Arias Raúl, Paleopatología Andina
Arias Raúl, Paleopatología Andina
Contribución del arte, las crónicas y la tradición oral al estudio de la paleopatología andina
TRADICIÓN ORAL AL ESTUDIO DE LA
PALEOPATOLOGÍA ANDINA
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Contribución del arte, las crónicas y la tradición oral al estudio de la paleopatología andina
Ponencia presentada en el XVII Coloquio Internacional de Antropología Física “Juan Comas”, Universidad
Nacional Autónoma de México y Asociación Nacional de Antropología Biológica. Colima, México. (Noviembre de
2013)
** Estudiante de Antropología, Investigador del Museo Antropológico de la Cultura Andina de la Universidad
Nacional del Centro del Perú. / E-mail: [email protected]
Este artículo deberá ser citado de la siguiente manera: ARIAS SÁNCHEZ, Raúl (2013). Contribución del arte, las
crónicas y la tradición oral al estudio de la paleopatología andina, en Ensayos del Museo Antropológico de la
Cultura Andina. Huancayo, Perú.
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Contribución del arte, las crónicas y la tradición oral al estudio de la paleopatología andina
INTRODUCCIÓN
Como hemos citado, el estudio de la paleopatología en nuestro país sólo se dio a la tarea
de describir y afiliar a las enfermedades y clasificarla por tiempo o región, sin embargo,
no se ha profundizado en la abstracción que el hombre andino tiene de las patologías
que convivieron con él hace cientos de años, ya que las investigaciones que se
realizaron a lo largo de los siglos XIX y XX sobre paleopatología tuvieron finalidades y
enfoques diferentes. En ocasiones sólo se hizo una descripción detallada de cada una de
las enfermedades que mencionaban las crónicas, para marcar la presencia de diversos
estados patológicos; mientras que otros se enfocaron en la terapéutica. La mayoría de
estos trabajos tuvieron un carácter descriptivo, pero a finales del siglo XX fueron
abordados desde una perspectiva más antropológica (Weiss 1960), ya que ningún
investigador se dio a la tarea de ir más allá de los hallazgos, nosotros proponemos el
análisis iconográfico del material hallado, su reconstrucción cultural gracias a las
fuentes históricas y la verificación de las mismas con la sugerencia de la tradición oral
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Paleopatología e Iconografía
Este grupo está constituido por las representaciones patológicas de la cerámica Moche
(principalmente) y Vicús. Este relevante material ha contribuido a entender la historia
de la medicina, la vida cotidiana y religiosa del antiguo hombre peruano, sin embargo,
sin efectuar el análisis iconográfico detallado, salvo excepciones, no podremos entender
su contexto social. En este sentido, la alfarería constituye la evidencia indirecta de
patologías en el antiguo Perú. Tenemos en este aspecto trabajos como los de Ugaz
(1886), que defendía que la infección de la uta estaba ligada a la teoría lúpica de origen
miasmática y contagionista. Virchow (1895, 1895), fue el primero en describir que
algunas botellas antropomorfas mochicas del Museo Etnográfico de Berlín exhibían
mutilaciones faciales y planteó la naturaleza sifilítica de estas lesiones. Jiménez De la
Espada (1897), propuso por primera vez que la uta ocasionaba las lesiones
representadas en los antiguos huacos antropomorfos peruanos. Lavoreria (1902), observó
en la cerámica mochica que los antiguos peruanos practicaban el arte de curar en base a las
mutilaciones faciales y podológicas. Palma (1908), reúne datos de enfermos de Huarochiri
y Yauyos, y los compara con las piezas arqueológicas representando mutilaciones faciales.
Moodie (1923), publicó dos láminas con 6 ceramios mochica que exhiben evidencia de
leishmaniasis mucocutánea, donde los rostros de los individuos presentan mutilaciones
faciales y carecen de pintura facial. D’harcourt (1939), en su trabajo sobre la medicina
en el antiguo Perú, también menciona de la existencia de patologías en base a la
cerámica. Farfan (1941), publicó algunos dibujos de Guaman Poma de Ayala (1616),
señalando la medicina practicada por los incas, las enfermedades del siglo XVI y
presenta un breve vocabulario patológico en quechua. Lastres (1943), presentó un
amplio estudio de las representaciones patológicas en la cerámica peruana. Weiss &
Rojas (1961), realizaron una compilación de cerámica con leishmaniasis y encuentran
una asociación entre los mitos de la papa (Solanum tuberosum) y los sacrificios
humanos al dios Aia-Paec. Finalmente Altamirano (2000, 2003), fue quien abordó y
confrontó las ideas sobre el origen de la Leishmaniasis Tegumentaria Americana en
nuestro continente dándole un nuevo rumbo a la investigación paleopatológica andina.
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Sin lugar a dudas, esta perspectiva médica nos ayudaría a entender a simple vista de que
el artefacto (cerámica) corresponde a la representación de una enfermedad, empero, esta
abstracción occidentalizada de filiación no nos permite en ningún momento comprender
a la patología en sí, ya que las categorías andinas para designarlas tienen una denotación
y connotación dentro de la cosmovisión y simbología local que en la cerámica no la
podemos ver. Como vemos la iconografía (arte) no nos ayuda de mucho si no tenemos
alguien quien nos indique y diga qué es.
Paleopatología y Crónicas
Según las fuentes documentales del siglo XVI como Pizarro (1533), Santillan (1537),
Gonzalo Fernández de Oviedo (1537), Rodrigo Ruíz Díaz de Isla (1539), Cieza de León
(1553), Loayza (1586), Ávila (1598), José de Acosta (1590), Bartolomé de Las Casas
(1616), Monardes (16…), Gomara (16...), Antonio de Herrera (1615) y Guman Poma de
Ayala (1616); durante el Estado Inca o Tawantinsuyu (1460-1532 D.C.) existían
centenares de grupos humanos llamados “mitimaes” o mitmaq (prisioneros condenados
a trabajos forzados) que estaban organizados en ayllus o familias consanguíneas. Una
forma de estas organizaciones fue denominada piña-mitmakuna que hace alusión a una
forma despreciable de comunidades renegadas y subversivas. En ellas, los mencionados
cronistas describen las diversas patologías que les tocaron enfrentar a nuestros
antepasados andinos. En muchos casos las descripciones de las patologías están en
nombres quechua y aymara, las cuales en su momento tenían una fuerte connotación
religiosa y obedecían a designios divinos, por otro lado, estas dolencias fueron también
tratadas por especialistas que utilizaban determinadas técnicas e instrumentos en su
terapéutica. Sin embargo, tener como referencia única a estos documentos no nos
proporciona la veracidad de los hechos (actores sociales y enfermedades), ya que no los
podemos ver.
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Sin lugar a dudas el arte es mucho más antiguo de lo que hoy podríamos suponer, sin
embargo, para el caso andino los primeros vestigios incuestionables aparecieron según
Cardich (1997) hace aproximadamente hace unos 9000 años a. C. en Lauricocha,
departamento de Huánuco, en el Perú.
Para el caso específico del arte prehispánico andino y su relación con las patologías que
tuvieron lugar en esta región, éste adquirió una gran diversidad de técnicas y estilos,
siendo muy diversos los temas escogidos, entre los que se encuentran las
representaciones de deformaciones congénitas o adquiridas, determinadas patologías,
cambios morfológicos propios de la vejez, etc. A estas representaciones debemos de
añadir las iconografías de actividades culturales como por ejemplo, las escenas de
cacerías, guerras, etc., que puedan tener utilidad para el estudio paleopatológico andino
y para comprender aspectos importantes de la vida en sociedad de los antiguos pueblos.
En esta plasmación cultural también tuvieron lugar las representaciones de algunos
métodos terapéuticos así como también a los personajes encargados de administrarlos.
En líneas anteriores nos hemos referido de forma positiva al aporte que nos provee el
arte prehispánico en cuanto a las patologías, empero hay que tener cuidado con la
interpretación que le demos, pues existen diversos factores a ser tomados en cuenta en
el análisis del material (artefactos culturales) como: la intención del artista, la fiabilidad
de la representación, la cosmovisión y el aspecto simbólico, entre otros.
Por otro lado, creemos que desde el punto de vista paleopatológico, casi nunca
tendremos una certeza de la enfermedad en cuestión, sin embargo, gracias a la
arqueología, la historia y los datos etnográficos podemos aproximarnos en gran medida
a la significación de la representación de patologías en el arte prehispánico andino.
De acuerdo a Lastres (1943, 1951), Lastres & Cabieses (1959), Weiss (1984), García
(2008) la cerámica Mochica muestra múltiples casos de enfermedades importantes a la
paleopatología y la historia de la medicina andina. Según los datos iconográficos los
mochicas sufrían de acondroplasia, acromegalia, ceguera, exoftalmia, exostosis, dolor
de tórax, labio leporino, leishmaniasis (uta), meningocele, parálisis facial, pie bott,
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Figura 01.- Paleopatología en la iconografía Moche (50 d. C. – 800 d. C). (1) Un caso
indirecto de labio leporino procedente de la costa peruana, Pieza del Museo de Ciencias
de la Salud de Lima; (2) caso de parálisis facial; (3) caso de ceguera y labio leporino;
(4) caso de meningocele; (5) traumatismo craneano.
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Según Erwin Panofski (1960), Donnan (1975), Hocquenghem (1984), Castillo (1990) y Makowski (1994, 2000) la
cerámica Mochica o Moche muestra un compleja mitología de aquellos habitantes costeños relacionados con el mar,
el desierto, el agua y la tierra durante el Período Intermedio temprano (siglos I al VII d.C.). Esta cosmovisión está
organizada por temas, escenas, huacos-retratos, marcas, animales, plantas, frutas, enfermedades, casas, templos,
hombres, partes humanas y objetos que pueden ser identificados por especies (nombres científicos y términos
populares), luego organizados por temas e interpretados en el estilo y el significado simbólico.
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Figura 03.- Paleopatología en la iconografía Moche (50 d. C. – 800 d. C.). Ceramio que
muestra el rostro de un enfermo con cicatrices redondeadas lenticulares hundidas,
producidas por foliculitis pustulosas, imagen extraída de Los Mochicas, tomo II, Larco
(2001), pág. 245.
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Figura 04.- Paleopatología en la iconografía Moche (50 d. C. – 800 d. C.), (1) y (2)
Ceramios que muestran a hombres con lesiones de condilomas planos, clara presencia
de sífilis; (3) y (4) individuos rascándose las bubas, imágenes extraídas de Moche:
cosmología y sociedad, Golte (2009), págs. 42-43.
Figura 05.- Paleopatología en la iconografía Vicús (200 a. C. – 200 d. C.). (1) Ceramio
que muestra un pie con un proceso crónico edematoso, con lesiones protuberantes,
probablemente inflamatorias, producidas por micosis profundas (posible micetoma),
(Colección: Museo del Banco Central de Reserva); (2) pie edematoso con lesiones
erosivas, purulentas, de un paciente agricultor norteño afectado de micetoma
(Colección: O. Romero Hospital 2 de Mayo).
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Figura 06.- Paleopatología en la iconografía Moche (50 d. C. – 800 d. C.). (1) Ceramio
que muestra a un hombre con un severo tumor que compromete la mejilla y el maxilar
derecho superior junto a la región nasal (Col. Museo Banco Central de Reserva); (2)
mixoma del maxilar superior (Paciente del Hospital Dos de Mayo de 35 años de edad,
procedente de Cajamarca, 1975)
Figura 07.- Paleopatología en la iconografía Moche (50 d. C. – 800 d. C.), Caso de Uta,
esta palabra viene del Hakcaro o jacaru, lengua de los Yauyos, del vocablo Huta o Tuta
que significa roer, corroer, mutilar y desgarrar. (1) Figura antropomorfa que represente
a un enfermo con tumores y mutilaciones; (2) ulceración fagedénica de la nariz, oreja y
cuello de una niña de 14 años con sífilis congénita.
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Figura 10.- Paleopatología en la iconografía Moche (50 d. C. – 800 d. C.), (1) Individuo
hermafrodita extirpándose un tumor; y (2) individuo hermafrodita; imágenes extraídas
de Sexo en el Antiguo Perú, Kauffmann (2001), pág. 73.
Por otro lado, entre los años de 1895 y 1930, la discusión de los huacos mochica sobre
la representación de la uta (Figura 03), espundia, lepra, lupus, sífilis o mutilaciones
faciales había sido una polémica entre investigadores como M.A. Muñiz (1895),
Virchow (1895), Jiménez de La Espada (1897), Ashmead (1900, 1898), Lehman-
Nitsche (1902), Fournier (1905), Hallopeau (1905), Neumann (1905), Palma (1908),
Tello (1908), Tamayo (1909), Escomel (1920) y Altamirano (2000), entre otros.
Figura 11.- Estudiosos de las paleopatologías. (1) Rudolph Virchow, médico alemán,
propuso la teoría de la infección celular por pequeños microorganismos (1870) y es
considerado como el padre de la paleopatología por haber publicado el primer caso de
raquitismo en cráneo de Neanderthal (1873); (2) William Boog Leishman, médico
militar británico nació en Glasgow, Escocia, es considerado padre de la leishmaniasis;
(3) Julio C. Tello Rojas nació en Huarochirí y es considerado como el padre de la
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Figura 12.- Zoofilia en la iconografía Moche (50 d. C. – 800 d. C.), (1) Escena que
alude a una relación zooerástica; y (2) escena zooerástica de carácter mitológico,
imágenes extraídas de Sexo en el Antiguo Perú, Kauffmann (2001), págs. 76-77.
En América Latina, tanto LTA como LV son transmitidas entre los animales y el
hombre por la picadura de diversas especies de flebotómos (Díptera, Psychodidae,
Phlebotominae) hembras de los géneros Lutzomyia y Psychodopygus. Las infecciones se
caracterizan por el parasitismo de las células del sistema fagocitario mononuclear
(SFM) de la dermis, mucosas y vísceras del hospedero vertebrado. En las Américas,
sólo las especies de leishmania dermotrópicas son consideradas autóctonas (Marzochi
1999). La actual área de difusión de la Leishmaniasis (uta) es toda la costa norte del
Perú donde aparece una úlcera dermatológica próximo a los límites de los valles medios
o chaupiyungas del territorio norteño (Cornejo 1975). Aquellos grupos humanos eran en
su momento agricultores de coca, maíz, algodón, chirimoya, papas y criaban llamas
costeñas y alpacas, así lo refieren Larco (1948), Kutscher (1954), Hocquenghem (1987)
y Castillo (1989).
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origen basado en dos tipos de fuentes: los huacos2 y los documentos del siglo XVI
(crónicas). En Paris y Londres, esta desconocida enfermedad llamó la atención para su
estudio, principalmente investigando huacos. Así, los museos europeos y
norteamericanos empezaron a recolectar momias y huacos.
Leishman (1903) señaló que el agente etiológico de la uta es un protozoario que llega a
la sangre humana a través de la picada de un insecto Lutzomyia. Los médicos peruanos
que siguieron la línea de Palma fueron Julián Arce, Edmundo Escomel, Monge, Burga y
Rebagliatti. En 1943, Pedro Weiss indicó que los focos de la Leishmaniasis en los valles
cálidos interandinos llamados chaupiyungas donde prolifera la Bartonelosis humana, y
ambas enfermedades son endémicas y constituyen un aspecto singular de la patología
andina.
Por su parte Altamirano (2000, 2003) ha propuesto recientemente una teoría moderna de
leishmaniasis en la cual ella tiene su origen en la amazonía sudamericana, y de la cual
se esparce hacia distintas regiones culturales, ésta es la hipótesis más aceptada en la
actualidad.
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Las representaciones antropomorfas mochicas o Huacos, con pintura y escultura de lesiones mucosas
como la espundia o LM (Leishmaniasis Mucosa).
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Se consideraba que la sífilis es própia de Europa medieval y desde allí pasó a las
Américas a través del descubrimiento de Colón. Los españoles y portugueses
difundieron el mal. Es una infección causada por la introducción de la bacteria
espiroqueta Treponema pallidum descubierta por Hoffman & Schaudim en 1905.
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Sin embargo, Julio C. Tello (1908) planteaba que la sífilis era originaria de América y
se difundió a Europa en el siglo XVI, en este sentido, trascribimos las conclusiones del
importante aporte que hace este médico-arqueológico peruano a la paleopatología
andina en su tesis de bachillerato:
[…] Entre las más poderosas lenguas del Perú antiguo, Keshua y Aymará, existe el
vocablo Huanthi, que con toda probabilidad es sinónimo de sífilis […] El estado
social ha podido favorecer la propagación de una enfermedad como la sífilis, sin que
en esto el Perú antiguo haya hecho excepción a los demás pueblos de la tierra […]
Existe una leyenda de antigüedad incuestionable en la cual se habla de una
enfermedad venérea que presenta los caracteres de la infección sifilítica […] En
tiempo de los incas apareció o recrudeció una epidemia en la que fue lo más saltante
la manifestación exantemática, siendo con toda probabilidad la sífilis la que
desempeño el papel principal […] Entre las dermatosis consideradas como
autóctonas del Perú, la sífilis entra frecuentemente en la etiología de ellas, y las
mutilaciones observadas en los huacos pueden atribuirse a esta enfermedad […] Las
lesiones patológicas observadas en cráneos provenientes de antiquísimas tumbas y
habitaciones de los peruanos, pareció ser debidas a la sífilis. (Tello, 1908: 184-85)
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Figura 17.- Cráneos con sífilis según Tello (1908); (1) Femenino de 25-30 años de edad,
procedencia de Sacsa en San Damian; (2) Procedencia Carhuaturi, Huarochiri; (3)
Procedencia Shacshuña, Huarochiri; (4) Osteoperiostitis gomosa difusa de parietales y
occipital, con deformación craneana. Tomado de Spillman, sobre syphilis; (5) Lesión
del parietal izquierdo, masculino adulto; y (6) Osteoperiostitis gomosa difusa,
procedencia de chullpa de Llactashica, Huarochiri.
Panofski (1979), define a la iconografía como la rama de la historia del arte que trata del
tema o mensaje de las obras de arte en contraposición de la forma. Menciona, de igual
modo que, es una representación de episodios significativos y dinámicos dentro de una
narrativa mítica. Es decir, un lenguaje por la imagen.
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Este criterio de investigación nos permite dar el primer paso en la compresión de las
patologías en el mundo prehispánico andino con el aporte significativo que nos da la
iconografía en la primera parte del proceso de investigación de la paleopatología andina.
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Las crónicas son la exposición cronológica en prosa que narra la historia de una un
pueblo, un linaje real, una institución o una fundación individual (Ballesteros 1987).
Así tenemos que en 1533, el español Pedro Pizarro relata la frecuencia de indios
migrantes que adquieren el “mal de las narices” al internarse en los pisos ecológicos
yunga y quechua, anotando la siguiente descripción:
[...] los que entran en los Andes les da un mal en las narices a manera de Sancto
Antón, que no tiene cura, aunque hay algunos remedios para entretenelle, al fin les
vuelve y los mata. Esto da a todos los indios que entran, como no sean naturales
nascidos y criados en estos Andes, y aún a los que nascen en ellos, les toca a
algunos este mal y por esta causa hay tan pocos […] (Pizarro 1571 [1917]: tomo
VII).
[…] los indios cobran una enfermedad que llaman andeongo, que es como la del
monte amazónico, que les da en las narices, se las comen y crían en ellas gusanos
[…] (Loayza, 1586 [1889]: 592).
Por otra parte, Santa Cruz Pachacuti (1613) cuenta que cuando nació el Inca Yáhuar
Huácac
[…] las calles abian estado todas llenas con arcos de plumirías, recubriéndose
también con plumas de colores, por dentro y por fuera, el Templo del Sol. Creció
en el Cusco, su ciudad natal, pero siendo aún niño fue raptado por Tocay Cápac.
sinchi de los ayarmacas en venganza porque Mama Micay -que le había estado
prometida en matrimonio-terminó casándose con Inca Roca. El rapto se hizo con la
complicidad de los huallacanes pero lie gado el momento de darle muerte, el
príncipe lloró sangre (¿conjuntivitis severa?), y asustados sus raptores lo
confinaron a unas punas de pastoreo, de donde los antas lo recuperaron y devolvie-
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Contribución del arte, las crónicas y la tradición oral al estudio de la paleopatología andina
Figura 18.- Yáhuar Huácac, dibujo de Fray Marín de Murua, imagen extraída de
Enciclopedia temática del Perú, Tomo I, pág. 45
En este sentido, los terapeutas de esta región fueron denominados como: moscoc
(Médicos especialistas que interpretaban y adivinaban las enfermedades mediante los
sueños), hacacicuc o cuyricuc (Especialista médico en diagnosticar y terapéutica de
enfermedades auscultando las entrañas del cuy), calparicuc (Especilista que predecía las
enfermedades en las vísceras de los animales especialmente de la llama), virapiricos
(Médico que interpretaba las enfermedades en la grasa y hojas de coca, el humo
indicador de salud y/o enfermedad), achicoc (Leían la salud y enfermedad en los granos
de maíz, hachus o aillacos (Consultaban el porvenir, bienestar, salud por medio de
granos de maíz o excrementos de animales), socyac (Leían la salud y enfermedad en los
pares o impares de granos de maíz, buena o mala suerte), camascas (Curanderos,
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chamanes que habían heredado su poder del trueno y otros para curar enfermedades),
huacapvillac (Médicos, adivinos y sacerdotes que hablaban con las huacas), tarpuntaes
(Especialistas médicos que hacían ofrendas a las huacas para predecir el bienestar de los
hombres), mallquivillac (Sacerdotes y médicos de los muertos que hablaban con los
espíritus de los antepasados para tratar las enfermedades), punchauvillac (Médicos y
sacerdotes que utilizaban los rayos solares para la terapéuticas de enfermedades), accac
(Especialistas que preparaban la chicha para los rituales, fiestas y ofrendas a las huacas
durante labores médicas y otras), pacharicuc (Médico ,adivino de salud-enfermedad que
interpretaba a través de la posición de los pies de la araña), altomisayoc (Especialista
médico que usaba su «mesa» con poderes especiales de comunicarse con los apus,
espíritus y la pachamama para el bienestar de los hombres), pampamisayoc (Especialista
de menor rango médico que el anterior, restablecedor de salud que tiene como
aucxiliares a los “aukis”), macsa o vilca (Era consultado por enfermedades y desgracias
y también solicitado para hablar con las huacas), ripiac (Hechicero que hacia el examen
de los músculos para pronosticar las enfermedades y adivinar el futuro), runatingui
(Especialista en preparar filtros, talismanes y amarres de plantas, plumas para tratar
enfermedades), huksihampic (Especialista en tratamiento de luxaciones, fracturas,
sangrías e intervenciones quirúrgicas simples y superficiales), cauchus o Runapmicuc
(Especialista en extraer la enfermedad mediante la succión o chupada), callahuayas
(Vendedores de hierbas, grasas de animales y otros remedios que recorrían los pueblos),
yatiri (Médico sabio restablecedor de la salud aymara), yachay (Especialista que dirige
y enseña el arte de curar), hampeq o hampicamayoc (Curandero que ejerce la medicina
tradicional mediante el uso del poder curativo de ciertos ritos o medicinas. Médico que
ejercía la medicina exclusivamente al servicio del inka o la nobleza), amauta (Sabio,
filósofo y botanista, conocía la medicina pero no la practicaba salvo en raras ocasiones),
shaman (Especialista de la tradición sanadora extásica que entra en trance con el fin de
ver la enfermedad y expulsarla. Se transporta entre lo visible e invisible), y layqa
(Especialista que practica para hacer daño, brujería, la magia negra, aplicando los
principio de la magia imitativa o contagiosa, puede causar el deterioro de la salud o su
muerte, se dice es el discípulo del supay).
Con respecto al tratamiento que acaecían a las enfermedades andinas Cieza de León (1553)
refiere que:
[…] Cuando algún indio de ellos estaba enfermo, se bañaba, y para algunas
enfermedades les aprovechaba el conocimiento de algunas yerbas, con la virtud de
las cuales sanaban algunos de ellos. Es público y entendido de ellos mismos, que
hablan con el demonio los que para ello estaban escogidos […] (Cieza de León,
1553 [2005]: 83).
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Contribución del arte, las crónicas y la tradición oral al estudio de la paleopatología andina
[…] Y cuando los señores estaban enfermos, para aplacar la ira de sus dioses, y
pedirles salud hacían otros sacrificios llenos de supersticiones, matando hombres
(según yo tuve por relación) teniendo por grato sacrificio el que se hacía con sangre
humana. Y para hacer estas cosas tenían sus atambores, y campanillas e ídolos,
algunos figurados a manera de león o de tigre en que se adoraban […] (Cieza de
León, 1553 [2005]: 162).
[…] Hase de notar que cuando el señor rey enviaba desde el Cuzco alguno de los
orejones principales a tomar la cuenta a los gobernadores, si por caso en el camino
adolecía de enfermedad que moría, luego en el pueblo o parte donde la muerte le
tomaba hacían los naturales testigos de cómo había sido y enviaba mensajeros al
señor, adondequiera que estuviese, y al muerto, sacadas las tripas las llevavan de
pueblo en pueblo hasta donde había salido y lo presentaban ante el señor con indios
que juraban haberle visto morir y contaban la enfermedad que tuvo, tanto temían a
los reyes que hacían esto […] (Cieza de León, 1553 [2005]: 325).
De igual manera, el mismo cronista relata también lo que se tuvo que hacer para que
Guayna Cápac ya no adolezca más de una enfermedad que padecía:
Con estas aclaraciones, podemos contrastar la evidencia documental con los diversos
motivos de la iconografía andina y aproximarnos más a la interpretación de las
enfermedades.
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Por su parte, el célebre Guamán Poma (1616) nos legó una serie de dibujos en su
crónica, los cuales ayudan a facilitar la comprensión de la práctica terapéutica andina.
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Figura 20.- Dibujos de “curadores” según Felipe Guamán Poma de Ayala (1616). (1)
escena de violencia, posiblemente se generaban traumatismos después del combate; (2),
(3), (4), (5), (6), (7) especialistas en curaciones y tratamiento de las enfermedades con
ayuda de los Apus y demás seres mágicos andinos; y (8) tres especialistas interpretando
las enfermedades a través del sueño, el fuego y la succión.
Para éste la selección de las crónicas utilizadas en esta investigación se hizo con el
criterio de que los autores de éstas hubiesen sido testigos presenciales de los hechos que
registraron de alguna manera, de igual manera, a aquellos que se interesaron por los
temas médicos y patológicos.
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Contribución del arte, las crónicas y la tradición oral al estudio de la paleopatología andina
[…] antes había un hombre que se comunicaba con el Apu (divinidad encarnada en
un cerro generalmente) y el Apu le decía que hacer […] mi abuelo me contaba que
se le llamaba, no me acuerdo, pero tenía algo de KON o KUN, o algo así al final
(del nombre) […] me decía (que el KON) era recontra feo con su nariz chueca para
un lado […] siempre asustaba a la gente […] (Villar, 1982: 56)
[…] Se sabe que esta danza es exclusiva para varones, mayores de edad, con
ciertos ascendientes morales de la comunidad. Si algún menor de edad por gracia
pretende revelar el nombre del enmascarado a le dice “Cachi” (sal) sustancia que
gusta mucho a algunos mamíferos como el asno […] en este sentido el Huacón es
un personaje que representa a un hombre viejo de rasgos amorfos en la cara, sin
dentadura que causa miedo a todos los que no cumplieron con Dios […] (Artículo
del Diario Correo, 2012: 16)
Figura 21.- Propuesta de patología en el Huacón. (1) Parálisis facial; (2) parálisis facial
del Huacón; y (3) Abel Beriche, poblador de Mito (Grupo EPENSA)
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Como hemos podido apreciar, con este ejemplo y con otros muchos más, deducimos
que las patologías siempre estuvieron relacionadas con las religión, en muchos casos los
que padecían de alguna enfermedad poseían poderes mágicos y el mismo hecho de tener
una deformación, parálisis, ceguera etc., provocaba miedo en el grupo social en donde
se encontraban. De esta manera, en alguna viñeta de nuestra historia, estos personajes
trascendieron y pasaron de ser menospreciados a convertirse en la voz de los “dioses”.
De esta manera podemos añadir que a lo largo de la historia que compartimos los seres
humanos, tenemos ejemplos sobre los “dones” que se pagan con “algo”, es decir, que
las personas que poseían ciertas capacidades (ver el futuro, ver a las almas de sus
ancestros, etc.) por lo general adolecían de algo particular, una enfermedad. Podemos
citar al Mircea Eliade (2001) quién hace alusión a este hecho:
[…] todos los dones que se les fueron otorgados a los grandes hombres y mujeres
de la historia siempre se les fue cobrado […] por ejemplo, el Moisés de la Biblia
era tartamudo, pero tuvo una mente muy lucida para hablar con el mismísimo Dios
y dar la libertad a todo un pueblo […] el célebre Beethoven padecía de sordera,
pero compuso una de las obras musicales más notables del mundo […] Julio Verne
tenia paralizado medio cuerpo y trascendió las fronteras de la ciencia e imaginación
[…] (Eliade, 2001: 37)
Si echamos una mirada a nuestra sociedad existe una gran variedad y cantidad de
ejemplos relacionados con lo que aludimos en líneas anteriores. En este sentido,
proponemos que esto debió ocurrir de forma similar hace cientos de años atrás no solo
en los Andes americanos, sino en gran parte del mundo.
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RESULTADOS DE LA INVESTIGACIÓN
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Por lo que de acuerdo con esta información podemos decir que los pueblos
prehispánicos andinos se vieron afectados por padecimientos de muy diversa índole
(infecciosos, digestivos, respiratorios, osteoarticulares, traumáticos y anomalías del
desarrollo).
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De esta manera, podemos hacer una clasificación más formal de las patologías que
tuvieron lugar en el área andina en el siguiente cuadro:
CUADRO DE INTERPRETACIÓN
DE LA PALEOPATOLOGÍA ANDINA (algunos ejemplos)
PATOLOGÍA CARACTERÍSTICAS FISIOLÓGICAS Y
CULTURALES
Nombre patológico: Sífilis
Características: Enfermedad infecciosa de
transmisión sexual, causada por la espiroqueta
Treponema pallidum.
Nombre andino: Huanti (bubas)
Tratamiento andino a cargo de: hachus o aillacos,
socyac, camascas, huacapvillac, mallquivillac,
punchauvillac, ripiac, runatingui, huksihampic,
callahuayas, yatiri, hampeq o hampicamayoc.
Simbolismo cultural: Esta enfermedad es producto
de la unión carnal entre un hombre y una llama,
también es trasmitida por un ave llamada Quenti
(Colibrí); es el castigo divino por prácticas
zoroástricas.
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