COMPRENSIÓN DE LECTURA N°07
Apellidos y nombres: ______________________________________________________________
Grado: Quinto Sección: _______________ Fecha: _____________
EL BRINDIS DEL NOBEL
Majestades, altezas, excelencias, señores, señoras: Soy un contador de historias y, por tanto, antes
de proponerles un brindis, voy a contarles una historia.
Érase una vez un niño que a los cinco años aprendió a leer. Eso le cambió la vida. Gracias a los libros
de aventuras que leía, descubrió una manera de escapar de la pobre casa, del pobre país y de la
pobre realidad en que vivía, y de trasladarse a lugares maravillosos, espléndidos, con seres bellísimos
y cosas sorprendentes donde cada día, cada noche, significaba una manera más intensa, aventurera
y novedosa de gozar.
Gozaba tanto leyendo historias que, un día, este niño, que era un joven, se dedicó también a
inventarlas y escribirlas. Lo hacía con dificultad, pero, al mismo tiempo, con felicidad y gozando
cuando escribía tanto como cuando leía.
Sin embargo, el personaje de mi historia era muy
consciente de que una cosa era el mundo de la realidad
y otra, muy distinta, el mundo del sueño y la literatura y
que éste último sólo existía cuando él leía y escribía. El
resto de tiempo, se eclipsaba.
Hasta que en un amanecer neoyorquino el
protagonista de mi cuento recibía una sorpresiva
llamada en la que un señor de apellido impronunciable
le anunció que había recibido un premio y que tendría
que ir a recibirlo a una ciudad llamada Estocolmo, capital
de un país llamada Suecia (o algo así).
Mi personaje comenzó entonces, maravillado, a vivir, en la vida real, una de esas experiencias que,
hasta entonces, sólo existían para él en el dominio ideal e irreal de la literatura. Se sintió de pronto
como debió sentirse el mendigo cuando confundido con el príncipe en la novela de Mark Twain.
Todavía sigue allí, desconcertado, sin saber si sueña o está despierto, si aquello que vive lo vive de
verdad o de mentiras, si esto que le pasa es vida o es la literatura, porque los límites entre ambas
parecen haberse eclipsado por completo.
Queridos amigos, ahora ya puedo proponerles el brindis prometido.
Brindemos por Suecia, ese curioso país que parece haber conseguido, para ciertos privilegiados, el
milagro de que la vida sea literatura y la literatura vida.
¡Salud y muchas gracias!
(Mario Vargas Llosa. Estocolmo, 10 de diciembre de 2010)