Introducción
Reflexionar sobre el sentido de inmediatez y permeabilidad de
prácticas culturales y literarias ya extintas, motivó la escritura de este
libro. Las revistas literarias, destinadas a no perdurar desde su lanzamiento,
son vehículos idóneos para llevar a cabo tal reflexión. Al recorrer las
páginas de aquellas aparecidas hacia finales del siglo diecinueve, uno se
percata de que letra e imagen se dan la mano para evocar los aires de la
modernidad: sentencias positivistas y poemas modernistas se suceden
al lado de las poses decimonónicas del pudor femenino, o junto al trazo
decadentista de algún ilustrador que decide poner su talento al servicio
de la emergente publicidad. Poemas, crónicas, reseñas y otros géneros
están dispuestos para ser leídos de manera álgida e inmediata, bajo una
sensación de actualidad, anacrónica para quien hoy día intenta reconstruir,
cual arqueólogo de la letra, los caducos tiempos modernos. ¿De qué
manera establecer un puente entre esta lectura y la de sus receptores
iniciales, lecturas no necesariamente cronológicas ni tampoco
concienzudas; lecturas de café y de salón, de “hombres cultos” y de
“señoritas,” de bohemios y de positivistas?
Al tratarse de revistas finiseculares ligadas al campo cultural
hispanoamericano, el criterio inicial fue el de situar la investigación dentro
de los estudios dedicados al modernismo, uno de los periodos literarios
más abordados y polemizados. Desde este campo de estudios, las
publicaciones periódicas han sido aproximadas como evidencias
historiográficas y filológicas para el rescate de textos inéditos o primeras
versiones de obras ya conocidas, como fuentes para establecer
Adela Pineda Franco
parentescos estéticos entre autores, y como instrumentos para rastrear
la evolución de este movimiento literario en términos de su tradicional
periodización en dos etapas.1 Más recientemente, se han estudiado como
vehículos metodológicos para situar el modernismo en la confluencia
de otros discursos (el filosófico, el periodístico o el histórico, por
mencionar algunos) y entenderlo en relación a la modernidad.2 Fue desde
este ángulo que se inició la valoración de la prosa y de géneros híbridos
asociados al modernismo como la crónica, que se reflexionó sobre la
accidentada profesionalización del escritor modernista frente a la política
1
A partir de Breve historia del modernismo (Max Henríquez Ureña 1954), el estudio
del modernismo se sistematizó frecuentemente en dos etapas. La primera
fue caracterizada como “el culto preciosista […] que culmina en refinamiento
artificioso y en inevitable amaneramiento,” la segunda, como el periodo en
que “el lirismo personal alcanza manifestaciones intensas ante el eterno
misterio de la vida y de la muerte” (31). En cuanto al estudio filológico de
las revistas, los estudios de Boyd G. Carter citados en la bibliografía son
representativos.
2
Los estudios que interpretan el modernismo en relación a la modernidad
han proliferado bajo diversas perspectivas, desde aquellos que situaron el
modernismo dentro de la lírica moderna europea, como los de Octavio Paz
(Los hijos del limo) hasta aquellos que abordaron la relación en términos
sociocríticos (Ángel Rama, Rafael Gutiérrez Girardot y Françoise Perus).
Más recientemente, Cathy Jrade ha reiterando que el modernismo, en sus
múltiples versiones, constituye la primera respuesta literaria hispanoamericana
a la modernidad. Iris Zavala, desde un ángulo poscolonial y culturalista,
interpreta el modernismo, más allá de lo estrictamente literario y de la esfera
de la alta cultura, como la expresión latinoamericana del “modernism”,
proyecto decolonizador del expansionismo capitalista. Sin embargo, la
relación modernismo-modernidad no es un hallazgo contemporáneo, fue
abordada tempranamente por Baldomero Sanín Cano, quien definió el
modernismo como “una tendencia general de la hora” (Letras colombianas
177), Juan Ramón Jiménez, “una actitud” (Gullón, Direcciones 30) y Federico
de Onís, “la forma hispánica de la crisis universal de las letras” (182). Todos
ellos cancelaron una periodización esquemática del movimiento.
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Geopolíticas de la cultura finisecular
y al mercado, y que se revaluó el cosmopolitismo del movimiento en
relación a los imaginarios nacionales finiseculares, o a la movilidad
instaurada por la democratización de la cultura.3 De la línea crítica
interdisciplinaria de estos últimos enfoques, se deduce que las revistas
son espacios dinámicos en donde la literatura se yuxtapone a otros
discursos en un estado de tensión y de constante negociación, enfoque
vigente hoy día en el campo de los estudios literarios y culturales
latinoamericanos no privativos del modernismo.4
No obstante, hasta la fecha y salvo escasas excepciones, las revistas
asociadas al modernismo no se han considerado objeto de estudio en si
mismas. Por ello, había que reajustar el criterio metodológico y otorgarles
centralidad: visualizarlas como generadoras de diversas posiciones
intelectuales, sociales, artísticas, políticas, y no únicamente modernistas.
Con ello, el libro no sólo habría de dialogar con la crítica literaria sobre
el modernismo, sino con la historia y la sociología, para reflexionar sobre
la complejidad de toda una época cultural, aquella que concluyó al expirar
el siglo de las utopías del progreso positivista con la inesperada violencia
de las conflagraciones bélicas del siglo XX como fueron la Primera Guerra
Mundial y la Revolución Mexicana.
Se presentó entonces la necesidad de establecer criterios de
diferenciación respecto a la función de las revistas estudiadas. Se constató
que no todas las publicaciones periódicas asociadas con el modernismo
constituyeron formaciones literarias, si por este término se alude,
3
Sobre la re-valoración de la prosa modernista, valga citar a Ricardo Gullón,
Manuel Pedro González, Ivan Schulman y Aníbal González Pérez. Sobre la
profesionalización del escritor y la reflexión sociocrítica del modernismo,
Pedro Henríquez Ureña, Julio Ramos y los citados Rama, Perus y Gutiérrez
Girardot. Dada la magnitud del corpus crítico sobre el modernismo, en este
estudio se dialoga únicamente con aquellos enfoques relevantes para la lógica
argumentativa del mismo.
4
Consultar Jorge Schwartz y Roxana Patiño, quienes introducen el número
208-209 de la Revista Iberoamericana, dedicado a revistas del siglo XX.
11
Adela Pineda Franco
siguiendo el criterio de Raymond Williams, a las asociaciones en torno a
movimientos de carácter menor, caracterizadas por la ausencia de una
regulación ortodoxa al interior.5 Las hubo además institucionales, ya
fuera por ejercer una geopolítica de la literatura en un contexto
transnacional, o bien por vincularse a las políticas culturales de una nación-
estado y fungir como instrumentos ideológicos de un régimen en
particular. Finalmente, también las hubo comerciales, productos de
sociabilidad burguesa dentro de un periodismo que se pretendía
empresarial y no partidista.
Desde esta perspectiva, el análisis se nutre de conceptos y estrategias
metodológicas ya ensayadas en otros contextos, como los de Williams,
para el estudio del grupo Bloomsbury, y los de Pierre Bourdieu, para la
reconstrucción del campo cultural francés decimonónico. Las reiteradas
nociones de formación y campo, por ejemplo, provienen respectivamente
de estos autores.
Con estas consideraciones en mente, se analizan cuatro publicaciones
de diversa índole producidas en contextos heterogéneos: en Buenos
Aires, la Revista de América (1894), en París, el Mercure de France (1890-
1933),6 y en México, la Revista Azul (1894-96) y la Revista Moderna en sus
dos épocas (1898-1911). Se sugiere que las condiciones materiales de
producción y circulación de las revistas, la posición de sus productores
en el campo cultural, sus negociaciones con otros campos y su inscripción
geopolítica, son factores determinantes para la lectura de sus mensajes
modernistas. Estos cambian de sentido de acuerdo al contexto de su
enunciación y de sus lecturas. Por ejemplo, no es lo mismo declararse
cosmopolita y artepurista desde las secciones suplementarias del Mercure
de France en París, con la intención de apelar a un público francés
5
Consultar “The Bloomsbury Fraction” en Problems in Materialism and Culture
(148-69) y “Formations”, en Culture (57-86).
6
La revista no desaparece sino hasta 1965. Pero fue en 1933 que Francisco
Contreras, el último de los cronistas latinoamericanos estudiados, dejó de
escribir para esta revista.
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Geopolíticas de la cultura finisecular
indiferente de la incipiente modernidad hispanoamericana, que hacerlo
desde la hegemónica Revista Moderna en el México de Porfirio Díaz para
un público citadino, afluente y confidente de la prosperidad de su régimen.
Debido a sus particularidades, cada una de estas revistas posibilita un
ángulo específico de lectura; desde el análisis de discursos en estado de
latencia, pasando por la indagación de la trayectoria individual de un
escritor en particular, hasta la exploración del papel de la revista en turno
respecto a la transmisión de una cultura dominante. Por ello, cada capítulo
gira en torno a una revista específica.
El primer capítulo explora de qué manera la efímera y magra Revista
de América contribuyó a establecer las bases de una literatura autónoma,
representativa, no únicamente de Argentina sino de toda América Latina,
precisamente debido a la propuesta cosmopolita, juvenil y artepurista
que sostuvo. El papel de Buenos Aires, ciudad de inmigrantes,
heterogénea y cosmopolita, y el de Rubén Darío (Nicaragua 1867-1916),
productor y agente de consagración de la revista, son decisivos.
Se estudia la trayectoria del nicaragüense, es decir, la serie de
posiciones que este ocupaba en el campo literario argentino y en el
contexto transnacional al momento de la aparición de esta revista. De
esta manera, la publicación proporciona el terreno discursivo para evaluar
la mediación de Darío entre el decadentismo francés e inglés, y la
recepción peninsular. El propósito es observar no sólo la intervención
de este escritor como innovador de la literatura hispanoamericana a
partir de sus estrategias literarias, sino como el agente social que, a partir
de la concertación con diversas instancias de la cultura, la política y el
mercado, dentro y fuera de Hispanoamérica, estableció las bases para la
futura canonización del por entonces emergente movimiento modernista.
La revista entonces funciona como un plano que ofrece varias pistas
para la reconstrucción de la trayectoria dariana; al mismo tiempo, permite
darle dimensión histórica a esta trayectoria, al posibilitar la identificación
de las instancias que la autorizan.
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Adela Pineda Franco
Por otra parte, la revista también se lee como espacio/signo de un
grupo de contornos aún imprecisos, ese que Darío empezaba a reunir
en torno suyo. Esto se constata a través de una exploración de los cruces
y contradicciones de discursos y agentes al interior de la revista, pero
también fuera de ella, en formaciones e instituciones aledañas. El
eclecticismo que la caracteriza es leído de dos maneras: como evidencia
del carácter embrionario del programa autonomista y fundacional que
propone este grupo, pero también como estrategia dariana de
concertación con otros sectores, con el fin de llevar a cabo precisamente
este programa.
En el segundo capítulo se discute la propuesta artepurista y
cosmopolita del modernismo fuera de Hispanoamérica, en París, sede
del cosmopolitismo finisecular y lugar donde se congregaron aquellos
escritores hispanoamericanos que, con tomas de posición específicas,
expresaron la necesidad de hacerse acreedores del título “cosmopolita”
con el reconocimiento de los lectores europeos. El caso de estudio es el
Mercure de France. La decisión de escoger esta revista y no una
hispanoamericana publicada en París, se debe a que, al ser representativa
de la hegemonía cultural francesa en la arena internacional, constituye
un caso ejemplar para reflexionar sobre los procesos de inserción de las
prácticas literarias latinoamericanas en las dinámicas globales de la cultura
europea. Gran parte de la crítica sobre el modernismo ha destacado la
productividad literaria (y también el carácter fundacional) de este
movimiento en términos de esta inserción, al postularla como re-
elaboración innovadora de la tradición hispana a partir de una filiación
con el decadentismo y el simbolismo franceses. En gran medida, el primer
capítulo reflexiona sobre esta perspectiva en la trayectoria bonaerense
de Darío. No obstante, desde la experiencia de la modernización, y en el
contexto de producción y circulación de los bienes simbólicos del campo
cultural francés, la filiación modernista al simbolismo y su tácito rechazo
a la herencia peninsular, reacia al influjo “mercurial”, se complica
sencillamente por su condición periférica frente a ambos campos.
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Geopolíticas de la cultura finisecular
Por ello, se toma en cuenta el carácter de suplemento que ocupó la
literatura hispanoamericana en esta enciclopédica revista, en una magra
sección dedicada a las letras hispanoamericanas, dirigidas por tres
escritores en diversos periodos: el venezolano Pedro Emilio Coll, el
argentino Eugenio Díaz Romero y el chileno Francisco Contreras. El
amplio marco temporal que acota la práctica cronística de estos escritores
(1897-1933) permite dos aproximaciones: primero, el análisis de las tomas
de posición de Coll y Díaz Romero frente al crítico de cabecera de la
revista, Remy de Gourmont, y a su principal antagonista, Miguel de
Unamuno en España, con el fin de ingresar al inhóspito campo literario
francés; segundo, el de las estrategias de Contreras para historiar el
modernismo como origen y fundamento de la literatura moderna
hispanoamericana a partir de una ideología mundonovista. Pese a sus
diferencias, en ambos periodos los cronistas comparten la convicción
de su precariedad frente al público europeo; esta toma de conciencia es
otra forma de entender su anhelado cosmopolitismo.
En los capítulo tres y cuatro se abordan dos revistas asociadas, no
sólo al modernismo, sino también al régimen de Porfirio Díaz en México,
mejor conocido como Porfiriato (1876-1911) al ser este un periodo
histórico bien demarcado por una praxis política y económica, la del
liberalismo; una cultura, la del positivismo, y una sociedad burguesa cuya
utopía, la del orden y progreso, vino a ser desmantelada por una
revolución campesina. Si bien ambas revistas fueron vehículos de la
primera renovación moderna de la literatura hispanoamericana, también
era evidente que recrearon el imaginario cultural de esta utopía porfiriana,
no sólo a través de la literatura, sino de diversos géneros, saberes e
intenciones.
En tanto suplemento cultural de El Partido Liberal, un periódico
subsidiado por el régimen de Díaz, la Revista Azul promovió una recepción
de sus contenidos heteróclitos favorable al consenso estatal, destacó y
medió la recepción de ciertos autores asociados con el modernismo, y
reorientó el credo artepurista y decadentista que enarbolaba
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Adela Pineda Franco
programáticamente hacia una simbología de valores regenerativos,
encaminados a promover el progreso nacional, ya fuera desde la visión
positivista que caracterizó la administración porfiriana, o desde la ética
católica recuperada por la cultura hegemónica como medida de control
social. Este es el objetivo del tercer capítulo, además de destacar la doble
función de la obra del fundador, Manuel Gutiérrez Nájera, como
proclama literaria artepurista y, a la vez, ideario del progreso porfiriano.
Al respecto, se documenta la recepción de sus contribuciones, destacando
el proceso de su promoción y canonización después de su prematura
muerte acaecida en 1895.
Por último, se aborda la voluminosa Revista Moderna en sus dos épocas
(1898-1911) a partir de la autoconcepción inicial (decadentista) de sus
fundadores en términos de su apelación a un lector modelo, para después
explorar, en textos e imágenes de diversa índole provenientes de la misma
revista, la creciente capacidad de esta para diversificarse y atraer a un
público más amplio. En este sentido se destaca su agencia múltiple y
contradictoria como formación literaria antiburguesa, como publicación
seriada de lujo en un mercado, como vehículo de comunicación social
dentro de un periodismo empresarial, y como instrumento ideológico
del régimen de Díaz.
El papel de esta publicación en la producción e institucionalización
de la cultura como práctica pedagógica, social y política, así como en la
reproducción de una esfera pública sustentada en costumbres y hábitos
encaminados a fortalecer los mitos del régimen, es uno de los argumentos
centrales del capítulo. Por ello, el análisis considera otros discursos en la
revista, como el histórico y el educativo, así como la importancia de sus
recursos visuales. El libro concluye con una reflexión sobre los límites
de este enfoque y sobre sus posibles implicaciones en el campo del
modernismo y de los estudios sobre la cultura hispanoamericana
finisecular.
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Geopolíticas de la cultura finisecular
NOTA
El tercer capítulo se deriva de la disertación doctoral Positivism and Literary
Modernismo ni Mexico: Encounters and Displacements. The Case of Revista Azul (1894-
1896), presentada en la Universidad de Texas. Otras referencias preliminares a
este capítulo son los ensayos “Positivismo y decadentismo: el doble discurso
en Manuel Gutiérrez Nájera y su Revista Azul” y “El afrancesamiento modernista
de la Revista Azul”. El artículo “Ser o no ser decadente en la Revista de América”
adelanta algunas de las hipótesis del primer capítulo de este libro. Por último,
el cuarto capítulo tiene sus antecedesntes en “El cosmopolitismo de la Revista
Moderna (1898-1911): una vocción porfiriana” y en “Más allá del interior
modernista: el rostro porfiriano de la Revista Moderna (1903-1911)”, este último,
próximo a salir en el número especial Cambio cultural y lectura de periódicos en el
siglo XIX en América Latina de la Revista Iberoamericana. Estas referencias se citan
en la bibliografía.
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