Hobson.
Contra el mito eurocéntrico del occidente primordial
El autor critica la idea de un Occidente protagonista del progreso del mundo, es decir, la postura eurocéntrica.
La tesis de Hobson es que esta idea es totalmente falsa por varias razones, entre otras porque Occidente y
Oriente han estado ligados de manera fundamental y constante por los laxos de la globalización desde el año
500 e.v. Tambien sostiene que el Occidente moderno ascendió gracias a Oriente. Por esto habla de un
Occidente oriental. Oriente facilitó el ascenso de Occidente po dos procesos: El difusionismo y asimilacionismo
y el apropiacionisno. En primer lugar, a partir del año 500 los pueblos de oriente crearon una economía global
y una res de comunicaciones también global a partir de la cual ideas, instituciones y tecnologías orientales se
difundieron por Occidente, donde fueron asimiladas por medio de la globalización oriental. En segundo lugar,
el imperialismo occidental a partir de 1942 llevó a los europeos a apropiarse de recursos económicos
orientales que permitieron la ascensión de Occidente.
Uno de los presupuestos del eurocentrismo es que Oriente fue un espectador pasivo en el relato del
desarrollo histórico del mundo y una víctima del poderío de Occidente, por lo cual debe quedar al margen de
la historia del progreso del mundo. Hobson está totalmente en desacuerdo con esto.
Esta marginación de Oriente esconde tres conceptos fundamentales. Por un lado, Oriente tuvo un papel muy
activo en la iniciación de su propio desarrollo económico a partir del año 500 aprox. En segundo lugar, Oriente
creó y conservó activamente la economía global a partir del año 500. Y por último, Oriente contribuyó activa y
significativamente a la ascensión de Occidente creando "nuevas carteras de recursos" (tecnologías,
instituciones e ideas) y transmitiéndoselas a Europa. Lo que no significa que Occidente haya sido un
beneficiario pasivo.
Por ejemplo, en el mapa del mundo de Mercator la masa continental de hemisferio septentrional ocupa dos
terceras partes del mapa, mientras que la correspondiente al sur representa solo un tercio. Por lo que, aunque
la superficie de Escandinavia es más o menos un tercio de la de la India, en el mapa aparecen con casi la
misma cantidad de espacio.
La formación de la identidad europea y la invención del eurocentrismo/orientalismo
Estas últimas son una cosmovisión que afirma la superioridad intrínseca de Occidente respecto a Oriente.
Entre 1700 y 1850 la imaginación europea dividió el mundo en dos campos opuestos: Occidente y Oriente, u
Occidente y el resto. El Orientalismo construye la imagen de un Occidente superior (Yo) que se define en
negativo frente al Otro, también imaginario, el Oriente atrasado e inferior. Estamos ante una imagen que
legitima el imperialismo y el sometimiento de Oriente. Apareciendo Occidente como el único capaz de abrir
camino al desarrollo progresivo, y Oriente como siempre estancado.
Los relatos convencionales de historia universal afirman que el proceso comenzó con la Antigua Grecia y fue
progresando hasta llegar a la revolución agrícola europea, y luego hasta aparición del comercio dominado por
los italianos. El relato sigue con el Renacimiento donde redescubren las ideas griegas, que al aliarse con la
revolución científica, la Ilustración y la aparición de la democracia impulsó a Europa a la industrialización y la
modernidad capitalista. Las sociedades orientales se presentan fuera del relato principal. Y Occidente
pareciera haber ascendido y triunfado sin la ayuda de nadie.
Marx también privilegió a Occidente como sujeto activo del progreso y denigró a Oriente a un objeto pasivo.
Destacaba en el modo de producción asiático la ausencia de propiedad privada, por ende de clases, y del
motor del progreso: La lucha de clases. Esto debido en parte a que las fuerzas de producción pertenecían al
estado despótico. Marx apoyaba al imperialismo británico y consideraba a Grecia el origen de la modernidad
capitalista y fuente de civilización. Su línea progresiva (feudalismo-capitalismo-socialismo-comunismo) no era
posible en Oriente.
Weber también dejaba de lado a Oriente al considerar que la esencia del capitalismo moderno está en su
singularísimo y marcado grado de racionalidad y previsibilidad, valores exclusivos de Occidente. Weber le
atribuía a Occidente rasgos progresivos supuestamente exclusivos de esa parte del mundo.
Occidente nunca fue ni tan genial ni tan progresivo moralmente como presupone el eurocentrismo. Sin la
ayuda de Oriente, mucho más avanzado entre los años 500 y 1800, lo más probable es que Occidente no
hubiera cruzado el umbral de la modernidad.
La tesis fundamental es que el relato eurocéntrico resulta problemático no porque sea políticamente
incorrecto, sino porque no encaja con lo que realmente sucedió. La documentación histórica que usa el autor
pone de manifiesto que durante la mayor parte del último milenio Oriente ha sido el principal impulsor del
desarrollo mundial. Como ya dijimos, Occidente cruzó a la modernidad por la difusión y apropiación de los
recursos más adelantados de oriente. Por ejemplo, técnicas náuticas y navales, el cañón, la pólvora, además
de otras ideas, instituciones, etc.
Precisamente porque Oriente y Occidente estuvieron unidos en una red global desde el año 500, hay que
olvidar la idea eurocéntrica de que estas dos unidades son dos realidades distintas y antitéticas.
Otro medio que facilitó Oriente la ascensión de Occidente fue la apropiación imperialista por parte de Europa
de los recursos orientales (tierra, mano de obra, mercados).
Entre los factores de la ascensión de Occidente cabe destacar la construcción de la identidad europea imperial
y las causas materiales. Imaginar a Oriente como un mundo atrasado, pasivo e infantil, a diferencia de
Occidente, avanzado, activo y paternal, fue decisivo para el imperialismo europeo.