Reciclaje Nutrientes Agroforestales
Reciclaje Nutrientes Agroforestales
EN SISTEMAS AGROFORESTALES
PRESENTACION 2
INTRODUCCIÓN 3
6. REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS 20
1
PRESENTACIÓN
2
INTRODUCCION
Alegre, J.1; García, S.1; Vega, R.1
Arévalo, Y.2
3
1. RECICLAJE Y SUS COMPONENTES EN SISTEMAS AGROFORESTALES
Un sistema agroforestal es un sistema agropecuario cuyos componentes son árboles,
cultivos o animales y presenta los atributos de cualquier sistema: límites, componentes,
ingresos y egresos, interacciones y relación jerárquica con la organización de la finca y una
dinámica.
• El límite define los bordes físicos del conjunto.
• Los componentes son los elementos físicos, biológicos y socioeconómicos.
• Los ingresos son por ejemplo: la energía solar, la mano de obra, productos
agroquímicos.
• Los egresos son por ejemplo: la madera, productos animales son la energía o
materia que se intercambia entre diferentes sistemas.
• Las interacciones son las relaciones, la energía o materia que se intercambia entre
los componentes del sistema.
• La jerarquía indica la posición del mismo con respecto a otros sistemas y las
relaciones entre ellos.
Un ejemplo de sistema agroforestal es el cultivo de café bajo sombra, con árboles podados
periódicamente. Los componentes son el café y los árboles, que se encuentran dentro del
límite del lindero de la asociación, las entradas incluyen agua, energía solar, fertilizantes y
mano de obra, las salidas incluyen las cosechas de café, la leña y madera resultantes de
la poda de los árboles y de los cafetos, las interacciones son el reciclaje de nutrientes, la
descomposición e incorporación de la hojarasca de los árboles al suelo.
Se reconoce como interacciones la manera en que los diferentes componentes de un
sistema agroforestal se relacionan entre sí. Las interacciones se han clasificado como
complementarias (sinérgicas), neutras o competitivas (antagónicas) (Tabla Nº 1).
La relación neutra como su nombre lo indica no genera ningún efecto entre los componentes
del sistema, existe una relación antagónica cuando un componente reduce el desarrollo
del otro, así mismo las interacciones pueden ser ecológicas o económicas.
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1.1 RECICLAJE
Es un ciclaje de los nutrientes, que pasan del suelo a la biomasa y que regresan luego al
suelo y permite el crecimiento de los diferentes componentes del sistema agroforestal en
forma eficiente evitando la competencia entre ellos.
En el caso de bosques que son quemados y se plantan cultivos que con una absorción
incorrecta, la pérdida de nutrientes trastorna gravemente este proceso debido a que se
extraen del sistema grandes cantidades de nutrientes y se altera su reciclaje.
Desde hace unos sesenta años se ha reconocido la existencia de ciclos de nutrientes casi
cerrados entre un bosque tropical húmedo maduro y el suelo en el que crece y se han hecho
estudios al respecto (Vitousek y Sanford, 1986). Las entradas de nutrientes provenientes
de la sedimentación atmosférica, la fijación biológica del nitrógeno y el desgaste de los
minerales primarios del suelo están en equilibrio con las pérdidas de nutrientes debido
a la lixiviación, desnitrificación, escorrentía y erosión. Las raíces de los árboles absorben
nitrógeno (N), fósforo (P), potasio (K), calcio (Ca), magnesio (Mg), azufre (S) y micronutrientes
que a su vez regresan al suelo mediante la descomposición de la hojarasca y de las raíces,
y también por las precipitaciones y el resbalamiento de la lluvia por el tronco (Figura Nº 1).
Figura Nº 1. Modelo simplificado del reciclaje de nutrientes en un ecosistema forestal. Las líneas punteadas
indican los procesos bilógicos que se realizan con la participación de otros organismos (Fuente: Nair, 1980)
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1.2 CARACTERÍSTICAS DEL SUELO PARA EL RECICLAJE
Los árboles pueden afectar el nivel de nutrientes del suelo al explotar las reservas de nutrientes
más profundas del suelo y recuperar los lixiviados y depositarlos sobre la superficie como
humus. Esta materia orgánica aumenta el contenido de humus del suelo, el cual a su vez
aumenta su capacidad de intercambio de cationes y disminuye las pérdidas de nutrientes.
La materia orgánica adicionada, modera además las reacciones extremas del suelo (pH) y
la consecuente disponibilidad de nutrientes esenciales y elementos tóxicos. Puesto que el
nitrógeno, fósforo y azufre se tienen fundamentalmente en forma orgánica, la abundancia
de materia orgánica es especialmente importante para aprovecharlos. La asociación de
árboles con bacterias fijadoras de nitrógeno y micorrizas también incrementará los niveles
de nutrientes disponibles. La actividad de microorganismos tiende a aumentar debajo
de los árboles, debido a que la materia orgánica es incrementada (un abastecimiento
de alimentos mejorado) y al ambiente de crecimiento (temperatura y humedad del suelo
(Figura Nº 2).
Figura Nº 2. Influencia de los árboles en el ambiente de crecimiento del maíz (Fuente: Farrel, 1984)
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2. ESTUDIOS DE RECICLAJE EN LA AMAZONIA PERUANA
Se han hecho estudios con el Proyecto VLIR-UNALM para determinar la contribución del
carbono en 3 niveles de descomposición de la hojarasca como altamente descompuesto,
medianamente descompuesto y baja descomposición para diferentes sistemas de uso
de la tierra (SUT) en Tarapoto (Departamento de San Martin) y Yurimaguas (Departamento
de Loreto). En las partes montañosas de Tarapoto se tiene cacao (Theobroma cacao) en
foresta, cacao con guaba (Inga edulis), cacao con centrosema (Centrosema macrocarpum),
foresta antigua, café (Coffea arabica var. Catuaí)) con guaba y café (Coffea arabica) con
guaba. Los otros SUT están localizados en las partes planas de Yurimaguas y son: el
sistema de mutiestratos con árboles de tornillo (Cedrelinga cateniformis) y centrosema en
dos suelos, uno con 4% de arcilla y otro con 15% de arcilla, castaña brasilera (Bertholletia
excelsa) con café (Coffea arabica), bosque secundario de 29 años, bosque primario,
pijuayo (Bactris gasipaes) para fruto con kudzu (Pueraria phaseoloides), pasto degradado
y pasto mejorado con centrosema y kudzu, palmito (Bactris gasipaes) y palma aceitera
(Elaeis guineensis). Los resultados mostraron que no hubo diferencias estadísticas entre la
biomasa de hojarasca entre las plantas y bajo el dosel con sistemas arbóreos (Figura Nº 3).
Sin embargo, se encontraron diferencias significativas para los sistemas sin árboles y entre
las estaciones secas y húmedas principalmente para hojarasca de baja descomposición
tanto en Tarapoto como en Yurimaguas (Figura Nº 4 y 5). Esto coincidió con las mayores
contribuciones de biomasa durante la estación húmeda debido a los factores climáticos, las
prácticas culturales y de manejo (podas, deshierbo, pastoreo) que realizan los agricultores.
Los sistemas forestales con alta biodiversidad y menor alteración humana presentaron los
mayores contenidos de carbono en la hojarasca seguidos por el sistema de cacao, café y
los sistemas agroforestales de multiestratos (Figura Nº 6). Finalmente se encontró que el
contenido de carbono disminuyó conforme el estado de descomposición aumenta.
Figura Nº 3. Biomasa seca y contenido de carbono en diferentes sistemas de uso de la tierra con
especies arbóreas en dos posiciones entre plantas y bajo el dosel en Yurimaguas (Fuente: Tagle, 2014;
Castañeda, 2014)
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Figura Nº 4. Contenido de carbono de diferentes tasas de descomposición y en dos estaciones para
diferentes sistemas de uso de la tierra en Tarapoto (Fuente: Tagle, 2014; Castañeda, 2014)
Figure Nº 5. Carbono en diferentes tasas de descomposición y en dos periodos (seco y húmedo) para
diferentes sistemas de uso de la tierra en Yurimaguas (Fuente: Tagle, 2014; Castañeda, 2014)
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Figura Nº 6. Contenido de carbono en diferentes tasas de descomposición para diferentes sistemas de uso
de la tierra en Tarapoto (izquierda) y Yurimaguas (derecha) (Fuente: Tagle, 2014; Castañeda, 2014)
El bosque secundario contribuyó con mayor contenido de hojarasca y presentó una mayor
relación C/N de 30.8 y los sistemas con coberturas estos fueron de 17.5 o sea se incorporan
más rápido al suelo.
En conclusión, sistemas agroforestales apropiados pueden mantener e inclusive reponer
la fertilidad del nitrógeno a través de los bacterias fijadoras biológicas de nitrógeno (FBN),
la captura de nutrientes en profundidad y varios mecanismos de ciclado. Sin embargo, la
agrosilvicultura por sí sola no puede reponer el fósforo, pero tal vez pueda hacerlo más
disponible mediante el reciclaje. En términos de producción a largo plazo, los sistemas
agroforestales deben incluir la adición de fósforo, y en muchos casos también de fertilizantes
nitrogenados, a fin de evitar el agotamiento de los nutrientes y asegurar el uso eficaz de
los recursos.
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y de la liberación de carbono como CO2 a través de la mineralización. Es conocido que la
precipitación incrementa la captura, en tanto que la temperatura incrementa la respiración,
resultando en una rápida descomposición en suelos tropicales (Tabla Nº 2)
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La reacción completa tiene un requerimiento energético teórico de 121.6 Kcal por mol de
N2 fijado. La eficiencia del proceso puede sin embargo, ser afectada por la provisión de
oxígeno, la presencia de otros sustratos de la nitrogenasa en el medio y por la pérdida de
energía para la producción de H2 inherente al proceso; por ello de 20 a 30 moléculas de
MgATP podrían ser requeridas (Burris y Roberts, 1993).
Los organismos diazótrofos (fijadores de nitrógeno) están distribuidos en grupos taxonómica
y metabólicamente diversos, los que incluyen bacterias aerobias, anaerobias facultativas
y obligadas, fotosintéticas y endofiticas. Una clasificación funcional de los diazótrofos los
divide en fijadores libres y simbióticos, en función de la participación de la planta hospedera
(si la hay) en el proceso de fijación.
Los organismos fijadores de vida libre realizan el proceso de fijación de nitrógeno en el
suelo, en la rizósfera de las plantas, en el rizoplano e incluso en el espacio intercelular de
raíces y tallos de las plantas. La energía para el proceso de fijaciones obtenida mediante
la oxidación de carbono orgánico del suelo o de exudados radiculares, pero las plantas no
realizan ninguna adaptación especial para este proceso.
Los principales géneros de diazótrofos de vida libre incluyen a Azotobacter, Azomonas,
Beijerinckia, Derxia, etc. (aerobios); Azospirillum (rizosférico), Herbaspirillum, Azoarcus y
Gluconacetobacter (endofiticos). La procedencia de los primeros aislamientos de estos, se
puede apreciar en la tabla Nº 4.
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familias. La capacidad fijadora de nitrógeno de algunos cultivos asociados a rizobios se
resume en la tabla Nº 5
La capacidad fijadora anual de nitrógeno en Frankia sp., varía entre 58 kg N ha-1 en simbosis
con Casuarina sp, hasta 300 kg N ha-1 en Alnus sp., lo que destaca la importancia del
simbionte en el ciclo del nitrógeno en zonas templadas.
Otro grupo de fijadores simbióticos incluye a las cianobacterias (Anabaena sp, Nostoc
sp). Organismos fotótrofos que realizan fijación de nitrógeno en simbiosis con helechos
acuáticos (Azolla spp). Una simbiosis importante en la incorporación de N en arrozales.
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(Cicer arietinum L) bajo condiciones de invernadero y campo (Rudresh et al., 2005),
especialmente cuando es acompañada con otros organismos, como fijadores de nitrógeno
u hongos promotores del crecimiento de la raíz (Tabla Nº 6).
Más recientemente, diversos géneros y especies de bacterias han sido identificadas como
capaces de disolver fosfatos de calcio insolubles, entre las que se encuentran Arthrobacter
ureafaciens, Arthrobacter sp, Rhodococcus erythropolis, Serratia marcescens, Delftia, sp y
Chryseobacterium sp., (Chen et al., 2006). La capacidad para la solubilización de fosfatos
en estas especies es inversamente proporcional al pH del medio y se encuentra relacionada
estrechamente con la producción de ácidos orgánicos, destacando los ácidos cítrico,
glucónico, láctico, succínico, propiónico, entre otros (Chen et al., 2006). Otro mecanismo
propuesto es la producción de protones a través de la respiración y la absorción del NH4+,
observada en Pseudomonas sp. (Illmer y Schinner, 1995) y que podría explicar porque este
último organismo también puede solubilizar AlPO4 altamente insoluble (Illmer et al., 1995).
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de la fitasa, presentes en plantas y microorganismos. La tasa de mineralización del fósforo
depende de la actividad microbiana y de las actividades de las enzimas fosfatasa y fitasa
libres, las que son controladas por la concentración de P en solución.
La contribución microbiana a la hidrólisis de diferentes fracciones orgánicas de P es mucho
mayor que la de las plantas. El hongo del suelo Chaetomium globosum ha mostrado
eficiencia en incrementar la biomasa, el rendimiento y la absorción de P en sorgo (Tarafdar
y Gharu, 2006), lo cual está relacionado con su alta actividad fosfatasa y fitasa, que le
permiten aprovechar la fracción orgánica poco soluble del suelo.
Otro grupo de microorganismos relacionados al reciclaje del fósforo son los hongos
micorríticos. El termino micorriza (del griego mykos = hongo, rhiza = raiz) fue planteado
por el patólogo forestal alemán A. B. Frank en 1885 (Zambolim y Siquiera, 1985; Sylvia,
1999), para referirse a las asociaciones simbióticas no antagónicas entre hongos del suelo
y raíces de plantas, en las que ambos miembros se benefician de la interacción (Zambolim
y Siquiera, 1985).
Las raíces de muchas especies de plantas son colonizadas con hongos micorriticos. Se
estima que el 95% de las plantas pertenecen a géneros que característicamente forman
micorrizas, por lo que la micotrofía (capacidad de una planta de ser infectada por micorrizas)
parece ser la regla y no la excepción en el mundo vegetal (Sylvia, 1999). Las especies de
hongos pertenecen a las clases zygomicetos, ascomicetos y basidiomicetos.
Las micorrizas pueden ser clasificadas en varios grupos de acuerdo a su capacidad de
formar esporas dentro de la planta y a las estructuras características que forman para el
intercambio de nutrientes con su hospedero, pero hay dos tipos principales de micorrizas
en los ecosistemas tropicales: ectomicorrizas y micorrizas arbusculares (Munyanziza
et al., 1997). Las primeras están frecuentemente asociadas a especies arbóreas tanto,
gimnospermas como angiospermas; en tanto que las segundas son más distribuidas en
especies herbáceas y arbustivas (Sylvia, 1999).
Los beneficios para la planta de la asociación micorrítica han sido ampliamente
documentados. El efecto más claro de este beneficio se presenta en la mejor absorción
de nutrientes por plantas micorrizadas. Las hifas de los hongos micorríticos proveen una
mayor superficie de absorción que los pelos radicales y de esta forma ayudan a la absorción
de iones relativamente inmóviles en el suelo como el fosfato, cobre y zinc (Munyanziza et
al., 1997). Otros beneficios incluyen la mayor tolerancia de las plantas al estrés hídrico
(Espeleta et al., 1999; Osonubi et al., 1991), una tolerancia incrementada a la salinidad del
suelo (Sannazzaro et al., 2006), incremento de la mineralización de la materia orgánica del
suelo y de la asimilación de nutrientes contenidos en esta; y una mayor estabilidad de los
agregados del suelo (Cavagnaro et al., 2006).
La efectividad de la asociación micorrítica se aprecia más claramente en la simbiosis
tripartita leguminosa-rizobios-micorrizas. Hay dos formas en las cuales las micorrizas
arbusculares pueden incrementar el rendimiento de las leguminosas. En primer lugar,
las micorrizas pueden promover el vigor de las plantas y por lo tanto la producción de
biomasa y absorción de N; en segundo lugar, las micorrizas pueden afectar la dependencia
simbiótica, es decir la dependencia proporcional de la leguminosa sobre el N atmosférico
(Chalk et al., 2006).
La mayoría de resultados de la co-inoculacion de leguminosas con rizobios y micorrizas
han sido favorables, resultando en incrementos de la producción de biomasa, actividad
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fotosintética, nodulación bacteriana y extracción de nutrientes de las plantas (Chalk et al.,
2006). Otros experimentos pueden ser indiferentes o resultar en disminución de rendimiento
y nodulación (Zambolim y Siquiera, 1985).
A pesar del número de trabajos demuestran las bondades de la simbiosis micorrítica, los
intentos para aplicar estos organismos en agricultura altamente tecnificada han tenido
poco éxito. Las micorrizas son muy sensibles a los factores externos y algunas prácticas
agrícolas pueden disminuir su población. La labranza intensiva puede romper la red de hifas
extendidas en el suelo; el monocultivo reduce la diversidad de las especies presentes; la
adición de fertilizantes de amonio, nitrato o fosfato y la aplicación de fungicidas sistémicos
reducen la viabilidad de las esporas y las células vivas de micorrizas (Munyanziza et al.,
1997). Las experiencias más exitosas en el empleo de micorrizas se encuentran en la
propagación de especies forestales en vivero y su adaptación a campo, y a los sistemas
agrícolas de bajos insumos.
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YURIMAGUAS TARAPOTO
Figura Nº 7. Cantidad de esporas presentes en los sistemas de uso de tierra evaluados en Yurimaguas y Tarapoto según estacionalidad
a la profundidad de 0 – 15 cm.
Los resultados mencionados por Estrada (2014) complementan el importante papel que
cumple la MICORRIZA en el ciclaje de nutrientes en el suelo, en la formación de estructura
en los suelos, en el incremento del área superficial de las raíces y mejora de la resistencia
de las plantas contra patógenos. Pero, es necesario expandir el conocimiento, ya que aún
existen aspectos por cubrir para estudiar la dinámica de estos organismos y su relación
con la sostenibilidad en los sistemas agroforestales.
Es evidente que los sistemas agroforestales no sólo necesitan que se mejore las capacidades
nutricionales en sus suelos, sino que los estudios favorezcan su conservación y remediación.
Actualmente uno de los principales problemas es la contaminación de suelos por metales
pesados, hidrocarburos, pesticidas y otros. Se sabe que las micorrizas arbusculares
promueven la fitorremediación de suelos contaminados ya que se ha comprobado que
inmovilizan los metales pesados en la raíz, reduciendo la translocación a la parte aérea
de la planta (Pawlowska et al., 2000), aumenta la tolerancia al aluminio, a la toxicidad por
metales pesados y contaminantes orgánicos (Ruiz y Rojas, 2011). Este panorama resalta
la importancia de un estudio que caracterice y evalúe el potencial fitorremediador; por lo
que en un futuro se propone la caracterización, cultivo, reproducción y posteriormente
inoculación en sistemas agroforestales contaminadas para su recuperación para mejorar
la calidad del suelo.
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Una característica resaltante del fósforo es su baja solubilidad. Además, lo encontramos
presente en minerales primarios y en suelos jóvenes, pero fijado al calcio (fosfato de calcio)
o magnesio, condición que reduce su solubilidad. Por otro lado, es claro que ante ambientes
con intensa meteorización se favorece a la lixiviación del calcio y del magnesio y a la aparición
del hierro o aluminio; estos últimos fijan muy fuertemente al fósforo (fosfatos de aluminio o
hierro), lo que disminuyen en mayor grado su solubilidad. La consecuencia directa de la
fijación es el agotamiento de las reservas del fósforo del suelo y por ende su deficiencia en
suelos degradados y del trópico (Tiessen, 2008; Grierson, 2004). Asimismo, la naturaleza
química del fósforo limita su presencia en el suelo; sin embargo, la deficiencia de fósforo no
es un obstáculo en la producción agrícola en muchas regiones del mundo y existe producción
en suelos con bajo contenido de fósforo nativo y/o con una alta capacidad de fijación o en
los suelos que se han agotado los recursos por el cultivo intensivo (Grierson et al., 2004).
La disponibilidad y nutrición de fósforo para las plantas es controlada por reacciones físicas,
químicas y procesos biológicos, por ello la interacción suelo/planta influye directamente sobre
la dinámica y distribución del fósforo en el suelo y origina una variación espacio-temporal
significativa que depende del sistema radicular, dado que la planta modifica su rizósfera
para producir un medio favorable a las formas disponibles del fósforo, interacciona con
microorganismos como las micorrizas y/o busca concentrar su biomasa radicular en las zonas
con mayor contenido de este elemento; ellos representan mecanismos importantes para la
explotación eficiente del fósforo (Shen et al., 2011; Richardson et. al, 2009; Tiessen, 2008).
El fósforo es un nutriente clave y está limitando en la Amazonía y en la mayoría de los
ecosistemas de bosques tropicales húmedos, donde la agricultura migratoria es la forma
más extendida de la intervención humana (Sánchez et al., 1991). No obstante, el hombre
es consciente de que la productividad de los ecosistemas naturales y los sistemas
agroforestales introducidos dependen del reciclaje de los nutrientes contenidos en los
residuos vegetales y materia orgánica del suelo, donde el equilibrio de la producción de
carbono refleja su sostenibilidad agronómica, por lo que el cambio en la calidad y cantidad
de la materia orgánica afecta a la actividad de la biomasa microbiana (Moreira y Malavolta,
2004) y muchas veces los cambios en el contenido y la dinámica de la materia orgánica del
suelo que se producen después de la tala de los bosques tropicales y el establecimiento
de cultivos o pastos están estrechamente relacionados con cambios en las propiedades
físicas del suelo (Koutika et al., 1997).
Se han realizado esfuerzos importantes para evaluar la magnitud de la deficiencia y del
comportamiento del fósforo en el suelo; pero aún, la información obtenida no evidencia un
ciclo general, por lo que se proponen modelos. Uno de ellos plantea el flujo del fósforo bajo
condiciones de agricultura migratoria, donde sugieren contemplar sus procesos durante el
período de cultivo (Figura Nº 8) y el período de barbecho (Figura Nº 9) (Sánchez et al., 1991)
y otros presentan un ciclo integral (Figura Nº 10) (Shen et al., 2011; Grierson et al., 2004).
Pero el común denominador en todos los modelos planteados es que consideran dos
formas de fósforo disponible: fósforo inorgánico y fósforo inorgánico más orgánico; fósforo
inorgánico liberado ante la reducción de la concentración de fósforo en solución y fósforo
inorgánico más orgánico que está disponible como resultado de la acción bioquímica
de plantas, micorrizas u otros microbios del suelo. Asimismo, enfatizan que el fósforo
disponible que abastece a la solución suelo para la absorción de las plantas procede de la
disolución, desorción y mineralización; pero en ecosistemas agrícolas, el fósforo se cicla
principalmente a través de los componentes orgánicos.
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Figura Nº 8. Ciclo del fósforo durante el periodo de cultivo: tumba y quema (Fuente: Sánchez et al., 1991)
Figura Nº 9. Ciclo del fósforo durante el periodo de barbecho (Fuente: Sánchez et al., 1991)
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Figura Nº 10. Fracciones de fósforo y flujos en el suelo (Fuente: Grierson et al., 2004)
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6. REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS
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