Virtualidad y Deseo
Lic Maribel Olguin
Realizaremos en el presente texto un acercamiento a la concepción del deseo según Freud y Lacan.
Dentro de la teoría freudiana podemos definir al deseo como aquella moción que intenta restablecer la
primer vivencia de satisfacción. El cachorro humano nace desprovisto de las habilidades para poder
satisfacer sus necesidades siendo algún cuidador (madre, padre) quien proveerá al niño de dicha
satisfacción. Es en ese movimiento, dirá Freud, donde la imagen mnémica de una determinada
percepción permanece asociada a la huella mnémica de la excitación resultante de la necesidad tendrá
lugar vía la alucinación he aquí el deseo. ¿Qué quiere decir esto? Cuándo el bebé tiene hambre y alguien
acude a satisfacer su necesidad además de cubrir su necesidad orgánica se genera “un plus de
satisfacción” este plus tiene que ver con todo lo que se produce en ese intercambio, el contacto
corporal, las palabras, las caricias, etc. Excediendo por completo el campo de la necesidad. De este modo
queda inaugurado el campo del deseo aquel lugar de “plus de satisfacción” “aquella vivencia originaria”
irrepetible. Es así como al presentarse de nuevo alguna necesidad, se producirá, en virtud de la ligazón
establecida, una moción psíquica dirigida a recargar la imagen mnémica de dicha percepción e incluso a
evocar ésta, es decir, a restablecer la situación de la primera satisfacción: tal moción es la que nosotros
llamamos deseo; la reaparición de la percepción es el “cumplimiento de deseo”.
Freud diferencia necesidad y deseo: la necesidad, nacida de un estado de tensión interna, encuentra su
satisfacción (Befriedigung) por la acción específica que procura el objeto adecuado (por ejemplo:
alimento); el deseo se halla indisolublemente ligado a «huellas mnémicas» y encuentra su realización
(Erfüllung) en la reproducción alucinatoria de las percepciones que se han convertido en signos de esta
satisfacción.
Para introducir la concepción lacaniana del deseo diremos en principio que Lacan tomando lo expuesto
por Freud propone pensar el deseo como naciente de la separación entre necesidad y demanda; es
irreductible a la necesidad, puesto que en su origen no es relación con un objeto real, independiente del
sujeto, sino con la fantasía; es irreductible a la demanda, por cuanto intenta imponerse sin tener en
cuenta el lenguaje y el inconsciente del otro, y exige ser reconocido absolutamente por él.
Para trazar algunas líneas de análisis en relación a la virtualidad y el deseo nos parece importante
introducir un concepto tomado por Lacan que es el de Ágalma. Haremos un breve recorrido en relación a
dicho concepto para dar cuenta de la conformación dialéctica del deseo. En principio el autor toma, entre
otros, el banquete de Platón para explicar este concepto. Esta obra, sin dudas, una de las más
importantes de Platón no sólo se compone por diálogos sino también por la contraposición de discursos.
La narrativa de esta obra se caracteriza por ser bastante compleja ya que hay distintos niveles de
narración. En principio Apolodoro informa a un amigo de la conversación mantenida por Sócrates y otros
comensales en un banquete, recordando esta conversación a través de Aristodemo, quien sí la había
presenciado. Luego hay un nivel más donde Sócrates refiere al diálogo que había tenido con Diotima y
por encima de todos estos diálogos está el propio Platón informando al lector de estos diálogos. La obra
se da en el contexto de un banquete en donde los comensales hablarán del amor, siendo central el
discurso en forma de diálogo que dará Sócrates. Lacan tomará en el capítulo X del seminario 8 al
personaje de Alcibíades,quien cambia el diálogo en relación a las virtudes del amor para hablar de las
virtudes de Sócrates, para introducir el concepto de ágalma. Alcibiades apunta a dos cosas por un lado
está la apariencia de Sócrates que es contraria a lo bello pero por otra parte, el Siileno no es sola la
imagen que designa con este nombre, sino también un continente, un modo de presentar algo (p.163).
Es en este sentido que Lacan se apoya en este personaje para decir que el Ágalma es mucho más que un
ornamento o adorno, sino que es más bien un objeto precioso. De esta manera Lacan se sirve de
Alcibíades ya que es quien propone un discurso que nos arranca de la dialéctica de lo bello, que hasta
ahora había sido la vía, proponiendo la dialéctica de lo deseable.
En este sentido el ágalma siempre tiene este carácter de “brillo” que captura, pero no queda tan solo ahí
sino que como decíamos anteriormente es un “continente” adquiere una profundidad que va más allá
del plano de la captura imaginaria, de lo bello. Se pone en juego la relación del sujeto con lo simbólico. Lo
que hace que el objeto apasione es lo que hay oculto en él, el objeto de deseo, siempre parcial, el
ágalma. Lo interesante de este objeto presentado por Lacan, es que nos invita a pensar al deseo como
algo que va más allá de la lógica de lo bello y la captura imaginaria.