Prefacio
Introducción
Capítulo 1: Cómo aconsejar a otros
Capítulo 2: Problemas personales (Primera parte)
Capítulo 3: Problemas personales (Segunda parte)
Capítulo 4: Problemas personales (Tercera parte)
Capítulo 5: Problemas matrimoniales (Primera parte)
Capítulo 6: Problemas matrimoniales (Segunda parte)
Capítulo 7: Problema matrimoniales (Tercera parte)
Capítulo 8: Problemas familiares
Cien problemas y trescientas respuestas bíblicas
Cuando necesitas ayuda(r)
Capítulo 5: Problemas matrimoniales (Primera parte)
Principios para el consejero
Los matrimonios siempre experimentarán dificultades cuando desconocen, pasan por alto, violan, u olvidan los
principios bíblicos acerca del matrimonio. Los problemas siempre surgen debido a actitudes y acciones de
ambos cónyuges. Un matrimonio representa un esfuerzo mutuo donde el comportamiento de uno de los dos
siempre afecta al otro y le hace reaccionar. Esta respuesta, ya sea frustración o felicidad, depende de la
naturaleza de las acciones y de las personas que las reciben. El consejero sabio reconoce que el trasfondo
familiar de ambos, las tensiones dentro del matrimonio, y las presiones de la vida diaria conspiran para afectar
la relación matrimonial. Si estas presiones se manejan bíblicamente, contribuirán al fortalecimiento y a la
madurez del matrimonio (un proceso que dura toda una vida). Si no se conducen bíblicamente la pareja pagará
el precio en merma de espiritualidad, satisfacción, y longevidad.
El consejero debe reconocer sus límites y desarrollar sus conocimientos bíblicos y prácticos ayudando a los
que tienen problemas familiares. Repase el material de CÓMO ACONSEJAR y PRINCIPIOS PARA
CONSEJEROS. Además, haga un estudio personal de todos los versículos incluidos en las secciones Pasajes
pertinentes. Investigue quiénes son los pastores y consejeros cristianos en su área que poseen sana doctrina,
son sabios, y cuyos esfuerzos en estos asuntos Dios ha bendecido. Siempre ore y remita la pareja a ellos
cuando sea necesario.
xx
El divorcio y el nuevo casamiento
“Me equivoqué con mi primer cónyuge…
¿estoy condenado a la soledad?”
En la actualidad existen muchas opiniones e interpretaciones sobre el divorcio y la enseñanza bíblica. Entre la
confusión y la diversidad podemos estar seguros de lo siguiente: Dios no cambia las reglas para casos
específicos. Es decir, lo que Dios ha dicho acerca del divorcio se halla en la Biblia. El que aboga para que se le
agregue o se le quite a la Biblia se expone al castigo de Dios. Por lo tanto, aquí hemos provisto pasajes bíblicos
que tratan específicamente sobre el divorcio (y temas relacionados como el perdón y el adulterio). Nadie debe
tomar decisión sobre un asunto tan serio antes de buscar al Señor en oración y escudriñar las Escrituras
(véase: Hechos 17:10-12). También hemos incluido algunas de las interpretaciones conservadoras con
referencia al divorcio y algunas verdades generales. Ya que algunas interpretaciones se contradicen no todas
pueden ser correctas. Tampoco afirmamos que no existan otras interpretaciones que no conocemos.
Ahora, todas las perspectivas a continuación intentan tomar en serio la enseñanza bíblica acerca del divorcio y
el potencial del segundo matrimonio provienen de interpretaciones de los pasajes a continuación.
Las diferentes posiciones se pueden catalogar así:
1. No se permiten el divorcio y el nuevo casamiento por ninguna causa. Sólo la muerte rompe el pacto
matrimonial.
2. Sólo se permite el divorcio (con derechos de casarse de nuevo para el cónyuge inocente) por
inmoralidad sexual o cuando el cónyuge no cristiano deja al creyente por su fe.
3. Igual que (b) pero sin derechos a casarse de nuevo.
4. Se permite casarse de nuevo si el divorcio ocurrió antes que la persona se hiciera cristiana.
5. No se permite el nuevo casamiento aunque el divorcio haya ocurrido antes que la persona se hiciera
cristiana. El matrimonio es un pacto que se hace delante de Dios, instituido en la creación, y no debe
ser afectado porque uno sea o no creyente. El cristiano debe honrar contratos hechos aun antes de
haber creído.
6. Se permite el divorcio por otras causas, pero con la excepción de la inmoralidad o la deserción por un
no creyente, la persona tiene que quedarse sin casar o reconciliarse con el cónyuge.
7. Se permite casarse de nuevo si el ex cónyuge se ha vuelto a casar.
Por cierto, todas las interpretaciones no pueden ser correctas. El consejero debe estudiar los pasajes bíblicos
acerca del divorcio y nuevo casamiento y llegar a un convencimiento delante de Dios. Si duda, no debe seguir
adelante con sus consejos (Romanos 14:23).
No obstante las diferentes perspectivas, hay ciertas verdades generales en las cuales todas las posiciones
conservadoras concuerdan:
1. El cristiano tiene que perdonar como ha sido perdonado.
2. El divorcio debe ser la última opción en que pensar.
3. El cristiano no está obligado a divorciarse por adulterio.
4. La muerte de uno de los dos indudablemente rompe la unión matrimonial.
En todos los casos resulta sabio buscar al Señor en oración, obedecer las enseñanzas de las Escrituras, y tener
la certeza de que estamos actuando según la voluntad de Dios antes de uno casarse y/o divorciarse.
Sin duda, como parte de la respuesta más amplia al problema (y para la madurez y calidad de la vida cristiana)
todos los divorciados cristianos deben tomar la decisión de perdonar al cónyuge con la ayuda del Señor —en el
sentido de no guardar rencor y no desearle mal. No obstante, esto no quiere decir ni que las emociones de
duelo, tristeza, y venganza necesariamente desaparezcan de inmediato, ni que la persona debe someterse de
nuevo al abuso físico o colocarse en una posición o sitio donde el agresor pueda golpear, abusar, o poner su
vida—o las de sus hijos— en peligro (en casos que incluyan esta clase de agresión). Así, el hecho de que
nosotros hayamos perdonado a alguien no quiere decir que ellos hayan cambiado o que debemos colocarnos
en una posición de recibir maltrato.
Principios generales bíblicos acerca del matrimonio, el divorcio, y el segundo matrimonio:
1. El divorcio no representa el diseño original e ideal de Dios para el matrimonio (Génesis 1:27; 2:24;
Mateo 19:1-11).
2. El divorcio en el tiempo de Moisés vino como concesión* a causa de la dureza de corazón, tenía reglas,
y requería un certificado de divorcio (Deuteronomio 24:1-4; Mateo 19:3-8).
*Hay un caso especial en el Antiguo Testamento en el cual Esdras ordenó que los israelitas que se
habían casado con mujeres paganas confesaran su pecado y se divorciaran de ellas (Esdras 9—10).
1. Las Escrituras permiten el segundo matrimonio en casos de inmoralidad y deserción por un no creyente
(Mateo 19:1-11; 1 Corintios 7).
2. Las Escrituras reconocen que habrá divorcios por otras causas que no sean inmoralidad y deserción por
un no creyente— pero sin derecho a un segundo matrimonio** (1 Corintios 7:10-16).
**En los otros casos los cónyuges deben permanecer solteros o reconciliarse de nuevo.
1. La reconciliación después de la inmoralidad sexual se puede lograr con la ayuda de Dios a fin de
efectuar perdón, arrepentimiento, y restauración*** (Efesios 4:32)
***No obstante, aparentemente, la dificultad de dicha reconciliación de la pareja y restauración a la
normalidad resulta en que la puerta para el divorcio y segundo matrimonio se mantenga abierta en
dichos casos.
Pasajes relevantes: Génesis 2:18-25; Deuteronomio 21:10-14; 24:1-4; Esdras 10; Cantares; Jeremías 3:1-10;
Oseas 1-3; Malaquías 2:13-16; Mateo 5:31-32; 19:3-12; Marcos 10:1-12; Lucas 16:18; Romanos 7:1-3; 1 Corintios 6;
7; 13; Efesios 4:17-32; Filipenses 2:1-11; 1 Timoteo 3:2. (Véanse también: Perdón, Culpabilidad, Relaciones
sexuales).
Profundizando más
Intérpretes conservadores difieren en sus interpretaciones de los textos relevantes al divorcio y el segundo
matrimonio. En términos generales, algunos abogan que aunque hubo causas legítimas para el divorcio
relevantes a los tiempos bíblicos (cf. Deuteronomio 24:1-4; Esdras 9—10; Mateo 1:19) la Biblia no permite el
divorcio por ninguna causa en nuestra era contemporánea. Piensan que sólo la muerte de uno (o ambos) de los
cónyuges rompe el lazo matrimonial (Romanos 7:1-6). Algunos abogan que el divorcio se permite en casos de
inmoralidad o deserción por un no creyente —pero sin derecho a un segundo matrimonio. Otros piensan que el
abuso físico, el alcoholismo, la adicción a las drogas y la vida criminal de un cónyuge representan
circunstancias o casos en los cuales se permite el divorcio con derecho a segundo matrimonio —a pesar de
que la palabra porneia (inmoralidad sexual, véase Mateo 19:9) no incluye dichos casos. Por fin, otros enseñan
que sólo los divorcios por inmoralidad o deserción de parte del no creyente incluyen el derecho de segundo
matrimonio (Mateo 19:1-11; 1 Corintios 7).
Pasos posibles:
1. Evalúe el papel y la perspectiva de todos los involucrados en el divorcio potencial a fin de que cada
persona tome responsabilidad por sus acciones y confiese sus pecados al Señor (1 Juan 1:9). Sin dudas,
algunos serán más culpables que otros en el camino hacia la consideración del divorcio como la
supuesta única o última alternativa. No obstante, todos representan un papel. [Nota: Los casos de
‘adulterio emocional’ en el cual no haya habido relaciones sexuales (aun si la pareja emocionalmente
entrelazada se hayan besado) no cuentan como merecedores de divorcio al nivel de adulterio físico. Sin
dudas trata de pecado —pero no de una circunstancia que no se pueda arreglar por medio del perdón,
la realización de cualquier cambio necesario en la pareja, y distancia física y comunicativa de la persona
con la cual ha habido el adulterio emocional.]
2. Explore las consecuencias potenciales del divorcio sobre la pareja (y los hijos) a fin de motivar la
reconciliación y evitar el procedimiento si fuese posible y/o preparar a la pareja para las dificultades
que la disolución del matrimonio trae. La lista de consecuencias debe incluir el efecto sobre el empleo y
las finanzas, el impacto sobre el círculo de amistades, y la percepción de la comunidad y la iglesia. Pida
a la pareja que hagan un recuento de cómo se conocieron y llegaron a casarse. Si es posible que tracen
verbalmente el camino desde esos comienzos hasta el punto en que la relación comenzó a deteriorarse
y también dónde se encuentran ahora. Instrúyalos a tratar de precisar cuándo, dónde, y cómo
comenzaron a cambiar las cosas. Una vez que se haya identificado el punto (o puntos) de contención,
duelo, y desacuerdo, exploren juntos cómo quisieran que fueran las cosas y qué se podría hacer para
de nuevo colocar a la pareja en el camino hacia la madurez matrimonial y cristiana. Especifiquen lo
siguiente: ¿Qué se debe perdonar (con la ayuda de Dios)? ¿Qué se debe cambiar (cómo y cuándo), y qué
se debe superar, mejorar, y restaurar. (Recuerden tanto la oración como también el escribir metas
específicas y realizables que contribuyan al progreso positivo de la pareja.)
3. Haga un repaso con la pareja de la enseñanza bíblica acerca del matrimonio y sus propósitos a fin de
asesorar las razones dadas por el divorcio a la luz de los principios bíblicos (Génesis 1—3; Mateo 19:1-11;
Efesios 5:22—6:4; Romanos 7:1-6; 1 Corintios 7; 1 Pedro 3:1-7). (Por ejemplo, aunque la felicidad
representa una meta válida para el matrimonio [véase Eclesiastés 9:7-9; Cantares 3:6-10] ésta viene
generalmente como resultado de cumplir con los preceptos bíblicos para la vida matrimonial, la
santidad, y la sabiduría. Si deciden a favor de una separación temporánea (en lugar de un divorcio
inmediato) asegure que haya límites para el tiempo de la separación junto con tareas y reuniones
periódicas para evaluar el progreso. Esto se hace tanto para que no se acostumbren a vivir separados el
uno del otro como para que resuelvan los problemas a fin de que vivan juntos de nuevo. El tiempo
separado debe usarse para la auto evaluación, el reconocimiento y confesión de errores, y el cambio de
patrones dañinos de comportamiento.
4. Trate cuidadosamente los casos ya sea de inmoralidad sexual, abuso físico, o la combinación de ambos.
En casos de inmoralidad sexual la Biblia sí otorga el derecho de segundo matrimonio a la persona cuyo
cónyuge ha sido infiel (véase Mateo 19:1-11). Pero las Escrituras no obligan a la persona a que se
divorcie. Hay oportunidad de arrepentimiento, consejería, y restauración para la pareja y el matrimonio.
No obstante, el hecho de que la Biblia otorga permiso atestigua a la dificultad potencial de recobrar un
buen matrimonio después de la infidelidad. La persona que decide divorciarse (con fines de
posiblemente casarse de nuevo en un futuro) debe de cualquier modo evaluar su vida y considerar
recibir consejería bíblica antes de entrar en un nuevo matrimonio.
En casos de abuso físico la víctima debe escapar el peligro lo más pronto posible. Como prioridad se debe
proteger a la víctima (o víctimas) de daño adicional. Algunos recomiendan que la mujer en peligro tenga fondos
en efectivo ahorrados (si fuese posible), un plan de escape, y un hogar de confianza al cual ella (y sus hijos, si
tiene) puedan huir en caso de una amenaza de violencia. (Algunas ciudades tienen refugios para las víctimas
de violencia doméstica.) Hay casos que se han resuelto con el arresto del esposo abusivo. Otros casos se han
resuelto con una separación supervisada de la pareja acompañada de consejería para ambos —a veces con
diferentes consejeros, uno para cada cónyuge.
Las Escrituras no recomiendan ni ordenan que una mujer (o un hombre) se someta al abuso físico de un
cónyuge. Pero dichos casos requieren un manejo preciso. Así, tanto los líderes de la iglesia local como los
consejeros laicos y profesionales deben percatarse de las leyes y pasos a tomar en casos de que un cónyuge
comience a golpear a su pareja. Tanto el agresor como la víctima requerirán consejería sabia y cuidado
profesional a fin de efectuar sanidad física, espiritual, y emocional y evitar que se repita el mismo patrón —ya
sea con la misma o con otra persona.
En conexión con el divorcio, dichos casos no caen propiamente en la categoría de porneia o inmoralidad
sexual. Por lo tanto, parecen pertenecer a la categoría de divorcio tratado en 1 Corintios 7 —donde se reconoce
que personas se divorciarán por diversas causas no relacionadas a la infidelidad o pecado sexual o al
abandono por un no creyente. No obstante, el pasaje pone restricciones con respecto al segundo matrimonio.
Siempre existe la opción de realizar una separación controlada bajo el cuidado y dirección de pastores y
consejeros profesionales —y con seguimiento adecuado— hasta que se logre una relación y trato matrimonial
normal. No obstante, se debe tomar en cuenta el riesgo y la posibilidad de que el cónyuge antes abusivo repita
su abuso. Por lo tanto, dichos casos resultan muy delicados y requieren mucha oración, consejo sabio, y
obediencia minuciosa a la Palabra de Dios.
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