¿Cómo Vencer el Miedo Según la Biblia?
¿Quién no tiene miedo?
“No nos cansemos, pues, de hacer bien; Porque a su tiempo
segaremos, si no desmayamos”
Gálatas 6:9.
Todos sentimos miedo en nuestra vida. Gracias a él hemos llegado
a sobrevivir como especie. De no ser así habríamos muerto bajo las
patas de un mamut hace miles
de años.
Éste es el miedo que llamamos equilibrante porque está asociado a
la prudencia, nos permite reconocer aquellas situaciones que
pondrían en peligro nuestra propia integridad. Este miedo evita por
ejemplo que digamos a un superior lo que realmente pensamos de
él, o que nos quedemos en cama varios días cuando nuestra
obligación
es ir a trabajar.
Pero, ¿qué pasa cuando el miedo equilibrante se alarga en el
tiempo y sin justificación aparente?: entonces se convierte en un
miedo tóxico, que puede dañar nuestra salud y bienestar.
¿qué es el miedo?
El miedo es una emoción con la que nacemos, pero que se puede ir
modulando a través de la propia educación, el entorno, la cultura,
etc.
Los griegos lo explicaban muy bien a través de la mitología: Venus,
diosa del amor, mantuvo un romance con Marte, dios de la guerra.
De él nacieron cinco hijos: Cupido (dios del amor erótico),
Anteros (dios del amor correspondido), Cocordia (diosa del
equilibrio y la belleza), Fobos (la fobia) y Deimos (el miedo). Como
vemos, el miedo por tanto procede de la unión del amor y la
guerra.
¿Esto qué quiere decir?
Que en la medida en que nosotros queramos o amemos algo
temeremos perderlo.
Es muy fácil también apreciarlo en el famoso cuento Juan sin
miedo: Juan era un chico que no conocía el miedo. Pasa mil
aventuras y peripecias pero no consigue saber qué es sentir miedo.
Solamente al final del cuento, cuando se casa con la princesa y
todo funciona perfectamente es cuando siente temor por primera
vez. Hasta ese momento Juan no tenía nada y por tanto no tenía
por qué temer. Sin embargo, cuando nace su amor por la
princesa, con él nace también el miedo a perderla.
¿Se ha utilizado el miedo a lo largo de la historia como sistema
de gestión de equipos de trabajo?
Sí, indudablemente sí. ¡Y realmente funcionaba! Según decía Ford
en los años 40 el gran problema que encontraba a la hora de
contratar personal para sus fábricas era que "pido dos brazos y me
llegan con cerebro". Lo que se buscaba eran autómatas como el
conejito de Duracell que se limitasen a realizar las tareas que
otros habían ideado. En la actualidad todavía existe más de un
50% de empresas que gestionan basándose en el miedo, pero a
diferencia de hace cincuenta años, este
sistema no tiene mucho futuro.
En un mundo que cambia a una velocidad vertiginosa, lo que vale
es el talento, la innovación y la creatividad, y ninguna de ellas
se puede desarrollar cuando existe el miedo.
¿Por qué?
Reacciones físicas ante una situación de miedo.
Cuando nos encontramos ante una situación de miedo nuestro
cuerpo sufre una serie de cambios: el corazón palpita con más
velocidad para enviar sangre a las extremidades y al cerebro, las
pupilas se dilatan, y se producen tres hormonas: la adrenalina, la
noradrenalina y los corticoides, también llamados hormonas del
miedo. Los corticoides impiden que se produzca la conexión
entre nuestras neuronas, la sinapsis, que como sabemos es
la base de la creatividad.
Por tanto, es biológicamente imposible que una persona sea capaz
de desarrollar todo su potencial cuando vive en una situación
constante de miedo. Se paraliza.
¿Qué tipos de miedo conocemos dentro del entorno laboral?
El miedo al rechazo, miedo al fracaso, miedo a la pérdida de poder,
miedo a no llegar a fin de mes y miedo al cambio.
- El miedo al rechazo se podría decir que es el miedo latino.
Vivimos en una sociedad muy afiliativa, por eso necesitamos
constantemente la aprobación del grupo. A este tipo de miedo
pertenece la "vergüenza ajena", emoción que únicamente sentimos
nosotros y que otras sociedades no entienden, y también el temor a
hablar en público
- El miedo al fracaso es más acentuado en sociedades
anglosajonas. Esto es debido probablemente a su religión: mientras
el catolicismo intenta crear la armonía del grupo y por tanto fomenta
el miedo al rechazo, la máxima del calvinismo es: "lo que hagas en
esta vida será lo que alcances en la otra".
- El miedo a la pérdida de poder es quizá el menos reconocido.
En un estudio que se hizo con 185 directores generales, solamente
un 6% reconocía padecer este miedo. Sin embargo todos sabemos
cómo nos gusta influir en terceros y mantener nuestra parcela de
poder.
Cuando hablamos del poder distinguimos varios tipos: el poder que
da la jerarquía (soy tu jefe en el escalafón de la empresa), el poder
del experto (domino un tema), el poder de tener algo que el otro
quiere (yo tengo esta información y te la doy cuando quiera), el
poder de la influencia (soy la secretaria del director general y le
hago llegar la información como quiero), el poder de la opinión (yo
te otorgo poder para influirme con tus opiniones).
- El miedo a no llegar a final de mes es el más extendido. Este
temor únicamente respeta a los jóvenes que viven en casa de sus
padres sin responsabilidades pero...pon una hipoteca en tu vida y
conocerás este miedo.
- El miedo al cambio es el padre de los demás miedos porque
detrás de él se desarrolla cualquiera de los otros cuatro. Una fusión,
una reestructuración, etc., suponen que sintamos miedo a no ser
acogidos por el grupo, a fracasar en los objetivos marcados, a
perder nuestro puesto en la jerarquía o a perder el trabajo.
Cualquiera de ellos tiene la capacidad de paralizarnos y únicamente
nosotros podemos lograr conquistarlo.
¿Cómo podemos conquistar el miedo?
Existen varios pasos para conseguir que el miedo no nos paralice:
1. Aceptar que tenemos miedo. Sabemos que todos lo
padecemos y no es un síntoma de debilidad reconocerlo.
2. Identificar cuál es nuestro miedo. A veces no es fácil
reconocerlo.
En ese caso lo mejor es centrarnos en la otra cara de la moneda:
¿cuál es nuestra motivación?: ¿estar integrados en el grupo?
¿Ganar mucho dinero? ¿Alcanzar unos objetivos? En función lo que
nos motive tendremos miedo a perderlo. Por ejemplo, si nos
encanta formar parte de un grupo homogéneo de personas,
probablemente nuestro mayor miedo será al rechazo.
3. Mirar al miedo a la cara y hacerlo concreto. Nuestro peor
enemigo siempre es nuestra propia cabeza.
Nosotros somos capaces de imaginar cosas mucho peores que la
realidad. Por eso son tan peligrosos los miedos ambiguos. Cuando
un jefe te dice: "haz esto o atente a las consecuencias"
probablemente pensemos en unas consecuencias mucho más
dramáticas que las que luego realmente sucederán. Por tanto, lo
mejor es que ante una amenaza pongamos sobre el papel las
posibles consecuencias. Por ejemplo, si me quedo sin trabajo,
¿cuántos meses de paro me corresponden? ¿Tengo dinero
ahorrado? ¿Tengo contactos? ¿Cuál es mi empleabilidad?, etc.
En definitiva, para superar los miedos lo mejor es centrarnos en
nuestra motivación trascendente, aquella que nos empuja a seguir
adelante a pesar de los riesgos.
Víctor Frankl fue un psiquiatra judío que pasó la segunda guerra
mundial en varios campos de exterminio, entre ellos Auswitz. Según
él, no se salvaron de aquel infierno los más fuertes, ni los más
cultos, ni los mejor preparados, sino aquellos que tenían una
motivación más allá de su propia vida: "cuando salga escribiré un
libro", "cuando salga veré a mis hijos",
"cuando salga contaré esto al mundo".
Como decía Nelson Mándela:
"No es valiente quien no tiene miedo, sino quien sabe
conquistarlo"
“Esforzaos y cobrad ánimo; no temáis, ni tengáis miedo de
ellos, porque Jehová tu Dios es el que va contigo; no te dejará,
ni te desamparará. Y llamó Moisés a Josué, y le dijo en
presencia de todo Israel: Esfuérzate y anímate; porque tú
entrarás con este pueblo a la tierra que juró Jehová a sus
padres que les daría, y tú se la harás heredar. Y Jehová va
delante de ti; él estará contigo, no te dejará, ni te desamparará;
no temas ni te intimides”. Deuteronomio 31:6-8.
“Tenemos también la palabra profética más segura, a la cual
hacéis bien en estar atentos como a una antorcha que alumbra
en lugar oscuro, hasta que el día esclarezca y el lucero de la
mañana salga en vuestros corazones”. 2 Pedro 1:19.
“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de
lo que no se ve”. Hebreos 11:1
“No seas vencido de lo malo, sino vence con el bien el mal”.
Romanos 12:21
Resolución
Como deshacer un miedo: ¿Se quita el miedo?
Sí. El miedo es como un "vecino raro" que se instala en la casa. Si
es bien recibido seguramente se quedará. Es como un mago. Si le
quitas la magia perderá su encanto y dejará de ser un mago. Al
miedo, como al "Señor de los Anillos", hay que quitarle el poder. Y
el poder siempre esta por algo que desconocemos. La varita mágica
es el desconocimiento. Por ello hay que explicar, de una forma
lógica, lo que produce miedo al que lo siente. Es primordial para
quien quiera disolver el miedo de un niño, quererlo, creerlo, y estar
convencido de que puede. Es más: es necesario creer que el miedo
no tiene utilidad para el niño dándole una explicación lo más
verdadera posible.
Existen distintos miedos en la infancia. Pero en todos los casos, es
más fácil explicar el miedo como se fuera un mago, un vecino, algo
raro, pero colectivo, para que el niño se quede más centrado.
Miedo a quedarse solo
Miedo a quedarse solo, implica el temor a ser rechazado, a ser
excluido, anulado, suprimido, reprimido. Es uno de los miedos
fundamentales inmerso dentro de las relaciones de pareja. Miedo
que nos dejen, que nos sean infieles, a la sexualidad, a todo aquello
que moleste a nuestra pareja. El miedo es el motor de la infelicidad
conyugal y a su vez es la amalgama para pertenecer unido.
Miedo a equivocarse
Miedo a equivocarse, tiene su raíz en el mandato familiar “haz lo
que yo te digo y entonces serás bueno y te querré”. Mandato con el
que hemos convivido todos los que algunas vez fuimos niños y
soportamos el terror de ojos maternales o paternales diciéndonos
“te equivocaste, eso no se hace así”. El miedo a equivocarse es el
colmo de la prepotencia ya que lleva implícito el concepto de que
eres perfecto y en consiguiente no debes tener errores. El miedo a
equivocarse lo llevamos los gordos, los bulímicos, los anoréxicos,
los obsesivos, en fin, miedo a equivocarse va unido a trastornos
mentales, y es mejor que quien tenga ese temor lo asuma. Estas
enfermo de perfección.
Ahora bien, ¿Cómo eliminamos los miedos?
No hay respuesta tipo autoayuda, los miedos no se eliminan, solo
son alicientes para superarlos. El miedo a quedarse solo puede ser
el aliciente para conseguir el verdadero amor, la mejor amistad, la
relación mas satisfactoria. El miedo a la locura es una motivación
muy buena para acercarse a la realidad y el miedo a la
equivocación es el concepto perfecto para darte que cuenta de que
si tienes miedo, pues sencillamente no eres perfecto. Así de simple,
así de complicado.
Lo que si debemos tener claro es que tener miedo es propio de
nuestra naturaleza, pero también tenemos que saber que a cada
miedo le sobreviene la capacidad de superarlo, y solo aquellos que
superan sus miedos día a día, saben que se eso siente como si
fueran exitosos cada día de su vida. Liberarse de los miedos es un
placer y todos sabemos que el hombre se rige por el principio del
placer, así que los invito a revisar sus miedos, desvanecer sus
incertidumbres y a lanzarse al precipicio, total tienes dos posibles
salidas: o te estrellas o sobrevives. Total, es lo que hacemos los
humanos cada día que vivimos. Atrévete. Supera tus miedos.
“Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la
victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe”.
1 Juan 5:4.
Conoce el Temor
"En el amor no hay temor sino que el perfecto amor echa fuera el
temor; porque el temor involucra castigo, y el que teme no es hecho
perfecto en el amor" (I Juan 4:18)
El temor es una emoción propia del ser humano. Es necesaria para
su supervivencia porque le indica cuando el peligro esta cerca.
Puede nacer de estímulos externos o internos que habitan en su
mundo interior como los malos recuerdos, traumas, carencias etc.
Hay diferentes tipos de temores. Entre los más comunes están:
El temor al abandono, temor al rechazo, temor a la crítica y fracaso,
temor al hombre, temor a lo desconocido, temor a la muerte, temor
al futuro, temor a las enfermedades... Todos estos temores son
manifestaciones de desamparo e impotencia porque no podemos
tener control sobre la situación.
La mayoría de tus temores desaparecen cuando crece la confianza
en la fidelidad y poder de Dios. Sin embargo algunos temores no
desaparecen a pesar de la fé. Esto se debe a tus recuerdos y
traumas del pasado que han creado inseguridades en tu
personalidad e imágenes exageradas y desvirtuadas sobre el hecho
del pasado. El temor más destructivo es del que no conoces su
procedencia, porque actúa en el fondo de tu corazón. Puede nacer
también de imágenes de temor creadas en tu mente y en tus
recuerdos ocultos. Los temores a situaciones específicas como a la
oscuridad, a los insectos, a las alturas, al permanecer encerrado, si
son muy fuertes y paralizantes son llamados fobias.
El temor, entonces puede nacer de situaciones pasadas que están
reprimidas, de situaciones presentes y también de pensamientos
destructivos acerca del futuro y que solo están en tu imaginación y
te traen afán, ansiedad y te hacen perder seguridad en tu
comportamiento ante los demás provocando complejos, tartamudez
y muchas enfermedades sin causa física porque el temor altera tus
reacciones físicas, tu metabolismo y tus períodos de sueño.
Para liberarse de esos temores es necesario conocer la raíz de lo
que lo produce y apropiarse de la palabra de Dios.
La única forma de que un temor desaparezca es enfrentándosele,
haciéndolo un enemigo sin poder en cuanto a la imagen que se a
creado sobre el mismo. Sin embargo esto se hace a veces difícil
porque otra persona puede llegar a desconocer la raíz que lo
produce.
El temor hace a la persona incapaz para enfrentar la vida. Le pone
grandes obstáculos para superarse y le produce ansiedad y tensión
interna que le genera enfermedades. Una persona con temor no se
enfrentará a riesgos para crecer ni cambiar porque lo desconocido
le produce inseguridad.
Tener un temor específico constante puede desencadenar que se
haga realidad porque la mente tratará de construir lo que se tiene
presente en los pensamientos. Ejemplo de ello es temer a una
enfermedad específica y que esta se desarrolle realmente. En el
siguiente versículo vemos esta situación en la experiencia de Job:
"Porque el temor que me espantaba me ha venido, y me ha
acontecido lo que yo temía"(Job 3:25).
Las reacciones ante el temor pueden ser: tratar de huir, evadirlo o
paralizarte.
En el siguiente versículo vemos como el salmista trata de huir ante
el temor que lo invade internamente. Sin embargo debes saber que
la solución no es huir sino enfrentarlo. Pasar el túnel de una crisis y
atravesarlo para luego ver la luz, pero esto solo es posible en
compañía del poder, de la fuerza que te dé la seguridad y la victoria.
Esto solo es posible con Dios porque El habita dentro de tu mente y
corazón donde se anida el temor. En el siguiente versículo vemos
cómo el salmista se siente agobiado por el temor y la única
respuesta que encuentra es huir lejos de la situación. Si la situación
es externa esto puede ser una solución, pero si la situación está
dentro de tu mente, no importa cuan lejos huyas siempre te
acompañará, por eso deberás enfrentarlo.
"Angustiado está mi corazón dentro de mí y sobre mí han caído los
terrores de la muerte. Terror y temblor me invaden, y horror me ha
cubierto. Y dije: Quién me diera alas como la paloma, volaría y
hallaría el reposo" (Salmo 55:4-6).
Para vencer el temor debes aferrarte a las promesas de Dios
específicas para cada caso y confiar en su poder y fidelidad.
¡Cuantas promesas de Dios para que puedas vencer el temor!...
Hay momentos de lucha espiritual donde se establece una
verdadera batalla en la que tu voluntad, la calidad de tu corazón y la
perseverancia en la fe y en la palabra de Dios, son indispensables
para liberarte de las cadenas del temor.
El temor puede ser usado por el enemigo cuando trates de dejar
una atadura, un mal hábito o pecado poniendo dudas en tu corazón.
Este temor es a lo desconocido. Cuando trates de restaurar tu vida
en tu mente surgirán grandes dudas nacidas de la inseguridad de
poder enfrentar nuevas situaciones y necesidades.
Por eso es muy importante estar decidido a creerle a Dios y a sus
promesas bíblicas y no a tus pensamientos negativos que afectan
tus emociones y sentimientos. Recuerda que Dios tiene una
respuesta para vencer cualquier clase de temor por eso debes
escudriñar siempre la Biblia. El Espíritu Santo te dará el pasaje
bíblico o versículo que necesitas y que debes interiorizar en tu
corazón.
Sentir temor en situaciones peligrosas reales es normal, pero estar
atado al temor te impide libertad interior.
Cuando estés en ese trance debes recordar lo siguiente:
"El Señor es tu guardador, El Señor es tu sombra a tu mano
derecha" (Salmo. 121:5).
Por eso es muy importante confiar plenamente en Dios. Debes
recordar, para vencer, que no estás solo pues cuentas con la
presencia de Dios cuando duermes y cuando estás despierto:
¡Siempre! Si temes debes permitir que Dios trabaje en tu corazón y
te perfeccione en su amor. Para eso es necesario que confíes .Él
tiene el control de todas las cosas en tu mundo interior y el mundo
que te rodea. Para ser libre del temor debes enfrentarlo y declararle
la Palabra de Dios específica que tiene poder para vencer. También
debes buscar apoyo en la oración y en el compañerismo con
hermanos espirituales con una sana doctrina.
Tienes la palabra de poder que vence el temor y te transforma.
¡Porque tienes el poder, respaldo, protección de Dios y puedes
confiar en El .Esto es lo que te dice el Señor y debes asumir su
palabra para actuar y en temores específicos y momentos de crisis.
Para enfrentar el temor:
"Sal del polvo, levántate, cautiva Jerusalén: "Líbrate, de las cadenas
de tu cuello, cautiva hija de Sión"
(Isaías 52:2).
Para vencer el temor al hombre:
"Yo, yo soy vuestro consolador. Quién eres tú que temes al hombre
mortal, y al hijo del hombre que como hierva es tratado; has
olvidado al Señor, tu hacedor, que extendió los cielos y puso los
cimientos de la tierra, para que estés temblando sin cesar todo el
día ante la furia del opresor mientras este se prepara para destruir?
Pero, dónde está la furia del opresor?"(Isaías 51:12,13)...
Para vencer el temor a lo desconocido:
"Mira que te mando que te esfuerces y seas valiente, no temas ni
desmayes, porque Jehová tu Dios estará contigo dondequiera que
vayas" (Josué 1:9).
Para vencer el temor al fracaso:
"Yo Jehová soy tu Dios, quien te sostiene de tu mano derecha, y te
dice:No temas. Yo te ayudo"(Isaías 41:13).
Para vencer el temor a la crítica:
"No temas, sigue hablando y no calles; porque yo estoy contigo y
nadie te atacará para hacerte daño porque yo tengo mucho pueblo
en esta ciudad" (Hechos 18: 9,10).
Para vencer el temor a la enfermedad y la muerte:
"Aunque pase por el valle de sombra y de muerte, no temeré mal
alguno, porque tu estás conmigo; tu vara y tu cayado me infunden
aliento" (Salmo. 23:4).
PARA REFLEXIONAR:
Cuando intentas hacer algo importante, te detienes porque te
sientes inseguro de poder terminarlo? No sabes a que se debe el
temor que te asalta sin previo aviso? Esta afectando tu salud física,
sueño y relaciones con los demás algún temor específico? Sientes
que los fracasos del pasado te perseguirán en el presente, por eso
no realizas proyectos que te gustaría hacer?
PARA RECORDAR:
"Jehová es mi luz y mi salvación, de quien temeré? Jehová es la
fortaleza de mi vida, de quien he de atemorizarme?"
(Salmo 27:1).
"He aquí Dios es salvación mía, me aseguraré y no temeré, porque
mi fortaleza y mi canción es Jehová, quien ha sido mi salvación
para mí" (Isaías 12:2). "Dios fortaleza mía, roca, valuarte, libertador,
refugio, escudo, cuerno de mi salvación, altura inexpugnable
"(Salmo 18:1,2).
"Él está en medio de mí y es guerrero victorioso" (Sofonías 3:17).
"Porque ha oído la voz de mis suplicas, el Señor es mi fuerza y mi
escudo. En el confía mi corazón, y soy socorrido, por tanto, mi
corazón se regocija y le daré gracias con mi cántico"(Salmo 28:6,7).
"Abba Padre porqué no me has dado espíritu de esclavitud para
volver otra vez al temor sino de adopción por lo que clamo Abba
Padre" (Romanos 8:15).
"No me has dado espíritu de cobardía, sino de poder, amor y
dominio propio" (2 Timoteo 1:7).