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La caída del Imperio Romano de Occidente en 476 marcó el inicio de la Edad Media, caracterizada por la fragmentación política y el surgimiento de reinos bárbaros, donde la economía se volvió predominantemente rural. Las monarquías feudales emergieron con un poder descentralizado, donde los señores locales asumieron funciones de gobierno, debilitando la autoridad real. Con el resurgimiento comercial en el siglo XI, las ciudades crecieron, dando lugar a la burguesía que buscaba autonomía y libertad en un contexto de transformación económica.

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La caída del Imperio Romano de Occidente en 476 marcó el inicio de la Edad Media, caracterizada por la fragmentación política y el surgimiento de reinos bárbaros, donde la economía se volvió predominantemente rural. Las monarquías feudales emergieron con un poder descentralizado, donde los señores locales asumieron funciones de gobierno, debilitando la autoridad real. Con el resurgimiento comercial en el siglo XI, las ciudades crecieron, dando lugar a la burguesía que buscaba autonomía y libertad en un contexto de transformación económica.

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La caída del Imperio Romano de Occidente, en el año 476 puso fin a la unidad

territorial y política de Roma, marcando el comienzo de la Edad Media. Las


invasiones bárbaras trajeron como consecuencia la formación de unidades
políticas más pequeñas y débiles: los reinos organizados a partir de la ocupación
del territorio. La economía tendió ruralizarse, pues el comercio entre los distintos
reinos resultaba peligroso por las constantes guerras y el pillaje; la gran propiedad
rural se afirmaba como unidad de producción. En Oriente Constantinopla la capital
del Imperio Romano trataba de contener el avance de los musulmanes y de
restablecer El dominio Romano en Occidente. Los pueblos de la península arábiga
lograron unificarse y expandirse gracias a Mahoma que impuso una religión
monoteísta mientras el catolicismo se afirmaba como religión en Occidente. La
caída del Imperio Romano de oriente definió el fin de la Edad Media y el comienzo
de la Edad Moderna (1453).
Organización Administrativa de las Monarquías Bárbaras.
Pertenecían todos a la misma etnia, aunque no se trataba de un pueblo
unificado, se agrupaban en tribus y la base de su organización era la familia. La
tribu reunían a las familias de un mismo territorio. Estas, a su vez, se congregaban
en una asamblea general que elegía a su rey perteneciente a una familia
importante. El pueblo germano habituado a combatir, celebraba con orgullo el
ingreso al ejército, a partir de los 16 años. Los varones de la tribu eran educados
en el arte de la guerra y debían obediencia absoluta a su jefe. La mujer era muy
importante, no sólo era la madre de los futuros soldados sino que acompañaba a
su esposo a la guerra. Los guerreros no podían abandonar el campo de batalla,
era preferible morir en la lucha que ser derrotado. Los germanos eran politeístas
y adoraban a las fuerzas de la naturaleza, no sólo combatían, también trabajaban
la tierra: criaban bovinos y sobre todo, equinos.
“Los jefes son elegidos por su nobleza, los jefes por su coraje. Pero el poder de
los reyes no es limitado ni arbitrario, y los jefes se imponen más por el ejemplo
que por la autoridad; se imponen por la admiración. Además nadie tiene derecho
de matar, apresar, ni golpear, excepto los sacerdotes (…) Llevan al combate las
imágenes y emblemas que sacan de los bosques sagrados.” Tácito, La
Germania, secciones VI y VII.
El reino franco.
Procedentes de las orillas inferiores del Río Rin, los francos conquistaron todo el
norte de la Galia y su rey, Clodoveo se convirtió al catolicismo, e instaló la capital
del reino franco en París. La autoridad del Rey, era para los francos, absoluta.
Luego de la muerte de Clodoveo, en el año 511, sus sucesores buscaron extender
el reino hacia el este. En el 533 llegaron hasta Venecia y hacia el 1550 su
hegemonía se extendía sobre gran parte del mundo bárbaro de Occidente. A
pesar de esto, la muerte del Rey Clodoveo trajo como consecuencia el
debilitamiento de la autoridad real mientras que se afirmaba el poder de los
Duques, de los comandantes del ejército, y sobre todo de los mayordomos del
palacio. Estos últimos, formaban una verdadera casta reducida, solidaria,
poseedora de grandes propiedades rurales y capaz de conseguir importantes
concesiones de los reyes.
Comparación con organización del Imperio Romano.
Políticamente, se constituyeron monarquías en las que la tradición estatal romana
desempeñó un papel decisivo. El absolutismo del bajo imperio y las tradiciones
jurídicas y administrativas que lo acompañaban, triunfaron poco a poco sobre las
tradiciones germánicas que, por el momento, empalidecieron, aunque volverían a
resurgir en la época feudal. Económicamente, la crisis del bajo Imperio se acentuó
y continuaron decayendo las ciudades y el comercio, en tanto que se evolucionaba
hacia una economía predominantemente rural.
En el punto de vista religioso, la iglesia romana hizo lentos, pero firmes progresos.
Heredera de la tradición romana, se organizó a su imagen y semejanza y
constituyó el reducto en que se conservó la tradición ecuménica del imperio. Por la
conversión de los distintos pueblos a su fe, llegó a adquirir extraordinaria
importancia, visible en el campo de la política y la cultura. La lengua latina, de la
cual habrían de salir los nuevos idiomas nacionales, se encontraba en cuya base,
la perpetuación de la influencia romana.
Las monarquías feudales
En la Europa alto medieval los poderes indiscutibles aún seguían siendo el
Papado y el Imperio. El poder real, -el del rey-, no era sino uno más, y no siempre
el más alto, de entre los poderes de los grandes señores. La expresión
“monarquías feudales” alude a este poder de los monarcas medievales como
simples cúspides de la pirámide feudal. Hablamos, entonces, de un poder
descentralizado, donde el monarca feudal “comparte” el poder con los señores.
La debilidad de la monarquía:
Los Reyes carolingios con los recursos agotados por los enfrentamientos internos
no lograron ofrecer protección a sus súbditos Y delegaron entonces la defensa del
territorio en los señores locales (condes, duques, y marqueses) estos
aprovecharon sus servicios militares para obtener más autonomía. En sus
dominios los señores comenzaron a ejercer los poderes públicos:
 Comandaban la hueste.
 Podían declarar la guerra.
 Administraba justicia
 Cobraban impuestos
El ámbito en el que ejercían los poderes se denominaba señorío. Así entre la
mitad del siglo IX y el comienzo del XI el poder de la monarquía se debilitó
progresivamente. Las atribuciones que ejercieron los señores en sus dominios
implicaron la fragmentación del Poder del Rey. El poder efectivo del monarca se
limitaba las tierras de su dominio personal, es decir, era un señor feudal más, el
primero entre los iguales según se decía en la época.
El feudo era una unidad territorial administrativa, económica, y social otorgada en
forma hereditaria por el rey a un noble llamado señor.
Los Reyes debido a sus peleas internas y a las invasiones te vieron delegar la
defensa del territorio en los señores. El condado ducado o marca era la unidad
territorial. Así el señor administraba justicia cobraba impuestos acuñaba monedas
recibía propietarios menores que solicitaban protección y organizaba su propio
ejército para defender a los integrantes del feudo. Los señores transformaron sus
dominios en reinos menores es decir una especie de micro -estados donde
desempeñaban las funciones antes mencionadas. De esta manera el título
recibido por El Monarca sigue existiendo Pero sólo tuvo características
honoríficas: su poder efectivo se reservaba las tierras de su dominio personal.

La burguesía:
El resurgimiento comercial fomentó el desarrollo y crecimiento de las ciudades
situadas cerca de las rutas comerciales que reanudaron la producción artesanal.
Los burgos, surgieron en principio dentro de los señoríos. Esto trajo aparejado las
constantes reclamos de los burgueses es decir los habitantes de los Burgos, que
solicitaban la libertad de traslado, poder disponer de sus bienes, y autonomía
administrativa y judicial.
A partir del siglo XI las ciudades fueron escenarios de una dinámica actividad
económica transformándose en sedes de mercados y de actividades artesanales.
Los principales productos que se comercializaban en los ámbitos urbanos eran
comestibles, es decir, cereales, vino, y sal, pero también armas, herramientas,
lana y artículos de lujo orientales.

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