Exp. 1535-2006-Pa - TC
Exp. 1535-2006-Pa - TC
TEMA:
EXPEDIENTE N° 1535-2006-PA/TC
CUSCO – PERU
2021
SENTENCIA DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL
En Lima, a los 31 días del mes de enero de 2008, la Sala Primera del Tribunal
Constitucional, con la asistencia de los señores magistrados Landa Arroyo, Alva
Orlandini y Beaumont Callirgos, magistrado que fue llamado para que conozca de la
causa debido al cese en funciones del ex magistrado García Toma, pronuncia la siguiente
sentencia.
ASUNTO
ANTECEDENTES
Con fecha 6 de octubre del 2004, la empresa recurrente interpone demanda de amparo
contra el Ministerio de Transportes y Comunicaciones a fin de que se declare inaplicable
el Decreto Supremo Nº 006-2004-MTC, del 20 de febrero, por considerar que vulnera sus
derechos constitucionales de irretroactividad de la Ley, libertad de empresa, libertad de
contratación y libertad de trabajo consagrados en la Constitución.
Solicita, como pretensión accesoria, que cese la amenaza que impida la prestación del
servicio de transporte terrestre interprovincial de personas en las rutas autorizadas por la
Resolución Directora} N.º 136-97-MTC/15.18, del 27 de Junio de 1997, y la Resolución
Directoral Nº 545-2000-MTC/15.18, del 3 de Abril del 2000.
Sustenta su demanda en que hasta mayo del año 2000 estuvo permitida la actividad
industrial de carrozado de ómnibus sobre chasis de camión, y que el emplazado expidió
hasta el año 2001 Tarjetas de Circulación para ómnibus carrozados. Alega que por
Resolución Directoral N.º 136-97-MTC/15.18, del 27 de Junio, y por Resolución
Directoral Nº 545-2000-MTC/15. l 8, del 3 de Abril, el Ministerio de Transportes y
Comunicaciones le otorgó por diez años, respectivamente, la concesión de la ruta Lima-
Tarma, y viceversa, y la concesión Lima-Huancayo, y viceversa, a fin de prestar el
servicio público de transporte terrestre interprovincial de pasajeros, y que en virtud de
dichas resoluciones, la Dirección General de Circulación Terrestre expidió diversas
Tarjetas de Circulación Vehicular. Sin embargo, en forma inexplicable, con la
publicación en el diario oficial El Peruano del inconstitucional Decreto Supremo N.º 006-
2004-MTC, se lesiona el principio de irretroactividad legal al "precisar" que la prestación
del servicio de transporte interprovincial de personas en ómnibus carrozados sobre chasis
de camión se encuentra expresamente prohibida desde el 16 de abril de 1995, cuando
hasta antes de su entrada en vigencia no hubo norma expresa que lo prohibiera. Expresa,
además, que la cuestionada disposición lesiona su derecho a la libertad de contratar, pues
se afectan los contratos celebrados en su oportunidad –según las normas vigentes- de
compra de vehículos con chasis de camión para carrozados, así como su derecho a la
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libertad de empresa que faculta para constituir e implementar empresas de acuerdo a las
normas vigentes. La entidad demandada no contesta la demanda interpuesta.
El Juzgado Mixto de Tarma, con fecha 26 de Mayo del 2005, declara fundada la demanda,
fundamentalmente por considerar que la retroactividad se encuentra prohibida por la
Constitución Política, situación que se presenta con el Decreto Supremo Nº 006-
2004-MTC.
Por otra parte, 1 norma cuya inaplicabilidad se solicita dispone en su Artículo 2º, precisar
que l prestación del servicio de transporte interprovincial de personas en ómnibus sobre
chasis de camión se encuentra expresamente prohibida desde el 16 de Abril de 199 5,
fecha en que entró en vigencia el Reglamento del Servicio Público de Transporte
Interprovincial de Pasajeros por Carretera en Ómnibus, aprobado por Decreto Supremo
Nº 005-95-MTC, derogado por el Reglamento Nacional de Administración de
Transportes, aprobado por Decreto Supremo Nº 040-2001-MTC que incluyó similar
prohibición, no existiendo, por tanto, vulneración alguna de derechos constitucionales.
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Segado, ha desaparecido todo principio valorativo inspirador del régimen económico, se
ha producido una privatización generalizada de la vida económica, el Estado se ha
convertido en un mero vigilante de la libre competencia, la libertad de contratación se ha
tomado en inmune ante la ley, la propiedad privada resulta sobre asegurada y se ha
omitido cualquier referencia a los mecanismos de planificación. La Constitución
Económica Peruana ha consagrado en la primera parte de su artículo la norma que a
continuación se transcribe, la cual constituye una novedad constitucional y cuyo estudio
se abordará más adelante: "El Estado facilita y vigila la libre competencia. Combate toda
práctica que la limite y el abuso de posiciones dominantes o monopólicas. Ninguna ley
ni concertación puede autorizar ni establecer monopolios" (Blume Fortini, 1997)
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compatible con los fundamentos que inspiran a un Estado Social y Democrático de
Derecho.
✓ Igualmente pertinente resulta el delimitar algunos aspectos en tomo al concepto
constitucional de mercado, de acuerdo con lo dispuesto por los Artículos 58º, 65º y
84° de la Constitución.
✓ En primer lugar, se debe poner en evidencia la íntima vinculación entre la economía
y la democracia, por cuanto un sistema democrático que no garantice o brinde
condiciones mínimas de bienestar a los ciudadanos no puede garantizar la eficacia
plena derechos fundamentales; pero tampoco una economía -por más que sea
conozcan los valores y principios constitucionales, y los derechos fundamentales , es
compatible con un sistema democrático, toda vez que "confundir la tolerancia dentro
de un sistema de valores con el relativismo supone desconocer el valor y a esencia de
la democracia".
✓ De ahí que sea necesario arribar a un concepto constitucional de mercado. Lo cual se
justifica por cuanto este no puede ser entendido en términos puramente económicos
sino también desde la perspectiva del Derecho Constitucional, como un espacio social
y cultural en el que la dignidad de la persona humana y su defensa -en tanto fin
supremo del Estado y de la sociedad (Artículo 1 de la Constitución). no solo sea
declarativamente respetada sino prácticamente realizada a través del mercado.
✓ La perspectiva solamente económica del mercado constituye una negación de la
persona humana, porque la única relación que cabe en un Estado social y democrático
de Derecho, es la de medio a fin, de aquel con respecto a esta. Ello es así por cuanto
"el mercado no es la medida de todas las cosas y sin lugar a dudas no es la medida del
ser humano".
✓ De ahí que una perspectiva constitucional de mercado no puede soslayar
determinados elementos constitucionales: (1) la persona humana y su dignidad, en la
medida que esta no puede ser un objeto de los poderes públicos y privados; (2) las
libertades económicas que la Comisión reconoce, pero ejercidas en armonía con el
conjunto de valores, principios y derechos constitucionales; (3) el respeto de los
derechos laborales dentro del marco constitucional y legal establecido, lo cual no es
sino una manifestación del primer elemento mencionado, y ( 4) el respeto al medio
ambiente, que es también una concretización de la responsabilidad social de las
empresas.
EL REGIMEN ECONOMICO CONSTITUCIONAL EN EL PERÚ:
Una de las partes más importantes de la Constitución Política del Perú es la destinada a
establecer el régimen económico constitucional. Así, podemos describir que el artículo
58 de nuestra Carta Política señala que el Perú ostenta un régimen Constitucional Social
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de Mercado. Pero debemos tener muy en cuenta que no debemos de confundir la
economía social de mercado con la Economía de mercado, pues si bien es cierto que
ambas contienen elementos en común, también es cierto que ambas presentan diferencias
sustanciales.
Debemos tener en cuenta que de acuerdo a lo antes señalado, no significa que el Estado
quede excluido de desempeñar permanentemente su función de orientar el desarrollo
sostenible del país, motivo por el cual nuestra carta magna le impone el deber de ocuparse
principalmente en áreas de salud, educación, infraestructura, etc.
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derecho constitucional, pues si bien esta rama de derecho estudia la creación,
modificación y aplicación de las normas que rigen toda la vida política, jurídica y
económica del Estado, el análisis obedece a una concepción histórica determinada, en la
que los valores imperantes en la sociedad al momento de su estudio se constituyen en el
punto de partida, el cual se cree que es inmodificable, pues constituye la soberanía del
pueblo, que es en quien está depositado el poder constituyente.
No obstante, de cara a la realidad, es claro que todas las personas, al momento de tomar
cualquier decisión, analizamos los pros y los contras de aquélla, no sólo frente a la
alternativa en sí, sino respecto de sus repercusiones futuras; adoptamos las opciones que
más nos convengan, aunque sea sólo de manera inmediata y aun con el riesgo de
perjudicar a otros, todo con el fin de satisfacer nuestras propias necesidades. Esto, en
términos microeconómicos, se conoce como la “relación costo-beneficio”, cuyo fin
último consiste en la “maximización de la función de utilidad” de cada “agente
económico” que se mueve en un “mercado”, con miras a obtener la mejor opción posible
partiendo de los escasos recursos que se tienen, de manera que se opte por la alternativa
más “eficiente”. Es así como, aunque parezcan muy distantes para los juristas, el derecho
y la economía, por el contrario, van muy de la mano. Todas las concepciones históricas
de la sociedad y del Estado han aparejado el análisis y replanteamiento de los modelos
económicos, especialmente si se tiene en cuenta que el patrimonio público juega un papel
trascendental para cualquier conglomerado por la necesidad de satisfacción de ciertas
necesidades comunes que justifican la unión de las personas y la existencia de regímenes
de convivencia entre ellas.
Así también, podemos señalar que el análisis económico del Derecho se presenta como
una metodología moderna que ofrece criterios interdisciplinarios para comprender el
derecho desde una perspectiva nueva, relacionada estrechamente a la ciencia jurídica con
fenómenos sociales económicos propios de la actividad empresarial de personas naturales
o jurídicas. (calle, 2013)
Sabemos que la constitución protege a aquellos agentes económicos que son encargados
de establecer la oferta en el mercado, a partir del ejercicio de los derechos de libre
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empresa, comercio e industria, de igual manera también protegen al individuo generador
de demanda, es decir, lo que vendría a ser el usuario o consumidor.
El proveedor, vendría a ser aquella persona natural o jurídica, que ofrece, distribuye,
vende, arrienda o concede habitualmente el uso o disfrute de sus bienes, productos y
servicios.
En la constitución peruana, en su artículo 65º nos habla sobre la defensa de los intereses
de los consumidores y usuarios, a través de un derrotero jurídico binario; es decir, se
establece como un principio rector para la actuación del estado, y también
simultáneamente consagra un derecho subjetivo.
En la primera parte, el art. Tiene la dimensión de una pauta básica o postulado destinado
a orientar y fundamentar la actuación del estado con respecto a cualquier actividad
económica.
En la segunda parte la constitución reconoce la facultad de acción defensiva de los
consumidores y usuarios en los casos de desconocimiento de sus legítimos intereses; es
decir, apareja el atributo de exigir al Estado una actuación determinada cuando se
produzca alguna forma de amenaza o afectación efectiva de los derechos de consumidor
o usuario, incluyendo la capacidad de acción contra el propio proveedor.
De acuerdo con lo establecido por el artículo 65º de la Constitución, el Estado mantiene
con los consumidores o usuarios dos obligaciones genéricas, a saber:
▪ Garantiza el derecho a la información sobre los bienes y servicios que estén a su
disposición en el mercado. Ello implica la consignación de datos veraces,
suficientes, apropiados y fácilmente accesibles.
▪ Vela por la salud y la seguridad de las personas en su condición de consumidoras
o usuarias.
El autor Jaime Thorne León de la revista de asociación civil nos habla sobre la soberanía
del consumidor en una economía social de mercado, y señala que, conforme a los
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establecido en la nuestra constitución política del Perú, el sistema económico que orienta
la distribución de recursos en nuestra sociedad, es la economía social de mercado; y que
la satisfacción de las necesidades de los individuos se produce como un resultado de las
múltiples transacciones celebradas, bajo parámetros de libertad, entre quienes requieren
de bienes y servicios para satisfacer sus necesidades (demanda) y quienes ofrecen los
bienes y servicios requeridos por los primeros (oferta).
Al hablar de consumidor nos dice que esta debe ser libre, ya que se protege esencialmente
garantizando que la información que recibe el consumidor sea veraz y este sobre términos
de realidad, y asegurando que reciba el servicio o bien en buenas condiciones.
Nos habla además sobre Los Principios Esenciales en el Código de Protección y Defensa
del Consumidor
- El principio general: según nuestra normativa, este principio general y esencial
lo señala el artículo 65º de la C.P.P, que habla sobre la protección del consumidor.
"Artículo 65.- Protección al consumidor El Estado defiende el interés de
los consumidores y usuarios. Para tal efecto garantiza el derecho a la
información sobre los bienes y servicios que se encuentran a su
disposición en el mercado. Asimismo vela, en particular, por la salud y la
seguridad de la población".
Este artículo vendría a ser fundamental, para así poder entender la defensa de los
intereses de los consumidores. El TC señalo que tras los deberes impuestos al
estado en el artículo 65 de la Norma Suprema, se sobre entiende una serie de
exigencias que recaen sobre diversos órganos del Estado, y en primer lugar, sobre
el legislador ordinario, al que se le impone la tarea, mediante la legislación, de
crear un órgano estatal destinado a preservar los derechos e intereses legítimos de
los consumidores y usuarios. Pero también la tarea de establecer procedimientos
apropiados para que, en su seno, los consumidores y usuarios puedan, mediante
recursos sencillos, rápidos y efectivos, solicitar la protección de aquellos derechos
e intereses.
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• Buena fe comercial; se entiende que las partes, proveedores y consumidores, están
sujetos a un deber de transparencia y lealtad en su actuación en el mercado
• Corrección de la asimetría informativa; Las normas de protección al consumidor
buscan corregir las distorsiones creadas por la asimetría informativa que existe entre
proveedores y consumidores. Es rol del estado corregir dicha asimetría, sea mediante
la provisión de información relevante a los consumidores o mediante la corrección
de aquellas prácticas de los proveedores que exploten las distorsiones generadas por
dicha asimetría.
• Iniciativa pro consumidor; La actuación del Estado en la protección del
consumidor es permanente; en consecuencia, operará en aquellos supuestos en los
que se concluya que el mercado no podrá corregir cualquier distorsión en la
información o en las relaciones con los consumidores de manera adecuada.
• Responsabilidad de los consumidores; los consumidores deberán actuar de
manera responsable al adoptar decisiones de consumo.
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La constitución nos garantiza que los términos contractuales no pueden ser modificados
por leyes u otras disposiciones de cualquier clase. Esta norma estatuye para los contratos
el principio de los derechos adquiridos en materia de aplicación temporal de normas, y
por consiguiente, de aplicación ultra activa de las disposiciones que estuvieron vigentes
al tiempo de perfeccionamiento del contrato, y que posteriormente sean modificadas.
La libertad contractual es un subtipo de las diez libertades económicas que han sido
categorizadas en el mundo, podemos mencionar que la libertad contractual se desprende
de la libertad comercial debido al aspecto económico arraigado en el marco contractual.
Es evidente afirmar su importancia para el desarrollo dentro del país, pues genera
constantes transacciones económicas a través de los llamados contratos.
La libertad contractual es un aspecto muy importante dentro del marco constitucional
económico, debido a que permite que las partes puedan ejercer su voluntad para
crear relaciones jurídicas de carácter económico, con el fin de coadyuvar al crecimiento
de la economía.
Según Carlos Alberto Soto, nos dice que la libertad de contratar es un derecho
fundamental de toda persona y que además está prescrito en nuestra constitución,
El artículo 2, inciso 14, al disponer que “toda persona tiene derecho a contratar
con fines lícitos siempre que no se contravengan leyes de orden público”
Entonces nadie está obligado a celebrar un contrato, Por otro lado, la libertad de contratar
no solo permite a las personas decidir si contratan o no, sino que también los faculta para
elegir a su contraparte, es decir, elegir a la persona con quien desean vincularse
jurídicamente. Por consiguiente, no está permitido imponer contrapartes a los individuos
que desean contratar. Resumiendo esta libertad, podríamos decir que una persona contrata
porque quiere, con quien quiere y cuando quiere.
Enrique Bernales Ballesteros señala que la contratación, debe tener fines lícitos, esto, es
no prohibido por el derecho. Al contratar las personas ejercen su libertad de expresión de
voluntad bajo el principio constitucionalmente establecido que, “nadie está obligado a
hacer lo que la ley no manda, ni impedido a hacer lo que ella, no prohíbe”. La
contratación, como los actos jurídicos en general, debe conformarse a las leyes de orden
público. Si las contraviene sufrirá de nulidad, esto está señalado por parte final de este
inciso, pero además por el artículo V del título preliminar del código civil.
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Además de eso mencionan el artículo 59º de la constitución que es sobre el derecho a la
libertad de empresa se define como la facultad de poder elegir la organización y efectuar
el desarrollo de una unidad de producción de bienes o prestación de servicios, para
satisfacer la demanda de los consumidores o usuarios.
La libertad de empresa tiene como marco una actuación económica auto determinada, lo
que implica que el modelo económico social de mercado será el fundamento de su
actuación, y así simultáneamente le impondrá límites a su accionar. Consecuentemente,
dicha libertad debe ser ejercida con sujeción a la ley , siendo sus limitaciones básicas
aquellas que derivan de la seguridad, la higiene, la moralidad o la preservación del medio
ambiente, y su ejercicio deberá respetar los diversos derechos de carácter socioeconómico
que la Constitución reconoce.
Además dan a conocer que según su escritura pública anteriormente referida, la recurrente
se constituyó como una sociedad anónima en fecha 23 de diciembre de 1998, siendo así
su objeto social el área de servicios, el transporte de pasajeros en automóviles, en el
servicio urbano, interprovincial, departamental y nacional; rubro que a la fecha de dicha
constitución solo podía ser realizado mediante vehículos diseñados y construidos
exclusivamente para el transporte de pasajeros y no mediante ómnibus carrozados sobre
chasis de camión, actividad comercial que resultaba acorde con su objeto social. También
mencionan que las disposiciones, no prohíben la adquisición de ómnibus carrozados sobre
chasis de camión, sino lo que restringen es su utilización en la prestación del servicio de
transporte interprovincial de pasajeros, así como la actividad industrial de carrozado de
ómnibus sobre chasis de camión, y agregan que eso no es el objeto social de la empresa
recurrente. Señalan que tales restricciones no suponen, además, la eliminación del marco
jurídico - comercial actividad de ofrecer la prestación del servicio de transporte
interprovincial de personas, a la que se dedica la empresa recurrente, ya que puede
continuar ofreciendo el servicio -en ómnibus diseñados y construidos exclusivamente
para tal efecto por lo que sus alegatos carecen de sustento.
Marcial Rubio Correa nos dice: “La libertad de empresa consiste en la posibilidad de
manejar libremente la actividad empresarial dentro de los marcos de la Constitución y
la ley. La empresa es una entidad que toma decisiones libremente sin ofender al Derecho.
Es una libertad específica porque la vida empresarial (aun la de la empresa individual)
tiene características requisitos y procedimientos propios que deben ser respetados sobre
todo en lo que se refiere a las relaciones socio-empresa; socios entre sí; empresa con
otras empresas. Este es un mundo complejo de relaciones y normas que el abogado
inmediatamente reconoce”
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fundamentales de nuestra Constitución. Luigi Ferrajoli, nos die que el derecho a la
Libertad de Empresa cumple con las características estructurales que debe tener un
derecho para ser considerado derecho fundamental, estas son: universalidad, igualdad,
indisponibilidad, atribución ex lege y rango habitualmente constitucional.
El TC nos dice que el contenido de la libertad de empresa está determinado por cuatro
tipos de libertades, las cuales terminan configurando el ámbito de irradiación de la
protección de tal derecho.
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➢ Aun cuando la demandante no es clara ni precisa las razones por las que
supuestamente se habría visto vulnerada la mencionada libertad, limitándose a
una simple enunciación carente de posterior fundamentación, este Colegiado
considera preciso recordar que el citado atributo, a la luz de las previsiones
establecidas por nuestra Constitución Política, puede ser entendido de dos
maneras:
➢ Se trata, por Lo tanto, de una facultad que depende del individuo, pero que a su
vez debe ser garantizada por el Estado, fundamentalmente desde el punto de
vista normativo. El que se trate de la libertad de trabajo en su manifestación
positiva o de la libertad de trabajo en su vertiente negativa, no es un derecho
ilimitado, sino un atributo sujeto a determinadas condiciones normalmente
establecidas en la ley de confinidad con la Constitución. En el presente caso, no
se trata, como parece obvio deducirlo, de una discusión centrada en lo esencial
en el ángulo positivo de la menciona libertad sino y fundamentalmente en el
aspecto negativo.
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tiene derecho: A trabajar libremente, con sujeción a ley" (Artículo 2°, inciso
15).
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los delitos, sino también que las conductas prohibidas estén claramente
delimitadas por la ley, prohibiéndose tanto la aplicación por analogía, como
también el uso de cláusulas generales e indeterminadas en la tipificación de las
prohibiciones.
➢ En la misma STC N.º 2050-2002-AA/TC también se subrayó que "[ ... ] no debe
identificarse el principio de legalidad con el principio de tipicidad. El primero,
garantizado por el ordinal "d" del inciso 24) del artículo 2° de la Constitución, se
satisface cuando se cumple con la previsión de las infracciones y sanciones en la
ley. El segundo, en cambio, constituye la precisa definición de la conducta que
la ley considera como falta [ ... ]".
Asimismo, el artículo 78º de la misma norma disponía que "No deben circular los
vehículos cuyas características y condiciones atenten contra la segaridad de las
personas, bienes y la propia carga que transportan"; mientras que el artículo 79º
precisaba que "Todo vehículo de transporte de personas y de carga debe reunir las
condiciones básicas de seguridad siguientes:
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a) Poseer parachoques delantero y posterior conforme a las disposiciones
de la seguridad
En tal sentido, resulta válido que mediante normas de jerarquía inferior a la Ley
General de Transporte se disponga de medidas que conduzcan o procuren la protección
de tales objetivos, tanto más cuanto que dichas disposiciones tienden a optimizar los
derechos a la seguridad e integridad fisica de los usuarios.
Así, las normas aludidas por la empresa recurrente en el Fundamento N.º 59, supra, no
resultan violatorias del principio de legalidad, pues tanto el derogado Código de
Tránsito y Seguridad Vial, como la vigente Ley General de Transporte Terrestre
establecían, de modo suficientemente claro y preciso, no sólo el marco de actuación,
sino también las características y condiciones básicas de seguridad que debían reunir
aquellos vehículos destinados al transporte de pasajeros.
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tienden a asegurar el mínimo de posibilidades que toman digna la vida. La vida,
entonces, ya no puede entenderse tan solo como un límite al ejercicio del poder,
sino fundamentalmente como un objetivo que guía la actuación positiva del
Estado, el cual ahora se compromete a cumplir el encargo social de garantizar,
entre otros, el derecho a la vida y a la seguridad
En tal sentido, si bien es cierto los individuos gozan de un amplio ámbito de libertad
para actuar en el mercado, y también existe la certeza de que debe existir un Estado que,
aunque subsidiario en la sustancia, mantiene una función supervisora y correctiva o
reguladora, estimo que, ante los hechos que son de conocimiento de la opinión pública,
respecto de los peligros que representa el servicio de transporte de pasajeros en ómnibus
carrozados sobre chasis de camión, y los innumerables accidentes ocurridos, en materia
de transporte el Estado dispone de un mayor campo de actuación, en la medida en que
de por medio se encuentran otros valores constitucionales superiores como la seguridad,
la integridad y, por último, el derecho a la vida misma, el cual resulta ser de
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primerísimo orden e importancia, pues es el primer derecho de la persona humana
reconocido por la Ley Fundamental.
Así, en el caso traído a esta sede, queda absolutamente claro, y por ello es necesario
reiterar, que no sólo no se ha acreditado la vulneración de derecho constitucional
alguno, sino que, conforme a lo expuesto en los Fundamentos N.ºs 8 a 19, supra, el
Estado puede intervenir de manera excepcional en la vida economica de los particulares
-cuando la colectividad y los grupos sociales, a quienes corresponde, en primer término,
la labor de intervención, no están en condiciones de hacerlo-, a fin de garantizar otros
bienes constitucionales -en el caso, la integridad, seguridad y la vida misma- que
pueden ponerse en riesgo -y de hecho, así ha sucedido- ante las imperfecciones del
mercado, y respecto de los cuales existe un mandato constitucional directo de
promoción, en tanto actividad, y de protección, en cuanto a la sociedad en general se
refiere. No debe perderse de vista, pues, que la actividad del Estado en materia de
transporte y tránsito terrestre se orienta a la satisfacción de las necesidades e intereses
de los usuarios, y procura el resguardo y cuidado de sus condiciones de seguridad y, por
último, de la vida misma.
Y aunque ello no quiere decir, en modo alguno, que el Estado pueda interferir
arbitraria e injustificadamente en el ámbito de libertad reservado, en principio, a los
agentes económicos, es justamente en virtud de dicho postulado que, como
consecuencia a de la problemática derivada de los ómnibus ensamblados sobre chasis ve
culos de carga, se constituyó, en el año 2003, una Comisión ad hoc encargada de
estudiar y proponer alternativas viables para solucionar tal situación, la al estuvo
integrada por representantes del emplazado Ministerio de Transportes y
Comunicaciones, de las universidades Católica del Perú y Nacional de Ingeniería, del
Senati, de los propios gremios de transportistas, y de la Asociación Peruana de
Consumidores y Usuarios.
Dicha Comisión determinó -según fluye de la parte considerativa del decreto supremo
cuestionado- que la utilización de un chasis de camión para la fabricación de un
ómnibus representa un alto riesgo para la seguridad en perjuicio de los usuarios del
transporte y los propios transportistas, a lo que se agrega que no existe industria
automotriz que apruebe, acepte y garantice un producto partiendo de la fabricación
preconcebida para un uso distinto, coincidiendo además la mayoría de sus miembros en
que tanto la prestación del servicio de transporte de pasajeros en este tipo de vehículos
como la actividad industrial del carrozado de ómnibus en chasis originalmente
destinado al transporte de mercancías se encuentran prohibidas por las normas vigentes.
Por tales razones, se expidieron normas conducentes a viabilizar las recomendaciones
de la Comisión, a fin de solucionar la problemática derivada de ómnibus ensamblados
sobre chasis de vehículos de carga sobre la base de las conclusiones a las que se arribó.
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➢ Así, precisamente el propio Decreto Supremo N.0 006-2004-MTC, su fecha 25
de febrero, dispuso el empadronamiento -previa inspección técnica estructural
ante una entidad certificadora designada por la Dirección General de
Circulación Terrestre- de aquellos vehículos carrozados sobre chasis de
camión, los cuales podían permanecer en el servicio por el plazo recomendado
en el Certificado de Inspección Técnica Estructural, el cual no podía exceder
de un año.
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BIBLIOGRAFÍA
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