Secretos del Umbral, Conferencias III y IV,
por Rudolf Steiner
Cuando se habla sobre los mundos espirituales como lo estamos haciendo
en estas conferencias, deberíamos tener lo siguiente muy presente: la consciencia
clarividente que el alma humana puede desarrollar en sí misma no cambiará nada
en la naturaleza e individualidad de una persona, porque todo lo que entra en esa
consciencia ya estaba presente desde hace tiempo en la naturaleza del hombre.
Saber algo no es lo mismo que crearlo, una persona aprende sólo a percibir lo que
ya está allí como un hecho. Por muy obvio que sea esto, ha de ser dicho, ya que
debemos dirigir nuestros pensamientos a la realización de que la naturaleza del ser
humano está oculta en las mismas profundidades de su existencia; puede ser
recuperada desde esas profundidades sólo a través de la cognición clarividente. De
esto se sigue que la verdadera, la más interna naturaleza del ser humano no puede
ser traída a la luz de ninguna otra manera que no sea a través del conocimiento
oculto. Podemos aprender lo que es realmente un ser humano, no a través de
cualquier clase de filosofía, sino sólo a través de la clase de conocimiento basado en
la consciencia clarividente. El ser del hombre, la verdadera, la más interna
naturaleza del hombre, reside en mundos ocultos a la observación que usamos en
el mundo sensible y a la comprensión limitada al mundo sensible. La consciencia
clarividente proporciona el punto de vista desde el que los mundos más allá del
llamado umbral han de ser observados; para percibir y aprender, se exigen
requisitos bastante diferentes de aquellos del mundo sensible.
Esto es lo más importante: que el alma humana debería irse acostumbrando
al hecho de que la manera de mirar y reconocer las cosas, que para el mundo
sensible es correcta y saludable, no es la única manera.
Aquí daré el nombre de mundo elemental al primer mundo en que el alma
de un ser humano entra al hacerse clarividente y cruzar el umbral. Sólo una
persona que quiere llevar los hábitos del mundo sensible a los mundos
suprasensibles superiores puede exigir una elección uniforme de nombres para
todos los puntos de vista que los mundos superiores pueden ofrecer. (Al final de
este ciclo de conferencias y también en mi pequeño libro El Umbral del Mundo
Espiritual que se publica en uno o dos días, destacaré la conexión entre los
términos escogidos aquí –por ejemplo, mundo elemental y aquellos expuestos ya
en mis libros Teosofía y Ciencia de lo Oculto, como son mundo del alma, mundo del
espíritu, etc.– para que la gente no busque contradicciones de una manera
superficial donde no existen.)
La vida del alma se encuentra con requisitos completamente nuevos cuando
cruza el umbral al mundo elemental. Si el alma humana insistió al entrar en este
mundo en los hábitos del mundo sensible, podrían suceder dos cosas: turbiedad u
oscuridad completa se desplegarían sobre el horizonte de la conciencia, sobre el
campo de visión, si no –si el alma quería entrar en el mundo elemental sin
prepararse para sus peculiaridades y requerimientos– sería expulsada de nuevo al
mundo sensible. El mundo elemental es completamente diferente al mundo
sensible. En este nuestro mundo cuando te mueves de un ser vivo a otro, de un
suceso al siguiente, tienes estas cosas y sucesos ante ti y puedes observarlos; al
confrontarlos y observarlos, mantienes tu propia existencia, tu propia personalidad
separada. Sabes en todo momento que en la presencia de otra persona o suceso
eres la misma persona que eras antes y que serás el mismo cuando confrontes una
nueva situación; nunca puedes perderte en otro ser o suceso. Los confrontas,
permaneces fuera de ellos y sabes que siempre serás el mismo en el mundo
sensible dondequiera que vayas.
Esto cambia tan pronto como una persona entra en el mundo elemental. Allí
es necesario adaptar toda la vida interna del alma a un ser o suceso tan
completamente que uno transforma la propia vida interna del alma en este otro ser,
en este otro suceso. No podemos aprender nada en absoluto en el mundo
elemental a menos que nos convirtamos en una persona diferente dentro de cada
ser, a menos que nos hagamos similares hasta un alto grado a los otros seres y
sucesos.
Hemos de tener, entonces, una peculiaridad del alma para el mundo
elemental: la capacidad de transformar nuestro propio ser en otros seres fuera de
nosotros mismos. Debemos tener la facultad de la metamorfosis. Debemos ser
capaces de sumergirnos en el otro ser y llegar a ser él. Debemos ser capaces de
perder la conciencia que siempre –para permanecer emocionalmente sanos– hemos
de tener en el mundo sensible, la conciencia de “Yo soy yo”. En el mundo elemental
conseguimos conocer al otro ser sólo cuando de algún modo internamente nos
hemos “convertido” en el otro. Cuando hemos cruzado el umbral, tenemos que
movernos a través del mundo elemental de una manera tal que con cada paso nos
transformemos en cada simple suceso, nos convirtamos en cada ser. Es crucial para
la salud del alma de una persona que al vagar por el mundo sensible, mantenga su
identidad y afirme su carácter individual, pero esto es de todo punto imposible en el
mundo elemental, donde le conduciría o al oscurecimiento de su campo de visión o
a ser arrojado de vuelta al mundo sensible.
Comprenderéis fácilmente que para ejercitar la facultad de la
transformación, el alma necesita algo más de lo que ya posee aquí en nuestro
mundo. El alma humana es demasiado débil para ser capaz de cambiar
continuamente y adaptarse a cada clase de ser si entra en el mundo elemental en
su estado normal. Además las fuerzas del alma humana deben ser fortalecidas y
aumentadas mediante las instrucciones descritas en mis libros Ciencia
Oculta y Cómo Alcanzar el Conocimiento de los Mundos Superiores, siguiéndolas la
vida del alma se hará más fuerte y vigorosa. Entonces puede sumergirse en otras
entidades sin perderse a sí misma en el proceso. Habiendo dicho esto, entenderéis
inmediatamente la importancia de fijarse en lo que se llama el umbral entre el
mundo sensible y el suprasensible. Ya hemos dicho que la conciencia clarividente
de un ser humano en la tierra debe ir y volver continuamente, que debe observar el
mundo espiritual más allá del umbral mientras está fuera del cuerpo físico y debe
entonces regresar al cuerpo físico, ejercitando de una manera saludable las
facultades que le conducen a la correcta observación del mundo físico sensible.
Supongamos que la conciencia clarividente de una persona, al volver por el
umbral, trajera al mundo sensible la facultad de la transformación que ha de tener
para ser completamente consciente del mundo espiritual. La facultad de
transformación de la que he estado hablando es una peculiaridad del cuerpo etéreo
humano, que vive preferentemente en el mundo elemental. Ahora supongamos que
una persona volviera al mundo físico manteniendo su cuerpo etéreo capaz de
transformarse como debe ser en el mundo elemental. ¿Qué sucedería? Cada uno de
los mundos tiene sus propias leyes específicas.
El mundo sensible es el mundo de las formas auto-contenidas, ya que aquí
rigen los Espíritus de La Forma. El mundo elemental es el mundo de la movilidad, de
la metamorfosis, de la transformación; igual que tenemos que cambiar continuamente para
sentirnos en casa en ese mundo, todos los seres allí están cambiando continuamente. No hay
forma cerrada, circunscrita: todo está en continua metamorfosis. Un alma tiene que tomar
parte en esta existencia siempre cambiante fuera del cuerpo físico si quiere desplegarse allí.
Entonces en el mundo físico sensible debemos permitir que nuestro cuerpo etéreo, como
entidad del mundo elemental capaz de metamorfosearse, hundirse en el cuerpo físico. A través
de este cuerpo físico soy una personalidad definida en el mundo físico sensible; yo soy esta o
aquella persona distinta. Mi cuerpo físico estampa mi personalidad sobre mí; el cuerpo físico y
las condiciones del mundo físico en las que me encuentro me hacen una personalidad. En el
mundo elemental uno no es una personalidad, ya que esto requeriría una forma cerrada. Aquí,
sin embargo, debemos notar que lo que la conciencia clarividente reconoce en el alma humana
está, y siempre lo ha estado, presente dentro de ella. Mediante las fuerzas del cuerpo físico, la
movilidad del cuerpo etéreo está restringida solo por el momento. Tan pronto como el cuerpo
etéreo se hunde en su cuerpo físico, sus poderes de movimiento son mantenidos unidos y
adaptados a la forma. Si el cuerpo etéreo no estuviera metido dentro del cuerpo físico como
dentro de una bolsa, estaría siempre impelido a transformarse continuamente.
Ahora supongamos que un alma, al hacerse clarividente, se llevara al mundo
físico este deseo de su cuerpo etéreo por la transformación. Entonces con su
tendencia al movimiento, encajaría con bastante holgura en el cuerpo humano, y
así el alma puede entrar en contradicción con el mundo físico que quiere darle
forma en una personalidad definida. El cuerpo etéreo, que siempre quiere moverse
con libertad, puede volver del umbral de la manera equivocada, deseando en cada
momento ser algo o alguien más, alguien que puede ser todo lo contrario de la
forma firmemente impresa del cuerpo físico. Para decirlo más concretamente: una
persona podría ser, pongamos, un ejecutivo de banca escandinavo, gracias a su
cuerpo físico, pero a causa de que su cuerpo etéreo se trae al mundo físico el
impulso de liberarse de las restricciones físicas, podría imaginarse ser el emperador
de China. (O, para usar otro ejemplo, una persona podría ser –digamos– la
presidenta de la Sociedad Teosófica, y si su cuerpo etéreo ha sido liberado, ella podría
imaginar que ha estado en presencia del Director del Universo.) (9)
Vemos que el umbral que tan exactamente divide el mundo sensible del
suprasensible debe ser absolutamente respetado; el alma debe observar los
requisitos de cada uno de los dos mundos, adaptándose y conduciéndose de
manera diferente en este lado y en aquel. Hemos recalcado repetidamente que las
peculiaridades del mundo suprasensible no deben ser llevadas ilegítimamente
cuando se vuelve al mundo sensible. Si lo puedo decir con más claridad, uno ha de
comprender cómo conducirse en ambos mundos, uno no puede llevarse a un
mundo el método de observación que es correcto para el otro.
En primer lugar entonces, hemos de tomar nota de que la facultad esencial
para encontrarse y sentirse uno mismo en el mundo elemental es la facultad de
transformación. Pero el alma humana nunca podría vivir permanentemente en este
elemento móvil. El cuerpo etéreo tampoco podría permanecer constantemente en
un estado de posibilidad de transformarse a sí mismo, como un ser humano en el
mundo físico tampoco sería capaz de permanecer despierto continuamente. Sólo
cuando estamos despiertos podemos observar el mundo físico; dormidos no lo
percibimos. No obstante tenemos que permitir la alternancia del estado de vigilia
con el estado de sueño. Algo comparable a esto es necesario en el mundo
elemental. Tan poco correcto como es en el mundo físico estar continuamente
despierto, ya que la vida aquí debe alternar como un péndulo entre vigilia y sueño,
así algo similar es necesario para la vida del cuerpo etéreo en el mundo elemental.
Debe haber un polo opuesto, como si dijéramos, algo que funcione en la dirección
opuesta a la facultad de transformación que conduce a la percepción en el mundo
espiritual. ¿Qué es lo que hace al ser humano capaz de transformarse? Es su vivir
en la imaginación, en imágenes mentales, la habilidad de hacer sus ideas y
pensamientos tan móviles que a través de su pensamiento animado y flexible
puede sumergirse en otros seres humanos y sucesos. La condición opuesta,
comparable al sueño en el mundo sensible, es la voluntad del ser humano que debe
ser desarrollada y fortalecida. Para la facultad de transformación: el pensamiento o
la imaginación; para la condición opuesta: la voluntad.
Para comprender esto, deberíamos considerar que en el mundo físico
sensible el ser humano es un ego, un “Yo”. Es el cuerpo físico, mientras está
despierto, el que contribuye con lo que es necesario para este sentimiento de yo.
Las fuerzas del cuerpo físico, cuando el ser humano se hunde en él, le proporcionan
el poder de sentirse a sí mismo como un ego, un Yo. Es diferente en el mundo
elemental. Allí el yo del ser humano debe lograr hasta cierto punto lo que el cuerpo
físico logra en el mundo físico. No puede desarrollar ningún sentimiento de uno
mismo en el mundo elemental si no ejerce su voluntad, si él mismo no hace
“voluntad”. Esto, no obstante, exige superar algo que está profundamente
enraizado en nosotros: nuestro amor por la comodidad y la conveniencia. Esta
voluntad del Yo es necesaria en el mundo elemental; como la alternancia de dormir
y estar despierto en el mundo físico, la condición de “transformarse uno mismo en
otros seres” debe dar paso al sentimiento de voluntad auto-fortalecida. Así como
nos hemos sentido cansados en el mundo físico y cerramos los ojos, superados por
el sueño, llega el momento en el mundo elemental en que el cuerpo etérico siente
que “No puedo seguir cambiando continuamente; ahora debo dejar fuera todos los
seres y sucesos a mi alrededor. Tendré que empujar todo fuera de mi campo de
visión y apartar mi mirada de él. Ahora debo querer vivir absoluta y completamente
dentro de mí mismo, ignorando los demás seres y sucesos”. Esta voluntad del yo,
excluyendo todo lo demás, corresponde al sueño en el mundo físico.
Estaríamos equivocados si imagináramos que la alternancia de
transformación con el sentimiento del ego fortalecido estuviera regulado en el
mundo elemental tan naturalmente como estar despierto y dormir lo están en el
mundo físico. Según la consciencia clarividente –y sólo para ésta es perceptible–
tiene lugar a voluntad, no pasa tan fácilmente como de despertarse aquí se pasa al
sueño. Una vez que uno ha vivido durante un tiempo en el elemento de la
metamorfosis, uno siente la necesidad dentro de uno mismo de comprometerse y
usar la otra oscilación del péndulo de la vida elemental. De una manera mucho más
arbitraria que con nuestro despertar y dormir el elemento de transformación de uno
mismo se alterna con la vida interior con su elevado sentimiento del yo. Sí, nuestra
consciencia puede incluso provocarlo por medio de su elasticidad que en ciertas
circunstancias ambas condiciones pueden estar presentes al mismo tiempo: por un
lado, uno se transforma hasta cierto grado y aún puede mantener unidas ciertas
partes del alma y descansar dentro de uno mismo. En el mundo elemental podemos
despertarnos y dormir a la vez, algo que no deberíamos probar en el mundo físico
si nos preocupa la vida de nuestra alma.
Debemos además considerar que cuando el pensamiento se desarrolla en la
facultad de transformación y comienza a sentirse como en casa en el mundo
elemental, no puede ser usado en aquel mundo de la manera que es correcto y
saludable en el mundo físico. ¿Qué es pensar como en nuestro mundo ordinario?
Observadlo mientras seguís su movimiento. Una persona es consciente de
pensamientos en su alma; él sabe que está comprendiendo, estirando, conectando
y separando estos pensamientos. Internamente se siente el maestro de sus
pensamientos, que parecen bastante pasivos; permiten ser conectados y
separados, ser formados y desechados. Esta vida del pensamiento debe
desarrollarse en el mundo elemental un paso más. Allí una persona no está en
posición de tratar con pensamientos que son pasivos. Si alguien tiene éxito
realmente en entrar en ese mundo con su alma clarividente, parece como si sus
pensamientos no fueran cosas sobre las que tiene algún control: son seres vivos.
Imaginad cómo es cuando no puedes formar, conectar y separar tus pensamientos
sino que, en vez de ello, cada uno de ellos en vuestra conciencia comienza a tener
su propia vida, una vida como entidad en sí misma. Lanzas tu consciencia a un
lugar, parece, donde no encuentras pensamientos que son como aquellos del
mundo físico sino que son seres vivos. Sólo puedo usar una imagen grotesca que
nos ayudara a darnos cuenta de qué diferente debe llegar a ser nuestro
pensamiento de como es aquí. Imaginaos metiendo vuestra cabeza en un
hormiguero, mientras vuestro pensamiento se para –¡tendríais hormigas en la
cabeza en vez de pensamientos! Es exactamente así, cuando vuestra alma se
sumerge en el mundo elemental; vuestros pensamientos se tornan tan vivos que
ellos mismos se unen unos con otros, se separan y tienen su propia vida.
Verdaderamente necesitamos un alma con mayor fuerza para enfrentarnos a estos
seres vivos de pensamiento con nuestra consciencia de la que la necesitamos con
los pensamientos pasivos del mundo físico, que les permite formarse ellos mismos
a voluntad, conectarse y separarse no sólo sensiblemente sino a menudo incluso
bastante insensatamente. Son cosas pasivas estos pensamientos de nuestro mundo
ordinario; dejan hacer al alma humana lo que quiera con ellos. Pero es bastante
diferente cuando introducimos nuestra alma en el mundo elemental, donde
nuestros pensamientos tendrán una vida independiente. Un ser humano debe
controlar su alma y afirmar su voluntad al enfrentarse a estos pensamientos
activos, vitales, nada pasivos. En el mundo físico nuestro pensamiento puede ser
completamente estúpido y esto no nos daña en absoluto. Pero si hacemos cosas
estúpidas con nuestro pensamiento en el mundo elemental, puede muy bien
suceder que nuestros pensamientos estúpidos, moviéndose a nuestro alrededor
como seres independientes, nos dañen, pueden incluso causarnos dolor real.
Así vemos que los hábitos de nuestra alma deben cambiar cuando cruzamos
el umbral desde el mundo físico al suprasensible. Si fuéramos a regresar al mundo
físico con la actividad que hemos de ejercer sobre las entidades de pensamiento
vivas del mundo elemental y fracasáramos al desarrollar en nosotros mismos un
sólido pensamiento con estos pensamientos pasivos, deseando más apegarnos a las
condiciones del otro mundo, nuestros pensamientos huirían continuamente de
nosotros; entonces al correr detrás de ellos, nos convertiríamos en un esclavo de
nuestros pensamientos.
Cuando una persona entra en el mundo elemental con alma clarividente y
desarrolla su facultad de metamorfosis, profundiza en ello con su vida interna,
transformándose a sí mismo dependiendo de la clase de entidad que tiene delante.
¿Cuál es su experiencia cuando hace esto? Es algo que podemos llamar simpatía y
antipatía. Estas experiencias parecen brotar de las profundidades del alma,
presentándose ante el alma que se ha hecho clarividente. Aparecen clases bastante
definidas de simpatía y antipatía al transformarse ella en este o en aquel otro ser.
Cuando la persona procede de una transformación a la siguiente, es consciente
continuamente de diferentes simpatías o antipatías. Igual que en el mundo físico
reconocemos, caracterizamos y describimos los objetos y seres vivos, en definitiva,
los percibimos cuando el ojo ve su color o el oído oye sus tonos de la misma
manera en el mundo espiritual describiríamos sus seres en términos de simpatías y
antipatías particulares. Dos cosas, sin embargo, deberían ser destacadas. Una es
que en nuestra manera habitual de hablar en el mundo físico, generalmente
diferenciamos sólo entre grados más fuertes y más débiles de simpatía y antipatía
de los que nos encontramos en el mundo elemental. Además para describir esto
correctamente, uno no puede simplemente decir – como haría en el mundo físico –
que al sumergirse y entrar en esta entidad en particular uno siente mayor simpatía,
mientras que al entrar en otra entidad uno siente menos simpatía. ¡No! ¡Se pueden
encontrar allí simpatías y antipatías de todas clases!
El segundo punto a destacar es este: nuestra actitud natural usual hacia la
simpatía y la antipatía no puede ser trasladada al mundo elemental. Aquí en este
mundo nos sentimos atraídos hacia ciertas personas, repelidas por otras; nos
asociamos por elección con aquellos que son simpáticos y deseamos estar cerca de
ellos; nos alejamos de las cosas y de las personas que son aborrecibles y
rehusamos tener nada que ver con ellos. Esto no se puede hacer en el mundo
elemental, ya que allí –si puedo expresarlo curiosamente– no encontraremos las
simpatías simpáticas ni las antipatías antipáticas. Esto sonaría a alguien diciendo en
el mundo físico: “¡Sólo puedo soportar los colores azules y los verdes, no los rojos o
amarillos. Simplemente debo huir del rojo y del amarillo!” Si un ser del mundo
elemental es antipático, significa que tiene una característica de ese mundo, que
debe ser descrita como antipática, y tenemos que tratar con ello igual que tratamos
en el mundo sensible con los colores azul y rojo, no permitiendo que uno nos sea
más simpático que el otro. Aquí conocemos todos los colores con una cierta calma
porque transmiten lo que son las cosas; solo cuando una persona es un tanto
neurótica huye de determinados colores, o cuando es un toro y no puede soportar
la visión del rojo. La mayoría de nosotros acepta todos los colores con ecuanimidad
y deberíamos de la misma forma ser capaces de observar con la mayor calma las
cualidades de la simpatía y de la antipatía que pertenecen al mundo elemental.
Para esto debemos necesariamente cambiar la actitud habitual del alma en el
mundo físico, donde es atraída por la simpatía y repelida por la antipatía; debe
cambiar completamente. Allí la actitud interna correspondiente a los sentimientos
de simpatía y antipatía debe ser reemplazada con lo que podemos llamar alma
tranquila, espíritu pacífico. (10) Con una vida del alma internamente resuelta con la
calma del espíritu, debemos introducirnos en las entidades y transformarnos en
ellas; entonces sentiremos las cualidades de estos seres surgiendo de dentro de las
profundidades de nuestra alma como simpatías y antipatías. Sólo cuando podamos
hacer esto, con tal actitud hacia la simpatía y la antipatía, será el alma capaz, en
sus experiencias, de dejar que la percepción simpática y antipática aparezca ante
ella como imágenes que son correctas y verdaderas. Esto es, sólo cuado seamos
capaces no simplemente de sentir lo que son las percepciones de simpatías y
antipatías, sino de experimentar realmente nuestro propio yo particular,
transformado en otro ser, alzándose repentinamente como una determinada
imagen en color o como determinada imagen de tonos del mundo espiritual.
Podéis también aprender cómo las simpatías y las antipatías juegan un papel
en relación con la experiencia del alma en el mundo espiritual si miráis, con una
cierta cantidad de comprensión interior, el capítulo de mi libro Teosofía que
describe el mundo del alma. Allí veréis que el mundo del alma está en realidad
formado por simpatías y antipatías. De mi descripción seréis capaces de aprender
que lo que conocemos como pensamiento en el mundo físico sensible realmente
sólo es la oscura huella externa, evocada por el cuerpo físico, del pensamiento que,
residiendo en ocultas profundidades, puede ser llamado una verdadera fuerza viva.
Tan pronto como entramos en el mundo elemental y nos movemos con nuestro
cuerpo etérico, los pensamientos se tornan –podríamos decir– más densos, más
vivos, más independientes, más verdaderos con su propia naturaleza. Lo que
experimentamos como pensamiento en el mundo físico se relaciona con este
elemento más verdadero de pensamiento como una sombra en la pared se
relaciona con los objetos que la proyectan. En realidad, es la sombra de la vida de
pensamiento elemental lanzado sobre el mundo físico sensible a través de la
instumentalidad del cuerpo físico. Cuando pensamos, nuestro pensamiento yace
aproximadamente en la sombra de los seres de pensamiento. Aquí el conocimiento
espiritual clarividente arroja nueva luz sobre la verdadera naturaleza del
pensamiento. Ninguna filosofía, ninguna ciencia externa, por muy ingeniosas que
sean, puede determinar nada sobre la naturaleza real del pensamiento; sólo un
conocimiento basado en la consciencia clarividente puede reconocer qué es.
Lo mismo sirve para la naturaleza de nuestra voluntad. La voluntad debe
hacerse más fuerte, ya que en el mundo elemental las cosas no son tan serviciales
que el sentimiento del ego se nos proporcione como lo es a través de las fuerzas
del cuerpo físico. Allí nosotros mismos tenemos que querer el sentimiento del ego;
tenemos que averiguar lo que significa para nuestra alma estar completamente
llena de la consciencia, “Quiero yo mismo”, hemos de experimentar algo del mayor
significado: que cuando no somos lo suficientemente fuertes para crear el acto real
de voluntad, “Quiero yo mismo”, y no simplemente el pensamiento de ello, en ese
momento sentiremos que caemos inconscientes en una especie desmayo. Si no nos
mantenemos unidos en el mundo elemental, caeremos en una especie de desmayo.
Allí investigamos la verdadera naturaleza de la voluntad, de nuevo algo que no
puede ser descubierto por la ciencia externa o la filosofía sino únicamente por
medio de la consciencia clarividente. Lo que llamamos la voluntad en el mundo
físico es una oscura imagen de la voluntad fuerte, viva del mundo elemental, que
crece y se desarrolla de tal forma que pueda mantener el ego fuera de su propia
voluntad sin el apoyo de fuerzas externas. Podemos decir que todo en aquel
mundo, cuando logramos acostumbramos a él, tiene voluntad propia.
Por encima de todo, cuando hemos dejado el cuerpo físico y nuestro cuerpo
etérico está en el mundo elemental, el impulso de transformarnos a nosotros
mismos despierta a través del carácter innato del cuerpo etérico. Deseamos
sumergirnos en los demás seres. Sin embargo, así como en nuestro estado de
vigilia durante el día hace que surja la necesidad de dormir, del mismo modo en el
mundo elemental surge a su vez la necesidad de estar solo, aislarnos de todo
aquello en lo que podemos transformarnos. Entonces de nuevo, cuando nos hemos
sentido solos durante un tiempo y hemos desarrollado el fuerte sentimiento de la
voluntad, “Quiero yo mismo”, viene lo que podemos llamar un terrible sentimiento
de aislamiento, de estar desamparado, que evoca el deseo de despertar de ese
estado, de sólo querer uno mismo, a la facultad de transformación de nuevo.
Mientras descansamos en el sueño físico, otras fuerzas cuidan de que despertemos;
no tenemos que ocuparnos nosotros mismos. En el mundo elemental cuando
estamos en la condición de sueño de sólo querer nosotros mismos, somos impelidos
a ponernos en el estado de transformación, es decir, de deseo de despertar, a
través de la exigencia de sentirnos desamparados.
A partir de todo esto, veis cuán diferentes son las condiciones de
experimentarse a uno mismo en el mundo elemental, de percibirse a uno mismo
allí, de las del mundo físico. Podéis juzgar además cuán necesario es, una y otra
vez, cuidar de que la consciencia clarividente, pasando de un mundo a otro, se
adapte correctamente a los requerimientos de cada mundo y no transporte, al
cruzar el umbral, las usanzas de uno al otro. El fortalecimiento y la vigorización de
la vida del alma consecuentemente constituyen la preparación que a menudo
hemos descrito como necesaria para la experiencia de los mundos suprasensibles.
Lo que por encima de todo debe hacerse fuerte y poderoso son las
experiencias del alma que podemos llamar las eminentemente morales. Estas se
imprimen como cualidades del alma en la firmeza de carácter y la calma interior
decidida. El coraje interno y la firmeza de carácter deben ser muy especialmente
desarrollados, ya que mediante la debilidad de carácter lisiamos toda la vida del
alma, que sería entonces ineficaz en el mundo elemental; debemos evitar esto si
esperamos tener una experiencia verdadera y correcta allí. Nadie que
verdaderamente esté deseoso de adquirir conocimiento en los mundos superiores
dejará de dar importancia al fortalecimiento de las fuerzas morales entre todas las
demás fuerzas que ayudan al alma a entrar en aquellos mundos. Uno de los errores
más vergonzosos es atribuido a la humanidad cuando alguien se atreve a decir que
la clarividencia debería ser adquirida sin prestar atención al fortalecimiento de la
vida moral. Debe ser recalcado de una vez por todas que lo que he descrito en mi
libro Cómo lograr el Conocimiento de los Mundos Superiores como el desarrollo de
las flores de loto que cristalizan en el cuerpo espiritual de un estudiante clarividente
pueden en verdad tener lugar sin tener en cuenta el apoyo de la fuerza moral pero
ciertamente no debería hacerse así.
Las flores de loto deben estar allí si una persona quiere tener la facultad de
la transformación. Esa facultad viene a la existencia cuando las flores despliegan
sus pétalos en un movimiento fuera del ser humano, para poder comprender el
mundo espiritual y adherirse a él. Lo que una persona desarrolla como la habilidad
de transformarse a sí misma se expresa para la visión clarividente en el despliegue
de las flores de loto. Lo que puede adquirir de un sentimiento fortalecido de ego se
convierte en firmeza interna; podemos llamarlo una columna. Estos dos deben ser
desarrollados correspondientemente, las flores de loto para que uno pueda
transformarse a sí mismo, y una columna para que uno pueda desplegar un ego
fortalecido en el mundo elemental.
Como mencioné en la conferencia de ayer, lo que se desarrolla de una
manera espiritual puede conducir a un orden superior de virtudes en el mundo
espiritual, pero si esto es permitido que surja al mundo sensible, puede ocasionar
los más terribles vicios. Sucede lo mismo con las flores de loto y la columna
elemental. Al practicar determinados métodos es posible también despertar las
flores de loto y la columna sin esperar conseguir la firmeza moral –pero esta
consciencia clarividente no es recomendable-. No es simplemente una cuestión de
obtener algo en los mundos superiores, sino de conocer lo que está involucrado. En
el momento en el que atravesamos el umbral al mundo espiritual, nos
aproximamos a los seres luciféricos y ahrimánicos, de los que ya hemos hablado;
aquí nos los encontramos de una manera bastante diferente de cualquier
confrontación que pudiéramos tener en el mundo físico. Tendremos la
extraordinaria experiencia de que tan pronto como cruzamos el umbral, es decir,
tan pronto como hemos desarrollado las flores de loto y la columna, veremos los
poderes luciféricos viniendo hacia nosotros con la intención de agarrar las flores de
loto. Extienden sus tentáculos hacia nuestras flores de loto; debemos haberlas
desarrollado de la manera adecuada para poder usar las flores de loto para agarrar
y comprender los sucesos espirituales de tal forma que no sean agarradas por los
poderes luciféricos. Es posible evitar que sean agarradas por estos poderes
únicamente ascendiendo al mundo espiritual con fuerzas morales firmemente
establecidas.
Ya he mencionado que en el mundo físico sensible las fuerzas ahrimanicas
se nos aproximan más desde fuera, las luciféricas más desde dentro del alma. En el
mundo espiritual sucede lo contrario: los seres luciféricos vienen de fuera y tratan
de tomar el control de las flores de loto, mientras que los seres ahrimanicos vienen
desde dentro y se establecen tenazmente dentro de la columna. Si nos hemos
elevado al mundo espiritual sin el soporte de la moralidad, los poderes luciféricos y
ahrimánicos forman una extraordinaria alianza entre ellos. Si hemos ido a los
mundos superiores llenos de ambición, vanidad, orgullo o con deseo de poder,
Ahriman y Lucifer tendrán éxito en formar una sociedad entre ellos. Usaré una
imagen para describir lo que hacen, pero esta imagen corresponde a la situación
real y comprenderéis que lo que estoy indicando realmente tiene lugar: Ahriman y
Lucifer forman una alianza; juntos atan las flores de loto a la columna elemental.
Cuando todos los pétalos están atados a la columna, el ser humano está atado en sí
mismo, encadenado de sí mismo por medio de sus flores de loto fuertemente
desarrolladas y la columna. Los resultados de esto serán el comienzo del egoísmo y
el amor al engaño hasta un grado que sería imposible permanecer normalmente en
el mundo físico. Así vemos lo que puede suceder si la consciencia clarividente no
está desarrollada de la manera correcta: la alianza de Ahriman y Lucifer a través de
la cual los pétalos de las flores de loto son atados a la columna elemental,
encadenando a una persona a sí misma por medio de sus propias capacidades
elementales o etéreas. Estas son las cosas que debemos saber si deseamos
penetrar con los ojos abiertos y con comprensión en el mundo espiritual real.
Los Secretos del Umbral – Conferencia IV
El alma, al volverse clarividente, progresará más, más allá del mundo
elemental que hemos estado describiendo en estas conferencias, y penetrará en el
mundo espiritual real. Al ascender a este mundo superior, el alma debe tener en
cuenta incluso más enérgicamente lo que ya ha sido indicado. En el mundo
elemental hay muchos sucesos y fenómenos rodeando al alma clarividente que la
recuerdan las características, las fuerzas, y toda clase de cosas del mundo sensible,
pero al ascender al mundo espiritual, el alma encuentra los sucesos y seres
completamente distintos. Las capacidades y puntos de vista que podía seguir en el
mundo sensible han de ser elevados hasta un grado mucho mayor. Es
terriblemente inquietante confrontar un mundo al que el alma no está
acostumbrada en absoluto, dejando todo atrás todo lo que ha sido capaz de
experimentar y observar hasta ahora. Sin embargo, cuando miráis mis
libros Teosofía o Ciencia Oculta o si recordáis la reciente representación de las
Escenas Cinco y Seis de El Despertar del Alma, se os ocurrirá que las descripciones
del mundo espiritual real que allí hay, las descripciones científicas así como las
pictórico-escénicas, usan imágenes tomadas con toda seguridad –se podría decir–
de impresiones y observaciones del mundo físico sensible.
Recordad por un momento cómo es descrito el viaje a través del Devachán
o la tierra del Espíritu, como yo la llamé. Encontraréis que las imágenes usadas
tienen las características de la percepción sensorial. Esto es, por supuesto,
necesario si uno se propone ponerse en el escenario de la región del espíritu, por la
que el ser humano pasa entre la muerte y un nuevo nacimiento. Todos los
acontecimientos deben ser representados por imágenes tomadas del mundo físico
sensible. Podéis fácilmente imaginar que los tramoyistas hoy en día no sabrían qué
hacer con la clase de decorados que uno podría traer inmediatamente del mundo
espiritual, al no tener nada en común con el mundo sensible. Uno además se
enfrenta a la necesidad de describir la región del espíritu con imágenes
seleccionadas de la observación sensorial. Pero hay mucho más en relación con
este aspecto.
Podríais muy bien creer que para representar este mundo cuyas
características son completamente diferentes del mundo sensible, uno tiene que
ayudarse con la dificultad de las imágenes perceptibles sensorialmente. Este no es
el caso. Cuando el alma que se ha hecho clarividente entra en el mundo espiritual,
realmente verá el paisaje como el escenario exacto de aquellas dos escenas de la
“Región del Espíritu” en El Despertar del Alma. No están elaboradas simplemente
para representar algo que es completamente distinto; el alma clarividente está
realmente en tal escenario y rodeado por él. Igual que el alma rodeada en el
mundo físico sensible por un paisaje de rocas, montañas, bosques y campos debe
tomarlos como reales si es saludable, el alma clarividente, también, fuera de los
cuerpos físico y etéreo puede observarse a sí misma rodeada en la misma manera
exacta por un paisaje formado por estas imágenes. De hecho, las imágenes no han
sido escogidas al azar; en realidad son el entorno real del alma en este mundo. Las
Escenas Cinco y Seis de El Despertar del Alma no sucedieron exactamente de esta
manera porque cualquier cosa de un mundo desconocido tuvo que ser expresado y
además la cuestión considerada fue, “¿Cómo puede ser hecho?” No, este mundo
representado aquí es el mundo rodeando al alma que hasta cierto grado
simplemente se forma como una imagen.
Sin embargo, es necesario para el alma clarividente entrar en correcta
relación con la verdadera realidad del mundo del espíritu, la tierra del espíritu que
no tiene absolutamente nada que ver con el mundo sensible. Tendréis alguna idea
de la relación con el mundo espiritual que el alma ha de adquirir de una descripción
de cómo el alma puede llegar a una comprensión de aquel mundo. Suponed que
abrís un libro. En la cabecera encontráis una línea inclinada desde arriba a la
izquierda hasta abajo a la derecha, después una línea inclinada desde abajo a la
izquierda hasta arriba a la derecha, otra línea paralela hasta la primera y después
otra paralela a la segunda; después vienen dos líneas verticales, la segunda más
corta que la primera y conectada en lo alto con su centro; finalmente vienen dos
líneas verticales iguales unidas juntas en la parte superior. Vosotros no vais a
través de todo esto cuando abrís un libro y miráis lo primero que allí hay, ¿o no?
Leéis la palabra “cuando”. No describís la a como líneas y la o como un círculo
completo, y así sucesivamente; simplemente leéis. Cuando miráis las formas de las
letras delante de vosotros, entráis en relación con algo que no está impreso en la
página, sin embargo, os es indicado por lo que hay en aquella página.
Sucede precisamente lo mismo con la relación del alma con el mundo de
imágenes de la región espiritual. Lo que el alma debe hacer no es simplemente
describir lo que allí hay, ya que es mucho más parecido a leer. Las imágenes ante
uno son de hecho una escritura cósmica, y el alma obtendrá la actitud interna
correcta al reconocer que este mundo de imágenes – tejido como un velo ante el
mundo espiritual – está allí para mediar, para manifestar la verdadera realidad de
aquel mundo. De ahí que en verdadero sentido de la palabra podamos hablar de
leer la escritura cósmica en la región espiritual.
Uno no se podría imaginar que aprender a leer esta escritura cósmica sea
parecido a aprender a leer en el mundo físico. Leer hoy está basado más o menos
en la relación de signos arbitrarios con su significado. Aprender a leer como
tenemos que hacer con tales letras arbitrarias es innecesario al leer la escritura
cósmica que hace su aparición como un poderoso retablo, expresando el mundo
espiritual al alma clarividente. Uno sólo tiene que asimilar con un ser interno
abierto, imparcial, lo que se muestra como un decorado de imágenes, porque lo
que uno está experimentando allí es verdadera lectura. El significado mismo se
puede decir que fluye de las imágenes. Puede además suceder que cualquier clase
de interpretación de las imágenes del mundo espiritual como ideas abstractas es
más un estorbo que una ayuda al dirigir el alma hacia lo que yace detrás de la
escritura oculta. Por encima de todo, como describí en Teosofía y en las escenas
de El Despertar del Alma, es importante permitir que las cosas trabajen libremente
sobre uno, Con los profundos poderes internos de uno mismo viniendo a veces de
una manera misteriosa a la consciencia, allí habrán sido ya conjeturas de un mundo
espiritual. Para recibir tales pistas, no es ni siquiera necesario esforzarse por la
clarividencia –tened esto bien presente-. Sólo es necesario mantener la mente y el
alma receptivos a tales imágenes, sin ponerse en contra de ellas de una manera
insensible, materialista, diciendo, “¡Todo esto son tonterías; no existen tales
cosas!” Una persona con una actitud receptiva que sigue el movimiento de esas
imágenes aprenderá a leerlas. A través de la devoción del alma hacia las imágenes,
surgirá la comprensión necesaria para entender el mundo espiritual.
Lo que he descrito es un hecho real –por eso las numerosas objeciones a la
ciencia espiritual provienen de un punto de vista materialista actual-. En general,
estas objeciones son sobre todo bastante obvias, después, también, pueden ser
muy inteligentes y aparentemente bastante lógicas. Alguien como Ferdinand Fox,
(11) que es considerado tan supremamente inteligente no solo por los seres
humanos sino también, con mucha razón, por Ahriman mismo, puede decir, “Oh sí,
Steiner, describes la conciencia clarividente y hablas sobre el mundo espiritual,
pero es simplemente una colección de retazos y de pedazos de imágenes sensibles.
¿Cómo puedes afirmar –a la vista de todo ese decorado abarrotado de imágenes
físicas unidas bien conocidas– que deberíamos experimentar algo nuevo de ello,
algo que no podemos imaginar sin aproximarnos al mundo espiritual?”
Esa objeción es una que confundirá a mucha gente; está planteada desde
del punto de vista de la consciencia de la actualidad aparentemente con una cierta
justificación, de hecho incluso con total justificación. Sin embargo cuando
profundizáis en objeciones tales como estas de Ferdinand Fox, descubriréis el
camino a la verdad: La objeción que acabamos de oír se parece mucho a lo que una
persona podría decir a alguien abriendo una carta; “Bien, sí, has recibido una carta,
pero no hay en ella sino letras del alfabeto y palabras que ya conozco. ¡No oirás
nada nuevo de todo eso!” No obstante, a través de lo que hemos sabido durante
mucho tiempo quizás seamos capaces de aprender algo con lo que nunca
hubiéramos soñado antes. Este es el caso del decorado de imágenes, que no sólo
tiene que encontrar su camino hasta la escena de la representación del Drama de
Misterios sino también revelarse en todo aspecto a la consciencia clarividente.
Hasta cierto punto está compuesto de imágenes del recuerdo del mundo sensible,
pero en su apariencia como escritura cósmica representa algo que el ser humano
no puede experimentar ni en el mundo sensible ni en el mundo elemental. Debería
recalcarse una y otra vez que nuestra relación con el mundo espiritual debe
compararse con la lectura y no con la visión directa.
Si un hombre en la tierra, que se ha hecho clarividente, quiere comprender
los objetos y fenómenos del mundo sensible y mirarlos con una actitud sana,
saludable, debe observarlos y describirlos de la forma más exacta posible, pero su
relación con el mundo espiritual debe ser diferente. Tan pronto como da un paso a
través del umbral, ha de hacer algo que se parece mucho a leer. Si miramos lo que
ha de ser reconocido en este reino del espíritu por nuestra vida humana, hay
ciertamente algo más que puede demoler el argumento de Ferdinand Fox. Sus
objeciones no deberían ser tomadas a la ligera, ya que si deseamos comprender la
ciencia espiritual de la manera correcta, deberíamos evaluar tales objeciones
correctamente. Debemos recordar que hoy mucha gente no puede evitar hacer
objeciones, pues sus ideas y hábitos de pensamiento les dan el atroz miedo de
permanecer en el borde de la nada cuando oyen hablar del mundo espiritual; por
eso lo rechazan.
Esta relación de un ser humano moderno con el mundo espiritual puede ser
mejor comprendida al descubrir lo que alguien bastante bienintencionado piensa
sobre ella. Ha aparecido recientemente un libro que merece la pena leer incluso por
aquellos que han adquirido una verdadera comprensión del mundo espiritual. Fue
escrito por un hombre con buenas intenciones y al que le encantaría adquirir
conocimiento del mundo espiritual, Maurice Maeterlinck; (12) ha sido traducido con
el título Concerning Death (Acerca de
la Muerte). En sus primeros capítulos el autor demuestra que quiere comprender estos
asuntos. Sabemos que hasta cierto punto es una persona perspicaz y sensible que ha permitido
ser influenciado por Novalis, entre otros, que se ha especializado algo en misticismo Romántico
y que ha conseguido muchas cosas muy interesantes –teórica y artísticamente– en lo que
respecta a la relación de los seres humanos con el mundo suprasensible. Por tanto como
ejemplo es particularmente interesante.
Bien en los capítulos de Concerning Death (Acerca de
la Muerte) en los que Maeterlinck habla de la relación real del ser humano con el mundo
espiritual, su libro se torna completamente absurdo. Es un fenómeno interesante que un
hombre con buenas intenciones, usando los modelos de pensamiento de hoy en día, se
convierta en un tonto. No pretendo que esto sea un reproche o crítica sino sólo caracterizar
objetivamente cuán estúpida puede llegar a ser una persona con buenas intenciones cuando
desea considerar la conexión del alma humana con el mundo espiritual. Maurice Materlinck no
tiene ni la menor idea de que haya una posibilidad de fortalecer y vigorizar el alma humana de
tal forma que pueda desprenderse de todo lo obtenido a través de la observación sensorial y
del pensamiento, sentimiento y voluntad normales del plano físico e incluso del mundo
elemental. Para las mentes como la de Materlinck, cuando el alma deja detrás todo lo
relacionado con la observación sensorial y el pensamiento, sentimiento y voluntad relacionados
con ésta, simplemente no queda nada. Además en su libro Maeterlinck pide pruebas y hechos
del mundo espiritual. Es por supuesto razonable requerir pruebas del mundo espiritual y
tenemos derecho a hacerlo –pero no como Maeterlinck las pide-. A él le gustaría tener pruebas
tan palpables como las dadas por la ciencia para el plano físico. Y como en el mundo elemental
las cosas son aún una reminiscencia del mundo físico, incluso accedería a ser convencido de la
existencia del mundo espiritual por medio de experimentos copiados de los experimentos
físicos. Eso es lo que demanda. Demuestra con esto que no tiene ni la comprensión más
rudimentaria del verdadero mundo espiritual, ya que quiere demostrar, mediante métodos
prestados del mundo físico, cosas y procesos que no tienen nada que ver con el mundo
sensible. La verdadera tarea es demostrar que pruebas del mundo espiritual tales como las que
exige Maeterlinck son imposibles.
He comparado frecuentemente esta petición de Maurice Maeterlinck con algo
que ha sucedido en el ámbito de las matemáticas. En una ocasión los
departamentos de Matemáticas de la universidad estaban continuamente recibiendo
tratados sobre la llamada cuadratura del círculo. La gente trataba continuamente
de demostrar geométricamente cómo el área de un círculo podía ser transformada
en un cuadrado. Hasta muy recientemente un infinito número de periódicos han
estado escribiendo sobre la materia. Pero hoy sólo un aficionado de poco nivel
surgiría con un tratado sobre esto, ya que se ha demostrado concluyentemente que
la cuadratura geométrica del círculo no es posible.
Lo que Maeterlinck pide como prueba del mundo espiritual no es sino la
cuadratura del círculo transferida a la esfera espiritual y eso está tan fuera de lugar
como lo otro en el ámbito de las matemáticas. ¿Qué está pidiendo realmente? Si
sabemos que tan pronto como cruzamos el umbral al mundo espiritual, estamos en
un mundo que no tiene nada en común con el mundo físico o incluso con el mundo
elemental, no podemos pedir “Si quieres demostrarme algo de esto, por favor
vuelve al mundo físico y por mediante medios físicos demuéstrame las cosas del
mundo espiritual”. Podríamos muy bien aceptar el hecho de que en todo lo
concerniente a la ciencia espiritual obtendremos de las personas con la mejor
intención la clase de absurdos que – trasladados a la vida ordinaria – se mostrarían
inmediatamente absurdos. Sería como si alguien quisiera que un hombre se pusiera
cabeza abajo y a la vez siguiera andando con los pies. Si alguien pidiera eso todo el
mundo se daría cuenta de lo absurdo que es. Sin embargo, cuando alguien pide el
mismo tipo de cosa en relación con las pruebas del mundo espiritual, es inteligente,
es un derecho científico. Su autor no descubrirá su idiotez así como ninguno de sus
seguidores, especialmente cuando el autor es una persona célebre. El gran error
surge del hecho de que aquellos que hacen tales peticiones nunca han entendido
claramente la relación del hombre con el mundo espiritual.
Si alcanzamos conceptos que sólo pueden ser obtenidos en el mundo
espiritual a través de la consciencia clarividente, normalmente se encontrarán con
una gran oposición por parte de gente como Ferdinand Fox. Todos los conceptos
que hemos de adquirir, por ejemplo, sobre la reencarnación, es decir, los
verdaderamente genuinos recuerdos de vidas anteriores sobre la tierra, hemos de
obtenerlos necesariamente mediante una determinada actitud del alma hacia el
mundo espiritual, ya que sólo de ese mundo podemos obtener tales conceptos.
Cuando hay impresiones, ideas, imágenes mentales en el alma que apuntan a una
vida anterior sobre la tierra, estarán especialmente sujetas al antagonismo de
nuestros tiempos. Por supuesto, no puede negarse que justo en estos conceptos es
donde se obtiene la peor estupidez; mucha gente tiene esta o aquella experiencia e
inmediatamente la relacionan con esta o con aquella encarnación previa. En tales
casos es fácil para nuestros oponentes decir: “Oh sí, lo que sea que deambule en tu
psique son en realidad imágenes de experiencias que has tenido en esta vida entre
el nacimiento y la muerte – sólo que no las reconoces”. Ese es ciertamente el caso
cientos de veces, pero debería quedar claro que un investigador espiritual tiene
criterio sobre estas cosas. Puede suceder realmente que algo que le sucede a una
persona en su niñez o juventud vuelve a la consciencia completamente
transformado en una etapa posterior; entonces quizás porque la persona no lo
reconoce, lo toma como una reminiscencia de una vida anterior en la tierra. Bien
puede ser ese el caso. Sabemos dentro de nuestros círculos antroposóficos con
cuanta facilidad puede suceder. Veréis, los recuerdos pueden formarse no solo de lo
que uno ha experimentado claramente, también se puede tener una impresión que
pasa tan rápidamente que no llega completamente a la consciencia y aún así puede
regresar más tarde como un recuerdo distinto. Una persona – si no es lo
suficientemente crítica – puede entonces jurar que esto es algo en su alma que
nunca fue experimentado en su vida actual. Es así comprensible que tales
impresiones causen toda la estupidez en gente que ha estado entreteniéndose,
pero no con la suficiente seriedad, con la ciencia espiritual. Esto sucede
principalmente en el caso de la reencarnación, en la que tanta vanidad y ambición
se ven envueltas. Para muchas personas es una idea encantadora haber sido Julio
Cesar o Maria Antonieta en una vida anterior. ¡He conocido en mi vida al menos a
veinticinco o veintiséis María Magdalena! El investigador espiritual mismo tiene
buenas razones para llamar la atención sobre la malicia que puede ser provocada
en todo esto. Debo resaltar, sin embargo, algo más.
En la verdadera clarividencia, las impresiones de una vida anterior sobre la
tierra aparecerán de una manera característica, de tal modo que un alma verdadera
y saludablemente clarividente las reconocerá definitivamente como lo que son.
Sabrá sin ningún género de dudas que estas impresiones no tienen nada que ver
son las que pueden surgir de la vida actual entre el nacimiento y la muerte. Ya que
los verdaderos recuerdos, los auténticos recuerdos de vidas anteriores en la tierra
que provienen de la clarividencia exclusivamente, son tan asombrosos que es
imposible que el alma los pueda hacer surgir de sus profundidades conscientes o
inconscientes por ningún método humanamente posible. Los estudiantes de la
ciencia espiritual deben llegar a saber qué experiencias del alma la llegan desde el
exterior. No son sólo los deseos, que ciertamente juegan un gran papel cuando las
impresiones son pescadas en las desconocidas aguas del alma en una forma
cambiada, de tal forma que no las reconocemos como experiencias de la vida
actual; hay una interacción de muchas otras. Pero las más abrumadoras
percepciones de las anteriores vidas en la tierra son fáciles de distinguir de las
impresiones de la vida actual. Para poner un ejemplo: una persona que reciba una
verdadera impresión de una vida anterior experimentará internamente, por
ejemplo, lo siguiente, surgiendo de las profundidades del alma: “Fuiste en tu vida
anterior tal y cual persona”. Y en el momento en que esto ocurre, encontrará que,
externamente, en el mundo físico, no puede hacer uso en absoluto de tal
conocimiento. Puede ayudarle en su desarrollo pero como norma tiene que decirse
a sí mismo: “¡Mira eso: en tu encarnación previa tuviste este talento especial!”. Sin
embargo, en el momento en que uno recibe tal impresión, ya se es demasiado viejo
como para hacer algo con ella. La situación siempre será similar, demostrando que
las impresiones no pueden surgir de la vida actual, ya que si comenzaste a partir
del sueño ordinario o la fantasía, te dotarías de cualidades bastante diferentes en
una encarnación anterior. Como uno era en una vida anterior es algo que
normalmente no podemos imaginarnos, ya que normalmente es lo contrario de lo
que podríamos esperar. La auténtica realidad de una impresión surgiendo a través
de la verdadera clarividencia puede mostrar de una u otra forma nuestra relación
con otra persona en la tierra. Sin embargo, debemos recordar que se describen
muchas encarnaciones previas a través de la clarividencia incorrecta,
relacionándonos con nuestros amigos cercanos y nuestros enemigos; esto son en
su mayor parte tonterías. Si la percepción que recibes es verdaderamente genuina,
te mostrará una relación con una persona a la que es imposible en la actualidad
acercarse a ella. Estas cosas no pueden ser aplicadas directamente a la vida
práctica.
Enfrentados con impresiones como estas, hemos de desarrollar el estado de
ánimo necesario para la consciencia clarividente. Naturalmente, cuando uno tiene la
impresión, “Estoy conectado de una manera especial con esta persona”, la situación
debe ser resuelta en la vida; a través de la impresión uno podría entrar de nuevo
en alguna clase de relación con esa persona. Pero eso sólo puede suceder en una
segunda o tercera vida terrestre. Uno debe tener un estado de ánimo capaz de
esperar pacientemente, un sentimiento que puede ser descrito como una verdadera
calma interior del alma y placidez de espíritu. Esto contribuirá a que juzguemos
correctamente nuestra experiencia en el mundo espiritual.
Cuando queremos aprender algo sobre otra persona en el mundo físico, nos
ponemos a ello en cualquier forma que sea necesaria. Pero no podemos hacer esto
con la impresión que exige tranquilidad espiritual, calma del alma, y paciencia. La
actitud del alma hacia las auténticas impresiones del mundo espiritual son descritas
correctamente diciendo,
Esforzarse por nada – esperar en pacífica tranquilidad,
el ser interno repleto de expectación.
(El Despertar del Alma, Escena 3).
En un cierto aspecto este estado de ánimo debe manar sobre la vida del
alma toda para aproximarse de la manera correcta a las experiencias clarividentes
en el espíritu.
Los Ferdinand Fox, sin embargo, no son siempre fáciles de refutar, incluso
cuando surgen percepciones internas de las que uno puede decir, “No es
humanamente posible para el alma con sus fuerzas y hábitos adquiridos en la vida
terrestre actual crear en la imaginación lo que está surgiendo de sus
profundidades; por el contrario, si hubiera sido decisión del alma hubiera imaginado
algo bastante diferente.” Incluso cuando uno es capaz de señalar la segura señal de
las verdaderas y auténticas impresiones espirituales, un super-inteligente Ferdinand
Fox puede venir y plantear objeciones. Pero uno no encuentra las objeciones de
aquellos que permanecen un tanto alejados de la ciencia del espíritu o de
oponentes que no quieren saber nada de eso con las palabras, “El ser interno
repleto de expectación”. Este es el modo correcto para aquellos que se aproximan
al mundo espiritual, pero frente a las objeciones de oponentes, uno no debiera –
como científico espiritual – simplemente esperar en expectación sino plantear uno
mismo todas esas objeciones para saber exactamente cuáles son posibles.
Una de estas es fácil de entender hoy, y se puede encontrar en toda la
literatura psicológica, psicopatológica y fisiológica y en los a veces eruditos tratados
que se suponen científicos, como sigue: “Como la vida interna es tan complicada,
hay bastantes cosas en el subconsciente que no surgen a la consciencia ordinaria”.
Alguien que sea super-inteligente no sólo dirá: “Nuestros deseos y pasiones hacen
surgir todo tipo de cosas de las profundidades del alma” sino que también dirá,
“Cualquier experiencia de la psique ocasiona una resistencia secreta u oposición
contra la experiencia. Aunque siempre experimentará esta reacción, una persona
no sabe que es una regla. Pero puede elevar su camino del subconsciente a las
regiones superiores de la vida del alma.” La literatura psicológica, psicopatológica y
fisiológica admite lo siguiente, porque los hechos no pueden ser negados: Cuando
alguien se enamora profundamente de otra persona, se ha de desarrollar en las
profundidades inconscientes del alma, al lado del amor consciente, una terrible
antipatía hacia el amado. Y el punto de vista de muchos psico-patólogos es que si
alguien está verdaderamente enamorado, también hay odio en su alma. El odio
está presente incluso si está cubierto por la pasión del amor.
Cuando tales cosas emergen de las profundidades del alma, dicen los
Ferdinand Fox, son percepciones que muy fácilmente proporcionan la ilusión de no
venir del alma del individuo involucrado y aún puede ser verdad, porque la vida del
alma es muy compleja. A esto sólo podemos responder: ciertamente puede serlo;
esto es tan conocido para el investigador espiritual como lo es para el psicólogo,
psiquiatra o fisiólogo. Cuando nos labramos nuestro camino a través de toda la
literatura mencionada anteriormente que trata de las condiciones saludables e
insalubres de la vida del alma nos damos cuenta de que Ferdinand Fox es una
persona real, una figura extremadamente importante de la época actual, al que nos
encontramos por todas partes. No es ninguna invención. Tomad todos los
abundantes escritos de nuestra época y según los estudiáis, obtenéis la impresión
de que la extraordinaria cara de Ferdinand Fox está surgiendo de cada página que
leéis. Parece tener hoy en día sus dedos sobre cada pastel científico. Para
contrarrestarlo, debe recalcarse una y otra vez, y lo repito en este caso con alegría:
demostrar que algo es realidad y no fantasía solo es posible a través de la
experiencia de la vida misma. He dicho repetidamente: El capítulo de la filosofía de
Schopenhauer que ve el mundo como una mera imagen mental y no distingue entre
idea y percepción real puede ser contradicho sólo por la vida misma. El argumento
de Kant, también, en relación con la llamada prueba de la existencia de Dios, de
que cien dólares imaginarios contienen los mismos peniques que cien dólares
reales, será demolido por cualquiera que trate de pagar sus deudas con dólares
imaginarios y no reales.
Además el entrenamiento y la devoción del alma hacia la clarividencia debe
ser tomada como una realidad. No es un asunto de teorización; hacemos surgir una
vida en el reino del espíritu por medio de aquello que podemos distinguir
claramente de la verdadera impresión de una vida anterior sobre la tierra de una
impresión que es falsa, de la misma manera podemos distinguir el calor de un
hierro sobre nuestra piel de un hierro imaginario. Si reflexionamos sobre esto,
comprenderemos que las objeciones de Ferdinand Fox sobre el mundo espiritual
realmente no tienen ninguna importancia en absoluto, viniendo como vienen de
gente que – no diré, que no han entrado en el reino del espíritu clarividentemente –
sino que nunca han tratado de comprenderlo.
Debemos siempre mantener en mente que cuando cruzamos el umbral del
mundo espiritual, entramos en una región del universo que no tiene nada en común
con lo que los sentidos pueden percibir o con lo que experimentamos en el mundo
físico a través de la voluntad, el pensamiento, y el sentimiento. Tenemos que
aproximarnos al mundo espiritual dándonos cuenta de que toda nuestra habilidad
para observar y comprender el mundo físico sensible ha de ser dejada atrás.
Refiriéndome a la percepción en el mundo elemental, usé una imagen que puede
parecer grotesca, aquella de meter la cabeza en un hormiguero – pero así es para
nuestra consciencia en el mundo elemental. Allí los pensamientos que tenemos no
concuerdan con todo con bastante pasividad; zambullimos nuestra consciencia en
un mundo (en un mundo-pensamiento, podríamos llamarlo) que se arrastra y gatea
con vida propia. Una persona tiene que mantenerse en pie con firmeza en su alma
para resistir pensamientos que están llenos de su propio movimiento. Incluso así,
muchas cosas en este mundo elemental de pensamientos que se arrastran y reptan
nos recuerdan al mundo físico.
Cuando entramos en el mundo espiritual real, nada en absoluto nos
recuerda al mundo físico; allí entramos en un mundo que describiré con una
expresión utilizada en mi libro “El Umbral del Mundo Espiritual”: “un mundo de
seres de pensamiento vivos”. Nuestro pensamiento en el mundo físico se asemeja a
imágenes de sombras, sombras de pensamientos, cuya sustancia real encontramos
en el mundo espiritual; esta sustancia de pensamiento forma los seres a los que
nos podemos aproximar y en los que podemos entrar. Igual que los seres humanos
en el mundo físico consisten en carne y hueso, estos seres del mundo espiritual
consisten en sustancia de pensamiento. Ellos mismos son pensamientos,
pensamientos reales, nada excepto pensamientos, aún así están vivos con un ser
esencial interno; son seres vivos formados de pensamiento. Aunque podemos
entrar dentro de su ser interno, no pueden realizar acciones como si tuvieran
manos físicas. Cuando están activos, crean relaciones entre ellos mismos, y esto
puede compararse con la encarnación en el mundo sensible de pensamientos en un
discurso, un pálido reflejo de la realidad espiritual. Lo que hacen, lo que son, y la
manera en que se afectan unos a otros, forma un lenguaje del espíritu. Un ser
espiritual habla a otro; ¡el lenguaje del pensamiento es hablado en la esfera del
espíritu! Sin embargo, este lenguaje del pensamiento en su totalidad no es sólo
discurso sino que representa los actos del mundo espiritual también. Es al hablar
cuando estos seres trabajan, se mueven y actúan.
Cuando cruzamos el umbral, entramos en un mundo en que los
pensamientos son entidades, las entidades pensamientos; sin embargo, estos seres
del mundo espiritual son mucho más reales que la gente de carne y hueso en el
mundo sensible. Entramos en un mundo en que la acción consiste en conversación
espiritual, donde las palabras se mueven, aquí, allí, y por doquier, donde algo
ocurre porque ha sido pronunciado. Hemos de decir de este mundo espiritual y de
los acontecimientos que allí suceden lo que se dice en
la Escena Tres de El Guardián del Umbral:
Todas las palabras de este lugar son actos
y más actos deben seguirles.
Toda la percepción oculta lograda para la humanidad por los iniciados de
cada era podría contemplar el significado en una cierta esfera de esta conversación
de espíritu que es al mismo tiempo acción del espíritu. Le fue dado el nombre
característico, “
La Palabra Cósmica”.
Ahora observad que nuestro estudio nos ha traído al centro mismo del reino
del espíritu, donde podemos contemplar estos seres y sus actividades. Sus
múltiples voces, múltiples tonos, múltiples actividades, sonando al unísono, forman
la Palabra Cósmica en la que el ser de nuestra propia alma – ella misma Palabra Cósmica –
comienza a sentirse como en casa, de tal forma que, sonando hacia adelante, nosotros mismos
realizamos obras en el mundo espiritual. El término “Palabra Cósmica” usado durante pasadas
épocas por todo el mundo expresan un hecho absolutamente verdadero de la tierra del espíritu.
Para comprender su significado en el presente, sin embargo, hemos de aproximarnos a la
unicidad del mundo espiritual de la manera que hemos tratado de describir en este estudio.
En las diversas épocas pasadas y pueblos antiguos, el conocimiento oculto
ha hablado con mayor o menor comprensión de
la Palabra Cósmica; ahora, también, es necesario, si la humanidad no ha de ser devastada por
el materialismo, alcanzar una comprensión de tales palabras sobre el mundo espiritual, del
Drama de Misterios:
Todas las palabras de este lugar son actos
y más actos deben seguirles.
Es imperativo en nuestra época que cuando tales palabras son pronunciadas
a partir del conocimiento del mundo espiritual, nuestras almas deberían sentir su
realidad, deberían sentir que representan la realidad. Debemos ser conscientes de
que esto es como una característica exacta del mundo espiritual como cuando al
caracterizar el mundo físico sensible aplicamos imágenes sensorias ordinarias.
Hasta dónde nuestra época actual puede traer conocimiento sobre las
palabras “Aquí en este lugar las palabras son actos y más actos deben seguirles”
dependerán de cuán lejos llegue la ciencia espiritual y de cómo la gente hoy esté
preparada para evitar la dominante fuerza del materialismo que de otro modo
sumergirá a la civilización humana en el empobrecimiento, la devastación y la
decadencia.