NICOLÁS GUILLÉN- SONGORO COSONGO
Sóngoro cosongo
(1931)
Nicolás Guillén
—111→
—112→ —113→
Prólogo
¿Prólogo? Sí. Prólogo...
Pero nada grave, porque estas primeras páginas deben ser frescas y verdes, como
ramas jóvenes.
Realmente, yo soy partidario de colocar los prólogos al final, como si fueran epílogos.
Y en todo caso, dejar los epílogos para los libros que no tengan prólogo.
Por otra parte, un prólogo ajeno tiene cierta intención provisional de cosa prestada.
Después de impreso el libro, el autor que le puso al comienzo unas líneas del amigo debe
vivir con el sobresalto de que éste se las pida:
-Dice Menéndez que cuando usted termine con el prólogo. se lo mande...
Y a lo mejor, es para emplearlo en otra obra. Para prestárselo a otro amigo.
Mi prólogo es mío.
Puedo decir, pues -aclarado lo anterior- que me decido a publicar una colección de
poemas en virtud de tenerlos ya escritos. En esto soy un poco más honrado que ciertos
autores cuando anuncian sus obras sin haber redactado una sola línea de ellas. Casi
siempre, dicho anuncio aparece en el primer libro, con un título lleno de goma: «Obras en
preparación». Y en seguida, una lista que comprende varios tomos de poesía, crítica,
teatro, novela... Todo un mundo de aspiraciones, pero con muy cortas alas para el vuelo.
—114→
No ignoro, desde luego, que estos versos les repugnan a muchas personas, porque
ellos tratan asuntos de los negros del pueblo. No me importa. O mejor dicho: me alegra.
Eso quiere decir que espíritus tan puntiagudos no están incluidos en mi temario lírico. Son
gentes buenas, además. Han arribado penosamente a la aristocracia desde la cocina, y
tiemblan en cuanto ven un caldero.
Diré finalmente que estos son unos versos mulatos. Participan acaso de los mismos
elementos que entran en la composición étnica de Cuba, donde todos somos un poco
níspero. ¿Duele? No lo creo. En todo caso, precisa decirlo antes de que lo vayamos a
olvidar. La inyección africana en esta tierra es tan profunda, y se cruzan y entrecruzan en
nuestra bien regada hidrografía social tantas corrientes capilares, que sería trabajo de
miniaturista desenredar el jeroglífico.
Opino por tanto que una poesía criolla entre nosotros no lo será de un modo cabal
con olvido del negro. El negro -a mi juicio- aporta esencias muy firmes a nuestro coctel. Y
las dos razas que en la Isla salen a flor de agua, distantes en lo que se ve, se tienden un
garfio submarino, como esos puentes hondos que unen en secreto dos continentes. Por lo
pronto, el espíritu de Cuba es mestizo. Y del espíritu hacia la piel nos vendrá el color
definitivo. Algún día se dirá: «color cubano».
Estos poemas quieren adelantar ese día.
N. G.
La Habana, 93.
—115→
Llegada
¡Aquí estamos!
La palabra nos viene húmeda de los bosques,
y un sol enérgico nos amanece entre las venas.
El puño es fuerte
y tiene el reino. 5
En el ojo profundo duermen palmeras exorbitantes.
El grito se nos sale como una gota de oro virgen.
Nuestro pie,
duro y ancho,
aplasta el polvo en los caminos abandonados 10
y estrechos para nuestras filas.
Sabemos dónde nacen las aguas,
y las amamos porque empujaron nuestras canoas bajo los cielos rojos.
Nuestro canto
es como un músculo bajo la piel del alma, 15
nuestro sencillo canto.
Traemos el humo en la mañana,
y el fuego sobre la noche,
el cuchillo, como un duro pedazo de luna,
apto para las pieles bárbaras: 20
traemos los caimanes en el fango,
y el arco que dispara nuestras ansias,
y el cinturón del trópico,
y el espíritu limpio.
—116→
Traemos; 25
nuestro rasgo al perfil definitivo de América.
¡Eh, compañeros, aquí estamos!
La ciudad nos espera con sus palacios, tenues
como panales de abejas silvestres;
sus calles están secas como los ríos cuando no llueve en la montaña. 30
y sus casas nos miran con los ojos pávidos
de las ventanas.
Los hombres antiguos nos darán leche y miel
y nos coronarán de hojas verdes.
¡Eh, compañeros, aquí estamos! 35
Bajo el sol
nuestra piel sudorosa reflejará los rostros húmedos de los vencidos,
y en la noche, mientras los astros ardan en la punta de nuestras llamas,
nuestra risa madrugará sobre los ríos y los pájaros.
La canción del bongó
Ésta es la canción del bongó:
-Aquí el que más fino sea,
responde, si llamo yo.
Unos dicen: Ahora mismo,
otros dicen: Allá voy. 5
—117→
Pero mi repique bronco,
pero mi profunda voz,
convoca al negro y al blanco,
que bailan el mismo son,
cueripardos y almiprietos 10
más de sangre que de sol,
pues quien por fuera no es noche,
por dentro ya oscureció.
Aquí el que más fino sea,
responde, si llamo yo. 15
En esta tierra, mulata
de africano y español,
(Santa Bárbara de un lado,
del otro lado, Changó),
siempre falta algún abuelo, 20
cuando no sobra algún Don
y hay títulos de Castilla
con parientes en Bondó:
vale más callarse, amigos,
y no menear la cuestión, 25
porque venimos de lejos,
y andamos de dos en dos.
Aquí el que más fino sea,
responde si llamo yo.
Habrá quien llegue a insultarme, 30
pero no de corazón;
habrá quien me escupa en público,
cuando a solas me besó...
—118→
A ése, le digo:
-Compadre.
ya me pedirás perdón, 35
ya comerás de mi ajiaco,
ya me darás, la razón,
ya me golpearás el cuero,
ya bailarás a mi voz,
ya pasearemos del brazo, 40
ya estarás donde yo estoy:
ya vendrás de abajo arriba,
¡que aquí el más alto soy yo!
Pequeña oda a un negro boxeador
cubano
Tus guantes
puestos en la punta de tu cuerpo de ardilla,
y el punch de tu sonrisa.
El Norte es fiero y rudo, boxeador.
Ese mismo Broadway, 5
que en actitud de vena se desangra
para chillar junto a los rings
en que tú saltas como un moderno mono elástico,
sin el resorte de las sogas.
ni los almohadones del clinch; 10
ese mismo Broadway
—119→
que unta de asombro su boca de melón
ante tus puños explosivos
y tus actuales zapatos de charol;
ese mismo Broadway, 15
es el que estira su hocico con una enorme lengua húmeda,
para lamer glotonamente
toda la sangre de nuestro cañaveral.
De seguro que tú
no vivirás al tanto de ciertas cosas nuestras, 20
ni de ciertas cosas de allá,
porque el training es duro y el músculo traidor,
y hay que estar hecho un toro,
como dices alegremente, para que el golpe duela más.
Tu inglés, 25
un poco más precario que tu endeble español,
sólo te ha de servir para entender sobre la lona
cuanto en su verde slang
mascan las mandíbulas de los que tú derrumbas
jab a jab. 30
En realidad acaso no necesitas otra cosa,
porque como seguramente pensarás,
ya tienes tu lugar.
Es bueno, al fin y al cabo,
hallar un punching bag, 35
eliminar la grasa bajo el sol,
saltar,
sudar,
nadar,
—120→
y de la suiza al shadow boxing, 40
de la ducha al comedor,
salir pulido, fino, fuerte,
como un bastón recién labrado
con agresividades de black jack.
Y ahora que Europa se desnuda 45
para tostar su carne al sol
y busca en Harlem y en La Habana
jazz y son,
lucirse negro mientras aplaude el bulevar,
y frente a la envidia de los blancos 50
hablar en negro de verdad.
Mujer nueva
Con el círculo ecuatorial
ceñido a la cintura como a un pequeño mundo,
la negra, mujer nueva,
avanza en su ligera bata de serpiente.
Coronada de palmas 5
como una diosa recién llegada,
ella trae la palabra inédita,
el anca fuerte,
la voz, el diente, la mañana y el salto.
—121→
Chorro de sangre joven 10
bajo un pedazo de piel fresca,
y el pie incansable
para la pista profunda del tambor.
Madrigal
De tus manos gotean
las uñas, en un manojo de diez uvas moradas.
Piel,
carne de tronco quemado,
que cuando naufraga en el espejo, ahúma 5
las algas tímidas del fondo.
Madrigal
Tu vientre sabe más que tu cabeza
y tanto como tus muslos.
Ésa
es la fuerte gracia negra
de tu cuerpo desnudo. 5
—122→
Signo de selva el tuyo.
con tus collares rojos,
tus brazaletes de oro curvo,
y ese caimán oscuro
nadando en el Zambeze de tus ojos. 10
Canto negro
¡Yambambó, yambambé!
Repica el congo solongo,
repica el negro bien negro;
congo solongo del Songo
baila yambó sobre un pie. 5
Mamatomba,
serembe cuserembá.
El negro canta y se ajuma.
el negro se ajuma y canta,
el negro canta y se va. 10
Acuememe serembó.
aé;
yambó,
aé.
Tamba, tamba, tamba, tamba. 15
tamba del negro que tumba;
—123→
tumba del negro, caramba,
caramba, que el negro tumba:
¡yamba, yambó, yambambé!
Rumba
La rumba
revuelve su música espesa
con un palo.
Jengibre y canela...
¡Malo! 5
Malo, porque ahora vendrá el negro chulo
con Fela.
Pimienta de la cadera,
grupa flexible y dorada:
rumbera buena, 10
rumbera mala.
En el agua de tu bata
todas mis ansias navegan:
rumbera buena,
rumbera mala. 15
Anhelo el de naufragar
en ese mar tibio y hondo:
¡fondo
del mar!
—124→
Trenza tu pie con la música 20
el nudo que más me aprieta:
resaca de tela blanca
sobre tu carne trigueña.
Locura del bajo vientre,
aliento de boca seca; 25
el ron, que se te ha espantado,
y el pañuelo como rienda.
Ya te cogeré domada,
ya te veré bien sujeta,
cuando como ahora huyes, 30
hacia mi ternura vengas,
rumbera
buena;
o hacia mi ternura vayas,
rumbera 35
mala.
No ha de ser larga la espera,
rumbera
buena;
ni será eterna la hacha, 40
rumbera
mala;
te dolerá la cadera,
rumbera
buena; 45
cadera dura y sudada,
rumbera
mala...
—125→
¡Último
trago! 50
Quítate, córrete, vámonos...
¡Vamos!
Chévere
Chévere del navajazo,
se vuelve él mismo navaja:
pica tajadas de luna,
mas la luna se le acaba;
pica tajadas de canto, 5
mas el canto se le acaba;
pica tajadas de sombra,
mas la sombra se le acaba,
y entonces pica que pica
carne de su negra mala. 10
Velorio de Papá Montero
Quemaste la madrugada
con fuego de tu guitarra:
zumo de caña en la jícara
de tu carne prieta y viva,
bajo luna muerta y blanca. 5
—126→
El son te salió redondo
y mulato, como un níspero.
Bebedor de trago largo,
garguero de hoja de lata.
en mar de ron barco suelto. 10
jinete de la cumbancha:
¿Qué vas a hacer con la noche,
si ya vio podrás tomártela,
ni qué vena te dará
la sangre que te hace falta, 15
si se te fue por el caño
negro de la puñalada?
¡Ahora sí que te rompieron,
Papá Montero!
En el solar te esperaban, 20
pero te trajeron muerto;
fue bronca de jaladera,
pero te trajeron muerto;
dicen que él era tu ecobio,
pero te trajeron muerto; 25
el hierro no apareció,
pero te trajeron muerto.
Ya se acabó Baldomero:
¡zumba, canalla y rumbero!
Sólo dos velas están 30
quemando un poco de sombra;
—127→
para tu pequeña muerte
con esas dos velas sobra.
Y aun te alumbran, más que velas,
la camisa colorada 35
que iluminó tus canciones,
la prieta sal de tus sones
y tu melena planchada.
¡Ahora sí que te rompieron,
Papá Montero! 40
Hoy amaneció la luna
en el patio de mi casa;
de filo cayó en la tierra
y allí se quedó clavada.
Los muchachos la cogieron 45
para lavarle la cara,
y yo la traje esta noche
y te la puse de almohada.
Organillo
El sol a plomo. Un hombre
va al pie del organillo.
Manigueta: «Epabílate, mi conga,
mi conga...»
—128→
Ni un quilo en los bolsillos, 5
y la conga
muerta en el organillo.
Quirino
¡Quirino
con su tres!
La bemba grande, la pasa dura,
sueltos los pies,
y una mulata que se derrite de sabrosura... 5
¡Quirino
con su tres!
Luna redonda que lo vigila cuando regresa
dando traspiés;
jipi en la chola, camisa fresa... 10
¡Quirino
con su tres!
Tibia accesoria para la cita;
la madre -negra Paula Valdés-
suda, envejece, busca la frita... 15
¡Quirino
con su tres!
—129→
Caña
El negro
junto al cañaveral.
El yanqui
sobre el cañaveral.
La tierra 5
bajo el cañaveral.
¡Sangre
que se nos va!
Secuestro de la mujer de Antonio
Te voy a beber de un trago,
como una copa de ron;
te voy a echar en la copa
de un son,
prieta, quemada en ti misma, 5
cintura de mi canción.
Záfate tu chal de espumas
para que torees la rumba;
y si Antonio se disgusta
—130→
que se corra por ahí: 10
¡la mujer de Antonio tiene
que bailar aquí!
Desamárrate, Gabriela.
Muerde
la cáscara verde, 15
pero no apagues la vela;
tranca
la pájara blanca,
y vengan de dos en dos,
que el bongó 20
se calentó...
De aquí no te irás, mulata,
ni al mercado ni a tu casa;
aquí molerán tus ancas
la zafra de tu sudor; 25
repique, pique, repique,
repique, repique, pique,
pique, repique.
¡po!
Semillas las de tus ojos 30
darán sus frutos espesos.
y si viene Antonio luego
que ni en jarana pregunte
cómo es que tú estás aquí...
Mulata, mora, morena. 35
que ni el más toro se mueva,
porque el que más toro sea
—131→
saldrá caminando así;
el mismo Antonio, si llega,
saldrá caminando así: 40
todo el que no esté conforme.
saldrá caminando así...
Repique, repique, pique,
repique, repique, po:
¡prieta, quemada en ti misma, 45
cintura de mi canción!
Pregón
¡Ah,
qué pedazo de sol,
carne de mango!
Melones de agua,
plátanos. 5
¡Canchar, canchar,
canchar,
¡Canchar, que la casera
salga otra vez!
Sangre de mamey sin venas, 10
y yo que sin sangre estoy;
mamey p'al que quiera sangre,
que me voy.
—132→
Trigueña de carne amarga,
ven a ver mi carretón; 15
carretón de palmas verdes,
carretón;
carretón de cuatro ruedas,
carretón;
carretón de sol y tierra, 20
¡carretón!
El son entero (1947)
Nicolás Guillén
—223→
Guitarra
A Francisco Guillén
Tendida en la madrugada
la firme guitarra espera:
voz de profunda madera
desesperada.
Su clamorosa cintura, 5
en la que el pueblo suspira,
preñada de son, estira
la carne dura.
Arde la guitarra sola,
mientras la luna se acaba; 10
arde libre de su esclava
bata de cola.
Dejó al borracho en su coche,
dejó el cabaret sombrío,
donde se muere de frío, 15
noche tras noche,
y alzó la cabeza fina,
universal y cubana,
sin opio, ni mariguana,
ni cocaína. 20
—224→
¡Venga la guitarra vieja,
nueva otra vez al castigo
con que la espera el amigo,
que no la deja!
Alta siempre, no caída, 25
traiga su risa y su llanto,
clave las uñas de amianto
sobre la vida.
Cógela tú, guitarrero,
límpiale de alcol la boca, 30
y en esa guitarra, toca
tu son entero.
El son del querer maduro,
tu son entero;
el del abierto futuro, 35
tu son entero;
el del pie por sobre el muro,
tu son entero...
Cógela tú, guitarrero,
límpiale de alcol la boca, 40
y en esa guitarra, toca
tu son entero.
—225→
Mi patria es dulce por fuera...
Mi patria es dulce por fuera,
y muy amarga por dentro;
mi patria es dulce por fuera,
con su verde primavera,
con su verde primavera, 5
y un sol de hiel en el centro.
¡Qué cielo de azul callado
mira impasible tu duelo!
¡Qué cielo de azul callado,
ay, Cuba, el que Dios te ha dado, 10
ay, Cuba, el que Dios te ha dado,
con ser tan azul tu cielo!
Un pájaro de madera
me trajo en su pico el canto;
un pájaro de madera. 15
¡Ay, Cuba, si te dijera,
yo, que te conozco tanto,
ay, Cuba, si te dijera,
que es de sangre tu palmera,
que es de sangre tu palmera, 20
y que tu mar es de llanto!
Bajo tu risa ligera,
yo, que te conozco tanto,
miro la sangre y el llanto,
bajo tu risa ligera. 25
—226→
Sangre y llanto
bajo tu risa ligera;
sangre y llanto
bajo tu risa ligera.
Sangre y llanto. 30
El hombre de tierra adentro
está en un hoyo metido,
muerto sin haber nacido,
el hombre de tierra adentro.
Y el hombre de la ciudad, 35
ay, Cuba, es un pordiosero:
anda hambriento y sin dinero,
pidiendo por caridad,
aunque se ponga sombrero
y baile en la sociedad. 40
(Lo digo en mi son entero,
porque es la pura verdad.)
Hoy yanqui, ayer española,
sí, señor,
la tierra que nos tocó, 45
siempre el pobre la encontró
si hoy yanqui, ayer española,
¡cómo no!
¡Qué sola la tierra sola,
la tierra que nos tocó! 50
La mano que no se afloja
hay que estrecharla en seguida;
la mano que no se afloja,
—227→
china, negra, blanca o roja,
china, negra, blanca o roja, 55
con nuestra mano tendida.
Un marino americano,
bien,
en el restaurant del puerto,
bien, 60
un marino americano
me quiso dar con la mano,
me quiso dar con la mano,
pero allí se quedó muerto,
bien, 65
pero allí se quedó muerto
bien,
pero allí se quedó muerto
el marino americano
que en el restaurant del puerto 70
me quiso dar con la mano,
¡bien!
Sudor y látigo
Látigo,
sudor y látigo.
El sol despertó temprano
y encontró al negro descalzo,
—228→
desnudo el cuerpo llagado 5
sobre el campo.
Látigo,
sudor y látigo.
El viento pasó gritando:
-¡Qué flor negra en cada mano! 10
La sangre le dijo: ¡vamos!
Él dijo a la sangre: ¡vamos!
Partió en su sangre, descalzo.
El cañaveral, temblando,
le abrió paso. 15
Después, el cielo callado,
y bajo el cielo, el esclavo
tinto en la sangre del amo.
Látigo,
sudor y látigo, 20
tinto en la sangre del amo;
látigo,
sudor y látigo,
tinto en la sangre del amo,
tinto en la sangre del amo. 25
—229→
Ébano real
Te vi al pasar, una tarde,
ébano, y te saludé:
duro entre todos los troncos,
duro entre todos los troncos,
tu corazón recordé. 5
Arará, cuévano,
arará sabalú.
-Ébano real, yo quiero un barco,
ébano real, de tu negra madera...
Ahora no puede ser, 10
espérate, amigo, espérate,
espérate a que me muera.
Arará, cuévano,
arará sabalú.
-Ébano real, yo quiero un cofre, 15
ébano real, de tu negra madera...
Ahora no puede ser,
espérate, amigo, espérate,
espérate a que me muera.
Arará, cuévano, 20
arará sabalú.
—230→
-Ébano real, yo quiero un techo,
ébano real, de tu negra madera...
Ahora no puede ser,
espérate, amigo, espérate, 25
espérate a que me muera.
Arará, cuévano,
arará sabalú.
-Quiero una mesa cuadrada
y el asta de mi bandera; 30
quiero mi pesado lecho,
quiero mi lecho pesado,
ébano, de tu madera,
ay, de tu negra madera...
Ahora no puede ser, 35
espérate, amigo, espérate,
espérate a que me muera.
Arará, cuévano,
arará sabalú.
Te vi al pasar, una tarde, 40
ébano, y te salude:
duro entre todos los troncos,
duro entre todos los troncos,
tu corazón recordé.
—231→
Son número 6
Yoruba soy, lloro en yoruba
lucumí.
Como soy un yoruba de Cuba,
quiero que hasta Cuba suba mi llanto yoruba,
que suba el alegre llanto yoruba 5
que sale de mí.
Yoruba soy,
cantando voy,
llorando estoy,
y cuando no soy yoruba, 10
soy congo, mandinga, carabalí.
Atiendan, amigos, mi son, que empieza así:
Adivinanza
de la esperanza:
lo mío es tuyo, 15
lo tuyo es mío;
toda la sangre
formando un río.
La ceiba ceiba con su penacho;
el padre padre con su muchacho; 20
la jicotea en su carapacho.
¡Que rompa el son caliente,
y que lo baile la gente,
pecho con pecho,
—232→
vaso con vaso 25
y agua con agua con aguardiente!
Yoruba soy, soy lucumí,
mandinga, congo, carabalí.
Atiendan, amigos, mi son, que sigue así:
Estamos juntos desde muy lejos, 30
jóvenes, viejos,
negros y blancos, todo mezclado;
uno mandando y otro mandado,
todo mezclado;
San Berenito y otro mandado 35
todo mezclado;
negros y blancos desde muy lejos,
todo mezclado;
Santa María y uno mandado,
todo mezclado; 40
todo mezclado, Santa María,
San Berenito, todo mezclado,
todo mezclado, San Berenito,
San Berenito, Santa María,
Santa María, San Berenito, 45
¡todo mezclado!
Yoruba soy, soy lucumí,
mandinga, congo, carabalí.
Atiendan, amigos, mi son, que acaba así:
Salga el mulato, 50
suelte el zapato,
díganle al blanco que no se va...
—233→
De aquí no hay nadie que se separe;
mire y no pare,
oiga y no pare, 55
beba y no pare,
coma y no pare,
viva y no pare,
¡que el son de todos no va a parar!
Turiguanó
Isla de Turiguanó,
te quiero comprar entera
y sepultarte en mi voz.
¡Oh luz de estrella marina,
isla de Turiguanó! 5
-¡Sí, señor,
cómo no!
Isla de Turiguanó,
sin piratas quiero verte,
largo a largo bajo el sol, 10
suelta en tu coral redondo,
isla de Turiguanó.
-¡Sí, señor,
cómo no!
—234→
Hojas de plátano lento, 15
isla de Turiguanó,
despiertas cuando tú duermas
quiero en tu fiel abanico,
isla de Turiguanó.
-¡Sí, señor, 20
como no!
¡Vámonos al mar Caribe,
isla de Turiguanó,
en un velero velero,
sobre las aguas en vela, 25
isla de Turiguanó!
-¡Sí, señor,
cómo no!
¡Ay, Turiguanó soñando,
clavada frente a Morón: 30
cielo roto, viento blando,
ay, Turiguanó llorando,
ay, Turiguanó!
Cuando yo vine a este mundo
Cuando yo vine a este mundo,
nadie me estaba esperando;
así mi dolor profundo
—235→
se me alivia caminando,
pues cuando vine a este mundo, 5
te digo,
nadie me estaba esperando.
Miro a los hombres nacer,
miro a los hombres pasar;
hay que andar, 10
hay que mirar para ver,
hay que andar.
Otros lloran, yo me río,
porque la risa es salud:
lanza de mi poderío, 15
coraza de mi virtud.
Otros lloran, yo me río,
porque la risa es salud.
Camino sobre mis pies,
sin muletas ni bastón, 20
y mi voz entera es
la voz entera del son.
Camino sobre mis pies,
sin muletas ni bastón.
Con el alma en carne viva, 25
abajo, sueño y trabajo,
ya estará el de abajo arriba
cuando el de arriba esté abajo.
Con el alma en carne viva,
abajo, sueño y trabajo. 30
—236→
Hay gentes que no me quieren,
porque muy humilde soy;
ya verán como se mueren
y que hasta a su entierro voy,
con eso y que no me quieren 35
porque muy humilde soy.
Miro a los hombres nacer,
miro a los hombres pasar;
hay que andar,
hay que vivir para ver, 40
hay que andar.
Cuando yo vine a este mundo,
te digo,
nadie me estaba esperando;
así mi dolor profundo, 45
te digo,
se me alivia caminando,
te digo,
pues cuando vine a este mundo,
te digo, 50
¡nadie me estaba esperando!
—237→
Una canción en el Magdalena
(Colombia)
Sobre el duro Magdalena,
largo proyecto de mar,
islas de pluma y arena
graznan a la luz solar.
Y el boga, boga. 5
El boga, boga
preso en su aguda piragua,
y el remo, rema; interroga
al agua.
Y el boga, boga. 10
Verde negro, y verde verde,
la selva elástica y densa,
ondula, sueña, se pierde,
camina y piensa.
Y el boga, boga. 15
¡Puertos
de oscuros brazos abiertos!
Niños de vientre abultado
y ojos despiertos.
Hambre. Petróleo. Ganado... 20
Y el boga, boga.
—238→
Va la gaviota esquemática,
con ala breve y sintética,
volando apática...
Blanca, la garza esquelética. 25
Y el boga, boga.
Sol de aceite. Un mico duda
si saluda o no saluda
desde su palo, en la alta
mata donde chilla y salta 30
y suda...
Y el boga, boga.
¡Ay, qué lejos Barranquilla!
Vela el caimán a la orilla
del agua, la boca abierta. 35
Desde el pez, la escama brilla.
Pasa una vaca amarilla
muerta.
Y el boga, boga.
El boga, boga, 40
sentado,
boga.
El boga, boga,
callado,
boga. 45
El boga, boga,
cansado,
boga...
—239→
El boga, boga,
preso en su aguda piragua, 50
y el remo, rema: interroga
al agua.
Elegía
Por el camino de la mar
vino el pirata,
mensajero del Espíritu Malo,
con su cara de un solo mirar
y con su monótona pata 5
de palo.
Por el camino de la mar.
Hay que aprender a recordar
lo que las nubes no pueden olvidar.
Por el camino de la mar, 10
con el jazmín y con el toro,
y con la harina y con el hierro,
el negro, para fabricar
el oro;
para llorar en su destierro 15
por el camino de la mar.
¿Cómo vais a olvidar
lo que las nubes aún pueden recordar?
—240→
Por el camino de la mar,
el pergamino de la ley, 20
la vara para malmedir,
y el látigo de castigar,
y la sífilis del virrey,
y la muerte, para dormir
sin despertar, 25
por el camino de la mar.
¡Duro recuerdo recordar
lo que las nubes no pueden olvidar
por el camino de la mar!
Son venezolano
Con mi tres o con su cuatro,
cante, Juan Bimba,
yo lo acompaño.
-Canto en Cuba y Venezuela,
y una canción se me sale: 5
¡qué petróleo tan amargo,
caramba,
ay, qué amargo este petróleo,
caramba,
que a azúcar cubano sabe! 10
—241→
¡Cante, Juan Bimba,
yo lo acompaño!
La misma mano extranjera
que está sobre mi bandera,
la estoy mirando en La Habana: 15
¡pobre bandera cubana,
cubana o venezolana,
con esa mano extranjera,
inglesa o americana
mandándonos desde fuera! 20
¡Cante, Juan Bimba,
yo lo acompaño!
-Zamora, véngase acá,
tráigase sus huesos juntos,
y dejando a los difuntos 25
camine y despierte ya.
Aquí este bojote está
muy parecido al sesenta:
el que puede, se calienta,
el que no, se pone a enfriar, 30
y a la hora de contar
todos enredan la cuenta.
¡Cante, Juan Bimba,
yo lo acompaño!
-Ando a pie, bebo parado, 35
me buscan cuando hago falta,
—242→
y mi cobija es tan alta
que duermo sobre ella echado.
Éste es mi canto cerrado,
que en vez de cantar recito; 40
ahora lo digo pasito,
porque es cosa suya y mía,
pero así que llegue el día,
en vez de cantar, ¡lo grito!
¡Grite, Juan Bimba, 45
yo lo acompaño!
Barlovento
(Venezuela)
1
Cuelga colgada,
cuelga en el viento,
la gorda luna
de Barlovento.
Mar: Higuerote. 5
(La selva untada
de chapapote.)
—243→
Río: Río Chico.
(Sobre una palma,
verde abanico, 10
duerme un zamuro
de negro pico.)
Blanca y cansada,
la gorda luna
cuelga colgada. 15
El mismo canto
y el mismo cuento,
bajo la luna
de Barlovento.
Negro con hambre, 20
piernas de soga,
brazos de alambre.
Negro en camisa,
tuberculosis
color ceniza. 25
Negro en su casa,
cama en el suelo,
fogón sin brasa.
—244→
¡Qué cosa cosa,
más triste triste, 30
más lastimosa!
(Blanca y cansada,
la gorda luna
cuelga colgada.)
Suena, guitarra 35
de Barlovento,
que lo que digas
lo lleva el viento.
-Dorón dorando.
un negro canta, 40
y está llorando.
-Dorón dorendo,
amigos, sepan
que no me vendo.
-Dorón dorindo, 45
si me levanto,
ya no me rindo.
-Dorón dorondo.
de un negro hambriento
yo no respondo. 50
—245→
(Blanca y cansada,
la gorda luna
cuelga colgada.)
Glosa
No sé si me olvidarás.
ni si es amor este miedo:
yo sólo sé que te vas,
yo sólo sé que me quedo.
ANDRÉS ELOY
BLANCO
Como la espuma sutil 5
en que el mar muere deshecho,
cuando roto el verde pecho
se desangra en el cantil,
no servido, sí servil,
sirvo a tu orgullo no más, 10
y aunque la muerte me das,
ya me ganes o me pierdas,
sin saber si me recuerdas
no sé si me olvidarás.
—246→
Flor que sólo una mañana 15
duraste en mi huerto amado,
del sol herido y quemado
tu cuello de porcelana:
quiso en vano mi ansia vana
taparte el sol con un dedo; 20
hoy así a la angustia cedo
y al miedo, la frente mustia...
No sé si es odio esta angustia,
ni si es amor este miedo.
¡Qué largo camino anduve 25
para llegar hasta ti,
y qué remota te vi
cuando junto a mí te tuve!
Estrella, celaje, nube,
ave de pluma fugaz, 30
ahora que estoy donde estás,
te deshaces, sombra helada:
ya no quiero saber nada;
yo sólo sé que te vas.
—247→
¡Adiós! En la noche inmensa 35
y en alas del viento blando,
veré tu barca bogando,
la vela impoluta y tensa.
Herida el alma y suspensa
te seguiré, si es que puedo; 40
y aunque iluso me concedo
la esperanza de alcanzarte,
ante esa vela que parte,
yo sólo sé que me quedo.
Palma sola
La palma que está en el patio
nació sola;
creció sin que yo la viera,
creció sola;
bajo la luna y el sol, 5
vive sola.
Con su largo cuerpo fijo,
palma sola;
sola en el patio sellado,
siempre sola, 10
guardián del atardecer,
sueña sola.
—248→
La palma sola soñando,
palma sola,
que va libre por el viento, 15
libre y sola,
suelta de raíz y tierra,
suelta y sola;
cazadora de las nubes,
palma sola, 20
palma sola,
palma.
Agua del recuerdo
¿Cuándo fue?
No lo sé.
Agua del recuerdo
voy a navegar.
Pasó una mulata de oro, 5
y yo la miré al pasar:
moño de seda en la nuca,
bata de cristal,
niña de espalda reciente,
tacón de reciente andar. 10
Caña
(febril le dije en mí mismo),
caña
—249→
temblando sobre el abismo,
¿quién te empujará? 15
¿Qué cortador con su mocha
te cortará?
¿Qué ingenio con su trapiche
te molerá?
El tiempo corrió después, 20
corrió el tiempo sin cesar,
yo para allá, para aquí,
yo para aquí, para allá,
para allá, para aquí,
para aquí, para allá... 25
Nada sé, nada se sabe,
ni nada sabré jamás,
nada han dicho los periódicos,
nada pude averiguar,
de aquella mulata de oro 30
que una vez miré al pasar,
moño de seda en la nuca,
bata de cristal,
niña de espalda reciente,
tacón de reciente andar. 35
—250→
Un son para niños antillanos
Por el Mar de las Antillas
anda un barco de papel:
anda y anda el barco barco,
sin timonel.
De La Habana a Portobelo, 5
de Jamaica a Trinidad,
anda y anda el barco barco,
sin capitán.
Una negra va en la popa,
va en la proa un español: 10
anda y anda el barco barco,
con ellos dos.
Pasan islas, islas, islas,
muchas islas, siempre más;
anda y anda el barco barco, 15
sin descansar.
Un cañón de chocolate
contra el barco disparó,
y un cañón de azúcar, zúcar,
le contestó. 20
¡Ay, mi barco marinero,
con su casco de papel!
¡Ay, mi barco negro y blanco
sin timonel!
—251→
Allá va la negra negra, 25
junto junto al español;
anda y anda el barco barco
con ellos dos.
La vida empieza a correr...
La vida empieza a correr
de un manantial, como un río;
a veces, el cauce sube,
a veces, el cauce sube,
y otras se queda vacío. 5
Del manantial que brotó
para darte vida a ti,
ay, ni una gota quedó
para mí:
la tierra se lo bebió. 10
Aunque tú digas que no,
el mundo sabe que sí,
que ni una gota quedó
del manantial que brotó
para darte vida a ti. 15
—252→
Pero que te pueda ver...
Si es que me quieres matar,
no esperes a que me duerma,
pues no podré despertar.
Muerto,
ay, muerto y también dormido, 5
no es ni morir ni soñar,
no es ni recuerdo ni olvido.
Muerto,
ay, muerto y también dormido.
Mátame al amanecer, 10
o de noche, si tú quieres;
pero que te pueda ver
la mano;
pero que te pueda ver
las uñas; 15
pero que te pueda ver
los ojos,
pero que te pueda ver.
El negro mar
La noche morada sueña
sobre el mar;
la voz de los pescadores
—253→
mojada en el mar;
sale la luna chorreando 5
del mar.
El negro mar.
Por entre la noche un son
desemboca en la bahía;
por entre la noche un son. 10
Los barcos lo ven pasar,
por entre la noche un son,
encendiendo el agua fría.
Por entre la noche un son,
por entre la noche un son, 15
por entre la noche un son...
El negro mar.
-Ay, mi mulata de oro fino,
ay, mi mulata
de oro y plata, 20
con su amapola y su azahar,
al pie del mar hambriento y masculino,
al pie del mar.
—254→
Ácana
Allá dentro, en el monte,
donde la luz acaba,
allá en el monte adentro,
ácana.
Ay, ácana con ácana, 5
con ácana;
ay, ácana con ácana.
El horcón de mi casa.
Allá dentro, en el monte,
ácana, 10
bastón de mis caminos,
allá en el monte adentro...
Ay, ácana con ácana
con ácana;
ay, ácana con ácana. 15
Allá dentro, en el monte,
donde la luz acaba,
tabla de mi sarcófago,
allá en el monte adentro...
Ay, ácana con ácana, 20
con ácana;
ay, ácana con ácana...
Con ácana.
—255→
Apunte
La Habana, con sus caderas
sonoras,
y sus moradas ojeras
a todas horas.
Danza de pasos medidos 5
danza la Muerte,
y le cuidan el mar fuerte
seis marineros dormidos.
Iba yo por un camino
Iba yo por un camino,
cuando con la Muerte di.
-¡Amigo! -gritó la Muerte-
pero no le respondí,
pero no le respondí; 5
miré no más a la Muerte,
pero no le respondí.
Llevaba yo un lirio blanco,
cuando con la Muerte di.
Me pidió el lirio la Muerte, 10
pero no le respondí,
pero no le respondí;
—256→
mire no más a la Muerte,
pero no le respondí.
Ay, Muerte, 15
si otra vez volviera a verte,
iba a platicar contigo
como un amigo:
mi lirio, sobre tu pecho,
como un amigo: 20
mi beso, sobre tu mano,
como un amigo;
yo, detenido y sonriente,
como un amigo.
¡Ay, señora, mi vecina!...
¡Ay, señora, mi vecina,
se me murió la gallina!
Con su cresta colorada
y el traje amarillo entero,
ya no la veré ataviada, 5
paseando en el gallinero,
pues señora, mi vecina,
se me murió la gallina,
domingo de madrugada;
sí, señora, mi vecina, 10
domingo de madrugada;
—257→
ay, señora, mi vecina,
domingo de madrugada.
¡Míreme usted cómo sudo,
con el corral enlutado, 15
y el gallo viudo!
¡Míreme usted como lloro,
con el pecho destrozado
y el gallo a coro!
¡Ay, señora, mi vecina, 20
cómo no voy a llorar,
si se murió mi gallina!
La tarde pidiendo amor
La tarde pidiendo amor.
Aire frío, cielo gris.
Muerto sol.
La tarde pidiendo amor.
Pienso en sus ojos cerrados, 5
la tarde pidiendo amor,
y en sus rodillas sin sangre,
la tarde pidiendo amor,
y en sus manos de uñas verdes,
y en su frente sin color, 10
—258→
y en su garganta sellada...
La tarde pidiendo amor,
la tarde pidiendo amor,
la tarde pidiendo amor.
No. 15
No, que me sigue los pasos,
no;
que me habló, que me saluda,
no;
que miro pasar su entierro, 20
no;
que me sonríe, tendida,
tendida, suave y tendida,
sobre la tierra, tendida,
muerta de una vez, tendida... 25
No.
Rosa tú, melancólica...
El alma vuela y vuela
buscándote a lo lejos,
Rosa tú, melancólica
rosa de mi recuerdo. 30
Cuando la madrugada
va el campo humedeciendo,
—259→
y el día es como un niño
que despierta en el cielo,
Rosa tú, melancólica, 35
ojos de sombra llenos,
desde mi estrecha sábana
toco tu firme cuerpo.
Cuando ya el alto sol
ardió con su alto fuego, 40
cuando la tarde cae
del ocaso deshecho,
yo en mi lejana mesa
tu oscuro pan contemplo.
Y en la noche cargada 45
de ardoroso silencio,
Rosa tú, melancólica
rosa de mi recuerdo,
dorada, viva y húmeda,
bajando vas del techo, 50
tomas mi mano fría
y te me quedas viendo.
Cierro entonces los ojos,
pero siempre te veo
clavada allí, clavando 55
tu mirada en mi pecho,
larga mirada fija,
como un puñal de sueño.
—260→
Una canción a Stalin
Stalin, Capitán,
a quien Changó proteja y a quien resguarde Ochún...
A tu lado, cantando, los hombres libres van:
el chino, que respira con pulmón de volcán,
el negro, de ojos blancos y barbas de betún, 5
el blanco, de ojos verdes y barbas de azafrán.
Stalin, Capitán.
Tiembla Europa en su mapa de piedra y de carbón.
Mil siglos se desploman rodando sin contén.
Cañón 10
del Austro al Septentrión.
Cabezas y cabezas cortadas a cercén.
El mar arde lo mismo que un charco de alquitrán.
Bocas que ayer cantaban a la Verdad y el Bien
hoy bajo cuatro metros de amargo sueño están... 15
Stalin, Capitán.
Pero el futuro afinca, levanta su ilusión
allá en tu roja tierra donde es feliz el pan,
y altos pechos armados de una misma canción
las plumas de los buitres detienen, detendrán, 20
allá en tu helado cielo de llama y explosión.
Stalin, Capitán.
El jarro de magnolias, el floreal corazón
de Buda, despereza su extático ademán;
gravita un continente sobre el Mar del Japón: 25
—261→
rudo bloque de sangre de Siberia a Ceylán
y de Esmirna a Cantón...
Stalin, Capitán.
Tambores africanos con resonante son
sobre selva y desierto su vivo alerta dan, 30
más fiero que el metal con que ruge el león;
y alzando hasta el Pichincha la tormentosa sien
América convoca su puma y su caimán,
pero además engrasa su motor y su tren.
Odio por donde quiera verá el ciego alemán: 35
la paloma, el avión,
el pico del tucán,
el zoológico río de vasta indignación,
las flechas venenosas que en pleno blanco dan,
y aun el viento, impulsando sus ruedas de ciclón... 40
Stalin, Capitán,
a quien Changó proteja y a quien resguarde Ochún...
A tu lado, cantando, los hombres libres van:
el chino, que respira con pulmón de volcán,
el negro, de ojos blancos y barbas de betún, 45
el blanco, de ojos verdes y barbas de azafrán...
¡Stalin, Capitán,
los pueblos que despierten, junto a ti marcharán!
—262→
Poema con niños
A Vicente Martínez
La escena, en un salón familiar. La madre, blanca, y su hijo. Un niño negro,
uno chino, uno judío, que están de visita. Todos de doce años más o menos. La
madre, sentada, hace labor, mientras a su lado, ellos juegan con unos soldaditos
de plomo.
I
LA MADRE.- (Dirigiéndose al grupo.) ¿No ven? Aquí están
mejor que allá, en la calle... No sé cómo hay madres despreocupadas, que
dejan a sus hijos solos todo el día por esos mundos de Dios. (Se dirige al
niño negro.) Y tú, ¿cómo te llamas?
EL NEGRO.- ¿Yo? Manuel. (Señalando al chino.) Y este se llama
Luis. (Señalando al judío.) Y este se llama Jacobo...
LA MADRE.- Oye, ¿sabes que estás enterado, eh? ¿Vives cerca de
aquí?
EL NEGRO.- ¿Yo? No, señora. (Señalando al chino.) Ni este
tampoco. (Señalando al judío.) Ni este...
EL JUDÍO.- Yo vivo por allá por la calle de Acosta, cerca de la
Terminal. Mi papá es zapatero. Yo quiero ser médico. —263→ Tengo
una hermanita que toca el piano, pero como en casa no hay piano, siempre
va a casa de una amiga suya, que tiene un piano de cola... El otro día le
dio un dolor...
LA MADRE.- ¿Al piano de cola o a tu hermanita?
EL JUDÍO.- (Ríe.) No; a la amiga de mi hermanita. Yo fui a buscar
al doctor...
LA MADRE.- ¡Anjá! Pero ya se curó, ¿verdad?
EL JUDÍO.- Sí; se curó en seguida; no era un dolor muy fuerte...
LA MADRE.- ¡Qué bueno! (Dirigiéndose al niño chino.) ¿Y tú?
A ver, cu éntame. ¿Cómo te llamas tú?
EL CHINO.- Luis...
LA MADRE.- ¿Luis? Verdad, hombre, si hace un momento lo había
chismeado el pícaro de Manuel... ¿Y qué, tú eres chino de China, Luis?
¿Tú sabes hablar en chino?
EL CHINO.- No, señora; mi padre es chino, pero yo no soy chino.
Yo soy cubano, y mi mamá también.
EL HIJO.- ¡Mamá! ¡Mamá! (Señalando al chino.) El padre de este
tenía una fonda, y la vendió...
LA MADRE.- ¿Sí? ¿Y cómo lo sabes tú, Rafaelito?
EL HIJO.- (Señalando al chino.) Porque este me lo dijo. ¿No es
verdad, Luis?
EL CHINO.- Verdad, yo se lo dije, porque mamá me lo contó.
—264→
LA MADRE.- Bueno, a jugar, pero sin pleitos, ¿eh? No quiero
disputas. Tú, Rafael, no te cojas los soldados para ti sólo, y dales a ellos
también...
EL HIJO.- Sí, mama, si ya se los repartí. Tocamos a seis cada uno.
Ahora vamos a hacer una parada, porque los soldados se marchan a la
guerra...
LA MADRE.- Bueno, en paz, y no me llames, porque estoy por allá
dentro... (Vase.)
II
Los niños, solos, hablan mientras juegan con sus soldaditos.
EL HIJO.- Estos soldados me los regaló un capitán que vive ahí
enfrente. Me los dio el día de mi santo.
EL NEGRO.- Yo nunca he tenido soldaditos como los tuyos. Oye:
¿no te fijas en que todos son iguales?
EL JUDÍO.- ¡Claro! Porque son de plomo. Pero los soldados de
verdad...
EL HIJO.- ¿Qué?
EL JUDÍO.- ¡Pues que son distintos! Unos son altos y otros más
pequeños. ¿Tú no ves que son hombres?
EL NEGRO.- Sí, señor; los hombres son distintos. Unos son grandes,
como este dice, y otros son más chiquitos. Unos negros y otros blancos, y
otros amarillos (señalando al chino) como este... Mi maestra dijo en la
clase el otro —265→ día que los negros son menos que los blancos...
¡A mí me dio una pena!..
EL JUDÍO.- Sí... También un alemán que tiene una botica en la calle
de Compostela me dijo que yo era un perro, y que a todos los de mi raza
los debían matar. Yo no lo conozco ni nunca le hice nada. Y ni mi mamá
ni mi papá tampoco... ¡Tenía más mal carácter!...
EL CHINO.- A mí me dijo también la maestra, que la raza amarilla
era menos que la blanca... La blanca es la mejor...
EL HIJO.- Sí, yo lo leí en un libro que tengo: un libro de geografía.
Pero dice mi mamá que eso es mentira; que todos los hombres y todos los
niños son iguales. Yo no sé cómo va a ser, porque fíjate que ¿no ves?, yo
tengo la carne de un color, y tú (se dirige al chino) de otro, y tú (se
dirige al negro) de otro, y tú (se dirige al judío) y tú... ¡Pues mira qué
cosa! ¡Tú no, tú eres blanco igual que yo!
EL JUDÍO.- Es verdad; pero dicen que como tengo la nariz, así un
poco... no sé... un poco larga, pues que soy menos que otras gentes que la
tienen más corta. ¡Un lío! Yo me fijo en los hombres y en otros
muchachos por ahí, que también tienen la nariz larga, y nadie les dice
nada...
EL CHINO.- ¡Porque son cubanos!
EL NEGRO.- (Dirigiéndose al chino.) Sí... Tú también eres
cubano, y tienes los ojos prendidos como los chinos...
EL CHINO.- ¡Porque mi padre era chino, animal!
EL NEGRO.- ¡Pues entonces tú no eres cubano! ¡Y no tienes que
decirme animal! ¡Vete para Cantón!
—266→
EL CHINO.- ¡Y tú, vete para África, negro!
EL HIJO. - ¡No griten, que viene mamá, y luego va a pelear!
EL JUDÍO.- ¿Pero tú no ves que este negro le dijo chino?
EL NEGRO.- ¡Cállate, tú, judío, perro, que tu padre es zapatero y tu
familia...!
EL JUDÍO.- Y tu, carbón de piedra, y tú, mono, y tú...
(Todos se enredan a golpes, con gran escándalo. Aparece la madre,
corriendo.)
III
LA MADRE.- ¡Pero qué es eso! ¿Se han vuelto locos? ¡A ver,
Rafaelito, ven aquí! ¿Qué es lo que pasa?
EL HIJO.- Nada, mamá, que se pelearon por el color...
LA MADRE.- ¿Cómo por el color? No te entiendo...
EL HIJO.- Sí, te digo que por el color, mamá...
EL CHINO.- (Señalando al negro.) ¡Señora, porque este me dijo
chino, y que me fuera para Cantón!
EL NEGRO.- Sí, y tú me dijiste negro, y que me fuera para África...
LA MADRE.- (Riendo.) ¡Pero, hombre! ¿Será posible? ¡Si todos
son lo mismo!...
—267→
EL JUDÍO.- No, señora; yo no soy igual a un negro...
EL HIJO.- ¿Tú ves, mamá, como es por el color?
EL NEGRO.- Yo no soy igual a un chino...
EL CHINO.- ¡Míralo! ¡Ni yo quiero ser igual a ti!
EL HIJO.- ¿Tú ves, mamá, tú ves?
LA MADRE.- (Autoritariamente.) ¡Silencio! ¡Sentarse y
escuchar!
(Los niños obedecen, sentándose en el suelo, próximos a la madre, que
comienza)
:
La sangre es un mar inmenso
que baña todas las playas...
Sobre sangre van los hombres,
navegando en sus barcazas:
reman, que reman, que reman,
¡nunca de remar descansan!
Al negro de negra piel
la sangre el cuerpo le baña;
la misma sangre, corriendo,
hierve bajo carne blanca.
¿Quién vio la carne amarilla,
cuando las venas estallan,
sangrar sino con la roja
sangre con que todos sangran?
¡Ay del que separa niños,
porque a los hombres separa!
El sol sale cada día,
va tocando en cada casa,
da un golpe con su bastón,
y suelta una carcajada...
—268→
¡Que salga la vida al sol,
de donde tantos la guardan,
y veréis como la vida
corre de sol empapada!
La vida vida saltando,
la vida suelta y sin vallas,
vida de la carne negra,
vida de la carne blanca,
y de la carne amarilla,
con sus sangres desplegadas...
(Los niños, fascinados, se van
levantando, y rodean a la
madre, que los abraza
formando un grupo con ellos,
pegados a su alrededor.
Continúa):
Sobre sangre van los hombres
navegando en sus barcazas:
reman, que reman, que reman,
¡nunca de remar descansan!
¡Ay de quien no tenga sangre,
porque de remar acaba,
y si acaba de remar,
da con su cuerpo en la playa,
un cuerpo seco y vacío,
un cuerpo roto y sin alma,
un cuerpo roto y sin alma!...
Motivos de son (1930)
Nicolás Guillén
—103→
Negro Bembón
¿Po qué te pone tan brabo,
cuando te disen negro bembón,
si tiene la boca santa,
negro bembón?
Bembón así como ere 5
tiene de to;
Caridá te mantiene,
te lo da to.
Te queja todabía,
negro bembón; 10
sin pega y con harina,
negro bembón,
majagua de dri blanco,
negro bembón;
sapato de do tono, 15
negro bembón...
Bembón así como ere,
tiene de to;
Caridá te mantiene,
te lo da to. 20
—104→
Mulata
Ya yo me enteré, mulata,
mulata, ya sé que dise
que yo tengo la narise
como nudo de cobbata.
Y fíjate bien que tú 5
no ere tan adelantá,
poqque tu boca e bien grande,
y tu pasa, colorá.
Tanto tren con tu cueppo,
tanto tren; 10
tanto tren con tu boca,
tanto tren;
tanto tren con tu sojo,
tanto tren.
Si tú supiera, mulata, 15
la veddá,
¡que yo con mi negra tengo,
y no te quiero pa na!
—105→
Si tú supiera...
¡Ay, negra,
si tú supiera!
Anoche te bi pasá
y no quise que me biera.
A é tú le hará como a mí, 5
que cuando no tube plata
te corrite de bachata,
sin acoddadte de mí.
Sóngoro cosongo,
sogo bé; 10
sóngoro cosongo
de mamey;
sóngoro, la negra
baila bien;
sóngoro de uno 15
sóngoro de tre.
Aé,
bengan a be;
aé,
bamo pa be; 20
bengan, sóngoro cosongo,
sóngoro cosongo de mamey!
—106→
Sigue...
Camina, caminante,
sigue;
camina y no te pare,
sigue.
Cuando pase po su casa 5
no le diga que me bite:
camina, caminante,
sigue.
Sigue y no te pare,
sigue: 10
no la mire si te llama,
sigue;
acuéddate que ella e mala,
sigue.
Hay que tené boluntá
Mira si tú me conose,
que ya no tengo que hablá:
cuando pongo un ojo así,
—107→
e que no hay na;
pero si lo pongo así, 5
tampoco hay na.
Empeña la plancha elétrica,
pa podé sacá mi flú;
buca un reá,
buca un reá, 10
cómprate un paquete vela
poqque a la noche no hay lu.
¡Hay que tené boluntá,
que la salasión no e
pa toa la bida! 15
Camina, negra, y, no yore,
be p'ayá;
camina, y no yore, negra,
ben p'acá:
camina, negra, camina, 20
¡que hay que tené boluntá!
Búcate plata
Búcate plata,
búcate plata,
poqque no doy un paso má:
—108→
etoy a arró con galleta,
na ma. 5
Yo bien sé cómo etá to,
pero biejo, hay que comé:
búcate plata,
búcate plata,
poqque me hoy a corré. 10
Depué dirán que soy mala,
y no me quedrán tratá,
pero amó con hambre, biejo,
¡qué ba!
Con tanto sapato nuebo, 15
¡qué ba!
Con tanto reló, compadre,
¡qué ba!
Con tanto lujo, mi negro,
¡qué ba! 20
Mi chiquita
La chiquita que yo tengo
tan negra como e,
no la cambio po ninguna,
po ninguna otra mujé.
—109→
Ella laba, plancha, cose, 5
y sobre to, caballero,
¡como cosina!
Si la bienen a bucá
pa bailá,
pa comé, 10
ella me tiene que llebá,
o traé.
Ella me dise: mi santo,
tú no me puede dejá;
bucamé, 15
bucamé,
bucamé,
pa gosá.
Tú no sabe inglé
Con tanto inglé que tú sabía,
Bito Manué,
con tanto inglé, no sabe ahora
desí ye.
La mericana te buca, 5
y tú le tiene que huí:
tu inglé era de etrái guan,
de etrái guan y guan tu tri.
—110→
Bito Manué, tú no sabe inglé,
tú no sabe inglé, 10
tú no sabe inglé.
No te namore ma nunca.
Bito Manué,
si no sabe inglé,
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si no sabe inglé.
Balada de los abuelos
Sombras que sólo yo veo,
me escoltan mis dos abuelos.
Lanza con punta de hueso,
tambor de cuero y madera:
mi abuelo negro.
Gorguera en el cuello ancho,
gris armadura guerrera:
mi abuelo blanco.
Pie desnudo, torso pétreo
los de mi negro;
pupilas de vidrio antártico
las de mi blanco.
África de selvas húmedas
y de gordos gongos sordos…
—¡Me muero!
(Dice mi abuelo negro).
Aguaprieta de caimanes,
verdes mañanas de cocos…
—¡Me canso!
(Dice mi abuelo blanco).
Oh velas de amargo viento,
galeón ardiendo en oro…
—¡Me muero!
(Dice mi abuelo negro.)
¡Oh costas de cuello virgen
engañadas de abalorios…!
—¡Me canso!
(Dice mi abuelo blanco.)
¡Oh puro sol repujado,
preso en el aro del trópico;
oh luna redonda y limpia
sobre el sueño de los monos!
¡Qué de barcos, qué de barcos!
¡Qué de negros, qué de negros!
¡Qué largo fulgor de cañas!
¡Qué látigo el del negrero!
Piedra de llanto y de sangre,
venas y ojos entreabiertos,
y madrugadas vacías,
y atardeceres de ingenio,
y una gran voz, fuerte voz,
despedazando el silencio.
¡Qué de barcos, qué de barcos,
qué de negros!
Sombras que sólo yo veo,
me escoltan mis dos abuelos.
Don Federico me grita
y Taita Facundo calla;
los dos en la noche sueñan
y andan, andan.
Yo los junto.
—¡Federico!
¡Facundo! Los dos se abrazan.
Los dos suspiran. Los dos
las fuertes cabezas alzan:
los dos del mismo tamaño,
bajo las estrellas altas;
los dos del mismo tamaño,
ansia negra y ansia blanca,
los dos del mismo tamaño,
gritan, sueñan, lloran, cantan.
Sueñan, lloran. Cantan.
Lloran, cantan.
¡Cantan!
Tomado de West Indies Ltd., en Obra poética 1920-1972, La Habana, Instituto Cubano del Libro, 1972.