, el hecho de que el ser humano
posea un sexo está orientado a su capacidad intrínseca de entregarse por amor.

1
Elementos heredados que alteran la expresión de los genes, pero que no corresponden a
alteraciones en la secuencia del material genético.
Género:

La ONU mujeres indica que “​el género se refiere a los roles, comportamientos,
actividades y atributos que una sociedad dada en un momento dado considera
apropiada para hombres y mujeres (...) Estos atributos, oportunidades y relaciones se
construyen socialmente y se aprenden a través de procesos de socialización (...) El
género determina lo que se espera, permite y valora en una mujer o un hombre en un
contexto dado” ​(ONU mujeres, 2017). El género es definido como las construcciones
sociales que se crean con base en el sexo de la persona. Más precisamente referido a
los roles sociales que juegan los hombres y mujeres de forma característica en una
cultura. A partir del sexo biológico se origina la construcción estereotipada de una
identidad que afecta a toda nuestra personalidad. Estos elementos se vinculan con las
actitudes, lenguaje, vestuario, habilidades, incluso los juegos y los gustos que la
sociedad ha determinado que corresponden según se es hombre o mujer.

El género es la construcción que hace la sociedad sobre la forma en la que deben


comportarse y ser cada uno de los sexos, y, como lo indica la cita anterior de la OMS,
esta construcción es variable según la sociedad en concreto y según la época. De este
modo, no es lo mismo lo que la sociedad occidental en el siglo XXI define sobre lo que
es ser mujer y cómo deben estas comportarse, que como lo hacía la sociedad asiática
en el siglo XII. Cada colectivo en su propia época desarrolla un modelo de género. El
modelo de género vivido en Costa Rica a mediados del siglo XX era
considerablemente más machista, homofóbico y conservador2 que el que tenemos
actualmente. Incluso, el modelo de género que posee la Iglesia Católica en su
concepción de varón y mujer es diferente al que poseen otros actores de la sociedad.

El Magisterio oficial de la Iglesia Católica poco a poco ha ido entendiendo e


incorporando lo que las teorías sociales afirman sobre el tema, incluso se ha
introducido de forma paulatina el concepto de “género” dentro de su lenguaje. En
primera instancia el término no era utilizado y se hacía referencia únicamente al sexo
de la persona; posteriormente el Papa Francisco en la Exhortación apostólica Amoris
Laetitia reconoce que en ​“la configuración del propio modo de ser, femenino o
masculino, no confluyen sólo factores biológicos o genéticos, sino múltiples elementos
que tienen que ver con el temperamento, la historia familiar, la cultura, las experiencias
vividas, la formación (...) también es verdad que lo masculino y lo femenino no son
algo rígido”. Se entiende que existen elementos más allá de los biológicos que
configuran un modo de ser femenino y masculino y cómo estos factores pueden ir
variando según la cultura y la época.

En el 2019, la Congregación para la Educación Católica en el documento “Varón y


Mujer los creó” sobre la cuestión del género en la educación, afirma: ​“se comprende
que sexo y género han dejado de ser sinónimos, es decir, conceptos intercambiables,
ya que describen dos entidades diferentes. El sexo define la pertenencia a una de las
dos categorías biológicas que derivan de la díada originaria, femenina y masculina. El
género, en cambio, es el modo en el cual se vive en cada cultura la diferencia entre los
dos sexos.”

2
Para un análisis histórico de la situación sobre equidad de género en el país se sugiere
revisar el “Tercer Estado de los Derechos Humanos de las Mujeres en Costa Rica” del año
2019, elaborado por el Instituto Nacional de las Mujeres (INAMU) y disponible en:
https://www.inamu.go.cr/documents/10179/275546/Tercer+Estado+de+los+Derechos+Humano
s+de+las+Mujeres+en+Costa+Rica+%282019%29.pdf/f1affa72-985f-4489-bcf6-28206a661e4d
Ideología de género

Es imprescindible hablar y explicar correctamente el concepto de “ideología de género”


ya que en muchas ocasiones se utiliza en el contexto eclesial y ha derivado en la
polarización y división de criterios de la comunidad creyente. La expresión surge a
finales del siglo XX y toma fuerza en el siglo XXI como respuesta del ámbito católico y
protestante a las teorías de género, las cuales son estudios sociales en torno a los
temas de mujer, diversidad sexual y género. Algunas de estas posturas parten de una
disociación entre el concepto de género y sexo, de modo que desligan completamente
la construcción que la persona hace de su género de su realidad biológica. Para la
Iglesia Católica ambos conceptos son distinguibles pero siguen estando ligados, ya
que la construcción de género debe tomar en cuenta la dimensión natural y biológica
de la persona.

Lo anterior se verifica en que el sínodo de los obispos en el año 2015 en el documento


de la XIV asamblea general ordinaria sobre el tema de familia afirmaron que ​“esta
ideología [​ de género] ​lleva a proyectos educativos y directrices legislativas que
promueven una identidad personal y una intimidad afectiva radicalmente
desvinculadas de la diversidad biológica entre hombre y mujer.” Más adelante se
indica la relación entre los conceptos en estudio de modo que ​“el sexo biológico (sex)
y el papel sociocultural del sexo (gender), se pueden distinguir pero no separar”.​

Con base en lo anterior, se entiende que el término “ideología de género” es aplicable


a aquellas corrientes de pensamiento que desliguen el género del sexo, pero no a
todos los temas que hagan referencia a la población LGTBIQ+. Bajo esta perspectiva,
no todo lo que es etiquetado como “ideología de género” realmente lo es. Mucho
menos es utilizable como un escudo en defensa frente a ideas que no se comprenden,
que no se comparten o a las que se les tiene miedo.

Es importante aclarar que el término “ideología de género” desde la perspectiva de las


ciencias sociales, a diferencia del concepto intra-eclesial, refiere a “​a aquel sistema de
ideas culturalmente determinadas sobre las diferencias entre hombres y mujeres”
(Morales, 2019), por lo que “​no hay una sola ideología de género, sino múltiples
ideologías de género, dentro de las cuales es menester incluir la ideología
conservadora de género”​ (Morales, 2019). Existen muchas teorías en torno al género,
las cuales fueron desarrolladas por diferentes pensadores y en diferentes épocas que
tienen entre ellas choques teóricos y también acuerdos, que no buscan ser impuestos
como ideología ni tienen una institución social que lo haga.

Autores como Serrano-Amaya hacen hincapié en la utilización del término “ideología


de género” tergiversando su significado original y usándolo como un argumento
político, con un especial auge en América Latina, que busca deslegitimar las luchas
por los derechos civiles de la población LGTBIQ+. Indica que hay en “​los usos de
"ideología de género" por parte de sectores conservadores ​un recurso a variedad de
mecanismos para capturar el Estado y retroceder en los avances alcanzados, impedir
cambios e instaurar nuevas políticas autoritarias y excluyentes en términos de género
​ rrano-Amaya, 2019).
y sexualidad” (Se
Orientación sexual:

Se refiere a la ​“atracción física, romántica y/o emocional de una persona hacia otras
personas” (OMS, 2017). Es la preferencia o atracción que tiene un individuo por otro,
sea heterosexual (cuando la persona siente atracción por personas del sexo opuesto),
homosexual (cuando la persona siente atracción por su mismo sexo) o bisexual
(cuando la persona siente atracción por ambos sexos). Las personas homosexuales
se designan como personas gays si son hombres y lesbianas si son mujeres. Además
de los ya mencionados, existen personas que identifican su orientación sexual con
otros apelativos como asexual (persona que no siente atracción sexual), pansexual
(atracción romántica o sexual hacia otras personas independientemente de su género
o sexo), demisexual (atracción sexual solo cuando se ha establecido un fuerte vínculo
emocional o íntimo), entre otros.

Los sectores mayoritarios de nuestras sociedades e Iglesia han validado, de forma


histórica, únicamente al deseo heterosexual, de modo que las personas que
experimentan otro tipo de atracciones se suelen ver invisibilizadas o excluidas de las
dinámicas sociales y pastorales, llevando a que en muchos casos sean privadas de
sus derechos.

Identidad y expresión:

La identidad de género se entiende como la “experiencia interna e individual de género


profundamente sentida de cada persona, que puede corresponder o no con el sexo
asignado al nacer, incluido el sentido personal del cuerpo y otras expresiones de
género, incluyendo vestimenta, habla y gestos.” (OMS, 2017). Se refiere a la
percepción de sí mismo que se tiene con respecto al propio género o sexo. Alberto
Bardi y otros (2005) la definen como la convicción íntima, el sentimiento básico
internalizado de una persona, la experiencia psicológica interna de sentirse a sí mismo
de un sexo o de un género en concreto.

La expresión de género se refiere a ​“la forma en que un individuo presenta


externamente su género. Estas expresiones de género son típicamente a través de la
forma en que uno elige vestirse, hablar o generalmente comportarse socialmente (...)
La forma en que un individuo expresa su género no siempre es indicativa de su
identidad de género”​ (OMS, 2017).

Una persona puede saberse hombre o mujer (en términos de sexo), o saberse
masculino o femenina (en términos de género), y esta identidad puede coincidir con el
sexo determinado biológicamente (identidad cis) o puede no ser equivalente (identidad
trans). También hay personas que no se identifican con ninguno de los géneros
tradicionales, si no que se afirman parte de un género neutro, género fluido, un tercer
género o a-géneros. Algunos conceptos referentes a la identidad de género son:
● Transgénero: persona cuya identidad de género no coincide con el sexo
asignado al nacer.
● Transexual: persona cuya identidad de sexo no coincide con el sexo asignado
al nacer y por ello se somete a procedimientos médicos (cirugías y terapia
hormonal) para hacer coincidir su cuerpo con su identidad sexual.
● Travesti: suele referirse a personas que realizan la práctica de vestirse y
comportarse como el género contrario, usualmente desde un contexto de
entretenimiento.
● Queer: se refiere a las personas cuya identidad y/o expresión de género no se
define desde la binariedad tradicional (masculino-femenino).

A partir de los conceptos de identidad y orientación se desarrollan una gran variedad


de posibilidades en lo que compete a la sexualidad propia de una persona y tantas
opciones pueden resultar abrumadoras para quienes no se encuentran familiarizados
con los términos; por lo que podría caerse en quitarle validez a estas experiencias. En
2017, el cardenal Blase Cupich, arzobispo de Chicago, dijo: ​“Siempre hemos deseado
cerciorarnos de que iniciábamos el diálogo afirmando que todas las personas son
valiosas, que sus vidas deberían ser respetadas y que nosotros las respetemos. Por
eso pienso que los términos "gay" "lesbiana" y "LGTBIQ+", así como cualquier otro
término con que uno quiera definiese, deberían ser respetados. A la gente hay que
llamarla como quiere ser llamada, en lugar de inventarnos términos que tal vez nos
resulten menos incómodos. Así que empecemos por ahí”.

DIVERSIDAD SEXUAL, DISCRIMINACIÓN Y HOMOFOBIA

Sobre la diversidad sexual se han mantenido una serie de mitos y estereotipos a nivel
social que deben ser puestos en duda con el fin de poder eliminar cualquier elemento
de exclusión y falta de amor que podamos vivenciar en la Iglesia. Primeramente es
3
fundamental reconocer, como ya lo ha descubierto la ciencia , que la diversidad sexual
no es una enfermedad ni una perversión, por lo que no debe ser tratada médicamente,
ni psicológicamente, ni espiritualmente para curarla. Sí es aconsejable que si una
persona LGTBIQ+ lo requiere, realice un acompañamiento terapéutico o de dirección
espiritual tomando en cuenta que el proceso de descubrirse y aceptarse como una
persona diversa en su sexualidad no es fácil en medio de una sociedad homofóbica y
machista. Actualmente sabemos que la diversidad sexual debe ser considerada como
parte de la diversidad humana y no debe ser castigada ni curada, sino aceptada,
respetada y amada.

Históricamente ha existido un debate sobre si las personas LGTBIQ+ nacen de esta


forma o se van haciendo diversas en su sexualidad conforme van creciendo. Ni la
ciencia ni la Iglesia tienen actualmente una respuesta para esta inquietud, existen
teorías que afirman que la orientación e identidad sexual son construcciones que se
van elaborando conforme se desarrolla el proceso de socialización en la infancia y
otras que correlacionan la diversidad sexual con la presencia de ciertos genes o
condiciones al nacer. Sin embargo para la comunidad cristiana no es importante definir
lo anterior en tanto que la inclusión no depende de la respuesta a la que se llegue. La
persona LGTBIQ+ existe y es parte de la comunidad de fe de la Iglesia, debe acogerse
y amarse sin importar si su diversidad le viene dada desde el nacimiento o si su
historia personal de vida la fueron llevando a tener su orientación e identidad actual.

La discriminación basada en la orientación sexual es lo que conocemos como


homofobia. Pichardo y colaboradores (2007) la definen como “​una actitud hostil que
concibe y señala la orientación homosexual como contraria, inferior o anormal y a las
personas que la practican como pecadoras, enfermas, malas, delincuentes, criminales
o desequilibradas, llegando incluso a despojarlas de su condición de seres humanos.”
Actualmente es común y deseable utilizar además del término homofobia, otros que

3
​La homosexualidad fue desclasificada como enfermedad mental por la Asociación Americana de
Psiquiatría en 1973. La Organización Mundial de la Salud lo hizo en 1990.
hagan referencia también al miedo o rechazo por las demás poblaciones dentro de la
comunidad LGTBIQ+ como transfobia (rechazo a las personas cuya identidad sexual
no corresponde con la asignada al nacer), lesbofobia (rechazo a las mujeres
lesbianas), bifobia (rechazo a las personas bisexuales), entre otras.

Las raíces de la homofobia pueden ser variables según las personas, pero suelen
tener en común la visión de género machista y heteronormativa en la que el hombre
heterosexual y sus comportamientos históricamente aceptados (fuerza, promiscuidad,
dominación, insensibilidad, etc) son los deseados. En ese sentido Salas (2005) afirma
que “​la homofobia y el rechazo de lo femenino son dos caras de la misma moneda​”. La
persona homosexual, al salirse de la norma y poner en riesgo el privilegio patriarcal y
heterosexual, se presenta como una amenaza y por lo tanto se genera rechazo y
exclusión.

Instituto de la Mujer y para la Igualdad de Oportunidades (2015) del gobierno de


España establece que la homofobia se expresa de 5 formas:
● Cognitiva: se expresa en pensamientos y elaboraciones teóricas. Incluye
pensar que la homosexualidad, bisexualidad o transexualidad son
antinaturales, creer que es un pecado u opinar que las personas LGTBIQ+ no
deben tener los mismos derechos que el resto.
● Afectiva: se expresa a través de sentimientos de rechazo, temor o asco hacia
las personas que son o parecen LGTBIQ+.
● Conductual: se expresa en comportamientos de rechazo y exclusión activos.
● Liberal: a veces pasa desapercibida, consiste en pensar que el espacio público
debe de ser exclusivamente heterosexual y que la afectividad entre personas
del mismo sexo se debe de mantener en el espacio íntimo o privado,
considerando estas muestras de afecto ante los demás como una provocación
o una falta de respeto.
● Institucional: se da cuando el rechazo y la discriminación de las personas
LGTBIQ+ forma parte de las normas y el funcionamiento cotidiano de las
instituciones (estados, políticas públicas, centros educativos, hospitales,
empresas, entre otras).

La homofobia considera al diferente no como una persona individual sino como


miembro indivisible de un colectivo homogéneo al que se refiere como “los
otros-salvajes” en contraposición al “nosotros-civilizados” (Cornejo, 2012). Es decir, se
hace una des-humanización de la persona LGTBIQ+ de modo que se despoja de su
dignidad humana y se crean prejuicios y falsas imágenes estereotipadas sobre el o la
otra a quien se acaba considerando como un peligro, el culpable de amenazar la
cohesión cultural y moral de la sociedad. Lo anterior se evidencia en frases como “los
homosexuales pervierten a los niños”, “los homosexuales amenazan el modelo de
familia tradicional”, etc.

Sánchez (2008) señala que la discriminación consiste en un juicio de personas no


como humanos, sino como pura representación: de un grupo, de un comportamiento
determinado o un conjunto de prácticas, un modo de vida, valores o ‘antivalores’. Es
decir, el juicio de valor que se efectúa sobre la persona LGTBIQ+ pasa por alto la
dignidad individual y únicamente observa la ilusión de amenaza generada desde el
miedo a lo diferente o incomprendido. Aquí es donde la visión personalista cristiana
viene a hacer un gran aporte, la Fe de la Iglesia recuerda constantemente la dignidad
de cada persona, la cual deriva del hecho teológico de la filiación divina (ser hijas e
hijos amados de Dios) y como esta debe ser resguardada ante todo.

Ruiz (2007) señala que cualquier sistema ético debe dar cabida a la dignidad del
homosexual (y demás orientaciones) y no como ser-homosexual sino como ser
humano, que a través de su sexualidad sigue expresando su carácter de único, su ser
mismo personal, reclamando una dignidad absoluta. En palabras cristianas: la
dignidad humana nos viene dada por la condición de Hijos e Hijas de Dios, amadas y
dignificadas en la obra salvífica que Dios llevó a cabo por todas y todos; no nos viene
dada por la pertenencia a una orientación o identidad sexual determinada,

A pesar de lo anterior, aún es común que en muchas comunidades cristianas,


incluidos grupos pastorales de la Iglesia Católica, se experimente una fuerte
homofobia manifestada en comportamientos excluyentes e hirientes. Muchos jóvenes
católicos LGTBIQ+ se sienten excluidos y con miedo al irse descubriendo y esto
desemboca en un alejamiento no sólo de la comunidad, sino también en su relación
con Dios.

Un estudio publicado en la revista americana de medicina preventiva en el 2018


evidenció mayores probabilidades de ideación e intentos de suicidio en estudiantes
gays, lesbianas y que cuestionan su orientación sexual, para los cuales la religión
tenía gran importancia (Lytle, Blosnich, De Luca & Brownson, 2018). El tema de la
homofobia en la Iglesia no se refiere a nuevas ideas sobre género, luchas sociales o la
llamada “agenda gay”; sino que hace referencia a la dignidad de las personas, su
relación consigo mismas, con los demás, e incluso, con Dios. Se trata de la
universalidad del amor humanizante de Cristo y de la interpelante necesidad de que,
como Iglesia, transmitamos ese amor a cada ser humano.

La organización de estados americanos reporta en 25 de sus estados miembros entre


el 1° de enero de 2013 y el 31 de marzo de 2014 se reportaron 770 actos de violencia
y 594 asesinatos a personas LGTBIQ+ o que eran percibidas como LGTBIQ+
(Comisión interamericana de derechos humanos, 2015). Al 2019 la organización ILGA
(2019) en su documento “homofobia de estado, actualización del panorama global de
la legislación” reportó 68 paises en donde aún es ilegal la homosexualidad, 6 países
en donde se castiga y -otros 6 donde es posible- con la pena de muerte.

A partir de los datos anteriores se hace necesario el desarrollo de estrategias prácticas


e institucionales de educación sexual, de modo que los y las niñas, adolescentes y
jóvenes tengan un acompañamiento desde la afectividad. Este tipo de herramientas
permitirán la prevención de prejuicios, espacios libres de homofobia, madurez afectiva
y emocional, una educación sexual integral y aportarán incluso a la madurez espiritual
de las personas. Deben ser impulsados tanto en ambientes eclesiales como fuera de
estos.

DIVERSIDAD SEXUAL E IGLESIA CATÓLICA

Antes de exponer lo que la Iglesia ha enseñado en cuanto a temas de diversidad


sexual es importante recordar que todo texto, en este caso ya sea la Sagrada Escritura
como el Magisterio de la Iglesia Católica, ha sido escrito en un tiempo y en una cultura
en concreto, por lo que a la hora de leerlos es importante contextualizar lo que dicen
de forma explícita y llegar a la intención de fondo. Al respecto la Constitución
dogmática Dei Verbum sobre la divina Revelación, del año 1965 dice:

“Conviene, además, que el intérprete investigue el sentido que intentó expresar y


expresó el hagiógrafo en cada circunstancia según la condición de su tiempo y de su
cultura, según los géneros literarios usados en su época. Pues para entender
rectamente lo que el autor sagrado quiso afirmar en sus escritos, hay que atender
cuidadosamente tanto a las formas nativas usadas de pensar, de hablar o de narrar
vigentes en los tiempos del hagiógrafo, como a las que en aquella época solían usarse
en el trato mutuo de los hombres.”

Cuando se lee Magisterio más antiguo sobre homosexualidad se pueden encontrar


términos o ideas que actualmente están desactualizadas y pueden resultar ofensivas,
sin embargo, es vital saber que la sociedad ha avanzado de forma muy rápida y
positiva en temas de género y derechos, por lo que se deben contextualizar estas citas
magisteriales.

Con respecto a la Biblia, existen textos que suelen traducirse o interpretarse como
prohibiciones o condenas a la homosexualidad, pero como afirma el teólogo Daniel
Gloor (2015), ​“Es importante señalar el hecho de que ni la Biblia Hebrea ni el Nuevo
Testamento conocían expresiones que podrían ser traducidas por “homosexualidad” o
por “homosexual”, [​ por lo que] las traducciones que introducen estos términos se
acercan más a una interpretación que a una traducción.” Cualquier texto debe
entenderse, además, desde la sociedad patriarcal propia de las comunidades hebreas
de las épocas bíblicas. Antes de hacer lecturas literales, debe procurarse entender
cuál es el mensaje de fondo que el Espíritu Santo quería transmitir por medio de lo que
los escritores bíblicos, permeados por las dinámicas sociales de su época y cultura,
escribieron. Con respecto a los textos bíblicos que se han interpretado como
prohibiciones de la homosexualidad, la Pontificia Comisión Bíblica señala:
“​Ciertas formulaciones de los autores bíblicos, así como las normas
disciplinares del Levítico, requieren una interpretación inteligente que salvaguarde los
valores que el texto sagrado trata de promover, evitando así repetir al pie de la letra
todo lo que conlleva rasgos culturales de aquella época. La contribución ofrecida por
las ciencias humanas, junto a la reflexión de teólogos y moralistas, será indispensable
para una adecuada exposición del problema”​ (Pontificia Comisión Bíblica, 2019)

Si bien la Iglesia no posee un documento lo suficientemente explícito sobre las


cuestiones filosóficas, teológicas y pastorales concernientes a la diversidad sexual, sí
hay varios documentos que tocan el tema, entre los que destacan:
● “Carta a los obispos de la iglesia católica sobre la atención pastoral a las
personas homosexuales” de la Congregación para la Doctrina de la Fe del año
1986.
● “Algunas consideraciones acerca de la respuesta a propuestas legislativas
sobre la no discriminación de las personas homosexuales” de la Congregación
para la Doctrina de la Fe del año 1992.
● “Siempre Serán Nuestros Hijos: Un mensaje pastoral a los padres con hijos
homosexuales y sugerencias para agentes pastorales” del Comité para el
Matrimonio y la Familia de la Conferencia Nacional de Obispos Católicos de
USA en 1997.
● “Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las
uniones entre personas homosexuales” de la Congregación para la Doctrina de
la Fe del año 2004.
● “Sobre los criterios de discernimiento vocacional en relación con las personas
de tendencias homosexuales antes de su admisión al seminario y a las
órdenes sagradas” de la Congregación para la educación Católica del año
2005.
● Además de diferentes numerales dedicados al tema en documentos como:
o Catecismo de la Iglesia Católica del año 1992.
o “XIV asamblea General Ordinaria: La vocación y la misión de la familia
en la Iglesia y en el mundo contemporáneo” del Sínodo de los obispos
del año 2015.
o “Exhortación apostólica Amoris laetitia” del Papa Francisco del año
2016.
o “Varón y mujer los creó” de la Congregación para la educación católica
del año 2019.
o “¿Qué es el hombre?”, libro de la Pontificia Comisión Bíblica publicado
en el 2019 sobre el ser humano desde la Biblia.

Los documentos magisteriales son claros en la posición en contra de cualquier


discriminación con respecto a orientación e identidad sexual. La carta a los obispos
sobre la atención pastoral a personas homosexuales (1986) en el numeral 10 expresa:
“Es de deplorar con firmeza que las personas homosexuales hayan sido y sean
todavía objeto de expresiones malévolas y de acciones violentas. Tales
comportamientos merecen la condena de los pastores de la Iglesia (...) La dignidad
propia de toda persona siempre debe ser respetada”

Así mismo, el Catecismo de la Iglesia Católica (1992) en el numeral 2358 afirma: ​“Un
número apreciable de hombres y mujeres presentan tendencias homosexuales
profundamente arraigadas (...) Deben ser acogidos con respeto, compasión y
delicadeza. Se evitará, respecto a ellos, todo signo de discriminación injusta.” La
Iglesia Católica no considera la diversidad sexual como un pecado.

Recordando cómo la Iglesia es un espacio para todas y todos, y que el amor de Dios
es universal y llena de dignidad a todas las personas; el documento Final del Sínodo
de los Obispos Sobre Los jóvenes (2018) indica que: ​“Dios ama a cada persona, como
también lo hace la Iglesia, renovando su compromiso contra toda clase de
discriminación y violencia sexual.” En este mismo documento, la Iglesia recomienda
fortalecer la acción pastoral a favor de la comunidad LGTBIQ+ y dice: ​“En muchas
comunidades cristianas ya existen caminos de acompañamiento en la fe de personas
homosexuales: el Sínodo recomienda facilitar esos caminos. En ellos se ayuda a las
personas a leer su propia historia; a adherirse con libertad y responsabilidad a la
propia llamada bautismal; a reconocer el deseo de pertenecer y contribuir a la vida de
la comunidad y a discernir las mejores formas para que esto tenga lugar.”

Lo segundo que suele indicarse en los documentos es la posición moral de la Iglesia


con respecto a los actos homosexuales. Es importante rescatar que se habla de los
actos homosexuales y no de la persona homosexual. En torno a este tema, el
catecismo de la Iglesia en el numeral 2357 indica: ​“Los actos homosexuales son
intrínsecamente desordenados. Son contrarios a la ley natural. Cierran el acto sexual
al don de la vida. No proceden de una verdadera complementariedad afectiva y
sexual. No pueden recibir aprobación en ningún caso.”

Para la Iglesia, una sana genitalidad o un sano acto sexual, es aquel que se da en el
contexto del amor, el placer y la generatividad (posibilidad de generar vida); debido a
que estos tres elementos responden al fin original con el que Dios creó el acto sexual.
Cualquier práctica en la que uno de estos elementos no se encuentre, no es
moralmente aceptada por la Iglesia. Dentro de las prácticas que privan el acto sexual
al don de la vida también se pueden encontrar: el uso de preservativos, el sexo oral,
las relaciones coitales homosexuales, entre otras.

Bajo este supuesto, a una persona diversa en su sexualidad, se le propone, al igual


que a todas las personas católicas, la vivencia de la castidad, implicando, en este
caso, la abstinencia sexual. Sin embargo debe tomarse en cuenta que si dos persona
viven en una realidad de pareja formal homosexual (así como las parejas
heterosexuales en unión libre) no significa de ninguna manera la excomunión de la
comunidad eclesial.

El Catecismo de la Iglesia (no. 2337) define la castidad como la “​Integración lograda


de la sexualidad en la persona, y por ello en la unidad interior del hombre en su ser
corporal y espiritual”. Más adelante, en el numeral 2359 se establece que ​“Las
personas homosexuales están llamadas a la castidad. Mediante virtudes de dominio
de sí mismo que eduquen la libertad interior, y a veces mediante el apoyo de una
amistad desinteresada, de la oración y la gracia sacramental, pueden y deben
acercarse gradual y resueltamente a la perfección cristiana.”

A la hora de proponerle la castidad a una persona LGTBIQ+ se debe tomar en cuenta


dos aspectos fundamentales:
1. Es una propuesta, no un requisito. Es decir, no se exige a un homosexual que
viva la castidad para poder participar en las acciones de la Iglesia, sino que a la
persona, una vez dentro de la comunidad, después de haber sido acogida, se
le propone la santidad como un ideal por alcanzar, que dignifica y humaniza a
la persona; y dentro de esa propuesta de santidad va la propuesta de la
castidad.
2. Ámbito en que se trabaja. Cualquier elemento concerniente a la sexualidad de
una persona compete al fuero interno de ésta, más aún si nos referimos a un
tema de conciencias; lo cual es sagrado para la Iglesia. La castidad de
cualquier persona no debe ser trabajada a nivel comunitario, exponiendo a la
persona en su privacidad; sino que se conversa y evalúa en la intimidad de una
conversación personal, la dirección espiritual o la confesión; siempre
respetando la decisión, los tiempos y los sentimientos de la persona.

Cuando en la Iglesia se habla de moral, no se debe entender como un conjunto de


reglas inquebrantables, de blanco y negro y extremos comportamentales. Sino que se
habla de ideales por seguir, en el contexto de una persona la cual posee una historia
de vida y elementos que funcionan como agravantes o atenuantes del juicio moral a
realizar. El numeral 1735 del catecismo señala que ​“la imputabilidad y la
responsabilidad de una acción pueden quedar disminuidas e incluso suprimidas a
causa de la ignorancia, la inadvertencia, la violencia, el temor, los hábitos, los afectos
desordenados y otros factores psíquicos o sociales​”. El 1754 señala que ​“las
circunstancias pueden agravar o disminuir la responsabilidad moral”​ ; y finalmente el
numeral 1860 señala que ​“la ignorancia involuntaria puede disminuir, y aún excusar, la
imputabilidad de una falta grave, pero se supone que nadie ignora los principios de la
ley moral que están inscritos en la conciencia de todo hombre. Los impulsos de la
sensibilidad, las pasiones pueden igualmente reducir el carácter voluntario y libre de la
falta, lo mismo que las presiones exteriores o los trastornos patológicos. El pecado
más grave es el que se comete por malicia, por elección deliberada del mal.”

ASPECTOS PASTORALES

La acción pastoral de la Iglesia de frente a una persona LGTBIQ+ debe ser la misma
que con cualquier otra persona, los pasos del discipulado se aplican igualmente a
cualquier católico, pero centrados en las experiencias concretas de cada uno. Se
destacan los siguientes momentos pastorales:

1. Evangelizar​: cualquier acción pastoral se centra en la evangelización, es decir,


transmitir la experiencia de relación con Jesús a los demás. El papa Francisco en
la exhortación apostólica Evangelii gaudium (2013) en el 8vo numeral, recalca el
hecho de ser evangelizados como esa oportunidad de conocer del amor de Dios
con cada persona y de esta forma entrar en relación con la Trascendencia que
dignifica y llena de valor la vida; afirma: ​“Llegamos a ser plenamente humanos
cuando somos más que humanos, cuando le permitimos a Dios que nos lleve más
allá de nosotros mismos para alcanzar nuestro ser más verdadero. Allí está el
manantial de la acción evangelizadora. Porque, si alguien ha acogido ese amor
que le devuelve el sentido de la vida, ¿cómo puede contener el deseo de
comunicarlo a otros?”​. La persona LGTBIQ+ tiene derecho a saber del profundo
amor que Dios le tiene, y de cómo su obra salvífica fue realizada también por ella.
La invitación a la santidad como respuesta ante el amor de Cristo también le
compete a las personas LGTBIQ+ y es nuestra misión como Iglesia hacerles
partícipes de esta vocación que poseen.

2. Incluir: Cuando revisamos nuestras prácticas pastorales, nos damos cuenta que a
muchos seres humanos no llega ni el mensaje ni el testimonio cristiano: hay una
distancia psicológica y cultural que lo impide. Hay quienes no creen que la vida en
la Iglesia sea para ellos, quienes se sienten excluidos del amor de Cristo y de la
comunidad. Resulta fundamental revisar la forma en la que en nuestro grupo
pastoral concreto nos comportamos y pensamos, de modo que nuestras acciones,
carismas y espiritualidades resulten amigables, seguras y acogedoras para todas
y todos los que quieran participar de nuestra experiencia. El papa Francisco nos
invita a ir a las periferias, no a modo de misión caritativa o de “abajamiento” con
los que viven en las realidades existenciales de nuestras sociedades, sino como
una experiencia de comunidad, para que aquellos que participan de poblaciones
históricamente excluidas se sientan bienvenidos y puedan formar parte de modo
protagónico en nuestras dinámicas pastorales. La inclusión de la población
LGTBIQ+ en nuestras comunidades debe propiciar la participación activa de las
personas diversas sexualmente no solo como receptores del mensaje evangélico,
sino como sujetos activos en la Iglesia.

3. Acompañar: todos los seres humanos ocupamos de relaciones de confianza que


sean un espacio de crecimiento y conversión. En el encuentro con el otro se
desarrolla un espacio privilegiado para el crecimiento en la Fe. Ya sea en el
contexto de una dirección espiritual con un fiel con más experiencia o en la
amistad comunitaria, se requiere el acompañamiento mutuo entre los hermanos
de una comunidad. “​Su sentido primero consiste en un encuentro entre dos
personas; encuentro vivo, humano, cordial, y encuentro espiritual. Es, ante todo,
relación personal, que implica estar presente totalmente, en el otro (…) En el
desarrollo moral de la conciencia el verdadero camino pasa por acompañar,
buscar y ver juntos, ayudar a discernir, confrontar y valorar. A través del
acompañamiento es posible guiar en la búsqueda de la verdad; es posible ayudar
a valorar y confrontarse con la ley y, sobre todo, es posible orientar al
discernimiento ético y a construir una conciencia moral adulta y autónoma​”
(Ospina, 2010, p. 310-311). La población LGTBIQ+ ocupa de acompañamiento
para, como cualquier otro fiel, crecer en una sana relación con Cristo, la
comunidad, sí mismo y el ambiente.

Este acompañamiento implica saber relacionar las orientaciones del ideal cristiano
con las situaciones concretas de las personas. ​Además, todo proceso
educativo-pastoral exige, para ser correcto, que al aplicar a una determinada
categoría de personas los principios generales, sean adaptados a las condiciones
reales y a las exigencias de los destinatarios, significa que no todo se debe decir y
exigir de una vez. Si no existe una fe madura, difícilmente se pueden comprender
sus exigencias y aceptar la normativa moral. El destinatario de la misión eclesial
no es un recipiente que hay que llenar con verdades y propuestas morales. Es un
sujeto activo, dueño de su destino y de su vida. (Ospina, 2010).

En muchas ocasiones sucede que la realidad de una persona LGTBIQ+ es ajena a la


del líder de la comunidad o de algunos de sus miembros, por lo que resulta difícil
encontrar las palabras correctas por decir cuando la persona decide abrirse y contar
4
sobre su propia sexualidad. Por eso mencionaremos 3 cosas que se deben
mencionar y hacer ver a una persona diversa en su sexualidad por parte de la Iglesia:

1. Dios tiene un proyecto de vida con vos: Dios está interesado en tener una
relación real con las personas LGTBIQ+, las ama profundamente y quiere
humanizarlas dignificándolas con su amor. Dios sueña con que las personas
LGTBIQ+ sean amadas, libres, conscientes de su dignidad, seguras de sí
mismas, empoderadas por su vocación individual, que conozcan del amor que
Dios les tiene y que se comprometan con el amor al prójimo. Dios sueña con la
santidad de las personas LGTBIQ+.

2. Te amamos: Las personas LGTBIQ+ deben saber que como Iglesia universal
las amamos, porque el amor que Cristo nos da, nos enseña a amar a todas y
todos. El trabajo por la construcción del Reino de Dios que hace la comunidad
católica también es en pro de las personas sexualmente diversas, y esto debe
demostrarse en acciones concretas de inclusión y acogida. Esto debe ser aún
más notorio en la pequeña comunidad a la que pertenezca la persona, de
modo que se sienta amada por quienes caminan a su lado.

3. Nos interesás vos y tu historia: Puede suceder que la persona LGTBIQ+ sea
incluida dentro de la comunidad, pero aún así el tema de su diversidad siga

4
Elementos mencionados por el director del apostolado católico Courage International, Fr. Philip
Bochanski, en una charla dada en el congreso anual de católicos universitarios del movimiento FOCUS en
2017, denominada: “These are my attractions: What’s my vocation? (Estas son mis atracciones: ¿Cuál es
mi vocación?)”
siendo un tabú y no se toque. Es importante que las personas se sientan
escuchadas y comprendidas en todas sus dimensiones. Como Iglesia debemos
interesarnos por la historia de estas personas, incluidos los elementos de su
sexualidad, su descubrimiento, dificultades, sentimientos, afectos, relaciones,
etc.

Ha existido una cierta tensión entre la comunidad LGTBIQ+ y la jerarquía Católica. El


sacerdote Jesuita James Martin en su libro “Tender un puente” (2019) explica que
como cristianos y cristianas debemos tener una relación de diálogo y caridad mutua, la
cual debe establecerse con iniciativa de ambos agentes, tanto desde la población
LGTBIQ+ hacia la jerarquía católica como desde la institución religiosa a los colectivos
personas sexualmente diversas. Para el sacerdote, esta relación debe estar
caracterizada por los términos que utiliza el Catecismo de la Iglesia Católica (No.
2358): Respeto, compasión y sensibilidad. Con respecto a este puente por construir
afirma: “​Cuesta vivir una vida basada en el respeto, la compasión y la sensibilidad.
Pero confiar en ese puente significa confiar en que, al final, la gente será capaz de
recorrerlo fácilmente en un sentido y en otro, y que tanto la jerarquía como la
comunidad LGBT sabrán encontrarse, acompañarse y amarse mutuamente”. ​(Martin,
2019)

TALLER

Objetivos específicos Contenidos Materiales Actividades de Mediación

1.1. Observar la percepción que Mitos y Vendas “​Línea de la verdad” C​ onsiste en que todas las personas
prejuicios sobre Lista de mitos se colocan en una fila con los ojos vendados, y ante una
tienen las personas sobre los serie de afirmaciones deberán moverse hacia un lado si
las personas y prejuicios
mitos y prejuicios que hay sexualmente consideran que la afirmación es cierta o hacia el otro si
en torno a las personas consideran que la afirmación es falsa.
diversas
Papel Se hacen grupos, dependiendo de la cantidad de los
sexualmente diversas. participantes, se le entrega a cada grupo un pliego de
periódico
Lista de papel periódico con una línea dividiéndolo en dos lados y
acciones se rotula como parejas homosexuales y parejas
heterosexuales (también puede usarse persona
homosexual/ persona heterosexual; según el contexto), y
se les entrega la lista de acciones. Los participantes
deberán clasificar cada acción según si corresponde a una
pareja homosexual o heterosexual.
1.2. Discutir en torno a temas de Temas Presentación Exposición dialogada de los conceptos a desarrollar. Esta
desarrollados Videos tendrá de apoyo una presentación. Además se utilizará el
sexualidad, discriminación,
en el marco Video beam apoyo de videos sobre el tema con el fin enriquecer la
pastoral y población teórico. Sonido discusión.
LGTBIQ+, con el fin de
aclarar conceptos y generar
entre todos propuestas de
cómo deben ser incluidas
estas poblaciones en la
Iglesia.
1.3. Desarrollar los conceptos
más comunes con los que la
población + define su
orientación e identidad
sexual.

Videos:
1. In a heartbeat: ​https://www.youtube.com/watch?v=2REkk9SCRn0&t
2. La cita (sexualidad): ​http://www.youtube.com/watch?v=Le50Ejr7BE8

Afirmaciones para la línea de la verdad  


1. Las personas homosexuales cometen pecado. 
2. Las personas diversas a nivel sexual son más promiscuas. 
3. Las personas homosexuales no deben comulgar. 
4. La homosexualidad es una desviación. 
5. Me dan asco las personas homosexuales. 
6. Las personas homosexuales pueden amar 
7. Las personas homosexuales están enfermas. 
8. A Dios no le gusta la homosexualidad. 
9. Las personas transgénero tienen un trastorno psicológico. 
10. Las personas homosexuales son así porque de niños sufrieron una violación. 
11. Los homosexuales no nacen, se hacen. 
12. Las  personas  con  diversidad  sexual  suelen  tener  infecciones  de  transmisión 
sexual. 
13. Una persona homosexual es igual a mí. 
14. La homosexualidad está bien mientras no se metan conmigo. 
15. El problema de los homosexuales es que les gusta exhibirse. 
16. La homosexualidad deprava a los niños. 
17. La homosexualidad es el fruto de una sociedad sin valores. 
 
Frases parejas heterosexuales vs. parejas homosexuales: 
 
● Ir a misa juntos  ● Regalarse flores 
● Darse la paz en misa de beso  ● Buscar juntos la santidad 
● Orar juntos  ● Presentarse mutuamente a los 
● Ir a un bar juntos  familiares 
● Bailar juntos en público  ● Asistir juntos a su grupo juvenil 
● Darse un beso frente a un niño  ● Ser infieles 
● Pelear  ● Mentirse 
● Ser promiscuos  ● Besarse 
● Dialogar  ● Abrazarse 
● Tener problemas  ● Caminar juntos de la mano 
● Tener una vida sexual activa  ● Ir a un motel 
● Consumir drogas juntos  ● Celebrar aniversarios 
● Ser celosos   
● Celebrar aniversarios 
 
Frases personas heterosexuales vs. personas homosexuales: 
 
● Orar  ● Besar 
● Tener amigos del mismo sexo  ● Asistir a un grupo juvenil 
● Asistir a misa  ● Llorar 
● Tener una vida sexual activa  ● Sentirse triste 
● Tener pareja  ● Estar sólo (a) 
● Trabajar con niños  ● Ver pornografía 
● Dar catequesis  ● Pelearse con sus padres 
● Abrazar a un amigo (a) del  ● Ser santo (a) 
mismo sexo  ● Ser sacerdote/ ser religiosa 
● Irse de fiesta  ● Ser exitoso (a) 
● Estudiar  ● Ser feliz 
● Discutir en redes sociales  ● Discutir sobre teología con sus 
● Confesarse  amigas y amigos 
● Tener un director (a) espiritual  ● Caminar con su pareja por la 
● Ser coordinador (a) de su  calle 
comunidad  ● Bailar con alguien más 
● Servir con su música en misa  ● Portarse mal 
● Dar una charla 

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