Rashomon: Un antes y un después en la literatura y el cine japonés
La especialista Amalia Sato escribe una columna sobre el clásico libro de cuentos de
Ryunosuke Akutagawa, que fue adaptado a la pantalla grande en 1950 por el célebre Akira
Kurosawa.
Por Amalia Sato* para Revista Dínamo
En 1951 una película, una suerte de policial feudal, gana el León de Oro de Venecia, y el
cine japonés hace su entrada triunfal en la crítica europea. Rashomon, obra de posguerra,
con mendigos zaparrastrosos ávidos de historias y la estructura de una obra de teatro noh
moderno, con su monje testigo y escucha de relatos escalofriantes.
Tal la importancia de su impacto como impulsor de un nuevo redescubrimiento de Japón
que lo juzgan el primer film judicial, y hasta hay un ensayo de Goncal Mayos de la
Universitat de Barcelona habla sobre el efecto rashomon, o los vericuetos de la subjetividad
en la percepción y la memoria. Hasta un fan se ha preocupado por subir el film completo en
youtube por partes.
Pensar en Rashomon hoy me remite a una sucesión de imágenes: Kurosawa y su hermano
mayor Heigo caminando por la Tokio devastada por el terremoto de 1923; Heigo narrador
de cine mudo suicidándose; Akutagawa el autor de los dos cuentos en que se basa el film
-Rashomon con su escenario del portón inmenso y Yabu no naka (En el bosque), con sus
diferentes relatos-, con su cabellera rebelde y enrulada, el rostro afilado, de fumador; muy
jovencito en una foto con su mentor literario Sooseki, muerto en 1916, el año en que nació
mi padre; la avidez por un primitivismo que erizara el cabello que Akutagawa encontraba en
la pintura de Gauguin y los relatos de Konjaku monogatari; las ediciones de Asoka o Mundo
nuevo con las traducciones impecables de mi admirado Kazuya Sakai; los ciclos de cine en
la sala Lugones del San Martín en Buenos Aires con copias tan llovidas como la escena
trabajada con agua entintada; las mujeres sin cejas bajo sombreros con velo de los cuentos
de fantasmas; la marcha del leñador por el bosque en la película que repite la marcha del
leñador anciano que va a encontrar a la princesa de la luna dentro de una caña de bambú
en Taketori monogatari, el primer relato de la literatura japonesa; el temor de Akutagawa a
perder la razón como su madre, su suicidio con veronal a los 35 años; mi visita al Museo del
Cine en Tokio con su sala de espera con un sillón circular central para que los cinéfilos vean
los posters de las paredes sin tener que verse entre sí; la valentía de los directores de
posguerra que reinventaron el Humanismo después de 1945.
Sobre Rashomon (Por Agustina Ordoqui)
En 1910, Ryunosuke Akutagawa publicó por primera vez su libro Rashomon y otros
cuentos en Japón. En poco tiempo, se convirtió en una obra de culto. El más conocido y
analizado es, justamente, Rashomon, el que le da el título a la serie. Se ambienta en la
guerra civil japonesa y presenta a dos personajes deshumanizados, que perdieron el sentido
de la moral. Trae moraleja incluida.
Otro de los cuentos que incluye Rashomon es En el bosque, que narra las versiones sobre
un intento de violación y de asesinato desde los puntos de vista de los tres actores
implicados. Ambos textos dicen poco en las líneas, pero desprenden varios significados si se
los analiza.
De hecho, marcaron a tal punto la literatura japonesa que en 1940 el director Akira
Kurosawa adaptó ambos cuentos para la pantalla grande. A partir de ahí, la proyección fue
internacional. Hoy en día, constituye una reliquia tanto narrativa como fílmica. Para los
amantes del cine, en la Galería Jardín -Florida y Corrientes- está en venta una copia en DVD
a 400 pesos. Para curiosos, también se puede buscar en Youtube.
*Amalia Sato es escritora y traductora de literatura japonesa.