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Exp. 1535-2006-Pa - TC

Este documento presenta una sentencia del Tribunal Constitucional del Perú sobre un recurso de agravio constitucional interpuesto por una empresa de transporte contra una sentencia que declaró improcedente su demanda de amparo. El Tribunal Constitucional analiza las normas de transporte aplicables, los derechos constitucionales invocados por la empresa y el rol del Estado en la economía según la Constitución peruana de 1993.
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Exp. 1535-2006-Pa - TC

Este documento presenta una sentencia del Tribunal Constitucional del Perú sobre un recurso de agravio constitucional interpuesto por una empresa de transporte contra una sentencia que declaró improcedente su demanda de amparo. El Tribunal Constitucional analiza las normas de transporte aplicables, los derechos constitucionales invocados por la empresa y el rol del Estado en la economía según la Constitución peruana de 1993.
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FACULTAD DE DERECHO Y CIENCIAS POLITICAS

CARRERA PROFESIONAL DE DERECHO

TEMA:

EXPEDIENTE N° 1535-2006-PA/TC

ASIGNATURA: Derecho Administrativo II

DOCENTE: García García Henry

ALUMNO: - Rodríguez Villafuerte Adriana

- Sinchi Masias Aysha Nicol

- Soto Alvarez Alain

CUSCO – PERU
2021
SENTENCIA DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL

En Lima, a los 31 días del mes de enero de 2008, la Sala Primera del Tribunal
Constitucional, con la asistencia de los señores magistrados Landa Arroyo, Alva
Orlandini y Beaumont Callirgos, magistrado que fue llamado para que conozca de la
causa debido al cese en funciones del ex magistrado García Toma, pronuncia la siguiente
sentencia.

ASUNTO

Recurso de agravio constitucional interpuesto por la Empresa de Transportes Turismo


Imperial S.A. contra la sentencia emitida por la Primera Sala Mixta Descentralizada de la
Corte Superior de Justicia de Junín, de fojas 195, su fecha 29 de diciembre 20 5, que
declara improcedente la demanda de amparo interpuesta.

ANTECEDENTES

Con fecha 6 de octubre del 2004, la empresa recurrente interpone demanda de amparo
contra el Ministerio de Transportes y Comunicaciones a fin de que se declare inaplicable
el Decreto Supremo Nº 006-2004-MTC, del 20 de febrero, por considerar que vulnera sus
derechos constitucionales de irretroactividad de la Ley, libertad de empresa, libertad de
contratación y libertad de trabajo consagrados en la Constitución.

Solicita, como pretensión accesoria, que cese la amenaza que impida la prestación del
servicio de transporte terrestre interprovincial de personas en las rutas autorizadas por la
Resolución Directora} N.º 136-97-MTC/15.18, del 27 de Junio de 1997, y la Resolución
Directoral Nº 545-2000-MTC/15.18, del 3 de Abril del 2000.

Sustenta su demanda en que hasta mayo del año 2000 estuvo permitida la actividad
industrial de carrozado de ómnibus sobre chasis de camión, y que el emplazado expidió
hasta el año 2001 Tarjetas de Circulación para ómnibus carrozados. Alega que por
Resolución Directoral N.º 136-97-MTC/15.18, del 27 de Junio, y por Resolución
Directoral Nº 545-2000-MTC/15. l 8, del 3 de Abril, el Ministerio de Transportes y
Comunicaciones le otorgó por diez años, respectivamente, la concesión de la ruta Lima-
Tarma, y viceversa, y la concesión Lima-Huancayo, y viceversa, a fin de prestar el
servicio público de transporte terrestre interprovincial de pasajeros, y que en virtud de
dichas resoluciones, la Dirección General de Circulación Terrestre expidió diversas
Tarjetas de Circulación Vehicular. Sin embargo, en forma inexplicable, con la
publicación en el diario oficial El Peruano del inconstitucional Decreto Supremo N.º 006-
2004-MTC, se lesiona el principio de irretroactividad legal al "precisar" que la prestación
del servicio de transporte interprovincial de personas en ómnibus carrozados sobre chasis
de camión se encuentra expresamente prohibida desde el 16 de abril de 1995, cuando
hasta antes de su entrada en vigencia no hubo norma expresa que lo prohibiera. Expresa,
además, que la cuestionada disposición lesiona su derecho a la libertad de contratar, pues
se afectan los contratos celebrados en su oportunidad –según las normas vigentes- de
compra de vehículos con chasis de camión para carrozados, así como su derecho a la

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libertad de empresa que faculta para constituir e implementar empresas de acuerdo a las
normas vigentes. La entidad demandada no contesta la demanda interpuesta.

El Juzgado Mixto de Tarma, con fecha 26 de Mayo del 2005, declara fundada la demanda,
fundamentalmente por considerar que la retroactividad se encuentra prohibida por la
Constitución Política, situación que se presenta con el Decreto Supremo Nº 006-

2004-MTC.

La recurrida, revocando la apelada, declara improcedente la demanda, fundamentalmente


por considerar que la actividad industrial de carrozado de ómnibus sobre chasis
originalmente destinado al transporte de mercancías con el propósito de destinarlo al total
de parte de personas se encuentra prohibida expresamente por el Artículo 11 º del Decreto
Supremo Nº 022-2002-MTC, vigente desde el 20 de Mayo del 2002.

Por otra parte, 1 norma cuya inaplicabilidad se solicita dispone en su Artículo 2º, precisar
que l prestación del servicio de transporte interprovincial de personas en ómnibus sobre
chasis de camión se encuentra expresamente prohibida desde el 16 de Abril de 199 5,
fecha en que entró en vigencia el Reglamento del Servicio Público de Transporte
Interprovincial de Pasajeros por Carretera en Ómnibus, aprobado por Decreto Supremo
Nº 005-95-MTC, derogado por el Reglamento Nacional de Administración de
Transportes, aprobado por Decreto Supremo Nº 040-2001-MTC que incluyó similar
prohibición, no existiendo, por tanto, vulneración alguna de derechos constitucionales.

LA CONSTITUCIÓN ECONÓMICA EN LA CONSTITUCIÓN DE 1993

La Constitución Económica Peruana inaugurada por la Constitución de 1979 ha


subsistido en la Carta Fundamental de 1993, aunque con notables variantes, al haber
optado el legislador constituyente por un modelo ortodoxamente liberal, en la tesis del
constitucionalismo económico coherente o modelo cerrado, tratado en menos artículos y
sin el rigor con que se abordó el tema en la Constitución de 1979. Dedica su Título III al
"Régimen Económico", comprendiendo seis capítulos y treinta y dos artículos:

Capítulo I "Principios Generales" (del artículo 58 al 65), Capítulo 11 "Del Ambiente y


los Recursos Naturales" (del artículo 66 al 69), Capítulo III "De la Propiedad" (del artículo
70 al73), Capítulo IV "Del Régimen Tributario y Presupuesta!" (del artículo 74 al82),
Capítulo V "De la Moneda y la Banca" (del artículo 83 al87) y Capítulo VI "Del Régimen
Agrario y de las Comunidades Campesinas y Nativas" (del artículo 88 al89).

Siguiendo a César Ochoa Cardich y partiendo de la premisa de que la Constitución


Económica Peruana de 1993 contiene tanto principios informadores del conjunto del
ordenamiento jurídico como normas jurídicas constitucionales vinculantes, cabe señalar
que sus bases fundamentales son el principio de subsidiariedad del Estado, el principio
del pluralismo económico, la economía social de mercado, el principio de la libre
competencia y la defensa de los consumidores y las garantías de la inversión nacional y
extranjera. Todo ello en un marco donde, como lo señala con lucidez Francisco Femández

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Segado, ha desaparecido todo principio valorativo inspirador del régimen económico, se
ha producido una privatización generalizada de la vida económica, el Estado se ha
convertido en un mero vigilante de la libre competencia, la libertad de contratación se ha
tomado en inmune ante la ley, la propiedad privada resulta sobre asegurada y se ha
omitido cualquier referencia a los mecanismos de planificación. La Constitución
Económica Peruana ha consagrado en la primera parte de su artículo la norma que a
continuación se transcribe, la cual constituye una novedad constitucional y cuyo estudio
se abordará más adelante: "El Estado facilita y vigila la libre competencia. Combate toda
práctica que la limite y el abuso de posiciones dominantes o monopólicas. Ninguna ley
ni concertación puede autorizar ni establecer monopolios" (Blume Fortini, 1997)

EL ROL DEL ESTADO EN LA ECONOMÍA SEGÚN LA CONSTITUCIÓN DE


1993

✓ En la STC N.º 0008-2003-Al/TC, el Tribunal Constitucional ya ha tenido oportunidad


de pronunciarse sobre los roles del Estado frente a la economía, analizando al efecto
el modelo económico consagrado por la Constitución, los Principios Constitucionales
que informan el modelo económico -Estado social y ético de derecho, dignidad de la
persona humana, igualdad, economía social mercado , libre iniciativa privada y
actuación subsidiaria del Estado en la economía , las libertades patrimoniales que
garantizan el régimen económico –los derecho a la propiedad y a la libre contratación,
las libertades de trabajo, de empresa, de comercio y de industria-, los derechos de los
consumidores y los usuarios, la función vigilante, garantista y correctora del Estado,
y el rol de los organismos reguladores.
✓ Teniendo en cuenta que en la referida sentencia el modelo económico consagrado por
la Carta de 1993 ha sido desarrollado en forma por demás extensa, no es nuestro
objetivo reiterar lo que ya ha quedado dicho sino, antes bien, remitimos a aquellas
pautas de interpretación de los principios que inspiran nuestro régimen económico, y
que resultan pertinentes para efectos de resolver la controversia de autos.
✓ De conformidad con los artículos 3 y 43 de la Constitución de 1993, el Estado peruano
presenta las características del Estado Social y Democrático de Derecho, conforme a
las cuales pretende conseguir la mayor efectividad de los principios y derechos
básicos del Estado de Derecho -tales como libertad, seguridad, propiedad de igualdad
ante la ley- dotándolos de una base y contenido material a partir del supuesto de que
individuo y sociedad no son categorías aisladas y contradictorias sino que, por el
contrario, guardan recíproca implicancia.
✓ Así, la configuración del Estado Social y Democrático de Derecho requiere no sólo
de la exigencia de condiciones materiales para alcanzar sus presupuestos -lo que exige
una relación directa de las posibilidades reales y objetivas del Estado con la activa
participación de los ciudadanos en el quehacer estatal- sino además su identificación
con los fines de su contenido social, a efectos de que pueda evaluar, tanto los
contextos que justifiquen su accionar, como aquellos que justifiquen su abstención,
evitando convertirse en un obstáculo para el desarrollo social.
✓ Y es en tal contexto que, conforme al Artículo 58 de la Ley Fundamental, nuestro
régimen económico se ejerce dentro de una economía social de mercado, la cual es
representativa de los valores constitucionales de la libertad y la justicia y, por tanto,

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compatible con los fundamentos que inspiran a un Estado Social y Democrático de
Derecho.
✓ Igualmente pertinente resulta el delimitar algunos aspectos en tomo al concepto
constitucional de mercado, de acuerdo con lo dispuesto por los Artículos 58º, 65º y
84° de la Constitución.
✓ En primer lugar, se debe poner en evidencia la íntima vinculación entre la economía
y la democracia, por cuanto un sistema democrático que no garantice o brinde
condiciones mínimas de bienestar a los ciudadanos no puede garantizar la eficacia
plena derechos fundamentales; pero tampoco una economía -por más que sea
conozcan los valores y principios constitucionales, y los derechos fundamentales , es
compatible con un sistema democrático, toda vez que "confundir la tolerancia dentro
de un sistema de valores con el relativismo supone desconocer el valor y a esencia de
la democracia".
✓ De ahí que sea necesario arribar a un concepto constitucional de mercado. Lo cual se
justifica por cuanto este no puede ser entendido en términos puramente económicos
sino también desde la perspectiva del Derecho Constitucional, como un espacio social
y cultural en el que la dignidad de la persona humana y su defensa -en tanto fin
supremo del Estado y de la sociedad (Artículo 1 de la Constitución). no solo sea
declarativamente respetada sino prácticamente realizada a través del mercado.
✓ La perspectiva solamente económica del mercado constituye una negación de la
persona humana, porque la única relación que cabe en un Estado social y democrático
de Derecho, es la de medio a fin, de aquel con respecto a esta. Ello es así por cuanto
"el mercado no es la medida de todas las cosas y sin lugar a dudas no es la medida del
ser humano".
✓ De ahí que una perspectiva constitucional de mercado no puede soslayar
determinados elementos constitucionales: (1) la persona humana y su dignidad, en la
medida que esta no puede ser un objeto de los poderes públicos y privados; (2) las
libertades económicas que la Comisión reconoce, pero ejercidas en armonía con el
conjunto de valores, principios y derechos constitucionales; (3) el respeto de los
derechos laborales dentro del marco constitucional y legal establecido, lo cual no es
sino una manifestación del primer elemento mencionado, y ( 4) el respeto al medio
ambiente, que es también una concretización de la responsabilidad social de las
empresas.
EL REGIMEN ECONOMICO CONSTITUCIONAL EN EL PERÚ:

La regulación de aspectos económicos en una constitución no es una práctica que haya


existido siempre en el Constitucionalismo. Así, una parte económica se incluye en una
Constitución recién en el siglo XX, sumándose a aquellas dos partes tradicionales de la
misma, como son una parte dogmática referida a los derechos y deberes de la persona y,
una parte orgánica, es decir aquella relacionada a tratar los diferentes poderes del Estado
y sus correspondientes funciones.

Una de las partes más importantes de la Constitución Política del Perú es la destinada a
establecer el régimen económico constitucional. Así, podemos describir que el artículo
58 de nuestra Carta Política señala que el Perú ostenta un régimen Constitucional Social

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de Mercado. Pero debemos tener muy en cuenta que no debemos de confundir la
economía social de mercado con la Economía de mercado, pues si bien es cierto que
ambas contienen elementos en común, también es cierto que ambas presentan diferencias
sustanciales.

De acuerdo a nuestra Constitución Política del Perú, la Economía Social de Mercado,


presenta las siguientes características:

a) Intervención subsidiaria del Estado en la Economía.- El Estado peruano puede


intervenir subsidiariamente en el ámbito de la producción u distribución de bienes o en la
prestación de los llamados servicios, solo cuando se encuentre fehacientemente
acreditado que por la inacción de la iniciativa privada, dicha provisión no atiende las
demandas de la población.

Debemos tener en cuenta que de acuerdo a lo antes señalado, no significa que el Estado
quede excluido de desempeñar permanentemente su función de orientar el desarrollo
sostenible del país, motivo por el cual nuestra carta magna le impone el deber de ocuparse
principalmente en áreas de salud, educación, infraestructura, etc.

b) Libre mercado.- El mercado es el espacio donde confluyen ofertantes y demandantes


para realizar el intercambio de bienes y servicios, en él se forman las condiciones de los
contratos bajo las reglas económicas que rigen su funcionamiento. Pero el Estado tiene
un deber fundamental en este tipo de actividades que es vigilar y facilitar la libre
competencia, además de la protección de los consumidores que se constituyen como
agentes económicos de importancia para el mercado.

c) Actuación solidaria del Estado.- La Economía Social de Mercado se enmarca en la


concepción del Estado; que es caracterizado por nuestra Constitución como un Estado
Social y Democrático de Derecho, En tal sentido, el régimen económico se encuentra
guiado por valores democráticos, participativos y tienen como finalidad alcanzar el
bienestar social compartido de la población.

d) Libertad para el ejercicio de la actividad económica.- La Constitución Política del


Perú de 1993 establece que la iniciativa privada es libre, garantizando de esta manera la
libertad de empresa, industria, comercio y la libertad de trabajo.

EL ANALISIS ECONOMICO DEL DERECHO CONSTITUCIONAL

La aplicación de la teoría económica –más precisamente, de la microeconomía- al derecho


ha generado desde siempre un cierto rechazo de parte de la comunidad jurídica, toda vez
que la visión economicista de la norma, a juicio de los doctos en leyes, reduce a conceptos
de eficiencia, relación costo-beneficio, utilidad e incentivos cuestiones que trascienden
en la sociedad y que no necesariamente responden a una filosofía de racionalidad en la
elección entre cestas de mercado sino que se derivan de concepciones morales, sociales
y culturales arraigadas en la población y a las cuales no se les puede eliminar con base en
una justificación económica. Tal concepción ha sido aún más fuerte en el ámbito del

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derecho constitucional, pues si bien esta rama de derecho estudia la creación,
modificación y aplicación de las normas que rigen toda la vida política, jurídica y
económica del Estado, el análisis obedece a una concepción histórica determinada, en la
que los valores imperantes en la sociedad al momento de su estudio se constituyen en el
punto de partida, el cual se cree que es inmodificable, pues constituye la soberanía del
pueblo, que es en quien está depositado el poder constituyente.

No obstante, de cara a la realidad, es claro que todas las personas, al momento de tomar
cualquier decisión, analizamos los pros y los contras de aquélla, no sólo frente a la
alternativa en sí, sino respecto de sus repercusiones futuras; adoptamos las opciones que
más nos convengan, aunque sea sólo de manera inmediata y aun con el riesgo de
perjudicar a otros, todo con el fin de satisfacer nuestras propias necesidades. Esto, en
términos microeconómicos, se conoce como la “relación costo-beneficio”, cuyo fin
último consiste en la “maximización de la función de utilidad” de cada “agente
económico” que se mueve en un “mercado”, con miras a obtener la mejor opción posible
partiendo de los escasos recursos que se tienen, de manera que se opte por la alternativa
más “eficiente”. Es así como, aunque parezcan muy distantes para los juristas, el derecho
y la economía, por el contrario, van muy de la mano. Todas las concepciones históricas
de la sociedad y del Estado han aparejado el análisis y replanteamiento de los modelos
económicos, especialmente si se tiene en cuenta que el patrimonio público juega un papel
trascendental para cualquier conglomerado por la necesidad de satisfacción de ciertas
necesidades comunes que justifican la unión de las personas y la existencia de regímenes
de convivencia entre ellas.

A partir de la conciencia adquirida –especialmente por los economistas– sobre la


importancia de mejorar las políticas estatales y crear cambios sustanciales en la
concepción real del Estado, se inicia el estudio del derecho constitucional desde la
perspectiva microeconómica y de su influencia en el funcionamiento de la economía en
los diferentes estados. A esto se le conoce, entonces, como el “análisis económico del
derecho constitucional”, caracterizado principalmente por el estudio de las políticas
públicas y de las instituciones en el marco de un modelo de Estado determinado, tanto
desde la perspectiva positiva (de la explicación y predicción de relaciones de causa y
efecto de lo existente) como en la normativa (del deber ser, más allá de la explicación y
la predicción, utilizando juicios de valor).

Así también, podemos señalar que el análisis económico del Derecho se presenta como
una metodología moderna que ofrece criterios interdisciplinarios para comprender el
derecho desde una perspectiva nueva, relacionada estrechamente a la ciencia jurídica con
fenómenos sociales económicos propios de la actividad empresarial de personas naturales
o jurídicas. (calle, 2013)

PRINCIPIO DE PROTECCIÓN AL CONSUMIDOR O USUARIO.

Sabemos que la constitución protege a aquellos agentes económicos que son encargados
de establecer la oferta en el mercado, a partir del ejercicio de los derechos de libre

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empresa, comercio e industria, de igual manera también protegen al individuo generador
de demanda, es decir, lo que vendría a ser el usuario o consumidor.

Cuando hablamos del consumidor, nos referimos al fin de la actividad económica; es


decir, nos referimos a quien cierra el círculo económico, satisfaciendo así las necesidades
y haciendo crecer el bienestar, a través de la utilización de una gama de productos y
servicios. En síntesis hablamos, de una persona natural o jurídica que adquiere, utiliza o
disfruta determinados productos (como consumidor) o servicios (como usuario) que
previamente fueron ofrecidos al mercado.
No hay duda que la condición de consumidor o de usuario, se produce mediante la
relación que se establece con un agente proveedor, independientemente si este es público
o privado, sea en calidad de receptor o beneficiario de algún producto, sea en calidad de
destinatario de alguna forma de servicio. En conclusión, la condición de consumidor o
usuario no se asigna a cualquier individuo o ente, sino a aquel que se encuentra vinculado
a los agentes proveedores dentro del contexto de las relaciones generadas por el mercado,
las cuales tienen como correlato la actuación del Estado para garantizar su correcto
desenvolvimiento.

El proveedor, vendría a ser aquella persona natural o jurídica, que ofrece, distribuye,
vende, arrienda o concede habitualmente el uso o disfrute de sus bienes, productos y
servicios.

En la constitución peruana, en su artículo 65º nos habla sobre la defensa de los intereses
de los consumidores y usuarios, a través de un derrotero jurídico binario; es decir, se
establece como un principio rector para la actuación del estado, y también
simultáneamente consagra un derecho subjetivo.
En la primera parte, el art. Tiene la dimensión de una pauta básica o postulado destinado
a orientar y fundamentar la actuación del estado con respecto a cualquier actividad
económica.
En la segunda parte la constitución reconoce la facultad de acción defensiva de los
consumidores y usuarios en los casos de desconocimiento de sus legítimos intereses; es
decir, apareja el atributo de exigir al Estado una actuación determinada cuando se
produzca alguna forma de amenaza o afectación efectiva de los derechos de consumidor
o usuario, incluyendo la capacidad de acción contra el propio proveedor.
De acuerdo con lo establecido por el artículo 65º de la Constitución, el Estado mantiene
con los consumidores o usuarios dos obligaciones genéricas, a saber:
▪ Garantiza el derecho a la información sobre los bienes y servicios que estén a su
disposición en el mercado. Ello implica la consignación de datos veraces,
suficientes, apropiados y fácilmente accesibles.
▪ Vela por la salud y la seguridad de las personas en su condición de consumidoras
o usuarias.

El autor Jaime Thorne León de la revista de asociación civil nos habla sobre la soberanía
del consumidor en una economía social de mercado, y señala que, conforme a los

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establecido en la nuestra constitución política del Perú, el sistema económico que orienta
la distribución de recursos en nuestra sociedad, es la economía social de mercado; y que
la satisfacción de las necesidades de los individuos se produce como un resultado de las
múltiples transacciones celebradas, bajo parámetros de libertad, entre quienes requieren
de bienes y servicios para satisfacer sus necesidades (demanda) y quienes ofrecen los
bienes y servicios requeridos por los primeros (oferta).
Al hablar de consumidor nos dice que esta debe ser libre, ya que se protege esencialmente
garantizando que la información que recibe el consumidor sea veraz y este sobre términos
de realidad, y asegurando que reciba el servicio o bien en buenas condiciones.

Nos habla además sobre Los Principios Esenciales en el Código de Protección y Defensa
del Consumidor
- El principio general: según nuestra normativa, este principio general y esencial
lo señala el artículo 65º de la C.P.P, que habla sobre la protección del consumidor.
"Artículo 65.- Protección al consumidor El Estado defiende el interés de
los consumidores y usuarios. Para tal efecto garantiza el derecho a la
información sobre los bienes y servicios que se encuentran a su
disposición en el mercado. Asimismo vela, en particular, por la salud y la
seguridad de la población".
Este artículo vendría a ser fundamental, para así poder entender la defensa de los
intereses de los consumidores. El TC señalo que tras los deberes impuestos al
estado en el artículo 65 de la Norma Suprema, se sobre entiende una serie de
exigencias que recaen sobre diversos órganos del Estado, y en primer lugar, sobre
el legislador ordinario, al que se le impone la tarea, mediante la legislación, de
crear un órgano estatal destinado a preservar los derechos e intereses legítimos de
los consumidores y usuarios. Pero también la tarea de establecer procedimientos
apropiados para que, en su seno, los consumidores y usuarios puedan, mediante
recursos sencillos, rápidos y efectivos, solicitar la protección de aquellos derechos
e intereses.

- Autonomía y protección al consumidor: Las normas de protección al


consumidor deben ser interpretadas y aplicadas en el sentido de respetar y
fomentar las opciones libres e informadas de los consumidores. Desde mi
perspectiva este principio debería ser considerado como uno general y esencial,
ya que desarrolla un complemento que resulta indispensable.
La autonomía del consumidor, como principio, exige la defensa de que su elección
se encuentre libre de coacción, e incluso, de cualquier forma de inducción a error
que fuerce o distorsione su voluntad.
Mientras que la soberanía implica el reconocimiento de que, con sus decisiones,
orienta la distribución de recursos en la sociedad y la decisión de los proveedores
acerca de qué y cómo producir.
El Proyecto de Código de Protección y Defensa del Consumidor recoge así este
principio:

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• Buena fe comercial; se entiende que las partes, proveedores y consumidores, están
sujetos a un deber de transparencia y lealtad en su actuación en el mercado
• Corrección de la asimetría informativa; Las normas de protección al consumidor
buscan corregir las distorsiones creadas por la asimetría informativa que existe entre
proveedores y consumidores. Es rol del estado corregir dicha asimetría, sea mediante
la provisión de información relevante a los consumidores o mediante la corrección
de aquellas prácticas de los proveedores que exploten las distorsiones generadas por
dicha asimetría.
• Iniciativa pro consumidor; La actuación del Estado en la protección del
consumidor es permanente; en consecuencia, operará en aquellos supuestos en los
que se concluya que el mercado no podrá corregir cualquier distorsión en la
información o en las relaciones con los consumidores de manera adecuada.
• Responsabilidad de los consumidores; los consumidores deberán actuar de
manera responsable al adoptar decisiones de consumo.

LA ALEGADA VIOLACIÓN DEL DERECHO A LA LIBERTAD DE


CONTRATAR

En la sentencia que es síntesis de análisis, la empresa demandante alega que se está


vulnerando su derecho a la libertad de contratar, pues dan a conocer que mediante una
norma posterior se afectan contratos celebrados en su oportunidad que son acordes con
las disposiciones vigentes, y así se afecta el contrato de compra de vehículos adquiridos
con chasis de camión para carrozados, cuando antes eran actividades lícitas.
De la misma manera se estaría afectando su contrato de constitución, cuyo objeto era
dedicarse a la actividad de transporte sobre ómnibus carrozados, cuando la autoridad del
estado peruano otorgaba las habilitaciones para prestar dicho servicio.

Su alegato lo fundamentan según el art.2º de la constitución, inciso 14, que refiere el


derecho a la libe contratación, que se concibe como un acuerdo de voluntades entre dos
o más personas naturales y/o jurídicas para crear, regular, modificar o extinguir una
relación jurídica de carácter patrimonial. Dicho vínculo es el fruto de la concertación de
voluntades que debe versar sobre intereses que poseen apreciación económica, tener fines
lícitos y no contravenir las leyes de orden público.
Tal derecho prima facie garantiza:
 Autodeterminación para decidir la celebración de un contrato, así como la
potestad de elegir al co celebrante.
 Autodeterminación para decidir, de común acuerdo, la materia objeto de
regulación contractual.
En la sentencia además se menciona que lo alegado por la recurrente carece de sustento,
ya que dichas disposiciones no contienen referencia alguna respecto de la licitud, o
ilicitud, de los contratos de compra de vehículos adquiridos con chasis de camión para
carrozados.
Como consecuencia y al no haberse acreditado la invocada afectación del derecho a la
libre contratación, tal extremo de la demanda también debe ser desestimado.

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La constitución nos garantiza que los términos contractuales no pueden ser modificados
por leyes u otras disposiciones de cualquier clase. Esta norma estatuye para los contratos
el principio de los derechos adquiridos en materia de aplicación temporal de normas, y
por consiguiente, de aplicación ultra activa de las disposiciones que estuvieron vigentes
al tiempo de perfeccionamiento del contrato, y que posteriormente sean modificadas.
La libertad contractual es un subtipo de las diez libertades económicas que han sido
categorizadas en el mundo, podemos mencionar que la libertad contractual se desprende
de la libertad comercial debido al aspecto económico arraigado en el marco contractual.
Es evidente afirmar su importancia para el desarrollo dentro del país, pues genera
constantes transacciones económicas a través de los llamados contratos.
La libertad contractual es un aspecto muy importante dentro del marco constitucional
económico, debido a que permite que las partes puedan ejercer su voluntad para
crear relaciones jurídicas de carácter económico, con el fin de coadyuvar al crecimiento
de la economía.

Según Carlos Alberto Soto, nos dice que la libertad de contratar es un derecho
fundamental de toda persona y que además está prescrito en nuestra constitución,
El artículo 2, inciso 14, al disponer que “toda persona tiene derecho a contratar
con fines lícitos siempre que no se contravengan leyes de orden público”

Entonces nadie está obligado a celebrar un contrato, Por otro lado, la libertad de contratar
no solo permite a las personas decidir si contratan o no, sino que también los faculta para
elegir a su contraparte, es decir, elegir a la persona con quien desean vincularse
jurídicamente. Por consiguiente, no está permitido imponer contrapartes a los individuos
que desean contratar. Resumiendo esta libertad, podríamos decir que una persona contrata
porque quiere, con quien quiere y cuando quiere.

Enrique Bernales Ballesteros señala que la contratación, debe tener fines lícitos, esto, es
no prohibido por el derecho. Al contratar las personas ejercen su libertad de expresión de
voluntad bajo el principio constitucionalmente establecido que, “nadie está obligado a
hacer lo que la ley no manda, ni impedido a hacer lo que ella, no prohíbe”. La
contratación, como los actos jurídicos en general, debe conformarse a las leyes de orden
público. Si las contraviene sufrirá de nulidad, esto está señalado por parte final de este
inciso, pero además por el artículo V del título preliminar del código civil.

LA ALEGADA VIOLACIÓN DEL DERECHO A LA LIBERTAD DE EMPRESA

La demandante además de eso, expresa que se afecta su derecho a la libertad de empresa,


y que hay una disposición posterior que le estaría prohibiendo continuar con la actividad
empresarial que se comenzó a realizar de conformidad con las normas vigentes al
momento de constituir su empresa, adquirir los vehículos y ofrecer el servicio de
transporte.

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Además de eso mencionan el artículo 59º de la constitución que es sobre el derecho a la
libertad de empresa se define como la facultad de poder elegir la organización y efectuar
el desarrollo de una unidad de producción de bienes o prestación de servicios, para
satisfacer la demanda de los consumidores o usuarios.

La libertad de empresa tiene como marco una actuación económica auto determinada, lo
que implica que el modelo económico social de mercado será el fundamento de su
actuación, y así simultáneamente le impondrá límites a su accionar. Consecuentemente,
dicha libertad debe ser ejercida con sujeción a la ley , siendo sus limitaciones básicas
aquellas que derivan de la seguridad, la higiene, la moralidad o la preservación del medio
ambiente, y su ejercicio deberá respetar los diversos derechos de carácter socioeconómico
que la Constitución reconoce.

Además dan a conocer que según su escritura pública anteriormente referida, la recurrente
se constituyó como una sociedad anónima en fecha 23 de diciembre de 1998, siendo así
su objeto social el área de servicios, el transporte de pasajeros en automóviles, en el
servicio urbano, interprovincial, departamental y nacional; rubro que a la fecha de dicha
constitución solo podía ser realizado mediante vehículos diseñados y construidos
exclusivamente para el transporte de pasajeros y no mediante ómnibus carrozados sobre
chasis de camión, actividad comercial que resultaba acorde con su objeto social. También
mencionan que las disposiciones, no prohíben la adquisición de ómnibus carrozados sobre
chasis de camión, sino lo que restringen es su utilización en la prestación del servicio de
transporte interprovincial de pasajeros, así como la actividad industrial de carrozado de
ómnibus sobre chasis de camión, y agregan que eso no es el objeto social de la empresa
recurrente. Señalan que tales restricciones no suponen, además, la eliminación del marco
jurídico - comercial actividad de ofrecer la prestación del servicio de transporte
interprovincial de personas, a la que se dedica la empresa recurrente, ya que puede
continuar ofreciendo el servicio -en ómnibus diseñados y construidos exclusivamente
para tal efecto por lo que sus alegatos carecen de sustento.

Marcial Rubio Correa nos dice: “La libertad de empresa consiste en la posibilidad de
manejar libremente la actividad empresarial dentro de los marcos de la Constitución y
la ley. La empresa es una entidad que toma decisiones libremente sin ofender al Derecho.
Es una libertad específica porque la vida empresarial (aun la de la empresa individual)
tiene características requisitos y procedimientos propios que deben ser respetados sobre
todo en lo que se refiere a las relaciones socio-empresa; socios entre sí; empresa con
otras empresas. Este es un mundo complejo de relaciones y normas que el abogado
inmediatamente reconoce”

En nuestro país la libertad de empresa no es un tema estudiado con profundidad, los


juristas que hablan acerca de este tema son muy pocos, sin embargo haremos un análisis
de la vulneración a este derecho.

El Derecho de la Libertad de Empresa, desde una óptica positivista, diríamos que no es


un derecho fundamental, alegando que al no formar parte del catálogo de derechos

12
fundamentales de nuestra Constitución. Luigi Ferrajoli, nos die que el derecho a la
Libertad de Empresa cumple con las características estructurales que debe tener un
derecho para ser considerado derecho fundamental, estas son: universalidad, igualdad,
indisponibilidad, atribución ex lege y rango habitualmente constitucional.

El TC nos dice que el contenido de la libertad de empresa está determinado por cuatro
tipos de libertades, las cuales terminan configurando el ámbito de irradiación de la
protección de tal derecho.

- En primer lugar, la libertad de creación de empresa y de acceso al mercado


significa libertad para emprender actividades económicas, en el sentido de libre
fundación de empresas y concurrencia al mercado.
- En segundo lugar, la libertad de organización contiene la libre elección del objeto,
nombre, domicilio, tipo de empresa o de sociedad mercantil, facultades a los
administradores, políticas de precios, créditos y seguros, contratación de personal
y política publicitaria, entre otros.
- En tercer lugar, está la libertad de competencia.
- Y por último, la libertad para cesar las actividades es libertad, para quien haya
creado una empresa, de disponer el cierre o cesación de las actividades de la
misma cuando lo considere más oportuno”.

LA ALEGADA VULNERACIÓN A LA LIBERTAD DE TRABAJO

➢ Alega la recurrente que mediante la norma objeto de cuestionamiento también


ha sido vulnerada su libertad de trabajo, por cuanto mediante una disposición
posterior se le está prohibiendo a su empresa continuar con una actividad laboral
que comenzó a realizar cuando adquirieron los vehículos y empezaron a ofrecer
el servicio de transporte.

13
➢ Aun cuando la demandante no es clara ni precisa las razones por las que
supuestamente se habría visto vulnerada la mencionada libertad, limitándose a
una simple enunciación carente de posterior fundamentación, este Colegiado
considera preciso recordar que el citado atributo, a la luz de las previsiones
establecidas por nuestra Constitución Política, puede ser entendido de dos
maneras:

a) Como derecho al trabajo o libertad positiva (Artículos 22º y 23º),

b) Como libertad de trabajo stricto sensu o libertad negativa (Artículo 2º,


inciso 15, y Artículo 59º).

➢ Como derecho al trabajo o libertad positiva, la Constitución proclama no sólo el


reconocimiento de una facultad sino la correlativa obligación del Estado de
promover condiciones que favorezcan el empleo. Se trata, en rigor, de un
auténtico derecho prestacional que, aunque desde luego faculta a su titular el
poder ejercer su derecho al trabajo, impone al Estado la obligación de fomentar
un contexto de condiciones que favorezcan la oferta laboral necesaria para el
trabajador.

➢ Como libertad de trabajo stricto sensu o libertad negativa, faculta al individuo,


de un lado, para elegir libremente la actividad laboral en la que pretende
desenvolverse y, de otro, para ejercer dicha actividad laboral de una manera que
no resulte alterada o distorsionada, mediante cualquier tipo de conducta
tendiente a obstaculizar o impedir su libre desenvolvimiento.

➢ Se trata, por Lo tanto, de una facultad que depende del individuo, pero que a su
vez debe ser garantizada por el Estado, fundamentalmente desde el punto de
vista normativo. El que se trate de la libertad de trabajo en su manifestación
positiva o de la libertad de trabajo en su vertiente negativa, no es un derecho
ilimitado, sino un atributo sujeto a determinadas condiciones normalmente
establecidas en la ley de confinidad con la Constitución. En el presente caso, no
se trata, como parece obvio deducirlo, de una discusión centrada en lo esencial
en el ángulo positivo de la menciona libertad sino y fundamentalmente en el
aspecto negativo.

➢ Al contrario sensu de lo sostenido por la demandante, no considero sin embargo


que con la norma cuestionada se esté atentando contra la libertad de trabajo,
pues es la propia Constitución la que se encarga de precisar que "Toda persona

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tiene derecho: A trabajar libremente, con sujeción a ley" (Artículo 2°, inciso
15).

➢ Este criterio incluso se detalla de manera mucho más precisa cuando se


reconoce que si bien "EL Estado estimula la creación de riqueza y garantiza la
libertad de trabajo [ ... ]", el ejercicio de dicha libertad (como de otras
complementarias)"[ ... ] no debe ser lesivo a la moral, ni a la salud ni a la
seguridad públicas" (Artículo 59°). Se trata, en otros términos, de una libertad
decisivamente condicionada por otros bienes jurídicos de relevancia y, en
particular, por un catálogo esencial de derechos que no puede ni debe ser
ignorado.

➢ . Cuando la recurrente invoca la libertad de trabajo, pareciera omitir que tal


derecho no es un atributo ilimitado o exento de restricciones sino que, como
ocurre en el presente caso, necesita de una regulación que condicione sus
eventuales excesos

ALEGATOS FINALES DE LA EMPRESA DEMANDANTE

Interponer el recurso de agravio constitucional, la recurrente manifiesta que las


instancias precedentes han realizado una interpretación incorrecta, fundamentalmente
del Decreto Supremo N.º 05-95-MTC y del Decreto Supremo N.º 040-2001-MTC,
atentándose de este modo contra el principio de legalidad, que establece que nadie está
obligado a hacer lo que la ley no manda, ni impedido de hacer lo que ella no prohíbe y
contra el principio de reserva de ley, que condiciona la regulación de los derechos
fundamentales sólo al ámbito de la ley.

El principio de legalidad constituye una auténtica garantía constitucional de los


derechos fundamentales de los ciudadanos y un criterio rector en el ejercicio del poder
punitivo del Estado Social y Democrático de Derecho. La Constitución lo consagra en
su artículo 2°, inciso 24, literal d), al establecer que "Nadie será procesado ni condenado
por acto u omisión que al tiempo de cometerse no esté previamente calificado en la ley,
de manera expresa e inequívoca, como infracción punible; ni sancionado con pena no
prevista en la ley".

➢ Sobre esta base, en la STC N.º 0010-2002-Al/TC, el Tribunal Constitucional ha


establecido que el principio de legalidad exige no sólo que por ley se establezcan

15
los delitos, sino también que las conductas prohibidas estén claramente
delimitadas por la ley, prohibiéndose tanto la aplicación por analogía, como
también el uso de cláusulas generales e indeterminadas en la tipificación de las
prohibiciones.

➢ A partir de esta consideración del principio de legalidad y sus implicancias en la


escturación del derecho penal moderno, también se ha establecido, en la STC
N.º O 0-2002-AA/TC, "[ ... ] que los principios de culpabilidad, legalidad,
tipicidad, e re otros, constituyen principios básicos del derecho sancionador, que
no sólo se plican en el ámbito del derecho penal, sino también en el del derecho
administrativo sancionador[ ... ]". (Fundamento Jurídico N.º 8).

➢ En la misma STC N.º 2050-2002-AA/TC también se subrayó que "[ ... ] no debe
identificarse el principio de legalidad con el principio de tipicidad. El primero,
garantizado por el ordinal "d" del inciso 24) del artículo 2° de la Constitución, se
satisface cuando se cumple con la previsión de las infracciones y sanciones en la
ley. El segundo, en cambio, constituye la precisa definición de la conducta que
la ley considera como falta [ ... ]".

El subprincipio de tipicidad o taxatividad constituye una de las manifestaciones o


concreciones del principio de legalidad respecto de los límites que se imponen al
legislador penal o administrativo, a efectos de que las prohibiciones que definen
sanciones, sean éstas penales o administrativas, estén redactadas con un nivel de
precisión suficiente que permita comprender sin dificultad lo que se está proscribiendo
bajo amenaza de sanción en una determinada disposición legal.

En lo que al caso concreto se refiere, el artículo 2° del derogado Código de Tránsito y


Seguridad Vial, Decreto Legislativo N.º 420, del 4 de mayo de 1987, vigente a la fecha
de constitución de la empresa recurrente, establecía que "El tránsito de personas,
animales y vehículos en las vías de uso público es libre, pero está sujeto a la
intervención y reglamentación de las autoridades competentes, para garantía y seguridad
de los habitantes".

Asimismo, el artículo 78º de la misma norma disponía que "No deben circular los
vehículos cuyas características y condiciones atenten contra la segaridad de las
personas, bienes y la propia carga que transportan"; mientras que el artículo 79º
precisaba que "Todo vehículo de transporte de personas y de carga debe reunir las
condiciones básicas de seguridad siguientes:

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a) Poseer parachoques delantero y posterior conforme a las disposiciones

que establece el reglamento, o que su carrocería esté construida en función

de la seguridad

Por su parte, la vigente Ley General de Transporte Terrestre N. 0 27181 , del 8 de


octubre de 1999, dispone en su artículo 3 º que " La acción estatal en materia de
transporte terrestre se orienta a la satisfacción de las necesidades de los usuarios y al
resguardo de sus condiciones de seguridad y salud, así como la protección del ambiente
y la comunidad en su conjunto; asimismo, el numeral 4.3 del artículo 4º, establece que
"El Estado procura la protección de los intereses de los usuarios, el cuidado de la salud
y seguridad de las personas y el resguardo del medio ambiente".

Conforme se aprecia de la normatividad antes reseñada, en materia de regulación de


soporte de pasajeros, el Estado cuenta con un mayor campo de actuación, e persigue la
preservación de otros valores constitucionales, como lo son, en el caso concreto, el
cuidado de la salud, integridad fisica y seguridad de los usuarios . Así fluye de todas
aquellas disposiciones regulatorias del transporte , cuyos objetivos constituyen un
parámetro bajo el cual se regula su ejercicio.

En tal sentido, resulta válido que mediante normas de jerarquía inferior a la Ley
General de Transporte se disponga de medidas que conduzcan o procuren la protección
de tales objetivos, tanto más cuanto que dichas disposiciones tienden a optimizar los
derechos a la seguridad e integridad fisica de los usuarios.

Así, las normas aludidas por la empresa recurrente en el Fundamento N.º 59, supra, no
resultan violatorias del principio de legalidad, pues tanto el derogado Código de
Tránsito y Seguridad Vial, como la vigente Ley General de Transporte Terrestre
establecían, de modo suficientemente claro y preciso, no sólo el marco de actuación,
sino también las características y condiciones básicas de seguridad que debían reunir
aquellos vehículos destinados al transporte de pasajeros.

CONSIDERACIONES FINALES DEL EXPEDIENTE

➢ Conforme a lo expuesto en la STC N.º 2945-2003-AA/TC, actualmente, la


noción de Estado social y democrático de derecho concreta los postulados que

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tienden a asegurar el mínimo de posibilidades que toman digna la vida. La vida,
entonces, ya no puede entenderse tan solo como un límite al ejercicio del poder,
sino fundamentalmente como un objetivo que guía la actuación positiva del
Estado, el cual ahora se compromete a cumplir el encargo social de garantizar,
entre otros, el derecho a la vida y a la seguridad

Nuestra Constitución Política de 1993 ha determinado que la defensa de la persona


humana y el respeto a su dignidad son el fin supremo de la sociedad y del Estado; la
persona está consagrada como un valor superior, y el Estado está obligado a protegerla.
El cumplimiento de este valor supremo supone la vigencia irrestricta del derecho a la
vida, pues este derecho constituye su proyección; resulta el de mayor connotación y se
erige en el presupuesto ontológico para el goce de los demás derechos, ya que el
ejercicio de cualquier derecho, prerrogativa, facutad o poder no tiene sentido o deviene
inútil ante la inexistencia de vida fisica de un titular al cual puedan serle reconocidos
tales derechos.

➢ En anterior oportunidad -STC N.º 0318-1996-HC/TC- el Tribunal también ha


señalado que la persona humana, por su dignidad, tiene derechos naturales
anteriores a la sociedad y al Estado, los cuales han sido progresivamente
reconocidos hasta hoy en su legislación positiva como derechos humanos de
carácter universal, entre los cuales el derecho a la vida resulta ser de
primerísimo orden e importancia, y se halla protegido inclusive a través de
tratados sobre derechos humanos que obligan al Perú. Como es de verse, el
derecho a la vida es el primer derecho de la persona humana reconocido por
la Ley Fundamental; es, a decir d Enrique Bemales Ballesteros, el centro de
todos los valores y el supuesto básico de la existencia de un orden mínimo en la
sociedad en el caso sub exámine, en el que se cuestiona la actividad estatal en
materia de transporte terrestre de personas, por haber expedido el cuestionado
Decreto Supremo N.º 006-2004-MTC, queda claro que, si la defensa de la
persona humana y el respeto a su dignidad son el fin supremo de la sociedad y
del Estado, y la persona está consagrada como un valor superior y, por ende, el
Estado está obligado a protegerla, el cumplimiento de este valor supremo
supone la vigencia irrestricta del derecho a la vida.

En tal sentido, si bien es cierto los individuos gozan de un amplio ámbito de libertad
para actuar en el mercado, y también existe la certeza de que debe existir un Estado que,
aunque subsidiario en la sustancia, mantiene una función supervisora y correctiva o
reguladora, estimo que, ante los hechos que son de conocimiento de la opinión pública,
respecto de los peligros que representa el servicio de transporte de pasajeros en ómnibus
carrozados sobre chasis de camión, y los innumerables accidentes ocurridos, en materia
de transporte el Estado dispone de un mayor campo de actuación, en la medida en que
de por medio se encuentran otros valores constitucionales superiores como la seguridad,
la integridad y, por último, el derecho a la vida misma, el cual resulta ser de

18
primerísimo orden e importancia, pues es el primer derecho de la persona humana
reconocido por la Ley Fundamental.

Así, en el caso traído a esta sede, queda absolutamente claro, y por ello es necesario
reiterar, que no sólo no se ha acreditado la vulneración de derecho constitucional
alguno, sino que, conforme a lo expuesto en los Fundamentos N.ºs 8 a 19, supra, el
Estado puede intervenir de manera excepcional en la vida economica de los particulares
-cuando la colectividad y los grupos sociales, a quienes corresponde, en primer término,
la labor de intervención, no están en condiciones de hacerlo-, a fin de garantizar otros
bienes constitucionales -en el caso, la integridad, seguridad y la vida misma- que
pueden ponerse en riesgo -y de hecho, así ha sucedido- ante las imperfecciones del
mercado, y respecto de los cuales existe un mandato constitucional directo de
promoción, en tanto actividad, y de protección, en cuanto a la sociedad en general se
refiere. No debe perderse de vista, pues, que la actividad del Estado en materia de
transporte y tránsito terrestre se orienta a la satisfacción de las necesidades e intereses
de los usuarios, y procura el resguardo y cuidado de sus condiciones de seguridad y, por
último, de la vida misma.

Y aunque ello no quiere decir, en modo alguno, que el Estado pueda interferir
arbitraria e injustificadamente en el ámbito de libertad reservado, en principio, a los
agentes económicos, es justamente en virtud de dicho postulado que, como
consecuencia a de la problemática derivada de los ómnibus ensamblados sobre chasis ve
culos de carga, se constituyó, en el año 2003, una Comisión ad hoc encargada de
estudiar y proponer alternativas viables para solucionar tal situación, la al estuvo
integrada por representantes del emplazado Ministerio de Transportes y
Comunicaciones, de las universidades Católica del Perú y Nacional de Ingeniería, del
Senati, de los propios gremios de transportistas, y de la Asociación Peruana de
Consumidores y Usuarios.

Dicha Comisión determinó -según fluye de la parte considerativa del decreto supremo
cuestionado- que la utilización de un chasis de camión para la fabricación de un
ómnibus representa un alto riesgo para la seguridad en perjuicio de los usuarios del
transporte y los propios transportistas, a lo que se agrega que no existe industria
automotriz que apruebe, acepte y garantice un producto partiendo de la fabricación
preconcebida para un uso distinto, coincidiendo además la mayoría de sus miembros en
que tanto la prestación del servicio de transporte de pasajeros en este tipo de vehículos
como la actividad industrial del carrozado de ómnibus en chasis originalmente
destinado al transporte de mercancías se encuentran prohibidas por las normas vigentes.
Por tales razones, se expidieron normas conducentes a viabilizar las recomendaciones
de la Comisión, a fin de solucionar la problemática derivada de ómnibus ensamblados
sobre chasis de vehículos de carga sobre la base de las conclusiones a las que se arribó.

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➢ Así, precisamente el propio Decreto Supremo N.0 006-2004-MTC, su fecha 25
de febrero, dispuso el empadronamiento -previa inspección técnica estructural
ante una entidad certificadora designada por la Dirección General de
Circulación Terrestre- de aquellos vehículos carrozados sobre chasis de
camión, los cuales podían permanecer en el servicio por el plazo recomendado
en el Certificado de Inspección Técnica Estructural, el cual no podía exceder
de un año.

El Estado, pues, no ha actuado ni arbitraria ni injustificadamente, sino que, por el


contrario, ante la problemática presentada, que ponía en riesgo la seguridad de los
usuarios, y las imperfecciones del mercado y de los agentes económicos, designó
previamente una Comisión en la que incluso participaron los propios gremios de
transportistas, dispuso la obligación de pasar una inspección técnica estructural, y
otorgó un plazo prudencial para su permanencia en el servicio. Tal actuación justifica su
intervención en la medida en que, por un lado, de por medio están otros valores
constitucionales, y, por otro, su accionar en materia de transportes está orientado al
resguardo de las condiciones de seguridad de los usuarios razones, todas, por las cuales
la demanda no puede ser estimada.

POR ESTOS FUNDAMENTOS, EL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL, CON LA


AUTORIDAD QUE LE CONFIERE LA CONSTITUCIÓN POLÍTICA DEL
PERÚ

HA RESUELTO DECLARAR INFUNDADA LA DEMANDA DE AMPARO

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