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1859 Jules Payot

El documento critica los sistemas educativos que se enfocan demasiado en el desarrollo intelectual y no lo suficiente en el desarrollo de la voluntad. Esto deja a los estudiantes sin la capacidad de guiarse a sí mismos cuando se enfrentan a la libertad absoluta una vez que dejan la escuela. La educación debe enseñar a los estudiantes a conquistar su propia voluntad a través del esfuerzo perseverante y los hábitos, para que puedan ser verdaderamente libres y dueños de sí mismos

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1859 Jules Payot

El documento critica los sistemas educativos que se enfocan demasiado en el desarrollo intelectual y no lo suficiente en el desarrollo de la voluntad. Esto deja a los estudiantes sin la capacidad de guiarse a sí mismos cuando se enfrentan a la libertad absoluta una vez que dejan la escuela. La educación debe enseñar a los estudiantes a conquistar su propia voluntad a través del esfuerzo perseverante y los hábitos, para que puedan ser verdaderamente libres y dueños de sí mismos

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JULES PAYOT (1859) Francia

Es el error capital de nuestros sistemas de educación, que sacrifican la cultura de la voluntad a la


cultura intelectual. Así se logran en los colegios, jóvenes prodigiosos que nada harían entregados
a sí mismos. Las pasiones invaden su alma ¡y desgraciado sí, como sucede en todas las
facultades de enseñanza en Europa y en América, se encuentra libre, con libertad absoluta, sin
apoyo, sin un director de conciencia, sin posibilidades de traspasar la densa atmósfera de
ilusiones que lo asfixia. El estudiante se encuentra como aturdido, incapaz de marchar, arrastrado
por las preocupaciones reinantes a su alrededor. En su aislamiento ni aun sabe trabajar, nunca se
le ha dado un método de trabajo adaptado a sus fuerzas y a la naturaleza de su entendimiento.
Los días son suyos, completamente suyos. El resultado final es que la mayoría de los alumnos
apenas trabajan y si lo hacen es solo por miedo al suspenso. Además no entienden lo que
estudian, porque en los exámenes lo único que se les pide es que repitan lo que han memorizado,
con lo que se ahoga cualquier iniciativa y el esfuerzo personal. La causa de casi todas nuestras
adversidades y desgracias es única, y consiste en la debilidad de nuestra voluntad, en la aversión
a todo esfuerzo del ánimo y principalmente al esfuerzo perseverante. “¡Sois libres!”, decían
nuestros maestros; pero nosotros sentíamos con desesperación la mentira de tal afirmación.
Ni se nos enseñó que la voluntad se conquista lentamente, ni se pensaba en estudiar cómo se
conquista, ni tampoco se nos adiestró para esta lucha, ni se nos alentó a ella. Pero ¡ay! ¿qué es la
libertad exterior para quien no es dueño de sí mismo? La libertad moral como la libertad política, y
como cuánto vale algo en el mundo, debe conquistarse en lucha abierta y defenderse sin tregua,
teniendo en cuenta que es la recompensa de los fuertes, de los hábiles y de los perseverantes.
Nadie es libre si no merece serlo. La libertad no es un derecho ni un hecho, sino una recompensa,
y por cierto la más alta y la más fecunda en satisfacciones… Contrarrestar las torpes y burdas
tendencias animales, las potencias brutales de la sensibilidad y triunfar en la lucha contra las
fatalidades de nuestra naturaleza animal. Nadie como nosotros se halla convencido de cuán raros
son los hombres dueños de sí mismos; la libertad es la recompensa a una acumulación de
esfuerzos prolongados que pocos tienen el valor de intentar. Por eso hay tantos hombres que
recorren la vida zarandeados por los acontecimientos externos, y son tan poco originales, tan
poco dueños de sí mismos como las hojas que se arremolinan arrastradas por el viento de otoño.
Puede decirse de ellos que se comportan como autómatas. Por otra parte, hay que tener en
cuenta que nos veremos arrastrados inexorablemente por nuestras pasiones, que caen fuera de
nuestro control puesto que tienen un origen fisiológico, a no ser que al menor síntoma evitemos
que se desencadenen. Para nosotros no existe libertad sino en el seno del determinismo.
Todos somos predestinados en el buen sentido de la palabra. ¿Qué es la educación, sino el hecho
de poner en juego sentimientos poderosos para crear hábitos de pensar y obrar, es decir, para
organizar en el entendimiento del niño sistemas combinados de ideas con ideas, ideas con
sentimientos e ideas en actos? Tales soldaduras son artificiales, pues no le resultan nada fácil al
hombre dominar su mente por medio de la atención. Nuestro poder para hacer atractivo por
asociación lo que antes no lo era se extiende muy lejos. Nuestra atención, de la cual disponemos,
sustituye a la potencia creadora de que carecemos. El objetivo ha de ser establecer una alianza
tan estrecha que no se sabe si la idea es absorbida por el sentimientos o éste por aquella.
Cuanto más tiempo sea capaz la atención de mantener activas en la conciencia tales ideas, y si
además tienen el poder de evocar los sentimientos a ellas asociados en caso de necesidad, más
se habrá avanzado en la formación moral. Nada se pierde en nuestra vida psicológica; la
naturaleza es un escrupuloso administrador. Nuestros actos más insignificantes, en apariencia,
repetidos poco a poco, forman al cabo de semanas, meses y años, un total enorme inscrito en la
memoria orgánica bajo forma de hábitos inextirpables. El tiempo, precioso auxiliar de nuestra
emancipación, trabaja con tranquila obstinación contra nosotros, si no le obligamos a trabajar en
nuestro provecho, y utiliza en nosotros la ley preponderante de la psicología, la ley del hábito, ya
en pro o ya en contra. Todo se fía a la formación intelectual y se olvida o malentiende la educación
de la voluntad, cuando debería hacerse justo lo contrario, pues la grande obra de nuestro propio
autodominio depende cuanto hemos de valer, y por tanto lo que hemos de ser y el papel que
hemos de representar. Las simples ideas, los buenos propósitos, no bastan para progresar
moralmente, a no ser que tengan el poder de suscitar sentimientos profundos y duraderos que
muevan a actuar. En la mayoría de las personas sucede, sin embargo, lo contrario: los afectos
acaban por someter a la inteligencia y anular la libertad.

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