Julio Ramon Ribeyro Tesis
Julio Ramon Ribeyro Tesis
Resumen
Analiza un episodio bufonesco en la diégesis de un cuento limeño intitulado “Mien-
tras arde la vela”, de Julio Ramón Ribeyro. El propósito es detectar un incidente
cómico que funcione como espacio vestibular de clímax trágico, en el contexto de
un relato urbano caracterizado por amparar comarcas temáticas como la aliena-
ción, la resignación, el desamor, la somnolencia. La risa en este episodio conlleva
el dolor, lo cómico lleva implícito lo trágico. A estos presupuestos teóricos se asocia
el estudio filosófico acerca del desnivel que produce la risa, y que es abordado por
Alfred Stern y Henri Bergson. Estos diálogos permiten comprender la función del
recurso del humor en el texto, previo al momento trágico que se desencadenará en
el desenlace.
Palabras clave: Humor, Llanto, Carnavalización, Grotesco, Ribeyro
Abstract
Analyzes an episode clownish in the Diegesis of a tale Lima titled While the Can-
dle Burns, by Julio Ramón Ribeyro. The purpose is to detect a comic incident that
works as a vestibular space of tragic climax, in the context of an urban narrative
characterized by covering thematic regions such as alienation, resignation, Dislove,
drowsiness. The laughter in this episode carries the pain, the comic implies the
tragic. To these theoretical budgets is associated the philosophical study on the un-
levelness that produces the laughter, and which is approached by Alfred Stern and
Henri Bergson. These dialogues make it possible to understand the function of the
resource of humour in the text, prior to the tragic moment that will be unleashed
in the outcome.
Keywords: Humour, Crying, Carnivalization, Grotesque, Ribeyro
El humor como vestíbulo
del clímax trágico en un relato
de Julio Ramón Ribeyro
Se recordará a las obras Tartufo (1664), Enfermo imaginario (1673), del drama-
turgo francés conocido con el nombre de Moliére (1622-1673), los personajes pro-
tagónicos afirman lo que no son, la inconsecuencia (moral, religiosa) forma parte
del recurso técnico que se repite en sus obras. Así, el episodio ribeyriano propone
la gracia para que ocupe una zona vestibular, que gravite en torno al preámbulo de
la tragedia, se entiende así el espacio como el “ámbito de todas las posibilidades
(…) caótico (…) cósmico” (Cirlot, 1992, p. 190). Potencias que dejan de perma-
necer vacías para ocuparse de las imágenes que Gastón Bachelard en el desarrollo
de La poética del espacio y en El agua y los sueños, analiza. El autor repara en el uni-
verso de los íconos y sus connotaciones particulares, en textos que corresponden
a poéticas líricas, narrativas de autores literarios y filósofos. Manifiesta que en el
espacio habitan imágenes felices con valores positivos e imágenes infelices con
valías negativas.
Afortunadamente, como dice Stern todavía “reímos con más frecuencia de la
que lloramos” (1950, p. 31). Y es en ese sentido y territorio fronterizo que se pro-
yecta esta comunicación.
De acuerdo con Henri Bergson en su estudio clásico de La risa, subraya que no
es fácil definirla, dado que la misma se ubica en las demarcaciones de lo cómico y
lo trágico. El pensador inicia una cartografía filosófica y se detiene en las paradojas
de la risa y el llanto, así como en la degradación y pérdida de valores, la debilidad
humana y la broma, abecés que se manifiestan en el relato de Julio Ramón Ribeyro.
Este contraste de elementos y claroscuros que interactúan en una escena cotidiana
produce sorpresa, así como lo ocasiona un disfraz, no obstante que nadie lo lleve
puesto. Si se visualiza un traje de Superman en alguien que no lo luce bonito ge-
nera una infracción. Alteración que se efectúa también en el ejemplo de la nariz de
payaso que propone Stern. Esto es, al imaginar una situación hilarante compuesta
por alguien (un payaso, un cómico) en un contexto determinado que lleva puesta
una protuberancia redonda y roja en medio de la cara, de pronto, puede volverse una
carcajada si el sujeto receptor piensa (traslada mentalmente el disfraz) que quien se
la coloca no es el payaso sino una persona conocida, un amigo que queremos, una
persona que no se tolera, etc. Este acontecimiento vivido y recreado en la mente
estimula a la sonrisa porque “un hombre que se disfraza es una figura cómica. Tam-
bién lo es un hombre que parece haberse disfrazado” (Bergson, 1985, p. 23).
A este desajuste, Tzvetan Todorov en un artículo que propone para Comunica-
ciones le denomina infracción, se trata de un espacio que da lugar a un nuevo orden,
y hace referencia al criterio tipológico que surte impresión cuando se introduce un
desvío en la diégesis del discurso, donde irrumpe el humor.
¿Cuál es la técnica que emplea Julio Ramón Ribeyro para inducir a la risa al
espectador? Lo que motiva la risa es la recurrencia, es esa linealidad en el chiste
equivalente a lo que Violette Morin llama la “constancia de construcción” (Barthes
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El humor como vestíbulo del clímax trágico
y otros, 1970, p. 121). Con Morin coincide Bergson, acerca del efecto que produce
la periódica repetición de los movimientos que realiza el personaje pícaro caracteri-
zado por una doble moral. Esta muletilla histriónica resulta de una combinación de
gestos y actitudes que efectúa Moisés o por circunstancias no buscadas, repetidas,
fortuitas como esta escena:
Si un día me encuentro en la calle con un amigo a quien no veía desde mucho
tiempo, nada tendrá de cómico esta situación. Pero si el mismo día me lo vuelvo a
encontrar por segunda, por tercera y hasta por cuarta vez, acabaremos los dos por
reírnos de la coincidencia. (Bergson, 1985, p. 36).
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1 Se sugiere ver el mapa interactivo donde se hace un recorrido guiado que incluye años de infancia,
juventud y muerte. Lo ofrece el Diario El Comercio de Perú en la URL: <http://elcomercio.pe/
julio-ramon-ribeyro/recorrido/>. Consulta: 31/3/16 a las 10:12 horas.
2 Carlos Eduardo Zavaleta, es escritor de esta generación y por tanto testigo directo, se le sigue a
él para construir en este documento las fechas que delimitan a la generación del cincuenta en el
Perú.
3 Peter Elmore confecciona una lista de narradores donde nombra a Ribeyro como “el más impor-
tante de la promoción” y continúa con Eleodoro Vargas Vicuña, Sebastián Salazar Bondy, Carlos
Eduardo Zavaleta y Enrique Congrains (2002, p. 9). La lista es más extensa.
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El humor como vestíbulo del clímax trágico
estudio profundo de la psicología de los personajes, “la presión de los hechos sobre
las personas”, sus relatos “podrían definirse […] como la historia psicológica de una
decisión humana” (Ribeyro, 2003, p. 47).
La poética ribeyriana se conecta con el cuento a partir de la presencia del lec-
tor, y lo hace a lo largo de todo el desarrollo de la historia, pero es en el desenlace
cuando aparece el vínculo más estrecho, el espacio vacío que llena y completa el
receptor permite cerrar el horizonte de expectativas que se inició en la primera
línea. Ribeyro define al relato como un reflejo de sí mismo, que capta y representa
a partir de su niñez:
(…) de acuerdo a mi propia sensibilidad, lo merecía: oscuros habitantes limeños,
escenas de la vida familiar (…) el mar y los arenales, combates perdidos, militares,
borrachines (…) escritores, hacendados, matones y maleantes (…) pero también
Europa y mis pensiones y viajes y algunas historias salidas solamente de mi fanta-
sía (Ribeyro, 1994, p. 8).
De todos estos habitantes se nutre el breviario. Casi todos los relatos son for-
jados desde una impronta ficcional o desde un vértice (leyenda, anécdota personal
infantil) que acaricia la realidad.
La literatura se convierte en un rito riguroso y perfectible, Ribeyro busca la su-
peración de su propia escritura, en La tentación del fracaso (2003) escribe “¡Hay que
trabajar, hay que trabajar!” (ibid., p. 33) para lograr la buscada y obsesiva perfección
de la técnica, insiste y asegura que su “última preocupación ha sido vigilar el estilo
y mantener cierto nivel de gusto literario […] Las ideas pasan, la expresión queda”
(ibid., p. 47-48).
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en otro ejemplo que propone Stern el desnivel se produce cuando alguien que va
caminando por la acera naturalmente se cae y no llega a lastimarse.
Los valores en el sujeto que cae no se pierden, sino que se desplazan porque
escapa a su voluntad, lo mismo sucede con la fealdad (un sujeto feo) o la enferme-
dad (un sujeto enfermo). Si la persona que cayó se lastimó, entonces se efectúa la
pérdida y aparece el dolor, que a veces se continúa en llanto, en este punto se supone
que ya nadie se ríe, de lo contrario la persona que se ríe se arriesga a devaluarse a sí
misma. La frontera que deslinda el llanto de la risa es dinámica, fluctúa, así como
hay muchas formas de llanto hay muchas formas de reír y también de reír para
después llorar.
Ahora bien, en el plano de la ficción esta situación cambia completamente, aún
más si se trata de un espacio festivo sin reglas oficiales, pero con normas impuestas
y por tanto democráticas para el pueblo como lo es el carnaval. En este reducto
de lo cómico se permiten y se toleran todas las variaciones de las risas, incluidas
las del receptor, que al fin y al cabo es un actor más. Esta conceptualización de lo
carnavalesco acuñada por Mijail Bajtín, se celebra en un recodo aparte, que exclu-
ye todo protocolo que las instituciones Estado o Iglesia (principalmente el autor
estudia el humor en Rabelais, y recorre el Medioevo, el Renacimiento) consideren
como oficial.
La escena que ocupa esta comunicación se sitúa en un espacio donde se sus-
pende el cronotopo real, concepto acuñado por Mijail Bajtín que refiere al tiem-
po-espacio, “a la conexión esencial de relaciones temporales y espaciales” (1989, p.
237) en la literatura. Todo lo que sucederá en la habitación familiar de Mercedes
y Moisés mientras dure la escena, es carnavalesco. El carnaval funciona en un
reducto simbólico donde las coordenadas de tiempo y espacio (cronotopo) se di-
suelven mentalmente. Las fiestas impuestas por el canon matizan el cronotopo, pero
no lo suspenden, en cambio sí lo efectúa la carnavalización, que a su vez permite
una vida alterna.
El teórico ruso resuelve así el conflicto polarizado entre los alejados polos con-
siderados como sacros y profanos, creando un concepto tomado del espacio real e
integrando a los dos extremos. Agrupa entonces, diferentes clases sociales, reúne lo
grosero con lo sagrado, lo gracioso con lo grotesco, lo trágico con lo cómico, sim-
biosis que amalgama al episodio que protagoniza Moisés.
Esta inversión del mundo también la realiza el sistema de lo grotesco, que es la
estética del “mundo al revés” (Bajtín, 2003, p. 13). Se desarrolla durante la Edad
Media “y alcanza su epopeya artística en la literatura del Renacimiento” (ibid., p. 30).
El adjetivo grotesco deviene de “gruta”, palabra que indica el lugar en donde
se encontraron algunas pinturas italianas, que mostraban como impulso nuevo las
fusiones de figuras mitológicas como la de los reinos vegetales, animales, humanos.
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4 Breviario donde aparecen —dependiendo de la edición— ocho relatos, que se sitúan en el si-
guiente orden, “Los gallinazos sin plumas” es el primero, que lleva el mismo nombre de la colec-
ción y en particular es el cuento que más le gustaba al autor (Esteban, 2014, p. 47). El segundo se
titula “Interior ‘L’”, le siguen “Mar afuera, Mientras arde la vela”, “En la comisaría”, “La tela de
araña”, “El primer paso”, y el último “Junta de acreedores”.
5 Autor de origen peruano, que se trasladó a Europa mediante la obtención de un subsidio para es-
tudiar periodismo. Una vez terminado el apoyo económico que le otorgaba la beca, Ribeyro debió
emplearse en diversos trabajos para amortiguar su estada en países europeos. Entre España, Madrid
precisamente y Francia, París, escribe el conjunto de relatos Los gallinazos sin plumas, metáfora que
señala la carencia —en todos los ámbitos— de los habitantes que viven en la periferia de la ciudad.
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tela de araña. Son las únicas mujeres que a pesar de la situación marginal que habi-
tan buscan como pueden y en la medida de lo posible cambiar el entorno en el que
viven. Mercedes diseña para sí misma como mecanismo de defensa, un imaginario
mental que la empuja a soñar para salir del encierro que le produce la habitación
de su hogar. Al frente de ella y a modo de espejo se encuentra su esposo Moisés,
que devuelve la imagen deteriorada de Mercedes, y por contraposición refracta la
deformidad (lo grotesco), es quien contribuye a crear los únicos episodios de humor
que sobresalen en la diégesis del relato.
La función que cumple el humor es la de distender la tirantez, que se suscita
en el sórdido ambiente interior de la pieza como del patio exterior que continúa a
la habitación principal.
Stern repasa una nómina de escritores que han intentado explicar la risa, Aris-
tóteles, Platón, Descartes, Bergson, Kant, Freud, entre otros, analiza la oposición
optimismo (risa) versus pesimismo (llanto, lo trágico), y observa que se debe apren-
der de los dos.
La risa como el llanto se manifiesta a través de diversas expresiones. Si se re-
cuerdan algunos de los antecedentes de lo cómico, se piensa en las obras de Aris-
tófanes donde se ubican pícaros y dioses en el mismo nivel; el estagirita Aristóteles
en La poética examina a la comedia y la sitúa por debajo de la tragedia, expone que
aquella es una imitación de hombres inferiores. Hasta el momento todo indica que
lo serio no convive armónicamente con lo cómico, Bajtín lo resuelve proponiendo
la “carnavalización” como categoría de palabra.
Este concepto otorga una amplia licencia o aval a todos aquellos participantes
que concurren a la fiesta. Además, como lugar de encuentro brinda y extiende una
súbita y relativa libertad, en síntesis, sugiere un cruce de lo público con lo privado,
pero no para confrontarse sino para dialogar. El teórico ruso señala que es en el
transcurso del carnaval cuando “la vida misma” se interpreta, “y durante cierto
tiempo el juego se transforma en vida real” (Bajtín, 2003, p.10).
A continuación, se depara en el estudio del episodio, para concluir con la ante-
sala de lo trágico.
El episodio en sí mismo
El argumento del relato Mientras arde la vela versa sobre una familia tradicional,
compuesta por los padres que se llaman Moisés y Mercedes, y el hijo de ambos al
que apodan Panchito.
Sucede que Moisés no colabora en nada con su familia. Si no se duerme repen-
tinamente se aburre de todo, de su trabajo, de sus quehaceres diarios en el hogar,
incluso de su propio hijo. Moisés no depara en Panchito, no lo cuida ni protege;
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vida individual, con lo económico, lo poco que la familia tiene como patrimonio
ganancial. El conjunto de valores que reside en Mercedes ha sido atacado por su
esposo, este hecho evidencia el menguado o nulo afecto que habita en el hogar dado
que el enojo es severo, si hubiera simpatía habría mayor tolerancia. En fin, aquí la
risa es un no — valor porque no mantiene “el equilibrio en el mundo de los valores”
(Stern, 1950, p. 61), se trata de una risa que linda con lo trágico, con lo inferior, con
lo grotesco.
En el polo opuesto de la risa se asienta el llanto, expresión que no se efectúa en la
diégesis, pero que indirectamente lo contiene. Mercedes siente que sus valores hacia
el futuro están amenazados, otros como el amor, se han degradado sino perdido y
otros, aunque los desee con todas sus fuerzas son irrealizables. Para Stern el llanto
expresa un doble carácter, emite juicios tanto positivos como negativos a la vez.
Lo positivo se manifiesta “con referencia a valores irrealizables, amenazados o
perdidos” (ibid., p. 66) y lo negativo se expresa “con referencia a […] esa pérdida”
(ibid., p. 66). Moisés ha perdido el sentido común, la razón, la bebida ha moviliza-
do sus pasiones, es la tara manifiesta en el hogar.
Mientras la vela se apaga, Mercedes siente “unas ganas invencibles de llorar”
(Ribeyro, 1994, p. 57). La vela encendida es símbolo de luz, sustento para la ima-
ginación, si se apaga la oscuridad ensombrece la escena.
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Consideraciones finales
La escena “irradia, sobre una multitud de otras escenas, lo cómico que en sí misma
contiene” (Bergson, 1985, p. 38). El episodio de Moisés es irrisorio porque se pro-
ducen desplazamientos en más de un nivel. Se alternan desniveles que permanecen
compuestos por desajustes morales, económicos, físicos, que acentúan la risa en
el receptor; y a pesar de la persistencia de la angustia casi pesadillesca (en sentido
kafkiano) que sobrevuela el espacio de la vivienda, el efecto que promueve Moisés
con sus actitudes grotescas es el rasgo distintivo que brinda la nota humorística
porque produce la fractura semántica. Dado el tono del relato y de toda la obra no
es esperable que la risa llegue en una escena que se carga de pathos. Es verdad que
no es un pathos sublime que promueva emociones fuertes, suficiente para despren-
der del sujeto que recibe la obra la catarsis o la conmiseración de las pasiones, como
lo reivindica el estagirita Aristóteles, pero no es menor el hecho de que la esposa
planee la muerte de quien duerme junto a ella a diario.
De la misma manera que la risa sorprende en el contexto del relato, asombra la
no presencia del llanto, los personajes a pesar de la miseria exterior (e interior) que
6 El soneto 26 de Lope de Vega, expone las emociones internas por las que transita el yo lírico al
definir el amor.
7 El soneto amoroso de Francisco de Quevedo expresa las contradicciones del amor mientras se lo
define.
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habitan no vociferan una reflexión personal hacia alguien o algo que los trascienda,
tampoco la lágrima asoma como muestra de dolor y sufrimiento. Los protagonistas
no son dignos de lástima. El narrador muestra en ellos cierta justicia “terrestre”, que
prueba que estos sujetos padecen debido a que no existe salida posible. Ni siquiera
el fundamento espiritual tiene asidero en el breviario de Los gallinazos sin plumas,
porque el mérito de ese libro reside en “la unidad del conjunto, (…) en la materia
trabajada”, (Ribeyro, 2003, p. 47) y aunque “la visión resulta al final un poco mise-
rable” (ibid., p. 47) es “exacta y verosímil” (ibid., p. 47).
En La tentación del fracaso, Ribeyro busca “lo absoluto (…). Tal vez esté en los
viajes que aún no he realizado (…) o en Dios, a quien creo haber perdido” (ibid.,
p. 12), ese escepticismo se hace extensible a otros personajes anteriores a esa obra.
El desplazamiento de valores funciona también a nivel de personaje - receptor,
Moisés ha devenido en el aniquilamiento individual, por falta de apego a los afec-
tos, a los elementos que lo unen a la vida, tanto le da estar somnoliento como des-
pierto. Sus escalas de valores se han alterado y con ello ha modificado su entorno.
En efecto, se produce un quiebre de todos los valores, Moisés has resultado
ser el payaso cómico del carnaval, es el blanco donde dispara la risa, su dimensión
ética “aquello que denominamos su existencia moral” (Stern, 1950, p. 52) se ha
desvanecido.
Para Stern al igual que para Bergson lo cómico produce un quiebre de nivel,
una desproporción, ante la perspectiva del que mira, esto es, si se enfoca solo a un
lado “moral” del personaje y de repente ese plano gira y lo ético que ocupa un lugar
serio en la escena se desplaza hacia un lateral que ocupa a lo “físico”, altera a la vez
el foco atencional del receptor. Esta inversión procedimental o artificio mecánico
que actúa súbitamente suscita por lo general, risa ante el espectador.
Bergson lo resume de este modo: “es cómico todo incidente que atrae nuestra
atención sobre la parte física de una persona cuando nos ocupábamos de su aspecto
moral” (1985, p. 25). Es factible que el antihéroe carezca de grandezas o profun-
didades estéticas, espirituales, sagradas, laborales, pues se han desintegrado en el
momento mismo en el que Moisés irrumpe en escena.
Para que algo sea considerado cómico debe expresar cierta expresión actitudi-
nal señala Henri Bergson, para el teórico, los gestos y las formas forman parte de la
caricatura, imprimen fuerza, dinamismo. La risa es una contorsión necesaria, aún
en objetos naturales de la fisonomía humana, “en la curva de una nariz, en la forma
de una oreja” (ibid., p. 19). Bergson coincide en este punto con Stern, cuando un
hombre tropieza, cae y sale ileso, para Bergson es la torpeza de quien camina y esa
distracción fatal, es la que hace reír.
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