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Consejos Cristianos para Ayudar a Otros

El documento aborda la importancia del consejo mutuo entre cristianos, enfatizando que la madurez espiritual se logra con la ayuda de Dios y la influencia de la comunidad. Se presentan principios para aconsejar a otros, incluyendo la responsabilidad personal y la influencia familiar en la toma de decisiones. Además, se subraya que el amor del consejero hacia los aconsejados es fundamental para el éxito en el proceso de consejería.

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Consejos Cristianos para Ayudar a Otros

El documento aborda la importancia del consejo mutuo entre cristianos, enfatizando que la madurez espiritual se logra con la ayuda de Dios y la influencia de la comunidad. Se presentan principios para aconsejar a otros, incluyendo la responsabilidad personal y la influencia familiar en la toma de decisiones. Además, se subraya que el amor del consejero hacia los aconsejados es fundamental para el éxito en el proceso de consejería.

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Prefacio

Introducción

Capítulo 1: Cómo aconsejar a otros

Capítulo 2: Problemas personales (Primera parte)

Capítulo 3: Problemas personales (Segunda parte)

Capítulo 4: Problemas personales (Tercera parte)

Capítulo 5: Problemas matrimoniales (Primera parte)

Capítulo 6: Problemas matrimoniales (Segunda parte)

Capítulo 7: Problema matrimoniales (Tercera parte)

Capítulo 8: Problemas familiares

Cien problemas y trescientas respuestas bíblicas

Cuando necesitas ayuda(r)


Capítulo 1: Cómo aconsejar a otros
Dios desea que los cristianos se ayuden mutuamente a fin de ser más semejantes a Cristo. Aunque es posible
que algunos tengan más destreza o dones espirituales que les ayuden a aconsejar, pueden surgir situaciones
en que usted deba guiar a otros (creyentes o no creyentes) a solucionar sus problemas y progresar en la
madurez espiritual (o en el caso de los no creyentes, hacia el conocimiento del Salvador y el crecimiento
subsiguiente). Esta sección aspira ayudarle a prepararse con la información que necesitará para dar buenos
consejos. Mencionaremos principios, descripciones, pasajes bíblicos, y otras ayudas que usted puede utilizar
para guiar a otros en la solución de conflictos.

El cristianismo no es una fe solitaria. Aunque es personal, también implica ayudar y vivir en comunión con otros
cristianos. Además, el proceso de aconsejar a otros y de madurar en la fe cristiana no se puede lograr sin que
Dios esté presente en cada faceta. El apóstol Pablo escribió: “Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor
Jesucristo, Padre de misericordias y Dios de toda consolación. El cual nos consuela en todas nuestras
tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar a los que están en cualquier tribulación, por medio
de la consolación con que nosotros somos consolados por Dios” (2 Corintios 1:3-4).

En otro pasaje interesante Pablo escribe: “Porque de cierto, cuando vinimos a Macedonia, ningún reposo tuvo
nuestro cuerpo, sino que en todo fuimos atribulados; de fuera, conflictos; de dentro, temores. Pero Dios, que
consuela a los humildes, nos consoló con la venida de Tito; y no sólo con su venida, sino también con la
consolación con que él había sido consolado en cuanto a vosotros, haciéndonos saber vuestro gran afecto,
vuestro llanto, vuestra solicitud por mí, de manera que me regocijé aún más” (2 Corintios 7:5-7).

Podemos ver, pues, que en la vida cristiana nosotros recibimos de Dios y de otros, para entonces enriquecer y
ayudar a los demás. Esto no significa que Dios no puede ayudar a alguien directamente. Él puede y lo hace.
Pero no olvidemos que Dios muchas veces nos utiliza a nosotros en el proceso. Con esto en mente
dediquémonos a la tarea continua de aprender a ayudar a otros con la ayuda de Dios.

PRINCIPIOS PARA CONSEJEROS


Recuerde: Sea sensible para captar cuándo hablar y cuándo mantenerse callado

Esto es casi un arte que se aprende con experiencia y en dependencia de Dios. Lo más importante es que
usted se presente al Señor como instrumento para que Él lo use. En su soberanía y sabiduría El sabrá en qué
situaciones usarle. Poco a poco usted desarrollará más confianza y discernimiento. Por lo general, el creyente
no debe convertirse en una máquina de respuestas, dando consejo a todos quiéranlo ellos o no. Esta es una de
las formas más rápidas para que le cierren las puertas. Se ha dicho que la regla general es: “Sólo dé consejo a
los que se lo pidan”. Sin embargo, esta regla tiene validez relativa ya que la Biblia nos exhorta a ayudar a
creyentes que tengan problemas espirituales. La persona que no está interesada en su consejo no deseará
oírle, y puede que le considere un entrometido. Pero es preferible “entrometerse” en la vida de alguien, que
esperar hasta que haya consecuencias devastadoras para entonces ayudarle. A veces por casualidad oirá una
conversación donde usted cree que debe hacer una contribución. Si esto ocurre, se puede optar por una de las
siguientes:

1. Ore al Señor, diciéndole algo así: “Señor, creo que puedo contribuir positivamente en esa situación, y
me siento mal quedándome sin decir nada. Ábreme las puertas y dame sabiduría para poder aconsejar
sabiamente”.
2. Puede esperar una oportunidad o se puede acercar y decir algo como: “Con permiso… no pude evitar
oír lo que estaban conversando. Lo que escuché toca mi corazón. ¿Me permite compartir algunas cosas
que pueden ser de ayuda en circunstancias como estas?”
3. Si le reciben, proceda. Si no, no persista. Opte por seguir orando, o también puede darle a la persona
una tarjeta o un papel con su nombre y un teléfono o correo electrónico donde pueda localizarlo. Si es
una persona desconocida, sea cuidadoso al dar su número. Si es posible pídale permiso a su pastor
para usar el número telefónico o correo electrónico de la iglesia. Si la persona se comunica, entonces
se le puede pedir su información para contactarla.

Es difícil establecer reglas para estas situaciones. La regla que sí podemos dar con confianza es prestar
atención a los principios bíblicos. Un buen hábito que hay que desarrollar en este contexto es leer un capítulo
del libro de Proverbios cada día, porque contiene principios de sabiduría para la comunicación eficaz y la vida
sabia. Algunos leen el capítulo que corresponde al día del mes (hay 31 capítulos). Sin embargo, no use esto
para reemplazar otra lectura de las Escrituras, sino para enriquecerla aún más.

Recuerde: Cada persona es responsable de sus propias acciones

Desde el huerto de Edén todos tratamos de culpar a otros por nuestras acciones:

Y Dios le dijo: “¿Quién te enseñó que estabas desnudo? ¿Has comido del árbol de que yo te mandé no
comieses?” Y el hombre respondió: “La mujer que me diste por compañera, me dio del árbol, y yo comí”.
Entonces Jehová Dios dijo a la mujer: “¿Qué es lo que has hecho?” Y dijo la mujer: “La serpiente me
engañó, y comí”. (Génesis 3:11-13)

Por lo tanto, tome en cuenta a quiénes culpa el aconsejado por el problema (“Mi hermano me hace esto…”; “Es
culpa de mi esposo…”; “Es culpa de mi esposa…”; “Mis padres no actuaron bien…”), pero también recuérdele
que debe asumir responsabilidad por sus acciones y reacciones en el contexto del conflicto. Por cierto, los
problemas siempre incluyen a otros. Pero todos somos responsables por nuestras propias acciones y debemos
decidir qué hacer con nuestra vida bajo la dirección de Dios.

Recuerde: No deje de tomar en cuenta la fuerte influencia de la familia


Este principio parece contradecir el anterior, pero no es así. La familia influye poderosamente en nuestras
acciones. Dios la diseñó así a fin de que recibamos influencia para bien. Desafortunadamente el pecado
distorsiona este buen diseño (al igual que afecta todos los procesos de la humanidad) y en nuestro mundo
encontramos muchos ejemplos de familias destruidas por el poder fatal del pecado.

El consejero tiene que conocer cuáles son las características de una familia que se conduce de acuerdo con las
normas bíblicas, para entonces reconocer los patrones devastadores. Aunque no existen familias perfectas (es
decir, todas las familias tienen problemas), sí pueden existir familias maduras que funcionan mejor que otras. El
consejero debe hacerse las siguientes preguntas al tratar con sus aconsejados —ya sean individuos, parejas, o
familias:

¿Qué influencia ejercen los suegros sobre los cónyuges?: Aunque Dios desea que la pareja casada ame y
respete a los suegros, Él ha ordenado que los cónyuges formen un hogar bajo nueva dirección. La pareja a
veces permite que los suegros (ya sea que estén vivos o muertos) tengan una influencia no saludable sobre los
asuntos del nuevo hogar. El consejero debe ayudar a la pareja a lograr equilibrio entre el respeto a los suegros
(si es que viven) y la responsabilidad de dirigir su hogar.

¿Qué influencia tiene el padre en el hogar?: El padre debe dirigir el hogar con un amor que pone el bienestar
de su familia antes de sus propios deseos. El liderazgo del esposo no significa una forma cristianizada de
machismo. Quiere decir que el padre es quien decide la dirección general y las metas globales de su familia
(en los hogares cristianos, bajo el consejo y la guía de Dios). Las Escrituras describen esto en el contexto del
amor de Jesucristo hacia la iglesia. El esposo debe amar a su esposa con la clase de amor con que Cristo amó
a la iglesia.

La dirección del hombre no significa que la esposa no pueda dar su opinión ni tomar algunas decisiones
propias sino que se somete al consejo final de su cónyuge. En Proverbios 31:10-31 encontramos el modelo de la
mujer bíblica quien realiza varias actividades bajo la dirección —no la dictadura— del esposo.  El esposo
establece los valores y patrones bíblicos para su familia. La mujer bíblica actúa en base de dichos valores que
caracterizan a su familia y a su esposo.

Cuando el esposo ama como Cristo y dirige su hogar en el contexto de ese amor, a la esposa se le hace más
fácil sujetarse a él. Pero esto no ocurre en forma automática, sino que ella decide hacerlo. Es de notarse que
en la Biblia la sumisión es algo para los fuertes, no para los débiles de carácter. Se requiere una mujer que esté
fielmente comprometida con Cristo para someterse a su esposo. Además, no hay nada despreciable en el
sometimiento, ya que Cristo mismo se sometió a su Padre (véanse: Filipenses 2:5-8; Juan 14:31). La relación de
liderazgo y sujeción en el contexto del amor de Dios trae muchas bendiciones al hogar. Este perfecto equilibrio
de dirección y amor logra el modelo bíblico. Algo menos que esto es una perversión del orden santo de Dios
para el hogar (véase: Efesios 5:22-33).

¿Qué influencia ejercen los hijos en los asuntos de la familia?: Los padres deben estar en control del hogar, no
los hijos. Hay muchos hogares donde los hijos tienen más poder que los padres o cumplen funciones que no
les corresponden. Esto resulta natural cuando no hay armonía entre la pareja. Si la pareja está dividida y como
padres no están realizando sus respectivas funciones, los hijos llenarán ese vacío, y tendrán más poder en la
familia del que deben tener. La razón es que las funciones que el niño asume en ese contexto llevan en sí la
autoridad que debe pertenecer sólo a los padres. Este arreglo, donde los padres son niños y los niños son
padres, causa mucho daño a los hijos. El plan de Dios consiste en que los padres se amen uno al otro y guíen a
sus hijos en amor, disciplinándoles, enseñándoles, y proveyendo para ellos como Dios manda.

¿Cómo expresan los cónyuges su amor el uno por el otro?: Si la pareja tiene hijos, es sumamente importante
que los hijos observen el amor (no la perfección) que existe entre los padres. Esto les trae mucha seguridad a
los niños y les enseña cómo amar. Se debe recordar que la vida y el bienestar de los hijos están en manos de
sus padres. Los hijos se dan cuenta fácilmente si existen divisiones y problemas. Si ven que la familia está en
peligro de deshacerse con divorcio o separación, pueden reaccionar con enojo y tristeza, incluso llegar a la
delincuencia, abuso de drogas/alcohol, e inmoralidad sexual. Además de las consecuencias inmediatas, lo que
los hijos experimentan en su hogar de origen influirá en sus relaciones futuras con sus propios cónyuges. Una
sólida unión amorosa entre el padre y la madre ayudará inmensamente a que la pareja y los hijos disfruten de
una vida familiar saludable, y que sea edificada una base confiable para el futuro matrimonio de los hijos.

¿Cómo ha decidido el aconsejado o la familia agradar al Señor?: Los cristianos deben tener como característica
principal la meta de agradar a Dios (véase: Colosenses 1:9-18). La decisión de que Dios se goce con nuestro
comportamiento logrará todo lo necesario para disfrutar de la mejor vida familiar posible. Aunque puede que
no todos en la familia hayan creído en Jesucristo como su Salvador, los que sí han creído deben obedecer a
Aquel que murió por ellos y desea darles una vida abundante. Para el consejero cristiano, la meta por
excelencia es ayudar al aconsejado y/o a los miembros de la familia a mostrar más lealtad hacia el Señor.

Estas preguntas constituyen parte de lo que el consejero debe preguntarse al tratar con sus aconsejados. Los
principios y metas que se han considerado constituyen parte de un proceso que siempre tiene que ser
practicado y evaluado.
Recuerde: Su amor por las personas determinará su éxito como consejero

El amor del consejero por los aconsejados incluye varias facetas. El consejero debe considerar cada una con
seriedad:

El amor del consejero significa fidelidad a las Escrituras: El concepto bíblico del amor va más allá de las
emociones (aunque las incluye), a las acciones voluntarias que desean lo mejor para la persona amada. A
veces el aconsejado necesita escuchar algunas verdades que posiblemente le sea difícil oír. No podemos
permitir que sentimentalismo de nuestra parte obstruya las claras verdades de la Palabra de Dios. Por ejemplo,
si llega un cristiano que está comprometido a casarse con alguien que no es creyente, usted no puede
aprobarlo, ya que los principios bíblicos prohíben tal unión. Pablo instruye, “No os unáis en yugo desigual con
los incrédulos” (2 Corintios 6:14a) y con referencia a las viudas explica, “libre es para casarse con quien quiera,
con tal que sea en el Señor” (1 Corintios 7:39). El consejero debe testificarle al que no ha creído, pero si no cree
en el Salvador, el cristiano desobedece a Dios al casarse con esa persona.

El amor del consejero significa guardar las cosas en forma confidencial: El consejero no debe divulgar o
publicar las intimidades que se revelan en la confianza de su relación con el aconsejado. Muchos problemas
persisten porque las personas no conocen a alguien con quien puedan compartir los secretos que impiden el
progreso de sus vidas. El consejero necesita la fortaleza del Señor para oír y no repetir (a no ser que el
aconsejado le dé permiso para hacerlo, sin usar su nombre). Puede que existan, por lo menos, dos
excepciones. Una es si alguien le confiesa haber matado a otro. En este caso las leyes de su país o de su
estado tal vez requieran que usted se lo reporte a las autoridades. La otra excepción tiene que ver con el
abuso físico y sexual. En algunos lugares existen leyes que requieren que un consejero informe tales casos.
Como consejero cristiano, usted tiene que obedecer la ley (véase: Romanos 13:1-7). La desobediencia a la ley
sólo se justifica cuando una ley humana va en contra de lo que Dios ha dicho (véase: Hechos 5:29). Lo más
sabio es averiguar cuáles son las leyes donde usted vive y decidir de antemano obedecer a Dios en todo.
También es sabio advertir con anticipación a los que buscan consejo que por ley ciertas cosas no pueden
mantenerse en forma confidencial.

El amor del consejero significa tomar en serio a la persona: Esto quiere decir que el consejero tiene que pensar
y orar con sinceridad acerca de lo que ha oído. No debe minimizar un problema ni ridiculizar las emociones del
aconsejado. Esto no significa que no se pueda usar el buen humor en el proceso de consejería. Un buen
sentido del humor es una gran ventaja. A medida que usted progrese como consejero sabrá, con la ayuda de
Dios, cuándo usarlo y cuándo no. Algunos son más susceptibles que otros y quizás se sientan insultados. Por lo
tanto, si el consejero se da cuenta, o llega a conocer que sus comentarios han herido a las personas (sea o no
que esté consciente de ello), debe pedirles perdón. También debe admitir si se ha equivocado en algún
consejo.

El amor del consejero significa guardarse de inmoralidad: Algunos consejeros han terminado cometiendo
adulterio o participando en inmoralidad con los aconsejados. El consejero tiene que cuidarse de este peligro.
Una regla básica es: Si la persona del sexo opuesto llega a tener una relación de mayor confianza con usted
que con su propio cónyuge, usted se está buscando grandes problemas. Esto no significa que un consejero
nunca debe aconsejar a alguien del sexo opuesto sino que necesita determinar sabios límites antes de
comenzar el proceso de consejería. Pablo instruye que las mujeres aconsejen a otras mujeres:

Las ancianas asimismo sean reverentes en su porte; no calumniadoras, no esclavas del vino, maestras del bien;
que enseñen a las mujeres jóvenes a amar a sus maridos y a sus hijos, a ser prudentes, castas, cuidadosas de
su casa, buenas, sujetas a sus maridos, para que la palabra de Dios no sea blasfemada. (Tito 2:3-5)

Otra opción es que usted y su cónyuge aconsejen juntos a la persona. Si esto no es posible, los siguientes
principios pueden servir de guía:

1. No aconseje a alguien del sexo opuesto en lugares aislados o a puertas cerradas. Hay personas que se
especializan en calumniar a los creyentes. Si usted está a solas con alguien y no hay testigos, será su
palabra contra la de ellos. Y generalmente los que se atreven a calumniar de esta manera son expertos
en la mentira y muy convincentes. ¡No permita que le atrapen!
2. No haga arreglos para encontrarse con una persona casada del sexo opuesto en su casa o en otro sitio
(por ejemplo, para cenar o almorzar) con el pretexto de que va a aconsejarle. ¡En este caso quien
necesita consejo es usted! ¡No lo haga!
3. Si la persona quiere confiarle secretos que no ha compartido con su esposo o esposa, es mejor que
usted le recomiende a otra persona o a alguna pareja para que le aconsejen. Es sumamente peligroso
permitir que alguien dependa más de usted que del cónyuge.

Desafortunadamente existen muchos esposos y esposas frustrados que llegan buscando consejo, pero que
sienten más necesidad de calor humano que de otra cosa. Cuando se encuentran con alguien dispuesto a oír
sus problemas con compasión y a prestarles atención sincera, tal vez comiencen a desarrollar un interés
romántico (especialmente si no están recibiendo esta clase de trato en sus hogares, lo cual es probable en
muchos casos). ¡No juegue con fuego! (Véanse: Proverbios 5; 6:20-35; 7.)
El amor del consejero significa asignar a otros ciertos casos difíciles: A veces se enfrentará con un problema
con el cual usted no está calificado para tratar. El amor por el aconsejado significa que usted asignará el caso a
un pastor, psicólogo, o médico confiable. Algunos casos necesitan tratamiento médico, lo cual puede estar más
allá de su conocimiento (a no ser que usted sea médico). En tales circunstancias debe reconocer sus límites,
aprender a decir: “No sé qué hacer”, y averiguar quiénes son los pastores y otras personas confiables y
capacitadas a los que se les puede referir el caso. Generalmente es preferible un consejero cristiano (el
médico no tiene que ser cristiano necesariamente, pero sí debe ser recomendable. Hay doctores no creyentes
que son mejores profesionales que algunos médicos cristianos, al igual que hay mecánicos de automóviles no
creyentes que tienen más destreza que algunos mecánicos cristianos). Prepárese de antemano para que los
casos serios no le tomen de sorpresa. Y recuerde sobre todo que debe entregar cada caso a Dios en oración.

Recuerde: Mantenga su relación personal con Dios como prioridad

El consejero tiene que cuidar su propia vida espiritual. Si no lo hace, se va a encontrar cansado, desanimado, y
será ineficaz. Además, se va a sentir hipócrita al dar consejos que él mismo no está siguiendo. Memorice o
escriba en un lugar visible estas palabras de Jesús, y permita que ellas guíen su vida y consejería:

Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque
separados de mí nada podéis hacer. (Juan 15:5) ¡Amén!

PROCESO DE CONSEJERIA
El proceso de consejería comprende tres pasos básicos: (1) Comprensión de la persona y su problema; (2)
Evaluación del problema y de las posibles soluciones; y (3) Acción para resolver el problema.

Paso 1: Comprensión de la persona y su problema


Sin comprender a la persona y su problema resulta difícil o  imposible dar buen consejo. Lo importante es
entender el problema desde el punto de vista del aconsejado. Posiblemente desde el punto de vista suyo es un
problema pequeño de poca importancia, y puede que lo sea en realidad. Pero si la persona lo describe como si
fuera un gran problema, esto en sí es algo que usted tiene que considerar cuando dé consejos. Esta etapa del
proceso es para recoger información y especificar el problema. La acción clave es: “¡Escuchar no hablar!” La
regla sencilla es: “No ponga palabras en la boca del aconsejado”. Para lograr esto, considere lo siguiente:
1. Haga buenas preguntas: Las preguntas sabias son para que usted llegue a una comprensión específica
y precisa del problema. Por lo general no son preguntas que se puedan responder con un sí o un no.
Estas preguntas obtienen respuestas a cómo, quién, cuándo, dónde, cuánto, hasta qué punto, y por
qué. A veces un detalle aparentemente inconsecuente provee la clave para resolver o entender mejor
el problema. No le tenga miedo al silencio y observe la reacción total de la persona, no sólo sus
palabras (por ejemplo: nerviosismo, lágrimas, y otras señales).
2. Haga notar que usted comprende: El aconsejado tiene que sentir que usted le entiende y comprende su
problema. Esto establece confianza, comunica amor cristiano y le da esperanza a la persona (“¡Al fin
alguien me entiende y me puede ayudar!”). Repítale la idea con diferentes palabras y pregunte: “¿Esto
es lo que usted quiere decir?” Ello se hace con el propósito de clarificar lo que se está diciendo, no para
que el aconsejado adopte la interpretación que usted tiene del problema.
3. Tenga paciencia: Las personas por lo general ocultan algo significativo porque les causa vergüenza, y
eso que ocultan es precisamente con lo que tienen que luchar; por lo tanto, puede que lleve algún
tiempo (horas, días, semanas, o más) hasta que el aconsejado se sienta suficientemente seguro como
para compartir esto. Algunos nunca lo hacen.

Paso 2: Evaluación del problema y de las posibles soluciones


1. Determine la seriedad y cantidad de problemas: A veces hay varios problemas que contribuyen a la
situación negativa. Evalúen cuáles son los más serios o los más urgentes. En algunos casos resolver un
problema grande soluciona otros más pequeños. Por otro lado, el resolver varios problemas pequeños
le da confianza al aconsejado para enfrentar problemas más grandes.
2. Evalúe las soluciones que ya se han probado: Averigüe qué soluciones se han probado y cuáles han
sido los resultados. Note las soluciones que se le han ocurrido al aconsejado, ya que esto le ayudará a
determinar tanto su carácter como también su proceso de pensamiento. Es posible que el mismo estilo
de resolver problemas le esté causando más problemas.
3. Explore nuevas soluciones a los problemas: Existen varias formas de solucionar el mismo problema,
algunas mejores o más comprensivas que otras. No le cierre la puerta inmediatamente a ninguna
solución. Es posible que la solución esté en una síntesis o combinación de varias alternativas.

Paso 3: Acción para resolver el problema


1. Desarrollen metas eficaces: Estas metas poseen las siguientes características:
a. Son escritas: Se escriben y se colocan en varios sitios donde se pueden ver sin que se pierdan.
b. Son específicas: Incluyen quién, qué, cómo, cuándo, cuánto, hasta qué punto, y por qué.
c. Son alcanzables: Deben desafiar al individuo, pero no desanimarle. Por ejemplo, correr seis
kilómetros el primer día de ejercicios no es una buena meta para la mayoría de las personas.
Caminar dos o tres kilómetros puede que sea más práctico.
d. Son evaluables: Se puede saber con seguridad si se logró o no.
2. Decidan el contexto de responsabilidad: Al igual que un obrero reporta a su jefe, el aconsejado debe
ser responsable ante alguien para asegurar que está cumpliendo las metas decididas. Este contexto de
responsabilidad incluye a Dios, a la misma persona, y también a usted. Además, se puede incluir otra
persona que esté dispuesta a ayudar y que trabaje con usted. Esto sirve no sólo para mantener al
aconsejado en el camino correcto, sino también para proveer apoyo y aliento.
3. Establezcan un tiempo para evaluación: Esto se relaciona con lo que precede y también con la duración
de la consejería. Primero, decidir cuándo se van a reunir de nuevo para evaluar el progreso del
aconsejado y de la solución del problema. Este es un tiempo para animarle, reflexionar sobre los
cambios y los resultados, orar juntos, y cambiar o modificar las metas si es necesario. En cuanto a la
duración de la consejería, generalmente a medida que el aconsejado va arreglando su vida, la
frecuencia de los encuentros disminuirá. Tanto usted como el aconsejado podrán observar que los
asuntos están bajo control. De otra manera, debemos cuidarnos de que el aconsejado no desarrolle
demasiada dependencia de nosotros. No obstante, cuando el proceso termine, manténgale las puertas
abiertas por si necesita ayuda en el futuro.

SITUACIONES ESPECÍFICAS EN LA CONSEJERÍA


Por lo general, existen problemas personales, matrimoniales, y familiares. Estas son categorías estrictas
porque estas tres áreas están íntimamente relacionadas. La siguiente información tiene el propósito de
ayudarle a comprender varios problemas y las alternativas para resolverlos. Use esta información, pero no se
limite a ella. Confíe en Dios y use la creatividad y la sabiduría que Él le da y ¡adelante!

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