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Birgin

El documento trata sobre el acceso a la justicia como un derecho humano fundamental y una garantía de igualdad. Explica que la Constitución Argentina de 1994 incorporó este derecho y creó herramientas para hacerlo efectivo. También menciona jurisprudencia internacional que reconoce el derecho al acceso a la justicia en causas civiles.

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Birgin

El documento trata sobre el acceso a la justicia como un derecho humano fundamental y una garantía de igualdad. Explica que la Constitución Argentina de 1994 incorporó este derecho y creó herramientas para hacerlo efectivo. También menciona jurisprudencia internacional que reconoce el derecho al acceso a la justicia en causas civiles.

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Haydée Birgin

Beatriz Kohen
C O M P I L A D O R A S

Víctor Abramovich
Haydée Birgin
Mai-iano Fernández Valle
Roberto Gargarella
Alejandro Garro
Natalia Gherardi
Beatriz Kohen
María Fernanda López Puleio
Mónica Pinto
Tamar Pitch
Hilary Sornmei-lad

Acceso
a la justicia
como garantía
de igualdad
Instituciones, actores
y experiencias comparadas

Eü CEADEL
Centro de Apoyo al Desarrollo Local

P R O G R A M A
Justicia y Género
Editorial Biblos 186595
C O L E C C I ~ N
Identidad, Mujery Derecho
Birgin, Haydée
El acceso a la justicia como garantía de igualdad: instituciones,
actores y experiencias comparadas 1 Haydée Birgin y Beatriz
Kohen. - l a . ed. - Buenos Aires: Biblos, 2006.
269 pp.; 23x16 cm.

ISBN 10: 950-786-546-2


ISBN 13: 978-950-786-546-6

1.Derecho. 1. Kohen, Beatriz. 11. Título.


CDD 305.4

Esta publicación no hubiera sido posible


sin el generoso apoyo de la Fundacióii Ford.

Diseno de tapa: IglesiascomunicaciÓn


Armado: Hernan Díaz
Coordinación: Mónica Urrestarazr~

O Los autores, 2006


O Editorial Biblos, 2006
Pasaje José M. Giuffra 318, C1064ADD Buenos Aires
editorialbiblos&ditorialbiblos.com 1 www.eclitorialbiblos.com
Hecho el depósito que dispone la Ley 11.723
Impreso en la Argentina

No s e permite l a reproducción parcial o total, el almacenamiento, el alquiler, la transmisión o


la transformación de este libro, en cualquier forma o por cualquier medio, sea electrónico o
mecánico, mediante fotocopias, digitalización u otros métodos, sin el permiso previo y escrito ,

del editor. S u infracción esta penada por las leyes 11.723 y 25.446.

Esta primera edición de 1.000 ejemplares


fue impresa en Indugraf S.A.,
Sánchez de Loria 2251, Buenos Aires,
República Argentina,
en agosto de 2006.
Introducción
E l acceso a la justicia como derecho
Haydée Birgin y Beatriz Kohen

El acceso a la justicia es un derecho humano fundamental en un sistema


democrático que tenga por objeto garantizar los derechos de todos por igual.
Cuando otros derechos son violados, constituye la vía para reclamar su
cumplimiento ante los tribunales y garantizar la igualdad ante la ley.' En
la Argentina, la Constitución nacional de 1994 no sólo consagra este dere-
choGino que otorga jerarquía constitucional a tratados internacionales

1. Desde el punto de vista histórico, el antecedente del concepto actual de acceso a la justicia
e s la asistencia legal ligada a razones caritativas. Ya e n 1495, bajo el reiiiado de EnriqueVII,
el Parlamento de Inglaterra aprobó u n a ley especial para garantizar el derecho a asistencia
jurídica gratuita y eximir a las personas indigentes de los costos judiciales e n procesos civi-
les a n t e los tribunales del Common Law. A fines del siglo XVIII,con la Revolución Francesa
y l a estadounidense, la asistencia legal comenzó a considerarse u n derecho político asociado
a las ideas de igualdad ante l a ley y la justicia. Posteriormente, esta idea fue evolucionando
junto con la de bienestar social, en otros términos, con distribución de ingresos y servicios
disponibles.
2. El artículo 1 8 de la Constitución nacional establece que "es inviolable la defensa enjuicio de
las personas y s u s derechos", e n L a Corte y los derechos. Un informe sobre el contexto y el
impacto d e s u s decisiones durante el período 2003-2004, B u e n o s h r e s , Asociación por los De-
rechos Civiles (ADC)-Siglom,2005, p. 48. También consagra11 el acceso a la justicia los artícu-
los 8 y 10 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos; el artículo 2.3 del Pacto
Internacional de Derechos Civiles y Políticos; los artículos XXVI y XVIII de la Declaración Anie-
ricana d e los Derechos y Deberes del Hombre; el artículo 8.1 de la Convención Americana
sobre Derechos Humanos. A pesar de estas disposiciones, e n pocos instrumentos intemacio-
nales se prevé de qué forma se garantizará ese necesario acceso a los tribunales de justicia.
Normalmente, la obligación indiscutida de los Estados de proveer los medios necesarios para
permitir el efectivo acceso de las personas a los tribunales de justicia está reservada para los
casos penales. Véanse el artículo 14 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos; H.
Birgin, "Darle poder a la ley: herramientas de acción ciudadana y acceso a la justicia", en
Derechos universales, realidades particulares. Reflexiones y herramientas p a r a la concrecióii
de los derechos humanos de rni~jeres,niños y niñas, Buenos Aires, Unicef, 2003.
[ 15 1
16 Haydée Birgin y Beatriz Kohen

(artículo 75 inciso 221, es decir, consagra la primacía constitucional del de-


recho internacional sobre el derecho interno y del derecho internacional de
los derechos humanos.
En ese sentido, podemos decir que se ha consagrado en la Constitución
lo que Carlos Nino denominó corrcepción liberal-igualitaria,Que encuen-
tra su encaje en el Estado social, caracterizado por un compromiso activo
del Estado COI] el bienestar de los ciudadanos. En este sistema los indivi-
duos no quedan abandonados a su propia suerte sino que, desde este punto
de vista, además de crear el marco adecuado para el libre ejercicio de los
dviechos individuales y castigar todas las violaciones de esos derechos, el
Estado está obligado a proveer a los titulares de los derechos las condicio-
nes necesarias para su ejercicio y a obligar a los particulares a contribuir
con t,al provisión.
I,a Constitución de 1994 no sólo amplió los derechos y las garantías con
1s i~lcorporaciónde los tratados internacionales de derechos humanos
-entre otros, el acceso a la justicia- sino que creó herramientas de acción
pnra hacer efectivos esos derechos.
Ha quedado así incorporada a la Constitución nacional la obligatorie-
d2d del Estado de actuar con políticas funcionales que incidan en el siste-
m a político para erradicar las discriminaciones y hacer efectiva la igual-
dad. D ~ h etenerse en cuenta que los componentes del sistema legal no se
agotan en las leyes, regulaciones de diverso rango o jerarquía, institucio-
nes y procedimientos. Corno sostiene Alicia Ruiz: "El derecho es un discur-
so social y, como tal, dota de sentido a la conducta de los seres humanos y
los convierte en sujetos, al tiempo que opera como el gran legitimador del
poder, que habla, convence, seduce y se impone a través de las palabras de
la ley".4El discurso jurídico entrelaza y criba, al mismo tiempo, otros dis-
cursos. A un concepto reduccionista del derecho, que lo presenta como pura
norma, debe oponérsele la concepción que lo caracteriza como una práctica
discursiva social, que excede las palabras de la ley.
El acceso a la justicia para ejercer los derechos y defender las libertades
es el principal derecho -el más importante de los derechos humanos- en un
sistema legal moderno e igualitario que tenga por objeto garantizar, y no
simplemente proclamar, los derechos de todos."sí lo considera la jurispru-

3. C. Nino, Etica y derechos humnrios, Buenos Aires, Paidós, 1984, cap. 7, pp. 118-224.
4. A. Ruiz, "La construcción jurídica de la sl~bjetividadno es ajena a las mujeres", en H. Birgin
(comp.), E l derecho en el género y el gézero en el derecho, Buenos Aires, Biblos. 2000.
5. M. Capeletti y B. Gath, Acceso a la justicia, La Plata, Colegio de Abogados, Departamento
Judicial de La Plata, 1983, p. 22.
El acceso a la justicia como derecho 17

dencia de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) al


establecer que los Estados tienen el deber de organizar el aparato guberna-
mental y todas las estructuras a través de las cuales se manifiesta el ejer-
cicio del poder público, para asegurar jurídicamente el libre y pleno ejerci-
cio de los derechos humanos. Si una persona pretende ejercer los derechos
que las convenciones le garantizan y, por su posición económica, está impo-
sibilitada de pagar la asistencia legal o cubrir los costos del proceso, queda
discriminada y colocada en condiciones de desigualdad ante la ley.
Como todo derecho, el acceso a la justicia requiere un sistema de garan-
tías que posibilite su pleno ejercicio. En nuestro país, este derecho supone
la obligación del Estado de crear las condiciones jurídicas y materiales que
garanticen su vigencia en condiciones de igualdad. En otros términos, el
Estado no sólo debe abstenerse de obstaculizar el goce y el ejercicio del
derecho a acceder a la justicia sino que debe adoptar acciones positivas y
remover los obstáculos materiales que impiden su ejercicio ef'e~tivo.~
El derecho a la asistencia legal se ve frustrado por discriminación por
condición económica cuando no se provee asistencia gratuita jurídica al
acusado indigente. Así lo sostuvo la Corte IDH en la opinión consultiva No 11
al establecer que esa violación existe aun cuando se trate de un proceso no
penal en el que la persona necesita representación legal y no puede acceder
a ella por falta de recursos. La Corte entendió que, para garantizar la igual-
dad y la no discriminación por razones econóinicas, el Estado debe organi-
zar todo el aparato gubernamental para asegurar jurídicamente el acceso a
la justicia que contribuye al libre y pleno ejercicio de todos los derechos
huinanos.
El acceso a la justicia en causas civiles fue también reconocido por la
Corte Europea de Derechos Humanos en el caso AIREY~DRLANDA, en 1979."
Una mujer irlandesa indigente demandó judicialmente la separación de su
marido, y solicitó a la Corte que se le proveyera asistencia jurídica gratui-
ta. Cuando este pedido fue rechazado por el máximo tribunal de justicia de
Irlanda, la señora Airey recurrió a la Corte Europea de Derechos Huma-
nos. La Corte Europea falló a favor de la señora Airey basándose en el
artículo 6 de la Convención Europea de Derechos Humanos, que establece
que los litigantes de casos civiles tienen derecho a una "audiencia justa":
ello significa que los Estados tienen la obligación de proveer en forma acti-

6. El texto constitucional anterior a la reforma constitucional de 1994 no contenía ninguna


norma expresa sobre el derecho de acceso a la justicia, que se consideraba implícito en el texto
legal.
7. Citado en Justice Earl Jolinson, Jr., Erlual Access To Justice: Conparing Access to Justice
irz the United States and Other Industrial Denzocracies, 24 Fordham Int'l L.J. 83.
18 Haydée Birgin y Beatriz Kohen

va y efectiva la asistencia de un abogado si sus ciudadanos no pueden afion-


tar el costo.
Las normas constitucionales y legales de origen nacional y otras conte-
nidas en tratados o convenciones internacionales acentúan la importancia
de la jurisdicción como mecanismo de solución de conflictos y la asistencia
legal como garantía de los derechos. Sin embargo, esta preocupación por
las normas ha sido insuficiente para enfrentar el acceso a la administra-
ción de justicia.
Como señala el Informe de Desarrollo Humano 2005: "La ciudadanía es
incompatible con el privilegio que, por definición, es una negación de la ciu-
dadanía de los otros. Cuando se trastocan los derechos de todos en privilegio
de algunos, no hay ciudadanos, hay señores que a su arbitrio distribuyen
premios y castigos entre sus seguidores". La desconfianza hacia quienes ha-
cen, interpelan y aplican las leyes es un dato de la realidad argentina:

L a t r a m a d e las instituciones s e conforma de leyes y costumbres.


U n a abrumadora mayoría d e argentinos -82 por c i e n t w reconoce que
l a falta de respeto a l a s leyes e s u n problema general e n e l p a í s , h a s t a
el punto q u e p a r a muchos l a transgresión s e convierte en u n rasgo
idiosincrá~ico.~

En la Argentina, el tema no pasa por consagrar derechos sino par prote-


gerlos para impedir que -a pesar de las declaraciones solemnes- éstos sean
continuamente violado^.^ El lenguaje de los derechos se convierte en engaño-
so si oscurece u oculta la diferencia entre el derecho reivindicado, el recono-
cido y el protegido. Si una persona pretende ejercer los derechos que la
Constitución le garantiza y, por su posición económica, está imposibilitada
de pagar la asistencia legal o cubrir los costos del proceso, queda discrimi-
nada y colocada en condiciones de desigualdad ante la ley.
Los componentes del sistema legal no se agotan en las leyes, las regula-
ciones de diverso rango o jerarquía, las instituciones y los procedimientos.
Aspectos culturales y simbólicos constituyen otros importantes ingredien-
tes del sistema legal: la cultura legal, la confianza en el sistema, lo que las
personas piensan y sienten, orientan sus conductas y actitudes en relación
con la ley.lo

8. Informe de Desarrollo Humano 2005, Argentina después de la crisis. U n tiempo de oportu-


nidades, Buenos Aires, U N D P , 2005, p. 36.
9. N. Bobbio, El tiempo de los derechos, Madrid, Sistema, 1991, p. 35.
10. L. Bates Hidalgo, Artículos seleccionados. Acceso a la justicia, Ministerio de Justicia de
Chile, 2005, p. 8.
E l acceso a la justicia como derecho 19

El acceso a la justicia supone la consideración de obligaciones que com-


prometen a los tres poderes del Estado: al Poder Judicial le corresponde
administrar justicia, mientras que el Poder Ejecutivo y el Legislativo "son
responsables en el ámbito de su competencia, de dotar al Poder Judicial de
los recursos necesarios para garantizar el acceso a la justicia y la resolu-
ción de los conflictos en tiempo razonable y a un costo que no implique
privación de justicia"."
El acceso a la justicia, entonces, puede ser considerado desde varios as-
pectos diferentes aunque complementarios:

el acceso propiamente dicho, es decir, la posibilidad de llegar- al sistema


judicial contando con la representacion de un abogado, hecho que resul-
ta fundamental en el camino de convertir un problema en un reclamo de
carácter jurídico;
la diponibilidad de u n buen servicio de justicia, es decir, que el sistema
brinde la posibilidad de obtener unpronu?~ciamiento judicial justo e n u n
tienzpo prudencial;
la posibilidad de sostener el proceso completo, es decir, que las personas
involucradas no se vean obligadas a abandonar una acción judicial a lo
largo del proceso por razones ajenas a su voluntad. En este sentido, el
sistema debería proveer los recursos e instrumentos necesarios para
garantizar esta cobertura, en especial para los sectores y grupos en des-
ventaja económica y social (el 40 por ciento de la población que vive bajo
la línea de la pobreza, las mujeres que no pueden concurrir a los tribu-
nales porque no tienen con quién dejar a sus niños, las que concurren
con ellos a cuestas, las personas con trabajos precarios que pierden el
jornal por asistir al tribunal; las personas que tienen dificultades de
traslado, s.ea por discapacidades y10 por razones económicas, etc.). Por
lo tanto, cuando planteamos lagratuidad para garantizar el acceso a la
justicia, no nos referimos sólo al beneficio de litigar sin gastos (como las
tasas de justicia o las costas de los peritos) sino también a contemplar
los gastos de transporte y las pérdidas de jornales implicada^;'^
el conocimiento de los derechos por parte de los ciudadanos y de los me-
dios para poder ejercer y hacer reconocer esos derechos y, específica-

11.k t í c u l o 108 de la Constitución de la Ciudad de Buenos Aires.


12. "No s e puede plantear la necesidad de reclamar u n derecho en un proceso de cinco u ocho
años cuando el problema inmediato es el pasaje en tren u ómnibus para llegar hasta la Dcfen-
soría de Pobres y Ausentes y l a pérdida de un tiempo imprescindible para la supervivencia
económica diarian, F. Fucito, El perfil del abogado de la provincia de Buenos Aires, La Plata,
Colegio de Abogados de la Provincia de Buenos Aires, 1996, pp. 375-388.
20 Haydée Birgin y Beatriz Kohen

mente, la conciencia del acceso a la justicia como u n derecho y la consi-


guiente obligación del Estado de brindarlo y promoverlo en forma gra-
tuita tanto para casos penales como civiles.13

El acceso a la justicia tiene un doble significado: en un sentido amplio se


entiende como garantía de la igualdad de oportunidades para acceder a las
instituciones, los órganos o los poderes del Estado que generan, aplican o
interpretan las leyes y regulan normativas de especial impacto en el bien-
estar social y económico. Es decir, igualdad en el acceso sin discriminación
por razones económicas. Esto se vincula al bienestar económico, la distri-
bución de ingresos, bienes y servicios, el cambio social, incluso a la partici-
pación en la vida cívica y política. Se relaciona por un lado con los derechos
humanos y con los derechos económicos, sociales y culturales ya que el ejer-
cicio de los derechos civiles y políticos requiere de un cierto nivel de vida
decente (artículo 22, Declaración Universal de Derechos Humanos).
Por otro lado, el acceso a la justicia también incluye el conjunto de medi-
das que se adoptan para que las personas resuelvan sus conflictos y prote-
jan sus derechos ante los tribunales de justicia.
Ambas perspectivas no son excluyentes. De ahí la necesidad de analizar
el acceso a la justicia en el marco de la intervención social del Estado, es
decir, del conjunto de las políticas públicas que afectan las condiciones de
vida de la población y el orden social, como el gasto público, el sistema
tributario, las políticas demográficas, de población y de familia.14
Para las personas con escasos ingresos, las discriminadas por etnia o
por género, los trabajadores precarios e informales y los desocupados, en-
tre otros, la posibilidad de conocer y comprender el ordenamiento jurídico
que regula su vida cotidiana determinará en gran medida su ejercicio de la
ciudadanía y las consecuencias de sus decisiones: podrán vivir como resi-
dentes legales o ilegales; accederán o no a los beneficios que se derivan de
la ciudadanía; se respetarán o no sus derechos como consumidores, inquili-
nos, padres, madres, etc.; recibirán un trato justo en situaciones de separa-
ción o divorcio o ante la determinación del régimen de alimentos o de te-
nencia de los hijos.15

13. Algunos conceptos que integran esta definición son deudores de L. Larrandart, "Acceso a
la justicia y tutela de los derechos ciudadanos", en Sistema penal argentino, Buenos Aires, Ad
Hoc, 1992.
14. R. Cortés y A. Marshall, "Estrategias económicas, intervención social del Estado y regula-
ción de la fuerza del trabajo. Argentina 1890-199On,Estudios del Trabajo, N" 1, primer trimes-
tre de 1991.
15. Para un análisis de estas situaciones y las dificultades y posibilidades del acceso a la
El acceso a la justicia como derecho 21

El acceso a la justicia no se limita a los casos sometidos a resolución de


los organismos de administración de justicia sino que comprende, por ejem-
plo, el control de las políticas del Estado realizado por organizaciones so-
ciales, la actuación de las defensorías del pueblo y los defensores tutelares
que son funcionarios de la Justicia.I6
La pluralidad de organismos de la sociedad civil dedicados a la piomo-
ción del acceso a la justicia presta importantes servicios de asistencia jurí-
dica gratuita a los sectores de menores recursos. Por su cercanía respecto
de los potenciales usuarios del sistema, la sociedad civil está ubicada en
una posición privilegiada para desempeñar la importante función de reco-
nocer las necesidades jurídicas de la población y de los grupos con necesi-
dades específicas. Sus organizaciones tienen la posibilidad de difundir los
derechos y facilitar el acceso a la justicia. Sin embargo, no debería perderse
de vista que el Estado es el que debe garantizar el acceso a la justicia a
través de políticas públicas eficaces que brinden asistencia jurídica gratui-
ta y sei-vicios sociales de apoyo. Si bien existen servicios gratuitos de patro-
cinio y asistencia jurídica, éstos se encuentran organizados como una acti-
vidad de carácter asistencial. No se ha avanzado en el reconocimiento de
este tipo de prestaciones como una actividad obligatoria emprendida o re-
gulada por el Estado, que tienda a satisfacer los derechos de los ciudadanos
y que debería organizarse según la lógica de los demás servicios públicos,
como educaci-ón o salud.
Caracterizar los servicios jurídicos gratuitos como un servicio público
obliga no sólo a brindar información sino también a llevar adelante las
gestiones que el Estado -a través de los abogados- realiza en su propia
representación para la tutela de sus intereses. Ala información y el consen-
timiento propios de la relación entre abogados y clientes, se deberán sumar
aquellas otras obligaciones que surgen de la relación entre prestadores y
usuarios de un servicio público.
Sin declinar la responsabilidad del Estado en el tenla, deberían anali-
zarse las experiencias de los países más desarrollados en los que se han
ensayado varias formas de prestación de servicios de asistencia jurídica.17
En algunos casos, el Estado se ha hecho caigo de la provisión de los semi-

justicia eii relación con el género, véase en este volumen especialmente el artículo de Natalia
Gherardi.
16. U n ejemplo es la resoluciónjudicial proiiiovida por el defensor tutelar por la cual el gobier-
no de la ciudad de Buenos Aires fue obligado a otorgar becas escolares a todos los niños cuyos
pacires estaban registrados como cartoneros. a efectos de que puedan concurrir a la escuela y
se garantice así l a educación obligatoria.
17. Véase en este volumen el artículo de Natalia Gherardi
'FZr-6rr ' d d ' ~ 0 '0~ a~! U I ~ u 0 3 3
e . 1 n ) [ n 3 a p o p u o ~' s a l w s o u a n g 'jwu??ua&v wl ua w?a??snpw1 ~ w ? q z u u ap ~ p o d ?' o q p n j .OZ
.,SaI!qJp s ~ u so[
r a p s o t p a l a p so1 a p u o p a a q o ~ deA!q3aja B[ O osa338
a p pep1enSr e1 o ! l e q ! ~ o ! l do ~ ~ q a f qouroa,
o erual sella a p e u n S u ! u 'sa1~!3!pnC svurlojaJ ope!a!u!
o j q e q soue3uaureou!le[ sasjed so[ ap a p e d l o ñ e u r e1 6665 e!3eq a n b u n e '1!7nS e a J l o 3 u @ a s
.[gooz ap oJaua u a o p e q ~ n s u o ~ ) ~ p d ~ s ~ o ~ C ~ ~ a s p p a ~ uaa~,8-g e ñ.dd
~ e'5665 ~pue~s~~~~
~ ~ e'''ipep
-1enS! ~ o d e ua p~ e ! 3 u a ! ~ a d x aeuná'[e? ' e u ~ g e ? e a ! l a u r v u a sa~e!a!pnf seurlojal ñ e!3!qsnf e l e
o s a m v , , ‘[gris e a u o 3 a%or d '9002 'dam ' o C e q e a ap saIe!laqem a u a s ' s a l r y s o u a n g ' a q ? ~ u a
la ñ wu?/w7 u ~ i ~ ? .~?3??Snf i u ~ u1 u osa33w la w ~ w dswallqnd swa???lod ap I w n u n N a s u e a A .65
. t p ! ~ o u r e . ~ q1v 0 1 3 a~ p~o l n 3 p e Ia uauInIoA aqsa u a ase?A '85
ou!s 'sa~euy8~eru saJol3as sol ap o p s sa ou e!3ylsnf -el e osa338 lap e u r a ~ q o ~ d
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o eq so.130 ua 6 eq3aap e w o j ua so13
El acceso a la justicia como derecho 23

de todos los que tienen recursos limitados (como ocurre actualmente con
una buena parte de la clase media). Si analizamos las cifras a las que pue-
de corresponder, vemos que quedarían excluidos de tal problema los secto-
res altos y medios (el 10 por ciento de la población), constituyendo para el
resto un problema variable de acuerdo con el tipo de reclamo a efectuar y
su costo, hasta llegar a la indefensión real en los sectores muy bajos y mar-
ginales (más del 25 por ciento de la población)".
En la Argentina existe una brecha entre los derechos que el sistema
legal reconoce a las personas y los grupos sociales y la posibilidad de ejer-
cicio efectivo de los mismos, en especial para los ciudadanos de menores
recursos económico^.^' Esto se ha visto agravado por el incremento de la
pobreza que estuvo acompañado de un proceso de concentración del in-
greso. Según Claudia Giacometti, las crisis vividas por la Argentina en
los últimos años afectaron particularmente a los sectores más vulnera-
b l e ~Los
. ~ deterioros
~ en los niveles de ingreso agudizaron la pobreza, que
adquirió entonces niveles sin precedentes: según datos de 2003, un 26 por
ciento de la población no alcanzaba a cubrir la canasta básica de alimen-
tos (línea de indigencia) y más de la mitad de esa población no llegaba a
cubrir los costos de la canasta básica de bienes y servicios (línea de la
pobreza). La inequidad en la distribución del ingreso agudizó la intensi-
dad de la vulnerabilidad alimentaria y social. Datos posteriores a 2003
muestran una disminución de la pobreza y la indigencia, acompañada por
un crecimiento del empleo y una disminución de la desocupación. No obs-
tante, el 40 por ciento de la población vive aún en hogares bajo la línea de
la pobreza y el 15 por ciento bajo la línea de la indigencia, lo que constitu-
ye un obstáculo para el acceso a la justicia y el ejercicio de otros derechos.

21. Ismael Bermúdez, basándose en los datos de la última encuesta permanente de hogares
del Instituto Nacional de Estadística v Censos (INDEC). se refiere a un nuevo fenómeno social
que denomina "pobreza con empleo", un fenómeno que tiende a agravarse con la inflación
y que se suma a la pobreza por desempleo. En un total de 13,7 millones de trabajadores ocupa-
dos con un ingreso promedio de 736 pesos mensuales, sólo el 10 por ciento gana más de 1.500
pesos cuando una canasta familiar que incluye más rubros que los bienes y servicios básicos
ronda los 1.700 pesos mensuales. Cerca de la mitad de los trabajadores ganan menos de 550
pesos por mes; este sector incluye a quienes reciben 150 pesos nlensuales mediante planes
sociales y tienen alguna actividad laboral; gran parte de los 4 millones de trabajadores en
negro que. en promedio, ganan 500 pesos; un segmento de 3,5 millones de cuentapropistas no
profesionales con ingresos promedio de 482 pesos; una porción de trabajadores en blanco con
bajos salarios. Esto significa que amplios sectores de la población ocupada (cerca del 50 por
ciento) no alcanzan a cubrir la compra de los alimentos básicos de una canasta de indigencia.
Tomado de Clarín, 11 de noviembre de 2005.
22. C. Giacometti, "Las metas del milenio y la igualdad de género", Serie Mujer y Desarrollo,
N'72, Santiago de Chile, CEPAL, 2005.
24 Haydée Birgin y Beatriz Kohen

La pobreza y la vulnerabilidad se profundizaron por los cambios de la


estructura económica, las privatizaciones de servicios, la "focalización" del
gasto social y las reformas en los sistemas de seguridad social, eritre otras
modificaciones estructurales del período que generaron desempleo y pobre-
za acompañados por un proceso de creciente "desinversión" en los servicios
públicos y el arancelamiento de ciertos servicios que limitaron el acceso de
los sectores de bajos ingresos a servicios sociales de calidad y a la seguridad
social, agravando así su situación.
La intensificación del proceso de internacionalización y los cambios tec-
nológicos hicieron surgir nuevos ganadores y perdedores en el mercado la-
boral. Este proceso, que data en la Argentina de la segunda mitad de la
década del 70, terminó con el empleo en el sector industrial bien remunera-
do, que contaba con servicios sociales y un régimen previsional, y, a su vez,
los trabajadores menos calificados perdieron terreno. La sumatoria de ines-
tabilidad familiar y cada día menores perspectivas de empleo y capacidad
de generar ingreso de los trabajadores y trabajadoras jóvenes da como re-
sultado una transformación de la estructura de necesidades y riesgos de
enormes proporciones. Se ampliaron las desigualdades tradicionales o es-
tructurales y los diferenciales de ingresos entre categorías sociales (profe-
sionales liberales, ejecutivos, dirigentes de empresas, empleados, obreros,
desocupados). Hicieron su aparición las nuevas desigualdades que proce-
den de la recalificación de diferencias dentro de categorías a las que antes
se juzgaba homogéneas. La exclusión puso en tela de juicio también la iden-
tidad y las desigualdades estructurales fueron internalizadas por la socie-
dad. Si a esto se suma la desconfianza en las instituciones y, en especial, en
la Justicia, se deben reformular el alcance y la definición del acceso a la
justicia. En un país con un 40 por ciento de la población viviendo bajo la
línea de la pobreza, este mismo proceso trajo aparejado el empobrecimien-
to de las clases de medias que, como estrategia de supervivencia, pasaron a
ser la nueva clientela de los servicios sociales hasta entonces reservados
a los sectores más pobres que han perdido toda capacidad de acceder a los
mismos.
Esta realidad coloca a amplios sectores de la población en situación de
"marginalidad jurídica objetiva"." De hecho, los sectores de extrema po-
breza se encuentran marginados del derecho y las instancias aclministrati-
vas y judiciales, por ejemplo, del matrimonio, la inscripción de hijos y los
contratos en general. Sin embargo, la falta de acceso tiene raíces que van

23. J. Correa Sutil (ed.),Justicia y marginalidad: percepción de los pobres, Santiago de Chile,
CPU, 1993, p. 10.
El acceso a l a justicia como derecho 25

más allá de lo econónlico; hay quienes no se acercan porque, además de las


barreras económicas, no pueden identificar las posibilidades que les brinda
el sistema judicial. De hecho, los obstáculos para el acceso a la justicia no
son sólo de naturaleza económica; a ellos se suman barreras de carácter
más subjetivo, como la ininteligibilidad de los procesos judiciales que Feli-
pe Fucito llama de "ajenidad cultural"24y la percepción negativa que tiene
la población del sistema j ~ d i c i a l . 'Como
~ sostienen María Inés Bergoglio y
Julio Carballo: "La propensión a litigar se halla condicionada por la per-
cepción del carácter discriminatorio del sistema j ~ d i c i a l " . ~ ~
En este sentido, como ha señalado Liliana de Riz: "El actor principal,
como garante de los derechos fundamentales y como aparato de gestión de
la política pública es y sigue siendo el Estado L.. ], para recuperar la con-
fianza en el futuro y en las propias instituciones, es imprescindible romper
con una concepción que hace que el Estado sea la propiedad de los ocupan-
tes de turno. Las políticas pasan a ser favores o castigos que dependen de
los ocupantes de turno y de su continuidad y, por lo tanto, son precarias.
Mientras esto continúe siendo así, la capacidad de que las instituciones de
gestión del coi~flictoo de diálogo social realmente tengan consecuencias
prácticas, reales, es muy baja".27En otras palabras, sin un Estado activo,
no habrá acceso efectivo a la justicia.

24. F. Fucito, ob. cit.


25. Un estudio realizado entre sectores pobres urbanos en la ciudad de Córdoba muestra que
e n s u mayoría esos sectores perciben que los trámites y procedimientos judiciales para ascgu-
r a r s u s derechos son complicados, caros y engorrosos; reconocen que saben poco acerca de s u s
propios derechos y de los medios para hacerlos valer y protegerlos. Además, evalúan el siste-
ma legal como discriminatorio de los pobres, y piensan que los abogados son interesados y que
l a conducta de éstos no e s ética. Véase S. Begala y C. Lista, "Marginalidad y acceso n l a
justicia: u n estudio empírico en la ciudad de Córdoba", Cuadernos de Fundejus, N" 6, julio de
2002.
26. M.I. Bergoglio y J. Carballo, "Actitudes hacia la litigación cix~il:diferencias de clase", con-
tribución al xii Congreso Mundial, Bielefeld, Alemania, publicada en Anuario del Centro de
lnuestigaciones Jurídicas y Sociales, vol. 11, Universidad Nacional de Córdoba, 1994.
27. L. de Riz, Iberoamirica: hacia u n nuevo horizonte, Madrid, Ministerio de Asuntos Extcrio-
res y Cooperación de España, 2005.

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