Criminología: Ciencia y Prevención del Delito
Criminología: Ciencia y Prevención del Delito
CONTENIDO DE PROGRAMA
Presentado por:
201541715
A:
LIC. MARCELO ANTONIO OROZCO OROZCO
a. Concepto.
Tiene como base el estudio del fenómeno criminal, así como en el proceso de definición y
sanción de la conducta desviada. Además, también se centra en la prevención y el
tratamiento de estas conductas.
Es importante diferenciar que para realizar el estudio de las diversas conductas delictivas,
es necesario hacer un análisis previo de las personas y su patología. De esta manera, al
realizar el estudio del comportamiento de la persona, estaremos adentrándonos a sus
debilidades y fortalezas, y por lo tanto a todos los aspectos que perjudican al ser humano
en su conducta. Posteriormente, analizar las similitudes y diferencias dentro de la misma
sociedad o sociedades con diversas culturas. Asimismo, debemos de partir del estudio del
ser humano como tal, antes de realizar una investigación sobre su conducta criminal.
Cabe señalar que el método científico empírico o experimental es sumamente útil para la
criminología puesto que requiere de una profunda observación, búsqueda de patrones en
el fenómeno u objeto estudiado, pruebas para intentar repetir de forma artificial estos
patrones y finalmente comprobación para saber si efectivamente se logró descubrir una
peculiaridad en los observado, una posible solución o la forma de evitar que esto suceda,
solo de esta manera puede decirse que realmente se conoce lo observado.
Debo agregar que lo hecho por la criminología, se estudia a un individuo o grupo social, se
buscan patrones de conducta, se intentan explicar las causas y factores determinantes en
estos patrones, se intenta repetir o provocar artificialmente los patrones observados y
finalmente se compra si efectivamente las causas y factores señalados son ciertos, de esta
manera no solo se logra explicar la conducta antisocial, sino también corregirla y
prevenirla.
Del mismo modo, la reacción social es la respuesta que el grupo social da a las conductas
desviadas. Esa respuesta puede ser más o menos espontánea, producto de los patrones
de vida propios del grupo, que terminan generando en los individuos que lo conforman
actitudes de aprobación, indiferencia o rechazo frente a determinadas conductas, o puede
consistir en el tratamiento que organismos institucionales especializados, de sociedades
más o menos complejas, dan a los comportamientos desviados de sus miembros. En el
primer evento se habla de una reacción social informal o no institucional y, en el segundo,
de una reacción social formal o institucional.
A pesar de esta visión negativa del control social, las conductas relevantes para las
investigaciones criminológicas parecen estar confinadas por las definiciones legales del
delito, lo cual podría parecer contradictorio considerando el continuo desafío al
ordenamiento legal como expresión de intereses minoritarios de clase.
Queda por aclarar que, el continuo criticismo sobre el rigor del sistema de justicia (que,
curiosamente, coexiste con la percepción lega de su lenidad y la impunidad que propicia) y
el fuerte énfasis en los discursos y argumentos de denuncia moral, antes que sobre
hechos y datos específicos; el orden se asume como desprovisto de legitimidad y su
prueba es considerada irrelevante. Conocimiento y discurso son rara vez incorporados a la
praxis del sistema de justicia penal, como si dicha incorporación, en la medida que
contribuya a incrementar su eficacia o eficiencia, implicaría la colusión de los intelectuales
con los representantes del orden opresivo.
2. EL MÉTODO DE LA CRIMINOLOGÍA.
Si vamos a referirnos a el saber empírico y saber normativo, tenemos que establecer que
son dos categorías antagónicas. que la Criminología pertenezca al ámbito de las ciencias
empíricas significa, en primer lugar, que su objeto, delito, delincuente, víctima, control
social se inserta en el mundo de lo real, de lo verificable, de lo mensurable, no en el de los
valores. que cuenta con un sólido substrato ontológico, presentándose al investigador
como un hecho más, como un fenómeno de la realidad. estructuralmente ello descarta
cualquier enfoque normativo. pero la naturaleza empírica de la criminología implica, ante
todo, que esta descansa más en hechos que en opiniones, más en la observación que en
discursos o silogismo. El proceder de juristas y criminalistas difiere sustancialmente. El
jurista parte de unas premisas correctas para deducir de ellas las oportunas
consecuencias. El criminalista, por el contrario, analiza unos datos e induce las
correspondientes conclusiones, pero sus hipótesis se verifican y/o doblegan siempre a la
fuerza de los hechos que prevalecen sobre los argumentos subjetivos, de autoridad.
Al respecto conviene decir que, la Criminología es una ciencia del ser, también una rama
empírica del derecho, una ciencia cultural del deber ser, normativa que la Criminología
perteneciente al ámbito de las ciencias empíricas significa, en primer lugar, que su objeto
delito, delincuente, víctimas y control social se inserta en el mundo de lo real, de lo
verificable, de lo mensurable y no en el de los valores. La naturaleza empírica de la
Criminología implica, ante todo, que esta descansa más en hechos que en opiniones, más
en la observación que en discursos o silogismos. La Criminología pretende conocer la
realidad para explicarla.
Vale la pena resaltar también que, el Derecho valora, ordena, y orienta aquella con una
serie de criterios axiológicos. La criminología se aproxima al fenómeno delictivo sin
prejuicios, sin mediaciones, procurando obtener una información directa de este. La
Criminología es una ciencia empírica, pero no necesariamente experimental. El método
experimental es un método empírico, pero no el único, y no todo método empírico, sin
embargo, tiene por fuerza naturaleza experimental. Pero el método empírico no es el
único método criminológico. Pues siendo el crimen, en definitiva, un fenómeno humano y
cultural, comprender el mismo elegirá del investigador una actitud abierta y flexible,
intuitiva, capaz de hallar las sutiles aristas y múltiples dimensiones de un profundo
problema humano y comunitario.
d. Limitaciones del método empírico.
Es evidente que, no sólo en el campo de las ciencias sociales y las de la conducta sino en el
de las de otro tiempo denominadas ciencias “exactas”. La moderna teoría de la ciencia y el
creciente auge de los métodos estadísticos y cuantitativos demuestran el triunfo
avasallador de un nuevo modelo de saber científico, más relativo, provisional, abierto e
inacabado.
En ese orden de ideas, se presume que la cientificidad de la criminología sola, significa que
esta disciplina, por el método que utiliza, está en condiciones de ofrecer una información
válida y fiable –no refutada- sobre el complejo problema del crimen, insertando los
numerosos y fragmentarios datos obtenidos del examen de éste en un marco teórico
definido. La corrección del método criminológico, garantiza el rigor del análisis de su
objeto, pero no puede eliminar la problemática del conocimiento científico, ni la
necesidad de interpretar los datos y formular las correspondientes teorías.
e. El principio interdisciplinario
De esta misma forma resulta pertinente mencionar que, son muchas las disciplinas
científicas que se ocupan del crimen como fenómeno individual y social. La Biología
(criminal), la Psicología (criminal, la sociología (criminal), con sus respectivos métodos,
enfoques y pretensiones han ido acumulando valiosos saberes especializados sobre aquél.
Ahora bien, el análisis científico reclama una instancia superior que integre y coordine las
informaciones sectoriales procedentes de las diversas disciplinas interesadas por el
fenómeno delict5ivo; que elimine posibles contradicciones internas e instrumentales un
genuino sistema de retroalimentación, según el cual cada conclusión particular se corrige
y enriquece al contrastarse con las obtenidas en otros ámbitos y disciplinas. Sólo a través
de dicho esfuerzo de síntesis e integración de las experiencias sectoriales y especializadas
cabe formular un diagnóstico científico, totalizador, del crimen, más allá de los
conocimientos fragmentarios, parciales e incompletos que puedan ofrecer aquéllas, y de
la peligrosa barbarie de los especialistas tan acertadamente denunciada por Ortega.
Debo añadir que, ésta es la función que corresponde a la Criminología, si bien el principio
interdisciplinario plantea espinosas dificultades tanto desde un punto de vista conceptual
como operativo.
Sin duda alguna, no cabe identificar la Criminología, desde luego, con ninguna de las
numerosas disciplinas que integran la enciclopedia del saber empírico sobre el crimen,
disciplinas, por cierto, todas ellas de igual rango e importancia en un modelo no piramidal
de ciencia.
Cabe resaltar que, el principio interdisciplinario, por tanto, es una exigencia estructural del
saber científico, impuesto por la naturaleza totalizadora de este, y no admite monopolios,
prioridades ni exclusiones entre las partes o sectores de su tronco común. De hecho,
además, parece obvio que la Criminología solo puede consolidarse como ciencia, como
ciencia autónoma, cuando consiguió emanciparse de aquellas disciplinas sectoriales en
torno a las que nació, y con las que, a menudo, se identificó indebidamente. Esto es,
cuando cobró conciencia de instancia superior, de su estructura interdisciplinaria.
Es un poco irónico el hecho que , el dicho entramado complejo, plural y heterogéneo que
sirve de substrato a la Criminología se invoca por un sector doctrinal para negar su
autonomía científica. Y por otro, para configurarla como auténtica meta disciplina o
superestructura ficticia sin objeto propio distinto del de cada una de las subdisciplinas que
la integran. Todo ello demuestra que la noción de interdisciplinariedad, dista mucho de
ser pacífica. Que subsiste la polémica sobre su delimitación respecto a otros conceptos en
apariencia afines, y sus implicaciones. Insinuar las dificultades prácticas, operativas, de
una Criminología efectivamente interdisciplinaria no parece necesario.
3. EL OBJETO DE LA CRIMINOLOGÍA.
Partía del principio de que los delincuentes eran seres patológicamente distintos a los
individuos no delincuentes.
La idea de que el objeto de estudio de la criminología viene delimitado por el Código Penal
y las leyes penales especiales, o sea la concepción legal del delito, se remonta a la Escuela
clásica, tiene una larga tradición y es, quizá, la más seguida en la doctrina española. De
acuerdo con el principio de legalidad, para que una conducta pueda considerarse delictiva
ha de encontrarse descrita (tipificada) en las leyes penales. Todo lo que no se encuentre
tipificado en dichas normas no puede ser considerado delictivo por muy injustos o dañino
que pueda ser; a la vez, todas las conductas incluidas en dichos cuerpos legales se
consideran delictivas.
Tomando como base esta postura legalista, el objeto de estudio de la criminología (delito)
es toda conducta injustificada que se encuentra tipificada en una ley penal, cometida sin
justificación o excusa y castigada por el Estado; y por delincuente o criminal ha de
entenderse todo aquel que incurra en una de dichas conductas. La ley penal define que es
el delito.
Es importante reconocer que, el criterio legal es insatisfactorio desde un punto de vista
científico:
No parece asumible que el objeto de estudio de una disciplina venga impuesto desde
fuera de la misma. Lo lógico es que cada disciplina defina ella misma qué va a estudiar y
cuál es su contenido y naturaleza.
Vale la pena hacer el análisis respectivo a la postura del legislador (no sigue un criterio
científicamente satisfactorio) y es quien legítimamente establece qué conductas son
delitos, no sigue un criterio satisfactorio desde el punto de vista de la explicación causal
de los delitos, sino que predominan los históricos y de oportunidad. De este modo es
difícil que pueda darse una explicación científica general convincente de una materia en la
que elementos irracionales y contradicciones tienen una fuerte presencia.
De esta forma se infiere que, las leyes penales son irremediablemente vagas e imprecisas.
Asimismo, se menciona que los cuerpos legales penales son cambiantes: con relativa
rapidez se tipifican nuevas conductas, mientras que delitos tradicionales se redefinen o
bien dejas de estar castigados.
Es muy importante recordar que. Garófalo, hace una sítensis sobre su teoría del delito
natural, siendo algo peculiar de este autor frente a las posturas de Ferri y Lombroso. Se
debe recordar que fue Profesor de Derecho penal en la Universidad de Nápoles y ejerció
también como Magistrado. Se plantea el problema de si existen una serie de conductas
que han sido consideradas delictivas en todos los tiempos y en todos los países. Considera
que ello no es posible, ya que las conductas sociales y el derecho son cambiantes, con
peculiaridades propias entre razas, países, etc. Se aproxima al Derecho natural, aunque su
postura no se basa en el mismo, al considerar que hay una serie de instintos morales
innatos que son herencia del individuo.
Como se explicaba, la Criminología tiene como objeto, ocuparse, de forma intrínseca, del
delincuente: de la persona, del infractor.
Entonces, esto nos encamina hacia el marxismo, por último, que responsabiliza del crimen
a determinadas estructuras económicas, de suerte que el infractor deviene mera víctima
inocente y fungible de aquéllas: la culpable es la sociedad.
Tomando como una sólida base, la tesis de Antonio García Pablos de Molina expuesta en
su obra, en la que dice que se parte de la normalidad del delito y el delincuente, postulado
que trató de razonar en otros obras, y que difiere sustancialmente de las cuatro tesis
expuestas. A mi juicio es el más ajustado a la realidad, a tenor de nuestros conocimientos
actuales; y el único que permite la búsqueda serena y reflexiva de una respuesta científica
al problema del crimen, libre de prejuicios.
Es evidente que cualquier estereotipo de hombre delincuente queda desmentido por una
realidad compleja, plural, diversa; ; en puridad, no es más que un recurso dialéctico.
Además, la tradicional polémica entre deterministas y partidarios de libre albedrío se ha
relativizado notablemente, eliminando las posturas más radicales de ambos extremos.
Es muy difícil negar la imagen mucho más rica, dinámica, pluridimensional e interactivo
del ser humano que aportan disciplinas empíricas como la Psicología, las ciencias de la
conducta, etcétera. El individuo no es un ser solitario, desarraigado, que se enfrenta con
su libertad existencia, sin condicionamientos, sin historia (tesis de los clásicos); pero
tampoco la mera concatenación de estímulos y respuestas, una máquina de reflejos y
hábitos, preso de su código biológico y genético (tesis positivista), que mira sólo al pasado;
ni una pieza insignificante en el engranaje del universo social, mero observador pasivo del
devenir histórico o víctima de las estructuras que él mismo se dio.
Antes bien, el hombre es un ser abierto y sin terminar. Abierto a los demás en un
permanente y dinámico proceso de comunicación. De interacción, condicionado, en
efecto, muy condicionado (por sí mismo, por los demás, por el medio), pero con
asombrosa capacidad para transformar y trascender el legado que recibió, y, sobre todo,
solidario del presente y con la mirada en el futuro propio y ajeno. Ese hombre, que
cumple las leyes o las infringe, no es el pecador, de los clásicos, irreal e insondable; Ni el
animal salvaje y peligroso, del positivismo, que inspira temor; ni el desvalido, de la
filosofía correccional, necesitado de tutela y asistencia; ni la pobre víctima de la sociedad,
mera coartada para reclamar la radical reforma de las estructuras de aquélla, como
proclaman las tesis marxistas. Es el hombre real e histórico de nuestro tiempo; que puede
acatar las leyes o incumplirlas por razones no siempre asequibles a nuestra mente; un ser
enigmático, complejo, torpe o genial, héroe o miserable, pero, en todo caso, un hombre
más, como cualquier otro.
Desde este punto, Hassemer, expresa que "desde los más diversos ámbitos del saber se
ha llamado la atención sobre el desmedido protagonismo del delincuente y el correlativo
abandono de la víctima, se ha dedicado exclusivamente a la persona del delincuente todos
los esfuerzos de elaboración científica, tiempo, dinero, hipótesis, investigaciones sin
preocuparse apenas de la víctima de los delitos".
Por ende, el actual redescubrimiento de la víctima y los estudios sobre el control social del
crimen, representan una positiva extensión del análisis científico hacia ámbitos
desconocidos.
Evidentemente, dicha ampliación tiene como fin paliar este olvido de las víctimas por
medio de estudios científicos que, desde las perspectivas interdisciplinarias, tengan por
objeto a la víctima como tal, a sus características y su personalidad, tanto en relación con
el hecho social (delito), como en función de su propia intervención en la dinámica social y
criminal.
Vale la pena resaltar que el Derecho Penal, se ha orientado en forma unilateral hacia el
autor del delito, dejando a la víctima en una posición marginal, cuando no limitada a su
participación como testigo en el esclarecimiento del hecho delictivo; incluso como testigo
se convierte en destinatario de serios compromisos y obligaciones, y portador de pocos o
ningún derecho.
Por otro lado, la criminología consideraba a las víctimas como un sujeto pasivo, neutro,
estático, que no contribuía en nada al hecho criminal. A mediados del presente siglo es
que el movimiento victimológico emprende estudios sobre lo que Mendelsohn llama la
"Pareja Criminal", dándole a la víctima una visión más activa, capaz de contribuir en la
génesis y dinámica de una conducta delictiva.
Frente a la gran preocupación por el criminal, la criminología había olvidado casi en forma
absoluta a las víctimas de los delitos. Este hecho tiene varias explicaciones, una de ellas es
que nos identificamos con el infractor y jamás con la víctima; quizás sea que admiramos al
criminal que se atreve a hacer lo que nosotros no haríamos y no admiramos a la víctima,
ya que nadie se identifica con el perdedor, el lesionado, maltratado, estafado o violado.
Sin embargo, a partir de las primeras investigaciones sobre la víctima los científicos se
llevaron una sorpresa al descubrir que, en una notable cantidad de hechos, la víctima
tenía una gran participación en los sucesos y, en otras ocasiones, era la verdadera
causante del delito, saltando a la vista que la víctima puede ser objeto de estudio y análisis
desde dos puntos de vista, bien bajo su comportamiento individual o bien en función de
sus relaciones con el autor del delito. Desde estos puntos de vista, la víctima ha de cobrar
una especial importancia en materia penal para completar el diagnóstico de hecho
delictivo.
El progresivo interés por la víctima fue acompañado e incentivado por diversos factores o
circunstancias:
Poco a poco se van desarrollando las investigaciones respecto a las víctimas, pasando del
estudio de la pareja criminal y fenómeno de interacción al estudio de otro tema del que
resulta un núcleo de conocimientos sobre actitudes y propensiones de los sujetos para
convertirse en víctimas, tipología victimaria, daños que padecen las víctimas como
consecuencia del delito (victimización secundaria), la criminalización de determinadas
infracciones equivocadamente denominadas "delitos sin víctimas".
Otro elemento que contribuyó al resurgimiento de las víctimas son los aportes
experimentales de Latane y Darley, en la década de los años setenta, sobre la dinámica de
la intervención de los espectadores en las situaciones de emergencia, estudios de
psicología social en torno al comportamiento de asistencia -o de abandono- hacia la
víctima del delito, capaces de arrojar luz sobre reacciones insolidarias y pasivas de testigos
presenciales de un crimen violento que asombró a la opinión pública.
Revisando los superados estereotipos clásicos, productos del análisis formalista y estático
de la criminología tradicional, este nuevo enfoque crítico interaccionista aporta una
imagen verosímil de la víctima, de su comportamiento, relaciones con otros protagonistas
del hecho criminal que, lógicamente, sugiere actitudes y respuestas muy distintas de la
sociedad y poderes públicos respecto al "problema criminal".
Vale la pena resaltar que, en criminología, se denomina control social a la influencia que
ejercen determinados elementos componentes de una sociedad, en la forma de
comportarse de sus asociados.
Es menester analizar que, el control social puede definirse de una forma genérica como el
conjunto de instituciones, estrategias y sanciones sociales que pretenden garantizar el
sometimiento del individuo a las normas sociales o leyes imperantes, generalmente dichos
mecanismos actúan en el individuo de una forma inconsciente ya que las ha aprendido
durante el proceso de socialización. Durante la infancia, en el proceso de socialización el
individuo aprende e interioriza lo que en su sociedad y cultura se considera o no
apropiado, más tarde también aprenderá cuáles son los comportamientos que se
consideran delictivos y penados por las leyes vigentes.
El control social puede entenderse por un lado como una estrategia de administración del
orden, y por otro, como un instrumento de dominación legitimado por la base social. El
desarrollo del concepto de “control social” se presenta con los sociólogos (criminólogos)
norteamericanos y se atribuye a Edward Ross el creador de este término si bien, Roberto
Bergalli considera ser el primero en haber empleado la expresión sociología del control
penal, al menos en castellano. Puede entenderse por lo tanto el control social como una
forma de presión social informal y difusa, que tiene como objeto evitar la conducta
delictiva.
- El control difuso: Tiene como campo de acción elementos socializadores como la familia,
los grupos religiosos, los medios de comunicación etc. como grupos encargados de
reprimir aquellas conductas que afecten los propios valores del grupo, tratándose en este
caso de un tipo de control social más indirecto.
- El control social formal: También denominado control social primario, es el que tiene
como función principal el cumplimiento de las estrategias de prevención y represión, es el
que está establecido legalmente. Identificado como el establecimiento de procedimientos
públicos que se delega en determinadas instituciones que están en función de
conseguirlo. Dentro del control social formal encontramos la norma penal y el sistema
jurídico penal.
El delito como fenómeno social es producto de la desigualdad social por lo que los
cambios estructurales, con las correspondientes transformaciones económicas y sociales,
constituyen la base objetiva para el desarrollo de estrategias de prevención del delito y de
las conductas delictivas, debiendo ellas estar enmarcadas dentro del contexto del
desarrollo económico como garantía de su eficaz ejecución. Por lo tanto ésta trasciende el
marco jurídico penal para convertirse en una actividad intersectorial que incide sobre
todos los factores de la sociedad.
4. FUNCIONES DE LA CRIMINOLOGÍA.
Es pertinente que podamos recordar que, la Criminología no es una ciencia exacta, capaz
de explicar el fenómeno delictivo formulando leyes universales y relaciones de causa a
efecto. La conocida crisis del paradigma causal explicativo obliga a relativizar la supuesta
exactitud del conocimiento científico y con ella el ideal de cientificidad heredado del siglo
XIX que tomaba como modelo las entonces denominadas ciencias exactas.
Para ello, los esquemas causales pierden hoy el monopolio de la explicación de los
fenómenos, especialmente de los hechos humanos y culturales, que escapan a la simplista
ley de la causación física y natural. El racionalismo crítico ha desmitificado la infabilidad y
universalidad del conocimiento científico. El sistema conceptual de éste no aparece ya
como un asunto de una verdad objetiva, sino como conjunto de proposiciones e hipótesis
no refutadas, que, en todo caso, nunca podrán verificarse con absoluto rigor.
Se ha llegado al punto de afirmar, por ello, que el método científico es, en definitiva, una
técnica de la refutación; y la investigación científica, más una crítica del conocimiento que
una imposible búsqueda de la verdad.
En ese orden de ideas, se manifiesta que a ello se debe la prudente actitud de reserva que
caracteriza a la moderna etiología criminal; el desprestigio de las teorías mono causales,
que tratan de reconducir, sin éxito, la explicación del delito a un determinado factor en
virtud de inflexibles relaciones de causa a efecto; e incluso el abandono de la terminología
convencional, proclive al empleo de conceptos importados de las ciencias naturales, como
el concepto de causa.
De esa forma, parece más realista propugnar como función básica de la Criminología la
obtención de un núcleo de conocimientos asegurados sobre el crimen, el delincuente y el
control social. Núcleo de conocimientos, esto es, saber sistemático, ordenado,
generalizador; y no mera acumulación de datos o informaciones aisladas e inconexas.
Llama poderosamente la atención que el conocimiento científico es, obtenido con método
y técnicas de investigación rigurosas, fiables y no refutadas, que toman cuerpo en
proposiciones contrastado y elaborado los datos empíricos iniciales.
Tampoco puede concebirse la Criminología, sin más, como una poderosa central de
informaciones sobre el crimen a modo de gigantesco banco de datos.
La obtención de datos no es un fin en sí mismo, sino un medio; los datos son material
bruto, neutro, que tienen que ser interpretados con arreglo a una teoría. No basta sólo su
obtención y almacenamiento. Una Criminología concebida como mera central de
informaciones, como banco de datos, corre el mismo peligro que corrieron los archivos y
registros europeos de los años 30, convertidos en cementerios de datos por el cariz
biológico de las informaciones que almacenaban. Bastó la crisis de las teorías biológicas
para que deviniera estéril todo el esfuerzo acumulado a lo largo de años de tales archivos.
Es obvio que la información que pueda suministrar un banco de datos, por completo que
sea el programa del mismo, será siempre una información estática, rígida, cuyas claves
traza inexorablemente aquél.
5. LA HISTORIA DE LA CRIMINOLOGÍA.
Tal y como acuña Carlos Daniel Figueroa en su libro estudios sociales las leyes de indias
decían que el indígena puede conservar sus costumbres a condición que fueran en contra
de la religión cristiana, al indígena se debe de tratar como un hombre libre, no tiene que
prestar servicio militar, ni pagar diezmos, debe de tener abogado encargado de
defenderlo, sin cobrarle y manifiesta que el gran problema de estas leyes es que los
españoles las aceptaron pero no las cumplieron, los principales defensores de los indios
en esta época fueron Fray Antón de Montesinos y Fray Bartolomé de las Casas.
Como se puede estudiar, el derecho penal viene resurgiendo desde antes de que se pueda
imaginar en estas leyes vemos el claro ejemplo del derecho de defensa y que se tutela la
libertad del ser humano.
Se hace énfasis que los dos cuerpos legales más importantes en esta época eran las siete
partidas y la nueva recopilación.
Las siete partidas: También denominadas como ‘’fuero de las leyes’’ pero se les dio como
nombre definitivo las siete partidas, estas fueron iniciadas en 1256 por encargo del rey de
castilla Alfonso X , más conocido como el Sabio y entró en vigor en 1348 durante el
reinado de Alfonso XI, esta obra estaba inspirada en las leyes decretales, en el derecho
castellano antiguo y sobre todo en el derecho romano que como sabemos inspira muchos
ordenamientos jurídicos.
Esta abarcaba el derecho penal y el procedimiento penal en su partida séptima, según los
autores del manual del derecho penal guatemalteco, Mayorga Morales en su tesis indica
que esta partida mejora infinitamente la jurisprudencia criminal de los cuadernos
municipales de castilla, por su bello método y estilo, por la regularidad de los
procedimientos judiciales, clasificación de los delitos o calidad de las penas.
Nueva recopilación:
- El juez al aplicar las penas debía hacerlo de acuerdo a las circunstancias que hubieran
rodeado el acto delictivo -se aplicaba anteriormente por el sistema inquisitivo que rigió en
Guatemala hasta 1992.
- La edad mínima para aplicar penas 17 años -derechos de menores actualmente decreto
27-2003 que rige lo relativo a menores y su propio código de la niñez.
- Las penas constituían castigos corporales o dinerarios, existía la pena de muerte pero
esta necesidad debía probarse estrictamente con pruebas claras que no dejaran margen
de duda en cuanto a la culpabilidad.
- En caso el condenado escapara del lugar de destierro y fuera recapturado, el juez debía
doblarle la condena y en caso la condena hubiere sido cadena perpetua se condenaba a
muerte. - figura actual evasión.
- Vale la pena mencionar que, la pena de destierro era aplicada únicamente por delitos
políticos.
- Las multas se destinaban la mitad a la cámara del rey y la otra a las obras públicas que el
juez dispusiera, según Mayorga Morales esta disposición estuvo vigente hasta en 1985
año en que fue abrogada por la nueva constitución.
- Las condenas debían ser impuestas al delincuente solo después de probado el delito
mediante medios de prueba aceptados por el derecho o mediante confesión del
delincuente -valoración de la prueba; de la defensa de los intereses del fisco real y debían
intervenir en los asuntos de interés público como los penales debido a que el delito es un
hecho antisocial.
De este modo, se estudia como la historia entonces resalta los caracteres del derecho
penal desde hace muchos años y enseña cómo ha prevalecido éste ajustándose a la
sociedad, por lo tanto el derecho penal anterior ha dejado rastros pero ha cambiado
según cada necesidad y avance de la sociedad y es de distinta aplicación según cada etapa
de la sociedad, nace de allí entonces la inquietud de crear un nuevo código penal que
ajuste a esta sociedad como se ha hecho época con época. No se trata únicamente del
código penal según la historia el sistema penal completo ha cambiado y se ha ajustado
pero debemos empezar por algo como lo es ajustar entonces un código que de margen o
pauta a un ordenamiento jurídico penal con el cual el estado no descuide un solo tema, un
solo bien jurídico.
c. El origen de la cárcel:
Es fácil imaginar que es un proceso bastante complejo, lento y con diferencias entre países
igual de interesantes que sus similitudes. Todo esto ha dado lugar a explicaciones también
dispares. Así, coexisten explicaciones que ubican estas transformaciones en cambios en la
economía del poder y la formación de un discurso científico (Foucault) con otras que
señalan su surgimiento como una consecuencia no intencionada de una voluntad
bienintencionada de ayudar a los pobres (Rothman). También existen explicaciones que
relacionan este proceso con la necesidad de inculcar a los campesinos la disciplina
necesaria en las nuevas fábricas urbanas (Melossi y Pavarini) que conviven con teorías que
señalan la importancia de la transformación de sensibilidades culturales y la formación de
los Estados centralizados (Spierenburg), o hasta que, en su mayoría, el proceso se debió al
humanitarismo de los reformadores (Ignatieff).
En todo caso, el objetivo de estas entradas sigue siendo abrir cuestiones para la reflexión,
más que cerrarlas. Saber que la cárcel es un invento moderno, y que sus orígenes están
ligados a la gestión de grupos de poblaciones marginales, es un paso más hacia su
desnaturalización y consiguiente repolitización, pues la cárcel es, y siempre ha sido, un
instrumento político (y no una mera respuesta automática y evidente a los delitos).
- El panóptico de Bentham.
El panóptico era un tipo de arquitectura carcelaria ideada por el filósofo utilitarista Jeremy
Bentham hacia fines del siglo XVIII. El objetivo de la estructura panóptica era permitir a su
guardián, guarecido en una torre central, observar a todos los prisioneros, recluidos en
celdas individuales alrededor de la torre, sin que estos puedan saber si son observados.
El idea de Bentham, basado en una asimetría de la relación visual entre los humanos al
otorgarle más poder al que ve que a quienes son vistos, fue inspirada por los planos de
fábricas enfocados en una vigilancia y una coordinación eficaz de los obreros. Estos planes
fueron imaginados por su hermano Samuel, con el objetivo de simplificar el empleo de un
gran número de trabajadores. Bentham completa este proyecto mezclando la idea de
jerarquía contractual: verbigracia, una administración regida así (por contrato, lo opuesto
a una gestión de confianza) donde el director tendría un interés financiero en lograr
disminuir las tasas de accidentes de trabajo. El panóptico fue creado así por ser menos
costoso que los otros modelos carcelarios de la época al requerir de menos empleados.
«Déjenme construir una prisión con este modelo [solicita Bentham al Comité para la
Reforma Penal]. Yo seré el guardián. Vosotros veréis […] que los guardias no necesitarán
de salario, y no costarán nada al Estado». Los vigilantes no podrían ser observados, no
tenían la necesidad de ser vistos en su puesto a todo momento y esto permitía que
finalmente abandonaran la vigilancia durante su servicio. El mismo Bentham deseó una
puesta en abismo de la vigilancia, los mismos guardias debían ser vigilados por otros
guardias que proviniesen del exterior, con el fin de limitar el maltrato de los detenidos y el
abuso de poder –con todo, esta idea se contrapone con el plan económico de disminuir la
cantidad de guardias-. Según Bentham, la torre central debía ser transformada en capilla
durante los domingos, a fin de moralizar a los criminales.
Bentham consagra una larga parte de su tiempo y casi toda su fortuna personal en la
promoción de la construcción de las prisiones panópticas. Luego de largos años de
rechazo, de dificultades políticas y financieras, logra obtener el acuerdo del Parlamento
Británico. El proyecto sin embargo es abortado durante 1811, ya que el rey se opuso a la
adquisición del terreno.
Algunos otros autores, en el siglo XVII y XVIII, movidos por ideales humanitarios, también
publican obras similares a la de John Howard, ninguna logra el alcance ni la acogida que
obtiene El Estado de las prisiones..., entre gobernantes, políticos, filántropos y filósofos,
principalmente porque en ella el autor no se contenta sólo con describir los horrores que
presencia en las cárceles que visita, sino que se da a la tarea de unir las mejores
características de los establecimientos que ha visitado en toda Europa y proponer
lineamientos generales para la estructura y administración de las prisiones del porvenir.
Esto, con el propósito de aliviar las miserias de quienes se encuentran recluidos y mejorar
así sus posibilidades de regeneración moral; nociones que se mantienen dos siglos
después, tal como menciona el doctor Israel Drapkin: “Es indiscutible que si se le da a la
pena un signifi cado de castigo, de venganza de la sociedad contra el delincuente que ha
transgredido sus normas, éste quedará con un rencor en contra de la justicia, y estimará
que una vez cumplida su pena ya no estará en deuda con la sociedad y podrá conducirse
como desee”.
Resaltan entre las ideas de Howard, contenidas en su obra El Estado de las prisiones…,
pueden mencionarse las referidas a castigos y torturas, alimentación, a salud y disciplina,
a reglamentos, administración e infraestructura; las cuales se analizan a continuación:
Castigos y Torturas:
El uso de la tortura como medio para lograr la confesión, común en la Edad Media, se
mantiene en este período en países como España, durante el establecimiento de la
Inquisición19, y también en una de las prisiones de San Petersburgo, en Rusia: “El jefe de
policía de San Petersburgo tuvo la gentileza de dedicarme un tiempo para mostrarme
todos los instrumentos comúnmente usados para castigar; el hacha y el tajo; la máquina
para descoyuntar brazos y piernas (ya no se usa); el instrumento para cortar o lacerar las
fosas nasales; el que se emplea para marcar al delincuente (se marca la piel con una serie
de punciones, heridas que a continuación se frotan con pólvora), y dos tipos de látigo, el
knut y el “gato”, este último consistente en un número de correas, entre dos y diez”.
En muchos establecimientos de la Europa del período acotado, los presos debían procurar
su alimento y, en algunos casos, hasta el mismo lecho para dormir, pagando con trabajos
forzados el sueldo de los carceleros27. Si bien en muchas prisiones y casas de corrección
los internos reciben una pequeña suma diaria de dinero y una ración de alimento
determinada por las autoridades, en algunos casos, como en el de los deudores, ese
dinero pasa directamente a sus acreedores.
Los trabajos en las casas de corrección varían en cuanto al tipo de labor e intensidad; en
Holanda, por ejemplo, a los presos varones se les emplea en las llamadas Rasp-Houses,
donde escofinan madera, mientras que las mujeres trabajan en las Spin-Houses, donde
hilan lana o lino, percibiendo cierta suma de dinero que les ayuda a mantenerse. Este tipo
de trabajo se repite en países como Dinamarca, Alemania, Francia y Suecia y es de interés,
primero, porque da cuenta de la relación que se hace en los países industrializados de este
período entre ocio y delincuencia.
Tal como refiere Howard, es una opinión consensuada de la época que la falta de
ocupación, el ocio, trae consigo falta de disciplina, constancia y, por lo tanto, propensión a
lo fácil, a la vagancia y al delito28. Por lo tanto, una “cura” para este mal es el trabajo,
mediante el cual los encarcelados deben mantenerse ocupados, obteniendo los valores y
competencias que los mantendrán, al salir del establecimiento, alejados de la
delincuencia; esto es, obtener a través de la corrección, una disciplina que se orienta hacia
la producción.
En segundo lugar, la idea de que el trabajo sería una regeneración moral, refleja una
concepción utilitaria del encarcelamiento, idea que se impone en muchas sociedades de la
época, en que el preso no sólo debe pagar su afrenta a la sociedad mediante la pérdida de
su libertad, entendida como bien jurídico o privilegio, sino que también a través de su
esfuerzo y del trabajo de su cuerpo, al que no se castiga sólo físicamente, sino que se le
utiliza. En Chile, por ejemplo, esta idea de hacer trabajar a los presos a favor del Estado es
introducida, a principios del siglo XIX, en los presidios ambulantes propuestos por Diego
Portales.
Es bastante curioso el enfoque que consistía en unir prisión e industria y que también la
incluye el autor británico Jeremy Bentham, a finales del siglo XVIII, para su casa de
corrección Panóptica, donde se establece un estilo de administración por contrato o
concesión a privados, los cuales le pagan al Estado para utilizar a los internos en sus
industrias o negocios. La principal responsabilidad de los empresarios sería, por lo tanto,
asegurar el funcionamiento económico del establecimiento, así como también, cautelar
las condiciones de los prisioneros trabajadores30. Estas iniciativas son muy novedosas y
podrían considerarse como antecedentes de los actuales modelos de concesión de
servicios penitenciarios que se utilizan en diversos países, entre ellos Chile.
Según la perspectiva de Howard, esta práctica resulta perniciosa tanto para la moral como
para las costumbres de los reclusos: “Se encierra a los presos juntos, sin establecer
ninguna distinción: deudores y malhechores, hombres y mujeres, jóvenes delincuentes
novatos y delincuentes empedernidos […] Durante el día en pocas cárceles se separa a los
hombres y mujeres. En algunos condados la cárcel también se utiliza como correccional;
en otros, estos establecimientos están contiguos y comparten un mismo patio. En estos
casos el delincuente menor aprende mucho de los delincuentes envilecidos. Hay prisiones
donde se ven chicos de 12 a 14 años escuchando atentamente los relatos de aventuras,
éxitos, estratagemas y evasiones por parte de criminales de gran experiencia y largo
historial”.
Podemos inferir que, un concepto que une un nuevo diseño arquitectónico, el de las
celdas individuales, con una concepción de la espiritualidad como herramienta
regeneradora de la moral. Los orígenes de estas ideas podrían encontrarse, por ejemplo,
en el sistema de celdas de oración de los monasterios europeos, y en los exámenes de
conciencia que vienen realizando algunas órdenes religiosas desde el siglo XVI, como por
ejemplo, los Ejercicios Espirituales de la Compañía de Jesús.
6. LA CRIMINOLOGÍA EN LA REVOLUCIÓN INDUSTRIAL.
a. La Escuela Positiva:
El surgimiento del positivismo fue consecuencia del auge alcanzado por las ciencias
naturales en los estudios filosóficos del siglo XIX, y se hizo sentir en todas las disciplinas
incluyendo al derecho, la psiquiatría, la criminología y la psicología.
El positivismo es una postura filosófica que tuvo un impacto y por tanto una influencia
enorme en el campo de lo científico y por supuesto la búsqueda del conocimiento
comprobable y válido también hizo eco, como se señalo anteriormente, en la criminología,
el derecho penal y la política criminal.
Se entiende entonces que, el hombre y la ciencia serían artífices de todas las explicaciones
y los descubrimientos, capaces de superar todas las enfermedades, los obstáculos sociales
y hasta la propia naturaleza.
Augusto Comte ha sido como el padre del positivismo, a partir de él justamente se inicia el
interés por clasificar las ciencias. El postulado de esta escuela se basa en el culto a los
hechos, a los fenómenos, a lo dado; toman patrones de las ciencias naturales y pretenden
trasladarlos al derecho penal.
Fueron 3 los personajes más representativos dentro de la escuela positiva: Lombroso,
Ferri y Garófalo, cuyos apuntes biográficos se incluyen en la unidad correspondiente a la
historia de la criminología.
Según Ferri, el hombre no es el rey de la creación, como tampoco la tierra es el centro del
universo, sino una combinación transitoria. El positivismo criminológico inserta el
comportamiento del individuo en la dinámica de causas y efectos que rige el mundo
natural o el mundo social: en una cadena de estímulos y respuestas, determinantes
internos (biológicos) o externos (sociales).
Vale la pena resaltar que, la escuela positiva se inicia como una reacción a la escuela
clásica. De origen italiana, acusa a los clásicos de descuidar a la figura del delincuente por
realizar solo una conceptuación dogmática y lógica, puramente basada en el derecho. Esta
nueva visión provocó un cambio de método en el estudio del delincuente, el medio, el
delito y de las posibles soluciones que podían aportar los avances científicos del
momento, que tenían como base las ideas evolucionistas.
Es interesante poder observar como la primera pregunta que se hacen los positivistas es
cómo poder controlar el fenómeno (criminalidad) y prevenirlo; la prevención no es nada
diferente de la preparación y disposición que anticipadamente se haga para evitar que
algo acontezca. ¿Cómo podemos prevenir la muerte por inundación, o la fiebre, o el
contagio? Pues teniendo un previo conocimiento, experiencias que nos vayan
suministrando datos, factores que nos permitan facilitar la acción o decisión oportuna y
correcta.
De esa forma, podemos pronosticar las causas de por qué delinque, con tal conocimiento
aplicaremos el correctivo y como consecuencia lógica podremos controlar el problema.
Tomando eso como base, podemos explicar que, la escuela positivista propone la
necesidad de profundizar en el estudio natural del delito y sus causas, lo que permitirá
descubrir las medidas correctivas para combatir el fenómeno, pretendiendo incluso que
un día se podría llegar a predecir quién y en qué forma delinquirá; más aún, el número de
delitos que se darían en cada época o región.
Es menester resaltar que, los excesos de la escuela clásica provocan la siguiente reacción,
dando lugar a la aparición de una orientación nueva, que abunda precisamente en los
puntos descuidados por los clásicos y parte de presupuestos contrarios a los que han
servido de base a estos. Se dan, pues, una serie de factores históricos y condiciones de
naturaleza muy variada que justifican la aparición de la escuela positiva y, en gran parte,
sirven para explicar el éxito que pronto alcanzó.
d) Los nuevos estudios en el campo de las ciencias sociales, en particular los de Guerri,
que sometiendo a la estadística los fenómenos sociales -incluida la criminalidad
demostraron que ellos, pese al aparente desorden, dominaban la regularidad y la
uniformidad, por lo que era posible formular leyes que los expresan con precisión.
e) Las nuevas ideologías políticas que, al mismo tiempo que predicaban que el Estado
debía asumir una función positiva de realización de fines sociales, reconocían que en la
protección de los derechos del individuo se había ido más allá de los límites necesarios,
sacrificando a los intereses de la colectividad.
Entre los fundadores de la escuela positiva, destacan César Lombroso, Enrique Ferri y
Rafael Garófalo. El principal medio de difusión de esta escuela fue la revista Archivi di
psichiatria, scienze penali e antropologia criminale“.
Este tipo de criminal atávico podía ser reconocido debido a una serie de estigmas físicos o
anomalías, como por ejemplo, el excesivo desarrollo del cerebelo, asimetría del rostro,
dentición anormal, y lo que se considera como la característica más atávica en los
criminales, a saber, el hoyuelo en medio del occipital.
Enrico Ferri –afamado abogado adherido al fascismo, militante en un principio del Partido
Socialista Popular- desde su época de estudiante se pronunció completamente en contra
de la Escuela Clásica y del pensamiento del derecho penal liberal. Para él, el hombre es
una máquina que no posee autodeterminación con respecto a su conducta, sino que ésta
era completamente predeterminada por distintos factores que en cierto momento
invariablemente terminarían en la comisión de un delito. Al respecto y en la búsqueda de
la formulación de los fenómenos determinantes de la conducta, Ferri elaboró la ley de
saturación, de acuerdo con ésta.
Con base en esta afirmación, cada año el nivel de criminalidad estaría determinado por
diversas condiciones físicas y sociales en combinación con factores congénitos y de
impulsos del individuo, sin embargo, resultaba importante cuestionar qué medio social
exactamente era al que se refería, a qué condiciones y de qué cantidad de delitos se
estaba hablando; porque ciertamente la ley de saturación era más bien un supuesto
formulado de una manera muy ambigua.
Vale la pena mencionar algunas de las ideas radicales que manejaba Ferri, en las cuales
establecía que las penas y/o castigos eran ineficaces, proponiendo entonces una gran
cantidad de medidas de reforma social encaminadas a la prevención.
“Los delitos universales serían, para Garófalo, aquellos que provocan un reproche
universal, lesionando reglas que facilitan la vida social”. Derivado de la afirmación de la
existencia de delitos constantes en el mundo y delitos propios de cada región, Garófalo
propuso crear dos códigos penales, uno para los delitos universales y otro acorde a cada
país y sus necesidades. Al igual que Lombroso y Ferri, estableció una clasificación para los
delincuentes, sin embargo ésta se basaba también en parámetros subjetivos, imprecisos y
difíciles de diferenciar. Cabe destacar que se de hecho se distanció marcadamente de la
antropología de Lombroso y del sociologismo de Ferri, compartiendo con ellos
únicamente la idea de defensa social como fundamento de la política criminal. Garófalo es
el jurista; pretende dar organización jurídica a las concepciones positivas y produce la
definición del delito natural.
Vale la pena resaltar que el modelo científico en el que se inspira la ciencia del Derecho
penal tanto en Alemania como en Italia desde la última década del siglo precedente hasta
10s años treinta del corriente, en las orientaciones que dominaron en este periodo en
ambos países se basa sobre la integración de la dogmática penal con las disciplinas
antropológicas y sociológicas, las cuales constituyen las partes principales de la
criminología oficiales de esa época.
Vale la pena mencionar que, el éxito del modelo integral de ciencia penal, de la
denominada gesamte Strafrechts wissenschaft puede ser explicado no solamente a partir
de la convergencia entre la dogmática y la criminología en lo que se refiere a la
legitimación del sistema penal, sino también con el hecho de que la criminología
positivista se encontraba comprometida con la ideología dominante en la ciencia del
derecho penal. El contenido de esa ideología, no obstante, las transformaciones ocurridas
en la dogmática penal después de los años treinta, ha permanecido relativamente
constante. No se trata de una ideología exclusiva de los juristas, sino que es una que se
corresponde con el saber común acerca de la criminalidad y de la pena.
El autor más relevante es Bertillon Desarrolla una técnica de identificación de los delitos a
través de 11 medidas corporales: longitud de brazo, dedos, distintas distancias; sirve junto
a la fotografía como medio de identificación de delincuentes.
-Antropología.
Dos autores: Goring, Otón, Goring más moderado dentro al planteamiento lombrosiano,
Hooton lombrosiano radical. Establecieron comparaciones empíricas entre grupos de
delincuentes y grupos de control (no delincuentes).
Otón: define un prototipo criminal al igual que Lombroso, llega a una descripción física
completa del delincuente.
-Biotipología.
1º Escuela Alemana
Representada por Kertschmer pionero de la tipología criminal en base a los caracteres
somáticos y la tipología constitucional.
Tipología Constitucional.
Otra tipología constitucional: en la que se divide a los individuos según sus características
físicas en:
-Tipo atlético
Tipología Temperamental:
-Viscoso: (el menos definido) constitución atlética, combina rasgos de los anteriores.
Tampoco define mucho temperamento: carácter residual tipo mixto.
Por el contrario, los individuos atléticos presentan rasgos más claramente criminógenos:
inclinación a la violencia y a la agresividad.
-Endocrinología
-Vitaminas: está contrastado que las vitaminas del grupo B afectan al funcionamiento del
sistema nervioso. (facilitan la concentración y el rendimiento intelectual). A veces la
carencia o una defectuosa metabolización de las mismas dificultan el funcionamiento del
sistema nervioso.
-Genética Criminal
b) Estudio sobre gemelos, coincidencias delictivas en gemelos o no. Distinción entre los
gemelos uno cigóticos o univitelinos (mismo óvulo). Y los que vienen de distinto óvulo
dicigóticos vitelinos, los del mismo óvulo son genéticamente idénticos y los que no
proceden del mismo óvulo no. La mayor coincidencia se da en los que tienen mayor carga
genética monocigóticos, también la coincidencia es cualitativa, y es mayor en los delitos
de componente sexual.
-Síndrome de Turner (XX XY). Malformación cromosómica que determina una mujer con
rasgos masculinos.
-Duplicación del cromosoma Y. (XYY) Trisomía. Hombre con rasgos masculinos muy
desarrollados.
Hay que verificar las incidencias de estas malformaciones en la conducta criminal. En los
dos síndromes primeros la incidencia no es significativa, no se ha podido demostrar
correlación. Sin embargo, en la duplicación del cromosoma y, si hay correlación con la
población reclusa. Este síndrome produce un gran desarrollo de la fuerza bruta,
temperamento agresivo y violento y se ha constatado que en las cárceles hay muchos
individuos con esta malformación.
b) Estudio en hijos adoptivos: Diferencia entre padre adoptivo convivencia familiar, pero
sin la carga genética.
Es importante: porque se pueden aislar los factores genéticos y ambientales â las mayores
coincidencias se dan en el factor genético aislado del factor ambiental. Padre adoptivo.
Planteamiento Moderado:
Derivación de la psiquiatría enfoque del psicoanálisis Freud enfoque con entidad propia.
Según la teoría cognitivo-conductual el modo como una persona piensa, percibe, analiza y
valora la realidad influye en su ajuste emocional y conductual (Garrido, 2005); así, la
literatura relaciona el comportamiento antisocial con estructuras cognitivas
distorsionadas o pro delictivas en tanto que éstas precipitan, alimentan, amparan o
excusan las actividades delictivas (Redondo, 2008). Estas distorsiones pueden hacer que
cada sujeto, para justificar su comportamiento antisocial, describa el delito desde su
propia perspectiva, llegando incluso éstas, en casos como el delincuente sexual, a
funcionar como «teorías implícitas», explicativas y predictivas del comportamiento,
hábitos y deseos de las víctimas (Ward, 2000). Estos pensamientos, en ocasiones,
aparecen de forma automática, siendo resultado de los aprendizajes acumulados a lo
largo de la vida.
En concreto, la terapia de control cognitivo aduce que la falta de control del sujeto sobre
su conducta desviada se debe al derrumbamiento de la autonomía cognitiva, cuya misión
consiste en hacer posible discernir los estímulos de la realidad externa de las fantasías y,
en último término, dar un sentido lógico y realista a los pensamientos.
Es menester mencionar que, resulta difícil encontrar en los escritos de Marc Ancel una
definición de este movimiento. Cuando el Consejo de dirección de la Sociedad
Internacional de Defensa Social aprueba una nueva redacción del artículo primero de sus
estatutos, Marc Ancel dice, al comentarlo, que se trata de una definición en sentido
amplio o una “cierta definición de la defensa social”.
Unos años más tarde dice Marc Ancel: “Nosotros hemos creído poder definir la Defensa
Social como ‘un movimiento de política criminal humanista’ y hemos señalado que por
política criminal entendíamos ‘la organización racional de un sistema de reacción contra el
crimen”.
las divergencias con estas escuelas, más adelante. Lo que sí se ha propuesto este
movimiento de defensa social ha sido promover la idea de una política criminal que se
situaría, más o menos, sobre el plano en que Montesquieu se colocaba cuando buscaba
estudiar “el espíritu de las leyes”.
Esta Política Criminal pide una cooperación constante y leal de juristas y médicos,
criminalistas y criminólogos, hombres de ciencia y practicantes de la magistratura, del
régimen penitenciario o de la acción social.
Esta Nueva Defensa Social se la llama “Nueva”, por ser una reacción contra el extremismo
de la doctrina de Gramática.
Pero Marc Ancel nos dice más todavía en su segunda edición de su famosa obra: “Es
preciso comprender igualmente y retener que esta política criminal socio-humanista debe
construirse o, si se prefiere, estructurarse distinguiéndose de esas dos posiciones
extremas que consisten la una en fundar la reacción anti-criminal sobre un instinto de
defensa primitivo, la otra en situarla fuera del hombre, ser pensante, y fuera del sistema
legal, expresión de toda sociedad civilizada”.
Esta Nueva Defensa Social quiere que el sistema que ella preconiza sea protector tanto del
mismo delincuente como de la Sociedad, o más bien, no asegura la protección de la
Sociedad más que asegurando primeramente la protección del individuo.
Esta Nueva Defensa Social tendrá una serie de características, impregnadas por las
realidades de la vida. Su unidad estará en que ella parte del individuo y tiene al hombre
por fin.
Desde este punto de vista existe la Sociedad sólo para el individuo y por el individuo.
3.) Por sus métodos y su espíritu. Métodos: observación, clasificación (es decir,
diversificación) y reeducación. Métodos movidos por un espíritu de asistencia social, que
supone una individualización judicial y penitenciaria, regida por un respeto constante de la
dignidad de la persona humana.
Revolución de 1944
El General Ponce Vaides, solamente estuvo al mando durante 110 días y continuó con la
forma de gobernar represiva de su antecesor, dando instrucciones a la policía para atacar
a sus adversarios. Fue el 20 de octubre de 1944, cuando ocurrió un levantamiento
popular, donde participaron: Abogados, maestros, obreros, estudiantes universitarios y
una parte del Ejército. La lucha se estableció entre la otra parte del Ejército y la policía que
eran leales al General Ponce. Luego de estos sucesos se difundió la noticia de que Ponce
Vaides había solicitado asilo político en México y el gobierno había sido tomado por un
triunvirato compuesto por un civil y dos militares: El civil Jorge Toriello Garrido, el Mayor
Francisco Javier Arana y el Capitán Jacobo Árbenz Guzmán.
Las principales funciones del gobierno de transición fueron, derogar los decretos que
había realizado la administración anterior. Convocó a una Asamblea Nacional
Constituyente que produjo una nueva Carta Magna. Quedó instituida la Junta
Revolucionaria del 20 de octubre de 1944, con el propósito de garantizar a los
guatemaltecos un marco constitucional para llevar a Guatemala a una democracia
representativa. Entre los decretos más importantes que firmó la Junta Revolucionaria se
encuentra el Decreto No. 7 que derogó el Decreto No. 1474 desde el primero de enero de
1945, anulando el servicio personal (trabajo forzoso) por pago de impuesto de vialidad.
Gobierno de Arévalo
El gobierno del primer presidente electo democráticamente en la historia de Guatemala,
Juan José Arévalo, se distinguió por sus numerosas realizaciones educativas y de beneficio
para la mayoría de las capas más pobres de la población, de la clase media y de los
intelectuales más consecuentes. El frente de lucha del gobierno arevalista fue
preponderantemente urbano y, a diferencia de su sucesor, no enfrentó los problemas de
la tenencia de la tierra y el trabajo agrícola, a pesar de que la mayoría de la población era
rural e indígena, salvo en lo relacionado con los trabajadores de la agricultura tecnificada
norteamericana aposentada en las vastas y fértiles regiones de Bananera y Tiquisate. Por
otra parte, el régimen revolucionario, impulsado y dirigido por miembros de las capas
medias directa e indirectamente, fortaleció las posiciones de aquellas y las acrecentó. Por
su parte, el sector terrateniente se organizó a través de las asociaciones de agricultores,
comerciantes, industriales, banqueros, aseguradores y especuladores financieros, etc.
Varios análisis indican que es a partir de los gobiernos de Alfonso Portillo y el FRG, y el de
Berger y la GANA, que se observó un endurecimiento del discurso de funcionarios del
Estado vinculados a las carteras de seguridad, señalando a defensores de derechos
humanos y a activistas sociales -hombres y mujeres- como terroristas y desestabilizadores,
así como el incremento de los ataques a defensores y defensoras de derechos humanos y
activistas sociales, matizados en las amenazas, allanamientos, intimidación, control y
vigilancia.
Debe recordarse que el Ministro de Gobernación del gobierno de Portillo fue el militar
retirado Byron Barrientos, y fue uno de los impulsores de ese discurso duro y
criminalizador que se fue profundizando en el gobierno siguiente, cuando Carlos Vielman
asumió la titularidad del Ministerio de Gobernación (MINGOB) y Otto Pérez Molina fue el
Comisionado Presidencial de Seguridad, cargo al cual renunció en los primeros seis meses
de 2004 por disputas con el primero.
Fue el gobierno de Berger en donde se terminó de implementar la privatización de la
seguridad pública con las empresas de seguridad privada, que se multiplicaron de la mano
de los militares que se vieron desplazados públicamente del poder político, del control de
los aparatos de inteligencia y policiales así como de los vínculos y estructuras en la
institucionalidad del Estado que crearon al calor de la guerra interna, así como con el
mantenimiento de estructuras paralelas y paramilitares financiadas por esas poderosas
familias y grupos empresariales.
Hay una congruencia entre el incremento cualitativo de ataques a defensores del derecho
al desarrollo, sindicalistas y líderes campesinos a partir de 2004, durante el gobierno de
Berger con la ocurrencia de los siguientes tres hechos:
Por otra parte, desde el año 2004 fue el gobierno de Berger el que gradualmente empezó
a instalar en la opinión pública, la percepción de que los llamados poderes ocultos,
paralelos, relacionados con estructuras de inteligencia militar, denunciados por las
organizaciones de derechos humanos, eran grupos de crimen organizado que se movían
exclusivamente en los intereses del narcotráfico, tendiendo a simplificar el fenómeno, y
alejándolos de su vinculación con poderes empresariales de antaño, cuando fueron éstos
los que financiaron la guerra contrainsurgente, en alianza con los militares.
Luego, poco a poco se hizo una igualación entre el crimen organizado y las maras,
trasladando una percepción en la opinión pública y la población en general, que todos los
males en términos de inseguridad y violencia los producía el conglomerado de jóvenes
tatuados que viven en áreas marginales de las zonas urbanas del país. Lo que se ha
llamado la estigmatización.
Para el año 2007, el número de mujeres muertas violentamente ascendía a 2,800, y sólo
entre enero y febrero de 2007 habían sido asesinadas 9044. Algo que llamaba la atención,
es que ya las autoridades hablaban que estos asesinatos eran producto de la violencia de
las maras o pandillas juveniles, pero, en general, el gobierno de Berger hizo poco para
controlar a las maras.
La mayor parte de los alegatos oficiales y de los medios de comunicación en torno a las
pandillas, se han basado en generalizaciones falsas sobre el fenómeno, y más grave aún,
esconden la realidad del verdadero crimen organizado y de los poderes ocultos, fácticos,
paralelos, o como se les quiera llamar, que utilizan las estructuras de las pandillas y de las
maras como soldados en su guerra, sicarios a sueldo, distribuidores para el
narcomenudeo, extorsiones, control de territorios urbanos o zonas, etc.
Aunado a esto, el hecho de que los sucesivos gobiernos, en lugar de impulsar verdaderas
políticas y programas preventivos que tiendan a recuperar el continuado deterioro de la
situación de la juventud guatemalteca a través de la educación, la salud, la cultura y el
deporte, han impulsado medidas como la militarización de la seguridad pública, esto es,
de las medidas impulsadas y de la PNC como principal ente de seguridad ciudadana, así
como, de facto, una política de "limpieza social" que no es nada más que las ejecuciones
extrajudiciales llevadas a cabo por estructuras paramilitares, "escuadrones o comandos de
la muerte" integrados por policías y enquistados en las estructuras de la PNC. Es en ese
contexto que, a la par que tenía lugar la ejecución de reos en la granja penal Pavón en
2006, se desarrollaba una campaña pública de apoyo a "la limpieza social" y la justificación
de acabar con las maras.
8. LA SOCIOLOGÍA DE LA DESVIACIÓN.
La otra mención del concepto de anomia lo hace Durkheim en su obra ‘’ El Suicidio’’, como
ya se indicaba, y al respecto señala: ‘’El suicidio anómico’’ (así denomina Durkheim a un
tipo de suicidio en su tipología de esta conducta) depende exclusivamente del poder
regulador de la sociedad.
En ese orden de ideas e establece que, este tipo de suicidio surge en épocas de crisis, es
decir, en periodos en que el orden colectivo sufre perturbaciones. La persecución de un
fin inaccesible condena a un perpetuo estado de descontento, pues es difícil no sentir, a la
larga, la inutilidad de una persecución sin término. Por esto la tasa de suicidios se eleva en
épocas de prosperidad económica; sin embargo, también los desastres financieros, que
arrojan a los individuos por debajo del nivel social que hasta ese momento ocupaban,
producen idéntico fenómeno.
Sobre esta explicación se puede ofrecer, en primer lugar, una interpretación razonable del
porqué del delito, de su naturaleza, y de las razones del propio delincuente, como posible
consecuencia de las fracturas detectadas; y en segundo lugar, puede demostrar como esas
mismas fracturas también se explican como causa del propio delito, como factor puntual o
generalizado capaz de generar problemas sociales de diverso impacto, al afectar a los tres
fines político-sociales. Una interpretación sobre el modelo cultural y material de una
colectividad a la hora de atender y cuidar (bienestar), de proteger y aconsejar (justicia), de
educar y formar (orden) a sus propios miembros en el proceso de socialización. Tres
aseveraciones nos pueden guiar en la explicación. Primera aseveración. Esta
interpretación cuestiona la predisposición ideológica a limitarla naturaleza social del delito
a factores de pura distribución económica o estratificación social; también las tesis que
desligan absolutamente todas las razones psicopatológicas o supuestamente irracionales
del influjo ambiental1. La Política social dice algo más. Nos habla del hombre en sociedad,
de lo que necesita para ser aceptado en la misma, y de cómo es visto y tratado por los
demás en sus defectos, sus enfermedades, sus fracasos, su soledad, sus sueños, sus
problemas; quizás nos demuestra cuanto de razón tenía el poeta romántico Ugo Foscolo
cuando afirmaba que “el recurso final del hombre destruido es el delito”. Así se explica su
actuación integral ante aquellos condenados por infligir las leyes vigentes (con mayor o
menor dolo en su acción), y dotados del derecho de reinserción; y su atención a aquellas
víctimas de los mismos, no siempre reconocidas y resarcidas, por la sociedad de la que
forman parte.
Segunda aseveración. Se pone el acento en ese origen social, por acción u omisión,
presente en buena parte de los hechos delictivos que se ligan como inicio o eclosión de las
fracturas sociales. Causas psicopatológicas, motivos pasionales, finalidad ideológica,
estructuras desiguales, razones personales, modelos culturales. Todos estos orígenes
presentan, para la Política social, una esencia comunitaria tanto a la hora de interpretarlos
como de afrontarlos; básicamente al ser catalogados o perseguidos los delitos que
provocan en función de esa cosmovisión ideológica y moral con la que pretende ser
identificada cada comunidad:
• Prácticas culturales que responden a la forma de pensar y vivir, heredada o elegida, por
los miembros del colectivo de pertenencia o de referencia. Tercera aseveración. Estudiar
lo delictivo es comprender la sociedad. Por ello, la Política social demuestra desde el
estudio y la intervención, la interrelación entre las fracturas sociales empíricamente
constatables4, y los hechos delictivos penalmente castigados, tanto en su impacto
inmediato como en la percepción de sus riesgos.
c. Teorías multifactoriales.
Este enfoque surgió como reacción a las orientaciones mono factoriales de la criminalidad,
combinando explicaciones sociológicas, psicológicas y a veces hasta biológicas. Son teorías
que partiendo de una serie de investigaciones intentan buscar los factores causales del
delito, variables que no tienen un valor explicativo total sino que conformarían factores de
riesgo que pueden irse adicionando. Las teorías multifactoriales son eclécticas debido a
que entienden que la criminalidad es el resultado de la combinación de muchos factores y
circunstancias, permitiendo dirigir la búsqueda del origen de la delincuencia juvenil tanto
en los factores biológicos y psicológicos como en los del medio social, equiparando la
relevancia etiológica de unos y otros, utilizando para ello el método inductivo. Entre los
representantes de este enfoque se encuentran HEALY, los esposos GLUECK, BURTON y
MERRIL y ELLIOT. WILLIAM HEALY. Fue el primero en utilizar el término multifactorial en
una clínica de psiquiatría de Chicago en 1915. HEALY consideró diversas variables como
determinantes de la desviación criminal, muchas de ellas de naturaleza psicológica: los
males hereditarios, las anomalías mentales, la constitución física anormal, los conflictos
anímicos, el mal ambiente familiar, las amistades inadecuadas, la frustración de
expectativas del individuo y las condiciones insatisfactorias para el desarrollo infantil,
entre otras.
d. Teoría ecológica.
Vale la pena enmarcar que, estas teorías surgieron en Estados Unidos durante la década
de los años 50 como reacción de algunas minorías altamente desfavorecidas para alcanzar
las metas oficialmente establecidas, debido a los limitados medios o posibilidades
legítimas de actuar. El concepto de subcultura presupone la existencia de un grupo social
que se aparta de forma total o parcial de las pautas que fijan los grupos mayoritarios de
una sociedad, por lo que poseen su propio código de valores que lo identifican ante los
demás. En general se caracterizan por ser: • Un grupo que no comparte las pautas
dominantes. Sólo conserva algunas costumbres.
Puede ubicarse dentro o al lado de los grupos mayoritarios; sin embargo, casi siempre se
establece en la periferia, por lo que se le asimila a un grupo marginal • Sus integrantes
tienen identidad y coinciden en metas, valores y finalidades. • No es una sociedad en
sentido de inferioridad respecto a la cultura madre; es una sociedad con cultura propia. •
Por establecerse en el interior, cerca o en la periferia de la cultura madre, puede
compartir algunas de sus pautas. • Generalmente no causa reacción social institucional.
Los autores más representativos de este enfoque fueron ALBERT K. COHÉN y WILLIAM
FOOTE WHYTE, quienes analizando las Teorías del Conflicto Cultural pero con un enfoque
ecológico, concluyeron que la delincuencia, primordialmente juvenil, en la clase baja, se
daba como un acto de rebeldía hacia los valores oficiales de las clases media o alta por
oposición al utilitarismo, siendo consecuencia de una organización social distinta, de unas
normas y un código de valores que constituyen su propia cultura: la subcultura criminal.
COHÉN explicó estas normas como la reacción de los individuos situados en el extremo
inferior de la pirámide social que al desarrollar una especie de "sociedad de recambio" les
posibilita ansiada satisfacción por medio de modelos de conductas antisociales. De igual
forma, COHÉN afirmó que el código de valores varía según la clase social a la que se
pertenecía: las clases más favorecidas económicamente ponían énfasis en la eficiencia y la
responsabilidad individual, así como en el respeto a la propiedad, la constructividad en el
empleo del tiempo libre y en el ahorro; mientras que las clases sociales más desprotegidas
concedían mayor significación a la fuerza física y a la colectividad. Otro de los autores que
dio importancia al factor clase social en los medios subculturales fue WALTER MILLER,
para quien la presencia de un grupo callejero con valores y normas propias ejercían una
influencia más directa sobre la conducta de los miembros del grupo, quienes asumían
actitudes duras y violentas por el deseo de experimentar emociones fuertes, facultando
comportamientos considerados desviados por la sociedad.
a. Antecedentes.
Esta interesante teoría, hace mención que los sujetos aprenden a ser criminales por
transmisión cultural, una situación que se da particularmente en determinados grupos
donde las actividades delictivas se realizan con habitualidad y quedan así reforzadas como
algo positivo.
Resulta interesante revisar que, una de las claves de la teoría de Sutherland es que no
aborda el origen o motivación que llevan a una persona a delinquir, sino cómo aprende a
hacerlo. Y ese aprendizaje se ve condicionado por la percepción que su entorno directo—
amigos, familiares, colegio, televisión, medios de comunicación, etc. —tenga de las leyes:
si justifica según qué conductas, la intensidad a la que una persona se ve expuesta a este
tipo de mensajes y la cercanía o intimidad que comparte con personas que expresan esas
interpretaciones positivas de la vulneración de la ley.
La teoría de la asociación diferencial quedaba resumida en nueve postulados:
-Los motivos e impulsos que llevan hacia la conducta delictiva se aprenden a través de la
interpretación favorable o desfavorable de las normas vigentes.
-La conducta delictiva puede ser una expresión de necesidades y valores generalizados,
pero no es una concreción de ellos.
Vale la pena comprender que, a ésta teoría se le denomina igualmente como teoría de la
reacción social, la cual es acreditada a Labeling Approach.
“Imaginemos una sociedad de santos, un claustro ejemplar y perfecto. Allí los crímenes
propiamente dichos serán desconocidos, pero las faltas que parecen veniales al vulgo
provocarán el mismo escándalo que un delito común en las conciencias ordinarias. Si esta
sociedad posee el poder de juzgar y castigar, calificará esos actos de criminales y los
tratará en consecuencia. Por la misma razón, el hombre perfectamente honrado juzga sus
menores desfallecimientos morales con una severidad que la multitud reserva a los actos
verdaderamente delictivos. Antes, los actos de violencia contra las personas eran más
frecuentes que hoy porque el respeto hacia la dignidad individual era más débil.
Como ha aumentado, estos crímenes se han hecho más raros; pero también muchos actos
que herían ese sentimiento han penetrado en el derecho penal al que no pertenecían
primitivamente, calumnias, injurias, difamación, dolo, etc. (Durkheim, 1986).
O como más tarde Matza (1981), desde su perspectiva naturalista, ha matizado: “Siendo,
pues, la desviación un rasgo común a toda sociedad, por venir implicada por la
organización social y moral, no necesita de una explicación extraordinaria. Extraviarse de
un camino no es ni más comprensible ni más asombroso que mantenerse en él”.
En 1939 Frank Tannembaum publicó un libro titulado Crime and the community (El delito
y la comunidad) en el que introdujo el término tagging (sinónimo de labeling, etiquetado)
para referirse al proceso que acontecía cuando un delincuente era detenido y
sentenciado. Según Tannembaum el delito era el resultado de dos definiciones diferentes
de un determinado comportamiento, la definición del propio delincuente y la de la
sociedad, de la siguiente manera (Schmalleger, 1996) “Este conflicto, procede de una
divergencia de valores. Cuando el problema (el delito) tiene lugar, la situación es
redefinida gradualmente. Se produce un desplazamiento paulatino desde la definición de
determinados actos como perversos hasta la definición de los individuos que los realizan
como perversos, de manera que todos sus actos empiezan a ser vistos como sospechosos.
Desde la perspectiva de la comunidad, el individuo que se acostumbra a realizar conductas
malvadas y dañinas es ahora un ser humano malvado e irrecuperable.
Véase con qué precisión se halla descrito en las palabras de Tannembaum el proceso de
tagging o etiquetado que se produjo con motivo del procesamiento de diversos
personajes famosos en el denominado caso Arny que recibió su nombre del bar de copas
sevillano en el que presuntamente sucedieron los hechos imputados. En el caso Arny, que
fue juzgado a principios de 1998, diversas personas, algunas de ellas muy populares, entre
las que se encontraban cantantes, actores y un juez, fueron procesados por presunta
corrupción de menores. Durante los dos años que duró la instrucción de la causa penal la
mayoría de estas personas, hasta entonces admiradas y respetadas, sufrieron un
considerable escarmiento público en boca de ciudadanos y medios de comunicación. Con
posterioridad la sentencia de la audiencia de Sevilla absolvió a la mayoría de ellos de
todos los cargos.
Una de las obras de mayor influencia sobre los teóricos del etiquetado fue el trabajo de
Erving Goffman, de 1961, Internados (Goffman, 1987). La pretensión de Goffman fue
examinar el impacto de las instituciones totales sobre la vida de los internados en ellas.
La institución total es, según Goffman, un ambiente que elimina la distinción entre el
trabajo, el tiempo libre y el descanso. El ciudadano normal desarrolla estas actividades en
distintos ámbitos y rodeado de personas diferentes: compañeros de trabajo, amigos y
familia. La institución total sustituye a todos éstos, impone su cultura propia y cambia el
comportamiento y la personalidad de sus internos.
Desde el punto de vista sociológico, que una persona cometa un delito se considera como
una respuesta a un estímulo condicionado por la influencia de su entorno social y
circunstancias personales. Esta perspectiva supone entender que el crimen no se comete
solo desde un plano individual, causado por algún tipo de desviación de la conducta o por
una patología, sino como resultado social y, por tanto, para determinar las motivaciones
del criminal es necesario observar las circunstancias y la estructura social.
Vale la pena enmarcar la labor del criminólogo que consiste en estudiar las razones que
llevan a una persona a cometer un delito, así como sus consecuencias personales y
sociales y la forma de prevención. Analiza el delito, al delincuente y a su entorno desde
una mirada multidisciplinar que combina ciencias diversas, desde la psicología y la
medicina hasta la sociología y el derecho.
b. La Criminología crítica.
De esta forma, reta al estado para que cumpla con las políticas de rehabilitación social del
delincuente que pregona en teoría, pide se respete y resocialice al delincuente, y que el
Estado cumpla también con su obligación de promover y proteger la vida, y bienes de
todos los ciudadanos – Control Social – frente a la criminalidad generalizada.
Enfatiza que no podía seguir dedicándose a las causas etiológicas del delito, por ello,
traslada su óptica a proponer alternativas de control del mismo y estudiar los procesos de
criminalización.
Como sostiene Roberto Bergalli: de un lado existe una criminalidad oculta o clandestina
que es mucho más dañina, peligrosa y voluminosa que la común de los pobres.
a. Definición
Vale la pena comprender que algunos autores tienden a definir a la política criminal de
diferentes formas así, como:
Para Goppinger; la politica criminal es una ciencia que ocupa el derecho y de la ejecución
de la lucha contra crimen por medio del derecho penal (OSSORIO, 2001), señala que “La
criminología es una ciencia que estudio el principio y el origen del delito, desentrañando
las cusas primigenias que provocan el desvío conductual. Analizando el efecto que cada
factor tanto patógeno como psicosocial ha tenido sobre el individuo, a quien se le califica
como delincuente. Estos y otros elementos pueden ser evidenciados tras la elaboración de
un perfil criminal, en el que los factores que se establecen como preponderantes unos
respecto de otros, sobresalen de acuerdo a la conducta del individuo, llevándolo a atentar
contra la agrupación social a la que en teoría pertenece en lugar de contribuir con ella”.
Para Manuel López Rey: dice que la política criminal ocupa en reducir la criminalidad al
mínimo soportable como parte de la política general del gobierno.
Para definir la política criminal nos podemos referir a las decisiones del poder estatal y el
conjunto sistemático de aquellos fundamentales principios para poder sostener la lucha
contra la criminalidad por medio de la pena y de sus instituciones afines en materia de
prevención para erradicar la lucha contra la criminalidad. También se entiende que
política criminal son las acciones que toma el poder estatal para enfrentar los problemas
delincuenciales y sus causas en razón de una buena administración de justicia y la
prevención del delito y su tratamiento, respetando sus derechos como ciudadano.
b. Antecedentes
La Política Criminal es la ciencia que estudia la actividad que debe desarrollar el estado
para los fines de prevención y represión de los delitos, sus valores, una propuesta
legislativa, la cual implica comprender que dé lugar a una determinada propuesta analítica
donde existan mejores formas de evitar el crecimiento criminal en nuestro entorno social,
o su vez proponer alternativas que disminuyan esta formas agresivas de combatir dentro
de cualquier desarrollo humano en un mundo globalizado por el avance tecnológico y
científico de este siglo, para algunos autores definen a la política criminal de acuerdo a su
evolución:
La política criminal tuvo su origen según la dogmática penal a finales del siglo XVII y
comienzos del siglo XIX en Alemania no se podido precisar cuál es la fuente doctrinaria
autorizada para definirla, el punto inicial fue utilizado por el maestro Cesar de Baccaria,
en los años 1738 y 1774 quien diagnostico esta problemática social en su obra de los
delitos y penas condicha obra se propuso encontrar la igualdad de todos los ciudadanos
ante la ley.
Es importante saber que, cada forma de gobierno del Estado, cada revolución, cada
modificación de las reglas básicas de la convivencia social, se ha reflejado nítidamente en
una específica concepción política criminal que ha quedado representada en un diferente
texto punitivo, o al menos eso dice la teoría. Para ello estudiaremos diversos modelos
históricos. Cómo surge el modelo del Estado liberal de derecho frente a las monarquías
absolutas y se postula un sistema en el que los súbditos son ciudadanos cuyas libertades
no pueden ser avasalladas por el poder.
Un Control Social que influye para prevención del delito, la política de la criminalización de
conductas este adherida a una institución gubernamental creada para su desempeño
Los principales objetos de la Política Criminal según Liszt eran: La máxima eliminación de
las penas cortas de prisión y el frecuente uso de la multa; La aplicación de la condena
condicional donde fuere practicable; La ejecución de medidas educativas para jóvenes
delincuentes; La atención primordial a la naturaleza del criminal y de sus motivaciones; La
consideración del Estado Peligroso; La profilaxis de la inclinación criminal en desarrollo
(habitualidad y aprendizaje criminal); Formación profesional del personal penitenciario y
de la administración del Derecho Penal; La recepción de medidas de seguridad para
aquéllos supuestos en que lo aconsejaba el estado mental o la posibilidad de readaptación
o corrección del delincuente.
La evolución política criminal nos permite analizar el nacimiento de las políticas criminales
a nivel mundial, y así de esta manera conseguir el desarrollo armónico de nuestras
naciones, la capacidad de los estados para determinar lineamientos que deberán seguirse
a fin de lograr una mayor eficacia en la lucha contra la delincuencia común y organizada, y
establecer mecanismos de prevención que permita erradicar la criminalidad, con una
buena estructura jurídica que acceda garantizar los derechos humanos y la inserción del
delincuente hacia la sociedad con programas preventivos a fin de erradicar los diferentes
aspectos delincuenciales que aquejan a nuestra sociedad.
d. Principios
e. Características
Sin embargo, el fin esencial de la política criminal debe ser la búsqueda de la extinción de
la criminalidad, pero es una utopía, porque lo más que se puede hacer es disminuir los
índices de violencia y delincuencia porque el delito existe y ha existido y existirá porque es
consustancial al ser humano, pero no es lo mismo un índice disminuido a altos índices de
criminalidad.
Es una labor del estado la prevención del delito para hacer frente a la criminalidad que
aqueja a la sociedad, y por desgracia se a privilegiado la represión, y por tal motivo el
Estado no a tomado su responsabilidad ni sus operadores y agentes.
Sin duda alguna la política criminal va apegado con el derecho penal (tiene por objeto
establecer las conductas prohibidas u ordenadas por la sociedad a través del legislador y la
ley para conservar el orden social como control social formal) y la criminología estudia al
delincuente y cómo se desarrolla el fenómeno delictivo en la sociedad, por tal motivo
dicha política se abastece de investigaciones y estudios de la familia, sociedad y
delincuente con programas preventivos tendentes de la proliferación de ciertos delitos.
Un programa de política criminal debe llevarse a cabo conforme a los fenómenos y hechos
delictivos que surgen en sociedad, analizando todos los factores en el campo de la
realidad social. Y el gobierno debe asumir la responsabilidad en cuanto a investigar y
aprovechar lo que las ciencias le ponen a su disposición.
Por tal motivo el derecho penal no es la solución ya que no contribuye a solucionar los
altos índices delictivos en cuanto al grave problema de la delincuencia, pero lo que se
requiere es que haya una política criminal democrática, efectiva, audaz y responsable ya
que eso se requiere en el país.
La política criminal sirve para hacer una revisión critica de los sistemas de enjuiciamiento
criminal de orden democrático y garantista con estricto apego a derechos humanos,
debido proceso y dignidad humana, e investigar los fenómenos del delito basado en la
criminología, criminalística, sociología, trabajo social y antropología, y establecer nuevos
tipos penales (descripción de una conducta prohibida) basado en el poder legislativo,
aplicar una justicia democrática de acuerdo con el poder judicial con apego al respeto a
los derechos humanos y los tratados internacionales.
El Estado debe desarrollar estrategias para atender y atacar los altos índices delictivos que
aquejan a la nación y sociedad, a través y mediante directrices de política criminal de
acuerdo a los fenómenos y causas con el objeto de prevenir, enfrentar y controlar la
criminalidad.
Siguiendo lo hasta aquí expuesto, debemos tener presente que en la actualidad existen
dos acepciones de la política pública, una como ciencia y otra, como instrumento del
poder político a través del cual materializa su ejercicio. Sus características, en tanto ciencia
—según Harold Laswell— redundan en que tienen distintas orientaciones por ser
multidisciplinarias y multimetódicas; están orientadas hacia problemas reales y
específicos; y su enfoque debe trazar un mapa contextual que incluya diversas etapas
(proceso, opciones, y resultados), con el fin de integrar los conocimientos técnicos
obtenidos de la práctica, refundirlos e incorporarlos como nuevo conocimiento para la
adecuada toma de decisiones por parte del Estado.
Si bien es cierto, hoy existe un significado diferenciado del concepto de las políticas
públicas, ya que no es un término preciso o acabado, que resulte identificable para todos.
Incluso no se traduce de la misma manera en todos los idiomas.
Sin embargo, asumiendo esta problemática, proponemos para los fines del trabajo indicar
que la política pública “Es la actividad, enfocada en definir y diseñar la intervención del
Estado frente a cuestiones socialmente problematizadas, orientada por las directrices de
la justicia, la equidad, la seguridad y el bien común, para procurar la convivencia social
pacífica”.
Al conformar la estrategia general, con la que el poder estatal enfrentará el fenómeno del
delito, supra determina a los órganos del sistema, sus atribuciones y las competencias que
para tal actividad se requieren, sirviendo de guía para dirigir la reacción de mayor
gravedad que un Estado puede intentar contra sus ciudadanos.
g. El caso de Guatemala
La Política Criminal Democrática del Estado de Guatemala, tiene como función esencial la
creación de las estrategias interinstitucionales para el abordaje articulado de los hechos y
fenómenos criminales priorizados, sobre la base de cuatro ejes o líneas de acción: la
prevención, la investigación, la sanción y la reinserción social, en coordinación con las
organizaciones de la sociedad civil y otros actores sociales del país. Se pretende enfrentar
la criminalidad y la violencia, bajo el paradigma de la seguridad humana, por lo que es una
política criminal inclusiva, orientada a atender también las particularidades de las
poblaciones vulnerabilidades, con perspectiva de género, pertinencia cultural y lingüística,
enfoque victimológico y consideración particular del derecho indígena.
BIBLIOGRAFIAS
[Link]