dEL txistu a la Telecaster.
Crónica del rock vasco
INTRO. ¡APARTATE, BEETHOVEN!
1. SE HA ROTO EL ANFORA
2. DIOS SALVE AL LENDAKARI
3. ROCK RADICAL
4. TIEMPOS DE CAMISA DE FUERZA
5. EL ROCK DE LA DESCARGA
6. VISITAS AL PLANETA VASCO
7. LA SANTISIMA TRINIDAD DEL ROCK
8. GRUPOS
9. LETRAS
Intro. ¡Apártate, Beethoven! (años 60-70)
«La gran poesía de nuestra época es el Rock. En él, las palabras son tan importantes
como el ritmo. Jamás nadie ha asistido a semejante renacimiento poético desde Homero.
Es el retorno de los bardos anteriores a la escritura, el retorno a la época oral. Es el
reencuentro planetario. El Rock se canta en China, en la URSS, en todos los países del
mundo. El Rock es el idioma universal. El idioma del gesto y del grito. El idioma de la
comunicación y la participación. Es una revolución fantástica». Marshall McLuhan.
El rock es un proceso cultural típicamente urbano que apa «reció en las ciudades
industrializadas norteamericanas a mediados de los años cincuenta, tras la segunda
confrontación bélica mundial y la gran explosión nuclear, cuando ya las cosas nunca
podrían volver a ser como antes. La humanidad necesitaba urgentemente un revulsivo
para salir de la depresión y del desarraigo producidos por la guerra y la emigración
masiva de europeos y asiáticos a Estados Unidos; necesitaba algo para olvidar el hongo
atómico, algo que tapara el ruido del tráfico, el fragor de las máquinas y el parloteo de
los vecinos. La humanidad necesitaba imperiosamente un micrófono para hacerse oír.
Necesitaba amplificar su alma, perdida en los solares llenos de escombro de la nueva
era emergente.
El rock fusionó dos mundos opuestos y enfrentados: el mundo blanco y el negro, el
ying y el yang, oriente y occidente, el principio y el fin, la melodía anglosajona y el
ritmo africano. El rock propició especialmente la entrada de la juventud en las c
páginas históricas. No era únicamente un estilo de música -como opinan los puristas del
rock&roll- sino una actitud nueva, arrogante e inteligente ante la vida, estimulada por el
desarrollo industrial y el bienestar económico de los sesenta. El rock no inventó el sexo
ni las drogas ni el baile pecaminoso ni las propuestas sociales revolucionarias. El rock
electrificó las mentalidades rurales, de un modo parecido a como los renacentistas
rompieron con el siervo de la gleba supersticioso y vencido de la Edad Media.
Lo único que hizo el rock fue decir:
¡Roll over Beethoven! ¡Deja paso, Ludwig, nos parecen muy bien tus sinfonías pero ha
llegado la hora de nuestra revancha!
En Euskadi ha habido rock desde siempre, desde los primerísimos años sesenta, pero era
un rock hasta cierto punto impersonal, sin raíces. Hubiera sido impensable en aquella
época mezclar, Ô por ejemplo, la guitarra eléctrica y la trikitrixa. Para empezar, era
impensable para la inmensa mayoría de los jóvenes comprarse una guitarra eléctrica. De
lo único que se disponía era de las famosas «pastillas», que no se ingerían sino que se
acoplaban en el agujero de las guitarras españolas de toda la vida. Entonces, ¿dónde
están todos esos gloriosos pioneros? ¿en qué libro han quedado reflejados sus nombres?
Bueno, hubo muchos músicos pero casi ninguno fue famoso; no sólo hubo muchos sino
que eran buenísimos. Su máximo afán sin embargo era «copiar» a la perfección las
canciones de los grandes grupos anglosajones: Shadows, Beatles, Rolling Stones,
Kinks, Credenceé ƒse era su toque de calidad y de distinción, esa era la pauta que
marcaba su clase. Ni el cero coma siete por ciento de los grupos actuales sería capaz de
tocar esas canciones tan bien como ellos lo hicieron, aunque no hayan pasado a la
historia.
«é los que escriben sobre rockers, hippis, freaks y com ëuneros casi nunca son ni han
sido ni lo uno ni lo otro -escribiría años más tarde Pau Mavido en la revista
contracultural catalana Star- La gente lanzada a la vida rara raramente tiene el tiempo y
las ganas de ponerse a escribiré Y luego salen artículos como los de Ajoblanco en los
que se entierra al hippismo calificándolo de snobs americanos y ricos. Es natural que los
Racioneros, Ribas y compañía piensen esto, porque ellos mismos, gente procedente de
ambientes intelectuales ricos y con vocación elitista, si fueron hippis lo fueron al estilo
snob, y si no lo fueron, la idea que pudieron hacerse venía de amigos hippis ricos y de
cuatro libritos yanquis de lo más académico y tontoé La masa hippi y freak de
Barcelona y comarca poco tuvo que ver con esta gente. Eran mas bien en sus orígenes
izquierdistas desengañados o agotados, pequeño-burgueses mas bien pobretones,
mezclados con grifotas de la línea tradicional (gente del barrio chino) y extranjeros
peregrinantes. Y los rockeros de antes, õ los de los años 60-65, estaban muy lejos de
los intelectuales snobs. Eran chavas, charnas o pijis pero no mentes destinadas al
comercio de la letra. El baile Tokyo fue cerrado por cuestión de drogas allá por el año
1964. No eran drogas destinadas a hippis o freaks. Era grifa de la de siempre, la que
según se decía fumaban los lejías (legionarios)é Allí actuaban los Salvajes, los más ye-
yéé habían estado en Alemania (España y Alemania quedaban muy cerca gracias a la
inmigración forzosa de centenares de miles de trabajadores). De allí volvieron con
largas melenas y vestidos de negro, no al estilo beatle de entonces (americana sin cuello
y melenita) sino mas bien al estilo Rolling Stones. Todos los ye-yés de camisa negra,
cuello levantado por detrás, pantalones negros de tergal acampanados (32 centímetros
de ancho por abajo); los bitelianos de botines en punta, los pijis (que eran los ye-yé más
ricos, conjuntos de chicos de Preu, 600 trucado)é todos se encontraron juntos formando
masa en los conciert ûos del Palacio de los Deportes en el año 64é miraban asombrados
hacia todos lados, dándose cuenta de que eran bastantes los que vestían de forma rara y
llevaban el pelo largoé Las salas de baile que habían estado controladas por Falange (al
acabar sonaba el himno nacional) empezaron a convertirse en dancings primero y en
boites y discotheques despuésé Todo esto coincide con el auge de los Beatles, con su
fase más puramente rockera, cuando estaban mucho más de moda entre los chavas y los
ye-yés golfos que entre los estudiantes de familias ricas o más cultas, que hacían las
fiestecitas de los sábados a base de música francesa, italiana y americana nostálgica
(Elvis). Toda esa oleada rockera recogió a los supervivientes de las grandes bandas de
los barrios. Bandas de jóvenes con un espíritu territorial muy fuerte, rozando a veces la
delincuencia, imponiendo su ley en la zona que les correspondía, enfrentados o
mezclados con elementos falangistas según la zona, sin ningún lugar al que ir aparte de
alguna sal ýa de futbolines. La Banda era la forma espontánea de organizar el tiempo
libre y de escapar de una sociedad super-controlada, rígida, miedosa, míseraé Debo
confesar que escribiendo toda esta historia me doy cuenta de las pocas referencias que
poseo -continúa Pau Malvido- Las personales, las de algunos amigos y poca cosa másé
Y es que resulta que en la prensa no salía nada. Los estudiosos tampoco se han
entretenido en ver la vida cotidiana de la juventud de este país durante todos estos años.
Hay historias de las luchas sociales importantes, de la literatura durante el franquismo,
del desarrollo económico, de los movimientos políticos, de poesía y pintura. Pero,
aparte de alguna película y alguna novela, nadie cuenta nada de lo que hacía la gente
durante su tiempo libre, los usos y costumbres, sus manías privadasé »
En aquella oscura época de mediados de los sesenta, cuando en Nueva York todos los
adictos a la Factory de Andy Warhol se atiborraban de pastillas, y el doctor Roberts les
ponía inyecciones intr ÿamusculares de ácido lisérgico, aquí no se había pasado de la
ginebra de garrafa y del quinto de cerveza, pero todo se andaría. Para algunos, la
auténtica droga era la música, como para Joaquín Luqui que en 1966, antes de los 40
Principales, tenía un programa en Radio Requeté de Navarra -Requeterritmo- además de
colaborar en el Pensamiento Navarro de Pamplona.
«Manifestación de jóvenes de 14 a 16 años en Bilbao; gritan por las calles: Queremos
baile». (Hoja del Lunes de Bilbao, 1966).
«Ahora, cuando vengan Los Brincos, os pido que no os mováis de vuestros sitios.
Pensad que si armáis mucho alboroto, no tendréis más festivales y, cuando termine
todo, os vais tranquilamente a vuestras casas». (Pepe Palau, locutor de radio, a los
jóvenes que presenciaban el festival de conjuntos en el Palacio de los Deportes de
Madrid, en 1966)
Había una diferencia horaria, sí, y también de medios, claro, y por supuesto de
expresión. Los conjuntos vascos coetáneos de los Mustangs, Sírexs, etc, no se
planteaban tampoco componer ÿcanciones porque eraé una horterada. Sólo
contadísimas formaciones -Salvajes, Gatos Negros, Lone Star, Brincos- hacían sus
propios temas. Los demás se limitaban a bordar el repertorio íntegro de Kinks, por
ejemplo, cantando en un inglés cuando menos sospechoso. Los «horteras» (término que
floreció tanto como la primavera de los hippies californianos) se limitaban a versionear
en castellano, provocando la vergŸenza ajena. A pesar de eso, España fue uno de los
pocos países donde la versión nacional de una canción se vendía más que la original
extranjera, lo que imposibilitó tener grandes grupos propios.
Así que, los anales sólo recogen los nombres de esos grupos que dejaron una impronta;
el resto tuvo que conformarse con actuar en las verbenas de los pueblos, donde su
virtuosismo se diluía entre rancheras, pasodobles y canciones italianas de San Remo.
Todos estos grupos anónimos hubieran podido sacar más provecho de su tiempo y su
talento, pero la mili principalmente, el trabajo fijo en Altos Hornos o la oposi ción
familiar acabaron de cuajo con sus sueños de grandeza. Había que «meter» demasiadas
horas ensayando, había que recorrer muchos kilómetros por carreteras de mala muerte;
había que enfrentarse continuamente con la voracidad de los representantes artísticos,
con la avaricia de los dueños de discotecas y salas, con las suspicacias de los amigos y
conocidos, con las caras largas del padre y los suspiros entrecortados de la madre. La
música «moderna» era un callejón sin salida.
Como la mayoría de los integrantes de estos conjuntos no había pasado por el
conservatorio, el Sindicato Vertical de Músicos se negaba a reconocerlos como tales y
los incluía en el apartado de «artistas de circo y variedades». Para lograr el carnet había
que pasar un examen en el que lo que menos importaba, claro, era que supieran tocar
bien, pues lo más recomendable eraé hacer el payaso. En el carnet que te daban, que no
era de músico sino de payaso, las autoridades ponían un tampón que decía: No apto para
hacer baile. Y cuando los gr upos iban a actuar y les pedían el carnet, si no lo tenían
venía la guardia civil y prohibía la actuación. Finalmente, los empresarios se opusieron
a esta medida del sindicato que dañaba sus intereses, y lograron que los conjuntos
pudiesen actuar, si al menos la mitad tenía el preciado y ridículo carnet.
El precio de los instrumentos era exorbitante, el doble de caros que en Londres. Los
uniformes que había que hacerse para ser un conjunto como dios manda también valían
lo suyo. La autoridad prohibía sistemáticamente los festivales, aunque fueran matinales.
La prensa contribuía con su alarmismo amarillista al clima de nerviosismo social
provocado por la aparición de los conjuntos y ese mundo de pelo largo y pantalones
acampanados que les circundaba.«Pero cuando un Ganímedes con melena femenina,
camiseta floreada y guitarra canta (es un decir) sin gusto, voz ni inspiración canciones
contra la guerra» Cuando el hombre abdica de su condición y la mujer le sustituye en su
virilidad» Se tocarán las consecuencias de tanto melenudo protestón, de tanto
afeminado cobarde, de tanto antimilitarista», se podía leer en un diario de Palma de
Mallorca, en 1967. En televisión, la oposición era manifiesta: TVE tenía prohibido
actuar a grupos «peludos». Una famosa cervecería madrileña colocó a la entrada un
cartel que rezaba: prohibida la entrada a hippies, beatnicks, etc (el etcétera era suyo).
En 1968, Joaquín Luqui fundó en Pamplona el primer periódico musical español, Disco
Express, aunque ya existían revistas como Fans, Fonorama, Discóbolo o Teleguía. Por
entonces también había nacido Mundo Joven, codirigida por José María Iñigo, Manu
Leguineche y Jesús Picatoste. Estas dos nuevas publicaciones serían fundamentales en
el incipiente movimiento juvenil. El periodista Jesús Ordovás ha escrito un libro titulado
Historia de la música pop española que ayuda a conocer el ambiente de los tiempos que
corrían.
Con el auge de las discotecas, de la música enlatada y de la canción protesta, la era
dorada de los conjuntos pasó casi sin h aber existido. Miles de grupos modestos
desaparecieron. Fueron años especialmente inciertos, de redadas y estados de
excepción, de la ley de Peligrosidad Social (1970), de cortes de pelo colectivos en
comisaría, de movimientos de liberación en todo el mundo, del cierre de locales, de
efervescencia revolucionaria. El rock estaba de capa caída por retrógrado. Los ingenuos
ye-yés habían sido barridos del mapa. La gente miraba con desconfianza los guitarreos
imperialistas. Brian Jones, Jim Morrison, Janis Joplin y Jimi Hendrix estaban muertos y
a nadie parecía importarle. Los Beatles se habían separado. El gran muermo se apoderó
de las comunas. Surgieron cantautores como setas. Nadie se atrevía o veía la necesidad
de coger una guitarra eléctrica y poner música a la nueva situación socio-política, que
estaba que ardía. Aguaviva, Serrat, Raimon, recitales prohibidos, panfletos, grises a
caballo, la manguera, registros, brutalidad, represión, odio, no nos moverán, igual que el
pino junto a la ribera, colectivismo, p ropaganda, la revolución cultural maoísta, el
marxismo-leninismo, la tortura, las barbas, la maxi-falda, Eurovisión, Manson, Angela
Davies, Bernardette Devlin, la universidad, las huelgas, el Régimen, la descolonización
de çfrica, la guerra de Vietnam, el mayo francés, los besos cortados de las películas.
Del quince años tiene mi amor, del Dúo Dinámico, o el Amarillo el submarino es de los
Mustangs, se había pasado al cuando ya nada se espera personalmente exaltante de
Gabriel Celaya y Paco Ibáñez. Pero, a todo esto, ¿seguía habiendo rockeros? Era más
fácil encontrar flores en el mar, sobre todo en Euskadi. Cualquier ínfula ideológica que
hubieran podido tener las primeras generaciones de rockeros, fue inmolada en el altar de
la exacerbación política que marcó el cambio de década en España. Muchos jóvenes
guardaron bajo siete llaves su colección de música moderna, abjurando del beat
británico y del hippismo californiano. El rock se convirtió en folk-rock o en jazz-rock y
los nuevos profetas empezaron a hacer pintadas entresacadas del libro de estilo de
Nanterre y de las escuelas de arte de UK.
Por entonces, el rock era una aberración, una grosería, de mala educación. Al preso
número nueve ya lo van a ajusticiar, la guerra ha empezado y Johnny ha de partir, where
have all the flowers gone? Pete Seeger, Georges Brassens, Peter, Paul&Mary, las
guitarras acústicas de doce cuerdas, Mocedades, en abril nació el amor, de agua clara yo
lo regué, Dama, dama, de alta cuna, de baja cama, Amores se van marchando como las
olas del mar, Al partir un beso y una flor. Los rockeros salían de vez en cuando en las
revistas, con su tupé Elvis y su burbujeante simpatía yeyé. Lo serio se dirimía en otros
ámbitos. En Triunfo.
La reacción policial no se hizo esperar. Eran demasiadas gargantas entonando himnos
republicanos y separatistas. La ikurriña subió a los montes, y cuando estuvo allí gritó. El
cuba-libre se transformó en Rioja-libre; los seminaristas se convirtieron al marxismo.
Nuevos registros, detenciones masivas en Euskadi, ni ños pequeños de espectadores, la
central de Lemóniz, el proceso de Burgos, los sociales, las asambleas, los
interrogatorios, el hachís afgano, nepalí y libanés, el Lute, los tricornios, Dalí, el
Fugitivo, Historias para no dormir, Bob Kennedy.
Fueron años de eclecticismo musical, se acuñó el término fusion, aparecieron las
primeras tecnologías, los primitivos sintetizadores, el melotrón. La música disco, el
sinfonismo, el experimentalismo (música progresiva) y el heavy-metal dominaban el
mercado. Los únicos grupos de a pie que se mantuvieron fueron precisamente los de
esta tendencia dura del rock. Eran grupos de barrio, reconvertidos en orquestas de
verbena muchos de ellos, que se desfogaban en contadas actuaciones rockeras tocando
temas de Deep Purple, Uriah Heep, Grand Funk o Free.
Nuestro cronista catalán Pau Malvido tiene algún testimonio más de primera mano
sobre esos iniciales años setenta. Obviamente, el escenario vasco era diferente pero los
movimientos juveniles se asemejaban en todas partes, y en t odos ellos hacían furor las
sustancias estupefacientes, incluso entre los más politizados:
«El LSD corría de mano en mano, rodeado de misterio y euforia. Los primeros grupos
de hippies fumadores de hierba y chocolate, mezclados con grifotas, se vieron
ampliados en número y en rollo por sucesivas oleadas de alucinadosé El estudiantillo
que se sentía a la contra y que no hallaba su lugar en la lucha política estudiantil, que
entonces estaba amuermadilla, podía conectar rápidamente con los raros y adquirir todo
su rollo velozmente, sobrepasándolos incluso en cuanto a desmadre. Llegaban más
frescos y lozanos. Rápidamente LSD y enrollada cósmica y vacile chocolatero y
dibujitos y sandalias de cuero, anillos y lo que fuese. Todo a la vezé Las nuevas
generaciones, las que pasaron directamente de papá y bachillerato a hippismo y LSD,
las que formaban ya pequeñas masas en los conciertos, despertaron el interés de gente
más vieja, que en el momento del primer hippismo-grifota se habían enterado de algo
pero habían cont inuado con su política, con su carrera universitaria, con su empleo,
algo decepcionados por la hostia que recibió la extrema izquierda loca de los años 67-
70é La gente más metida en el rollo le daba al ácido una importancia ritual e incluso
simplemente vacilona, pero lo intelectuales, arquitectos y médicos se tiraron las grandes
paridas. Se reunían para discutir el asuntoé Los libros de Jung hacían furoré El LSD se
tomaba en grupo, en medio de una sociedad muy represiva, producía complicidades o
las destruía, pero creaba en todo caso un rollo importante. Y esa posibilidad, eso de que
cualquier cosa puede pasar, esa libertad bruscaé a veces daba un poco de miedoé en
aquellos momentos, el LSD llegaba de muy diversas maneras, casi siempre en pequeñas
cantidades, de Amsterdam o Nueva York. Pequeñas pastillitas de colores diferentes,
papel secante impregnado y cortado en cuadritos, triangulitos de papel envueltos con
cello. La dosis considerada normal era de 250 microgramos por toma, aunque más tarde
se puso de mo da pasar de los grandes trips y tomarse mitades, cuartillos o tercios, para
darse un toque de cara a algún acontecimiento especial: festival, fiesta, luna llenaé
Había grandes discusiones en torno a la calidad de cada remesa que llegaba. La
preocupación de todos era la anfetamina (speed) que pudiera contener cada tipo de
ácido. Los estudiantes, hippies antiguos y profesionales buscaban LSD puro, pero
raramente lo conseguían. La mezcla con anfetamina, para dar mayor patada al trip, era
lo más usualé Sólo de vez en cuando llegaba algún hippie extranjero al viejo estilo,
pacífico y buen vividor, que proporcionaba LSD puro, que resultaba más tranquilo, más
lento aunque no menos intenso en cuanto a los fenómenos de percepción, viaje mental,
afloraciones de afectividad inconsciente, energía, etcé Se llegó a decir que el speed era
cosa de la CIA para joder el invento, como también se decía que el FBI favorecía la
introducción de drogas fuertes entre los núcleos de fumadores de hierba y viajantes
sicodélicos de LSDé Al principio los tripis se tomaban en grupo, procurando rodearse
de un ambiente agradable y a ser posible en el campo. La comunicación con la
naturaleza resultaba esencial. De repente, algún triposo se daba cuenta de que entendía a
las vacas, de que percibía el calor de la tierra de noche, o se quedaba horas y horas
fascinado por el movimiento del mar. Las salidas de sol eran el gran tema final. Una
bola roja quemando, vibrando. Y hablando de vibrar, la percepción de las vibraciones
de la gente se volvía aguda. Se podía adivinar a distancia y más que adivinar ver la onda
que llevaba cada uno en cada momento, simpatías, paranoias, magnificencias,
exaltaciones, fascinacionesé »
Así fueron los años setenta: sicoanalíticos y terriblemente complicados, de malos viajes
y excesiva introspección. En el orden musical, las cosas discurrían por los mismos
cauces en el ámbito vasco. A causa quizá de ese auge del consumo de drogas que se
produjo poco antes del final del Franquismo, los escasos grupos de rock practicaban u
n estilo planeador que degeneraría en el llamado rock plasta, de largas introducciones,
oberturas, aperturas, intros, grandes finales, melotrones a todo trapoé y poca chicha
rockera. Colosalismo, grandilocuencia, audiencias pasivas y apalancadas, lirismo
rimbombante. Parecía que el rock quería dejar de serlo y convertirse en un cuarteto de
cámara.
Se respiraba un ambiente terriblemente serio. No se sabía qué era peor, si el
apalosequismo proselitista de la canción política y doctrinal, o los desparrames
pinkfloydianos del rock progresista autóctono. Entonces, un cantante de voz de látigo
apareció con toda la mar detrás. Patxi Andión puso una nota de evolución en esa
canción contestataria ez dok amairu de aires existencialistas; lo suyo no era rock -mas
que nada por los arreglos demasiado clásicos y montparnasianos- pero sonaba
contemporáneo y a la vez ancestral como el océano. Patxi Andión arrasó con su poesía
naturalista y su cadencia original.
Oportet Haereses Esse, decían los habitantes del imperio romano ú. Conviene que haya
herejes es una máxima que conviene tener en cuenta pues nos recuerda que cuando uno
se duerme en los laureles, llega un hereje y nos roba el laurel. En el inicio de los setenta,
fueron los vascos de Francia los encargados de dar un giro realmente rockero a la
adormecida situación. Nos referimos a Errobi y a Niko Etxart. El prestigio musical de
los primeros, y la frescura, la marcha y la simpatía del segundo abrieron los ojos a
muchos. No sólo podía hacerse rock aquí, sin necesidad de ser de Alabama, sino que
además podía hacerse ¡en euskera! No versiones sino temas propios sobre la identidad,
la pertenencia, la separación, las fronteras. «No creo que hubiera una intencionalidad al
hacer las canciones, para que fueran a Iparralde o a Hegoalde -declaraba Anje Duhalde,
uno de los pilares de Errobi- Iban dirigidas con una ideología abertzale en primer grado.
Esto sí fue resultado de una elección, y en el resto de los discos se aprecia que esto
queda dicho y se empiezan a decir otras cosa és». Errobi se hicieron imprescindibles en
los jaialdis del país. Se les admiraba por su compromiso musical, por su rock fusion de
raíces; y también por su toma de postura nacionalista. En 1978, tres años después de su
debut discográfico, grabaron en Tolosa y Azkoitia un álbum en directo -Bizi bizian- que
puede ser considerado el primero en su género hecho en Euskalherria. La actitud
musical de Errobi señaló el camino a muchos de los grupos vascos que pronto
comenzaron a formarse. Músicos que procedían del entorno del jazz, de los
conservatorios, de la música tradicional, de la verbena, y que buscaban unir todo esto
con el rock.
1. Se ha roto el ánfora. Ruper Ordorika. Itoiz. Grupos de verbena. Orquesta Mondragón
y grupos donostiarras. Festival de Lekeitio. Grupos navarros. Estudios de grabación.
Discotecas-bares-salas de conciertos. Promotores. Donosti Sound. Muskaria. Margen
Izquierda. Zarama. Discos Suicidas.
Hi hintzena
bi arrastro zaharren gur dutzaketa
galdu da, galdu haiz
hautsi da anphora.
Cuando en 1980 Ruper Ordorika publicó su primer disco, el ánfora de la música vasca
se rompió. Atrás quedaba el pasado, bienvenidos al presente de congeladores made in
Germany. El cantante de Oñate -tradicional y moderno a un tiempo- puso en hora el
reloj atrasado ez dok amairu de acordeones nostálgicos y afrancesados, letras políticas y
contestatarias, parajes campestres desaparecidos. Extinguida la vorágine de la amnistía,
los recitales y las consignas, un silencio desconcertante se había apoderado de los
escenarios vascos, en los que se necesitaban voces distintas. Ruper Ordorika inauguró
un tiempo nuevo de la mano de Bernardo Atxaga, letrista de los temas de Hautsi da
Anphora, en cuya contraportada aparecían sonriendo músicos que serían luego
fundamentales en esa década recién estrenada: Bixente Martí ñnez (Oskorri), Josu
Zabala (Hertzainak), çngel Celada (Orquesta Mondragón) o Javier Olloki (Potato).
Puede parecer extraño abrir un ensayo sobre el rock vasco con la figura de Ruper
Ordorika, al que muchos incluirían sin pestañear en el apartado del folk y la música
tradicional. Pero en la rica personalidad del parsimonioso guipuzcoano se entrecruzaron
-al igual que en su canción- varios mundos: había resonancias remotas, un bagaje
sonoro específico de la tierra húmeda y de los antepasados, de la vida cotidiana y
silenciosa de los ancestros; había además una sensibilidad atlántica que conectaba con
Portugal, UK, Bretaña, Irlanda, en contraposición a la mediterránea, mucho más
extravertida y presente; generacionalmente, así mismo, Ruper Ordorika pertenecía a la
cultura del rock y al ritmo sincopado de las ciudades. «Cuando éramos chavales había
actuaciones todos los domingos debajo de los arcos del Ayuntamiento, en Oñate, mi
pueblo, y yo me pasaba horas viendo. No es que yo haya tenido una tradi ýción familiar
directa, aunque creo que la canción, el bertsolarismo, la trikitixa son parte de casi todas
las familias de aquí, por lo menos en la época anterior a la música en los bares.
Recuerdo de siempre una fascinación tremenda por la música en general, lo que pasa es
que eran tiempos en los que el oficio de la música era exactamente el último oficio al
que podrías pensar en dedicarte, y más si era en euskera; eso estaba muy cerca de lo
prohibido. Aunque yo realmente empecé a cantar en inglés, en cinglés. Desperté
definitivamente con el rock. Tratábamos de pillar Radio Luxemburgo, leíamos Disco-
Express. El primer disco que yo compré era uno de John Lee Hooker; escuchábamos
mucho rhythm&blues, Rory Gallagher, Hot Tuna; fue lo primero que me cayó encima;
luego ya fui delimitando, que si Dylan, Donovan, Cream, Traffic. Era la época en que
Serrat era medio subversivo. Y luego estaban los grupos de baile, las orquestas, que
proliferaban sobre todo en el interior de Guipúzcoa y que eran una auténtica vangua
Ùrdia; gente como los Skapolis de Idiazabal, los Sombras Azules, Expresión Sonora de
Elgoibar, grupos que luego dieron muchos músicos que aún están tocando. Yo recibí
una bronca en casa por quedarme yo qué sé hasta qué horas viendo a Expresión Sonora,
que tocaban cosas de los Rolling y que tenían un bajista que era zurdo y que luego
escribió canciones muy bonitas en euskera. La canción en euskera todavía estaba muy
ligada a lo que se llamó Euskal kantu berria; aún no había despegado la canción de
autor, que lideraron los Ez dok amairu. A Benito Lertxundi le vi por primera vez con 15
años, lo recuerdo perfectamente porque fui a hablar con él después de la actuación, y
esas cosas sí que fueron reveladoras. Posteriormente, empecé a acompañar con la
guitarra a uno de Bergara que cantaba en euskera, y, cuando éste se fue a la universidad,
yo empecé por mi cuenta más en serio».
Ordorika había tenido el acierto y la inspiración de recurrir a un joven poeta
desconocido todavía p Ôor el gran público, en vez de acudir a los clásicos. Esta
afortunada decisión hizo que la gente conociera de golpe el talento de estos dos nuevos
valores, pertenecientes a Pott, colectivo de iniciativas culturales surgido en la
universidad de Deusto. El descubrimiento del enorme poder evocador de la poesía
urbana de Bernardo Atxaga es una de las grandes deudas que la cultura tiene con Ruper
Ordorika. Por primera vez, quizá, el euskera perdía su solemnidad casi antropológica, o
la perpetua intencionalidad nacionalista, para desmadrarse entre taxistas que hablan de
un boxeador muerto, embajadores flamencos, trenes, carnets de conducir de primera y
fados portugueses. El euskera había adquirido carta de ciudadanía y se paseaba por los
callejones suburbanos de los arrabales de las grandes urbes, y por los pasillos mentales
de sus habitantes. Esta nueva poesía contemporánea vasca venía acompañada de una
pulsión rockera y eléctrica inconfundible aunque de fuerte acento fol Þk.
La década empezó con esa ruptura a fuego lento llamada Ruper Ordorika. El ánfora se
había roto y él hacía las veces de mensajero. Hautsi da anphora -editado por Xoxoa,
producido por Jean Phocas, arreglado por Mixel Ducau y con portada de Juan Carlos
Eguillor- sintetizaba musicalmente aspectos heterogéneos con una gran intuición y un
claro sentido innovador. Localmente, el disco fue un éxito en el circuito de facultades y
aulas de cultura pero no obtuvo mayor repercusión porque la corriente musical llevaba
otra dirección: la de la posmodernidad y la movida madrileña. Los ochenta iban a
marcar el fin de la filosofía que había imperado entre la juventud desde los años sesenta:
el hippismo iba a transformarse en yuppismo, los colegas en la baska, los heavys en
punkis, las canciones-estofado de veinte minutos en aros de cebolla sónicos de noventa
segundos, la política en asesoría de imagen, el rock en tecno-pop. Iban a correr malos
tiempos para la lírica, y buenos para los pe ³luqueros.
Las barbas se afeitaron y las melenas se recortaban por delante. Eran los efectos
oxigenantes de la new wave, que significó -fundamentalmente gracias a Police- la
resurrección del pop y su fusión con el reggae después de largos años de sinfonismo
extra-rockero y ultra-jazzístico, tendencias que habían sido barridas por el vendaval del
punk, que causó importantes daños materiales en la autoestima de los grandes grupos-
dinosaurio, y en el rock en general. Pero al margen de estas sangrientas querellas
dinásticas, el rock recobró su trempera, que diría un catalán, y atrapaba con su ritmo
cortante a muchos jóvenes vascos escaldados de la clandestinidad y la cárcel, y a otros
que habían terminado por aborrecer el pragmatismo musical de los estoicos cantautores
de finales del franquismo.
También atrapó la nueva onda a un grupo en cierta forma veterano pero que aún no
había demostrado todo lo que llevaba dentro. En Itoiz se percib òe paulatinamente la
transición socio-musical del folk, del campo o de los pueblos pesqueros, a la ciudad y al
rock. Y si hablamos de ellos, tenemos que referirnos a las orquestas de verbena,
auténticos embriones de muchos grupos importantes de la escena vasca. «En aquel
verano del 76, comenzamos como Indar Trabes -contaba en Muskaria JC Pérez-
Teníamos dieciséis años. Pasó un año y, en fin, lo de siempre, no teníamos un material
adecuado, por ello se nos ocurrió, influidos por el ambiente de Motrico y Ondárroa, de
donde somos, tocar en verbenas para sacar dinero. Poco a poco nos fueron saliendo las
cosas muy biené por mucho que tocábamos en verbenas, yo seguía haciendo música y
ensayábamos sobre ella, pensando que algún día saldría a la luzé Siempre estaban en
mente nuestras ideas, que cada vez se nos hacían más utópicas. Decíamos: nunca
saldremos de las verbenas, esto nunca acabaráé Tocábamos todo en euskera y el
ambiente que creábamos era totalmente euskaldúné A pesar de esto, a veces hacíamos a
alguna salida fantasma a festivales de rocké las verbenas terminaron por comernos, pues
teníamos que pagar un equipo, y ello nos obligaba a hacer actuaciones como locos».
Tras la decisión de romper con todo aquello, Itoiz grabó en 1978 su primer disco en el
nuevo sello Xoxoa, impulsado por Jaime Yarritu, que había tenido antes una oficina de
contratación. Este disco incluía Lau teilatu, una canción sobre el final de la fiesta, la
despedida del amor, la posibilidad de un nuevo encuentro, la luna sobre los cuatro
tejados, el humo del aliento entre las manos. Un tema que hizo mella. «Nuestra
influencia viene desde Benito Lertxundi, Oskorri, Genesis, Jethro Tull, la música
clásica, el rock and roll, hasta la televisión -continuaba explicando el líder de Itoiz en la
misma entrevista, firmada por Roge Blasco- Una vez me quedé sorprendido al escuchar
una canc -ión de Yes, porque dije: ¡hacemos el mismo estilo de música!é Lo que
sucede es que si estás dentro de una misma corriente, si bebes de las mismas fuentes, es
normal que se haga parecida músicaé La música popular también bebe de una misma
fuente. Es lo que le achacan a Txomin Artola, que es folk inglés, claro, porque el folk
bretón y el folk euskaldún, y todos los demás de occidente, tienen unas influencias
comunesé Como me decía Fran Lasuen de Izukaitz: tú no eres rocker, eres tan folki
como yo. Muchos me dicen: haces rock, pero yo no sé lo que hago».
Los grupos de verbena han sido tradicionalmente poco apreciados en su justo valor, a
pesar de que fueron, son y serán escuelas de músicos. ƒste es el relato que un músico de
verbenas hacía, en esos primeros años ochenta, de un día cualquiera: «A las 12,15 suena
el despertador, pero no hacía falta, ya que dos horas antes yacía despierto por causa del
niño del quinto, el taladro del cuarto derecha y el Morir de Amor interpretado por la que
friega ÷la escalera. Pego un salto, miro el calendario de actuaciones yé Gurutxurtu. No
sé dónde está ese pueblo, miro en el mapa, y allá, al final, lo localizo: 150 kms. Hemos
quedado a las 13 h. de modo que malcomo lo más rápido que puedo, me visto y salgo
disparado al lugar de cita. Allí me esperan los compañeros con la misma cara de cadáver
que yo y con el furgón que parece suplicar un respiro. Ya el material cargado, tomamos
carretera hacia Gurutxurtu. A las diez de la noche comienza la verbena, por lo cual
vamos con la suficiente antelación para ser puntuales, ya que, como el equipo de sonido
es nuevo, todavía tardamos varias horas en ponerlo en condiciones. Llevamos 75 kms.
de carretera cuando de pronto, en una curva, ¡Hostia! CONTROL. 80, 60, 45, 20, Stop.
Nos hacen bajar, nos registran, ¿a dónde van?, ¿de dónde vienen?, papeles de esto,
papeles de lo otro, por qué aquello, por qué lo de más allá, por qué, por qué, por qué,
por quéé Después de la pérdida de tiempo, y el coñazo acaecido, seguimos cami ûno a
la fiesta. Tras tres horas y treinta minutos largos de socavones de carretera, llegamos al
pueblo, localizamos la plaza y allí no hay ni dios, nadie de la organización aparece, y al
ver aquel diminuto escenario se te caen las piñas a los pies. Piensas que se habrán
confundido, que será para algún bertsolari o alguna trikitixa o algo por el estiloé La
verbena comienza después de solucionar infinidad de problemas, los filtros que no van,
los medios que suenan poco, los niños que te han desenchufado. A veces para conectar
la corriente hay que ser poco más o menos un ingeniero electrónico. Y llega el momento
en que comienza la juerga y el bufón (que eres tú) tiene que tocar durante 4 horas sin
derecho a descansar, mientras que toda la gente bota y bota al son del kalimotxo. Corre
el licor rojo de mano en mano como si fuera el néctar de los dioses. Según transcurre el
tiempo la cosa se anima, te empiezan a tirar colillas, vasos, botellas, lapos, al pianista le
meten un embudo por la boca y, tras el medio » litro de Rioja, él, que es abstemio,
arremete con la jota a velocidad fitipaldeska. Al batería se le rompe el bombo y dos
jatorras le mangan un plato que hacen sonar a través de la plaza a contrarritmo total. En
las primeras filas, todos los pasotas de la zona te piden a grito insistente: Queremos
martxa, tío, qué passsa. A la derecha un gordo te pide un tango. Los niños se te han
subido al escenario y no paran de tocarlo todo. Llega la última hora, el gran apogeo, el
despliegue sinosoidal, el apocalipsis. Comenzamos a todo tren con lo más deseado de la
noche, el popurrí: Que se Vayan, La Lole, Uno de Enero, y por fin acaba la gran orgía,
te piden beste zazpi y después todo se desvaneceé Toca la recogida, te duele todo,
todavía tienes en la cabeza el martilleo de los bombos y el chirrido de los salchichones
(saxofones) desafinados. Recoges los cables, están meados. A un altavoz le han metido
un dedo. El plato de la batería no aparece y el órgano está to Ýdo manchado de una
raba fugaz. Inevitable, todo es caos, ¿dónde está aquella alegría? Los de la comisión no
aparecen, cargas el furgón y te pones en marcha hacia la urbe. Hay que dormir un poco
ya que mañana tienes actuación en otro pueblo más. Coges carretera de vuelta, 80, 65,
40, 20, Stop».
De la misma forma que en la verbena se baten anónimamente el cobre los músicos que
luego serán populares, el periodismo musical ha proporcionado tradicionalmente a la
profesión una cantera respetable de fogueados cronistas. En muchas ocasiones, estos
reporteros musicales son además verdaderos artistas de la expresión y de la emoción, y
escriben cosas como Un viaje por el rock de San Sebastián: «A la mitad del viaje de
nuestra vida me encontré en una selva oscura, por haberme apartado del camino recto.
¡Ah! Cuán penoso me sería decir lo salvaje, áspera y espesa que era esta selva. Pero
antes de hablar del bien que allí encontré, revelaré las demás cosas que he vistoé Hemos
llegado al lu -gar donde verás a la dolorida gente que ha perdido el bien de la
inteligencia. Gente que pretende dedicarse a la músicaé Los espíritus que estamos
viendo son los que se han metido en la música por afición, conocen derrotas y aun
pretenden seguir adelante sin poder retirarse a tiempo. La afición y la pretensión es lo
que les pierde. Son nombres como Tótem, Aníbal, La Banda Sin Ningún Futuro, Atman
o Ascoé ¿Alguna de esas almas ha podido por sus méritos salir del limbo y alcanzar la
bienaventuranza?é Sólo algunos, muy pocos. Son los que realmente trabajan y tienen
ganas. Se queman veranos enteros haciendo verbenas». Más adelante, el cronista Dante
de Cante navega hacia un segundo reino musical y, al llegar, les hace la siguiente
pregunta:
-«Quiénes sois vosotros que, contra el curso del tenebroso río, habéis huido de la prisión
eterna? ¿Quién os ha guiado, o quién os ha servido de antorcha para salir de la profunda
noche que hace que sea continuamente negro el valle infernal?
-«Nosotros somos un ™ puñado de grupos como Johnny y los Relámpagos, Ya-Yarin,
Negativo y Puskarra. Con la suerte de haber salido de un infierno para entrar en otro.
Nos dedicamos a hacer nuestra música o por lo menos la que más nos gusta. Seguimos
trabajando sin ganar un duro, pero por lo menos nos queda la esperanza de que gracias a
nuestros esfuerzos hay algunas casas interesadas en nosotros».
Nuestro cronista por el infierno rockero donostiarra hace otra parada en su recorrido,
donde una nueva tanda de músicos le confiesa que «hemos llegado hasta aquí pasando
por todos los círculos del reino del llanto. Somos antiguos miembros de grupos ya
desaparecidos, y seguimos trabajando, trabajamos entre nosotros haciendo actuaciones
esporádicas».
Dante de Cante vuelve al timón de la nave y se dispone a subir a las estrellas. Allá, en el
firmamento rockero, podíamos encontrar a los grupos que triunfaban a principios de los
ochenta en -Guipúzcoa: Sakre y la Orquesta Mondragón, y de los verbeneros Akelarre,
Egan, Arkaitz, Ekain o Clow.
«La gente ya está cansada de oír al clásico grupo que suelta sus parrafadas y que
denuncia y denuncia y ataca y la gente sale deprimida, aplastada, triste y se va diciendo:
¡Cuántas putadas hay en Euskadi! ¡Qué es esto! Sale hundida y se va a casa quemada.
No podemos seguir todos tan fríos y cibernéticos. Nosotros queremos que la gente
disfrute. De todo esto quiero que una cosa quede bien clara; muchos nos van a acusar de
que no somos euskaldunes y eso es un fallo muy grande. Nuestra música es tan vasca
como puede ser la de Errobi, la de Itoiz o la de cualquiera», decían por entonces los Zen
de Bilbao.
Esto lo había comprendido perfectamente la Orquesta Mondragón, que dejó
boquiabiertos a propios y ex ÷traños en cuantos escenarios se subía. Nacida en San
Sebastián en 1976, de la mano de Javier Gurruchaga y Pedro Popotxo Ayestarán, y con
músicos entre sus filas como Luis Cobos, la Mondragón desplegaba, ante los atónitos
espectadores, un espectáculo apabullante de disfraces, serpentinas, muñecas hinchables,
pelucas, helados gigantes, sillas de ruedas, osos de peluche, todo ello aderezado con un
rock&roll irreverente muy personal con netas influencias de los Stones y Lou Reed. Su
letrista habitual era Eduardo Haro Ibars -hijo del periodista Haro Tecglen- uno de los
poetas oscuros del underground madrileño precursor de la movida. Los rumores sobre
consumo de drogas duras en el seno de la Orquesta agrandaron la aureola de su
prestigio. Por entonces, la heroína era considerada una experiencia visionaria.
Con su estilo irónico, desenfadado y tierno, Roberto Moso ha sido uno de los cronistas
-que no crítico- más lúcido y constante del modo de vida rockero vasco. En los albores
de los años ochenta, en el nú Ømero uno de la revista Muskaria, relataba: «Aún
recuerdo el cristo que se montó hace dos años, cuando los chicos de Escombro actuaron
en la universidad de Lejona con motivo de una fiesta pro libertad de expresión. La
intelectualoide vasca allí concentrada no comprendió nada de lo que ocurría sobre la
escena, los punkeros portugalujos se hartaron de tanta risita benévolaé En esta misma
línea de incomprensión se inscriben las declaraciones de una cantante: «Mire, el rock
para mí es como la coca-cola, algo importado de USA, a mí no me disgusta la coca-cola
pero prefiero la sagardo. Esta mentalidad de rock = enemigos del folklore -proseguía
Moso- perdura aún entre nosotros como un mal endémico, aunque ya va decayendo
gracias entre otras cosas al éxito de la Orquesta Mondragón y a la profusión de grupos
como Itoiz, Errobi o Koska que van sacando a la música vasca del ghetto de la canción-
protesta». Y Moso terminaba su artículo con una premonición: «Los años ochenta
pueden se ìr testigos del surgimiento de un nuevo rock, un sonido propio y personal
emanado de las chimeneas de los altos hornos, de nuestra ría de chocolate venenoso, de
nuestro cielo gris. Chelo, organista del grupo Absenta ya me lo vaticinó: «La marcha se
masca en el ambiente, chico, se va a armar».
Eta Gasteiz zer? fue el título de un artículo aparecido en Muskaria en la primavera del
ochenta. «¿Por qué tan poco movimiento real en Gasteiz? -se preguntaba el cronista
alavés que firmaba como Zeledonius Monk- Es importante la ausencia de una radio que
se haga eco de lo poco, de lo muy poco, que salga por aquíé además, el asunto de las
realizaciones de conciertos con gentes de otras partes son muy pocas por la increíble
escasez de locales asequiblesé Las individualidades que han salido por aquí lo han
hecho contracorrienteé Gorka Knšrr, Patxi Villamoré Lantzaleé Fausto».
En julio del 80 se celebró la cuarta edición del Festival de Rock de Lekeitio. «Multitud
de jóvenes venidos de toda Euskadi nos ace ïrcamos hacia la playa de Karraspio.
Greñosos de mirada extraviada, progres universitarios, abertzales con la pegatina de
Presoak Kalera, poetas de andares finos, parejas sin rumbo, rockers con la chapa de los
Ramones, músicos frustrados, piraos, ligones, folkis, urbanos, arrantzales, sordos, todos
nosotros frente a una cartelera de buenos grupos de la tierra: Zen, Itoiz, Puskarra,
Negativo, Zimel y el grupo jamaicano de reggae Zygnus -relataba Roge Blasco en el
tercer número de Muskaria- é Tras esta primera impresión [el concierto de Zen] el
público parece no enterarse. Se mete en su propio mundo hermético y se dedica a liar
porros de una manera estúpida y borreguil. De aquí en adelante, la verdadera fiesta
grupal de rock y vida que podía surgir sobre la playa se convierte en una pasada inerte.
Se duermen en sus sentimientos y viajes que idolatran el propio ego. ¡Imbéciles!
Tras el fume se preparan almohadas colectivas amontonando arena, desenvuelven el
saco y se introducen en él como chicos ÿformales puntuales a la hora de dormir. ¿A
esto se le llama participar? Sólo hacía falta que alguien cantara nanas para que pudieran
soñar más a gusto».
¡Roge Blasco las cargaba con balas! Y, si no, continuemos leyendo su crónica. Después
de describir los conciertos de Itoiz («pitidos constantes del equipoé la puesta en escena
resulta muy pobreé estuvieron flojos»), de Puskarra («la música moderna de Donosti»)
y de Zygnus («un espectáculo totalmente anodino»), Roge escribía: «Los 80 ruedan
creando hombres desilusionados. Ningún esfuerzo parece válido, ni tan siquiera estas
reuniones al aire libre alrededor de la música. ¿A qué estamos esperando? ¿Nos han
convertido ya en el número que nos prometieron? ¿Nos ha vencido el urbanismo
hermético? ¿Qué nos pasa? Llevamos un ciego que nadie se aclara, pero tú sabrás, nadie
te va a salvar, ni tan siquiera tu querido Bob Dylan. Nos juntamos en Lekeitio pero
¿para qué? ¡Para nada! ¿Sabes lo que parecíamos?: un montón de jóvenes muertos sobre
la playa».
Y, aunque allí n ¯o hubiera playa, hablemos ahora del rock que se hacía en Navarra a
principios de los ochenta. Nadie mejor para eso que Marino Goñi, futuro responsable de
los sellos discográficos Soñua, Oihuka y Gor, y uno de los nombres esenciales del
ambiente rockero vasco. «Hacía frío y las fundas de los instrumentos, los cajones de
graves, medios y agudos tuvieron que soportar en algún momento el agua sobre sus
esforzadas estructuras. Se preparaba la Primera Muestra de Rock de Pamplona y el día,
el diez de octubre, no había salido muy brillante. La fecha coincide, trayendo el
calendario por los pelos, con los mil días del nuevo rock de Pamplona. En estos mil días
han nacido casi una decena de grupos en el área urbana de Pamplona: Kafarnaun, Tubos
de Plata, Tensión, Nerón, Mugre, Kaifás, Magdalena, Fuletamol, Ligarza, School».
La nueva década veía aparecer a decenas de grupos en los pueblos y ciudades vascas, en
un renacimiento sólo comparable ý con la efervescencia de los años 60, pero con unas
connotaciones muy diferentes. Ahora no había déficit de creación sino todo lo contrario,
aunque se necesitaba urgentemente una puesta al día de las estructuras, y por supuesto
de los estudios de grabación. Tras el de Galdácano, vinculado a Xoxoa, se afianzó IZ en
Donosti bajo los auspicios de Fernando Unsain, con Angel González Katarain y Mikel
Usabiaga en la parte técnica. En IZ grabaron, a principios del 81, los ganadores del
Primer Certamen de Música y Canción Vasca celebrado en la discoteca Mandiope de
Itziar, con Zen y Zarama como representantes del rock. El disco se llamó Euskal
Musika 80.
Las discotecas iban a desempeñar una función clave en esta emergente ola rockera
vasca que alcanzaría su cénit en los años 85-86. Estos locales, de aforos reducidos y
malas condiciones generales, trajeron además a una pléyade de figuras extranjeras, cuya
influencia enriqueció indudablemente el panorama. Los encargados de reciclar viejas
discotecas en salas de conc óiertos pertenecían, en muchas ocasiones, a una rara estirpe
de aventureros y soñadores que han hecho mucho por el rock, aunque no es menos
cierto que bastantes de estos promotores fueron simplemente tiburones sin escrúpulos
en busca de ganancias fáciles. No fue este último el caso de la gente que regentaba el
Cotton Fields en Sondika. El siempre entusiasta Bolo, y sus socios y amigos, llevaban
unos años animando el cotarro musical de Bilbao desde la tienda de discos Woodstock,
que servía de punto de encuentro a grupos como Fase o Zen, y organizando conciertos
internacionales y nacionales. La primera actuación en Cotton fue la de Zanahoria
Eléctrica, grupo casi nacido entre sus paredes, al igual que Vulpes, cuatro chicas que
muy pronto darían el campanazo.
¡Benditas y polémicas salas de conciertos! Siempre luchando contra denuncias y cierres,
consecuencias de una nefasta política urbanística que nunca ha co întemplado la
necesidad de dotar a las ciudades de lugares espaciosos para el rock, con buena acústica,
alejados de las viviendas pero accesibles. Y, ante esta carencia, las iniciativas
particulares se multiplicaron pese a sus inevitables deficiencias, y a sus peleas con el
vecindario. Bares diminutos servían a la vez de local de ensayo y banco de pruebas a los
grupos de su entorno. Si la autoridad procedía a la clausura, esos grupos organizaban un
festival en algún otro pequeño bar de la zona. «Contabilicé un total de tres baterías, dos
bajistas, tres flautistas, seis percusionistas, tres vocalistas y doce guitarras (entre
clásicas, acústicas y eléctricas), tres armónicas, un saxofonista y un trompetista, todos
ellos combinados de muy diferentes formas hasta el amanecer -escribía Roberto Moso
sobre un eufórico multiconcierto celebrado en un bar, claro, con músicos de Eskorbuto,
Crimen y Castigo o La Banda del Pie «y un montón de músicos sin conjunto, algunos
con toda una historia cargada a s 1us espaldas, gente que tocó en aquellos grupos del
rock mesetario, incluso algunos que ya se habían enrollado en los lejanos sesenta». A
partir de este momento, los bares pasaron a la acción contagiados por la creciente
demanda de música en vivo. Ver a un grupo a dos palmos de la cara puede ser una
experiencia catárquica que cree adicción; es una intensidad semejante a la velocidad.
También existía un movimiento de profesionales de la contratación de grupos, sobre
todo internacionales, que se mostraba cada vez más activo. Txalupa comenzó
organizando conciertos de Gwendal, Alan Stivel, Paco Ibáñez, Mike Oldfield,
Moustaki, para traer luego a Eric Burdon, Ramones o Iggy Pop. El tinglado de estos
últimos conciertos requería la participación de más de setenta personas, en labores de
carga-descarga, montaje, tr ¸ato con el grupo, servicio de orden, etcé Algunos
miembros del colectivo Txalupa crearon, con Santi Ugarte, el sello Shanti Records que
aglutinó al Donosti sound (Puskarra, Mogollón, UHF).
Propietario de varias tiendas de discos en la ciudad, Santi Ugarte había sido el
descubridor de la Orquesta Mondragón y uno de los artífices de que San Sebastián se
convirtiera en el tercer vértice del triángulo de actuaciones internacionales, junto a
Madrid y Barcelona. Hombre de recursos, no dudaba por ejemplo en pedir ayuda a
algún conocido del Orfeón Donostiarra si veía que a un cantante de su escudería le
flaqueaba la voz. Estaba en todas partes, tenía una capacidad de entusiasmo superior a la
media, así como ideas muy ambiciosas. El primer maxi-single de Shanti Records se
grabó en Madrid y se cortó en ¡Nueva York!
El Donosti sound no tenía desgraciadamente la carga corrosiva ni el peso musical de la
Orquesta Mondragón de finales de los setenta; no Æ obstante, actuó como dinamizador
del ambiente. Las expectativas musicales se vieron rebajadas de golpe; a nadie parecía
interesarle ya el virtuosismo o el rock plasta y enrollado de hechuras heavys, jazzeras o
folkis. Se tendía a la sencillez y a la simplicidad, a la recuperación del estribillo en las
canciones; se desechaban los álbumes-concepto y se apostaba por los temas pegadizos
en formato single. Era una especie de vuelta a la estética ye-yé de los conjuntos pero sin
la visión ingenua original. Entró además en juego un elemento musical nuevo: el ska.
Fácil de tocar y resultón, el ritmo jamaicano se difundió gracias a la verbena, y gracias
también a un concierto organizado por los Comités Antinucleares, que lograron reunir a
doce mil personas en las campas de Aixerrota (Getxo) en agosto del 81, con motivo de
unas jornadas internacionales contra la central nuclear de Lemóniz, situada a diez
kilómetros del lugar. En aquel concierto -con The Beat, õ Leño, Bloque, Magdalena,
Niko Etxart, Stormy Monday Blues Band y Zarama- muchos jóvenes quedaron
contagiados para siempre por el ska-punk de los británicos The Beat; entre ellos, Fermín
Muguruza, futuro líder de Kortatu.
Meses antes, otra visita internacional, que congregó a siete mil jóvenes en el velódromo
de Anoeta de San Sebastián, abrió también muchas orejas musicales. «Tras cinco años
de punk-rock, lo único que puedo decir es que estoy sordo», declaró a Muskaria Joe
Strummer, líder del cuarteto inglés The Clash, después de la actuación. Strummer era
demasiado modesto pues la aportación de su grupo al rock había sido capital, y su
influencia en Euskadi enorme. El London Calling -considerado el mejor álbum de rock
de los años ochenta- se convirtió en el disco de cabecera del nuevo rockerío incipiente.
Pero hagamos las presentaciones formales de la revista Muskaria, base documental
insustituible para hablar del rock vasco de esos años. «Yo estaba estudiando periodismo
en la facultad de Leioa • -recordaba años más tarde Roge Blasco- No teníamos
prácticas ni nada parecido y yo creía que la mejor forma de llenar este vacío era
haciendo mi propia revista. En cuanto al tema, estaba bastante claro porque la música es
algo que siempre me había gustado. La idea fue compartida desde el principio por dos
amigos de la infancia, Pedro María Azkorra y Oskar Amezaga, que tenían conmigo
unos intereses comunes por la música. Oskar, que tenía cierto dinero ahorrado, lo puso
para sacar adelante el primer número. Había que venderlo si pretendíamos sacar un
segundo; en el primer número todavía había muy pocos colaboradores, aunque dos de
ellos, Roberto Moso (que le conocía de la facultad) y Pablo Cabeza, se mantendrían
hasta el último número. Por tanto, yo tuve que escribir casi toda la revistaé Me acuerdo
que al principio había mucha gente que nos criticaba por incluir mucho cantautor y una
sección amplia de in äternacional, pero siempre contestaba que según fuese cambiando
la calle lo haríamos nosotros».
Y efectivamente las cosas estaban cambiando. Poco a poco, casi imperceptiblemente,
las entrevistas a Lertxundi, Artola, Duhalde, Laboa, Imanol, los artículos sobre
Iparragirre, la sociedad Elai-Alai, la alboka o la txirula, fueron sustituidos por otros
dedicados a los nuevos grupos locales: Zen, Fase, Crisis, Vulpes, Doble Zero (luego
RIP). Eran momentos de transición, de ríos revueltos y nuevos románticos sinfónicos
como Ultravox. La gente no compraba discos locales o estatales; prefería aferrarse a las
leyendas de un pasado ya clausurado: Rolling, Dylan, Genesis o Pink Floyd. En el
número diez, el colectivo Muskaria editorializaba: «Desilusión es la palabra que ha
dominado en el año 1981 en lo referente a la música en Euskadi. Desde el grupo de
barrio que ensaya en un cuchitril, que de una vez por todas se ha desengañado del sueño
de ser estrella del rock and roll, hasta los grupos o so ¼listas de más éxito del país que
por primera vez, bastantes de ellos, han visto las puertas cerradas de las editoriales
discográficas o incluso de organizaciones de festivalesé »
Pero este periodo de incertidumbre no iba a durar mucho tiempo pues las posturas
mentales, vitales y musicales del populoso sector juvenil vasco se estaban empezando a
decantar con extremada rapidez. La primera respuesta contundente llegó de los
castigados extrarradios de Bilbao: Baracaldo, Santurce, Portugalete. «La margen
izquierda del Nervión es un conglomerado irracional donde se encuentran casi todas las
consecuencias nefastas de este puto modelo social. Los adolescentes de la zona, casi
todos con el futuro incierto, suelen ser fans de AC-DC, los Pistols, los Ramonesé No es
extraño que el rock surgido de allí sea siempre frenético. El Donosti sound huele a
marketing y a niñato por todos los poros. No es casualidad que un grupo tan sumamente
bueno como Negativo e ãsté marginado de la Shanti Records», declararon Zarama de
Santurce tras la publicación de su sencillo de estreno, editado por el primer sello
independiente vasco: Discos Suicidas, encabezado por Oskar Amezaga.
Roberto Moso, cantante de Zarama, relataría así años después El nacimiento de la
basura: «Santurtzi, 1977. La convulsión política post muerte de Franco es un clamor.
Unos cuantos descalzaputas que no van de vacaciones porque siempre tienen pencos, se
refugian en diversos paraísos artificiales. La capacidad adquisitiva los reduce a cerveza,
petas, revistas musicales y algún programa de radio. Las manis pro amnistía y movidas
antinucleares se juntan con conciertos de Bloque, Brakamán, Ñu, Tequila y también con
Benito Lertxundi, Oskorri, Gontzal eta Xeberri y un larguísimo etcétera. Los conciertos
de rock están llenos de greñudos con chaleco, y los kantaldis de kaikus y pegatinasé
nosotros nos apuntamos a todo y de todo sacamos chispas. é En septiembre de aquel
año, el más inq ³uieto de mis amigos, un tal Imanol, me lía en un viaje a Gran Bretaña
para currar en la frutaé Los campos de fruta son una experiencia más cercana a un
hippismo estudiantil decadente que otra cosa, pero los últimos cuatro días caemos por
London, con una guía de la revista Star con todos los garitos punkis: la revelación.
Vuelvo convencido de que Euskadi necesita Punk, sinónimo entonces de diversión,
audacia, subversión y reírse hasta de los muertos».
2. Dios salve al lendakari. Punk. Hertzainak. Radios. Destruye!!! Peleas en festivales.
La Polla. Eskorbuto. Cicatriz en la Matriz. Opiniones de un siquiatra. Natxo
Etxebarrieta. Primeros conciertos de un grupo punk. Sorbemocos y otros fanzines.
Gipuzkoa Star. Vulpes. Derribos Arias, vascos en Madrid. Radio Paraíso. Cartas de los
lectores. Oleada de festivales punk. Conexión británica. Ni ez naiz Noruegako erregea.
Gasteiz. Sintonía Independiente. Los Santos. Inundaciones.
Ya lo dijo Os Ücar Wilde, que sabía mucho de eso: «Ha sido la desobediencia, para
cualquiera que haya leído la historia, la virtud original del hombre. Ha sido a través de
la desobediencia como el progreso se ha llevado a cabo; a través de la desobediencia y
de la rebelión». Y el punk tenía de ambas cosas. En un principio, llegó como una moda
excéntrica de las Islas difundida a través de esas noticias que emiten los telediarios al
final para arrancar una sonrisa al sufrido telespectador, después de haberle abrumado
con el cúmulo diario de desastres mundiales. Aparecían imágenes de jóvenes con cresta,
aparecía Hyde Park, el cambio de guardia en Buckingham Palace, algún policía mirando
condescendiente con las manos a la espalda; jóvenes con el pelo de punta y cara de
locos chillaban canciones mientras hacían cortes de mangas a la audiencia, a la cámara
y a sus mismos compañeros de grupo. La anarquía en el Reino Unido, las cruces
gamadas de pendiente. Llegó el escándalo del God saves the que óen y su censura por
la BBC; las escenas de Sid Vicious chorreando sangre mientras aporreaba el bajo.
Parecía que en Londres se lo estaban pasando maravillosamente mal.
Y, con la consiguiente diferencia horaria, también el punk se asentó en estos lares. Las
letras en euskera de Zarama decían cosas como: «Las esperanzas se han hundido en el
Nervión. Arriba, en el Puente Colgante, hay cuarenta y ocho ahorcados. Se oyen
muchos gemidos en las alcantarillas de Baracaldo. Niños de gente agria mascan chicles
de violencia, y nubarrones oscuros ensucian las ikurriñas de los batzokis». Eskorbuto,
estrechamente ligados a los anteriores, se desgañitaban proclamando: «Busco en la
basura algo mejor, busco en la basura algo nuevo, creen que nos pueden engañar, nos
creen demasiado jóvenes para reaccionar, busco en la basura algo mejor, paso
totalmente de la Constitución, yo prefiero mi propia revolución». O también: «Mucha
policía, poca diversión, ¿quién tiene el dinero?, ¿quién tiene el poder?, ¿quién tiene el
éfuturo?, ¿quién lleva la ley?» En Guipúzcoa tampoco se quedaban cortos en cuanto a
grupos punkis, nacidos principalmente en torno a Rentería y Mondragón: Basura, Odio,
Cirrosis, RIP
Por contra, las bandas de la transición nuevaolera se habían devaluado a una velocidad
de vértigo. Tan pronto como nacieron, los grupos del donosti sound comenzaron a
morir; la Orquesta Mondragón ya no despertaba tantas adhesiones; muchos músicos
querían desmarcarse de la omnipresente movida madrileña; el rockero catalán Loquillo
despertaba una cierta admiración por su estilo sin artificios; los gallegos Siniestro Total
se convirtieron en los más populares con un soberbio punk-pop vitriólico y personal.
Los pocos sellos discográficos estaban a la expectativa. Xoxoa desapareció y
funcionaba sólo su estudio de grabación en Galdácano. Elkar se inclinaba por los
valores seguros de Itoiz, Lertxundi y Oskorri; IZ grabó a Zen pero no se atrevió con
Zarama. En Pamplona, el estudio Soñ ßua se preparaba para pasar a la acción.
«El panorama musical vasco actualmente es bastante deplorable -apuntaba desde
Gasteiz, en la primavera del 82, la mente incombustible de Josu Zabala de Hertzainak,
de los que pronto se tendrían muchas noticias- Básicamente por la situación política,
que ha provocado un agotamiento de las posibilidades de la música vasca en una época
anterior, cuando el festival y la política iban ligados. Y como consecuencia se ha
producido un rechazo del público. En la historia de la música ha habido un cruce de
caminos fundamental con el nacimiento del punk. El punk ha demostrado como
movimiento que sin saber grandes cosas pero con muchas ganas, vitalidad y
derrochando a tope lo que se siente en un momento determinado y con un cacharro, un
instrumento delante, se pueden hacer cosas vitales. Los punks han demostrado que no
hay porqué ser un gran músico para expresarte delante de la gente que vive como tú.
Nosotros, en ese sentido, somos herederos del p uunk. Nuestro espectáculo consiste en
salir, enchufar y que no se pueda quedar nadie quieto hasta que dejes el instrumento».
Por su parte, el cantante de esta nueva formación creada en Vitoria -Gamma- hacía su
propia valoración de la coyuntura: «La música vasca hasta ahora ha sido una paliza;
tienen que salir nuevos grupos que se enrollen para que deje de ser un aburrimiento.
Hay crisis, pero de la crisis saldrá la marcha. Porque Euskadi es el sitio más punki de
todo el mundo. La marcha que ha habido en las calles y que sigue habiendo se va a ver
aunque cueste. Para eso estamos nosotros».
El punk hizo el mismo papel que los Hunos de Atila: arrasarlo todo a su paso. Como el
pintor vanguardista de entreguerras que quería olvidarse de los museos, de Velázquez o
del Louvre, así el punk quiso prescindir de la historia de la música, alegando que toda la
cultura en general, y la »del rock en particular, olían a podrido. Pero lo
verdaderamente importante del punk no fueron los grupos que dieron vida al fenómeno,
sino las repercusiones de sus premisas subversivas, nihilistas y combativas. Millones de
jóvenes en todo el mundo adoptaron el punk por religión, se compraron una cazadora de
cuero negro y formaron un grupo de música inmediata. En este creciente movimiento
punk-rockero vasco fueron imprescindibles compañeros de viaje los fanzines
-fotocopias grapadas, en sus comienzos, con una tirada de cien o doscientos
ejemplares-, que venían a ser la respuesta entusiasta de los ochenta a los clubs de fans
de los sesenta. Su radio de acción era corto pero intenso. En julio del 81 había salido el
primer número de Destruye!!!, fanzine donostiarra punk elaborado por el incansable
Javi S. que ya se había estrenado anteriormente con Alguien te está mirando.
Las ondas hertzianas contribuyeron también mucho a la propagación de esta cultura de
Åsesperada, sin padre ni madre aunque ingleses y norteamericanos se disputasen su
paternidad. En Radio Cadena San Sebastián, Luis Angel García dirigía el programa
Tiempo de Música-Gabon Euskadi que cada vez fue dando más protagonismo a los
nuevos grupos locales, al igual que hicieron otros locutores como Gregorio Gálvez de
Radio Popular de Donosti y su Club 44, o Félix Linares y Jerry de Popular 3 Stereo con
Dios Salve a los Maravillosos Grupos Locales. En Radio Vitoria nació la 96FM
La cosa se estaba animandoé demasiado, así parecía desprenderse de esta crónica de
Muskaria titulada Peleas en conciertos punk: «En los últimos festivales punkies llevados
a cabo en el Gran Bilbao ha habido broncas y peleas. En La Jaula, los seguidores de RIP
y Cirrosis pusieron en tensión a toda la sala entre golpes, cascos rotos y caos continuo,
como los primeros tiempos del punk británicoé En las fiestas del barrio de San Vicente
de Barakaldo se organizaron dos festiv éales. El primero con la participación de FU 3
(heavy metal), Vulpes, Corrupción y La UVI de Madrid, al final se apuntaron los de
RIP (también estuvieron los de Hertzainak intentando subir al escenario). Un frío
helador y un equipo que no había manera de hacerlo sonaré El segundo fue en el colegio
de Minasé mal sonido y después de que tocaran MCD, Basura, Eskorbuto y RIP, a los
organizadores se les ocurrió meter en cartel también a Tupés, de rockabilly. Por tal
motivo no les dejaron actuar y hubo pelea entre los teddys y los punkies de Barakaldo».
El anónimo y desolado cronista concluía así su accidentado relato: «Al final sólo quedó
un triste gato».
Y hablando de gatos, quienes se lo llevaron al agua fueron sin duda La Polla Records.
Prolíficos, constantes, originales, La Polla ha sido el paradigma claro de ese espíritu
punk mencionado por Josu Zabala. «Nuestra primera actuación fue en Salvatierra
-explicaba Evaristo, cantante y letrista, cuando aún no ha 3bían grabado siquiera su
single de debut- é fue gente de todo tipo, todo dios iba a ver qué hacen esos pelaos.
Tocamos un rock and roll y un blues típico, y cuatro canciones locas en un acorde todo
el rato; el bajo y uno de los guitarras eran tan malos que les pusimos el volumen a ceroé
Yo empecé a echarme una cerveza por la cabeza, ¿había que hacer algo, no?,
quedándonos con la gente de una manera bárbara, alucino, nunca había visto nada
igual».
Y aquellas cuatro canciones locas se convertirían en más de un centenar de «pequeñas
bombas de odio» escuchadas en todos los rincones de la península; canciones
elementales -duramente elaboradas en ensayos de mañana y tarde- que desenmascaran
con gracia y trepidante ritmo la mentira del poder. Aunque los de Agurain siempre han
dibujado un retrato sombrío de la socie Þdad, también es verdad que sus caricaturas
sangrientas rebosan desparpajo y salero, mucho humor de la calle y una salvaje ternura
hacia los jubilados de la vida. En sus temas ultrarrápidos y ultracortos late la conciencia
de clase, así como el individualismo más escéptico y la crítica, y autocrítica, más feroz.
«Hay muchos punkis de postal que desvirtúan el rollo -aseguraba Evaristo- Una vez
vinieron unos a buscarnos para un recital, para coger pelas para sacar a un grupo de la
cárcel. Estuvieron oyéndonos en el local cómo tocábamos y no nos llevaron porque no
dábamos la imagen».
Desde una óptica diferente, también Eskorbuto empezaban a darse a conocer en ese año
del inicio de la era socialista. «Sus insultos sobrepasan la vulgaridad de la manifestación
política -escribía Pedro Elías Igartua- para convertirse en auténtico rock-pánico». Las
canciones de Juanma, Josu (que había sido el primer bajista de Zarama) y Paco sonaban
como lapos en la boca de la sociedad. Eskorbuto izó Ó la bandera de los enganchados a
la ruina y a la desgracia. «El rock es la única puerta que nos queda de salida, el único
medio de vivir y de ganar el pan para los que no se untan con el sistema, los que están
ya alejados de sus estructuras de pensamiento, de sus leyes. Para nosotros nada tiene
sentido, sólo nos queda el rock. Esto es también lo que hace al rock peligrosamente
subversivo: es la única forma rentable de éxtasis dentro del Sistema», exponían Cartier
y Naslednikov, en el libro LÕUnivers des Hippie, del año 1967. Esta afirmación de
tintes sesentayochoístas y utópicos resultaba sin embargo perfectamente aplicable a
formaciones como el trío punk de la margen izquierda del Nervión.
El movimiento rockero vasco se aceleraba y radicalizaba. La primera y última vez que
los Aristogatos tocaron en Rentería duraron escasamente veinte segundos sobre el
escenario, justo el tiempo que les dio para decir: Somos Aristogatos, rockabilly de
Donosti. Luego, fueron desal ojados del tablado a base de proyectiles contundentes.
Las tribus urbanas -heavys, punkis, modernos, rockabillys- se declaraban la guerra ,
mientras la cerveza y el speed hacían lo demás. «Nosotros no dejábamos que nos
humillase nadie, aparecían que si los heavys, que si no sé quiénes, iban a reventar
conciertos, eso ha pasado unas cuantas veces, por ejemplo, en la Rioja y en la zona de
Burgos; allí todavía no estaba asimilado el punk y la movida era atacar al punk. He visto
cabezas abiertas y he abierto cabezas y me he comido unas hostias de espanto. Fue una
salvajada. Era una salvajada, pero a la vez yo lo consideraba autodefensa porque
nosotros peleábamos por nuestros principios, por que no nos impusiesen nada, por el
derecho a abusar de nuestra libertad», decía un punkito de Vitoria q ¾ue luego tendría
mucho que ver con el rock local: Dieguillo, un correcaminos desgarbado que se comía
sus propias palabras, incapaces de ir tan rápido como sus piernas y su cabeza.
Las formaciones, fuera cual fuese su credo, entraban además en una dinámica
vertiginosa pues prácticamente salían a escena en pañales. Por eso, la soltura brillaba
por su ausencia, y la naturalidad también escaseaba a causa de esa misma inexperiencia.
«Hay mucha insulsez entre los músicos de esta tierra, son unos aburridos, serios pero
serios de tontos. A la mayoría de los conjuntos de Euskal Herria les podíamos mandar
un saludo: ¡Muermos, que sois unos palizas!» -decían ácidamente los Kontuz Hi! de
Iruña, donde estaba a punto de estallar el obús a causa del estreno discográfico de La
Polla Records y Barricada.
«A los pocos días de estrenarse el año 83 actuaron por primera vez los punkis vitorianos
Cicatriz en la Matriz. Tocaron en el bar El Desván con el equipo de He îrtzainak.
Sonaron canciones como Botes de Humo, La Tía Julia, con unas letras divertidas y
pasadas de rosca, también versionearon a Siniestro Total. Cicatriz en la Matriz tienen
dos voces de ambos sexos Poti y Natxo, al bajo Manolo y a la guitarra El Pescadillas. Se
rumorea que debido a su estado ensayan en el psikiátrico de Las Nieves. De la actuación
Josu de Hertzainak declaró a Muskaria: «Me divertí un montón».
Que Cicatriz ensayaba en el siquiátrico de la ciudad no era ningún rumor sino la pura
verdad; además, la unidad de desintoxicación que se había creado allí les proporcionó
incluso su primera batería. Escuchemos las manifestaciones del siquiatra Miguel
Gutiérrez: «Yo llegué en el año 80 a Vitoria, y lo que suele suceder, al último que llega
le empluman lo que nadie quiere, y en esa línea de pensamiento -muy típica de las
instituciones- a mí me tocó el tema de alcoholismo y toxicomanías. Era un tema en el
que yo no había trabajado nunca. Había una cierta desorientación, el tema era n ÷uevo,
no había ni estructura preparada para eso y ni siquiera había una concepción clara de
qué era eso, por tanto malamente podía haber una respuesta estructurada o
mínimamente específica, en todos los órdenes, no sólo en el orden conceptual sino ni
siquiera en el orden medicamentoso; no había un conocimiento muy claro del asunto de
las drogas. Cuando yo llegué ya había demanda, hombre, un goteo, tampoco era una
presión muy fuerte, pero en muy poco tiempo empezó a venir mucha gente, y entonces
fue cuando creamos una unidad que luego reformamos. Teníamos dieciséis camas,
llegamos a tener 16 personas ingresadas a la vez, aquello era de órdago a la mayor; en
fin, para el que sepa algo del tema, manejar a 16 heroinómanos ingresados
simultáneamente era la guerra. Y de hecho actualmente no hay ninguna unidad de ese
tamaño. La asistencia se multiplicó en muy poco tiempo. Se formó un equipo muy
joven y con una relación muy horizontalizada con la gente; este tipo de chicos
rechazaba absolutamente los modelos ï médicos convencionales; como pacientes eran
atípicos: no respetaban las normas, no hacían caso de nada. Un médico convencional de
ninguna manera estaba acostumbrado a ese tipo de actitudes ni estaba dispuesto a
tolerarlas. Así que con lo que yo me encontré fue con una fractura importante, no sólo
referido a Las Nieves sino a todo el sistema sanitario, porque de hecho toda esta gente
empezó a ir antes al hospital de Santiago y a Txagorritxu, por problemas de hepatitis;
por ahí empezó un poco el asunto. Así que la creación de ese servicio, con un personal
que tenía una actitud nueva y mucha ilusión, lo modificó absolutamente todo; se crearon
cosas muy curiosas y muy originales, y una de ellas fue comprar de segunda mano una
batería para que empezaran a tocar. Ahora, la edad media en un centro de toxicomanías
está en veintinueve o treinta años; entonces, estaba en dieciocho o diecinueve; gente
muy joven, que había entrado en la heroína no por problemas de paro o marginación
sino por fenómenos c ÿontraculturales; la gente entraba porque había que entrar, la
gente se metía porque era la movida. Había presiones familiares extraordinarias, las
familias estaban en pelotas intelectualmente a la hora de abordar un problema de ese
tipo. Mucha gente salió; si no saliera nadie como se afirmaba y se sigue afirmando
desde muchos sectores, calcula que tendríamos unos quince mil heroinómanos en
Vitoria, y en mi conocimiento jamás se ha podido demostrar que haya más de 600 a la
vez, que ya es mucho. Si nos quedamos aquí media hora, igual te señalo siete señores
que nadie diría que hubieran tenido ningún problema de adicción a opiáceos, y lo han
tenido. Había mucho abandono espontáneo; gente que sin hacer grandes maravillas, lo
había dejado porque le había visto las orejas al lobo. Y otros desgraciadamente, a pesar
de intentarlo, no salían. La primera etapa de desintoxicación era en régimen de ingreso;
pasaban ocho o diez días, y claro, había que rellenar el día con actividades y programas.
Hicimos muchas cosas; en ñ ese contexto, tuvimos la colaboración de ciudadanos que
organizaban meriendas en caseríos, por ejemplo. Hemos ido a muchos sitios; a veces, en
alguna de estas expediciones nos paraba la policía y nos ponía a todos contra la pared,
incluida la monja y yo. Nos ha pasado varias veces. De esta misma forma, surgió la
política de apoyar actividades que a nosotros, en esos momentos, nos parecían acordes
con los intereses de los señores que demandaban asistencia; nos parecía útil que se
engancharan a algo, algo que no fuera la droga; de la misma manera que se solicitaban y
conseguían diez carnets para ir a Mendizorroza a hacer deporte, pues de la misma
manera se compró una batería para que unos señores justificaran su presencia diaria y
tuvieran un mejor control; era un mecanismo de contención. Empezaron a ensayar en el
salón de actos y posteriormente acondicionamos un espacio en los sótanos del
dispensario; estuvieron año y medio o dos años».
«Creo que la nota predominante de toda esta generación ha hsido negarnos a que nos
impusieran nada -afirma Dieguillo, amigo fiel de Cicatriz desde sus comienzos- Yo
conocía al Pescadilla del Okendo [bar de la Cuchillería]; a mí me habían echado de casa
y estaba por ahí; dormía en cabinas de teléfono, en La Florida, un día en casa de no sé
quién, otro día de gaupasa, de mala manera, pidiendo pelas por la calle. Yo era un
punkillo y veía las cosas como a través de una película, me parecía que podía hacer todo
lo que me diese la gana y de hecho lo hacía. Por suerte, no me dejaron empezar a
meterme caballo porque como tenía catorce años era como la mascota de la baska, y
tuve esa suerte, supongo que, si no, ya no estaría aquí. Tuvimos cantidad de temporadas
de separación porque yo no tragaba con el caballo. Ahora lo veo de otra manera, cada
cual que haga lo que quiera, pero entonces me molestaba ver que la gente se destro
ázara. Yo no les veía disfrutar, les veía que se quedaban súper tirados; siempre he
preferido la anfeta, la quemas, le das caña. Entonces, tampoco se sabía muy bien cuáles
iban a ser las consecuencias de toda esa locura, porque era una locura, cada cual se
ponía hasta los ojos de lo que le apetecía, a destajo; entonces, solamente se disfrutaba,
no había consecuencias. Y en uno de los desenganches, empezaron a ensayar en Las
Nieves. El que la lió fue el Pescadilla, que había estado tocando la guitarra en un grupo
de verbenas de Durango. Estaban él, la Poti, Nacho, Toñín. ƒramos los más pasados de
Vitoria, nos daba igual todo, estábamos cinco días sin dormir, durmiendo en comisaría.
Yo entonces a Nacho le veía como mi hermano mayor, estábamos en todas las movidas
juntos, nos protegíamos. Era como muy familiar todo el rollo de Cicatriz entonces; yo
me chupaba todos sus ensayos y de vez en cuando pasaba al local de al lado, donde
Juanjo Eguizabal hacía esculturas y dibujaba».
«Etxeba ñrrieta, el primer muerto de ETA [Txabi Etxebarrieta] era tío segundo mío,
primo de mi padre -contaba Nacho-Cicatriz en una entrevista que le hicieron, en
noviembre del 94, en Eguzki Irratia- De chaval yo era muy broncas en el colegio,
siempre en asambleas, siempre a las manifestaciones, siempre a tirar piedras, siempre la
ikurriña, independentzia, presoak kalera. Hasta de EGI he sido. Yo tenía once o doce
años y eran las primeras elecciones que había, y yo estaba echando una manilla en la
Renault, con mi viejo. Al principio, pues a pegar carteles de pringadillo, con una ilusión
de la hostia. Llevaba kaiku verde y era dantzari de grupo de danzas; me molaba todo el
folklore euskaldún. Así hasta los catorce o quince años; luego, empecé a fumar porros,
empecé a desviarme ya de tanto politiqueo y tanto rollo; me empezó a tirar el rollo del
rokanrol, de la calle y de la movida. Yo he estado en las Escolapias, en los
Corazonistas, en el Marcelino Losa, en el Canciller Ayala, en Arriaga y en Comercio.
éHe pasado de todos, me han expulsado de más de la mitad, siempre por escandaloso,
aunque tengo Graduado Escolar porque era bastante espabilado y tenía las llaves de
donde guardaban los exámenes. Siempre he sido un gamberro, de blusa me gustaba
hacer el gamberro, de dantzari me gustaba hacer el gamberro. Y, luego, la verdad,
cuando empecé a fumarme porros y empecé a oír chorradas de que si vasco traidor, que
si drogadictos, me mosqueó mucho esa movida, no me gustó nada. Me atrajo tanto lo
del porro y lo de los hippies y lo de la música; todo eso me llenó tanto que me anuló lo
anterior; yo pensaba morir por ETA, vamos, mi máxima ilusión era ser etarra; eso era de
chaval lo que yo pensaba. Pero, no sé, de un día para otro dije: no, chaval, lo tuyo es
esto, lo tuyo son los porros. Me ha traído muchas consecuencias pero tampoco me
arrepiento de lo que he vivido, para nada. No sé cómo me habría ido de l Æa otra
manera».
«Con diecisiete años, yo era un poco el chico rebelde en busca de novedades -recuerda
Toñín, primer batería de Cicatriz- Me metí a trabajar en el Odile [en la calle Manuel
Iradier], estuve pinchando un año y medio; creo que he sido uno de los disc-jockeys
más jóvenes de por aquí. Yo conocía mucho a los Freaks, que para mi gusto han sido los
pioneros de la movida punk en Vitoria; fueron banda punki donde las hubiera, con
toques teddy-boys, era una mezcla entre lo rockabillero romántico y el punk. Conocía a
su cantante, Juanjo Eguizabal, del Dadá [luego Andy y hoy Pravda]. Juanjo destacaba,
hacía escultura y era atractivo para mí porque siempre me ha gustado el arte. Yo llegué
a ver a los Freaks en el Dadá, en una actuación en la que al final se disparó un extintor y
acabó como una fiesta blanca, todo el local blanco absolutamente. ƒramos pandilleros,
rockeros, amigos de fiestas rockabilleras, íbamos a conciertos. Y entonces conocí a la g
¨ente de Cicatriz, sabía que querían formar un grupo, que no tenían batería. En realidad,
mi pasión era la guitarra y sin embargo estaba tocando la batería en un grupo, por
rebote, porque no tenían batería y dije: ésta es la mía, voy a estar en un grupo. Eran
tiempos muy salvajes, era imitar un poco la movida británica, tiempos muy acelerados,
mucha droga blanda, mucho porro; también había droga dura, por algo lo del
siquiátrico. Yo tenía ese pánico de ser un crío y ver que las cosas iban muy rápidas; aun
y todo, ensayaba y ensayaba emocionado. Nos estrenamos en el Desván; toqué encima
de unas cajas de coca-cola, se me hundió una de las cajas, y con ella la mitad de la
batería, y andaba tocando y recogiendo los pedazos que se iban cayendo. Fue una fiesta
increíble. Era el comienzo de todo. Se empezó a revolucionar el ambiente.
Ensayábamos prácticamente todos los días, en una leonera con las paredes de piedra y
una humedad t éerrible; sacábamos tiempo a todas horas. Eran como conciertos, no
eran ni ensayos; conciertos a los que acudían incluso los médicos. Duré en el grupo lo
que fue la formación de la banda; después de la actuación del Desván dije que no
continuaba. Creo que me asusté; yo era un crío que todavía tenía que luchar con el
puede salir de casa-no puede salir de casa, aunque no hacía mucho caso, la verdad, y
veía que ellos tenían ya una libertad casi total, y yo eso no llegaba a alcanzarlo nunca.
Me daba miedo y reparo porque siempre he sido moderado, tanto con el alcohol -aunque
me he pegado mis pasadas- como con las drogas; siempre les he tenido pánico. Siempre
que ha habido demasiada dependencia de las drogas, he procurado abrirme de la
película. ƒsa fue la principal razón por la que me marché. Por otra parte, a mí se me
acusaba un poco, pero no el grupo, no los Cicatriz, sino en los corrillos de público, de
ser demasiado popi; porque a mí me gustaba la otra car ãa de la moneda, que era lo que
se estaba haciendo en Madrid, me encantaba Elvis Costello, los mismos Alaska y los
Pegamoides cuando eran Pegamoides. Claro, eso aquí se consideraba un poco blando;
aquí se quería ser más británico: UKSubs, Sex Pistols, los Exploited, se escuchaba
también a los Dead Kennedys, que era una banda cañón».
«La segunda actuación fue la más punk del mundo que ha habido jamás -relataba Nacho
en la entrevista de Eguzki Irratia- La Lola, la famosa Lola Por Qué Estás Sola, me dijo
que a ver si nos importaba ir a inaugurar un bar, y yo le dije que no nos importaba. Nos
dijo que fuéramos al San Marcos y fuimos allí con todos los cacharros, nos metimos por
la cara en el bar. Dijimos: oye, que venimos de parte de la Lola. Se quedaron alucinados
los tíos, nos metimos cuarenta o cincuenta personas, la mitad de la gente de tripi,
empezamos a bebernos todo, a romper botellas contra la pared, nos empezamos todos a
caer, a mancharnos de sangre, a cortarnos; el caso es qu òe le destrozamos el bar. Los
tíos se quedaron flipados, fueron fans desde entonces de los Cicatriz hasta la muerte. Al
día siguiente, me cojo y me encuentro a la Lola y le digo: pero, Lola, tía, ¿qué pasa, que
no apareciste en el concierto? ¡Pero si no aparecisteis vosotros! ¿Cómo que no
aparecimos, pero en qué bar estuviste! ¡En el San Roque! Y digo: pero si me dijiste en
el ¡San Marcos, tía! El San Roque estaba en la Zapa y el San Marcos en la Cuchi. La
tercera actuación fue en un colegio y el Dieguillo, aquí presente, que iba con cresta por
entonces, era nuestro manager».
Oigamos, por alusiones, qué cuenta Dieguillo sobre aquel concierto: «Era una actuación
en la que primero tenían que tocar unas cuantas canciones, luego se hacía una cena en
un comedor que habían montado en el polideportivo, y después otra vez tenían que
volver a tocar. Tocan la primera parte; bueno, no querían pagar, había de momento una
polémica ahí con eso, y por fin cuando empezaron a tocar me lo dio en mano. ¡Eh, que
ya « hemos cobrado! Entonces empezó la juerga porque hasta entonces una canción
suavecita, lo más tranquilos posible. Tocan un rato, vamos a cenar, empezamos; en un
lado estábamos La Poti, el Natxo y yo, y en el otro, el Pescadilla y los demás. Para
cenar había pescadillas. ¡Pescadilla, toma!, le echamos una pescadilla; nos echan un
cacho tortilla, empiezan a volar cosas, y, de repente, una botella, ¡fumba!, contra el tío
que estaba entre Natxo y yo, justo en toda la frente. Estaban allí todos los [Link] le
estaba tirando al director croquetas, es que no paraba de tirarle croquetas. El caso es que
se montó una batalla campal y tuvimos que salir por patas». La punkitud se había
apoderado de Euskadi. En los florecientes bares de música de todos los cascos viejos,
las canciones desaforadas atronaban a las encrestadas audiencias. Con la excepción de
la esvástica, muchos jóvenes adoptaron la parafernalia punki: lapos, cadenas, impe
¥rdibles, botas militares, pantalones atigrados de espuma, chupas; habían adoptado
también, desgraciadamente, la droga blanca de moda entre los punkis británicos y
neoyorquinos.
Los que tampoco se andaban por las ramas eran los fanzineros. Desde Bilbao, el fanzine
Sorbemocos -así como el programa Filtraciones Piratas de la radio libre portugaluja
Onda 3- arremetían «contra las emisoras oficiales, revistas, partidos políticos, salas
comerciales, locutores, managers e incluso contra grupos, sobre todo a los hippis y
hevys, a los que insultaban y pisoteaban sin tregua. Su lenguaje mordaz e irónico en
seguida les hizo popularesé El éxito traspasó las fronteras vizcaínas y Jesús Ordovás
desde Esto no es Hawai afirmó que Sorbemocos era el fanzine más divertido de todo el
Estado» -relataba Roge Blasco en un artículo que hablaba también de otros fanzines
como Neo Ama de Kass, que pasaba de la fotocopia al papel couché, El Ojo tóxico o
Sintonía Cerebral de One Herrera. «Pienso que a la mayoría de los grupos le gusta verse
en las páginas de cualquier medio de comunicación, bien su foto, bien su nombre o una
simple alusión. Es como una pequeña recompensa a su esfuerzo, a su sacrificio. Al fin y
al cabo, ese recorte de prensa es todo lo que les queda del pasado» -reflexionaba Pablo
Cabeza desde la guía del ocio Chivato, donde se encargaba de la sección musical Rock
Oh Rollo. Muy pronto se darían a conocer otros fanzines de larga vida como ònica
Alternativa y Brigada Criminal.
Y a todo esto, ¿qué hacían las instituciones? La Diputación de Guipúzcoa financió la
grabación del disco colectivo Gipuzkoa Star 82 que reunía a quince bandas, entre las
que se encontraban No, Jotakie, Mogollón y Asco (que tenían la negra porque, primero,
les robaron el equipo y luego se les quemó la furgoneta). «Más habría valido que la
Diputación dejara locales de en ñsayo gratuitos y promocionara teatros y salas de
conciertos con grupos locales de forma regular. Lo único que tenemos ahora es un disco
que, a excepción de dos o tres grupos, no hay por dónde escuchar, y no por culpa de
ellos. Vaya favor que os han hecho» -arremetía Roge desde Muskaria. Y no le faltaba
razón porque las incursiones oficiales en este terreno siempre han sido miopes. Nadie en
las alturas se ha preocupado seriamente de la educación musical básica; todo se ha
reducido a pan para hoy y hambre para mañana. Lo único que a los políticos les ha
interesado del rock es su poder de convocatoria.
Y a los medios de comunicación, en general, únicamente les ha interesado el morbo y el
escándalo, el sex, drugs & rock and roll, proclama revisitada por el espasmódico
poliomielítico Ian Dury. Y habiendo chicas de por medio, mucho más. No sabía bien
Televisión Española lo que estaba haciendo cuando decidió grabar a las Vulpes para el
programa Caja de Ritmos dirigido por el intrépido Carlos Tena. çEste grupo punk all
girls de Bilbao sólo tenía seis temas montados pero se había convertido en la sensación
local. Dos de sus componentes -Loles y Lupe- eran hermanas de un integrante de MCD,
otra de las bandas punk-rock de la ciudad. Pasó el tiempo y el 27 de abril del 83 se
desencadenó la tormenta. El pase televisado de la canción de las Vulpes Me gusta ser
una zorra no había pasado desapercibido precisamente, a causa de estrofas como Si tú
me vienes hablando de amor que dura es la vida o el caballo te guía, permíteme que te
dé mi opinión: mira, imbécil, que te den por culo. El diario ABC tituló: «Una canción
obscena, nuevo escándalo de TVE». Para añadir: «Texto íntegro de la canción y
editorial en páginas interiores». El cirio que se montó fue respetable, y aunque de
momento pareciese lo contrario, a la larga el asunto no le benefició nada en absoluto al
cuarteto femenino. Se las rifaban para que fueran aquí o allá a actuar; todo el mundo
quería verlas, entrevistarlas, fotograf Îiarlasé
Pues menos mal que a Carlos Tena no se le ocurrió grabar a los RIP de Mondragón, que
por entonces cantaban a voz en grito: «Toque de queda, masacre por la ciudad, punkis
armados buscan una víctima más, son agresivos, sólo quieren matar las sucias mentes de
la puta sociedad». Desde Rentería, cantera del punk, Basura concretaba más: «Vas
tranquilo por la calle, entre ratas y basura como única compañía, redadas de la policía,
no te dejan ni respirar, todo chulos con sus zetas, con las fuscas bien cargadas, esperan
con impaciencia el momento de machacarte». ¿Y Optalidón, del barrio donostiarra de
Eguía, qué decían?: «Suena la alarma, guerra mundial, niños que lloran, todo es
destrucción, cuerpos mutilados, hora de morir bombas nucleares, todo es confusión,
¿Por qué, por qué, por qué?».
La respuesta seguía estando en el viento, aunque algunos se fueron a buscarla a Madrid,
como Derribos Arias o Nacional 634, guipuzcoanos marcados musicalmente por el pu
õnk de segunda generación y el afterpunk británicos: Killing Joe, Exploited, Crass,
Antinowhere League, Siouxsie, Bauhaus, la música industrial alemana y británicaé
«Cuando te das cuenta de que el punk corre el riesgo de dejar de ser algo revulsivo, y
llega a convertirse en una moda para algunos, algo asimilado por el sistema, entonces te
planteas hacer algo más corrosivo: terrorismo de hilo musical, terrorismo de discoteca.
Euskal funk». Así se expresaba Poch, de Derribos Arias, autor de Dios salve al
lendakari, que no es un rastafari ni es un txistulari. Poch cambió la Concha por el
estanque del Retiro porque sabía que en el Foro se estaba gestando algo, había más
locales de actuaciones, comenzaban a nacer pequeños sellos discográficos
independientes (DRO, Tres Cipreses, Grabaciones Accidentales, Nuevos Medios, Dos
Rombos). Su mente inquieta entró rápidamente en contacto con el magma de la movida
madrileña. Formó parte de los Ejecutivos Agresivos y más tarde creó Derribos Arias,
una paradoja tecno «-punk, por dar una definición incongruente sobre una formación
inefable. Poch actuaba como un maestro de ceremonias del caos, un iconoclasta de las
situaciones, un apátrida de las actitudes. Sus mensajes iban cifrados. Alejo, guitarra,
declaraba que ellos eran un grupo de sonido guarro, sucio. «En este país, no hay nadie
que haga sonido sucio y de calidad, es decir, hacer sonido de garaje pero que suene en
un equipo». Derribos había conseguido grabar todo un alucinante primer disco en
Madrid y situarse en la vanguardia de los grupos más rompedores del momento, junto a
Polansky y el Ardor, Ilegales y Radio Futura. El otro emigrado que hizo fortuna fue
Kike Turmix, que se enamoró del barrio Malasaña de Madrid, donde años más tarde
formaría The Pleasure Fuckers, una potente banda de directo, alcohol y garitos, de rock
enérgico con sabor a carretera y a furgona. «Las baladas, para las ovejas», declararía
años después Kike Turmix respecto a su poca afición a Å los ritmos lentos.
Un escándalo de diferente signo al de las Vulpes fue el cierre de la emisora libre Radio
Paraíso. «Todo empezó a raíz de un artículo publicado en El País sobre el cierre de una
televisión privada en Valencia, en el que se estimaba también la posibilidad de hacer lo
mismo con las emisoras independientes -leemos en Muskaria- Al enterarse de ello, los
de Radio Paraíso se pusieron en contacto con el delegado del gobierno en Pamplona, Sr.
Roldán, para cerciorarse de la repercusión que podía tener para ellos medidas de ese
tipo. Cual no fue la sorpresa cuando dicho señor les remitió una orden de Madrid por la
que iba a proceder en media hora al cierre de la emisora. Al poco tiempo se presentaron
dos inspectores de la policía que precintaron Radio Paraíso». El cierre de esta veterana
emisora que emitía las veinticuatro horas del día fue un inútil intento gubernamental por
frenar lo irrefrenable: la riada de radios piratas que se avecinaba à.
¿Y qué opinaba la gente? Para saberlo, no hay nada mejor que darse una vuelta por la
sección de Cartas. Estas secciones son en ocasiones el alma de una publicación.
Muskaria siempre mimó este aspecto, dedicándole cuatro y cinco páginas enteras en los
primeros tiempos. Los lectores ponían de vuelta y media a los periodistas, a los
músicos, y también se ponían verdes entre sí, organizando verdaderas polémicas que
podían seguirse de número en número. Un lector de Madrid escribía: «Esta información
que servís resulta para mí demasiado lejana, pues me podría interesar escuchar algún
grupo que sale en la revista pero por desgracia (y lo que es peor, esto no tiene visos de
que cambie) estos grupos seguirán actuando en el reducido marco de Euskadi, pues bien
es sabida la repulsión general que existe en esta urbe a casi todo lo procedente de
vuestra tierraé» ¡Repulsión! Ejem, vayamos con otra carta. Un lector de Arrasate,
probablemente un ex-músico, tiene un amargo ataque preventivo d e lucidez: «Entre la
fantasía y la realidad, entre la música y el ruido tenemos a los grupos de rock. Todo un
mundo de ilusiones y cuentos de lecheras, que muy pocas veces llegan a ser verdad.
Todo empieza con un triste y húmedo local, un garaje, un comercio abandonado, una
pocilga. Horas y horas de ensayo, de repetir canciones y posturas. Llega el gran día, el
orgasmo mental, la gillipollada del siglo. Con mucha ilusión y una mierda de equipo,
empieza el espectáculo. Los momentos previos a salir son matadores. Botellas de
whiski, latas de cerveza y otras drogas corren de una esquina a otra mientras se afinan
las guitarras. Es la hora de demostrar todo lo drogadicto y rockero que es uno, igual que
aquel otro de aquel famoso grupo. Y se demuestra, faltaría más. Gritamos
distorsionados, mucho volumen, buena dosis de marcha y un solo lema: sexo, drogas y
rock and roll. Y todo esto es un grupo de rock local. Con el eng Õaño de creerse
estrellas, con la ilusión de aquella guitarra o aquella batería, se mira más por la estética
que por la música y el sonidoé » ¡Menuda carta-manifiesto!
Las cartas de esta revista nacida en Algorta eran absolutamente dispares; las había
faltonas, eruditas, desengañadas, mosqueadas, asombradas, entusiasmadas, interesadas,
asqueadas, frustradas, agresivas, enrolladas, amuermadas. Muchas veces, los lectores se
convertían en inesperados cronistas de realidades diminutas pero terriblemente
evocadoras. Otras veces, disparaban con escopeta de cañones recortados: «Me parece
muy bien el promocionar las distintas facetas de la música pero sólo aquellas que tengan
una supuesta proyección futura importante, ya que si no va a llegar un momento que
todas las cuadrillas de trompas (borrachos), los que digan passa, tío, tengan que salir en
una página».
En realidad, y llevada del entusiasmo de sus redactores y colaboradores -Kolega, Javier
Corral, Félix Linares, Pedro ËElías Igartua, Edorta Arana, Pablo Cabeza, Maribí
Ibarrola, Belén Mijangos, Moso- la única revista musical vasca se decantó
apasionadamente por los nuevos grupos, discos, sellos, fanzines, radios, festivales, salas
-como el recién inaugurado Autódromo de Lasarte- que estaba generando la nueva
situación. Las noticias se fragmentaban; en uno de esos sueltos aparecido en el número
de abril-mayo del 83 se leía: «Oleada de festivales punkisé Alza, Oñate, Mondragón,
con Basura, RIP, Cirrosis, No, Odio, Optalidón, Cicatriz en la Matriz, Desorden,
Vulpess y Ultimo Resorte». Los RIP viajaron a Madrid para actuar en el Rock-Ola pero
les cortaron al cuarto tema «porque dijo el tío de la salaé cómo era la frase famosaé ah,
sí, que lo que decíamos era verdad pero que es muy crudo y no se podía decir en
público». Las Vulpess (ahora con dos eses) grababan un codiciado single en la
independiente Dos Rombos, con la ayuda del guitarrista del grupo madrileño La UVI,
Guillermo ¨ Sánchez.
Más que una oleada aquello fue una sucesión de maremotos, un subidón, que culminó
en el festival de Oñate, del que casi nadie se acuerda porque la indigestión de sustancias
nubló la memoria de la concurrencia. El consumo de drogas -desprovisto de la
ritualidad de otras épocas- se extendía a la misma velocidad que el meteórico pogo, una
nueva modalidad de «baile» supersónico y saltarín, que incluía tirarse en plancha desde
el escenario sobre las primeras filas. Después del desmesurado éxito que pocos años
antes había tenido el término inglés too much [demasiado], una nueva palabra inglesa
pasaba al lenguaje de la calle: destroy, vocablo polivalente que podía definir un estado
físico lamentable, o la mala organización de un festival. Todo era un destroy. «El Punk
es la forma de ser incapaz para expresarse, pero no son peligrosos; lo peor que puede
pasar es que maten al oyente», decía sardónico el multiinstrumentist Óa de Tubular
Bells, Mike Oldfield.
La conexión británica era evidente; para muchos, Londres estaba más cerca que Madrid.
Todos los que venían de allí se traían una flamante chupa de cuero claveteada, y discos
y más discos. Clash, Stiff Little Fingers, Cockney Rejects, Specials, Generation X. La
música irlandesa era otro gran foco de atracción pues Irlanda y Euskadi mantenían
estrechas relaciones sentimentales. Pero la influencia euskaldún también se dejaba
sentir, aunque hubiera pocos grupos de rock que cantasen en euskera. «é Para algunos
era oportunista y absurdo cantar en euskera en una zona como la margen izquierda
-relataba Pedro Elías Igartua en el verano del 83 refiriéndose a las críticas vertidas
contra Zarama- Para otros, el euskal rock no podía admitir en sus filas a una pandilla de
paranoicos, palabras textuales de un miembro del jurado en el concurso Euskal Musika
80».
No obstante, la aparición de la maqueta de Hertzainak -con clarísimas influencias br
jitánicas- fue definitiva para dejar las cosas muy claras respecto al rock en euskera.
Hertzainak rompió todos los moldes de una tacada con canciones como Kamarada o
Kontrola. En esta ocasión, nadie se atrevió a criticar que mezclaran el idioma de Aresti
con el punk porque era evidente que se habían ganado el derecho a hacerlo. No sólo
podía hacerse rock en euskera sino que sonaba auténtico. Hertzainak barrió los
prejuicios y las reticencias, cerró la boca a los puristas, a los ortodoxos y a los esnobs, y
se convirtió en el buque insignia de los grupos de Vitoria, una ciudad que curiosamente
tenía un bajo índice de euskaldunización.
Ni ez naiz Noruegako erregea, la segunda entrega discográfica de Ruper Ordorika, pasó
un poco desapercibida en aquel maremágnum de sonidos afilados y ultratúmbicos del
83 pero puede ser considerado uno de los mejores discos del año, c èon un reggae como
Nire furgoi beltza y un blues como la copa de un pino titulado Bye, bye, gizontxo. El
disco incluía también una canción estremecedoramente bella -Galtzetan gordetzeko
koblak- con letra de Joseba Sarrionaindia, otro de los nuevos poetas vascos, que por
entonces cumplía condena en Martutene. Había además un tema delicado, mágico y
cristalino, una pequeña obra de arte ambientada con el arpa del músico gallego Emilio
Cao, donde se ponía de manifiesto una vez más la creciente pasión que despertaba la
obra del enigmático escritor portugués Fernando Pessoa. Y había también un largo tema
de casi nueve minutos que iba a convertirse no sólo en el primer sampler hecho en
Euskadi sino en la canción por excelencia de Ruper Ordorika. Berandu dabiltza, que se
iniciaba con unos acordes de Sentado en el muelle de la bahía de Otis Redding, era puro
soul; un arranque de surrealismo de lo cotidiano, de wáteres públicos de baldosas
blancas donde el protagonista mira pornografía mientras d Óos homosexuales son
expulsados de un restaurante por razones comerciales, y los bancos regalan libros con el
lema ora pero sobre todo labora, y las ardillas atracan supermercados.
Antes de la aparición de este segundo disco, Ruper dejó la universidad, hizo la mili y
estuvo viviendo una temporada en Londres, ciudad que le atraía especialmente por su
gran disponibilidad para la música en vivo ejecutada todas las noches en pequeños
locales, donde cualquier músico tenía la oportunidad de hacer un par de temas mientras
la gente se tomaba una pinta de cerveza. Con experiencias enriquecedoras como ésta, el
caudal musical del cantante se enriquecía y se volvía progresivamente más ecléctico,
más equidistante de cualquier tendencia, pero indudablemente rockero. Con razón decía
Yo no soy el rey de Noruega; no quería ser un nuevo monarca de una vieja dinastía. No
quería reinar en solitario sino que estaba obsesionado con el concepto de grupo;
necesitaba algo más que una voz y - una guitarra para poner en práctica su proyecto
sonoro; necesitaba la colaboración de músicos que se involucraran tanto como él en las
canciones. De nuevo volvía a colaborar con Josu Zabala y Bixente Martínez, a los que
se incorporó una pareja que ya desde entonces tocaría habitualmente con él: la sección
rítmica de los hermanos de la Casa, Alberto y Nando, que se habían fogueado en grupos
vitorianos de onda funky como Liquidación por Reformas.
La relación de Ruper con Gasteiz no era fortuita. Aunque nacido en Oñate, había hecho
el bachillerato en Vitoria, interno en un colegio de curas. Tras la facultad, el colectivo
Pott, Bilbao y otras aventuras, volvió a la ciudad alavesa, y se encontró a la vieja
Atenas del norte convertida en un huracán de crestas y vestimentas oscuras. En muy
pocos años, Vitoria estaba pasando de la década de los cincuenta a la posmodernidad
más delirante. En las calles despanzurradas de su casco viejo en obras nació la radio
pirata más ¤ feroz y provocativa de las ondas libres: Hala Bedi, la pesadilla de los
gobiernos civiles y del cuartel de Sansomendi. En la plaza del Matxete, en el bar el
Txato, cuando el palacio de Villasuso aún no había sido rehabilitado, nació más o
menos la Banda Municipal de Ska, una exageración onírico-musical, una fanfarre punk,
una charanga surrealista y etílica que amenizaba las neo-fiestas, en las que la verbena
empezaba a ser sustituida por descargas de ska-punk enfebrecido. Hacía tiempo que el
Rioja-libre se había convertido en kalimotxo. La fisonomía física y mental de la
flamante nueva sede del gobierno vasco se transformaba meteóricamente: nacieron las
procesiones ateas y organizaciones improbables y demenciales como Ateos Reunidos
Geyper.
En Bilbao, Discos Suicidas editó un ambicioso disco doble -Sintonía Independiente- en
el que se hacía una presentación en toda regla de algunas de las bandas más
prometedoras de la Ò zona: In Extremis, Los Santos, Cómo Huele, Médanos de
Singapur, Rufus, Los Impecables, Lavabos Iturriaga, Isidoro y su Colección de Puertas
Plegables, Amas de Casa, Nueva Religión, Zarama y Billy el Niño y los Fantasmas del
Pasado. «He elegido a estos doce grupos porque me parecía que eran los más
representativos de Bilbao dentro del campo que no es punk ni heavy», declaraba Oskar
Amezaga. Las grabaciones se efectuaron en Gain de Berango y en Panpot, estudios
bilbaínos recientemente inaugurados bajo la dirección de Iñaki G. Bilbao.
Uno de los grupos más veteranos de aquel paquete Suicidas eran Los Santos. «Nos
planteamos crear el grupo cuando comprobamos que en cierta medida volvía el pop. El
ambiente musical de la década de los 70 nos parecía tan absurdo y contrario a nuestros
gustos, que no tenía sentido el formar una banda. Durante esos diez años nos metimos
debajo de una mesa y empezamos a beber, no lo soportábamosé Después vivimos en un
caserío de Amurrio, m åontándonos una academia en común donde impartíamos clases.
Las tardes las pasábamos venga a tocar la guitarra y a hacer canciones totalmente
borrachosé Al fin nos decidimos. Nos contrató el sindicato de agricultores de çlava para
asesorar a los campesinos en la declaración de la renta y gracias a este trabajo adicional
ganamos el suficiente dinero para comprarnos nuestro primer amplificador y mesa de
sonidoé El mayor auge de actuaciones llegó tras la salida del single y duró hasta el
verano del 83. En aquellas fechas parecíamos un grupo de verdad, hasta que frenamos
con el primer intento de grabación de un lp. Contactamos con un productor afamadoé y
pensamos que ya estábamos en la autopista del cielo, pero no fue así, la grabación
resultó espantosa. No era un producto digno para editaré Lo fundamental es que el pop
no es serio, si lo fuera no sería pop. Como broma que es, tienes dos opciones: la forma
chabacana, barata -cosa sencilla y que está de moda- o la irónica. Nosotros hemos
Ëdecidido tirar por ese segundo camino. No sólo el pop y el rock es un chiste, también
lo es la vida, nos hace gracia y nos reímosé Bilbao es una ciudad auténticamente pop. El
que vea sólo nubes está ciego. Bilbao es una ciudad preciosa, hablo exclusivamente del
cuadrado que se encuentra entre Sabino Arana, Autonomía, Hurtado de Amézaga y la
Gran Vía, un cuadrado auténticamente mágico. Bilbao es una ciudad que no tiene nada
de siniestro, sórdido u opresivo; por supuesto, aquí no meto los barrios de la margen
izquierda».
El punk se vistió de luto en esos días por la muerte en accidente de tráfico del cantante
de Parálisis Permanente, grupo madrileño que había reclutado a uno de los músicos de
la diáspora vasca, Rafa ex-Negativo. Eduardo Benavente había sido batería de Alaska y
los Pegamoides y donó a la posterioridad un cañonazo de canción: Autosuficiencia
(«Me tumbo en el suelo de mi habitación y veo mi cuerpo en descomposición»). Es
curioso que el rock hay êa dedicado tan pocas canciones al tema de los accidentes de
tráfico, que han segado muchas más vidas que las drogas. Decenas de músicos han
muerto, sobre todo durante las galas veraniegas, en recónditas carreteras comarcales,
yendo o viniendo de algún concierto realizado a horas intempestivas, en sitios
inverosímiles y por un salario de miseria.
En un viaje a Madrid, la policía detuvo a los componentes de Eskorbuto, les confiscó
una cinta de canciones suyas y diversas letras; estuvieron incomunicados treinta y seis
horas, y fueron acusados de «presuntas injurias a los Cuerpos de Seguridad del Estado»
por las que el juez les pidió de seis a doce años. Tras el mal trago, grabaron nuevos
temas incendiarios de realismo sucio, como Ratas en Vizcaya y A la mierda el País
Vasco. «Nosotros pasamos de los nazis y pasamos de los rojos». Desde entonces, la
leyenda negra del grupo de Ezkerralde -y de la baska que le seguía de concierto en
concierto- se fue agrandando.
Tras las gravísimas inundacione ´s que asolaron Euskadi ese verano del 83, se
celebraron en el velódromo de Anoeta dos macroconciertos de apoyo a las víctimas, con
la participación de Serrat, Alaska-Dinarama, Radio Futura, Derribos Arias, Mecano,
Nacha Pop, la Orquesta Mondragón y Triana. Aquel sería el último concierto de Jesús
de la Rosa, teclista y compositor de los sevillanos Triana, que habían dado carta de
naturaleza al rock andaluz. De la Rosa murió en la carretera, de vuelta a su casa después
del concierto en Donosti.
3. Rock radical. Barricada. Musikaz Blai. M-ak. Egin rock. Salve. Rufus. Repercusiones
madrileñas. Si vis pacem. Duncan Dhu. The End. Kortatu. Soponcios telefónicos
institucionales. Gaztetxes. BAP-Hardcore. La Dama se Esconde. Speed. El boom de las
maketas. Estreno discográfico de Kortatu, Cicatriz, Kontuz Hi! y Jotakie. Martxa ta
Borroka y tiro porque me toca. La mili, bestia negra. Belladona. Críticas al RRV.
Tijuana. Potato. Vitoria-Gast ‚eiz. Organización de conciertos. Pablo Cabeza. Teniente
Blux Berri. Descontrol. La soledad del músico de verbenas. Heavys. Festival de Video
Musical. Euskal Rock en Barna. Barricada en RCA. Heroína. Inadaptados de Cicatriz.
Sarri Sarri. Baldin Bada. Delirium Tremens. Danba. Fiestas alternativas de Gasteiz.
Skalherria Punk. Mods. Allnighters. Iparralde. Video-clip. Dinámica laboral de los
músicos. Reflujo discográfico. Basati Diskak. RIP. Doctor Deseo. Speedmetal-
thrashmetal. Resaca radical. Punky reggae party. Bingen Mendizabal. Josu Zabala. Salir
de Euskadi.
Mientras unos morían, algo verdaderamente fuerte estaba naciendo. «El 10 de
noviembre encontramos a José Mari Blasco y Marino Goñi, representantes de
Nafarrock, en los estudios Tsunami de Donosti, cuando iban a recoger el master del lp
de Barricada para mandarlo inmediatamente a Madrid para el corte de acetato y la
posterior p +lastificación de las copias. Actualmente andan muy metidos en una idea de
un movimiento que ellos mismos lo han calificado de Rock Radical Vasco» -explicaba
Roge Blasco en una entrevista tituladaÊNafarrock en apoyo al rock radical vasco:
«Marino- A nosotros nos interesa mucho todo el Rock Radical Vasco porque vemos que
en este momento, que no hay nada nuevo, puede ser una punta de lanza muy importante
sobre todo de cara a exportar lo que se está haciendo aquí, ya que es un rock muy fuerte,
es radical y es vasco. En Navarra estamos muy metidos en esta historia.
Jose Mari- El Rock Radical Vasco no es ningún invento, existe. Todos nos podemos
entender cuando se habla de esa etiqueta.
M.- La denominación vino a raíz del concierto anti-OTAN en Tudela en donde por
primera vez se congregaron en un mismo fe þstival: Barricada, La Polla Records, RIP,
Basura, Eskorbuto, Zarama y Hertzainak. Este movimiento no es cerrado, se puede
aplicar a un montón de grupos más como pueden ser Cicatriz en la Matriz de Vitoria,
Kontuz Hi!, Choque Frontal de Pamplona. Estos grupos que fueron a Tudela digamos
que son la punta de lanza de un movimiento de cerca de cien grupos que están
pululando por Euskadi y son radicales también.
El sello Nafarrock seguirá impulsando sus ideales con un lp de La Polla Records que se
grabará estas navidades en el mismo estudio de Tsunami».
Pero antes salió Noche de rock&roll de Barricada, un pistoletazo de rock duro de
verdad. Los navarros estaban muy relacionados estilísticamente con Leño, disueltos ya,
de los que recogían en cierta forma el relevo. «Fue una vivencia increíble -manifestó
Ramoncín, a quien le gustaba iniciar sus giras en Pamplona y que les echó una mano en
el estudio- Llegué allí de improviso y lo que hice en realidad fue ayudarles en el
doblaje, ya que el disco estaba prácticament ²e hecho: sólo faltaban algunos recordings
de guitarra y llenar algunos espacios vacíos (coros, doblar platos)». Ramoncín se había
convertido en hijo adoptivo de Euskadi, donde le adoraban y le llamaban para participar
en mesas redondas sobre drogas y juventud.
No sólo grababan los nuevos grupos; también algunos de los consagrados vivían sus
momentos más dulces y supieron y pudieron adecuarse a los nuevos tiempos salvajes.
La veteranía de Itoiz rendía sus mejores frutos con el álbum Musikaz blai, que fue el
bombazo del 83. El sonido se enriqueció con las aportaciones de los músicos que iban
engrosando sus filas, como el guitarrista Jean Mari Ecay. Había pop a raudales, funky,
jazz, y ese deje melódico inconfundible de JC Pérez, un sonido melancólico
emparentado con los bosques de la reserva natural que les daba nombre. Pero Itoiz hizo
algo más esta vez: recurrir al video, nueva tecnología que daría mucho que hablar pero
que por enton âces estaba en pañales. El Taller de Imagen de Algorta realizó un video-
clip de la canción To Alice.
También cantaban en euskera unos recién llegados que se mantendrían muchos años en
la escena vasca: M-ak (Emeak) nacieron en Donosti, con Iñaki Kaki Arkarazo y çngel,
técnico de IZ, como principales impulsores. «Es un grupo que yo creo que tiene mucho
futuro -pronosticaba acertadamente Arkarazo, que realizaba dos programas musicales en
Radio Euskadi- Más que un grupo es un colectivo que va a dar mucho que hablar y que
va a generar más cosas después de esto». En el grupo también estaba Xabier Montoia
(Gamma), primer cantante y co-fundador de Hertzainak.
La segunda explosión de poderío del rock radical se produjo en el polideportivo de
Mendizorrotza de Gasteiz, a principios de 1984, con motivo del concierto de los
ganadores del Egin Rock: Barricada, RIP, Zarama y Hertzainak. «é algo sucede en
Euskadi para que el rock se convierta en bandera de protesta, reivindicación y sobre
todo di ïversión, que en otros tiempos estaba en manos de cantautores mas bien serios y
aburridos -decía Roge Blasco sobre el acto- El público era una mezcla variopinta de
punkies, abertzales progres, heavys y algún que otro modernillo extraviadoé Sobre el
escenario, un grupo salvaje, rápido, arrollador, RIPé Llovieron latas y espuma de
cerveza, avalanchas punkis de izquierda a derecha, de derecha a izquierda, golpes,
contorsiones, revolcones, manos alzadas, puños, cuernosé Zarama estaba en el primer
tema, Ezkerralde. Seguía la lluvia de cervezas que no paró durante toda la noche. Es una
forma de comunicación quizá más directa que los aplausosé La mayoría de los punkis
abandonaron las primeras filas, que las ocuparon los abertzales progresé Después del bis
y el buen gusto que nos dejó Zarama tras una hora de actuación, nos fuimos hacia el
bar». Allí, en un hueco de la larga barra del polideportivo, Roge se encontró con dos
cantantes: Evaristo, de La Polla Records (LPR), y Nacho-Cicatriz. De fuerte per
ùsonalidad comunicativa, sin pelos en la lengua, absolutamente desinhibidos sobre el
escenario, tempestuosos, los dos iban a dar mucho que hablar en el floreciente mundillo
musical. El incansable reportero de Algorta preguntó a Evaristo sobre la grabación, la
semana anterior, de su primer lp en Tsunami de Donosti. El disco saldría un par de
meses después y supuso un punto y aparte o, quizá, un borrón y cuenta nueva porque
LPR dejó viejos de golpe todos los esquemas. Canciones veloces y muy cortas de
melodías pegadizas, sarcásticas instigaciones socio-musicales que demostraban cómo se
podía hacer rock en castellano sin sonar impostado. Los fusilamientos sonoros de LPR
resultaban tan naturales, cotidianos y familiares como desayunar cuando te levantas por
las mañanas. Lo suyo iba más allá de la exhortación política; podríamos decir que ni
siquiera pretendían ir tan lejos. Disparaban sus proyectiles con la espoleta a cero, y sus
obuses satíricos y malignos caían como bombas fétidas sobre la sociedad. Eran ü
diecinueve canciones que arremetían contra la bolsa de Nueva York, la comida
adulterada, los críticos, las estrellas del rock, los delincuentes de cuello blanco, las
revistas del corazón, el porno, los punkis de postal, el clero, las falsas promesas a la
juventud; parodiaban el sexo&drogas&rock«n«roll y lo convertían en herpes, talco y
tecno-pop. «Las letras que canto en las actuaciones más o menos son ideas que todos los
punkis pensamos -decía Evaristo tras la publicación de Salve- Pero a mí me interesa
más que las oiga un determinado tipo de público que no opina de esa manera, para
conseguir cambiarles; los demás son colegas tuyos». A otra escala, la publicación del
disco Zona Especial del Norte en el sello madrileño Spansuls fue un espaldarazo para
dos de los grupos punkis más impresionantes: Eskorbuto y RIP. El ZEN tuvo una escasa
distribución y muy pronto se convirtió en disco de culto.
En las antípodas del punk escorbútico y funerario estaba Rufus de Algorta. Lo suyo era
puro pop ligado a la onda g ¬enerada por grupos como Nacha Pop. Su maxi Revistas
del corazón rezumaba ese pesimismo indolente que recorrió los primeros ochenta:
ligereza, frívolo cinismo, desencanto, adicciones, colapsos y otros fracasos privados.
Rufus resultaron ser maestros en el arte de hacer canciones pegadizas y sentimentales.
El pop siempre ha sido un estilo de vivir individualista, enemigo absoluto de los
movimientos de masas, los himnos y las actitudes marciales; el pop siempre ha sido
mucho más sutil que sus hermanos: irónico, autocompasivo, depresivo. Podría decirse
que el pop es una depuración del rock, una estilización. Y en Bilbao, Rufus eran la
punta del iceberg popero, de ese sonido limpio pero vibrante como el más excitante
pogo, de esas canciones intensas y guitarreras. ¡Ay, las guitarras del pop! Resultan muy
tonificantes los presenten armas musicales del rock metálico, o los ametrallamientos
sónicos del mejor punk, sin olvidar los duel Õos cromáticos del rock sureño, pero el
pop posee su propio toque minimal que despeja a la guitarra de autoritarismo: Roy
Orbison, Jonathan Richman, Elliot Murphy, Beatles.
La movida vasca empezaba a restarle un cierto protagonismo a la madrileña. En una
crónica desde Madrid, Roberto Moso retrataba muy bien en el verano del 84 las
reacciones suscitadas allí por el renaciente rock en euskera: «ƒrase un día de verano,
verano madrileño pegajoso y abigarrado. Uno, que se las da de internacionalista y se
pasa unos días de vacances por la big city intentando pasar desapercibido (cosa nada
difícil por cierto) y se tira unos días alucinando en la ciudad del chotis, sin otro fin que
el de disfrutar un poco de todo el mogollón de actos con que cuenta la privilegiada
agenda cultural madrileñaé Pero la cabra tira al monte y el abajo firmante se termina por
meter donde no le llaman, es decir en un pub de moda donde ¡Oh, sorpresa! trabaja
como disk-jokey y public-relations el inc èombustible compatriota Kike Turmix, ahora
rockabilizado, que te relaciona con todo tipo de famoso pululante. De modo que uno
conoce al Loquillo, al Ariel Rot, a los Derribos, reconoce a los Pistones (¿Seguís igual
de colgaos con la política por el norte?) y finalmente a los Ilegales. Aquí comienza el
primer asalto de la etapa madrileña: A mí me gustan muchos de los grupos que tocáis
por allí pero, cagŸen la puta, no entiendo a la mitad ¿por qué cantáis en vasco? En
realidad, la pregunta no resulta novedosa; si uno está acostumbrado a oírla en Euskadi,
sería ridículo no oírla en Madrid, así que, con la mejor de las voluntades, uno explica y
reexplica hasta conseguir que la duda se convierta definitivamente en incomprensión y
finalmente en bronca: -Verás, a mí me da igual que te guste o no mi grupo, si quieres lo
tomas y si no lo dejas; ahora bien, el no entender las letras no siempre resulta tan
mosqueante porque supongo que escucharás grupos ingleses y alemanes queé
Imposible, el tema òsurge con todos y cada uno de los rock-stars madrileños, y los
argumentos siempre son los mismos. La verdad es que no me esperaba ni siquiera que
estuvieran al tanto de que aquí hubiera ningún tipo de movida, por lo que el sólo hecho
de que sepan que existimos y que encima se lo tomen a mal me resulta hasta
gratificante. Pero no termina aquí la historia. Como colofón del pulular madrileño,
Radio 3 y más concretamente Diario Pop nos abre sus puertas para hablar un poquito
del lp que acabamos de sacar y de los futuros proyectos. Nos sentamos distendidamente
en la mesa y el locutor José María Rey empieza la entrevista con una pregunta
surrealista: ¿Por qué cantáis en euskera? ¿No será que os queréis integrar en Euskadi?.
Si tal pregunta saliera de los labios de un locutor autóctono, téngase por seguro que la
entrevista no iba a durar un segundo más, no por lo menos sin que se enterase de lo que
vale un peine, pero tal tipo de preguntas -como es lógico- no son ni siquiera concebibles
en esta zona es ëpecial del norte, así que uno trata de situarse en la perspectiva concreta
y explica lo mejor que puede que Euskadi es algo más que una película de vaqueros,
que el euskera está hecho polvo, que el racismo no tiene entidad entre las nuevas
generacionesé nada, la entrevista en lugar de hablar de música sigue versando en torno a
todo tipo de elucubraciones socio-político-lingŸísticas hasta llegar al meollo de la
cuestión: -Pero ¿no os dais cuenta de que así no vais a salir jamás al resto del Estado?
Eso, que cualquiera puede interpretar como una pregunta es en realidad casi una
amenaza, lo cual entra también dentro de lo comprensible, hasta cierto punto porque
Radio 3, es decir RTVE es financiada por euskaldunes, catalanes, gallegos y
castellanoparlantes, y tales grados de desorientación un tanto cabreantesé Pero la
historia tiene un último capítulo que ya sobrepasa los límites de lo digerible. Aceptemos
que el euskera les revuelve las tripas porque no lo entienden, que esto se lo tomen com
-o una fantasmada o algo por el estilo, pero ¿cómo comprender la crítica que aquel
mismo día publicó El País sobre el lp de LPR?é se atreve a decir que «su carácter de
autóctono dificultará su expansión fuera del País Vasco». ¿Qué tiene de autóctono el lp
de LPR que no tenga cualquier de los publicados en Madrid por grupos de su misma
onda? ¿El hecho de que lo publique Soñua? ¿Qué tenga una legión de seguidores en
Euskadi? Por lo que a mí respecta, todo lo publicado en Madrid a partir de ahora tendrá
dificultades en Euskadi porque su carácter de autóctono (Comunidad autóctona de
Madrid) dificultará su entrada aquí. Es mentira, por supuesto. Madrid seguirá
produciendo grupos cojonudos que actuarán por Euskadi en olor de multitudes, sin que
se les de el coñazo con historias preconciliares, y mientras ellos se comen la cabeza,
Euskadin rock&rollak ez du inoiz dirurik emanen, inon baino alaiago izanen daé ta zer,
ez da berdin».
Estas últimas palabras escritas por Rob ßerto Moso en euskera pertenecían a una de las
canciones del primer álbum de Hertzainak aparecido ese mismo verano. Los de
Gamarra contaban en el tema con el acompañamiento vocal de Ruper Ordorika . El
disco conmocionó «radicalmente» la escena vasca con canciones como Pakean Utzi
Arte (sobre la muerte de dos miembros de los Comandos Autónomos), Kamarada (sobre
los cambios de chaqueta políticos), E, txo! (sobre la alienación de los viejos amigos), Si
vis pacem (sobre el círculo vicioso de la violencia), Drogak Aek«n (sobre los vascos
papistas) o Arraultz bat pinu batean (un paseo político-ecológico-ácrata-surrealista por
el paisaje de Euskadi, paseo que iba a traer cola y que inauguraría un período ska-punk
-con frenéticos coros que repetían txikitá txikitá- en la escena musical local: la Euskadi
Tropikala).
Muy lejos de estas coordenadas, emergía en Donosti el trío Duncan Dhu, amantes del
rockabilly acústico, de las ensoñaciones escocesas y procedentes de Aristogatos y los
Dalt ÿon, formaciones que, como muchas otras, habían terminado por desaparecer de
inanición: a causa de la poquísima demanda. Porque, eso sí, grupos nunca han faltado
en Euskadi; en cada pueblo, en cada barrio, siempre, año tras año, se juntan unos
cuantos amigos con la ilusión de emular a sus hermanos mayores, a sus ídolos.
Desgraciadamente, muy pocos consiguen sacar la cabeza y destacarse. Y resulta
nostálgicamente enternecedor comprobar, al cabo del tiempo, cómo todos esos grupos
que soñaban con comerse el mundo (o que fueron espoleados por una crítica demasiado
benévola), han desaparecido, como si nunca hubieran existido, como si nunca nadie
hubiera escuchado aquel puñado de canciones que para ellos fueron trozos de su vida.
Duncan Dhu tuvo mucha más suerte que esa legión de perdedores. Algunos creyeron
que sus temas livianos no pasarían de ser una anécdota musical. Además, el trío
donostiarra no hacía profesión de radicalidad ni de rockismo. Pero los productores de la
meca discográfica española -Madrid- hicie ñron caso omiso de las reticencias locales y
les proporcionaron la oportunidad de grabar. El sello que se fijó en ellos fue DRO
(Discos Radioactivos Organizados), pioneros en la independencia, que paulatinamente
fue abandonando la escena underground para centrarse en grupos comerciales de
calidad. De cualquier forma, el éxito de Duncan Dhu no fue fortuito; ellos no se
limitaban a reproducir religiosamente las pautas del rockabilly clásico sino que crearon
su propio estilo, gracias a la voz y las composiciones de Mikel Erentxun. Una de sus
primeras actuaciones importantes fue en The End, una antigua discoteca del ensanche
reconvertida ahora en sala de conciertos, por la que iban a pasar en los próximos años
figuras internacionales de la talla de Jonathan Richman, Elliot Murphy, The Sound,
Dream Syndicate, Graham Parker, Sonic Youth o Yo La Tengo. En The End se
concentraban todos los fines de semana aficionados llegados de Bilbo, San Sebastián,
Eibar o Rentería.
También en Guipúzcoa, justo en la ¼frontera, en Irún, había una actividad inusual en
cada barrio y en cada local de ensayo. Allí nació por esas fechas otro trío que poseía el
secreto de la aleación de metales musicales: Kortatu. Lo suyo tenía mucho de ska, algo
de punk, una buena dosis de reggae, más unas letras con «una especie de equilibrio
entre la protesta, la náusea de vivir y la alegría de descojonarte de todo», utilizando las
palabras de Fermín Muguruza, guitarra y cantante de este vitamínico trío que alternaba
el euskera y el castellano. Fermín se convertiría rápidamente en una de las mentes más
despiertas de la música vasca.
El punk 77 de los vertiginosos meses anteriores perdía alguna de sus aristas gracias a la
introducción de dosis masivas de ska y reggae en la escena. Las actuaciones se
multiplicaban de norte a sur y de este a oeste; los festivales multitudinarios con seis o
siete grupos estaban a la orden del día. ¿Y qué hacían los poderes fácticos?: hablar por t
Þeléfono. ¿De qué hablaban? Roberto Moso nos lo cuenta en este diálogo telefónico
ficticio:
«-RIIIIIING RIIIIIIING
-¿Sí?
-Patxi, oye, mira, soy Manué Manu Pepínez.
-¡Hombre, pegado me dejas! Un concejal de la oposición municipal llamando por
teléfono a un rival político, esto es histórico. Oye, ¿no se estará grabando, no?
-No seas sinsorgo, Patxi, que esto va en serio.
-Espera, déjame que adivine para qué me llamas, para ver si llegamos a un acuerdo con
lo de la ikurriña para las fiestasé
-No, Patxi, no, no es eso, esto es de fiestas peroé
-Esperaé El pregón, que no queréis que se haga en euskeraé
-No, no, hombre. Mira, queremos negociar lo deé
-Ya sé, los fuegos artificiales, que traigamos másé
-No, ¡coño! Escúchame de una puta vez, te llamo por los quinquis éstos del gaztetxe,
que insisten en lo del festival de rock.
-¡AAAAH, era eso! Tú, por eso, estáte tranquilo, Manu, en este pueblo todavía no
hemos llegado a ese grado de depravación, aunque haya partidos españoles en el
ñayuntamiento, ¡he, he, he!
-No te pases, Patxi, que yo no he incordiaoé El asunto es que como ya sabes el
presupuesto que presentaron lo tuvimos que rechazar por demasiado abultadoé
-¡JOE, medio kilo para una exhibición de berridos para drogadictos, pues!
-Pues eso, me he enterado que se lo quieren montar por su cuenta en plan alternativo y
talé ya sabes, para ponernos a parir.
-¿Y cómo, pues?
-Pues a base de grupos que bajan el presupuesto para apoyarlesé además creo que se
andan construyendo ellos mismos el escenario y lo más grave ¡quieren pegar por todo el
pueblo unos carteles en los que tú y yoé
-Tú y yo ¡qué!
-Tú y yo nos damos un muerdoé es horrible, los he estado viendo y me he quedado
pegao, por eso no he podido resistir la tentación de llamarteé es horrible, debajo del
dibujo una frase dice ¡que se besen! ¡que se besen!
-¡Begoñako Ama! ¡Eso hay que evitarlo, pues!é »
El diálogo continuaba un rato más pero, con lo leído, tenemos más que suficiente para
hacernos una idea de lo que se c ¾ocía en los pueblos, villas y ciudades. Los festivales
proliferaban como amapolas en verano; las emisoras libres tomaban por asalto las
ondas; la ocupación de locales municipales o forales se sucedía desde una punta a la
otra. Eran éstos los gaztetxes, surgidos a partir del 81 en Oñate y Azkoitia, en torno a
las asambleas de jóvenes; no sólo tenían que bregar con desalojos y zancadillas
consistoriales, además de actuar de albañiles, fontaneros y electricistas improvisados,
sino que debían luchar contra otro tipo de elementos. «Todas las ideas que habíamos
pensado hacer no han salido tan perfectas, gracias a la anti-colaboración de gente que ha
venido a los conciertos que hemos montadoé Si la gente se hubiera enrollado en los
conciertos (pagando su entrada, pagando su cerveza, dejando de hacerse los destroys)é
», se quejaban amargamente desde el gaztetxe de Andoain.
Precisamente de allí era el grupo BAP (Brigada Anti Policía), uno de los primero ûs en
usar la palabra hardcore para referirse a su estilo de música. El hardcore era una
contestación al punk desde dentro. Aceleraban el ritmo, desechaban la vestimenta
tradicional; no querían ser encorsetados ni convertirse en exóticos payasos sociales o en
anarco-pianolos. Consideraban que en el punk se había producido un aburguesamiento,
una asimilación a cargo del sistema, una neutralización de sus proclamas.
La reacción de los partidarios del hardcore no siguió los derroteros del euskal-funk de
Derribos Arias sino que supuso una radicalización generalizada del concepto punk, pero
sin sus connotaciones antisociales. Los hardcorianos se jactaban de tocar aún más
rápido que los punkis, lo cual era mucha rapidez, no despreciando tampoco otras
influencias musicales, como la de la música negra.
Los grupos de hardcore querían desmarcarse especialmente de la tribu skin, los punkis
más gamberros, fanáticos y violentos, aquellos que sembrarían el pánico en las grandes
ciudades de los noventa, y que por enton èces se conformaban con monopolizar las
primeras filas de los conciertos, al son de su pogo agresivo de contacto, mientras
entonaban su grito de guerra favorito: Oi, oi, oi!
BAP apuntaban que «lo que llega aquí es todo de Londres, y a nosotros nos llegaba
Exploited ¡y viva la cresta! Ahora con los fanzines y el rollo alternativo que se lleva en
Alemania y en Italia hay un movimiento de la hostia. Nosotros intentamos algo más que
tocar y ser sólo un grupo musical. Además editamos un fanzine, Peste, y organizamos
conciertos con la asamblea de jóvenes. Se ha comprobado que con la imagen no se ha
conseguido nada. Se ha cogido la imagen para llevar cresta y joder botellas. La imagen
es una chorrada, cada uno se viste como le da la gana, lo importante es el pensamiento.
El punk es anarquía pero la anarquía no la ha inventado Sid Vicious. Algunos se
vanaglorian de ser anarco-pacifistas o anarco-pianolos, como quieras, pero lo único que
hacen es joder conciertos. No es cuestión de decir que tú ôeres punk o este es el
movimiento punk, sino que vamos a buscar gaztetxes toda la juventud, ya pueden ser
heavys, rockeros, punksé »
De los poperos no decía nada pero éstos se lo iban haciendo por su cuenta y a la chita
callando. De Donosti era La Dama se Esconde, dúo de músicos introvertidos que había
publicado con los madrileños Grabaciones Accidentales (GASA) un magnífico mini-lp
llamado Avestruces. El disco contaba con un sonido redondo; se notaban el buen oficio
de su productor, Paco Trinidad, uno de los hombres que más ha hecho por el pop
autóctono. Habían pasado los tiempos del donosti sound, tras los que San Sebastián
cedió el terreno a Bilbao, Pamplona o Vitoria, pero ahora volvía a demostrar que
también tenía su lugar; empezaban a salir muy buenos grupos, buenos y variados; unos,
apoyados en las nuevas tecnologías de las cajas de ritmo y los magnetofones de cuatro
pistas, motivados por la onda británica introspectiva.
Otros, tan ferozmente salvajes como Speed, que procedían de grupos co úmo No o
Asco, habían pasado ya la fase adolescente de la imitación y el aprendizaje, y
cristalizaron en una primera maketa demoledora repleta de un punk rock abrasivo; una
exhalación sonora, con mensajes crueles, insultantes, desesperados y apocalípticos.
Canciones que atravesaban la noche como un coche a toda velocidad en dirección
contraria. Musicalmente, al estar en contra de los punteos, el punk había aportado a
cambio una cortina de sonido distorsionado y aullador. Parecía estar sonando un ejército
de guitarras cuando en realidad sólo había una, enchufada a un marshall y a un pedal de
distorsión. El rock se enriqueció y se aceleró notablemente con el punk, que le dio una
nueva dimensión.
El boom de las maquetas hizo explosión. La maketa se convirtió en moneda de cambio.
Todo el mundo quería grabar una cinta mediante la que sonar en bares y emisoras. Unos
grababan en estudios, otros en su local de ensayo, o en el de grupos más veteranos, o en
el local de un grupo de verbenas, pues éstos solían conta ar con su propia mesa de
sonido. La maketa funcionaba como antesala del disco. Curiosamente, muchas de esas
maquetas eran mejores que los discos posteriores, sencillamente porque el estudio con
mayúsculas cohibe a los menos templados. «é hay que vencer, en una cueva fría, al
fantasma técnico, la norma que paraliza dentro o fuera de uno mismo todo impulso, toda
sensación del momento. Pocos discos que puedan presumir de técnica conservan algo de
emoción», escribía Santiago Auserón, de Radio Futura, en la revista Vibraciones.
Al músico lo encierran en una pequeño cuarto insonorizado y ve a los demás sentados al
otro lado del cristal. De pronto, suena la claqueta, un metrónomo grabado que
martilleaba el cerebro con torturante regularidad. Clac, clac, clac. Sobre la claqueta se
graban sucesivamente y por separado la batería, el bajo, la guitarra de ritmo, el ò piano,
los punteos, la voz, los metales y otros arreglos accesorios. El músico toca en la pista
que le corresponda, obsesionado por no perder el ritmo de la omnipresente claqueta.
Desde el control le dicen que tiene que repetir otra vez. ¿Por qué? Al técnico se le había
olvidado conectar algo, le dicen. Vuelve a sonar el disparo de salida de la claqueta.
Clac, clac, clac. Vuelve a tocar. Hay que repetir, vamos a cambiarte el micro, le
explican. Barullo de cables, cambio de micro. ¡La claqueta de nuevo! Vuelve a tocar.
Después de arduas deliberaciones inaudibles, le notifican que hay acoples o que está
desafinado. Desde arriba otra vez, le pide el técnico, tan harto como él. Da capo. Clac,
clac, clac. Y en ese momentoé ¡clac!é se rompe una cuerda. Y la claqueta sigue
sonando. Grabar es una prueba de fuego para el más templado; algunos grupos no
consiguen transmitir en disco su sonido de directo o de local de ensayo.
No fue el caso del excelente disco compartido de Kortatu, Cicatriz, Jotakie y Ko šntuz
Hi! editado por los navarros Soñua. El disco significó el aldabonazo definitivo para los
dos primeros, que entraron en la categoría de pesos pesados con canciones como
Nicaragua Sandinista, Manolo Rastamán o Mierda de ciudad (Kortatu) y Escupe,
Aprieta el gatillo y Cuidado burócratas (Cicatriz). Ambos grupos habían sido la
revelación de ese verano; tocaban -junto a RIP y La Polla- en todos los macrofestivales
que se organizaban en Bergara, Rentería, Oyón, Laudio, Zumaia, Baracaldo, Durango,
Pamplonaé «Te ibas a cualquier concierto y estaba toda la baska de Mondragón, toda la
baska de Rentería, toda la baska de Bilbo; nos conocíamos todos y estábamos siempre
los mismos, unos cuarenta o cincuenta. Era como una familia, ahí sí que éramos los
putos amos de donde fuésemos» -recuerda Dieguillo, futuro bajista de Quemando
Ruedas. Los Cicatriz habían perdido a la matriz por el camino y habían ganado en
consisten Ìcia, fundamentalmente por la labor musical del batería Pedro Landatxe, que
procedía de los ya disueltos Freaks. Las tres canciones incluidas en este recopilatorio
llevaban la firma Landatxe-Egizabal.
«Lo que me gustaría debatir es qué ha pasado en este país, que de alardes de danzas y
trikitixas se ha pasado a organizar conciertos del último grupo punk». Así comenzaba
un artículo de R. Moso aparecido en Muskaria bajo el título de Martxa Ta Borroka Y
Tiro Porque Me Toca (Crónica de una mesa redonda) en la que participaban Natxo de
Felipe (Oskorri) que era quién se hacía la pregunta; Ramoncín; Juan Carlos Pérez, y
Ruper Ordorika como moderador. La mesa redonda -La música al servicio del pueblo-
había sido organizada por HB, dentro de la campaña Euskadi alaitsu eta borrokan
kementsu. Los organizadores habían presentado previamente un cuestionario a los
ponentes, con preguntas como ¿hay que cantar en euskera? o ¿la música en Euskadi ha
de tener un carácter vasc Æo?, a las que fueron respondiendo en mayor o menor
medida. Más tarde, en el coloquio, la primera pregunta será: ¿Cómo os sentís siendo
manipulados por un partido como HB?
«A partir de aquí, la práctica totalidad de las preguntas son casi un interrogatorio
-relataba Roberto Moso- Lo que más preocupa parece ser la honestidad de los músicos.
Así, Ramoncín se ve obligado a dar cuentas de sus sesiones de cena y billar en la
Moncloa con el Big Brother, de sus apariciones en TV y prensa del corazóné Natxo
parece también pillado por sorpresa cuando le sueltan lo de los discos regalados por una
caja de ahorrosé A Juan Carlos le toca explicar el cambio de versión de Lau Teilatu y
algún inquerimiento másé En fin, que el Ramontxo nos vino a contar que siempre le
gana al billar a Felipe González, y que el que diga que no quiere vender un millón de
discos está mintiendo descaradamente. Juan Carlos se escaqueó todo lo que pudo con
admirable elegancia y Natxo no pudo ¶asistir a su debate serio aunque quizás pudo
comprobar que también existen temas serios de discusión aparte de los netamente
ideológicos. Afortunadamente, ya a nadie le da por extender consignas del tipo no hay
que ir a ver a Oskorri por algo tan inquisitorial como ser presuntos españolistas. A
juzgar por las preguntas, además de los criterios artísticos, importan cada vez más los
planteamientos mínimamente legales y consecuentes, y es que es mosqueante sentirse
engañado, aunque sea por tu grupo favorito» -concluía su crónica el siempre inspirado
cantante de Zarama.
A uno de los contertulios, JC Pérez de Itoiz, nunca le gustaron las entrevistas ni
muchísimo menos las mesas redondas. Vivía enfrascado en su música, y muy ocupado
con el ajetreo de las giras y los muchos conciertos en Iparralde. Itoiz había dado en la
diana del éxito con el álbum Musikaz Blai, que había vendido más de veinte mil copias
y hecho tocar el cielo a sus numerosos Ù seguidores, gracias al refinado sonido
moderno y poderosamente original que destilaban sus surcos. Espaloian, su álbum del
85, con maravillosas letras de Bernardo Atxaga, suponía un mayor acercamiento a los
ritmos sencillos y callejeros que se respiraban en el ambiente. La mala noticia fue la
marcha de su teclista de siempre, Antton Fernández, uno de cuyos motivos para el
abandono fue la mili.
El servicio militar ha sido una de las máximas bestias negras del rock. Unos veían desde
el cuartel cómo sus compañeros habían llenado su hueco con un intruso; otros
comprendían qué poco podían hacer sin el ausente, que cuando regresaba tardaba meses
en deshacerse del despiste producido por el sistema castrense. Los grupos dejaban de
serlo. Uno y otroé un, dos, tresé uno y otroé un, dos, tresé A veces, estando a punto de
lograr la ansiada grabación de un disco, al guitarra le llegaba la carta de alistamiento. Al
año siguiente, le tocaría el turno al bajista o al batería. El caso âera no levantar cabeza.
La objeción de conciencia -y la insumisión- se mascaban en el ambiente cada vez más
animado de mediados de la década de los ochenta. La fiesta, la calle, la martxa, la
baska, los conciertos, las birras, las chupas, las chinas, los bugas, los bokatas, las
txoznas, la bronca, la pasma, los baretos, las movidas, las canciones, los gaztetxes, la
luna, las carreteras, el speed, los camellos, las redadas, los botes de humo, las luces
azules, los marianitos, los bakeritos, el caldo, el caballo, Alguien te está escuchando, el
ska, los Clash, las chapas, las pegatinas, el Egin, AEK, los controles, el otro lado, los
poli-milis, la voll-damm, el sexo, las camisetas sin mangas, las botas militares, el pelo
corto, los punkis, el kalimotxo, los colegasé
¿Y las mujeres? La trepidante ascensión de las Vulpes convulsionó negativamente su
trayectoria aunque su estela pudo seguirse posteriormente en multitud de formaciones.
Aparte de ellas, poca cosa más. Estaba la incandes ñcente cantante de los Disidentes;
Mari Luz ex-Neurosis y su reciente colaboración en Altos Hornos de Vizcaya; Patricia
de Ortopedia Ocular. De repente, en Navarra, salieron Belladona, una iniciativa que
había partido de una guitarrista que tendría mucho futuro: Aurora Beltrán. De momento,
sólo eran cuatro chavalitas con unos pocos temas en el repertorio y mucho morbo
creado a su alrededor. «El hecho de que queramos tocar entre tías tampoco ha surgido
de un ideal feminista ni mucho menos. Hay cincuenta mil grupos que lo forman todo
tíos y a nadie se le ocurriría preguntarles si son machistas». Su carrera no sería larga
pero les dio tiempo a firmar una gran canción: Una noche de amor.
«Hoy por hoy, en Euskadi, el rock radical vasco es una institución -acusaban en 1985
Doctor Deseo de Bilbao, propietarios de dos prometedoras maketas- Ha dejado de ser lo
que era y se ha convertido en una institución, parece algo sagrado que no se puede
mover, sobre todo en Vizcaya. Además, en realidad son muy poco ¸radicales,
musicalmente son muy conservadores, así como estéticamente, y sus letras son
relativamente radicales, amén del panfleto, con todos nuestros respetos para esos
grupos. Hay tres temas fundamentales: meterse con los modernos, contra la iglesia y
contra la policía. Si se nombra la palabra maderos es éxito seguro en Euskadi. Y no es
que nosotros flotemos en la estratosfera, en realidad estamos todos de acuerdo con ellos
en muchas cosas, pero nosotros utilizamos la música para buscar nuevos cauces de
expresióné Lo que nos parece peligroso es que todo esto se haya institucionalizado».
Los que pasaban olímpicamente de instituciones eran Tijuana in Blue, de Iruña, que
vinieron a aportar locura y desenfreno a la escena vasca.«La contradicción es la esencia
de la banda y justamente lo ke nos une. Odiamos la filosofía y toda la retórica
impertinente ke no konduce a nada. Por ello nos konsideramos positivistas, utópikos,
muy cercanos a las ùkorrientes bedonistas, étiko-universalistas y utilitaristasé »
Alguien definió su música como «folklore experimental», lo que no era sino una forma
de chotearse de las tendencias, de las clasificaciones y de la excesiva seriedad que se
había apoderado de los polideportivos y los frontones. «A mí lo que me mosquea
mogollón es que, por ejemplo, en la última actuación que vimos, todos los grupos
hacían su repertorio, y aparte de eso, lo primero que hacían al subir al escenario era
gritar gora ETA. Es un poco demencial», comentaban en una entrevista Los Rígidos de
Donosti.
Dentro de esa onda desdramatizadora, nacía en Vitoria-Gasteiz la Potato punky-reggae
party banda. Saltaron a la palestra con una maqueta llena de versiones de clásicos
jamaicanos. Con tres cantantes al frente, vientos, mucho ska y letras festivas, los Potato
se hicieron con el porta-estandarte de la Euskadi Tropical iniciada por Hertzainak,
verdaderos potenciadores del ska aunque luego se apartaran de él con un segundo disco
-Hau dena a ùldatu nahi nuke- mucho más intrincado e intimista. «Es la locura del frío
invernal. La última revolución utópica de la parte vieja de Gasteiz. La respuesta a la
pregunta: si existe un reggae inglés, ¿por qué no un reggae vasco? Son Potato, un solete
entre tanta nube gris, una palmera entre tanto pino. Ingeniosos-ingenuos, son el
resquicio alegre de los monkey man, de los marginados callejeros», decía de ellos Roge
Blasco en Muskaria. Durante el verano del 85, y justo después de tocar en las fiestas
alternativas de Vitoria, los tres cantantes de Potato viajaron a Jamaica para asistir al
festival anual de reggae. «Estoy seguro de que Miguelín el Casero ha sonado en alguna
radio de Jamaica -relataba tras el viaje Aianai, autor de la letra- No sólo llevamos la
maqueta de Potato sino también el primer disco de Hertzainak, que por cierto se
pegaban por él. En Kingston visitamos los estudios Tuff Gone que fundara Bob Marleyé
También estuvimos en Sun Records, que es el estudio de Jimi Cliff, muy buena gente».
íEfectivamente, en Vitoria había germinado un amplio movimiento afín tanto al reggae
como a su filosofía de medio tiempo. Ese movimiento fue pionero y sigue siendo uno de
los más poderosos de la península. Varios bares y un programa de radio contribuyeron a
esta efervescencia del reggae. El programa se emitía en RadioCadena y lo conducía
diariamente durante cuatro horas Aianai, cantante de Potato, trasunto punky-reggae-
rockero del intrépido reportero Kepasa. A la hora de la siesta, las ondas hertzianas
esparcían sobre Vitoria los espaciados lamentos del alma negra y esclava de los rastas
jamaicanos, mientras bares como el Ja-Mi (más conocido como Majara), el Okendo o
el Bodegón contagiaban por vía auditiva a sus parroquianos ese amor por el ritmo más
cautivador de la historia de la música.
Se hablaba mucho de Vitoria, de Agurain, del cartel de la Virgen Blanca, de la revista
de contrainformación Resi éste, de las fiestas alternativas, de los dibujantes de cómic
como Mauro Entrialgo o Mikel Valverde, de los realizadores de video, del tercer álbum
de Ruper Ordorika, del Bat, Bi, Hiru . «A lo largo del 84 y lo que va de 1985 se ha
demostrado que los festivales populares, las iniciativas colectivas o de asociación son
quienes, a nivel de calle, están pegando el tirón que arrastra a la música local -indicaba
Pablo Cabeza en estas nuevas páginas musicales de Egin que venían a sustituir a Plaka
Klik-é Los festivales están castigando [sin embargo] duramente a las salas que están por
la labor de programar música localé El público está viendo a sus bandas favoritas gratis
o por cuatro pelas, y cuando estas bandas son contratadas para que actúen en una sala
pues ocurre que los enrollados no acuden porque ya les han visto o esperan verles en un
próximo festivalé los conciertos en locales cerrados y para una sola banda lo tienen muy
oscuro. De hecho, ni en Gipuzkoa ×, Araba o Nafarroa cuentan con salas que
regularmente programen música local en vivo; sólo Bilbo con tres salas -Garaje,
Gaueko y Yoko- parece que aguanta por el momentoé Estoy convencido de que el
fenómeno del festival es caso único en Euskadié El manos a la obra, ese sentido
colectivo, no se da en otras nacionalidadesé Vamos con la enumeración de errores más
comunes en la organización de festivalesé La obsesión de meter más grupos de los
aconsejablesé escenario demasiado pequeñoé pagar poco a los músicosé contratación de
equipos de sonido de escasas prestacionesé ausencia de toldoé olvidarse de que a un
equipo de sonido hay que añadirle unas lucesé no saber hacer cumplir el horario é hacer
muy extensa su actuación [refiriéndose ahora a los músicos]é permitir o no evitar que el
público suba al escenarioé no saber indicar ni mandar al de la mesa de mezclasé no
probar sonido o llegar tardeé no llevar cables y menos de repuestoé pensar que alguien
llevará los amplisé sub îirse al escenario a incordiar [ahora le toca el turno al público]é
arrojar botes y botellasé ir de listos y no pagar aunque se tenga dineroé no saber beber
ni fumar ni sonreíré pensar sólo en uno mismoé sentarse en el borde del escenario para
hacer el borde y joder a los que no ven por su culpaé tapar con el cuero la salida de
sonido exterioré botar en el escenario, con lo cual es fácil fundir los filamentos de los
focosé »
Pablo Cabeza, además de coordinar las dos páginas semanales que Egin dedicaba
principalmente a la música local -y en las que también colaboraban Jimi (cantante de
Tijuana in Blue) y Kepasa- realizaba un programa nocturno en Radio Euskadi: Alguien
te está escuchando. «Sobre los veinte años hice amistad con Virgi (ex-Zanahoria
Eléctrica, ex-MCD, ex-Primitivosé ), un tipo que vivía la música con la misma
intensidad que yo, él fanático de los Rolling y a mí dándome fuerte por el hard rock.
Recuerdo que aluciné cuando escuché por la radio a Led Zeppelin, Grand Funk, Deep
Purpl ße y centenares de bandas más. Me las arreglaba para pillar Radio Luxemburgo
con una antena que enganchaba a la grifería de casa. Compraba singles sin tener
tocadiscos, y mi primer aparato fue un minúsculo motor pelado con un brazo enano de
puro plástico, que lo metí en una lata rectangular de cola-cao. Quedé alucinado cuando
todo funcionó y pude escuchar mi primer single, posiblemente el Jingo de Santana.
Todas mis pelas de las pagas se iban en cintas y grabaciones que le compraba a un tío
del barrio de La Casilla. Me grababa cosas como Can, Amon DhŸŸl, Van der graaf
Generatoré Toqué la guitarra eléctrica con Virgi alguna vez, pero poco, después con
unos tipos de Deusto y después con otros piraos de San Inazio, y ya cuando estudiaba
Económicas. Mi primera experiencia seria fue en Radio Juventud en 1979. Escribí una
carta y me llamaron para que colaborase. Me fui desde quinto de Económicas. El
camino me lo abrió José Antonio Cayón, y se lo agradezco con el corazón y por siempre
ÿ. Estando en Radio Juventud me vino a visitar Roge Blasco. Me hablaba del
nacimiento de Muskaria. El proyecto me entusiasmó. Apasionante. Colaboré con ganas
en los primeros años. Después, por exceso de trabajo, me limité a las cuestiones
gráficas. En el 81 dejé Radio Juventud y me impliqué en el proyecto Chivato-Guía del
Ocio. Durante tres años escribí de todo: montaña, rutas, música, entrevistas variadas, la
línea editorial y en ocasiones hasta el horóscopo. Aprendí muchísimo. En el 83 me
llamó Mikel Lejarza, director de Radio Euskadi, no nos conocíamos, simplemente creyó
en mí por lo que me había leído, él fue mi segunda llave, iniciándose un periodismo
muy sugerente. Mikel Lejarza siempre estará en mi recuerdo. En el 84, Jose María
Blasco, de discos Soñua y colaborador en Egin, periódico pionero en la página musical,
presenta a Egin un nuevo proyecto musical. Tras meses de conversaciones, nace a
principios del 85 BBH. Jose Mari fue mi tercera llave. Le aprecio un montón».
Metódico, sobrio, ecuánime, refle ôxivo, sarcástico en ocasiones, sentimental, amante
de la naturaleza y de la naturalidad, loco por la fotografía, Pablo Cabeza es, sin duda, la
máxima figura del periodismo rockero vasco. Ha estado en todos los pueblos, ciudades,
polideportivos, grandes festivales y pequeñas movidas; ha comprado las maquetas, los
fanzines, los posters, las pegatinas. Ha entrevistado a todos los grupos, ha comprado
todos los discos de música local (aunque la casa le mande siempre una copia), posee un
completísimo archivo de fotos, etcé Ha habido otros buenos cronistas pero ninguno ha
abarcado tanto como él o ha tenido su constancia. Para algunos, la prensa musical es el
camino para empresas más «serias», o un hobby fuera del trabajo fijo, o un sarampión
pasajero; para otros, es su principio y su fin.
Como no podía ser menos, Pablo Cabeza ha tenido sus detractores; le acusaban de ser
excesivamente benévolo con los grupos que se movían en el entorno del rock radical; de
ser compañero de viaje de HB; de que el Bat, Bi, Ô Hiru era el Pravda. Sin embargo, él
no repartía sólo parabienes. Supo y sigue sabiendo hacer la crítica necesaria, y también
la autocrítica. En pleno 1985, cuando la gran vorágine ska-punk estaba en su apogeo,
Pablo Cabeza ponía el dedo en la llaga con respecto a los festivales, célula rockera por
excelencia durante aquellos años de esplendor.
Era cierto que los organizadores de conciertos adolecían completamente deé
organización aunque la mayoría pusiera buena voluntad. Era cierto que los equipos de
sonido dejaban mucho que desear, lo mismo que los grupos y que el mismo público. No
era, en suma, un ambiente muy profesional y, sin embargo, los festivales se
multiplicaban como por ensalmo. El rock llegaba a aldeas recónditas, a caseríos
remotos, a valles exuberantes, a frontones perdidos, por lo que la inexperiencia y la
improvisación reinaban. Al igual que muchos formaban grupos, otros pedían créditos y
compraban equipos de sonido o luces. Y tanto unos como otros i ·ban aprendiendo
sobre el terreno.
Las botellas volaban peligrosamente y se estrellaban contra los amplificadores, los
focos o la cara de algún músico. Con el tiempo, las botellas desaparecieron y fueron
sustituidas por las latas de voll-damm, que hacían menos mella pero que podían cortar
la respiración si te daban de lleno. La marea humana utilizaba el escenario como pista
de despegue; otros querían cantar o simplemente berrear o abrazar al cantante o
rasguear la guitarra. Mientras tanto, los del equipo rezaban para que aquello terminara
cuanto antes, y mantenían a raya como podían a los borrachos y a los pasaos. En más de
una ocasión, había narices rotas de por medio o puntos de sutura. Y Pablo Cabeza nunca
hizo oídos sordos al descontrol, a la ineptitud, a la estupidez, al gregarismo, a la falta de
imaginación o al raquitismo creativo. Saludaba siempre a los grupos recién llegados,
dándole tiempo al tiempo, tomando buena nota de su evo Úlución, diciendo las
verdades cuando era necesario, poniendo los puntos sobre las íes, matizando. No había
sectarismo ni exclusión, ni Pablo Cabeza era el guru del rock radical vasco.
Y ya que hablamos de cronistas, no podemos dejar de mencionar al Teniente Blux
Berri, polémico colaborador habitual en Muskaria y líder además de Vanguardia Zibil.
Blux Berri firmaba unas iconoclastas crónicas irreproducibles sobre música local que
despertaban las iras tanto de los lectores como de los entrevistados. Así lo veía Pablo
Cabeza: «é Fue en el Primer concurso rock ayuntamiento de Donostia, en el Peine de
los Vientos, verano del 84, cuando una manada de osados encapuchados escupió su
presenciaé despojado del trapo negro, [el teniente Blux Berri] dibujó en su figura la
estampa de un personaje ambiguo, insultante, provocativoé No quiere mostrarse como
es, nadie debe de conocerle más lejos de la muecaé su labia, apoyada por una febril
imaginación, trabajaba más que la áspera realidad ê. El teniente siempre sin tropa, el
teniente con el coco repleto de batallas sin campoé el esquivo, el subterráneo, el
huidizo, el payaso, el artistaé »
Con un estilo muy diferente, Kepasa -seudónimo del polifacético periodista Pedro
Espinosa- sembró esos años centrales de los ochenta de crónicas muy en la línea del
nuevo periodismo o del periodismo bonzo. «Mateo tocaba las cuerdas de su bajo con
precisión pero sin ganas -comenzaba su artículo titulado La soledad del músico de
verbena-é Detrás suyo, junto al amplificador, tenía una botella de champagne caliente,
obsequio del comité de fiestasé Llevaban más de cinco horas tocando, con un par de
descansos de 60 y 45 minutos cada uno, y aún seguía llegando gente a la especie de
granero habilitado para el baileé Pegó un trago a la botella y le dio una arcada. Sus
manos continuaban golpeando y apretando el bajoé Quiso sentarse, pero rápidamente
comprendió la estupidez de su deseo, estaban en plena verbena y Marcelino, el cantante
y líder de Ö los Huracanes entonaba, para colmo, las notas de una rancheraé Ahora
ganaban 200 talegos por tres días seguidos, pero eso no le decía nada. Intentó pensar
qué era lo que le hacía continuar tocando siempre lo mismo durante tantos años. En
todo ese tiempo nadie le había esperado después de una actuación para decirle: vale, tío,
has estado cojonudo o gracias por habernos aguantado. Nadie se había quedado con su
nombre en los cientos de pueblos que visitó. Sintió un poquito de pena y envidió a los
grupos que con una actuación y tres improvisadas canciones más o menos originales
aparecían con foto en las páginas musicales de Eginé »
Otros desheredados de la fortuna eran los heavys. «Somos los negros de Euskadi»,
afirmaba un componente de Harlem, rock duro de Gasteiz. «Córtate el pelo, el punk se
lleva más, vete a la moda de AEK, pon una txapa antinuclear, así no te mirarán mal, a
veces pienso por qué será, que sin motivo pasan de mí. Heavy no os suena a radical pero
damos û la cara como el que más. De la madera, mejor no hablar, basta de historias.
Apúntate, apúntate a la historia basco-radicalé», cantaban en una de sus canciones.
Con tanto concierto, disco, maqueta, entrevista, gaztetxe -en los que brillaban por su
ausencia los grupos heavys- existía en éstos el consiguiente resentimiento. Ellos no se
habían apuntado a la canción política, desde luego, y ahora tampoco se les quería
aceptar en la supuesta nueva situación, tan politizada por otra parte como la anterior.
Cuando en los años 70 la máxima modernidad tolerada era el jazz-rock, los grupos de
rock duro habían mantenido izado el pabellón del rock peleón como la ginebra de
garrafa. Vitoria había mantenido una cierta tradición rockera durante esos años, en los
que grupos como Formis o Green River mantuvieron encendida la llama, guardando una
fidelidad inusitada a los entrañables Credence o a los cada vez más patibularios Stones.
Grupos que tocaban en los llamados bailes-vermut, o en las matinales de la discoteca El
P çez Rojo, o sobre los carros de labranza de los pueblos, donde a veces querían
pagarles en trigo. Luego, casi todos aquellos músicos colgarían los instrumentos para
entrar en Forjas o Michelín, aunque alguno perseveró, como Santi Gómez, líder de los
Formis, que llegó a actuar en el festival de Benidorm, e incluso grabó un disco, y que
falleció prematuramente a mediados de los 90. Pero Santi Gómez sólo fue la excepción
de esa regla inexorable. Tendrían que pasar muchos años hasta que nuevos valores
rockeros de tintes metálicos nacieran en la ciudad, como fue el caso de Piruleta de
Hormigón, auténtica cantera del heavy vitoriano desde el 84. En los ochenta, el rock
duro tenía que renovarse o morir: copiar eternamente las escalas de Deep Purple, o crear
algo realmente propio y adecuado al ambiente nada proclive que les rodeaba.
Lo que sí era un valor en alza era el video musical, el video-clip. En septiembre del 85
se celebró en Gasteiz el I Festival de Video-Música, patrocinado por el ay
Zuntamiento. Los objetivos del certamen eran estimular y promocionar el video musical
(concurso), así como mostrar las tendencias internacionales (fuera de concurso). Lo que
más expectación produjo fue sin duda el concurso, al que se presentaron trabajos de
grupos como Hertzainak, Eskorbuto, Cicatriz, Kortatu, Oskorri o Nahiko. El jurado
estaba compuesto, entre otros, por Paloma Chamorro (directora del programa televisivo
La Edad de Oro), Pedro Ayestaran Popotxo o Iñaki Gasca Poch.
El 29 de noviembre se celebró el Euskal Rock de Barcelona. Diez mil personas llenaron
el Palau para ver a La Polla, Kortatu, RIP, Cicatriz y Hertzainak. Lo organizaba gente
del fanzine La Oruga y de una asociación cultural del barrio de Prosperidad. «Fue
flipante ver cómo reaccionaban los catalanes ante una movida de aquí -recordaba
Dieguillo, que conocía la Ciudad Con ïdal porque había vivido una temporada con
gente del grupo òltimo Resorte- En Barna, hacía muchos años que lo que estaba
pasando aquí había pasado ya. Estaban mucho más curtidos; nosotros llevábamos la
frescura y ellos la experiencia, experiencia de mucha más represión. Barcelona ha sido
una ciudad súper violenta; era normal que apareciesen los ángeles del infierno, que
empezasen a salir bates de la barra del bar y que hubiera unas hostias impresionantes;
que si los pakistanísé allá había movidas muy heavys. Y todo eso se notaba. Eran
mucho más sombríos; tenían cierta sombra en la cara que no teníamos los de aquí. Los
de aquí íbamos con una alegría y con un pasón que nos daba igual todo. Pero, a la vez,
yo veía que no solamente nos aceptaban sino que trataban de imitarnos, y todo. Ha
habido un buen rollo entre Barcelona y Gasteiz, concretamente».
La música vasca vivía un período dorado, que se tradujo en el fichaje multinacional de
Barricada para su tercer álbum. Voces airadas y suspicaces se §levantaron por doquier,
acusando al cuarteto de traición a la causa anti-sistema. «Más que las críticas
-aseguraban los navarros- nos preocupaba el hecho de que en la compañía [RCA] el
mendas que se encargó de la censura sólo tragaba con dos letrasé Hubo un momento en
el estudio en que pensamos en volver a la idea de grabarnos nosotros el disco, estaba
claro que el grupo no iba a tragar; entonces el Rosendo se peleó la historia y al final han
tragaoé » Más desapercibida pasó la noticia de que los M-ak fichaban por el prestigioso
sello madrileño Nuevos Medios. «Veo fundamental que canten en euskera, es su
idioma, suena y cantan bien -argumentaba Mario Pacheco, director del sello
independiente- Y, para el tipo de música que es, no importa, allá cada uno si quiere
enterarse de lo que cuentan. El álbum nos parece una maravilla, hay un trabajo de lujo.
Sé que no venderemos demasiado, que algunos lo pincharán y otros pasarán to
Ôtalmente, mas no importa: está en nuestra línea y sobrado de calidad».
Entretanto, en los castigados barrios del Nervión, así como en Mondragón, Rentería,
San Sebastián o Vitoria, la heroína se esparcía sin trabas, como antes había comenzado
a hacerlo -tras la muerte de Franco- por las grandes capitales: Madrid, Barcelona,
Valencia, Bilbao. Existía una opinión muy extendida que atribuía a la policía la
introducción masiva de esta sustancia en los conflictivos y politizados centros urbanos
vascos, alterados todavía más por la aprobación en el 83 del plan ZEN (Zona Especial
del Norte). Pero a pesar de la presencia policial continua, municipales especialmente,
cualquier tipo de droga corría libremente y en abundancia por las zonas juveniles;
desgraciadamente, el uso de la heroína acarrearía trágicas consecuencias a una franja de
edad, inutilizando primero y diezmando después una generación. «La expansión de la
heroína tiene un efecto social claro: Acojono -escribía R ÷oberto Moso en Muskaria- El
yonki pobre, es decir, el mayoritario porque el jaco es droga de pobres, es una mákina
de meterse en marrones, léase sirlas, tirones, atracos a punta de navaja a quien sea ( y
cuanto más indefenso mejor), sablazosé No hay que ser un lince para comprender esto.
En cierta ocasión me enviaron de la radio a hacer un reportaje sobre la situación de los
presos de Basauri, y me quedé estupefacto: resulta que el noventa por ciento de los allí
recluidos son yonkis jóvenes pillados en algún marrón o víctimas de algún chivatazo
coyuntural (nada más fácil que hacer cantar a un yonki)».
En Vitoria, la plaga de la heroína estaba siendo especialmente virulenta. Los médicos ya
habían detectado los primeros casos de sida -de contagios producidos dos o tres años
antes- pero de ninguna manera se pensaba que iba a ser lo que fue; se pensaba que iba a
quedar acantonado, que con unos ciertos cuidados se podría resolver; además se
pensaba que iba a cortarse mucho antes la cadena epidemiológica. Ì Seguía sin verse
bien, en el área político-administrativa, la distribución de metadona entre los adictos, a
pesar de que su eficacia estaba probada desde los años sesenta. «A lo único que le
tenían miedo era a la hepatitis, y a que la aguja no estuviese muy afilada, con lo cual,
cada uno que la cogía la afilaba un poco. Les he visto chutarse whisky», señala un
testigo de la época. En la primavera del 86, la asamblea cultural de la Zapa organizó un
festival en la recién restaurada plaza de la Brullería, junto al Portalón, con Kuatroele,
Korroskada, Subversión, Cicatriz y Tijuana in Blue. «La idea nació de unos cuantos
bares que se plantearon la necesidad de dar salida a las iniciativas culturales (música,
cómic, teatro, fanzinesé ) que llevan adelante gente que habitualmente se junta en la
Zapa y en el casco viejo de Vitoria -podía leerse en el número dos de la revista Resiste-
También se trataba de dar respuesta a la manipulación que hace el ayuntamiento bu
úscando criminalizar, es decir, hacer ver a la opinión pública que la gente que se mueve
en la Zapa somos una especie de drogadictos-delincuentes y demás malas gentes.
También se trataba de dar una respuesta distinta a la continua represión que nos acorrala
cada vez más».
Cicatriz había grabado su primer álbum -Inadaptados- con la ayuda de Josu Zabala de
Hertzainak. «El Phocas también hizo mogollón -apunta Dieguillo- Fue la mejor
producción que se había hecho aquí a nivel de rockanrol, no se había oído antes aquí
nunca nada que sonase tan fuerte. Fue el primer disco cañero que se hizo, ningún disco
anterior tenía la crudeza ésa, el grano ése que tiene, que suena gordo, eso era lo más
gŸay de ese disco. Nos sorprendió a todos, a ellos mismos también, yo creo».
«Son unos fieles intérpretes de una capa de la gente obligada a destrozarse contra las
paredes de la vidaé Y son fieles intérpretes porque tal vez ellos mismos puedan ser
parte» -decía Roge Blasco en el verano del 86 en Muskaria. Roge, el incansabl ñe
corazón que bombeaba la sangre a las arterias de Muskaria, le hacía una larga entrevista
-de la que entresacamos algunos párrafos- al cantante del grupo gasteiztarra.
«Natxo: ¡Buff! En aquel tiempo era la explosión de los primeros festivales punks y todo
era bronca, había hasta peleas y navajazos. Te tiraban latas, piedras, botellas, me ponía
como en la ducha de tanto lapo. Todo lo que llevaba el grupo alrededor era una gran
gresca. Ahora, debido a una evolución más lógica que el copón, el público se ha
mentalizado porque no se puede joder un concierto así porque sí, y el panorama está
más sosegadoé Igual hemos sido punkis pero no skins. Nos metieron en la movida skin
porque se llenaba el escenario y cantábamos entre todos, por ser unos broncas y unos
borrachos pero los skins nos la sudan. Nosotros hemos sido y somos un grupo cañero
callejero de rock and roll, nada másé
é ¿Musicalmente quién es el líde ýr de Cicatriz?
-Pedrito, él compone la música y saca las guitarras; en el lp ha doblado bastantesé
é Inadaptados es el sentimiento de Cicatriz -continuaba Natxo- lo que somos: zombies
mutantes inadaptados, automarginados seres en un mundo de retrasados. ƒse es el
estribillo. Hay una segunda frase que me gusta mucho cantarla: Yo mismo me siento
feliz de ser un puto subnormal con delirios de grandeza mientras me hago un chute y
privo cerveza. Es una forma de decir que somos idiotas, ya sabemos que vamos de culo
pero no nos queda otro remedio, estamos felices de ser idiotas y unos desgraciados. Es
la canción con la que más nos identificamosé Muchas veces alucinas con las
interpretaciones que sacan a nuestras letras. Hemos tenido bastantes problemas, por
ejemplo, con Escupe porque en una parte se afirma escupe a los gays. No tenemos nada
en contra de los gays, repito que estamos en contra de todos y hasta de nosotros
mismos, seguramente lo más indicado sería que esa frase se sustituiría por escupe a los
punkis ä. Las canciones a veces poseen doble filo y nosotros nunca pensamos en las
consecuencias que pueda acarrear un determinado textoé Nosotros hemos estado
enganchados durante mucho tiempo y todavía no hemos salido de ahí, no nos atrevemos
a asegurar que estamos curados ni mucho menos, todo lo contrario, estamos bastante
influenciados por la puta mierda de la heroína. Nos come el coco, es una forma de vivir
de pelea interna con la heroína. Llevamos una lucha encarnizada dentro de nosotros,
descarao, como mucha de la gente que pasa por estas calles, nosotros somos uno más en
esa batalla horrible con la heroína. Me gustaría que la heroína no existiera pero,
¡hostias! está ahí y nosotros hemos caído cantidad de veces en la trampa y nos ha
gustado la trampa. Es seguir el rollo al sistema, ya te digo, estamos hechos unos
desgraciadosé Todas las bajadas y subidas de Cicatriz han sido a cuenta de ella.
Llevamos cinco años bajando y subiendo.
-¿Te parece bien que esta parte de la entrevista la 3 transcriba en Muskaria?
-Pon lo que quieras, tampoco a nadie le tiene que importar. Conozco a mucha gente que
va de caballo y tiene la misma lucha que nosotros, yo no te hablo como grupo sino
como persona.
-Pero la heroína es igual que seguir el juego a la sociedad. Unos se drogan trabajando
para sacar dinero, para consumiré
-¿Tú has estado colgado de la heroína?
-No.
-Pues entonces no puedes hablar. ¡Chachi! Hay que vivirlo, si no, no lo vas a entender.
Es muy difícil comprender para una persona que está metida, imagínate para otra que no
lo está. No me entiendo ni yo, como para intentar que me comprendas tú. Es una pena
que exista la heroínaé
é -¿Os obsesiona la muerte?
-Está más cerca de lo que pensamos, sobre todo para los que andan como nosotros. No
me gusta hablar de la muerte, nunca me la he plantea ødo en serio, alguna vez sí,
cuando un conocido la palma, pero lo ves como que nunca te va a llegar a ti.
-¿Te ves dentro de diez años?
-¡Hostias, ya me gustaría! ¡Sí, mucho!é »
Había grupos que no tenían subidas y bajadas, sino que llevaban una línea ascendente
que diez años después aún no ha cesado. Kortatu revolucionaron el panorama con su
estilo directo, sencillo y terriblemente contagioso, beneficiario de la onda expansiva
skatalítica generada por Hertzainak. Habían hecho furor con Sarri, Sarri, un tema
dedicado al poeta Sarrionaindia, fugado el 7 de julio de Martutene, junto con Pikabea,
escondidos en una furgoneta entre el instrumental del cantante Imanol. Kortatu estaba
creando escuela y siendo profetas en su tierra.
De allí eran Baldin Bada, que habían hecho el Zirt zart, inspiradísima sintonía del
Ibilaldia de ese año. «Katu [guitarra y voz] lo vio claro cuando por los cascos le entraba
la música de Kortatu mientras les grababa su primera maqueta: Era la primera vez que
oía algo parecido, t »odo lo que conocía eran algunos acordes de reggae de Itoiz. Al
escuchar a Kortatu ¡Ostias! Me empecé a interesar por el ska y pillé a Specials, Madness
y otros del mismo estiloé Era lo que Katu buscaba. Había llegado de la mili con un
manojo de letras amargas y duras contra el sistema y quería ponerles música. Le era
necesaria una banda que por fortuna no le fue difícil encontrar puesto que no tardó
demasiado en enterarse de que los tenía delante de sus narices. Colaboraba como
técnico de sonido con un grupo de verbenas, compuesto de jovencísimos músicos,
llamado Oihanaé Influidos por el punk y el ska que grababan en su local a otros grupos
como Vómito, Kortatu o Anti-Régimen, Katu registró una maquetaé »
También cantaba en euskera el trío Delirium Tremens de Motriko. Lo suyo era una
suerte de punk marítimo, de fuerte marejada y mar de fondo, de auténtica muralla
sónica. Se les notaba muy sueltos cantando en su lengua materna, porque no debemos
olvidar q åue muchas de las formaciones que empezaban a cantar en euskera -animadas
por el ejemplo de Hertzainak o Zarama- habían aprendido recientemente el idioma,
como había sido el caso de los mismos Kortatu. En Llodio, otra de las ciudades alavesas
atraídas por Bilbao, los Danba iban a seguir un proceso -del castellano al euskera-
similar al de Kortatu. «La gente canta letras muy anárquicas o de mucha destrucción, y
eso no lo vemos muy bien -decían en sus comienzos los laudiotarras- Si se habla de
lucha, ¿no es porque hay un camino a recorrer? Pues eso es futuro, y de momento lo
hay. No estamos luchando para que haya kaos, sino algo gŸay. El kaos no interesa y
más si nos perjudicaé » Como muchas otras bandas a lo largo de su historia, Danba
sufrió frecuentes cambios en la formación.
Han sido pocos los grupos cuya composición haya permanecido inalterable desde sus
comienzos. ¡Ni siquiera los Beatles!, que echaron a su primer batería presionados por la
casa discográfica. El baile de compone ¹ntes tiene muchos motivos diferentes: la mili,
enemistad, otra oferta, cansancio, trabajo, despido, drogasé Bajo el nombre originario,
las personas, los gustos y los estilos van desfilando, modificando el impulso inicial del
grupo tantas veces como los componentes varían. Son fundamentalmente los cantantes
y guitarristas, quienes imprimen carácter a una formación, aunque nada pueden hacer
sin la sección rítmica, pues las ideas sin soporte flotan en un universo irreal. En no
pocas ocasiones, los miembros originales se ven arrastrados por la personalidad del
recién llegado, que vampiriza al grupo y le da un giro radical haciéndose él con las
riendas del poder creativo, aquel que decide qué canciones valen y cuáles hay que
desechar, el que lleva la voz cantante en las entrevistas, etcé Los continuos cambios en
la formación nunca favorecen a un grupo, sino que lastran y retrasan su crecimiento.
Con la subida al poder de Chirac en Francia, se Úabrió el grifo de las extradiciones de
refugiados vascos, lo que provocó una oleada de agitación social en Euskadi. Aquel fue
un verano especialmente caliente. Resiste narraba así las convulsas fiestas del 86 en
Vitoria, tras las que la ciudad amaneció con las cabinas destrozadas, los cristales de los
bancos rotos, las papeleras incendiadas, las señales de tráfico arrancadas, el suelo
regado de cristales y botes de humo destripados: «Día 6: se convoca por las gestoras
pro-amnistía una manifestación contra las extradiciones, que también es apoyada por
Hala Bedi. La mani salió a las doce [de la noche] de las txoznas, y participaban en ella
unas 4.000 personas. Durante todo el día llegaron colegas de muchos pueblos de
Euskadi dispuestos a dar caña contra las extradiciones y a divertirse en estas fiestas, más
o menos como todos los años. La mani recorrió las calles del centro de Vitoria y se
dirigió al gobierno civil -proseguía el redactor anónimo de Resiste- La gente lanzó b
áotellas, piedras, señales de tráfico y varios cócteles molotov contra este edificioé La
policía intentó entonces disolver la manifestación, pero la gente levantó barricadasé
otros grupos destrozaron varios bancos y cafeterías de lujo, sacando el mobiliario a la
calleé mucha gente que participaba, o no, en los enfrentamientos tuvo que refugiarse en
bares cercanos, que fueron violentamente desalojados, lanzando incluso botes de humo
y pelotas dentroé Desde las tres más o menos empezó en las txoznas un festival en el
que tocaron Kortatu, Korroskada y Cicatriz, organizado por Hala Bedi dentro de las
fiestas alternativas y ateas. A pesar de los fuertes enfrentamientos, se decidió seguir
adelante con el concierto. Sobre las cuatro, se escucharon en el centro ráfagas de
ametralladora y disparos de fuego realé la genteé lanzó cientos de piedras, botellas,
cócteles y otros objetos contra el parlamento vascoé se arrancaron señales y semáforos
con los que se intentó tirar la puertaé salier éon varias dotaciones de antidisturbios de la
policía autónoma, los negros, que entraron a pelotazos en las txoznasé a pesar de todo,
el concierto siguió adelanteé este ataque consiguió ser repelidoé Poco después fue la
policía nacional la que entró en las txoznas, consiguiendo desalojarlas al tirar
incontables botes lacrimógenos, por lo que todo el mundo tuvo que apiñarse contra el
escenario del concierto, produciéndose momentos de gran tensión pues la policía hacía
amagos de cargar también allí. Sin embargo, los de Cicatriz, que eran quienes estaban
tocando en ese momento, siguieron tocando e incitando a la gente».
Discos Suicidas -que se movía en un estilo más bronco que Soñua- publicó un
recopilatorio de cuatro grupos llamado Skalherria Punk, con Vómito, Txorromorro,
Virus de Rebelión y Korroskada. ƒstos últimos procedían de Vitoria y, en menos de un
año, se habían convertido en una de las atracciones musicales de Euskadi,
principalmente a causa de su tema Torero. La carrera del quin Óteto gasteiztarra sería
un guadiana que desembocaría años más tarde en el grupo Bizkar Hezurra. El sello
bilbotarra sacó otro disco colectivo de matiz más duro. Se trataba del recopilatorio de la
bota, el BoROCKari Loturik! (Condenados a Luchar), con Danba, MCD, Zer Bizio?
Ultimátum, Porkeria T y BAP. Los navarros Ultimátum fueron retenidos por la policía
nacional cuando llegaban a Bilbao para la grabación. El plan ZEN afectaba de lleno a
los músicos, que eran parados continuamente en controles de carretera o en la calle pues
tanto sus furgonetas desvencijadas como sus indumentarias excesivas despertaban las
sospechas policiales, y más desde que Sarri se había fugado de forma tan increíble de
una prisión.
Por entonces, el sello Soñua comenzó a tener desavenencias internas. Los hermanos
Patxi y Marino Goñi se separaron de sus socios -que montarían el sello Nola!- y se
integraron en la sociedad Euskal Kulturgintza, que englobaba a su vez a Elkar,
Zabaltzen, Bilintx, îSalvador y Etxepare. Soñua cambiaría pronto su nombre por el de
Oihuka.
Hablemos ahora de los mods. ¿Por qué? Pues porque los mods vascos -a pesar de
levantar suspicacias entre la radicalidad- también aportaron su punto de vista musical al
cotarro. Surgidos a finales de los 50 en el Reino Unido, tomaron su nombre del Modern
Jazz interpretado por Charlie Mingus y otros, cuando el jazz era la música preferida de
la juventud más espabilada. ¿Quiénes eran los mods? «Me interesé por los Mods de los
primeros sesenta a finales de 1974 -contaba Paul Weller, líder de los Jam- Creo que
sobre todo fue la falta de imagen y estilo de los años 70 lo que me llevó a mi obsesión
por los 60é Por entonces versioneábamos a Chuck Berry y las obligadas pautas de
rock&roll, de lo que muy pronto nos aburrimos. Me di cuenta de que convirtiéndome en
mod adquiriría una base y una nueva perspectiva desde la que componer cancionesé Y
lo hicimos, salimos, compramos trajes negros y nos pusimos a tocar versiones de la Mot
öown, Stax y Atlantic. Me compré una Rickenbacker, una Lambretta GP 150 e intenté
dar a mi pelo el estilo de Steve Marriott allá por 1966. Me sentía muy individual y
arrogante, era como mi pequeño mundo esotéricoé La mayoría de los chicos de mi edad
nunca habían oído hablar de los mods». Estas declaraciones están sacadas del libro
Londres 1960-66. Los mods, los clubs, los grupos, la herencia, de Angel A. de la
Iglesia.
Diez años después, pero en Vitoria y no en Surrey, algunos sufrían la misma
metamorfosis que Paul Weller, aunque mientras que a los mods británicos les marcó el
jazz, el rhythm&blues y el ska, a los gasteiztarras o donostiarras de mediados de los
ochenta les influyó también el blues inglés de los sesenta (Yardbirds, John Mayall,
Troggs), el Soul, el Bluebeat, Sam Cooke y, por supuesto, la mencionada santísima
trinidad norteamericana de la música negra: la Tamla, el Stax y Atlantic. Habían sido
los mods quienes se adentraron en los barrios londinenses de caribeños, y descubrieron
el sk Ya a una circunspecta sociedad adicta al té e inmersa en la guerra fría. Luego, a
mediados de los setenta, con el boom de Bob Marley y el reggae, el ska volvió a la
actualidad. Los jóvenes británicos crearon su propio estilo skatalítico con bandas como
Specials, Beat, Bad Manners, Selecters o Madness, bandas que calaron
extraordinariamente en Euskadi. Pero la influencia skatalítica de los mods no tenía la
connotación política de los punks y los skins. A través de los años se mantuvo en las
sucesivas generaciones de mods un amor loco por el baile, por el r&b sudoroso y, cada
vez más, por el ritmo jamaicano sincopado. Euskadi Mod International Meeting 1986
fue el nombre que recibió la concentración de mods que se celebró a finales de año en
Donosti y Gasteiz, con las actuaciones de los Flechazos, los Atractivos, Página 3,
Scooters, Pánico Speed y S îex Museum.
Los mods de los ochenta y de los noventa poco tendrían que ver con los británicos
pastilleros que pasaban los fines de semana rompiendo tumbonas en las ciudades-
balneario de la Inglaterra victoriana anterior al fenómeno Beatles. Estos mods vascos
conservarían, eso sí, la principal seña de identidad del movimiento: la música negra, la
excitante y caliente, la arrastrada y doliente música esclava. En Vitoria, se fraguaba por
entonces la historia de Allnighters, uno de los principales focos mods de Euskadi. The
Allnighters usaban el inglés y continúan hoy tan activos como en sus comienzos. Lo
suyo es el directo, las actuaciones cuerpo a cuerpo en garitos hiperconcurridos de Barna,
Madrid, Zaragoza o Donosti, las improvisaciones de órgano, de guitarra, la actitud
siempre participativa y colaboradora de su cantante, Igu. «Los mods son pocos, pero
bullen, se hacen ver, palpitan -informaba Pablo Cabeza en BBH- Algunos serán niños
peras, no lo dudo; otros simplemente colorean mod su dese ýncanto, penuria y aprietos.
Pasamos de su imagen de colegio, de su aire dulce y pulcro prefabricado, pero es de
admirar su acción, su seguimiento, el afán de cuadrilla, de unidad, de grupo, de
molestia, de moverse, de que se les vea viviré Se menean y molestan, se organizan y
comunican. Recorren kilómetros. Los habrá pegotes y auténticos, como en todo estilo o
movimiento. Un traje mod costará un despilfarro de tela, pero no menos un uniforme de
butic jevi o punké »
El viaje, la carretera, siempre han sido sinónimos del espíritu del rock. Grupos como
Kortatu o Hertzainak salían de gira pero no para dirigirse a Madrid o Cuenca, sino que,
tomando el camino contrario, se presentaban en la destartalada Europa. En el primer
viaje de los de Irún a la tierra de los tulipanes y del Milk-weg, Jimi aprovechó para
hacer un poco de turismo y de paso describir para BBH el ambiente. «En Amsterdam
puedes encontrar bloques enteros de pisos ocupados en los que la gente vive y en los
que se han construido su negocio a modo d Ue tiendas, bares, restaurantes, etc». En
Alemania, cuyo movimiento alternativo había sido tradicionalmente tan sólido como el
volkswagen, burbujeaba un mundo similar al radical vasco y contaban con mucha
información. Se conocía el problema nacionalista, de cárceles, de centrales nucleares,
¡se conocía incluso el euskera!
Pero no sólo se viajaba a Europa. Los vascos redescubrían una vez más Centroamérica y
Sudamérica, cuna del éxodo nacionalista vasco posterior a la guerra civil del 36-39.
Muchos refugiados expulsados de Francia se instalaron allí y entraron en contacto con
los ritmos y las culturas indígenas, que transmitieron a sus seres queridos del otro lado
del charco. La canción Nicaragua Sandinista de Kortatu se escuchó en Radio Sandino.
Muchos jóvenes volvían la vista al hemisferio sur y dejaban de soñar con Londres o
Nueva York como á mecas de peregrinación. El internacionalismo se contagiaba como
la cumbia colombiana.
Había otro lugar más cercano, al que cada vez más grupos se acercaban con una cierta
asiduidad: el País Vasco-francés. Durante muchos años, los vascos del sur habían
mirado con mucha frecuencia hacia arriba en busca de referentes musicales, tanto en la
vertiente rockera como en la tradicional. Pero ahora la situación era diferente. En Bilbao
o San Sebastián, y mucho menos en Vitoria o Pamplona, nadie miraba musicalmente a
Iparralde. Por el contrario, muchos de los nuevos grupos de allí seguían con enorme
interés el desarrollo del rock radical y de otros fenómenos como la ocupación de
gaztetxes, las radios libres, los fanzines, los festivales, las fiestas alternativas. «La
mayoría de los grupos de Iparralde se concentran en torno a la costa y a las ciudades de
Bayona, San Juan de Luz y Ciboure -escribía Kepasa en BBH comentando la aparición
de un número monográfico del fanzine Patxaran- Por ten ¸dencias musicales, destacan
los calificados como hard, entre los que están KGB, Slaughters y Killers; los punks
como Uharteko Punka y Koktail Molotov; los rockeros como Zein Ere o Agggressive
Agricultor, o los modernos como Silence o Voodoo Muzak».
El festival de Video Musical de Gasteiz entró en su segunda edición, con Diego
Manrique como director. El concurso había despertado un gran interés, no sólo en
Euskadi, desbordando las previsiones más optimistas. Habían tenido que ampliarse las
bases del concurso para dar cabida al montón de cintas que se recibió de fuera del País
Vasco. Vitoria registraba una actividad sin precedentes en nuevas tecnologías
cinematográficas ligadas a la música. Las mentes inquietas, algunos pintores, los ateos,
el entorno de Hala Bedi, Hertzainak, vieron rápidamente las posibilidades del video, esa
revolución punk dentro de la imagen que iba a permitir el acceso a la realización de
cientos de jóvenes entusiast ças. A los nombres de Kako Narbona, Luis Nogales o Iker
Leonardo, se sumó el de Juanma Bajo Ulloa, que confirmó desde el primer corto su
indiscutible talento.
Nuestro cronista batbihiruliano, Kepasa, entrevistaba a Diego Manrique, el periodista
musical español más inteligente y abierto. «Fue cuando estaba haciendo en TVE
Popgrama, que empezaron a llegar videoclips enlatados en bobinas de cine de 16mm.
Entonces, el programa musical estrella era Aplauso, y José Luis Uribarri decía: yo no
quiero estas películas, yo quiero que vengan los artistas a mi programa, con lo cual
nosotros tuvimos la oportunidad de pasar unos videoclips muy interesantes, hasta que
Uribarri vio que aquello tenía éxito y exigió que todos los estrenos fueran para élé Así
que cuando vi los primeros videos que mandaban, que eran muy divertidos, como los de
Madness, dije: ¡esto es una cosa fantástica. Hay que hacer video!é Desde entonces,
mantengo con el video una relación de amor odio. Hay muchos videoclips que me gust
²an y hay infinitamente más que los detesto, y odio que vayas a un lugar público y te
pongan videosé Bueno, hay montones de antecedentes del video-clip, pero yo creo que
los orígenes en el rock están cuando en el 66-67 los Beatles dejan de actuar y a alguien
se le ocurre que, como no van a actuar más, van a hacer algunas peliculitas para
promocionar al grupo. Luego, en el 70, los grupos dinosaurios, como no pueden
desplazarse a todos los sitios para actuar, empiezan a hacer videos para promocionarse,
y por otro lado la gente de la nueva ola, que como vienen de un medio en el que están
mezclados músicos, pintores, cineastas, modistos y demás, forman un fermento creativo
que no se queda sólo en la música y empiezan a hacer películas muy locas y divertidasé
»
Si el video musical aún no estaba muy rodado, los que sí estaban bastante curtidos a
estas alturas eran los grupos. Algunos habían aprendido latín actuando tres días a la
semana du ÿrante dos o tres años seguidos. Pero que nadie piense que, a causa de ese
ritmo, se habían forrado; lo que es cierto fue que hubo una subida vertiginosa de
precios, in crescendo desde el ochenta y tres. Subieron los cachets de grupos y de
equipos de sonido, aunque la mayoría de las veces, en lo tocante a dinero pasaba como
en el refrán: de dinero y santidadé la mitad de la mitad. Nunca se cobraba lo estipulado
porque la mayoría de los «empresarios» (gaztetxes, jóvenes de pueblos, amigos,
conocidos, radios libres, comisiones de bienvenida a presos, asociaciones de barrio,
agrupaciones contra la droga) eran pobres de solemnidad, y contaban para pagar sólo
con el dinero que se sacara de la txozna correspondiente. Había que pagar al grupo y
había que pagar al equipo de sonido, lo que originaba peleas, recelos y airados cambios
de impresiones. A la trinidad del sexo&drogas&rokanrol le falta sin duda un cuarto
elemento incómodo pero reconfortante: el dinero, la pasta, las pelas, la guita.
Existe un error muy exte チ ndido respecto a la profesión de músico. Los más
intolerantes consideran que los músicos son caraduras que viven del cuento. Y es que
hay una incomprensión total acerca de la dinámica laboral de un grupo de rock, por no
hablar de la ausencia de contratos o seguros sociales. El grupo no trabaja
exclusivamente sobre el escenario, de la misma forma que el periodista de radio no
trabaja sólo cuando está al micrófono. Hay una labor de ensayo y de estudio, una labor
difícil y frágil de composición y arreglo de las canciones, sin pagas extras ni nóminas.
La actividad laboral de un músico de rock es tan frenética como una película de los
hermanos Marx: además del trabajo con su propio grupo, muchos dan clases
particulares o en academias, acompañan a otros amigos músicos en proyectos más o
menos ambiciosos, hacen suplencias en bodas y bautizos, asisten a clases en el
Conservatorio, cuando no s >e tienen que dedicar a oficios completamente ajenos, que
es el caso de la inmensa mayoría de los músicos: tener que soportar dos jornadas de
trabajo. Las largas y tortuosas horas de carretera ¿entran en el horario laboral? ¿Y las
interminables esperas antes del concierto? Arrinconemos de una vez esa imagen pueril
del rock&roll. El rock es un sector industrial que genera muchísimos millones y muchos
puestos de trabajo (emisoras de radio, sellos discográficos, tiendas de instrumentos y
sonido, estudios de grabación, revistas especializadas, oficinas de management y
contratación, tiendas de discos, locales de actuaciones, empresas de iluminación y
sonido, así como otras importantísimas empresas auxiliares: fábricas de vinilo, de corte
de acetato, de carpetas, fundas y cajas de compactos, etc). No olvidemos que si la reina
‘ Isabel II impuso a los Beatles la Orden del Imperio no fue por su cara bonita sino por
las ingentes cantidades de divisas que el cuarteto produjo a la nación.
Todo surge de una cuerda vocal humana, de una cuerda de guitarra o de un chaston de
batería, pero el músico sólo recoge las migajas de esa cadena monetaria que se establece
partiendo de él. El libro de la historia del Rock está repleto de músicos robados por sus
managers, estafados por los empresarios del show-business, arruinados por las casas de
discos. Ese fue el caso de Los Brincos, que tuvieron que renunciar a todos los derechos
de sus grabaciones -que se siguen vendiendo cada vez más- para conseguir la carta de
libertad de la compañía.
Las relaciones de los músicos con las compañías discográficas son hitchcocknianas,
sean multinacionales o independientes. Después de los primeros momentos de euforia
de la movida radical, cuando todo lo pu îblicado se vendió muy bien, llegaron tiempos
de reflujo. Los primeros discos de Soñua -Barricada, La Polla Records, Hertzainak,
Kortatu- superaron con muchas creces la barrera de las tres mil copias vendidas (más o
menos la cifra que se ha de vender para recuperar el dinero invertido). Los beneficios
eran claros pero los músicos no lo tenían tan claro. Por una parte, siempre sospechaban
que vendían más de lo que les liquidaban; por otra parte, como la cantidad que un
músico percibe por disco vendido -los famosos royaltis- es tan absolutamente irrisoria,
los grupos consideraban una injusticia aquel reparto de beneficios.
Y decidieron pasar a la acción, creando sus propios sellos (experiencia que resultó
desastrosa la mayoría de las veces), o exigiendo mejores condiciones. A las jóvenes
discográficas vascas -Oihuka, Discos Suicidas, Nola!, principalmente- les empezaron a
nacer hijos, en forma de micro-sellos activos, como Basati Diskak, que no tardarían
muchos años en codearse con sus mayores í y que descubrieron que los supuestos
beneficios escandalosos de las discográficas eran un mito, porque ni es oro todo lo que
reluce, ni los grupos de rock vendían tanto como se creían, y ni siquiera la relación con
los novísimos sellos sería más transparente ni satisfactoria.
Al final, y con las orejas agachadas, algunos grupos que habían sacado los pies del
tiesto tuvieron que volver al redil, reconociendo que el verdadero quid de la cuestión
radicaba en una adecuada distribución. Dejaban de venderse muchos discos por no estar
en los lugares idóneos, por no llegar a Andalucía, Galicia, Murcia, Tenerife o Palma,
ciudades donde llegaban casets, piratas eso sí, de los grupos vascos, una y mil veces
regrabadas por el método del boca a boca y del radio macuto. ¿Para qué comprar discos
pudiendo grabarlos por la décima parte de dinero? Se habló durante toda la década de
los ochenta de controlar el mercado de las cintas vírgenes -por medio de impuestos que
las encarecieran- pero la tendencia fue ñ justamente la contraria: cada año que pasaba
estaban sospechosamente más baratas.
En el 87 vio la luz el álbum recopilatorio Hemendik, fruto de la Primera Muestra Pop-
rock patrocinada por Radio Euskadi y Euskal Telebista. En la cara A, los diferentes
matices del pop, del skatalítico de Segundo Banana y Los López, a la onda siniestra de
Jugos de Otros, pasando por el sonido sucio y soterrado de La Tercera en Discordia, y
las guitarras ardientes de Los Extraños o el estilo más limpio y clásico de Calígula. Por
la cara B, punk-rock de lo más combativo en casi todos sus surcos: Jarri Berton, Pelos y
Señales, Zurrapak, V Asamblea y Antirégimen; cerrando este mosaico variopinto, un
instrumental rockero interpretado por Alien.
Y volvamos al pequeño sello guipuzcoano Basati Diskak. Sus promotores fueron en un
principio Javi Destruye, Richard Brigada Criminal y Txeroki ònica Alternativa, que
habían decidido ampli Ìar el radio de acción más allá de sus acometidas fanzineras, y
desde luego que lo consiguieron. Su nacimiento y su primera referencia -el esperado
álbum de los RIP de Mondragón- fue una de las bombas del 87 y vendió en poco tiempo
más de ocho mil copias. Los RIP habían sido pioneros dentro del punk pero, a pesar de
eso, no habían logrado aún sacar un disco en solitario, contando no obstante con
decenas de incondicionales y habiendo recibido varias ofertas. Su directo era demoledor
como un ataque de panzers. Realmente, sobrecogía la poderosa voz de Carlos Mahoma
y su presencia estática; sobrecogían sus visiones del futuro, sus pesadillas sonoras, la
furia de su pesimismo.
Y nos vamos de Arrasate a la ciudad del Nervión para asistir al debut discográfico de lo
que luego sería un valor firme en el rock vasco: Doctor Deseo, banda sin pelos en la
lengua -como podíamos comprobar unas páginas atrás- y con muchas escaladas en la
mochila. Su guitarra -Jesús- había to Ùcado en el 68-69 con Sergio Blanco (el de
Sergio y Estíbaliz) en un grupo que se llamó Willy y los Campesinos. «Nos
recomendaron a las hermanas Uranga, quedamos y nació Mocedades -le explicaba a
Pablo Cabeza en BBH- Yo estuve en el grupo hasta que el gobernador nos censuró una
historia sobre Biafra. Después me metí en política y con lo del juicio de Burgos me tuve
que pirar a Francia. Pasados tres años regresé, pero lo hice a Barcelona. Estuve
trabajando en el bar de un yanki, ex-soldado del Vietnam; allí conocí a Ovidi Montllor
y grabé con él su primer elepé; después estuve con Gato Pérez. Tras otros tres años me
volví a Bilbao y ya no hice nada hasta el casual encuentro con Francis». Con estos
antecedentes, era lógico que grupos como Doctor Deseo estuvieran resentidos con la
movida radical y el efecto centrífugo que había provocado en la música vasca, dejando
al margen de los conciertos y de los discos a las bandas que se salían del estereotipo
punk-rock. Sin embargo, Ü de todos es sabido que quien ríe último, ríe mejor. La
historia de esta apasionante banda de Bilbao no había hecho sino empezar.
Lo mismo que la renovación y actualización del heavy vasco. Habían aparecido nuevos
términos -speedmetal, thrashmetal- para designar nuevas tendencias, cuyas
características principales eran una mayor rapidez, conseguía gracias al doble bombo de
la batería, voces más graves y más cambios de ritmo, con Black Sabbath como mítico
grupo precursor, y Motorhead y los californianos Metallica como consolidadores del
género. Y sobre todo aparecían muchísimos nuevos grupos; había fiebre por recuperar
los escenarios y por organizarse. En Iruña nacía el colectivo Rockefor; en Donosti, el
Euskal Rock Latza Kultur Taldea; y en Gasteiz, Rock&Metal que afirmaba: «Hemos
estado tocando en ninguna parte». Este colectivo gasteiztarra estaba compuesto por
Forjas, Réquiem, BO2 (Beodos), Rock Dam y Pléyade. El bajista de Réquiem -Iñaki,
luego en Soziedad Alkohólika- de Âspejaba incógnitas: «Aquí ha pasado una cosa
curiosa: que de un tiempo a esta parte lo radical se ha puesto de moda. Lo que era antes
marginal, ahora está de moda. Ahora los marginados somos nosotros».
El espíritu intransigente del punk convirtió términos como hippie y heavy -que de tan
buena prensa gozaron en otras épocas- poco menos que en insultos, quizá porque se
habían transformado en estereotipos a lo largo de los setenta; ahora, estaba mal visto ser
un heavy de pelos largos y cazadora vaquera, amante de los punteos interminables, de
las poses ridículamente teatrales, de las voces en falsete, de las letras demoniacas, de los
esquemas rítmicos manidos. Y los hippies no lo tenían mucho mejor, con sus petos y
sandalias, sus flautas y bongos, los mercadillos, de bar en bar buscando hachís, colgados
del Rock&Roll animal de Lou Reed, siempre hablando de irse a vivir al campo pero
acampando en los garitos más afilados de la noche, con su olor a sán `dalo y sus rollos
esotéricos, los hermosos vencidos.
Si los heavys vascos estaban dolidos por la indiferencia circundante, y de entre ellos
tendrían que surgir las voces autocríticas y renovadoras, oigamos lo que tenían que
decir los rockeros de Valtierra, en las Bárdenas navarras. «Por arriba se nos ve como si
fuéramos de Aragón, luego en Zaragoza se nos trata de euskal rock, estamos hasta los
huevos de ser el culo de Euskadi. Nosotros nos identificamos con todo lo de arriba, pero
el problema es la distancia; nos llaman de vez en cuando para tocar en Iruñea, pero lo
tenemos muy jodido para tocar más allá. De Pamplona para abajo hay un corte
tremendo». Este lamento lo emitían los componentes de Piskerra, que acababan de
publicar un lp -Apuñálalo- de rock bardenero y fronterizo.
Otro de los grandes problemas de los grupos era la falta de actuaciones; a »pesar de los
muchos pueblos que hay en Euskadi, éstos no daban claramente abasto para acoger tanta
oferta rockanrolera. Muchos son los llamados y pocos los elegidos. «Antes no había
nada; después hubo un boom, y ahora hay cientos de grupos que se mueven por donde
pueden. Los que se están estancando son los sellos discográficos que cada vez atinan
menos. ¡Hay grupos que tienen que grabar Lp ya! -decía Roberto Moso en la entrevista
que BBH le hacía con motivo de la publicación de su tercer disco- A la hora de grabar,
no son todos los que están ni están todos los que soné »
Pero no hablemos de ausencias sino de presencias. Potato, la banda reggae de Vitoria
que había surgido casi como un chiste, se afianzó -sorprendentemente para muchos- con
la publicación de su primer álbum en solitario, después del compartido con Tijuana in
Blue que incluyó tres temazos: El çguila, Babilonia y Reggae Popular Riojano (Ke
beban, ke beban). Los Potato de 1987 presentaron un öambicioso disco, con portada
del pintor Juan Sagastizabal, en el que abundaban los temas de calidad y las letras
acertadas, el abigarramiento en los arreglos y un sonido dispar y no demasiado potente.
Las tres líneas compositivas de su trío vocal dotaban al grupo de una agradable
variedad. El Ruego ibérico, La Clase obrera, Johnny Brusko, representaban un intento
de acercamiento serio y no sólo anecdótico o casual a la música jamaicana y a los ritmos
caribeños. El título del álbum -Punky reggae party- hacía referencia a una canción de
Bob Marley en la que se hermanan ambos movimientos, aparentemente enfrentados. De
hecho, la mayoría de los grupos punkis han sentido siempre un cariño especial tanto por
el ska como por el reggae. Desgraciadamente, a los pocos meses de la grabación, el
guineano Juan Borikó abandonó Potato. Casi sin que nadie apostara demasiado por
ellos, los vitorianos iban a convertirse sin embargo en una de las realidades más firmes
del rock vasco, y no por casualidad ya que contaba §n además con experimentadísimos
músicos como Javier Olloki (teclas, saxos, arreglos) y Timoteo Ozaeta (batería),
procedentes de la orquesta Drakkar.
Quienes no lo estaban teniendo muy fácil eran Hertzainak. Auténticamente, les
perseguía la mala suerte: graves accidentes en carretera del saxofonista y del cantante;
enormes dificultades técnicas en el estudio de grabación; sensible bajón de ventas del
segundo álbum respecto al primero; problemas con la casa discográfica. Atrás había
quedado su período skatalítico, el colorido optimista del saxo, los finales apoteósicos y
multitudinarios con el escenario invadido por un público entusiasta que coreaba
desenfrenadamente txikitá txikitá! Hertzainak no quería apadrinar la llamada Euskadi
Tropikala, no querían convertir sus canciones en himnos, querían huir de lo ya hecho,
explorar nuevos territorios sonoros, adentrarse en lo inexplorado. Y la reacción de
muchos de sus seguidor çes -ante el abandono del populista ska- fue volcarse en bandas
como Kortatu.
Aún así, también había lugar para las buenas noticias, como el reclutamiento de un
músico callado y sonriente -Bingen Mendizabal, teclista y violinista- que daría mucho
que hablar en los noventa. Por entonces, Bingen llevaba años en el ambiente musical de
Gasteiz: había tocado con Gorka Knšrr, luego en Nahiko, hizo un trío de fusión jazz-
folk con Bixente y Txarli de Oskorri, y después formó parte de Fir Na Turba, otro trío,
en este caso de folk irlandés, con el que ejerció incluso de músico callejero. De
influencias tradicionales y educación clásica, en BM se apreciaba ya ese toque lírico del
que estarían impregnadas todas sus bandas sonoras posteriores. Sin pretenderlo, se
convirtió además en protagonista de una de las raras canciones de amor de Hertzainak:
Esaiok (Díselo), un precioso tema en la línea de fundir el folklore vasco con el rock.
Hertzainak iba a contracorriente de las modas, haciendo el camin Öo inverso, del punk
a la txalaparta. Porque Josu Zabala, bajista y compositor del grupo, estaba realmente de
vuelta. Había tocado el acordeón en muchos festivales pro-amnistía del 77, había
acompañado al betsolari Xabier Amuriza, había colaborado con Patxi Villamor y
Lantzale, había grabado en los dos primeros discos de Ruper Ordorika y tocado en
directo con él, había formado su propio grupo, estable y compacto a lo largo de los
años; había colaborado con grupos de teatro de Gasteiz, fue Erromualdo Ballestosa,
produjo a Cicatriz, ayudó y acompañó en directo a Potatoé Ahora Zabala estaba en
disposición de degustar sin prejuicios la mezcla de músicas y culturas que poblaban su
incansable cabeza. Su banda estaba a punto, con uno de los mejores baterías del
momento, con un cantante superdotado y un guitarrista afterpunk que aunaba la melodía
con las moto-sierras distorsionadas. Se les consideraba la banda vasca number one pero
les resultaba más fácil tocar en Berlín que óené Valladolid.
ƒste será el gran caballo de batalla del rock vasco, sobre todo del apellidado radical. La
etiqueta distinguió y primó durante unos años a muchos gruposé dentro de Euskadi pero
terminó por perjudicarles fuera, donde la radicalidad musical se iba asociando cada vez
más con el independentismo armado. Y este triste fenómeno comenzaba ahora a tener
sus primeras consecuencias desagradables. Una especie de conspiración de silencio
respecto al rock vasco se extendía por los medios de comunicación españoles.
Periódicos de gran tirada daban cuenta de la actuación en Madrid de grupos
internacionales de segunda o tercera fila, y no redactaban ni una miserable reseña de
conciertos mucho más concurridos protagonizados por La Polla o Kortatu.
Definitivamente, ser vasco había dejado de estar de moda; incluso, podía tornarse
peligroso presentarse como tal en según qué sitios y ambientes. El anatema político-
policial rendía unos frutos amargos para la cultura vasca.
4. Tiempos de camisa de fuer \za. Bat Bi Hirué Hamar! Manolo Gil. Nola! 21
Japonesas. Leize. CUVYCO. Pop en Gasteiz. Kortatu en el barnetegi. Rula rula.
Accidente Nacho Cicatriz-entrevista en Eguzki Irratia. Sanchís y Jocano. Barricada en
Polygram. 1988: año bisagra. Nueva metamorfosis del rock. Eskorbuto. Recopilatorios
metálicos. Rock DAM. Asken guda dantza. Tahures Zurdos. Xoxonees. Rap. Lorentzo
Records. Mugalaris. Punk baino gehiago. Los Bichos-Josetxo Ezponda. Dinamita pa los
Pollos. Soziedad Alkohólika. Tan cerca del cielo. Plataforman. El Tubo. Zuloa.
Aventuras de Kirlián-pop donostiarra. Los del Rayo. Aitormena. ¿Ser o no ser rockero?
Profesionalización. La Perrera. Gil-Urdanoz. Potato: Erre que erre. Arturo Blasco:
recuerdos vascos de un músico aragonés. Muerte de Jose Arteaga-Cicatriz.
El año 87 terminó con un regusto agridulce de nostalgia. Se presentó en la Feria d ºel
Libro y del Disco Vasco de Durango un doble álbum que conmemoraba el décimo
aniversario del diario Egin, así como la ampliación y nuevo formato de sus páginas
musicales. Parecía que una época terminaba y que este disco era el resumen del rock
radical vasco. 1987 fue además un mal año para muchas de las formaciones que allí
aparecían: Belladona perdió a su elemento primordial; Cicatriz se había tomado un año
sabático; Potato sufría cambios importantes, al igual que Tijuana, Vómito o MCD. Bat,
bi, hirué hamar! era un recopilatorio panorámico de veintitrés bandas, casi todas
decisivas en el devenir del RRV: BAP, Vómito, Cicatriz, La Polla Records, MCD,
Baldin Bada, RIP, Kortatu, Zer Bizio?, Tijuana in Blue, Potato, Eskorbuto, Delirium
Tremens, Korroskada, Malos Tratos, Barricada, Hertzainak, Zarrapo, OK Korral,
Fiebre, Jotakie, Belladona y Zarama.
El diseño del álbum fue del navarro Manolo Gil, un exponente de la movida
contracultural naci ïda en el casco viejo de Iruña a mediados de los setenta. Manolo Gil
había organizado y filmado decenas de conciertos, trabajado en bares que funcionaban
también como salas de exposiciones, realizó programas en Radio Paraíso o Eguzki
Irratia; estaba en contacto con la nueva generación de dibujantes de cómics de la ciudad
(Simónides, Osés, TMEO); participó en la aventura ocupacionista de Katakrak; conocía
de siempre a los músicos localesé es decir, era uno de esos elementos imprescindibles
que dinamizan y transmiten entusiasmo. Su paso siguiente fue la realización de portadas
de discos y de video-clips, en los que sintetizó su pasión por la música, la imagen, la
fotocopia y el cómic.
No nos vamos todavía de Pamplona porque allí el sello Nola! -la escisión de Soñua-
había publicado Donde ríen los locos, el estreno discográfico de los donostiarras 21
Japonesas. El disco se había grabado en Madrid, en el estudio de Nacho Cano. Funky,
pop, jazz, ritmos tribales, armonías exóticasé todo eso y más me §zclaban sin prejuicios
21 Japonesas, formación insólita en la que militaban músicos con una década de
aprendizaje a sus espaldas: Josetxo Bengoechea (bajo, voz), Alfredo Beristain (guitarra)
y Luis Camino (percusión).
Nola! volvió a sorprender con una nueva referencia de muy diferente estilo: Devorando
las calles, primer elepé de los guipuzcoanos Leize. «El rock makarra, acepción
metafórica de la música callejera, necesita de trovadores urbanos y no de defensores de
lo fantásticoé Aquí y ahora, a los que son conocidos como ritmos del asalto, les sobran
advenedizos de la pluma incapaces de metamorfosearé los textos adecuados como para
convertir una canción de literariamente ridícula en textualmente recomendableé » Quien
así se expresaba, en el flamante BBH de cuatro páginas, era Kolega, nuestro visceral
cronista de los tiempos del Muskaria que se había trasladado a vivir a Madrid pero que
seguía colaborando apasionadamente Ÿ con la prensa musical vasca, además de escribir
en Ruta 66 y Boogie.
En Vitoria también se producían iniciativas discográficas interesantes. Cuatro músicos
veteranos de mil y una formaciones decidieron montar un estudio de grabación y un
sello discográfico. Eran Alberto y Nando de la Casa, Ricardo Urrutia y Javi Viu; el
estudio se llamó Cuvyco y su primer trabajo fue Araba viento en pop, con Mitxel y los
Renos, Segundo Banana, Ketedén y Exceso de Cupo. Sólo los dos primeros
conseguirían abrirse camino; Mitxel y los Renos era el grupo inestable de Michel
Ortega -excelente cantante de poses provocativas, ademanes apasionados e
inclinaciones rollingstonianas- que había sido el primer vocalista de Segundo Banana, y
que ahora iba madurando otro esquema musical que desembocaría durante la siguiente
década en el grupo Crin de Crin Crines, luego simplemente Crines. Por su parte,
Segundo Banana evolucionaron hacia un pop Î versátil y skatalítico que les valió muy
pronto su apreciable primer lp y un cierto reconocimiento gracias a temas como Todo
va bien. Enrique Loyola, Teddy Marimón y Poti Borderas se destaparon como intuitivos
músicos, con facilidad para la melodía insidiosa -que diría Diego Manrique- y los
ritmos sencillos.
A quienes de verdad les iban las cosas viento en popa era a los irundarras Kortatu. La
independiente británica Red Rhino publicó un recopilatorio de sus mejores temas;
mientras que el sello alternativo francés Bondage editaba en Francia sus dos primeros
lps, y les organizaba un multitudinario concierto en París. El caso Kortatu era un punto
y aparte del rock vasco. Su tercer álbum -Kolpez kolpe- sorprendió por estar
íntegramente en euskera. «Para ello han tenido que apartarse por largas temporadas de
la vida pública. Encierro en el barnetegi de Tolosa y escapadas esporádicas -daba cuenta
Pablo Cabeza en BBH- El alma te explica el por qué y si no fuera así ÷, es absurdo
extenderse en aclaraciones. ¿Y pudiendo vender mucho más en castellano por que
cantáis en euskera? Pues eso, que si esa pregunta se encuentra en tu cuestionario, o eres
de Madrid o tu alma está perdida». Además del idioma, había un cambio musical
significativo que se traducía en un alejamiento cada vez mayor del ska, en beneficio de
un rock más contundente -incluso heavy- y de unas letras menos divertidas y mucho
más agrias. En directo, el trío se vio reforzado con las teclas y la multi-guitarra asesina
de Kaki Arkarazo (de M-ak), que produjo el disco y que se había convertido en técnico
habitual del estudio donostiarra IZ. «Los vientos no los podemos llevar en directo
-comentaban Kortatu- Total, que lo solucionamos con unos samplers, sonidos
pregrabadosé Le vimos a Linton K. Johnson en Bonn cómo llevaba todos los saxos
pregrabados y nos lo dejó claroé » ƒsta iba a ser una de las constantes del grupo a partir
de entonces: el trabajo en el estudio, las nuevas tecnologías aplicadas no sólo • al
sonido sino a la imagen. Kortatu habían sido pioneros en la utilización del video-clip y,
desde sus comienzos, fueron fieles a la cita con el festival que se celebraba en Gasteiz;
de la misma forma, eran pioneros en la introducción del nuevo rock duro rapeado que
ya se estaba fraguando allende los mares (Red Hot Chilli Peppers, Hip Hop) y que se
asentaría con fuerza en Euskadi en los noventa.
Y si el tercer álbum de Kortatu fue un auténtico golpetazo musical para el rock vasco, el
maxi que Potato editó -zanjando así los rumores de disolución- sería de lo mejor del 88:
Rula, Rula, poderosa canción que hizo célebre aquella coletilla de Aianai: en Vitoria-
Gasteiz donde se hace la ley, capital artificial de un país singular. Ni querían ser un
chiste ni ser asociados con el verano y las palmeras. La gente ignoraba que el reggae
jamaicano no surgió precisamente en las playas de arenas doradas ni en los hot «eles de
lujo de la Jamaica blanca y turística, sino al contrario, en los ghettos y en las barriadas
de casas hechas con bidones de la mayoría negra hundida en la miseria. El reggae no
hablaba de bikinis ni polos de fresa: era un ritmo de liberación y de redención. Y ésa era
la apuesta de la macrobanda de Gasteiz: investigar en las raíces, aprehender la
espiritualidad y sencillez de los músicos negros.
«Como los regueros de verano, apareciendo y ocultándose. Con la línea de flotación
horizontal y a pique tras el impacto de cualquier torpedo despistado. El batiscafo,
resumiendo, tan pronto enfocando pieza como perdido en el horizonte. Realmente, no
parece que Cicatriz vayan a encontrar un futuro regular, pero desde luego que cuando
quieren, pueden, y se lo toman en serio: arrasané ¿A que soy simpático, a que todas las
chicas están locas por mí?, es el Natxo, es uno de sus recitales, de sus monólogos,
valdría para político. Goar cambia de guitarra. Natxo o øbliga a sonreír. Se inicia de
nuevo la fiesta de rokanrol. Estos Zika suenan más a AC-DCé El 22 de agosto se meten
en los estudios Elkar de Lasarte. Cicatriz a por un esperado segundo elepéé » Extractos
de un artículo de Pablo Cabeza sobre la sensacional actuación del cuarteto de Gasteiz en
Larrabezu. Cicatriz había cambiado de guitarrista, se había ido Jose Arteaga y había
entrado Goar Iñurrieta, procedente de la cantera heavy de la ciudad y simultaneando su
labor con Korroskada. En los largos períodos de inactividad de la banda -tras la
actividad frenética del 83-85- el batería Pedro Landatxe había colaborado asiduamente
con Mamen ex-Vulpes. Ahora, verano del 88, parecía que las cosas rodaban otra vez
bien. Desgraciadamente, a los pocos días de esta actuación, Natxo Etxebarrieta sufrió un
gravísimo accidente de moto:
«Fue un año negro el 88, el más negro de mi vida -declaró Nacho-Cicatriz en la
mencionada entrevista a Eguzki Irratia- El 3 de marzo, me acuerdo perfectamente
porque era el aniversario üde lo de los obreros de Vitoria, de los muertos y aquella
movida, pues el 3 de marzo murió mi hermano Polvorilla; yo estaba en Amsterdam, me
vine aquí a Barajas y me pillaron en el aeropuerto trayendo speed; me metieron en la
cárcel, estuve en Carabanchel tres meses; fue una experiencia de la hostia, de puta
madre, de las mejores que he tenido en mi vida; conocí a una gente increíble, conocí el
talego, conocí cómo funcionaba aquello, me quedé muy alucinado, cuando salí de allí
escribí la letra de En La 204. Viví unos tiempos muy felices porque había mucha gente
que me apoyaba fuera, y me respetaba mucho la gente allá porque veía que recibía todos
los días tres o cuatro cartas, cuando allá recibir una carta es la hostia, están todos en la
cola, esperando a ver si sale su nombre, y tú, saber que ibas allá y que la ibas a
encontrar fijo; y la gente decía: ¿pero quién es este tío? Se hicieron dos conciertos [en el
polideportivo de La Blanca, en Vitoria] para pagar la fianza, sacaron un montón de
dinero, ahí t Ãambién hubo rollos chungos con el puto dinero, como siempre; gracias a
dios, yo estaba dentro y no quiero hablar de ese tema. Estuve tres mesicos de nada, que
eso no es nada, salí, empecé a disfrutar, empezamos a tocar y en agosto tuve la mala
hostia de ir con un tío en moto y meterme una hostia y partirme toda la columna
vertebral. Y ahí, pues fíjate tú, de estar de puta madre porque estaba desenganchado
además, no me metía, estaba contento, bien, a seis meses de hospitales, de arriba y
abajo, de un lado al otro; me hicieron un montón de chapuzas; denuncio desde aquí,
tengo que denunciar porque eso sí que fue pasote: a mí, desde Donosti, me dieron una
orden de ingreso para el Opus, en Pamplona; me tenían que hacer una descompresión de
vértebras. Entré allá y me preguntaron si había tenido alguna enfermedad, y yo fui tan
idiota que les dije que había tenido hepatitis de pequeño, y, claro, lo relacionaron, no
tienen por qué, pero lo relacionaron inme »diatamente con la droga, y me echaron de
allá, me mandaron para otro hospital. Me cogieron, me metieron en una furgoneta y me
llevaron hasta Valencia, me tuvieron una semana en un sótano, con un chaval
muriéndose de sida al lado, el pobre; había rejas en las ventanas; me tuvieron allí una
semana antes de meterme al operatorio. Cuando me subieron, me operaron de la pierna,
que tenían que meterme un hierro, y, claro, cuando me quitaron la escayola que tenía en
la espalda, tenía una infección tan grande en la espalda que no pudieron hacerme la
descompresión de vértebras y ponerme una placa. Y se me quedó así la columna. Tuve
unas penas, bueno, bueno, unas depresiones; lo único que me quitaba la depresión era
que me trajeran caballo, que me trajeran caballo, por favor, que me lo trajeran.é »
Pocas horas antes de aquel terrible accidente, el cantante de Cicatriz había subido al
escenario de la playa de Ondarreta invitado por su amigo Fermín Muguruza. Ademá äs
de Kortatu, actuaban también ese día Sanchís y Jocano, que acababan de publicar su
primer álbum. El dúo procedía de la primera oleada popera donostiarra. «Son la mezcla
de Ramoncín y Joaquín Sabinaé vampirizan con arte, resuelven con frescuraé Suenan
como se oye el sol cuando atardece y lo tomas livianamente, sentado, afuera y sobre el
asiento de piedraé Qué maravilla de letras, envidia de la isla Santa Clara, cuánta crónica
escrita al menos tan bien como vivida. Cuánto olor a buena música casera». Era de
nuevo Pablo Cabeza quien nos definía en cuatro pinceladas el rock tranquilo pero
intenso de estos cronistas urbanos. La crónica de San Sebastián no es tan bonita como la
pintan en esos jodidos mapas que te dan para veranearé
Y Barricada seguían ahí, tan sólidos como una ídem, contra el viento de unos y la marea
de los otros. Habían dejado RCA y estaban en Polygram, que les comía el coco para que
se fueran a vivir a Madrid. «Llevan desde hace tres años con la historia y no sólo ¿ la
compañía sino también el manager, por el rollo de movernos por todo el Estado; hace
falta gente que entienda que no todo tiene por qué ser así; yo en Madrid me lo paso bien
-le contaba el Drogas a Jimi en BBH- porque voy cuando tengo que ir y estoy con la
gente que quiero, pero quiero vivir aquí; sabes positivamente que viviendo en Madrid la
historia funcionaría mejor, ya ves, sales cuatro veces por televisión y la gente piensa
que eres millonario y que todo te va bien, es una película que estando en Madrid sería
más grande, la película del circo éste es así, pero a nosotros nos agobia».
Si 1987 había sido un año de resaca, crisis y dudas, el 88 estaba siendo como una
bisagra entre dos épocas; muchas de las actitudes que se consideraban novísimas un
lustro antes, se iban quedando caducas ya. Se había creado un estereotipo del campo
punk y radical, por ejemplo, que había hecho perder virulencia y convicción. Y es que
donde las dan, las toman. ¿ El tiempo mata, el tiempo asesina, igual que en la canción
de Speed. Musicalmente, se desdibujaban los perfiles de los estilos, en un anticipo del
mestizaje que imperaría en la década siguiente. En concreto, había un acercamiento
chocante entre el punk y ¡el heavy! Grupos como Cicatriz, que preconizaron en sus
comienzos un punk 77, reconocían con el tiempo que su grupo favorito era AC-DC.
Además, muchos músicos de grupos punk-rock de cresta o cabeza rapada habían sido
antes heavys de melenas y pantalones plateados; heavys que renegaron pero que ahora
volvían a poner las cosas en su sitio y a no abjurar de sus señas de identidad. El thrash-
metal, la onda simpática entre punk y heavy metal, estaba naciendo; era una nueva
metamorfosis del rock: la estructura de hormigón armado del heavy metal, más la
velocidad y la contestación del punk.
Y ya es hora de volver a saber de uno de los grupos malditos del rock vasco, grupo que
sin embargo no había par ßado de grabar en los últimos años aunque sus actuaciones
escasearan. «No es posible que exista otra banda con la producción discográfica de
Eskorbuto y que haya metido menos horas de estudio de grabación que ellos», afirmaba
Pablo Cabeza, que siempre sintió debilidad por este trío de Santurce. La más macabra
de las vidas, Anti-Todo, Los demenciales chicos acelerados, Eskizofrenia, fueron discos
repletos de canciones en estado bruto, de temas viscerales, insultantes y mordaces como
bocados de rata. Aquello sí que era auténtico punk vasco, y no una importación
londinense o neoyorquina; era el pus de la cloaca urbana, los efectos secundarios del
estado de bienestar.
Impulsado curiosamente por el punk, el heavy se lanzaba al ruedo: en muy poco tiempo
se publicaron dos álbumes colectivos de muy diferente signo, Descarga Norte y Rock a
todo Gasé teiz. El primer recopilatorio -editado por Discos Suicidas- contaba con la
participación de cinco potentes bandas metálicas de gran prest óigio y experiencia:
Rock Dam, BO2, UTM, Estigia y Caid Deceit; el segundo -del sello vitoriano Cuvyco-
con Master, Ley Seca, Merlín y Pléyade, daba a conocer a los nuevos valores del rock
duro alavés. Como siempre sucede, unos prosperarían y otros no; algunos grupos fueron
hacia adelante y otros se deshicieron. Rock Dam serían sin duda los mejores de Gasteiz;
detrás de su sonido estaba la amistad de los dos guitarristas: Sam y Potis. Porque, en
resumidas cuentas, lo de menos son los estilos y las etiquetas: lo que importan son las
personas. «La música es un sistema de cuatro partes: la música, los músicos, el público
y la industria. La función de la música es la de ser escuchada. La del músico es tocarla.
La del público, escucharla. Y la de la industria es facilitar la relación entre estas tres
partes. El público debe trabajar tanto como el músico, a veces incluso más. El público
debe escuchar activamente. Mi trabajo no es entretener, aunque a veces debe ayudarse
al público, seduciéndole para que å entre en la música. El entretenimiento es para los
robots; la escucha activa es para los seres humanos libres». Así hablaba Robert Fripp en
1981. Y nosotros estamos hablando quizá demasiado de grupos y poco de las personas
que los forman. Hubo muchos grupos de ska-punk, por ejemplo, pero un sólo Fermín
Muguruza.
Quien, inesperadamente, anunció la separación de Kortatu. A nadie le entraba en la
cabeza que se separasen en pleno éxito. Como despedida grabaron un álbum en directo:
Asken guda dantza. «No pienso que estemos retrasados culturalmenteé Lo mismo de
aquí a dos años cuaja un movimiento súper raper o cualquier otra historia que ya se
realizó en otro país, sólo que aquí tendrá unas características específicas». Fermín
Muguruza ya debía de tener in mente su siguiente gran salto.
Pero dejemos la imagen congelada durante un rato y trasladémonos a Pamplona porque
allí se cocía algo verdaderamente suculento: el primer disco de Tahures Zurdos. El
grupo lo había formado Aurora Beltrán ûdespués de marcharse de Belladona, y el
estreno discográfico, en forma de mini-lp editado por Oihuka, fue acogido muy bien. Y
no era para menos pues, aunque los navarros no hacían nada más que rock, con
influencias setenteras o lo que se quiera, ¡qué bien lo hacían! ¡Qué frescas y naturales
sonaban las letras! ¡Qué cómodas las guitarras! ¡Qué bajos sencillos y qué baterías
efectivas! ¡Qué pedazo de canción El chico de la mirada asustadiza! No es la carne lo
que importa, sino cómo la mueves, que decía un viejo blues. El disco estaba además
producido por JC Pérez de Itoiz, en una de sus primeras apariciones públicas tras la
desaparición del grupo de Motriko, que también había grabado un disco en directo
como despedida.
Y no vamos a pasar por alto que al frente de Tahúres Zurdos hubiera una mujer. Sí, una
mujer que cantaba, componía y tocaba la guitarra. Nos habíamos olvidado, hablando en
términos de rock, de que existían las mujeres; su presencia a lo largo de los años había
sido estadísticamente irreleva þnte. Lo suyo se acercaba más al yo tenía un novio que
tocaba en un conjunto beat. Pero Aurora Beltrán venía a demostrar con su actitud sin
imposturas que las cosas no tenían que seguir siendo así. «é A las mujeres, para resultar
creíbles, nos colocan muy alto el listón, y a la gente le cuesta trabajo reconocer el
talento más allá de nuestros rasgos físicos -declaraba a Egin- Entre nosotras, todavía
falta un poco de empuje, de que superemos las circunstancias y digamos por qué no
puedo decir lo que me apetece y sin tener que ser el reclamo o la niña bonita de un
grupo». Por otra parte, ella no había nacido por generación espontánea. Que no era un
caso aislado, aunque sí sobresaliente, lo corroboraron las efímeras pero valiosas
Xoxonees, que no pueden considerarse propiamente un grupo de rock vasco, pues
predominaba la vena andaluza, pero sí que tuvieron una estrecha relación con Vitoria.
Su teclista, Silvia, era hermana del prestigioso músico Tomás San Miguel, que
produciría su único álbum.
Las Xoxonees fue Ôron una avanzadilla del maremoto rap que se nos venía encima; al
principio, se trató de un suave oleaje pero con el tiempo el rap pasó a convertirse en un
soniquete que nos perseguía hasta en los anuncios de televisión. Y hablando de tele, las
Xoxonees tenían una bonita copla flamenco-rapera que decía voy a tirar la tele por la
ventana, hartita de ver tu cara de palanganaé ¿Qué era el Rap? Los aficionados a la
música jamaicana conocían hacía años los sound system, es decir, las discotecas
portátiles del tercer mundo caribeño. A falta de locales ad hoc, los promotores
colocaban -y lo siguen haciendo- sus equipos de sonido, con sus platos y sus
mezcladores, en plena calle, en un rinconcito de la villa-bidón de turno; cobraban la
correspondiente entrada y, como buenos egocéntricos, se ponían a hablar sobre la
música, pero no únicamente para comentarla sino para contar su vida, hablar de sus
inquietudes, preocupaciones o carencias. Pronto, algunos de estos disc-jockeys, ç de
estos DJ«s, eran más solicitados que los propios discos. Se iba a escuchar sus
improvisaciones, a modo de bertsolaris. De la calle pasaron a los modernos estudios de
grabación del país.
Es decir, mucho antes de que los rapers de LA o de Nueva York empezaran a señalarnos
con el dedo de forma poco tranquilizadora, sus primos jamaicanos ya lo habían hecho
sin tantos aspavientos ni gorras de béisbol. Y cuando el rap llegó a nuestras costas, los
listos de siempre aseguraron que jamás se podría hacer en castellano y muchísimo
menos en euskera. Eran como aquellos que en los años sesenta decían que hacer rock en
castellano sería como hacer flamenco en inglés. Pero ya lo había dicho Fermín
Muguruza, y lo repetimos: no estábamos culturalmente atrasados. Otra cosa es que
siempre nos haya gustado epatar con lo último que se hace ené Ohio. Pero no olvidemos
que la mismísima Lola Flores había hecho rap cuando cantaba aquello de cómo me las
maravillaría yo. Un rap trabaléngŸico que nada tenía q æue ver con las graves
amonestaciones de los Public Enemy: «El rap consiste en enseñar a los chicos blancos
lo que significa ser negro. Los negros ya saben cómo botar un balón, cómo bailar y toda
esa mierda. Ahora, vamos a desarrollar nuestra mente, vamos a ser otra vez cien por
cien completos, como lo éramos antes del holocausto de la esclavitud».
Ya va siendo hora de que despidamos al año 1988, pero no sin antes referirnos a la
disolución de Itoiz, uno de los buques insignias de la música vasca. La superación disco
a disco había sido la cara de los de Motriko; y su cruz una cierta inestabilidad de
componentes. Desde el folk más básico de sus comienzos, el grupo de JC Pérez se fue
internando paulatinamente en el sinfonismo, el pop agridulce, el reggae, el jazz, hasta
desembocar en un río ecléctico de aguas turbulentamente funkys. Esta despedida de los
vizcaínos no debía interpretarse sin embargo como un adiós definitivo, pues los
aficionados sabían positivamente que tarde o temprano ³ el talento musical del líder de
Itoiz emergería en alguna nueva andadura discográfica.
Y no queremos dejar de mencionar tampoco el nacimiento por esas fechas de un nuevo
estudio de grabación en el pueblo vizcaíno de Berriz: Lorentzo Records, promovido por
el bajista del grupo Calígula y unos cuantos socios y amigos. El estudio fue haciéndose
poco a poco, desde abajo, con la grabación de maquetas modestas, con la compra
paulatina de material, de grabadoras Tascan y Atari, y también discretamente se dio a
conocer y se fue haciendo un hueco a medida de sus posibilidades.
Eso mismo llevaba haciendo hacía tiempo Ruper Ordorika: trabajar sin prisa pero sin
pausa. Todo el mundo le preguntaba que cuándo iba a sacar otro disco, y él sonreía
dando largas. Su tercer álbum -Bihotzerreak- databa del 85 y se había convertido en
disco de culto para gente muy joven y con una onda musical muy diferente a la suya,
como Danba. òltimamente, Ruper habí Ôa hecho cincuenta representaciones por
institutos de una obra de Bernardo Atxaga -Henry Bengoa Inventarium- que incluía
canciones e intermedios musicales. «El Inventarium supuso la continuación de una
relación con un aspecto, no sé, iba a decir de la cultura pero no es tanto, sino de un
modo de ser que a veces veo muy relegado por toda la gente que me rodea, de la gente
del rock. Fue un encuentro -explicaba el cantante en BBH- Yo siempre he tenido la
sensación de estar en una extraña frontera entre muchas cosas. Ampliando eso, tengo la
certeza de que Euskadi es una gran frontera, de arriba abajo, donde conviven muchas
culturas que, en muchos casos, ni se conocené Cantar en una lengua que es minoritaria
en su propio país de origen, y ante colectivos muy dispares, hace que gran parte de la
intención se pierda. Creo que soy de esas personas que reflexiona mucho sobre las
cosas, pero esto para mí es muy vital aunque suene contradictorio, porque es
exactamente lo que sie þnto. Me ha dado una perspectiva diferente ser de un entorno de
interior, muy euskaldún, y joven haberme ido fuera; casi siempre he vivido en la parte
castellano-parlante del país, yo soy el único del grupo [Los Mugalaris] que habla
euskara, así que creo que es inevitable la sensación de islaé Tienen que cambiar mucho
las cosas para que lo hecho en euskara entre en el circuito comercial; además, no tengo
muy claro que no entre porque esté en euskara sino porque no es directamente
comercialesé Cada vez voy viendo menos interesante un camino intermedio (cantante
acompañado por grupo)é Los Mugalaris serán probablemente el grupo que me
acompañe siempre, aunque cambien sus componentes. Me gustaría integrarme mucho
como grupo, por un lado, y por otro lado hacer una cosa muy a palo seco. Quizá es tan
gordo lo que veo delante, que no me decido».
Permitamos que Ruper se lo vaya pensando y echemos un vistazo al recopilatorio Punk
baino gehiago que Discos Suicidas sacaba por entonces: Parabellum, Zer Bizio?,
Distorsión é, Vómito, Radikal HC, Skalope, Yo soy Julio César, Naste Borraste y
MCD. Nueve grupos que representaban a la flor y nata del punk-rock bilbotarra, a
excepción de Vómito de Irún. Todos tenían base rockera, la tensión de la gran urbe en
sus canciones, algunas de ellas grandes como En Bilbao de Yo soy Julio César. Todos
estos grupos tenían además algo en común: una potente voz al frente.
No es fácil encontrar un buen cantante; abundan más los buenos guitarristas. Y, si un
grupo no tiene un buen vocalista delante, está perdido. El cantante es el vértice en que
confluyen las intenciones del resto de la formación. Zer Bizio? era una de esas bandas
de Bilbao que había oído mucho a Los Suaves, renovadores en los ochenta del rock
duro estatal. Zer Bizio? estaban hermanados también con los Cicatriz más demoledores,
aquellos feroces instigadores de la mentira democrática, de la pesadilla urbana y de la
marginación juvenil. Zer Bizio?, un nombre equívoco para un grupo a bocajarro que
contaba además ú con dos cantantes.
En Yo Soy Julio César predominaba más la faceta pop que la punk en su rock con
mayúsculas. No era nada extraño que se hubieran llevado el I Villa de Bilbao, concurso
organizado por el ayuntamiento de la ciudad y que se convertiría en el más solvente en
su género. Las instituciones dedicaban partidas cada vez mayores a la promoción del
rock, provocando por contra el retraimiento de la iniciativa privada, que se oscureció
durante estos años que rodearon al cambio de década.
«Los Bichos es el último fichaje de Oihuka -anunciaba desde Iruñea Jimi en el Bat Bi
Hiru de mayo del 89- En el centro de los Bichos, como alma mater de la banda, se
encuentra Josetxo Ezponda, un ínclito personaje que parece salido de un cómic; un
elemento que ha pasado por todo y que siempre ha vagado por el escenario musical
acompañado de una mala sombra de maldito y polémico. Josetxo empezó hace once
años en Tensión, provocadores, ruidosos y punkies; más tarde montó Neón Provos,
surrealistas, vanguardistas y mode Ærnos; todo se venía abajo y decidió hacérselo en
solitario como Bloodletter, autosuficiente, informatizado, experimental y vanguardista.
Tras un tanteo por Madrí sin conseguir nada, montó Flores Muertas, majaras, rockeros y
como siempre incomprendidos yé Los Bichos».
Los Bichos acababan de ganar el premio al grupo más innovador en el Primer Villa de
Bilbao. Su álbum Color Hits era una amalgama de todo lo anteriormente expuesto, un
cóctel de ingredientes aparentemente contradictorios. ¿Rancheras sicodélicas? ¿Era
Josetxo Ezponda el Syd Barrett navarro? «Yo antes que nada me considero un loco
perdido por el rock -confesaba él- Entonces, cuando por las circunstancias no puedo
hacer rock, me desahogo dibujando; para nada me considero dibujante, pintor, artista ni
lechesé » Realmente, la propuesta musical de Ezponda&friends era excitante y
compleja; se atrevían a mezclar el tex-mex (country-rock de la frontera tejana-
mejicana), con el pop, el soul, el exper éimentalismo, el punk, con letras en inglés,
versiones del My Girl de los Temptations; en resumidas cuentas, un universo sonoro
rico y desinhibido, desprovisto de tabús y de totems. Los Bichos incluyeron además un
tema en un lp recopilatorio editado por La Herencia de los Munster, fanzine a caballo
entre Santurce y Madrid. «La mayoría entiende que vanguardia es sinónimo de ruidos
raros, extraños e incluso pijos. Piensan que en esta línea de avanzadilla se encuentran
quienes reniegan de la complicidad mayoritaria, aquellos que buscan ser élite por el
simple placer de la soledad, la secta, la diferencia. Algo de cierto sí que hay en estos
dibujos de peligrosa síntesis, pero vanguardista, tengámoslo claro, sólo es aquel que se
adelanta a su tiempo, Jimi Hendrix lo fue, Cage lo fue, MacLaughlin tambiéné Lo
normal, lo corriente es que el precio por ser innovador sea el desprecio», opinaba Pablo
Cabeza.
Nada tenían que ver con la vanguardia Dinamita PaÕ los Pollos, una multitudinaria
formación ç de Santurce que estaba arrasando fuera de Euskadi con su rockabilly
juvenil y dicharachero. En el rock, los triunfadores siempre son observados con recelo;
tienen más prestigio los grupos de culto. «¿Artista de culto? Los ejecutivos de tu
compañía no se ponen al teléfono, pero te llaman muchos locos a medianoche», así lo
había visto ya Iggy Pop en 1979. En el rock, como en la literatura, ha vendido mucho el
malditismo. «Los seguidores más peligrosos son los que se creen propietarios de mi
arte. Según ellos, yo debería seguir siendo un cadáver viviente. A ellos, que viven
cómodos y felices, les da gusto verme destrozado y arruinado», decía amargamente Lou
Reed en 1985.
De cualquier forma, había triunfos para todos los gustos pues justo en esos momentos
emergía en Vitoria una de las bandas más populares en los inminentes noventa:
Soziedad Alkohólika. Su innovación consistía, una vez más, en mezclar el heavy más
peleón con el punk más extremo. Habían pertenecido a grupos locales como R équiem
o Ley Seca pero aquello sólo habían sido ejercicios preliminares; lo de ahora iba en
serio. Fueron pioneros de un estilo ultrarrápido de tocar, marcaron época y tendrían
legiones de imitadores. Una vertiente muy importante de su triunfo eran las letras,
inspiradas muchas de ellas en noticias de los periódicos, noticias sobre un mundo
desquiciado y demencial. «Nos gustan las letras directas, que se entienda lo que dicen.
Lees algunas letras cuatro veces y dices ¿pero qué me están intentando contar aquí?
Algunos dicen que nuestro estilo ya ha dejado de estar de moda en Inglaterra, también
me dicen en la fábrica [bajista] que el pelo largo ya no se lleva. Nos importa un
pimiento lo que hagan en Inglaterra y las modas. La cuestión es estar a gusto con lo que
tocas. Ahora dicen que aquí hay un auge del thrash-metal y del hardcore, pero nosotros
queremos hacer lo que queramos, sin que nadie nos diga que hay que hacer esto o lo á
otro, o que hay que cantar en inglés». Desde el principio, Soziedad Alkohólika patearon
sin descanso gaztetxes, frontones y salas. «En algunos sitios la gente parece que va a
juzgar, en vez de a pasárselo bien. Una vez, al acabar, pensé que iban a levantar el brazo
con la tablilla de puntuación». El grupo de Gasteiz traía una nueva mirada crítica e
inteligente a la escena vasca, nuevas actitudes, mentes despiertas, humor.
Las buenas noticias se sucedían, y una de ellas fue la confirmación de Doctor Deseo. El
disco Tan cerca del cielo les proporcionó la soñada alternativa. Puede ser considerado
sin temor a equivocaciones uno de los mejores discos del rock vasco: mala hostia y
poesía negra como la noche, sexo a raudales, camas ardiendo, miradas tristes, lluvia
sobre Bilbao, correr ciego tras un deseo, la noche brilla en tus ojos de silencio, donde
acaban las medias se enreda un deseo tan cerca del cielo. Música para adultos, sin
menosprecio alguno hacia los adolescentes. Música d ˆe cuerpo entero, de ingles y
pensamientos, de seducciones y odios, de dolor y de alegría de vivir. Cerrando el álbum,
La chica del batzoki, un delirio impregnado de melancólica lujuria. Discos como éste se
necesitaban para hacer crecer al rock y quitarle ese sambenito infantil que erróneamente
se le atribuía, por ejemplo, en los departamentos de fichajes de las discográficas, y sobre
todo entre el gran público.
Amplios sectores de la sociedad contemplan el fenómeno del rock como un sarampión,
algo propio de la primera juventud, una especie de pandilla, el fuego de campamento y
las borracheras iniciáticas; sin embargo, esos mismos sectores están dispuestos a
reconocerle a BB King su permanencia en los escenarios aunque sobrepasase los
sesenta. Para BB King la música es su oficio; hay años en los que hace más de
¡trescientas! actuaciones. Su trabajo es tocar mientras otros se toman una cerve ùza. Así
que, lo que es bueno para BB King también tendría que serlo para el rock vasco.
Discos como el de Doctor Deseo demostraban que había llegado la hora de los
maestros: después de años y años de proyectos, ensayos, fracasos, y actuaciones se
había forjado una nueva generación de músicos. Un buen puñado de estos currantes del
rock venían de la década anterior: habían tenido grupos a mediados de los setenta,
habían acompañado a cantautores, habían participado en experimentos sinfónicos o
jazzísticos, y, cuando estaban a punto de tirar la toalla, llegó el punk y la nueva ola. El
rock radical estuvo bien porque cumplió la función para la cual nació: ser el punk de
Euskadi, el revulsivo musical, el corte de mangas de los jóvenes ante el virtuosismo
estéril. Años veloces. Con el tiempo, la ignorancia del punk dejó de ser atrevida; al fin y
al cabo, tampoco ellos habían inventado la pólvora.
Pero no cabe duda de que sabían utilizarla. En Laudio, después de que casi se les diera
por muertos, los Danba se Î autoeditaron un primer lp rebosante de reggae-punk. La
potente sección rítmica -el batería Javi Abal y del bajista Guille Iturriondobeitia- había
mantenido encendida la llama Danba reconstruyendo el grupo con las nuevas
adquisiciones del cantante Josu Garaita, el guitarra Javi Cepeda y el saxo César
Fombellida. Había canciones sobresalientes como Noizko, Hiltzera bota y 88ko
Maiatza. Plataforman sonaba con pegada, con hondura; tenía perspectiva, profundidad,
relieve, y rezumaba pasión por el ritmo. Año tras año, el estilo Danba iría
endureciéndose, ennegreciéndose, hasta llevar al baile salvaje.
En junio del 89 apareció en Bilbao el periódico musical El Tubo, dirigido por Belén
Mijangos, antigua colaboradora del Muskaria. La nueva publicación mensual no nacía
en las circunstancias de Muskaria, el desierto de principios de los ochenta, sino en un
mundo poblado por cientos de fanzines y un buen número de suplementos musicales de
la prensa diaria. A pesar de est ío, El Tubo (ELT) ofreció desde el primer día una
exhaustiva información sobre la música rockera local en todas sus manifestaciones. El
espíritu Muskaria deambulaba por sus páginas tabloides. Volvíamos a tener la
oportunidad de leer las crónicas de Roberto Moso, que además de ir ya por el cuarto
álbum con su grupo Zarama, trabajaba de periodista en Radio Euskadi. Otras firmas que
se harían habituales eran las de Gotzon Bastida, Fernando Gegúndez, Pedro Elías
Igartua, el también veterano Javier Corral, Sergio G. Cruzado, Fernando Corcuera o
Imanol Pradells. ƒste último era uno de los socios -junto a Juan Ibarrondo y Josu
Ortubai- de la librería Zuloa de Gasteiz, que acababa de recibir un premio del Ministerio
a la mejor labor de difusión cultural desarrollada por librerías durante el año 88.
Desde Donosti, los acústicos y delicados Aventuras de Kirlián grabaron para el sello
madrileño GASA, con la produ ¼cción de Alejo, ex-guitarrista de Derribos Arias. Se
había dicho de ellos que eran suaves y salvajes, o que les faltaba sangre. «Comenzaron
hace unos cuatro años como los hermanos pequeños de aquella generación de músicos
donostiarras que se internaban en el pop estilista -señalaba Sergio Cruzado en El Tubo-
Herederos directos de La Vieja Escuela, La Insidia, Otoño Fiel, Matrona Impúdica o 23
Ojos de Pez, pronto se destacaron por su visión casi infantil de los textos, su desnudez
musical y su despreocupación escénica». Más adelante, pasarían a llamarse Le Mans.
«Desde el inicio de su carrera, Tijuana in Blue ha querido ofrecer música feliz para un
mundo infeliz. Momentos de escape sobre un tubo de escape. Tralla, humo y humor.
Tertulias bajo la luna y serenatas sobre las estrellas. Música fuerte para tiempos de
camisa de fuerza. Gamberros con las ideas clarasé A veces la esencia juvenil se pierde
con excesiva prontitud, se intenta ser mayor c ºon celeridad, se entiende mal la
evolución y la profesionalidad. Se olvidan del aficionado con cierta ligereza y
desagradecimiento. Este no es, desde luego, el caso de Tijuana in Blueé » Contra todo
pronóstico, el grupo de Pamplona continuaba facturando discos frenopáticos orientados
cada vez más hacia ese sonido metálico que tan buenos representantes ha dado Navarra.
Y ya que estamos aquí, vayámonos a Alsasua, donde Los del Rayo habían despertado el
interés de Oihuka con su rock natural y básico. De su primera maketa, grabada en el
activísimo estudio Arión, habían desechado un tema -Hijos de la Extremadura- por su
polémica letra, tema que sí incluyeron en el mini-elepé é Por la cara. «é Nosotros somos
hijos de extremeños, como buena parte de la población de Alsasua. En este tema
decimos, entre otras cosas, No nos gusta el frío del Norte, nos gusta el calor de tus
partes, no somos de aquí, no somos de allá, no tenemos patria por la que luch çaré
Nosotros no hemos vivido nunca en Extremadura pero sí hemos sentido una especie de
rechazo, hemos visto diferencias. Con esa canción hemos pretendido hablar un poco de
los emigrantes, del sentimiento de no ser de un país. Ha habido mucha gente que no ha
entendido la canción y que incluso nos ha llamado fascistas; en algunos bares, sabemos
que se saltan el tema cuando ponen nuestro disco».
Hertzainak fue una de las sensaciones de 1989 a causa de la publicación de su cuarto
álbum -Amets Prefabrikatuak- y concretamente de Aitormena, tema del que hicieron
dos versiones, una eléctrica para el maxi y otra acústica para el lp. ƒsta fue interpretada
con la colaboración del cuarteto de cuerda Jesús Guridi y arreglos de Bingen
Mendizabal. El tema pegó con fuerza y ayudó mucho a que el grupo remontara pasados
baches. Hertzainak dio más de ochenta conciertos aquel año, mientras su cachet subía
como la espuma. Su éxito de ahora no era tan radical como el de 1984, además de que
buena parte del úentusiasmo se había quedado por el camino. «El cuarto disco es más
introspectivo que los demás -explicó Josu Zabala años después en el libro Hertzainak:
La Confesión radical- Nuestra carrera, en cuanto a textos, ha tenido esa tendencia, cada
vez hemos ido más hacia nosotros mismos. Si el primer disco es bastante contextual,
según avanzan los discos yo creo que las canciones reflejan cada vez más mundos
personales y menos contextosé Con este disco pasó algo importante, se notaba muy
claramente un cambio de público, o sea, las generaciones que vienen a vernos a partir de
ese disco son otras generaciones nuevas, que no estaban allí cuando nosotros
empezamos, y, de alguna manera, la generación que fue nuestro público -cuando
empezamos- desapareceé Esto también hizo tambalear mucho al grupo. Creo que
nosotros hemos asimilado siempre muy mal el éxito. Este rollo de ver de repente
muchas niñas, por una parte está muy bien, pero por otra parte te hace dudar de si estás
en un grupo serio o tu grupo se ha convert áido en un fenomenillo de masas, que tú no
puedes controlar demasiado bien».
¡Ay, el eterno sino del género humano, no estar nunca contento con su suerte! Ya le
pasó al mismísimo Jim Morrison, que lo tenía todo como cantante y como símbolo
generacional pero que anhelaba convertirse en escritor, es decir, ser reconocido no como
cantante de rock&roll sino como poeta, como intelectual; ocupación que al parecer es
más seria, aunque, seamos serios, esa actitud nos privó tanto del maravilloso cantante
que era como del excelso poeta del Parnaso que hubiera podido ser. El rock arrastra un
complejo de inferioridad de padre y muy señor mío, a pesar de que ha hecho muchísimo
por disciplinas mejor consideradas; la poesía, por ejemplo. El rock, además de
transmitir, ha dado algunos de los mejores poetas de la segunda mitad del siglo veinte.
El rock no le debe nada a nadie, y tocar en un grupo tendría que ser tan presuntamente
respetable como cualquier otra profesión, pero ni siquiera muchos m ûúsicos lo ven así.
Fue el trágico caso del vocalista de Doors: odiar el éxito vulgar, masificado y rockero,
rechazarlo, y aspirar a un reconocimiento más sublime. ƒsta es una de las consecuencias
negativas de la intelectualización y politización del rock: segar la hierba bajo sus
propios pies, privarle de su talante espontáneo, imbuirle de una trascendencia
pretenciosa, ungiéndose los músicos con el aceite sagrado, inmolándose desde los
altares-escenarios-tribunas, menospreciando el fervor de la masa. Sí, ésa es la tragedia
del ser humano, desde las muy antiguas pero vigentes tragedias griegas: querer ser el
que no se es.
A otro nivel más cotidiano, el rock iba conquistando una respetabilidad de tipo práctico.
Nos referimos a temas como infraestructura, contratos discográficos, equipos de
iluminación y sonido. Se trataba de dejar atrás el voluntarismo aficionado de los
ochenta y prestar atención a asuntos que habían pasado desapercibidos en los
comienzos. Y así se entró en una dinámica sindical entre mús Gicos, técnicos,
managers, organizadores de conciertos y casas de discos, dinámica que dio un giro a la
situación. La palabra clave era profesionalización: instrumental en condiciones, pedales
de todo tipo, midis, samplers, sintetizadores última generación, ordenadores; equipos de
más y más watios, más y más focos, reverbs, sidefield, drumfield, compresores; oficinas
de contratación con membretes, books y teléfono móvil; road-managers; fanzines que
editaban discos; estudios de grabación digitalizados, mesas de 48 canalesé
Otras preocupaciones inmediatas tenían las nuevas formaciones de rock saturado y
convulso tan característico de los noventa. «El quinteto es inexperto, todavía curándose
de nervios y flaquedades. Aún con menos de una decena de actuaciones de cierta
envergadura. Recibiendo piropos por todos los lados de su ego, Åcon la ayuda que
representa y con el peligro que conlleva. Desatan pasión, no hay duda, en quienes
desean encontrar el lujo del éxtasis rokero, la fiebre del recuerdo sobre imágenes de
Stooges o MC5. Ellos, La Perrera, se ajustan al patrón, desembalan el pasado y lo
rejuvenecen con su sangre -afirmaba Pablo Cabeza sobre esa banda donostiarra- é
rejuvenecen la escena, la empapan, humildemente la engrandecen, obligan a la
reflexión, tanto si eres público, comentarista o miembro de otro grupo. El rok está por
los suelos, pero hay ocasiones en que ése es justamente su sitio. Algo que
comenzábamos a echar en falta dentro de la escena local».
Pablo Cabeza se refería a una nueva avalancha rockera en la que habían desaparecido
las letras políticas y los ademanes paramilitares del RRV así como la tendencia punk.
Estas nuevas formaciones se englobarían en la bautizada como escena indie: grupos que
cantaban preferentemente en inglés y que miraban más atrás del 7 ã7, escarbando en el
rock progresivo de los sesenta -Velvet Underground-, setenta -Cream, Hendrix- y en el
pre-punk de Iggy Pop y los Stooges de Detroit. Eran grupos muy activos, muy
heterogéneos, que huían en cierta forma del vasquismo exacerbado anterior, y que
querían quitarse de encima la losa radical. Quizá por eso, y ante la disyuntiva euskera-
castellano, optaron salomónicamente por la lengua materna de Lou Reed.
Sí, la resaca del punk y del rock radical había dejado las lenguas como el esparto y los
escenarios gélidos y desangelados de novedad y de público, después de años de
festivales multitudinarios y gratuitos. Ahora, quizás la gente prefería quedarse en casa
viendo videos musicales, como el que Manolo Gil y Enrique Urdanoz realizaron por
entonces para Barricada, con motivo de su doble álbum en directo editado por
Polygram. Manolo Gil no había parado en los últimos años, trabajando principalmente
con Oihuka; primero, haciendo portadas y encartes, y más tarde video-clips àtambién.
Pero ahora había dado un salto cuantitativo: un video de 55 minutos encargado por una
multinacional que ponía toda la carne en el asador apostando por el rock extra-duro de
los navarros. Este video sería un auténtico bombazo de ventas.
En Gasteiz, Potato pasaba por un óptimo momento de creatividad con la publicación del
álbum Erre que Erre, quizá su mejor disco hasta el momento. «Ahora todos los grupos
hacen una canción reggae -aducía Javier Olloki en BBH- Pero nuestra visión del reggae
creemos que no se parece a la de nadie, quizá porque hemos escuchado mucho y
también porque hemos metido en nuestra música nuestras raícesé No nos atrae mucho el
reggae tipo UB40, que está muy bien para escucharlo mientras compras en unos grandes
almacenes». El grupo había sufrido una profunda reestructuración y contaba ahora con
dos nuevos guitarristas: Arturo Blasco y Gabriel Gullián. «Nací en enero del 56 en un
pueblo de Teruel, cerca de Calanda, el pueblo de Buñuel -declaraba Arturo á Blasco en
una entrevista publicada en La Cazuela, efímera revista musical vitoriana dirigida con
entusiasmo por la pianista Patricia Escudero- Mi padre había montado un negocio de
hielo y, justo al mes, salieron las neveras. Cuando yo tenía seis años, arrendó un hotel
en Castelldefels, un hotel pequeñito y familiar. Castelldefels es como Jamaica pero en el
Mediterráneo. Por Castelldefels han pasado mogollón de músicos. Yo les ponía los
desayunos. Creo que ahí es como más me he hecho, hablando con la peña. Empecé a
tocar la guitarra cuando salía del hotel de currar. A las doce de la noche, me iba
andando ocho kilómetros hasta un pub que se llamaba Costa Rica. Yo tendría 16 años.
A mí me molaban Hendrix y John Mayall, más que los Beatles. Bueno, ahora empiezo a
amarles, pero antes era totalmente reacio a los Beatles, y a los Rolling. Así que me iba
al Costa Rica, y allí había un tío que me daba clases de guitarra tocando en directo:
conforme él iba poniendo los acordes, yo los ap Ëuntaba en un papel. Dos años después
montamos un grupo de blues. Estuve también una temporada entera tocando la
armónica con unos uruguayos que se llamaban Moon Light. Yo ni me enteraba de que
había libros que te ponían los acordes. He tenido una formación absolutamente
autodidacta, currar mucho, mucho y pÕalante. Vine a hacer la mili a Vitoria y aquí
conocí en seguida a Alberto y Nando de la Casa. Era la época de Police, y yo todavía
andaba funcionando con tónica-subdominante-dominante, y no salía del blues. Entonces
fue cuando me empezó a marcar todo el rollo jazzero de Vitoria; creo que, si han creado
lo del festival de Jazz, es porque había algo que estaba empujando a ello. Más que el
Jazz en sí, lo que me interesó fue el curro que te da el Jazz: aprender la armonía, y
dominarla y entenderla. Cuando acabé la mili, me quedé en Vitoria. Poco a poco, fui
conociendo a otros músicos, como çlvaro y Javi, de los Osiris. Yo estaba con todos un
poco pero sobre ßtodo estaba en casa estudiando. Tenía una idea fija en la mente: tocar
y hacerme. Quería tocar lo que fuera y estuve en varias orquestas. En esa época conocí
también a Javi Antoñana, que estaba muy en la historia de la clásica, y tocando muy
fino y muy suave y muy bien. Yo notaba que en Vitoria se perdía un poco el rollo de
andar con la guitarra de local en local; eso no ha existido en Vitoria, y en Barcelona
existía, es decir, en Barcelona no se montaba un grupo porque yo estuviera tocando con
éste o con el otro; aquí, si haces eso, ya se ha montado un grupo, y eso no te deja
margen. Después de tocar en otra orquesta navarra, empecé a dar clases, por ejemplo, a
Jose Arteaga de Cicatriz. Dar clases fue el rollo más vivo para estar con gente y tocar
con ellos, pero todo eran proyectos y yo no me quería meter en ninguno concreto.
También conocí a Jean Marie Ecay. Por entonces, me dijo Eduardo (luego batería en
Tinta China): ¿te quieres meter en un grupo?. Estábamos Txarli, el ba èjista de Oskorri,
Kike Arzamendi, con el que yo estaba estudiando Armonía, y yo. En esa época, me
alucinaba Miles Davies porque creo que es la reencarnación de Jimi Hendrix. Así nació
Estación Lisboa. Ensayábamos todos los días, incluyendo domingos. Yo estaba
completamente obsesionado por mi trabajo. A raíz de ahí conocí a Carlos Sanz, a
Gereñu, a Nando y Alberto más en serio, con más nivel, entendiendo ya lo que hacían.
Y como Jean Marie se metió en la Mondragón, le dijo a Juan Carlos que conocía un
guitarra que molaba. Me hicieron una prueba y entré en Itoiz. Me pasaron un lunes
dieciocho temas, y el viernes ya tocábamos en Hernani. Era un flash pero, bueno, me lo
curré porque estaba en un punto de currar, currar y currar. Yo estaba metido en mi casa
y en lo de estudiar y, de repente, verte ante tal mogollón de gente... Estuve con Itoiz un
año, me hice una gira entera. Juan Carlos era un tío que tenía las cosas clarísimas. Si
hay alguien con eficacia, ése es él. ƒsa es la envidia sa ÿna que he tenido yo siempre de
la eficacia, de no quedarte en las formas, de ir a la esencia. Fíjate la de bandas sonoras
que ha hecho este hombre, bandas que pasan de los detalles, que eso es en lo que yo me
he quedado de tanto estudiar, en los detalles; ahora, lo que tengo que conseguir es quitar
detalles y obtener la eficacia de ir a la esencia. Roberto Miranda es otra de las personas,
como Juan Carlos, que tiene esa facilidad para sacar temas. Yo le daba clases a Roberto
y veía el potencial que tenía; el tío, con tres acordes, era capaz de hacer una canción, y
esas cosas me encantan; véase el ejemplo de Lou Reed. Y, como yo estaba tan inmerso
en el rollo de arreglos, me puse a arreglar sus canciones. ƒl me convenció para grabar la
primera maketa de La Obesa Negra y para ir a Madrid a promocionarla. Y así me fui
metiendo, porque Estación Lisboa no conseguía tener una salida comercial. La Obesa
Negra me permitió tocar en directo y hacer largos solos. Más adelante, Roberto seguía
con la obsesión de salir y ì salir, jugar en campos de hierba, que digo yo, pero el grupo
no salía de presentarse al Villa de Bilbao y quedar muy bien. Me seguía faltando esa
historia rockera o blusera del Hendrix, y por ahí me metí en Potato. Lo vi
clarísimamente. Yo ya me había quedado colgado con Peter Tosh y su disco Bush
Doctor. Luego, ya en Vitoria, fue cuando me empezaron a interesar las baterías de
reggae. Nando me enseñó mogollón de cosas, y yo, con la caja de ritmos que tenía,
hacía mis historias, pero todo eso antes de La Obesa, cuando estaba en Itoiz, donde
había mucha semilla reggaeé »
De entre los muchos músicos que nombraba el guitarrista de Potato Arturo Blasco, uno
salta ante nuestros ojos por motivos luctuosos: Jose Arteaga, ex-guitarrista de Cicatriz,
fue encontrado muerto en la primavera del 90. «El destino, una vez más, juega duro,
sucio, y arremete contra un joven, contra un pedazo de historia, yé sí, contra Cicatriz.
Una banda que supo liderar el sonido punk-rok más personal y duro de cuantos s Ñe
han hecho en Euskadi. Insisto en que fue una labor de conjunto, de los cuatro Zika, pero
no por ello deja de tener razón y fuerza el hecho de que Jose Pepino Arteaga contribuyó
notoriamente al perfil del sonido Cicatriz. Cómo no recordar los tiempos de Cicatriz en
la Matriz. Los parones, los rollos enturbiados, el nacimiento de cada canción, el regreso
de Heredia, la virulencia de tantos y tantos momentos que por su intensidad nos hicieron
sentir la vida más cerca. Caminando por el perfil de la navaja, apostando fuerte y
viviendo con intensidad. Que los recuerdos no cesen y que éstos tengan la fuerza
suficiente como para recordar a Pepino, alentar a Natxo, Natxo Cicatriz, varios años ya
sobreponiéndose con orgullo y tesón a un accidente de moto que le dejó gravemente
herido. Aquí está Inadaptados, los temas del recopilatorio y las canciones que
afortunadamente os pirateamos en numerosa ís actuaciones en directo. No se puede
decir que las recordemos todas, pero sí que las vivimos. Con impotencia y un profundo
suspiro, se teclean estas últimas palabras de agradecimiento hacia quien se cruzó con la
espalda de la vida, hacia quien saludó decenas de veces con el puño en alto y una lata de
cerveza en la mano, al resto», le despedía Pablo Cabeza desde Bat Bi Hiru.
«En la época que murió andábamos juntos -recordaba Nacho con amargura en la citada
entrevista de radio Eguzki. El cantante de Cicatriz se había pasado seis meses
hospitalizado- Salí en silla de ruedas porque a mí me metían en el gimnasio y yo no
hacía nada; es que me colgaban una pesa de los pies y veía lo inútil que era, o sea, era
incapaz de mover nada. Cuando me llevaron a casa, vendí el piso que tenía, me dieron
un millón de pesetas, y, claro, con un millón de pesetas me sacaba todo el mundo a la
calle, compraba caballo, pum-pum, les invitaba, y me agarré un enganche cojonudo.
Pero se me acabó el millón de pesetas, áy bien pronto, y sin dinero y en silla de ruedas,
yo no podía buscarme la vida, y como yo prefería despertarme a la mañana de mono
pensando que era un yonki que pensando que era un parapléjico, pues cogía mis
muletas, me tiraba palante y me buscaba la vida; y tuve que recurrir a todo: a pasar
speed, a pasar caballo y a pasar lo que fuera para mantener mi enganche».
Casi nula fue la repercusión de la muerte de Pepino en la prensa musical, al igual que el
accidente de Nacho, aunque John Lennon, experto en desatar pasiones encontradas,
hubiera dicho: nadie te quiere cuando estás acabado, pero todos te aman cuando yaces a
seis pies bajo tierra. Nadie se acuerda de ti cuando estás hundido y acosado por
fantasmas intransferibles, fracasado, sin dinero ni reputación; al fondo de los bares, sin
futuro, enganchado, débil y confuso, con el instinto de conservación aletargado, sin
grupo, perdido y solo; recordando con extrañeza los buenos tiempos, cuando Cicatriz
era el mejor grupo punk de à la península.
5. El rock de la descarga. Cancer Moon. Mamorro. La Herencia de los Munster.
Overdrive. Negu Gorriak. Xabier Montoia. Kaki Arkarazo. Zarata Diskak. Abetxuko-
Mikelín. Las muletas del rock vasco. Quemando Ruedas. Platero y Tú. Ez da posible.
Hitzen memorian. Hertzainak zuzenean. Anticuerpos. Zarama. 10 años de Discos
Suicidas. Su ta Gar. Marino Goñi-Gor. Nieve Negra. Esan Ozenki y otros sellos. El
regreso de Cicatriz. Alas de mariposa. Adiós a Delirium. Piztiak. Lenguaje subliminal.
Crin de Crin Crines. Los Clavos. Gabriel Gullián-Barraca Selva. Estudios de grabación.
Eskorbuto. La Polla. El Drogas. Muerte de Josu Expósito. Segundo Banana. Digital
Biko. Javi Pagola. Pottoka. Mala Fama. Nueva fragmentación rockera. Hardcore
radical. El Inquilino Comunista. Sorotan Bele. Guantanamera. Despedida de
Hertzainak. 10 años de Eguzki Irratia. Distribución: piedra de toque.
Los noventa iban a ser años de grandes contrastes, de ruido y unplugged, de furia
eléctrica y nu øevos cantautores acústicos. Iban a ser años sin prejuicios, de recogida
de frutos, de consolidación de músicos que se habían ido formando a trancas y
barrancas en los ochenta, y setenta, de banda en banda, publicando algunas maquetas,
con grupos paralelos, sin actuaciones, con las ideas cada vez más claras, acariciando el
reconocimiento una y mil veces pero sin terminar de levantar cabeza. Soñando con
jugar en campos de hierba.
ƒse fue el caso de Cancer Moon, grupo abrasivo de Bilbao que se colocó en el segundo
puesto de ventas, justo detrás de Hertzainak, con un intenso lp grabado fuera de Euskadi
y cantado en inglés. Ellos eran viejos conocidos de la escena vasca. Jon Zamarripa y
Josetxo Anitua habían pasado por Primitivos, Los Raros, La Tercera en Discordiaé
grupos insólitos de rock&roll hosco y crudo, rock&roll saturado. «Aquí todo lo achacan
a defectos de amplis o pedales, no comprenden que puedas o quieras hacer ruido -se
quejaba La Secta, también de Bilbao, refiriéndose a los estudios de grabac Æión- Yo he
tocado con los dos distorsionadores a tope, cosa que mete muchísimo ruido, y hemos
grabado eso y se ha publicado como maqueta, y la gente me ha preguntado sorprendida
que cómo lo he conseguido. Pues con un buen equipo y técnicos competentes».
Estos nuevos grupos de rock vasco en inglés tenían sus grabaciones repartidas por
compilaciones de fanzines locales, como Mamorro de Txema Agiriano o la Herencia de
los Munster. Este último fanzine, desde 1987, se había diversificado también en sello
discográfico, Munster Records. ¡Cuánto había cambiado el mundo del fanzine desde los
tiempos en que Javi Destruye sacó su rudimentario primer número! Ahora, los fanzines
eran verdaderas revistas especializadas, maquetadas por ordenador y con tiradas de
hasta 3000 ejemplares, cuando no verdaderos sellos discográficos. La fiebre de la
compilación, de las casets o cds recopilatorios editados por fanzines competía en fuerza
con la renovación de la maqueta, que ¬había dejado de ser una cinta casera,
toscamente diseñada y malamente distribuida, para convertirse en un material de
primera. El ejemplo por excelencia de esta época lo tenemos en la súper-maqueta de
Soziedad Alkohólika, que vendió más de mil quinientas copias antes de transformarse
en disco.
Este disco de SA fue editado precisamente por un nuevo sello de Arrasate -Overdrive-
que había creado Vicente Javier Mena, conocido fanzinero, colaborador en la prensa
musical y promotor de conciertos -a través de Sutan Concerts- siempre en la línea del
hardcore y el thrash. «Se intentará cubrir todo el mundo, lo primero será cubrir toda la
península a través de una distribuidora especializada en sonidos duros, y posteriormente
trataré de trabajarme lo mejor posible el extranjero, porque siempre el panorama de aquí
se ha visto muy pobre con respecto a lo que ocurre fuera, y no es que aquí no haya
material sino que en el extranjero no se ±enteran porque no les llega, entonces
pretendo sacar a mis grupos a través de distribuidoras extranjeras, intercambios o
incluso vendiendo licencias de mis discos a otras compañías del extranjero»,
manifestaba Vicente Overdrive, derrochando ambición.
Pero el verdadero sobresalto sonoro de este primer año de la década lo dieron Negu
Gorriak, es decir, Fermín Muguruza, Iñigo Muguruza y Kaki Arkarazo. Oficialmente, lo
único que se sabía era que Fermín hacía su programa Igo bolumena en Egin Irratia; que
Iñigo tocaba la guitarra con Delirium Tremens, y que Kaki continuaba felizmente en IZ
y en M-ak pues tanto el estudio como el grupo pasaban por su mejor momento.
M-ak salieron escaldados de su fallida experiencia en Nuevos Medios; entonces, a
mediados de los ochenta, en el seno de IZ se decidió crear una división -Zarata Diskak-
que editó los dos siguientes álbumes del grupo: Barkatu ama y Gor, en los que se
liberaron de corsés, encon ³traron los componentes adecuados y dieron rienda suelta
progresivamente a su propio estilo. A M-ak se les achacaba ser fríos, intelectuales, la
réplica vasca de Talking Headsé pero no debemos olvidar que su cantante, Xabier
Montoia, había sido miembro fundador de Hertzainak, y que había cantado hasta
desgañitarse temazos como Kamarada en los tiempos más punkis de la banda de
Gasteiz. Luego, vinieron épocas confusas, quizá rencor por la traumática ruptura con
esa banda a la que tanto contribuyó en su origen, pero el tiempo cura las heridas, y la
personalidad artística del también escritor, columnista, profesor de euskera y trabajador
de EITB Xabier Montoia volvió a salir a flote musicalmente en un grupo incierto que
cada vez fue sonando más convincente y sincero. Por otra parte, Montoia había
promovido una bonita historia en torno a Mikel Laboa, un disco llamado Txerokee que
era un homenaje de algunos grupos de rock euskaldún (Su Ta G /ar, BAP, Pottoka,
Delirium, M-ak) al histórico cantautor donostiarra.
En resumen, estaban en su época de oro. En directo, M-ak te levantaban del suelo con
su ritmo avasallador y te peinaban con raya al medio a base de guitarras que aullaban
como mil sirenas en la noche. ¡Quién iba a decir que aquel chico serio, Kaki Arkarazo,
con cara de no haber roto un plato, ocultaba en su interior un guitarra incandescente que
sacaba fuego de las seis cuerdas! Indudablemente, el trabajo en el estudio le había
puesto en contacto con músicos de todas las tendencias, sobre todo de las más duras, y
con la tecnología punta y toda la gama de efectos de sonido, convirtiéndole en un
testigo-actor excepcional de la música vasca, en su calidad de técnico, productor y
músico.
La idea de Negu Gorriak (NG) se había gestado ante às de separarse Kortatu, más o
menos cuando el debut discográfico de Public Enemy en 1987 y la consiguiente
eclosión del rap negro americano, y no tan negro ya que los Red Hot Chilli Peppers
tendrían también una importancia capital. El disco de los guipuzcoanos fue publicado
por Oihuka y llegó acompañado de un sensacional video -Radio Rahim- firmado por
Gil-Urdanoz. Uno de los temas daría muy pronto nombre al sello discográfico de NG:
Esan Ozenki. En otro, Nahi duzuena (Milenioa II), colaboraba Montoia. «Queríamos
reconocer que M-ak ha sido el primer grupo que se aventuró con el rap en Euskadi,
bueno, y en el Estado aunque ahí luego nadie se acuerde y hablen de TDK o de
Seguridad Social» -informaba Fermín. Aunque debemos añadir que el rap ya había sido
utilizado por Hertzainak en el tema Hil ezazu aita.
Bertso Hop, otro de los cortes del disco, serviría para bautizar así una tienda
especializada en discos, cómics, maketas que el colectivo NG abrió poco después en
Irún. Musicalme ¢nte, imperaba el mestizaje más desinhibido, entre sampleados de
Sam Cooke, raggamuffin, scratching, bertsolaris, hardcore, funky, rap, reggae; además,
la presencia sonora de Arkarazo dotaba a NG de una nueva perspectiva. Las letras
hablaban de la identidad vasca, de la tergiversación de la historia, del apartheid de
Navarra, del amor a través de las rejas de la cárcel, y también de la fiesta, las
borracheras y los amigos.
Abetxuko es un pueblo cercano a Vitoria, a orillas del Zadorra, que vivió una segunda
juventud cuando la inmigración de los sesenta llenó sus polvorientas calles de familias
extremeñas cargadas de hijos. Los niños del ayer segregado y hostil crecieron recios y
sanos como jamones de pata negra, gracias al cortante frío del Gorbea que sopla entre
sus casas unifamiliares, construidas cuando aún no se había oído hablar de los chalets
adosados. En Abetxuko se celebraban desde hacía cuatro años las fiesta Ôs de Mikelín
el Casero, fiestas alternativas y reivindicativas que habían ido imponiéndose poco a
poco a las tradicionales de san Miguel, provocando quizá la perplejidad de los más
viejos del lugar pero entusiasmando a los jóvenes. La repercusión de los primeros
Mikelines fue escasa, contándose siempre con la presencia fetiche de Potato, pero
permitió descubrir a una jovencísima banda reggae del pueblo. Kannabis ha sido un
caso raro dentro de la música vasca; con casi diez años a sus espaldas, jamás lograron o
quisieron grabar, y a pesar de eso siguieron ensayando, acondicionando su local,
mejorando, creciendo como personas, madurando musicalmente, maestros en su estilo
relajado.
El Mikelín 90 congregó a diez mil personas en el concierto de Rosendo, La Polla,
Extremoduro y Potato; paralelamente, se organizaron charlas, debates y mesas redondas
sobre la pobreza, como en años anteriores se había hecho sobre Abetxuko, el paro y la
amnistía. Los organizadores procedían ñ de diversos colectivos ciudadanos -la activa
Asamblea de Parados, principalmente- que habían creado la radio libre Abetxuko eta
Kitto, la distribuidora alternativa Beti Erne y la incipiente Escuela Popular de Música de
Zaramaga. Las fiestas de Mikelín llegarían a alcanzar renombre internacional gracias a
la presencia de la guatemalteca Rigoberta Menchú meses antes de que le concedieran el
premio Nobel de la Paz.
Ese mismo otoño, Dinamita pa los Pollos publicó su tercer álbum -Sin rodeos- en el que
pretendían quitarse de encima la estética de vaqueros del Far west. «Hay gente que
alucina cuando se entera de que somos de Bilbao -comentaban en la revista madrileña
Boogie- Es un círculo vicioso: como nadie dice que somos vascos, los demás no se
enteran y a su vez no lo dicené En la época del rock radical vasco, nosotros y otros
muchos grupos estábamos trabajando en el local de ensayo, mientras los que se hab
Õían apuntado tenían sesenta galas al año financiadas por las instituciones. Yo no he
visto nada tan institucional como el RRV, no sólo a nivel rock sino a todos los niveles.
De haber alguien radical entonces, ésos éramos nosotros y gente como Duncan Dhu o
La Dama se Esconde, que hacíamos lo que nos daba la gana sin pasar por el aro.
Estábamos en una situación verdaderamente marginal».
El Tubo de noviembre dedicó la portada a Nacho Cicatriz con los siguientes titulares:
Habla dos años después de la separación del grupo. Me como las muletas. En el interior,
Kepasa relataba que la oportunidad de entrevistar a Nacho surgió tras su colaboración
en el estreno discográfico de Quemando Ruedas -Aquí vale todo- en Basati Diskak.
«El Tubo: ¿Qué pasó con Cicatriz tras el Inadaptados? Parecía que os lo ibais a tomar
en serio, que os ibais a centrar en la música, de ahí que Pepino dejara el grupo y que
entrara Goaré
Natxo: Pues que nos desmadramos; sucedió todo lo contrario a lo «que habíamos
planeado, producto del destroy; nos creímos que ya habíamos hecho lo más difícil y que
todo nos iba a llegar porque sí. En vez de centrarnos, el descontrol fue mayor, y el que
la pagó fue el Pepín, por lo menos el que salió más perjudicado. La verdad es que no
quiero hablar de eso, más ahora que Pepín no está. Fueron tiempos locosé
ELT : Mientras te recuperabas, ¿escuchaste música?
Natxo: Qué va, nada. He estado dos años desconectado de la música, sin querer
escuchar, y menos grupos locales, me hacía mal. El coco es la hostia. Pensaba en lo
bonito que había sido todo y en lo desgraciado que era. Amargura de verdad. No poder
bailar, con lo que a mí me gusta ir de discotecas a vacilar. Ahora sí, con muletas se
pueden hacer muchas cosas. Me di cuenta el otro día en una fiesta que hicimos en el
pantano. Ya no me corto, no hay que cortarse de nada. »
Para algunos, el disco de Quemando Ruedas representó la imposible reencarnación de
Cicatriz, a l æo cual ayudaba la colaboración de Nacho cantando en Buscando
emociones y aportando dinero para la producción. Pero el espíritu que latía con mucha
más fuerza en Aquí vale todo era el de su bajista, Dieguillo, aquel chico rubiales y
fibroso que dormía en cabinas de teléfono a principios de los ochenta, que seguía a los
Zika allá donde fuesen y que les hizo algunas de sus letras más populares, como Esto
saldrá bien o Desobediencia. El disco de Quemando Ruedas es una de las mejores
ediciones del 90. Rock sin conservantes ni colorantes, en la frontera entre el heavy, el
hardcore o el blues más tórrido, con textos inteligentesé «letras tan próximas, tan reales,
tan íntimas, que llegan a herir. Si existe la poesía urbana: esto es pura e intensa poesía
urbana al borde del diez», manifestaba en BBH Pablo Cabeza, siempre atento al
surgimiento de bandas verdaderas, con canciones de carne y hueso.
Como Platero y Tú, de Bilbao, indispensables a partir de entonces en los festivales no
sólo vascos ó sino peninsulares. Bilbao siempre se ha caracterizado por dar a la escena
una buena banda de rock callejero cada cierto tiempo. Ahí estuvieron Fase, Crisis,
Primitivos, y seguían estando Yo Soy Julio César, Parabellum, Zer Bizio?, MCDé Rock
sin connotaciones puristas o revivalistas, con un ojo puesto en el punk o el heavy, y el
otro en el pop; rock cañero de mirada franca, letras gruesas y sociales, con el punto
justo para la balada y la emoción. Bandas con un buen número de seguidores,
precisamente por esa actitud ni elitista ni elaborada; bandas muy sueltas en el escenario,
con ganas de pasárselo bien y de invocar al viejo espíritu del rock&roll: ritmo y
sentimiento.
Mucho de eso tenía el deseado cuarto álbum de Ruper Ordorika editado por los
madrileños GASA. La portada en blanco y negro de Ez da posible impactaba tanto
como el interior. Cinco años de espera y un montón de nuevas canciones eléctricas, muy
bien producidas, pespunteadas por las guitarras de lujo de Javi Antoñana y remarcadas
por ÷ la sección rítmica de los hermanos De la Casa. Había también auténticas joyas
acústicas y tradicionales. «é este disco tiene mucho que ver coné haberme quitado un
par de fantasmas de encima, que tienen que ver con la cuestión de que el mundo
euskaldún, ahora mismo, tal como yo lo veo, si bien se diría que abarca más terreno que
antes, tiende todavía a necesitar unos soportes defensivos muy grandes, y te otorga un
papel en cuanto empiezas a hacer un trabajo, papel que a veces es muy difícil de asumir.
Entonces, yo creo que llevaba un tiempo asumiendo el papel que se me otorgaba,
llevando mis gustos musicales a extremos que llegó un momento en que los vi como
contradictorios. Resumiendo, creo que éste es un disco especialmente intencionado y
enérgicoé También tengo que decir que el hecho de que el disco se edite por una
compañía de Madrid, tiene que ver en todo este tipo de planteamiento, en la idea de
apertura que llevo buscando bastante tiempo».
El también euskaldún Gontzal Mendibil editó en 1990 su ø mejor disco y uno de los
más espléndidos del año. El cantante de Ceanuri había comenzado su andadura a
mediados de la década de los setenta, luego no era un desconocido en el ambiente
musical vasco, pero sus pasos le habían encaminado hacia el folklore y el terreno de los
cantautores; su estilo fue diversificándose, alejándose de los comienzos, hasta llegar a
Zu zeu, una maravilla pop aderezada con mucho reggae y otros ritmos calientes. Las
críticas hablaron de optimismo musical, de inspiración, de estribillos pegamento, de
letras escritas con ángel. Sólamente por una de las canciones -Hitzen memorian-
Gontzal Mendibil debe pasar a la historia de la música vasca, y del rock en particular.
Otra de las producciones más estimulantes de la temporada fue Hemen Gaude de los
vitorianos Kedeké, capitaneados por su cantante y letrista, Goyo Altxaga, que procedía
de la verbena, donde había estado tocando más de quince años.
La primera noticia rockera de 1991 fue la grabación del doble disco en directo de Hert
×zainak. El grupo había atravesado por malos momentos de muchas dudas, así que se
embarcaron encantados en la bonita aventura que fue Habanara joan nintzen, una
expedición cultural vasca formada por Mikel Laboa, Karlos Argiñano, Zumeta, entre
otros, que tuvo poca repercusión aquí y desastrosos resultados financieros para su
promotor, Julen Arregi (Txalupa, Shanti Records), quien a su vuelta de la isla caribeña
comenzó a madurar una ambiciosa aunque ruinosa idea que se llamaría Aketo Diskak,
sello que iba a editar este doble álbum de Hertzainak. El elevado coste de la grabación y
filmación de los conciertos que dieron lugar al Zuzenean pusieron al borde de la quiebra
no sólo al sello sino también al grupo, que no aportó con el doble en directo nada
nuevo, musicalmente hablando, a su trayectoria.
El 25 de enero de 1991 debutó en Euskadi Anticuerpos, la nueva formación de Pedro
Landatxe, batería de Cicatriz: Anticuerpos -trío de ases sin comodín, según rezaba el
titular ヘ del BBH- había nacido en la localidad riojana de Oyón, y por eso no había
podido optar al premio del I Euskadi Gaztea de Maketas, pero a pesar de eso Pedro
estaba eufórico. «Ahora me siento como si acabara de nacer otra vez. Es fantástico.
Estuve un año sin hacer nada, casi dejé el rokanrol, lo que pasa es que no se puede
dejar. Tenemos más ilusión que nunca, y muchos escollos, más que nunca, porque ser
conocidos tiene sus ventajas y sus inconvenientes. Estamos comprando equipo y ni
siquiera tenemos local. Soy el primer batería que ha ensayado de coco. Creo que somos
el grupo que falta en el panorama, que lo veo muy flojo; con la profesionalización se ha
perdido casi toda la espontaneidad». Las otras dos partes de Anticuerpos eran Mamen
Rodrigo, histórica componente de Vulpes, y Guillermo Sánchez, no menos histórico de
otro grupo madrileño del primer punk-rock, y todavía hoy en activo: La UVI. Pa
Ærecía que Cicatriz quedaba definitivamente atrás. Pronto veríamos que no.
Mientras unos nacían, otros festejaban aniversarios. Zarama había sido uno de los
pioneros del rock vasco en los 80 pero nunca llegaron a profesionalizarse, lo que no les
impedía seguir sacando discos y actuar regularmente. Discos Suicidas publicó un
recopilatorio de sus dos primeros álbumes -Zaramaren erdian- y Elkar un maxi single
con un tema -Iñaki, ze urrun dago Kamerun- que se encuentra entre los mejores de la
banda de Santurce. «No ser profesional tiene sus desventajas, pero tampoco te quemas
tanto. Creo que los que se dedican exclusivamente a un grupo se empobrecen. Bueno, a
lo mejor es que el que no se consuela es porque no quiere» -comentaba Roberto Moso,
enemigo como siempre de categorizaciones.
Como Zarama, también Suicidas celebraba idéntico cumpleaños, ya que se habían
estrenado juntos. «Suicidas nació con la idea de sacar a Zarama. En aquella época
estábamos muy cer ãcanos al grupo, también les buscábamos actuaciones, pero de otra
manera pues no existían los management como los entendemos hoy. Entonces, teníamos
este producto que se quería editar en disco -ten en cuenta que por entonces lo que
funcionaba era el single- pero que ninguna compañía quería sacar, primero porque
obligaban a que se tradujera al castellano; luego, cuando se traducían las letras, no
encajaba en ninguna empresa discográfica de Madrid ni de Euskadi. Entonces tuvimos
que plantearnos el sacarlo por nuestra cuenta. Todo el mundo nos dijo que era una
locura, que no iba a salir bien, que nos estábamos metiendo en un campo en que la
música en euskera no admitía este tipo de ritmos, de movida, de letrasé Pero contra
viento y marea produjimos el proyecto. Y, bueno, pues visto lo arriesgado del asunto
pensamos que lo mejor era llamarnos Suicidas», le contaba a Belén Mijangos un
miembro de la discográfica de Bilbao, que había recibido su reglamentaria ración de
críticas. «Los grup Þos piensan que el estudio es la continuación del local de ensayo. El
estudio es como el quirófano y al quirófano hay que ir muy preparado. No se puede
pensar que por estar metiendo horas y horas en el estudio, va a salirte lo que no te ha
salido nunca. Al final, va a tener que entrar un músico a arreglarlo. Nos ha pasado con
algún grupo, que la cosa no salía, no salíaé y al final nos ha salido un ojo de la cara. Por
ejemplo, para mí, el mejor disco que se ha grabado con nosotros es el Anti-todo de
Eskorbuto, y ese disco se hizo en 24 ó 25 horas -añadía Toto de Discos Suicidas- La
gente olvida lo que significa ser una independiente. Pide que sea una réplica en pequeño
de una gran compañíaé Aquí a ningún grupo se ata, pero los grupos quieren más fama,
más suerte y se van a compañías más grandesé sin embargo, fuera de Euskal Herria lo
primero que hacen las compañías es atarlos. Ha habido muchos grupos que se han ido a
Madrid y han funcionado peor que aquíé Si no ofrecemos más es Ü porque trabajamos
con unos presupuestos, y aunque sus ideas sean muy buenas, el salirnos de esos
presupuestos a nosotros nos supone una inversión ruinosa. Otros sí lo hacen, nosotros
no podemos».
Cada vez era más habitual la edición discográfica de álbumes de rock euskaldún. Si
difícil había sido que se aceptaran formaciones de punk-rock como los primeros
Zarama, la llegada de Hertzainak supuso un enorme avance, parecido al dado ahora, casi
diez años después, por un grupo de Eibar. Su Ta Gar tenía la particularidad de
declararse abiertamente partidarios del heavy-metal; sin tapujos y sin ambages.
«Rompiendo esquemas entre la juventud, penetrando un poco más de lo habitual en los
medios de comunicación establecidos, aún hoy en día cerrados al jevié Su Ta Gar
horadan la carne mientras se burlan con descaro de las limitaciones de velocidad. Se
hicieron rápido, viven rápido, tocan rápido. La escena local de la década de los ochenta
se caracterizó, entre otras cosas, por no con ïtar con una peña concienciada con las
bandas duras de su propio país. 10.000 para Iron Maiden, 100 para los del barrioé Tuvo
que ser Kortatu, con su último disco en estudio, quien resquebrajara en alguna medida
los esquemas anti-jevis de una buena tanda de aficionados», constataba Pablo Cabeza en
las páginas musicales de Egin.
Durante toda la década anterior se había producido una euskaldunización muy
importante, sobre todo entre la población infantil y juvenil, así como una reuskerización
que iba de los toponímicos a las señales de tráfico. No era extraño, pues, que el
fenómeno incidiese en el rock. Dentro de esta tendencia podemos situar también la
conversión de los Fiebre de Iruña en Balerdi-Balerdi, la nueva etapa musical de Marino
Goñi -y de su inseparable guitarrista Toño Muro- que era mucho más conocido por su
faceta como productor y editor discográfico. En este sentido, Goñi saltaba a la
actualidad de mediados del 91 por su marcha de Oihuka y la creación de un nuevo sello,
Gor. «Las c -asas de discos siempre somos los malos de la película -manifestaba a El
Tubo- La gente siempre cree al músico. Nosotros no somos desde luego hermanitas de
la caridad. Ahora que muchos grupos han creado sus propios sellos, van a conocer lo
que es producir un disco de principio a fin. Porque, ¿quién es el que se queda con la
parte del león en los discos? Pues, igual, el tendero, el distribuidor o el estudio de
grabación. Generalmente, cuando un grupo no vende, le echa la culpa a la casa, y eso no
es así. Si un grupo funciona, tú funcionas. También se quejan del sonido, y lo que no
quieren comprender es que si el grupo no toca, incluso en un estudio bueno hay
problemas para que eso suene. El sonido lo tiene que tener el propio grupo antes, si no,
mal asunto».
Marino Goñi es un nombre insustituible del rock vasco. Su fino olfato musical se curtió
en los primeros setenta, cuando se trasladó a Madrid para estudiar Ciencias de la
Información en la Complutense. Por medio de su hermano José Mari (que h ùa
trabajado siempre con Joaquín Luqui) entró de técnico en Radio Popular. Allí conoció a
los pioneros de la frecuencia modulada madrileña: Juan Pablo Cifuentes, Moncho
Alpuente, Gonzalo García Pelayo, Julio Ruiz o Juan de Pablos. En 1977 pidió el
trasladó a Pamplona y estuvo trabajando en RP hasta 1981. Hizo un programa que se
llamaba Más o menos rock, de dos horas diarias, en el que conoció a Josetxo de Los
Bichos, Jimi de Tijuana o El Drogas.
Por ese tiempo, Marino Goñi entró en contacto con una gente que había montado un
pequeño estudio de grabación en el barrio de la Txantrea. El estudio se llamaba Soinua
y grababa maquetas, jotas o lo que fuera. Tenía una mesa de ¡dos pistas! «Comenzamos
a grabar rokanrol, el primer epé de La Polla, el primero de Motos e intentamos incluso
grabar el primero de Barricada, lo que pasa es que fue un fracaso y tuvimos que repetir
la grabación en los estudios Tsunami. A todo esto, habíamos creado el sello Soinua mis
socios y yo; a partir de ahí, inventamos un subsello, ý Nafarrock». El resto de su
historia es mucho más conocida: sin restarle méritos a otros socios y colaboradores,
Marino Goñi ha sido descubridor de muchos de los mejores grupos del rock vasco:
Barricada, La Polla, Hertzainak, Kortatu, Cicatriz, Potato, Delirium Tremens o Tahures
Zurdos.
ƒstos, los Tahúres, publicaron por entonces Nieve negra, editado por EMI. Había sido
inevitable que una gran multinacional pusiera sus ojos en el cuarteto de Potasas, y había
sido ley de vida que Oihuka lo viera marchar, diciendo amargamente adiós al fichaje-
flechazo y a los dividendos del futuro. Al margen de estas consideraciones, el disco
confirmaba los valores del grupo. No se trataba de un grupo prefabricado con chica
rubia al frente, diseñado para vender, sino que lo formaban cuatro curtidísimos músicos
a los que por fin sonreía la suerte.
Y la fortuna seguía sin abandonar a Negu Gorriak. No sólo creaban su propio sello sino
que publicaron un segundo disco y anunciaban una gira de dos meses, con actuaciones
en Cuba, O Cslo, Moscú, Londres, Madrid o Bayona. «Nosotros somos un colectivo de
gente. Quizá para algunos sea presunción o prepotencia, pero es sólo trabajo, equipo.
Esan Ozenki es una comunidad de bienes. Con Fermín, Iñigo, Kaki, Anjel y Matxitxa.
Sí, es cierto que somos gente experimentada en diferentes campos y que por tanto
debemos tenerlo todo bastante claro. Pero lo más importante no es el conocimiento del
mercado o de cómo hacer las cosas, sino el disco».
Y más sellos discográficos que nacieron alrededor de gente inquieta y desinteresada.
Slam Records aglutinaba a Mikel Insausti y Juancar Alberca (Lusty Men), Javi Gabirain
(tienda de discos Xaribari de Donosti e Iruñea), Iturri (promotora de conciertos Kanka),
Manolo (club Sokoa de Deba) y Txatxi Ugalde (la Bodega de Hernani). «Estamos
hablando de creatividad, no de industria â -declaraba Insausti- Además, habiendo tantas
bandas como hay en este país, no es lógico que sólo cuatro sellos dominen el mercado
independiente».
Pero de todos los sellos que nacieron ese año, el más sonado fue Zika Records, que sacó
el segundo lp de los deseados Cicatriz. El Tubo de julio-agosto de 1991 publicaba un
artículo titulado Vuelven los Cicatriz, con la coletilla deé Y se comió las muletas. «Y lo
increíble sucedió -corroboraba Kepasa- Nacho se comió las muletasé Aconteció el
sábado 8 de junio en el descampado nocturno de un colegio del barrio de Adurza, en
Vitoria-Gasteiz. El concierto -organizado entre Cicatriz y Salhaketa (Asociación de
apoyo a presos-as) y la Comisión Ciudadana Anti-Sida- congregó a más de tres mil
personasé La vuelta de los Cicatriz es como un sueñoé El regreso de la banda
gasteiztarra más callejera, anárquica y carismática, tras tres años de realismo sucio».
«é Cerca de las dos de la madrugada -en palabras de Pablo Cabeza- aparece Natxo,
saluda, s Öe sienta, levanta el puño, la banda toma su puesto. Y arrancan con el himno:
Uhhhhé Hay un grupo en la ciudad que se llama Cicatriz. El más macarra Pedro, el más
marica tambiéné el más chulo Paquito, el Natxo, el más cabrón, hemos llegao, somos de
aquí, somos los Cicatriz. Aquello es un borbotón de pasión, la increíble imagen del
pasado restregada por el presente. Ver para creer. Escuchar para sentir. Y la banda
empalma con Botes de Humo. Es el reventón, la expresión multicolor de la adrenalina.
El corazón sin espacio. Natxo reparte su cuerpo entre un mínimo apoyo en la muleta,
algún descanso sobre un viejo taburete de bar, e incluso con pasos y movimientos sin
ninguna ayuda externa. La fuerza de gravedad es burlada a bocanadas. Sobre la quinta o
sexta canción, la muleta vuela por los aires, de rebote un despistado recibe el impacto de
la pasióné Goar comiéndose el escenario, resuelto, ágil y fino recorriendo el mástil.
Paquito tan sobrio como siempreé Pedro contunden ‚te, duro, personal. Natxo, con un
poco menos de rango de voz, la ruta aún es breve, con y sin muleta, con y sin banqueta,
sobre el suelo y en el suelo, ácido y simpático, estuvo inconmensurable. Se lo comió
todoé Supongo que alguno se habrá cuestionado el porqué del regreso, acaso la dignidad
del hecho. Es injusto. A nadie se le puede negar, al menos en esta escena local tan
inhóspita, siempre contra los elementos, su honesto derecho a sobrevivir, vivir, disfrutar
y ser algo más, si cabe, en la vida, en el recuerdo».
«Me entró marcha y me dio por intentar grabar los últimos temas que no habíamos
podido grabar a causa del accidente -explicaba Nacho en la entrevista a Radio Eguzki-
Y como tenía tela, porque me dieron tela de la indemnización del accidente, me dieron
un mazo de tela, 70 millones, ya ves lo que me importa a mí decir lo que me han dado,
no soy como Julio Iglesias. Invertí e Ân principio en el disco de Cica, el 4-2-1, que era
mi ilusión; fuimos a Londres, me lo pasé muy bien, tuvimos una unión del grupo de
puta madre; tuvimos unos conciertos de presentación de puta madre, uno de ellos en el
Anaitasuna, tengo el video, hay 7.000 personas tocando las palmas como locos; de esa
actuación me acordaré siempre. Fueron muy buenos tiempos».
En septiembre se celebró como siempre el festival de cine de San Sebastián. Ese año, la
concha de oro recayó en Alas de mariposa, del jovencísimo cineasta alavés Juanma Bajo
Ulloa, que había tenido una clara relación con el rock vasco desde sus comienzos,
desde su impactante corto Akixo, con música de Hertzainak, La Polla y Potato. ƒl
mismo reconocía que sus influencias procedían más de la mitología rockera que de la
estrictamente cinematográfica. Para realizar la banda sonora de su galardonada película
eligió a Bingen Mendizabal, que continuaba su colaboración con Hertzainak; había
estado äen Cuba con ellos y también en la grabación del directo. «Ultimamente, creo
que me gusta más el cine que la música -declaraba el teclista en BBH- Bueno, lo que me
gusta es el producto final. Tengo muy clara la idea sobre la música que actualmente
debe hacerse para el cine. Antes de realizar la banda sonora de Alas de Mariposa,
participé también con Juanma Bajo en su anterior trabajo, el mediometraje El reino de
Víctor, donde colaboré con Jose Dorronsoro y en el que hubo otros músicos. Pero Alas
de Mariposa ha sido mi primer trabajo íntegro pues he controlado incluso la grabación,
ya que, junto a Bixente Martínez, he montado un estudio que se llama Audiola».
Noviembre es un mes melancólico; atrás quedaron los días radiantes del verano, las
fiestas de pueblo en pueblo, ez dira betiko garai onenak. Y noviembre del 91 fue
especialmente triste y frío por la desaparición de Delirium Tremens, los llamados Sex
Pistols del Cantábrico. «Aquello sonaba destartalado pero fresco y singular -esc ñribió
Pablo Cabeza- La aparente desgana de su cantante Andoni no era sino la imagen
carismática de un sencillo y humilde líder; su forma de arreglarse con la guitarra: un
discurso propio, nacido entre frescura, pañales, lagunas y conocimiento autodidacta.
Andoni cumplía el pasado jueves 27 años, excelente edad aún para aportar veteranía y
rebeldía a una nueva formación». Andoni era un arrantzale euskaldún que usaba un
peculiar castellano y que hablaba de la misma forma errática imperante en sus
canciones. Su manera de tocar la guitarra, junto con esa forma de frasear, era el toque
especial DT: naturalidad marítima. Probablemente, la inclusión de una segunda guitarra,
muy heavy y presente, desnaturalizó el sonido sencillo de los de Motriko, aunque
ganara en prestancia y contundencia.
A veces, lo mejor es enemigo de lo bueno. Hay una tendencia en el rock vasco a
barroquizar sonidos y ritmos. Los tríos, por ejemplo, se sienten desarropados y echan
mano de una segunda guitarra o de unas teclas; hay Ù que dar más espectáculo, ofrecer
más al oyente. La intención desde luego es muy loable pero no siempre acertada. Parece
como si se quisieran rellenar todos los huecos del silencio, no darle un respiro al
pentagrama, cuando la música necesita de los intervalos para expansionarse. Tenemos el
ejemplo patente del reggae, donde hay más silencios que notas. Puede que todo se trate
de un flujo y reflujo, de un eterno retorno a la sencillez pasando por el virtuosismo
recargado, pero este vaivén nos ha privado de buenos grupos, autodestruidos en su afán
de superación.
Pero nuevos grupos de rock euskaldún venían a cubrir las ausencias. Desde Ondarroa, y
producidos por Juan Carlos Perez y Jean Phocas, se estrenaron discográficamente
Piztiak, que ya llevaban unos años forjando su sonido intimista en Tu-k. La costa
pesquera seguía obrando maravillas en la imaginación musical de sus habitantes,
dándoles un toque de distinción, de indolencia, de suavidad a pesar de las aristas rítmic
Æas. Piztiak había dejado atrás la onda siniestra británica -que hizo estragos durante
unos años- y perfilaba un estilo oscuro y atrayente en el que podían encontrarse rastros
de Itoiz, uno de los grupos vascos que más impronta ha dejado en las siguientes
generaciones.
Y desde la zona minera de Bizkaia llegaron Sasoi Ilunak. Los de Ortuella combinaban
con acierto aspereza y ternura, tanto en lo musical como en las letras; éstas
representaban una de sus mejores bazas: automóviles errantes, chapas de Keler, pueblos
humildes, idiomas pequeños, viento de otoño, odios y olvidos, océanos vagabundos,
alegrías sin huesos. Relatos cortos escupidos por la garganta de Txuma Murugarren. La
música de Sasoi Ilunak tenía querencia por los ritmos más negros del rock; su hechura
hacía recordar a grupos británicos de los atormentados ochenta, como The Sound o
Chamaleons, grupos muy intensos, volcanes en combustión interna, desprendiendo
mucho calor pero sin arrojar lava ü, aunque repartiendo guitarrazos a diestro y
siniestro.
¡Ay, las guitarras del rock, cuántos buenos momentos han hecho pasar a una parte de la
humanidad! El idioma sin palabras de la guitarra tiene mucho que ver con eso que decía
el director de orquesta Celibidache: la música no es un arte sino un lenguaje subliminal.
Y las guitarras son un instrumento perfecto para esa comunicación inconsciente que
dispara resortes emocionales dentro de las personas. Las guitarras son, eso, un
instrumento, un medio, aunque en bastantes ocasiones se conviertan en un fin en sí
mismo. ¡Ay, la egolatría de los guitarristas! Por no hablar del simbolismo fálico, del
virtuosismo exagerado, del narcisismo. El guitarrista es la pieza más frágil y compleja,
sicológicamente hablando, de un grupo de rock. Su actitud musical influye tanto como
la del cantante, o más, sobre todo en directo, cuando las condiciones acústicas óptimas
suelen brillar por su ausencia, y se hacen prácticamente ininteligibles las letras de las
canciones. En c ~ambio, los mensajes subliminales de las guitarras atraviesan cualquier
muralla de ruido y llegan al destinatario, incluso en el mismo infierno de la saturación
decibélica. Un buen guitarra de rock va al paso, trota o cabalga sobre la sección rítmica
del bajo y la batería, y a la vez marca sus propias líneas melódicas, que en muchas
ocasiones constituyen el elemento diferenciador de la canción. Realmente, el punk
embruteció la labor de los guitarristas pero no les vino mal esa cura de humildad
después de sus trances de afán de protagonismo. El grupo volvía a recuperar su
operatividad, ese milagro del ritmo ensamblado con ideas y sentimientos.
Y hablando de guitarras de rock y de grupos, en 1991, hay que hablar de Crin de Crin
Crines, pop-rock de Gasteiz, que llevaba bastantes años peleándose su lugar bajo el sol,
y que consiguió un segundo puesto en el Villa de Bilbao. «Aquí, los v åerdaderos
grupos malditos no son los que dice El Tubo -se quejaba Mitxel Ortega en Musikaz Blai
(de la edición Araban zehar de Egin)- A mí, que me digan que Kortatu ha sido un grupo
maldito me da risa, o que me digan que RIP es un grupo maldito. Ojalá tuviera yo la
maldición ésa. Los verdaderos grupos malditos de Euskadi somos los que hacemos pop-
rock, que tenemos que intentar convencer aquí, lo cual es bastante difícil, y luego
intentar convencer fuera, que ya ni te cuento. En Euskadi siempre se ha pensado que lo
auténtico es la música que no se oye en Cuarenta, en TV; para mí, lo bueno es lo bonito.
El rock&roll es espectáculo y belleza, porque lo que hacen grupos como por ejemplo los
Dead Kennedys, es reflejar una ideología mediante la música, pero no hacen música».
En CCC militaba un viejo conocido -Toñín Ortega, hermano del cantante- que había
conseguido su sueño dorado de tocar la guitarra. ƒl había sido el primer batería de
Cicatriz.
El Villa de Bilbao fue generoso ese año ícon los grupos de Gasteiz porque además dio
el primer premio indiscutible al cuarteto Rock DAM, una de las mejores formaciones
metálicas de la escena vasca, con muchas horas de local de ensayo a cuestas depurando
un estilo limpio, rico y poderoso de hechuras clásicas. La estructura metálica de su
inspiración les había proporcionado tragos amargos de cara a promocionarse, pero
estaba claro que la nueva década iba a dar cobijo a todos aquellos sectores del rock que
fueron menospreciados en los prepotentes ochenta.
Desde Getxo, en esa margen derecha tachada despectivamente de popera, Los Clavos le
ajustaban las cuentas a la leyenda negra publicando un primer elepé en la mejor línea de
los disolventes Velvet Underground. Los Clavos pertenecían a una generación que
había mamado mucho rock desde los seis o siete años y que había visto muchos videos
y gastado muchos cascos de walkmans. «Un grupo como nosotros se basa en su cultura
musical, ya que técnica no tenemos. Si un productor me dice que ese ¡ punteo está mal
y que lo haga en re menor, pues no sé de qué me está hablando; sin embargo, si me dice
que realice un punteo tipo tal guitarra de tal grupo, sé de qué me está hablando». El
disco se publicó fuera de Euskadi, en Romilar-D Records de Madrid, y se hizo pronto
célebre en toda la península entre los amantes de las sensaciones fuertes y no
adulteradas; entre los entusiastas del rock&roll de serie B garajero, de los grupos
malditos USA de los sesenta, de las guitarras-sierras, los acoples y la distorsión. Rock
malencarado y poco amigo de contemporanizar. Rock sin adherencias del heavy ni del
[Link] rock que le sacaba un extraordinario partido a las guitarras en ebullición que
tejían un sonido tan tupido como una alfombra.
Quizá la referencia a la Velvet Underground era demasiado tópica y probablemente no
se ajustaba mucho al rock-huracán de Los Clavos, dificilmente comparables con la
languidez decadente Ñ de los neoyorquinos. Realmente, Los Clavos se habían hincado
con plenos merecimientos en la escena rockera vasca aunque ésta los mirase con
desconfianza, no sólo a causa del inglés sino también porque su furia rítmica no
presentaba credenciales radicales ni compromisos sociales. Pero Los Clavos no se
quedaron a oír las malintencionadas opiniones ajenas sobre ellos; se habían largado a
los estudios Le Chalet de Burdeos, pasando por alto las opciones existentes a este lado
de la muga, lo cual tampoco les granjeó simpatías precisamente.
En diciembre del 91, en el local de ensayo de Hertzainak, Gabriel Gullián grabó la
primera maqueta de Barraca Selva. Todos los aficionados al reggae en general, y a
Potato en particular, conocían a este uruguayo de ascendencia armenia, guitarrista,
cantante y compositor de buena parte de los temas del último lp de la formación de
Gasteiz, Erre que Erre. Pero no contento con eso, Gabriel Gullián canalizaba ahora su
amor por la músic éa sudamericana -especialmente la brasileña- mediante un puñado de
canciones redondas aunque muy alejadas de los gustos rockeros al uso. A pesar de que
esta aventura parecía condenada al fracaso, aún hoy Barraca Selva continúa ofreciendo
sabrosos conciertos, en los que las composiciones del uruguayo invitan al baile, a la
reflexión y al aplauso. Gabriel Gullián es un valioso músico que ha enriquecido
enormemente la escena vasca, por su personalidad, por su capacidad creadora y por sus
colaboraciones con otros músicos. «En Montevideo, yo empecé tocando la batería
porque lo cierto es que el uruguayo tiene que saber tocar el tambor, ya que el ritmo que
podríamos llamar nacional, el Candombe, procede de los esclavos negros africanos y se
basa en tres toques superpuestos de tambores. Este ritmo pueden hacerlo a la vez
sesenta tambores, lo que significa que es esencialmente popular. Por otra parte, a mí
siempre me gustó el rock&roll, yo me crié con los Beatles, como quien dice, y escuché
Black Æ Sabbath o Uriah Heep, pero con el tiempo uno se va haciendo más tolerante, y
yo tiendo cada vez más hacia lo popular, pasando un poco de la élite; a mí me gusta que
la música le guste a un viejo de cincuenta y a un tipo de veinte, cosa que se ha logrado
en Uruguay pero que aquí, en Europa, suena un poco cursi porque la gente funciona por
tribus», manifestaba en Musikaz Blai. A los veinte años, decidió dejar Montevideo y
conocer la mítica Europa. «La otra alternativa hubiera sido irme a Argentina o Brasil,
que son los sitios a donde emigran habitualmente los uruguayos, pero yo decidí
trasladarme a Madrid». Allí estuvo tocando en el metro; luego se marchó a París y a
Valencia y más tarde a las Canarias, donde en compañía de un peruano amenizaba las
tardes-noches de los turistas a ritmo de bolero. Un amigo suyo argentino siempre le
decía que había que ir a Euskadi.
1991 fue un buen año para los estudios de grabación vascos; cada tres días se publicó un
d «isco, y una maqueta cada cuarenta y ocho horas. Les iba tan bien que estaban
ocupados al cien por cien diariamente. Además, grabar en Euskadi salía más barato que
hacerlo en Madrid o Barcelona. El estudio de Elkar, aún en Lasarte, destacaba como el
más prolífico en cuanto a producción de discos; continuaban siendo sus técnicos Jean
Phocas y César Ibarretxe. Le seguía a corta distancia IZ de Donosti, con Kaki Arkarazo
y Jesús Suinaga a los controles. El estudio con más maquetas grabadas era Arión de
Pamplona -con 80 cintas- y la labor técnica de Roberto Elizalde, J. Los Arcos y M.
Aizpun. Compartiendo un honroso segundo puesto, en cuanto a maquetas, se
encontraban los estudios Amadeus (antes Tsunami) de Donosti, con Paco Flores;
Lorentzo Records de Berriz con Aitor Ariño, y Tío Pete de Bilbao, con Carlos Zubiaga,
Jose Lastra y A. Lázaro.
En 1991 grabaron también Eskorbuto. Después de casi cuatro años de silencio
discográfico, Ö el trío de Santurce publicó Demasiados Enemigos, editado por Matraka
Diskak de Castellón. Leamos lo que Roberto Moso escribió en El Tubo de febrero sobre
ellos. «Para mí, la clave del gancho del trío leyenda radica en las personalidades de
Juanma y de Josu, una explosiva relación amor-odio en la que ambos han coincidido en
su tendencia a lo prohibido hasta el límite de la autodestrucción y en su afición a los
temas morbosos. Después es Juanma el que aporta el humor negro y Josu el eterno
visionario de catástrofes socio-políticas. La combinación de semejantes elementos fue,
en buena medida, culpa de un histórico local de Santurtzi, otrora cerrado por orden
consistorial: El Jandros. Juanma flipaba con los Doors y salía disparado a bailar cuando
sonaban los primeros ZZ Top. Josu era el mejor vocero que los Who hayan podido tener
del Bidasoa para abajo, y se paseaba por el pueblo con una guitarra, repleta de
pegatinas, a la que sabía sacar auténticas chispasé Desde que p ãublicaron el súper
negro La más macabra de las vidas, hace ya casi cuatro años, parecía que las ratas
rabiosas estaban enterradas vivas. Sus conciertos comenzaron a contarse con los dedos
de una mano mutilada, casi siempre en el quinto o sexto coño (sin perdón). Ellos
tampoco se prodigaban demasiado y radio Makuto empezó a extender noticias funestas
sobre su estado de salud y la posibilidad de que estuvieran clínicamente disueltos. Se
comentaba incluso que ya no tenían instrumentos. En esta confusa situación, surge la
gira por México. Al parecer, miles de manitos de la capital flipan con las letras
incendiarias del combo, en un país donde las policías, estatales o privadas, campan por
sus respetos con absoluta impunidad. Algunas emisoras independientes de extendida
popularidad entre la juventud, y la profusión de cintas piratas en el mercado negro, han
hecho posible con el paso del tiempo que La Polla Records y Eskorbuto conocieran
llenazos surrealistas allende los maresé »
La con òexión musical con los países sudamericanos y centroamericanos era ya una
auténtica realidad, a pesar de la lejanía; pero, como ya había dicho el gran estudioso del
mundo contemporáneo -Marshall McLuhan-, vivimos en la aldea global donde la lejanía
ha perdido su connotación geográfica y ya es sólo sicológica. Rockeros como Moris,
Sergio Makaroff, Ariel Roth o Andrés Calamaro habían enseñado dos o tres cosas a los
grupos españoles sobre la utilización del idioma; el bumerang de la colonización
cultural volvía de Buenos Aires y le atizaba un golpetazo a la encorsetada escena
ibérica, siempre dispuesta a arrodillarse ante lo anglosajón, negándole por el contrario el
pan y la sal a los talentos nacionales. Estos músicos de allende los mares llegaban con
poca plata pero con la cabeza llena de rock.
La Polla de Agurain, el primer grupo vasco que había sido acogido triunfalmente en
México, continuaba publicando puntualmente discos: Salve, ¿Revolución?, Ellos dicen
mierda nosotros amén, No somos nada, L ´os Jubilados. Y en 1992 entregaban a sus
numerosos seguidores una nueva rodaja de rock& roll acelerado. «Nuestro fuerte es el
directo y lo que nos salva la vida. Es lo que somos nosotros. Un disco es diferente, está
más refinado, te lo curras para que salga bonito. Intentamos que se parezca siempre a lo
que hacemos en directo. Limpiamos mucho las canciones. En vez de meter rellenateguis
(para que nos entendamos) por todos lados, tratamos de dejarlo un poco liso. Es lo que
hemos aprendido del estudio. Cuando trabajas con menos golpes, el batería menos
redobles, el bajo menos repiques, las guitarras menos punteos y las voces y los coros
más controlados, sale más fuerte todo, más efectivo y lo pasamos mejor cuando vamos a
tocar porque no tienes que preocuparte de tantas leches y te puedes permitir el fijarte un
poco dónde estás, y de esta forma estamos menos tensos en el escenario y podemos
darnos más». La entrevista estaba firmada por P µi, uno de los nuevos colaboradores de
lujo de El Tubo (ELT).
Otro de estos cronistas de nueva generación -Jakue Pascual- entrevistaba a El Drogas
con motivo de la publicación de su álbum en solitario. Aunque en otra dimensión que
La Polla, los navarros Barricada se habían mantenido en la cumbre del rock duro estatal
y, disco tras disco, habían ido dando más y más, hasta llegar a Por Instinto, su más
reciente edición. Por su parte, El Drogas siempre había sido la imagen de Barricada.
«¿Qué hay que agradecerle a un grupo como Soziedad Alkohólika? Yo, personalmente,
el que me ha hecho sentirme viejo cuando les escucho. Es así, es impepinable y eso no
quiere decir que me vaya a jubilaré Yo nunca he pensado con el pelo, ni me he puesto la
chupa de cuero para escribir las canciones. Igual las hago en pijama. La imagen es
mentira siempre».
A finales de mayo, muy poco tiempo después de la aparición de ese inesperado nuevo
álbum de Eskorbuto, s [e producía la muerte de su guitarrista. Pablo Cabeza, notario del
rock vasco para lo bueno y para lo malo, escribía el epitafio de esta muerte temprana.
«Hace años, en numerosas ocasiones, Yosu Eskorbuto me comentó que no llegaría a
viejo, que la muerte no le preocupaba. Hará unos meses, tras una nueva recuperación en
el hospital de Cruces, confesaba con franqueza y casi media sonrisa que estaba hecho
polvoé hacía buena tarde pero él tenía frío. Le subí en coche hasta su casa, en las
primeras pendientes del Serantes, caminaba con cierta dificultad. Le vi hecho polvo.
Sentí miedo, pena y rabia. Además de esperanza, esperanza porque a pesar de todo
había grabado un disco, el último de Eskorbuto, y se mostraba entusiasmado, con ganas
de actuar en directo, aunque tuviera que desplazarse un día antes en avióné Fue radical y
murió radicalé Jamás torció ¾ni un milímetro su actitud: descarada, descarnada, con la
arrogancia del humilde, con la belleza de la persona llana, de quien nació con poco, tuvo
poco y murió con menos. Aún así, luchó contra las circunstancias como mejor pudo y
supo; luchó sin descanso y siempre dando la caraé Me duele y lloro, de afecto y de
rabia. Rabia porque ha sido el sistema quien ha podido contigo. Porque ellos son la
sobredosis, el auténtico peligroé Fuiste muy grande».
«Josu no ha muerto de sobredosis ni nada por el estilo -recalcaba Juanma, el bajista de
Eskorbuto, en entrevista a ELT- Cuando uno se muere de cáncer, no se dice que ha sido
culpa del tabaco, y esta vez en cambio han subrayado todo el rato esoé no sé, yo a un
chaval le diría que no se meta en esto ni harto de opio, vamos, yo no se lo aconsejo a
nadie. Si puede vivir bien y disfrutar con un partido de fútbol, mejor, porque en este
mundo quien cae es porque ha tenido una educación asquerosa». Meses desp ïués,
Juanma Eskorbuto moriría también.
A principios de junio, se presentó en Vitoria el segundo disco del grupo pop por
excelencia de la ciudad. Segundo Banana estrenaba para la ocasión su propio sello
discográfico, Buen Rollo Productions. Las once canciones fueron grabadas en Digital
Biko, nueva reencarnación del viejo estudio Cuvyco de los hermanos De la Casa,
instalado ahora en el semillero de empresas del centro Cívico Iparralde del barrio de
Zaramaga, donde antiguamente estuviera el matadero (y donde la Fura dels Baus había
dado dos terroríficas representaciones a mediados de los ochenta). Pero la música de SB
no tenía nada de oscura o inquietante sino todo lo contrario; era clara, tatareable y
accesible, llena de musicalidad. El sonido del grupo se había enriquecido con la
adquisición de un guitarrista -Javi Pagola- que era mucho más que eso. Pagola había
sido el principal animador de Osiris, pioneros del heavy en Vitoria aunque luego su
carrera se estancase. El alto y sonriente músico Í podía considerarse además maestro de
toda una nueva hornada de instrumentistas, entre los que se encontraba Goar Iñurrieta
(Korroskada, Cicatriz, Bizkar Hezurra). Como buen maestro, Pagola poseía a esas
alturas de su larga vida de guitarrista un estilo personal, en el que no era precisamente la
influencia metálica la más patente, pues el eclecticismo predominaba sobre cualquier
tendencia. Pero, al margen de la calidad de los temas, lo importante de Dadas las
circunstancias de Segundo Banana era su vocación autogestionaria de abrir brecha en el
mercado discográfico.
21 Japonesas habían irrumpido como una propuesta sonora presuntamente extravagante,
en pleno seísmo del rock radical, pero los de Donosti seguían cosechando triunfos y ya
iban por su cuarto álbum. «Nos encanta viajar, estar abiertos, conocer gente y ver otras
formas de funcionar. Del anterior álbum vendimos copias en Nueva Zelanda, Franciaé y
quince discos en Sudáfrica, nos estamos preguntando si çlos comprarían blancos o
negros. Nosotros siempre nos hemos movido por los 40.000 discos vendidos. Sabemos
que no somos un grupo de un boom, que nuestra música es para descubrir en varias
escuchas. Sin que suene pretencioso, creo que es una música con contenido», le
contaban a Sergio G. Cruzado en ELT.
Una de las agradables revelaciones del año anterior fue el navarro Pottoka, que se había
dado a conocer en un disco compartido con Julio Kageta, Kiowak y SS-77. Se le
comparaba con Jonathan Richman o Billy Bragg, pero Pantxo Etxebere, euskaldún del
valle del Baztan, sólo tenía en común con ellos la sencillez de lo complejo, la raíz
desnuda sin artificio, y la guitarra eléctrica para expansionarse el alma. «Vivo en un
caserío de Amaiur y soy un pastor que toca la guitarra. No es una parida literaria de los
Goñi, es un accidente de la vida». Pottoka publicaba ahora a mediados del 92 en Gor su
primer mini-lp, La revoluzione della tradizione, con la ayuda de Josu Zabala y Balerdi-
Balerdi.
¿ ÅY quién se ocupaba ahora de los destinos de Oihuka, tras la marcha de los Goñi
Añaiak? El elegido fue Ritxi Aizpuru, que había sido redactor de El Tubo, responsable
de prensa del sello Aketo y colaborador en publicaciones euskaldunes como Argia. La
incorporación de Aizpuru potenció sensiblemente la edición de grupos de pop-rock en
euskera. Oihuka dedicó ese año su tradicional disco compartido a cuatro bandas de rock
súper duro, hipermetalizado, hosco, intrincado, veloz como una intuición: Mala Fama,
Trauma, Dekadencia y Ceda el Vaso. Los primeros tenían un largo bagaje en
formaciones de Pamplona como Poker o Ad Hominen, y habían encontrado a su
cantante ideal en Gasteiz. Mikel Díaz Larzabal había puesto anteriormente su voz rota
en un grupo de Vitoria que mereció mejor suerte: Kuatroele, un exabrupto musical de
temas tan viscerales como poéticos (512 días lloviendo sin parar, Quiero ser negro o I
love you Gasteiz) que se separó justo cuando Discos Sui Õcidas se había fijado en
ellos.
Eran muchos los niveles a los que se movía el rock vasco. La escena local volvía a
fragmentarse como diez años atrás y entraban en juego nuevos protagonistas, con una
nueva mentalidad mucho menos concéntrica, gente que había asimilado genéticamente
los pros y los contras del terrible y entrañable rock radical vasco, y que buscaba en
cierta forma abrirse a otras influencias y corrientes musicales: la sicodelia, el funk, el
raw power, el rock polvoriento dream syndicate, el pedal de guitarra wha wha; nuevas
formulaciones tan válidas como cualquier otra. Los grupos indie englobaban a una
pléyade de formaciones de rock caótico, discípulos de Sonic Youth, los nietos de la
Velvet; noise pop, pop ruidoso y adolescente, surfers de la ola de asfalto; grupos que
veneraban a Brian Jones (el rolling stone maldito) y a Jim Morrison; grupos sicodélicos
que reciclaban la estética musical de los primeros Pink Floyd, de los Beatles de
Strawberry fie Älds forever o I am the walrus, representando la avanzadilla de los Blurr
y los Oasis. La mayoría de estos grupos grababan en pequeños grandes sellos, catalanes
y madrileños principalmente, que estaban vinculados a revistas, fanzines, distribuidoras
o tiendas. El éxito comercial de bandas como Lagartija Nick, Sex Museum o Los
Clavos elevó las expectativas de estos modestos sellos, gracias a su alianza con
multinacionales.
Por otra parte, se encontraba el hardcore radical vasco, por utilizar la desafortunada pero
certera etiqueta inventada por algún periodista. Y es que el rock radical vasco no había
muerto, lo que había hecho era dejar de reinar en solitario. Había perdido su
supremacía, sí, pero no su influencia ni sus dientes virulentos. Sus mensajes eran menos
políticos y más metafísicos, igualmente pesimistas y agresivos, oscuros, cutres, tópicos
en muchas ocasiones. Musicalmente, este hardcore de los noventa venía a ser como la
venganza del heavy á, que se había infiltrado en el punk adueñándose desde dentro de
sus estructuras rítmicas y de sus pautas sonoras.
Había una tercera tendencia estilística dentro del rock vasco emparentada con el sonido
negro: blues, rhythm&blues, reggae, funk, raggamuffin, hip hop, rap. Los grupos de
color norteamericanos recuperaron el discurso reivindicativo del Black Power y se
lanzaron a denunciar la situación de los ghettos negros desde las pistas de baile y los
video-clips. Shit on your blue suede shoes. Esta propuesta resultaba muy atractiva para
el aluvión de grupos que surgió tras la traducción vasca que hizo Negu Gorriak de la
situación.
1992 fue el año de la rotunda confirmación de Platero y Tú, cuyo primer acierto
consistió en el nombre y sobre todo en su rock&roll personalizado. Eran tan populares
que hasta los grupos de verbena tocaban sus canciones, y eso para ellos era más valioso
que un disco de platino. Se veía a simple vista que había madera en esta formación con
buen humor â, del barrio de Zabala de Bilbao; gente sin corsés musicales, amiga de las
colaboraciones con otros músicos de la escena vasca, como Evaristo LPR o Josu Zabala.
Platero y Tú prefirieron grabar con los madrileños DRO, desechando la oferta de
Oihuka. Había terminado definitivamente el reinado de los sellos independientes vascos
surgidos en los primeros ochenta.
Elevando el rock a la enésima potencia, El Inquilino Comunista, con su estilo
incendiario lleno de acoples y distorsiones, traspasaba los tímpanos del técnico de
sonido más curtido. Riadas de grupos descubrían, por ejemplo, la incandescente música
de Jimi Hendrix, silenciada casi desde su muerte. Algunos ídolos como Sid Vicious
caían. Se producían recuperaciones impensables y simbiosis inimaginables, volvía la
veneración por Jim Morrison, ¡volvían incluso los Beatles! Volvió la figura sombría y
tierna del lunático Syd Barrett, músico genial y visionario que lideró Pink Floyd hasta
quedar deslumbrado por su propia visión. To «do volvía para quedarse: El Desván del
Macho, Beer Mosh, Pop Crash Colapso («Metemos bastante ruido, pero lo que
necesitamos en más volumen. Y por eso queremos ir a Inglaterra a pillar unos Marshall
y cosas que den cañón. Queremos más potencia, amplis y pitando como locos»), Contra
La Gente Sin Escrúpulosé BAP de Andoain, pioneros del hardcore, regresaban
discográficamente después de cinco años de ausencia.
Pero los nacimientos no se producían solamente desde el lado más ruidista, decibélico o
apocalíptico del rock. Desde el mismísimo folk, brotaba poco a poco una corriente
eléctrica y desenfadada que no iba a pedir permiso en absoluto para hacerse un lugar en
la escena rockera vasca. ƒste era el caso de Sorotan Bele, los llamados Celtas Cortos
vascos, que ganaron el Euskadi Gaztea de maquetas con una cinta grabada con la ayuda
del cantautor Txomin Artola. También guipuzcoanos, de Cestona, eran Lin Ton Taun,
mezclando sin el menor rubor el hardcore con àel pandero y la trikitixa.
A principios de este 1991+1 había salido el maxi-single Mundu berria daramagu
bihotzean de Hertzainak que incluía una versión ¡en castellano! de Guantanamera. Los
más intransigentes pusieron el grito en el cielo, y los más abiertos opinaron que por qué
no alternar euskera y castellano. El maxi se distribuyó a través de los Comités
Internacionalistas, y los beneficios fueron a parar a una casa de la juventud de
Nicaragua. En mayo, publicaron otro maxi-single en el que por primera vez Josu Zabala
no firmaba todas las canciones, como había sido habitual desde el 84. El tema que daba
título al disco -Une etengabeak- era una composición de Gari, el cantante. A finales de
año, se editó su disco de despedida, grabado en los nuevos estudios Elkar en Donosti.
«Cuando empezamos teníamos unos objetivos que fueron superados en un corto plazo
de tiempo -exponía Josu Zabala en El Tubo- Nuestra siguiente meta estaba fuera de
Euskal Herria, pero no hemos podido expor átar nuestro trabajo en las condiciones
necesarias. Nuestro objetivo ya no puede ser el sacar otro disco, volver a las giras por
Euskal Herria, no sé, aquí ya no tenemos más metas que superar, y no hemos
conseguido superar el problema que plantea salir al exterioré Muchos lo han intentado
pero los únicos que lo han conseguido han sido Negu Gorriak». No pasaría mucho
tiempo hasta que volviéramos a ver a todos los componentes de Hertzainak embarcados
en diferentes aventuras musicales.
En diciembre se celebró el décimo aniversario de la emisora libre navarra Eguzki Irratia,
surgida desde el comité antinuclear y ecologista de Pamplona. Las radios libres habían
estado no sólo muy relacionadas sino prácticamente imbricadas en el rock vasco. Su
relación fue siempre estrechísima. Los grupos habían ayudado extraordinariamente a la
financiación mediante festivales y grabaciones de conciertos. Muchas habían sido las
radios libres durante los primeros ochenta, pero los frecuentísimos cierres ï
gubernativos -con requisa de material incluido- terminó con las ilusiones deé ¿todas
ellas? No, unas cuantas emisoras insumisas permanecían acantonadas en su
determinación anti-cierre. También era el caso de Hala Bedi Irratia de Gasteiz, radio
que nació a partir de las protestas en las tallas de mozos. ¡Y cómo no iban a estar los
músicos en contra de la mili! Por eso, el apoyo del rock vasco a las radios libres, a la
objeción y la insumisión ha sido muy amplio.
El año terminaba con una sobresaturación de grupos cuyo principal problema era, una
vez más, la distribución de sus productos. «Los grupos necesitan imperiosamente
vender fuera de Euskal Herria, pues este mercado se les queda pequeño. Igualmente, su
potencial de ventas fuera -dada una mínima promoción- no es de desdeñar. Ahí tenemos
los ejemplos de Soziedad Alkohólika o Platero y Tú -señalaba El Tubo- Caso de tener
una buena distribución fuera, montones de grupos como La Polla, Parabellum, MCD,
Doctor Deseo, Pop Crash Colapso, BAP, Su à Ta Gar, Potato, Zarama, etc, elevarían
notablemente sus cifras de venta y dejarían buenos beneficios. Muchos quizá podrían
conseguir vivir de la músicaé Podríamos apuntar ya la necesidad de creación de una
fábrica de discos en Euskal Herria, para evitar la dependencia, los costos, los retrasos y
que el dinero se vaya fueraé »
Grupos había muchos, así como publicaciones; ya decía Roberto Moso que en Bilbao
había más revistas musicales que salas de conciertos. En este orden de cosas se había
producido el nacimiento de Three Dimensional (3D), fruto de la fusión de los fanzines
Atxuko y Beatnick Fly. Los responsables de 3D -Yo Claudio, Estibaliz Hdez de Miguel,
Javier Izquierdo, entre otros- poseían una amplia experiencia y encaminaban sus
esfuerzos no sólo a la realización de este nuevo fanzine -cuyo primer número contaba
con ¡29 entrevistas!- sino que también querían organizar conciertos y editar discos.
6. Visitas al planeta vasco. Extremoduro. Técnicos de sonido-sordera gen -eracional.
Elefante Blanco. Demanda contra Negu Gorriak. Textos explícitos. Kojón Prieto.
Parafunk. ¿Inglés o castellano? Raro, muy raro. Zappa. La Confesión radical. Estudiete
Matxinbarrena. Kontrairo-trikitixa. Réquiem por Lee Brilleaux y Kurt Cobain. Javi
Mondragón. Hiru Truku. Homenaje a Pakito-Cicatriz. Sida. RIP. Ama Say. Akí no keda
ni Dios. JC Perez-Atlantic River. MCD. Mil a Gritos. La Pedrá. Manu Chao. Big
Crunch. Festival pro-Insumisión.
A pesar del excesivo número de bandas, la escena vasca siempre ha estado dispuesta a
hacerle un hueco a aquellos grupos estatales que han conectado especialmente bien con
ella a lo largo de los años. ƒse ha sido el caso de Ramoncín, Rosendo, Decibelios,
Reincidentes o Extremoduro, grupos cañeros y radicales que encontraron siempre eco
entre los aficionados locales. El último caso estaba siendo el de los extremeños
Extremoduro. Roberto Iniesta, el artífice de Extremoduro, tenía un lema para su propio
grupo: El exceso de trabajo no sustituye la falta øde talento. Calificaba a su música de
rock transgresivo y tenía opiniones contundentes sobre el público de Euskadi. «Son más
frígidos que un langostino congelao. Estuve en un concierto en Vitoria y sólo aplaudía
yoé A mí me molesta mucho eso. Si hay una gente tocando, lo hagan bien o mal, tú
tienes que animarlos, colega. Si han hecho una canción, está bien hecho. Se han
atrevido a hacerlo y tú no. Tú eres un gilipollas que te quedas ahí mirando. Entonces, tu
obligación es aplaudir y animar a los chavales que están ahí, aunque sean muy malos.
Ya no es cuestión de bailar o participar. Hay un punto que es el de agradecer lo que te
están dando. Aquí, en Euskadi, al tener tantos grupos y tanta hostia, hace que la gente
sea un poco canalla. Con los precios de las entradas, igual. Mira, yo no toco en un
concierto en el que se cobre menos de un talego la entrada. Una vez, tocamos varios
grupos para una organización ecologista y pusieron la entrada a 500 pelas. ¡Pero,
gilipollas! Si yo no cobro es para que vos ÿotros saquéis unas pelas, no para que
regaléis las entradas. Si la peña quiere música, que pague por ella. Eso de andar
explotando a los grupos no mola nada. ¿Que si hay demasiados grupos en Euskadi?. No
es que haya muchos grupos, sino que hay mucha gente que se junta y toca. Para mí eso
no es un grupo. Un tío currando todo el día en la metalurgia, no puede tener luego las
manos para tocar la guitarra, ni la cabeza para hacer poesías, aunque seguro que tiene
una guitarra mejor que la mía. Y hay tantos que el mercado está un poco jodido.
Nosotros queremos revitalizar el rock. Revitalizarlo y agilizarlo. No dejar entrar por
menos de mil pelas a la gente, ya que es el espectáculo peor pagado que hay. ¿Que hay
grupos que tienen un caché y luego en los gaztetxes, por ejemplo, tocan por lo que se
saque en la puerta? La gente de los gaztetxes son tan enrollaos que yo me parto el culo.
Yo debo seis meses de alquileré Son tan enrollaos que cobran 200 pelas. Con 200 pelas
no puede haber un buen equipo de sonido. Y la Îgente tiene que pagar porque es su
obligación pagarloé »
Debajo de esa actitud provocadora del cantante de Extremoduro, en declaraciones
recogidas por El Tubo de febrero del 93, latían verdades como puños. Realmente, esa
sobresaturación de grupos había llevado a un empacho de la audiencia, que ya no se
inmutaba ni ante el mismísimo Chuck Berry. Además, como ya apuntara Pablo Cabeza
a mediados de los ochenta, la gente se había acostumbrado a asistir gratis a los
conciertos, y a ver por el morro a los mejores grupos de Euskadi, principalmente en
festivales alternativos o en las fiestas oficiales de Bilbo, Donosti, Gasteiz o San Fermín.
Sí, la gente se había vuelto un poco canalla y apática a la hora de valorar a los grupos.
Había visto tantos y en tan malísimas condiciones muchísimos de ellos: grupos
primerizos, en pañales, sonando de horror, en locales sin acústica como frontones o
polideportivos, lugares donde sólo se atreven a sonorizar equipos de sonido vasc êos
porque los de fuera lo consideran una locura.
El técnico de sonido de directo tiene un protagonismo fundamental en el mundo del
rock aunque nunca se hable de ellos. Se pueden leer decenas de enciclopedias sobre el
rock, y sólo muy de vez en cuando se hallarán referencias sobre estos profesionales de
los watios y las etapas de potencia. En los tiempos salvajes del punk del 82-83, los
técnicos vascos finalizaban muchas actuaciones con la nariz rota o unos cuantos puntos
de sutura. En el mejor de los casos, la gente les tiraba la cerveza sobre la mesa de
canales, les robaba la chupa, los cables o los micros. No había una separación física que
les aislase de borrachos, pesados o lunáticos. Ellos eran la cara oculta del rock: llegaban
los primeros, cuando aún el concierto sólo era una promesa; permanecían al pie del
cañón mientras todo el mundo disfrutaba; a duras penas, con una linterna que a veces
también desaparecía, controlaban el volumen, los efectos; iban y venían enchufando
cables, uque el entusiasmo de un público ciego pisaba una y mil veces; se tenían que
pelear con las primeras filas para que no invadieran el escenario y se viniera abajo todo
el precario tinglado. Luego, a las tantas de la madrugada, recogidas incluso las txoznas
y cerrados los bares de la localidad, los técnicos y los pipas terminaban su jornada
laboral de más de doce horas, después de haber cargado y descargado alguna que otra
tonelada. Llegaban a los pueblos en fiestas cuando los demás estaban tomando el
vermut o comiendo; tenían que subsanar con grandes dosis de imaginación -y bastantes
corrientazos- las anomalías de las tomas de luz; soportar interminables pruebas de
sonido, a cargo de grupos inexpertos que no llevaban amplis ni jacks o que ni siquiera
sabían afinar; aceptar un día sí y al otro también que tocaran más grupos de los
estipulados, grupos que a los mejor no había Ân tocado nunca en público y que no
sabían lo que era una caja de línea. Y si los técnicos protestaban, eran unos capitalistas y
unos pringaos que no se enrollaban con la baska (aunque, por el contrario, su tolerancia
permitió que muchos grupos espontáneos saltasen por primera vez al ruedo)é En
resumidas cuentas, la lista de agravios de los equipos de iluminación y sonido llenaría
un libro entero. No obstante, con los años fueron variando mucho las cosas. El técnico
conquistó su espacio, peleó por sus reivindicaciones, se metió en créditos hasta las
cejas, se profesionalizó y se constituyó en empresa. Muchísimos festivales y conciertos
jamás podrían haberse realizado sin la labor ingrata y peor considerada de estos
técnicos.
Sin olvidar todo lo dicho anteriormente, también el público -y los músicos- tienen su
espina técnica clavada en los más profundo del oído interno, porque, parafraseando a
Roberto Iniesta-Extremoduro, el exceso de watios no susti Ôtuye la calidad del sonido.
Y existe una tendencia creciente entre los técnicos a sobredimensionar las
sonorizaciones, metiendo muchos más decibelios y efectos de los necesarios. En cierta
ocasión, un grupo alemán de hardcore actuó en el gaztetxe de Vitoria; previamente, se
dieron una vuelta por el Casco viejo. Lo que más les sorprendió fue lo altísima que
estaba la música en todos los bares, a unas horas tan inofensivas como las doce o la una
del mediodía; bares llenos de viejos y de niños, y con bafles escupiendo rock cañero a
toda pastilla. Lo cual quizá quería decir que no sólo los técnicos de sonido habían
perdido la agudeza auditiva sino también el resto de la población. Jonathan Richman,
ese dulce rockero que batió el record de actuaciones en la sala The End de Gasteiz, lo
había visto muy claro: comprobó que la música muy alta asustaba a los niños, así que
decidió prescindir de las grandes amplificaciones a que estaba acostumbrado cuando
tocaba con los primer ços Modern Lovers. Poco a poco, fue prescindiendo de más y
más decibelios, hasta llegar a actuar prácticamente a pelo, acompañado de una vieja
guitarra semiacústica, del taconeo de sus botas y de los coros de una siempre entregada
audiencia.
Sí, Jonathan Richman hizo tres o cuatro memorables conciertos en The End, esa sala
gasteiztarra de nombre mítico que había acercado a Euskadi a la flor y nata de las
bandas viajeras del rock, músicos veteranos y curtidos que se pateaban Europa y
América dando sudorosos recitales de feeling amargo; poetas norteamericanos del
rock&roll que venden más en el viejo continente que en su propio país, como Elliot
Murphy; grupos británicos de lenta decadencia y mucha solera, como Graham Parker, o
ejemplares descatalogados como Nico. Desgraciadamente, los graves y continuados
problemas con el vecindario obligaron a su dueño -Jose Angel Fuentes- a interrumpir su
prestigiosa programación y trasladarla a otro local: la discoteca Elefante Blanco, por
donde han i ødo pasando en estos últimos años buena parte de la escena independiente
anglosajona y española.
«La banda de rock vasca Negu Gorriak ha sido recientemente demandada por el teniente
coronel de la Guardia Civil Enrique Rodríguez Galindo, debido al contenido de la
canción Ustelkeria (Podredumbre), editada hace dos años en su segundo álbum Gure
Jarrera (Nuestra Actitud). En esta demanda Galindo pide, entre otras medidas, quince
millones de pesetas al grupo y al sello Esan Ozenki Records (editor de dicho álbum) por
daños al honor y difamación del buen nombre». Así comenzaba el comunicado hecho
público por el grupo y el sello de Irún. La canción en cuestión simulaba una
conversación telefónica entre dos componentes del grupo y la transcribimos según
traducción facilitada por El Tubo:
«X- ¡Eh, Kaki! ¿Te has enterado?
K- ¿Qué tripa se te ha roto ahora, que vienes como un terremoto?, estáte tranquilo, tío.
X- ¿No has leído lo que trae el Egunkaria?, ¿lo del teniente coronel Rodríguez Galindo?
K- ¿Quién, el gua krdia civil, uno de los principales responsables del anti-terrorismo?
X- Y además el principal responsable de la podredumbre que te voy a contar ahora.
Sirviéndose de los grupos anti-terroristas, realizaba operaciones de narcotráfico.
K- Entonces, el caso de la desaparición de la coca de Irún en la llamada operación
Bidasoa, estará también relacionado.
X- ¡Pues claro! Hace dos años en mayo, la Guardia Civil pilló una tonelada de coca y en
la comisaría desaparecieron 150 kilos.
K- ¡Vaya jodida mierda! Ya sabes, como unas los intereses políticos y los intereses
económicos, la hemos cagado.
X- ¡Eh, Kaki! ¿Sabes lo que haría yoé legalizar la droga.
K- Bueno, en tiempos de la Ley Seca en América, salieron más mafias que nunca.
X- Muchas más adulteraciones y encima la gente bebió más que nunca.
K- Hombre, si se legalizara, el primer problema estaría solucionado, y no es Ì poco. Ya
no me alucina nada».
En la década anterior, las letras-denuncia del rock radical no llevaban nombre y
apellidos; se referían más genérica y metafísicamente al caos, al miedo, a la represión o
la violencia. Fueron los negros de NYC y LA -desengañados de los sueños de Martin
Luther King y desangrados por las visiones de Malcom X- quienes sacaron
abrumadoramente a la luz los sucesos de su historia local. Era una forma muy explícita
de hablar y políticamente incorrecta, no sólo por las toneladas de tacos por segundo que
contenían estos raps del ghetto. La cosa llegó a tanto que las autoridades competentes
idearon una pegatina para colocarla en aquellos discos cuyas letras fueran demasiado
explícitas, no como una censura -prohibida por la quinta enmienda- sino como una
advertencia a los padres, pues no debemos olvidar que la industria del rock, esa fabulosa
mina de oro, está financiada en buena medida por los teenagers -jóvenes de trece a
diecinueve año îs-. La explicitud en los textos también había arribado a las costas del
Cantábrico y ya nadie quería andarse por las ramas. Entretanto, Negu Gorriak había
editado hacía poco su tercer doble álbum y anunciado la realización de una apretada gira
europea para el otoño.
Aquel verano del 93, el grupo que sin duda dejó KO a la baqueteada audiencia local fue
Kojón Prieto y los Huajalotes, desde Pamplona. Eskroto, uno de los dos cantantes de los
iconoclastas Tijuana in Blue, se había olvidado de las cabezas rapadas y del punk, había
pasado una temporadita en México y había vuelto transmutado en un gavilán ferviente
admirador de las rancheras. Tras grabar un tema para la campaña de matriculación de
AEK, la rueda de la fortuna empezó a girar vertiginosamente, Gor se fijó en ellos y en
muy poco tiempo tenían en la calle un disco de lo más rechulo, Napar-Mex. «Sin
desdoro del rock, hay que decir que la música mexicana es algo ya tan nuestro, tan de
nuestro sentir, como pueda serlo la trikitixa, la jota ¼o los gaiteros de Estella»,
proclamaba El Gavilán, desconcertando a más de uno con sus versiones en directo de
María Dolores Pradera. ¿Conque mestizaje, eh? ¡Pues, toma mestizaje y medio!
Y continuemos con otras propuestas que se alejaban del death imperante, del rock
metalizado, thrashcorizado y grindcorizado: Parafunk, una simbiosis bailable de soul,
danz, hip hop, bossa-nova o ¡bolero! Su cabeza visible era Javi (MC Pez), incansable
músico donostiarra que había enriquecido el ambiente desde mediados de los ochenta
con su grupo 23 Ojos de Pez, minimalismo pop, para ir asumiendo con el tiempo las
derivaciones más excitantes de la música negra. «Es un poco como ser un cantautor
moderno, expresas tus ideas utilizando máquinas. Mis canciones se puede decir que son
construcciones, es como montar un puzzle. Para ello me sirvo de pedacitos o fragmentos
de canciones, por ejemplo, de guitarras de Prince o de un clásico, es una especie de
pirateo. Lu çego, las voy uniendo, les añado guitarras propias y bajos, las sampleo, las
mezclo y les doy mi identidad, añadiendo scratches (rozamiento del vinilo con la aguja
en ambas direcciones) o frases enteras que cojo de la radioé »
Y si un poco más arriba hablábamos de Roberto Iniesta-Extremoduro, no podemos
olvidar a los sevillanos Reincidentes, que se acercaron una vez más -a finales del 93-
por Euskadi para presentar su cuarto álbum, editado por Discos Suicidas, sello
especializado en el punk-rock con raíces. Reincidentes habían tocado en más de ¡60
ocasiones! por la zona. «En el 86 u 87 tocó La Polla en Jerez y fue la ostia. Casi hay
heridos. Cargó la policía en la puertaé La primera vez vinimos a Euskadi con nuestros
instrumentos en el autobús. Ibamos a los sitios donde había actuaciones y les pedíamos
a ver si nos dejaban tocar un poco al final. La primera vez fue en el gaztetxe de
Elgoibar. Nos dijeron que sí y tocamos. Luego íbamos a otro sitio, y otro. Volvimos a
hacer una gira de ódiez conciertos en gaztetxes. Luego otra de quince en gaztetxesé Y
a partir de ahí, empezaron a salirnos conciertos por todo Euskadi, y a partir de Euskadi
por todo el resto del Estadoé » Su álbum Sol y Rabia estaba siendo uno de los más
vendidos de la temporada.
Demos paso ahora a una de las polémicas candentes en el rock vasco de los ultimísimos
años: ¿Inglés o castellano? Jabo Usher exponía sus argumentos a finales del 93 en ELT
con un enjundioso artículo titulado WhatÕs wrong with you? que decía, entre otras
cosas, las siguientes: «El lenguaje es la casa del ser (Heidegger). ƒsa es nuestra morada.
Cambiar de idioma no es algo superfluo. El lenguaje hace que la realidad tome forma,
se convierta en mundo, y cada lenguaje lo hace a su manera. Cambiar de lenguaje es
cambiar de mundo. ¿Por qué tantos grupos de la península cantan y editan en inglés
para un público y un mercado castellano parlante? Algunos dicen que no se imaginan la
música que hacen en castellanoé La mayoría son grupos cercanos al ù grunge, noise-
pop, a la Velvet, Sonic Youth, los Fuzztones, Stoogesé asiduos a Radio 3 Pop y también
a nuestro Mamorro. Quizás no den mucha importancia a las letras. Quizás den por
sentado que todos dominamos el inglés, o quizás sólo se dirijan a aquellos que hablan
en inglés. Para preguntar la hora no hace falta mucho conocimiento del inglés, pero sí
para leer o escuchar un texto y extraer todo su valor, ya sea teatro, novela, poesía o una
canción. Y un mayor dominio aún para escribir y cantar en inglés. Y el artista se debe al
públicoé es imposible una comunicación sin contextos. Y el contexto del inglés no son
Las Ramblas, Vallecas o Barrencalleé Sin contexto, la comunicación queda devaluada,
fallida, no hay connotación, matices en el significado, sentido, no hay riqueza, color,
subjetividad, arteé ¿Vamos a cantar y escribir en inglés mejor que los ingleses? La vida
es corta y es tan inmensa e importante la discografía angloamericana que no hay porqué
detenerse en la música inglesa hecha por grupos × de la penínsulaé »
Tres británicos afincados en Bilbao y un batería de Getxo habían formado The Goon
Squad y cuando el mismo Jabo Usher les preguntaba qué pensaban sobre los grupos
vascos que cantaban en inglés, ellos respondían: «¿Por qué cantar en inglés si eres
español o vasco? Usad vuestro propio idioma. Nos parece que está especialmente mal
porque en muchas canciones las letras no tienen sentido y el acento es horrible. No
hablamos euskera pero su fonética se presta a la agresividad del rock. Preferimos a los
grupos que mezclan su propia cultura con el rock, porque es original y no sólo una copia
de una cultura de la que no forman parte». Belén Mijangos, directora de El Tubo,
utilizaba palabras más gruesas: é«Infantilismo, moda, falta de madurez o, peor, de
incapacidad e ignorancia de nuestra propia lengua. Ya sé que por esto me he ganado el
mayor abucheo de la historia pero no me importa. A mí me parecería bastante ridículo o
snob ver a un grupo local africano c èantando en castellano para sus paisas».
Al margen de esta polémica pero teniendo mucho que ver con ella, Javier Delgado
pensaba en voz alta a través de Bat Bi Hiru: «En general, los grupos de los 40
Principales hacen canciones, pero canciones insulsas que nada aportan. Los alternativos
componen matemáticamente, buscando premeditadamente sorprender, ser originales;
muchos cambios, parones, cortesé el resultado: raro, muy raro. Y mira que lo raro es un
ingrediente de la receta de lo bello (Baudelaire). Las flores raras siempre son las más
fascinantes. Pero si exageramos un elemento del plato, ya no está en su punto y se echa
a perder. Los temas son tan extraños que ya no parecen canciones, quizá no lo sean. No
te dejan coger el ritmo, ni que el ritmo te pille a ti. Las formas musicales se rompen a
capricho y creo que nos estamos saliendo del rocké Parece que ya nadie oye las musas
de la inspiración romántica, el duendeé No sabemos escuchar y componemos
cerebralmenteé ¿hacemos psicodelia- îgrunge? ¿hacemos punk de Detroit? ¿hacemos el
tonto? Nos salimos de la senda del rock, falta de autenticidad, de corazón, canciones
rotas, partidas, esquizofrénicasé La pregunta (filosófica) sería ¿qué es el rock
esencialmente?é Podríamos aventurar una definición: el rock&roll es la música tribal,
primitiva, en las sociedades desarrolladas; la rebeldía y las ganas de vivir en un mundo
de plásticoé Me temo que el rock&roll se muere, pero mientras funcione el negocio le
prolongarán la vida artificialmenteé»
1993 acabó con una malísima noticia de alcance internacional: la muerte de Frank
Zappa, que había sido el músico-tábano del sueño americano desde finales de los
cincuenta; enamorado del blues, de los grupos vocales negros, de la música clásica
contemporánea, Zappa fue también un pionero de los estudios de grabación, productor
atípico, letrista sulfuroso, compositor prolífico, catalizador de mil y una movidas,
patrocinador de excelentes músicos como Captain Beefheart, Adrian Belew o Tim Buck
¸ley. Más de treinta años al pie del cañón, facturando música libre. ƒse fue el legado de
este californiano vital y emprendedor, la quintaesencia de la independencia artística.
Una de las novedades de la escena rockera vasca de principios del 94 fueé un libro. Se
llamó Hertzainak: La Confesión Radical, y tuvo la virtud de ser el primero en su género.
Se trataba de una biografía oral y coral, una serie de entrevistas en profundidad con los
componentes del grupo, y con todos aquellos -músicos, discográficos, amigos-, que les
rodearon durante los años del RRV: Marino Goñi, Ruper Ordorika, Karra Elejalde,
Santos Iñurrieta, Evaristo, Nacho, El Drogas, Javier Olloki, Ritxi Aizpuru, Julen Arregi,
y un largo etcétera. Reproducimos a continuación unos cuantos fragmentos relativos al
nacimiento de Hertzainak, su período menos conocido. «La idea de Hertzainak es una
idea de Gamma y mía [Josu Zabala] conectada con el rollo del Punk y conectada con el
ürollo de que nosotros somos militantes revolucionarios de este país. Sabemos que la
música no va a hacer la revolución -ni falta que hace- pero nos gusta mucho y
descubrimos que en Inglaterra hay unos tíos que dicen God saves the queen, cantan unas
barbaridades de la hostia y además lo hacen con tres acordes. Así que nos planteamos
seriamente que en este país no hay nadie que se meta con la baska de aquí. Parece que
los vascos no vamos a decir jamás un juramento. Estamos hasta los cojones de que
digan que en euskera no hay tacos. Ves que aquí nadie está golpeando ni removiendo
este país ni dando por culo a nadie. Musicalmente, aquí tienes entonces al Lertxundi y
letras borrokas pero políticas. Nosotros queríamos pasar de ese rollo totalmente, es
decir, que la música y tu actitud de vida fueran más o menos la misma cosa. Nos
planteamos que había que hacer un grupo de rock en euskera, para pasarnos todo lo que
nos diera la gana, y para dedicarle las canciones a nuestros paisanos; aquí también hay
una buena ^pandilla de garrulos para hacer unas canciones cojonudas, contar historias
reales como la vida misma, y de paso cuentas tu vidaé Lo que queríamos era una
auténtica cuadrilla de balas perdidas, que hiciera canciones en serio, canciones muy
serias con letras muy serias y muy meditadas, y muy ceñidas a la realidad de la época».
El segundo testimonio entresacado del libro La Confesión Radical corresponde a
Roberto Moso y se refiere a su primer encuentro con Gamma. «Cuando Zarama daba
sus primeros incipientes pasitos, con mucha más ilusión que medios, en los primeros
ochenta, llegaron hasta mis oídos las primeras noticias sobre una banda de Gasteiz que
también trataba de fundir las últimas tendencias rockeras con el euskera y nuestra
intrincada problemática. Fue al final de un concierto en Algorta, en las campas de
Aixerrota. Habíamos tocado a las siete ü de la mañana, sacando de los sacos de dormir
a los supervivientes de una noche antinuclear, con los Leño y The Beat como máximas
atracciones. Nosotros estábamos convencidos de que habíamos hecho el puto ridículo,
pero inexplicablemente se nos fueron acercando desconocidos con cara de alucinados a
darnos la enhorabuena, y, la verdad, no estábamos muy seguros de que fueran sinceros.
Uno de ellos me llamó especialmente la atención. Me hablaba en euskera con
vehemencia, y yo tuve que poner firmes a mis agotadas neuronas para poder expresarme
en mi incipiente bigarren maila. Tenía gafitas redondas, chupa rokera -cuando no la
llevaba casi nadie- y una chapita de Euskal herrian euskaraz. Me dijo que hacía artículos
en Argia y que cantaba en una banda de la que oiría hablar».
En último lugar -last but not least- escuchemos los recuerdos de Ruper Ordorika. «Yo
conocía de muy antiguo a Xabier Montoia, Gamma, que fue compañero mío en el
colegio, y no sólo compañero sino amigo también, nos veíamos mucho. Conocía ta
ãmbién a Josu de antiguo, y también a Txanpi porque él empezó a tocar la batería en
Oñate en una época en que yo vivía allá, y yo creo que con Enrique también había
estado alguna vez. Pero conocía mucho más a Josu; de vista creo que le conocía de toda
la vida porque yo me vine a Vitoria con doce años, y tampoco andábamos en círculos
muy lejanos. Y un día me acuerdo que fui a comprar un disco, en Navidades o algo así
-esto sería el 78 ó el 79- y me encontré con Josu, que estaba comprando música de rock.
Me quedé con eso porque yo andaba buscando un acordeonista para tocar en un
contexto eléctrico y, después de un par de pruebas con diferente gente, no había manera
de compenetrar a esa gente, porque el mundo del acordeón entonces estaba totalmente
alejado de eso. Y ya, cuando comprobé que no cuajaba el segundo intento con otro
acordeonista, que tenía mucho nivel pero no comprendía la jugada, pensé para mí:
«pues, si Josu toca el acordeón y escucha esta onda, voy a ver». Y, bueno, fu Õe una
cosa instantánea».
El primer álbum de Hertzainak, publicado por Soñua en 1984, se encuentra sin duda
entre los cinco mejores discos del rock vasco. El libro hizo recordar aquellos comienzos
veloces y oscuros del grupo llenos de convicción, de fuerza, de desplante, de insólitas
letras cargadas de significado, de nuevos acentos, de actitudes recién estrenadas; sasoi
ilun hoietan, tiempos en los que el ritmo de la vida lo marcaba el rock&roll; un ritmo
orgulloso, desafiante, combativo, pleno de energía, de lúcidos pensamientos, de negras
visiones existenciales, de sucesos históricos ensangrentados, de bailes exultantes, de
otras dimensiones, de controles policiales, de desprecios, de clanes, de conciertos en El
Autódromoé
Esos momentos superlativos no siempre acontecen en las primeras fases de formación
de una banda; generalmente, y por lógica, los grupos se van superando año tras año,
disco a disco; pero a veces sucede lo imprevisto, un fogonazo deslumbrante de t
Åalento y oportunidad, un derroche de la razón y de los sentidos, una intuición certera,
original, sorprendente. Hertzainak creó una nueva alternativa sonora, abrieron un
camino que decenas de grupos recorren hoy sin pagar peaje porque lo que se da no se
quita.
Tras la disolución, el primero que se puso en marcha fue Josu Zabala, que se dedicó al
estudio de las nuevas tecnologías aplicadas a la música y que montó con la ayuda del
batería de Potato un pequeño estudio -el estudiete Matxinbarrena- donde grabaron
maketas varios grupos. «Cuando Hertzainak terminó, yo no tenía ningún proyecto de
montar un estudio, lo que ocurre es que te quedan del ajuar cosas que son
aprovechables. Del grupo me quedó una grabadora ocho pistas, por ejemplo -declaraba
Zabala a La Cazuela de Vitoria- Ozaeta hace de técnico de grabación, que es una cosa
en la que yo estoy muchísimo más verde que él, y yo aporto el local; y las máquinas,
entre los dos. El estudio cuenta con una ® ocho pistas, sincronizada con un ordenador
Atari, que nos permite grabar en el ordenador todos los instrumentos que sean MIDI y
disponer de siete pistas analógicas además. Lo cual creo que es más que suficiente para
grabar a grupos de rock normales. Estamos muy satisfechos de los trabajos que hemos
hecho hasta ahora. El primero fue, en febrero, la maketa de Contrabanda, que hicimos
con mucho cariño, metimos muchas horas, dedicamos mucho tiempo. Nosotros
necesitábamos rodar y nos lo tomamos muy en serio. Creo que ha salido bastante bien.
No hemos hecho ningún tipo de publicidad. Mi proyecto tampoco es que haya aquí
gente continuamente grabando, convertir el estudio en un negocio. La idea con la que
yo hice la historia era poder disponer de un localillo, donde yo me pueda manejar todas
mis máquinas y donde pueda trabajar. Han salido estas cosas y, desde luego, han salido
bastantes más de las que pensábamos. El segundo trabajo que ¥ hicimos fue grabar
cuatro canciones con Anticuerpos. Luego, hemos hecho otra maketa con Bokanada, y
actualmente estamos ultimando otra maketa con los Kontrairo. Y además estoy
intentando acabar el proyecto de Unai Iturriaga e Igor Elortza, que son dos bertsolaris
jóvenes. Hay un boom en el Bertsolarismo bastante fuerte, han aparecido los chavales,
que están siendo un fenómeno ahora mismo. Antes, normalmente, el bertsolari que salía
a la plaza era una persona de cierta edad, es decir, de jovencito jovencito no se salía a la
plaza, pero éstos han empezado a salir y, por ejemplo, Unai ha quedado cuarto en el
Campeonato de Euskadi, que será seguramente la clasificación más alta conseguida por
una persona de su edad en la historia. Lo que hemos hecho ha sido preparar una serie de
versos nuevos con músicas mías; también hay temas ajenos, como uno popular escocés,
que cuenta la historia de unos jornaleros que decidieron dejar Ò de pagar los impuestos
a los Lores, y cultivar la tierra en común por su cuenta, y de cómo los Lores se los
cargaron. Como grupo de acompañamiento hemos contado con la ayuda de gente de
Ochandiano, gente de Dardaraz (dos de Otxandio, uno de Urbina y otro de Galdácano).
Ellos me han ayudado mucho montando el estudio. ¿Que si me pica el gusanillo de
saltar de nuevo al ruedo musical? Volver a las andadas de estar peleando en la arena del
rock de forma profesional, buscándote las alubias en este país tan suyo, donde cualquier
cosa que haces parece significativa para lo que menos te imaginas, no, ese tipo de rollo
no me apetece nada». De este trabajo surgiría el grupo 7 Eskale.
Los Kontrairo a los que aludía Josu Zabala se llamaban en realidad Trikitixa Kontrairo
Taldea&The Big Band (Probisionala) y se habían formado durante el verano del 93. La
librería Zuloa de Gasteiz, que ya había organizado algunos conciertos de rock, se
estrenó como productora de maketas con est ¡a formación que prometía ser una de las
sensaciones del verano en Euskadi, por su recuperación de los sonidos tradicionales
vascos (alboka, trikitixa, pandero) desde una óptica ecléctica, en la que se mezclaban
versiones de temas populares y de cantautores, incluyendo una canción cubana, una
muñeira, y canciones propias a ritmo skatalítico o rockero.
Diversos grupos de las mismas características surgieron en otros lugares de Euskadi.
Estas formaciones no se acercaban a la tradición con el fervor casi religioso que
utilizaron sus hermanos mayores en los lejanos 60-70. Ahora no se tendía a la
ruralización de la música sino al contrario: a la urbanización y rockerización de los
sonidos e instrumentos folklóricos. La pugna consiguiente entre conservadores y
renovadores del género de la triki no fue sino la inevitable tensión entre lo que se va y
lo que viene. Las nuevas generaciones hablaban de Los Lobos, Flaco Jiménez, el tex-
mex, el cajun y el zydec äo, e insistían además en acompañarse de bajos y baterías,
como verdaderas bandas de rock de romería equivalentes al country de USA. Esta
renovación de la triki le iba a venir maravillosamente al rock vasco.
Abril de 1994 fue un mes sombrío para el rock. «La mala suerte acompaña a los seres
vivos, a unos más que a otros. Puede hacerte sombra en mil detalles de esta difícil
existencia. Pero hay quien tiene incluso mala fortuna a la hora de morir. Y eso le ha
ocurrido a Lee Brilleaux, absoluto líder e hilo conductor de Dr. Feelgood, cuya
desaparición en ese funesto 8 de abril ha quedado absolutamente eclipsada por esa otra
muerte gemela de Kurt Cobain -escribían en ELT Fernando Gegúndez y Felipe López-
Han sido más de 20 años de carrera, al parecer insuficientes para que las nuevas
generaciones grúngicas puedan sentir la misma congoja por esta pérdida irreparableé La
gran muerte de Cobain, cargada de significado por tratarse de una mente tortuosa
incapaz de sobrellevar el éxito y sus ò circunstancias, se enfrenta a un Brilleaux y su
apego a la vida, al disfrute del alcohol por encima de la ruina de la heroína y con una
muerte asquerosamente cotidiana».
Pero, lo quisieran o no los cronistas de El Tubo, Kurt Cobain tenía madera para
convertirse en el mito que el rock de los noventa necesitaba para alimentar su necrofilia.
El grunge, esa forma de vida más que de estilo musical, a la que se le adscribía, no era
sino otra de las tantas rupturas generacionales que habían venido produciéndose desde
la noche de los tiempos. El grunge era algo así como el punk de los noventa pero
reivindicando los años sesenta. Y Kurt Cobain, con su trío Nirvana, había vendido más
de diez millones de discos andrajosos sin siquiera proponérselo. Este chico sensible y
atormentado había sacado al grunge de las cloacas -hecho que no le perdonarían
muchos- y lo había colocado en las listas de éxitos por delante del sempiterno Michael
Jackson. «Me gustaría envejecer como Neil Young, haciendo justo lo que l ¿a gente no
le pide», declaró en una ocasión el rubio de Aberdeen. Fue la histeria de los mass
media, el snobismo de la prensa musical y el borreguismo de la audiencia lo que
provocó este desenlace trágico en una carrera malograda, meteórica y fatal.
Y ya que hemos hablado de Dr. Feelgood no podemos dejar de referirnos a un hombre
que tanto hizo por que el combo británico actuase en Euskadi. ƒl es Javier Mondragón
Hernández. «Comencé hace quince años. El primer concierto que hicimos fue la
Orquesta Mondragón. Luego seguimos con Ñu, Coz, Leño, Asfalto, Bloque, Cucharada.
Todos ellos se hicieron en Mondragón. Comenzamos porque nos gustaba. Al principio
éramos la cuadrilla. Organizábamos verbenas y con lo que sacábamos montábamos los
festivales. También apostábamos por grupos locales como Johnny y los Relámpagos o
Negativo. Más tarde tuvimos una experiencia muy buena con los grupos franceses:
Cargo de Nuit, Alain Giroux, y poco después se pasó a otr ªa etapa más de rock&roll
que es a lo que yo siempre he estado más cercano: Wilko Johnson, Feelgood, Inmates,
Barrence Whitfieldé », enumeraba el promotor guipuzcoano en El Tubo. Con la llegada
del punk y el remolino consiguiente, Jabito Mondragón se convirtió en el suministrador
habitual de discotecas recicladas en salas: The End (Vitoria), Ilargi (Lakuntza), Txibisto
(Bergara), Txitxarro (Itziar) y otras como Capital, Erne, Garés, Jazzberri, Reverendos o
El Elefante Blanco.
En otra discoteca de Vitoria, La Isla, actuó Ruper Ordorika a finales de la primavera del
94, en un concierto organizado por IKA. Ruper no paraba. Además de contar con una
nueva reencarnación de sus Mugalaris, había formado un trío singular, Hiru Truku, con
Joseba Tapia (trikitixa) y Bixente Martínez (mandolina y buzuki), y había estado en
Madrid y Granada acompañando con la guitarra a Bernardo Atxaga en dos lecturas
poéticas. «Nunca he sentido que haya Ÿuna contradicción entre tocar eléctrico o
acústico. Nunca toqué en grupos hasta grabar el primer disco; tocaba en mi casa,
ocasionalmente para los amigos, así que, como es normal, desarrollé algo que pudiera
funcionar tocando solo, con la guitarra acústica; además, estaba muy interesado en los
textos, y, con el tiempo, voy descubriendo que me gusta mucho la canción como género
en sí. Pero yo seguía escuchando mucho rock y blues. En aquel tiempo estuve viviendo
en Inglaterra un año, y vi muchas cosas que cambiaron totalmente mi cabeza, descubrí
el circuito de Folk, tuve la suerte de ver a grupos extraordinarios, como lo que quedó de
la Incredible String Band, cada jueves veía a Doctor Feelgood. Hoy mismo me sigue
gustando oír canción tradicional de diferentes países; es como una fuente de
información. Por otra parte, estuve fuera seis meses en Estados Unidos, lo cual fue muy
fuerte para mí desde el punto de vista m öusical: allí me aficioné a un tipo de nueva
sonoridad que tuve la oportunidad de ver mucho en Nueva York, que es lo que llaman
músicos de improvisación, y, de entre ellos, Bill Frisell, que estuvo el año pasado aquí
en el Festival de Jazz. Tuve la suerte de hacer un poco de anfitrión con él, y mi
admiración hacia él se acrecentó. Al volver de América, surgió la oportunidad de volver
a tocar con çngel Celada, quien ya tocó en mi primer disco y con el que comparto local
de ensayo. Así que hicimos un nuevo grupo, en el que estamos Gereñu (bajo), çngel
(batería), Nando (teclados) y yo. Hay mucho camino recorrido entre nosotros porque
nos conocemos muy bien y hemos tocado mucho juntos. ¿Por qué no incluyo otro
guitarra en estos nuevos Mugalaris?, bueno, son épocas, antes estaba Javi Antoñana,
con el que llegamos a hacer cosas súper bien, pero cambiamos; yo soy un loco de la
guitarra, me gusta mucho algo que no escucho por aquí. Me gustan mucho los silencios
que hay ahora, es otro ambiente. Creo que Ez Da ü Posible fue un disco directo, con
una formación muy todo terreno y muy sólida. Ahora hacemos algo que da más sitio al
texto, es otro tempo el que seguimos. Tengo ganas de hacer algo con más balance, no
tan rotundo todo el rato. Tengo ganas de volver a hacer cosas muy lentas. Paralelamente
también había decidido una cosa en América: hacer un grupo -que estamos ahora
rodando-, que se llama Hiru Truku, con el que hago exclusivamente canción narrativa y
en dialecto vizcaíno. Es algo muy básico, tiene mucho que ver con la sencillez, y lo
sencillo es realmente difícil. Nuestra idea es hacer un primer disco con baladas, y un
segundo disco con canciones líricas, coplas; de algún modo es una línea que ha quedado
oculta tras el bertsolarismo, y que en la mayoría de los casos se está perdiendo o se ha
perdido; podríamos decir que es el paralelo al Romancero, y es un material muy bonito.
Hace poco hemos estado en Barcelona tocando, y te metes en una tienda, y el único
disco mío que ves es el Ez Da Posible, que editó ý el sello madrileño Gasa. Es una
limitación enorme. Yo valoro muchísimo la oportunidad de ser distribuido fuera.
Siempre he echado en falta una iniciativa fuerte desde aquí en ese sentido. En general,
el interés por algo hecho en euskera no pasa de ser anecdótico. Sigo teniendo muy
buenas relaciones con Gasa, que ahora forma parte de WEA, y no creo en absoluto que
fuera un traspiés haber grabado allí el cuarto disco, pero ahora las circunstancias y las
condiciones son diferentes. Sin embargo, estoy dispuesto a intentar la aventura de fuera
porque lo que tengo aquí ya lo sé; además, está prácticamente cerca de ser un deber para
mí intentar buscar otros caminos. Supongo que todo esto que estamos hablando trae un
muchito de crítica a cosas que pasan aquí en el mundo editorial con respecto a lo que se
hace en euskera, pero tampoco es ésa mi intención porque creo que aquí se trabaja muy
bien a un determinado nivel».
El 7 de julio moría Paquito, bajista de los Cicatriz. La comisión anti-sida de çlava
organizó un Ý concierto el 30 de septiembre en el barrio de Adurza, en Vitoria. «Yo
estaba desquiciado, amargado de la vida, llevaba un año y pico sin poder moverme, con
el hígado mal, y oí comentarios de que se iba a hacer un homenaje a Pakito, y dije: no se
puede hacer un homenaje a Pakito sin los Cica -comentaba Nacho a Eguzki Irratia-
Hablé con Pedrito y le dije de tocar unos temas; al principio no estaba nada claro quién
iba a ser el bajista, Pedrito me dijo que la Mamen, luego pensé en Dieguillo porque
siempre ha estado ligado a la historia de Cicatriz; el batería se suponía que iba a ser el
Pedro pero se puso malo y tuve que recurrir a Pedro de Rock Dam». Las cosas no le
habían ido nada bien a Cicatriz desde los tiempos eufóricos pero engañosos del
segundo álbum 4 años, 2 meses y 1 día: «Había comprado una autocaravana para ir de
gira, que era mi sueñoé pero estaba soñando, no veía la desorganización que llevaba, no
veía que era imposible llevar un grupo con un cantante como yo, Øasí de claroé caí
enfermo. Empecé a ir al médico, las defensas me bajaron mogollón, nunca me había
preocupado por el tema del sida y todo esoé y me tocó pasar el rollo de que lo tienes, lo
tienesé Fueron tiempos súper malos, yo ya no pensaba en Cicatriz ni en nada. En medio
de esto, pillamos un manager de Barcelona, y con ése hicimos algunas actuaciones
presentando el 4, 2,1, y bueno, en varias de ellas cobró un kilo y a nosotros nos daba
medio», relataba Nacho en El Tubo de junio del 95.
Luego, Cicatriz vio la oportunidad de grabar un tercer disco que se llamaría Colgado
por ti. «Eso es un tema muy largo y muy triste para mí porque, bueno, para empezar, yo
no quería cantar ese disco, no quería saber nada de Cicatriz, y les dije que no quería
grabar el disco, y ellos cogieron y se metieron al estudio. El caso es que vinieron con la
música grabada, me la pusieron en mi casa y, claro, yo no me pude resistir a no cantar
ese disco; lo tuve que hacer, tuve que renunciar a t ‘odo, agachar la cabeza, me pegó el
Pedro una reprimenda de la hostia, igual tuvo razón en todo lo que me dijo; me eché
para atrás y bajé la cabeza, fui humilde con el grupo, porque pensé que a lo mejor se me
estaba subiendo mucho todo a la cabeza. Lo que pasa es que también hubo mucho
desmadre por mi parte. Y, bueno, el caso es que grabamos ese disco; lo grabamos a
medio hacer, a todo correr, haciendo improvisaciones allí mismo en el estudio como
Vicio En El Servicio. Y la de Pacto Con El Diablo, ésa la trajo Pakito y le metí yo el
rap, ésa es la última canción que hizo Pakito que es muy buena, suena americano. El
caso es que estuvo colgado el master en IZ, que yo fui tonto: tenía que haberlo
comprado, haber pagado yo los dos millones de pesetas que debía el sello que nos iba a
editar y haberme quedado con ese master. Al final, el sello compró el master y
rápidamente sacaron una edición, recuperaron ¾a todo correr el dinero, cubrieron
gastos y el caso es que se han quedado con el master, con el disco, no nos han dado
nada, no hemos firmado nada, no sé qué voy a hacer con ellos».
En aquel concierto homenaje a Paquito actuaron Eskorbuto, MCD, RIP, Cicatriz y
también Josu y Gari, ex-Hertzainak. Fue un festival al aire libre de una noche de finales
de verano. Definitivamente, una época quedaba atrás; parecía imposible que hubiera
llegado el momento agridulce de la nostalgia de la baska, de los más duros y peleones,
de los puntiagudos y acrestados; pero sí, ahí estaba ese sentimiento, sobre el escenario y
entre la gente del público. Aquellos jóvenes de principios de los ochenta ya no lo eran
tanto a mediados de los noventa. Habían tenido que transitar a oscuras por el valle de las
sombras, donde quedaron tendidos prematuramente muchos de ellos, víctimas de otra de
las crueles pestes que han asolado a la humanidad periódicamente. Una peste aún má âs
terrible que otras porque se estaba cebando en los más jóvenes. Una enfermedad que
estigmatizaba mucho más que el cáncer o incluso la lepra, y cuyo contagio por vía
venérea había dado al traste con las conquistas que en materia de libertad sexual se
habían alcanzado. El sida se ensañó con los jóvenes de la transición.
Por todo eso, aquel festival de homenaje a Paquito-Cicatriz supuso el epitafio para todos
aquellos que ya no tendrían futuro y para los que lo estaban perdiendo a marchas
forzadas. Los hospitales se llenaban de jóvenes agonizantes a quienes a veces nadie iba
a ver; se creaba una sensibilidad especial entre los familiares y amigos de los afectados,
vínculos inimaginables. Todo el mundo conocía a alguien que había muerto de sida,
una enfermedad que se veía en la cara, que iba pregonando un final inminente, uno, dos,
tres lentos años. Los valores morales dieron un vuelco entre muchos jóvenes que jamás
pudieron sospechar las terribles experiencias por las que la vida Æ les haría pasar.
Como testimonio de aquella reunión en Vitoria, se editó un cd en directo de RIP.
«Nadie como los RIP para revivir el caótico inicio de los ochenta. Cuando una vez más
la mentira violó a la esperanza, los RIP se iniciaron en el nihilismo -escribe en El Tubo
Josu Arteaga, uno de los mejores cronistas que ha tenido la revista- Vivieron
intensamente el punk. En sus venas galopó un caballo de nombre Odio, vencedor por
dos cuerpos frente a No Hay Futuro. En sus huesos está escrita la historia del rock
vasco. En sus caras la idea de que lo hicieron porque lo sentían. Ellos nos dijeron que
todo era mentira, si no lo escuchaste no será porque Mahoma economizase en cuerdas
vocales. Nadie como Txerra, Yul, Portu y Carlos para expresar nuestro amor hacia la
Parca».
En principio, también Cicatriz iba a sacar un cd del concierto de Vitoria, pero Nacho
desistió del proyecto ante las malas lenguas que le acusaban de querer rentabilizar el
festival. « çAsí que organizamos el concierto de Lakuntzaé Yo ya no me acordaba de
Cicatriz, nadie se acordaba de Cicatriz, pero ese concierto provocó en mí el ver que
podía volver, me dije: qué pasa, estamos vivos todavía, sí podemos seguir. Ahora
estamos con este disco en directo y encima tengo un grupo de músicos dispuestos a
tocar en Cicatriz; y de la marcha de Pedro Cica, ¿qué te voy a decir?, él hacía las
canciones cuando Pepín, y los arreglos cuando entró Goar, él ponía el estilo; yo, la
imagen; él era el alma mater de Cicatriz pero decidió marcharse».
En Bilbao, recibían su confirmación Ama Say con un álbum editado por Esan Ozenki
que rezumaba frescura y originalidad. Cantaban en euskanglish y practicaban un rock de
ultimísima generación. «Por un lado reivindicamos que no queda tan mal la mezcla, con
lo cual queda claro que el euskera es un idioma adaptable a cualquier tipo de música, y
ante la tendencia que existe de que lo moderno es en inglés, nosotros demostramos que
ese tipo de músi âca se puede euskaldunizar y también puede ser esencia de la cultura
vasca», le contaban a Roberto Moso en ELT. Las canciones de Ama Say estaban
plagadas de referencias que se salían de lo habitual: hablaban de esa mágica película
canadiense llamada Leolo o del protagonista del libro de culto El Guardián entre el
centeno. «Hay grupos con objetivos raros en la cabeza, que se plantean lo de la música
para ser profesionales y luego se frustran. Nosotros reivindicamos como meta tocar en
garitos con otros grupos como nosotros».
Muy pocos meses después de la muerte de dos de sus componentes, Eskorbuto volvió
inesperadamente con un nuevo disco. «Cuando murió Josu, Juanma y yo seguimos
-declaró Paco, batería, único superviviente del trío inicial- El primer tema que hicimos
fue Akí no keda ni dios, a los ocho días de morir Josu. Después, seguimos haciendo
canciones. El disco estaba hecho antes de morir Juanma, estábamos puliéndolo cuando
murió. Para mí es tan Eskorbuto o más que todos los ñanterioresé No ha sido nada fácil
el camino recorrido hasta aquí. Eskorbuto no es ese grupo de música que algunos tienen
en mente, es otra cosa diferente, no confundas a Eskorbuto con cualquier otro grupo del
planeta».
En 1995 se produjo el regreso de JC Pérez (Itoiz); esta vez no como productor o
realizador de bandas sonoras para programas televisivos. Su álbum Atlantic River
supuso la continuación de la estela personal e intransferible de veinte años de travesía
musical surcando estilos y tendencias y permaneciendo siempre igual a sí mismo. «Los
amigos siempre me animan a que sea el número uno. Ellos piensan que lo merezco y me
meten caña, pero cada uno es como es. A mí me encanta hacer canciones y que le
gusten a la gente, pero sin empujar demasiado -le contaba a Roberto Moso en El Tubo-
Un día vienen y te dicen que EH Sukarra o un grupo catalán te versionean el Lau teilatu,
y eso te satisface».
También regresaron a la actualidad MCD de Bilbao, no sólo por la publicación de un
nuevo disco s Mino por la inclusión de varios temas en la banda sonora de Historias del
Kronen de Montxo Armendariz, en la que participaba también El Inquilino Comunista,
una de las bandas más populares de la onda indie, y que había participado en la banda
sonora de Salto al vacío, el debut de un prometedor realizador vasco llamado Daniel
Calparsoro. La otra novedad cinematográfica estaba protagonizada por Negu Gorriak,
que participaron en la banda sonora de El día de la bestia de Alex de la Iglesia, junto a
Def Con Dos, Extremoduro+Albert Pla, Antón Reixa, Siniestro Total, Pleasure Fuckers
y otros.
El Inquilino Comunista era mucho más que un nombre desconcertante para un grupo de
rock vasco que cantaba en inglés. ¡En 1983 les habrían apedreado! Pero ahora
pertenecían a la vanguardia musical, sólo había que tomarse la molestia de escucharles y
co ãmprobar que no les faltaban ideas ni ganas de llevarlas a la práctica. ¿Cuál era su
estilo? ¡Buff! Un poco de aquí y otro de allá, así de simple. Manejando inteligentemente
la distorsión, se internaban en la galaxia de nuevas melodías subliminales.
Las novedades proliferaban inagotablemente. Un nuevo sello afincado en Donosti
-Cybertrack, de Josean e Iñaki Garrido- publicó el compacto Ipar-Rock, con los grupos
Euripean Sua, Bat Bitten, Burlesk y Sugoi, en el más puro estilo de rock hiper-
endurecido, tan del gusto del momento.
Soziedad Alkohólika de Vitoria -que llevaban vendidas más de veinte mil copias de su
segundo álbum- se autoeditaba el primer lp y el video Kontzertua gaztetxean en su sello
Mil A Gritos. «Se podría decir que este video es un repaso a nuestro repertorio con
imágenes y movidillas. No hemos pensado en teles ni nada, es sólo para que la gente lo
vea, lo escuche y lo pueda disfrutar barato, eso sí, porque hay por ahí videos de
conciertos nuestros piratas, cutres, »grabados con una cámara casera, que están hecho
sin nuestro permiso y que son una verdadera estafaé El video es un homenaje, a nuestra
manera, a todos los gaztetxes, gazte asambladas, fanzines, radios libres y gente que ha
llenado y ha dado vida a estos locales, apoyando el movimiento alternativo», agradecía
el quinteto vitoriano en una entrevista firmada por Belén Mijangos y de la que no nos
resistimos a reproducir el siguiente pasaje:
«-Habladnos del mercado. ¿Creéis que ahora predomina la mentalidad mercantil sobre
la ideológica, o no? ¿Se ha apoderado un poco el negocio de las utopías de los jóvenes,
de la conciencia, o creéis que las nuevas generaciones siguen siendo tan peleonas y
consecuentes como antes? ¿Hay más mamoneo que autenticidad, o a la inversa?
-¡¡Joder con la preguntita!! Pues no sabemos, no manejamos estudios sociológicos. No
se puede generalizar. Creemos que sigue habiendo de todo, sigue habiendo gente que da
el callo. Todos los insum ±isos están demostrando que tienen razón al luchar por un
mundo desmilitarizado, y valor al enfrentarse a condenas de cárcelé »
Soziedad Alkohólika se habían convertido en un inmejorable ejemplo a seguir por
muchos grupos alternativos que apreciaban su lucidez, su coherencia, su independencia
y sus cifras de venta, además, claro está, de sus meteóricas canciones-cometas, que se
habían hecho populares de Cádiz a Tarragona pasando por Cáceres, Móstoles o
Zaragoza. En cualquier mercadillo veraniego del congestionado litoral levantino podías
encontrarte con camisetas del quinteto. Poseían esa impronta de caballos salvajes, de
cimarrones, de gente libre, abierta y crítica, con una injusta fama, por otra parte, de
esquivos con los medios de comunicación. SA hacía recordar a grupos como
Extremoduro, alternativos pero muy populares, con ventas importantes, y constantes
problemas con sus casas de discos o con sus apuestas por los sellos pequ Ùeños o la
autogestión.
Fue tan estrecha la relación de Roberto Iniesta-Extremoduro con algunos grupos
locales, que formó una superbanda -La Pedrá- con Iñaki Platero y Tú, Selu ex-
Reincidentes, Gary Quattro Clavos y Dieguillo Quemando Ruedas; una reunión de
mentes afines, de personalidades fuertes, con un prestigio reconocido de rockeros
peleones e impenitentes. De aquella unión sólo podía salir una enorme pedrada de
rock&roll lleno de raíces y sarmientos. La pedrada salió publicada en DRO y -por
razones comerciales- bajo el nombre de Extremoduro.
Manu Chao fue otro de los músicos de fuera que estableció profundas conexiones con el
País Vasco. Sus introductores habían sido Fermín Muguruza y Negu Gorriak. Manu
Chao era hijo del periodista gallego Ramón Chao, afincado en Francia desde hacía
treinta años, corresponsal de Triunfo, responsable de las emisiones en castellano de
Radio France Internacional, crítico literario en Le Mondeé y padre del cantante de Mano
Negra, una ba õnda ácrata, inspiradísima, sin complejos, que desmenuzaba el rock para
elaborar una música tan universal como de barrio, cosmopolita y campesina; una música
urgente, de tambores selváticos y rap neoyorquino; contrastes, vitalidad a raudales y
mucha agudeza mental y mucho corazón. «En el primer disco das la vida, en el
segundo, lo que te queda de vida, para el tercero te queda el hotel. No has vivido,
nosotros hemos decidido que no valía la pena», aseguraba Manu Chao, un soñador con
los pies en la tierra, que sabía muy bien lo que se decía porque la ascensión fulgurante a
la fama de Mano Negra había estado a punto de acabar con el sistema nervioso de toda
la formación; cambios, giras extensísimas, responsabilidades familiares. A cambio, su
fama les había dado suculentas ventas, que les permitían actuar cuando y donde
quisiesen, con llenos asegurados.
En una onda más minoritaria pero igualmente válida, Big Crunch, reputados músicos de
la escena guipuzcoana, daban a conocer sus propuestas y su visión ûgrunge del rock.
«Llevamos el tiempo suficiente en esta movida para saber que el rock sigue siendo tan
clasista como antes -le manifestaban a Andrés de la Mar en El Tubo- Por más etiquetas
que le quieras poner, al final sólo queda una minoría privilegiada de grupos
profesionales y una minoría de aficionados a los que cuesta dinero de su bolsillo seguir
adelante. También se comprende que las revistas tengan que poner nuevos nombres a
las cosas para seguir subsistiendo. ¿O es que acaso existen canales o una infraestructura
mínima para dar salida a tanto grupo? No creo que se pueda hablar con propiedad de
una escena indie capaz de cambiar tan inamovible sistema».
Se había perdido el entusiasmo, esa ingenuidad de utopías y nuevos horizontes; sin
embargo, no por eso dejaban de nacer bandas un día sí y al otro también. Bandas
surgidas de otras bandas, como Big Crunch (The Covers, Lusty Men) o como Señor No
y Nuevo Catecismo Católico (La Perrera). Y tampoco dejaban de organizarse grandes
festivales como el que þtuvo lugar a mediados de febrero en el frontón de Ermua, con
un cartel electrizante en pro de la insumisión: Martxoak 31+ Estorbais+ Etsaiak+
Exkixu+ EhunKilo+ EHSukarra+ Julio Kageta+ Parabellum+ Flitter+ Baldin Bada.
Escuchemos algunas de las impresiones recogidas por Belén Mijangos en su crónica.
«Una de las sorpresas fueron Etsaiak. La metamorfosis producida en esta banda de un
año para acá les consolida como una de las mejores propuestas en directoé EH Sukarra
quisieron añadir un poco más de magia invitando a escena a Auo-Etsaiak, así como a
Mamen-Anticuerposé Parabellum arrasaron literalmente. No hay duda que su directo no
tiene parangón entre el rockerío cañero actualé Ver un grupo así es un auténtico placer.
Compenetración total, show (Mamen y Pedro-Cicatriz entre los invitados), buenísimas
canciones y hasta un enajenado Josu que dejó los parches a Pedro-Cicatriz para saltar a
escena y poner el punto más sublime de la noche bailando con Mamen y pidiéndole la
manoé La otra gran alucinación que sufrió è mi cabeza fueron Flitter. Si con
Parabellum ya no cabía esperar más, y los de Lizarra lo tenían realmente difícil, se
encargaron de abrirnos las orejotas y darnos más terapia de shock. Desmarcándose
muchos puntos del emblemático sabor rock vasco, nos hicieron percibir a un combo
absolutamente europeo de última generación. Thrash, funky, hardé no se reconocían
como tales sino como una presencia hardcore evolucionada de muchos quilates. Lo más
innovador del cartel, sin género de dudas».
7. La Santísima trinidad del rock-Josu Arteaga. Agur betirako de Zarama. Belén
Mijangos. ¿De qué sirve un crítico musical? Independientes. De prado en prado. Zazpi
Eskale. Plántala. Semilla reggae. Gari. ¡Aupa, Borxa! Kafe Antzokia. Alicia en Bilbao.
Muerte de Natxo-Cicatriz. Nación Reixa. Albert Pla. Ironic Cancer Phobia. Triki boom.
25 aniversario de Oskorri. Mikel Markez.
En julio de 1995 murió Pedro Landatxe, batería de Cicatriz. Había dejado dicho que no
quería conciertos de despedida. Josu Art ïeaga publicó en El Tubo de septiembre un
artículo durísimo titulado Droga, sexo y rock and roll. La santísima trinidad del rock,
que no podemos eludir reproducir casi íntegramente: «Un punki renqueante buscaba
limón. La gaseosa de sobre le quemó las venas y el vinagre casi se lo llevó en un mal
viaje. Arrodillado en el suelo y a falta de cítrico recurrió a los orines. Tan escatológico
como terrible. Había sobrevivido al polvo de ladrillo, a la endocarditis, a bombeos, a
candiasis, a abcesos, tétanos, algodones florecidos y sobredosis. Caminamos por la
senda del rock cogidos de la mano. Malos años. Los adolescentes más viejos del mundo
porque no había futuro. La santísima Trinidad del hedonismo rockero imponía sus
dictados a tiernos infantes cansados de vivir. El rock nos unió, la chuta nos separó. En el
tocata de aquel punk sonó el My way por última vez. Sólo aquellos que le prestaron
dinero se acuerdan de él. Sí, ya sabemos que la vida es una mierda, pero algunos
entendimos el rock como cata Ürsis y rebeldía. A otros les sirvió para enterrarse del
todo en la miasma del caballo asesino. El rock, algo tan alejado de la religión, acabó
canonizando a sus santos, con su liturgia y la Santísima Trinidad del hedonismo a modo
de sagradas escrituras. Amén.
«Una vida marcada por la aguja. ¡Qué ironía! De la aguja que paseaba por vinilos de
Lou Reed y Eskorbuto, a la aguja que regateaba sempiternos callos para clavarse en la
torturada vena. Aguja, vinilo y vena. Llevamos años asistiendo a las consecuencias de
aquel: Buscarse, chutarse, crujirse, meterse, picarse y castigarse la cañería. Tenemos
una colección de bonitos y jóvenes cadáveres, anónimos muertos repartidos por:
Otxarkoaga, Santurtzi, Barakaldo, Arrasate, Zaramaga, Irúné más vale no seguir. Una
loca carrera en el hipódromo del caballo desbocado, una quiniela hípica que no tenía
más ganadores que aquellos que abrían la celdilla al caballo, una locura que ha acabado
en: sífilis, hepatitis B, gonorrea, sobredosis y -Sida. En los brazos de la Parca muchas
veces. Demasiadas.
« é Nuestro pequeño país, con su pequeña historia de rock, también fue receptivo a la
famosa proclama hedonista. Con sus peculiaridades pero sin escapar a la lógica
tergiversante del rock, una lógica terca y cruel. Músicos y amigos, amigos antes que
músicos, que un día vieron cómo todo su caudal subversivo y contestatario se hincaba
de rodillas frente a la cola de la metadona, a las puertas del proyecto hombre o, en el
peor de los casos, ante la obstinada muerte. En el recuerdo y en las pupilas, se dibujan
esqueletos revestidos de piel y enfundados en vaqueros viejos y cuero desgastado.
Abrazaron el rock como lo hicimos los demás, pero ellos fueron más allá y durante
estos últimos años hemos visto cómo acababan yéndosenos del todo.
«Demasiados fiambres para una pequeña historia de un pequeño país. Duele porque
quizá nos estamos acostumbrando a las notas necrológicas, a líneas que nos dicen lo que
jamás quisimos saber en nuestro empeño d ée negar lo obvio, lo malo de aquellos
caóticos años. Víctor Vómito nos ha dejado y en nuestra pletina suena perenne: Vivo
acelerado, voy a cien, el mundo da vueltas y yo voy al revés vivo acelerado, voy a cien,
sólo quedan huesos debajo de mi piel, no puedo parar, no podemos parar. Cansados ya
de necrológicas, epitafios y estelas funerarias.
«Vayan estas líneas -proseguía Josu Arteaga- no ya para los músicos vascos que
llevaron la locura del rockanroll hasta sus últimas consecuencias, sino para aquellos que
ni siquiera merecen un breve en la prensa y que se iniciaron en el banderilleo con
Satisfaction o Anarchy in the UK como telón de fondo, como banda sonora de una
película cuyo final no ha sido feliz. Vayan estas líneas por Maitane, que sin fuerzas para
quitarse la chuta canturreaba busco en la basura; por Izaskun, que no pudiendo salir por
la puerta para buscar burro, salió por la ventana desde un séptimo; por Iosu, el vendedor
de klínex más colgao del Æ cruce de Deustu, asaltante de farmacias, reventador de
caravanas y atracador de maricones, para que sus venas no sigan trenzándose alrededor
de su cuello y siga cantando temas de Naste Borraste y Parabellum entre los coches y el
humo; por Juan Karlos, otro que tal baila; por Felisín, que no sé nada de él; por Julio,
que recitaba de memoria los temas del No somos nada de los Pollos, y que un día
amaneció en el WC como su vieja lo trajo al mundo, sólo que un poco más cabrón y
lleno de callos; por Eva, que para subvencionarse el pico se lo curra en la Palanca; por
todos y todas los que se colgaron del rock conmigo y de lo otro sin mí. Por los muertos
y por los que morirán.
«A nadie engañan ya con la Santísima Trinidad del hedonismo, que nos ha diezmado.
Sobra decir que nos han hecho el peor de los daños, que los culpables morirán de viejos
y que los que se nos van, no van a volver. Una gran patada en la entrepierna al que por
primera vez acuñó la fraseci þta de marras, un beso para los que siguieron la proclama a
pies juntillas y hoy me miran desde la fase terminal, y un deseo, que nada de esto vuelva
a desangrar a una generación. Por lo demás, sólo queda decir que el rock no necesita de
santos, ni de teóricos, ni de diatribas, ni de Sagradas Escrituras, ni de listillos, ni de
farlopa, que se basta y se sobra con tripas, cabeza y corazón. Para acabar de rematar este
cúmulo de despropósitos, los Zika han perdido a Pedro Landache y nosotros a un
músico más, en lo que ya es una lista tremendamente larga, demasiado larga. Desear a
Natxo Etxebarrieta mucha suerte con el disco y muchos ánimos para que no ceje en la
pelea. Dicen que resistir es vencer, tenlo en cuenta, Natxo. Y a los demás, hacedme un
favor: cuidaos, cuidaos mucho».
Quizá para quitarle un poco de hierro a su dura exposición, Josu Arteaga terminaba con
un poco de humor. «Otra década como la de los 80 y yo, sinceramente, me paso a las
jotas».
Hubo otras despedidas menos dramáticas en 1995, como la d ン e Zarama. «Somos ya
adultitos, lo queramos o no, y no hay más que ver nuevas propuestas como 7 Eskale
para darnos cuenta -escribió Belén Mijangos con motivo del adiós a los de Santurtzi-
Los grupos ya nacen con cuerpo, con las ideas bien claras de lo que quieren hacer y
apostando por presentaciones incluso experimentales. ¿Que a qué viene todo esto? Pues
ni más ni menos que a la reflexión que nos hacemos cuando un grupo pionero como
Zarama nos deja, cuelga la chapaé Poco se les han dado las graciasé Ellos supieron
mejor que nadie fusionar la herencia de los kantaldis de aquella época (el euskera) y la
filosofía revolucionaria que llegaba del Reino Unido bajo la forma del punké Nos duele
mucho que Zarama no hayan recogido el reconocimiento que se merecen. Nos duele que
haya tenido que ser Iparralde quien les ha adorado y disfrutado, y nos duele que haya
tanto zombie que va de alternativo cantando en inglés -apoya ñndo nuestra
colonización- o hablando con mezquindad de un grupo que abrió las mentes a muchos».
La directora de El Tubo, que no se prodigaba en labores de redacción, ponía sin
embargo los puntos sobre las cuestiones importantes. Con una despreocupación formal
muy de los setenta, Belén Mijangos ha escrito artículos sinceros y generosos sobre los
grupos, ambientes, querellas, virtudes, vicios y defectos de la escena local. El Tubo es
hoy en día la fuente de información básica para conocer la pulsión rockera de Euskadi.
Sus portadas se han ido superando número a número, hasta llegar a la excelencia. La
letra inusualmente pequeña que utiliza dificulta la lectura pero permite una mayor
información. Quizá la única sección que se queda corta es la de cartas; probablemente,
la gente haya dejado de ser tan comunicativa como antes. El Tubo se basa en las
entrevistas, todo es de primera mano, no hay refritos. Muchos de sus colaboradores
proceden del mundo del fanzine. Esos empedernidos entomólogos del per ìiodismo
musical suelen realizar las entrevistas a los grupos internacionales, bandas de thrash,
hardcore melódico, noise pop o grunge. Grupos independientes, generalmente de USA,
que venden en su país cientos de miles de copias, y que actúan aquí en un gaztetxe o
salas pequeñas.
Uno de los colaboradores de El Tubo, Pablo Gil, en un artículo titulado Monólogo sobre
el estado de la nación (independiente). 1995, se preguntaba en el número de octubre:
«¿De qué sirve un crítico musical? Actualmente padecemos una especie de
esquizofrenia: por un lado debemos informar al lector sobre un disco, grupo, concierto,
con total objetividad, pero también se nos pide un apoyo a la música estatal indie para
que pueda despegaré Se sigue haciendo tanta poesía en las críticas, y se colocan tantas
matizaciones, que lo sobresaliente no se diferencia mayormente de lo mediocre, y sigue
dando la impresión de que hay muchos grupos con un nivel similar alto (terrible
espejismo)». Dentro de esa escena independiente úestatal, el autor destacaba la labor
de Negu Gorriak, que eran noticia por varias razones, no todas ellas alegres: se había
hecho pública la sentencia que les obligaba a pagar quince millones al teniente coronel
Rodríguez Galindo por un delito de calumnias; habían publicado además su quinto
disco, y exhibían orgullosos las cifras de venta de los anteriores (entre 20 y 35.000
ejemplares). El sello Esan Ozenki iba viento en popa, así como el subsello Gora Herriak
que habían creado para las ediciones internacionales.
En un contexto muy diferente, también publicaba su quinto elepé Ruper Ordorika. 1980,
1983, 1985, 1990 y 1995 habían sido las fechas de salida de sus discos. Los tres últimos
se hicieron esperar realmente. El quinto se llamaba SoÕik SoÕ. «Es una frase común
local en Oñate, es contracción de sororik soro, literalmente andar de prado en prado, y
en el sentido figurado ir a tu aire», le contaba a Pedro Elías Igartua. El cantante se había
decantado por el sello madrileño Nuevos Medios y se le veía « más a gusto que nunca
con lo que hacía; en cierto sentido, había recorrido un largo camino, desde 1980, para
retornar a los comienzos, a la idea de la canción como elemento celular, a la
reivindicación de la tradición sin ser folklórico. La larga estancia neoyorquina había
añadido un nuevo poso a su personal estructura musical. La grabación del nuevo álbum
había sido compleja y a la vez sencilla, aprovechándose muchas primeras tomas de la
grabación. Ruper Ordorika iba más a su aire que nunca.
De prado en prado también andaba Josu Zabala y su reencarnación en 7 Eskale. Había
aflojado el pistón del estudiete Matxinbarrena y se concentró en su asociación con los
jóvenes bertsolaris Igor Elortza y Unai Iturriaga, y sus nuevos colaboradores musicales:
el guitarra Iñigo Txoni Larragoiti, el violinista Aitor Astigarraga, el bajista Txubio Fdez
de Jauregi y el batería çngel López León, entre otros. El resultado fue el cedé Bertso be
Ärriak pobreziari jarriak, editado en Gor. Sólo por temas como Kartoipeko ametsak
hubiera valido la pena publicar esta colección de canciones dispares, unas tradicionales,
otras casi experimentales, algunas con un marcado acento bertsolari, o de zortziko
rapeado y con aires de rumba, mientras que otras suenan rockeras y suburbanas. La
temática de la pobreza, de la alienación de los larru beltzak, de los emigrantes y
desarraigados, de los homeless, está de cuerpo presente en todas las composiciones de
una de las mejores producciones del 95.
Potato siempre se había destacado por sus buenas letras, y las del nuevo compacto
-Plántala- no fueron una excepción. Atrás había quedado el pequeño gran bache que
supuso el disco Crónicas de Puerto Sinmás y, sobre todo, la marcha de los guitarristas
Arturo Blasco y Gabriel Gullián. La grave crisis parecía el final irremisible de una de
las veteranas formaciones del período dorado del 85, pero entonces llegaron refu ªerzos
desde Abetxuko, donde la sección rítmica del grupo Kannabis se pasó con armas y
bagajes a la banda patatera por antonomasia. Además, el trompetista Julen Trepidana
aportó un buen puñado de excelentes canciones en una onda raggamuffin que abrían una
nueva ventana en el estilo de por sí heterodoxo de Potato. Mientras tanto, en Bilbao, un
nuevo grupo de reggae -Ke Rule- saltaba a la palestra, pero las desavenencias internas
provocaron la escisión de Ke No Falte.
Y los que seguían año tras año, compacto tras compacto (formato que arrinconaba casi
definitivamente al elepé e incluso a la caset), eran Discos Suicidas, que publicaron el
recopilatorio Rock Combativo, con los sevillanos Reincidentes, los navarros Piperrak,
los canarios Garrote Vil y Guerrilla Urbana, los castellonenses El òltimo Ke Zierre,
además de Vómito, y representando a la margen izquierda Distorsión, Eskorbuto y
Subversión X. ƒstos últimos pertenecían al Öpunk de tercera generación aunque ellos
preferían llamar a lo suyo rock rabioso.
Una de las sorpresas del rock vasco de 1995 fue la aparición del primer álbum en
solitario del cantante de los disueltos Hertzainak. «Cuando conocí a Gari, allá por los
primeros ochenta, era el cantante de una banda increíble -recordaba Roberto Moso en
ELT- Se llamaban Ziper (Castigo) y eran una versión euskaldún del heavy más
machacón de la época. La verdad es que impresionaba verlos. Entonces eran la única
cuadrilla de rockeros de Legazpia y daban un cante terrible. Llevar pintas era una
religión para ellos. Rulaban con unas motos súper trajinadas con las que se recorrían la
abrupta geografía de la Gipuzkoa profunda a velocidades de vértigo. Ensayaban en un
caserío maldito, objeto de todo tipo de especulaciones y maledicencias, y buscaban sus
estimulantes por el monte. Precisamente un accidente de moto, cuando volvían de una
visita a Santurtzi, aparcó bruscamente la carrera de una banda » precursora donde las
haya. Años después me contaron que lo habían internado en un colegio del Opus, en
Izarra (çlava) y que los Hertzainak lo iban a fichar de cantanteé A partir de entonces,
Hertzainak y Zarama formamos un tándem muy habitual y a Gari lo he visto con
bastante frecuencia. Siempre pensé que aquellos textos tan sociales, políticos, radicales,
no le pegaban demasiado al Gari real, aunque su raza a la hora de cantar los convertía en
auténticos obuses».
El accidente al que se refería Moso no iba a ser el último que sufriría Iñaki
Garitaonaindia, mucho más conocido como Gari. En 1987, cuando se dirigía a meter las
voces en el tercer lp de Hertzainak, se estrelló contra un camión. Pero él nunca perdía su
arrogancia, su altanería, ese eterno tono socarrón. «Yo reivindico la chulería. A mí me
parece que en Euskadi somos un poco harros. Cuando uno hace algo, tiene que seguir
por su camino, no se debe dejar pisar. El problema aquí es q ¬ue cuando empiezas a
hacer algo, en seguida te vienen los del rollo de la izquierda, o los de la derecha o los
del medio, ¿no? Te vienen todos y al final te casas con unos, te casas con otros o por lo
menos te emparejas. Yo estoy hasta los huevos de esas cosas. Paso. Yo soy del país y
abertzale. A mí la ikurriña me pone, me da igual la ikurriña pero me poneé Yo me
siento muy de la tierra, con mucha raíz, pero sin más. No quiero ir vendiendo eso. Eso
ya lo tengo, ¿qué voy a ir, montando un puesto de ikurriñas en cada concierto?»
Mucho habían cambiado las cosas -tanto para Gari como para sus ex-compañeros-
desde los tiempos rutilantes de mediados de los 80, cuando unas cuantas bandas
irrepetibles -La Polla, RIP, Cicatriz, Hertzainak, Barricada, Potato, entre otras-
obtuvieron algo así como una bula papal del rockerío local: se les seguía hasta el
fanatismo, hasta la idolatría, hasta el paganismo. Luego, vendría la contrarreforma Ì y
la desamortización de los valores del RRV. Algunos grupos tuvieron problemas
insuperables con las drogas, otros se enemistaron con sectores de la izquierda abertzale,
alguno fichó con una multinacional y se le consideró traidor. Es decir, aquellos grupos
perdieron la invulnerabilidad, y así terminó la luna de miel entre grupos y público. A
partir de entonces, todo el mundo quiso hacer su astilla del árbol radical.
Ahora Gari estaba solo, sin el paraguas protector de su antigua banda. A merced de su
propio talento. Se había hablado mucho de la labor fundamental de Josu Zabala en
Hertzainak; no vamos a cuestionar ese mérito, pero es más que probable que se haya
cometido una injusticia al juzgar la contribución de los demás componentes, y
concretamente la de Gari, cuya calidad como compositor quedó patente en las canciones
que compuso para el último disco del grupo. Quizá el derroche de facultades de Zabala
había ocultado otras tendencias, nunca desarrollad ン as en Hertzainak sino en la hora
postrera de Zoratzen naizela, Une etengabeak o Set drugs free. Esto mismo se puede
aplicar a un nivel más general.
Y Gari demostró que sabía lo que se traía entre manos. Arropado por las excelentes
letras de Bernardo Atxaga o Edorta Jimenez, contaba además con muy buenos músicos,
como el guitarrista Fran Iturbe, el bajista Mikel Irazoki y el batería Víctor Celada, hijo
de çngel Celada. Las canciones enlazaban estilísticamente con el Denboraren orratzak,
último elepé de Hertzainak, donde resultó menor la influencia de Zabala y donde Gari
había comenzado a levantar el vuelo. Había canciones especialmente conseguidas, como
Astiro eta amorruz. Desde la hoja interior de créditos del compacto, Gari enviaba
ánimos al batería de Su Ta Gar, parapléjico tras un accidente contra las rocas. Aupa,
Borxa!
Gari fue uno de los músicos que participó, a mediados de diciembre, en el kantaldi de in
?auguración del Kafe Antzokia de Bilbao, local multidisciplinar situado en el antiguo
cine San Vicente y que tenía como prioridad la integración del euskera en la vida
cultural de la ciudad. Abierto prácticamente las veinticuatro horas del día, funciona
como bar-restaurante, sala permanente de conciertos, de exposiciones, de actuaciones de
teatro, de presentaciones de libros, incluso de agencia de viajes. Otro de sus atractivos
es la presencia de Josu Zabala en labores de programación musical.
La aparición del nuevo trabajo de Doctor Deseo fue una de las satisfacciones de finales
del 95. Francis Díez y Josi Jiménez llevaban bregando diez años con este proyecto de
rock urbano de luces negras. El primero era un poeta, y el segundo un músico. Muchos
se preguntaban por qué su repercusión no había sido mayor fuera de Euskadi û, pero las
cosas eran así y ellos estaban contentos con su trayectoria. Tenían además una
buenísima noticia que dar a sus seguidores, la inclusión en el grupo de dos súper
componentes: Enrique y Txanpi, ex-Hertzainak, aprovechados al máximo en temas del
calibre de Alicia en Bilbao o A mi pequeña María. Doctor Deseo se había adueñado de
un universo lírico callejero, marginal y lorquiano, repleto de alcantarillas, caricias,
lluvia y seres frágiles enfrentados a un destino oscuro.
Estaba siendo un invierno muy frío y lluvioso; el viento arrancaba de cuajo tejados y
chimeneas. El nuevo año 1996 traía su ración de esperanza y hastío. El 5 de enero murió
Natxo-Cicatriz. Parecía fruto de una maldición que hubieran muerto prematuramente los
cuatro componentes originales del grupo punk de Vitoria. Parecía una confabulación,
pero no era sino la extrema capacidad asesina de un retrovirus. «Todos los gobiernos
están implicados en la basura de la droga, son una cuadrilla de farsantes y de hijos de
puta, y están dej âando a los presos morir de sida en la cárcel, me cagŸen diez, pero,
claro, ¿qué pasa?, pues que hace años sacaron a cuatro o cinco seropositivos a la calle,
y, claro, esos individuos ¿qué van a hacer?, saben que van a morir dentro de poco, y
cómo salieron, pues salieron a degŸello, hicieron cuatro degŸellos, y cortaron el grifo.
Y ahora están dejando morirse en la cárcel a gente que tiene un T-4 y dos T-4; por
favor, que los dejen irse a casa a morir en paz. Encima tienen la poca verguenza de
repartir condones en las cárceles, como si en las cárceles pilláramos el sida por el culo,
no te jode; que repartan jeringuillas y que admitan que en la cárcel hay droga. Es una
pasada, lo de las cárceles y el sida», manifestó una vez Natxo Etxebarrieta en Eguzki
Irratia. Dejemos su denuncia como tributo.
La vida de Natxo durante sus últimos años fue la crónica de una muerte anunciada. ƒl,
como tantos otros de su edad, treintaytantos, sabía que tenía los días contados a causa
del sida. Había Ø ido pasando por las dolorosas y sucesivas fases de aceptación de esa
terrible y absurda situación. Luego llegaría el deterioro físico y el sufrimiento mental;
afectando a los pulmones, al hígado, al estómago, a la cabeza, o los ojos. Los hospitales,
las medicinas, los análisis, los entierros y los funerales. La muerte despojada de su
manto de épica, la muerte volando a ras de suelo. El rock estaba de luto. El gudari del
punk vasco había muerto en la lucha sin cuartel contra su tiempo.
Uno de los booms literarios más recientes -Historias del Kronen- ha escandalizado a
tirios y troyanos por la crudeza de las expresiones y actitudes de un sector juvenil
madrileño. El término generación X se venía aplicando a diestro y siniestro para
bautizar a estos veinteañeros de los noventa, viajeros cibernéticos en mundos de
realidad virtual saturados de droga blanda, dura e impura. ¿Cómo habríamos de llamar a
esa otra generación de los ochenta, a la que perteneció Cicatriz? Aquella g ³eneración
de la posmodernidad, del after punk tenebroso, de la música industrial deshumanizada y
cruel, de Joy Division y el hoy olvidado Ian Curtis, cuyo suicidio fue tan similar al de
Kurt Cobain; generación de actitudes herméticas, de la arrogancia y el lapo, del jaco a
mansalva, del grito de guerra Oi oi oi!, de los controles policiales, de la ampliación de
horarios de los locales nocturnos, de la reconversión, de las luchas de Euskalduna, de la
invasión masiva de hachís, costo, chocolate, porros, canutos, petasé (se generalizó tanto
el consumo de la resina marroquí que pasar costo se convirtió en una profesión corriente
y eventual entre algunos jóvenes). Luego llegó la coca, y más tarde volvió la heroína de
improviso. Cada semana había un par de iniciales de jóvenes muertos de sobredosis. Lo
que vino después nadie lo pudo imaginar ni en su peor pesadilla. No Future dejó de ser
una propuesta situacionista para convertirse en una ºprofecía. La generación sin futuro.
Otro de esos músicos foráneos que había hecho buenos amigos entre sus colegas de la
escena vasca era Antón Reixa, conocido primero como componente de los gallegos Os
Resentidos, como realizador de video después y ya en el 96 como coautor -junto a Kaki
Arkarazo- de un curioso fenómeno músico-teatral llamado Nación Reixa, cuyo primer
disco -Alivio Rápido- había sido editado por los madrileños GASA en esas fechas. La
fórmula Reixa-Arkarazo había dado como resultado, según Carles Landis desde las
páginas de El Tubo, «la parábola del rap, el crucigrama del fado o la cicatriz del jazz
houseado». Pero el gallego de eterno sombrero oscuro tenía su propia visión sobre las
generalizaciones. «Estoy harto de oír hablar de mestizajes étnicos. A mí me lo van a
decir, que he mestizado un montón de cosas. El mestizaje, en estos momentos, forma
parte del snobismo. Y desde luego, el mestizaje no es la coctelería, que es l -o que
creen muchos. El nuestro, en ese sentido es un disco muy purista, aunque hay una cierta
variedad. Y el próximo va a ser aún más coherente», manifestó en una entrevista a ELT
firmada por Joserra Conde. Por su parte, Arkarazo veía así su propia contribución
sonora: «Quería hacer algo totalmente distinto a Negu Gorriak y lo que más me gustaba
últimamente era el rap. Luego, haciendo el disco, me he dado cuenta de que también
cuando empecé con M-ak lo fundamental era la música negra. Lo de ahora es actualizar
lo que siempre me ha gustado haceré En Suiza, en Alemania, los grupos alternativos, de
izquierdas, son de hip hop. Y en Euskadi no hay ninguno, no hay nada. ¡Pero si eso es
como el punk! Un Dj con dos platos y una voz y un montón de maxis. Eso no es caro.
Eso es cultura musical, cabeza, influenciasé Y aquí no ha colado eso. Aquí entró muy
fuerte el trash y la caña, y la onda de baile es súper minoritaria. Se echa en falta una
explosión de hip hop en los gaztetxesé la gente responde, lo q øue no hay son bandas.
La gente joven, que es la que debería empezar a hacer ese tipo de grupos, no pilla aún la
onda».
Antón Reixa siempre se había caracterizado por hablar claro, y ahora no iba a dejar de
hacerlo. Su opinión sobre la eclosión de grupos y sellos discográficos alternativos no
era muy halagŸeña. «Yo, la escena indie, celularmente, no la entiendo. Me interesan
grupos, veo cosas, pero no consigo entenderla. Me cuesta mucho trabajo ver a gente de
aquí cantando en inglés. Supongo que hay una buena razón para ello, pero a mí se me
escapa. Es como si le hablas a mi abuela de Internet. No me importa decir que tengo 38
tacos, que mi batalla ha sido otra, que me he dejado los cojones en hacer música pop en
gallego. De la escena indie el grupo que más me interesa es Killer Barbies. Hay audacia
en esa propuesta, hay ironía, hay intervención sobre una estética determinada. Eso sí lo
entiendo, lo que no entiendo es la propuesta indie en sí. Por ejemplo, no entiendo tanto
virtuosismo. Cuando yo emp ûecé, eso estaba mal vistoé Quizá el medio ambiente más
positivo para el ser humano sea la perplejidad. Creo que en este disco queda claro que la
indecisión es un derecho civil, el dudar, el no tener opiniones formadas sobre todo lo
que te ponen delanteé »
Efectivamente, a veces más vale no tener ideas preconcebidas porque, si no, ¿cómo
juzgar un fenómeno como el del cantante catalán Albert Pla, cuya propuesta vital había
calado hondo tras su paso por los escenarios vascos? Parecía que Albert Pla no hacía
rock, pero, entonces, ¿y esa versión del Walk on the wild side de Lou Reed? Lo primero
que quedaba claro era que Pla resultaba inclasificable, un producto genuino de los
noventa: un mucho de nova cancó irreverente, tierna sicodelia erótica, rumba catalana,
rock Transformer de la etapa berlinesa de Lou Reed, esperpento valleinclanesco,
estética grunge. Parecía recién salido de un siquiátrico pero evidentemente no estaba ni
mucho menos loco, y probablemente influirá decisivamente en futuros compositores.
1 õ996 fue un buen año en muchos sentidos. En Tolosa, nació la revista musical
euskaldún Entzun; nació también Rotaflesh Records, sello de Bilbao muy ligado al
grupo Pop Crash Colapso, uno de cuyos componentes había abierto a su vez el estudio
de grabación Chockablock. Afortunadamente, también la tendencia general del rock a
minimizar la presencia femenina se iba corrigiendo; dos novísimas formaciones
-Kashbad de Rentería o The Magic Teapot de Getxo- incluían chica al frente. Los de
Orereta practicaban un rock libre muy de los noventa y habían sido fichados por la
sagaz Esan Ozenki. Su rock terminator ultrapesado se alimentaba indiscriminadamente
de hardcore, hip hop, rap, thrash y demás lindezas; un rock blindado que se desarmaba
sin previo aviso para mostrase desnudo y acústico como un recién nacido.
Se respiraba en todas las ciudades y pueblos una extraordinaria emancipación musical.
Se acabaron los tributos, las pleitesías y los vasallajes.
«Echando la mirada hacia el pasado, inmediato o lejano, s eobre un disco o una
actuación en directo, podemos hallar numerosos ejemplos de grupos que graban o suben
a escena con una prepotencia que molesta. Carecen de historia, su esfuerzo es más
cromático que real, y, sin embargo, se creen lo más de lo más. Por eso cuando vemos a
grupos con músicos tan curtidos como Koma partiéndose la caja en un humilde
escenario o cuando llega un disco del pelo de los Ironic, nos emociona». Artículo tras
artículo, semana a semana, Pablo Cabeza continuaba al pie del cañón, descubridor nato
de valores ocultos y grupos secretos, como Ironic Cancer Phobia, que habían publicado
su primer compacto de climas guitarreros en el nuevo sello independiente Roto Records.
«El auge inusitado el pasado año de las músicas tradicionales y sus derivaciones a
través de la fusión están haciendo que el sello Elkar sea el más activo en Euskadi con un
r Úejuvenecimiento de nombres. Así, bajo su label Triki, van a ver la luz los diversos
trabajos de Maixa eta Ixiar, Imuntxo eta Beloki y Gozategi» -podíamos leer en la
sección Xirimiri de noticias breves de ELT, a mediados del 96. La raya entre folk y rock
estaba siendo borrada a marchas forzadas por jovencísimos músicos procedentes de las
numerosísimas escuelas de trikitixa que se miraban en el espejo de Joseba Tapia o Kepa
Junkera. La romería tradicional tomaba por asalto la escena vasca, desbancando los
prejuicios con su contagioso acoso rítmico y armónico. Gozategi había vendido casi
¡veinte mil! copias de su famoso porrompompero euskaldún. Otro de los ejemplos
destacados de esta tendencia era el caso de Maixa ta Ixiar, un grupo femenino de
trikitixa, pandero, batería y bajo, que hacía las delicias de los aficionados sorprendiendo
con su rica musicalidad.
Sin embargo, algunas voces afirmaban que el éxito de grupos como Gozategi suponía
un retroceso, una vuelta a la verbe æna rockerizada de mediados de los setenta. Pero
esa apreciación era indudablemente injusta, y podía dar pie a enojosas argumentaciones
sobre otros presuntos retrocesos provocados por la saturación de miméticas formaciones
de orientación punk, thrash o hardcore. El boom de la trikitixa revitalizaba la escena
vasca y ponía en juego a nuevos y valiosos protagonistas que traían una bocanada de
ideas refrescantes sobre la tradición o la modernidad. ¿Es acaso moderno arrasar con el
pasado? ¿Qué música sobreviviría hoy en día si hubiéramos desechado nuestro folklore?
¿Que habría ocurrido si los países caribeños y del çfrica Tropical hubieran perdido sus
señas de identidad?
Pues que no se habría podido realizar el Bilbao Tropikal, ambicioso proyecto del área
de Cultura y Turismo del ayuntamiento. La primera edición de este festival
internacional de ritmos cálidos se celebró durante el verano de 1996 y contó con una
abrumadora presencia de figuras: Kepa Junkera, Antonio Rivas, Culture, el Gra ún
Combo de Puerto Rico, Mark Knopfler, Papa Wemba o Hijas del Sol.
El rock vasco le debe mucho a la música tradicional, y no sólo a la propia; algunos de
los mejores grupos han fusionado elementos del folk autóctono con las pautas del
rock&roll; algo que ya habían hecho en cierta medida los Oskorri mucho antes que
nadie, porque, aunque en justicia no se pueda incluir a Oskorri en el apartado del rock,
sí es evidente que el grupo de Natxo de Felipe ha rondado siempre las fronteras de los
estilos, creando en realidad el suyo propio. No podíamos dejar de hablar de Oskorri en
un trabajo como éste, y más teniendo en cuenta que en 1996 se cumplieron sus
veinticinco años sobre los escenarios de medio mundo. La aparición del primer disco de
Oskorri, en la segunda mitad de los setenta, significó una renovación de los esquemas
sonoros tradicionales vascos. Además, los diferentes componentes del grupo han
colaborado asiduamente con otros músicos y formaciones, tanto del ambiente
tradicional como del rockero.
Los · noventa recobraron la figura del cantautor, que había sido un valor en baja
durante muchos años. Parecía que la humanidad estaba un poco cansada de ritmos
avasalladores y de atmósferas estruendosas; muy probablemente, el rock se había
excedido en su pasión decibélica, en su colosalismo de circo romano, en su
sacralización del amplificador Marshall, en el larvado fascismo que alentó con su
actitud agresiva, tribal y machista. Había llegado el momento de decirle adiós al ruido,
de meter la Telecaster en su caja, y recuperar de nuevo el txistu, la gaita o el
violonchelo. Y en Euskadi sucedió como en todas partes, pues el desfase cultural había
dejado definitivamente de existir. Al rock exterminio de tintes apocalípticos, al rock de
la caverna urbana, al rock de las litronas y el qué passsa le nació un hermano de
inclinaciones sanas, amante de la naturaleza en calma, que se quita las depresiones
haciendo puenting.
Entre esos nuevos herede Üros de la escena vasca se encuentra Mikel Markez, joven
cantautor euskaldún que demostró en 1995 un extraordinario talento musical y poético
con su casi perfecto Zertarako mugak jarri, editado por Elkar. ¿Era Mikel Markez
rockero? Desde luego, thrashmetal no hacía. Lo suyo era música del mundo cantada en
euskera viviendo en la aldea global de los sentimientos.
A pesar de las críticas o los reflujos, unos cuantos grupos mantenían alto el pabellón del
rock vasco a finales de 1996: Platero y Tú se había transformado finalmente en una de
las mejores bandas de rock&roll de la península. El doble cedé en directo que grabaron
en el Antzokia de Bilbo está entre los cinco mejores trabajos del rock vasco. Tan
prolíficos como La Polla Records, tan cercanos como Rosendo, tan canallas como
Ramoncín, tan sensuales como Barricada, tan urbanos como Burning, tan salvajes como
Cicatriz, tan románticos como Los Suaves, tan impresionantes como Hertzainak.
También seguían gozando de muy buena ø salud Soziedad Alkohólika, Doctor Deseo,
Etsaiak, El Inquilino Comunista o The Allnighters. Pero el grupo vasco por
antonomasia durante los noventa había sido indudablemente Negu Gorriak, con una
carrera ejemplar llena de buenas ventas, actuaciones multitudinarias (la primera, frente a
la cárcel de Herrera de la Mancha), autogestión en grado sumo y una personalidad
musical, ideológica y humana admirable. NG era algo más que un grupo musical.
Desgraciadamente, Fermín Muguruza anunció la disolución de NG cuando todo parecía
marchar sobre ruedas: se cumplía el quinto aniversario de su sello, Esan Ozenki,
escudería discográfica independiente -pero sin números rojos- que había editado a
algunos de los grupos más interesantes de Euskadi: Etsaiak, Su Ta Gar, PILT, Danba,
Anestesia, Ama Say, BAP!, EH Sukarra, Lin Ton Taun, Deabruak Teilatuetan o King
Mafrundi.
De nuevo, como ocurrió con Kortatu, los hermanos Muguruza&Cia lo dejaban cuando
estaban en lo alto. Estaba claro que no estaban en esto por el dinero. ü Pero seguro que
nuevas perspectivas musicales se abrirían para ellos; sin ir más lejos, Iñigo Muguruza
ya había entrado en acción con el grupo de ritmos cálidos Joxe Ripiau.
Se dice que, cuando los Beatles actuaron por primera vez en la televisión
norteamericana, el número de delitos descendió prácticamente a cero en todo el país. Si
el rock sirvió para eso, saludemos que aún hoy siga existiendo.
8. Grupos. Era imposible hablar de todos los grupos en profundidad, así que aquellos
que no aparecen nombrados dejan constancia al menos en la lista que hemos
confeccionado a tal efecto, y que tampoco tiene un carácter exhaustivo.
AGRIMENSOR K. Donosti, 80, onda siniestra, influencias Joy Division, Durruti
Column, nombre sacado de la novela El Castillo de Kafka, antes La Pira, precursores de
La Dama Se Esconde.
AKELARRE. 75, verbenas, Anje Duhalde lps: Asfaltuko lorea, Gau pasa, Ari gara,
Mari, Rockzale, Gauero, 790.
A LA FUGA. Gasteiz, 89, rock&roll stoniano y tequilero, bajista femenina (Itsaso),
gérme þn de Los Replicantes.
ALTOS HORNOS DE VIZCAYA. Santurce, 84, Antonio Curiel (cantautor
vallisoletano+ Zarama), con un tema para la historia: Ausar zaitez hegaz. Lps: Bichos
raros andan por las calles.
AMA SAY. Ortuella, 90, influencias Sonic Youth, antes El Club del Sexo; lps: Umeak
ikusi ditut kalean ametsak akatzen, Sey ama.
AMAS DE CASA. Portugalete, 82, procedentes de Absenta, GBG, Alen.
AMOR A TRAICION. Donosti, antes en UHF, pop; lps: Amor a traición.
ANESTESIA. Zarauz, 88, hardcore, escisión de Estigia, euskera-castellano; Mikel,
guitarra y voz, luego en NG; lps: Gorrotaren ahotsa.
ANCHA ES CASTILLA. Beasain, mediados 80, atípicos, irónicos, pop-rock; lps:
Fantastical, Confucio, Hueco.
ANGELES DEL INFIERNO. Lasarte, primeros 80, heavy; lps: Pacto con el diablo.
ANGEL Y LAS GUAIS. Donosti, aventura de Angel Altolaguirre.
ANTI-REGIMEN. Irún, 84, punk 77; lps: recopilatorio Hemendik, Aún recuerdo.
ARLEKIN. Basauri, primeros 80, rock sureño, influencias Scorpions; su guitarrista
Manolo Gámez murió en acc âidente de moto en el 87; lp: Derrame cerebral.
APOTHEKE. Vitoria, 89, rock&roll; cds: Ar!
ASCO. Donosti, finales setenta, teloneros de Ramones, rock cañero.
ATMAN. Donosti, 75, jazz-rock sinfónico.
AVENTURAS DE KIRLIAN. Donosti, 86, se les comparó con Marine Girls, «pop
estilista», luego Le Mans.
BAHIA DE COCHINOS. Santurce, antes Cumen, tocaban en AHV y el batería estaba
en Zarama.
BAILA NELLY. Donosti, 90, pop, procedentes de Muxin Xut, Kabaret Kea, Sanchis y
Jocano, Sentido Común, ganadores III Villa Bilbao; lps: Ilusiones fueroné y son
BALERDI-BALERDI. Pamplona, pop-rock euskera, procedentes de Fiebre.
BANANA BOATS. Oyón, 90, ska, su guitarrista Ezequiel había tocado en los Dr.
Calypso de Barcelona; lps: recopilatorio Latin Ska Fever, No tengo bandera.
BANKO DE ESPERMA. Ermua, mediados 80, punk-rock, algunos de sus componentes
en Hugh!!!
BAP. Andoain, 83, punk, hardcore; lps: Bidehuts eta etxehuts, Zuria beltzez, Lehertzeko
garaia.
BAZAR CENTRAL. Algorta, 84, antes en Cosas E ¨nfermas y Memphis Tennessee,
rock-boggie.
BEER MOSH. Bilbao, principios 90, grind-core, thrash, lps: Moshkeado, Pesadilla, A
todo cerdo le llega su San Martín, Injusta prisión.
BELLADONA. Iruña, mediados 80, antes en Yo qué se, Pabellón Negro, cuatro chicas,
rock&roll; lp: Las mujeres y los negros primero. En el 88, sin Aurora Beltrán, pasan a
llamarse Matraka.
BETI MUGAN. Hondarribia, pop-rock-punk, influencias Errobi, Itoiz; lps: Mugan,
Oreka desorekan
BILLY EL NIÑO Y LOS FANTASMAS DEL PASADO. Bilbao, 83, pop-rock, antes
en Margen, Ekaitz, Yunke, Impecables.
BIZKAR HEZURRA. Vitoria, 93, fusion-rock, Benjamín Villabella Triku, Goar
Iñurrieta, Mikel Irazoki (bajista Mak); lps: Informazio pozoindua, Beldurraren kultura.
BO2. Vitoria, 86, heavy, antes en Piruleta de Hormigón, T-34 y La Piedra; lps:
recopilatorio Descarga Norte.
BROKEN BIHOTZ. 90, pop-rock, lps: Desioak izen gradua galtzen duenean.
BRIGADA SLAM. Zarautz, 93, úthrash, antes en Anestesia, Falsa Ilusión; lps: La red.
BUKAERA. Tolosa, procedentes de Tortura Sistemática, euskera, hardcore.
BUNKER BAND. Pamplona, primeros 90, rock, funky, heavy, antes en Mugre, Desde
Atrás, Mephisto; lps: Bourbon band.
CAID DECEIT. Irún, 86, heavy.
CALIGULA. Berriz, 86, pop, incluidos en el Hemendik y en el Urgente de LR.
CAMELOT. Pamplona, mediados 80, rock duro.
CANCER MOON. Bilbao, 89, rock, procedentes de Los Raros (Jon Zamarripa), La
Tercera en Discordia (Josetxo Anitua), Matrona Impúdica, Jugos de Otros, Klabelin
Komik; inglés; lps: Hunted by the snake, producido por Jaime Gonzalo, co-director de
la revista Ruta 66; Flock, colibri, oil, Moor room.
CEDA EL VASO. Hernani, principios 90, thrash-metal; lps: compartido Oihuka
007. Luchana, 1979, anteriormente Metropoli, 091, sólo una actuación, con la Banda
Trapera del Río, pioneros del punk-rock de Bilbao, luego se llamaron 007
(funki+pop+rock).
CIRROSIS. Mondragón-Aretxabaleta, 81, punk.
COMO HUELE. Las Arenas-Basurto, 81, pun çk+funk, antes en Médanos de Singapur,
en O Positivo, Me quieren hacer comer, Javier Maculet, «hacemos lo que está de moda,
seguimos la moda y lo decimos claramente, no como los que no lo reconocen y la
siguen, que son muchos» (Borja Martínez); lps: primer recopilatorio de Discos Suicidas,
Sintonía Independiente, Romances y Aventuras.
CONTRA LA GENTE SIN ESCRUPULOS (CLGSE). Laudio, finales 80, hardcore
melódico, procedentes de Bastard, Pax; lps: Dos momentos.
CREATOR. Bilbao, 86, rock duro, Carlos Creator, guitarra, antes en As de Espadas,
Hades (con Mari Luz Neurosis); luego, una temporada en Exodo, Carlos Creator Band,
Game Over, Bang!, Desiré; lps: Pure Guitar (C. Creator) editado en Londres.
CRIMEN Y CASTIGO. Santurce, 1976, inglés y castellano, country-rock.
CRISIS. Bilbao, formado por ex-Fase y ex-Zanahoria Eléctrica, «rock duro muy
marchoso».
DEKADENCIA. Iruñea, 84, rock&roll urbano; lps: recopilatorio Oihuka.
DEMALAFE. Vitoria, 91, rock&roll, antes en Malayerba, Little Feet&The õ Prenatals
y M-30.
DEPARTAMENTO B. Pamplona, 87, psychobilly, garage, influencias Cramps,
Meteors, antes en Reumáticos.
DESCONOCIDO. Vitoria-Miranda, 91, rock duro, lps: Desconocido, Todo tiene
trampa.
DESORDEN. Donosti, 84, punk; lps: Generación kaos.
DINAMITA PA LOS POLLOS. Bilbao, 85, rockabilly, antes Capitán Vicio y Dinamita
Pa los Pollos, procedentes de Vietnamitas Automáticos, Cómo Huele y Malas Tierras;
lps: No molestes a pa cuando está trabajando, Purita dinamita, Juntos y revueltos.
DIRECCION OBLIGATORIA. Azkoitia, 84, procedentes de Jotakie; lp: Il Lavoro.
DISCIPULOS DE DIONISOS. Donosti, primeros 90, punk-rock; cds: Adictos al porno
guarro.
DISIDENTES, Donosti, 84, rock marcha, voz femenina, procedentes de Ya-Yarin.
DISTORSION. Baracaldo, 83, punk-rock; lps: En esta mierda de vida, ¡Ké buen dios!,
Esto es para kitar el stress.
DISTRITO ANIMAL. Bilbao, 82, procedentes de Zanahoria Eléctrica, rock febril y
musculoso.
2112. Iruña, 85, «hacemos rock progresivo entre la fábula, la metáfora y ÿ la
metonimia. Vamos hacia lo sinfónico sin caer en la sicodelia».
EHUN KILO. heavy euskadun, antes en Napalm; lps: Euli artean.
EH SUKARRA. Eibar, 89, rock duro, euskera, lps: EH Sukarra, Irtenbide bakarra,
Garaien laberintoan, Ura sutan.
EL DESVAN DEL MACHO. Mondragón, 89, procedentes de Jugos de Otros, Matrona
Impúdica y Saz Le Bolo; lps: Hermana violencia, Lumbar.
EL INQUILINO COMUNISTA. Getxo, primeros 90, noise, rock distorsión y
saturación: lps: El inquilino comunista, Discasto.
EL LIMITE. Bilbao, antes La Ley, II Villa de B; lps: La ley, La Mecánica de las cosas,
Para no tocar el mundo.
EL TUNEL. Pamplona, principios 90, rock&roll; lps: Crucigrama de animales.
EMON BEHI BI. Getxo, 89, ska-rock, euskera, su cantante, Félix AgŸero, murió en un
accidente de montaña en 1991; lps: Mesias berriak.
ENBOR. Bilbao, finales 70, rock euskera, antes en Gernika; lps: Katebegiak.
EROS. Pamplona, primeros 80, rock duro sinfónico, cambios frecuentes en la
formación, disco compartido en el sello Damitor.
ERROBI. Ipa rralde, 1975, Anje Duhalde, Mixel Ducau, Jean Phocas, Beñat Amorena,
rock euskera, pioneros, luego en Akelarre, Xango; lps: Errobi, Gure lekukotasuna, Bizi
bizian (en directo), Ametsaren bidea.
ESKORIATZA. Eskoriatza, 84, hardcore, procedentes de Bihotzerreak, euskera; lps:
epé editado por BD.
ESTIGIA. Zarauz, 85, speed metal; lps: recopilatorio Descarga Norte, Trip to nowhere.
ETSAIAK. Lekeitio, principios 90, punk, hardcore; lps: Etsaien etsaiak, Presoak SOS
EXCESO DE CUPO. Vitoria, mediados 80, precedente Kaifás, trío, rock&roll, beat,
new wave, recopilatorio Araba viento en pop.
EXOCET. Donosti, 82, pop limpio y energético.
EXODO. Bilbao, 82, heavy sinfónico, antes en Arlekin, 007, 091, Médanos de
Singapur, Garras, Neutrón, Cólera, Tuareg, en inglés; lps: The new babylon.
EZIN IZAN. Donosti, primeros 90, hardcore melódico, Bad Religion.
FASE. Bilbao, finales 70, comienzos en verbenas, «música de Bilbao», «somos un poco
poetas». Tocaron con Cucharada, Tequila, Compañía Electrica Dharma.
FAUSTO. Vitoria, m ediados setenta, jazz-rock+funky, çngel Celada, José Luis
Dufour, sección rítmica que trabajó con la O. Mondragón y en el primer lp de Ruper
Ordorika.
FIEBRE. Pamplona, 84, pop, procedentes de Motos.
FLITTER. Estella, primeros 90, rock cañero; lps: Stop miseria.
FORJAS. Vitoria, en 1984 nace como Forjas Alavesas, procedentes de Harlem y
Vampiros de Metal, su primer guitarrista fue Goar Iñurrieta, luego en Cicatriz,
Korroskada y Bizkar Hezurra; grupo paralelo: Ley Seca
FRISCO JENNY. Donosti, 89, pop, Juan Eguía, procedentes El Año Gira; lps: Rueda
ardiendo, producido por Mikel Erentxun (Duncan Dhu), El dolor del escorpión.
FULETAMOL. Pamplona, 1979, antes en Tocamás y Chocolate Fino, gérmen de Motos
(hermanos Goñi) y Kontuz Hi!
GATA. Donosti, 83, antes Otfla, Casino, Concierto Sentido, pop sutil, variedad
estilística, precedente de 21 Japonesas. Cabezas calientes, Qué es amor, Entre tú y yo.
GAZTE HILAK. Bilbo, 84, Estibaliz, primera cantante de Vulpes + Loles ex-Vulpes.
GENERAL LEE Y LOS LOCOS DE APPOMATOX. r äockabilly, bluegrass,
procedentes de Billy el Niñoé , Liverpool, Alen, Amas de Casa, Pork Pie Hat, Garage
Hermético, FU3, Mezcla; lps: General Lee, Cuándo los gatos se juntan, ¿quién duerme?.
GRIS PERLA. Sestao, principios 90, procedentes de Copyright, Exodo, Yhavé, rock
duro, luego MDH; lps: Siempre gris, Con mucho cariño, Soy humano.
GROTESCOS PERSONAJES. Erandio, 89, procedentes de Los Cautivos, Primitivos,
Skalope, punk-rock; lps: Grotesco pero efectivo, Somos peligrosos.
HAISER. Gasteiz, 86, antes en Alta Tensión, batería Goio Altxaga (de Nekes), rock&
roll en euskera, luego Kedeké.
H2SO4. Vitoria, 92, thrash-core, antes en Witchboard; lps: Reality show, Ven y
cuéntalo.
HERIOTZA. Arrasate, 87, «oihuka eta garraxika, saltoka eta jauzika»; lps: Amets hutsa.
HIEL. Vitoria, 88, rokanrol caótico, crudo, denso y oscuro.
HOR KONPON. Oñate, funk-rock; lps: Gizaki standard 7534 zenbakiduna
HUGH!!! Elgoibar-Ermua, 88, rock.
IN EXTREMIS. Bilbao 83, pop, antes en Snoopy, Cráter, Sobaco, O ½rtopedia Ocular,
voz femenina: lps: S. Independiente.
IRONIC CANCER PHOBIA. Amurrio, 92, rock australiano, Luis Morillo, guitarra,
también en The Drellas; lps: Fulla hate.
IRULA EXPRESS. Mundaka, 85, Piru, líder, precedentes The Pretty Horses y Saldiak,
influencias Rolling, rock&roll clásico, luego simplemente Irula; lps: Las bragas.
ISIDORO Y SU COLECCION DE PUERTAS PLEGABLES. Baracaldo, 81, «pop
plegable», antes Chocolate Ezkizofréniko, sección rítmica en Médanos de Singapur; lps:
recopilatorio S. Independiente.
IZUKAITZ. principios setenta, folk-rock euskaldun, influencias de Fairport Convention
y Steeleye Span.
JARRI BERTON. Bermeo, mediados 80, procedentes de Ahots, power-pop.
JAVIER SUN. Donosti, antes en Scooters, Las Brujas; lps: Por la buena fortuna.
JESSE JAMES BAND. Alsasua, rock&roll, blues, antes en Yo Qué Sé; lp: 5000
Reward (¡grabado en dos horas!).
JOSI Y LOS JAVIS. Zumarraga, finales ochenta, blues; lps: Necesito lo que me da ÷el
blues, Que quede siempre la noche.
JOTAKIE. Azkoitia-Azpeitia, 81, euskera, pop-rock, lps: Zurt (colaboración de JC
Pérez), Piztu nazazu jaunak, Joxemai beltza.
JUGOS DE OTROS. Eibar-Arrasate, 87, procedente de La Tercera en Discordia, pop
siniestro, Josetxo Anitua; lps: recopilatorio Hemendik.
JUICIO FINAL. Barakaldo, 91, thrash; lps: Psychoagony
JULIO KAGETA. Ermua, mediados 80, punk-rock euskera, Clash; lps: Bihar eta
berandu..
[Link], se les comparó con Golpes Bajos, ganadores del II concurso de rock
ayuntamiento de Donosti.
KAFARNAUN. Pamplona, finales setenta, Status Quo, Deep Purple, germen de
Barricada.
KALEAN. Lasarte-Hernani, finales 80, rock duro; lps: Imposible razonar, Sólo intento
escapar.
KANNABIS. Abetxuko, 86, reggae, casi todos sus componentes pasan luego a Potato y
posteriormente a Arawak.
KASHBAD. Orereta, mediados 90, influencias Bad Brains, Jingo de Lunch, reggae, voz
femenina; cds: KashbŠd
KE êDEKE. Vitoria, finales 80, pop, heavy, blues, euskera, antes en Haiser, Alta
Tensión y Nekes; lp: Hemen gaude.
KE+DA. Rentería, rock duro; lps: Orereta blues.
KE NO FALTE. Bilbao, mediados 90, reggae, escisión de Ke Rule; cds: Ke rule.
KE RULE. Bilbao, 93, reggae, procedentes Talión, Neurosis, ƒxodo, Rufus, Fase; cds:
Siéntelo, editado por la distribuidora alternativa DDT.
KETEDEN. Vitoria, 83, antes Penglobe 400 y Alicia Corazón de Limón, pop rítmico y
sugerente, grupo que no llegó a demostrar las buenas cualidades que apuntaba.
KILKIRTZA. Baracaldo, finales setenta, rock acústico en euskera.
KING MAFRUNDI. Hendaya, 94, «afroeuskaldún», Jimmy Arrabit, ex-Itoiz.
KOMA. Pamplona, mediados 90, nuevo metal, procedentes de Mephisto, Bunker,
Gandalf; cds: Koma.
KORROSKADA. Vitoria, 86, ska-punk; lps: Skalherria punk, Por las buenas
costumbres, 43 volúmenes; distintas formaciones, Triku (voz, letras) y Aitor (bajo).
KUATROELE. Vitoria, 84, rock callejero, su bajista luego en Potato, cantante en î
Mala Fama.
LABANAK. Zarauz, finales 80, procedentes de OK Korral, La Regeneración,
Alcohólicos del Norte; lps: mini-lp
LA BANDA SIN FUTURO, Donosti, 1978, gérmen de Derribos Arias.
LA CASA USHER. Bilbao, luego Usher.
LA COFRADIA. Donosti, 84, antes La Brigada ligera, «afro-donostiarras».
LA DUDA. Bergara, 91, po, procedentes Jotakie.
LA INSIDIA. Donosti, 83, influencias Joy Division y onda siniestra británica; Ricardo
Aldanondo, guitarra, colaborador en el Diario Vasco.
LA LEY. Bilbao, 86, pop-rock, luego El Límite.
LA OBESA NEGRA. Vitoria, mediados 80, pop de influencias británicas, procedentes
de Haiser, Ke Asko, Mirotz, Nahiko; su guitarrista, Arturo Blasco, luego en Potato; lps:
recopilatorio La Rosa, Algo más arriba.
LA PERRERA. Donosti, 89, raw power, Ramones, Stooges; lps: Right side of our
minds.
LA SECTA. Bilbao, 88, «raw rock&roll», cantante -Gorka- del fanzine La Herencia de
los Munsters, inglés; lps: Blue tales, It«s gonna be a wild weekend.
LASTER. Lejona, 80, rock duro.
LA TE æRCERA EN DISCORDIA. Eibar, mediados 80, pop-rock intenso.
LAVABOS ITURRIAGA. Getxo, 82, «¿tecno experimental?, ¿tecno gregoriano?,
¿tecno hippie», Oscar Amezaga, Roge Blasco; lps: S. Independiente.
LEIZE. Cestona, 82, rock duro; lps: Devorando las calles, Buscandoé mirando, Loca
pasión.
LE MANS. Donosti, antes Aventuras de Kirlián; lps: Le Mans, Entresemana, Zerbina,
Saudade.
LIQUIDACION POR REFORMAS. Vitoria, funk-rock, procedentes de Fausto y
Formas, su sección rítmica (los hermanos De La Casa) acompañaban habitualmente a
Ruper Ordorika.
LITTLE FEET&THE PRENATALS. Vitoria, 89, ska; lps: recopilatorio Latin ska fiesta.
LITUS-VAN. Donosti, 83, procedentes de Atman.
LIVERPOOL. Barakaldo, beat, procedentes de Impecables, Billy el Niñoé, Los Santos,
Isidoro y su Coleccióné; lps: Liverpool, Me gusta que te guste.
LORD SICKNESS. Bilbao, inglés, noise-pop; lps: Neumotorax
LOS ANGELES DEL INFIERNO. Lasarte, finales setenta, heavy.
LOS AULLIDOS. Orereta, mediados 80, antes Los Olvidados, pop õ-rock.
LOS CLAVOS. Getxo, 89, procedentes de La Obra, rock abrasivo, inglés, Ricardo
Andrade y JC Parlange, influencias Ramones, luego en Bonzos; lps: Revolution n¼10,
Rare world.
LOS COJONES. Santurce-Portugalete, mediados 90, antes en Sabotaje, War, La Cuenta
atrás; lps: Hoy no me voy.
LOS DALTON. Barakaldo, punk-rock; lps: Recuerdos.
LOS DEL RAYO. Alsasua, 88, procedentes de Motor 600, Detritus y Mala Conciencia,
rock de buenas melodías; lps: é Por la cara, Miedo al miedo.
LOS EXTRAÑOS. Bilbao, 85, procedentes de La Lechuza Autómatica, Primitivos, Test
y Gazte Hilak, rock garage, Jon Zamarripa.
LOS LOPEZ. Durango, mediados 80, ska, punk, salsa, reggae, incluyeron un tema en el
recopilatorio Hemendik y tres en la casete Urgente de Lorentzo Records.
LOS RAROS. Bilbao, finales 80, rock garage, Jon Zamarripa, antes Los Extraños; lps:
No es un buen plan.
LOS RIGIDOS. Donosti, 85, antes Elásticos.
LOS ROTOS. Bilbao, 87, rock&roll, antes en Bahía de Cochinos, Come de Akí, ATS,
Gansters.
LOS SEDIENTOS. ýBilbao, finales 80, procedentes de Arlekín, Zer Bizio? y
Primitivos, pop-rock.
LOS SANTOS. Bilbao-Amurrio, primeros setenta, satíricos, onda Kinks, «los nuevos
reyes del pareado». «Muchos grupos de ahora que quieren hacer pop, parecen tan serios
que quizá se han equivocado de historia, y deberían estar haciendo jazz, gregoriano o
meditación trascendental».
LUR. Bilbao, mediados 70, empezaron llamándose Gora, influencias de CSN, Neil
Young, Bob Dylan, country; luego se llamaron Woodstock, en inglés; en 1979, Lur,
rock sinfónico euskera jazz-rock, Genesis, Pink Floyd.
LUSTY MEN. Donosti, finales 80, «punk-rock-ácido-guitarrero», Mikel Insausti,
procedentes de The Covers, Antirégimen, luego Big Crunch; lps: Lusty men.
MADARIKATUAK. Hernani, primeros 80, rock&roll.
MAGDALENA. Pamplona, 79, influencias sinfónicas y jazzeras; lps: Lanera sartzen.
M-AK. Donosti, mediados 80, funky, euskera, «hacen temblar los esqueletos tanto del
aborigen más primitivo como del dandy más distinguido»; lps: Emeak eta arrak, Zuloa,
³ Barkatu ama, Gor.
MALA FAMA. Iruña, 89, «rock etílico-saturado», procedentes de Poker, Ad Hominen,
Kuatroele, De Lunes, Tierras Santas; lps: recopilatorio Oihuka.
MALAÑA. Arrasate, 85, punk-rock.
MALAYERBA. Vitoria, 89, blues, rock&roll, pop, luego DeMala Fe.
MAL DE OJO. Donosti, mediados 90, antes en Mogollón, Iñaki Gasca; lps: ¡Vengaé y
que siga la fiesta!
MALOS TRATOS. Pamplona, 84, antes en Kafarnaun, pop-rock, voz femenina; lps:
Muerte o locura, El beso del camaleón.
MARRANZZANA. Lemona, 86, r&b, influencias Barricada, Suaves.
MARTIN LIO. Bilbao, primeros 90, pop-folk-rock
MARTXOAK 31. Durango, finales 80, funk-rock,
MASTER. Gasteiz, finales 80, heavy, procedentes de Cobra, Osiris y Harlem
MATRAKA. Iruña, 87, antes Belladona, rock-punk; lps: Gure salaketa, Beldurrik ez.
MATRONA IMPUDICA. Arrasate, 83, onda siniestra.
MAZMORRA KILLERS. Durango, 92, antes en Los López, Skakeo,
MCD. Bilbao, 79, punk-rock, inestabilidad en la form íación, Nico (hermano de Lupe y
Lole Vulpes), Rockan, Neil; lps: Bilboko gaztetxean, Jódete, De ningún sitio a ninguna
parte, Grandes éxitosé de otros.
MC GOMEZ. Santurce, mediados 80, principios rockabilly, country; lps: Perder o
ganar.
MEDANOS DE SINGAPUR. Bilbao, 82, procedentes de Snoopy, Veroína y los
Estricninos, 091 (los de Bilbao), after-punk; lps: recopilatorio Sintonía Independiente.
MEPHISTO. Iruña, 86, procedentes de Camelot, Pabellón Negro; batería, Tellez de
Gasteiz. «heavy mezclado con música clásica»; lps: compartido con Mergus, mini-lp
Psicophonía.
MERLIN. Vitoria, 86, antes en Aligator, luego llamados De Tu Calle; precedente de
Contrabanda, bajista, Julio, luego en Potato; guitarras, Jose y Ramón.
MINORIA AGRARIA. Tudela, mediados 80, rock, procedentes de Boulevard y de la
orquesta de verbena Astro de Corella (que a su vez procedía de Klabelin Komik), bajista
(Juanma Ugarte) luego en Tahúres Zurdos; lps: Luna Turbo.
MIROTZ TALDEA. Vitoria, 80, en euskera, euskal-pop, Ander ÕIbañez, Juan Mestre,
Simón Ibarretxe, luego se escindiría en Dazibao y Nahiko; lps: Harrika hildako
mitxeleta.
MOGOLLON. Donosti, 78, pop, donosti-sound.
MPB. Durango, 89, hardcore; cds: Tod*s culpables.
MUGRE. Burlada, finales setenta, rock sureño+rock duro+r&b; lps: Dale caña a los
pies. Puntxes, batería, luego en Tahúres Zurdos.
MULTIPLE 12. Iruña, 87, antes en la orquesta de verbenas Skape, influencias Cure,
Specials, Echo and the bunnymen.
M†NSTERLAND. Bermeo, 92, rock descarga; lps: El Colgado, editado por Pozoin
Banaketak, distribuidora alternativa de Laudio.
MUSICO DESCONOCIDO. Zaramillo, rock, antes Pota Freska, lps: Oír y callar.
MYSTIC GAME. Bilbao, mediados noventa, rock, Carlos Creator.
NACIONAL 634. 81, after-punk, Kike Turmix (cantante, luego en Pleasure Fuckers).
NASTE BORRASTE. San Ignacio, 84, rock, ska, punk, hardcore, lp: Ponga un idiota en
su vida (DS), con la colaboración del trikitilari Kepa Junquera.
NAHIKO. Gasteiz, 83, procedentes de Mirotz æTaldea, pop en euskera.
NECROFILIA. Iruña, mediados 80, rock&roll siniestro, Parálisis, Desechables, antes en
Cherokee y Neumáticos, voz femenina (Kristel, luego en Malos Tratos); bajista, Luis,
luego en Tahúres Zurdos.
NEGATIVO. Donosti, el cantante procedía de Brakamán (grupo que hizo la banda
sonora de la película Arrebato de Iván Zulueta); su bajista -Rafa Balmaseda- tocaría
luego en los madrileños Parálisis Permanente, Seres Vacíos, en Speed y Vidas
Ejemplares; y el guitarra, çngel Altolaguirre, en Dinarama, Angel y las Guais.
NEON PROVOS. Pamplona, Josetxo Ezponda.
NEUROSIS. Santurce, 82, rock duro, voz femenina (Mari Luz), guitarra, Iñaki, luego en
Zer Bizio?
NIKO ETXART. Maule, comienzos en los primeros setenta, en París, con un pie en la
música popular vasca y otro en el rock, en Zazpi Gara, colaboración con Minxoriak; lps:
Nahasteka, HasÕ dantzan, Tumatxa, Baikor.
NO. Donosti, 82, punk estilo Ramones, temas: Paralítico total, Jimmy, Jimmy; lps: G.
Star 82.
NO HAY MAS. Vitor üia, 89, hardcore.
NUEVA RELIGION. Las Arenas-Algorta, 82, onda siniestra-humorística, influencias
de Cure, The Sound, Psychedelic Furs.
NUEVO CATECISMO CATOLICO. Donosti, 92, rock descarga, antes en La Perrera y
Barrakos.
OHIANA. Tafalla, 80, rock sinfónico, incorporación voz femenina, evolución al heavy;
lps: Menos sensibilidad, En otro lugar.
OK KORRAL. Zarauz, 85, antes Humedecidos, rockabilly, rock&roll clásico, en
euskera, cantante femenina; lps: Beti gogor, beti mozkor.
OPTALIDON. Barrio donostiarra de Eguía, punk.
OSIRIS. Vitoria, finales setenta, entre el pop y el heavy. Javi Pagola (guitarra) luego en
Segundo Banana, Jose Ogara.
OSTIKADA. Oiartzun, euskera-castellano; lps: Ostikada.
PARABELLUM. Barakaldo, mediados 80, punk-rock; lps: No hay opción, Bronka en el
bar
PARA LELOS. Rentería, 87, rock cañero, antes Txangot, ganadores IV Villa Bilbao,
teloneros Public Enemy; lps: Superéxitos, Baila, é Tú más.
PASSION. Santurce, 90, rock, antes en Reacción, Bang, Halley, Exodo; lps: Nunca vas
a cambiar.
ûPILT. Mungia, euskera, mediados 90, procedentes Broken Bihotz, influencias Faith
No More.
PIPERRAK. Lodosa, punk rock; lps: Arde ribera, Los muertos de siempre.
PISKERRA. Valtierra, mediados 80, «rock bardenero»; lps: Apuñálalo, V centenario,
Demasiado cielo sobre nuestras cabezas, Ziudad Zoologizada.
PIZTIAK. Ondarroa, 90, procedentes de Tu-k, pop-rock euskera; lps: Huts nazazu, Hasi
orduko.
P. KO. PUTREAK. Basauri, mediados 80, punk, MDC, King Kurt, euskera.
PLEYADE. Gasteiz, mediados 80, heavy femenino; batería Marta Aldama hija de Tito,
saxofonista de Hertzainak.
POP CRASH COLAPSO. 1991, antes after-punk en Cien Años de Odio; lps: Searching
some recreation.
PORKERIA T. Pamplona, 84, punk.
POTA FRESKA. Zaramillo, 85, rock duro, influencia Leño, lps: Mucho mamoneo, Qué
sol más bonito. Luego se llamaron Músico Desconocido.
POTROTAINO. Ordizia, 84, rock cañero; lps: Muerte al violador.
POTTOKA. Valle del Baztán, finales 80, «cantautor, radical, pachangero, divertido,
marciano, sincero», euskera; lps: rec æopilatorio Oihuka, homenaje Mikel Laboa
(Txerokee).
PRIMAVERA EN CHERNOBYL. Vitoria, 92, «ritmos acelerados, voces ásperas y
volumen bien alto», en 1993 participan en la creación de La Nave Pirata, local situado
en el polígono industrial de Jundiz, cuya pretensión era proporcionar locales de ensayo,
organizar conciertos, grabar maquetas, en 1994 incluyen tres temas en un recopilatorio
editado por la Nave Pirata.
PRIMITIVOS. Bilbao, 83, «Trogloditas asfálticos» (Kolega); La Caza, maketa mítica,
Bego ex-Vulpes, banda de culto que no cristalizó.
PURR. Donosti, 94, rock guitarrero; cds: Purrmotion.
PUSKARRA. Donosti, finales 70, escisión de la O. Mondragón, producidos por Shanti
Ugarte, salían a escena en pijama, (Mamá, yo quiero ser terrorista, La chica de la
vespa), pop-rock, donosti-sound.
PUTAKASKA. Baracaldo, 86, punk-rock; lps: Putakaska, Vivo vacilando.
QUITE FANTASTIC. Getxo, 94, pop-rock inglés, antes Hardbeat; lps: Quite fantastic
QUATTRO CLAVOS. Zaldibar, principios 90, rock m ýetálico en euskera.
QUEMANDO RUEDAS. Vitoria, 86, rock&roll, Pescadilla, primer guitarra de Cicatriz;
Dieguillo, bajista, letrista y colaborador de Cicatriz, promotor de La Nave Pirata y del
circuito de actuaciones Comtra Culture; evolución hacia rock cañero; lps: Aquí vale
todo.
QUINTA COLUMNA. Iruña, 87, pop, influencias Dire Straits.
RABIA. Bilbao, finales 80, rock, antes Atentado, influencias Rosendo, Suaves,
Ramoncín, Barricada; lps: Correr y escapar, No me puedo controlar, Tu mala sombra.
RADIKAL HC. Basauri, 85, hardcore («una clase musical que significa dura y rápida»);
lps: Venganza, Injusticia, Hay que volaré .
RAEL. Basauri, segunda mitad 80, onda Genesis.
REFUGIADOS. Pamplona, mediados 80, influencias rock de los cincuenta y
psychobilly, antes Ser-vicio Público, lps: Las noches del exilio (colaboración de Carlos
Segarra de Rebeldes).
RENEGADOS. Santurce, 84, rockabilly, procedentes del fanzine Rock Mola.
REPLICANTES. Vitoria, rock&roll, antes A la Fuga; cds: Replicantes
REVOLVER. Vitoria, fina ìles setenta, influencias de Beatles y música de los Ô60,
llegaron a grabar un disco en Dos Rombos (el sello que editó el single de Las Vulpes)
pero no se estrenó; luego pasaron a llamarse Líneas Aéreas del Norte; uno de sus
componentes çlvaro Ortega sería después dibujante de comics.
RITUAL DE LO HABITUAL. Pamplona, primeros 90, rock indie; cds: Shy.
RIVENDEL. Donosti, rock sinfónico; lps: recopilatorio europeo III Exposure,
Manifesto, The meaning.
ROCK DAM. Vitoria, 86, rock duro, procedentes de Piruleta de Hormigón; lps:
recopilatorio Descarga Norte, Llévatelo, Codo con codo.
RUFUS. Algorta, finales 70, pop-rock, con algunos temas imprescindibles como Escapó
y Vaya escena, Jorge Iturmendi, guitarra y voz.
RUIDO DE RABIA. Tolosa, 85, procedente de Tortura Sistemática, Eizen,
Autodefensa, «velocidad, silencio, primeros pasos, enfoque de la escena y crimen
perfecto», thrash-core.
SAKRE. 77, rock euskaldun, luego en Basakabi; lps: Bizitako gauzak.
SALEM. Pamplona, 87, heavy, antes Dolmen; lp Ýs: Hoy por hoy.
SANCHIS Y JOCANO. Donosti, 85, antes en Iguales y Tú y Mogollón, Juancar Landa
y Santi Gasca, «rock and roll nocturno y alcohólico». lps: Crónicas de San Sebastián,
Entre lo prohibido y lo limitado, A la clandestinidad.
SASOI ILUNAK. Portugalete-Ortuella, 90, rock euskera, procedentes de Viuda de
López, Boikot, Tak Ahula, Jahve; lps: Sasoi Ilunak, Herri xumeak
SATIRA. Iruñea, mediados 80, heavy; lps: El mundo de los sueños, Tiempos duros.
SAZ LE BOLO. Oñate, 84, euskera, influencias de Eyeless in Gazza y XTC; lps: mini-
lp Xurrumurruak.
SCOOTERS. Donosti, 83, mods, Small Faces, Jam; lps: Secretos de mi ciudad.
SEDIENTOS. Bilbao, 89, procedentes de Zer Bizio?, Arlekín y Primitivos, rock.
SER-VICIO PUBLICO. Pamplona, mediados 80, antes Memorias Acrílicas y SOS,
rock&roll.
SHELYAK. Donosti, 88, heavy, procedentes de Averno y Mandraker; lps:
SHOCK. Donosti, mediados 80, heavy.
SKALOPE. Erandio, 85, punk-rock skatalítico; lps: recopilatorio Más que punk, Al
galop þe, Derrigor.
SKORPIO. Amurrio, 1973, comienzos en verbena, rock duro, AOR, también se
llamaron Napoleón.
SPARTO. Iruñea, principios 80, heavy; lps: Todos juntos, Víctimas-Héroes.
SPEED. Donosti, 84, ex-componentes de No, Asco, punk-rock; lps: Anticomercial,
Contento.
SS-77. Arrasate, 89, punk-rock euskera.
STARGUAIS. Vitoria, mediados 80, grupo femenino que salió de una obra de teatro de
la compañía Hordago; actualmente, Idoia (en Panta Rei), Plim ( en La Tirili).
STORBAIS. Ermua, mediados 90, thrash, antes en Todos al Suelo y Fobia: cds: Tóxiko
sa ingestao.
SUAZ BLAI. Sodupe, 87, comienzos en verbena, Menhir, pop-rock y ska en euskera;
lp: Zer pasatzen da (Ez zaitugu ahaztu, tema dedicado a Jesús de la Rosa Triana), Suaz
blai.
SUBELTZ. Vitoria, 86, influencias Cure, Clash, Cult, maketa producida por Josu
Zabala.
SUBVERSION. Vitoria, 85, punk, RIP, antecedentes en Navajazo en el Bazo y
Resistencia, luego formarían otros grupos como No hay más, A la fuga y Quemando
Ruedas.
SUBVERSION X. Sestao-Santurce, roc Úk rabioso, primeros 90, punk; lps: Esperando
el final.
TALION. Bilbao, 84, heavy, procedente de As de Espadas, su batería Bruno fallecía en
accidente de moto en septiembre del 91.
TAXI KARLO. Iruña, 85, algunos temas en euskera, rock&roll, rock duro, antes en
Virus y Satén; lps: Ahora no voy a cambiar, Dirección norte.
TENIENTE BLUXBERRI+VANGUARDIA ZIBIL. Donosti, primeros 80, De
rendirseé nada (maxi)
THE ALLNIGHTERS. Vitoria, 88, blues, r&b, soul, mods; lps: Midnight boogie, Keep
on keepinÕ on!!
THE BRONTES. Vitoria, 95, «trío contundente, melódico, ruidoso, sencillo», antes en
The Zimales, Long John Silver, inglés.
THE COVERS. mediados 80, procedentes de OK Korral, Refugiados, Aullidos, con
Mikel Insausti -crítico cinematográfico de Egin- a la voz, rock garaje; lps: Cover girl.
THE DRELLAS. Laudio, 93, antes The Flying Pigs y The Forest Pigs, raw power,
influencias rock australiano; cds: Overdrive.
THE FLYING REBOLLOS. Portugalete, 91, rock cañero, influencias Mermelad Þa,
Burning; lps: Verano de perros.
THE IMPRESENTABLES. Arratia, 91, rock&roll.
THE MAGIC TEAPOT. Getxo, mediados 90, influencias rock ácido de California, voz
femenina, ganadores VIII Villa Bilbao.
THOR. Donosti, 83, heavy; lps: Mata a la bestia.
TINTA CHINA. Vitoria, 89, procedentes de la orquesta Claqué, Nahiko, Paralelo 111,
La Obesa Negra, Jerga, Estación Lisboa, influencias de Chick Corea a Itoiz.
T-MOMOS. Donosti, primeros 80, rock duro, procedentes Globo, Dolmen, Johnny y los
Relámpagos.
TOCAMAS. Pamplona, 76-78, satírico-musicales.
TORTURA SISTEMATICA. Tolosa, 84, hardcore.
TRAUMA. Rekalde, principios 90, thrash-metal, heavy; lps: Destino oscuro.
TUBOS DE PLATA. Pamplona, finales setenta, rock duro, procedentes de Tapimán y
Henry and the Seven.
TU-K. Ondarroa-Lekeitio, mediados 80, tecno-pop euskera, luego Piztiak.
TXORROMORRO. Donosti, mediados 80, procedentes de Kus Kua Fen y Familia
Iskariote (Kortatu les dedicó una canción), euskera-castellano, rock satírico.
UHF. â Donosti, finales setenta, punk-rock, donosti sound (Quiero ser un pitufo).
ULTIMA PORKERIA. Pamplona, 87, procedentes de Ultimátum y Porkería T.
ULTIMATUM. Iruña, punk-rock, incluidos en el recopilatorio de DS Condenados a
Luchar.
UNE LATZAK. Laudio, mediados 92, procedentes de CLGSE.
URTZ. Donosti, primeros 90, rock duro euskera; lps: Ekaitzaren garrasia, Hautsa
astinduz, Hain urrun.
UTIKAN. Donosti, segunda mitad 80, punk, hard-core.
UTM. Vitoria, mediados 80, de rock duro, procedentes de Animales Sueltos, Yugular,
Harlem; lps: recopilatorio Descarga Norte, recopilatorio Metal Hammer II, Un trago
más.
23 OJOS DE PEZ. Donosti, procedentes de En El Jardín, pop experimental,
Housemartins, Javi (MC Pez) luego en Parafunk.
VIDA ATLANTICA. Beasain, 88, antes en JZK y Ancha es Castilla, pop; Sergio G.
Cruzado, colaborador habitual de Devorame del Diario Vasco.
VITUÕS DANCE. Vitoria, 89, hardcore, su guitarra Pedro luego en Soziedad
Alkohólika; lps: compartido Homo hominis lupus.
VOMI êTO. Irún, 84, antes Vómito Social, rechazo al no hay futuro, onda anarquista
Crass, inestabilidad en la formación; lps: recopilatorio Skalherria punk, Vómito social,
A un paso de la locura, El ejercicio del crimen, La Circulación en el laberinto.
VOZ EN OFF. Donosti, 79, una canción en el Gipuzkoa Star 82.
VULPES. Bilbao, 80, punk-rock
YOGUR. Bilbao, 93, «padecen arrebatos ruidosos, crean atmosferas caóticas y mezclan
directo con interpretación», procedentes de Eliminator Jr. (Gijón), La Secta.
YO QUE SE. Alsasua, 80, versiones, más tarde sinfónicos, luego rock callejero, letras
certeras; precedente de Jesse James Band.
YO SOY JULIO CESAR. Barakaldo, 84, procedentes de Isidoro y Sué y de Médanos de
Singapur, Bahía de Cochinos, Yavhé, power-pop, Alfonso Herrero, guitarra; cantó con
ellos Mamen-Vulpes, ganadores del primer Villa de Bilbao; lps: Lo estamos pensando,
Nada es verdad.
YUNKE. Portugalete, primeros 80, estilo Beatles, luego Los Nuevos Vecinos, Los
Impecables, Liverpool.
ZALDIBOB úO. folk-trikitixa-rock, Joseba Tapia, Mitxel Ducau, Beñat Amorena (los
dos últimos, ex-Errobi); lps: Basajaun.
ZARAMA. Santurce, 77, punk-rock, Roberto Moso, cantante; lps: Indarrez, Gaua
apurtu arte, Dena ongi dabil, Bostak bat.
ZARRAPO. Iruña, mediados 80, antes en Confesión, Alerta Roja, hermanos de dos
componentes de Barricada, rock&roll.
ZARTAKO. Pamplona, 86, heavy, procedentes de Dorax, Danger, Decámeron,
Piramide, Hijos de Caín, luego Gandalf.
ZEN. Bilbao, finales 70, «es común en todos nosotros la idea de mezclar el rock con un
poco de raíz de aquí, con otro poco de jazz, algo de bossa y salsa».
ZER BIZIO? Bilbao, mediados 80, punk-rock, toque jevi; lps: recopilatorio Borrokari
loturik, Sentimientos y venganza, con una cara en directo; Gasolina y fuego; Buen
agujero y sin salida.
ZIMEL. 79, rock duro, dulzaina, txirula, antes en Célula, Satán, Gernika, Xeberri (voz),
Aitor Amezaga (teclados).
ZIPER. Legazpia, su cantante luego lo sería de Hertzainak, rock and roll en euskera.
ZOKOAN. Elgoibar, î 92, rock euskera; cds: Elgoibarko musika (recopilatorio de
bandas de la localidad editado por Kilometroak).
ZORROSTIAGA. Vitoria, 89, heavy, procedentes de Animales Sueltos, Purgatorio,
Requiem y Ley Seca.
ZURRAPAK. Gernika, mediados 80, rock cañero, punk 77.
9. Letras.
BOTES DE HUMO (Eguizabal-Cicatriz)
Son las ocho y ¡qué follón!
en la manifestación.
Polis con cascos verás,
la jeta te partirán.
Atentos a lo que veis
se han bajao del jeep los seis.
Atentos a lo que veis,
se han bajao del jeep los seis.
Botes de humo, botes de humo.
Botes de gas lacrimógeno
te tiran a ti y al prójimo,
con las porras van cargando
y a la basca van currando.
La libertad de expresión
es sólo pura ficción.
Mogollón de represión, mogollón de represión.
Botes de humo, botes de humo.
INADAPTADOS (Eguizabal-Cicatriz)
Buscas comida en el hogar
tu viejo, de mala hostia, tienes que currar.
Hace un día chungo,
¡vaya mierda!
tomamos cervezas con unos colegas.
Somos zombis mutantes inadaptados
automargi únados seres
en un mundo, en un mundo
en un mundo de retrasados.
Yo mismo me siento feliz
de ser un puto subnormal
con delirios de grandeza
mientras me hago un chute
y privo cerveza.
Somos zombis mutantes inadaptados
automarginados seres
en un mundo, en un mundo
en un mundo de retrasados.
GALTZETAN GORDETZEKO KOBLAK (J. Sarrionaindia-R. Ordorika)
Artizarra ortzantzean lehena da argitzen
saguzahar zaharrena oraintxe da esnatzen
teila gorri orma grisa ixilean laztantzen
zoko beltzen hegaztiak gau berria ehuntzen.
Hemen gautza ezin irten errausten gaztelutik
gaua sare erraldoia gugana abaildurik
azpian nau gatibatzen tristurari loturik
hemen natza hau zer denentz adierazi ezinik.
Hau izuen gordeleku eta belar hitsena
hau malkoen katedrala gizaseme hutsena
hau eremu bezperage biharamun motzena
hemen datza gorpu bizi herri bat izan zena.
Hanitz lore sortzen omen hurruneko bizira
gartzelara sartu oro heldua da hobira
saguzahar ehunleen urkabeen hegira
zelan kulun-katzen garen bi begiez begira.
Argi gabe ar éi nauzu giltzapean koblatan
ionazea bisitari gogoaren zainetan
zaindariak paper bila ari dira zeldetan
erdu eta to zuretzat gorde itzazu galtzetan.
BYE BYE GIZONTXO (J.M. Iturralde-R. Ordorika)
Oso gustokoa dut zure koloredun kamisa
igande gaueko azken autobusean zoazela
etxeak hospelak dira eta kalea goibela
telediarioko gizonak ez du jakin nahi
gaur arratsean izandako abenturaz.
Ez Tristetu gehio, gizontxo,
Rosa tzuliko da berriro
datorren hilabeteko egunen batetan.
Gazteak ginen kasik orain dela gutti
hamar urte demagun gure amk ez baleki
bataren atzetik bestea, egun multzoa
eta horri jendeak deritzo bizitzea
zergatik deritzo bizitzea?
Baina benetan ez sumindu, gizontxo,
oso polita dakarzun koadrozko jaka
zine sarrerak, erretratua, orrazia.
Lo egizu, dagoeneko prest daukazu
mesanotxean kiniela, ohe bikoitza berotu behar
bai, bataila bortitzenak urrun xamar beti
beste nonbait aurreratzen
irabazleen biba astunak.
Loe egizu, gizontxo, abaildurik zoaz
ixil ixilik eta oso arin
gaueko a þzken autobusean.
BERANDU DABILTZA ([Link]-R. Ordorika)
Eguneroko bizitza ikatza bezalako labexomorroak ixurtzen hasi zenean etengabe
Otis Redding badiako kaian eseri zen aideplano eroriei kantazteko blues band
Sagarraren loreek su hartu zuten eta niri odola hasi zitzaidan sudurretatik
baldosa zuriko komuna publikotan pornografia irakurtzen ari nintzenean love
Eta alkimistek txosten bat eman zuten argitara plusvaliaren alde azalduz erabat
Errestaurantetik bi homosexual bota zituzten arrazoi komertzialak zirela merio
Bakardadearen milaka kopia imprimatu ziren neguaren ateetan geundelako
Ene osaba batek postale bat izkribatu zidan Stop ene urtebetetzea zelako Stop iloba
eta bide batez bere seguruetxea kontseilatu nahi zidalako inoiz ez da jakiten noiz
ene maitaleak telefonoa jo zidan kobre zaporeko maitasunez gauaren erdian, gauaren
erdian
Eguneroko bizitza ikatza bezelako labexomorroak ixurtzen hasi zenean etengabe
Gero ernari gelditu zen hibaia zerutik atergabe jausitako espermaz
alkandora arrosak lore dunak xuriak gorri beltzak multikoloreak herrestan eramanez
eta aste berean ni puta bat naiz oihuztatu zuen ezkontza despedidan chanpagne
Olivetti batetan bere lehen gutun erromantikoa osatu zuen sekretaria lotsatiak
Eskaleek haiere trapuzko etxeak jaso zituzten zubipean mitxeletak babesteko
kattagorriek supermerkatuari eraso zioten altxa besoak non da intxaur kaxafuertea
Negua heldu zen azkenez eta antzerrek V bat egin zuten zeruan
Dispensariotan antitristezi pildorak banatu zituzten ugari
Ejiptoko zazpi izurriteren edizio ugaldu eta korrejitua usmatuz
Zoriona gramoka saltzeari ekin zioten trono aingeru eta kerubinek
Birtute kardinalek igotze desnaturala eman zuten Erromako boltsan
mila liburu erregalatu zituzten bankuek ora eta bereziki labora lemapean
baina alferrik zen berandu dabiltza ez dute ezer lortuko honez gero
palazioak lurrera doaz gartzeletako ormak pitzatu egin dira
eta gu libro gabiltza kaleetan tirantezko galtza laranjaz jantzirik, libro libro.
DROGAK AEKÕn (Bego Arrieta-Hertzainak)
Eul üixa najak eta oin ez poliziagatik
AEKÕko baskoek aspertu nabe batuakin
ta patxaranarekin.
Egunero klasera joan
ta kolegak kalean
eta arrotza sentitzen naiz
kanutoa zeinik pasa,
zeini konta kaleko azken mobida
zetako?, ez dabe entenditzen
ez dia beinbez kalian bizi izan
ta ondio ez dabe betiko eskemak
apurtu: Jaungoikoa, lege zaharra
ta H.B.Õri botua eman.
Eta oin nerbixu danak
apurtuta jauskat
bertsoak eta trikitixak ikasi diot ala?
hainbeste alegindu biar naiz
euskalduna izateko?.
Eulixa najak eta drogak nahi ditut AEKÕn
itsua egoteko baskoak ez ikusteko.
EH TXO! (Curro-Hertzainak)
Gogoratzen haiz ze ondo pasatzen gintuen?
kristo martxa zegon sasoi ilun hoietan
gaur dirudi demokraziak utzi haula pott egiña
ipurdi hartzeari gustua hartua dioala
Inorako bidean doazen anka motel hoiek
nork esango zian hireak direla
leku guztitatik korrika ibiltzen hintzen, egunero
ta orain ikusten haut zintzilik etz guztiz, aiko maiko
Eh txo! gehiegi itxoiten duk
Hire begirada heabetiak agertzen d ÷ik
zer egin jakingabetasunak indargabe haula
benetan zeharo akabatuta hagola, ematen dik
ta ezin duk konformagaitz bat izan hintzela, gogoratu
Eh txo! gehiegi itxoiten duk
Atera hadi kalera ta bereskura hire martxa
itxoiten ezin duk ezer lortu.
ARRAULTZ BAT PINU BATEAN (Karra Elejalde-Hertzainak)
Gaurko paseoan arraultz bat pinu batean
txorakeri bat dirudi bainan guztiz egia da.
Pinura igo arraultza begira
sargento baten potroak
okupazio ejerzitoaren
seio ta guzti darama.
Ta esaten diot nik nere buruari
parakaidistaren batek galdu du hori
heroia ala ero, biak segurazki
hainbeste pinudi eta abiotik jaurti.
Jarraitzen dut paseatzen pinu asko dago bai
baina zorritxarrez beste arraultzik ez
pinuz potrotaraino
eta militarrez nola esan?
Haiek pinuak hona ekarri
ta orain bere arraultz ustelak utzi
hobeto genduke hartu ta pinukin guztiak
kanpora bialtzera hemendik
baina heroi bat izan nahi ba duzu
hobe ipurdian tiro bat bota ezazu!
hau orgasmoa!
Eta beharbada egunen batean
Euskadi izango da libre ta tropi êkala
militarrik gabe, buruaren jabe edo,
zergatik ez, buru gabe hobe.
Beltzak eta alferrak bihurtuko gara
kooperatibak ere itxi behar eta
leku guztiotik deskomekatuak
libre egiteko edozein pekatuak.
Euskal txokoetan platerik onena
bermeoko iguana pil pilean
arratsalde osoa siesta batetan
porrusaldak, rona, whisky eta izotza.
Ta nekazariek landuko dituzte
kokoteroak pinuen ordez
eta arrantzaleak kontrabandora ta piraterira
pasako dira.
Eta bukatzeko Gernikako arbola
palmera lirain bat bihurtuko da
Euskaldun guztiok ibiliko gara
ipurdia mugitzen bermudetan
hau astakeria!
NO PENSO EN EL 92 (Pako Pekao-Potato)
Desde aquí izaron las velas
y partieron las tres carabelas
en busca de adobo y picante
pÕa que la reina condimente sus carnes.
En la mar Cristóbal sabía
que su cabeza de un hilo pendía
o encontraba lo que andaba buscando
o si no otro currelo ir mirando
No pensó en el 92é
Y llegó a una tierra extraña
que estaba muy lejos de España
sedució y engañó a los nativos
la maldición pasó ÿ su testigo.
Descubrió su propia ignorancia
descubrió un genocidio de razas
descubrió el imperialismo
descubrió el futuro allí mismo.
No pensó en el 92é
500 años después
con mucha pompa y boato
se olvida la deuda exterior
se festeja la colonización
se festeja la colonización.
EL CHICO DE LA MIRADA ASUSTADIZA (Aurora Beltrán-Tahures Zurdos)
Qué valiente te sientes cuando vas con tus colegas
tu comparsa se ríe de tu elocuencia
me vacilas mucho y te quedas con mis tetas
te sientes muy seguro y viril
pero cuando te quedas solo no me sabes entrar
¿Dónde está tu elocuencia? Tu sonrisa se hiela.
Y tu mirada está asustada, y a la hora de la verdad
oye, chico, no me sirves para nada
Y tu mirada está asustada, y no me sabes entrar
oye, chico, tu mirada está asustada.
Siempre hiciste lo mismo, arroparte entre tu gente
te da miedo mirar al exterior
Será por el vacío que has dejado que haya en ti
desperdicias tu energía, no entras en mi terreno
porque cuando te quedas solo no me sabes entrar
¿Dónde está tu elocue ncia? Tu sonrisa se hiela.
Y tu mirada está asustada, y a la hora de la verdadé
LA CLASE OBRERA (Aianai-Potato)
Qué placentero es ser obrero
tener trabajo aunque sea a destajo
meter horas extras aunque haya protestas.
El bienestar, la seguridad,
la tranquilidad que resulta
de cobrar a fin de mes.
Pillar un nuevo coche no es derroche,
es el progreso
y la oportunidad de disfrutar
con dignidad.
Pero hay que hilar muy fino
pues al mejor descuido
van y ¡zas!
te largan el despido.
Y no podría resistir
el vivir sin trabajar.
Y el paro es tan doloroso,
no soporto estar ocioso.
¿Es la culpa del gobierno?
no lo entiendo, no lo entiendo,
ya funcionan sindicatos
yo los voto y hacen pactos.
¿Se entera o no se entera
la clase obrera?
Qué haría yo sin nada que hacer
si no me gusta leer
y la imaginación la perdí en el taller
Nunca he pensado, sólo he trabajado
lo que manda el encargao,
lo que decide el comité,
sin preguntarme el por qué
sin plantearme el para qué
sólo sé que hay que comer
sólo sé que hay que tragar
l üo que diga el capataz
lo que dicta el capital
pues, si me echan,
¿qué hacer, qué hacer?
KUITI (Aianai-Linton K. Johnson-Potato)
Si me tocas los cojones con tanta insistencia
no te extrañe que algún día pierda la paciencia
que te cases o te embarques es que me da igual
lo que me jode es que me trates como un subnormal
Sólo quiero que mantengas la tranquilidad.
Si la vida te resulta tan desagradable
no me impliques en cuestiones tan fundamentales
que me quieras o me odies no es lo principal
lo importante es que mantengas la tranquilidad
sólo quiero que mantengas la tranquilidad.
Entre porros, birras, coca y demás lindezas
nunca sabes dónde tienes tu propia cabeza
endereza la pereza de tanta simpleza
búscate algo que te haga vivir ¿con nobleza?
sólo quiero que mantengas la tranquilidad.
HOY ES EL FUTURO (Evaristo-La Polla Records)
La vida sigue su curso a un tiempo cruel y extraña
implacable y hermosa
alargando el pasado, encogiendo el presente
repartiendo futuros inevitables
juntando y separando gent èe.
Hoy es el futuro
ahora es el futuro
Por eso la vida es agonía
y la vivimos agónicamente
hasta el momento incomparable de la muerte.
Sólo tienes el presente.
¡Cuídate!
LA 13 (Evaristo- LPR)
El ahorro es gran virtud
y tu hucha es un cerdito
y tu hucha es como tú
y no digo nada más.
Como el miedo es tu trabajo
tienes chollo asegurado
y tu miedo es robocop
que te va a mandar al paro.
Si el amor es posesión
yo soy capitán de un globo
es mejor la soledad
que no andar haciendo el bobo.
Y aunque punky muy viril
voy fregando la escalera
y operando con el cubo
me salió la letra entera.
Cierra el balcón, cierra el balcón
que tu olor pestoso atenta a mi honor.
MIS RIÑONES (Evaristo-LPR)
Estimado señor don
te escribo estas cuatro letras
porque fui obrero tuyo
de la fábrica de tejas.
Trabajé para ti
Entregué mi salud y mi juventud
una vida perdida por no poder
arreglar las goteras.
Y me duelen los riñones
que sudaron tus millones.
Siempre haciendo lo mismo
perseguir mi destino
por l íos mismos carriles
y no fue divertido.
Aunque tarde me doy cuenta
que me hiciste la faena
No me encuentro satisfecho
y quería que lo sepas.
Y me duelen los riñones
mis dolores, tus millones
y me duelen tus millones
te la sudan mis dolores
mis riñones.
VENGANZA (Evaristo-La Polla Records)
Voy arrastrando mi decepción
de un escenario a otro escenario
voy arrastrándome sin nada que decir
y lo que digo te lo tienes bien sabido.
Yo no soy joven, yo soy muy viejo
ríete de mí, que soy tu espejo
tú y yo estamos bajo control
romper es nuestra única venganza.
Vamos arrastrando nuestra ruina
estamos demostrando que nada nos motiva.
Somos pequeñas bombas de odio
es nuestra única solución
somos los últimos, los peores
somos sobras de esta civilización.
Montando bronca nos desahogamos
cuanto más fuerte, más molestamos
no quieren vernos pero aquí estamos
marcándonos nuestra pequeña venganza.
Vamos arrastrando nuestra ruina
estamos demostrando que nada nos motiva
Nada nos mueve
No hay esperanza
¡Veng ëanza!
ASTIRO ETA AMORRUZ (Edorta Jimenez-Gari)
Bizarra egiten dut ispiluaren aurrean
laster afusilatu behar dutena legez
astiro eta amorruz.
Irratia piztuta dago hor alboan
eta potrotaraino nago eguraldiaz
hitz egiten dutenekin igoinduta naukate
asteburuko paradisuetako sasi ihesek
astiro eta amorruz.
Ene oinez sua behar dute
ene begiek izotza
gordinik nahi dut zure haragia
gordinik ere zure bihotza
gordinik nahi dut zure gorputza
gordinik ere zure bihotza
halaxe izango da laztantxua
zu goxo goxo eta ni bero bero.
Iluntzeko mamuen artean gero
igo zaitez ene gainean laztan
igo zaitez eta irentsi behar duzuna
elkarrengan bizirik geratzen den apurra
astiro eta amorruz.
Beste paradisurik ez da eta
emaidazu zure bilo iluna
hartzazu ene bizar labana
egin dezagun elkarrengan zintzurra
azken unean zure baitan urtu nahi dut eta
astiro eta amorruz.
Ene sumendi goriko edurra
zabal dezagun komuneko atea
egin dezagun gogoak ematen diguna
astiro eta amorruz.
Gordinik nahi dut zure gorputzaé ý
ALICIA EN BILBAO (Francis Díez- Doctor Deseo)
Alicia tiene una novia, se muere en Nanclares.
Sus lágrimas tiñen de rojo la Ría, donde un grupo de niños
juega a las damas.
Hay ratas gordas, peludas como tu padre.
La reina bigotuda se dedica con ternura
a joder a sus vasallos.
¡Es Navidad!
Llueve, llueve, sigue lloviendo
se oxidan los corazones, se alegran las ranas.
¿Quién diría es mejor
el perfume del triunfo
al dolor en tus ojos?
Alicia es inocente como una bruja
sortea sin miedo las alcantarillas de esta ciudad
El viejo Sabino toca el culo a Mari Jaia
que con cierto desdén se ríe y pasa.
Las putas divertidas ocupan la Gran Vía,
los banqueros calientan sus posaderas
junto a una vieja estufa en los prostíbulos del arrabal.
Mundo del revés, dónde lo hallará.
¡Sí!
¿Quién diría es mejoré ?
Alicia se desliza curiosa entre calles
Salamalikun-ongi etorri,
donde el deseo
busca a tientas la realidad
y las sardinas lucen sus pantorrillas.
En el pajar de las aguja se ha perdido una caricia,
sangra la niña,
que ï con insistencia sigue buscando
van cambiando de piel estas serpientes,
que mantienen intacto el mismo veneno.
¡Sí!
¿Quién diríaé ?
LA CHICA DEL BATZOKI (Francis Díez- Doctor Deseo)
La conocí a la puerta de un batzoki
ella venía de misa
y yo tomaba cerveza por la cara.
El himno del Athletic alteró mi corazón
y sus piernas redondeadas me excitaron.
Ella llevaba unos pololos de encaje,
una blusa blanca, las alpargatas y la falda azul.
¡Cómo es la chica del batzoki, mi amor,
con su carita de rosa y luego tan fogosa!
Mi cerebro morboso, acelerado y espinoso
hizo saltar la pasión quemando varias neuronas
¡Oh, qué calor!
Me guiñó un ojo a la entrada del servicio,
ella venía hacia mí
y yo alucinado no sabía qué hacer.
Cerró la puerta encendiendo la pasión
y una hora después
me sacaban de allí hecho polvo.
¡Cómo es la chica del batzoki, mi amor,
con su carita de rosa y luego tan fogosa!
¡Cómo es!
LA CRONICA DE SAN SEBASTIAN (JC Landa y S. Gasca- Sanchís y Jocano)
Para despertar, sencillamente ó, con resaca
y desayunar con los últimos en el Urdaneta
oír ciertos comentarios en el Nuevo Gros
de las ojeras que llevas, de las gafas de sol.
Para descubrir los encantos burgueses
con otra visión, mucho más personal
y escuchar en esta barandilla de la Concha
toda esa mierda de turismo que la hizo popular.
Para bajar al barrio viejo un mediodía cualquiera
todas las calles sin gente, todos los bares aislantes
y contemplar a Txantxillo recogiendo pesetas
entre otros mendigos de su misma calidad.
La crónica de San Sebastián no es tan bonita como la pintan
en esos jodidos mapas que te dan para veranear.
Para atardecer luego, más tarde, en una céntrica zona
que recuerda a los vips
y ser chantajeado con miradas de deseo
que nunca son lo que parecen ser.
Y como quien no quiere la cosa
aparece la noche y empiezas a naufragar
hoy, aquí en verano, puedes unirte a esa fiesta tropical
que dan en el Ku.
Otro fracaso más, desanda los pasos, esto es San Sebastián
otra vez con los últimos de la noche
otro ÿ desayuno, otro bar y otra vez a despertar
con la misma resaca, con distinto paladar
y me darás la razón, cariño,
a Donosti lo odias tanto como a mí.
La crónica de San Sebastián no es tan bonita como la pintan
en esos jodidos mapas que te dan para veranearé
AS NOITES DA RADIO LISBOA (JC Perez-Itoiz)
Espazioan ortzeak ertzik ezé leihotik at
argiak bustitzen du nere ontzia
grabitate ezean nigan oroimen oro
iragana bihurtzen da gardena.
Lurraren azala ximeldu zen
harrizko uhinak, plastikozko mende
infinitora narama, ni naiz Ulises
planetaren hautsak haizeak
zabaltzen ditu orbean.
Itzalean logelan flexoaren ondoan irratia
bihotz baten taupadak nahasten ziren
Radio Lisboaren emisioez
gauaren azken mugetané mugan.
Lurraren azala ximeldu zené
VERANO DE PERROS (Edorta Arostegi-The Flying Rebollos)
Cerveza caliente, sudor en mi cuerpo
comida grasienta por mi habitación
verano de perros en la sucia ciudad
no hay chicas bonitas ni tablas de surf.
Sólo estoy haciendo un jodido plan
porque no tengo un pavo y úme quiero najar
no tengo dinero, no tengo dinero
no busco trabajo, sólo quiero dinero
no tengo dinero, no busco trabajo
sólo quiero un buen fajo y correr como el viento.
No tengo ideales a los que ser fiel
Dios nunca visitó mi callejón
no tengo un papito que me afloje el flus
sólo doy rienda suelta a mi imaginación.
No tengo dinero, no tengo dinero
no busco trabajo, sólo quiero dinero
no tengo dinero, no busco trabajo
sólo quiero un buen fajo y correr como el viento.
El cura me hizo derramar lágrimas, la escuela saturó mi cerebro
las esquinas fueron mis aliadas para darle esquinazo al maestro
me meé en el librito de las normas, los vecinos criticaron mi aspecto
y juré ante todos mis amigos que jamás iba a morirme de viejo.
KARTOIPEKO AMETSAK (Igor Elortza- 7 Eskale)
Eguzki izpiek argitu dute
dorrea goizalbarako
kanpoan nere lurrak esnatuz
doaz egun berrirako
jan ta edariz mahaiak gainezka
nahi ditut guztientzako
gonbidatuta daude errege
zoriontsua delako
Parke hertzeko banku batean
ilunaren babes ýean
etsipena poz bilakatzen da
kartoipeko ametsean.
Nere jantzitan senti dezaket
zure laztan atsegina
errehiriko miseri zulo
zikinek eder egina
iluntzerako izango zara
nere lurren erregina.
Ametsen gauan iluna argi
eta koloretsu dago
norbera baita izarartean
beste izar bat gehiago.
Zakurren zaunkak entzun ditzazket
hotz ziztadak behatzetan
graziosoak sinesten diren
sei gazte gaizto isekan
poliziaren sirena hotsa
neroni so dauzkat bertan
gauez ere ez al nazakezue
lasai utzi ametsetan!
Eskerrak zure besotan berriz
zerura naizela igo
ohetik jeiki ta muxu eman
didazu hain maitekiro
zuk ezer jantzi gabe biluztu
nauzu astito astiro
nik zurea ta zuk nere soina
laztan ditzagun berriro.
Amets galduen laberintoan
egin behar dugu egan
heldu ezkero mundu berri bat
daukagu zai irteeran.
AUSAR ZAITEZ HEGAZ (Antonio Curiel-Altos Hornos de Vizcaya)
Utz itzasu ia gogor joko horiek
cowboy aldiak joan baitziren
hiriak irentsi baino lehenago
zerbait behar duzu asmatu
garaun artean
ausar zaitez hegaz
zure begitartetik.
ÿOihu! desafiatu artio
ez dakizun denbora geratu.
HITZEN MEMORIAN (Gontzal Mendibil- Alberto Rodríguez)
Gaua da hiri beltzean
kaleak isilean dira,
gaua da eta katuak
miauka kantoietan.
Mamu bat agertzen zait
ametsaren itzala,
bidea jarraitzen duté
etxea heldu nahian.
Jira-bila jolasean
taberna barrura noaé
kaina bat eskatzen dut
ke lainoaren artean.
Lou Reedek abesten du
kantu apal apaleané
zatoz hona, zatoz laster
zarean zarenean.
Nahastu zaizkit bide guztiak
kale erdian noraez batean
ezin etsi eta ezin jarrai
gau ilun honetan.
Nahastu zaizkit bide guztiak
karriketan itxaroten nauzu,
hiri beltz honetan
ze estrainoa den dena!
Hitzen memorian zaitudalako
denborarik gabeko sentipenean,
hitzen memorian zaitudalako
kantuaren hegadan
maitatzen zaitut.
Nekatu naiz zulo honetan
banoa hemendik kanpo
irudia iluntzen zait
gaueko haizea beltzean.
Baina berriz nahi dut ekin
ametsak aideraturik,
indarrez bidea eginik
sekulan etsi gabe.
Han dago, somatzen dut
neurea den pozaren muga,
bilari ibili ondoren
ez daukat j úada urrun.
Kale luze estua dut
hautatu dudana,
esperantza izena du
bizi-leku maiteak.
Zabal ditzagun bide guztiak
haizearen higidura batez,
hain berton eta urrun zaitut
lagun maitea!
Zabal ditzagun bide guztiak
itxaropen aide librean
ez da ezer amaitzen
gogoz gaudenean.
Hitzen memorian zaitudalakoé
CEREBROS DESTRUIDOS (Eskorbuto)
Perdida la esperanza, perdida la ilusión
tus problemas continuan sin hallarse solución.
Nuestras vidas se consumen, el cerebro se destruye
nuestros cuerpos caen rendidos
como una maldición.
El pasado ha pasado y por él nada hay que hacer,
el presente es un fracaso y el futuro no se ve.
La mentira es la que manda, la que causa sensación
la verdad es aburrida, puta frustración.
Prefiero morir como un cobarde que vivir cobardemente.
Nuestras vidas se consumen, el cerebro se destruye
nuestros cuerpos caen rendidos como una maldición.
El terror causando hábito, miedo a morir
ya estás muerto, muerto
ya estáis muertos, muertos.
EL TIEMPO MATA (N. Santacana- R. Munita-Speed)
ù
No te impliques en la ejecución
hay alguien que lo hará por ti
en la más perfecta impunidad
desde la más oscura clandestinidad.
El tiempo mata, el tiempo aniquila
el tiempo quema, el tiempo asesina.
Espera un poco y ya verás
cómo él los exterminará
ƒl es el juez, el dictador,
él es el juez, el dictador.
Todo nace, todo muere,
cuestión de tiempo nada más
perder el tiempo es un suicidio
factura que al verdugo han de pagar.
El tiempo mata, el tiempo aniquila
el tiempo quema, el tiempo asesina.
Ten paciencia y seguridad
que tarde o temprano habrá funeral.
BUSCO ALGUN MUNDO (A. Herrero-Yo Soy Julio César)
Soy una foca
Brigitte Bardot me lleva en sus brazos
haciéndome oler
ese insoportable perfume.
Unos hombres humeantes se le acercan
y le mandan aullidos
a los que ella responde amablemente
con secos latigazos.
Llaman a mi puerta
-¿Quién es?
Es Bugs Bunny
que me viene a pedir
unas zanahorias
-¿Para qué?
Para su ensalada
que lo tiene muy crudo.
Ando buscando
otro mundo en que vivir
La luna no es
üuna pastilla de dormir
Ando buscando
otro mundo en que soñar
el océano no es
una copa de coñac.
Sentado en tu mecedora, mirando
una cara estúpida en la TV,
sentado en tu mecedora, mirando,
ves que todo consiste en mentir.
Sentado en tu mecedora, escuchando
una voz snob en la radio,
todo es mentira pero afuera
alguien te atrae como la fuerza de gravedad.
Ando buscandoé
ARREBAZ (K. Uribe-Piztiak)
Arrebak etxekoa jasan ezin zuela eta
ezkontzera zihoala esan zidanean
hondartza inguruko seminarioko ruinetan
lokartu ninduen guztiz pasatua.
Orain droga gehiegi dagoela,
polizia gehiago behar dela diote eta
ni etxekoaz oroitzen naiz, xarraz, arrebaz.
NI NAIZ NAIZENA (Delirium Tremens)
Haur bat bakarrik ez nintzela
uste nuen denok bezala
zerbait lortzeko
erabaki bat bakarrik
hartu behar zela
denborak erakutsi dit
gauzak ez direla horrela
eta hemen nago ni orain pringatzen
zuek denok bezala
eta ni naiz naizenaé
nié naizena naiz
Ni naiz naizena
bat gehiago denen artean
naiz eta pixkat berezia nahi izan
Nié ü naizena naiz
nire akats eta guzti
ez daukat nortasuna saldu beharrik
Ni naiz naizenaé
nié naizena naiz
TAK ETA INSEKTUAK (Txuma Murugarren-Sasoi Ilunak)
(Gregorio Samsa-ri, bihotzezé)
Bzzzzzzz
Espazioan marraztutako espiral bat bezala jira-biraka nihoa,
jira-bira ikustezin batez,
lerro desjarraikiez markatuta,
kubuen alde izkutua markatzen del legez.
Lual iuala.
Gora nihoa, zorabio arin batez,
igotzen nihoa arin arin.
Presioagatik gorra gelditzen naiz,
ingude bat espazioan hegaka bainintzan.
Problema liburu ttipia naiz
erantzunak idazteko milaka orriz
kaligrafia kuadernotxo bat bezala
lehenengo marrak ikasteko lekua.
Ezin nere gogotatik baldosa txuriak aldendu.
Beti txuria.
Hobietako marmola.
(Baldosak, Hobiak, Kubuak, Espiralak).
Geometria lautada ilun batetan.
Berriz ere insektuak ene bizkarrean iltzatzen dira.
Altxatxen naute,
igotzen naute beren hegal hauskorrez,
kristalinoezé
edo ene hegalak al dira akaso?
Bzzzzzzzzzz
ME GUSTARIA LLORAR (J. Ezponda-Los Bichos)
Jo, qué patada en los huevos,
e üs el diablo en mi habitación
mis ojos pinchaos en sus cuernos
y mi cuerpo roto en dos.
A veces me quedo callado,
a veces me da por gritar,
a veces hablo demasiado
pero nunca consigo llorar.
Creo que me quiere joder bien,
me temo que lo va a hacer
y entonces toda la puta ciudad
se va a ondular igual que el mar.
Se pudrirá mi piel,
seré un bicho otra vez.
Anoche me estuve quemando
por eso desaparecí
no quiero estar a tu lado
cuando me pongo así.
Hoy no me creo lo que veo,
la zorra se vuelve a reír,
le patearía los sesos
pero eso le haría feliz
é felizé felizé sí
Empezarías a llorar
serías mi diablo-mamá
y yo el veneno-bebé-escorpión
¿o se te ocurre algo peor?é
¿aún quieres más emoción?
é Yo puedo ser como soy
é Jeé ¡Allá voy!é
¡Eh, vale!
era un farolé
Oh, oh, déjame por favor.
Me hago el romeo
y me sale fatal
sólo consigo ponerme a temblaré
Y yo quería llorar.
Me gustaríaé
PLATERO Y TU
Maldita la hora
no sé por qué tuve que hablar
quédate en mi casa
puedes dormir en el sofá.
De eso ya hace tiempo
aquí no te puedes quedar
te veo cada día
y cada día te odio un poco más.
Tú te has hecho el amo
y en mi queli no puedo estar
para entrar en casa
a veces tengo que llamar.
Traes a tus colegas
me ponen la casa al revés
vacían la nevera
y se soplan mi JB.
Por fin vas a marcharte
por fin podré descansar
esta vez voy a matarte
duérmete tranquilo
ya nunca despertarás.
¿¿¿¿¿¿¿¿???????????????
el tocata y el radiador
y con tus inventos
me jodiste el televisor
me has rayado los discos
de Lou Reed y de los Stones
y en la cinta de Leño
sólo suena una canción.
Por fin vas a marcharte
por fin podré descansaré
PLATERO Y TU
Qué rojos son tus labios
qué negras tus mentiras
me estoy volviendo loco
no encuentro la salida.
Me engaño y me lo creo
me inventó pesadillas
y como de cos ütumbre
me tiro a la bebida.
Los sueños de verano
quedaron en la esquina
ahora todo es extraño
me duelen tus caricias.
Me dan miedo las noches
me asustan las mañanas
ya no entro en nuestro cuarto
está lleno de nada.
Te insulto y te desprecio
la risa acaba en llanto
si crees que no te quiero
dime por qué te canto.
Y muérdeme las venas
verás cómo no sangro
mi corazón es piedra
desde que te has marchado.
Porque yo sin ti
no puedo ni esnifar
y cuando estoy contigo
siempre acabo mal.
Porque yo sin ti
no puedo respirar
y cuando estoy contigo
siempre acabo mal.
Dedicado
a Marino Goñi
a Roberto Moso
a Pablo Cabeza
a Ruper Ordorika
a Josu Zabala
a Javier Okiman Olloki
a Timoteo Jalas Ozaeta
a Pako Pekao
a Rafael Potxo Recio
a Fermín Muguruza
a Dieguillo
a Mamen Rodrigo
a Alberto de la Casa
a Nando de la Casa
a Enrique Loyola
a Arturo Blasco
a Gabriel Gullián
a Toñín Ortega
a Iñaki Igu García
a Mabel
gracias a
Loli Leiceaga y Jose Bellido (Hélice Creativos)
Arantza Yus