Martin - Lobo Patologias
Martin - Lobo Patologias
de Educación, Cultura
y Deporte
neuropsicología educativa
Coordinadora:
Pilar Martín-Lobo
Edita:
© SECRETARÍA GENERAL TÉCNICA
Subdirección General
de Documentación y Publicaciones
Maqueta: Moonbook
Programas para desarrollar la atención
y mejorar el déficit de atención
y la hiperactividad
Unai Díaz Orueta
El trastorno por déficit de atención con o sin hiperactividad (TDAH) es el trastornos del neurodesa-
rrollo más frecuente en la infancia (Lora-Espinosa y Díaz-Aguilar, 2012). Se trata de un constructo
consensuado que trata de delimitar un patrón cognitivo-conductual (dado que hay disfunciones
tanto cognitivas como de comportamiento), heterogéneo (porque las disfunciones no se manifiestan
igual en todos los casos), al que se les supone una identidad genética (se transmite de generación
en generación) y neurofuncional (afecta al funcionamiento de las redes neuronales implicadas en las
funciones cognitivas y conductas implicadas), de acuerdo con Artigas-Pallarés (2011).
De forma más específica, se considera que puede tener diferentes manifestaciones conduc-
tuales tanto en la infancia, como en la adolescencia y en la edad adulta (Barkley, Fischer, Smallish,
y Fletcher, 2002). Se caracteriza por labilidad atencional, estilo conductual impulsivo, hiperactividad
estéril, y fragilidad en los mecanismos de adaptación al entorno, todos ellos sin que haya otros pro-
blemas psicopatológicos que justifiquen la presencia de dichos síntomas (Narbona y Schulumberger,
2007). Los individuos con TDAH también pueden experimentar dificultades para mantener la aten-
ción, la función ejecutiva (o la habilidad del cerebro para comenzar una actividad, organizarse y
llevar a cabo tareas) y la memoria de trabajo (American Psychiatric Association, 2013).
Hasta la aparición del último manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales DSM-V
(American Psychiatric Association, ibid.) se hablaba de subtipos de TDAH, mientras que desde el año
2013 se habla de “presentaciones clínicas”, que pueden variar en el transcurso de la vida y describen me-
jor el efecto del TDAH durante las diferentes etapas del ciclo vital. Para realizar el diagnóstico, los niños
todavía deben presentar 6 o más síntomas del trastorno. Dichas presentaciones clínicas son:
154
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 11
1. Presentación clínica de falta de atención: Se caracteriza por los siguientes síntomas: no prestar
atención a los detalles o cometer errores por descuido; tener dificultad para mantener la aten-
ción; parecer que no escucha; dificultad para seguir las instrucciones hasta el final; dificultad con
la organización; evitar o tener disgusto por realizar las tareas que requieren un esfuerzo mental
sostenido; perder las cosas; distraerse con facilidad; o ser olvidadizo para las tareas diarias.
2. Presentación clínica hiperactivo/impulsivo: Mover o retorcer nerviosamente las manos o los pies,
o no poder quedarse quieto en una silla; dificultad para permanecer sentado; correr o trepar de
manera excesiva; dificultad para realizar actividades tranquilamente; actuar como si estuviera
motorizado; hablar en exceso; responder antes de que se haya terminado de formular las pre-
guntas; dificultad para esperar o tomar turnos; interrumpir o importunar a los demás.
3. Presentación clínica inatento e hiperactivo-impulsivo-combinado: El individuo presenta síntomas
de ambas presentaciones clínicas mencionadas.
En lo que respecta a su prevalencia, diferentes fuentes la sitúan entre un 3% y un 7,5% de los niños
en edad escolar (Fischer, Barkley, Smallish, y Fletcher, 2005), mientras que un metaanálisis relativa-
mente reciente de 300 estudios, muchos de ellos entre 1995 y 2006, mostró una prevalencia mundial
estimada del 5% similar en todos los países estudiados (Polanczyk, Lima, Horta, Biederman, y Rohde,
2007). El metaanálisis más reciente sitúa los datos de prevalencia mundial de TDAH entre un 2,6 y
un 4,5% (Polanczyk, Salum, Sugaya, Caye, y Rohde, 2015).
Siguiendo a Artigas-Pallarés (2011), los síntomas de hiperactividad suelen atenuarse con la edad
y son infrecuentes en la adolescencia o edad adulta, o por lo menos, no están presentes con el grado
de intensidad de los primeros años. Las dificultades provienen de la facilidad con la que los síntomas de
inatención pasan desapercibidos, e incluso de que estemos ante otras entidades clínicas como el “tem-
po” cognitivo lento (Carlson y Mann, 2002), entidad diferenciada del TDAH que une a la inatención una
marcada lentitud en la velocidad de procesamiento y una ausencia total de hiperactividad e impulsividad.
El diagnóstico de TDAH es esencialmente clínico, pero tal y como destacan Crespo-Eguílaz y
Narbona (2013), la cuantificación de las conductas que configuran el trastorno es importante para el
diagnóstico y el seguimiento tras la instauración de eventuales tratamientos. Asimismo, la evaluación
neuropsicológica se ha ido progresivamente convirtiendo en parte del protocolo en un acercamiento
eficiente al entendimiento de un diagnóstico apropiado en este trastorno (Holmes, Gathercole, Pla-
ce, Alloway, Elliott, y Hilton 2010). La enorme crítica realizada por Gualtieri y Johnson (2005) a la
validez ecológica de las baterías ordinarias de evaluación, en tanto que consideran que los síntomas
de déficit de atención, hiperactividad motora e impulsividad cognitiva no se pueden medir cuando
se tiene sentado a un niño en un despacho en una interacción individual con el evaluador, abre la
puerta a otro tipo de evaluaciones, como son los tests computerizados. Algunos ejemplos son, tal
y como recoge Diaz-Orueta y cols. (2014), el test de ejecución continua de Conners (CPT; Conners,
1994a, 1994b, 1995), la tarea de atención sostenida en niños (CSAT) de Servera y Llabrés (2004), el
test de ejecución continua visual y auditiva integrada IVA; Tinius, 2003), o el Test de variables de
atención (TOVA; Leark, Greenberg, Kindschi, Dupuy, y Hughes, 2007), junto con el desarrollo más
reciente del test AULA (Climent, y Banterla, 2011) de evaluación neuropsicológica de realidad virtual,
cuyos baremos con población española están disponibles (Iriarte, Diaz-Orueta, Cueto y cols., 2012) y
se constituye como el test más preciso, sensible y específico para el apoyo al diagnóstico de TDAH
disponible en la actualidad (Rufo-Campos, Cueto Iriarte y Rufo-Muñoz, 2012)
En lo que se refiere al tratamiento, además de la administración de fármacos, nos de-
tendremos en la revisión de los programas de intervención gneuropsicológica en sus diferentes
modalidades, como eje fundamental del presente capítulo. Dentro del ámbito de la intervención
neuropsicológica, nos centraremos en aquellos programas dirigidos a la mejora de funciones
cognitivas concretas como la atención, memoria de trabajo o funciones ejecutivas, bien de forma
aislada o en un abordaje más integral que incluya todas ellas, junto con habilidades visuales,
auditivas, táctiles, motrices y de lateralidad. Posteriormente, recorreremos los últimos avances
en intervención computerizada mediante programas de ordenador, entornos de realidad virtual
y juegos serios para la intervención en TDAH. Finalmente, expondremos diferentes experiencias
de aplicación de programas neuropsicológicos en TDAH y concluiremos mirando hacia el futuro
de la intervención neuropsicológica en TDAH.
155
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 11
La atención puede entenderse como el conjunto de procesos responsables del control del procesa-
miento de la información que son básicos para una actividad mental superior y una adecuada adap-
tación al entorno (Groth y Allen, 2000; Román y Sánchez, 1998). De acuerdo con Whitbourne (2001),
implica la capacidad de centrarse o concentrarse en una porción de experiencia mientras se ignoran
otras características de la experiencia, ser capaz de cambiar ese foco según lo demanda la situación,
y ser capaz de coordinar la información de múltiples fuentes. Tal y como señala De Vega (1994), la
atención puede ser definida como un sistema de capacidad limitada que realiza operaciones de se-
lección cuya disponibilidad o estado de alerta fluctúa considerablemente.
De acuerdo con el modelo de redes atencionales de Posner, uno de los más reconocidos en
los últimos años (Ginarte, 2007), existen tres sistemas atencionales definidos anatómica y funcional-
mente a través de los datos aportados por estudios de neuroimágenes funcionales, que ampliarían y
definirían de forma más precisa el sistema atención:
––Alerta: se trata de la red que posibilidad un estado de alta sensibilidad a la entrada de estímulos.
Las tareas de ejecución continua y vigilancia activan diferentes niveles de alerta. De acuerdo con
Román y Sánchez (1998), también se ha denominado intensidad o atención sostenida. Esta red
está asociada con la activación de regiones de los lóbulos frontal y parietal del hemisferio cerebral
derecho, y con el locus coeruleus; de forma más específica, la base neural de la atención sostenida
involucra al circuito frontoparietal derecho.
––Orientación: Es el sistema que nos permite orientarnos hacia la localización del estímulo en el
espacio. También se conoce como selectividad o atención focalizada, e incluye los componentes
de atención selectiva y dividida. Estaría relacionado con la regulación de la dirección y objetivo
atencional en alguno de los espacios conductualmente relevantes. En este sentido, para Groth y
Allen (2000) la atención selectiva tendría que ver con la capacidad para distinguir la información
relevante de la información irrelevante, así como la especificidad con que los recursos cognitivos
se adecuan a las demandas de la tarea. Por otra parte, la atención dividida se refiere a la capaci-
dad de atender simultáneamente y procesar más de una fuente de información, categoría en la que
incluirían muchas tareas de la memoria de trabajo (Stuart-Hamilton, 2000). De acuerdo con Ginar-
te (2007), la orientación para los eventos visuales ha sido asociada a áreas cerebrales posteriores
incluyendo el lóbulo parietal superior, la unión temporal - parietal, campos oculares frontales y el
colículo superior.
––Atención ejecutiva: Es el sistema que se dirige al control atencional de la acción incluyendo res-
puestas a nuevos eventos, resolución de conflictos e inhibición de respuestas automáticas. En sus
bases neurales están implicadas el cingulado anterior, área prefrontal lateral ventral y los ganglios
basales. En el caso de este sistema puede no tratarse de una red exclusivamente atencional.
Por lo que respecta a los procesos neuropsicológicos del TDAH, Artigas-Pallarés (2011) señala que
se trata de un campo en permanente investigación sin que predomine un modelo explicativo único.
Asimismo, destaca que los modelos oscilan entre modelos de déficit único y de déficit múltiple, es
decir, modelos que atribuyen las características neuropsicológicas del trastorno a problemas cogni-
tivos con un solo elemento (por ejemplo, inhibición, autorregulación o aversión a la demora) o con
varios (inhibitorios, ejecutivos, organizativos, etc.).
Entre los modelos de déficit único destacan los siguientes:
––Modelo de déficit en el control inhibitorio (Barkley, 1997): este modelo concibe la capacidad de in-
hibición de respuesta como el principal déficit cognitivo al que están vinculados todos los síntomas
del trastorno, conduciendo a una conducta descontrolada, sin constancia, que conduce a una baja
eficiencia, a la frustración y a la desmotivación.
––Modelo de regulación del estado (Sergeant, Oosterlaan y Van der Meere, 1999): Sostiene que cual-
quier objetivo de conducta requiere la activación y movilización de energía –mental o cognitiva–
con el fin de adecuarse a las demandas del entornos y dar una respuesta óptima. A diferencia del
modelo de Barkley, aquí el déficit único sería un déficit en la capacidad de regular el esfuerzo y la
156
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 11
motivación. Este modelo propone la presentación rápida de estímulos para generar sobreestimula-
ción seguida de la presentación lenta de estímulos que genere hipoactivación, con el fin de poner
a prueba de forma precisa los problemas de autorregulación, medidos en forma de variabilidad en
el tiempo de respuesta que son característicos del TDAH.
––Modelo de aversión a la demora (Sonuga-Barke, Taylor, Sembi, y Smith, 1992): según este modelo,
las personas con TDAH se decantan por obtener gratificación inmediata antes que demorada, aun-
que sea de menor alcance o magnitud. El ingrediente principal de este modelo sería la impulsivi-
dad, que se desplegaría con el fin de reducir el tiempo de obtención del refuerzo.
No obstante, la falta de capacidad de cada uno de estos modelos por sí solo para explicar toda la
amplitud sintomatológica del TDAH ha llevado a la propuesta de modelo duales o de déficit múltiple.
Así, por ejemplo, el modelo cognitivo-energético (Sergeant, 2005) integra problemas de codificación
o nivel de alerta, procesamiento central o esfuerzo, y organización motora o activación, Por su parte,
el modelo dual de Sonuga-Barke (2003),toma en consideración conjunta tanto una alteración de los
circuitos de recompensa como un déficit ejecutivo en la capacidad de control inhibitorio. Finalmente,
otros modelos descritos por Artigas-Pallarés (2011) proponen comorbilidades con dislexia o autismo.
En cualquier caso, no hay modelo que predomine sobre el resto y todos ellos deben ser considerados
a la hora de hacer un diagnóstico preciso del trastorno.
Smith, Hoza, Linnea y cols. (2013) desarrollaron un programa de intervención mediante actividad física
para maximizar la implicación de los participantes en actividad física continuada de moderada a intensa.
Cada sesión duraba 30 minutos, con 4 etapas de 6 minutos en grupos pequeños.
Cada etapa estaba diseñada para promover la actividad física en el contexto de juegos y ac-
tividades que requerían que los participantes emplearan una variedad de destrezas motoras (mover
157
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 11
objetos a diferentes lugares del área de actividad, varias formas de locomoción –skipping, correr, sal-
tar, arrastrarse). Además, había 1-2 minutos de revisión de las normas, y el resto del tiempo se usaba
para hacer los cambios entre las etapas.
El personal recibió cerca de 20 horas de entrenamiento y práctica en la implementación del
programa antes de iniciarlo para asegurar la administración fiable de los procedimientos de evalua-
ción e intervención. La mayor parte de los profesionales que realizaban el programa de actividad
física tenían experiencia previa con niños con TDAH o con la enseñanza de educación física en cam-
pamentos, y todos ellos eran estudiantes o graduados en psicología. La duración total del programa
era de 9 semanas de intervención.
Los autores hallaron que este tipo de intervención producía efectos significativos en aquellos
valores que tenían que ver con la inhibición de la respuesta y la impulsividad. El movimiento con-
tinuado realizado en el programa podía ofrecer beneficios en el funcionamiento motor, cognitivo,
social y conductual de los jóvenes con síntomas de TDAH. Además, los informantes clave (padres y
profesores) informaron de cierto grado de mejora para dos tercios de los participantes. En suma, los
datos obtenidos sugieren que hay un valor potencial en explorar la actividad física regular como una
herramienta de manejo del TDAH.
Para Neudecker y cols. (2015), pese a no haber una recomendación basada en la evidencia so-
bre la frecuencia, intensidad o duración de un ejercicio, se pueden observar ciertas tendencias acerca
de los efectos de ciertos tipos de ejercicio, y las características cualitativas de los ejercicios concretos
que se usen pueden desempeñar un papel importante en la intervención sobre niños y adolescentes
con TDAH. Otro estudio reciente de Pan y cols. (2015) examinó los efectos de una intervención con
tenis de mesa de 12 semanas sobre las habilidades motoras y las funciones ejecutivas de niños con
TDAH. 15 niños con TDAH recibieron la intervención, y otros 15 con TDAH y 30 controles no la
recibieron. Después de la intervención, el grupo de entrenamiento obtenía puntuaciones significati-
vamente mayores en habilidades de locomoción y de control de objetos, en el subtest Palabra-Color
del Stroop, y en el rendimiento total del WCST, en comparación con los otros grupos, por lo que
sus autores sostienen que una intervención de apenas 3 meses puede tener relevancia clínica sobre
actividades motoras y funciones ejecutivas en niños con TDAH.
Desarrollado por Halperin, Marks, Bédard y cols. (2013), está dirigido a niños en edad preescolar o
educación infantil de entre 4 y 5 años. El nombre, que proviene de la palara inglesa “equipos” para
destacar que se trata de una intervención grupal, es un acrónimo que se refiere a Training Executive,
Attention and Motor Skills –entrenando destrezas ejecutivas, atencionales y motoras. El objetivo gene-
ral de dicho programa era el de administrar un entrenamiento cognitivo grupal por medio del juego
con el fin de mejorar la sintomatología cognitiva y motora en el TDAH. De forma más específica, se
trata de juegos diseñados para aumentar el control inhibitorio, la memoria de trabajo, la atención, las
capacidades visoespaciales, la planificación y las destrezas motoras.
Para ello, se establecieron sesiones de hora y media de duración con grupos de padres y ni-
ños por separado (3-5 familias por grupo).
A los niños se les presentaba una serie de juegos que trabajaban una serie de dominios
neurocognitivos tales como el control inhibitorio (variaciones de “Simón dice”, baile de las esta-
tuas), memoria de trabajo (memorizar listas de la compra o encontrar “tesoros ocultos”), control
motor (juegos con bolas; saltando, saltar la cuerda), atención/rastreo (trilero con 3 cartas), capa-
cidades visoespaciales (puzzles) y planificación (preparar todo lo necesario para un picnic). Se
introducían juegos nuevos a los niños durante cada una de las primeras cinco sesiones. Además,
se incluían ejercicios aeróbicos en dos bloques separados de 5 minutos. Se ponían en marcha un
plan conductual grupal para obtener un nivel aceptable de control conductual y de implicación
de los niños.
Por su parte, las sesiones con los padres consistían en 20 minutos de psicoeducación sobre
temas relacionados con el TDAH (evaluación, curso longitudinal, tratamientos basados en la eviden-
cia), junto con apoyo grupal. No obstante, las sesiones se centraban principalmente en:
158
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 11
1. barreras y dificultades experimentadas durante la semana anterior a la hora de jugar a los juegos
del programa TEAM con su hijo, y
2. descripciones y demostraciones de los nuevos juegos que se enseñaba a sus hijos, las destrezas
que se estimulaban con cada juego, y métodos para alterar el nivel de dificultad.
Se pedía a los padres que pasaran al menos 30-45 minutos diarios de juegos aeróbicos con sus hijos.
Se les instruía de cómo adaptar los juegos al nivel de ejecución de sus hijos y progresivamente ir
aumentando la carga cognitiva y conductual en la medida que los niños dominaban las destrezas.
Dado que todavía no se conocía la configuración de sesiones ideal, se probó con tres alter-
nativas: 1 sesión semanal durante 5 semanas (2 grupos), una sesión semanal durante 8 semanas (4
grupos), y dos sesiones semanales durante 5 semanas (1 grupo). Durante las últimas 3 semanas de los
grupos de 8 semanas, los niños elegían qué juegos jugar de una serie de juegos a los que ya habían
jugado (es decir, no se incluían juegos nuevos). Cada grupo era guiado por un doctor en psicología
y dos estudiantes.
Al analizar los resultados, se vio que no había diferencias entre las diversas configuraciones
de grupo a la hora de conseguir los objetivos. Los informes de los padres y profesores a través de
la ADHD Rating Scale IV indicaron una mejoría significativa en la gravedad de la sintomatología de
TDAH, y esta mejoría se mantuvo 3 meses después. Estos autores concluyeron que la intervención
basada en el juego para preescolares con TDAH está lista para ser implementada en casa, y la evi-
dencia preliminar sugiere eficacia más allá de la terminación del tratamiento activo.
Halperin, Bédard y Curchack-Lichtin. (2012) recogen a su vez otros programas de intervención
sobre el autocontrol como son el programa ENGAGE (en inglés, Enhancing Neurocognitive Growth with
the Aid of Games and Exercise –aumentando el crecimiento neurocognitivo mediante la ayuda de juegos
y ejercicio). Se trata de una intervención para niños de 3 y años con problemas de autocontrol. Al igual
que el TEAMS, implica a padres e hijos en cuanto a jugar a los juegos prescritos todos los días durante un
periodo de 5 semanas, teniendo como objetivo 3 áreas que son deficientes en el autocontrol en niños con
TDAH: la conducta, la cognición y la emoción. Un ensayo preliminar mostró mejoras en la hiperactividad
(valorada por los padres) que se mantenía durante 12 meses. Además, se daban mejoras significativas en
las puntuaciones de tests de control sensoriomotor y de memoria de trabajo.
159
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 11
De acuerdo con Abad y cols. (2011), el entrenamiento en funciones ejecutivas de un niño con TDAH
debe abordar la estimulación o el entrenamiento de funciones tan importantes como la autorregu-
lación y el autocontrol, la planificación de estrategias, mecanismos de comparación contra modelos,
corrección, habilitación de los modelos funcionales, pre y posfuncionales (límbico y prefrontal),
series de palabras y de números, integración de procesamientos bihemisféricos y tutoría gramatical,
entre otros, facilitando así la eficacia del funcionamiento de los tres sistemas de procesamiento de
la información (input, performance y output). De todos los programas de intervención en funciones
ejecutivas, Dias y Seabra (2015) señalan las siguientes características comunes a todos ellos:
160
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 11
En este estudio, los autores hablan de su Programa de Intervención sobre la Autorregulación en Fun-
ciones Ejecutivas (PIAFEx; Dias y Seabra, 2013), que se compone de los siguientes módulos.
––Módulo 1. Organización de materiales/Rutina del manejo del tiempo. Se trabajan estrategias que
pueden ser adaptadas a tareas de la vida diaria e incorporadas a la rutina escolar. Tiene como ob-
jetivo apoyar la organización y manejo del tiempo durante la realización de actividades.
––Módulo 2. Organización de ideas. Establecimiento de objetivos y planes. Presenta estrategias que
pueden ser usadas como apoyo a la organización y planificación de proyecto con establecimiento
de objetivos de medio a largo plazo.
––Módulo 3. Actividades de estimulación. Presenta actividades que estimulan diversas habilidades eje-
cutivas en el contexto de juegos que pueden ser realizados por parejas, en grupos o individualmen-
te. Enfatiza la organización de ideas y el entendimiento de las consecuencias de la propia conducta.
––Módulo 4. Funciones ejecutivas para actividades físicas/motoras. Son actividades que pueden sus-
tituir o complementar aquellas de educación física u otras que impliquen un componente motor.
Estimulan sobre todo la inhibición y la atención en el contexto del juego. El niño debe inhibir de-
terminado movimiento o prestar atención a determinado estímulo, durante el cual debe emitir una
respuesta, adaptando su comportamiento a las demandas del juego.
––Módulo 5. Comunicación y gestión de conflictos. Los niños aprenden estrategias de autorregula-
ción de su conducta o emociones. Estas actividades tienen como objetivo principal enseñar medios
apropiados de solucionar conflictos interpersonales.
––Módulo 6. Regular emociones por medio de actividades cuyo objetivo es enseñar a los niños a
reconocer y liderar sus emociones, así como formas apropiadas de expresarlas.
––Módulo 7. Trabajar con amigos, oportunidad de ejercitar la hetero y autorregulación. Estas activi-
dades están diseñadas para el trabajo en parejas o grupos grandes, facilitando la interacción y la
hetero y autorregulación de la conducta. Los niños deben coordinar su comportamiento de cara a
un objetivo común.
––Módulo 8. Jugando con los significados de las palabras. Son actividades que implican palabras y
frases ambiguas. El niño es estimulado a debatir sobre los diferentes significados, estimulando así
el pensamiento flexible.
––Módulo 9. Conversar sobre las actividades. Se busca promover la metacognición, que el niño piense
sobre sus propios procesos de pensamiento y sobre la efectividad de sus estrategias.
––Módulo 10. Juego planificado: tiene 3 etapas. Planificación, ejecución (el juego en sí) y evaluación.
En la fase de planificación, los niños, con ayuda del profesor, deben hacer un plan de juegos, pen-
sando en qué materiales pueden necesitar, qué sucederá, quién asumirá cada papel, etc. Después,
durante el juego, los niños asumen los papeles y deben desempeñarlos en determinados contextos.
Los papeles tienen reglas implícitas que los niños deben seguir, adecuando su comportamiento
a la demanda impuesta por el papel. En la etapa de evaluación, los niños deben analizar si se ha
jugado según el plan establecido o qué deben cambiar para poder seguir jugando al día siguiente.
Esta actividad permite estimular diversas habilidades ejecutivas tales como la memoria de trabajo,
flexibilidad y control inhibitorio, y, de esta forma, practicar las habilidades en diversos contextos
propicios para el juego.
––Módulo complementario: El Diario de Nina. Es una narrativa constituida por 10 capítulos. En cada
capítulo, un personaje, Nina, se encuentra con situaciones en que debe aprender a lidiar con los
161
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 11
conflictos, regular sus emociones, planear tareas, etc. De esta forma, el personaje actúa como un
modelo. Después de cada capítulo, hay actividades que la profesora puede conducir de modo que
los niños puedan aplicar y practicas algunas de las estrategias modeladas por el personaje de Nina.
La narrativa enfatiza la importancia de planear las acciones antes de realizarlas, de aprender a or-
ganizar, priorizar, así como evaluar el resultado de su actuación después de la realización. También
implica aspectos relacionados con la regulación de las emociones y el entendimiento de las conse-
cuencias de su comportamiento.
Tras la aplicación de su programa, Dias y Seabra (2015) han hallado recientemente que los niños de
su grupo experimental mejoraban con respecto a los controles en habilidades de autorregulación,
mejoras en la atención y la inhibición y, lo que es más relevante, estos resultados se obtuvieron por
medio de tareas que diferían de las usadas en la intervención, lo que revela una transferencia de los
logros de la intervención.
Mautone, DuPaul y Jitendra (2005) llevaron a cabo un estudio utilizando un programa computeri-
zado denominado Math Blaster para realizar una intervención en el aprendizaje de las matemáticas
en niños de 6 a 9 años para ayudar en el desarrollo de habilidades relacionadas con la suma, resta,
multiplicación, división, porcentajes, fracciones y decimales; con niveles de dificultad ajustables.
Cada componente de la actividad proporcionaba una tarea estructurada en forma de juego, en la
que los estudiantes ganaban puntos y se movían a través de los niveles contestando a las preguntas
de forma correcta. El feedback del ordenador era inmediato, frecuente e individualizado. Una vez
que alcanzaban una puntuación determinada, la tarea de matemáticas terminaba y podían jugar a un
videojuego durante 1 o 2 minutos, y se retomaba la tarea. En su estudio, hallaron que el rendimiento
de los participantes, niños de primaria con TDAH, en matemáticas mejoraba. No obstante, quedan
por hacer seguimientos a más largo plazo para saber si los efectos se mantienen y se generalizan a
otras áreas de la conducta. Además, faltó por concretar qué aspectos específicos del software eran
los que funcionaban, y determinar la “dosis” de intervención necesaria para observar mejoras. En
este sentido, los problemas de generalización de los efectos conseguidos con el tratamiento parece
ser una constante de los programas de intervención cognitiva en TDAH, también en los de carácter
computerizado (Amonn y cols., 2013).
162
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 11
Rizzo, Buckwalter, Bowerly y cols., 2000). Permite evaluar de forma precisa los procesos atencionales
en cuanto a inatención, impulsividad, velocidad de procesamiento, atención sostenida, y actividad
motora, y todo ello con y sin distractores, de manera que el clínico o experimentador puede mani-
pular el entorno (poner al paciente en diferentes partes del aula, aumentar o reducir el número de
distractores) con el fin de hacer una intervención específica y personalizada con él. Los resultados
obtenidos hasta ahora son discretos, a la luz de la bibliografía revisada.
Tal y como señalan Melby-Lervåg y Hulme (2013), en los últimos años se han editado nume-
rosos sistemas computerizados para el entrenamiento de la memoria de trabajo, y uno de los
más conocidos es CogMed ([Link]), disponible en 30 países y usado en multitud
de escuelas y clínicas. Este programa se basa en 8 ejercicios diferentes que implican tareas de
memoria de trabajo visoespacial y verbal, en las que el nivel de dificultad varía de forma adap-
tativa durante el entrenamiento. Otro es Jungle Memory ([Link]), que se basa
en tres tareas diferentes, y Cognifit ([Link]), que se basa en tareas de memoria de
trabajo visual, auditivas y multimodales, así como Robomemo (centrado en tareas de memoria
de trabajo visoespacial y verbal, tal y como recogen Kliberg y cols., 2005). Estos autores señalan
que dichos programas, especialmente Jungle Memory y CogMed, no se basan en ningún análisis
detallado de las tareas ni en una solidez teórica que explique los mecanismos por los cuales
esos regímenes de entrenamiento adaptado mejoran la memoria de trabajo. En cambio, señalan,
parece que se basan en lo que podría denominarse un modelo físico energético simple según el
cual cargar repetidamente un recurso cognitivo limitado (como es la memoria de trabajo) hará
que mejore en capacidad (una especie de analogía de fortalecer un músculo usándolo repetida-
mente). El metaanálisis realizado por Melby Lervåg y Hulme (2013) muestra que los efectos del
entrenamiento en memoria de Trabajo son moderados en lo que se refiere a logros inmediatos en
la memoria de trabajo visoespacial, y que de todos los programas examinados, el entrenamiento
con CogMed es el que parece producir mayores efectos.
En el área de intervenciones específicas para el TDAH, hay dos juegos que han sido notables en el
acercamiento a la sintomatología cognitiva de este trastorno. El primero de ellos, Plan-It Commander
([Link]), resultó de la colaboración de la compañía farmacéutica Janssen, el
instituto de salud Mental Yulius Academie, la Sociedad Flamenca de Niños con TDAH y la compañía
de desarrollo de videojuegos serios Ranj, todos ellos de Holanda ([Link]
ch?v=bdYk80hZ3jc).
El juego tiene el formato de juego de aventuras y se centra en una situación que implica
diversos problemas para los que debe alcanzarse una solución. Dentro de la narrativa general,
el jugador practica teniendo que afrontar aspectos problemáticos del TDAH en los minijuegos
que incluye. Además, se espera que el niño aprenda a contar con la ayuda correcta de su equi-
po en el momento adecuado. También hay un amplio margen para la interacción dentro de una
comunidad interna. Los niños pueden ver y evaluar las acciones de los demás, pueden ayudarse
los unos a los otros y darse consejos. El tiempo que los niños pueden emplear en el juego se ha
limitado a un número máximo de minutos al día. Desde septiembre de 2012, hay una versión
jugable de diez misiones y en junio de 2013, la versión holandesa del juego llegó a estar disponi-
ble comercialmente. Después de eso, se planeó un estudio clínico de seguimiento para medir el
progreso de un nuevo grupo de más de 200 niños que jugarían a la versión completa del juego,
y que se centraría en el impacto del juego en la vida diaria de los niños con TDAH. No obstante,
los resultados siguen sin publicarse.
163
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 11
El ultimo desarrollo para la intervención en TDAH es el videojuego Braingame Brian (Prins, Brink,
Dovis y cols., 2013), un juego de entrenamiento computerizado para intervenir sobre 3 funciones
ejecutivas: la memoria de trabajo visoespacial, la inhibición y la flexibilidad cognitiva, a través de
un entorno virtual simulado con aspecto de videojuego. Uno debe elegir entre entrenar una, dos o
las tres funciones ejecutivas disponibles. Braingame Brian (llamado así por el personaje principal,
Brian) consiste en 25 sesiones de entrenamiento de unos 40-50 minutos cada una (puede verse un
video sobre el juego en este enlace [Link] Cada se-
sión de entrenamiento contiene dos bloques de tres tareas de entrenamiento dispuestas en un orden
específico. La primera tarea de entrenamiento es siempre una tarea de entrenamiento de memoria de
trabajo; la segunda y tercera tareas, una tarea de entrenamiento en inhibición y una tarea de flexibi-
lidad cognitiva, se presentan en orden alterno. Durante cada sesión, las tres tareas de entrenamiento
se realizan dos veces, lo que da como resultado un entrenamiento total de unos 30 minutos por
sesión. Durante un periodo de 5 semanas, los niños entrenan y juegan un total de 25 sesiones. Cada
día de entrenamiento, el niño juega a una sesión de aproximadamente 40-50 minutos (30 minutos
de entrenamiento y 10-20 minutos de caminar dentro del entorno del videojuego). Después de cada
bloque de tareas de entrenamiento, el nivel de dificultad de la tarea de entrenamiento se ajusta au-
tomáticamente al nivel de rendimiento del niño.
El entorno del juego tiene 7 mundos diferentes –el área alrededor de la casa de los padres de
Brian, la villa, la isla inhabitada, las tierras desiertas, la playa, el pantano y el laboratorio subterráneo.
Todos los personajes que viven en esos mundos tienen un problema. Brian les ayuda a resolverlo
haciendo las tareas de entrenamiento y, al hacerlo, inventa toda clase de artilugios. Caminar dentro
del entorno del videojuego y ver las invenciones son el refuerzo del niño para iniciar y completar las
tareas de entrenamiento. Para aumentar la motivación del niño, cada bloque de entrenamiento que se
complete da como resultado un mundo ampliado y poderes extras para Brian. Antes, después y entre
las sesiones de entrenamiento, el niño tiene la opción de explorar el mundo dentro del videojuego.
Desde la primera a la última sesión, el mundo del juego se vuelve cada vez más elaborado,
y cada bloque de entrenamiento que se completa resulta en poderes extras para Brian. Con estos
poderes extra, Brian puede crear artilugios para ayudar a la gente de la villa a resolver sus proble-
mas, lo que los hace más felices. Se usa un sistema de refuerzo externo adicional –recibir puntos por
completar las sesiones– para aumentar las motivaciones del niño a realizar el entrenamiento.
Con respecto a su eficacia, Prins y cols. (2013) realizaron un estudio piloto, y los resultados
muestran que los niños en la condición de entrenamiento de funciones ejecutivas mejoraron en lo
relativo al informe realizado por los padres (puntuación total en la escala BRIEF = 27) y en las con-
ductas de TDAH (puntuación de las subescalas de inatención e hiperactividad-impulsividad de la
Escala de Problemas de Conducta Disruptivos = 28), tanto para la muestra total como para una parte
de la muestra tratada con metilfenidato. Estos efectos se mantenían en el periodo de seguimiento.
Debe aclararse que el diseño de este primer estudio de evaluación no controló las expectativas ni los
efectos no específicos del tratamiento, de modo que sus autores sugieren que para valorar adecua-
damente la eficacia de Braingame Brian hacen falta diseños de investigación que incluyan un grupo
placebo. Finalmente, de acuerdo con sus autores, en este momento Braingame Brian no puede con-
siderarse un módulo de tratamiento en sí mismo, sino que debería combinarse o integrarse con otras
intervenciones en TDAH apoyadas por la evidencia, como el entrenamiento de padres y profesores,
o la medicación, para poder alcanzar un impacto terapéutico completo.
164
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 11
en TDAH como un tratamiento de primer orden para la mejora del trastorno. Tanto los metaanálisis
de Melby-Lervag y Hulme (2013) como el de Cortese y cols. (2015) concluyen que las intervenciones
neuropsicológicas en TDAH son (1) específicas de las áreas entrenadas, con efectos a corto plazo, sin
posibilidad real de generalización a otras funciones cognitivas, y (2) independientes a la sintomato-
logía del TDAH.
De forma más concreta, Melby-Lervag y Hulme (2013) hallaron que los programas de in-
tervención neuropsicológica en la memoria de trabajo producían mejoras en el corto plazo en las
destrezas relacionadas con la memoria de trabajo, pero mientras que para la memoria de trabajo
visoespacial parecían mantenerse, no era así para la memoria de trabajo verbal, ni había evidencia
convincente de la posibilidad de generalización del entrenamiento en memoria de trabajo a otras ha-
bilidades (destreza verbal, procesos inhibitorios de la atención, decodificación de palabras, cálculo).
Por su parte, Cortese y cols. (2015) señalan que, dado que el éxito del entrenamiento en memoria de
trabajo en mejorar el rendimiento de la memoria de trabajo es ineficaz para mejorar los síntomas de
TDAH, se da una disociación entre el funcionamiento neuropsicológico y el trastorno, para lo que
proponen 4 posibles explicaciones:
1. que los déficits en memoria de trabajo no medien de hecho en la patofisiología del TDAH;
2. que aunque sí medien en el desarrollo de TDAH, se hayan “atrincherado” y no sean susceptibles
del tipo de tratamiento implementado en los ensayos llevados a cabo hasta la fecha;
3. que el tratamiento tal y como se lleva a cabo hasta ahora se centre en aspectos de la memoria
de trabajo que no son fundamentales en los déficits del TDAH;
4. que el entrenamiento produzca sólo efectos periféricos atribuibles a la práctica sobre la memoria
de trabajo, sin un impacto profundo en las redes neuronales que subyacen a los déficits neurop-
sicológicos responsables del TDAH.
En suma, el metaanálisis de Cortese y cols. (2015) halló evidencia limitada del valor clínico del
entrenamiento cognitivo en niños con TDAH fuera de los límites estrechos del entrenamiento de
procesos neuropsicológicos específicos (entrenamiento en memoria de trabajo que mejora la función
de la memoria de trabajo). Dada la evidencia de heterogeneidad neuropsicológica en el TDAH, los
esfuerzos futuros deberían dirigirse al desarrollo de protocolos que tengan como objetivo un rango
más amplio de déficits neuropsicológicos. Además, es necesaria una innovación terapéutica que au-
mente la “transferencia lejana” a logros neuropsicológicos específicos en patrones de la vida diaria de
deterioro funcional a través de enfoques de entrenamiento con mayor validez ecológica. Los ensayos
futuros deberían incluir ramificaciones que trabajen de forma consistente el control activo, un mayor
rango de resultados funcionales y un seguimiento a largo plazo. Asimismo, deberían integrarse otros
aspectos como la intervención en habilidades y funcionalidad visual y auditiva, integración sensorial,
algunas de ellas ya mencionadas en los capítulos 2 y 3 de este mismo libro, con el fin de poder lle-
var a cabo intervenciones de calado más allá de la sintomatología conductual y que puedan obtener
logros más profundos y duraderos en términos de mejora de la calidad de la vida cotidiana de estos
niños en el área escolar, familiar y social.
11.6. Bibliografía
Abad-Mas, L., Ruiz-Andrés, E., Moreno-Madrid, F., Sirera-Conca, A., Cornesse, M., Delgado-Mejía, I.D.,
y Etchepareborda, M.C. (2011). Entrenamiento de funciones ejecutivas en el trastorno por déficit de
atención/hiperactividad. Revista de Neurología, 52(Supl 1), S77-S83.
American Psychiatric Association (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (5th
ed.). Washington DC: APA.
Amonn, F., Frölich, J., Breuer, D., Banaschewski, T., y Doepfner, M. (2013). Evaluation of a compu-
ter-based neuropsychological training in children with Attention-Deficit Hyperactivity Disorder
(ADHD). NeuroRehabilitation, 32, 555-562.
Artigas-Pallarés, J. (2011). Trastorno de déficit de atención/hiperactividad. En: J. Artigas-Pallarés y J.
Narbona (Eds.), Trastornos del Neurodesarrollo (pp. 365-408). Barcelona: Viguera.
165
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 11
Barkley, R.A. (1997). ADHD and the nature of self-control. New York: The Guildford Press.
Barkley, R.A., Fischer, M., Smallish, L., y Fletcher, K. (2002). Persistence of attention deficit hyperac-
tivity disorder into adulthood as a function of reporting source and definition of disorder. Journal
of Abnormal Psychology, 111, 279-289.
Carlson, C.L. y Mann, M. (2002). Sluggish cognitive tempo predicts a different pattern of impairment
in the attention deficit hyperactivity disorder, predominantly inattentive type. Journal of Clinical
Child and Adolescent Psychology, 70, 1099-1111.
Climent, G., y Banterla, F. (2011). AULA. Evaluación ecológica de los procesos atencionales. San Se-
bastián: Nesplora.
Climent-Martínez, G., Luna-Lario, P., Bombín-González, I., Cifuentes-Rodríguez, A., Tirapu-Ustárroz,
J., y Díaz-Orueta, U., (2014). Evaluación neuropsicológica de las funciones ejecutivas mediante rea-
lidad virtual. Revista de Neurología, 58(10), 465-475.
Conners, C.K. (1994a). The Conners Continuous Performance Test. Toronto: Multi-Health Systems.
Conners, C.K. (1994b). The Continuous Performance Test (CPT): Use as a diagnostic tool and measure
of treatment outcome. Paper presented at the Annual Meeting of the American Psychological Asso-
ciation, August 12-16, Los Angeles, CA.
Conners, C.K. (1995). Conners’ Continuous Performance Test. Toronto: Multi-Health Systems.
Cortese, S., Ferrin, M., Brandeis, D., Buitelaar, J., Daley, D., Dittmann, R.W., ..., Sonuga-Barke, E.J.
(2015). Cognitive Training for Attention-Deficit/Hyperactivity Disorder: Meta-Analysis of Clinical
and Neuropsychological Outcomes From Randomized Controlled Trials. Journal of the American
Academy of Child and Adolescent Psychiatry, 54(3), 164-174.
Crespo-Eguílaz, N., y Narbona, J. (2013). Evaluación neuropsicológica del niño. En J. Peña-Casanova
(Ed.). Manual de logopedia, 4ª Edición (pp. 109-127). Barcelona: Elsevier Masson.
De Vega, M. (1994). Introducción a la Psicología Cognitiva. Madrid: Alianza Editorial.
Dias, N.M., y Seabra, A.G. (2015). Is it possible to promote executive functions in preschoolers? A
case study in Brazil. International Journal of Child Care and Education Policy, 9(6). DOI 10.1186/
s40723-015-0010-2.
Dias, N.M., y Seabra, A.G. (2013). Funções Executivas: desenvolvimento e intervenção [Executive
functions: development and intervention]. Temas sobre Desenvolvimento, 19, 206-212.
Díaz-Orueta, U., Garcia-López, C., Crespo-Eguílaz, N., Sánchez-Carpintero, R., Climent, G. y Narbona,
J. (2014). AULA virtual reality test as an attention measure: Convergent validity with Conners’ Conti-
nuous Performance Test, Child Neuropsychology: A Journal on Normal and Abnormal Development
in Childhood and Adolescence, 20 (3), 328-342.
Fischer, M., Barkley, R., Smallish, L., y Fletcher, K. (2005). Executive functioning in hyperactive chil-
dren as young adults: Attention, inhibition, response perseveration, and the impact of comorbidity.
Developmental Neuropsychology, 27, 107-133.
Ginarte, Y. (2007). La evaluación neuropsicológica de la atención. GeroInfo, 2(2), 1-15.
Groth, K.E. y Allen, P.A. (2000). Visual attention and aging. Frontiers in Bioscience, 5, d284-d297.
Gualtieri, T., y Johnson, L.G. (2005). ADHD: Is objective diagnosis possible? Psychiatry, 2(11), 44-53.
Halperin, J.M., Bédard, A.V., y Curchack-Lichtin, J.T. (2012). Preventive Interventions for ADHD: A
Neurodevelopmental Perspective. Neurotherapeutics, 9, 531-541.
Halperin, J.M., Marks, D.J., Bédard, A.V., Chacko, A., Curchak, J.T., Yoon, C.A., y Healey, D.M. (2013).
Training Executive, Attention, and Motor Skills: A Proof-of-Concept Study in Preschool Children
with ADHD. Journal of Attention Disorders, 17(8), 711-721.
Holmes, J., Gathercole, S.E., Place, M., Alloway, T.P., Elliott, J.G., y Hilton, K.A. (2010). The diagnostic
utility of executive function assessments in the identification of ADHD in children. Child and Ado-
lescent Mental Health, 15(1), 37-43.
Iriarte, Y., Díaz-Orueta, U., Cueto, E., Irazustabarrena, P., Banterla, F., y Climent, G. (2012). AULA:
Advanced virtual reality assessment tool for the study of attention and support in ADHD diagnosis:
Normative data for 6-16 years old children in Spain. Journal of Attention Disorders. Advance online
publication. doi: 10.1177/1087054712465335
Klinberg, T., Fernell, E., Olesen, P.J., Johnson, M., Gustaffson, P., Dahlstrom, K., …, y Westerberg, H.
(2005). Computerized Training of Working Memory in Children with ADHD—A Randomized, Con-
trolled Trial. Journal of the American Academy of Child and Adolescent Psychiatry, 44(2), 177-186.
166
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 11
Leark, R.A., Greenberg, L.M., Kindschi, C.L., Dupuy, T.R., y Hughes, S.J. (2007). Test of variables of
attention Continuous Performance Test: Professional manual. Los Alamitos, CA: TOVA.
Lora Espinosa, A., y Díaz-Aguilar, M.J. (2012). Aspectos prácticos en la atención del niño y adolescente
con TDAH. Revista Pediatría Atención Primaria, Supl (21), 83-86.
Mautone, J.A., DuPaul, G.J., y Jitendra, A.K. (2005). The Effects of Computer-Assisted Instruction on
the Mathematics Performance and Classroom Behavior of Children With ADHD. Journal of Atten-
tion Disorders, 9(1), 301-312.
Melby-Lervåg, M., y Hulme, C. (2013). Is Working Memory Training Effective? A Meta-Analytic Review.
Developmental Psychology, 49(2), 270-291.
Narbona, J., y Schulumberger, E. (2007). Déficit d’attention et hyperactivité. En C. Chevrie-Mu-
ller y J. Narbona (Eds.). Le langage de l’enfant. Aspects normaux el pathologiques. Paris: Else-
vier-Masson.
Neudecker, C., Mewes, N., Reimers, A.K., y Woll, A. (2015). Exercise Interventions in Children an-
dAdolescents With ADHD: A Systematic Review. Journal of Attention Disorders (online first). DOI:
10.1177/1087054715584053
Pan, C.H., Tsai, C.L., Chu, C.H., Sung, M.C., Huang, C.Y., and Ma, W.Y. (2015). Effects of Physical Exer-
cise Intervention on Motor Skills and Executive Functions in Children With ADHD: A Pilot Study.
Journal of Attention Disorders (online first). DOI: 10.1177/1087054715569282
Polanczyk, G., Lima, M., Horta, B., Biederman, J., y Rohde L. A. (2007). The worldwide prevalence of
attention-deficit/hyperactive disorder: A systematic review and meta-regression analyses. American
Journal of Psychiatry, 164, 942-948.
Polanczyk, G.V., Salum, G.A., Sugaya, L.S., Caye , A., y Rohde, L.A. (2015). Annual research review: A
meta-analysis of the worldwide prevalence of mental disorders in children and adolescents. Jour-
nal of Child Psychology and Psychiatry, 56(3), 346-365.
Prins, P.J, Brink, E.T., Dovis, S., Ponsioen, A., Geurts, H.M., de Vries, M., y van der Oord, S. (2013).
‘‘Braingame Brian’’: Toward an Executive Function Training Program with Game Elements for Chil-
dren with ADHD and Cognitive Control Problems. Games for Health Journal, 2(1), 44-49.
Rizzo, A.A., Bowerly, T., Buckwalter, J.G., Limchuk, D., Mitura, R., y Parsons, T.D. (2006). A virtual
reality scenario for all seasons: The virtual classroom. CNS Spectrums, 11(1), 35-44.
Rizzo, A.A., Buckwalter, J.G., Bowerly, T., Van der Zaag, C., Humphrey, L., Neumann, U., ... Sisemore,
D. (2000). The virtual classroom: A virtual reality environment for the assessment and rehabilitation
of attention deficits. Cyberpsychology & Behavior, 3(3), 483-499.
Román, F., y Sánchez, J.P. (1998). Cambios neuropsicológicos asociados al envejecimiento normal.
Anales de Psicología, 14(1), 27-43.
Rufo-Campos, M., Cueto, E., Iriarte, Y., & Rufo-Muñoz, M. (2012). Estudio de sensibilidad de un nue-
vo método diagnóstico para el TDAH: Aula. Nesplora. En: XXXVI Reunión Anual de la Sociedad
Española de Neurología Pediátrica. Revista de Neurología, 54(Supl 3): s89.
Sergeant, J.A. (2005). Modeling attention-deficit/hyperactivity disorder: a critical appraisal of the cog-
nitive-energetic model. Biological Psychiatry, 57, 1248-1255.
Sergeant, J., Oosterlaan, J., y Van der Meere, J. (1999). Information processing and energetic factors in
attention-deficit/hyperactivity disorder. In C. Herbert y A. E. Hogan (Eds.), Handbook of disruptive
behavior disorders (pp. 75-104). Dordrecht: Kluwer Academic.
Servera, J., y Llabrés, J. (2004). Children Sustained Attention Task (CSAT). Madrid: TEA.
Smith, A.L., Hoza, B., Linnea, K., McQuade, J.D., Tomb, M., Vaughn, A.J., Shoulberg, E.K., y Hook,
H. (2013). Pilot Physical Activity Intervention Reduces Severity of ADHD Symptoms in Young Chil-
dren. Journal of Attention Disorders, 17(1) 70-82.
Sonuga-Barke, E.J. (2003). The dual pathway model of AD/HD: an elaboration of neuro-developmen-
tal characteristics. Neuroscience & Biobehavioral Reviews, 27, 593-604.
Sonuga-Barke, E.J, Taylor, E., Sembi, S., y Smith, J. (1992). Hyperactivity and delay aversión I: the effect
of delay on choice. Journal of Child Psychology and Psychiatry, 33, 387-388.
Stuart-Hamilton, I. (2000). The Psychology of aging. An introduction. London: Jessica Kingsley.
Tamm, L., Nakonnezny, P.A., y Hughes, C.W. (2014). An Open Trial of a Metacognitive Executive
Function Training for Young Children with ADHD. Journal of Attention Disorders, 18(6) 551-559.
167
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 11
Tinius, T.P. (2003). The integrated visual and auditory Continuous Performance Test as a neuropsy-
chological measure. Archives of Clinical Neuropsychology, 18, 439-454.
Whitbourne, S.K. (2001). Adult development & aging. Biopsychosocial perspectives. New York: John
Wiley & Sons.
Lecturas recomendadas
Ferre´, J., Ferré, M. (2008). La otra cara de la hiperactividad. Diagnóstico y tratamiento de un síndrome
multicausal y multifactorial. Lebón: Barcelona.
Coates, J., Taylor, J.A., y Sayal, K. (2014). Parenting Interventions for ADHD: A Systematic Literature Re-
view and Meta-Analysis. Journal of Attention Disorders (online first). DOI: 10.1177/1087054714535952
Epstein, J.N., Langberg, J.M., Rosen, P.J., Graham, A., Narad, M.E., Antonini, T.N., Brinkman, W.B.,
Froehlich, T., y Simon, J.O. (2011). Evidence for Higher Reaction Time Variability for Children With
ADHD on a Range of Cognitive Tasks Including Reward and Event Rate Manipulations. Neuropsy-
chology, 25(4), 427-441.
Klingberg, T., Forssberg, H., y Westerberg, H. (2002). Training of Working Memory in Children With
ADHD. Journal of Clinical and Experimental Neuropsychology, 24(6), 781-791.
Manga, D., y Ramos, F. (2011). El legado de Luria y la neuropsicología escolar. Psychology, Society, &
Education, 3(1), 1-13.
Moore, D.A., Richardson, M., Gwernan-Jones, R., Thompson-Coon, J., Stein, K., Rogers, M., Garside,
R., Logan S., y Ford, T.J. (2015). Non-Pharmacological Interventions for ADHD in School Settings:
An Overarching Synthesis of Systematic Reviews. Journal of Attention Disorders (online first). DOI:
10.1177/1087054715573994
Pan, C.H., Chang, Y.K., Tsai, C.L., Chu, C.H., Cheng, Y.W., y Sung, M.C. (2014). Effects of Physical
Activity Intervention on Motor Proficiency and Physical Fitness in Children With ADHD: An Explo-
ratory Study. Journal of Attention Disorders (online first). DOI: 10.1177/1087054714533192
Solís, V., y Quijano, M.C. (2014). Rehabilitación neuropsicológica en un caso de TDAH con predomi-
nio impulsivo. Revista Chilena de Neuropsicología, 9(E2), 67-71.
Steiner, N.J., Frenette, E.C., Rene, K.M., Brennan, R.T. y Perrin, E.C. (2013). Neurofeedback and Cog-
nitive Attention Training for Children with Attention-Deficit Hyperactivity Disorder in Schools.
Journal of Developmental & Behavioral Pediatrics, 35, 18-27.
Strand, M.T., Hawk, L.W., Bubnik, M., Shiels, K., Pelham, W.E. y Waxmonsly, J.G. (2012). Improving
Working Memory in Children with Attention-Deficit/Hyperactivity Disorder: The Separate and
Combined Effects of Incentives and Stimulant Medication. Journal of Abnormal Child Psychology,
40(7), 1193-1207.
Stefanatos, G.A., y Baron, I.S. (2007). Attention-Deficit/Hyperactivity Disorder: A Neuropsychological
Perspective Towards DSM-V. Neuropsychology Review, 17, 5-38.
Zentall, S.S., Tom-Wright, K., y Lee, J. (2012). Psychostimulant and Sensory Stimulation Interventions
That Target the Reading and Math Deficits of Students With ADHD. Journal of Attention Disorders,
17(4), 308-329.
168
Programas para la dislexia desde la base
neuropsicológica
Cristina de la Peña Álvarez
169
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 12
170
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 12
Los mecanismos cerebrales implicados en la Dislexia y la alteración que conlleva en los procesos
neuropsicológicos, se exponen a continuación:
––Cerebelo: Nicolson et al. (1999) detectaron menor activación del cerebelo en disléxicos, Tuchman
(1999) anomalías en el metabolismo de las membranas fosfolípidas, Rae, Harasty, Dzendrowsky,
Lee & Dixon (2002) mayor simetría cerebelosa y Sun, Lee y Kirby (2010) un patrón de activación
difusa. Neuropsicológicamente, afecta a procesos como la velocidad de procesamiento, procesa-
miento secuencial, denominación y generación de verbos.
––Estructura subcorticales: Corina et al. (2001), Steinbrink, Groth, Lachmann & Riecker (2012) y
Temple et al. (2001) hallan los siguientes resultados:
•• Ínsula: bilateralmente más reducida y con menor activación.
•• Tálamo: alteración núcleo geniculado lateral y medial que conlleva dificultades auditivas y
visuales.
•• Ganglios Basales: afectación sin localización precisa que dificultaría los procesos motores.
––Córtex cerebral: diversidad de estudios (Etchepareborda et al., 2006; Grunling et al., 2004; Heim,
Eulitz & Elbert, 2003; Lehongre, Ramus, Villiermet, Schwartz & Giraud, 2011; Maurer et al., 2010; Mc-
Crory, Mechelli, Frith & Price, 2005; Papanicolau et al., 2003; Pernet, Anderson, Paulesu & Demonet,
2009; Peyrin et al., 2012; Rae, Harasty, Dzendrowsky, Lee & Dixon, 2002; Raschle, Chang & Gaab,
2010; Rimrodt, Peterson, Denckla, Kaufmann & Cutting, 2010; Salmelin & Helenius, 2004; Shaywitz,
Lyon & Shaywitz, 2006; Simos et al., 2002; Simos, Breier, Fletcher, Bergman & Papanicolau, 2000;
Steinbrink, Groth, Lachmann & Riecker, 2012; Sun, Lee & Kirby, 2010; Tarkiainen, Helenius & Salme-
lin, 2003) ponen de manifiesto las siguientes evidencias neurobiológicas sobre dislexia:
•• Hipoactivación en Wernicke y giro angular
•• Hipoactivación en Broca
•• Hipoactivación temporooccipital inferior izquierda
•• Hipoactivación en temporoparietal izquierda
•• Sobreactivación giro frontal inferior
•• Mayor activación del área de la forma visual de la palabra
•• Alteración de región lateral/medial del tálamo
•• Hipoactivación en área de percepción del movimiento
•• Menor activación en circunvolución temporal inferior izquierda
•• Anomalías en cuerpo calloso
•• Menor sustancia gris en giro fusiforme izquierdo, región occipitotemporal y parietotemporal
•• Menor sustancia blanca en región temporoparietal izquierda
•• Hipoactivación en corteza extraestriada
•• Simetría en plano temporal
•• Asimetría interhermisférica en lóbulo parietal y temporal
•• Activación del área occipitotemporal del hemisferio derecho
La revisión de la literatura científica pone de manifiesto que existe evidencia científica, gracias a los
resultados obtenidos por las técnicas de neuroimagen, que la intervención en Dislexia produce un
incremento de activación en las áreas corticales implicadas en el proceso lector. “Las investigaciones
demuestran que se afectan áreas cerebrales responsables en los procesos perceptuales, la cognición
y las tareas metacognitivas. Esto quiere decir que, aunque los tratamientos intenten corregir el déficit
en un nivel o vía, la mejor forma terapéutica será aquella que considere la naturaleza múltiple del
trastorno” (Etchepareborda, 2002, p.15).
171
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 12
––Funcionalidad Visual: buscar una palabra en un texto, identificar varios objetos en una misma
figura, juegos de encontrar a Wally en diferentes contextos, etc., además, se remite al lector para
ejercicios de este ámbito al capítulo 3. Programas de habilidades visuales y perceptivas para una
lectura eficaz.
––Funcionalidad Auditiva: localizar un sonido en el espacio con distintas intensidades, comple-
mentar palabras en las que falta un sola letra, discriminar sonidos o palabras iguales o diferentes,
etc., además, se remite al lector al capítulo 4. Programas de desarrollo auditivo para el lenguaje, la
lectura y el aprendizaje de idiomas, para la realización de ejercicios de este ámbito.
––Lateralidad: reconocer derecha e izquierda en el papel, dibujar parte derecha de la cara y parte
izquierda de un brazo en un dibujo, juegos de Simón sobre órdenes que impliquen derecha e iz-
quierda, etc., además se remite al lector para ejercicios de este ámbito al capítulo 6. Programas de
desarrollo de la lateralidad, espacial y temporal relacionados con el aprendizaje matemático, la
discalculia y otros.
––Desarrollo motor y vestibular: jugar a ser trapecista de un circo y mantener el equilibrio sobre
una cuerda imaginaria, realizar un circuito motor formado por varios movimientos motrices, ta-
reas de ensartado para hacer collares, etc., además se remite al lector al capítulo 5. Programas de
movimientos rítmicos, neuromotores, vestibulares y de mejora de la escritura para realizar de este
ámbito.
––Atención: tachar una letra concreta en un hoja con varias letras, seleccionar un sonido determina-
do de entre varios escuchados, ante pares de números según las indicaciones dadas sumar o restar,
etc., además, se remite al lector al capítulo para ejercicios en este ámbito al capítulo 12. Programas
para desarrollar la atención y mejorar el déficit de atención y la hiperactividad.
––Memoria: recordar una secuencia de palabras que se incrementa progresivamente, juego de ritmo
auditivos, narrar un cuento después de haberlo escuchado o leído, etc., además, se remite al lector
al capítulo 7. Programas para desarrollar los diferentes tipos de memoria desde su base neuropsico-
lógica y su aplicación al aprendizaje escolar.
––Función Ejecutiva: indicar la categoría a la que pertenecen dos palabras, ordenar una historia,
clasificar cartas según la instrucción dada, etc., además, se remite al lector al capítulo 11. Programas
de desarrollo de las Funciones Ejecutivas desde su base neuropsicológica para realizar ejercicios en
este ámbito.
172
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 12
––Ámbito visuoespacial: comparar si dos números son iguales o diferentes, a partir de un modelo
seleccionar el correcto con un giro de noventa grados, jugar al tangram, etc. además, se remite al
lector al capítulo 6. Programas de desarrollo de la lateralidad, espacial y temporal relacionados con
el aprendizaje matemático, la discalculia y otros para ampliar ejercicios en este ámbito.
––Lenguaje: en esta función neuropsicológica se rehabilitan diversos procesos, como se pueden
observar en la tabla 2, con ejemplos de actividades.
Por último, añadir que en la intervención neuropsicológica los escolares con Dislexia se benefician
del apoyo sistemático, del feedback inmediato, de la práctica, sobre aprendizaje y automatización, del
buen ambiente de aprendizaje, del trabajo directo con habilidades metafonológicas y corresponden-
cia fonema-grafema y de la estimulación sensorial concretamente del tacto.
En los últimos años, existe un aumento de programas de intervención que va en paralelo a los avan-
ces producidos en el conocimiento sobre la Dislexia y son reflejo de los distintos modelos teóricos
que explican este Trastorno de Lectura. A continuación, se enumeran un conjunto de programas de
intervención que, actualmente, se utilizan para el tratamiento de escolares disléxicos y cuya efectivi-
dad está demostrada.
173
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 12
o palabras en la izquierda (tipo-L) o en la derecha (tipo-P) del hemicampo visual. En el tacto, los
sujetos tienen que palpar las letras o palabras con la mano izquierda (tipo-L) o con la derecha (
tipo-P). Además, cuando el escolar manifiesta un dislexia tipo-L tiene que leer un texto cuya ti-
pografía se ha transformado de muy diversas formas ( MasA, cerdO…) para hacer los textos más
complejos perceptivamente, mientras que los disléxicos tipo-P se les presentan textos con alguna
palabra borrada para que la adivinen según el contexto fonético y semántico.
––Programa Letra (Jiménez, 2012): programa que aplica el modelo de respuesta a la interven-
ción (RtI) utilizando la plataforma educativa MOODLE para trabajar el proceso lector mediante el
desarrollo de conciencia fonológica, comprensión, vocabulario, fluidez y conocimiento alfabético.
––Programa RAVE-O (Retrieval, Automaticity, Vocabulary, Elaboration, Engagement with
language and Orthography) (Wolf, et al. 2000): este programa entrena velocidad de procesa-
miento y procesamiento fonológico, trabajando exactitud y fluidez lectora; también incluye ejerci-
cios de ortografía, memorización y conocimiento sobre el significado de las palabras.
––Programa Fast For Word: este programa mediante juegos trabaja la decodificación, fluidez, con-
ciencia fonémica y fonológica, gramática, sintaxis, semántica y memoria de trabajo.
––Programa Aprendiendo a Leer. Nivel 1 y 2 (Defior et al., 2011): este programa trabaja las
habilidades fonológicas, morfosintácticas y semánticas.
––Programa de Intervención para la mejora de la fluidez lectora - IFL (Serrano & Defior,
2012): este programa se basa en la lectura repetida y acelerada y entrena habilidades cognitivas,
lectura y escritura y habilidades relacionadas con la lectura.
––Programa DECO-FON (Etchepareborda, 2003): este programa emplea estímulos visuales y
auditivos para entrenar la decodificación fonológica, , la discriminación y memoria auditiva, la ve-
locidad de procesamiento auditivo y el procesamiento grafofonológico.
––Programa COGNITIVA. PT. Lectoescritura (Torres, 2004): este programa entrena la con-
ciencia fonológica, la ruta fonológica y léxica, el procesamiento semántico, sintáctico y perceptivo
(visual y auditivo).
––Programa DEHALE (Calvo et al., 2014): este programa trabaja la exactitud y eficiencia lectora
mediante ejercicios de lectura prosódica, lectura comprensiva y lectura ortográfica.
––Programa APADYT (Aplicación Psicopedagógica para Apoyo en Diagnóstico y Trata-
miento): este programa facilita el diagnóstico e intervención de la Dislexia, entrenando la lectura,
lenguaje, percepción y escritura.
Hoy en día, nos encontramos inmersos en una sociedad tecnológica que impregna también a la edu-
cación, con el fin de complementar la labor educativa y facilitar el proceso de enseñanza-aprendizaje
de los alumnos. En esta línea, se ha incorporado también al ámbito de las Dificultades de Aprendizaje
y, concretamente, al Trastorno de la Lectura, comúnmente conocido como Dislexia.
De la Peña (2014) propone una variedad de programas tecnológicos que los escolares con
Dislexia pueden utilizar para trabajar sus dificultades de forma amena y divertida. De entre todas
las herramientas tecnológicas que disponemos en la actualidad, diferenciamos aquéllas que pueden
utilizar por sí mismo los alumnos bajo supervisión de un especialista (o en ocasiones un adulto en
casa) y aquéllas dirigidas a los profesionales de la educación para su manipulación y uso, como por
ejemplo los diseñadores de texto (tamaño, tipo de letra, etc.) que según un estudio (Gregor & Newell,
2000) favorecen la lectura de los disléxicos.
A continuación, enumeramos algunas de las herramientas tecnológicas dirigidas a disléxicos:
––Katamotoz: permite trabajar la ruta fonológica y la ruta visual en alumnado de Educación Primaria
y Secundaria.
––Aquari-soft: conjunto de 5 programas informatizados para trabajar la lectura y escritura.
––Leer Mejor: programa informático de entrenamiento para mejorar las técnicas de lectura, centrado
en la velocidad lectora y comprensión lectora con ejercicios de discriminación auditiva, movimien-
tos oculares, atención y concentración, etc.
174
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 12
––Hamlet: programa informático para entrenar la conciencia fonológica a partir de cinco años.
––DiTres: programa que está compuesto por tres subprogramas: DiLet: para la escritura de textos me-
diante un predictor de palabras, de tal manera que cuando escribimos sugiere palabras y se puede
crear diccionarios para visualizar palabras escritas de forma incorrecta, mejorando la ortografía
arbitraria; DiDoc: para escanear cualquier texto impreso y leerlos, regulando la velocidad lectora;
DiTex: permite la lectura de cualquier texto.
––ClaroRead: software multisensdorial que facilita la lectura y escritura de los escolares disléxicos.
––Readspeaker: programa que permite la lectura en voz alta de cualquier página web.
––Dragon Speake: software de reconocimiento de voz que permite a los escolares disléxicos ir ha-
blando en vez de escribir.
––Lexia: programa que permite trabajar la lectura, comprensión lectora y los procesos sintácticos y
semánticos.
––Letras con más: permite el reconocimiento de letras y palabras para la iniciación a la lectura.
––Logopedia Interactiva: conjunto de ejercicios en formato de juego que entrenan atención, memoria,
lectura, metalenguaje, ritmo, espacial y temporal.
––Escribir con Símbolos 2000: procesador de textos que enlaza cada símbolo a la palabra escrita y
permite la lectura con una voz grabada.
––SICOLE-R: este programa permite la valoración e intervención de la Dislexia desde 2º de Educación
Primaria hasta 4º de Educación Secundaria, proporcionando un perfil del escolar y las correspon-
dientes orientaciones de intervención. Los procesos cognitivos que permite trabajar son: percep-
ción del habla, conciencia fonológica y conocimiento alfabético, memoria de trabajo, procesamien-
to semántico, procesamiento sintáctico, procesamiento ortográfico, procesamiento morfológico,
velocidad de procesamiento y acceso al léxico.
––Programa de entrenamiento cognitivo de habilidades lectoras: Jel: entrena las habilidades lectoras
de seis a doce años, entrenando la ruta léxica y fonológica. Algunas de las actividades son: tarea
de análisis visual de palabras, lectura por sílabas, lectura de cuentos, etc. Jel-k: es la versión más
infantil dirigida a niños de tres a seis años para trabajar la conciencia fonológica.
––Piruletras: conjunto de ejercicios basados en conciencia fonológica (omisión, sustitución e inserción
de letras y derivación y separación de palabras).
––Tradislexia: videojuego en 3D diseñado para trabajar el procesamiento sintáctico, semántico y or-
tográfico, la conciencia fonológica y la percepción del habla a partir de 5º de Educación Primaria.
––Talk to me: permite convertir el texto en voz, de tal forma que según se escriben se leen en voz
alta las palabras.
––Letter Reflex: aplicación para corregir las confusiones b, d, 6, 9 que presentan los disléxicos.
––Sentence Builder: permite construir frases correctas gramaticalmente.
––Ikonmap: permite realizar mapas conceptuales para facilitar el aprendizaje visual a los disléxicos.
––Kalkupilota: facilita el aprendizaje de las tablas de multiplicar a través del juego.
Toda esta tecnología al servicio de la Dislexia, es un recurso más del que disponemos los profesio-
nales de la educación para ayudar a los escolares disléxicos a solventar sus dificultades y mejorar su
proceso lecto-escritor y, por ende, su rendimiento académico.
175
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 12
audición y lenguaje o pedagogía terapéutica (esto dependerá de los recursos personales del centro
educativo así como la temporalidad del apoyo o refuerzo). Y, en tercer lugar, prever la posibilidad de
implantar una Adaptación Curricular Individual No Significativa dirigida a modificar la metodología
y la forma de evaluación del alumnado disléxico. Como ejemplo, las Instrucciones de la Comunidad
de Madrid (2014) que dictan las siguientes medidas para alumnos con Dislexia: adaptación de medios
(incrementado el tiempo hasta un 35%), adaptación del formato del examen (cambio de tipo y tama-
ño de la fuente y utilización de hojas en blanco), adaptación de la evaluación (empleo de pruebas
orales, escritas, de selección múltiple, etc.), adaptación de espacio (utilización de un aula separada
para hacer el examen) y realización de lecturas en voz alta de los enunciados de las preguntas al
comienzo del examen.
176
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 12
lista de palabras con el fonema en posición inicial, otra lista con el fonema en posición media y
otra lista con el fonema en posición final y una última lista de frases con las palabras anteriores;
además, se utilizan los libros de texto para coger fragmentos que sirvan para la lectura fluida.
Este programa se aplicó a 15 escolares con Dislexia Evolutiva, con un cociente de inteligencia no
verbal normal y una lectura inferior al percentil 15. Se utilizó un grupo de 12 niños disléxicos
equiparables en todo al grupo anterior que conformó el grupo control. Se utilizó una tarea estan-
darizada de lectura de palabras y pseudopalabras y un texto expositivo para calcular la exactitud
y velocidad lectora. Se realizaron los análisis estadísticos e índices de recuperación. Los resulta-
dos muestran que el grupo de escolares disléxicos que recibió el tratamiento, incrementaron la
exactitud y velocidad lectora en palabras y pseudopalabras, además de mostrar beneficios en los
índices de recuperación.
12.7. Bibliografía
Burns & Kodrick (1998). Psychological behaviorism’s Reading therapy program: parents as Reading
therapists for their children’s Reading disability. Journal of Learning Disabilities, 31(3), 278-285.
Calvo, A.R., Calvo, N., Bueno, J.M., Ruíz, M., Ballester, F. & Albacete, A. (2014) Programa para el de-
sarrollo de la habilidad lectora en disléxicos. En Navarro, J., Gracia, Mª. D., Lineros, R. & Soto, F.J.
(Coords.), Claves para una educación diversa. Murcia: Consejería de Educación, Cultura y Univer-
sidades.
Carboni-Román, A., Del Río Grande, D., Capilla, A., Maestú, F. y Ortiz, T. (2006). Bases neurobiológi-
cas de las dificultades de aprendizaje. Neurología, 42(S2), S171-S175.
Corina, D., Richards, T., Serafini, S., Richards, A., Steury, K., Abbott, R., Echelard, D., Maravilla, K. &
Berninger, U. (2001). fMRI auditory language differences between dyslexic and able reading chil-
dren. Neuroreport, 12(6), 1195-1201.
Defior, S., Gallardo, J. & Ortuzar, R. (2011). Aprendiendo a leer. Nivel 1. Málaga: Aljibe.
Defior, S., Gallardo, J. & Ortuzar, R. (2011). Aprendiendo a leer. Nivel 2. Málaga: Aljibe.
De la Peña, C. (2012). La Dislexia desde la neuropsicología infantil. Madrid: Sanz y Torres.
De la Peña, C. (2014). Herramientas tecnológicas para escolares con dislexia. Cuadernos de Pedago-
gía. Recuperado de
Etchepareborda, M. (2002). Detección precoz de la dislexia y enfoque terapeútico. Neurología, 34(S1),
S13-S23.
Etchepareborda, M. (2003). La intervención en los trastornos disléxicos: entrenamiento de la concien-
cia fonológica. Neurología, 36(S1), S13-S19.
Etchepareborda, M., Mulas, F., Gandía, R., Abad-Mas, L., Moreno-Madrid, F. & Díaz-Lucero, A. (2006).
Técnica de evaluación funcional de los trastornos del neurodesarrollo. Neurología, 42(S2), S71-S81.
Gómez, E., Defior, S. & Serrano, F. (2009). Mejorar la fluidez lectora en dislexia: diseño de un progra-
ma de intervención en español. Escritos de Psicología, 4(2), 65-73.
Gregor, P. & Newell, A. (2000). An empirical investigation of ways in which some of the problems
encountered by some dyslexics may be alleviated using computer techniques. Proceedings of the
fourth international ACM conference on Assistive Technologies (pp. 85-91). New York: ACM.
Grunling, C., Ligues, M., Hounker, R., Klingert, M., Mentzel, H., Rzanny, R. et al. (2004). Dyslexia: the
possible benefit of multimodal integration of fMR y EEG-data. Journal Neural Transmission, 111,
951-969.
Heim, S., Eulitz, C. & Elbert, T. (2003). Altered hemispheric asymmetry of auditory P100m in dyslexia.
European Journal of Neuroscience, 17, 1715-1722.
Jiménez, J. (2012). Dislexia en español. Madrid: Pirámide.
177
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 12
Kuhn, M. & Stahl, S. (2003) Fluency: A Review of Developmental and Remedial Practices. Journal of
Educational Psychology, 95, 3-21. Recuperado de [Link]
Lehongre, K., Ramus, F., Villiermet, N., Schwartz, D. & Giraud, A. (2011). Altered low-gamma
sampling in auditory cortex accounts for the three main facets of dyslexia. Neuron, 72, 1080-
1090.
Ley Orgánica 2/2006, de 3 de Mayo, de Educacion (LOE). Boletín Oficial del Estado, 106, de 4 de
mayo de 2006.
Maurer, U., Schulz, E., Brem, S., Van der Mark, S., Bucher, K., Martin, E. et al. (en prensa). The deve-
lopmental of print tuning in children with dislexia: Evidence from longitudinal ERP data supported
by fMRI. Neuroimage.
McCrory, E., Mechelli, A, Frith, U. & Prices, C. (2005). More than words: a common neural basis for
reading and naming deficits in developmental dyslexia?. Brain, 128, 261-267.
Navarrete, Y. & Gallardo, I. (1990). Una nueva alternativa para los niños disléxicos: programa ver-
bal-auditivo-musical (estudio piloto). Revista Psicología, 1(1), 31-42.
Nicolson, R., Fawcett, A., Berry, E., Jenkins, I., Dean, P. & Brooks, D. (1999). Association of abnormal
cerebellar activation with motor learning difficulties in dyslexic adults. Lancet, 353, 1662-1667.
Papanicolaou, A., Simos, P., Breier, J., Fletcher, J., Foorman, B., Francis, D. et al. (2003). Brain mecha-
nisms for reading in children with and without dyslexia: a review of studies of normal development
and plasticity. [Abstract] Developmental Neuropsychology, 24(2-3), 593-612.
Pernet, C., Anderson, J., Paulessu, E. & Demonet, J. (2009). When all hypotheses are right: A multifo-
cal account of dyslexia. [Abstract]. Human Brain Imaging, 30, 2278-2292.
Peyrin, C., Lallier, M., Démonet, J., Pernet, C., Baciu, M., Le Bas, J. et al. (2012). Neural dissociation of
phonological and visual attention span disorders in developmental dyslexia: FMRI evidence from
two case reports [Abstract]. Brain and Language, 120(3), 381-394.
Rae, C., Harasty, J., Dzendrowsky, T., Lee, M. & Dixon, R. (2002). Cerebellar morphology in develop-
mental dyslexia. Neuropsychologia, 46, 1285-1292.
Raschle, N., Chang, M. & Gaab, N. (en prensa). Structural brain alterations associated with dislexia
predate reading onset. Neuroimage.
Rimrodt, S., Peterson, D., Denckla, M., Kaufmann, W. & Cutting, L. (2010). White matter microsttruc-
tural differences linked to left perisylvin language network in children with dyslexia. [Abstract].
Cortex, 46(6), 739-749.
Salmelin, R. & Helenius, P. (2004). Functional neuroanatomy of impaired reading in dyslexia. Scien-
tific Studies of Reading, 8, 257-272.
Serrano F. & Defior, S. (2012). Efficacy of RFI (Reading Fluency Intervention) program in Spanish dys-
lexic and poor readers across age. Comunicación oral presentada en el Nineteenth Annual Meeting
Society for the Scientific Study of Reading, Montreal, Canada 11-14 de Julio de 2012.
Shaywitz, B., Lyon, G. & Shaywitz, S. (2006). The role of functional magnetic resonance imaging in
understanding reading and dyslexia. Development Neuropsychology, 30, 613-632.
Simos, P., Breier, J., Fletcher, J., Bergman, E. & Papanicolau, A. (2000). Cerebral mechanisms envolved
in Word reading in dyslexic children: a magnetic source imaging approach. Cortex, 12, 297-305.
Simos, P., Breier, J., Fletcher, J., Foorman, G., Castillo, E. & Papanicolaou, A. (2002). Brain mechanisms
for reading words and pseudowords: an integrated approach. Cortex, 12, 297-303.
Soriano, M. (2007, enero). Programa de intervención en dislexia evolutiva con apoyo empírico. Ponen-
cia presentada a las VI Jornadas sobre Dislexia, Barcelona, España.
Stein, J. (2001). The magnocellular theory of developmental dislexia. Dyslexia, 7, 12-36.
Steinbrink, C., Groth, K., Lachmann, T. & Riecker, A. (2012). Neural correlates of temporal auditory
proccessing in developmental dyslexia during German vocuel length discrimination: An fMRI
study [Abstract]. Brain and Language, 121(1), 1-11.
Suárez, C. (2009). Intervención en Dislexia Evolutiva. Revista de Logopedia, Foniatría y Audiología,
29(2), 131-137.
Sun, Y., Lee, J. & Kirby, R. (2010). Brain Imaging Findings en Dislexia [Abstract]. Pediatrics and Neo-
natology, 51(2), 89-96.
Tallal, O. (2004). Improving langauge and literacy is a matter of time. Nature Reviews Neuroscience,
5, 721-728.
178
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 12
Tarkiainen, A., Helenius, P. & Salmelin, R. (2003). Category-specific occipitotemporal activation during
face perception in dyslexic individuals: An MEG study. Neuroimage, 19, 1194-1204.
Temple, C., Poldrack, R., Salidis, J., Deutsch, G., Tallal, P., Merzenich, M. et al. (2001). Disrupted neural
response to phonological and ortographic processing in dyslexic children: An fMRI study [Abs-
tract]. Neuroreport, 12(2), 299-307.
Torgersen, J., Alexander, A., Wagner, R., Rashotte, C., Voeller, K., Conway, T. & Rose, E. (2001). In-
tensive remedial instruction for children with severe reading disabilities: Inmediate and long-term
outcomes from two instructional approaches. Journal of Learning Disabilities, 34, 33-58.
Torres, M. (2004). Cognitiva. PT. Lectoescritura: programa en soporte informático multimedia para
la intervención en Trastornos Específicos de Lectoescritura. Revista Electrónica de Investigación
Psicoeducativa y Psicopedagógica, 2(2), 181-202.
Tuchman, R. (1999). Correlatos neuroanatómicos, neurorradiológicos e imagenológicos de resonancia
magnética funcional con la dislexia del desarrollo. Neurología, 29(4), 322-326.
Vidal, J. (2007). Estudio de los factores que intervienen en los efectos de las lentes coloreadas sobre
la velocidad lectora: análisis de tres modelos teóricos explicativos. Tesis doctoral.
Wexler, J., Vaughn, S., Roberts, G. & Denton, C.A. (2010). The efficacy of repeated reading and wide
reading practice for high school students with severe reading disabilities. Learning Disabilities
Research & Practice 25, 2-10. Recuperado de [Link]
Wolf, M., Miller, L. & Donnelly, K. (2000). Retrieval, Automaticity,Vocabulary, Elaboration, Ortogra-
fy (RAVE-O): Acomprehensive, fluency-based reading intervention program. Journal of Learning
Disabilities, 33, 375-386.
179
Programas para la discalculia
desde la base neuropsicológica
Marta Gil Nájera
La Discalculia, o Discalculia del desarrollo (DD) es una dificultad de aprendizaje que afecta a la
habilidad de procesamiento numérico y de cálculo. Ésta dificultad puede expresarse en cualquier
ámbito de la vida y a cualquier edad. En el ámbito escolar, la discalculia puede reflejarse en un bajo
rendimiento en áreas relacionadas con aprendizajes instrumentales básicos como el razonamiento
matemático o cálculo, y que no suele reflejarse en bajo rendimiento en otras áreas de conocimiento.
Éste trastorno a menudo puede generar otros problemas derivados en el niño en edad escolar como
ansiedad o depresión. Desde la Neuropsicología (Portellano, 2007) de ha hecho un intento por des-
cribir este trastorno (Ardila, Rosselli, y Matura, 2005; Ardila, & Rosselli, 2007; Álvarez, & Trapaga,
2003) y desarrollar programas de intervención para mejorar los efectos negativos que puede tener
tanto en el ámbito escolar como en otros relacionados. Éste capítulo hace un repaso al concepto y las
bases neuropsicológicas de la discalculia, y a los programas neuropsicológicos y herramientas que se
han venido desarrollando para su mejora. Finalmente, se ofrecen una serie de orientaciones para las
familias y experiencias que se han llevado a cabo con programas de intervención.
Es difícil encontrar en la literatura una única definición de discalculia del desarrollo (DD) o trastorno
del cálculo. Una de las primeras definiciones la ofreció Kosc (1974), quien define el trastorno como
“Un trastorno estructural de las habilidades matemáticas originado por un trastorno genético o con-
génito de partes del cerebro que son el substrato anatomo-fisiológico (Nieder, 2005) directo de la
maduración de las habilidades matemáticas adecuadas a cada edad, sin un trastorno simultáneo de
180
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 13
las funciones mentales generales” (Kosc, 1974). Sin embargo, la discalculia se ha descrito con diferen-
tes términos como dificultades matemáticas (Geary, 2004), dificultades aritméticas específicas (Lewis
et al., 1994), incapacidad para aprender aritmética (Koontz & Berch, 1996) o dificultades matemáticas
(Jordan, Kaplan & Hanich, 2002).
Si queremos encontrar una definición operativa de la discalculia debemos referirnos a los
criterios diagnósticos del DSM-IV. De acuerdo con el DSM-IV (1995) la discalculia supone
Sin embargo, aunque el DSM-IV nos ofrezca una definición clara de los criterios que se utilizan para
el diagnóstico de la discalculia, se trata de un proceso complejo que debe abarcar una evaluación am-
plia teniendo en cuanta que no se trata de un trastorno aislado de otros trastornos y dificultades de
aprendizaje. Se han establecido dos posibles orígenes del trastorno de la Discalculia (Rosselli y Matu-
te, 2011). Uno de ellos establece que la discalculia es un trastorno secundario, consecuencia de otros
trastornos mayores. La segunda aproximación al origen de la discalculia establece que ésta proviene
de un déficit a la hora de comprender un término global y básico para el cálculo matemático, el con-
cepto de magnitud (Butterworth, 2004, 2005). Las habilidades necesarias para el cálculo matemático
forman parte de procesos psicológicos básicos como la atención o la percepción (compartidas con
muchas otras habilidades de aprendizaje) y también utilizan funciones ejecutivas superiores como
la agenda visoespacial, la memoria de trabajo o el procesamiento auditivo. La capacidad de operar
con números, aunque se entrena y aumenta durante la etapa escolar, aparece ya antes de la etapa
de escolarización de los niños en sus formas más básicas como el principio de cardinalidad y de
ordinalidad (Rosselli y Matura, 2011). La discalculia del desarrollo (Badian, 1983; Butherworth, 2005;
Ramaa & Gowramma, 2002; Shalev & Gross-Tsur, 2001) aparece durante la etapa escolar cuando se
presentan problemas severos en el aprendizaje de las matemáticas (por ejemplo, asimilación de datos
numéricos y aritméticos).
Desde que Luria (1962) sentara las bases de la Neuropsicología en los años 60, ésta se ha cen-
trado en establecer la relación entre los procesos cerebrales y el comportamiento humano. Uno
de los campos principales de actuación de la Neuropsicología es la evaluación y rehabilitación
de pacientes con alteraciones neuropsicológicas de diferente naturaleza. Una de las bases de la
Neuropsicología (Valdez, 2008) es la concepción de del cerebro como un todo, que se encuentra
organizado en sistemas funcionales complejos. Una de las implicaciones de ésta organización
cerebral es que la alteración de uno de esos sistemas puede repercutir en el funcionamiento de
uno o varios de los demás sistemas.
No podemos localizar el procesamiento numérico a nivel cerebral en un punto concreto.
El procesamiento numérico se localiza principalmente en el lóbulo parietal, aunque áreas como
la corteza prefrontal, el lóbulo temporal, la corteza cingulada algunas regiones subcorticales se
encuentran también relacionadas con éste trastorno. Algunas de las estructuras que se encuen-
tran involucradas en el procesamiento numérico son el Surco intraparietal (representación inter-
na de las cantidades; procesamiento abstracto de las magnitudes y su relación; procesamiento de
series ordinales no numéricas y del procesamiento espacial); el Giro angular izquierdo (resolu-
ción de “hechos matemáticos”; procesamiento numérico y cálculo que requieren procesamiento
verbal; representación numérica espacial y resolución de tareas aritméticas complejas); la Corteza
occipito-temporal (procesamiento de números), el Sistema parietal posterior superior (procesos
181
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 13
atencionales de tipo espacial para tareas de cálculo; tareas viso espaciales y de memoria de
trabajo espacial), el Lóbulo frontal (tareas de memoria de trabajo (mantenimiento de resultados
intermedios, planificación, ordenación temporal de componentes de las tareas, comprobación de
resultados y corrección de errores) o la Corteza cingulada (toma de decisiones, monitorización
y selección de respuestas (Estévez, Castro y Reigosa, 2008; Serra-Grabulosa, Adan, Pérez-Pàmies,
Lachica y Membrives, 2010).
Una de las principales pruebas que se vienen utilizando para evaluar posibles trastornos de la dis-
calculia es la Adaptación y ampliación de la Prueba de Evaluación Evolutivo-Curricular de Tordesillas
(PRECUMAT), elaborada por Margarita Blanco. Ésta prueba se centra en las etapas de Educación
infantil y Primaria y está elaborada en base al currículo oficial y las aportaciones de la investigación
sobre el desarrollo de las matemáticas.
182
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 13
Orientaciones generales
Existen, sin embargo, una seria de pautas generales que los profesores pueden aplicar en el
aula y que mejorar de forma global las habilidades numéricas del conjunto de la clase. Algunas
de estas recomendaciones pasan por llevar a cabo estrategias de enseñanza que favorezcan un
aprendizaje de las matemática a través de la experimentación; presentar los contenidos
relacionados con las matemáticas desde una perspectiva general y conectando conceptos; tener
en cuenta el desarrollo individual de los niños en cuanto al procesamiento numérico o el razo-
namiento abstracto; ofrecer una perspectiva práctica con respecto al razonamiento lógico-mate-
mático.
Pese a que las estrategias anteriores pueden ayudar a una mejora en el rendimiento matemá-
tico de la clase en general, cuando el profesor/a se encuentra con algún caso de discalculia, debe
tener en cuenta las necesidades específicas del alumno/a para poder llevar a cabo estrategias de
intervención en función del diagnóstico establecido. A la hora de llevar a cabo un tratamiento del
trastorno de discalculia, es conveniente tener en cuenta aspectos como:
––Utilizar ejercicios que sean atractivos y motivadores para mantener el interés y la curiosidad (espe-
cialmente al comienzo)
––Comenzar desde los niveles más básicos donde el niño/a muestre dificultades
––Trabajar la percepción visual a través de objetos para después comenzar a trabajar el razonamiento
lógico
––Mostrar el lenguaje matemático desde las bases (significado de los signos, números, secuencias,
etc.) con elementos prácticos.
––Trabajar nociones básicas como los conceptos de cantidad, seriación, proporción, etc.
––Estimular la memoria a corto plazo y la atención con ejercicios específicos.
––Utilización de los espacios disponibles de la forma más efectiva posible. Dentro del espacio educa-
tivo podemos utilizar los elementos y objetos que tengamos disponibles para acercar los conceptos
numéricos, en ocasiones demasiado abstractos, y hacerlos más pragmáticos.
183
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 13
En cuanto a los recursos que podemos encontrar para la intervención en trastornos de discalculia,
podemos encontrar varios ejemplos:
Llombart Girona, V.; Jareño Civera, A. Y Torres Oiver, J. (1989). Discalculias. Multiplicaciones.
Promolibro. Valencia: Publicaciones Benissa.
Llombart Girona, V.; Jareño Civera, A. Y Torres Oiver, J. (1989). Discalculias. Divisiones. Pro-
molibro. Valencia: Publicaciones Benissa.
Ambos libros tienen fichas matemáticas en las que se va aumentando el nivel de dificultad.
Otro ejemplo de herramientas la intervención es por ejemplo el “Tratamiento reeducativo de
la discalculia (Egea, L, 1998).
Estos programas se dedican cada uno de ellos a un aspecto concreto relacionado con el
trastorno de discalculia, las multiplicaciones y las divisiones. Cada uno de ellos contiene ejercicios
prácticos de diferentes niveles de dificultad y que van aumentando en dificultad de forma gradual.
Que las nuevas tecnologías suponen hoy en día una herramienta básica en el aula ha quedado fuera
de toda duda (Area, 2008; Ferro, y Otero, 2009). A la hora de tratar los trastornos del aprendizaje,
como la discalculia, las nuevas tecnologías de la información y la comunicación (TICs) se convierten
en una herramienta esencial como recurso de intervención. Cuando, después de un diagnóstico, se
diseña un plan de intervención para el trastorno, normalmente el niño/a suele acudir con los padres,
bien al colegio, o a un centro especializado y se trabaja con materiales altamente gráficos pero que
siguen suponiendo la resolución de problemas y el trabajo en papel. La utilización de herramientas
tecnológicas va a proporcional un ambiente mucho más motivadores y que mantendrán la atención
sostenida del niño/a por más tiempo. La resolución de problemas prácticos en páginas web o softwa-
re interactivo en un ordenador pueden ser un buen ejemplo de ello.
Algunas de las herramientas tecnológicas que podemos encontrar disponibles son, por ejem-
plo La carrera de los números (Wilson, Dehaene, Pinel, Revkin, Cohen, Cohen, 2006). Éste programa
nos da una perspectiva lúdica para trabajar la discalculia sin perder la motivación del niño/a. Éste
programa está dirigid a niños de 4 a 5 años y su objetivo principal es trabajar el sentido del número
mediante actividades de comparación, asociación, sumas, etc.
Ejemplos de herramientas tecnológicas que pueden ser utilizadas junto con otras estrategias
de intervención para la discalculia:
184
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 13
Butterworth (2005) explica que éste software proporciona ejercicios prácticos a los alumnos de
forma que puedan realizar operaciones aritméticas de forma más autónoma con la práctica.
––[Link]
––[Link]
––[Link]
Abad, S., Brusaca, M. & Labiano, L. (2009). Neuropsicología Infantil y Educación Especial. Revista
Internacional de Psicología y Educación, 199-216.
Álvarez, M. A. & Trapaga, M. (2003). Principios de neurociencias para psicólogos. México: Paidós.
Ardila, A., & Rosselli, M. (2007). Neuropsicología Clínica. México: Manuel Moderno.
Ardila, A., Rosselli, M., & Matura, E. (2005). Neuropsicología de los trastornos del aprendizaje. México:
Manual Moderno.
Area, M. (2008). Innovación pedagógica con TIC y el desarrollo de las competencias informacionales
y digitales. Investigación educativa, 64, 5-18.
Badian, N.A. (1983). Developmental dyscalculia. In: Mykelbost HR, Ed. Progress in learning disabili-
ties. Grune and Stratton. New York.
Butterworth, B. (2004). Developmental dyscalculia, In: Campbell, J.I.D. (2004). Handbook of mathe-
matical cognition. Psychology Press.
Butterworth, B. (2005). The development of arithmetical abilities. Journal of Child Psychology and
Psychiatry, 46 (1), 3-18.
DSM-IV. Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales. 1995. MASSON S.A. Versión
Electrónica.
Egea Cano, L. (1988). Tratamiento reeducativo de la discalculia. Alicante: Disgrafos.
Giordano, L.; Ballent, E. G. Y Giordano, L. H. (1976). Discalculia escolar: dificultades en el aprendi-
zaje de las matemáticas. Buenos aires: Editorial IAR.
Estévez, N., Castro D., Reigosa, V. (2008). Bases Biológicas de la Discalculia del desarrollo. Revista
Cubana Genética Comunitaria, 2 (3)14-19.
Estévez, N. Discalculia del desarrollo. Un estudio neuropsicológico y morfométrico, Tesis de Maestría,
La Habana. 2005.
Ferro, C. Martínez, A. I.; Otero, M. C. (2009). Ventajas del uso de las TICs en el proceso de ense-
ñanza-aprendizaje desde la óptica de los docentes universitarios españoles. Revista electrónica de
tecnología educativa, ISSN-e 1135-9250, Nº. 29.
Geary, D. (2004). Mathematics and learning disabilities. Journal of learning disabilities, 37 (1), 4-15.
Jordan NC, Kaplan D, Hanich LB. (2002) Achievement growth in children with learning difficulties in
mathematics: Findings of a two-year longitudinal study. Journal of Educational Psychology; 94:586-
597.
Kosc, B. (1974). Developmental dyscalculia. Journal of Learning Disabilities, 7 (3164), 177.
Kosc, B. & Whishaw, I, (2003). Neuropsicología humana. Nueva York: Panamericana.
Koontz KL, Berch DB. (1996) Identifying simple numerical stimuli: Processing inefficiencies exhibited
by arithmetic learning disabled children. Mathematical Cognition; 2:1-23.
Lewis C, Hitch GJ, Walker P (1994). The prevalence of specific mathematical difficulties and specific
reading difficulties in 9 to 10 year old boys and girls. Journal of Child Psychology and Psychiatry;
35:283-92.
Luria, A. R. (1962). Las funciones corticales del hombre. Moscú: Universidad Estatal de Moscú.
Nieder, A. (2005) Counting on neurons: the neurobiology of numerical competence. Neurocience.
Ortiz, T, (2009). Neurociencia y educación. Madrid: Alianza Editorial.
185
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 13
186
Procesos y programas para superar
las dificultades del lenguaje
Silvia Pradas Montilla y Cristina de la Peña Álvarez
A. Sistema Auditivo (Bear, Connors & Paradiso, 1998; Sánchez, 2004): el proceso del lenguaje co-
mienza con la recepción de la onda sonora por el oído externo que es un medio aéreo, concreta-
mente, entra por el pabellón auricular y sigue su recorrido por el canal auditivo hasta hacer vibrar
la membrana timpánica. A partir de aquí, incluido el tímpano comienza el oído medio, pues la
vibración del tímpano transmite el movimiento a la cadena de huesecillos que vibran consecuti-
vamente martillo, yunque y estribo, y traspasa el movimiento a la ventana oval que es una mem-
brana que recubre la entrada a la cóclea en el oído interno. El oído medio es un medio mecánico
y funciona como un transmisor acústico, permitiendo amplificar la onda sonora antes de entrar
en el oído interno. En el oído medio, también se encuentra la trompa de Eustaquio que conecta el
oído con el paladar y su misión es la de mantener igualadas las presiones dentro y fuera del oído
y la ventana redonda que vibra en sentido opuesto a la entrada de la onda sonora en la cóclea
lo que produce que el líquido que hay en la cóclea se mueva. En el oído interno, la vibración de
la ventana oval se transmite a la cóclea (tubo membranoso relleno de líquido enrollado sobre sí
mismo dentro del hueso temporal), que produce el movimiento de la membrana basilar sobre
la que se encuentra el órgano de Corti, que posee unos cilios que al moverse con el roce de la
membrana tectoria generan el impulso nervioso que sigue por el nervio auditivo o coclear.
187
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 14
El impulso sonoro eléctrico sale del nervio coclear y se dirige a los núcleos de la oliva, donde
se decusan algunas fibras y produce que la audición sea contralateral e ipsilateral; sigue al
colículo inferior del mesencéfalo, encargado de regular la orientación de la cabeza a la fuente
sonora y llega al núcleo geniculado lateral del tálamo, que reconoce frecuencias e integra la
orientación con el movimiento de la cabeza; desde aquí, conecta con la corteza auditiva (pri-
maria, secundaria y terciaria) donde se produce el reconocimiento del lenguaje. Ésta es la vía
primaria de la audición, sin embargo, existe una vía secundaria de la audición, pues desde el
colículo inferior del mesencéfalo saldría una conexión al sistema reticular que provocaría una
activación inespecífica ante un ruido intenso, también saldrían conexiones al cerebelo que
producirían las respuestas reflejas involuntarias y los condicionamientos clásicos auditivos.
Además, desde el núcleo geniculado del tálamo hay conexiones con el diencéfalo que permi-
ten las valoraciones emocionales auditivas.
B. Receptores sensitivos: proporcionan información de nuestro cuerpo y entre los relacionados con
el lenguaje, se hallan los exteroceptores y propioceptores que intermedian señales sensitivas del
oído interno y los receptores sensitivos orales que proporcionan el control y agudeza sensitiva de
la articulación del habla.
C. Sistema Nervioso Central (Etchepareborda & López-Lázaro, 2005): principalmente intervienen las
siguientes estructuras corticales:
D. Nervios Craneales: encargados de mediar la sensibilidad oral, como por ejemplo:
188
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 14
––V (trigémico): encargado de la sensibilidad táctil en la cara y en los dos tercios anteriores de la
lengua.
––VII (facial): se encarga de la propiocepción de la cara (ojos, nariz, boca y conducto auditivo externo).
––VIII (acústico-vestibular o vestibulococlear): responsable de la sensibilidad a los sonidos.
––IX (glosofaríngeo): encargado de la sensibilidad táctil en el tercio posterior de la lengua y en las
paredes laterales y posterior de la faringe.
––X (vago): se encarga de la sensibilidad de los dos tercios inferiores de la faringe y de la mayor parte
de los músculos de la laringe.
A. Aparato Fonoarticulatorio: hace referencia a todos los órganos implicados en la emisión del soni-
do articulado y según Peña-Casanova (2001) podría organizarse según su funcionalidad en:
––Órganos de la Respiración: consiste en aprovechar el aire espirado para producir el sonido laríngeo,
de tal manera que el ritmo respiratorio espiración-inspiración se adapta al habla, con una inspira-
ción más rápida y una espiración más prolongada. Los órganos de la respiración lo constituirían
las fosas nasales, tráquea, bronquios y pulmones. Las fosas nasales funcionan como elemento reso-
nador, dejando pasar el aire y modulando las condiciones en las que entra; la tráquea lleva el aire
hacia los pulmones durante la espiración e inspiración; los bronquios permiten que el aire llegue a
los pulmones y, los pulmones impulsan el aire hasta la laringe.
––Órganos de la Fonación: constituidos por cuerdas vocales, fosas nasales, cavidad bucal, labios, len-
gua, dientes, faringe y laringe. Destacamos la faringe por constituir la cámara de resonancia y ser el
mecanismo más importante de la fonación disminuyendo o ampliando la longitud y el calibre, y la
laringe por intervenir en la emisión de la voz, en la tos, deglución y respiración. Los músculos intrín-
secos de la laringe formas las cuerdas vocales y la región de las cuerdas vocales se denomina glotis.
El proceso de fonación consiste en que el aire espirado pasa desde la tráquea a la laringe; cuando
hablamos la glotis se cierra porque las cuerdas vocales se unen, tensadas se acercan a la línea media
pero la presión del aire que viene desde los pulmones hace que se abran, inmediatamente, por la
elasticidad, se vuelven a cerrar generando la vibración de las cuerdas vocales y el sonido llamado voz.
––Órganos de la Articulación: formados por labios, mejillas, dientes, bóveda palatina y lengua que
adoptan una determinada posición cuando se articula un sonido. Los labios articulan el sonido
laríngeo, concretamente los fonemas labiales; las mejillas mantienen la cantidad de aire necesaria
para articular correctamente y dotan a la voz de su timbre característico; los dientes intervienen
sobretodo en la articulación de fonemas dentales; bóveda palatina relevante para lo fonemas pala-
tales, bucales y nasales; y la lengua es el órgano más implicado en la producción de vocales y con-
sonantes, concretamente en la articulación de dentales, alveolares, palatales, velares e interdentales.
B. Sistema Nervioso Central (Etchepareborda & López-Lázaro, 2005): participan tanto estructuras
corticales como subcorticales en la expresión lingüística:
––Estructuras corticales:
•• Área de Broca (área 44 de Brodmann): integra los programas motores, realizando la planifi-
cación articulatoria.
•• Área motora primaria (área 4 de Brodmann): representación motora de todas las partes del
cuerpo.
•• Área premotora (área 6 de Brodmann): controla los movimientos oculares.
•• Área cinética premotora (área 17 de Bordmann): también llamada centro frontal de la escritu-
ra de Exner integra los programas de movimiento necesarios para la escritura.
•• Área suplementaria: selección de movimientos e inicio del habla.
•• Prefrontal: estrategias para iniciar la expresión oral y motivación lingüística.
––Estructuras subcorticales:
•• Cerebelo: participa en la fluidez y articulación.
189
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 14
Cualquiera de las estructuras que intervienen en el proceso neuropsicológico del lenguaje, tanto en re-
cepción como en producción lingüística, pueden verse afectadas y producir alteraciones o dificultades.
La revisión de la literatura científica (Gallardo & Gallego, 2000; Portellano, 2008; Sos & Sos)
pone de manifiesto la heterogeneidad que existe dentro de las alteraciones del lenguaje, incluyendo
desde problemas en articulación a trastornos en todos los procesos lingüísticos. Además, en ocasio-
nes, las alteraciones del lenguaje son secundarias a déficits sensoriales, déficits cognitivos o falta de
estimulación. Por esta razón, ante esta variedad de cuadros y etiologías, este capítulo se centra en
aquellas dificultades del lenguaje oral más frecuentes en el ámbito educativo que no son secundarias
a ningún tipo de alteración.
Narbona & Chevrie-Muller (2001) desarrollan la siguiente clasificación sobre dificultades de lenguaje
basándose en el modelo neuropsicológico:
––Tartamudeo (Disfemias)
––Trastornos del lenguaje en Psicopatología y en carencias del entorno: retraso mental; trastornos de
la comunicación; mutismo selectivo; privaciones.
190
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 14
afectan más la comprensión estando la fluidez y producción intactas llamada Afasia de Wernicke o
las que afectan la expresión y fluidez estando la comprensión intacta denominada Afasia de Broca.
Cuando se dañan las áreas del lenguaje del hemisferio izquierdo antes de los cincos años, el hemis-
ferio derecho asume todas las funciones lingüísticas deteriorando las funciones visoespaciales, si es
después de los cinco años no se modifica la representación del habla. Y, lesiones tardías del hemisfe-
rio derecho afectan solo a habilidades manipulativas y en hemisferio izquierdo afectan a habilidades
manipulativas y verbales.
En las afasias se produce una afectación de los procesos centrales del lenguaje y dependien-
do del área afectada, los síntomas característicos son diferentes, no obstante, los niños que padecen
afasia presentan problemas con el lenguaje espontáneo y conversacional, déficit de atención, memo-
ria, función ejecutiva y motricidad que repercuten en dificultades en el proceso lectoescritor y en el
cálculo. También se han hallado problemas comportamentales.
Disfasia Evolutiva (Arboleda-Ramírez, Lopera-Vásquez, Hincapié-Henao, Giraldo-Prie-
to, Pineda, Lopera et al., 2007; Buiza-Navarrete, Adrián-Torres & González-Sánchez, 2007; Crespo
& Narbona, 2006; Muñoz & Carballo, 2005): este trastorno se caracteriza por la existencia de
heterogeneidad en las manifestaciones. A nivel neuropsicológico, se produce una sobreactivación
en giro temporal superior y medio, giro precental y postcentral de los dos hemisferios o del he-
misferio derecho y subactivación en ganglios basales y pasr triangularis del hemisferio derecho
y giro supramarginal, giro precentral y pars opercularis del hemisferio derecho. Cuando están
alteradas la comprensión y producción existe daño en las áreas frontales y temporoparietales;
cuando el habla espontánea es superior a la repetición las áreas temporoparietales y sus cone-
xiones con las áreas frontales están intactas. Debido a la variedad de áreas lesionadas, hay niños
que pueden presentar algunos o todos los síntomas que se comentan a continuación: son niños
que se caracterizan por desarrollar el proceso fonológico más tarde de lo esperado para su edad,
con un lenguaje muy característico, problemas expresivos y comprensivos, problemas semánticos
como vocabulario reducido y dificultad para la narración, problemas sintácticos como errores
de concordancia, agramatismos, omisión de palabras funcionales y auxiliares, morfosintaxis al-
terada, poco desarrollo del uso lúdico del lenguaje, dificultad en el seguimiento de ritmos y en
procesamiento secuencial, velocidad de procesamiento más lenta, problemas para la audición
y discriminación de fonemas, errores en tareas de decodificación grafema-fonema y déficits en
atención, memoria, memoria de trabajo y función ejecutiva.
Retraso simple del lenguaje (Moreno, Suárez, Martínez & García, 2004; Moreno-Flagge,
2013): en esta alteración, los niños tienen problemas de producción, cometen errores cuando co-
pian dibujos, tienen problemas de coordinación, lateralidad y esquema corporal que repercuten
posteriormente en dificultades lectoescritoras y problemas en memoria de trabajo. Son niños con
un lenguaje inmaduro, poca iniciativa para la conversación, con vocabulario escaso, hacen frases
sencillas, puede haber trastornos de articulación de determinados fonemas y déficits fonológi-
co-sintáctico. Sin embargo, son niños que poseen una comprensión preservada, con el tratamiento
adecuado tienen una evolución rápida y a los seis años se acercan al nivel lingüístico que le co-
rresponde por edad.
Disartria (Ferri, 2014; Muñoz, Molina, Robles & Uberos, 2002): “trastorno de articulación se-
cundario a alteraciones del control neuromuscular de los mecanismos fonológicos “(Muñoz, Molina,
Robles & Uberos, 2002, p.534), por lesión en músculos bucofonatorios, nervios periféricos o sistema
nervioso central, cuyas manifestaciones en los niños son distorsiones en vocales y consonantes, pro-
blemas con el control respiratorio, la resonancia y prosodia. Existen cinco tipos de disartrias:
––Flácida: daño en neurona motriz inferior que produce dificultades en fonación, prosodia y reso-
nancia.
––Espástica: daño en neurona motriz superior que genera alteración en prosodia y articulación.
––Atáxica: daño en cerebral y provoca problemas en fonación, articulación y prosodia.
––Hipocinética: daño en sistema extrapiramidal cursando con dificultad en prosodia y fonación.
––Hipercinética: daño en sistema extrapiramidal produciendo alteraciones en resonancia, fonación,
articulación y prosodia.
––Mixtas: es la combinación del daño en diversas áreas de los sistemas motores implicados.
191
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 14
Dislalia (Baldo & Dronkers, 2006; Conde-Guzón, Bartolomé-Albisteguie, Quirós & Cabestero, 2006;
Gallego & Rodríguez, 2009; Lou & López, 2001): es la alteración del lenguaje oral más frecuente en
educación y se refiere básicamente a la alteración en articulación de los fonemas. El origen del tras-
torno está a nivel perceptivo, productivo y cognitivo. Las Dislalias más frecuentes son rotacismos y
sigmatismos. Son niños que se caracterizan por dificultades para pronunciar de forma correcta deter-
minados fonemas afectando a cualquier vocal o consonante y a uno o varios fonemas. Además, se
observan problemas en memoria verbal y visual, atención, percepción audio-verbal, discriminación
auditiva, prosodia y en el seguimiento de ritmos auditivos y visuales. Los errores articulatorios más
frecuentes son la sustitución (se sustituye un fonema por otro más fácil: “datón por ratón”), adición
(se añade un fonema a cualquier parte de la palabra: “terés por tres”), omisión (no se dice un fonema
difícil de pronunciar: “cuato por cuarto”), inversión (cambia el orden de los sonidos: “cocholate por
chocolate”) y distorsión (cuando se articula de forma deformada un fonema pero sin llegar a sustituir,
por ejemplo la /r/ francesa).
La heterogeneidad de las alteraciones del lenguaje oral, hace que se administren diferentes instru-
mentos de valoración para cada trastorno lingüístico.
A continuación, en la tabla 1 se enumeran distintos procedimientos de valoración del lenguaje
oral en función del trastorno lingüístico.
Es fundamental, realizar la valoración del lenguaje oral a nivel espontáneo, conversacional y dirigido
de todos los procesos neuropsicológicos implicados.
192
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 14
Los trastornos del lenguaje oral conllevan importantes consecuencias a nivel cognitivo y socioemo-
cional de los escolares, lo que se requiere una rápida y eficaz intervención.
La intervención en Afasias Infantiles está dirigida a tratar de forma integral todos los procesos
del lenguaje y facilitar la comunicación. Debido a la variabilidad del tipo de afasia infantil, se inter-
vendrá más en unos aspectos que en otros. En casos graves de Afasia infantil se emplean sistemas
de comunicación alternativa. Algunas tareas para la intervención afásica son:
193
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 14
Actualmente, se pueden trabajar las dificultades del lenguaje aprovechando las potencialidades de
los nuevos medios tecnológicos; rapidez, simulación, repetición, etc., y la posibilidad de utilizar dife-
rentes códigos multimedia, interactividad y control que facilite el seguimiento de las intervenciones.
Específicamente para el ámbito de la intervención en trastornos de habla y la voz adquieren gran
importancia las aplicaciones que permiten la conversación de la información entre diferentes códigos.
Para trabajar las dificultades del lenguaje a través de la tecnología, se sigue la clasificación
de dificultades de lenguaje propuesta por Narbona & Chevrie-Muller (2001) comentada en el primer
apartado de este capítulo, seleccionando y evaluando programas tecnológicos (como se observa en la
tabal 3), que permitan trabajar dichas dificultades. No se trata sólo de elaborar una lista de posibles
programas, aunque ello sea útil y un buen principio.
194
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 14
Programa Descripción
Programa ESPIRAL Entrena la morfosintaxis a través de morfemas, determinantes,
preposiciones, etc.
Programa E.A.R Trabaja la articulación y el ámbito fonético-fonológico.
Cuéntame del Proyecto Comunica Entre el nivel pragmático, mediante escenas en las que el niño tiene que
ir describiendo o participar.
Hamlet Permite trabajar la conciencia fonológica, articulación y discriminación
auditiva.
Onomatopeyas Trabaja el ámbito fonológico.
Programa Speech Viewer Entrena la conciencia fonológica y prosodia
Programa Globus del Proyecto Fressa Trabaja la articulación del habla
Serán programas que permitan trabajar alguno de los aspectos, por ejemplo si para trabajar todo lo
referente al desarrollo auditivo se puede utilizar un programa como:
––Juego de secuencias auditivas: Se presentan sonidos en secuencia y el niño tiene que repetir
la secuencia. Lo encontraremos en la siguiente URL: [Link]
Pero si se pretende profundizar y desarrollar un buen programa para resolver la dificultad del
lenguaje que se quiera trabajar con los alumnos, hará un diseño que contemple todos los aspectos:
DESTINATARIOS: Alumnos primer ciclo primaria: 2º de Primaria 7/8 años.
OBJETIVOS:
DISEÑO DE ACTIVIDADES:
PROGRAMA: Phonetics
Descripción: materiales con animaciones flash, a los que podemos acceder on-line. Se pueden
observar animaciones de la mecánica articulatoria de cada uno de los fonemas, con secuencias paso
a paso de la animación y posibilidad de visualizar la producción del fonema de forma aislada o en
palabras que la contienen (véase figura 2).
195
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 14
––Respiración y soplo:
Para poder pronunciar correctamente determinados fonemas, el soplo debe tener más fuerza
y la respiración debe ser nasal.
––Discriminación auditiva:
Le ayudaremos a distinguir cuándo debe pronunciar los pares de fonemas confundidos.
––Ante una imagen, decir el nombre de los objetos, personas o animales que aparecen, adecuándo-
nos ala vocabulario correspondiente para su edad.
––Recordar los vocablos trabajados en el aula.
––Ante una imagen, jugar al juego “Veo, veo...” empleando siempre el vocabulario en cuestión
––Jugar con el loto elaborado específicamente con el vocabulario.
––Repetir sílabas, palabras o frases con el fonema aprendido.
––Decir objetos que comiencen por las sílabas del fonema trabajado.
––Dibujar objetos que comiencen por las sílabas del fonema trabajado. (Puede hacerse también en
plastilina)
––Dada una ficha con imágenes, el profesor dirá el nombre de imágenes que aparecen en dicha ficha.
El alumno colorear aquellos dibujos que lleven el sonido trabajado.
––Levantar la mano o hacer un gesto cada vez que escuchen palabras, emitidas por el maestro, que
lleven el fonema trabajado; se intercalarán palabras con fonemas de sonidos semejantes.
El papel de los padres en la prevención de los problemas de lenguaje de los hijos es muy importante.
Las orientaciones para los padres deben seguir las siguientes indicaciones:
196
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 14
––Hablar y comunicarse con cada niño desde el momento del nacimiento e, incluso, en la etapa
prenatal.
––Facilitar la comunicación armónica en el ambiente familiar.
––Favorecer un ambiente de lectura y la afición lectora de todos.
La familia tiene un importante papel en la colaboración con el centro educativo y los profesionales
en el tratamiento de las dificultades de Lenguaje de sus hijos. El valor de la familia en la intervención
neuropsicológica reside en realizar las rutinas diarias a desarrollar potenciando la rehabilitación. Es
fundamental, para ello, informar a las familias del proceso a seguir con su hijo y formarles en aque-
llas actividades cotidianas que puedan realizar, porque solo la acción conjunta, sistemática y diaria
favorecerá la evolución positiva del tratamiento. A continuación, se proponen algunas ayudas que la
familia puede prestar durante el tratamiento:
En este apartado, se procede a comentar un caso de intervención de un niño con dificultades fono-
lógicas recogido en Villegas (2005).
Lo primero que se realiza es: Análisis de la situación inicial
G., es un alumno de 7 años y 4 meses, escolarizado en el segundo nivel del primer ciclo
de Educación Primaria (2. °) que empieza a asistir al aula de audición y lenguaje de su cent ro en
el primer trimestre del curso. En las pruebas del ITPA (Illinois Test Psycholinguistic Abilities) (Kirk,
McCarthy & Kirk, 1989) obtiene una puntuación compuesta equivalente a una edad de 5 años, pre-
sentando en la mayor parte de las pruebas correspondientes al canal auditivo-vocal una puntuación
típica inferior a la media global, en especial en la prueba de memoria secuencial auditiva (3 años y
4 meses). Del análisis comparativo de su perfil productivo fonológico con los propuestos por Miras
(1991) y Bosch (1983a y 1983b), se puede inferir que G. presenta una distribución fonémica similar a
la de un niño de 3 años a 3 años y medio.
Antes de iniciar la intervención propiamente dicha, se mantiene una entrevista con su tutora
a la que se informa oralmente y por escrito de las dificultades apreciadas, concretando con ésta un
197
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 14
posible horario de atención compatible con la actividad académica, a continuación se informa por
escrito a la orientadora del centro quien, a su vez, informa por escrito a la dirección del centro de la
conveniencia de atención logopédica para el alumno. Posteriormente se cita a sus padres, asistiendo
la madre de G. a quien se explican los resultados de la evaluación en un lenguaje coloquial y con
ejemplos concretos ofreciéndole la posibilidad de atención logopédica para su hijo en dos sesiones
semanales (martes y jueves) de 45 min en el horario acordado con la tutora, comprometiéndola para
una cita posterior al objeto de asistir y participar en una sesión de intervención.
En cuanto a la intervención, una vez realizada la exploración y análisis de las producciones
simplificadas de G., se plantea como objetivos, primero, la elicitación fonoarticulatoria del vibran-
te múltiple que suele oclusivizar y del labiodental fricativo que suele producir mediante protusión
lingual, segundo, la disminución de los procesos de simplificación que afectan a los grupos conso-
nánticos del tipo obstruyente + líquida vibrante, tercero, el correcto uso de las grafías implicadas en
dichos procesos de simplificación en el lenguaje escrito.
Inicialmente, las actividades, se dirigirán al fortalecimiento y aumento de la movilidad del
ápice lingual para continuar con la vibración lingual y precisión articulatoria (Pascual García, 1995),
se realizan frente al espejo y con la ayuda de secuencias de vídeo en la pantalla de un ordenador.
La intervención continúa con actividades de modelado que se inician con la denominación inducida
de imágenes, alusivas en este caso al vibrante múltiple siguiendo con la repetición secuenciada, uti-
lizando en el modelo los apoyos práxicos que se han revelado como más efectivos durante el entre-
namiento anterior. Se llevan a cabo cinco secuencias de repetición terminando con la denominación
inducida del conjunto Al finalizar cada sesión se vuelve a realizar una valoración de las producciones
de G. utilizando las imágenes-palabras utilizadas para la evaluación inicial.
Resultados
14.7. Bibliografía
Arboleda-Ramírez, A., López-Vásquez, H., Hincapié-Henao, L., Giraldo-Prieto, M., Pineda, D., Lopera
F. et al. (2007). Trastorno específico del lenguaje: problema selectivo o generalizado de cognición.
Rev Neurol, 44, 596-600.
Baldo, J. & Dronkers, N. (2006). The role of inferior parietal and inferior frontal cortex in working
memory. Neuropsychology, 20, 529-538.
Bear, M., Connors, B. & Paradiso, M. (1998). Neurociencia. Explorando el cerebro. Barcelona: Masson.
Bosch, L. (1983a). El desarrollo fonológico infantil: una prueba para su evaluación. Anuario de Psi-
cología, 28, 86-114.
Bosch, L. (1983b). Identificación de procesos fonológicos de simplificación en el habla infantil. Rev
Logop Fonoaudiología, 3, 96-102.
Buiza-Navarrete, J., Adrián-Torres, J., González-Sánchez, M. (2007). Marcadores neurocognitivos en el
trastorno específico del lenguaje. Rev Neurol, 44, 326-333.
Conde-Guzón, P., Bartolomé- Albistegui, M., Quirós, P. & Cabestero, R. (2006). Deterioro mnésico en
niños con problemas de lenguaje oral. Neurología, 21, 608.
Conde-Guzón, P., Conde-Guzón, M., Bartolomé-Albistegui, M. & Quirós-Expósito, P. (2009). Perfiles
neuropsicológicos asociados a los problemas del lenguaje oral infantil. Rev Neurol, 48(1), 32-38.
Crespo, N. & Narbona, J. (2006). Subtipos de trastorno específico del desarrollo del lenguaje: perfiles
clínicos en una muestra hispanohablantes. Rev Neurol, 43, 193-200.
198
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 14
Etchepareborda, M. & López-Lázaro, M. (2005). Estructura citoarquitectónica de las áreas del lenguaje.
Rev Neurol, 40(S1), S103-S106.
Ferri, L. (2014). Sistema nervioso periférico y alteraciones del habla. Rev Neurol, 58(S1), S99-S105.
Gallardo, J. Gallego, J. (2000). Manual de logopedia escolar. Un enfoque práctico. Málaga: Aljibe.
Gallego, C. & Rodríguez-Santos, F. (2009). Trastornos específicos del lenguaje. En AEPap (Ed.), Actua-
lización Pediátrica 2009 (pp. 239-248). Madrid: Exlibris Ediciones.
Gierut, J., Elbert, M. & Dinnsen, D. (1987). A functional analysis of phonological knowledge and ge-
neralization learning in misarticulating children. J Speech Hear Res, 30, 462-479.
Kirk, S., McCarthy & Kirk, W. (1989). Test Illinois de aptitudes psicolingüísticas (adaptación española
de S. Ballesteros Jiménez y A. Cordero Pardo). Madrid: Tea.
Lou, M. & López, N. (2001). Bases psicopedagógicas de la Educación Especial. Madrid: Pirámide.
Martín, P. & Vergara, E. (2015). Procesos e Instrumentos de Evaluación Neuropsicológica Educativa.
Madrid: MEC.
Miras, F. (1991). El desarrollo fonoarticulatorio del habla infantil. Un estudio descriptivo en niños al-
merienses de uno a cinco años. Tesis doctoral. Universidad de Murcia.
Moreno, J., Suárez, A., Martínez, J. & García, M. (2004). Retrasos en la adquisición y desarrollo del
lenguaje: estudio de casos. Madrid: EOS.
Moreno-Flagge, N. (2013). Trastornos del lenguaje. Diagnóstico y tratamiento. Rev Neurol, 57(1), 585-
594.
Muñoz, J. & Carballo, G. (2005). Alteraciones lingüísticas en el trastorno específico del lenguaje. Rev
Neurol, 40(S1): S57-S63.
Muñoz, A., Molina, A., Robles, C. & Uberos, J. (2002). Neurología infantil. Jaén: Formación Alcalá.
Narbona, J. & Chevrie- Muller, C. (2001). El Lenguaje del Niño. Desarrollo normal, evaluación y tras-
tornos. Barcelona: Masson.
Narbona, J. & Crespo-Eguílaz, N. (2008). Afasia en niños y adolescentes: aspectos evolutivos. Rev
Neurol, 46, (S1): S87-S89.
Pascual García, P. (1984). La dislalia. Naturaleza, diagnóstico y rehabilitación. 4.ª ed. Madrid: CEPE.
Pascual García, P. (1995). Tratamiento de los defectos de articulación en el lenguaje del niño. Madrid:
Escuela Española.
Peña-Casanova, J. (2001). Manual de Logopedia. Masson.
Portellano, J. (2008). Neuropsicología infantil. Madrid: Pirámide.
Rodríguez, W. (2014). PreLingua: Herramienta para terapia de voz [Programa de computadora]. Ver-
sión 2.2, Recuperado de [Link]
Sánchez, J. (2004). Bases biofísicas de la audición. Scientia et Technica Año X, 24, 273-278.
Sos, A. & Sos, Mª. (1997). Logopedia práctica. Madrid: Escuela Española.
Torres, M. (2004). Cognitiva. PT. Lectoescritura: programa en soporte informático multimedia para
la intervención en Trastornos Específicos de Lectoescritura. Revista Electrónica de Investigación
Psicoeducativa y Psicopedagógica, 2(2), 181-202.
Vilegas, F. (2004). Manual de logopedia. Evaluación e intervención de dificultades fonológicas. Ma-
drid: Pirámide.
Vilegas, F. (2005). Intervención en un caso de dificultades fonológicas. Revista de Logopedia, Fonia-
tría y Audiología, 25(3), 128-139.
199
Autismo, aspectos neuropsicológicos
y programas de intervención
Ana Belén Calvo Calvo y Javier Tubío Ordóñez
El Autismo fue descrito por primera vez en 1943 por Leo Kanner, que lo definió como un trastor-
no autístico del contacto afectivo (Kraner, 1943). Considerado inicialmente, y hasta los años 80 del
siglo XX, un síntoma asociado a la esquizofrenia, la definición del autismo como entidad clínica in-
dependiente ha pasado por distintas fases hasta llegar a la más reciente definición del trastorno del
espectro autista.
El trastorno del espectro autista (TEA) es el término que se utiliza para dar cuenta de
las distintas manifestaciones de gravedad del autismo. Éste, el autismo, es un trastorno del
neurodesarrollo que se caracteriza por alteraciones cualitativas en la interacción social y en la
comunicación, además de la presencia de conductas repetitivas e intereses restringidos. Algunos
estudios epidemiológicos recientes informan de que el autismo afecta al 0,6% de la población, es
tres veces más frecuente en varones que en mujeres y es habitual su asociación con discapacidad
intelectual (cociente intelectual, CI < 70), que está presente en el 25-40% de los casos (Chakra-
barti y Fombonne, 2001). El espectro también incluye a personas de ‘alto funcionamiento’ o con
síndrome de Asperger.
Las características conductuales se recogen en los manuales internacionales de diagnósti-
co y clasificación, como son el DSM, de la Asociación Psiquiátrica Norteamericana (APA, 1994),
y el CIE, elaborado por la Organización Mundial de la Salud (OMS, 1992). Dichas clasificaciones,
son revisadas periódicamente, a fin de incorporar nuevos datos procedentes de la investigación,
y son esenciales para el perfeccionamiento de los diagnósticos clínicos individuales y el progreso
en este campo.
200
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 15
Existe un amplio consenso entre la DSM-IV y la CIE-10 en la definición y descripción de los proble-
mas nucleares del autismo.
Los trastornos del espectro autista (TEA) componen un grupo heterogéneo de trastornos ca-
racterizado por una alteración, de gravedad variable, en la función de interacción social recíproca, en
la comunicación verbal y no verbal, y en las actividades simbólicas e imaginativas, asociado con un
repertorio escaso y repetitivo de actividades e intereses.
Los criterios que se deben cumplir para poder ser diagnosticado según DSM IV son:
a) Trastorno importante en muchas conductas de relación no verbal, como la mirada a los ojos, la
expresión facial, las posturas corporales y los gestos para regular la interacción social.
b) Incapacidad para desarrollar relaciones con iguales adecuadas al nivel evolutivo.
c) Ausencia de conductas espontáneas encaminadas a compartir placeres, intereses o logros con
otras personas (por ejemplo, de conductas de señalar o mostrar objetos de interés).
d) Falta de reciprocidad social o emocional.
a) Retraso o ausencia completa de desarrollo del lenguaje oral (que no se intenta compensar con
medios alternativos de comunicación como los gestos o la mímica).
b) En personas con habla adecuada, trastorno importante en la capacidad de iniciar o mantener
conversaciones.
c) Empleo estereotipado o repetitivo del lenguaje, o uso de un lenguaje idiosincrático.
d) Falta de juego de ficción espontáneo y variado, o de juego de imitación social adecuado al nivel
evolutivo.
a) Preocupación excesiva por un foco de interés (o varios) restringido y estereotipado, anormal por
su intensidad o contenido.
b) Adhesión aparentemente inflexible a rutinas o rituales específicos y no funcionales.
c) Estereotipias motoras repetitivas (por ejemplo, sacudidas de manos, retorcer los dedos, movimien-
tos complejos de todo el cuerpo etc.).
d) Preocupación persistente por partes de objetos.
Por tanto para hacer un diagnóstico adecuado, la persona debe cumplir los siguientes criterios:
I. Un total de 6 (o más) síntomas del tipo (1), (2) y (3) con al menos dos del tipo (1), y uno de cada
uno de los tipos (2) y (3)
II. Retraso o funcionamiento anormal de al menos una de las tres áreas que aparece antes de los 3
años.
III. El retraso no se explica mejor por la presencia de un trastorno de Rett o un TDI.
201
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 15
15.1.2. Características
El cuadro clínico característico del autismo suele ser evidente antes de los tres años de edad, exis-
tiendo estudios prospectivos en población de riesgo que señalan que ya entre los 6 y los 12 meses
de edad se pueden encontrar signos indicadores de dichos trastornos (Volkmar y Chawarska, 2008).
Además de estos síntomas es frecuente encontrar afectación neurológica en pacientes con
autismo, incluyendo convulsiones, en un 25% de los casos, insomnio y patrones de sueño alterados
o problemas de coordinación motora. Son frecuentes también las alteraciones gastrointestinales, en-
contrándose en un 45% de los casos (Miles, 2011). Las estimaciones más recientes de la prevalencia
del TEA la sitúan en valores superiores al 1%. Por ejemplo, el último informe del CDC-ADDM (Center
for Disease Control and Prevention-Autism and Developmental Disabilities Monitoring Network) pu-
blicado en el año 2012 sobre la prevalencia en los Estados Unidos estimaba una prevalencia de 1/88
(CDC, 2012).
Las tres alteraciones principales de los TEA (Trastorno cualitativo de la relación, la comunicación y
Patrones de conducta, interés o actividad restrictivos, repetitivos y estereotipados) se manifiestan de
forma variada dependiendo de: nivel intelectual, nivel lenguaje, edad, gravedad trastorno y si tam-
bién presentan un trastorno de conducta.
Se han propuesto distintas teorías cognitivas para tratar de entender el funcionamiento psicoló-
gico de las personas con TEA; es decir, de la posible relación existente entre su funcionamiento cerebral
y su conducta. Una de las más conocidas es la hipótesis del déficit en teoría de la mente (Baron-Cohen,
Tager-Flusberg y Cohen, 2000). Desde esta hipótesis se propone que ciertos fallos en algunos de los
componentes del cerebro social (como la capacidad de atribuir estados mentales y emocionales) están
en la base de las dificultades que experimentan las personas con autismo. Sin embargo, esta posición
no puede explicar con claridad otras características no sociales del trastorno. Estas características no
sociales de las personas con TEA son muy variadas e incluyen un repertorio repetitivo, restrictivo y
obsesivo de intereses, inflexibilidad, rigidez y perseveración, así como un patrón disarmónico de inteli-
gencia. Una de las teorías cognitivas que se ha propuesto en los últimos años es la teoría de la disfun-
ción ejecutiva. (Russell, 2000; Ozonoff, 2000), que lejos de sustituir a la anterior podría utilizarse como
complemento para explicar el funcionamiento psicológico de los pacientes con TEA.
Las funciones ejecutivas, históricamente, se han ubicado en el lóbulo frontal del cerebro,
y más específicamente en el córtex prefrontal. La adquisición de las funciones ejecutivas se inicia
aproximadamente desde el año de edad y se desarrolla lentamente hasta los 18 años. Las funciones
ejecutivas están alteradas en diferentes trastornos entre los que se encuentra el autismo. Estudios de
neuroimagen han mostrado un desarrollo anormal de estructuras del lóbulo frontal (Carper y Cour-
chesne, 2005), menor densidad de materia gris y anormalidades en el funcionamiento en regiones
frontoestriatales (McAlonan et al., 2005; Schmitz et al., 2006) en pacientes con TEA.
Además, por otro lado como se ha ido indicando a lo largo de este capítulo un rasgo caracte-
rístico de las personas con TEA es su dificultad con ciertos aspectos del lenguaje, más evidente en la
pragmática, la memoria verbal, y en el uso del contexto semántico (Harris et al, 2006; Kamio et al., 2007;
Perkins et al, 2006; Rapin y Dunn, 2003; Tager-Flusberg et al., 2008). Sin embargo, el acceso a la infor-
mación semántica a través de imágenes, así como denominación de dibujos, aparecen relativamente a
conservadas (Kamio y Toichi, 2000; Walenski et al., 2008), lo que sugiere que las dificultades cognitivas
no sociales las personas con TEA pueden surgir sobre todo cuando se requiere el uso de estrategias
verbales (Joseph, Steele, Meyer y Tager-Flusberg, 2005; Whitehouse, Maybery y Durkin, 2006).
Los estímulos verbales es probable que tengan una activación cerebral en los centros del len-
guaje; mientras que las imágenes, por otra lado, pueden ser procesadas y manipuladas visualmente
o semánticamente (Schwartz, 1995). Las tareas visuales, por lo tanto, proporcionan oportunidades
para estudiar ambas habilidades visuoespaciales y lingüísticas, que se ha demostrado que dependen
de diferentes redes funcionales y se están ampliando los estudios en resonancia magnética en este
campo (Luo et al., 2003).
202
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 15
Con respecto a la valoración del TEA conviene que se realice teniendo en cuenta dos niveles de asis-
tencia. Un primer nivel inicial al que se le podría denominar nivel de detección o de screening en el
que a todos aquellos niños a los que normalmente los padres o tutores les han detectado algún tipo
de anormalidad o rareza en el desarrollo, fundamentalmente del lenguaje, o se tiene alguna sospecha
de problema a nivel comunicativo y/o social se les debería suministrar pruebas estandarizadas de
screening selectivas para la detección del autismo y en caso de esos niños cuya prueba así lo deter-
minen, iniciar en un segundo nivel un proceso diagnóstico más completo de este trastorno.
Entre las pruebas de cribaje de los trastornos del espectro autista se pueden destacar el ASQ
(Autism Screening Questionnaire) (Rutter, Bailey y Lord, 2009), esta es una prueba respondida por
padres o cuidadores en apenas 10 minutos, mediante observación de la conducta del niño se puede
determinar de forma rápida y efectiva la posible presencia del TEA. En la actualidad esta prueba
cuenta con una versión actualizada llamada SCQ (Cuestionario de Comunicación Social).
Otra prueba eficaz de screening del autismo en la infancia es el M-CHAT (Robins et al., 2001),
La escala M-CHAT consta de 23 ítems. El M-CHAT tiene la ventaja de ser una escala auto adminis-
trada, por lo que los padres pueden responderla en casa y está diseñada para edades entre los 16
y los 30 meses. El M-CHAT arroja resultados positivos cuando se fallan 3 de los 23 ítems o 2 de los
considerados claves. Su sensibilidad para el cribado de TEA es del 87% y su especificidad 99%.
Una vez que se ha detectado la posibilidad de la presencia de este trastorno mediante las
pruebas de cribaje se debe proceder al diagnóstico del trastorno autista como tal, para lo que sería
importante en una primera instancia considerar los criterios diagnósticos del DSM-IV o el DSM-V así
como los criterios del ICD-10 comentados al principio de este capítulo.
Para una mejor y más completa valoración y diagnóstico del autismo existen pruebas estan-
darizadas y más pautadas que pueden facilitar la labor de evaluación.
El ADOS (Lord, Rutter, DiLavore y Risi, 2009) se basa en el DSM-IV. Este instrumento da in-
formación estandarizada en las siguientes áreas: Comportamiento social (comunicación), Lenguaje e
Intereses/comportamientos. Está compuesto de 4 módulos y la elección de un módulo u otro para su
aplicación esta determinado por la edad y por el lenguaje.
En el año 2015 se publicó la escala ADOS-2 (Escala de Observación para el Diagnóstico del
Autismo-2) (Lord et al., 2015), como su precedente es una evaluación estandarizada y semiestruc-
turada de la comunicación, la interacción social y el juego o el uso imaginativo de materiales para
personas con sospecha de tener un TEA.
En esta versión La escala está estructurada en cinco módulos, cada uno destinado a personas
con una edad cronológica y un nivel de lenguaje determinado. El ADOS-2 se puede aplicar a partir
de los 12 meses a adultos, desde aquellos sin habla a aquellos con un habla fluida.
Otro instrumento menos pautado que los anteriores pero también eficaz y gracias al cual el
terapeuta puede obtener información de gran valor a cerca del niño es la entrevista para el diag-
nóstico del autismo ADI-R (Rutter, Le Couteur y Lord, 1994). El ADI-R es una entrevista clínica que
permite una evaluación profunda de sujetos con sospechas de autismo o algún trastorno del espectro
autista. Se centra en las conductas que se dan raramente en las personas no afectadas. Por ello, el
instrumento no ofrece escalas convencionales ni tiene sentido usar baremos. El entrevistador explora
tres grandes áreas (lenguaje/comunicación, interacciones sociales recíprocas y conductas e intereses
restringidos, repetitivos y estereotipados) a través de preguntas que se les hacen a los padres o cuida-
dores. La información recogida se codifica en algoritmos que orientan el diagnóstico y la evaluación
de la situación actual.
Como se ha visto con anterioridad, el TEA es un trastorno complejo debido a la cantidad de
diferentes variables que componen su cuadro clínico, un bajo CI se ha visto que puede estar aso-
ciado a este trastorno o ser un predictor de él, por tanto instrumentos como WAIS III / WISC-R/IV,
permite determinar el cociente intelectual y explorar los dominios funcionales específicos pueden
ser útiles en los niños con sospecha de autismo. En relación a otros criterios característicos del TEA
como déficits en la memoria de trabajo, incapacidad para desarrollar la teoría de la mente y dificul-
tades a nivel de las funciones ejecutivas, en la planificación, perseveración, problemas para elegir
estrategias de cambio pruebas como la Weschler Memory Scale III, el Trail Making Test, el test de
203
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 15
Wisconsin o tareas como la Torre de Hanoi o la Torre de Londres pueden ser de gran ayuda en el
proceso de valoración. Para la valoración de la conducta adaptativa el ABAS-II (Harrison y Oakland,
2013) proporciona una evaluación completa de las habilidades funcionales diarias de una persona en
distintas áreas o contextos con el fin de determinar si es capaz de desenvolverse en su vida cotidiana
sin precisar la ayuda de otras personas Sin embargo, aunque estas escalas y pruebas sean un gran
apoyo en la valoración no son suficientes por ellas mismas para determinar la presencia de un TEA.
Los avances en las técnicas de neuroimagen y neurorradiológicas han permitido detectar anomalías
neuroanatómicas y neurofuncionales características del TEA, por ejemplo son rasgos característicos
la dilatación ventricular, la disminución del flujo sanguíneo en el lóbulo de la ínsula bilateral (Mulas
et al., 2005), disminución de células de Purkinje en el cerebelo la disminución del tamaño del ver-
mis cerebeloso (Eliez y Reiss, 2000). Técnicas como la tomografía axial computarizada, la resonan-
cia magnética, la resonancia magnética funcional (fMR), la tomografía por emisión de fotón único
o la tomografía por emisión de positrones nos permiten detectar estas anomalías y poder obtener
un diagnóstico más preciso y riguroso. Igualmente ocurre con los estudios genéticos, ya que se ha
encontrado que existen diferentes trastornos de origen genético que muestran un fenotipo autista
como parte de sus manifestaciones clínicas como en la trisonomía 21, anomalías relacionadas con el
cromosoma 15 o el síndrome de la X frágil (Tomás-Vila, 2004). Sin embargo a pesar de la rigurosa
información obtenida a raíz de este tipo de estudios genéticos y de neuroimagen, la Academia Ame-
ricana de Neurología afirma que no hay evidencia alguna que apoye la práctica rutinaria de estas
pruebas en la evaluación diagnóstica del autismo (Filipek et al., 2000).
Estos programas de intervención se basan en que el bebé viene con un programa innato de patrones
llamado reflejos primitivos o primarios que le ayudan en su desarrollo. Estos reflejos están activados
por un estímulo sensorial que hace que aparezca un patrón de movimiento. Comparado con otras
especies el ser humano nace muy inmaduro y es largo el proceso que debe seguir hasta la bipedes-
tación. Necesita de la estimulación de sus sentidos y de sus reflejos primitivos para conseguir este
proceso. El cerebro del bebé irá madurando generando conexiones neuronales y la mielinización de
las mismas.
Según Sally Goddard (2002) “los reflejos primitivos son movimientos automáticos, estereoti-
pados, dirigidos desde el tronco encefálico y ejecutados sin implicación cortical”. Estos reflejos deben
de aparecer en el bebé, después de ayudar al bebé a pasar por el proceso del nacimiento y de ade-
204
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 15
cuarse a las nuevas condiciones de vida, deberían de inhibirse o ser controlados por partes superio-
res del cerebro. Si estos reflejos permanecen se les llama aberrantes y evidencian una inmadurez. La
inhibición de un reflejo se relaciona con la adquisición de una nueva habilidad.
Varios autores han estudiado las relaciones entre la permanencia de ciertos reflejos y diferen-
tes situaciones como el déficit de atención, la hiperactividad o el autismo.
––El programa BRMT®: Blomberg rhymic movement training desarrollado por el Dr. Harald
Blomberg.
En la técnica BRMT® se utilizan movimientos rítmicos que imitan los movimientos de balanceo
espontáneos del bebé. Estos movimientos suelen ser muy bien tolerados, producen relajación en un
sistema demasiado estresado y aturdido a la vez que generan estimulación a través de los diferentes
sentidos, dando una oportunidad al sistema a que se reorganice.
Así el Dr. Harald Blomberg, médico psiquiatra, en su práctica ha encontrado que el reflejo de
Moro y el reflejo de Miedo paralizador son dos reflejos que suelen permanecer activos en los niños
con trastornos del espectro autista.
El reflejo de miedo paralizador es un reflejo de retirada del primer trimestre de embarazo. No
es un reflejo primitivo por lo que no es activado por los sentidos que no se han desarrollado todavía
en esas primeras semanas de gestación sino que es un reflejo que actúa ante el estrés. Los organis-
mos unicelulares reaccionan al estrés separándose de la fuente de estrés. Las células del feto no pue-
den huir de la fuente de estrés por lo que se protegen del estrés haciendo que las membranas de las
células sean menos permeables por lo que el feto deja de demandar, deja de moverse y se paraliza.
“Cuando el Reflejo del Miedo Paralizador aparece, el sistema neural no está suficientemente
desarrollado para ser capaz de transmitir el patrón del reflejo mediante impulsos nerviosos. En vez
de eso, la información se transmite directamente entre las células mediante frecuencias electromag-
néticas. Los factores estresantes que activan el reflejo pueden ser radiación electromagnética, metales
pesados, y otras sustancias tóxicas. También el estrés de la madre puede activar el reflejo e impedir
su integración. Si hay unas condiciones muy estresantes para el feto durante los primeros meses tras
la concepción, el reflejo puede estar constantemente activado y el feto puede quedarse inmovilizado
la mayor parte del tiempo, impidiendo que el reflejo se integre.”
Así los niños con este reflejo activo tendrán una baja tolerancia al estrés y una hipersensibi-
lidad de los sentidos y buscaran formas de aislarse del mundo que les rodea pues les resulta excesi-
vamente estimulante.
El reflejo de Moro si es un reflejo primitivo que según diferentes autores aparece sobre las 12
o 24 semanas de gestación y debería de estar integrado sobre los cuatro meses de vida. Este reflejo
se provoca por un estímulo fuerte y desagradable por ejemplo un movimiento rápido de la cabeza.
El bebé reacciona inspirando hondo, llevando la cabeza hacia atrás, abriendo brazos y piernas para
después flexionar tronco, cerrar brazos y piernas y llorar.
En este programa se trabaja con el los patrones de los reflejos, provocando el estímulo sensorial que
despierta el patrón del reflejo y comprobando que el patrón del cuerpo (del reflejo) es el correcto en
forma, tiempo, velocidad… y si no es así se trabaja con determinados movimientos para que el cuer-
po se reorganice. Trabajando a favor del patrón del reflejo, en contra del patón del reflejo y diferentes
variantes, tanto con ejercicios isométricos como isotónicos.
El programa está desarrollado por la Dra. La Dra. Svetlana Masgutova y en su libro “Reflexes: Por-
tal to neurodevelopment and learning. A collective work” se puede leer como en su experiencia en el caso
del autismo hay dos tipos de niños unos cuyos reflejos están inmaduros y disfuncionales desde el naci-
miento y otros que parecen tener un desarrollo normal pero retroceden de repente a la edad de 2-3 años.
La Dra. Masgutova y su equipo evaluaron 3.700 casos de autismo entre los años 1997-2014
y evaluaron 30 reflejos, y encontraron patrones disfuncionales de reflejos. El porcentaje de reflejos
disfuncionales fue de 86,6% en los diagnosticados con autismo severo, 74,4% en los diagnosticados
con autismo moderado y de 63,3% en los autista de alto funcionamiento.
205
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 15
Los reflejos que más presentaban un patrón inmaduro o disfuncional eran: Reflejo Tónico
laberíntico, enderezamiento cervical, reflejo de agarre, Hands Pulling, Reflejo tónico asimétrico cer-
vical, extensión del tronco, el arrastre, paracaídas, moro y miedo paralizador.
La Dra. Masgutova ha encontrado que el reflejo de Agarre y Hands Pulling son dos reflejos
disfuncionales en el autismo frecuentes.
El reflejo de Agarre se desarrolla en el tercer mes de gestación y debería de integrarse en el
primer mes de vida. Si se pone un dedo en la mano del recién nacido este se agarrará al dedo fuer-
temente, al poco tiempo flexionará los brazos y se levantará desarrollándose así el reflejo de Hands
Pulling. Gracias a estos reflejos el niño agarra cosas y se las lleva a la boca para explorarlas y después
las lanzará. Este reflejo se integra en las habilidades manuales del niño.
La permanencia de estos dos reflejos producirá que el niño haga una presión excesiva al
escribir, ya que sus tres dedos no se moverán libremente sino que agarrará fuertemente el lápiz e
implicará el brazo y el hombro en la escritura produciendo cansancio y agotamiento.
Eva Rodríguez, especialista en Tratamientos de reflejos a través Terapias de movimiento rítmico, del
equipo de Blomberg (2015), aporta la experiencia con niños autistas mostrando que puede haber un
retraso en la adquisición de los patrones de movimiento o bien el patrón no es del todo correcto,
de forma que ese patrón está constantemente presente impidiendo el desarrollo del niño a todos los
niveles. A continuación, expone su testimonio acerca del tratamiento de un niño autista, al que se le
aplicaron los programas para la inhibición de reflejos.
El caso de Mario
A Mario lo conocí cuando tenía 3 años y 3 meses, había sido diagnosticado de autismo, su madre
había tenido un embarazo deseado y se puso de parto espontáneamente, dando a luz a un niño cuyo test
de Apgar fue bueno. La lactancia materna fue sustituida por lactancia artificial al mes de vida del niño.
Su desarrollo motriz fue normal alcanzando gateo a los 8 meses y caminar a los 13 meses.
Tuvo cólicos desde los 3 meses de vida, problemas de piel, dermatitis, costra láctea, otitis
de repetición…. A los 18 meses inicia guardería donde el niño no se encontraba a gusto, tendía al
aislamiento, no entendía las rutinas del aula, ni las instrucciones sencillas. Los padres señalan un
empeoramiento sobre los dos años de vida.
Cuando yo lo veo por primera vez es un niño inquieto, que casi no me deja tocarle, que no fija la
mirada, no pedalea, no lanza el balón, presenta hipersensibilidad a texturas como la plastilina, proble-
mas de equilibrio, enuresis, eco presis y la alimentación es difícil por lo que come purés en biberón.
Ha iniciado tratamiento con la alimentación y la eliminación de metales pesados con otros
profesionales.
Se inician unos movimientos de balanceo de BRMT que son bien tolerados por el niño y re-
petición de patrones de reflejos primitivos según lo aprendido con DR. Blomberg y Dra. Masgutova.
Actualmente cursa 3 de infantil, tiene juego simbólico, participa en todas las actividades esco-
lares como uno más, cantando, bailando, escribiendo su nombre, pedalea, sube y baja escaleras con
pies alternos y sin apoyo, tolera los columpios, habla, se relaciona con los compañeros del colegio, ya
no tiene enuresis ni eco presis y sabe esperar su turno. Su lenguaje está casi normalizado.
Como se ha indicado en apartados anteriores, las dificultades que presentan las personas con
autismo comienzan aparecer en una fase temprana del desarrollo y estas dificultades se ponen de
manifiesto cuando la persona desarrolla las funciones cerebrales superiores como son: la capacidad
de comprender a los demás (teoría de la mente), las funciones de comunicación y lenguaje, compren-
sión de símbolos y flexibilidad cognitiva.
El programa ABA
El programa ABA (Applied Behavior Analysis o análisis aplicado de la conducta) es una intervención
en la que se aplican los principios del aprendizaje de una manera sistemática para modificar deter-
206
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 15
El programa TEACCH
El programa TEACCH –Treatment and Education of Autistic and Related Communication Handica-
pped Children (tratamiento y educación de niños con autismo y con problemas de comunicación).
Este programa se desarrolla desde un enfoque integrador. Se centra en entender la forma que
tienen las personas con TEA de pensar, aprender y experimentar el mundo.
Sus actividades incluyen, entre otras: entrenamiento de los padres, desarrollo de habilidades
sociales y de comunicación, entrenamiento del lenguaje y búsqueda de empleo (Francis, 2005).
Además, cada vez más se comienza a implantar otras modalidades de intervención en per-
sonas con TEA como es la terapia asistida con animales, como otra parte importante más de los
programas de rehabilitación neuropsicológica. Estos programas tienen como objetivo aumentar la
motivación social, reducir de los síntomas de inatención, distracción y comportamientos sedentarios
(Vázquez y Lista, 2011).
En síntesis, es necesario seguir avanzando en los estudios y en la investigación sobre los
procesos y los programas para el autismo y las aportaciones de los procesos neuropsicológicos están
aportando nuevas vías para los tratamientos específicos y las orientaciones en el centro educativo.
American Psychiatric Association. (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders. Was-
hington DC, ed. 5th edn.
APA, Ed. (1994). Diagnostic and Statistical Manual of Disorders, 4th ed. (DSMIV). Washington D.C.,
American Psychiatric Association.
Baron-Cohen, S., Tager-Flusberg, H., Cohen, D.J. (2000). Understanding others minds. Perspectives
from developmental cognitive neuroscience. Oxford: Oxford University Press.
Blomberg, H. (2015). Terapia de movimiento rítmico: Movimientos que curan. (3 ed.); Aula Amir edi-
ciones: Madrid.
Carper, R.A. and Courchesne, E. (2005). Localized enlargement of the frontal cortex in early autism.
Biol Psychiatry, 57: 126-33.
CDC. (2012). Prevalence of autism spectrum disorders --Autism and Developmental Disabilities Moni-
toring Network, United States, 2008. MMWR Surveill Summ, 61 ([Link]-3).
Chakrabarti, S., Fombonne, E. (2001).Pervasive developmental disorders in preschool children. J Am
Med Assoc; 285: 3093-9.
Eliez, S. and Reiss, A. (2000). Annotation: MRI neuroimaging of childhood psychiatric disorders: a
selective review. J Child Psychol Psychiatry, 41: 679-794.
Filipek, P.A., Accardo, M.D., Ashwal, S., Baranek, G.T. and Cook, E.H. (2000). Practice parameter:
screening and diagnosis of autism. Report of Quality Standards Subcommittee of tha American
Academy of neurology and the Child Neurology Society. Neurology, 55:468-79.
Francis, K. (2005). Autism interventions: a critical update. Dev Med Child Neurol, 47, 493-9.
Goddard, S. (2005). Reflejos, aprendizaje y comportamiento: Una ventana abierta para entender la
mente y el comportamiento de los niños y adultos. Barcelona: Vida kinesiología.
207
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 15
Harris, G.J., Chabris, C.F., Clark, J., Urban, T., Aharon, I., Steele, S., et al. (2006) Brain activation du-
ring semantic processing in autism spectrum disorders via functional magnetic resonance imaging.
Brain and Cognition, 61(1):54-68.
Harrison, P.L y Oakland, T. (2013). ABAS-II. Sistema de Evaluación de la Conducta Adaptativa. Ma-
drid: TEA Ediciones.
Joseph, R.M., Steele, S.D., Meyer, E. and Tager-Flusberg, H. (2005). Self-ordered pointing in children
with autism: Failure to use verbal mediation in the service of working memory? Neuropsychologia,
43(10):1400-1411.
Kamio, Y. and Toichi, M. (2000). Dual access to semantics in autism: Is pictorial access superior to
verbal access. Journal of Child Psychology and Psychiatry and Allied Disciplines, 41(7):859-867.
Kamio, Y., Robins, D., Kelley, E., Swainson, B., Fein, D. (2007). Atypical lexical/semantic processing
in highfunctioning autism spectrum disorders without early language delay. Journal of Autism and
Developmental Disorders, 37(6):1116-1122.
Kanner, L. (1943). Autistic disturbances of affective contact. Nervous, Child, 2, 217. pp. 217-250.
Lord, C., Rutter, M. Dilavore, S., Risi, S. y Bishop, S.L. (2015). Escala de observación para el diagnóstico
del Autismo. 2. Madrid: TEA Ediciones.
Lord, C., Rutter, M., Dilavore, S. y Risi S. (2009). ADOS. Escala de Observación para el Diagnóstico del
Autismo. Madrid: TEA Ediciones.
Luo, Q., Perry, C., Peng, D., Jin, Z., Xu, D., Ding, G., et al. (2003). The neural substrate of analogical
reasoning: An fMRI study. Brain Research. Cognitive Brain Research, 17(3):527-534.
Masgutova, S. (2012, 2015) Reflexes: portal to neurodevelopment and learning. A collective work. 1st
edition; Svetlana Masgutova Educational Institute: LLC.
McAlonan, G.M., Cheung, V., Cheung, C., Suckling, J, Lam, G.Y., Tai, K.S., et al. (2005). Mapping the
brain in autism. A voxel-based MRI study of volumetric differences and intercorrelations in autism.
Brain, 128: 268-76.
Miles J.H. (2001). Autism spectrum disorders--a genetics review. Genet Med, 13, 278.
Mulas, F., Etchepareborda, M., Hernández, S., Abad, L., Téllez de Meneses, M. y Mattos, L. (2005). Ba-
ses neurobiológicas de los trastornos específicos de la comunicación (espectro autista). Rev Neurol,
41(supl 1):S149-53.
Mulas, F., Ros-Cervera, G., Millá, M.G., Etchepareborda, M.C., Abad, L., Téllez de Meneses, M. (2010).
Modelos de intervención en niños con autismo. Rev Neurol, 50 (Supl 3): S77-84
OMS., Ed. (1992). Descripciones clínicas y pautas para el diagnóstico. In: Meditor, editor. CIE 10. Trastornos
mentales y del comportamiento. Descripciones Clínicas y pautas para el diagnóstico. Ginebra.
Ozonoff, S. (2000). Componentes de la función ejecutiva en el autismo y otros trastornos. In Russell J,
ed. El autismo como trastorno de la función ejecutiva. Madrid: Editorial Médica Panamericana; (p.
177-201).
Rapin, I. and Dunn, M. (2003). Update on the language disorders of individuals on the autistic spec-
trum. Brain Development, 25(3):166-172.
Robins, D. L.; Fein, D.; Barton, M. L.; Green, J. A. (2001). The Modified Checklist for Autism in To-
ddlers: An Initial Study Investigating the Early Detection of Autism and Pervasive Developmental
Disorders. Journal of Autism and Developmental Disorders, 31(2):131-144.
Russell, J. (2000). El autismo como trastorno de la función ejecutiva. Madrid: Editorial Médica Pana-
mericana.
Rutter, M., Le Couteur, A. y Lord, C. (1994). ADI-R. Entrevista para el Diagnóstico del Autismo-Revi-
sada. Madrid: TEA Ediciones.
Salvadó, B., Manchado, F., Palau, M., Rosendom N., Orpí, C. (2005). Modelos y programas de inter-
vención. In Muñoz-Yunta J, ed. Guía médica y neuropsicológica del autismo. Cornellà de Llobregat:
Fundació Autisme Mas Casadevall; p. 199-216
Sandall, S., Hemmeter, M., Smith, B. and McLean, M. (2005). DEC recommended practices: a com-
prehensive guide for practical application in early intervention/early childhood special education.
Longmont, CO: Sopris West.
Schmitz, N., Rubia, K., Daly, E., Smith, A., Williams, S. and Murphy, D.G. (2006). Neural correlates of
executive function in autistic spectrum disorders. Biol Psychiatry, 59: 7-16.
208
Procesos y programas de neuropsicología educativa. Capítulo 15
Schwartz, D.L. (1995). Reasoning about the referent of a picture versus reasoning about the picture as
the referent an effect of visual realism. Memory Cognition, 23(6):709-722.
Smith, T., Groen, A.D. and Wynn, J.W. (2000) Randomized trial of intensive early intervention for
children with pervasive developmental disorder. Am J Ment Retard, 105: 269-85
Sulzer-Azaroff, B., Mayer, B. (1991). Behavior analysis for lasting change. Fortworth, TX: Holt, Reihart
& Winston.
Tager-Flusberg, H., Lindgren, K. and Mody, M. (2008). Structural and functional imaging research
on language disorders: Specific language impairment and autism spectrum disorders. In: Wolf, L.;
Schreiber, H.; Wasserstein, J., editors. Adult learning disorders: Contemporary issues. Psychology
Press; New York: p. 127-157.
Tomás-Vila, M. (2004). Rendimiento del estudio diagnóstico del autismo. La aporación de la neuroi-
magen, las pruebas metabólicas y los estudios genéticos. Rev Neurol, 38 (Supl 1): S15-20.
Vázquez, L., y Lista, A. (2011). La terapia asistida con animales como parte de los programas de
rehabilitación neuropsicológica. Revista [Link], 15, Recuperado de [Link]
net/10401/4385
Volkmar and Chawarska, K. (2008). Autism in infants: an update. World Psychiatry, 7(1): 19-21.
Walenski, M., Mostofsky, S.H., Gidley-Larson, J.C. and Ullman, M.T. (2008). Brief report: Enhanced
picture naming in autism. Journal of Autism and Developmental Disorders, 38(7):1395-1399.
Whitehouse, A.J., Maybery, M.T. and Durkin, K. (2006). Inner speech impairments in autism. Journal
of Child Psychology and Psychiatry, and Allied Disciplines, 47(8):857-865.
209