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Criminología: Ciencia y Prevención del Delito

Este documento presenta el contenido de programa de la asignatura de Criminología y Política Criminal del Centro Universitario de Suoccidente de la Universidad de San Carlos de Guatemala. Introduce la criminología como una ciencia empírica e interdisciplinaria que estudia el crimen, el delincuente, la víctima y el control social. Explica que tiene cuatro objetos principales de estudio y que se basa en conocimientos de diversas disciplinas para comprender y prevenir la conducta criminal. Finalmente, destaca la necesidad de construir un saber criminol
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Criminología: Ciencia y Prevención del Delito

Este documento presenta el contenido de programa de la asignatura de Criminología y Política Criminal del Centro Universitario de Suoccidente de la Universidad de San Carlos de Guatemala. Introduce la criminología como una ciencia empírica e interdisciplinaria que estudia el crimen, el delincuente, la víctima y el control social. Explica que tiene cuatro objetos principales de estudio y que se basa en conocimientos de diversas disciplinas para comprender y prevenir la conducta criminal. Finalmente, destaca la necesidad de construir un saber criminol
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UNIVERSIDAD DE SAN CARLOS DE GUATEMALA

CENTRO UNIVERSITARIO DE SUROCCIDENTE


LICENCIATURA EN CIENCIAS JURÍDICAS Y SOCIALES
ABOGACIA Y NOTARIADO
CRIMINOLOGÍA Y POLÍTICA CRIMINAL
INTERCICLOS
1

CONTENIDO DE PROGRAMA

Presentado por:

Astrid Carolina Alexandra Mendoza Estrada

201541715

A:
LIC. MARCELO ANTONIO OROZCO OROZCO

Mazatenango, Suchitepéquez, 25 junio 2021


INTRODUCCIÓN

La criminología es la ciencia que estudia al individuo que cometió un crimen, sus


razones, causas y explicación de dicho comportamiento antisocial; además es una ciencia
interdisciplinaria abarcando áreas de conocimiento de la antropología, la biología, la
psicología y la sociología.

La criminología se centra en: el delito, el delincuente, la víctima y el control social


del comportamiento desviado, teniendo como los 4 principales objetos de estudio. La
criminología se ha establecido actualmente como una rama del derecho penal que tiene
como objetivo analizar al delincuente para establecer mecanismos de prevención y
actuación frente al crimen.

La criminología también tiene funciones notables que coadyuvan al derecho penal.


En un Estado como el actual, social y democrático de derecho, la prevención del delito
constituye el objetivo esencial de la política criminal. Sin embargo, este objetivo estará
siempre limitado por el respeto de los derechos fundamentales.
PRIMERA UNIDAD

1. LA CRIMINOLOGÍA COMO CIENCIA EMPÍRICA E INTERDISCIPLINARIA.

a. Concepto.

Esta ciencia estudia y se ha propuesto a evaluar, la disminución de la criminalidad, y en el


terreno teórico que debe permitir llegar a este fin práctico, propone el estudio completo
del criminal y del crimen, considerando este último no solo como la abstracción jurídica,
sino como una acción humana, como un hecho de carácter natural y social. El método por
excelencia utilizado por la criminología es el método de observación y de
experimentación, empleado en el marco de una verdadera clínica social.

b. Definición provisional de Criminología.

La Criminología se puede definir como una ciencia empírica, interdisciplinaria, que


tiene por objeto el crimen, el delincuente, la víctima y el control social del
comportamiento delictivo; y que aporta una información válida, contrastada y fiable
sobre la génesis, la dinámica y las variables del crimen, contemplado como un
acontecimiento individual o como un problema social, con la finalidad de prevenir y
de configurar estrategias de reacción frente al mismo, así como técnicas de intervención
eficaz en el delincuente y en la víctima.

Podemos denominar a la criminología como una ciencia social, interdisciplinaria y de


carácter autónomo, que tiene cuatro objetos de estudio, a saber: el crimen, el criminal, la
víctima y el control social de la criminalidad.

Tiene como base el estudio del fenómeno criminal, así como en el proceso de definición y
sanción de la conducta desviada. Además, también se centra en la prevención y el
tratamiento de estas conductas.

Centra sus fundamentos en conocimientos diversos de disciplinas y ciencias tales como lo


son la sociología, psicología, trabajo social, medicina, antropología, matemática, física y
química, apoyándose de manera indirecta del derecho penal y de otras ciencias de
carácter forense. Cabe destacar que es frecuente confundir la criminología con la
criminalística, que lo hace en el proceso de investigación.
c. La criminología como ciencia.

La criminología como ciencia busca coadyuvar en la reducción de las conductas delictivas


con el estudio e identificación de las causas de su origen, su aplicación en el campo de la
justicia penal va en aumento, se ha convertido en una ciencia independiente y autónoma,
de gran relación con la ciencia penal.

- La criminología como ciencia de la patología individual.

Es importante diferenciar que para realizar el estudio de las diversas conductas delictivas,
es necesario hacer un análisis previo de las personas y su patología. De esta manera, al
realizar el estudio del comportamiento de la persona, estaremos adentrándonos a sus
debilidades y fortalezas, y por lo tanto a todos los aspectos que perjudican al ser humano
en su conducta. Posteriormente, analizar las similitudes y diferencias dentro de la misma
sociedad o sociedades con diversas culturas. Asimismo, debemos de partir del estudio del
ser humano como tal, antes de realizar una investigación sobre su conducta criminal.

- La criminología como ciencia de la conducta desviada.

Si vamos a mencionar el tema de la ‘’desviación’’, es menester comentar que, la


criminología aborda los factores explicativos de la conducta desviada y la conducta
delictiva (robo, homicidio, daño, por mencionar algunos). Estos factores pueden ser vistos
desde una perspectiva causal como determinantes de orden psicológico, biológico o
social, o pueden ser estudiados como categorías de orden cultural resultantes de procesos
de interacción y definición social complejos, en los que intervienen elementos de tipo
histórico, político o cultural.

Se infiere entonces que, la conducta desviada es aquel comportamiento de uno de los


miembros de una sociedad, que se aleja de los estándares habituales de conducta
(Asociales). Aunque debe distinguirse entre diferentes conductas desviadas. Así, por
ejemplo, el travestismo podría considerarse como una conducta desviada, pero resulta
categóricamente distinta a la conducta desviada de, por ejemplo, robar en un
establecimiento.

En ese orden de ideas, la criminología estudia la conducta desviada de la persona, cuyo


resultado deriva en daño o perjuicio de algún componente de la sociedad.

- La criminología como ciencia del método científico.

Cabe señalar que el método científico empírico o experimental es sumamente útil para la
criminología puesto que requiere de una profunda observación, búsqueda de patrones en
el fenómeno u objeto estudiado, pruebas para intentar repetir de forma artificial estos
patrones y finalmente comprobación para saber si efectivamente se logró descubrir una
peculiaridad en los observado, una posible solución o la forma de evitar que esto suceda,
solo de esta manera puede decirse que realmente se conoce lo observado.

Debo agregar que lo hecho por la criminología, se estudia a un individuo o grupo social, se
buscan patrones de conducta, se intentan explicar las causas y factores determinantes en
estos patrones, se intenta repetir o provocar artificialmente los patrones observados y
finalmente se compra si efectivamente las causas y factores señalados son ciertos, de esta
manera no solo se logra explicar la conducta antisocial, sino también corregirla y
prevenirla.

- Criminología como ciencia de la reacción social punitiva.

Del mismo modo, la reacción social es la respuesta que el grupo social da a las conductas
desviadas. Esa respuesta puede ser más o menos espontánea, producto de los patrones
de vida propios del grupo, que terminan generando en los individuos que lo conforman
actitudes de aprobación, indiferencia o rechazo frente a determinadas conductas, o puede
consistir en el tratamiento que organismos institucionales especializados, de sociedades
más o menos complejas, dan a los comportamientos desviados de sus miembros. En el
primer evento se habla de una reacción social informal o no institucional y, en el segundo,
de una reacción social formal o institucional.

- Necesidad de construir un saber criminológico para América Latina.

He aquí que, la revisión de la literatura criminológica latinoamericana desde 1970 permite


determinar una gran preocupación por la definición del tema de estudio de la disciplina,
fuertemente inclinado hacia un sistema de justicia percibido como la expresión de un
orden opresivo a favor de la clase dominante.

A pesar de esta visión negativa del control social, las conductas relevantes para las
investigaciones criminológicas parecen estar confinadas por las definiciones legales del
delito, lo cual podría parecer contradictorio considerando el continuo desafío al
ordenamiento legal como expresión de intereses minoritarios de clase.

Cabe señalar que, la percepción es consistente en virtud de la criminalización y, por


consiguiente, la respuesta estatal basada en las definiciones legales, independientemente
de su razonabilidad y justicia, constituye el núcleo de la reflexión criminológica, abriendo
una perspectiva para el cambio social.

Recordemos que, la criminología crítica, a pesar de haberse generado en otras latitudes,


ha encontrado en América latina un campo fértil para su florecimiento. Por otro lado, las
explicaciones del delito solo consideran de modo marginal factores individuales, y se
encuentran centradas en las condiciones sociales que fomentan la privación. Dentro de
este marco, la normalización y la reintegración de delincuentes se convierten en el
propósito de un enfoque humanístico para enfrentar el delito y reducir la injusticia.

Queda por aclarar que, el continuo criticismo sobre el rigor del sistema de justicia (que,
curiosamente, coexiste con la percepción lega de su lenidad y la impunidad que propicia) y
el fuerte énfasis en los discursos y argumentos de denuncia moral, antes que sobre
hechos y datos específicos; el orden se asume como desprovisto de legitimidad y su
prueba es considerada irrelevante. Conocimiento y discurso son rara vez incorporados a la
praxis del sistema de justicia penal, como si dicha incorporación, en la medida que
contribuya a incrementar su eficacia o eficiencia, implicaría la colusión de los intelectuales
con los representantes del orden opresivo.

Así mismo, esto procedería a explicar la emergencia de un nuevo paradigma sobre


seguridad ciudadana, desarrollado a partir de 1990 con el apoyo de las agencias
multilaterales de desarrollo, y centrado en las ideas de gobernabilidad, sociedad civil y
fortalecimiento de sistema de justicia, y que ha incluido una reforma procesal penal
orientada por los principios del modelo acusatorio, donde los criminólogos han
permanecido virtualmente ausentes de los debates, manejados fundamentalmente por
politólogos, economistas y litigantes, dentro de una enfoque pragmático que maximiza la
intimidación y el expansionismo jurídico y minimiza las medidas sociales o
macroeconómicas para el control del delito.

Es como si los criminólogos latinoamericanos rehusasen participar en un modelo que, en


nombre de la eficiencia, la gobernabilidad y el individualismo, expanda el desempeño
estatal a través de medidas estrictamente represivas.

2. EL MÉTODO DE LA CRIMINOLOGÍA.

a. Polémica sobre el método y lucha de escuelas.

Es menester mencionar que desde el génesis de la Criminología, se ha polemizado sobre


cuál es el concepto del delito del que esta ciencia debe partir: si del mismo que ofrece el
ordenamiento jurídico-penal o si puede darse un concepto distinto, propio de la
Criminología.
Se menciona entonces que la Criminología pasa a adquirir autonomía rango de ciencia
cuando el positivismo generaliza el empleo del método empírico: sustituyen a la
especulación el silogismo, formándose una lucha de escuelas.

b. El saber empírico y el saber normativo.

Si vamos a referirnos a el saber empírico y saber normativo, tenemos que establecer que
son dos categorías antagónicas. que la Criminología pertenezca al ámbito de las ciencias
empíricas significa, en primer lugar, que su objeto, delito, delincuente, víctima, control
social se inserta en el mundo de lo real, de lo verificable, de lo mensurable, no en el de los
valores. que cuenta con un sólido substrato ontológico, presentándose al investigador
como un hecho más, como un fenómeno de la realidad. estructuralmente ello descarta
cualquier enfoque normativo. pero la naturaleza empírica de la criminología implica, ante
todo, que esta descansa más en hechos que en opiniones, más en la observación que en
discursos o silogismo. El proceder de juristas y criminalistas difiere sustancialmente. El
jurista parte de unas premisas correctas para deducir de ellas las oportunas
consecuencias. El criminalista, por el contrario, analiza unos datos e induce las
correspondientes conclusiones, pero sus hipótesis se verifican y/o doblegan siempre a la
fuerza de los hechos que prevalecen sobre los argumentos subjetivos, de autoridad.

Al respecto conviene decir que, la Criminología es una ciencia del ser, también una rama
empírica del derecho, una ciencia cultural del deber ser, normativa que la Criminología
perteneciente al ámbito de las ciencias empíricas significa, en primer lugar, que su objeto
delito, delincuente, víctimas y control social se inserta en el mundo de lo real, de lo
verificable, de lo mensurable y no en el de los valores. La naturaleza empírica de la
Criminología implica, ante todo, que esta descansa más en hechos que en opiniones, más
en la observación que en discursos o silogismos. La Criminología pretende conocer la
realidad para explicarla.

Vale la pena resaltar también que, el Derecho valora, ordena, y orienta aquella con una
serie de criterios axiológicos. La criminología se aproxima al fenómeno delictivo sin
prejuicios, sin mediaciones, procurando obtener una información directa de este. La
Criminología es una ciencia empírica, pero no necesariamente experimental. El método
experimental es un método empírico, pero no el único, y no todo método empírico, sin
embargo, tiene por fuerza naturaleza experimental. Pero el método empírico no es el
único método criminológico. Pues siendo el crimen, en definitiva, un fenómeno humano y
cultural, comprender el mismo elegirá del investigador una actitud abierta y flexible,
intuitiva, capaz de hallar las sutiles aristas y múltiples dimensiones de un profundo
problema humano y comunitario.
d. Limitaciones del método empírico.

Es evidente que, no sólo en el campo de las ciencias sociales y las de la conducta sino en el
de las de otro tiempo denominadas ciencias “exactas”. La moderna teoría de la ciencia y el
creciente auge de los métodos estadísticos y cuantitativos demuestran el triunfo
avasallador de un nuevo modelo de saber científico, más relativo, provisional, abierto e
inacabado.

En ese orden de ideas, se presume que la cientificidad de la criminología sola, significa que
esta disciplina, por el método que utiliza, está en condiciones de ofrecer una información
válida y fiable –no refutada- sobre el complejo problema del crimen, insertando los
numerosos y fragmentarios datos obtenidos del examen de éste en un marco teórico
definido. La corrección del método criminológico, garantiza el rigor del análisis de su
objeto, pero no puede eliminar la problemática del conocimiento científico, ni la
necesidad de interpretar los datos y formular las correspondientes teorías.

e. El principio interdisciplinario

Llama poderosamente la atención que el principio interdisciplinario se halla


significativamente asociado al proceso histórico de consolidación de la Criminología como
ciencia autónoma.

De esta misma forma resulta pertinente mencionar que, son muchas las disciplinas
científicas que se ocupan del crimen como fenómeno individual y social. La Biología
(criminal), la Psicología (criminal, la sociología (criminal), con sus respectivos métodos,
enfoques y pretensiones han ido acumulando valiosos saberes especializados sobre aquél.
Ahora bien, el análisis científico reclama una instancia superior que integre y coordine las
informaciones sectoriales procedentes de las diversas disciplinas interesadas por el
fenómeno delict5ivo; que elimine posibles contradicciones internas e instrumentales un
genuino sistema de retroalimentación, según el cual cada conclusión particular se corrige
y enriquece al contrastarse con las obtenidas en otros ámbitos y disciplinas. Sólo a través
de dicho esfuerzo de síntesis e integración de las experiencias sectoriales y especializadas
cabe formular un diagnóstico científico, totalizador, del crimen, más allá de los
conocimientos fragmentarios, parciales e incompletos que puedan ofrecer aquéllas, y de
la peligrosa barbarie de los especialistas tan acertadamente denunciada por Ortega.

Debo añadir que, ésta es la función que corresponde a la Criminología, si bien el principio
interdisciplinario plantea espinosas dificultades tanto desde un punto de vista conceptual
como operativo.
Sin duda alguna, no cabe identificar la Criminología, desde luego, con ninguna de las
numerosas disciplinas que integran la enciclopedia del saber empírico sobre el crimen,
disciplinas, por cierto, todas ellas de igual rango e importancia en un modelo no piramidal
de ciencia.

Asimismo, hoy carecen ya de sentido viejas disputas de escuela y trasnochadas rivalidades


pseudo científicas que polemizaban sobre las cotas de participación y lugar jerárquico de
las respetivas disciplinas (Biología, Psicología, sociología, etc.) en el tronco común de la
Criminología.

Cabe resaltar que, el principio interdisciplinario, por tanto, es una exigencia estructural del
saber científico, impuesto por la naturaleza totalizadora de este, y no admite monopolios,
prioridades ni exclusiones entre las partes o sectores de su tronco común. De hecho,
además, parece obvio que la Criminología solo puede consolidarse como ciencia, como
ciencia autónoma, cuando consiguió emanciparse de aquellas disciplinas sectoriales en
torno a las que nació, y con las que, a menudo, se identificó indebidamente. Esto es,
cuando cobró conciencia de instancia superior, de su estructura interdisciplinaria.

Es un poco irónico el hecho que , el dicho entramado complejo, plural y heterogéneo que
sirve de substrato a la Criminología se invoca por un sector doctrinal para negar su
autonomía científica. Y por otro, para configurarla como auténtica meta disciplina o
superestructura ficticia sin objeto propio distinto del de cada una de las subdisciplinas que
la integran. Todo ello demuestra que la noción de interdisciplinariedad, dista mucho de
ser pacífica. Que subsiste la polémica sobre su delimitación respecto a otros conceptos en
apariencia afines, y sus implicaciones. Insinuar las dificultades prácticas, operativas, de
una Criminología efectivamente interdisciplinaria no parece necesario.
3. EL OBJETO DE LA CRIMINOLOGÍA.

a. Ampliación problematización del objeto de la criminología contemporánea.

En la criminología moderna existe una ampliación en el objeto de estudio, pasando de


estudiar solo el delito y el delincuente a estudiar la víctima y el control social, apareciendo
a su vez la idea de prevención.

Postulados de los que partía, provienen del concepto antiguo de criminología.

Partía del concepto legal del delito.

Utilizaba teorías de carácter etiológico de la criminalidad.

Partía del principio de que los delincuentes eran seres patológicamente distintos a los
individuos no delincuentes.

También entendía que la pena tenía un carácter retributivo (de castigo).

Criminología moderna. Cuestiona estos fundamentos y rechaza esa dependencia de la


pena, es la criminología la que debe establecer sus propios fundamentos.

b. El concepto criminológico de delito. Delito, delito natural y comportamiento


desviado.

La idea de que el objeto de estudio de la criminología viene delimitado por el Código Penal
y las leyes penales especiales, o sea la concepción legal del delito, se remonta a la Escuela
clásica, tiene una larga tradición y es, quizá, la más seguida en la doctrina española. De
acuerdo con el principio de legalidad, para que una conducta pueda considerarse delictiva
ha de encontrarse descrita (tipificada) en las leyes penales. Todo lo que no se encuentre
tipificado en dichas normas no puede ser considerado delictivo por muy injustos o dañino
que pueda ser; a la vez, todas las conductas incluidas en dichos cuerpos legales se
consideran delictivas.

Tomando como base esta postura legalista, el objeto de estudio de la criminología (delito)
es toda conducta injustificada que se encuentra tipificada en una ley penal, cometida sin
justificación o excusa y castigada por el Estado; y por delincuente o criminal ha de
entenderse todo aquel que incurra en una de dichas conductas. La ley penal define que es
el delito.
Es importante reconocer que, el criterio legal es insatisfactorio desde un punto de vista
científico:

No parece asumible que el objeto de estudio de una disciplina venga impuesto desde
fuera de la misma. Lo lógico es que cada disciplina defina ella misma qué va a estudiar y
cuál es su contenido y naturaleza.

Vale la pena hacer el análisis respectivo a la postura del legislador (no sigue un criterio
científicamente satisfactorio) y es quien legítimamente establece qué conductas son
delitos, no sigue un criterio satisfactorio desde el punto de vista de la explicación causal
de los delitos, sino que predominan los históricos y de oportunidad. De este modo es
difícil que pueda darse una explicación científica general convincente de una materia en la
que elementos irracionales y contradicciones tienen una fuerte presencia.

De esta forma se infiere que, las leyes penales son irremediablemente vagas e imprecisas.

Asimismo, se menciona que los cuerpos legales penales son cambiantes: con relativa
rapidez se tipifican nuevas conductas, mientras que delitos tradicionales se redefinen o
bien dejas de estar castigados.

Es muy importante recordar que. Garófalo, hace una sítensis sobre su teoría del delito
natural, siendo algo peculiar de este autor frente a las posturas de Ferri y Lombroso. Se
debe recordar que fue Profesor de Derecho penal en la Universidad de Nápoles y ejerció
también como Magistrado. Se plantea el problema de si existen una serie de conductas
que han sido consideradas delictivas en todos los tiempos y en todos los países. Considera
que ello no es posible, ya que las conductas sociales y el derecho son cambiantes, con
peculiaridades propias entre razas, países, etc. Se aproxima al Derecho natural, aunque su
postura no se basa en el mismo, al considerar que hay una serie de instintos morales
innatos que son herencia del individuo.

Se puede comprender que, parte de un sentido moral medio de la comunidad entera,


existiendo personas con moralidad superior y otras que quedan por debajo de ese nivel
medio.

Para valorar determinados comportamientos inmorales y considerarlos como conductas


criminales tiene en cuenta los sentimientos de piedad y la probidad. En esto se basa la
delincuencia natural; de otra parte, existe una delincuencia artificial que viola una serie de
sentimientos como son el honor, pudor, etc.

En este orden de ideas, diferenciamos que la moralidad es el fundamento de su delito


natural, así como los sentimientos de los individuos. En realidad viene a dar varias
definiciones del mismo que no son totalmente coincidentes. Escribe: «Por fin, trataremos
de segregar y de aislar los sentimientos morales que puede decirse que ha adquirido
definitivamente la parte civilizada de la humanidad y que constituyen la verdadera moral
contemporánea, que no puede perderse, sino que es susceptible de un desarrollo cada
vez mayor; y en este caso podremos llamar delito natural o social la violencia de estos
sentimiento por actos que, a la vez, son perjudiciales a la comunidad»

Lo que respecta al fenómeno de la desviación, la criminología aborda los factores


explicativos de la conducta desviada y la conducta delictiva (robo, homicidio, daño, etc.).
Estos factores pueden ser vistos desde una perspectiva causal como determinantes de
orden psicológico, biológico o social, o pueden ser estudiados como categorías de orden
cultural resultantes de procesos de interacción y definición social complejos, en los que
intervienen elementos de tipo histórico, político o cultural.

Definida la conducta desviada como aquel comportamiento de uno de los miembros de


una sociedad, que se aleja de los estándares habituales de conducta. Aunque debe
distinguirse entre diferentes conductas desviadas. Así, por ejemplo, el travestismo podría
considerarse como una conducta desviada, pero resulta categóricamente distinta a la
conducta desviada de, por ejemplo, robar en un establecimiento.

Afirmamos entonces que, la criminología estudia la conducta desviada de la persona, cuyo


resultado deriva en daño o perjuicio de algún componente de la sociedad.

c. El delincuente: normalidad y diversidad (patológica) del hombre delincuente.

Como se explicaba, la Criminología tiene como objeto, ocuparse, de forma intrínseca, del
delincuente: de la persona, del infractor.

Analizamos entonces que, la persona del delincuente alcanzó su máximo protagonismo


como objeto de las investigaciones criminológicas durante la etapa positivista. El principio
de la diversidad que inspiró la criminología tradicional (el delincuente como realidad
biopsicopatológica) convirtió a éste en el centro casi exclusivo de la atención científica.

En la época moderna, el estudio del hombre delincuente ha pasado a un segundo plano,


como consecuencia del giro sociológico experimentado por aquélla y de la necesaria
superación de enfoques individualistas en atención a objetivos político criminales. La
matriz de intereses en diversas manifestaciones, aún sin abandonar nunca la persona del
infractor, se desplaza prioritariamente hacia la conducta delictiva misma, la víctima y el
control social En todo caso, el delincuente se examina en sus interdependencias sociales,
como unidad biopsicosocial y no desde una perspectiva biopsicopatológica como
sucediera con tantas biografías clásicas orientadas por el espíritu individualista y
correccionalista de la Criminología tradicional.
Llama poderosamente la atención, la imagen que se profesa del hombre delincuente: con
qué prototipo de criminal se opera en la Criminología, porque son muchas y
controvertidas las concepciones que se sustentan sobre el delito y el delincuente. Cuatro
respuestas son paradigmáticas, si bien hoy no concitan ya el necesario consenso científico:
la clásica, la positivista, la correccionalista y la marxista. El mundo clásico partió de una
imagen sublime, ideal, del ser humano como centro del universo, como dueño y señor
absoluto de sí mismo, de sus actos. El dogma de la libertad, en el esquema clásico, hace
iguales a todos los hombres (no hay diferencias cualitativas entre el hombre delincuente y
el no delincuente) y fundamenta la responsabilidad: el absurdo comportamiento delictivo
sólo puede comprenderse como consecuencia del mal uso de la libertad en una concreta
situación, no a pulsiones internas ni a influencias externas. El crimen, pues, hunde sus
raíces en un profundo misterio o enigma. Para los clásicos, el delincuente es un pecador
que optó por el mal, pudiendo y debiendo haber respetado la ley.

Vale la pena diferenciar que el positivismo criminológico, por el contrario, destronaría al


hombre, privándole de su cetro y de su reinado, al negar el libérrimo control del mismo
sobre sus actos y su protagonismo en el mundo natural, en el universo y en la historia. El
hombre, dirá Ferry, no es el rey de la Creación, como la tierra no es el centro del universo,
sino una combinación transitoria, infinitesimal de la vida... una combinación química que
puede lanzar rayos de locura y de criminalidad, que puede dar la irradiación de la virtud,
de la piedad, del genio, pero no... más que un átomo de toda la universalidad de la vida. El
libre albedrío, concluye Ferry, es una “ilusión subjetiva”. En consecuencia, el positivismo
criminológico inserta el comportamiento del individuo en la dinámica de causas y efectos
que rige el mundo natural o el mundo social: en una cadena de estímulos y respuestas
determinantes internos, endógenos (biológicos) o externos, exógenos (sociales), explican
su conducta inexorablemente. El arquetipo ideal, casi algebraico, de los clásicos da paso a
una imagen materializada y concreta de hombre, semejante a una ecuación, a una
fórmula, a una reacción química y el principio de la equipotencialidad, al de la diversidad
del hombre delincuente, sujeto cualitativamente distinto del honrado que cumple las
leyes. Para el positivismo criminológico, el infractor es un prisionero de su propia
patología (determinismo biológico) o de procesos causales ajenos al mismo (determinismo
social): un ser esclavo de su herencia, encerrado en sí, incomunicado de los demás, que
mira al pasado y sabe, fatalmente escrito, su futuro: un animal salvaje y peligros.

Asimismo, la filosofía correccionalista, a su vez, y el marxismo operan con diferentes


imágenes del infractor. Aquélla, pedagógica, pietista, ve en el criminal un ser inferior,
minusválido, incapaz de dirigir por sí mismo, libremente su vida, cuya débil voluntad
requiere de la eficaz y desinteresada intervención tutelar del Estado. Desde la utopía y el
eufemismo paternalista del pensamiento correccional (la Besserungstheorie alemana), el
hombre delincuente aparece ante el sistema como un menor de edad, desvalido.

Entonces, esto nos encamina hacia el marxismo, por último, que responsabiliza del crimen
a determinadas estructuras económicas, de suerte que el infractor deviene mera víctima
inocente y fungible de aquéllas: la culpable es la sociedad.

Tomando como una sólida base, la tesis de Antonio García Pablos de Molina expuesta en
su obra, en la que dice que se parte de la normalidad del delito y el delincuente, postulado
que trató de razonar en otros obras, y que difiere sustancialmente de las cuatro tesis
expuestas. A mi juicio es el más ajustado a la realidad, a tenor de nuestros conocimientos
actuales; y el único que permite la búsqueda serena y reflexiva de una respuesta científica
al problema del crimen, libre de prejuicios.

Es evidente que cualquier estereotipo de hombre delincuente queda desmentido por una
realidad compleja, plural, diversa; ; en puridad, no es más que un recurso dialéctico.
Además, la tradicional polémica entre deterministas y partidarios de libre albedrío se ha
relativizado notablemente, eliminando las posturas más radicales de ambos extremos.

Es muy difícil negar la imagen mucho más rica, dinámica, pluridimensional e interactivo
del ser humano que aportan disciplinas empíricas como la Psicología, las ciencias de la
conducta, etcétera. El individuo no es un ser solitario, desarraigado, que se enfrenta con
su libertad existencia, sin condicionamientos, sin historia (tesis de los clásicos); pero
tampoco la mera concatenación de estímulos y respuestas, una máquina de reflejos y
hábitos, preso de su código biológico y genético (tesis positivista), que mira sólo al pasado;
ni una pieza insignificante en el engranaje del universo social, mero observador pasivo del
devenir histórico o víctima de las estructuras que él mismo se dio.

Antes bien, el hombre es un ser abierto y sin terminar. Abierto a los demás en un
permanente y dinámico proceso de comunicación. De interacción, condicionado, en
efecto, muy condicionado (por sí mismo, por los demás, por el medio), pero con
asombrosa capacidad para transformar y trascender el legado que recibió, y, sobre todo,
solidario del presente y con la mirada en el futuro propio y ajeno. Ese hombre, que
cumple las leyes o las infringe, no es el pecador, de los clásicos, irreal e insondable; Ni el
animal salvaje y peligroso, del positivismo, que inspira temor; ni el desvalido, de la
filosofía correccional, necesitado de tutela y asistencia; ni la pobre víctima de la sociedad,
mera coartada para reclamar la radical reforma de las estructuras de aquélla, como
proclaman las tesis marxistas. Es el hombre real e histórico de nuestro tiempo; que puede
acatar las leyes o incumplirlas por razones no siempre asequibles a nuestra mente; un ser
enigmático, complejo, torpe o genial, héroe o miserable, pero, en todo caso, un hombre
más, como cualquier otro.

Recordemos la existencia de infractores anormales, como hay también anormales que no


delinquen. El postulado de la normalidad del hombre delincuente – y el de la normalidad
del crimen – sólo pretende expresar un claro rechazo a la tradicional correlación: crimen /
anormalidad del infractor. Buscar en alguna misteriosa patología del delincuente la razón
última del comportamiento criminal es una vieja estrategia tranquilizadora. Estrategia o
coartada, que, por otra parte, carece de apoyo real, pues son tantos los sujetos anormales
que no delinquen, como los normales que infringen las leyes.

d. La víctima del delito como objeto de la Criminología.

El estudio de la víctima tiene su origen en el positivismo criminológico, que inicialmente


polarizó la explicación científica del comportamiento criminal alrededor del delincuente,
ignorando en buena medida a la víctima, considerándola como un objeto neutro, pasivo,
estático, que nada aporta a la génesis, dinámica y control del hecho criminal.

Desde este punto, Hassemer, expresa que "desde los más diversos ámbitos del saber se
ha llamado la atención sobre el desmedido protagonismo del delincuente y el correlativo
abandono de la víctima, se ha dedicado exclusivamente a la persona del delincuente todos
los esfuerzos de elaboración científica, tiempo, dinero, hipótesis, investigaciones sin
preocuparse apenas de la víctima de los delitos".

En el estudio de la Criminología moderna, de corte prioritariamente sociológico, el


examen y significado de la persona del delincuente pasa a un segundo plano, dirigiendo su
atención a las investigaciones sobre la conducta delictiva, la víctima y el control social,
dándose una progresiva ampliación y problematización del objeto de la misma.

Por ende, el actual redescubrimiento de la víctima y los estudios sobre el control social del
crimen, representan una positiva extensión del análisis científico hacia ámbitos
desconocidos.

Evidentemente, dicha ampliación tiene como fin paliar este olvido de las víctimas por
medio de estudios científicos que, desde las perspectivas interdisciplinarias, tengan por
objeto a la víctima como tal, a sus características y su personalidad, tanto en relación con
el hecho social (delito), como en función de su propia intervención en la dinámica social y
criminal.

Se comprende que, a partir de los años cuarenta, presenciamos un renacer en la


preocupación por la víctima en los distintos ámbitos del saber. Tal "redescubrimiento" de
la víctima merece un análisis cauteloso lejos de interpretaciones incongruentes, de una
lectura anti-garantista y de un indebido subrayado mercantil de la expectativa de aquélla,
como lo ha observado García Pablos de Molina.

Vale la pena resaltar que el Derecho Penal, se ha orientado en forma unilateral hacia el
autor del delito, dejando a la víctima en una posición marginal, cuando no limitada a su
participación como testigo en el esclarecimiento del hecho delictivo; incluso como testigo
se convierte en destinatario de serios compromisos y obligaciones, y portador de pocos o
ningún derecho.

Esta neutralización de la víctima no es casual; el Derecho Penal surge precisamente con la


neutralización de la misma. A partir del momento en que el Estado monopoliza la reacción
penal, es decir, que prohíbe a la víctima castigar a su victimario -lo que es asumido por el
poder punitivo del Estado- se la aparta del conflicto.

Por otro lado, la criminología consideraba a las víctimas como un sujeto pasivo, neutro,
estático, que no contribuía en nada al hecho criminal. A mediados del presente siglo es
que el movimiento victimológico emprende estudios sobre lo que Mendelsohn llama la
"Pareja Criminal", dándole a la víctima una visión más activa, capaz de contribuir en la
génesis y dinámica de una conducta delictiva.

Frente a la gran preocupación por el criminal, la criminología había olvidado casi en forma
absoluta a las víctimas de los delitos. Este hecho tiene varias explicaciones, una de ellas es
que nos identificamos con el infractor y jamás con la víctima; quizás sea que admiramos al
criminal que se atreve a hacer lo que nosotros no haríamos y no admiramos a la víctima,
ya que nadie se identifica con el perdedor, el lesionado, maltratado, estafado o violado.

Sin embargo, a partir de las primeras investigaciones sobre la víctima los científicos se
llevaron una sorpresa al descubrir que, en una notable cantidad de hechos, la víctima
tenía una gran participación en los sucesos y, en otras ocasiones, era la verdadera
causante del delito, saltando a la vista que la víctima puede ser objeto de estudio y análisis
desde dos puntos de vista, bien bajo su comportamiento individual o bien en función de
sus relaciones con el autor del delito. Desde estos puntos de vista, la víctima ha de cobrar
una especial importancia en materia penal para completar el diagnóstico de hecho
delictivo.

El progresivo interés por la víctima fue acompañado e incentivado por diversos factores o
circunstancias:

En primer lugar, el legado de los pioneros de la nueva ciencia, Von Hentig y B.


Mendelsohn, cuyos estudios se circunscribieron a la "Pareja Criminal" y demostraron la
recíproca interacción existente entre autor y víctima, contribuyendo a un nuevo enfoque
de la víctima, dándole una nueva imagen, más realista y dinámica, como sujeto activo -no
como un mero objeto- capaz de influir en la configuración del hecho delictivo, en su
estructura dinámica y preventiva.

Poco a poco se van desarrollando las investigaciones respecto a las víctimas, pasando del
estudio de la pareja criminal y fenómeno de interacción al estudio de otro tema del que
resulta un núcleo de conocimientos sobre actitudes y propensiones de los sujetos para
convertirse en víctimas, tipología victimaria, daños que padecen las víctimas como
consecuencia del delito (victimización secundaria), la criminalización de determinadas
infracciones equivocadamente denominadas "delitos sin víctimas".

En segundo lugar, el desarrollo en la Psicología Social de una rica gama de modelos


teóricos, adecuados para interpretar y explicar los datos aportados por las investigaciones
victimológicas.

Otro elemento que contribuyó al resurgimiento de las víctimas son los aportes
experimentales de Latane y Darley, en la década de los años setenta, sobre la dinámica de
la intervención de los espectadores en las situaciones de emergencia, estudios de
psicología social en torno al comportamiento de asistencia -o de abandono- hacia la
víctima del delito, capaces de arrojar luz sobre reacciones insolidarias y pasivas de testigos
presenciales de un crimen violento que asombró a la opinión pública.

Otro factor que intervino es el perfeccionamiento y credibilidad que las encuestas de


victimización empezaron a adquirir en esta década; las cuales permitieron obtener datos
sobre la población realmente victimizada, abarcando no sólo las víctimas oficiales sino
también aquellas otras no incluidas por no haberse denunciado el delito.

Posteriormente, los movimientos feministas, al llamar la atención sobre la violencia


dirigida especialmente contra la mujer (victimización sexual, violencia física), impulsaron
numerosas investigaciones teóricas y concretos programas de asistencia a aquéllas,
sirviendo de modelo a otros colectivos de victimización.

El actual reencuentro con la víctima, tímido y tardío, expresa la imperiosa necesidad de


verificar, a la luz de la ciencia, la función "real" que desempeña la víctima del delito en los
diversos momentos del suceso criminal (deliberación, decisión, ejecución, racionalización
y justificación, entre otros).

Revisando los superados estereotipos clásicos, productos del análisis formalista y estático
de la criminología tradicional, este nuevo enfoque crítico interaccionista aporta una
imagen verosímil de la víctima, de su comportamiento, relaciones con otros protagonistas
del hecho criminal que, lógicamente, sugiere actitudes y respuestas muy distintas de la
sociedad y poderes públicos respecto al "problema criminal".

Estos y otros factores contribuyeron a que el estudio de la víctima se convirtiera en un


campo de investigación ya asentado en el último decenio, adquiriendo un interés muy
significativo, tanto en el mundo anglosajón, que domina hoy la literatura victimológica,
como en otros contextos culturales, consolidándose de esta manera una disciplina joven:
la Victimología.

e. El control social como objeto de la Criminología.

Vale la pena resaltar que, en criminología, se denomina control social a la influencia que
ejercen determinados elementos componentes de una sociedad, en la forma de
comportarse de sus asociados.

Es menester analizar que, el control social puede definirse de una forma genérica como el
conjunto de instituciones, estrategias y sanciones sociales que pretenden garantizar el
sometimiento del individuo a las normas sociales o leyes imperantes, generalmente dichos
mecanismos actúan en el individuo de una forma inconsciente ya que las ha aprendido
durante el proceso de socialización. Durante la infancia, en el proceso de socialización el
individuo aprende e interioriza lo que en su sociedad y cultura se considera o no
apropiado, más tarde también aprenderá cuáles son los comportamientos que se
consideran delictivos y penados por las leyes vigentes.

El control social puede entenderse por un lado como una estrategia de administración del
orden, y por otro, como un instrumento de dominación legitimado por la base social. El
desarrollo del concepto de “control social” se presenta con los sociólogos (criminólogos)
norteamericanos y se atribuye a Edward Ross el creador de este término si bien, Roberto
Bergalli considera ser el primero en haber empleado la expresión sociología del control
penal, al menos en castellano. Puede entenderse por lo tanto el control social como una
forma de presión social informal y difusa, que tiene como objeto evitar la conducta
delictiva.

Durkheim innova al introducir el precedente de esta teoría al explicar que la no realización


de la conducta criminal individual puede venir explicada por los efectos inhibitorios que
puede tener la integración social o psicológica con otros cuya potencial respuesta
negativa, vigilancia o expectativas, regula o constriñe los impulsos criminales. La teoría del
control social surge en los años 50 como una posible explicación al fenómeno
delincuencial.
Asimismo, Luis Rodríguez Manzanera indica: “El control social puede entenderse como el
conjunto de instrumentos (generalmente normativos), instituciones y acciones
encaminadas al cumplimiento de los fines y valores propuestos por el sistema imperante,
logrando en esta forma mantener el orden social.” Puede entenderse, por lo tanto, a
partir de la definición de Manzanera que la finalidad del control social es la preservación
del orden social mediante la restricción (ya sea ésta, formal o informal) de las conductas
desviadas.

- El control social de reacción: También denominado control social de respuesta, se refiere


a la respuesta que da la sociedad a la realización de conductas desviadas o negativas
preestablecidas dentro del orden social o jurídico. Este control social busca combatir
conductas consumadas que no debieron realizarse por el individuo en cuestión.

- El control difuso: Tiene como campo de acción elementos socializadores como la familia,
los grupos religiosos, los medios de comunicación etc. como grupos encargados de
reprimir aquellas conductas que afecten los propios valores del grupo, tratándose en este
caso de un tipo de control social más indirecto.

- El control social formal: También denominado control social primario, es el que tiene
como función principal el cumplimiento de las estrategias de prevención y represión, es el
que está establecido legalmente. Identificado como el establecimiento de procedimientos
públicos que se delega en determinadas instituciones que están en función de
conseguirlo. Dentro del control social formal encontramos la norma penal y el sistema
jurídico penal.

- El control social informal: o también llamado control secundario tratará de condicionar al


individuo, de disciplinarlo a través de todo un proceso que comienza en los núcleos
primarios (familia) pasando por la escuela, la profesión y la instancia laboral, y que
culmina con la obtención de una actitud conformista de éste ante la interiorización de las
pautas de conducta trasmitidas y aprendidas durante dicho proceso de socialización que
lo llevan a la obediencia.

Debemos tomar en cuenta que, la criminología debe ayudar a educar a la población en el


tema del delito. Al constituir un fenómeno comunitario y social, de nada servirá ignorarlo,
por el contrario, debatir el tema sin tabú, sin reminiscencias y sin tanta problemática, nos
hará mucho más asequibles y preparados para contribuir con la obra social de nuestra
Revolución, al aportar una valoración más real, objetiva y de alerta al legislador, en el caso
de enfrentarnos a consecuencias negativas de una normativa penal, o que esté en
conflicto con el sentimiento social.
La prevención es una de las estrategias del control social, que no sólo está dirigida a evitar
el delito, como comúnmente se le interpreta. Ésta se emplea en todos los ámbitos de la
vida social. Es un concepto que tiene varias aplicaciones, en dependencia del objeto al
cual esté dirigida.

La prevención del delito por su parte es el “conjunto de medidas e indicadores elaborados


por el Estado, las organizaciones políticas y de masas y organismos o entidades estatales
para minorizar el delito, sus causas y consecuencias, neutralizando sus efectos. Abarca un
complejo sistema o red de medidas cuyo contenido varía en dependencia de la esfera
social hacia la que van dirigidas y de acuerdo con su volumen”

El delito como fenómeno social es producto de la desigualdad social por lo que los
cambios estructurales, con las correspondientes transformaciones económicas y sociales,
constituyen la base objetiva para el desarrollo de estrategias de prevención del delito y de
las conductas delictivas, debiendo ellas estar enmarcadas dentro del contexto del
desarrollo económico como garantía de su eficaz ejecución. Por lo tanto ésta trasciende el
marco jurídico penal para convertirse en una actividad intersectorial que incide sobre
todos los factores de la sociedad.

4. FUNCIONES DE LA CRIMINOLOGÍA.

a. El saber científico como saber científico, dinámico y práctico sobre el problema


criminal.

Es pertinente que podamos recordar que, la Criminología no es una ciencia exacta, capaz
de explicar el fenómeno delictivo formulando leyes universales y relaciones de causa a
efecto. La conocida crisis del paradigma causal explicativo obliga a relativizar la supuesta
exactitud del conocimiento científico y con ella el ideal de cientificidad heredado del siglo
XIX que tomaba como modelo las entonces denominadas ciencias exactas.

Para ello, los esquemas causales pierden hoy el monopolio de la explicación de los
fenómenos, especialmente de los hechos humanos y culturales, que escapan a la simplista
ley de la causación física y natural. El racionalismo crítico ha desmitificado la infabilidad y
universalidad del conocimiento científico. El sistema conceptual de éste no aparece ya
como un asunto de una verdad objetiva, sino como conjunto de proposiciones e hipótesis
no refutadas, que, en todo caso, nunca podrán verificarse con absoluto rigor.

Se ha llegado al punto de afirmar, por ello, que el método científico es, en definitiva, una
técnica de la refutación; y la investigación científica, más una crítica del conocimiento que
una imposible búsqueda de la verdad.

En ese orden de ideas, se manifiesta que a ello se debe la prudente actitud de reserva que
caracteriza a la moderna etiología criminal; el desprestigio de las teorías mono causales,
que tratan de reconducir, sin éxito, la explicación del delito a un determinado factor en
virtud de inflexibles relaciones de causa a efecto; e incluso el abandono de la terminología
convencional, proclive al empleo de conceptos importados de las ciencias naturales, como
el concepto de causa.

De esa forma, parece más realista propugnar como función básica de la Criminología la
obtención de un núcleo de conocimientos asegurados sobre el crimen, el delincuente y el
control social. Núcleo de conocimientos, esto es, saber sistemático, ordenado,
generalizador; y no mera acumulación de datos o informaciones aisladas e inconexas.

Llama poderosamente la atención que el conocimiento científico es, obtenido con método
y técnicas de investigación rigurosas, fiables y no refutadas, que toman cuerpo en
proposiciones contrastado y elaborado los datos empíricos iniciales.

Tampoco puede concebirse la Criminología, sin más, como una poderosa central de
informaciones sobre el crimen a modo de gigantesco banco de datos.

El poder informático, desde luego, con los nuevos sistemas de obtención,


almacenamiento, procesamiento y transmisión de informaciones, ha ampliado las
funciones tradicionales de cualquier disciplina científica, abriendo horizontes
desconocidos. No puede dudarse que una información completa, obtenida a tiempo real,
permita racionalizar las decisiones y suministra un bagaje científico e instrumental muy
valioso. Baste con pensar, por ejemplo, los servicios criminológicos de documentación que
pueden crearse a través de la oportuna centralización de datos; y en los útiles análisis
secundarios que, con indiscutibles consecuencias prácticas, cabe llevar a cabo con la
información que aquellos suministren.

Entonces, ni la Criminología agota su cometido en la obtención y suministro de


información centralizada sobre el crimen, por importante que éste sea; ni deben pasar
inadvertidas las limitaciones de la informática decisional en su aplicación al examen de la
realidad delictiva y los peligros de una concepción de la Criminología de esta naturaleza.
La Criminología, como ciencia, no puede ser sólo un gigantesco banco de datos
centralizado, sino una fuente dinámica de información; del mismo modo que el quehacer
del criminólogo es siempre provisional, inacabado, abierto a los resultados de las
investigaciones interdisciplinarias, nunca definitivo.

La obtención de datos no es un fin en sí mismo, sino un medio; los datos son material
bruto, neutro, que tienen que ser interpretados con arreglo a una teoría. No basta sólo su
obtención y almacenamiento. Una Criminología concebida como mera central de
informaciones, como banco de datos, corre el mismo peligro que corrieron los archivos y
registros europeos de los años 30, convertidos en cementerios de datos por el cariz
biológico de las informaciones que almacenaban. Bastó la crisis de las teorías biológicas
para que deviniera estéril todo el esfuerzo acumulado a lo largo de años de tales archivos.
Es obvio que la información que pueda suministrar un banco de datos, por completo que
sea el programa del mismo, será siempre una información estática, rígida, cuyas claves
traza inexorablemente aquél.

Es importante resaltar que, la concepción de la Criminología como algo claro. En efecto,


debiendo circunscribirse la información centralizada a los datos obrantes en los diversos
registros, existe el riesgo, de que se limita a aquélla a la criminalidad registrada o a
determinadas manifestaciones llamativas de la delincuencia convencional. La selectividad
de los datos procesados conducirá inevitablemente a una información también selectiva
que verse sólo sobre ciertos delitos y sobre ciertos delincuentes, cerrándose así un
lamentable círculo vicioso.

5. LA HISTORIA DE LA CRIMINOLOGÍA.

a. Los orígenes y los primeros desarrollos teóricos.

b. El castigo en el Estado absoluto.


Cabe destacar que, esta época nace cuando la corona de castilla entró a conquistar a los
indios y los soberanos dictaron multitud de normas, las cuales llegaron a conformar el
derecho de indias.

Tal y como acuña Carlos Daniel Figueroa en su libro estudios sociales las leyes de indias
decían que el indígena puede conservar sus costumbres a condición que fueran en contra
de la religión cristiana, al indígena se debe de tratar como un hombre libre, no tiene que
prestar servicio militar, ni pagar diezmos, debe de tener abogado encargado de
defenderlo, sin cobrarle y manifiesta que el gran problema de estas leyes es que los
españoles las aceptaron pero no las cumplieron, los principales defensores de los indios
en esta época fueron Fray Antón de Montesinos y Fray Bartolomé de las Casas.

Como se puede estudiar, el derecho penal viene resurgiendo desde antes de que se pueda
imaginar en estas leyes vemos el claro ejemplo del derecho de defensa y que se tutela la
libertad del ser humano.

Se hace énfasis que los dos cuerpos legales más importantes en esta época eran las siete
partidas y la nueva recopilación.

Las siete partidas: También denominadas como ‘’fuero de las leyes’’ pero se les dio como
nombre definitivo las siete partidas, estas fueron iniciadas en 1256 por encargo del rey de
castilla Alfonso X , más conocido como el Sabio y entró en vigor en 1348 durante el
reinado de Alfonso XI, esta obra estaba inspirada en las leyes decretales, en el derecho
castellano antiguo y sobre todo en el derecho romano que como sabemos inspira muchos
ordenamientos jurídicos.

Esta abarcaba el derecho penal y el procedimiento penal en su partida séptima, según los
autores del manual del derecho penal guatemalteco, Mayorga Morales en su tesis indica
que esta partida mejora infinitamente la jurisprudencia criminal de los cuadernos
municipales de castilla, por su bello método y estilo, por la regularidad de los
procedimientos judiciales, clasificación de los delitos o calidad de las penas.

Nueva recopilación:
- El juez al aplicar las penas debía hacerlo de acuerdo a las circunstancias que hubieran
rodeado el acto delictivo -se aplicaba anteriormente por el sistema inquisitivo que rigió en
Guatemala hasta 1992.

- La edad mínima para aplicar penas 17 años -derechos de menores actualmente decreto
27-2003 que rige lo relativo a menores y su propio código de la niñez.

- Las penas constituían castigos corporales o dinerarios, existía la pena de muerte pero
esta necesidad debía probarse estrictamente con pruebas claras que no dejaran margen
de duda en cuanto a la culpabilidad.

- En caso el condenado escapara del lugar de destierro y fuera recapturado, el juez debía
doblarle la condena y en caso la condena hubiere sido cadena perpetua se condenaba a
muerte. - figura actual evasión.

- Vale la pena mencionar que, la pena de destierro era aplicada únicamente por delitos
políticos.

Entre las penas pecuniarias estaban:

- La confiscación de los bienes pero únicamente cuando la ley así lo dispusiera.

- Las multas se destinaban la mitad a la cámara del rey y la otra a las obras públicas que el
juez dispusiera, según Mayorga Morales esta disposición estuvo vigente hasta en 1985
año en que fue abrogada por la nueva constitución.

- Las condenas debían ser impuestas al delincuente solo después de probado el delito
mediante medios de prueba aceptados por el derecho o mediante confesión del
delincuente -valoración de la prueba; de la defensa de los intereses del fisco real y debían
intervenir en los asuntos de interés público como los penales debido a que el delito es un
hecho antisocial.

De este modo, se estudia como la historia entonces resalta los caracteres del derecho
penal desde hace muchos años y enseña cómo ha prevalecido éste ajustándose a la
sociedad, por lo tanto el derecho penal anterior ha dejado rastros pero ha cambiado
según cada necesidad y avance de la sociedad y es de distinta aplicación según cada etapa
de la sociedad, nace de allí entonces la inquietud de crear un nuevo código penal que
ajuste a esta sociedad como se ha hecho época con época. No se trata únicamente del
código penal según la historia el sistema penal completo ha cambiado y se ha ajustado
pero debemos empezar por algo como lo es ajustar entonces un código que de margen o
pauta a un ordenamiento jurídico penal con el cual el estado no descuide un solo tema, un
solo bien jurídico.
c. El origen de la cárcel:

La cárcel surge, en primera instancia, como una respuesta a la pobreza, no a la


delincuencia. Es a lo largo del siglo posterior, el XIX, cuando comienza a forjarse la relación
entre cárcel y delincuencia, y la justificación de la una por la otra. Aunque las causas son
discutibles, parece existir cierto consenso en que el origen está vinculado con el
racionalismo, y con la observación que llevaban a cabo los empleados de estas
instituciones de encierro sobre los internos. Al pensar que la clave para ayudar a los
pobres aptos a llevar una vida “decente” era descubrir las causas, para actuar sobre ellas,
se comenzó a investigar a las personas encerradas. En concreto, se dedicó un gran
esfuerzo a reconstruir las historias de vida de estas personas, a fin de localizar los
episodios concretos que pudieron hacer que estas personas acabaran así. Pasan así a dar
gran importancia a las familias “desestructuradas”, a la relación con los padres, etc., y
paulatinamente se genera un sujeto distinto, diferente del resto: el delincuente. Es así
como poco a poco (son procesos largos) se genera el vínculo entre delincuencia y cárcel
que hoy parece tan natural y evidente.

Es fácil imaginar que es un proceso bastante complejo, lento y con diferencias entre países
igual de interesantes que sus similitudes. Todo esto ha dado lugar a explicaciones también
dispares. Así, coexisten explicaciones que ubican estas transformaciones en cambios en la
economía del poder y la formación de un discurso científico (Foucault) con otras que
señalan su surgimiento como una consecuencia no intencionada de una voluntad
bienintencionada de ayudar a los pobres (Rothman). También existen explicaciones que
relacionan este proceso con la necesidad de inculcar a los campesinos la disciplina
necesaria en las nuevas fábricas urbanas (Melossi y Pavarini) que conviven con teorías que
señalan la importancia de la transformación de sensibilidades culturales y la formación de
los Estados centralizados (Spierenburg), o hasta que, en su mayoría, el proceso se debió al
humanitarismo de los reformadores (Ignatieff).

En todo caso, el objetivo de estas entradas sigue siendo abrir cuestiones para la reflexión,
más que cerrarlas. Saber que la cárcel es un invento moderno, y que sus orígenes están
ligados a la gestión de grupos de poblaciones marginales, es un paso más hacia su
desnaturalización y consiguiente repolitización, pues la cárcel es, y siempre ha sido, un
instrumento político (y no una mera respuesta automática y evidente a los delitos).

d. Saber Criminológico y estrategia de control social en el Iluminismo.

- El panóptico de Bentham.
El panóptico era un tipo de arquitectura carcelaria ideada por el filósofo utilitarista Jeremy
Bentham hacia fines del siglo XVIII. El objetivo de la estructura panóptica era permitir a su
guardián, guarecido en una torre central, observar a todos los prisioneros, recluidos en
celdas individuales alrededor de la torre, sin que estos puedan saber si son observados.

El efecto más importante del panóptico es inducir en el detenido un estado consciente y


permanente de visibilidad que garantizaría el funcionamiento automático del poder, sin
que ese poder se esté ejerciendo de manera efectiva en cada momento, puesto que el
prisionero no puede saber cuándo se le vigila y cuándo no.

Este dispositivo debía crear de esta manera, un «sentimiento de omnisciencia invisible»


sobre los detenidos. El filósofo e historiador Michel Foucault, en su obra Vigilar y castigar
(1975), estudió el modelo abstracto de una sociedad disciplinaria, inaugurando una larga
serie de estudios sobre el dispositivo panóptico. «La moral reformada, la salud
preservada, la industria vigorizada, la instrucción difundida, los cargos públicos
disminuidos, la economía fortificada, todo gracias a una simple idea arquitectónica». —
Jeremy Bentham, Le Panoptique, 1780. (La obra, de 56 páginas, fue traducida del inglés e
impresa por orden de la Asamblea Legislativa del año 1791.)

Es menester mencionar que, la reflexión de Bentham tiene lugar en un momento de


renovación de los cuadros de pensamiento referidos al derecho penal y al sentido del
encierro, junto a las obras de Jonas Hanway, Solitude in Imprisonment (1776), que
defiende un aislamiento carcelario de los individuos; de John Howard, The State of the
Prisons in England and Wales (1777), que propone la reforma de las prisiones con el fin de
tener medios para transformar a los presos; y de Cesare Beccaria, con su tratado Des
délits et des peines (1764). Este movimiento reformador fue redactado por William Eden,
William Blackstone y John Howard.2 Su nombre fue Acta Penitenciaria y data de 1779. Sin
embargo, las prisiones estipuladas por la ley nunca fueron construidas.

El idea de Bentham, basado en una asimetría de la relación visual entre los humanos al
otorgarle más poder al que ve que a quienes son vistos, fue inspirada por los planos de
fábricas enfocados en una vigilancia y una coordinación eficaz de los obreros. Estos planes
fueron imaginados por su hermano Samuel, con el objetivo de simplificar el empleo de un
gran número de trabajadores. Bentham completa este proyecto mezclando la idea de
jerarquía contractual: verbigracia, una administración regida así (por contrato, lo opuesto
a una gestión de confianza) donde el director tendría un interés financiero en lograr
disminuir las tasas de accidentes de trabajo. El panóptico fue creado así por ser menos
costoso que los otros modelos carcelarios de la época al requerir de menos empleados.
«Déjenme construir una prisión con este modelo [solicita Bentham al Comité para la
Reforma Penal]. Yo seré el guardián. Vosotros veréis […] que los guardias no necesitarán
de salario, y no costarán nada al Estado». Los vigilantes no podrían ser observados, no
tenían la necesidad de ser vistos en su puesto a todo momento y esto permitía que
finalmente abandonaran la vigilancia durante su servicio. El mismo Bentham deseó una
puesta en abismo de la vigilancia, los mismos guardias debían ser vigilados por otros
guardias que proviniesen del exterior, con el fin de limitar el maltrato de los detenidos y el
abuso de poder –con todo, esta idea se contrapone con el plan económico de disminuir la
cantidad de guardias-. Según Bentham, la torre central debía ser transformada en capilla
durante los domingos, a fin de moralizar a los criminales.

Bentham consagra una larga parte de su tiempo y casi toda su fortuna personal en la
promoción de la construcción de las prisiones panópticas. Luego de largos años de
rechazo, de dificultades políticas y financieras, logra obtener el acuerdo del Parlamento
Británico. El proyecto sin embargo es abortado durante 1811, ya que el rey se opuso a la
adquisición del terreno.

- El correccionalismo moral de Howard.

Algunos otros autores, en el siglo XVII y XVIII, movidos por ideales humanitarios, también
publican obras similares a la de John Howard, ninguna logra el alcance ni la acogida que
obtiene El Estado de las prisiones..., entre gobernantes, políticos, filántropos y filósofos,
principalmente porque en ella el autor no se contenta sólo con describir los horrores que
presencia en las cárceles que visita, sino que se da a la tarea de unir las mejores
características de los establecimientos que ha visitado en toda Europa y proponer
lineamientos generales para la estructura y administración de las prisiones del porvenir.
Esto, con el propósito de aliviar las miserias de quienes se encuentran recluidos y mejorar
así sus posibilidades de regeneración moral; nociones que se mantienen dos siglos
después, tal como menciona el doctor Israel Drapkin: “Es indiscutible que si se le da a la
pena un signifi cado de castigo, de venganza de la sociedad contra el delincuente que ha
transgredido sus normas, éste quedará con un rencor en contra de la justicia, y estimará
que una vez cumplida su pena ya no estará en deuda con la sociedad y podrá conducirse
como desee”.

Preferentemente se menciona que, a diferencia de sus precursores, su labor no se reduce


solamente a visitar cárceles, sino también hospitales, sanatorios, instituciones religiosas y
casas de corrección. Estas últimas, instituciones que proporcionan trabajo a desempleados
y vagabundos, con el objetivo de inculcarles costumbres disciplinarias y de laboriosidad.

Resaltan entre las ideas de Howard, contenidas en su obra El Estado de las prisiones…,
pueden mencionarse las referidas a castigos y torturas, alimentación, a salud y disciplina,
a reglamentos, administración e infraestructura; las cuales se analizan a continuación:
Castigos y Torturas:

Es muy curioso indagar en lo referente a la utilización de la tortura en este período, como


medio para obtener la verdad de los acusados, ya había sido criticada por los
reformadores penales, especialmente Cesare Beccaria, quien considera que su utilización
no se ciñe a principios racionales, sino más bien físicos, por cuanto se basa en la
resistencia de la persona, o en su capacidad para soportar el dolor.

Howard se opone firmemente a la aplicación de torturas como forma de lograr la


confesión o la rehabilitación de quienes han infringido una norma, sea este castigo
aplicado públicamente o en la oscuridad de un calabozo. En la prisión de Hannover, en
Alemania, el autor inglés refiere: “La execrable costumbre de dar tormento a los presos se
practica aquí, en un sótano donde se hallan los horrendos instrumentos de tortura […]
Hace dos años, a uno de los reos se le aplicó dos veces el tormento denominado de
Osnabrück. En la última ocasión, al presentarle la tercera cuestión (cuando el verdugo ya
le había arrancado el pelo de la cabeza y de otras partes del cuerpo) confesó y fue
ejecutado”.

El uso de la tortura como medio para lograr la confesión, común en la Edad Media, se
mantiene en este período en países como España, durante el establecimiento de la
Inquisición19, y también en una de las prisiones de San Petersburgo, en Rusia: “El jefe de
policía de San Petersburgo tuvo la gentileza de dedicarme un tiempo para mostrarme
todos los instrumentos comúnmente usados para castigar; el hacha y el tajo; la máquina
para descoyuntar brazos y piernas (ya no se usa); el instrumento para cortar o lacerar las
fosas nasales; el que se emplea para marcar al delincuente (se marca la piel con una serie
de punciones, heridas que a continuación se frotan con pólvora), y dos tipos de látigo, el
knut y el “gato”, este último consistente en un número de correas, entre dos y diez”.

Alimentación, Trabajo y Disciplina

En muchos establecimientos de la Europa del período acotado, los presos debían procurar
su alimento y, en algunos casos, hasta el mismo lecho para dormir, pagando con trabajos
forzados el sueldo de los carceleros27. Si bien en muchas prisiones y casas de corrección
los internos reciben una pequeña suma diaria de dinero y una ración de alimento
determinada por las autoridades, en algunos casos, como en el de los deudores, ese
dinero pasa directamente a sus acreedores.

Los trabajos en las casas de corrección varían en cuanto al tipo de labor e intensidad; en
Holanda, por ejemplo, a los presos varones se les emplea en las llamadas Rasp-Houses,
donde escofinan madera, mientras que las mujeres trabajan en las Spin-Houses, donde
hilan lana o lino, percibiendo cierta suma de dinero que les ayuda a mantenerse. Este tipo
de trabajo se repite en países como Dinamarca, Alemania, Francia y Suecia y es de interés,
primero, porque da cuenta de la relación que se hace en los países industrializados de este
período entre ocio y delincuencia.

Tal como refiere Howard, es una opinión consensuada de la época que la falta de
ocupación, el ocio, trae consigo falta de disciplina, constancia y, por lo tanto, propensión a
lo fácil, a la vagancia y al delito28. Por lo tanto, una “cura” para este mal es el trabajo,
mediante el cual los encarcelados deben mantenerse ocupados, obteniendo los valores y
competencias que los mantendrán, al salir del establecimiento, alejados de la
delincuencia; esto es, obtener a través de la corrección, una disciplina que se orienta hacia
la producción.

En segundo lugar, la idea de que el trabajo sería una regeneración moral, refleja una
concepción utilitaria del encarcelamiento, idea que se impone en muchas sociedades de la
época, en que el preso no sólo debe pagar su afrenta a la sociedad mediante la pérdida de
su libertad, entendida como bien jurídico o privilegio, sino que también a través de su
esfuerzo y del trabajo de su cuerpo, al que no se castiga sólo físicamente, sino que se le
utiliza. En Chile, por ejemplo, esta idea de hacer trabajar a los presos a favor del Estado es
introducida, a principios del siglo XIX, en los presidios ambulantes propuestos por Diego
Portales.

Es bastante curioso el enfoque que consistía en unir prisión e industria y que también la
incluye el autor británico Jeremy Bentham, a finales del siglo XVIII, para su casa de
corrección Panóptica, donde se establece un estilo de administración por contrato o
concesión a privados, los cuales le pagan al Estado para utilizar a los internos en sus
industrias o negocios. La principal responsabilidad de los empresarios sería, por lo tanto,
asegurar el funcionamiento económico del establecimiento, así como también, cautelar
las condiciones de los prisioneros trabajadores30. Estas iniciativas son muy novedosas y
podrían considerarse como antecedentes de los actuales modelos de concesión de
servicios penitenciarios que se utilizan en diversos países, entre ellos Chile.

Su preocupación por la infraestructura de las cárceles El autor de El Estado de las


prisiones…, critica también el diseño de los establecimientos carcelarios que visita.
Muchas cárceles del período han sido habilitadas a partir de otros establecimientos, como
cuarteles militares y comisarías, conventos, posadas y tabernas. Por lo tanto, para esta
época no existe una tipología de construcción definida y se privilegian los edificios de
planta rectangular, casi sin divisiones, en los que no se aplica la segregación o división de
la población interna. La mayoría de las cárceles mantienen un sistema comunitario, en el
que todos los internos se encuentran mezclados: delincuentes que han sido sentenciados
en materias penales comparten el espacio con deudores y con quienes se encuentran a la
espera de sentencia. De la misma manera, hombres, jóvenes y viejos, se encuentran junto
a mujeres e incluso niños. El autor refiere que en el caso de los deudores, hay familias
enteras, incluidos sus hijos, que se encuentran en prisión.

Según la perspectiva de Howard, esta práctica resulta perniciosa tanto para la moral como
para las costumbres de los reclusos: “Se encierra a los presos juntos, sin establecer
ninguna distinción: deudores y malhechores, hombres y mujeres, jóvenes delincuentes
novatos y delincuentes empedernidos […] Durante el día en pocas cárceles se separa a los
hombres y mujeres. En algunos condados la cárcel también se utiliza como correccional;
en otros, estos establecimientos están contiguos y comparten un mismo patio. En estos
casos el delincuente menor aprende mucho de los delincuentes envilecidos. Hay prisiones
donde se ven chicos de 12 a 14 años escuchando atentamente los relatos de aventuras,
éxitos, estratagemas y evasiones por parte de criminales de gran experiencia y largo
historial”.

El autor propone, por lo tanto, la distribución separada de los internos, primeramente,


según su género y edad, pero luego, según el tipo de delito que hayan cometido, idea que
observa en algunos establecimientos que visita37. Es una noción muy audaz, pues ni
siquiera en la actualidad están separados por edad; por ejemplo en Chile. Así, Howard une
esta idea, la de la separación según la condición de los internos, con otra que se convierte
en uno de los pilares de los estudios penitenciarios: el régimen celular. El concepto celular
se refi ere a que cada interno disponga de su propio cuarto pequeño, o celda, para que
pueda dormir solo38. Esto, para fomentar la seguridad dentro del recinto, ya que el autor
considera que un sistema comunitario fomenta los planes de evasión y los actos de
violencia entre internos. Además, la noción, que surge de las ideas morales y religiosas de
la época, de que la soledad y el silencio promueven la refl exión, la introspección y, con
esto, el arrepentimiento.

Este pensar ya había sido incorporado a algunos establecimientos correccionales, por


ejemplo, en la Casa di Correzione, establecida en el hospicio de San Michele, en Roma, en
el año 1704.

Podemos inferir que, un concepto que une un nuevo diseño arquitectónico, el de las
celdas individuales, con una concepción de la espiritualidad como herramienta
regeneradora de la moral. Los orígenes de estas ideas podrían encontrarse, por ejemplo,
en el sistema de celdas de oración de los monasterios europeos, y en los exámenes de
conciencia que vienen realizando algunas órdenes religiosas desde el siglo XVI, como por
ejemplo, los Ejercicios Espirituales de la Compañía de Jesús.
6. LA CRIMINOLOGÍA EN LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL.

a. La Escuela Positiva:

El surgimiento del positivismo fue consecuencia del auge alcanzado por las ciencias
naturales en los estudios filosóficos del siglo XIX, y se hizo sentir en todas las disciplinas
incluyendo al derecho, la psiquiatría, la criminología y la psicología.

El positivismo es una postura filosófica que tuvo un impacto y por tanto una influencia
enorme en el campo de lo científico y por supuesto la búsqueda del conocimiento
comprobable y válido también hizo eco, como se señalo anteriormente, en la criminología,
el derecho penal y la política criminal.

El positivismo está estrechamente ligado a la búsqueda metódica sustentada en lo


experimental, rechazando nociones religiosas, morales, apriorísticas o conceptos
abstractos, universales o absolutos, Lo que no fuese demostrable materialmente, por vía
de experimentación reproducible, no podía ser científico. El positivismo se expandió
exitosamente, como un pensamiento progresista, revolucionario, capaz de sacar al mundo
del atraso y del oscurantismo religioso o supersticioso de los siglos precedentes.

Se entiende entonces que, el hombre y la ciencia serían artífices de todas las explicaciones
y los descubrimientos, capaces de superar todas las enfermedades, los obstáculos sociales
y hasta la propia naturaleza.

Vale la pena mencionar que, el positivismo no niega la existencia de lo absoluto o


metafísico, pero tampoco se ocupa del problema, limitándose al estudio de lo real. Por
ello los positivistas negaron carácter científico a las disciplinas filosóficas propiamente
dichas.

Augusto Comte ha sido como el padre del positivismo, a partir de él justamente se inicia el
interés por clasificar las ciencias. El postulado de esta escuela se basa en el culto a los
hechos, a los fenómenos, a lo dado; toman patrones de las ciencias naturales y pretenden
trasladarlos al derecho penal.
Fueron 3 los personajes más representativos dentro de la escuela positiva: Lombroso,
Ferri y Garófalo, cuyos apuntes biográficos se incluyen en la unidad correspondiente a la
historia de la criminología.

Asimismo, el positivismo criminológico, destronaría al hombre, privándole de su centro y


de su reinado, al negar el libérrimo control del mismo sobre sus actos y su protagonismo
en el mundo natural, en el universo y en la historia.

Según Ferri, el hombre no es el rey de la creación, como tampoco la tierra es el centro del
universo, sino una combinación transitoria. El positivismo criminológico inserta el
comportamiento del individuo en la dinámica de causas y efectos que rige el mundo
natural o el mundo social: en una cadena de estímulos y respuestas, determinantes
internos (biológicos) o externos (sociales).

Según el punto de vista del Positivismo Criminológico, el infractor es un animal salvaje y


peligroso, inmerso en su propia herencia patología (determinismo biológico) o receptor de
procesos causales ajenos al mismo (determinismo social).

En lo que respecta a lo visto desde la óptica Penal, la Escuela Positiva se presenta


igualmente corno la negación radical de la Clásica, pues pretende cambiar el criterio
represivo, suprimiendo su fundamentación objetiva al dar preponderante estimación a la
personalidad del delincuente.

Vale la pena resaltar que, la escuela positiva se inicia como una reacción a la escuela
clásica. De origen italiana, acusa a los clásicos de descuidar a la figura del delincuente por
realizar solo una conceptuación dogmática y lógica, puramente basada en el derecho. Esta
nueva visión provocó un cambio de método en el estudio del delincuente, el medio, el
delito y de las posibles soluciones que podían aportar los avances científicos del
momento, que tenían como base las ideas evolucionistas.

Es interesante poder observar como la primera pregunta que se hacen los positivistas es
cómo poder controlar el fenómeno (criminalidad) y prevenirlo; la prevención no es nada
diferente de la preparación y disposición que anticipadamente se haga para evitar que
algo acontezca. ¿Cómo podemos prevenir la muerte por inundación, o la fiebre, o el
contagio? Pues teniendo un previo conocimiento, experiencias que nos vayan
suministrando datos, factores que nos permitan facilitar la acción o decisión oportuna y
correcta.

De esa forma, podemos pronosticar las causas de por qué delinque, con tal conocimiento
aplicaremos el correctivo y como consecuencia lógica podremos controlar el problema.
Tomando eso como base, podemos explicar que, la escuela positivista propone la
necesidad de profundizar en el estudio natural del delito y sus causas, lo que permitirá
descubrir las medidas correctivas para combatir el fenómeno, pretendiendo incluso que
un día se podría llegar a predecir quién y en qué forma delinquirá; más aún, el número de
delitos que se darían en cada época o región.

Es menester resaltar que, los excesos de la escuela clásica provocan la siguiente reacción,
dando lugar a la aparición de una orientación nueva, que abunda precisamente en los
puntos descuidados por los clásicos y parte de presupuestos contrarios a los que han
servido de base a estos. Se dan, pues, una serie de factores históricos y condiciones de
naturaleza muy variada que justifican la aparición de la escuela positiva y, en gran parte,
sirven para explicar el éxito que pronto alcanzó.

Se señalan como factores favorables al respecto, los siguientes:

a) La comprobación de la ineficacia de las concepciones clásicas para la disminución de


criminalidad; el aumento que ésta había experimentado (fue realizado por E. Ferri, como
argumento para combatir a los clásicos).

b) El descrédito en que cayeron las doctrinas espiritualistas y metafísicas, y la difusión de


la filosofía positivista.

c) La aplicación del método de observación al estudio del hombre y, en especial, al de la


vida psíquica.

d) Los nuevos estudios en el campo de las ciencias sociales, en particular los de Guerri,
que sometiendo a la estadística los fenómenos sociales -incluida la criminalidad
demostraron que ellos, pese al aparente desorden, dominaban la regularidad y la
uniformidad, por lo que era posible formular leyes que los expresan con precisión.

e) Las nuevas ideologías políticas que, al mismo tiempo que predicaban que el Estado
debía asumir una función positiva de realización de fines sociales, reconocían que en la
protección de los derechos del individuo se había ido más allá de los límites necesarios,
sacrificando a los intereses de la colectividad.

Entre los fundadores de la escuela positiva, destacan César Lombroso, Enrique Ferri y
Rafael Garófalo. El principal medio de difusión de esta escuela fue la revista Archivi di
psichiatria, scienze penali e antropologia criminale“.

El gran y respetable Cesare Lombroso, considerado como el fundador del positivismo


biológico, desarrolla, un poco antes de 1876, su teoría del hombre criminal, él, quien
pertenecía a la llamada escuela de antropología criminal, establece el concepto de
criminal atávico, según el cual el delincuente representaba una regresión a estados
evolutivos anteriores, caracterizándose la conducta delincuente por ser innata.

Este tipo de criminal atávico podía ser reconocido debido a una serie de estigmas físicos o
anomalías, como por ejemplo, el excesivo desarrollo del cerebelo, asimetría del rostro,
dentición anormal, y lo que se considera como la característica más atávica en los
criminales, a saber, el hoyuelo en medio del occipital.

Enrico Ferri –afamado abogado adherido al fascismo, militante en un principio del Partido
Socialista Popular- desde su época de estudiante se pronunció completamente en contra
de la Escuela Clásica y del pensamiento del derecho penal liberal. Para él, el hombre es
una máquina que no posee autodeterminación con respecto a su conducta, sino que ésta
era completamente predeterminada por distintos factores que en cierto momento
invariablemente terminarían en la comisión de un delito. Al respecto y en la búsqueda de
la formulación de los fenómenos determinantes de la conducta, Ferri elaboró la ley de
saturación, de acuerdo con ésta.

Análogamente evidenciamos que, así como en un volumen de agua a igual temperatura se


disuelve una cantidad determinada de sustancia química, ni un átomo más, ni un átono
menos, en un medio socialmente determinado con condiciones individuales y psíquicas
dadas, se comete un número determinado de delitos, ni uno más ni uno menos.

Con base en esta afirmación, cada año el nivel de criminalidad estaría determinado por
diversas condiciones físicas y sociales en combinación con factores congénitos y de
impulsos del individuo, sin embargo, resultaba importante cuestionar qué medio social
exactamente era al que se refería, a qué condiciones y de qué cantidad de delitos se
estaba hablando; porque ciertamente la ley de saturación era más bien un supuesto
formulado de una manera muy ambigua.

Vale la pena mencionar algunas de las ideas radicales que manejaba Ferri, en las cuales
establecía que las penas y/o castigos eran ineficaces, proponiendo entonces una gran
cantidad de medidas de reforma social encaminadas a la prevención.

A la peligrosidad –otro hallazgo positivista- Ferri la llamó “temibilidad de autor” y dedujo


de ella que era necesario establecer penas indeterminadas, guiadas por el tratamiento
necesario par que el sujeto supere su propensión delictiva, lo que imponía también un
individualización de la pena, aspectos que han llegado hasta nuestros códigos penales de
hoy.

A continuación tomaremos dos párrafos en los cuales Ferri caracteriza el enfoque de la


escuela positivista:
Es menester mencionar que, Ferri describe que la escuela positiva consiste en lo siguiente:
estudiar al delito, primero en su génesis natural, y después en sus efectos jurídicos, para
adaptar jurídicamente diversos remedios a las varias causas que lo producen los que, en
consecuencia serán eficaces.

En otro momento Ferri (1933) nos explica:

Definitivamente, la escuela criminal positiva no consiste únicamente, en el estudio


antropológico del criminal, pues constituye una renovación completa, un cambio radical
de método científico en el estudio de la patología socio criminal, y de los que hay de más
eficaz entre los remedios sociales y jurídico que nos ofrece. La ciencia de los delitos y de
las penas era una exposición doctrinal de silogismos, dados a luz por la fuerza exclusiva de
la fantasía lógica; la escuela ha hecho de ello una ciencia de observación positiva, que,
fundándose en la antropología, la psicología y la estadística criminal, el derecho penal y
los estudios penitenciarios, llega a ser la ciencia sintética, que él mismo, la llamo
sociología criminal, y así esta ciencia, aplicando el método positivo al estudio del delito,
del delincuente y del medio, no hace otra cosa que llevar a la ciencia criminal clásica el
soplo vivificador de las últimas e irrefragables conquistas hechas por la ciencia del hombre
y de la sociedad, renovada por las doctrinas evolucionistas.

De esta manera evaluada previamente en su síntesis biográfica, para Lombroso, el


criminal es un ser atávico, con regresión al salvaje; el delincuente es un loco, un epiléptico.
Ferri modifica la doctrina de Lombroso al estimar que si bien la conducta humana se
encuentra determinada por instintos heredados, también debe tomarse en consideración
el empleo de dichos instintos y ese uso está condicionado por el medio ambiente; en el
delito: concurren, pues, igualmente causas sociológicas.

Finalmente tenemos a Garófalo –juez descendiente de una familia noble y conservadora


que en cuestión de carácter era muy diferente al temperamental Ferri, pero que al hablar
de ideas acerca de la criminología y posiciones políticas eran coincidentes con las de éste,
llegando a compartir tanto actividades científicas como políticas; colocando a Garófalo
como el sistematizador del ideario y del programa positivista. En 1885 publicó
Criminología, referente por demás histórico del nacimiento de tal disciplina.

Derivado de su convicción de que el delito es consecuencia de anormalidades psicológicas


o morales hereditarias del delincuente, haciendo énfasis en que tales anormalidades eran
distintas a la enfermedad mental; estableció que si bien los delitos cometidos son
distintos en las diversas regiones del mundo, existen ciertas conductas delictivas que se
mantienen constantemente presentes (homicidio, violaciones, robo) y concluyó que el
positivismo no podía limitarse a definir al delincuente, sino que también debía definir al
delito mediante la creación de una noción propia y universal del mismo.

“Los delitos universales serían, para Garófalo, aquellos que provocan un reproche
universal, lesionando reglas que facilitan la vida social”. Derivado de la afirmación de la
existencia de delitos constantes en el mundo y delitos propios de cada región, Garófalo
propuso crear dos códigos penales, uno para los delitos universales y otro acorde a cada
país y sus necesidades. Al igual que Lombroso y Ferri, estableció una clasificación para los
delincuentes, sin embargo ésta se basaba también en parámetros subjetivos, imprecisos y
difíciles de diferenciar. Cabe destacar que se de hecho se distanció marcadamente de la
antropología de Lombroso y del sociologismo de Ferri, compartiendo con ellos
únicamente la idea de defensa social como fundamento de la política criminal. Garófalo es
el jurista; pretende dar organización jurídica a las concepciones positivas y produce la
definición del delito natural.

La forma de pensar de estos tres autores conforma los postulados fundamentales de la


escuela.

b. Un enfoque ecléctico: la Gesamt estraftrech wissenschaft de Von Lizst o modelo de la


ciencia penal integrada.

Vale la pena resaltar que el modelo científico en el que se inspira la ciencia del Derecho
penal tanto en Alemania como en Italia desde la última década del siglo precedente hasta
10s años treinta del corriente, en las orientaciones que dominaron en este periodo en
ambos países se basa sobre la integración de la dogmática penal con las disciplinas
antropológicas y sociológicas, las cuales constituyen las partes principales de la
criminología oficiales de esa época.

En este caso en particular, se trata de estudiar la criminología positivista caracterizada por


partir de dos presupuestos teóricos: la tesis del delincuente como completamente
diferente respecto de los individuos normales y el paradigma etiológico al que
corresponde la concepción de la criminología como la búsqueda de las causas y los
factores de la criminalidad. A estos dos presupuestos corresponde la concepción de la
función instrumental de la criminología con respecto al sistema penal y la política criminal
oficial. Dentro de esa concepción, la criminología desempeña además una función auxiliar
respecto de la ciencia dogmática a la cua1 provee de los conocimientos antropológicos y
sociológicos necesarios para dar un fundamento ontológico y naturalista a la tarea de
construcción conceptual y sistematización que partiendo de la ley penal positiva lleva a
cabo esa dogmática.
Asimismo, encontramos de vital importancia, subrayar la relación de dependencia en la
que se encuentra la criminología positivista en lo que hace a la definición del objeto
mismo de su investigación. Así, para el desarrollo de las teorías sobre la criminalidad con
ayuda del método empírico-naturalista, la criminología positivista extraía datos
provenientes, exclusivamente, de investigaciones realizadas en sujetos recluidos en las
cárceles y los manicomios judiciales. Esto es, de aquella pequeña parte de la población
total, individualizada por el hecho de haber caído definitivamente dentro de los
engranajes de la maquinaria de la justicia. Este método significa no sólo aceptar
acríticamente las definiciones legales como principios determinantes para la identificación
de la realidad a ser estudiada, sino y sobre todo la adopción de los resultados finales de
todos los mecanismos de definición y selección que entran en juego en la aplicación de la
ley penal. Esta situación de dependencia de la criminología positivista en la definición de
su propio objeto de investigación, de los resultados contingentes de todo el proceso de
criminalización, da lugar a que su status científico sea objeto de seria duda. No es posible,
en efecto, determinar en virtud de cuál armonía preestablecida, la criminalidad y los
criminales, considerados como realidad ontológica por la criminología positivista, deben
necesariamente coincidir con el producto de la acción (altamente selectiva) del legislador
y de las demás instancias que forman el sistema penal positivo.

Entonces, así comprendemos que esta dependencia metodológica es la causa de que la


criminología positivista se convirtiera en una instancia legitimante del sistema penal. En
ese orden de ideas, la criminología buscaba en los sujetos seleccionados por el sistema
penal todas las variables que explicasen su diversidad con respecto de los sujetos
normales, con exclusión, empero, del proceso mismo de criminalización, lo que a la luz de
las teorías más avanzadas parece ser el fundamento mismo de la diversidad. De esa
manera, la criminología positivista contribuía a cubrir con un velo mistificante los
mecanismos de selección al mismo tiempo que proporcionaba a los resultados de esos
mecanismos una justificación ontológica y sociológica.

Vale la pena mencionar que, el éxito del modelo integral de ciencia penal, de la
denominada gesamte Strafrechts wissenschaft puede ser explicado no solamente a partir
de la convergencia entre la dogmática y la criminología en lo que se refiere a la
legitimación del sistema penal, sino también con el hecho de que la criminología
positivista se encontraba comprometida con la ideología dominante en la ciencia del
derecho penal. El contenido de esa ideología, no obstante, las transformaciones ocurridas
en la dogmática penal después de los años treinta, ha permanecido relativamente
constante. No se trata de una ideología exclusiva de los juristas, sino que es una que se
corresponde con el saber común acerca de la criminalidad y de la pena.

- Modelos biologicistas de tipo radicales y moderados.


Áreas de investigación y conocimiento:
-Antropometría
-Antropología
-Biotipología.
-Neurofisiología
-Endocrinología
-Genética
-Antropometría

Estudios que pertenecen al ámbito de la criminalística, este. no es un modelo teórico


(técnicas de investigación e identificación del delincuente).

El autor más relevante es Bertillon Desarrolla una técnica de identificación de los delitos a
través de 11 medidas corporales: longitud de brazo, dedos, distintas distancias; sirve junto
a la fotografía como medio de identificación de delincuentes.

-Antropología.

Dos autores: Goring, Otón, Goring más moderado dentro al planteamiento lombrosiano,
Hooton lombrosiano radical. Establecieron comparaciones empíricas entre grupos de
delincuentes y grupos de control (no delincuentes).

Goring: llega a la conclusión de que no existe el prototipo criminal, no existen estigmas


degenerativos que identifiquen al delincuente si existe proclividad criminal.

Otón: define un prototipo criminal al igual que Lombroso, llega a una descripción física
completa del delincuente.

Da un planteamiento cercano a la biotipología, llega a la conclusión de que las agresiones


sexuales las cometen tipos de complexión gruesa y de baja estatura.

-Biotipología.

Trata de establecer asociación entre rasgos físicos y psicológicos.

Diferenciamos varias vertientes dentro de esta misma corriente

1º Escuela Alemana è Kretschmer.

2º Escuela Norteamericana: Sheldon, Glueck.

1º Escuela Alemana
Representada por Kertschmer pionero de la tipología criminal en base a los caracteres
somáticos y la tipología constitucional.

Establece una doble tipología

Tipología Constitucional.

Otra tipología constitucional: en la que se divide a los individuos según sus características
físicas en:

-Individuos leptosomáticos: largos y delgados.

-Tipo atlético

-Pícnico: miembros cortos y redondos.

-Displástico: gigantes y enanos. Características exageradas.

Mixto: combinación de rasgos de distintos tipos. El más común.

Tipología Temperamental:

-Esquizotímico, individuos de tipología leptosomática. Temperamento introvertido,


cuando este rasgo se lleva al extremo patológico da lugar a la esquizofrenia como
enfermedad mental.

-Ciclotímico, constitución pícnica con un temperamento extrovertido, en lo patológico


trastorno bipolar maniaco depresivo. Ciclofrenia.

-Viscoso: (el menos definido) constitución atlética, combina rasgos de los anteriores.
Tampoco define mucho temperamento: carácter residual tipo mixto.

Lo más importante de Kertschmer, es saber si esta tipología tuvo aportaciones a la


criminología. Claramente los índices más bajos de delincuentes se darían en la población
pícnica-personas extravertidas con carácter bonachón poco proclives al delito.

Por el contrario, los individuos atléticos presentan rasgos más claramente criminógenos:
inclinación a la violencia y a la agresividad.

2º Escuela Norteamericana El autor más representativo es Sheldon Doble tipología:


Constitucional y Caracterológica Constitucional

Ve y describe al individuo en capas concéntricas:

-Estrato interno vísceras endodermo.


-Estrato intermedio esqueleto y músculos mesodermo.

-Capa externa dermis y tejido nervioso ectodermo en función del predominio de un


estrato u otro tendríamos un tipo de individuo:

- Endodermo individuo descrito como endomorfo que se corresponde a un sujeto grueso


de miembros cortos

Otro autor más representativo es Kretschmner

-Mesodermo o mesomorfo son sujetos de constitución atlética y carácter tranquilo o


somático.

-Ectodermo tejido nervioso sujeto ectomorfo carácter leptosómico.

Tipología Caracterológica, tres tipos:

Sujetos viscerotónicos; somatotónicos y cerebrotónico

-Viscerotónico o Endomorfo: se corresponde con individuos bajos y gruesos.


Temperamento extrovertido.

-Somatotónicos o constitución Mesomorfo: Tienen un carácter fuerte y enérgico


dominante.

-Cerebro tónico o Ectomorfo: Temperamento introvertido. Altos y delgados.

Repercusión de estas tipologías en las conductas delictivas. Mayor número de


delincuentes en los mesomorfos o somatotónicos. Sheldon, llega a la misma conclusión
que Kertschmer ya que se corresponde con el atlético.

Crímenes especialmente violentos por su carácter.

-Neurología: El autor de esta teoría es Eysenck Arranca de la aplicación de una nueva


técnica el electroencefalógrafo â EEG. Permite comprobar la actividad cerebral y hacer
una representación gráfica de la misma. Gracias a esta técnica se establece una
correlación entre disfunciones del cerebro y determinados trastornos de conducta.
Eysenck estudia el funcionamiento del SNA y logra establecer una clara relación entre el
funcionamiento del mismo y los conceptos de extroversión e introversión, los niveles de
activación cortical están íntimamente relacionados con los niveles de extroversión e
introversión â (El nivel de activación cortical aurosal). Descubre una clara relación entre un
bajo aurosal y la extraversión, el caso más extremo sería el de las psicopatías: en el
psicópata se da muy bajo nivel de activación cortical. Ese bajo nivel determina una serie
de rasgos de carácter: bajos niveles de ansiedad, baja sensibilidad al dolor y necesidad
para funcionar de estímulos muy fuertes, pues su reacción al dolor es muy baja.

A más altos niveles de activación cortical mayor nivel de introversión.

Descubre una base orgánica en la Psicopatía.

-Endocrinología

Trata de estudiar la incidencia del sistema neurovegetativo en la conducta delictiva. El ser


humano es un conjunto de reacciones químicas todo lo que compone lo que somos y
como actuamos, cualquier desajuste va a repercutir en nuestra conducta. En este campo
hay unos estudios muy interesantes desde distintos ámbitos que proporcionan una
correlación entre la alimentación, hormonas y la conducta. No llegando a conclusiones
contundentes o generalizables. (A efectos didácticos enumeraremos las distintas
investigaciones).

1ª Investigación: relaciona niveles hormonales y su repercusión en la conducta,


diferenciando hombre y mujer.

Hombre: influencia de los niveles de testosterona en la conducta.

Mujeres cambios hormonales en la fase previa a la menstruación en el síndrome


premenstrual.

En el caso de los hombres se ha constatado que unos altos niveles de testosterona


favorecen la agresividad.

En las mujeres se ha evidenciado que la mayoría de los delitos violentos se comenten


cuando éstas se encuentran con el síndrome premenstrual. (La mayoría de las mujeres
sufren alteraciones en el carácter en los días previos a la menstruación).

2º Investigación. Otra línea de investigaciones se centra en la influencia de la alimentación


en la conducta.

-Vitaminas: está contrastado que las vitaminas del grupo B afectan al funcionamiento del
sistema nervioso. (facilitan la concentración y el rendimiento intelectual). A veces la
carencia o una defectuosa metabolización de las mismas dificultan el funcionamiento del
sistema nervioso.

-Minerales fundamentales para el equilibrio nervioso.

-Aditivos, colorantes, conservantes, etc. repercusión en la conducta, altas concentraciones


potencian la agresividad.
3º Investigación. Otros estudios versan sobre tasas de plomo, contaminantes ambientales.

4º Investigación. Determinadas alergias de tipo nervioso.

5º Investigación. Otros estudios sobre factores térmicos y sonoros.

El factor térmico si está contrastado, en verano, en días calurosos, se detectan más


crímenes violentos y en el factor sonoro: habitantes cercanos a aeropuertos presentan
pautas de alteración del sueño y conductas más violentas.

6º Investigación. Niveles de glucosa en el cerebro, el cerebro para funcionar se alimenta


de glucosa, que se extrae de los alimentos ricos en hidratos de carbono. Una dieta pobre
de hidratos de carbono incide en el cerebro, unos niveles bajos de glucosa hipoglucemia –
tiene una repercusión en la conducta y pueden dar lugar a un cuadro de irritación,
nerviosismo, ansiedad, etc.

-Genética Criminal

Estudios que tratan de establecer relación entre el factor hereditario y la conducta


criminal, son distintas las líneas de investigación enfocadas a este fin: (se encaminan en 4
direcciones):

a) Estudio de las familias criminales (el estudio no se enfoca al cuadro genealógico


completo, sino a los ascendentes en línea directa).

b) Estudio sobre gemelos, coincidencias delictivas en gemelos o no. Distinción entre los
gemelos uno cigóticos o univitelinos (mismo óvulo). Y los que vienen de distinto óvulo
dicigóticos vitelinos, los del mismo óvulo son genéticamente idénticos y los que no
proceden del mismo óvulo no. La mayor coincidencia se da en los que tienen mayor carga
genética monocigóticos, también la coincidencia es cualitativa, y es mayor en los delitos
de componente sexual.

c) Supuestos de adopción, en el caso de que un delincuente sea adoptivo, observan si su


padre adoptivo es o no delincuente y si lo es su padre biológico o no.

d) Estudio de Malformaciones cromosómicas. Estudio de malformaciones cromosómicas

-Síndrome de Turner (XX XY). Malformación cromosómica que determina una mujer con
rasgos masculinos.

-Síndrome de Klinefelter, un hombre con rasgos femeninos, barbilampiño, etc.

-Duplicación del cromosoma Y. (XYY) Trisomía. Hombre con rasgos masculinos muy
desarrollados.
Hay que verificar las incidencias de estas malformaciones en la conducta criminal. En los
dos síndromes primeros la incidencia no es significativa, no se ha podido demostrar
correlación. Sin embargo, en la duplicación del cromosoma y, si hay correlación con la
población reclusa. Este síndrome produce un gran desarrollo de la fuerza bruta,
temperamento agresivo y violento y se ha constatado que en las cárceles hay muchos
individuos con esta malformación.

a) Estudio de familias criminales (ascendientes en línea directa, padre, madre, abuelo,


abuela) conclusiones muy claras en los grados de coincidencia. Progenitor o uno de los
progenitores delincuentes en grado ascendente, la coincidencia si es delincuente el padre,
la madre, también el abuelo etc. Es coincidente con que el descendiente sea también
delincuente, cuando más ascendentes lo sean más coincidencia. Todo esto teniendo en
cuenta que el factor ambiental es muy importante ya que el individuo convive con ellos en
distintos grados.

b) Estudio en hijos adoptivos: Diferencia entre padre adoptivo convivencia familiar, pero
sin la carga genética.

Padre biológico no influencia en factor ambiental, pero sí carga genética.

Es importante: porque se pueden aislar los factores genéticos y ambientales â las mayores
coincidencias se dan en el factor genético aislado del factor ambiental. Padre adoptivo.

Valoración crítica al o que constituye el modelo biologicista/

Dentro de este modelo distinguimos dos planteamientos:

Planteamiento radical: Determinismo

Planteamiento Moderado:

Las posturas más radicales desde la perspectiva de la criminología actual, quedan


desfasadas y superadas. Y aunque hoy en día la criminología parte del principio de
normalidad del delincuente: personas normales biológicamente y con inteligencia normal,
delinquir o no: se convierte en una cuestión de oportunidad. Si se defiende el modelo
determinista esto puede ser utilizado ideológicamente como manipulación racista.

Sin embargo, no puede ser rechazado de plano el planteamiento moderado, ya que el


factor genético tiene una influencia probada, influencia que existe pero que hay que
relativizar, es una parte de la explicación de la conducta criminal, pero no el todo.

Modelos que explican la conducta criminal desde la psiquiatría y la psicología.


-Enfoque psiquiatría: Las conductas criminales relacionadas con patologías mentales.

-Enfoque psicología: estudio de la conducta criminal como una manifestación más de la


conducta humana. Incidencia del proceso de aprendizaje, proceso de adquisición de las
pautas de conducta.

Derivación de la psiquiatría enfoque del psicoanálisis Freud enfoque con entidad propia.

d. Modelos psicologistas: explicaciones psicologistas del comportamiento criminal.

Si el enfoque biológico se centraba en factores orgánicos, el psicológico se ocupa


principalmente de los procesos que orientan la conducta, interviniendo sobre la
interpretación de los estímulos recibidos y la toma de decisiones. Este enfoque se ha
destacado por el estudio de factores como la personalidad, el razonamiento cognitivo, los
mecanismos socio cognitivos y la competencia emocional, entre otros.

Teorías basadas en la personalidad

La teoría de la personalidad de Eysenck (1970, 1976, 1978) plantea que la conducta


delictiva es producto de la influencia de las variables ambientales sobre los individuos con
determinadas predisposiciones genéticas. Esto es, la conducta delictiva se explica por
medio de procesos psicofisiológicos, como la emotividad, la excitación y el
condicionamiento, que originan un determinado tipo de personalidad, el cual incide en la
tendencia conductual del individuo ante determinadas situaciones.

Según la teoría cognitivo-conductual el modo como una persona piensa, percibe, analiza y
valora la realidad influye en su ajuste emocional y conductual (Garrido, 2005); así, la
literatura relaciona el comportamiento antisocial con estructuras cognitivas
distorsionadas o pro delictivas en tanto que éstas precipitan, alimentan, amparan o
excusan las actividades delictivas (Redondo, 2008). Estas distorsiones pueden hacer que
cada sujeto, para justificar su comportamiento antisocial, describa el delito desde su
propia perspectiva, llegando incluso éstas, en casos como el delincuente sexual, a
funcionar como «teorías implícitas», explicativas y predictivas del comportamiento,
hábitos y deseos de las víctimas (Ward, 2000). Estos pensamientos, en ocasiones,
aparecen de forma automática, siendo resultado de los aprendizajes acumulados a lo
largo de la vida.

En concreto, la terapia de control cognitivo aduce que la falta de control del sujeto sobre
su conducta desviada se debe al derrumbamiento de la autonomía cognitiva, cuya misión
consiste en hacer posible discernir los estímulos de la realidad externa de las fantasías y,
en último término, dar un sentido lógico y realista a los pensamientos.

Al respecto el autor señala que la ruptura u omisión de algunos detalles específicos de la


realidad externa, fusionados con algunas fantasías, dan lugar a percepciones
distorsionadas de la situación, que advierten de un déficit o disfunción en los procesos
cognitivos.

7. CONSECUENCIAS DE LA CRIMINOLOGÍA POSITIVISTA EN EL DESARROLLO DEL


DERECHO PENAL.

a. El derecho penal de autor: el modelo de la defensa social.

Es menester mencionar que, resulta difícil encontrar en los escritos de Marc Ancel una
definición de este movimiento. Cuando el Consejo de dirección de la Sociedad
Internacional de Defensa Social aprueba una nueva redacción del artículo primero de sus
estatutos, Marc Ancel dice, al comentarlo, que se trata de una definición en sentido
amplio o una “cierta definición de la defensa social”.

Unos años más tarde dice Marc Ancel: “Nosotros hemos creído poder definir la Defensa
Social como ‘un movimiento de política criminal humanista’ y hemos señalado que por
política criminal entendíamos ‘la organización racional de un sistema de reacción contra el
crimen”.

Este movimiento de defensa social nació realmente de la revuelta positivista, y el


positivismo fue, en efecto, una “revuelta” contra el derecho penal clásico, asimilable en
muchos aspectos, en su significación histórica, al movimiento de revuelta que expresaba,
en 1764, el famoso pequeño Tratado “De los delitos y de las penas” de Beccaria. Pero se
puede decir que, si la nueva defensa social había recibido del positivismo la consideración
de la personalidad del delincuente, ella se liberó del peso ideológico de esta doctrina, y se
caracteriza ante todo por el puesto en que cree situarse entre el derecho penal clásico y el
determinismo de la Escuela antropológica y sociológica del final del último siglo.

las divergencias con estas escuelas, más adelante. Lo que sí se ha propuesto este
movimiento de defensa social ha sido promover la idea de una política criminal que se
situaría, más o menos, sobre el plano en que Montesquieu se colocaba cuando buscaba
estudiar “el espíritu de las leyes”.

La reacción social contra el fenómeno criminal comprende tres ciencias:

a. La Criminología, que investiga el fenómeno de la delincuencia.

b. El Derecho Penal. Interpretación y aplicación de reglas positivas establecidas por la


sociedad.

c. La Política Criminal, que es a la vez ciencia y arte, y que toma en consideración la


personalidad del criminal.

Esta Política Criminal pide una cooperación constante y leal de juristas y médicos,
criminalistas y criminólogos, hombres de ciencia y practicantes de la magistratura, del
régimen penitenciario o de la acción social.

Esta Nueva Defensa Social se la llama “Nueva”, por ser una reacción contra el extremismo
de la doctrina de Gramática.

Pero Marc Ancel nos dice más todavía en su segunda edición de su famosa obra: “Es
preciso comprender igualmente y retener que esta política criminal socio-humanista debe
construirse o, si se prefiere, estructurarse distinguiéndose de esas dos posiciones
extremas que consisten la una en fundar la reacción anti-criminal sobre un instinto de
defensa primitivo, la otra en situarla fuera del hombre, ser pensante, y fuera del sistema
legal, expresión de toda sociedad civilizada”.

La Defensa Social es, deliberadamente, un movimiento de reforma o por lo menos supone


el deseo de provocar o de favorecer una evolución. El exclusivismo de la retribución
clásica, como lo ficticio de la responsabilidad moral tradicional, provoca nuevas
reflexiones y una política criminal edificada en función de la reeducación del condenado,
que ningún doctrinario del derecho penal pretende hoy día rechazar.

Esta Nueva Defensa Social quiere que el sistema que ella preconiza sea protector tanto del
mismo delincuente como de la Sociedad, o más bien, no asegura la protección de la
Sociedad más que asegurando primeramente la protección del individuo.
Esta Nueva Defensa Social tendrá una serie de características, impregnadas por las
realidades de la vida. Su unidad estará en que ella parte del individuo y tiene al hombre
por fin.

La Nueva Defensa Social es esencialmente positiva, es decir, activa y actuante. No se trata


de esperar a que pase el peligro, sino de combatirlo y hacerlo desaparecer.

Su humanismo estará en defender al grupo social a través de la defensa de sus miembros


y dar a los derechos del hombre la preeminencia entre todos los aspectos del orden social.

Desde este punto de vista existe la Sociedad sólo para el individuo y por el individuo.

Es humana por tres motivos:

1) En su punto de partida: la Nueva Defensa Social descansa ante todo sobre el


conocimiento y la apreciación del delincuente.

2) En sus objetivos: no busca ya más asegurar la salvación de la sociedad sacrificando al


individuo, incluso criminal, por la segregación brutal y sin piedad de los elementos que se
presumen sin enmienda. Ella se esfuerza ante todo por realizar un “reclassement” social
que asegure una recuperación del delincuente y que actúa en función de esta
personalidad humana.

3.) Por sus métodos y su espíritu. Métodos: observación, clasificación (es decir,
diversificación) y reeducación. Métodos movidos por un espíritu de asistencia social, que
supone una individualización judicial y penitenciaria, regida por un respeto constante de la
dignidad de la persona humana.

b. Positivismo criminológico en Guatemala: Racismo y leyes de vagancia en Guatemala.

Es muy importante resaltar que al hablar de esto debemos comprender que es


significativo su impulso a la construcción de obra pública, especialmente carreteras, en
beneficio de la actividad cafetalera, dominada por inmigrantes alemanes en la Veparaz y
por terratenientes guatemaltecos en el resto del país. Para la construcción de carreteras
empleó trabajo forzado de indígenas, vigilados por el cuerpo de ingenieros del ejército.
Por medio del decreto 1995 de 1934 canceló las deudas impagables que los jornaleros
tenían con los hacendados, suprimiento así el reglamento de jornaleros impuesto por
Justo Rufino Barrios en 1873; pero para contrarrestar una potencial escasez de mano de
obra para las fincas, promulgó el Decreto 1996 -«La Ley de Vagancia»- y el Decreto 1474
-la «Ley de Vialidad»- las cuales obligaban a todo campesino indígena que no tuviera un
mínimo de tierras a trabajar cierta cantidad de días al año de servicio de un hacendado; si
esto no se podía comprobar, el jornalero debía trabajar gratuitamente en los caminos.59
34 Finalmente, debe indicarse que el general Ubico consideraba a los indígenas incapaces
de aprender, por lo que instituyó el servicio militar forzoso, en un intento de darles alguna
instrucción y disciplina.

Puede decirse que su administración se mantuvo gracias al monopolio bananero de la


«frutera» (la United Fruit Company), a la que le otorgó generosas concesiones en
Tiquisate y para el usufructo del ferrocarril. Conforme avanzaron los sucesos de la
Segunda Guerra Mundial, la política norteamericana y sus compromisos con la «frutera»
lo obligaron no solo a declarar la guerra a las naciones del ejee sino a permitir el
establecimiento de bases norteamericanas en el Guatemala. Entre los beneficios que
recibió del gobierno norteamericano a cambio de su alianza en la guerra hubo armamento
moderno para el ejército y entrenamiento en la Escuela Politécnica por militares
norteamericanos.

Revolución de 1944

El General Ponce Vaides, solamente estuvo al mando durante 110 días y continuó con la
forma de gobernar represiva de su antecesor, dando instrucciones a la policía para atacar
a sus adversarios. Fue el 20 de octubre de 1944, cuando ocurrió un levantamiento
popular, donde participaron: Abogados, maestros, obreros, estudiantes universitarios y
una parte del Ejército. La lucha se estableció entre la otra parte del Ejército y la policía que
eran leales al General Ponce. Luego de estos sucesos se difundió la noticia de que Ponce
Vaides había solicitado asilo político en México y el gobierno había sido tomado por un
triunvirato compuesto por un civil y dos militares: El civil Jorge Toriello Garrido, el Mayor
Francisco Javier Arana y el Capitán Jacobo Árbenz Guzmán.

Las principales funciones del gobierno de transición fueron, derogar los decretos que
había realizado la administración anterior. Convocó a una Asamblea Nacional
Constituyente que produjo una nueva Carta Magna. Quedó instituida la Junta
Revolucionaria del 20 de octubre de 1944, con el propósito de garantizar a los
guatemaltecos un marco constitucional para llevar a Guatemala a una democracia
representativa. Entre los decretos más importantes que firmó la Junta Revolucionaria se
encuentra el Decreto No. 7 que derogó el Decreto No. 1474 desde el primero de enero de
1945, anulando el servicio personal (trabajo forzoso) por pago de impuesto de vialidad.

Gobierno de Arévalo
El gobierno del primer presidente electo democráticamente en la historia de Guatemala,
Juan José Arévalo, se distinguió por sus numerosas realizaciones educativas y de beneficio
para la mayoría de las capas más pobres de la población, de la clase media y de los
intelectuales más consecuentes. El frente de lucha del gobierno arevalista fue
preponderantemente urbano y, a diferencia de su sucesor, no enfrentó los problemas de
la tenencia de la tierra y el trabajo agrícola, a pesar de que la mayoría de la población era
rural e indígena, salvo en lo relacionado con los trabajadores de la agricultura tecnificada
norteamericana aposentada en las vastas y fértiles regiones de Bananera y Tiquisate. Por
otra parte, el régimen revolucionario, impulsado y dirigido por miembros de las capas
medias directa e indirectamente, fortaleció las posiciones de aquellas y las acrecentó. Por
su parte, el sector terrateniente se organizó a través de las asociaciones de agricultores,
comerciantes, industriales, banqueros, aseguradores y especuladores financieros, etc.

c. Positivismo criminológico en Guatemala: el disidente político como delincuente.

El gobierno de Óscar Berger Perdomo y la GANA profundizó la conformación de un


modelo de seguridad basado en la defensa de la gran propiedad privada y las inversiones
llevadas a cabo por lo más granado de las familias de la oligarquía guatemalteca y los
grupos corporativos que han conformado para "sortear la competitividad", en alianza con
capitales transnacionales. Este modelo se dinamizó durante el mismo gobierno que firmó
la paz: el de Álvaro Arzú y el PAN, y ha continuado en los siguientes, en un marco en
donde los crecientes niveles de violencia común y organizada acosa los intereses y las
propiedades de esas familias y grupos empresariales, dando lugar al fenómeno conocido
como "la privatización de la seguridad".

Varios análisis indican que es a partir de los gobiernos de Alfonso Portillo y el FRG, y el de
Berger y la GANA, que se observó un endurecimiento del discurso de funcionarios del
Estado vinculados a las carteras de seguridad, señalando a defensores de derechos
humanos y a activistas sociales -hombres y mujeres- como terroristas y desestabilizadores,
así como el incremento de los ataques a defensores y defensoras de derechos humanos y
activistas sociales, matizados en las amenazas, allanamientos, intimidación, control y
vigilancia.

Debe recordarse que el Ministro de Gobernación del gobierno de Portillo fue el militar
retirado Byron Barrientos, y fue uno de los impulsores de ese discurso duro y
criminalizador que se fue profundizando en el gobierno siguiente, cuando Carlos Vielman
asumió la titularidad del Ministerio de Gobernación (MINGOB) y Otto Pérez Molina fue el
Comisionado Presidencial de Seguridad, cargo al cual renunció en los primeros seis meses
de 2004 por disputas con el primero.
Fue el gobierno de Berger en donde se terminó de implementar la privatización de la
seguridad pública con las empresas de seguridad privada, que se multiplicaron de la mano
de los militares que se vieron desplazados públicamente del poder político, del control de
los aparatos de inteligencia y policiales así como de los vínculos y estructuras en la
institucionalidad del Estado que crearon al calor de la guerra interna, así como con el
mantenimiento de estructuras paralelas y paramilitares financiadas por esas poderosas
familias y grupos empresariales.

Varios estudios analizan el gobierno de Berger como uno que se fundamentó en la


ilegalidad y en la respuesta autoritaria que permitió la existencia de grupos policiales que
fueron capaces de cometer asesinatos y ejecuciones extrajudiciales de gran impacto como
las observadas en ese período. La política de seguridad llevada a cabo por este gobierno
ha sido calificada como una que se basó en la represión del delincuente y la persecución
de la pobreza, matizados estos elementos en la persecución política de los disidentes, del
sujeto no permitido, el que se opone al modelo de acumulación imperante así como en
una refuncionalización del discurso del "enemigo interno".

Hay una congruencia entre el incremento cualitativo de ataques a defensores del derecho
al desarrollo, sindicalistas y líderes campesinos a partir de 2004, durante el gobierno de
Berger con la ocurrencia de los siguientes tres hechos:

a) El desalojo violento de la finca Villa Linda el 31 de agosto de 2004 con saldo de 12


campesinos y cuatro agentes de la Policía Nacional Civil (PNC) muertos, y otros varios
campesinos capturados, poco tiempo después de que fueran nombrados como Ministro
de Gobernación y Director de la PNC; Carlos Vielman Montes y Erwin Sperisen,
respectivamente.

b) La oposición al inicio de operaciones de la mina Marlin en San Marcos, luego que en


2004 el gobierno otorgara la licencia a Montana Exploradora para extraer oro y plata.

c) La aprobación del Tratado de Libre Comercio entre Centroamérica, República


Dominicana y Estados Unidos (CAFTA-RD por sus siglas en inglés) en 2005.

La Unidad de Defensoras y Defensores de Derechos Humanos (UDEFEGUA) contabilizaba


para 2006, un total de 278 ataques a defensores y defensoras de derechos humanos,
luego que para el año 2000 la misma organización había contabilizado 59, es decir, un
crecimiento de más del 300% en seis años.

Por otra parte, desde el año 2004 fue el gobierno de Berger el que gradualmente empezó
a instalar en la opinión pública, la percepción de que los llamados poderes ocultos,
paralelos, relacionados con estructuras de inteligencia militar, denunciados por las
organizaciones de derechos humanos, eran grupos de crimen organizado que se movían
exclusivamente en los intereses del narcotráfico, tendiendo a simplificar el fenómeno, y
alejándolos de su vinculación con poderes empresariales de antaño, cuando fueron éstos
los que financiaron la guerra contrainsurgente, en alianza con los militares.

Luego, poco a poco se hizo una igualación entre el crimen organizado y las maras,
trasladando una percepción en la opinión pública y la población en general, que todos los
males en términos de inseguridad y violencia los producía el conglomerado de jóvenes
tatuados que viven en áreas marginales de las zonas urbanas del país. Lo que se ha
llamado la estigmatización.

En congruencia, la policía y los medios de comunicación comenzaron a generar perfiles


sobre los mareros, generalizando la idea que son jóvenes de pelo largo, que usan piercing
y tatuajes. En el año 2005, en los medios de comunicación poco a poco empezaron a
aparecer las caracterizaciones de las pandillas juveniles como grupos dedicados al
satanismo, construyendo así un imaginario social que fundamentó la necesidad de
"eliminar" a cualquier costa, a toda esa "lacra social". En ese mismo año también se
observó una expansión del concepto "terrorista" hacia el clásico activista social y
comunitario que emergía a la palestra pública, resistiendo y denunciando la lógica del
modelo de acumulación vigente.

Aunque a inicios de 2007, el entonces Director de la PNC, Erwin Sperisen, anunciaba la


disminución de los hechos delictivos en Guatemala como resultado, según él, de la
aplicación de sus políticas de seguridad y prevención del delito, en cierta forma reivindicó
y matizó el aumento del 9.3% de las muertes violentas observadas, y que 1,337 asesinatos
fueran de delincuentes.

Paralelo a este fenómeno del incremento de la violencia política, se experimentó un


incremento de la violencia expresada en muertes violentas, entre éstas, de mujeres,
particularmente desde 2001. Esta situación comenzó a llamar la atención pues un
porcentaje significativo evidenciaba señales de tortura y mutilaciones.

Para el año 2007, el número de mujeres muertas violentamente ascendía a 2,800, y sólo
entre enero y febrero de 2007 habían sido asesinadas 9044. Algo que llamaba la atención,
es que ya las autoridades hablaban que estos asesinatos eran producto de la violencia de
las maras o pandillas juveniles, pero, en general, el gobierno de Berger hizo poco para
controlar a las maras.

La mayor parte de los alegatos oficiales y de los medios de comunicación en torno a las
pandillas, se han basado en generalizaciones falsas sobre el fenómeno, y más grave aún,
esconden la realidad del verdadero crimen organizado y de los poderes ocultos, fácticos,
paralelos, o como se les quiera llamar, que utilizan las estructuras de las pandillas y de las
maras como soldados en su guerra, sicarios a sueldo, distribuidores para el
narcomenudeo, extorsiones, control de territorios urbanos o zonas, etc.

Aunado a esto, el hecho de que los sucesivos gobiernos, en lugar de impulsar verdaderas
políticas y programas preventivos que tiendan a recuperar el continuado deterioro de la
situación de la juventud guatemalteca a través de la educación, la salud, la cultura y el
deporte, han impulsado medidas como la militarización de la seguridad pública, esto es,
de las medidas impulsadas y de la PNC como principal ente de seguridad ciudadana, así
como, de facto, una política de "limpieza social" que no es nada más que las ejecuciones
extrajudiciales llevadas a cabo por estructuras paramilitares, "escuadrones o comandos de
la muerte" integrados por policías y enquistados en las estructuras de la PNC. Es en ese
contexto que, a la par que tenía lugar la ejecución de reos en la granja penal Pavón en
2006, se desarrollaba una campaña pública de apoyo a "la limpieza social" y la justificación
de acabar con las maras.

8. LA SOCIOLOGÍA DE LA DESVIACIÓN.

a. Origen de los modelos sociológicos.

- La Escuela de la anomía, Durkeim y la despatologización del fenómeno criminal.

Mucho tiempo después de su formulación como concepto en el contexto de la Sociología


por Emilio Durkheim, el término anomia reaparece en la escena sociológica
norteamericana para instalarse definitivamente en el patrimonio conceptual de la
Sociología, con una suerte irregular. En este escrito, por un lado se asume una búsqueda
conceptual (al estilo de Michel Foucault cuando habla de arqueología conceptual) que
implica un recorrido por la Sociología clásica y contemporánea, y, por otro, tiene que ver
con examinar la relación de dos conceptos fundamentales y su posible aplicación a
situaciones concretas, que se insinuarán en el curso de la disertación. Los conceptos de
ANOMIA y CRIMINALIDAD.

Estrictamente como se señalaba en la introducción, anomia significa ausencia de normas.


Este término de origen griego (nomos) fue utilizado por los teólogos medievales para
referirse a aquellos que obraban sin 'Dios ni ley'. La inclusión del término anomia dentro
de las ciencias sociales, como es conocido, se le atribuye a Durkheim, elaborado por este
en 1893 y particularmente en su estudio sobre el suicidio (1897) ("La anomia es, pues, en
nuestras sociedades modernas, un factor regular y específico de suicidios; una de sus
fuentes"8). Identificaba al sistema social anómico por una quiebra relativa del orden
normativo, una falta de regulación moral sobre las tendencias y pasiones humanas. Hizo
evidente que las sociedades anómicas se caracterizaran por una elevada tasa de
conductas desviadas y de comportamientos autodestructivos, incluyendo el suicidio. Es
una "patología" no del sistema instrumental, sino del sistema normativo colectivo. Pero
Durkheim plantea a través de su obra dos tratamientos conceptuales distintos del
término. Uno, en la "División Social del Trabajo"9, en donde hay un esbozo que no tuvo
mayor desarrollo y es quizás, a la manera de ver de muchos analistas, el trazo más
interesante, prometedor y fecundo del concepto. Durkheim no lo volvió a tratar y sólo
vuelve sobre el concepto, en "El Suicidio", para hablar de una conducta individual, el
"suicidio anómico". En general, no es una palabra que Durkheim frecuente en su
vocabulario sociológico. Diríamos que es más bien rara. Aparece con poca frecuencia en la
División social del trabajo y en El Suicidio, en ningún otro texto el término se menciona.

Jean Duvignaud10, sociólogo francés, en su diccionario de sociología introduce una


alusión que juzga de dialéctica para referirse al concepto de anomia en Durkheim, como el
momento de cambio o transición en una sociedad que aún no muere y otra que aún no
nace. Es un momento de opacidad de la conciencia colectiva, de Durkheim, cuando la
división del trabajo no logra producir una solidaridad orgánica y las normas
correspondientes se quiebran, lo que se considera un momento de oscuridad en una
sociedad. Son "Los estados de desórdenes" que llamaba Durkheim. Este nunca renunció,
sin lograrlo, a producir una noción de moral social, que al estilo de Jean-Marie Guyau11,
estuviera fundada en bases no-religiosas, como lo había hecho Kant.

Vale la pena el estudio de este concepto de anomia en Durkheim, con su concepto de


Crimen o Criminalidad, porque este autor clásico al considerarlo como "normal" podía
prestarse a confusiones, entre una cierta mirada de relajación moral o cinismo. Pero no es
así. Establece que el crimen o delito se asemeja al dolor, el hombre siempre lo sufre. Por
tanto el delito es natural al hombre como lo es también el dolor. La normalidad del delito
es como la normalidad de cualquier situación que padecen los seres humanos, a pesar de
que el delito está indicando un "desarreglo social", una "enfermedad social". Entonces, el
crimen o el delito son normales por su presencia en todas las sociedades, así como el
dolor se presenta en todos los hombres, estos son síntomas de enfermedad, del hombre o
en su caso de una sociedad. La normalidad del delito o del crimen es para Durkheim un
hecho social "normal" sólo en el sentido expuesto.

La otra mención del concepto de anomia lo hace Durkheim en su obra ‘’ El Suicidio’’, como
ya se indicaba, y al respecto señala: ‘’El suicidio anómico’’ (así denomina Durkheim a un
tipo de suicidio en su tipología de esta conducta) depende exclusivamente del poder
regulador de la sociedad.
En ese orden de ideas e establece que, este tipo de suicidio surge en épocas de crisis, es
decir, en periodos en que el orden colectivo sufre perturbaciones. La persecución de un
fin inaccesible condena a un perpetuo estado de descontento, pues es difícil no sentir, a la
larga, la inutilidad de una persecución sin término. Por esto la tasa de suicidios se eleva en
épocas de prosperidad económica; sin embargo, también los desastres financieros, que
arrojan a los individuos por debajo del nivel social que hasta ese momento ocupaban,
producen idéntico fenómeno.

Además de la anomia económica existe la anomia doméstica, que surge en el estado de


viudez, hay un trastorno de familia, cuya influencia sufre el sobreviviente. También hace
referencia al suicidio, producto del divorcio. En el suicidio anómico se mezcla la ira y la
decepción, dándole un aspecto psicológico particular de cansancio y exasperación, frente
a la falta de mecanismos sociales reguladores capaces de poner un horizonte a las
ambiciones del hombre.

b. El crimen como fenómeno social.

El delito es parte de nuestra convivencia, de nuestra comunidad. Como crimen o como


castigo; una violación de las normas de convivencia y una sanción colectiva a quién
transgrede los límites de lo lícito, a veces en el suburbio y en ocasiones en las altas
esferas. Como función o como alteración de la convivencia; delitos que permiten el
mantenimiento de una estructura de ordenación (social, política o económica),
compartidos y tolerados, o delitos que corrompen, poco a poco, las bases de una
moralidad común que legitima la autoridad social (Fernández Riquelme, 2012).

El delito es siempre, y en cualquiera de sus manifestaciones, un hecho social. Un hecho


que refleja el conjunto de valores, creencias y recursos para la convivencia que
caracterizan a una sociedad determinada. Porque toda comunidad define moralmente,
percibe socialmente y sanciona jurídicamente qué es el delito (y que deja de serlo), cuál es
su riesgo, qué pena debe recibir su comisión, y qué formas de castigo o remedio deben
aplicarse. La comunidad siente y padece por el delito, por sus causantes y sus víctimas; se
demuestra empíricamente, se manifiesta espiritualmente.

Sobre esta explicación se puede ofrecer, en primer lugar, una interpretación razonable del
porqué del delito, de su naturaleza, y de las razones del propio delincuente, como posible
consecuencia de las fracturas detectadas; y en segundo lugar, puede demostrar como esas
mismas fracturas también se explican como causa del propio delito, como factor puntual o
generalizado capaz de generar problemas sociales de diverso impacto, al afectar a los tres
fines político-sociales. Una interpretación sobre el modelo cultural y material de una
colectividad a la hora de atender y cuidar (bienestar), de proteger y aconsejar (justicia), de
educar y formar (orden) a sus propios miembros en el proceso de socialización. Tres
aseveraciones nos pueden guiar en la explicación. Primera aseveración. Esta
interpretación cuestiona la predisposición ideológica a limitarla naturaleza social del delito
a factores de pura distribución económica o estratificación social; también las tesis que
desligan absolutamente todas las razones psicopatológicas o supuestamente irracionales
del influjo ambiental1. La Política social dice algo más. Nos habla del hombre en sociedad,
de lo que necesita para ser aceptado en la misma, y de cómo es visto y tratado por los
demás en sus defectos, sus enfermedades, sus fracasos, su soledad, sus sueños, sus
problemas; quizás nos demuestra cuanto de razón tenía el poeta romántico Ugo Foscolo
cuando afirmaba que “el recurso final del hombre destruido es el delito”. Así se explica su
actuación integral ante aquellos condenados por infligir las leyes vigentes (con mayor o
menor dolo en su acción), y dotados del derecho de reinserción; y su atención a aquellas
víctimas de los mismos, no siempre reconocidas y resarcidas, por la sociedad de la que
forman parte.

Segunda aseveración. Se pone el acento en ese origen social, por acción u omisión,
presente en buena parte de los hechos delictivos que se ligan como inicio o eclosión de las
fracturas sociales. Causas psicopatológicas, motivos pasionales, finalidad ideológica,
estructuras desiguales, razones personales, modelos culturales. Todos estos orígenes
presentan, para la Política social, una esencia comunitaria tanto a la hora de interpretarlos
como de afrontarlos; básicamente al ser catalogados o perseguidos los delitos que
provocan en función de esa cosmovisión ideológica y moral con la que pretende ser
identificada cada comunidad:

• Problemas mentales no tratados o no comprendidos, por insuficiencia de recursos, por


falta de interés, por rechazo social, por prejuicios comunes. • Pasiones irracionales que
esconden falta de valores respecto a la vida humana, la integridad personal o la misma
libertad.

• Medios de mantenimiento o cambio de las esferas y relaciones de poder político, social


o económico, en función de una finalidad ideológica.

• Desigualdades sociales consideradas injustas, que objetiva o subjetivamente legitiman


posiciones delictivas o corruptas para colectivos determinados.

• Decisiones personales condicionadas psicológicamente por los medios de comunicación


o los grupos de presión.

• Prácticas culturales que responden a la forma de pensar y vivir, heredada o elegida, por
los miembros del colectivo de pertenencia o de referencia. Tercera aseveración. Estudiar
lo delictivo es comprender la sociedad. Por ello, la Política social demuestra desde el
estudio y la intervención, la interrelación entre las fracturas sociales empíricamente
constatables4, y los hechos delictivos penalmente castigados, tanto en su impacto
inmediato como en la percepción de sus riesgos.

c. Teorías multifactoriales.

Este enfoque surgió como reacción a las orientaciones mono factoriales de la criminalidad,
combinando explicaciones sociológicas, psicológicas y a veces hasta biológicas. Son teorías
que partiendo de una serie de investigaciones intentan buscar los factores causales del
delito, variables que no tienen un valor explicativo total sino que conformarían factores de
riesgo que pueden irse adicionando. Las teorías multifactoriales son eclécticas debido a
que entienden que la criminalidad es el resultado de la combinación de muchos factores y
circunstancias, permitiendo dirigir la búsqueda del origen de la delincuencia juvenil tanto
en los factores biológicos y psicológicos como en los del medio social, equiparando la
relevancia etiológica de unos y otros, utilizando para ello el método inductivo. Entre los
representantes de este enfoque se encuentran HEALY, los esposos GLUECK, BURTON y
MERRIL y ELLIOT. WILLIAM HEALY. Fue el primero en utilizar el término multifactorial en
una clínica de psiquiatría de Chicago en 1915. HEALY consideró diversas variables como
determinantes de la desviación criminal, muchas de ellas de naturaleza psicológica: los
males hereditarios, las anomalías mentales, la constitución física anormal, los conflictos
anímicos, el mal ambiente familiar, las amistades inadecuadas, la frustración de
expectativas del individuo y las condiciones insatisfactorias para el desarrollo infantil,
entre otras.

d. Teoría ecológica.

Los precursores de la teoría ecológica fueron GUERRY, QUÉTELET, TARDE y LACASSAGNE,


quienes determinaron que el medio ambiente era la base teórica de la consideración
ecológica del delito. Entre los máximos representantes de la teoría ecológica podemos
citar a PARK, BURGESS, McKENZIE, THRASHER, SHAW y McKAY. THRASHER. Este autor fue
uno de los primeros que explicó el delito basándose en la teoría ecológica. En 1927
publicó su obra The gang, en la que examinó a 1,313 bandas de Chicago integradas por
unos 25,000 miembros con lo que determinó la existencia de una zona o terreno en dicha
urbe, espacio que describió tanto social como geográficamente y al que pertenecía la zona
de fábricas, terrenos de ferrocarriles, áreas de grandes edificios de oficinas y almacenes
de la ciudad. La teoría ecológica se relacionó con la distribución geográfica del delito, en la
que una gran ciudad (Chicago, de ahí el nombre de esta escuela) fue estudiada con base a
una serie de zonas concéntricas, de acuerdo al modelo zonal de desarrollo urbano de
ERNEST BURGESS, en el cual la zona central (I) correspondía al área de negocios; alrededor
de ésta hacia la periferia, se encontraba la zona de pequeñas fábricas, que correspondía a
la zona de transición (II) la cual era ocupada por personas más desfavorecidas
económicamente; la siguiente zona correspondía a la habitacional obrera (III) que era
ocupada por personas más favorecidas económicamente; la siguiente zona es la
residencial (IV), que correspondía a los hombres de negocio y por último se encontraba la
zona de ciudades periféricas (V). Este estudio identificó las características sociales
distintivas de cada zona y permitió comprobar a CLIFFORD R. SHAW que la delincuencia y
otros muchos problemas sociales tendían a ser más altos cuanto más cercana estuviera
una localidad al centro de la ciudad, más concretamente en la zona de transición. 2.2.-
TEORÍAS ESPACIALES El primitivo modelo ecológico de la Escuela de Chicago fue sustituido
por el análisis del área social, así como por medios estadísticos multivariados. Los
primeros pretendían relacionar la estructura interna de las ciudades con los cambios de la
sociedad; respecto a los segundos, investigaban la incidencia de una serie de variables,
independientes en las tasas de criminalidad, aplicando un análisis factorial para constatar
las intercorrelaciones entre dichas variables. Lo anterior permitió a diversos autores como
JEFFERY o NEWMAN, realizar un análisis más preciso y situacional respecto a la
distribución espacial del delito.

e. Teoría estructural funcionalista.

Esta corriente de razonamiento también llamada Interaccionista surgió de los estudios


sociológicos que hacían referencia a la interacción de los grupos sociales. Consideró al
delito como una acción cotidiana de cualquier sociedad, afirmando que se trataba de un
hecho normal, inevitable. La Teoría Estructural Funcionalista trascendió en el ámbito
criminológico por postular que el crimen presentaba una normalidad y una funcionalidad:
• Normalidad. El crimen tendría su origen en el normal y regular funcionamiento de todo
orden social. • Funcionalidad. El crimen era un hecho funcional que permitiría el avance
de la sociedad. El desarrollo de esta teoría se dio debido a los planteamientos hechos
inicialmente por DURKHEIM y MERTON y posteriormente por CLOWARD y OHLIN, quienes
sostuvieron que la sociedad requería de equilibrio para funcionar y que los estudios
sociológicos deberían orientarse a interpretar las perturbaciones y posibilitar la
recuperación de la armonía alterada o perdida. EMILE DURKHEIM. En 1895 publicó ‘’ Les
regles de la méthode sociologique’’ , donde expuso que en todas las culturas y sociedades
se presentaba una tasa constante de criminalidad con lo cual determinó que el crimen era
un comportamiento normal (debido a la imposibilidad de que existiera una sociedad
exenta de él) derivado de las estructuras de la sociedad; lo anormal sería la presencia de
una tasa exagerada de criminalidad. Según DURKHEIM "clasificar al crimen entre los
fenómenos de sociología normal, no significa sólo decir que es un fenómeno inevitable,
aunque penoso, debido a la incorregible maldad de los hombres; significa afirmar que es
un factor de la salud pública, una parte integrante de toda sociedad sana. Para que los
actos considerados criminales dejaran de cometerse sería necesario unificar la conciencia
moral de la sociedad, lo cual podría reprimir los actos que ofendieran a la colectividad.
Pero una uniformidad tan absoluta y universal era imposible debido a la existencia de
múltiples factores como el físico, los antecedentes hereditarios y las influencias sociales;
lo anterior favorecía la diversificación de las conciencias. Pero aun suponiendo que esta
condición pudiera realizarse, no por ello el crimen desaparecería, sino que sólo cambiaría
de forma. Desde este punto de vista y de acuerdo a lo expuesto por DURKHEIM el criminal
ya no aparecía como un ser antisocial, sino que era considerado un agente regulador de la
vida social.

f. Las teorías subculturales.

Vale la pena enmarcar que, estas teorías surgieron en Estados Unidos durante la década
de los años 50 como reacción de algunas minorías altamente desfavorecidas para alcanzar
las metas oficialmente establecidas, debido a los limitados medios o posibilidades
legítimas de actuar. El concepto de subcultura presupone la existencia de un grupo social
que se aparta de forma total o parcial de las pautas que fijan los grupos mayoritarios de
una sociedad, por lo que poseen su propio código de valores que lo identifican ante los
demás. En general se caracterizan por ser: • Un grupo que no comparte las pautas
dominantes. Sólo conserva algunas costumbres.

Puede ubicarse dentro o al lado de los grupos mayoritarios; sin embargo, casi siempre se
establece en la periferia, por lo que se le asimila a un grupo marginal • Sus integrantes
tienen identidad y coinciden en metas, valores y finalidades. • No es una sociedad en
sentido de inferioridad respecto a la cultura madre; es una sociedad con cultura propia. •
Por establecerse en el interior, cerca o en la periferia de la cultura madre, puede
compartir algunas de sus pautas. • Generalmente no causa reacción social institucional.
Los autores más representativos de este enfoque fueron ALBERT K. COHÉN y WILLIAM
FOOTE WHYTE, quienes analizando las Teorías del Conflicto Cultural pero con un enfoque
ecológico, concluyeron que la delincuencia, primordialmente juvenil, en la clase baja, se
daba como un acto de rebeldía hacia los valores oficiales de las clases media o alta por
oposición al utilitarismo, siendo consecuencia de una organización social distinta, de unas
normas y un código de valores que constituyen su propia cultura: la subcultura criminal.
COHÉN explicó estas normas como la reacción de los individuos situados en el extremo
inferior de la pirámide social que al desarrollar una especie de "sociedad de recambio" les
posibilita ansiada satisfacción por medio de modelos de conductas antisociales. De igual
forma, COHÉN afirmó que el código de valores varía según la clase social a la que se
pertenecía: las clases más favorecidas económicamente ponían énfasis en la eficiencia y la
responsabilidad individual, así como en el respeto a la propiedad, la constructividad en el
empleo del tiempo libre y en el ahorro; mientras que las clases sociales más desprotegidas
concedían mayor significación a la fuerza física y a la colectividad. Otro de los autores que
dio importancia al factor clase social en los medios subculturales fue WALTER MILLER,
para quien la presencia de un grupo callejero con valores y normas propias ejercían una
influencia más directa sobre la conducta de los miembros del grupo, quienes asumían
actitudes duras y violentas por el deseo de experimentar emociones fuertes, facultando
comportamientos considerados desviados por la sociedad.

9. EL PARADIGMA DE CONTROL Y LA CRIMINOLOGÍA CRÍTICA.

a. Antecedentes.

- Teoría de la Asociación diferencial

Esta interesante teoría, hace mención que los sujetos aprenden a ser criminales por
transmisión cultural, una situación que se da particularmente en determinados grupos
donde las actividades delictivas se realizan con habitualidad y quedan así reforzadas como
algo positivo.

El padre de la teoría de la asociación es Edwin H. Sutherland. Este sociólogo


estadounidense, uno de los más influyentes del siglo XX, utilizó esta teoría para explicar
cómo los delincuentes aprenden las motivaciones y conocimientos técnicos necesarios
para delinquir, al igual que puede aprenderse cualquier otra habilidad.

Es importante hacer énfasis que, en su obra de 1939, ‘’ Principios de Criminología’’,


Sutherland establece el principio de asociación diferencial y afirma que el patrón de
delincuencia nace de la relación entre delincuentes. Su teoría inicialmente subrayaba,
además, elementos estructurales para apuntalar esa conducta criminal: la delincuencia se
produce en contextos de conflicto y desorganización social, y estos son factores
determinantes del carácter que define a las personas que delinquen. Casi una década
después, en la revisión de su obra de 1947, eliminó este elemento, pero el autor sostenía
aún que la clase social era relevante para el aprendizaje de la conducta delictiva.

Resulta interesante revisar que, una de las claves de la teoría de Sutherland es que no
aborda el origen o motivación que llevan a una persona a delinquir, sino cómo aprende a
hacerlo. Y ese aprendizaje se ve condicionado por la percepción que su entorno directo—
amigos, familiares, colegio, televisión, medios de comunicación, etc. —tenga de las leyes:
si justifica según qué conductas, la intensidad a la que una persona se ve expuesta a este
tipo de mensajes y la cercanía o intimidad que comparte con personas que expresan esas
interpretaciones positivas de la vulneración de la ley.
La teoría de la asociación diferencial quedaba resumida en nueve postulados:

-El comportamiento criminal se aprende.

-Ese aprendizaje se realiza a través de la interacción con otros, es un proceso de


comunicación.

-El aprendizaje del comportamiento delictivo se produce en grupo y la intimidad de esas


relaciones determinará la capacidad de influencia.

-Además de aprender la conducta delictiva, la persona interioriza las razones que le


llevarán a justificar la actividad ilícita y la manera de enseñar u orientar a otro hacia esa
actividad delictiva.

-Los motivos e impulsos que llevan hacia la conducta delictiva se aprenden a través de la
interpretación favorable o desfavorable de las normas vigentes.

-Cuando una persona tiene más interpretaciones o justificaciones favorables que


desfavorables sobre la violación de la ley, se convierte en delincuente.

-Todas las asociaciones diferenciales no son iguales, varían en intensidad, frecuencia,


duración y prioridad.

-El proceso del aprendizaje de comportamiento criminal a través de interacciones con


otros funciona como aprender sobre cualquier otro tipo de comportamiento.

-La conducta delictiva puede ser una expresión de necesidades y valores generalizados,
pero no es una concreción de ellos.

- Teoría del Etiquetamiento o del Labelling Aproach.

Vale la pena comprender que, a ésta teoría se le denomina igualmente como teoría de la
reacción social, la cual es acreditada a Labeling Approach.

Algunos defensores de la teoría del etiquetado han encontrado un antecedente de esta


teoría en Durkheim, ya que en algunos de sus textos se refirió a los procesos de
construcción de la delincuencia y a la normalidad de la misma. Desde Durckheim, la
delincuencia ha venido a ser considerada normal en cualquier sociedad, (Matza, 1981).

Se reproduce su conocido comentario al respecto, efectuado en la obra: “Las reglas del


método sociológico”, la cual fue publicada originalmente en 1895:

“Imaginemos una sociedad de santos, un claustro ejemplar y perfecto. Allí los crímenes
propiamente dichos serán desconocidos, pero las faltas que parecen veniales al vulgo
provocarán el mismo escándalo que un delito común en las conciencias ordinarias. Si esta
sociedad posee el poder de juzgar y castigar, calificará esos actos de criminales y los
tratará en consecuencia. Por la misma razón, el hombre perfectamente honrado juzga sus
menores desfallecimientos morales con una severidad que la multitud reserva a los actos
verdaderamente delictivos. Antes, los actos de violencia contra las personas eran más
frecuentes que hoy porque el respeto hacia la dignidad individual era más débil.

Como ha aumentado, estos crímenes se han hecho más raros; pero también muchos actos
que herían ese sentimiento han penetrado en el derecho penal al que no pertenecían
primitivamente, calumnias, injurias, difamación, dolo, etc. (Durkheim, 1986).

O como más tarde Matza (1981), desde su perspectiva naturalista, ha matizado: “Siendo,
pues, la desviación un rasgo común a toda sociedad, por venir implicada por la
organización social y moral, no necesita de una explicación extraordinaria. Extraviarse de
un camino no es ni más comprensible ni más asombroso que mantenerse en él”.

En 1939 Frank Tannembaum publicó un libro titulado Crime and the community (El delito
y la comunidad) en el que introdujo el término tagging (sinónimo de labeling, etiquetado)
para referirse al proceso que acontecía cuando un delincuente era detenido y
sentenciado. Según Tannembaum el delito era el resultado de dos definiciones diferentes
de un determinado comportamiento, la definición del propio delincuente y la de la
sociedad, de la siguiente manera (Schmalleger, 1996) “Este conflicto, procede de una
divergencia de valores. Cuando el problema (el delito) tiene lugar, la situación es
redefinida gradualmente. Se produce un desplazamiento paulatino desde la definición de
determinados actos como perversos hasta la definición de los individuos que los realizan
como perversos, de manera que todos sus actos empiezan a ser vistos como sospechosos.
Desde la perspectiva de la comunidad, el individuo que se acostumbra a realizar conductas
malvadas y dañinas es ahora un ser humano malvado e irrecuperable.

Véase con qué precisión se halla descrito en las palabras de Tannembaum el proceso de
tagging o etiquetado que se produjo con motivo del procesamiento de diversos
personajes famosos en el denominado caso Arny que recibió su nombre del bar de copas
sevillano en el que presuntamente sucedieron los hechos imputados. En el caso Arny, que
fue juzgado a principios de 1998, diversas personas, algunas de ellas muy populares, entre
las que se encontraban cantantes, actores y un juez, fueron procesados por presunta
corrupción de menores. Durante los dos años que duró la instrucción de la causa penal la
mayoría de estas personas, hasta entonces admiradas y respetadas, sufrieron un
considerable escarmiento público en boca de ciudadanos y medios de comunicación. Con
posterioridad la sentencia de la audiencia de Sevilla absolvió a la mayoría de ellos de
todos los cargos.
Una de las obras de mayor influencia sobre los teóricos del etiquetado fue el trabajo de
Erving Goffman, de 1961, Internados (Goffman, 1987). La pretensión de Goffman fue
examinar el impacto de las instituciones totales sobre la vida de los internados en ellas.

La institución total es, según Goffman, un ambiente que elimina la distinción entre el
trabajo, el tiempo libre y el descanso. El ciudadano normal desarrolla estas actividades en
distintos ámbitos y rodeado de personas diferentes: compañeros de trabajo, amigos y
familia. La institución total sustituye a todos éstos, impone su cultura propia y cambia el
comportamiento y la personalidad de sus internos.

Goffman utilizó como fuente primaria de información la observación en una sola


institución hospitalaria, Santa Isabel en Washington, y a partir de esta observación
particular extrajo conclusiones generales sobre diversas instituciones totales: las prisiones,
los monasterios, las escuelas militares, los asilos de ancianos y los campos de
concentración. Analizó los cambios y las reacciones de los sujetos internados como
producto de los ambientes en los que se encontraban más que como efectos de la propia
enfermedad, de la patología que padecían.

- Teorías del conflicto.

Desde el punto de vista sociológico, que una persona cometa un delito se considera como
una respuesta a un estímulo condicionado por la influencia de su entorno social y
circunstancias personales. Esta perspectiva supone entender que el crimen no se comete
solo desde un plano individual, causado por algún tipo de desviación de la conducta o por
una patología, sino como resultado social y, por tanto, para determinar las motivaciones
del criminal es necesario observar las circunstancias y la estructura social.

Vale la pena enmarcar la labor del criminólogo que consiste en estudiar las razones que
llevan a una persona a cometer un delito, así como sus consecuencias personales y
sociales y la forma de prevención. Analiza el delito, al delincuente y a su entorno desde
una mirada multidisciplinar que combina ciencias diversas, desde la psicología y la
medicina hasta la sociología y el derecho.

La figura del delincuente, como objeto de estudio de la criminología, puede analizarse


desde diversas teorías sociológicas que den explicación a su conducta, desde las del
aprendizaje social a las del control social o del conflicto social. El análisis de un acto
criminal desde la teoría del conflicto abordará, por tanto, la perspectiva del individuo y si
esa desviación en contra de las normas sociales es resultado del contexto social de esa
persona.
Para la teoría del conflicto, una de las claves es, precisamente, el impacto sobre el
individuo de las relaciones sociales: son un punto de encuentro entre los diversos
intereses, poder… Recursos, en definitiva, escasos y por cuyo control se compite,
generando situaciones de desigualdad y fricción social que derivan en conflictos. Esos
conflictos tienen expresiones variadas, más o menos violentas (desde las discusiones hasta
las guerras), pero en todo momento sirven de motor de cambio.

En ocasiones, los conflictos dan lugar a la trasgresión de la normativa vigente, es decir, a la


comisión de delitos y es en ese punto en el que los expertos analizan las motivaciones del
delincuente y las consecuencias de sus actos con el objetivo no solo de conocer mejor la
conducta de la persona, sino ser capaces de comprender su impacto en el grupo y
desarrollar mecanismos de prevención.

La criminología es un campo de estudio amplio e interesante al servirse de diversas


miradas científicas para comprender las nuevas realidades criminales. ¿Te gustaría ser
criminólogo? El Grado en Criminología de UNIR te prepara para ejercer en diversos
ámbitos profesionales, públicos y privados, relacionados con esta profesión.

b. La Criminología crítica.

La entrada de Marx en el mundo de la Criminología, se tradujo en una toma de


consideración del contexto social global en el estudio de la delincuencia, en el análisis de
la norma, su aplicación, y funcionamiento del Sistema Penal, en atención a la función que
cumplen en el establecimiento y reproducción del Sistema Capitalista y en la elaboración
de una teoría apta para propiciar el cambio social. Por ello, el inicio de la Criminología
crítica data de la recepción de las teorías norteamericanas y la unión de la criminología
marxista.

La Criminología critica, tiende a un cuestionamiento a la criminología tradicional desde la


manera de ver al delincuente, hasta los mecanismos de control social.

De esta forma, reta al estado para que cumpla con las políticas de rehabilitación social del
delincuente que pregona en teoría, pide se respete y resocialice al delincuente, y que el
Estado cumpla también con su obligación de promover y proteger la vida, y bienes de
todos los ciudadanos – Control Social – frente a la criminalidad generalizada.

Enfatiza que no podía seguir dedicándose a las causas etiológicas del delito, por ello,
traslada su óptica a proponer alternativas de control del mismo y estudiar los procesos de
criminalización.
Como sostiene Roberto Bergalli: de un lado existe una criminalidad oculta o clandestina
que es mucho más dañina, peligrosa y voluminosa que la común de los pobres.

Desde un punto metodológico, se consolida definitivamente el empirismo y la


interdisciplinariedad de la Criminología como ciencia. Que se proyecta sobre todos los
ámbitos de ella: sobre la anterior causal explicativa hacia uno preventivo y sobre el
estrictamente operativo.

La moderna criminología, parte del postulado de “normalidad” del delincuente. La rancia


teoría de la diversidad ha quedado definitivamente desterrada, como vestigio de una
etapa pre científica. Desde la mitad del siglo XX, la creencia de que el delito puede ser
explicado por una teoría única ha caído en el descrédito. Los expertos se inclinan a asumir
las teorías del factor múltiple o de la causa múltiple, es decir, que el delito surge como
consecuencia de un conjunto plural de conflictivas y convergentes influencias biológicas,
psicológicas, culturales, económicas y políticas. Las explicaciones basadas en la causa
múltiple parecen más verosímiles que las teorías anteriores de la simple causa única

Alessandro Baratta fue elaborando precisamente en sus artículos publicados en América


Latina una “criminología crítica” que, donde la influencia de Baratta ha sido y sigue siendo
notable, en gran parte por sus estancias latinoamericanas a partir de los años setenta son
innumerables, y estrechísima son las relaciones de amistad entabladas con Roberto
Bergalli, Lolita Aniyar de Castro, Raúl Zafffaroni, Emilio García Méndez, Emilio Sandoval
Huertas y tantos otros. Ahora bien la criminología crítica, consiste en un cambio global de
perspectiva: “desviación y criminalidad”, dice no son cualidades ontológicas de
comportamientos y de personas, sino cualidades que le son atribuidas a través de
procesos de definición y de reacción social. En este cambio de perspectiva se sitúan la
investigación de Alessandro Baratta que fueron precisando su posición, subrayando la
necesidad de integrar el labelling approach con un enfoque histórico-materialista que
dirigiera la atención hacia las conexiones entre sistema penal y la estructura de la
objetividad social. Para ser verdaderamente una criminología crítica, debía interpretar los
procesos de definición y de reacción social en el contexto de las relaciones sociales de
desigualdad y de los conflictos sociales; redescubrir la temática de los derechos humanos,
atendiendo sus necesidades y el desarrollo humano, para así pasar de la cuestión criminal
a la cuestión humana.

10. POLÍTICA CRIMINAL

a. Definición
Vale la pena comprender que algunos autores tienden a definir a la política criminal de
diferentes formas así, como:

Feurbach; define la política criminal como la reforma regular de la legislación penal en


provecho del bien común, el conjunto de métodos represivos con que el estado reacciona
contrael crimen.

Para Goppinger; la politica criminal es una ciencia que ocupa el derecho y de la ejecución
de la lucha contra crimen por medio del derecho penal (OSSORIO, 2001), señala que “La
criminología es una ciencia que estudio el principio y el origen del delito, desentrañando
las cusas primigenias que provocan el desvío conductual. Analizando el efecto que cada
factor tanto patógeno como psicosocial ha tenido sobre el individuo, a quien se le califica
como delincuente. Estos y otros elementos pueden ser evidenciados tras la elaboración de
un perfil criminal, en el que los factores que se establecen como preponderantes unos
respecto de otros, sobresalen de acuerdo a la conducta del individuo, llevándolo a atentar
contra la agrupación social a la que en teoría pertenece en lugar de contribuir con ella”.

Para Jiménez de Asua: la define como el conjunto de principios fundados en la acción


científica del delito y la eficacia de la pena por medio de los cuales se lucha contra el
crimen valiéndose de los medios penales.

Para Manuel López Rey: dice que la política criminal ocupa en reducir la criminalidad al
mínimo soportable como parte de la política general del gobierno.

Marc Ángel afirma que la política criminal es la reacción organizada y deliberada de la


colectividad contar las actividades delictivas, antisociales. La selección de la metodología y
de los problemas a resolver en la práctica de las políticas criminales dependerá de las
posiciones teóricas de sus actores (como en todas las áreas del saber). Podemos decir que
existen dos grandes posiciones: una administrativa, situacional o pragmática y la otra
constituida por un modelo más amplio que viene de la perspectiva crítica.

Para definir la política criminal nos podemos referir a las decisiones del poder estatal y el
conjunto sistemático de aquellos fundamentales principios para poder sostener la lucha
contra la criminalidad por medio de la pena y de sus instituciones afines en materia de
prevención para erradicar la lucha contra la criminalidad. También se entiende que
política criminal son las acciones que toma el poder estatal para enfrentar los problemas
delincuenciales y sus causas en razón de una buena administración de justicia y la
prevención del delito y su tratamiento, respetando sus derechos como ciudadano.

b. Antecedentes
La Política Criminal es la ciencia que estudia la actividad que debe desarrollar el estado
para los fines de prevención y represión de los delitos, sus valores, una propuesta
legislativa, la cual implica comprender que dé lugar a una determinada propuesta analítica
donde existan mejores formas de evitar el crecimiento criminal en nuestro entorno social,
o su vez proponer alternativas que disminuyan esta formas agresivas de combatir dentro
de cualquier desarrollo humano en un mundo globalizado por el avance tecnológico y
científico de este siglo, para algunos autores definen a la política criminal de acuerdo a su
evolución:

La política criminal tuvo su origen según la dogmática penal a finales del siglo XVII y
comienzos del siglo XIX en Alemania no se podido precisar cuál es la fuente doctrinaria
autorizada para definirla, el punto inicial fue utilizado por el maestro Cesar de Baccaria,
en los años 1738 y 1774 quien diagnostico esta problemática social en su obra de los
delitos y penas condicha obra se propuso encontrar la igualdad de todos los ciudadanos
ante la ley.

Según Von lizt La política criminal es el conjunto sistemático de principios garantizados


por la investigación científica de las causas del delito y la eficacia de la pena y sus formas
de ejecución.

Para Heinz Zipl es la obtención y evolución de criterios en el ámbito de justicia criminal


destacando así la influencia de la política criminal en la dogmática, podrá ser definida
como el conjunto de medidas y criterios de carácter jurídico social educativo, económico,
por los poderes para prevenir y reaccionar frente al fenómeno criminal con el fin de
reducir los índices de la criminalidad en una determinada sociedad.

Es importante saber que, cada forma de gobierno del Estado, cada revolución, cada
modificación de las reglas básicas de la convivencia social, se ha reflejado nítidamente en
una específica concepción política criminal que ha quedado representada en un diferente
texto punitivo, o al menos eso dice la teoría. Para ello estudiaremos diversos modelos
históricos. Cómo surge el modelo del Estado liberal de derecho frente a las monarquías
absolutas y se postula un sistema en el que los súbditos son ciudadanos cuyas libertades
no pueden ser avasalladas por el poder.

Cuando fracasa este modelo entra el estado social de derecho, un sistema


intervencionista que dará lugar a un nuevo modelo de estado. Ya en el año 1982, la figura
que destaca es el Alemán Von Liszt refirió que se refiero al libro “Tratado del Derecho
Penal” este autor incluyo el Kriminal Politik (Política Criminal) en donde inicio el estudio
efectivo sobre los medios estatales en la lucha contra el crimen en todas sus causales.
Vale la pena recalcar que, los defectos de la personalidad del delincuente (psicopatología
que influye directamente en el crecimiento del crimen y la reincidencia, siendo este un
fenómeno social que está contemplado en las normas jurídicas. Este alemán se adjudica a
haber utilizado por primera vez el término de política criminal, la creación de la ciencia de
derecho penal, en donde la política criminal tiene un papel preponderante. Critica a la
Legislación Penal y la reforma del Derecho Penal, Programas estatales de prevención de
delitos.

Ya en la escuela socialista nace de la concepción marxista donde hace un estudio de la


delincuencia de las distintas perspectivas, las causas y condiciones del delito la
personalidad de los condenados, de la prevención de brotes de la criminalidad.

Su sistema jurídico busca una justicia social, en donde introducen ya el concepto de


“Función Social de Derecho”, esta ley aparece con el mejor mecanismo para lograr una
justa composición y un equitativo del desarrollo de la sociedad donde se le adjudica el
cumplimiento de la política criminal en un compromiso de la sociedad en conjunto, la
pena resocializa y rehabilita al delincuente.

Un Control Social que influye para prevención del delito, la política de la criminalización de
conductas este adherida a una institución gubernamental creada para su desempeño

Los principales objetos de la Política Criminal según Liszt eran: La máxima eliminación de
las penas cortas de prisión y el frecuente uso de la multa; La aplicación de la condena
condicional donde fuere practicable; La ejecución de medidas educativas para jóvenes
delincuentes; La atención primordial a la naturaleza del criminal y de sus motivaciones; La
consideración del Estado Peligroso; La profilaxis de la inclinación criminal en desarrollo
(habitualidad y aprendizaje criminal); Formación profesional del personal penitenciario y
de la administración del Derecho Penal; La recepción de medidas de seguridad para
aquéllos supuestos en que lo aconsejaba el estado mental o la posibilidad de readaptación
o corrección del delincuente.

La evolución política criminal nos permite analizar el nacimiento de las políticas criminales
a nivel mundial, y así de esta manera conseguir el desarrollo armónico de nuestras
naciones, la capacidad de los estados para determinar lineamientos que deberán seguirse
a fin de lograr una mayor eficacia en la lucha contra la delincuencia común y organizada, y
establecer mecanismos de prevención que permita erradicar la criminalidad, con una
buena estructura jurídica que acceda garantizar los derechos humanos y la inserción del
delincuente hacia la sociedad con programas preventivos a fin de erradicar los diferentes
aspectos delincuenciales que aquejan a nuestra sociedad.
d. Principios

e. Características

La política criminal consiste en todas aquellas estrategias, instrumentos y acciones por


parte del Estado tendientes a controlar y prevenir delitos en cuanto a las conductas
criminales, lo cual debe existir voluntad política a través de las instituciones y llevar a cabo
programas de prevención del delito y acciones de campo para conocer los fenómenos
delictivos y atender el origen y las causas con el objeto de erradicar y así evitar que ciertos
delitos aumenten.

Sin embargo, el fin esencial de la política criminal debe ser la búsqueda de la extinción de
la criminalidad, pero es una utopía, porque lo más que se puede hacer es disminuir los
índices de violencia y delincuencia porque el delito existe y ha existido y existirá porque es
consustancial al ser humano, pero no es lo mismo un índice disminuido a altos índices de
criminalidad.

Es una labor del estado la prevención del delito para hacer frente a la criminalidad que
aqueja a la sociedad, y por desgracia se a privilegiado la represión, y por tal motivo el
Estado no a tomado su responsabilidad ni sus operadores y agentes.

Sin duda alguna la política criminal va apegado con el derecho penal (tiene por objeto
establecer las conductas prohibidas u ordenadas por la sociedad a través del legislador y la
ley para conservar el orden social como control social formal) y la criminología estudia al
delincuente y cómo se desarrolla el fenómeno delictivo en la sociedad, por tal motivo
dicha política se abastece de investigaciones y estudios de la familia, sociedad y
delincuente con programas preventivos tendentes de la proliferación de ciertos delitos.

El control social formal le corresponde al sistema de justicia penal y el contrato informal


le compete a la sociedad, como por ejemplo el deporte, cultura, recreación, salud entre
otros son parte del bienestar social. Indudablemente un pueblo que vive en una crisis
económica es generadora de una causa directa del aumento de la delincuencia.

Lamentablemente en México el nivel preventivo es pésimo ya que en el ámbito de


aplicación en el ámbito judicial se cree que llenando las cárceles de ciudadanos con eso se
atacara la delincuencia y es incorrecto. Al igual en el poder legislativo piensan que el
aumentando las penas a las comisiones delictivas y a las conductas cree que es las
solución es un grave error. Y en el poder ejecutivo se piensa que llenando cárceles
piensan que se acabara la delincuencia y es un grave error.
Por desgracia parece que el derecho penal parece que tiene una dedicatoria y se aplica
solo para los pobres, ya que la gente pudiente y rica no pisan las prisiones y es una cruda
realidad, donde en teoría nadie puede gozar de impunidad.

Un programa de política criminal debe llevarse a cabo conforme a los fenómenos y hechos
delictivos que surgen en sociedad, analizando todos los factores en el campo de la
realidad social. Y el gobierno debe asumir la responsabilidad en cuanto a investigar y
aprovechar lo que las ciencias le ponen a su disposición.

Es necesario y urgente que en México se debe contar con un programa de política


nacional criminal porque solo se cuenta con un programa nacional de seguridad pública
pero solo se habla balas, cascos, patrullas, armas pero a la prevención no se le toma
importancia como debiera estar, ya que es mejor prevenir que reprimir ya que las armas
en las calles no disminuye la violencia.

Por tal motivo el derecho penal no es la solución ya que no contribuye a solucionar los
altos índices delictivos en cuanto al grave problema de la delincuencia, pero lo que se
requiere es que haya una política criminal democrática, efectiva, audaz y responsable ya
que eso se requiere en el país.

La política criminal sirve para hacer una revisión critica de los sistemas de enjuiciamiento
criminal de orden democrático y garantista con estricto apego a derechos humanos,
debido proceso y dignidad humana, e investigar los fenómenos del delito basado en la
criminología, criminalística, sociología, trabajo social y antropología, y establecer nuevos
tipos penales (descripción de una conducta prohibida) basado en el poder legislativo,
aplicar una justicia democrática de acuerdo con el poder judicial con apego al respeto a
los derechos humanos y los tratados internacionales.

El Estado debe desarrollar estrategias para atender y atacar los altos índices delictivos que
aquejan a la nación y sociedad, a través y mediante directrices de política criminal de
acuerdo a los fenómenos y causas con el objeto de prevenir, enfrentar y controlar la
criminalidad.

f. La importancia de una Política Criminal del Estado

Para mejor comprender la importancia que tiene la política criminal en la sociedad,


diremos que ésta comparte como sustrato base, el de ser una política pública referida a
un ámbito determinado del conflicto social y opera cuando el Estado decide como
alternativa otorgarle al fenómeno específico la categoría de delito y a la persona que lo
comete, la calificación de delincuente.
El Estado debe desarrollar otras estrategias para su superación, sea mediante directrices
políticas generales (mega políticas públicas) dirigidas a los sistemas educativos, de salud,
de vivienda, de empleo, etcétera, o mediante acciones específicas para el caso dado y
particular (política pública referida a un rubro). En el primero de ellos, esto es, en los casos
en que las directrices generales, sistémicas y abstractas están dirigidas a la sociedad en su
conjunto como manifestación acreditada del poder público, diremos que estamos frente a
una política pública del mismo orden y en el segundo, solo a acciones asiladas con las
mismas características, pero enfocadas por el Estado para un caso específico y
determinado. Así la política pública, comprende a la política criminal y la circunscribe al
orden de los fenómenos criminales.

Siguiendo lo hasta aquí expuesto, debemos tener presente que en la actualidad existen
dos acepciones de la política pública, una como ciencia y otra, como instrumento del
poder político a través del cual materializa su ejercicio. Sus características, en tanto ciencia
—según Harold Laswell— redundan en que tienen distintas orientaciones por ser
multidisciplinarias y multimetódicas; están orientadas hacia problemas reales y
específicos; y su enfoque debe trazar un mapa contextual que incluya diversas etapas
(proceso, opciones, y resultados), con el fin de integrar los conocimientos técnicos
obtenidos de la práctica, refundirlos e incorporarlos como nuevo conocimiento para la
adecuada toma de decisiones por parte del Estado.

Si bien es cierto, hoy existe un significado diferenciado del concepto de las políticas
públicas, ya que no es un término preciso o acabado, que resulte identificable para todos.
Incluso no se traduce de la misma manera en todos los idiomas.

Sin embargo, asumiendo esta problemática, proponemos para los fines del trabajo indicar
que la política pública “Es la actividad, enfocada en definir y diseñar la intervención del
Estado frente a cuestiones socialmente problematizadas, orientada por las directrices de
la justicia, la equidad, la seguridad y el bien común, para procurar la convivencia social
pacífica”.

Al conformar la estrategia general, con la que el poder estatal enfrentará el fenómeno del
delito, supra determina a los órganos del sistema, sus atribuciones y las competencias que
para tal actividad se requieren, sirviendo de guía para dirigir la reacción de mayor
gravedad que un Estado puede intentar contra sus ciudadanos.

g. El caso de Guatemala

La Política Criminal Democrática del Estado de Guatemala, tiene como función esencial la
creación de las estrategias interinstitucionales para el abordaje articulado de los hechos y
fenómenos criminales priorizados, sobre la base de cuatro ejes o líneas de acción: la
prevención, la investigación, la sanción y la reinserción social, en coordinación con las
organizaciones de la sociedad civil y otros actores sociales del país. Se pretende enfrentar
la criminalidad y la violencia, bajo el paradigma de la seguridad humana, por lo que es una
política criminal inclusiva, orientada a atender también las particularidades de las
poblaciones vulnerabilidades, con perspectiva de género, pertinencia cultural y lingüística,
enfoque victimológico y consideración particular del derecho indígena.

En términos de la construcción de la democracia y la convivencia pacífica, la presente


política constituye un insumo de primer orden, para fortalecer la acción del Estado en
favor del bien común, la vida, el desarrollo humano, la paz y el fortalecimiento del Estado
de Derecho y la democracia.

En esa misma dirección, se promueve la cultura de legalidad, que obliga al respeto


irrestricto del marco normativo nacional e internacional vigente en el país. Se ha
construido como un esfuerzo que materializa el sueño de vivir en un país más seguro, libre
de violencia, orientado a asegurar a la juventud y a la niñez y a la población en general, los
espacios vitales que los alejen del crimen y les brinde la oportunidad de construir un
mejor futuro.
CONCLUSIÓN

La Criminología y la política criminal son parte de las ciencias penales. Lo anterior


significa que cada una de estas disciplinas, de forma individual y en su momento de
manera conjunta, puede entender y describir el fenómeno de la criminalidad y al sujeto
criminal que en él se representa.

Como ha quedado de forma manifiesta, el estudio de estas dos ciencias permite


visualizar que hoy el Derecho Penal no puede verse de forma absoluta aislado de lo que
las demás ciencias penales encaminan, en razón de que las dos ciencias que nos plantea
Manuel no pueden visualizarse de forma aislada, sino que ambas logran hacer un Derecho
Penal mas flexible a los cambios de derechos humanos y a los mínimos vitales que de
estos se establecen. De lo anterior se desprende que el estudio de esta obra permite
entender que un Estado requiere un avance significativo en todas sus ciencias penales,
que le doten de un significado efectivo al quehacer que éste ostenta.

La Criminología Política a menudo se entromete y pasa por encima de la


Criminología Científica, para reducir la gravedad del delito debemos volvernos
criminólogos efectivos tanto políticamente como científicamente.
La criminología es la ciencia encargada de investigar la conducta del delincuente
del porque este comete delitos; es por ello que es una ciencia tanto empírica como
interdisciplinaria puesto que se coadyuva de otras ciencias para el esclarecimiento de la
misma.

BIBLIOGRAFIAS

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