Moderadora
* Shadowy
Traductoras Correctoras
* Shadowy
* Bibliotecaria70
* Nelly Vanessa
* Caamille
* clau
* Carito
* yanli
* Curitiba
* Mokona
* Elena Ashb
* Mir
* Evey!
* Lectora
* Mir
* Dark Killer
* Clarksx
* Malu_12
* mona
Recopilaci n y Revisi n
* Curitiba
Dise o
* nanuhd
* Sinopsis.
* Prólogo.
* Capítulo 1.
* Capítulo 2.
* Capítulo 3.
* Capítulo 4.
* Capítulo 5.
* Capítulo 6.
* Capítulo 7.
* Capítulo 8.
* Capítulo 9.
* Capítulo 10.
* Capítulo 11.
* Capítulo 12.
* Capítulo 13.
* Capítulo 14.
* Capítulo 15.
* Capítulo 16.
* Capítulo 17.
* Capítulo 18.
* Capítulo 19.
* Capítulo 20.
* Capítulo 21.
* Epílogo.
* Sobre la autora.
Allison “Alli” Lancaster de treinta y cinco años lo tiene todo, un trabajo
fabuloso, una hermosa hija de 15 años, una hilarante mejor amiga y una
casa preciosa con una piscina y jacuzzi en un barrio exclusivo de Las
Vegas. Lo que ella no tiene es un esposo, porque botó de una patada a
su pésimo e infiel ex hace nueve meses. Desde entonces, Alli ha
pagado sus deudas con aparentemente interminable auto-superación,
y aparentemente interminable pena. Ahora, ella está lista para seguir
adelante y probar cosas nuevas.
La idea de Alli de "probar cosas nuevas" no es nada como la de esa
demonio-de-mejor-amiga suya. De alguna forma, Sara, la demonio de
mejor amiga, convence a Alli a probar un juguete sexual, acostarse con
un hombre más joven y dejar que una extraña en una bata de
laboratorio ponga cera caliente en un lugar que nunca, nunca, nunca
debería ver cera. Y eso es sólo el comienzo.
Alli nunca vio su vida yendo así. Asimismo, nunca pensó que conocería
a alguien que tuviera el muy real potencial de cambiar su vida para
siempre.
Pero lo hizo.
Presentando al nuevo hombre. Es guapísimo, refinado y maduro.
También es material de matrimonio. Pero eso supone un problema para
Alli, quien renunció a la institución del matrimonio cuando expulsó a su
ex. ¿Qué se supone que haga una chica?
Dicen que lo que pasa en Las Vegas, se queda en Las Vegas. Pero,
¿qué diablos pasa cuando no puedes dejar Las Vegas? Bueno, giras la
ruleta, por supuesto. Juegas el juego y dejas que las fichas caigan
donde puedan.
Alli sólo espera poder encontrarlas todas.
Traducido por Shadowy
Corregido por Mir
Hay momentos en la vida cuando una persona (quien puede o no ser yo)
se entera de que el hombre con el que ha estado casada por los últimos
quince años la ha estado engañando.
Durante un evento tan grave, esta persona (quien, de nuevo, puede o no
ser yo) podría decidir tirar la cordura al viento y montar el Tren Loco a
Ciudad Locura.
Mientras dicha mujer está allí, podría disfrutar tanto el paisaje que toma
residencia. Y después de un tiempo, podría llegar a amar tanto su
entorno que se une a un Convento Loco y vive allí para siempre y para
siempre jamás.
Debería aclarar sin embargo.
Cuando digo que se vuelve loca, no estoy hablando del tipo de locura
donde necesite una camisa de fuerza. Me refiero a que está
inofensivamente loca. Como en, “sale con un gigoló más joven y usa un
vibrador por primera vez”. Es el tipo de locura donde sale y compra
$10,000 dólares en valor de zapatos y se pone Botox. Y posiblemente
consigue una cirugía láser en sus abdominales que nunca admitirá ni en
un millón de años. Es el tipo de locura en la que probablemente necesita
que le quiten su tarjeta de crédito y la destruyan.
Pero ese es el buen tipo de locura, ¿cierto?
Porque todo el mundo sabe que hay buenos y malos tipos de locura, al
igual que hay buenos y malos tipos de grasa. Su tipo de locura es como el
tipo de locura aguacate, el buen tipo. Del tipo que el cuerpo de una
persona necesita para mantenerse sano y fuerte.
Estas cosas pueden o no haber sucedido.
Está bien, lo hicieron.
Y puede o no haber sido yo.
Está bien, fui yo.
Y cada partecita es verdad y algo más.
Excepto la parte sobre el convento.
Me volví loca por un tiempo, no una maldita demente. Soy una saludable
mujer de sangre roja en el mejor momento sexual de mi vida. Necesito
sexo. Preferiría recibir un disparo en la pierna y tener una depilación
brasileña hora tras hora que vivir en algún lugar donde no haya
hombres. En serio.
Pero estoy divagando.
Hola. Mi nombre es Alli. Mi esposo de quince años me engañó con cada
mujer en un radio de treinta kilómetros que estuviera dispuesta y tuviera
un latido del corazón. Pensé en volverme toda Lorena Bobbitt con él y
cortarle el pene. Pero no lo hice.
En cambio, le saqué mucho dinero en nuestro divorcio y luego me volví
loca.
Pero fue el buen tipo de locura.
Y hay una cosa sobre el buen tipo de locura… se convierte en una muy
buena historia.
Ésta es mi historia.
Bienvenido a Ciudad Locura. Espero que disfrutes tu estadía.
APS1
Traducido por Nelly Vanessa
Corregido por Mir
—Allison, te lo digo, tienes que probar esto. Lo juro por Dios, que ha sido
la mejor decisión que he hecho por mis hormonas.
—Lo que es exactamente por lo que ni siquiera debería considerarlo.
Soy demasiado vieja para estar escuchando a mis hormonas.
Sara se detiene en medio de la sección de comida congelada de
nuestra muy local tienda de comestibles y pone sus manos sobre las
caderas, mirándome con sus grandes ojos marrones.
—Y si tú no cuidas de tus hormonas, ¿quién lo hará? ¿Rick el Pene?
—¡Shhh, Sara! —Miro a mi alrededor para asegurarme de que nadie
esté escuchando nuestra conversación. Estoy contenta de ver que, por
el momento, estamos solas.
—¿Y bien? ¿Lo hará?
—Sabes que no lo hace.
—Y sabemos por qué no, también. Porque su pene ha estado en servicio
por lo menos con otras cuatro mujeres que conocemos. En este punto,
me daría miedo que pudiera caerse dentro de ti si vuelve por más.
—¡Oh, Dios mío, Sara, cállate! ¡Alguien te puede oír!
Miro a mi alrededor frenéticamente, pero gracias a Dios nadie está en
nuestro contorno. Sara me mira, medio imperiosamente y medio con
pena.
—¡No me importa y tampoco a ti debería importarte! Estoy cansada de
las mujeres que actúan como si necesitar sexo fuera algo malo. Soy
todo por abrazarlo. Chica, perdí veinte años de mi vida pensando que
los vibradores eran malos. Todavía no puedo entender por qué diablos
escuché a mi madre.
Soy la que la mira fija e imperiosamente ahora.
—Sara, un vibrador y un hombre joven caliente son dos tipos totalmente
diferentes de juguetes. Si estuvieras tratando de convencerme de que
1 APS: Amigas por siempre.
me consiga un vibrador, estaría de acuerdo. Pero eso está totalmente
fuera de cuestión.
Veo los labios manchados de rubí de Sara abriéndose.
—Mierda, ¿no tienes un vibrador? Allison, ¿qué demonios? ¿No tienes
miedo de que a esa cosa le salgan telarañas y se marchite por falta de
uso?
Siento que me sonrojo cuando miro hacia arriba y veo a una pequeña
anciana sentada en un carrito motorizado frunciendo el ceño ante
nosotras. Mierda. ¿Cómo es que no vi su pelo púrpura cuando miré
alrededor hace minutos?
Por favor, Dios, ¡que haya olvidado su audífono hoy!
—Muy bien. Eso es todo —dice Sara de pronto, alcanzando los pocos
artículos en mi carrito y tirándolos en un estante en un gran montón—.
Vamos a la tienda traviesa. Hoy comienza la liberación de Allison. O, al
menos, su hoo-hah. Estoy haciendo mi misión en la vida al ayudarte a
dejar que tu puma interior deje la jaula. Esa perra ha estado en
cautiverio demasiado tiempo.
Ella toma mi mano y me hace girar, abandonando mi carro y
arrastrándome hacia la salida. Nuestros zapatos de tacón alto, hacen
clic en el piso rayado, atrayendo la atención de todos en nuestra
directa cercanía.
Y, por supuesto, aquí es cuando Sara elige ser aún más obscena.
—Voy a encontrarte el mayor pene plástico en el mercado y vas a
utilizarlo aun si tengo que atarte y hacerlo por ti.
Quiero malditamente morirme.
Me horrorizo al ver la cabeza de cada chico empaquetador girar hacia
nosotras, más aún cuando reconozco a dos de ellos. Van a la escuela
con Sophie, mi hija de 15 años.
—¡Oh mi Dios, Oh mi Dios, Oh mi Dios! Sara, ¡cállate! —le siseo.
—Lo haré si mueves tu trasero. Esto necesita reparación. Hoy. Y no hay
mejor momento que el presente. Sophie no estará en casa por otras dos
horas. Eso es justo lo suficiente para hacerte cambiar de opinión.
—Como si eso fuera a suceder —murmuro—. No te hagas ilusión.
—Ya lo veremos, Señorita Sexualmente Reprimida. Ya lo veremos.
Una humillante hora más tarde, Sara y yo estamos presionadas delante
de mi ordenador, hojeando un catálogo de hombres en línea. Bueno,
digo “hombres” a la ligera. Esos machos están en algún lugar entre
machotes y maduros, con machote siendo ese lugar en el cual la forma
masculina de nuestra especie se queda atascada varios años después
de la secundaria y los alrededores de la universidad.
No puedo creer que esté haciendo esto.
—Se siente mal estar viendo a estos chicos de cualquier forma sexual. —
Miro indecisa a mi loca amiga. Ella me devuelve la mirada sin
disculparse.
—Confía en mí, Allison. Ellos quieren que los mires de esa manera. Y no
son chicos. Tienen la edad legal.
Paso el cursor sobre uno que no se ve ni un día mayor de dieciséis años.
—¡Santo cielo, Sara! ¡Este es el hijo de alguien! Te garantizo que su
madre no sabe que es un gigoló.
—¿Santo cielo? ¿En serio? —Ella me mira con escepticismo—. Además,
no es un gigoló, ¡que mojigata! Él es un acompañante. Hay una gran
diferencia.
—Un acompañante que, al final de la noche por un poco más de
dinero en efectivo, tendrá sexo con personas. ¿Cómo llamas a eso?
La risa de Sara tiene un borde malvado.
—Lo llamo mi buena suerte.
—Sara, lo digo en serio.
—Yo también. Pero mira, así es como lo veo. Estoy ayudando a Chaz a
vivir sus sueños también. Él puede hacer y experimentar cosas que la
mayoría de los hombres del doble de su edad nunca sabrán.
—Estoy segura de que eso es cierto, pero nunca me convencerás de
que uno de veinte años normalmente tendría algún interés en alguien
de nuestra edad. Por el amor de Dios, Sara, salí de la ducha esta
mañana y me asusté como el infierno cuando pasé por el espejo. Por un
segundo realmente me pregunté de quién era ese cuerpo. Tengo bolsas
y bultos en lugares que nunca deberían estar desiguales y hay un poco
de extraño exceso de piel en la parte de atrás de mis brazos que me
hace ver como una ardilla voladora. ¡Una maldita ardilla voladora!
¿Qué chico de veintiún años en su sano juicio querría tener sexo con
una ardilla voladora?
—Maldita sea, Allison, ¿podrías dejar de tirarte abajo? Los hombres no
nos ven de esa manera. ¡Gracias a Dios! Ellos ven estas cálidas, suaves,
hermosas y sensuales criaturas que huelen fantástico y follan como
gatos salvajes. Sabemos lo que queremos y cómo lo queremos. No se
preocupan porque nuestros brazos se parecen a las orejas de Dumbo.
Les importa que podamos aspirar una pelota de golf por una manguera
de jardín y que los hagamos correrse en dos segundos.
—¡Sara! —Mis orejas se vuelven rojas.
—Y tienes que dejar de hacer eso, también. Aflójate un poco. Sabes, no
es el fin del mundo lanzar una bomba F o hablar abiertamente de una
mamada. ¿No te acuerdas de la secundaria en absoluto?
—Por supuesto que sí. Recuerdo enamorarme del hombre que creía que
era mi alma gemela, quedar embarazada de nuestra hermosa hija y
tener lo que pensaba era sexo exclusivo con él durante quince años
antes de encontrar que me estaba engañando.
—Maldición, ¿cuánto tiempo estuviste en la secundaria?
Suspiro de exasperación.
—Sara, quiero seguir adelante, pero tengo que hacerlo poco a poco.
—Eso es exactamente lo que no necesitas, Allison. Tienes que llegar a lo
más profundo y encontrar a esa chica salvaje y valiente que solías ser
antes de que Rick el Pene pusiera una flecha en tu corazón. Y en tu
vagina. Necesitas encontrar a tu verdadero yo. El que no controla más.
Y estoy aquí para ayudarte. ¡Te gustan los penes! No, amas a los
malditos penes. Necesitas recordarle eso a tu vagina. Chica, lo tienes.
Vas a poseerlo totalmente.
No digo nada. En su lugar, sólo miro a mi mejor amiga en el mundo. Sé
que tiene los mejores intereses de corazón. Y sé que es la única persona
en el planeta en la que puedo confiar plena y completamente. Así que,
¿por qué estoy poniendo obstáculos? ¿Qué tengo que perder? Mi vida
como la conocía antes estaba acabada de todos modos.
—Está bien. Te daré una oportunidad, pero no te prometo que dormiré
con un chico al azar sólo unos pocos años mayor que mi hija.
Sara chilla y lanza sus brazos alrededor de mi cuello.
—Oh, Dios mío, ¡vamos divertirnos mucho! —Aplaude con entusiasmo
antes de recostarse en su silla junto a mí. Desliza el ratón hacia mí—. Muy
bien. Configuraremos tu cuenta mientras estoy aquí. Tienes que ser
patrocinada por un miembro incluso para tener acceso al sitio. Luego te
encontraremos un juguete.
—Creo que he visto suficientes juguetes por hoy —digo algo sombría.
—Esto no es algo malo, Allison. Es algo bueno. —Me mira por unos pocos
segundos y luego pone su mano en mi brazo—. Bueno, hagamos esto.
Elige el tipo que te guste y yo haré el resto. ¿Hecho?
—Hablas como un espeluznante vendedor de autos usados en este
momento —anuncio.
Ella me ve con mirada del Mejor Agente de Bienes Raíces del Año del
Área de Las Vegas.
—Supongo —digo con un suspiro.
Ella sonríe triunfante.
—No es el entusiasmo que esperaba, pero lo tomo.
—Mamá, necesito esto. ¿No puedes al menos, considerarlo?
Espátula en mano, me vuelvo para mirar a mi hija.
—Sophie, ¿tienes alguna idea de la cantidad de dinero que
probablemente cuesta un instructor de natación privado?
—No, pero papá pagará la mitad y no será tan malo. Mamá, todos los
nadadores que son aspirantes olímpicos tienen sus propios entrenadores
privados. Sabes que nunca lograré llegar a ningún lugar con el señor
Sullivan.
—El Sr. Sullivan hace un trabajo perfectamente bueno, Soph. Es gracias
a él que ganaste el Estatal el año pasado.
—Lo sé, mamá. Pero no es lo suficientemente bueno si alguna vez tengo
la esperanza de llegar a los Juegos Olímpicos. Por favor. Al menos dime
que lo considerarás. Kayla incluso conoce a un tipo que estaba en el
equipo de natación de su universidad. Dice que él lo hará hasta que
pueda ser lo suficientemente buena para calificar por otro. Lo que
probablemente significa que será más barato, también.
—Sophie…
—No me digas “Sophie”, mamá. Me tratas como si fuera una cabeza
hueca. Soy más responsable y más dedicada que cualquier chica de mi
edad. Nunca me meto en problemas y mis calificaciones son casi
perfectas. Haz esto por mí. Pooorrrrr favoooooor.
Miro los anchos y suplicantes ojos color avellana que son tan parecidos
a los míos. Esta niña es mi única verdadera debilidad, mi propia marca
de Kriptonita.
—Está bien. Dame un poco de información sobre el tipo que Kayla
conoce. Empezaremos desde allí. Pero ¡tú se lo pedirás a tu padre,
señorita!
Su sonrisa es como una bombilla de mil vatios; hermosa, joven e
inocente. Así como la mía hace veinte años, antes de que Rick el Pene
me hiciera resentida por cualquier cosa con un pene.
—Lo haré. Muchas gracias, mamá. —Ella se apoya en toda la isla y
picotea mi mejilla.
Realmente es una buena chica. Sólo tengo que ignorar las partes de
ella que se parecen a Rick a veces, como el pliegue que tiene en su
boca cuando me mira. O la manera en que pone el pie cuando está
molesta, con su mano en la cadera y la vidriosa mirada enojada en sus
ojos. Sus ojos son los míos, pero esa mirada en particular es de Rick hasta
la médula.
Suspiro. Ella es mitad Rick, pero es mitad yo, también. Y eso la hace
impresionante. Es una buena chica. Y es mía. Rick puede irse al puto
infierno.
Suspiro con orgullo. Sara estaría orgullosa de mí. Podría no haber dicho
la palabra J, pero sin duda había pensado eso sin pestañear.
Eso era jodidamente un progreso.
Sonrío.
Estoy desempacando mi maletín de trabajo al día siguiente, buscando
un archivo, cuando me encuentro la bolsa de plástico que contiene el
enorme dildo que Sara compró para mí.
Santo maldito infierno.
Siento que mis mejillas se calientan sólo con pensar en él, y mucho
menos viéndolo.
Lo saco y lo pongo a un lado, lejos de mí. Sigo escarbando buscando el
archivo, pero me encuentro mirando una y otra vez de nuevo al
paquete. Entonces, una sonrisa sexy revolotea en mi cabeza.
Shade. ¿Qué clase de nombre gigoló es Shade?
A pesar de que la idea pasa por mi cabeza, estoy pensando que es una
muy buena. Es un nombre oscuro y sexy para un chico oscuro y sexy.
Prácticamente había lamido la pantalla de la computadora cuando lo
vi sonriéndome. Él es la cosa más sexy que he visto nunca. Incluso si
tiene cerca de la mitad de mi edad.
Aún no tienes cuarenta, Allison, me recuerdo.
A los treinta y cinco, sin embargo, algunos días me siento como que
bien podría tenerlos. Y es por esa misma razón que estoy pensando en
la propuesta de Sara. No quiero que esto sea la suma total de mi vida.
Una madre soltera, divorciada y ejecutiva de marketing sin nada,
excepto mi trabajo y mi amargura. No quiero que la parte divertida se
termine. Eso sería como admitir la derrota, como dejar que Rick se
robara todos los mejores años de mi vida. Y me niego a dejar que eso
suceda.
Sin duda lo mejor está por venir. Sin duda.
Espontáneamente, empujo todo fuera de la cama. Intento no
estremecerme con el lío de papeles que tendré que limpiar después y
en su lugar me centro en abrir la caja que contiene el vibrador.
Parece como el poste de un tótem de veinticinco centímetros y mis
dedos tiemblan. Soy una maldita gallina.
Aprieto los dientes y vuelvo mi atención al pene en mi mano. Tiene
grabados a lo largo de su longitud de color rosa, con una ardilla y un
castor en ambos lados de la base. Pero ellos no están grabados. Son
como animales diminutos sobresaliendo desde la parte inferior.
Todos los amigos de Bambi, creo obtusa.
Sólo puedo imaginar que el castor va en la parte delantera para
estimular un lado, mientras que la cola de la ardilla va en... la parte de
atrás.
¿En la maldita parte de atrás?
Incluso en la intimidad de mi habitación, me ruborizo.
¡Santo infierno, Sara! ¿Qué estás tratando de hacer conmigo? ¿Una
maldita cola de ardilla? ¿Podría esto considerarse bestialidad de alguna
manera, o forma? Oh, Dios mío.
Busco las cinco pilas AAA de la parte inferior de la bolsa y las inserto en
el vibrador, luego lo enciendo. Me río cuando la cabeza del pene de
plástico comienza a girar en un círculo cerrado, y el castor y la ardilla
inician su movimiento.
Dios mío.
Sacudiendo la cabeza ante la elección del juguete sexual de mi amiga,
lo apago y lo llevo al baño para lavarlo.
Dejo que el agua se caliente y lleno mis manos con espuma de jabón
anti-bacterial antes de agarrarlo. Paso los dedos por el suave pero firme
plástico y dejo que mi mente divague. Me encuentro a mí misma
pensando en Shade de nuevo, que es exactamente lo que mi amiga, el
maldito diablo ella misma, tenía en mente.
¿Qué hace un gigoló en su tiempo libre?
Me recuerdo a mí misma que no tengo ninguna intención de
averiguarlo. Tengo curiosidad.
Realmente tengo curiosidad.
¿Sería más pequeño que el vibrador? ¿Del mismo tamaño? ¿¿Más
grande??
Sólo la idea de eso hace que un pequeño chorro de calor se dispare
por mi cuerpo, lo que realmente me sorprende. Pensaba que había
perdido este tipo de adrenalina hace mucho tiempo. De repente, estoy
muy entusiasmada con mi nuevo juguete y la imagen de mi pronto a ser
acompañante. Tengo visiones de sus angelitos bailando por mi cabeza.
Oh Dios, ¡eres tan retorcida! ¡Esa es una referencia de Navidad!
Pero tal vez algo nuevo, algo travieso y prohibido, es justo lo que
necesito para agitar casi dos décadas con un traidor. Quince
Navidades desperdiciadas con un patético marido mentiroso. Es hora
de una nueva y brillante Navidad, así que quizás es justo lo que el
médico (o Santa) ordenó. El médico, en este caso, es Sara, por
supuesto.
Enjuago el nuevo vibrador en el agua caliente, decidiendo darle el
nombre de Gerónimo ya que estoy saltando a todo tipo de cosas
nuevas. A medida que se calienta en mis manos, me imagino al súper
caliente Shade de nuevo. Pienso en tener mi propio chico-para-jugar
personal, un esclavo sexual sin otra meta que darme placer, haciendo
todas mis fantasías realidad.
Para mi total sorpresa, en cuestión de segundos de esta desenfrenada
fantasía, mis bragas están mojadas. Mierda. Pero esto no debería
sorprenderme. He pasado casi dos décadas con alguien que se corría
en dos minutos y luego rodaba para estar roncando en los dos minutos
siguientes. Obviamente, la idea de alguien que es pagado para
consentir todo el deseo sexual que pudiera tener es... estimulante.
Impulsivamente, me bajo las bragas y camino medio desnuda a la
cama. A plena luz del día.
Estoy nerviosa.
Muy nerviosa.
¿Y si me lo meto y Sophie viene a casa y me encuentra con un vibrador
zumbando en mi vagina y entonces tiene que llevarme al hospital,
donde tienen que extirpármelo quirúrgicamente? Y por supuesto el
bisturí podría dañar los nervios ahí abajo y no podría llegar al orgasmo
nunca más.
Soy una idiota.
Lo sé.
Soy una idiota sexualmente reprimida.
Con una respiración profunda, me acuesto sobre mi espalda con las
rodillas dobladas y cierro los ojos de nuevo, imaginándome a Shade. Le
doy la vuelta al interruptor del vibrador.
La nariz del castor tiembla contra mi pierna y me río al pensar que un
castor va a estimular a mi castor. Ja. Giro a Geronimo hasta que se
coloca justo donde debe estar. Se siente como hormigas trepando en
mí por un segundo y aprieto los dientes. Pero al segundo siguiente, me
he acostumbrado al sentimiento.
¡Y santas-malditas-cabras pigmeas!
Tengo que aspirar una bocanada de aire para evitar jadear.
Dulce María, Madre de Dios. Un millón de fragmentos de luz se disparan
en mi entrepierna. Todo lo que necesito ahora es un coro Bautista que
cante Aleluya y salte agitando sus manos en el aire.
Tomo otro aliento y me atrevo a moverlo una micra.
Dios mío, ¡si sólo fuera la lengua de Shade!
Soy una mujer sucia, sucia.
Fantaseo acerca de un chico cuya lengua es sin duda única en la
universidad. Y el resto de su cuerpo, también, por supuesto. Pero no
puedo evitarlo. Mientras Geronimo me empuja cada vez más a un
precipicio al que ni siquiera me he acercado en años (digamos
NUNCA), la fantasía me golpea y no dejo que la vergüenza me impida
tenerla.
Me imagino que Shade tiene un cuerpo juvenil, todo bronceado, en
forma y flexible. Es más hermoso de lo que Rick el Pene nunca lo fue.
Ugh. Me estremezco. Nota mental: No puedo pensar en Rick el Pene si
no quiero que mi vagina haga implosión sobre sí misma.
Me concentro en Shade de nuevo. Me imagino cómo se vería encima
de mí mientras guía su enorme pene perfecto y joven, dentro de mí. Me
lo imagino chupándome los pezones y tirando de mi cabello en éxtasis
mientras golpea en mí como una batería en un concierto de Kiss.
Muevo a Geronimo sólo un poco más.
Después, un poco más.
Y simplemente así, me corro.
Feliz Navidad para mí.
Mientras estoy yaciendo con satisfacción asombrada y sin aliento,
pienso seriamente en mandarle un mensaje de texto a Sara con mi
eterna gratitud.
¡Mierda, chica! Creo que te amo.
En realidad, estoy enamorada de Geronimo.
Es el pene perfecto: enorme, duro e independiente del resto de un
hombre que sólo traería problemas como una panza de cerveza, gases
infernales e infidelidad. Lo miro con cariño mientras lo lavo otra vez,
luego lo meto en mi mesa de noche.
Sí, definitivamente estoy enamorada.
Con un suspiro de felicidad, me doy cuenta de que por primera vez,
estoy deseando que llegue mi cita de sábado por la noche.
—¡Te ves maravillosa! —dice Sara cuando le doy vuelta a la esquina y
entro al dormitorio.
—Me siento ridícula.
—¿Por qué? Somos simplemente dos mujeres ricas con chicos juguetes
como trofeo, por una noche en la ciudad en uno de los puntos más
lujosos de Las Vegas. No hay nada por lo que sentirse ridícula.
—Estoy vestida como Julia Roberts en Pretty Woman, sólo que sin el
cuerpo de ella —le digo, indicando mi vestido corto y apretado—.
¿Cómo dejé que me convencieras de comprar esto?
—Bueno, pensé que podría ayudar a las cosas con Rick el Pene hace
muchas lunas, pero este es un uso aún mejor. Además, te ves apetitosa.
También tienes el cuerpo para ello.
Poniéndose de pie, camina hacia mí. Arrastra las puntas de los dedos
de una mano por mi mejilla antes de raspar sus largas uñas por mi
cabello.
—Un cabello tan grandioso —murmura—. Es de un color oscuro perfecto
y es tan brillante y completo. Podrías estar en un comercial de champú.
En serio. —Pongo los ojos en blanco y sonrío, pero ella me interrumpe
antes de que pueda hablar—. ¡Y tus dientes! —observa—. Tienes dientes
perfectos. Completamente blancos. Tu sonrisa casi hace que te odie.
¿Qué hombre podría resistirse a eso?
Me quedo mirándola con incredulidad.
—¿Mis dientes? ¿Qué demonios? Nadie saldrá conmigo por los méritos
de mi salud oral. No soy un caballo, Sara.
—Y un rostro tan hermoso —continúa ella, ignorándome. Justo antes de
mover las manos hacia abajo para palmear mis pechos. Les da un
apretón—. Deliciosamente firmes —declara, entonces agarra mi cintura
y me da la vuelta—. Y un trasero perfecto —exclama, golpeando mi
trasero—. Eres hermosa en todos sentidos y cualquier hombre en su sano
juicio daría su huevo izquierdo para lamerte de pies a cabeza y en
todas las partes en medio.
—Creo que secretamente tienes algo por mí —me río—. Tal vez debería
salir contigo en su lugar.
—Oh, ¡qué halago! Si cualquiera de nosotras se inclinara de esa
manera, seríamos perfectas juntas. Pero, por desgracia, soy amante de
la salchicha, como lo eres tú. No hay tacos para nosotras.
No puedo evitar reír.
—¿Siempre has sido así y lo estoy notando ahora?
—Sí. Has estado preocupada durante algunos años.
—Realmente estoy empezando a adorar esta nueva tú. Incluso si me
conmociona regularmente y me pone en problemas la mayoría de las
veces.
—Te encanta y lo sabes. Añadí mucha necesitada emoción a tu vida —
reclama Sara, caminando hacia el espejo para retocarse el lápiz labial.
—¿Te dije que me encanta ese estilo de cabello en ti, también? —le
pregunto, en referencia a su nuevo color rojo oscuro y corte pixie—.
Tienes totalmente la cara para llevarlo.
—Sigue así y seré tuya.
Las dos nos reímos.
—Bueno, creo que estoy lista —agrego bajo mi aliento—. Por lo menos
tan lista como pueda llegar a estar.
—Entonces es hora de irse.
Mi estómago revolotea con temor y ansiedad y, sí, con un poco de
emoción. Tomo una respiración profunda y le sonrío a Sara. Ella encaja
su brazo con el mío y sonríe.
—Bienvenida a la primera noche del resto de tu vida.
Nos abrimos paso afuera y caminamos hasta la acera, a la limusina de
color negro brillante esperando allí. El trayecto es de sólo veinte minutos
más o menos, durante los cuales bebo champán en la parte de atrás
de la limusina a una velocidad que pondría orgulloso a un marinero.
Cuando nos detenemos en el club, sigo a Sara fuera del coche.
Y el hombre que me espera casi me deja sin aliento.
Es más alto de lo que imaginaba y mucho más amplio de lo que
esperaba. Sus hombros se ven de un kilómetro y medio de ancho con su
smoking perfectamente entallado, haciendo que su cintura se vea más
pequeña que la mía. Su cabello es castaño oscuro y sus ojos son del
mismo azul brillante oscuro, como lo son en sus fotos.
Es joven, está bien. Pero no hay nada juvenil en este tipo. En absoluto.
Cuando salgo del coche, él extiende su mano hacia mí. Deslizo mis
dedos en los de él y sonríe. Estoy bastante segura de que mis rodillas se
entumecen y mi útero tiene un espasmo. Pero es cuando habla que sé
que todo ha terminado, excepto los gritos. Y el coro de Aleluya.
—Eres más hermosa de lo que podría haber imaginado —ronronea con
una voz profunda y aterciopelada.
Sí, lo montaré como un toro fugitivo esta noche. No hay vuelta de hoja.
El pensamiento me hace sonreír.
Traducido por Nelly Vanessa
Corregido por Mir
Shade
—Eres una estrella de rock —le murmuro al tipo en el espejo mientras
acomodo su corbata negra en un lazo definido—. Una maldita estrella
de rock.
—Amigo, ¿a quién demonios le estás hablando?
Chaz avanza en el vestuario.
Corrección. Chaz se pavonea dentro de la habitación. Chaz se
pavonea en cada habitación como un gallito. Es molesto como el
infierno. De hecho, él es molesto como el infierno. Pero debido a que
dos mujeres nos habían solicitado a los dos juntos, estábamos atrapados
uno con otro esta noche. Y sé que no le gusta más que a mí. Es un
imbécil y sólo pido poder pasar la noche sin bajarle los dientes por su
engreída garganta de gallito.
No contesto. Acabo de volver mi atención al hombre en el espejo. El
tipo que me mira es seguro, mundano y sexy como el infierno. Se siente
cómodo en el almidonado traje de pingüino y puede hacer que se le
caigan las bragas Victoria Secret a cualquier mujer.
Él es Shade. Y Shade es una maldita estrella de rock.
—¿Estás casi listo? —Chaz levanta una ceja y me espera con
impaciencia—. Eres una maldita niña —murmura entre dientes.
Lo miro. Está sentado en un sillón de terciopelo rojo a mi izquierda, con
las piernas cortas golpeando sin descanso las patas de madera. No es
más que un pequeño bajito. No veo lo que las mujeres ven en él.
Mientras espera, toma una pastilla de menta del plato de plata junto a
él y se la mete en la boca, adhiriéndose a una de nuestras reglas. Ten
siempre aliento fresco, pero nunca mastiques goma de mascar.
Este vestuario es lujoso, tranquilo y destinado a ser tranquilizante. La
mayoría de mis colegas (y utilizo ese término vagamente) no necesitan
estar calmados. Han estado haciendo esto desde hace mucho tiempo.
Yo soy el chico nuevo de la cuadra, el más joven y el más reciente en el
equipo. Sólo he estado haciendo esto durante seis meses, pero lo he
hecho cada fin de semana, lo que hace veinticuatro fines de semana
con este. De citas.
Así es como las llamamos. Citas.
Sonrío para mis adentros porque las citas de secundaria o universidad
nunca eran así. El vago recuerdo de abrazarnos y tocarnos el uno al
otro en los autos estacionados en callejones oscuros con ventanillas
empañadas viene a mi mente y casi me río.
Mi vida sin duda ha progresado.
Desde que mi amigo Adam me presentó este trabajo, mi vida ha
cambiado para mejor. Ya no tengo que pedirle dinero a mi viejo y vivir
según sus reglas. Puedo pagar mi propio lugar porque gano un
MONTÓN de dinero haciendo algo que me encanta. Y eso significa que
no tengo que conseguir el maldito grado en negocios que mi padre
quería que consiguiera. No tengo ningún interés en eso. Realmente no
sé lo que me interesa, sin embargo, pero es seguro que no son los
negocios.
El hombre en el espejo me sonríe, confiado y listo. Mide 1,85 y su cabello
oscuro está revuelto. Lo sacude de manera que revela sus ojos azul
oscuro. Cobalto, como algunas mujeres los han llamado. Sea lo que eso
fuera. Sea lo que sea, estoy bien con eso. Parecen gustarles.
—Listo —dice el hombre en el espejo y me volteo para enfrentar a Chaz.
Soy Shade ahora. Y Shade está listo para cualquier cosa. En cualquier
momento y en cualquier lugar.
Tomo una pastilla de menta al salir.
Soy una maldita estrella de rock.
Nos abrimos paso por los pasillos traseros de Utopía. Sólo los clientes que
pagan los altos precios de los acompañantes verán estos pasillos y las
habitaciones, anexadas a ellos. Todavía me asombra que las mujeres
tengan que pagar esa cantidad de dinero sólo para tener sexo con un
hombre. Quiero decir, infiernos. Las mujeres siempre podrían
conseguirlos si quisieran. No tienen que pagar por eso.
Sin embargo, estas mujeres lo hacen. Entregan sus tarjetas de crédito sin
parpadear, simplemente porque quieren tener sexo sin compromiso
conmigo. Les gusta decirme exactamente lo que quieren y sabiendo
eso no las juzgaré por ello.
A pesar de que aquí sucede una extraña mierda pervertida. Cosas que
ni siquiera sabía que existían hasta que vine a trabajar aquí.
Ajusto mi chaqueta mientras camino más allá de las puertas cerradas.
No oigo nada detrás de ellas. Las puertas y las paredes son gruesas aquí
por una razón.
Completo anonimato. Utopía les promete eso a sus clientes. Las mujeres
que caminan a través de estos pasillos deben usar una venda de
terciopelo hasta que son llevadas con seguridad a un dormitorio con
una puerta cerrada. Esto protege la identidad de ellas y de cualquier
otra persona que pudieran ver.
Los pasillos son de color rojo con papel tapiz texturado. Los apliques de
pared son oscuros y crean una atmósfera seductora, a pesar de que los
clientes nunca ven estas paredes particulares. Camino con facilidad
ahora. Soy Shade. Y Shade nunca se pone nervioso.
Llegamos a las puertas que dan acceso a la sala principal del club, la
cara normal de Utopía. La gente normal que sólo quiere beber y bailar
está por ahí, bailando como tontos en la pista de baile con sus pulseras
verdes de neón parpadeando en la oscuridad. Los guardias que están
de pie a cada lado del pasillo trasero saben que no deben dejar pasar
a nadie que lleve una pulsera verde. Por supuesto, nadie sin
acompañante puede entrar, punto.
Es muy exclusivo.
Y eso me hace muy exclusivo. Enderezo los hombros. Cuando estoy
aquí, dentro de los muros de Utopía, actúo de manera diferente. No
conozco el miedo, no tengo límites. Siempre estoy listo para todo.
Siempre estoy duro, siempre listo. Es por lo que me pagan.
Nos abrimos paso entre la multitud de personas sudorosas y salimos a la
parte delantera de las puertas justo a tiempo para encontrar a dos
mujeres bajándose de una brillante limusina negra. Al principio, todo lo
que puedo ver son piernas delgadas. La mujer que está unida a ellas se
extiende un poco antes de bajar completamente, a propósito
dándonos una clara oportunidad de ver su entrepierna desnuda.
Con clase.
Es delgada y pálida con un llamativo pelo corto rojo. Es rica y
definitivamente está acostumbrada a demandar atención. Puedo decir
eso desde aquí. Está bien para mirarla, pero sinceramente, encuentro mi
atención capturada por la hermosa mujer bajando detrás de ella.
Dulce Jesús.
Es en momentos como estos que realmente, realmente amo mi trabajo.
Le ofrezco mi mano, ayudándola a bajar del auto.
Ella es bastante alta para una chica, y delgada, pero tiene caderas
femeninas y una perfecta figura. Lleva una falda corta, apenas allí y
una camiseta que muestra perfectamente su exuberante y completo
escote.
No me esperaba esto cuando me dijeron que mi clienta esta noche
estaría en sus treinta y tantos. Esta mujer tiene un cuerpo apretado,
apretado. Debe hacer ejercicio. Tiene rizos de cabello castaño oscuro
alrededor de los hombros y por la forma en que está mirando, sé que
está aquí por mí.
Gracias, Dios.
—Eres más hermosa de lo que podría haber imaginado —le digo. Y lo
digo en serio. Ella se ve más relajada al instante mientras una pequeña
sonrisa curva sus labios.
—¿Shade? —pregunta, con voz bastante tranquila. Ella es vacilante,
nada como su amiga la que bordea lo desagradable. Me inclino para
besarle la mano. Esa es otra regla. Siempre mimar a tu cita.
Desde luego, pagan una prima alta por ello.
Ella sonríe y la oscuridad que nos rodea se enciende.
Sonrío en respuesta.
—Soy Shade —le confirmo—. Y tú debes ser Allison.
—Puedes llamarme Alli —dice ella. Puedo ver que está nerviosa. Otra
regla: Siempre haz que tu cita se sienta cómoda.
—Bueno, Alli —le digo con una sonrisa confiada—. Bienvenida a la mejor
noche de tu vida.
Ella me devuelve una sonrisa radiante, pero todavía puedo ver un poco
de su timidez al acecho allí. Es encantadora y pongo mi brazo a su
alrededor.
—¿Vamos? —le pregunto.
Ella asiente, sus labios se aprietan un poco. Definitivamente está
nerviosa.
Mientras caminamos, me inclino, mis labios rozan la piel sensible junto a
su oreja. Huele a un perfume elegante. No sé cuál es. Sea el que fuera,
me provoca ganas de lamerla.
—Relájate —le murmuro—. Lo disfrutarás. Lo prometo.
Ella me mira, sus ojos avellana se reúnen con los míos.
—No tengo ninguna duda.
Nos dirigimos a través del ruidoso club. Los dedos de Allison están
descansando ligeramente sobre mi brazo y la guío a través de las
multitudes. Cuando lleguemos al pasillo privado de la parte de atrás,
Chaz y su cita se detienen, mientras él le tapa los ojos. Ella agita los
dedos hacia Allison, gritándole:
—¡Disfrútalo, amor! —Sobre su hombro.
Me dirijo a Allison con la venda en mi mano.
—¿Eso es realmente necesario? —pregunta ella con incertidumbre.
—¿Qué? —pregunto—. ¿Vendarte los ojos? —Ella asiente y doy un paso
detrás de ella.
Paso mis dedos sobre la piel de sus pechos ligeramente. Ella toma una
respiración y me inclino una vez más para susurrarle al oído.
—Confía en mí. Te gustará.
Le coloco la venda hasta que está firme, entonces envuelvo sus dedos
una vez más alrededor de mi brazo mientras la llevo por los pasillos y a
una habitación privada.
Esto será divertido.
Traducido por Clau
Corregido por Carito
Alli
Bendito Sagrado Infierno.
Estoy teniendo un ataque de pánico internamente porque nunca antes
había sido vendada. Y aquí estoy, dejando a un hermoso gigoló
cegarme y llevarme a su nido de sexo.
Respira, Allison me dice el hermoso gigoló al oído. Su voz es ronca y
rica, como caramelo caliente, o sirope de maple tibio… o aún mejor,
como chocolate derretido. Trago, instantáneamente hambrienta y
encendida al mismo tiempo.
Está bien acuerdo, tratando de forzar a mis traicioneros pulmones a
llenarse de aire.
Ellos no están teniendo nada de eso y sin embargo jadeo como una
idiota, a pesar de que la venda en los ojos es sedosa y satinada.
Difícilmente lo llamaría incómodo, pero me pone nerviosa. ¿Qué está
esperando por mí que él necesita vendarme? ¿Vendajes extraños y
cadenas? ¿Esposas y bolas ben wah2?
Bendito Sagrado infierno
Estoy prácticamente jadeando cuando escucho una puerta ser
desbloqueada con el deslizar de una tarjeta. Escucho el clic y luego el
giro del pomo. En seguida soy gentilmente empujada al nido sexual.
Oh mi Dios.
Oh mi Dios.
¿Qué he hecho?
¡Estoy en un bendito nido sexual!
Estoy muy vieja para esta mierda
Luego la venda en los ojos es removida.
2BolasBen Wah: También llamadas bolas chinas. Se las hace participar en múltiples
ocasiones antes de realizar el acto sexual, durante los juegos sexuales o fantasías al ser
uno de los más famosos juguetes sexuales.
Y estoy rodeada de lujo. De pesados y costosos muebles. Con
esponjosos y rellenos cobertores y almohadas. Por opulentas
decoraciones en cristal y caoba. Por pura normalidad en esta
habitación.
Pura.
Bendita.
Normalidad.
Estoy en shock.
Y debo parecerlo, porque Shade se gira hacia mí y ríe.
¿Qué? pregunta . ¿Esperabas algo más?
Sí admito . No sé qué. Pero no esto.
¿Esto, por ejemplo? Shade sujeta y presiona un botón en la pared.
Una compuerta en el techo se desliza y se abre en silencio, y un
columpio sexual cae, balanceándose al borde de la cama.
Trago fuerte mientras me doy cuenta de que luce como un ciervo. Un
ciervo en el que probablemente me voy a enganchar.
Tal vez contesto.
Lo examino más de cerca. Es aterrador. Luce como una cámara de
tortura, como algo sacado de la habitación de Morticia y Gomez
Addams. El arnés está forrado con terciopelo acolchado. Pero aun así
no luce cómodo. Y tal vez ni si quiera legal. Trago de nuevo.
Shade se ríe otra vez.
¿Nerviosa?
Asiento.
No lo estés me dice, su voz suave como mantequilla. Se mueve más
cerca de mí e inconscientemente doy un paso atrás. Sonríe de nuevo. Y
de pronto me siento como un león y su presa . No tenemos que usarlo.
Todavía.
Shade sacude su cabeza hacia atrás y ríe abiertamente mientras yo me
recuerdo de nuevo que soy un visitante aquí. Soy la presa, él es el león.
Este es su casa de campo, su Serengeti3. Él sabe lo que está haciendo y
yo no, a pesar de que soy casi veinte años mayor que él.
Probablemente.
Ruedo mis ojos
—¿Qué edad tienes? —pregunto.
Shade deja de reír y me examina.
—Oh, vamos, Alli —murmura, dando un paso hacia a mí—. La edad es
sólo un número, sabes. Te prometo que esta noche, mi edad o incluso la
tuya, serán las últimas cosas en tu mente. De hecho, espero, para
3-Parque Nacional Serengueti: Es un parque nacional de grandes proporciones (13.000
km²) en Tanzania, África. Los cinco grandes animales del parque, así llamados por los
cazadores desde hace años son el león, el leopardo, el elefante, el rinoceronte y el
búfalo cafre.
cuando termine contigo, vas a tener que hacer un esfuerzo notable por
recordad tu propio nombre.
Tengo que sonreír a eso, justo antes de suspirar por un segundo. Pero
gano control, me giro hacia Shade y sonrío lo que espero sea una
sonrisa de calma y confianza.
Oh, ¿en serio? ¿Estás así de seguro de ti mismo?
Shade se encoje de hombros.
Tengo que estarlo. Si tu no crees en ti mismo, nadie lo hará por ti.
Ese es un buen punto asiento . Muy maduro.
Soy muy, muy maduro. Ahora ven aquí me instruye . Dime qué te
gustaría.
Mi corazón late tan fuerte que estoy segura de que puede escucharlo
desde allí. Diablos, Canadá probablemente puede escucharlo.
Parpadeo fuerte y doy un paso.
—Estuve casada por quince años con un tipo que era a lo sumo tibio en
la cama. Honestamente no sé qué me gusta.
Shade pone un hermoso dedo contra su boca, la cual también es
hermosa, y me aprecia en silencio por un momento.
Hmmm dice finalmente, sus ojos cobalto resplandeciendo . Suena
como que me necesitas para que te muestre qué quieres. Y estás de
suerte. Porque aquí en Utopía, tenemos una política de satisfacción
100% garantizada. Eso significa que debo hacer todo lo que esté en mi
poder para asegurarme de que estés satisfecha. En todos los sentidos.
Shade me mira, su mirada es intensa, y sexy, y me vuela los sesos.
Toma un paso adelante.
Yo doy un paso hacia atrás.
León y su presa.
León y presa.
Soy como la pequeña gacela maravillada.
En tacones.
Y eso significa que no puedo correr.
Joder.
Suspiro de nuevo.
Estarás bien. Me asegura suavemente, mirándome y apreciándome
mientras probablemente estudia cómo capturarme . Por qué no te
sientas en la cama. Estaré de vuelta en un segundo.
Él se da la vuelta y entra en una habitación que no había notado antes.
Tiene que ser el baño. Asoma su cabeza alrededor de la esquina.
Y quizá quisieras ponerte cómoda.
Se ha ido de nuevo.
¿Ponerme cómoda?
¿Qué quiere decir con eso?
¿Quitarme la ropa?
Dios Santo. Miro mi atuendo, el cual se siente como si se hubiera
encogido al menos dos tallas en los últimos dos minutos, probablemente
por el hecho de que parece que no puedo respirar. Probablemente no
debí ponerme una faja que está lo suficientemente apretada como
para mantener la barriga cervecera de un hombre de mediana edad.
Santa mierda.
La faja.
¿Por qué me puse la bendita faja?
Me retuerzo para quitármela. No puedo tener al perfecto y hermoso
Shade desvistiéndome y encontrar la escondida ropa interior beige.
Estaría demasiado humillada para verlo, mucho menos para tener un
orgasmo bajo sus muy entrenados dedos.
Y sólo estoy adivinando respecto a la última parte, pero de seguro es
experto.
Es un profesional después de todo.
¿Ya mencioné SANTA MIERDA?
Vuelo a moverme y me quito los tacones de una patada, para poder
despegarme la bendita faja de mi torso. No puedo creer que esté
sudando. Estoy segura de que el perfecto y hermoso Shade nunca suda.
Y todo eso de pensar acerca de sudar me hace preguntarme si huelo.
Diablos.
Estoy levantando rápidamente un brazo para dar una pequeña prueba
de olor cuando Shade viene caminando fuera del baño.
Oh, benditamente perfecto.
Sonríe y actúa como si no notara que uno de mis brazos está en el aire,
mi nariz está olfateando bajo él y el otro brazo está atrapado a mitad
de camino de la ajustada armadura de mi faja glorificadora de figura
de fuerza industrial.
Dulce Jesús.
Y el esmoquin de Shade se ha ido. Sólo está vistiendo el chaleco negro.
Su pecho es lampiño, y esculpido y perfecto. Y ondulado. Y parece
como si brillara bajo la luz suave. OhMiMundo. De inmediato quiero
lamerlo.
Bendito sagrado infierno.
Shade se acerca a mí y gentilmente toma mi muñeca, la que está
levantada en el aire, y baja ese aparentemente paralizado brazo por
mí. Mientras lo hace, desliza su nariz por la piel de mi antebrazo
Hueles deliciosamente me dice.
Quiero derretirme en el suelo. Tanto porque sabe lo que estaba
haciendo como porque su voz es tan sexy a morir. Lo miro y se me
queda mirando sin una disculpa.
No estés preocupada. Me instruye calmadamente—. Por nada. Esa
es la regla número uno. Todas las inhibiciones deben quedarse fuera de
esa puerta para que puedas tener la experiencia más satisfactoria
posible.
¿Todas ellas? pregunto, pensando en mis brazos de ardilla voladora.
Todas ellas.
¿Y hay reglas? pregunto, un poco nerviosa por el hecho. No habían
mostrado un libro de reglas.
Solo algunas. Él retira mi ajustada ropa interior elástica y me hace
dar un paso fuera de ella. La arroja a la esquina de la habitación con
una mirada de disgusto en su rostro―. Regla número dos: no uses esa
ridícula mierda de nuevo. No la necesitas.
Me mira, su mirada es apreciativa mientras recorre sus dedos a lo largo
de mi recientemente desnudo torso. Se me pone la piel de gallina en
cada poro que toca.
Eres perfecta.
Te estoy pagando, así que por supuesto vas a decir eso puntualizo.
Él sonríe, una sonrisa llena de maldad y arrogancia.
Cierto. Pero siempre soy honesto me dice . Siempre.
Y entonces, me empuja sobre la cama.
Caigo volando, tirada bruscamente sobre el acolchado edredón.
¿Qué demonios? escupo. Y de inmediato soy abrumada de nuevo
por la belleza de su ondulado pecho mientras se sube a la cama, como
un hábil felino, hacia mí… sobre mí. Me siento ligeramente abrumada,
pero la sensación comienza a gustarme.
Necesitas que alguien te demuestre quién es el jefe dice
seriamente . Creo que te tengo fijada, Alli. Haz sido la que cuida, la
que toma las decisiones y la mujer maravilla por demasiado tiempo.
Necesitas a alguien que tome las decisiones y cuide de ti.
¿Y tú has descubierto todo eso en diez minutos? pregunto, no
queriendo reconocer que está 100% en lo correcto.
Él asiente.
Eres fácil de leer.
Shade se mueve con la agilidad de un leopardo posicionándose sobre
mí, la piel de su antebrazo presionando mi costado. Trato de no
hiperventilar mientras me quedo atrapara por sus azules, azules,
malditamente azules ojos.
Y ahora voy a cuidarte promete . Cada parte de ti.
Oh. Mi. Dios.
No puedo respirar.
Shade baja la cabeza y sin ningún tipo de preámbulo en absoluto,
entierra su rostro en mi escote mientras llega por debajo de mí y
desengancha mi sujetador de encaje negro. Luego lo descarta junto a
la cama y lame un círculo alrededor de mi pezón.
¡Ah! grito y agarro la almohada junto a mí. Shade sonríe contra la
piel de mi pecho, su boca abriéndose paso, moviéndose… luego
chupando.
Oh mi Dios. No puedo dejar de murmurar. Es como si cada nervio de
mi cuerpo se prendiera en fuego ahora mismo y pudiera implosionar. O
explotar. O lo que sea que esa sobrecarga sensorial genere. Podría
colapsar, de hecho.
Recojo mi valor y suelto las almohadas, acariciando en su lugar a la
sedosa piel de Shade y su espalda joven y musculosa. Santo infierno.
Rick el Cretino nunca estuvo así de formado ni en sus mejores tiempos.
Ni siquiera en sus sueños de cuando estaba en sus mejores tiempos.
No debes pensar en Rick el Cretino.
No debes pensar en Rick el Cretino, canto en silencio. Pero,
sinceramente, no es algo que tenga que repetirme por mucho tiempo.
Mi atención está focalizada solamente en esta perfección frente a mí.
Y así, antes de que pueda arrastrar mis dedos hasta el perfectamente
cincelado trasero de Shade, él está agarrando mis dos muñecas con
una mano y colocando esposas en cada una, enganchándome al
cabecero de la cama.
¿Qué demonios?
Lo miro con alarma.
Él me mira calmadamente.
Allison, has sido una cuidadora por demasiado tiempo. Esta noche,
voy a cuidarte. Pero tengo miedo de que si no te restrinjo, vas a tratar
de enfocarte en cuidarme. Créeme, lo sé. Antes de que se acabe la
noche, vas a gritar mi nombre. Varias veces. Pero si en algún punto
quieres que me detenga o te quite estas esposas, quiero que digas piña.
Lo miro fijamente.
¿Piña? ¿Por qué?
Porque es algo que me gusta comer dice . ¿Están muy apretadas
las esposas?
Sacudo mis muñecas, probándolas. El acolchado sobre el metal es
mullido y cómodo. Así que sacudo la cabeza.
No.
¿Confías en mí? Shade sonríe. Su sonrisa es malvada. Y como que
me gusta. Me hace sentir algo malvada también.
Si contesto. No sé por qué, pero lo hago. Él no tendría clientes
regulares si no fuera confiable ¿cierto? Asiento para dar énfasis.
—Bien. ¿Hay algo de lo que estés absolutamente segura que no quieres
que haga?
Pienso en ello. Bien, pienso en ello tanto como puedo con él
balanceándose sobre mí. Es altamente distractor.
No lo creo digo finalmente . No sé de nada de lo que ya conozco
que odie. Si haces algo, te lo diré, ¿trato?
Trato. Sonríe. Amo su sonrisa. Quiero conseguir un apartamento de
lujo en SoHo o en algún vecindario igualmente espectacular y cohabitar
con ella y tener pequeñas sonrisitas bebés. Así de mucho la amo.
Shade palmea mis costillas con sus largas manos, el calor de ellas
borrando la piel de gallina que se me había formado allí. Sujeta mi
costado y me hala hacia arriba, arqueando mi espalda. Con la mirada
fija en mis ojos, agacha su cabeza y lame un círculo alrededor de mi
ombligo. Su lengua es cálida y suave. De hecho, es probablemente lo
único suave en todo su cuerpo. Exceptuando su cabello. Tiene un
cabello grandioso. Y ¿por qué estoy pensando en su cabello?
Arrastra su lengua haciendo un camino desde mi abdomen hasta mis
pechos, pero en lugar de detenerse allí como esperaba, continua hasta
mi cuello. Inhala allí, luego lo besa. Luego lo lame. Estoy gimiendo para
este momento. ¿Quién hubiera sabido que el cuello fuera una zona tan
erógena? Santo Cielo.
Se mueve hacia mi oreja, prestándole la misma atención, entonces
continúa hacia la boca. En este momento, estoy lista para recibir su
beso. Quiero su lengua en mí. En cualquier parte de mí. Pero en este
momento, estoy configurada para su boca la cual aplasta la mía, en un
beso que no es suave, pero sin duda consume. No puedo respirar para
cuando su lengua termina de explorar la mía.
¿Confías en mí? pregunta de nuevo, mirándome a los ojos. Me
siento enrojecida y caliente y desaliñada. Asiento con la cabeza.
Sí.
Bueno. Voy a vendarte los ojos de nuevo. Y te va a gustar.
Asiento con la cabeza.
Sí. Creo que lo haré.
Shade se ríe, una risa baja.
Sé que lo hará.
Él coloca la venda en los ojos y la sala se queda en negro. De inmediato
me arrepiento de una sola cosa. Ya no puedo ver a Shade. Eso es
lamentable, sin duda. No puedo verlo ni tocarlo. No estoy tan segura de
este negocio de tener los ojos vendados.
Hasta que empieza a lamer el lado interno de mi muslo derecho.
Mi corazón late al compás de su lengua.
Tienes piernas exquisitas dice en voz baja . Debes hacer ejercicio.
No puedo responder porque estoy ocupada jadeando.
Me siento tan completamente dominada en este momento: con los ojos
vendados, esposada. Y por alguna razón, se siente muy liberador. Estoy
confiando en esta persona lo suficiente como para explorar esto con él.
Y podría ser una locura. Pero me encanta.
Pero no tanto como está a punto.
Su boca cubre mi clítoris, los labios de Shade se cierran alrededor como
una aspiradora.
Y mis caderas instantáneamente y con mente propia, se presionan
contra él.
¿Te gusta eso, gatita? murmura. Y entonces empieza a lamer. Y
luego hay un dedo involucrado, entrando y saliendo, y santa-maldita-
condenación. ¿Qué he estado perdiéndome toda mi vida antes de este
momento?
Estoy empapada ahora. Puedo sentir el líquido, la humedad, goteando
entre mis piernas, pero él la lame, lame, lame. Y estoy montando
exquisitas oleadas de algo impresionante. Esa es la única manera de
describirlo. Todas esas tontas novelas románticas que solía leer
describen los orgasmos como oleadas de placer. Estaban tan
benditamente en lo correcto. Y pensar que yo había dejado de leerlas
porque pensé que eran poco realistas.
Estás tan apretada, Alli Cat susurra Shade, deslizando su dedo en mí.
Al mismo tiempo, me está afinando con la lengua.
Y en serio puedo morir. Y me encanta que él acaba de llamarme Alli
Cat.
Aguanta la respiración durante un minuto. Me instruye . Estás
apunto de venirte y eso hará que sea mejor.
Hago lo que dice.
Y tiene razón. Me vengo en el momento siguiente y contener la
respiración lo hizo mejor.
Libero una exhalación temblorosa, cayendo inerte contra la cama.
Y luego, sin advertencia o cualquier tipo de idea de nada, salvo un
breve crujir metálico de papel de aluminio, Shade se desliza hacia mí. Su
pene es grueso y largo y lleno y jadeo. Desearía poder agarrarlo y
sujetarlo, pero mis brazos están todavía fijados a la cama. Así que cierro
mis piernas alrededor de él y lo tiro lo más cerca que puedo.
Shade huele celestial, como a aire fresco y a macho y a cedro. Lo
inhalo mientras me monta. Se desliza y sale rápidamente, luego se
ralentiza. Luego se acelera. Luego se ralentiza. Es terriblemente exquisito.
Se congela, flotando con la punta de su pene en el vértice de mis
muslos.
Dime que te gusta mi polla me dice, su voz caliente en mi oído. Las
palabras son tan sucias que honestamente nunca las diría en voz alta.
Pero no vacilo ahora.
Me gusta tu polla le digo.
Di que amas mi maldita polla añade. Su respiración es un poco
irregular.
Amo tu maldita polla le susurro.
Él se apresura dentro de mí, duro, más duro, más fuerte.
Grítalo indica entrecortadamente.
Así que lo hago. Y se siente liberador. Siempre me he sentido tan
reprimida, tan consciente de mí con mi ex-marido. Gritar obscenidades
mientras que un hermoso hombre me folla se siente increíble. Así que lo
hago de nuevo. Y otra vez. Y otra vez.
Shade tenía razón. Al final de la noche, de hecho, apenas a la mitad de
la noche, estoy gritando su nombre.
Traducido por Shadowy
Corregido por Elena Ashb
Shade
El cuerpo de Allison es apretado y caliente y nada parecido a lo que
me esperaba. Pero entonces, me he dado cuenta de que nada en esta
línea de trabajo es jamás lo que debería esperar.
Y por eso, debería estar agradecido.
Voy a joder a Allison hasta altas horas de la noche.
Y por eso, sé que va a estar agradecida.
**Fin del pensamiento coherente mientras toda la sangre se desvía del
cerebro y hacia la cabeza masculina que no es capaz de pensamiento
significativo**
Traducido por Clau
Corregido por Evey!
Alli
Me despierto sintiéndome… satisfecha.
Dado que es sábado, no tengo que rodar de la cama y correr a la
ducha con los ojos medio dormidos. Me quedo allí con pereza, mirando
el techo, recordando la noche anterior.
Dios santo.
Recuerdos de los labios de Shade recorriendo todo mi cuerpo llenan mi
mente. Sus dedos estaban en todas partes, acariciando, tocando,
jalando, amasando.
Trago.
Nunca, jamás de los jamases, supe que se podría follar de esa manera.
Y eso fue follar. No puedes llamarlo hacer el amor cuando no hay amor
de por medio. Pero fue tan suave y sensual, luego duro y áspero y luego
suave de nuevo. Trago con fuerza, mis dedos tocando mi cuello. Y en
cierto punto, después de que Shade me quitó las esposas, me folló
desde atrás y me mantuvo en mi lugar por la parte de atrás de mi
cuello.
Fue duro y áspero y primitivo.
Y me gustó.
¿Qué está mal conmigo?
Empujo los cobertores y doy un paso por encima de mis ropas de salir
que dejé desechadas en el suelo. Dormí desnuda por primera vez en
mucho tiempo. En realidad, llamémoslo siempre.
No hay nada malo conmigo, decido mientras me miro en el espejo y me
cepillo los dientes.
Soy una mujer sana, de sangre caliente. Me gusta el sexo. Tengo todo
derecho a explorar esta nueva faceta mía. Restriego mis dientes
vigorosamente mientras debato internamente con mi consciencia.
No necesito sentirme culpable. No hice nada malo.
Me miro a mí misma y escupo.
Y luego al enderezarme, la cara de alarma de Sophie está detrás de mí
en el espejo.
—¡Mamá! ¡Caray! Ponte algo de ropa. ¡Dios!
Se da la vuelta mientras se lleva una mano a los ojos y yo siento que la
sangre enrojece un poco mis mejillas mientras alcanzo una bata.
—Lo siento, Soph. No sabía que regresarías tan pronto. Espera. ¿Por qué
me estoy disculpando? Es mi baño. Si tocaras primero, no te llevarías
ninguna sorpresa.
Pongo una mirada indiferente en mi cara y me doy la vuelta.
Sophie me está mirando.
—¿A dónde fuiste anoche vistiendo esos zapatos?
Señala la pila de ropa descartada.
—Oh. Sara y yo fuimos a bailar anoche. Necesitábamos descargarnos.
¿Te divertiste donde tu papá? ¿Por qué regresaste tan temprano? Pensé
que no volverías hasta mañana.
Rick no la recibe los fines de semana tan frecuentemente como podría.
De hecho, rara vez lo hace. Y Sophie hace un buen trabajo actuando
como si no le importara. Pero sé que sí le importa. Y eso me hace querer
ponerme de nuevo esos tacones de aguja e ir a su bendito condominio
a empalarlo completamente por el culo.
Sophie suspira, trayéndome de regreso al presente y lejos de mis
pensamientos asesinos.
—Papá tuvo que trabajar hoy, al parecer. No quería quedarme sentada
en su condominio todo el día porque allí no hay nada que hacer. Así
que le pedí que me trajera de camino al trabajo. ¿Estuvo bien? Me
recogerá de nuevo cuando vuelva a casa.
Está mirándome con preocupación por lo que me apresuro a
tranquilizarla, aunque no me entusiasma la idea de ver a Rick hoy. De
hecho, un poco de bilis sube a mi garganta, agria y ácida. Pero me la
trago y asiento con la cabeza.
—Por supuesto, cielo. Está bien. Siempre me alegra tenerte en casa.
Su cara de inmediato se relaja y se desliza de nuevo en la adolescente
segura de sí misma que es.
—Pensé que tal vez podíamos ir de compras, si no tienes nada que
hacer. Podemos tener un día de madre e hija. Necesito unos vaqueros
negros. ¿Qué opinas?
Arrugo un poco mi nariz mientras reviso mi vestidor buscando mis jeans.
—Hmm. Eso depende. Si no son pantalones de $400, tal vez. Si lo son,
necesitas pedírselos a tu padre.
Sophie ríe, mientras pienso que ella nunca antes me ha pedido comprar
algo tan ridículo. Las dos sabemos que ese no es el caso.
—Por favor mamá. Podemos almorzar allí también. Y quizás arreglarnos
las manos.
Asiento. Literalmente, puedo sentir el dinero saliendo de mi cartera
mientras hablamos. Pero amo a mi hija. Y, como siempre, cuando quiere
algo tengo que hacer mucho esfuerzo para decirle que no.
—Bien. —Asiento, mientras busco mi camiseta elástica favorita. Es una
que tengo desde la universidad y hace mucho que le corté el cuello
para que cuelgue de mis hombros. Es tan vieja como las colinas y no
ayuda a mi figura, pero la amo a pesar de todo.
—Bien —repito—. Como sea, necesito humectante.
—¿Vas a vestir eso? —Sophie me mira dudosamente.
—No me presiones. —Levanto una ceja. Ella rueda los ojos antes de salir
y yo termino de arreglarme recogiendo mi cabello en una coleta baja y
poniéndome algo de brillo labial. No tengo a nadie a quien impresionar
hoy ¿verdad? Puedo vestir esto si quiero, incluso si es en un centro
comercial público.
Si voy a gastar Dios sabe cuánto dinero en las infinitas necesidades de
vestuario de mi hija, merezco vestir mi sudadera favorita
Me arrepentí de esa sudadera unas dos horas después de que me la
puse.
Estar envuelta en el velo de sexo estupendo con alguien veinte años
menor me hizo olvidar que estamos en Las Vegas en primavera. No
necesitaba una sudadera. De hecho, si pudiera caminar por allí
desnuda sin ir a la cárcel por indecencia pública, de verdad lo haría.
Pero así, estoy sudando y de mal humor mientras Sophie y yo apilamos
nuestras compras (de un valor de $793) en el maletero de mi Audi
negro. Para ser justos, $234 fueron destinados a mí. El resto fue para
Sophie.
—Gracias por las cosas, mamá —dice antes de colocarse los audífonos
en las orejas y olvidar que existo.
En serio, la pequeña mocosa de hecho se gira hacia la ventana y mira
hacia afuera, ajena a mi presencia ahora que he financiado su
pequeña adicción a la ropa. Sacudo la cabeza. Hay momentos, como
ahora, en los que puedo entender por qué los hámsteres se comen a sus
propias crías.
—De nada —murmuro mientras subo mis estúpidas mangas largas por
millonésima vez y pongo mi sobre calentada cara en la salida del aire
acondicionado por un minuto, esperando que mis mejillas rojo tomate
regresen a una agradable y neutral sombra de bronceado. O en última
instancia, un rubor.
Echo un vistazo al reloj y enciendo la radio. Sólo es la 1:30. Todavía
tenemos tiempo de almorzar antes de que debamos llegar a casa para
que Rick recoja a Sophie.
Pongo el carro en reversa y comienzo a retroceder cuando una voz se
registra en mi cabeza.
—¡Yoo-hoo! ¡Allison! ¿Eres tú?
Y luego escucho un ruido sordo.
Mano de Dios. No tuve tiempo de reaccionar entre escuchar la voz y el
ruido sordo.
Los ojos de Sophie vuelan a encontrarse con los míos mientras presiono
los frenos con fuerza, coloco el carro en pare y saltamos del auto para
encontrarnos con un nauseabundamente delgado montón arrugado
justo detrás de mi neumático trasero izquierdo.
Y digo nauseabundamente delgado porque sé exactamente quién es.
Lo puedo decir por su barato sentido del estilo y la roca gigante en su
dedo anular de araña derecho.
Es la nueva novia de Rick, Vanessa.
Y es nauseabundamente delgada.
Excepto por sus tetas falsas, las cuales Rick compró y pagó y que
pueden ser utilizadas como dispositivos de flotación en un improbable
caso de accidente aéreo. Sin embargo, aparentemente, no funcionan
muy bien en un más probable caso de choque entre un automóvil y un
peatón.
Suspiro y caigo sobre mis rodillas a su lado.
—¡Vanessa! ¡Oh Dios! ¿Estás bien? ¿Puedes oírme?
Ella gime y se gira para mirarme, lloriqueando lastimosamente.
—¿En serio me odias tanto, Allison?
Yo la miro, a sus perfectos ojos azul bebé, su perfecto cuerpo de Barbie
de veintitrés años y sus llenos, regordetes labios rosados manzana
acaramelada. Sí, sí, la odio. Pero no vale la pena ir a la cárcel por
asesinarla. A pesar de que he fantaseado con eso unas cuantas veces.
No voy a mentir.
—No te vi, Vanessa —señalo—. ¿Por qué estabas detrás de mi auto?
—¿Por qué no viste por dónde ibas? —deja salir mientras revisa sus uñas
rosa manzana acaramelada. Su esmalte combina perfectamente con
los labios—. Acabo de arreglarme las manos y esta está rota. Muchas
gracias.
Asiento de nuevo, ofreciéndole mi mano.
—¿Estás herida? —pregunto. Sophie se cierne por encima de mis
hombros. Ha arrancado sus auriculares por esta pizca de excitación.
Vanessa sacude su cabeza.
—No lo creo. Excepto por mi uña. ¡Vas a pagar su arreglo Allison! —
espeta de nuevo—. Sólo venía a saludarte y me derribas como una
lunática.
—No te derribé —digo cansadamente mientras la ayudo a levantarse—.
Simplemente no te vi…
Soy interrumpida por el llanto de dolor de la señorita perfecta. Y luego
distraída por su salto de conejo en una sola pata. Me pregunto
brevemente si la pequeña cosa colapsó bajo su peso, antes de darme
cuenta de que es ridículo. Su cuerpo no puede hacer colapsar ni a un
pedazo de papel de baño mojado.
—¡Ou, ou, ou!!! Creo que mi pie está roto. ¡Rompiste mi pie, tú, viciosa
perra! —Vanessa abandona su pretensión de ser una tímida niña herida.
Estoy sorprendida y miro hacia su pie con tacones. ¿Quién usa tacones
para caminar por un centro comercial un sábado en la mañana?
Su tobillo se está volviendo morado. Puedo verlo desde aquí.
—Supongo que lo doblaste cuando caíste —le digo, poniendo mi brazo
bajo su hombro para servirle de soporte—. ¿Por qué estás usando
tacones?
Vanessa me mira.
—Esto no tiene nada que ver con mis zapatos, así que no trates de
culparme. Tú me atropellaste.
Suspiro de nuevo. Si hubiese algo filoso cerca de mí, lo agarraría y me
sacaría los ojos.
—No te atropellé —le digo de nuevo—. Apenas si te toqué. Pero
probablemente deberíamos ver a un doctor para que revise tu pie.
¿Estás con alguien?
Miro más allá de ella pero no veo a nadie. Ella niega con la cabeza.
—No. Tendrás que llevarme. Es lo menos que puedes hacer, de todas
formas.
—Sí, es lo menos que puedo hacer. —Nivelo la mirada con la de ella
mientras prácticamente la meto en el asiento trasero del auto—.
Cuidado con la cabeza.
Miro a Sophie.
—Soph, llama a tu padre y dile que nos encuentre en el Centro Médico
Desert Springs. Allí tienen una sala de atención de emergencias.
Ella asiente y saca su celular mientras me concentro en desintonizar el
quejido de Vanessa y sus acusaciones maliciosas.
“No me llevarás allí. Es una trampa mortal para vagos y necesitados”.
“Sólo quieres desfigurarme para que Rick ya no me quiera.”
“Estás celosa porque soy más joven y atractiva que tú”
No me molesto en contestar ninguna de ellas y es un largo paseo de
veinte minutos, pero por suerte, Sophie se ha vuelto a poner los
auriculares y no escucha nada.
Cuando finalmente llegamos al centro médico, hago que Sophie se
apresure y consiga una silla de ruedas y conduzco a Vanessa por mí
misma. Me siento bastante arrogante respecto a que soy capaz de
resistir la urgencia de dirigirla directamente frente a la camioneta de
servicios en el estacionamiento.
No debes matar a Vanessa.
No debes matar a Vanessa.
No debes matar a Vanessa.
Canto en silencio en mi cabeza mientas entramos por las puertas
corredizas a registrar su ingreso. Estoy apenas tratando de decidir si
dejarla sola o no cuando Rick aparece a través de las puertas de la sala
de espera.
Rick aparece en todas partes porque siente que nada se inicia hasta
que él llega.
Mi ex-esposo no es mal parecido. Para cómo se ven los hombres de
treinta y nueve años, él es bastante caliente. Mide alrededor de un
metro ochenta y tiene el cabello oscuro, con apenas un asomo de
plateado en las sienes. Está bien afeitado y hace ejercicio. Es dueño de
su propia empresa de publicidad, que es donde conoció a Vanessa. Ella
era su asistente administrativo. Al parecer, era muy buena en “asistirlo”.
Pero estoy divagando.
A primera vista, Rick es un buen partido. Es bien parecido y exitoso. Pero
lo que no puedes decir con sólo verlo es que es una lombriz infiel y
mentirosa. Y de inmediato recuerdo que debería sentir lástima por
Vanessa en lugar de odiarla. No tiene ni idea de en qué se está
metiendo. Aunque la perra oportunista probablemente lo merece.
¡Santo cielo! ¿Dije eso en voz alta? Miro alrededor rápidamente y doy
un suspiro de alivio.
Gracias a Dios. No lo hice.
—¿Qué demonios has hecho? —Rick prácticamente escupe mientras se
acerca a nosotros. No le importa que estemos en medio de una
concurrida sala de espera o que su hija esté de pie conmigo.
—Nada. Tu novia se puso detrás de mi auto mientras yo estaba dando
marcha atrás —le contesto con firmeza.
—A la mierda —ladra Rick. Nos alcanza y le da un beso a su novia en los
labios, acariciando su cabello rubio platinado—. ¿Estás bien,
calabacita? —le pregunta y yo realmente lucho contra las ganas de
vomitar. ¿Calabacita? ¿Cuántos tiene? ¿Doce? O, espera. Los tiene. O
bien podría tenerlos.
Ella le muestra su dedo con la uña rota y su pie inflamado con patéticos
quejidos.
Rick se endereza y se gira hacia mí.
—¿Estás satisfecha? —exige—. Querías vengarte de mí y lo lograste.
Pero no tenías por qué asaltar a Vanessa para hacerlo.
—Rick, eso es ridículo —empiezo a decir.
—Papá —interrumpe Sophie—. Yo estuve allí. Mamá no lo hizo a
propósito, Vanessa se atravesó detrás del auto. Fue un accidente.
Rick gira alrededor, mirándola.
—Sophie, mantente al margen de esto. Tu madre hizo algo terrible. No
puedo creer que la defiendas.
—¿Algo terrible? Si por terrible te refieres a que recogí a tu pequeña
noviecita saltarina del pavimento después de que se metió detrás de mi
carro ya en movimiento y se torció un tobillo por estar usando tacones
para ir de compras, antes de llevarla prácticamente cargada hasta mi
asiento trasero y conducirla hasta el otro lado de la ciudad hasta el
hospital en el que la registré y la establecí en la sala de espera a
aguardarte… entonces sí, tienes razón. Hice algo terrible. Si te refieres a
otra cosa, entonces estás loco. Que tengas un buen día Rick.
Pasé más allá de él y comencé a alejarme cuando lo escuché
llamarme.
—Espera la llamada de nuestro abogado. Vas a recibir en tus manos
una demanda por eso.
Me sobresalté y me congelé. Cuento hasta cinco y respiro
profundamente por lo que no me doy la vuelta para matarlos a los dos.
Me vuelvo lentamente mientras aplaudo en silencio mi moderación
hercúlea.
—Rick, eres un idiota. Hay vídeo cámaras en el estacionamiento del
centro comercial. Estoy segura de que cualquier jurado o juez en los
Estados Unidos decidiría que no hice nada malo. Verán a tu novia
pasando por detrás de mi auto y se darán cuenta de que fue un
accidente. También verán que tu novia es prácticamente una niña, por
lo que todas las mujeres en el jurado estarán de acuerdo conmigo de
todos modos, sólo en principio. Pero si quieres seguir adelante, entonces
hazlo por todos los medios. Lo que sea que haga flotar tu barco, porque
los dos sabemos que estás teniendo algunos problemas en esa área.
¡Oh, se quema! La mirada en el rostro de Rick no tiene precio. Y debería
sentirme culpable por decir esas cosas delante de Sophie, pero estoy
demasiado molesta como para pensar con claridad. Me giro para salir
y Sophie se une a mí.
La miro con sorpresa mientras Rick le exige que se quede. Ella se gira
hacia él.
—He cambiado de idea, papá. No quiero pasar el fin de semana
contigo. No hasta que aprendas a tratar mejor a mamá.
Se da la vuelta sobre sus talones y se va hacia el auto. Estoy aturdida.
Estupefacta. Sin palabras.
—Ah, perfecto. ¡Mira lo que has hecho! —se burla Rick—. Has vuelto a mi
hija en mi contra.
Me sorprendo de nuevo y me quedo sin palabras. Es un récord para mí.
Dos veces en un minuto.
—Rick, tú hiciste todo por tu cuenta.
Me giro sobre mis talones. Sólo puedo arrepentirme de una cosa y es
estar vistiendo esta estúpida sudadera. Hubiera sido bueno lucir tan
caliente como el infierno en este momento, en vez de desaliñada y
sobrecalentada. Pero bueno. No hay nada que hacer al respecto.
Me encuentro con Sophie en mi auto. Ella tiene sus auriculares de
nuevo. Entro y me giro hacia ella, alcanzándola y retirándole un
auricular.
—Sophie, no tienes que tomar partido. Tu padre es tu padre y yo soy tu
mamá. Nuestros problemas no son tus problemas.
Ella me mira como si me hubieran crecido súbitamente dos cabezas y
hubieran comenzado a usar su ropa desechada del año pasado.
—¿Estás loca? —pregunta, su voz una octava más alta—. Papá estaba
siendo un cretino. Y no me gusta estar cerca de los cretinos.
Automáticamente empiezo a decirle que no llame cretino a su padre.
Pero estaba siendo un cretino. Y bien podríamos llamar cretino a un
cretino. Así que cerré mi boca y simplemente giré el coche a casa.
—¿No vamos a comer? —pregunta Sophie levantando su cabeza por la
ventana del pasajero.
—¿En serio? ¿Después de todo eso sigues pensando en comida?
Me mira sin comprender. Suspiro.
—Eres tan adolescente.
Ella sonríe.
—Pero soy tu adolescente.
Ella sabe exactamente cómo hacer que me derrita. Es un ser astuto, mi
hija.
La llevo a nuestro restaurante chino favorito donde nos atracamos de
pollo Kung Pao y luego compartimos un volcán de doble chocolate
fundido como postre.
Estamos riendo para este momento y nos hemos olvidado
completamente del mal comportamiento de Rick el cretino.
—Me alegro de que las tetas falsas de Vanessa no estallaran —se ríe
Sophie mientras toma una probada de salsa de chocolate—. Habrían
sentido la explosión hasta en Japón. Podría haber causado otro tsunami.
No puedo evitar reírme antes de decirle que no haga bromas sobre
tsunamis. Ella pone los ojos.
—No estoy bromeando. Estoy hablando en serio. Una explosión de esa
magnitud probablemente desencadenaría algún tipo de desastre
natural en algún lugar. Tal vez una avalancha en las montañas Rocosas
o algo. No es mentira.
Me río porque tiene razón y pido la cuenta. Las tetas falsas de Vanessa
son enormes.
—¿Qué tan grandes crees que son? —reflexiono mientras saco mi
tarjeta de crédito—. ¿D?
Los ojos de Sophie se iluminan con malicia.
—Son DD —confirma—. Vi su vulgar sujetador en la ropa sucia de papá.
Yo creo que se va a caer por el peso de esas cosas.
Sé que no debería bromear sobre esto con Sophie, pero después de la
mañana que hemos tenido, no puedo evitarlo. Lo sé. Mamá del año,
aquí mismo.
—¿Quieres ir al cine? —Sugiere Sophie cuando nos vamos. Me quedo
mirándola en shock. Ella no ha querido ir a ver una película conmigo
nunca. Me volví no genial para cuando cumplió trece. Una total
coincidencia, seguro.
Sophie se ríe cuando mi boca prácticamente se abre.
—¿Qué? —Me mira con inocencia—. Es un día de chicas, ¿no es así?
Me derrito nuevo.
Por lo tanto, vamos a ver una película, compartimos una cubeta
gigante de palomitas de maíz con mantequilla y una cuba de coca
cola. Luego volvemos a casa, nos ponemos pantalones de deporte y
miramos películas de chicas en la tele toda la noche.
Mientras yacía acurrucada con mi hija angelical-por-el-momento, me
planteo mi estado actual de buena suerte.
Con todo, follé con un extraordinario joven Dios del sexo, derribé a la
nueva prometida de mi infiel ex esposo (¡por accidente!) y tuve un
espectacular día de chicas con mi a-veces-pero-no-hoy hija
adolescente. Fue un fabuloso maldito fin de semana.
Ah, y se me olvidó el hecho de que tengo dominado el arte de decir
maldito.
Maldito, maldito, maldito, maldición, maldito.
¿Ven? Me estoy volviendo buena en ello.
Traducido por Yanli
Corregido por bibliotecaria70
—No te devolví las llamadas ayer porque estuve ocupada todo el día.
Ya sabes, arrastrando a la prometida de Rick en un estacionamiento —
le digo a Sara mientras muerdo un pepinillo. Ella está separando su
sándwich agitadamente—. No hagas eso. Tendrás jamón debajo de las
uñas.
Sara me mira.
—Te oí la primera vez que lo explicaste. Y nos pondremos en contacto
con eso porque es jodidamente hilarante. Pero en primer lugar, estoy
enojada contigo. En serio. ¿Qué tan difícil hubiera sido simplemente
llamarme por un minuto para que me contaras cómo te fue con Shade?
Todo fue idea mía. Merezco saber todos los detalles jugosos.
Me río.
—¿No querrás decir que te mereces regodearte en todos los detalles
jugosos?
Ella me mira y me río de nuevo. Ella tiene un punto.
—Está bien, está bien. Sí, lo sé. Te debo por ésta. Shade fue fabuloso.
Sus ojos se iluminan.
—Entonces, ¿te gustó montar un poni adolescente?
Me estremecí.
—Shade no es un adolescente.
Ella sonríe.
—Lo sé. Pero es lo más cercano a lo legal.
—Eres una enferma, una persona enferma ¿lo sabías? —le digo. Ella
asiente, sin vergüenza.
—Lo sé. Y para que conste, realmente no quiero un adolescente. A mí
me gusta ser impactante.
—Como si no lo supiera —murmuro.
—Pero eso no viene al caso —declara con los labios de color rojo como
el de camión de bomberos—. Sólo dispongo de treinta minutos hasta
que tenga que estar de vuelta en la oficina. Tengo una casa abierta
esta tarde. Necesito saber. ¿Fue increíble? ¿Me debes un Lexus o un
Ferrari?
Sonrío.
—Ninguno. Pero te debo un gran condenado gracias.
Ella chilla.
—¡Lo sabía! Cuéntame todo. De. Ello.
Así que lo hago. Le cuento de las esposas, el sexo duro, la lamida, la
mordaza, el... todo. Ella está mirando distraídamente hacia el espacio
mientras terminaba.
—Sabía que iba a ser bueno —me dice, tamborileando con las puntas
rojas de sus dedos en la mesa del restaurante—. Si yo no fuera tan fiel a
Chaz y tan dedicada a asegurar que reciban una buena educación
universitaria, podría probar a Shade.
—¡Ha! No te preocupas por su educación universitaria —le digo, pero
estoy sorprendida por la forma territorial que siento hacia Shade y por lo
mucho que no quiero que tenga relaciones sexuales con Sara. Trague
fuerte. Él es un gigoló. Tiene relaciones sexuales con muchas personas.
Eso es lo que hace. Es su trabajo. Trague de nuevo.
—Yo también —insiste Sara—. Soy un verdadero patrón de las artes.
Particularmente artes interactivas.
Me río.
—Sara, tener sexo no es un arte.
Me mira.
—Si crees eso, entonces no estás haciéndolo bien. Hablando de hacer
las cosas bien, hice una cita para que puedas ir conmigo a hacerte una
brasileña pasado mañana. Puedes agradecérmelo más adelante. O
más bien, Shade puede. —Se ríe maliciosamente.
Me quedo mirándola fijamente, con mi boca abierta.
—¿Una brasileña? ¿Igual que, una brasileña de cera? ¿Allí Abajo?
Mi entrepierna se aterrorizó al instante y trató de meterse dentro de mi
cuerpo ante mis palabras. Silenciosamente, le canturreé. Está bien, mi
mascota. Nunca dejaré que nadie te haga daño.
En voz alta, digo:
—Debes estar loca, Sara. Yo nunca, nunca, nunca me haría la
depilación brasileña. Nunca. Ni en un millón de años. Uh-uh. No
sucederá.
Me miró fijamente, sin preocuparse.
—Ya pedí la cita. Es a las 6:45. Vas a ir. Te va a encantar. A Shade le
encantará. Se dará a conocer tu leona interior. Confía en mí.
—No soy una leona y no voy —insisto.
Y en este momento, lo digo en serio.
—Oh, tú vas —dice mientras toma su último bocado de sándwich.
—Lo que sea que quieras pensar. —Niego con la cabeza mientras
recojo mi basura—. Tengo que volver al trabajo. Al parecer,
conoceremos nuestro nuevo Vicepresidente hoy. No puedo llegar tarde
de nuevo.
Sara me mira.
—¿Cómo lo está haciendo Brian Cerebrito? Ya sabes lo que dicen de los
chicos inteligentes. Ellos tienen penes grandes.
—Nadie dice eso —suspiro mientras cojo mi bolso. Brian Cerebrito es un
hombre recién divorciado en el trabajo. Es de apariencia decente,
agradable y hace una buena cantidad de dinero. Sara ha estado
convencida desde hace varios meses para quedar con él, aunque sólo
sea para practicar. No es mi tipo, es demasiado endeble. Necesito a
alguien más asertivo. Y por alguna razón, dudo mucho que él tenga un
pene grande. No es que importe.
A menos que sea demasiado pequeño.
Pero eso no me importa de todos modos, porque no estoy interesada.
—Y él es el mismo de siempre, Sara. ¿Quieres que consiga su número
para ti?
—Tal vez —grita detrás de mí—. Llámame esta noche.
—Tal vez —le grito de vuelta.
Conduzco la corta distancia de vuelta al trabajo desde el pequeño
parque que Sara y yo siempre nos reunimos para almorzar. Me gustan
las fuentes de allí y a ella le gustan los patinadores masculinos sin
camisa.
También está a la mitad perfecta de distancia entre su oficina de bienes
raíces y las oficinas de mi edificio. Somos todo compromiso.
—Hola, señora Lancaster —me saluda Larry, el chico de recepción en el
vestíbulo cuando paso.
—Es señorita Lancaster ahora, Larry, —le recuerdo.
Él asiente.
—Se me olvidó. Lo siento, señorita Lancaster.
Sonrío y sigo andando. Mientras presiono el botón del ascensor, Taylor,
mi asistente, se precipita hacia mí, como si hubiera estado
esperándome. Me da los mensajes, charlando a mil por hora mientras
esperamos por el ascensor.
—¿Estabas vigilándome desde la ventana? —pregunto suspicazmente.
—Por supuesto que no —responde con inocencia—. Resultó ser que
estaba bajando las escaleras hacia el salón de las máquinas
expendedoras.
—¿Con mis mensajes en el bolsillo? —pregunté dudosamente. Se
encoge de hombros.
—¿Coincidencia?
Tengo que sonreír. Mi asistente es endemoniadamente buena. Lleva mi
calendario, piensa por sí misma y se pone bajo fuego por mí todo el
tiempo. Y a pesar de que tiene un aro en la nariz, estoy feliz de tenerla.
Uno de mis mayores temores en la vida es el día en que ella renuncie.
Me ha asegurado que eso nunca sucederá, que se quedará conmigo
hasta que ambas falleciéramos y luego vamos a ser incineradas y
compartir el mismo espacio del mausoleo. Sospecho que está siendo
graciosa.
—Oh —dice mientras se vuelve hacia mí—. El abogado de Rick el
Cretino llamó. ¿Dijo algo acerca de ti atropellando a su prometida?
(Nota de margen: Sí, me refiero a mi ex marido como Rick el Cretino a
quien escuchara, a excepción de mi hija. Tiende a pegársele a la
gente. Ellos vuelven a utilizar el término, lo que me causa gran alegría.
De acuerdo. Adelante.)
Las puertas del ascensor se abren y entramos. Suelto un suspiro.
—¿En serio? No puedo creer que en realidad llamó a su abogado.
Taylor me mira fijamente, esperando una explicación.
—Podría haber ligeramente atropellado a Vanessa en el centro
comercial ayer por la mañana. No fue una gran cosa y fue culpa suya.
Por favor, devuelve la llamada al abogado de Rick y dile que contacte
con mi abogado, no conmigo. Ya he terminado de hablar de ellos.
—Hecho —dice ella, escribiendo en su pequeña libreta—. ¿Y realmente
la atropellaste? Eres ruda, jefa. —No me molesto recordándole que fue
un accidente. En cierto modo me gusta ser llamada ruda—. Además, no
olvides que conoceremos a su nuevo jefe esta tarde —me recuerda
mientras nos abrimos paso serpenteando por el departamento de
marketing que yo superviso para llegar a mi oficina en la esquina—.
Puede que no quieras mencionarle que pasó sobre alguien ayer.
Rodé mis ojos.
—Lo sé —le digo—. No lo he olvidado. ¿Ya lo has visto? —Sólo pregunto
porque Taylor mantiene un ojo de águila por todo. Nada escapa a su
atención.
Un bono, ella contacta con los otros administradores del edificio. Nada
ocurre sin que ellos lo sepan.
—Lo he visto —me dice con orgullo mientras entro en mi oficina y dejo
caer mi maletín en una silla de la mesa de conferencias—. Esta para
morirse, para un hombre mayor.
La miro.
—¿Qué consideras mayor? —Dado que Taylor tiene veinticinco años, es
difícil de decir.
—Oh, no lo sé —reflexiona, mientras me entrega la agenda de la
tarde—. Tal vez treinta y cinco o cuarenta años.
—Hmm —contesto distraídamente mientras miro la orden del día.
Parece que mi tarde es asesinada por el tipo nuevo. Tengo una reunión-
de-bienvenida con él en su oficina a las 3:00 después de que él se dirija
a mi departamento a las 2:00—. Suena prometedor.
—Definitivamente prometedor, —confirma Taylor—. Está delicioso.
Dejo lo que estoy haciendo y la miro.
—Ni siquiera hables así —le digo—. Va en contra de las reglas salir con
un compañero de trabajo.
—No, no lo es —contesta—. Es sólo mal visto. Él podría ser el único para
mí. ¿De verdad quieres interponerte en el camino del verdadero amor?
Rodé mis ojos. ¿Estoy realmente rodeada de lunáticos en todos los
aspectos de mi vida? Antes de que fuera capaz de responder, hay un
golpe suave en la puerta. Taylor y yo nos giramos para encontrar a un
hombre de mediana edad dando zancadas con confianza en mi gran
oficina.
Inhalo fuertemente, entonces espero que nadie se diera cuenta.
Él es un muy, muy atractivo hombre de mediana edad. Wow.
Es alto, tal vez 1.86 m o así. El pelo oscuro de corte al ras y limpio. Es
distinguido y sexy. Y estoy una vez más recordando lo injusta que la
Madre Naturaleza realmente es. Y no hay forma de que ella sea una
mujer. Una mujer no les daría a los hombres tales ventajas injustas en la
vida. Ella haría que los hombres dieran a luz y tuvieran estrías, luego
amamantar hasta que sus pechos masculinos se cayeran como dos
medias llenas de arena mojada. No les permitiría envejecer así. No
puede ser.
Enfócate, Allison, me digo. Céntrate en el apuesto hombre en frente de
ti.
El apuesto hombre llevaba un traje oscuro, muy caro y tiende la mano
para estrechar la mía.
—Debes ser Allison —dice. La estrecho y me quedo mirando tan
intensamente a los ojos de color azul oscuro que casi me olvido de
responder. Se necesitó que Taylor me diera un codazo para sacudirme
a la acción.
—Um, lo siento. Sí, soy Allison Lancaster. Puedes llamarme Alli.
—Bien —dice rápidamente, sacudiendo la mano con firmeza—. Soy
Alexander Harris. Puedes llamarme Alex. He estado deseando
conocerte. Voy a decir unas palabras a tu departamento aquí en breve
y espero poder hablar contigo en privado. Me gustaría saber cómo
haces las cosas, cómo funcionan las cosas, etc… ¿Suena como un
plan?
Él parece tan familiar, como si lo hubiera conocido antes.
Pero sé que no lo he hecho. Definitivamente, recordaría al Apuesto
Hombre. Quiero decir, Alex. Tiene una presencia imponente. Y es
magnífico.
—Por supuesto —le digo con afecto—. Lo espero con ansias.
—Muy bien, entonces —dice. Sus ojos se arrugan un poco en la esquina
cuando sonríe. Supongo que está bien en sus treinta y muchos o
cuarenta. ¿Y mencioné esplendido?—. Te veré pronto.
Y se fue.
Taylor se vuelve hacia mí.
—¿No te lo dije? —suena tan astuta.
Tan astuta que es molesto.
—Bueno, espero que tenga cosas buenas destinadas a este
departamento —le digo la cuestión con total naturalidad. Me dejo caer
en la silla y agarro el ratón, desplazándome por mi correo electrónico.
Taylor no se dio por aludida. Ella persiste, meditando sobre Alex.
—¿Crees que está casado? No he visto un anillo en el dedo.
—Muchos hombres no usan los anillos —digo, sin levantar la vista—. En
particular, los que mienten, engañan, los que no quieren que otras
mujeres sepan que están casados. Y tú no tienes que preocuparte sobre
su estado civil, de todos modos. Sólo ve y devuelve mis llamadas, por
favor.
Sonrío para hacerle saber que no estoy enojada, pero sabe que lo digo
en serio. He terminado de reflexionar sobre el nuevo tipo.
Hasta veinte minutos más tarde, cuando estoy de pie en la parte trasera
de la sala principal de conferencias viéndole hablar con mis
empleados.
Está a gusto con ellos, ríe con ellos, habla con franqueza y abiertamente
sobre los cambios que se propone hacer y las cosas que mantendrá
iguales. Fácilmente ordena la habitación, sin embargo, no actúa como
si fuera el nuevo Vicepresidente Sénior de Desarrollo de Negocios.
Actúa como un amistoso, vecino bien informado quien pasa a estar en
el negocio.
Mientras habla, sus ojos encuentran su camino hacia los míos. Puedo ver
el calor allí, una sabiduría mundana y manchas brillantes de color gris
oscuro enterrado en el azul.
Y una vez más, tengo la sensación de que lo conozco. Es frustrante.
Envuelve las cosas y se mezcla durante un rato, luego se dirige a mí.
—¿Sería tan amable de verme en mi oficina en cinco minutos o así? —
Sonríe.
Y mis rodillas se sienten débiles.
Mierda. Esto no puede ser bueno. No puedo trabajar con las rodillas
débiles.
Asiento.
—Por supuesto. Estaré allí.
—Bien. —Sonríe otra vez y se despide. Taylor se adelanta y me da un
codazo.
—Puedo decir, ¿te lo dije ya?
La miro fijamente.
—No. No puedes.
—Está bien —pía alegremente—. Es suficiente saber que es verdad.
Ella trota para charlar con alguien más, alguien más dispuesto a platicar
entusiasmadamente sobre nuestro nuevo jefe con ella. Hago lo que
cualquiera que tenga amor propio y una mujer normal hace antes de
reunirse con su sexy-como-el infierno nuevo jefe. Corro al cuarto de
baño para refrescar mi lápiz labial.
Cuatro de cinco minutos más tarde, estoy llamando suavemente a la
puerta de la oficina de Alex, mis labios perfectamente hechos.
—Adelante —dice desde atrás de su escritorio. Se pone de pie cuando
entro y señala con su mano hacia una de las dos sillas de felpa delante
de su gran escritorio—. Por favor, siéntate. Ponte cómoda. —Elijo un
asiento—. Gracias por charlar conmigo —dice Alex cordialmente.
No puedo dejar de notar cómo rellena la camisa a medida ahora que
se quitó la chaqueta del traje. Puedo ver prácticamente los músculos
ondulando detrás de la mezcla de algodón caro. Ese es un hombre que
no es ajeno a un gimnasio.
—Por supuesto —le respondo con recato, o mi mejor imitación de lo que
creo que debe ser recatada—. No sabía exactamente todo de lo que
quieres hablar, así que me temo que estoy un poco desprevenida. No
he traído nada conmigo.
—Oh, está bien —dice Alex, sonriendo—. Simplemente quería conseguir
tu punto de vista sobre este departamento y cómo las cosas se
ejecutan actualmente. Estas a cargo, ¿verdad?
Asiento.
—Sí. He trabajado aquí durante diez años. Empecé como gerente de
nivel medio y después obtuve mi MAE, empecé a ascender en el
escalafón.
Alex le echa una mirada al archivo en su escritorio.
—Y ahora eres una directora ejecutiva al control de un departamento
muy importante en esta empresa. El marketing es imprescindible para el
crecimiento de cualquier empresa. Debes sentir el estrés de vez en
cuando. ¿Manejas bien el estrés?
Esa es una pregunta muy extraña, decidí mientras lo miro fijamente.
—Sí, lo hago —respondo con sinceridad.
—Bien —responde—. Porque veo aquí que te has divorciado
recientemente. Normalmente no me meto en los asuntos privados de mi
personal, pero me gustaría saber, si todavía serás capaz de manejar sus
niveles de estrés profesional, cuando se combina con el estrés personal.
Lo miro fijamente y me devuelve la mirada. Está tranquilo y silencioso, y
estoy segura de que es imperturbable.
Su oscura mirada es firme. Aún es maravilloso, sin embargo, incluso
cuando se entromete en mis asuntos personales y haciendo preguntas
incómodas.
—Mi divorcio fue hace nueve meses —digo—. La mayor parte de la
tensión se produjo durante el primer mes. Ahora estoy bien, te puedo
asegurar eso, así como he estado bien por el resto de mi divorcio. He
trabajado aquí durante mucho tiempo. Conozco esta empresa como la
palma de mi mano. Puedo manejar cualquier cosa que me lances y
luego pedir más.
Mi barbilla se levanta de forma automática. Es molesto para mí que este
nuevo tipo crea que puede cuestionar mi capacidad para hacer mi
trabajo. Puedo hacer el doble de lo que puedo con una mano atada a
la espalda. De eso, estoy segura. Se ve sorprendido por mi tono
determinado.
—Allison, no quise ofenderte —me dice con dulzura—. He pasado por un
divorcio. Sólo pregunto porque sé los estragos que tuvo en mí. Esas
cosas son estresantes. Sólo necesitaba saber si debo dejar que este
departamento continúe como está por el momento, o si estarías bien
manejando algunos de los cambios que me gustaría poner en práctica
inmediatamente. No estaba cuestionando tus capacidades, te lo
puedo asegurar. He oído cosas brillantes sobre ti de todos los presentes.
Eres muy respetada por tu personal y tus colegas por igual.
Mi cólera inmediatamente desciende y mis plumas se alisan otra vez. Si
las tuviera, que por supuesto no las tengo.
—Oh —le digo. Realmente no sé qué más decir—. Lo siento si soné a la
defensiva. Es que esta empresa ha sido una especie de 'Negocio de
hombres' durante mucho tiempo. Tuve que abrirme camino con las uñas
para estar donde estoy. Y no puedo dejar que se piense que soy débil.
Porque no lo soy.
—No tengo ninguna duda —me asegura Alex—. ¿Y qué quieres decir
con Negocio De Hombres?
Me estremezco.
—Um. De acuerdo. Tal vez fue una mala elección de palabras. Lo que
quiero decir es que no hay una gran cantidad de mujeres en puestos
ejecutivos aquí. Principalmente son los hombres mayores quienes han
estado aquí por un tiempo muy largo. Es como un club. Y tuve que
abrirme camino.
—¿Tuviste que echar abajo esos techos de cristal con tus zapatos de
tacón alto? —Alex sonrió y yo inhalé.
Dulce Señor, la sonrisa del hombre es impresionante.
—Es una forma de decirlo —asentí.
Él asintió de vuelta.
—Bueno. Me gusta que mi equipo tenga coraje. Me gusta el hecho de
que lo tienes.
Su mirada es apreciativa y cálida, ese calor se transfiere a mí,
inundando mi cara y mis miembros. No tengo idea de cómo va a
avanzar esto... yo trabajando para este nuevo jefe sexy. Especialmente
desde que es tan encantador como guapo. Esa es una receta para la
destrucción total si alguna vez lo he visto.
—¿Puedes contarme un poco sobre cómo se maneja este
departamento? —pregunta. Me distraje con sus manos. Tengo una cosa
por las sexys manos masculinas. Si un hombre tiene dedos largos y
fuertes, estoy adentro. Y Alex sin duda lo hace. Aprieto los dientes.
—Por supuesto —respondo.
Así que me paso los siguientes treinta minutos haciendo caso omiso de
sus atractivas manos y explicando cómo tengo tres directores, cinco
directivos y luego cuarenta empleados de nivel inferior en este
departamento quienes me responden y finalmente responder ante él.
Explico los procesos. Explico las estrategias actuales que estamos
trabajando. Expongo la cultura actual de la empresa, incluso. Y todo
esto lo hago sin tener en cuenta sus hermosas manos.
Me siento muy orgullosa de mí misma cuando terminé.
Obviamente tengo una fortaleza increíble.
Cuando estoy acabando de hablar, miro a mi nuevo jefe, esperando
una reacción. Alex se reclina y gira en su silla. Sus miembros están
extendidos y está muy relajado observando.
Y sexy. ¿He mencionado ya sexy? Él asiente, pensando para sí mismo. Se
gira y mira por la ventana. Templó sus dedos, soplándolos. Por último, se
vuelve de nuevo hacia mí.
—Me gusta. Me gusta la jerarquía actual. Vamos a mantener esto en su
lugar. Tengo un proyecto especial que me gustaría tu opinión al
respecto, pero puedo hablar de eso más tarde. —Se levanta y extiende
la mano—. Allison, ha sido un placer conocerte. Estoy seguro de que tú y
yo vamos a trabajar muy bien juntos. Vamos a hacer un gran equipo.
Sonrío de vuelta y agito su mano, tratando de ignorar las sensaciones
eléctricas que ondularon por mi cuerpo cuando lo toque.
—Es un placer conocerte, también. Estoy emocionada por ver las ideas
que tengas sobre mover la compañía hacia adelante.
Me acompaña hasta la puerta y hago mi camino de regreso a mi
oficina.
Cuando entro, le echo una mirada a los lujosos muebles, las sillas de
cuero, el área amplia y las ventanas de los alrededores. He trabajado
duro como el infierno por esta oficina de la esquina. No voy a perder el
enfoque actual sobre un nuevo jefe que sólo pasa a ser sexy y tiene una
maldita hermosa sonrisa.
Tengo esto. Lo he conseguido.
Sigo sintiendo orgullo de mí misma durante toda la tarde, ya que me
quedo en modo de-súper-mujer profesional en vez de pensar en mi
nuevo jefe, o incluso en Shade. Hago algunas trayectorias de ventas,
trabajo en un plan de marketing y luego me siento con Taylor, pasando
por mi horario para el día siguiente. Hago todo esto sin dejar que mi
mente divague.
En serio, alucino, soy la Súper-mujer.
No lo suficiente Súper-mujer, sin embargo, para cocinar la cena de esta
noche. Estoy malditamente demasiado cansada para esa tontería. Así
que de vuelta a casa, me detengo y cojo algo para llevar. Sophie
estará feliz por eso, de todos modos. Esto significa que no tendremos
que limpiar la cocina después de la cena.
Cuando atravieso las puertas con la comida en una mano, el maletín en
la otra y mi botella de agua y correo haciendo equilibrio en algún punto
intermedio, grito un saludo.
No hubo respuesta.
Bien. No es gran cosa. Sé que está en casa porque dejó la puerta de
entrada abierta de par en par cuando llegó de la escuela y su mochila
justo detrás de la puerta. Probablemente no puede oírme porque tiene
sus auriculares puestos de nuevo. Bien podría pagar para implantarlos
quirúrgicamente en su cabeza.
Le haría la vida mucho más fácil, estoy segura.
Pateo mis tacones, ordenando mi correo y contesto un breve correo
electrónico en mi teléfono antes de escuchar la risa proveniente del
patio trasero a través de las puertas francesas del patio. Y una voz
masculina. Mi cabeza se levanta bruscamente. ¿Qué demonios? Sophie
conoce las reglas. No amigos varones cuando no estoy en casa. Pisoteo
hasta el patio, lista para regañarla.
Abro las puertas y salgo hecha una furia.
Y me detengo en seco con la boca abierta.
Shade está en la piscina con Sophie.
Mi hija está con el gigoló que tuve relaciones sexuales.
Justo ahora.
En mi piscina.
Estoy aturdida. Consternada. Congelada en el lugar.
Él no está tocándola. Está al lado de ella en el agua, haciendo gestos
con los brazos. Está obviamente usando bañador. Y él es obviamente
maravilloso. Y mojado. Y al lado de mí condenada hija.
Sophie levanta la mirada, me ve y saluda.
—¡Hola, mamá! —grita, sonriendo.
Shade se vuelve a saludarme y su expresión se congela.
Él no sabía con la hija de quién estaba. Eso está claro.
Pero eso no cambia el hecho de que él todavía está aquí. Con mi hija.
¿Mencioné con mi hija?
Obviamente, hice lo único que cualquier mujer sana de sangre caliente
puede hacer.
Enloquecí.
A lo grande.
Traducido por Shadowy
Corregido por bibliotecaria70
—¿Qué demonios está pasando? —demandé, prácticamente
rompiéndome el cuello para llegar al borde del agua. Me extiendo y
saco a Sophie arrastrada de la piscina por los tirantes de su traje de
baño, ignorando el hecho de que el agua clorada está arruinando mi
blusa de seda de 250 dólares.
Sophie se queda mirándome en shock, al igual que Shade.
Y tengo que admitirlo. Mi grito agudo sí suena un poco desequilibrado.
Pero para ser justos, acabo de encontrar a mi gigoló en mi piscina con
mi hija de quince años.
¿Ya he mencionado eso?
—Mamá —sisea Sophie—. ¡Para! ¡Estás avergonzándome! —Esto es
susurrado-gritado en mi oreja, como si Shade no lo escuchara cuando
sólo está a tres metros de distancia. La fulmino con la mirada.
—¿Avergonzándote a ti? ¡Estás en la piscina, rompiendo mis reglas, con
alguien mucho mayor que tú!
Y alguien que es mucho menor que yo. Pero ese pequeño detalle no
me detuvo de follarlo hasta volverlo loco, ¿verdad?
Ignoro mi voz interior porque molestamente tiene razón.
Sophie se queda mirándome en silencio. Levanto una ceja mientras
siento mi pulso latir en mi sien.
—¿¿Y bien??
—Um. ¿Debería decir algo ahora? —Shade empieza a hablar desde
detrás de Sophie.
Él ha salido de la piscina y yo lucho por no mirarlo. Estoy segura de que
está devastadoramente sexy en su bañador mojado. No necesito ver
eso ahora mismo. Necesito seguir enojada. Y eso es fácil de hacer con
las siguientes palabras impactantes de Shade.
—Sophie me dijo que todo esto fue aprobado por ti. Su padre ya ha
pagado por completo, así que todo está atendido.
—¿¿Pagado por completo?? ¿¿Su padre te pagó por completo??
Estoy chillando ahora, tan alto que mis vecinos probablemente me
escuchan. De hecho, por el tono de mi voz, ellos probablemente han
inferido que necesito una llamada al 9-1-1 porque esto es una
emergencia. Y lo es.
Me calmo un poquito, tragando con fuerza mientras miro fijamente en
los profundos ojos azules, azules de Shade.
—¿Mi ex-esposo te contrató para mi hija?
Las mejillas de Shade se retuercen un poco y parece que contiene una
sonrisa. Se seca con una toalla mientras camina más cerca y yo ni
siquiera le echo una mirada a su cuerpo prácticamente desnudo.
Realmente soy Súper-mujer. Y tengo una increíble jodida fortaleza.
—Sí, lo hizo —confirma Shade—. Para ser el entrenador de natación de
Sophie. Mi nombre es Colby, Sra. Lancaster. Espero que estar aquí esté
bien.
—Entrenador de natación —repito, sintiéndome entumecida mientras la
realización pasa lentamente por mi cabeza. Me había olvidado
totalmente sobre eso.
—Sí, entrenador de natación —espeta Sophie, sus ojos escupiendo
fuego—. ¿Qué pasa contigo? ¿Qué pensaste que estábamos haciendo
de todos modos? —Está fulminándome con la mirada ahora y en este
momento se parece tanto a su padre.
—No lo sé —digo en voz baja—. Sólo fue una sorpresa. —Me vuelvo
hacia Sophie—. Sólo dije que sí el otro día. ¿Cómo conseguiste
arreglarlo tan rápido? ¿Y cómo convenciste a tu padre para pagar por
ello?
Sophie se ve engreída.
—Él se sentía culpable. Así que tú ni siquiera tendrás que preocuparte
por ello. Todo está atendido.
Ni siquiera me molesto en preguntar cómo lo logró. Su padre está
mucho más inclinado a querer hacer un cheque para sacar sus
obligaciones paternas del camino, en lugar de pasar tiempo con ella. Y
estoy segura de que ella lo sabe. Y lo explota. Porque eso es lo que
hacen los adolescentes. Y en este caso, no puedo decir que la culpo. Si
alguien se merece ser explotado, es Rick el Cretino.
Shade/Colby me mira y la risa se ha ido de sus ojos.
—¿Está bien que esté aquí? —pregunta.
Y sé lo que realmente quiere decir.
¿Está bien que mi gigoló esté aquí entrenando a mi hija de quince años
en mi piscina cuando ambos están apenas cubiertos en sus trajes de
baño? Um, no lo sé. ¿Cuánto tiempo tengo que reflexionar sobre eso? Si
yo fuera una buena madre, ¿sería incluso una pregunta? Ya lo habría
pateado hacia la acera. En realidad, probablemente no lo conocería
en primer lugar, porque no lo habría contratado para servicios sexuales.
¿Cierto?
Oh, Dios mío. Soy una madre horrible. Me acosté con un gigoló. Y ahora
él está en mi piscina. Los Servicios de Protección Infantil van a venir y
llevarme lejos porque tengo un gigoló en la piscina con mi hija menor de
edad. Me voy derechita al infierno. Voy a arder para siempre.
Estoy al borde de un ataque de nervios.
Y creo que Colby/Shade lo ve, porque rápidamente se vuelve hacia
Sophie.
—¿Sabes qué, Sophie? Me gustaría que hicieras algunas vueltas para
resistencia. Quiero verte nadar veinte vueltas, luego haz diez de los
ejercicios que te mostré antes. Debería probablemente sentarme con tu
madre y explicarle mis planes de entrenamiento.
Sophie me mira, esperando mi aprobación. Asiento y ella se aleja,
zambulléndose de nuevo en el agua brillante. Miro hacia abajo a su
forma revestida con traje de baño, vacilando bajo las ondulantes aguas
turquesas.
Shade/Colby toma mi codo y me lleva a la cocina. Me empuja
suavemente en una silla y va directamente a mi nevera. Saca una
botella de vino que yo había abierto anoche y me sirve una copa. La
mete en mi mano y se sienta frente a mí.
—¿Estás bien? —pregunta.
Me trago mi vino, drenándolo entres gigantescos tragos.
—No lo sé —le digo honestamente—. Dejé que mi amiga me
convenciera de verte la otra noche y ahora te encuentro en mi piscina
entrenando a mi hija. No sé si una buena madre dejaría que eso
suceda.
—¿Por qué? —pregunta con sorpresa—. ¿Debido a mi otro trabajo? Te
puedo asegurar esto: Cuando estoy en horario de Utopía, soy Shade. En
cualquier otro momento, incluyendo cuando estoy en la piscina con tu
hija, soy Colby. Y soy muy bueno en mis dos trabajos. Soy
completamente profesional. Tu hija nunca verá a Shade. No soy un
pedófilo, Alli.
Lo miro, a la forma en que su ceja está fruncida en este momento
mientras me frunce el ceño. A la inclinación juvenil en su cara. A los
músculos que todavía están húmedos y están brillando bajo los rayos del
sol que están entrando a través de la ventada de mi cocina. Mi corazón
golpetea un poco, recordando cómo esos músculos me habían
levantado la otra noche y me habían inclinado hasta que él me estaba
follando por detrás.
Trago con fuerza.
—Es simplemente extraño. Estaba sorprendida. Y ahora no sé qué hacer.
Colby sonríe y con esa curva terca de su boca, veo a Shade salir.
—Te lo dije antes… creo que necesitas que te diga qué hacer. Parecía
gustarte la otra noche. Y te lo digo ahora mismo. No hay nada
inapropiado acerca de mí entrenando a tu hija. Soy un excelente
nadador. Nadé cuatro años a nivel universitario y gané varios
campeonatos estatales. Sé lo que estoy haciendo, lo prometo.
—Oh, ya sé que lo haces —digo con ironía—. Sólo… no lo sé.
—Haré un trato contigo —dice Colby/Shade—. Dame cinco minutos de
tu tiempo aquí como Shade. Luego ven afuera y ve el resto de mi
lección con Sophie. Si no ves que puedo separar total y completamente
mis dos profesiones, con mucho gusto te encontraré otro entrenador de
natación para Sophie.
Lo miro dubitativa.
—¿Crees que puedes convencerme en cinco minutos?
Él mira petulante.
—Estoy seguro de ello.
Mi barbilla se levanta.
—Bien. Desafío aceptado.
Colby/Shade camina hacia la puerta y mira afuera.
—Está bien. Sophie sigue haciendo vueltas. ¿Dónde está la habitación
más cercana con una cerradura?
Señalo hacia el cuarto de lavado que está junto a la cocina. Él me
arrastra allí y bloquea la cerradura detrás de nosotros.
—Cinco minutos —le recuerdo. Él asiente.
—Cinco minutos.
Sin preámbulos, rápidamente me baja la falda y las medias y me
levanta sobre la lavadora. Se inclina y con sus ojos azul cobalto nunca
dejando los míos, su lengua me llena. Jadeo y me arqueo contra su
boca.
Soy autoconsciente, porque he estado en medias todo el día, porque
no me he duchado desde esta mañana y porque mi hija podría entrar a
la casa en cualquier momento.
Pero la puerta está bloqueada.
Y esto se siente tan malditamente bueno.
—Relájate —dice, con su boca cerniéndose justo sobre mi piel—. Sabes
delicioso.
Él es un maestro con su lengua, y muy, muy bueno en su trabajo.
Me corro en tres minutos. Me corro en silencio, sin gritar, ya que no
quiero que Sophie escuche y venga corriendo. Shade observa mi rostro
mientras me corro y veo la satisfacción en el suyo. Cuando he
terminado de convulsionar (lo cual toma aproximadamente otros treinta
segundos), él me desliza fuera de la lavadora y contra él.
Su pene esta duro y la punta aterciopelada es empujada contra mí.
Trago.
Cubre mi boca con la suya y puedo saborearme a mí misma allí.
Dios Santo. Soy una maldita zorra, pienso. O tal vez sólo soy un bicho
raro. De cualquier manera hay una anormalidad involucrada.
Él se aleja.
—¿Te saboreaste a ti misma?
Asiento.
—Sabes tan jodidamente bien —me dice—. Me gustaría follarte ahora.
Pero no lo haré. Porque ahora, voy a ser Colby y voy a ir a entrenar a tu
hija. Pero si decides que aún requieres mis servicios, puedes llamar y
pedir una cita y terminaré esto. ¿Está bien?
Asiento.
—Está bien.
—Además, sólo para que lo sepas, no te ves ni de cerca lo
suficientemente mayor para tener una hija adolescente. Eres preciosa.
Se pone de nuevo su bañador y se ha ido antes de que lo sepa.
Estoy completamente relajada ahora, tanto por su cumplido y sus…
um… servicios.
Me apoyo en la secadora, tratando de calmar mi respiración por un
segundo antes de ponerme mi falda de nuevo. Lanzo mis medias a la
ropa sucia y me aliso el pelo antes de hacer mi camino a la piscina para
ver el resto de la práctica de Sophie.
Me reclino en una tumbona de la piscina, tomando el sol mientras
observo.
Él tenía razón. Es perfectamente profesional y sabe exactamente lo que
está haciendo. Y Rick ya ha pagado por él. No tengo ninguna buena
razón para decir que no.
Y al final de la lección, Sophie va dentro a vestirse y Colby viene y se
sienta a mi lado. Y está claro que él es, sin duda, Colby aquí afuera.
Gotas de su cabello húmedo caen en mi pierna y las limpio.
—¿Y bien? —sonríe—. ¿Qué crees?
Sacudo mi cabeza.
—Bien. Puedo ver que eres profesional. Y paso un momento horrible
diciéndole que no a Sophie. Así que, está bien. Puedes continuar.
Colby me mira, su mirada azul brillando. Se seca casualmente la
espalda. Su ancha, fuerte, y sexy espalda. Me contengo de observar. En
serio, continúo asombrándome con mi fortaleza.
—¿Puedo continuar como el entrenador de Sophie? ¿O puedo
continuar como Shade… para ti?
Él me observa, esperando mi respuesta.
Le echo un vistazo a su pecho ondulante, a sus abultados bíceps
bronceados, al hoyuelo en su mejilla izquierda. Y entonces recuerdo su
pene erecto presionado contra mí en el cuarto de lavado y suspiro.
—Ambos.
Él sonríe porque sabe que ha ganado.
Y yo programo su número de teléfono en mi propio teléfono esa noche.
Probablemente voy a arder en el infierno por toda la eternidad. Pero
cuando lo haga, al menos habrá valido la pena.
Traducido por Mokona
Corregido por Caamille
—Tienes que estar malditamente bromeando —exclama Sara,
mirándome fijamente desde el otro lado de la mesa. Estamos
almorzando otra vez, en nuestra usual mesa en el parque entre los
edificios de nuestras oficinas—. ¿Y no creíste que esto fuera lo
suficientemente importante como para llamarme anoche? ¿Qué está
mal contigo? ¡Creo que esto rompe todas las reglas del manual de
mejores amigas!
—Lo sé —suspiro, picando en mi pavo integral—. Sólo me sentí exhausta.
Ni siquiera quise volver a discutir. Eso me hace sentir como una madre
horrible. Primero tengo sexo con un gigoló. Luego, el gigoló termina en
mi piscina con mi hija. Luego, el nombrado gigoló me hace sexo oral
mientras mi hija da vueltas nadando, luego estoy de acuerdo en dejar
al previamente mencionado gigoló que continúe entrenando a mi hija
mientras sigo usando sus servicios sexuales. ¿Estoy demente?
Sara asiente.
—Sí, pero de una buena forma. —Se apresura a tranquilizarme—. Has
estado demasiado tensa por muchos años. Tú misma viste que, Colby
puede ser Colby con Sophie y Shade contigo. Créeme. Como la
madrina de Sophie, nunca te conduciría mal en este tema. Amo a esa
chica. Y ni siquiera un espléndido pedazo de polla merecerá que haga
lo correcto por sus intereses. En mi opinión, estás simplemente bien.
Mantén un ojo en esto. Y si algo parece inapropiado, despide su
asombrosamente sexy trasero. Hasta entonces, desfrútalo. Disfruta el
paisaje cuando esté en la piscina. Luego saca su cerebro cuando se
vean el fin de semana. Ésa es mi respuesta final.
Cruzó sus brazos sobre su pecho como pensando que es la Gran y
Poderosa Oz, y la Gran y Poderosa Oz ha hablado. Pongo mis ojos en
blanco.
—Bueno, me alegra haberlo resuelto —digo irónicamente mientras
alcanzo mi limonada. Me encuentro deseando que ésta se contuviera
vodka. Sara me fulmina con la mirada.
—Es en serio —dice—. Estás bien. Ahora, cambiando el tema… te
necesito para una cita con Brian.
Casi rompo mi cuello al mirarla boquiabierta.
—¿Perdiste la cabeza? —pregunto—. Es tan aburrido como una camisa
blanca de botones. No puedo salir con él. Querría cortar mis muñecas
en los primeros treinta minutos. Sin mentir, Sara.
Suspira, como pensando que he probado su paciencia por última vez.
—Primero, depende de quién viste la camisa blanca de botones para
decir qué tan aburrido es. Y segundo, Brian Cerebrito será la gran
práctica que necesitas en el mundo de las citas. Necesito que por ti
tengas esta cita. Y necesito que por ti salga bien. Ya no te quiero
abatida, quedándote en casa sola los fines de semana cuando Sophie
está con su papá. Más importante, no puedo ser tu niñera cada fin de
semana. Hay lugares a los que debo ir y gente a la que debo ver.
Miro fijamente a mi mejor amiga, preguntándome si los extraterrestres
han tomado su cuerpo.
—¿Me conoces al menos un poco? ¿No fui yo la que fue contigo a
Utopía la semana pasada? Y Sophie difícilmente está con su padre. ¡Y tú
no haces de mi niñera! ¿Lo haces? ¿Qué pasa contigo?
Sara se encoge de hombros mientras toma una elegante mordida de su
sándwich de frijoles y coles de Bruselas.
—Simplemente siento algo de responsabilidad de hacerte regresar al
mercado. Mi experimento con Shade fue mucho mejor de lo esperado.
Y hablando de eso, ya que estás tomando los… servicios de Shane, será
perfecto que salgas en una cita.
—¡No voy a salir en una cita! —prácticamente le grito. La pareja en la
mesa cercana me echó una ojeada, sorprendidos. Me tranquilizo—. No
aun, de todas formas. ¿Al menos me escuchas?
Sara se nivela para mirarme, sin ponerse nerviosa.
—Generalmente no. En cualquier caso. Como te estaba diciendo,
podrás salir sin tener la presión añadida de tener o no tener sexo con tu
cita. ¿No es eso perfecto? Puedes pulir tus habilidades en citas sin tener
que preocuparte por la pregunta de si “¿dormirás o no con el tipo al
final de la noche?” puedes sacar tus frustraciones sexuales con Shade,
porque le estás pagando para dormir contigo. Es un arreglo perfecto. Y
creo que deberías tener tu vida amorosa con Brian Cerebrito. Porque es
fácil y seguro, y no te romperá el corazón.
Seriamente quiero zafar mi cabello. O zafar su cabello. Excepto que el
de ella es muy corto como para tener un buen agarre. Estamos de
regreso en mi cabello. Suspiro.
—Sara, trabajo con Brian. No creo que sea una buena idea salir con
alguien con quien trabajo. Especialmente cuando sé que no estoy
interesada en él a largo plazo.
—¡Buen Señor, Allí! —chasquea. Está perdiendo la paciencia
rápidamente con mis argumentos, puedo decirlo—. ¿No lo entiendes?
No vas a establecerte con nadie en un largo tiempo. ¿Sacamos eso de
tu sistema con Rick, verdad? Vamos a divertirnos. Pero para hacerlo,
tienes que aprender a interactuar con el sexo opuesto. Has olvidado
como coquetear, cariño.
Froto en medio de mi frente porque rápidamente está expandiéndose
un dolor de cabeza.
Mientras lo hago, mi teléfono zumba. Miro hacia abajo y veo un
mensaje de Shane. Mis ojos se ensanchan y agarro mi teléfono para
leerlo.
¿Aún me deseas?
Debo lucir perpleja porque Sara me pregunta.
—¿Qué? ¿Quién es? ¿Qué va mal?
Sacudo mi cabeza, dejando mi teléfono en mi regazo.
—Nada va mal. Shade acaba de enviarme un mensaje de texto. No
esperaba este tipo de interacción con él. Eso es todo.
Sara arruga su frente.
—¿Un mensaje de texto? Ése es un tipo extraño. Chaz no me envía
mensajes de texto excepto para confirmar fechas y horarios, y lo qué
quiero.
Estoy desconcertada.
—Tal vez simplemente está coqueteando conmigo para asegurarse que
me mantiene como una clienta —especulo—. Probablemente es eso,
en realidad. Es bueno para el negocio, ¿verdad? Quiere mantenerme
interesada. Es una buena estrategia de ventas.
—No sé —reflexiona Sara—. La vida no consiste en estrategias de ventas
solamente. Pero debes tener razón. ¿Quién sabe?
—Sí, quién sabe —repito.
Le contesto el mensaje.
Por supuesto.
Porque es cierto. Lo deseo. Soy una desconsiderada, desconsiderada,
demonio sexual de edad media. ¿Eso me hace una puma4?
Giro hacia Sara.
—¿Esto me hace una puma?
Se ríe con una risa maniática, una que instantáneamente me asusta. La
miro.
—Bueno, ¿lo soy?
—Oh, mi pequeña Allie. Creo que la definición común de una puma es
una mujer mayor que busca hombres menores. Creo. Y no sé si eres lo
suficientemente mayor para considerarte una puma. Pero, en mi
4Puma:en el original cougar, un término que se utiliza para nombrar a una mujer
madura que sale con un hombre menor.
opinión, una puma es una mujer sexual quien está cómoda en su piel y
sabe lo que quiere. Y si no sabe lo que quiere, así como tú, trabaja duro
para deducirlo. Ella es sexy, segura y algunas veces, sucede que tiene
sexo con un hombre más joven. Porque está confiada y todo se vale. Así
es como creo que debe ser una puma. Así que sí, creo que eres una.
Trago saliva. Por ambos, por el nombre y la definición.
—Está bien —asiento—. Soy una puma. Eso está bien. Estoy bien.
—¿Lo estás? —pregunta Sara, con una pisca de preocupación en su
perfectamente maquillado rostro—. ¿Estás tratando de convencerme a
mí o a ti?
—Um, a mí, obviamente —resoplo—. Pero está bien. Estoy bien. Soy una
puma y estoy bien.
Sara sacude su cabeza.
—Estás diciendo bien demasiadas veces. Es una señal de demencia.
Oh, olvídalo. Prepárate para nuestra cita para depilarnos mañana en la
tarde. 6:45. Te recogeré. No uses vaqueros, usa algo suelto. Como una
falda. Créeme, no quieres nada de presión en tu panocha después.
Pongo mis ojos en blanco.
—¿Panocha? ¿En serio? ¿Puedes pensar en una palabra más
desagradable?
—Probablemente, si me das un minuto —contesta Sara, recogiendo su
basura—. Sólo prepárate para cuando te recoja.
Ella se levanta.
—No tendré una depilación brasileña —insisto.
—Sí, la tendrás —insiste de nuevo—. La adoraras. Eres una fuerte,
independiente puma. Y como tal, necesitas una depilación brasileña.
Todas las sexy pumas tienen una depilación brasileña. ¿Te he dirigido
mal hasta ahora?
—Que tal esa vez que… —me detengo, tratando de pensar en algo—.
Muy bien, que hay de esa vez cuando… —me detengo de nuevo—.
Muy bien, bien. No tengo nada justo ahora. Pero ha habido veces. Lo
sé.
Sara sonríe beatíficamente hacia mí.
—Tal vez. Pero esas veces no son ahora. Estarás tan suave y sedosa
como el trasero de un bebé, lo adoraras. Y Shane lo adorara. Te
recogeré a las 6:45. Oh, y tal vez quieras tomar dos ibuprofenos antes de
eso.
—¿Qué? —aullé.
Pero ya se está yendo en sus impresionantemente hermosos Jimmy
Choos, sacudiendo sus caderas tan enfáticamente que cada hombre
en las cercanías está mirando fijamente su trasero. Y como
personalmente odio interrumpir una buena salida, la dejo ir.
Estoy pensando en la depilación brasileña.
Desafortunadamente, me voy por las ramas del trabajo y la vida, y
olvido pensar en eso. Y olvido buscar sobre eso.
Es hasta las 6:45 de la siguiente noche cuando guardando y ordenando
los platos de la comida que oigo un carro acercarse y me acuerdo.
Y maldigo sonoramente lo suficiente como para enorgullecer a
cualquier marinero o conductor de camioneta.
—¿Qué? —Sophie eleva a mirada de donde estaba acomodada
haciendo sus tareas mientras come un brownie. Sacudo mi cabeza.
—Nada, cariño. Simplemente olvidé que le había prometido a tía Sara
que la ayudaría esta tarde.
—¿Con qué? —pregunta Sophie curiosa. Me llevo un chasco.
—Um, nada —tartamudeo.
Y soy salvada por la cabeza roja de Sara entrometiéndose dentro de mi
cocina.
—¿Estas lista? —me llama—. Y no quiero escuchar ninguna excusa. Oh,
hola, Soph. —Arrulla a mi hija.
—¿En que andan ustedes? —pregunta Sophie con sospecha,
estrechando sus ojos color avellana.
—¿Nosotras? —Sara extiende una mano con manicura sobre su pecho,
que está perfectamente expuesto en una escotada, y apretada blusa.
Tendré que manejar esto. Sara está realmente portándose mal con esta
cosa de la puma—. Nosotras no haremos nada. Tu mamá simplemente
necesita mi ayuda esta noche.
Los ojos de Sophie instantáneamente se estrecharon.
—Mamá dijo que quien necesitaba ayuda eras tú.
—Oh, eso es cierto —gesticula Sara—. Ella me ayudara. Con algo.
Sophie pone sus ojos en blanco.
—Ustedes están raras. Tengo que hacer tareas de todas formas.
Recoge su libro y camina fatigosamente por el pasillo hacia su
habitación.
—¡No llegaré tarde! —digo detrás de ella. Ella ondea su mano sobre el
hombro hacia mí sin decir nada.
Giro hacia Sara y suspiro.
—Muy bien. Lo haré.
Ella me mira inocentemente.
—¿Era acaso una pregunta?
Suspiro de nuevo. Claramente estoy rodeada de lunáticos.
Veinte minutos después, estoy aterrada.
Estoy desnuda de la cintura hacia abajo, extendida sobre mi espalda
con una pequeña toalla cubriendo mis partes femeninas. Una pequeña
chica con un aro en la ceja está preparando la cera y estoy jadeando
de nuevo. ¿Mencioné que la cera debe estar caliente? ¿Y que eso ira a
mis privadas y tiernas partes femeninas? Jadeo más fuerte.
—Cálmate —instruye Sara, sentada junto a mí.
Generalmente no permiten espectadores, pero Sara los convenció de
que necesitaré que me sostenga la mano. Es este momento, creo que
preferiría sostenerme de la mano del diablo, considerando que es culpa
de Sara que me encuentre en este predicamento, en primer lugar.
—Tu vagina te lo agradecerá —declara—. Así que succiona y ponte tus
bragas de chica grande. Estarás bien.
—No puedo ponerme mis bragas de grande —siseo—. Porque me están
arrancando el vello de mi vagina de raíz. Así que, obviamente, no
puedo ponerme ningunas bragas, de chica grande u otras.
Sara pone sus ojos en blanco.
—¿Por qué tienes que ser tan melodramática? —pregunta, mirándome
por encima del borde de su revista de moda—. Esto es por tu propio
bien. ¿Realmente quieres ir por ahí con algo que necesita una podada?
La chica-cera (porque no tengo idea de cuál es su verdadero nombre)
suelta una risita mientras se da la vuelta, con una pequeña espátula de
madera en su mano. Trago saliva y sé que mis ojos son salvajes mientras
evalúo la habitación buscando una ruta de escape. Sin siquiera
mirarme, Sara pone una mano en mi brazo.
—Ni siquiera lo pienses —dice, mientras aun lee el artículo.
—Voy a vomitar —intento.
—No, no lo harás —responde.
—Tengo calambres —intento.
—No importa —contesta.
—Creo que estoy embarazada —lanzo, como el último intento.
—Imposible —dice cruelmente—. E irrelevante. Las embarazadas
también necesitan calva su pepita5. Ahora vamos a eso, ¿sí?
Me está mirando ahora, con una escasamente esculpida ceja,
prácticamente elevada dentro de su cabello rojo. Paso saliva y asiento
con la cabeza, apretando mis ojos cerrados. No quiero ver esto. Para
nada.
—Que conste —le digo a Sara manteniendo apretadamente cerrados
mis ojos—. No necesito una podada.
—Irrelevante —dice de nuevo, su atención de nuevo absorta en la
revista.
Suspiro.
La chica-cera repiquetea un poco alrededor de mi codo y luego
examina mi vagina.
5-Pepita:
En el original dice vajayjays que es una forma de decir vagina sin que sepan
de qué se está hablando.
—Muy bien, señorita Lancaster —dice—. Primero voy a extender la cera,
luego…
La interrumpo.
—No quiero saber —digo con firmeza—. Solo hágalo. No estoy mirando.
—Muy bien, señora —dice. Puedo asegurar que está sonriendo, pero no
me importa. Considerando las circunstancias, también ignoro el hecho
de que me llamó con el temido señora.
Siento la cera, más caliente de lo que había imaginado, siendo
extendida sobre la parte de mí que nunca debería ser expuesta en un
salón de belleza o en ningún lugar con luz fluorescente. Jamás. Excepto
en la oficina de un doctor donde no se puede evitar.
Pone algo delgado sobre la cera. Luego, palmea eso hacia abajo. Lo
palmea un poco más. Y como he tenido mis cejas depiladas
exactamente cada seis semanas como un reloj desde que era una
adolescente, sé lo que va a suceder ahora. Me preparo para eso. Me
preparo. Y sostengo mi respiración y me preparo de nuevo.
Y entonces sucede.
Riiiiiiippppppppp.
La habitación literalmente se hace borrosa por un segundo. Creo que
en realidad estoy teniendo una aneurisma por el candente dolor.
Apenas puedo ver de frente.
—¡Santa mierda! —grito. Consigo agarrar el brazo de Sara y hundo mis
uñas en él.
—Oh, ¿así que ahora quieres que te sostenga la mano? —dice Sara con
interés. Y un poco sarcástica.
—No —gruño—. Ahora me gustaría arrancar tu mano. Así como hiciste
que me arrancara los vellos de mi pubis. Es lo apropiado, ¿no crees?
Sacude su cabeza.
—Oh, Alli. En verdad eres una reina del drama. Ahora sé de dónde lo
sacó Sophie. Sobrevivirás, créeme.
—Tal vez —digo llena de confianza—. Pero dudo que tú lo hagas.
Sara pone sus ojos en blanco mientras la segunda ronda de cera es
aplicada.
Palmada, palmada, palmada.
Riiiiiippppppp.
Grito de nuevo. Y hundo más profundas mis uñas en el brazo de Sara. Si
es posible, eso fue peor que la primera vez.
—Oh, santos monos enanos —gimo, queriendo desesperadamente
acunar y cantarle a mi vagina.
Lo siento, mi pequeña, le digo silenciosamente. Sé que te prometí que
no te lastimarían. Esto fue su idea. No mía.
—Alli, estarás bien —dice Sara impaciente—. La belleza tiene su precio.
—Aunque ahora puedo oír un pequeño timbre de simpatía en su voz.
Por eso, me pregunto si estoy sangrando allí abajo.
—No ahora, Sara —digo rechinando mis dientes—. Estoy disculpándome
con mi vagina.
La chica-cera se ríe ruidosamente ahora, y la fulmino con la mirada. Ella
desvía inmediatamente su mirada y aplica más cera.
Santa mierda de oveja.
—¿Usualmente cuántas rondas de cera se necesitan?—consigo
preguntar finalmente.
Palmada, palmada, palmada.
Riiiiiiippppppp.
Ahora literalmente estoy sudando. Creo que también estoy pálida,
como si todo el color se hubiese filtrado de mi piel. Esta chica
depiladora del infierno aparentemente ha tomado mi pigmento junto
con mis vellos púbicos.
—No lo sé —contesta animadamente la chica depiladora del infierno—.
Varias.
Siete rondas después, estoy empapada hasta los huesos. Sudor se
derrama de mi frente y creo que estoy temblado incontroladamente.
También estoy llorando en mi cabeza.
Chica-cera finalmente me dice.
—Muy bien, eso debería bastar. Ahora necesito que se dé la vuelta.
Me retuerzo y la miro. ¿Darme la vuelta?
—Y extienda sus nalgas.
Creo que me desmayé.
Lo hice.
Definitivamente me desmayé.
Porque cuando me desperté, había sido volteada sobre mi estómago y
Sara sostenía abiertas mis nalgas.
—¿Qué demonios? —chillo, tratando de levantarme.
—¡Hazlo! —grita Sara a la chica-cera—. ¡De prisa!
Riiiiiiipppppppp.
Creo que no volveré a caminar.
Traducido SOS por Mir y Lectora
Corregido por Carito
No puedo creer que me hayas hecho esto gimo mientras cojeo
hacia el auto de Sara. Gracias a Dios que me dijo que no usara
pantalones vaquero. No sería capaz de tolerar nada frotando mi chica
en estos momentos. Y por chica, me refiero, por supuesto, a mi vagina.
Sara, Señorita Masoquismo ella misma, está marchando rápidamente
como si no le acabaran de arranca todos los pelos de su pubis.
Tampoco puedo creer que no te haya dolido como me dolió a mí y
que también hayas sostenido aparte las mejillas de mi trasero con tus
manos desnudas. ¿Qué está mal contigo?
Trato de mirarla, pero soy interrumpida por los punzantes dolores
procedentes de la región de mi vagina cuando trato de sentarme en el
auto de Sara.
¡Owwwwww! aúllo . Mierda, creo que voy a morir. ¿Cómo voy a
sentarme en la silla de mi oficina mañana?
Me acurruco con cuidado sobre mi costado, balanceándome
precariamente sobre una nalga, tratando de evitar cualquier presión
sobre mis partes privadas.
Sara mira hacia mí.
Casi no duele mucho después de la primera vez me dice . Y
sostuve tus nalgas apartadas porque pensé que sería mejor que
terminaran contigo mientras estabas desmayada.
¡Sí! siseo . Me desmayé. ¿Eso no debería haberte dicho algo?
Como que dolía jodidamente demasiado para continuar, ¿tal vez?
¡Owwwww! aúllo de nuevo.
Ya entonces, los transeúntes nos están mirando fijamente con
preocupación. Cierro mi ventana.
Sara enciende la radio así no tiene que escuchar mis quejas.
Y entonces me doy por vencida y sollozo internamente por el resto del
camino a casa en su lugar.
¿Nos vemos en el almuerzo? pregunta Sara alegremente mientras
yo me arrastro cuidadosamente fuera de su auto y hacia mi calzada.
Gruño en respuesta y ella se aleja.
Voy cojeando a mi casa, en busca de una bolsa de guisantes
congelados y colapso sobre un sofá de dos plazas en la sala de estar
con la bolsa firmemente plantada entre mis piernas.
Dado que todas las luces de la casa se encuentran apagadas, adivino
que Sophie ha ido a la casa de su mejor amiga, Hayley. Estoy segura
recostada así durante un tiempo.
Cierro los ojos.
Y debo haberme quedado dormida porque soy despertada por una voz
masculina.
Alli, ¿estás bien?
Mis ojos se abren para encontrar a Shade parado por encima de mí.
Estoy confundida.
¿Estoy soñando? —pregunto atontada. Él sonríe, como un ángel o
algo igual de hermoso.
No. Te envié un mensaje de texto. Dejé mi reloj junto a tu piscina. Me
di cuenta hoy. Te envié un par de mensajes y no respondiste, así que le
envié un mensaje a Sophie y le pregunté si podía pasar por aquí a
buscarlo. Espero que eso esté bien. Te vi desde la ventana, así que entré
por la puerta. Estaba abierta.
¿Qué demonios? ¿La gente puede verme tumbada aquí con guisantes
en la entrepierna desde la ventana?
Miro en esa dirección con alarma y me siento rápidamente, haciendo
una mueca de dolor cuando lo hago.
¿Qué pasa? pregunta Shade con preocupación, inclinándose para
examinarme.
No. Le aparto vergonzosamente . No es nada.
Mis mejillas se ruborizan y me muero de vergüenza. El hermoso y
perfecto, Shade no necesita saber lo que acabo de hacer con mi
vagina.
Te hiciste un brasileño, ¿verdad? pregunta a sabiendas, mientras se
endereza de nuevo.
Corrección. Sólo pensaba que quería morir antes. En realidad, quiero
morir ahora.
Asiento con la cabeza tristemente.
Sacude la cabeza y me alza en brazos, llevándome fácilmente.
¿Cuál es el camino a tu habitación? pregunta. Apunto y él me
lleva . ¿Tienes aloe? pregunta, sentándome cuidadosamente en la
cama.
Asiento con la cabeza.
En el armario del pasillo.
Va a conseguirlo y cierra la puerta de mi dormitorio tras él cuando
regresa.
En caso de que Sophie vuelve a casa explica.
Buena idea.
Se me acerca de nuevo y se dobla, retorciendo la falda con suavidad.
Con toques más ligeros que el de una pluma, aplica el aloe. Y me siento
mejor.
Se endereza.
¿Tienes algunas bolsas de té?
Lo miro. ¿Qué clase de pregunta es esa?
En la cocina le respondo con incertidumbre.
Se escabulle. Y luego vuelve unos minutos más tarde con algunas
bolsitas de té empapadas en un platillo. Lo miro con una ceja elevada y
desconfiada.
Confía en mí dice . Esto va a hacerte sentir mejor. Sólo tenemos
que dejar que se enfríen un poco.
Él pone el plato junto a mí y luego examina mi pobre y calva zona
vaginal. Y tengo que admitir que se ve increíble, incluso aunque se
siente como el maldito infierno.
Sería una buena idea obtener algo de aceite de árbol de té mañana
me dice, mientras se sienta a mi lado . Evita que se encarnen los
pelos. ¿Qué te ha poseído para hacerte esto?
Es curioso ahora y me mira. Él también levantó mi mano y está
acariciando mi pulgar. Fuerzo el latido de mi corazón a que disminuya.
Obviamente, está acostumbrado a tocar a la gente, teniendo en
cuenta su profesión. Eso no quiere decir nada especial. Él simplemente
está siendo dulce.
No lo sé murmuro . Bueno, en realidad sí lo sé. Sara me convenció.
Él asiente con la cabeza.
¿Tu amiga pelirroja de la otra noche?
Asiento con la cabeza.
Me lo imaginé murmura. Luego me mira de nuevo . No tienes que
hacer mierdas como estas, Allison. Eres hermosa como eres. Dios inventó
las máquinas de afeitar por una razón: úsalas. No necesitas depilado
con cera.
Sonrío por primera vez esta noche.
Podría amarte ahora —anuncio. Y él sonríe.
No te encariñes demasiado bromea . Nunca me enamoro de las
clientas.
Y a pesar de que estaba bromeando, sus palabras tocan mi fibra
sensible. Soy una clienta. Le pago para que sea amable conmigo. ¿Qué
demonios estoy haciendo?
Shade ve en mi expresión.
¡Estaba bromeando! dice rápidamente . Quiero decir, no tengo
citas con las clientas de manera personal... pero...
Está bien le digo . No tienes que explicar. ¿Cómo comenzaste con
este trabajo, de todos modos?
Se instala contra mis cojines y mira el techo, mordiéndose el labio por un
segundo mientras piensa.
No lo sé. Tenía un amigo que me convenció. Soy hombre y, por
supuesto, me gusta tener sexo. Me pareció una buena idea. Mi papá
quería que yo entrara en el campo de los negocios y no creo que eso
sea para mí. Pero no sé lo que quiero hacer todavía.
Pienso en eso.
¿Fuiste a la universidad?
Sip. Me gradué con una licenciatura en Sociología. No sé a qué
escuela de posgrado quiero ir, pero mi padre está convencido de que
obtenga un MBA6.
Miro hacia su pierna, que se presiona contra la mía. La suya es fuerte y
larga.
No necesitas un MBA si no deseas entrar en negocios le digo . Sin
embargo, no estaría de más tenerlo en caso de que finalmente decidas
ir por ese camino. Todavía eres joven. Lo resolverás.
Lo sé me dice, volviéndose hacia su lado y empujando un mechón
de mi cabello detrás de mi oreja . Tengo confianza en eso. Mi padre es
el que no.
Oh, él cambiará de opinión digo distraídamente mientras miro el
magnífico cuerpo de Shade. Todavía no puedo creer que tengo un
chico sexi como él en mi cama ahora mismo y estoy completamente
fuera de servicio. Maldigo a todos los dioses del sexo que existan.
Shade se sienta y toca las bolsas de té.
Están lo suficientemente frías ahora. No te muevas.
Él arregla las grumosas bolsas mojadas en mi calva, calva vagina.
Dejemos que se asienten por un tiempo indica . Algo en ellos
suaviza la piel. No puedo recordar por qué. Pero sí sé que funciona.
Está bien respondo, porque sinceramente, se siente mejor ya . Esta
es toda una nueva definición de mojar la bolsita de té7 sabes.
Se ríe, la verdadera diversión pasa sobre su cara haciendo que sus
magníficos ojos brillen. Me recuerda lo joven que es.
Debería irme antes que Sophie vuelva a casa dice . Gracias por
permitirme recuperar mi reloj.
Gracias por frotar aloe en mi vagina respondo.
Él sonríe.
Sorprendentemente, eso es algo que no oigo todos los días.
Me río y suena mi teléfono.
Comienzo a llegar a él y hago una mueca de dolor.
Shade sacude la cabeza y lo recupera, entregándomelo.
6-MBA: Master en Administración de Empresas.
7-Es un término del lunfardo para el acto sexual de un hombre que coloca su escroto
en la boca de su pareja sexual por placer o en la cara o en la cabeza de otra
persona.
¿Hola? respondo. Shade hace señas hacia el cuarto de baño.
Asiento con la cabeza. Por supuesto que puede usarlo. Su pene ha
estado dentro de mi cuerpo. No es un problema que esté dentro de mi
cuarto de baño, también.
¿Allison? Es Brian. Del trabajo.
Me congelo.
Oh Dios. No en este momento. ¿En serio? ¿Justo ahora, cuando estoy
acostada con mi negocio femenino expuesto, frotado con aloe,
cubierto de bolsas de té húmedas, y mientras mi gigoló está al alcance
del oído? ¿Qué tipo de broma de mal gusto el Destino está tratando de
jugar conmigo?
Pero por supuesto no digo eso.
Hola Brian digo en su lugar.
Hola, espero que este no sea un mal momento. Pero estaba
pensando en ti hoy. Y sé es difícil después de un divorcio volver a salir. Y
he pasado por eso. Así que pensé en invitarte a cenar. Si quieres.
Larga pausa.
No hay manera de que esto sea una coincidencia. Pero la pregunta es,
¿cómo hizo Sara para llegar a él? Esta es su obra. Puedo sentirlo.
Pero peor, puedo sentir el nerviosismo de Brian. Él está nervioso por
llamarme y no me atrevo a rechazarlo. Incluso aunque Shade ha salido
del baño y ahora está inclinado contra la puerta mirándome con
interés.
Oh. Um. Sí. Me encantaría. ¿Sólo una cena amistosa? Eso sería
divertido.
Esa era yo, sutilmente indicando que sería salir como amigos.
Espero que capte el punto.
Por supuesto responde, obviamente aliviado . Sólo una cena
amistosa. ¿Viernes por la noche?
Claro respondo.
Genial. Podemos ajustar los detalles más tarde. Que tengas una gran
noche, Allison.
Tú también, Brian.
Colgamos y quiero tirar mi teléfono.
¡Maldita Sara! me quejo. Shade se ve aún más interesado, así que le
explico. Y está entretenido. Yo no tanto.
Esto podría ser divertido. Me asegura . Confía en mí. ¿No ibas a
hacer una cita conmigo el viernes por la noche?
Lo miro, sin ver su punto.
—Sí. Pero todavía puedo... Simplemente iré a la cena primero.
Shade asiente, con una luz maliciosa en su azules, ojos azules.
Por supuesto que lo harás dice y estoy nerviosa al instante.
¿Qué estás pensando? pregunto. Si no tuviera tanto dolor, estaría
retrocediendo lentamente.
Voy a enviarte algo me dice . Va a ser divertido. Quiero que lo
uses cuando salgas con tu cita con Brian, antes de venir a verme. ¿Lo
prometes?
Lo miro.
No lo sé. ¿Prometes que me gustará? ¿Y qué me quedará bien?
Él asiente con la cabeza, con los ojos brillantes.
Oh, te lo prometo... tanto que te va a encantar y que te va a quedar
bien.
Hmm. Está bien. No puedo decir que no a eso, entonces.
Él sonríe, satisfecho.
Perfecto. Nos vemos el viernes. Sueña conmigo.
Está bien. —Sonrío ante su arrogancia.
Se va y cierro los ojos.
Pero hete aquí que, más tarde esa noche, cuando por fin voy a dormir
después que Sophie vuelve a casa, sueño con él.
Y no son sueños PG-138, tampoco.
Mi vagina ha decidido que me odia.
Esto es demasiada verdad y evidente.
Me levanto con mi entrepierna aún encendida. Algo así. Está bien,
realmente, antes de que roce con algo. Como un tejido o una silla o
una sábana o nada en absoluto. Esto es un pequeño inconveniente
desde que no puedo ir a trabajar desnuda.
Gimo mientras entro a una ducha, imaginando el día que voy a tener.
Y luego gritó mientras el agua caliente baja hasta mi vagina. Esto bien
puede estar hirviéndose.
¡Agua fría!
¡Agua fría!
¡Agua fría!
Mi cerebro está asustándome y yo me dejo caer con el agua,
cambiando totalmente al frío. Que por supuesto me deja temblando y
esperando mientras intento ajustarlo a una temperatura tibia que
pueda estar mientras lavo mi cabello.
Toda la conmoción, por supuesto, trae a Sophie corriendo a mi baño.
¿Estás bien? grita . ¿Te caíste?
¡Estoy bien! contesto . Sólo que me ha escaldado hasta la muerte
una sobrecarga de agua caliente. Está bien. Ve a alistarte para la
escuela. Pero hey, ¿puedes ponerme la tetera en la hornilla en tu
camino de regreso en la cocina?
8-PG-13: Apto para todo público.
Está bien responde, ya dándose la vuelta. Su preocupación por mi
bienestar me abruma. Puedo tener quemaduras de primer grado y a
ella no le importaría.
Voy a ser una perra hoy. Ya puedo decirlo. Este es uno de esos días.
Tomo la ducha más corta de la historia de la humanidad, luego tiro la
toalla antes de caminar silenciosamente por la cocina y hago una taza
de té con seis saquitos. Los mojo por unos minuto, luego los dejo en un
platito para que se enfríen, justo como vi que Shade lo hacía la otra
noche.
Vuelvo a mi habitación y me pongo una falda lápiz negra, y una
caliente blusa de seda rosa. Tengo el perfecto par de tacos para
combinarlos. Mientras tanto, mis saquitos de se te han enfriado lo
suficiente, entonces empujo hacia arriba mi falda hacia mi cadera y
dejo caer mi trasero sobre mi cama y cubro mi entrepierna con los
saquitos húmedos.
Ahhhhhhh. Si mi vagina tuviera un nirvana esto podría ser. Bien, esto
sería su nirvana hoy, de todos modos. Mi vagina es una especie de
pequeña cosa caprichosa.
Estoy recordando cómo cuidadosamente Shade coloco las bolsas para
mí la noche anterior, sus largos dedos tan sólo moviéndolos, cuando
escucho una voz apresurada.
Oye, mamá, necesito algo de dinero para el almuerzo… Sophie
irrumpe en mi habitación y patina para parar, su mirada cruzando entre
el horror y el shock. Estoy seguro de que refleja la mía. Me trepo a
sentarme y tirar mi falda hacia abajo, y mientras lo hago, las bolsitas de
té húmedas se dispersan en la alfombra blanca de mi dormitorio.
No estoy seguro de qué hacer primero, recogerlos antes de que se tiña
o tratar de explicar a mi hija lo que acaba de ver.
Um. Me inclino a tirar las bolsas y Sophie niega con la cabeza.
Eres tan extraña, mamá.
Y ella vuelve a salir.
¡Hay dinero en mi cartera! la llamo.
No hubo respuesta.
Probablemente he marcado a mi hija de por vida.
Agarro mi celular y le mando un mensaje de texto a Sara.
Te odio tanto en este momento.
Corro por el pasillo y tomo una esponja, y luego limpio las manchas de
té en mi alfombra. Porque de todo este desastre, que ha provenido de
Sara, sólo tengo unos minutos para ponerme algo de maquillaje y
cepillarme el pelo. Tengo una reunión a primera hora por la mañana y
no puedo llegar tarde porque estoy bastante segura de Alex estará
sentado allí.
Decido contra el uso de medias o incluso bragas hoy. No puedo creer
que esté haciendo esto, pero no puedo tener nada tocando a mi
chica. Simplemente no puedo. Si no tuviera tanto dolor, me sentiría
traviesa para ir a trabajar sin bragas.
Así como son las cosas, me siento de mal humor. Cuando me meto en
mi coche, cuidadosamente arreglo mi depilación brasilera para que no
esté frotando contra mi asiento. Mi teléfono zumba. Es Sara.
Esa fue la vagina hablando, no tú. Tú me quieres. Tienes que
hacerlo. Porque sé todos sus secretos.
Suspiro. Ella tiene razón.
Bien. Mi vagina, te odia, le respondo.
Ni siquiera tengo tiempo para parar y tomar un café en el camino al
trabajo, lo que sin duda no presagia nada bueno para mi día.
Como paso como una brisa a Taylor, gruño:
Necesito café.
Ella toma una mirada en mi cara y se pone de pie, presumiblemente
para encontrarme alguno. Me encanta esa chica. Me conoce tan bien.
Y además, no quiere aguantarme sin cafeína. Sé que es mucha verdad
porque yo no quiero aguantarme sin cafeína tampoco.
Alli —me llama desde detrás, pero la ignoro. No estoy de humor para
nada en este momento hasta que haya bebido al menos dos tazas.
No estoy de humor aún le respondo mientras abro la puerta de mi
oficina.
Normalmente no soy una perra, pero una maltratada entrepierna le
haría eso a una persona.
Entro a mi oficina y me detengo. Alex está sentado casualmente en el
sofá, sus piernas elevadas mientras lee el Wall Street Journal. Me paro. Él
mira hacia arriba. Él tiene dos tazas de un café local sentado junto a él.
Lleva pantalones negro a rayas y una camisa blanca abotonada. Se ve
fresco y guapo y es evidente que él ciertamente no sufre de una
entrepierna maltratada.
Y santa mierda. Sara tenía razón. Definitivamente depende de quién
está usando la camisa blanca abotonada para definir cuán aburrido
es.
Esta camisa abotonada no es aburrida en absoluto. Cuando se estira a
través de dos fuertes hombros así, ¿cómo podía ser aburrido?
Alex sonríe.
Es una hermosa sonrisa que hace que las comisuras de sus hermosos ojos
se arruguen.
Me arriesgué y supuse que te gusta el Café de Kona dice
alegremente, entregándome uno de los vasos . Con azúcar y crema.
Lo siento si no es correcto.
Dios te bendiga le digo mientras me agarro el vaso con avidez de
sus dedos. Me contengo de tragar que en dos tragos. En su lugar,
disfruto de ella como una dama. Una dama que ha estado vagando en
el desierto durante dos semanas y está lista para morir de sed, eso es.
Alex se ríe.
¿Mala mañana? Bajo la taza. Si lo admito, podría creer que no
puedo manejar el estrés personal después de todo. Y no le puedo decir
de mis problemas de vagina.
Um. Sólo ocupada le digo.
Bueno, no voy a entretenerte. Sólo quería decirte que voy a estar
sentado en tu reunión de personal hoy. Sólo quiero tener una idea de tu
departamento. No es gran cosa. Yo no quería que se sientas
sorprendida.
Sonrío. Me siento graciosa ahora que la cafeína circula por mis venas.
Está bien. Esperaba que pudieras unirte a nosotros hoy y por supuesto,
eres bienvenido en cualquier tiempo. ¿Hay algo en particular que
quiera que cubramos?
Alex niega con su sexy cabeza.
No. Sólo tienes que ir adelante con lo de siempre. Si tengo preguntas,
preguntaré.
Coge el periódico y se despide. Apenas se ha ido antes de que envíe un
zumbido a Taylor.
Ella entra y me sonríe amablemente.
¿Hay alguna razón por la que no mencionaste mientras caminaba
que nuestro nuevo jefe me estaba esperando en mi oficina? Le
devuelve la sonrisa como la moza descarada que es.
Sí. Dijiste que no estabas en el humor para eso todavía.
Tomo cuatro respiraciones profundas y recojo mentalmente mi
grapadora y la tiro a su sonriente cabeza. Sonríe más amplio, como si
supiera mis pensamientos.
En el futuro le digo con calma, sin dejar de sonreír . Por favor,
hazme saber cuando Alex Harris está esperándome, aunque diga que
no estoy en el estado de ánimo para escucharlo.
Ella asiente con la cabeza alegremente.
Lo haré, jefa. ¿Debo también siempre decirte si tiene lápiz labial en los
dientes?
Asiento con la cabeza hacia atrás.
Por supuesto.
Ella sonríe.
Lo tienes.
¡Hijo de puta! digo, según recuerdo cómo había sonreído
ampliamente a Alex. Me froto furiosamente los dientes con el dedo
como un cepillo de dientes. ¿Por qué, oh por qué, tengo que llevar lápiz
labial de color rosa fuerte precisamente hoy de todos los malditos días?
Le muestro mis dientes como un caballo.
¿Se ha ido?
Ella asiente con la cabeza exactamente en el mismo instante que Alex
vuelve a entrar en mi oficina. Se detiene y se queda mirando a mi boca
de caballo, y luego ríe.
Oh, bueno. Veo que su asistente le dijo sobre la barra de labios. No
estaba seguro de si debía o... Se calla y me hubiera gustado poder
derretirme en el suelo.
Taylor se desliza de vuelta, sus hombros flacos tiemblan, y puedo oír su
risa en su escritorio. Hago una nota mental para matarla después. Justo
después de grapar sus dedos a su escritorio.
Miro a Alex.
Lo siento. Ha sido una inusual mañana agitada. Me olvidé de revisar
mi
lápiz labial en el coche. Y sí. Para responder a tu pregunta, cualquier
mujer agradecería que le dijeras que tenía lápiz labial en sus dientes. O
cualquier otra cosa que se haya olvidado de comprobar.
Él asiente con la cabeza y sonríe.
Anotado, entonces. De ahora en adelante, si me doy cuenta de algo
así, voy a decirte. Nunca sé lo que ofenderá a alguien.
Él es una persona muy cálida. Es un poco sorprendente ya que ocupa
un lugar tan importante. Pero te puedo decir que le gusta bromear y
reír. Y me encanta ese tipo de persona. Entonces combina eso con su
devastadora buena apariencia y yo podría estar en serios problemas
aquí.
Oh, no me ofendo fácilmente prometo . En serio, puedes tratarme
como uno de los chicos. Sólo pretende que no tengo ovarios.
Levanta una ceja.
Um, bien. Voy a tratar. Por lo que volvía, sin embargo, era para ver si
tenías un archivo de nuestro nuevo cliente, ¿Malochec? Me gustaría
revisarlo.
Por supuesto le digo. Zumbo a Taylor y le preguntó para traerlo. Ella
trota un par de minutos más tarde y me lo da a mí y yo se lo paso a Alex.
Nuestros dedos se tocan y siento una descarga eléctrica imaginaria. Me
mira, aparentemente ajeno.
Perfecto dice . Te veo en un rato.
Recojo algunas cosas y luego lo sigo, dirigiéndome a la sala de
conferencias. Soy dolorosamente consciente de mi entrepierna
maltratada. Desafortunadamente, el efecto de las bolsitas de té no
dura tanto tiempo. Si pudiera cojear sin llamar la atención sobre mí, lo
haría. Mientras tanto, camino con rigidez y tomo con normalidad mi
asiento.
Alex se sienta frente a mí y agarra una lapicera para tomar notas.
Comienzo la reunión, como normalmente hago y permito que los
distintos administradores hablen sus diversos puntos, proyectos actuales
y así sucesivamente. Me retuerzo incómodamente en mi asiento
mientras dura, extendiendo mis rodillas ligeramente para permitir que el
aire frío refresque a mi chica.
Escucho a Jack, Herb, Ángela y Marla hablando. Pregunto si hay alguna
preocupación de la que deba saber. En silencio, rezo para que no la
haya. Todo el mundo sacude la cabeza. Al igual que yo, lo único que
quieren dedicarse a su negocio y finalizar esta reunión. No por la misma
razón, sin embargo, estoy segura. Así que, sonrío y giro a Alex.
¿Te gustaría terminar la reunión?
Y me sorprendo cuando estoy hablando a su espalda encorvada
porque está excavando bajo la mesa. Hago una pausa y vuelve a subir
con una lapicera en la mano, con las mejillas ligeramente sonrojadas,
probablemente de estar al revés.
¿Qué? pregunta, al parecer nervioso.
Dije, ¿te gustaría poner fin a la reunión? repito cortésmente.
Oh. Um, no. Tengo un par de preguntas para Herb y Ángela, pero me
pasaré por sus oficinas más tarde en el día. ¡Todo el mundo tenga un
buen jueves!
Todo el mundo toma su café y sus cuadernos y hace una carrera loca
hacia la puerta. A excepción de Alex. Él permanece fijo y después de
que todo el mundo se ha ido, se vuelve hacia mí. No sé qué hacer con
su expresión. Es una especie de divertida, más o menos confusa, más o
menos sorprendida. Estoy intrigada mientras espero a que hable.
¿Recuerdas cuando dijiste que si alguna vez olvidas algo de nuevo,
no dude en decírtelo, porque tal vez no podrías ofenderte?
Asiento con la cabeza, confundida.
Sí, eso fue esta mañana, recuerdo eso.
Él sonríe.
Muy bien. Porque parece que has olvidado la ropa interior hoy y
pensé que podrías querer saber. Él toma su café y se pasea fuera de
la sala de conferencias.
Y yo en serio quiero jodidamente morir.
Traducido SOS por Clarksx y Mir
Corregido por Elena Ashb
Soy una tormenta que se mueve tan rápido como puedo para volver a
mi oficina y recoger mi teléfono. Escribo tan rápido y furioso que
realmente me duele el dedo al escribir un mensaje de texto.
Tú. Yo. Vino. Mi terraza. Esta noche.
Se lo envío a Sara.
Y luego añado: Tienes suerte de que no he contratado a un asesino
a sueldo.
Me quedo en mi oficina tanto como puedo durante todo el día por dos
razones.
a) Porque mi entrepierna me duele mucho al caminar, y…
b) Porque moriré si tengo que mirar a Alex a los ojos en este momento.
Intento decidir la mejor manera de manejar esto. No puedo creer que
vio un pedazo de mi delicada señorita debajo de la mesa y estoy
absolutamente mortificada. Alex va a pensar que soy una fanática de
mover de un tirón. ¡Y no puedo creer que no dijo nada! Pero para ser
justos, le dije que nunca me ofendió. Y eso es parcialmente cierto.
No estoy ofendida.
Estoy humillada. Y hay una diferencia.
Dios mío.
Vuelvo a posicionarme en mi asiento tratando de mantener fuera a
dicha pequeña señorita delicada. Hago una búsqueda rápida en línea
para ver cuando puedo esperar que el dolor desaparezca. La mayoría
de los artículos dicen que debería haber disminuido después de la
primera noche.
Equivocado.
Tiemblo cuando me muevo.
Esto es horrible.
Absoluta y malditamente horrible. Y es la última vez que escucho a Sara.
Jamás.
Mi fiesta de compasión es interrumpida por Taylor golpeando
suavemente la puerta.
—Hey, jefa —dice, entrando antes que contestara—. Esto acaba de
llegar para usted. Dice privado, así que no lo abrí.
Ella está sosteniendo una pequeña caja con una tarjeta. Está
claramente curiosa. Como lo estoy yo.
Lo tomo de ella y empiezo a abrir la tarjeta antes de darme cuenta de
que está esperando a ver lo que es. Levanto una ceja.
—Gracias —le digo.
—Oh, no hay problema —responde. Se queda en su lugar, todavía
esperando.
—Eso es todo —digo, insinuando otra vez.
Me mira.
—¡Oh! —Sus ojos se abren—. Está bien.
Se da la vuelta y sale con una perpleja mirada en su rostro. Puedo
entender su confusión. Ella prácticamente ha compartido cada parte
de mi vida desde que llegó aquí. Cuida de mi calendario (incluyendo
citas médicas), y abre todos mis correos, incluyendo los documentos del
divorcio de la corte. Nunca ha habido nada marcado “privado” antes.
Se muere por saber lo que es. Y yo también.
Abro la tarjeta. Escritura a mano aparece en negrita garabateada en
una tarjeta de lino.
Alli Cat,
Dijiste que no estabas segura de lo que querías. Así que decidí lo que necesitas
para conectarte con tu Monstruo interior. Necesitas darle rienda suelta de
vez en cuando. Es divertido. Y es bueno para ti.
Lleva esto en tu cita mañana por la noche. Tendré el control remoto conmigo.
Envíeme un mensaje para saber dónde estarás. Estaré allí también.
XX,
Shade.
Estoy nerviosa al instante mientras abro la pequeña caja blanca. Así que
debería ser.
Un largo huevo de plata se desliza fuera del tejido hasta mis dedos. Es
frío al tacto y pesado. Lo contemplo por un momento antes de darme
cuenta de lo que es.
Es un vibrador. Y se supone que es para llevar internamente.
Oh, dulce María.
Estoy sacudiendo mi cabeza como si Shade estuviera aquí conmigo
ahora mismo. No voy a usar esto. No lo voy a hacer.
Mi teléfono vibra.
¿Has recibido mi regalo?
Shade.
Ahora prácticamente jadeo. Tanto por el regalo como la idea de que
Shade lo envió y espera que lo use.
Sí. Y no hay forma ni en el infierno, le respondo
Hay una pausa. Luego, una respuesta.
Lo harás. Porque eres es atrevida y divertida.
Hago una pausa.
¿Lo soy? ¿Atrevida y divertida?
Tal vez en otro tiempo, antes de Rick el Cretino. Pero estar casada con
él chupó toda la diversión de la vida. Y fuera de mí.
Pero no estás casada con él nunca más, me recuerdo. Mierda.
¿Realmente necesito hacer esto para demostrar que todavía soy
atrevida y divertida? Quiero decir, ya conseguí la depilación brasileña y
tuve relaciones sexuales con un gigoló. Pero, sinceramente, ante
aquellas cosas, esto es una cosita pequeña. ¿Verdad? Es sólo un
diminuto vibrador. ¿Cuánto impacto podría posiblemente hacer?
Suspiro.
Bien. Lo haré. Te envío un mensaje con la información más tarde.
Piensa en mí esta tarde, responde.
Niego y aparto mi teléfono.
No puedo seguir así en el trabajo. Necesito concentrarme.
Justo después de ir al baño y frotar un trozo de hielo en mi entrepierna.
Por la tarde, y tres trozos de hielo más adelante, Brasileña Calva (a quien
he llamado cariñosamente, BC) se está sintiendo sorprendentemente
mejor. Al parecer, los sitios web que dicen que el dolor debe
desaparecer dentro de las veinticuatro horas estaban en lo cierto. Esto
no me hace menos irritada con Sara, pero todavía. Se siente bien
caminar normalmente y en posición vertical otra vez.
Brian, sin embargo, está actuando extraño a mi alrededor, que es
precisamente el por qué no quiero salir con alguien del trabajo en
primer lugar. Y me doy cuenta, también, que no he llegado al fondo de
cómo Sara le convenció para invitarme a salir.
Así que me tomo un pequeño viaje a su oficina, que sólo se encuentra
en el segundo piso en Contabilidad. Como yo, él es un director
ejecutivo y tiene una oficina en la esquina.
Cuando entro, está sentado con su cabeza enterrada en una hoja de
cálculo. Suspiro.
Esta es una de las razones por las que sé que él y yo nunca haremos clic.
Él es un hombre de números. Soy una chica creativa. Me relaciono con
él cuando tengo que conseguir su participación en los números para mis
proyectos, pero aparte de eso, no nos movemos en los mismos círculos.
No pensamos de la misma manera. Además, tiene una pequeña
mancha de café en su pecho.
Y sí, hoy soy una perra. Pero sabía que lo iba a ser todo el día. Y eso
probablemente significa que debo llamar a mi vagina perra calva, en
su lugar. Es siempre mucho más apropiado. Además, me gusta. Me
hace sentir valiente.
BC y yo nos sentamos y tengo una pequeña charla con Brian, que es
aburrido, pero todavía es agradable. Insisto en que no hay razón para
actuar de forma extraña, que sólo vamos a cenar como amigos. Sonríe
y actúa aliviado y luego admite que lo intimido.
—¿Yo te intimido? —repito, mirándolo con confusión—. Entonces, ¿por
qué demonios me invitaste a salir? —Hago una pausa, y luego sonrío—.
Se me olvidó. Mi amiga Sara llegó a ti. Dime, Brian. ¿Cómo exactamente
hizo eso?
—Ella me mando una solicitud en línea —admite Brian, algo
avergonzado—. Es muy agradable.
—Oh, ella ciertamente lo es —estoy de acuerdo—. Especialmente
cuando quiere algo.
—Dijo que sólo quiere que salgas más. —Brian cerebrito se encoge de
hombros, sonriendo pero su sonrisa es floja—. Está preocupada por ti.
Lo miro. Luego, conté hasta tres.
—Bueno, no es necesario, ¿verdad? Tú y yo vamos a cenar mañana por
la noche. Estoy bien. Y estoy deseando que llegue la cena, por cierto.
¿Dónde te gustaría ir?
Se ve en blanco.
—No estoy seguro —responde—. ¿Qué te gusta?
Suspiro. Creo que Shade tenía razón acerca de mí. Realmente me
gustaría salir con alguien que se haga cargo por un tiempo. Estoy harta
de tener que tomar todas las decisiones, incluso en algo tan pequeño
como un restaurante.
—¿Qué hay de Manini en la calle veintiuno? —sugiero—. Me encanta
italiana.
—A mí también —dice Brian. Su cara está retorcida de una manera
extraña y no puedo realmente decir si está sonriendo o haciendo
muecas. Elijo creer que se trata de una sonrisa—. ¿6:00?
—Es perfecto —le digo, todavía mirándolo fijamente, tratando de
decidir—. Voy a encontrarte allí ya que tengo que estar en otro lugar
más tarde esa noche.
Dejo a Brian en su procesamiento de cálculos.
Y por el momento, ahora que no me está ardiendo, estoy empezando a
disfrutar de la suave sensación de BC cuando camino. Puede que haya
algo de cierto en esto de todo Brasil. Me siento sexy como el infierno
sabiendo que estoy totalmente sin pelo.
Soy una maldita zorra.
Soy una maldita zorra que logró evitar a mi nuevo jefe por el resto del
día.
Estoy alabándome en esa hazaña mientras estoy sentada al aire libre en
mi patio esperando a que Sara llegue. Tengo cuatro botellas de rojo
Moscato frío en mi nevera en este momento y estoy haciendo una nota
mental para comprar una nevera para vinos en mi primera oportunidad.
Es una necesidad en la vida, realmente. Es una necesidad, no un deseo.
Necesito la opción de tener múltiples botellas de vino previamente
enfriadas en cualquier oportunidad para noches como ésta. Y de
nuevo, eso es una necesidad y no un deseo. Obviamente.
Me recuesto en el sillón de la piscina y miro hacia arriba al cielo oscuro y
las blancas estrellas brillantes. Miro alrededor de la piscina de azulejos, a
las silenciosas ondas en el agua, a la cascada de agua que alimenta a
la piscina, a la bañera de hidromasaje que se encuentra ligeramente
por encima de la piscina.
Bañera de hidromasaje.
Mis pensamientos se congelan, negándose a dar un paso más hacia la
bañera de hidromasaje.
Después de mi día, obviamente merezco sentarme en la bañera de
hidromasaje. Rápidamente decidido que BC ha sanado lo suficiente
para que el agua caliente no le haga daño. También, en mi estado
ligeramente ebrio, decido que soy demasiado perezosa para hacer un
paseo a mi casa por un traje de baño. Echo un vistazo alrededor
brevemente, decidiendo que la cerca de casi un metro de altura
ofrece suficiente privacidad y me saco la ropa.
La dejo en un montón junto a mi silla y camino completamente desnuda
a través de las baldosas de piedra hacia la bañera de hidromasaje.
Tomo una botella de vino y mi copa... las cosas importantes. Me
preocuparé por cosas sin importancia, como toallas, más tarde.
Enciendo el jacuzzi, entro, y el agua caliente empieza a burbujear a mi
alrededor, relajando mi estrés y preocupación. El calor no le hace daño
a BC en absoluto, por lo que silenciosamente me agradece.
Estoy hundida hasta la barbilla en el agua cuando oigo a Sara
llamándome.
Asomo la cabeza y la saludo para que se acerque.
—No he traído mi traje de baño —dice, de pie encima de mí.
—No necesitas uno —le digo—. Sólo somos tú y yo. Te he visto desnuda
cientos de veces antes. —Mis pensamientos están sólo un poco borrosos
ahora, después de una botella de vino.
—¿No? —Sara levanta una delgada ceja—. ¿Dos mujeres desnudas en
un jacuzzi? ¿Qué pensarán tus vecinos?
A ella evidentemente no le importa porque ya se está despojando de su
ropa.
—Bueno, el Sr. Darnell pensará que ha ganado la lotería de las mujeres
—le digo con una sonrisa—. Siempre nos está mirando cuando Sophie y
yo nos bañamos. Pervertido.
—Hablando de Sophie, ¿dónde está? —pregunta Sara mientras se
instala en el agua, en frente de mí. Levanta una pierna a mi lado
mientras bebe un sorbo de vino. Casi le digo que necesita afeitarse las
piernas, pero decido no hacerlo. Ella podría decidir qué vamos a
empezar a depilarnos las piernas con cera también, lo que es una
locura.
—En la casa de Hayley —respondo en su lugar, alejándome de los
rastrojos en sus piernas para que no me corten de par en par—. Están
estudiando y luego se quedará a pasar la noche. Soy libre esta noche.
Podría simplemente dormir aquí. Desnuda.
Sara me mira otra vez.
—Santa mierda. ¿Qué te he hecho? ¿Te estás volviendo salvaje? Si es
así, mi trabajo aquí está concluido. —Ella hace la señal de la cruz en su
pecho, como si estuviera bendiciendo este evento. Pongo los ojos en
blanco.
—Ten cuidado. Tus dedos podrían estallar en llamas por estar haciendo
eso. —Sonrío dulcemente antes de continuar—. Después de los
acontecimientos de la semana pasada, he decidido que, por una vez,
tienes razón. He estado demasiado tensa por el pasado... toda mi vida.
Va a empezar a no importarme.
Sara se queda mirándome ahora.
—Creo que estoy enamorada de ti, chica. No te cases con nadie más.
Después de que siembres tu avena salvaje, puedes casarte conmigo.
Ella se ríe, tintineando y fuerte. Me río también y lleno nuestras copas de
vino.
—No, no puedo. No me gustan las lesbianas. ¿Recuerdas?
Sara se ríe.
—Oh, sí. Me olvidé. Detalles.
De alguna manera, la siguiente hora pasa a la velocidad de un rayo.
Durante cuatro botellas de vino, le digo a Sara sobre el regalito de
Shade, la forma en que Alex había visto mi entrepierna desnuda, el
hecho de que Alex es sorprendente e impresionantemente sexy y el
hecho de que todavía estoy enojada con ella por haber hecho que
Brian me invitara a salir.
—Me olvidé que estaba enojada contigo —gruño, frunciendo las cejas.
O creo que las frunzo. Ya he tenido suficiente de vino por lo que mi nariz
y frente están algo entumecidas.
—Oh, lo que sea —dice Sara espantando mi preocupación—. Sabes
que lo superarás. Porque sabes que tengo razón. Necesitarás práctica, si
vas a salir con tu jefe. Ese es un gran paso y requiere habilidad.
Me congelo, mirándola.
—Sara, no estoy saliendo con mi jefe. No. Va. A. Suceder. Por favor,
escúchame y no hagas nada EN ABSOLUTO, en tratar de organizar algo
así, ¿de acuerdo? He trabajado muy duro para llegar a donde estoy.
Soy una mujer soltera ahora, por mi cuenta. No puedo poner en peligro
mi carrera, simplemente porque el hombre pone mis lomos en llamas.
Me río porque uso la palabra “lomos”. Y entonces la miro otra vez.
—Lo digo en serio, Sara. Necesito que me prometas que no vas a
interferir.
Ella rueda sus ojos.
—Como si interfiriera —canturrea suavemente, acariciando mi brazo. La
fulmino con la mirada.
—Lo digo en serio.
—Bien —dice, aparentemente herida mientras se sienta de nuevo en su
asiento—. Pero tú has subestimado mi capacidad de sutileza. Soy
increíblemente sutil.
—Lo que sea. —Ruedo mis ojos de nuevo—. Tú eres sutil como un
camión de dieciocho ruedas.
En este punto, mi celular decide sonar. Miro el largo camino hasta la
mesa donde lo dejé con mi ropa. Y decido que simplemente no vale la
pena.
Tomo otro trago de vino.
Y entonces mi teléfono suena de nuevo.
Maldición.
—Podría ser Sophie —murmuro, escalando desnuda mi bañera de
hidromasaje y troto para conseguirlo. Por desgracia para mí, no lo es.
—¿Alli? Es Rick el maldito Cretino. ¿Salí de la bañera de hidromasaje
para esto?—. Tenemos que hablar. Vanessa y yo vamos a casarnos en
junio. Fijamos la fecha ayer. Ella llamó a Sophie hace poco y le pidió
que fuera la dama de honor y tu hija le gritó. Y luego le colgó. Tienes
que hablar con ella.
—¿Con Vanessa? —Estoy confundida. Podrían ser los efectos del vino.
No estoy segura. Y también podrían ser los efectos del vino, pero una
pequeña parte de mí está sorprendida y un poco triste que Rick ya
hubiera fijado una fecha. No lo quiero; eso es seguro, pero saber que
iba a salir corriendo tan rápidamente y se volvería a casar, es un poco
doloroso. Como si yo no importara en absoluto.
—No, Allison —suspira Rick—. Con Sophie. Necesitas explicarle que es
importante que participe en mi boda.
Y terminé con esto de sentirme herida. Fue una efímera excursión fuera
de la realidad, de todos modos.
—¿Qué? No hablaré con Sophie sobre esto. Si la quieres en tu boda,
puedes tomar el teléfono y llamar a tu hija tú mismo. Deja de permitir
que las mujeres en tu vida se hagan cargo de todo. Es tu hija, necesitas
una relación con ella. Y eso incluye hablar con ella.
—¿Por qué tienes que ser tan perra, Allison? —espeta Rick—. Sólo estoy
pidiéndote un poco de ayuda. No creo que eso sea mucho pedir,
teniendo en cuenta que no he presentado una demanda después de
que intentaras atropellar a mi prometida.
Y ahora estoy enojada. Doy un paso de nuevo hacia la bañera de
hidromasaje ya que estoy temblando.
—¿Estás loco? ¿Estoy siendo una perra? ¿Y realmente sientes como que
podrías haber presentado una demanda? Si eso es realmente lo que
quieres hacer, ¡hazlo! —dije bruscamente—. No necesito que estés
pensando que me hiciste un favor al no hacerlo. Tu abogado ya ha
intentado ponerse en contacto conmigo sobre esto de todos modos.
—Le dije que se retirara —dice Rick—. Pero podría igual de fácilmente
volver a llamarlo y decirle que proceda.
Estoy escupiendo, tratando de decidir qué decir cuando Sara se
entromete.
—Dame el teléfono —masculla. Yo me alejo, pero ella se las arregla
para conseguir mi teléfono primero—. Escucha, imbécil de pene
pequeño. Te mereces casarte con una puta caza fortunas. Y voy a
hacer todo lo que esté a mi alcance para asegurarme de que Sophie
esté muy lejos de tu boda. Y tu perra con piernas de ramitas podría
haber hecho mella en el coche de Alli. Ella debería demandarte a ti por
eso. —Pequeña pausa—. ¡Demonios, sí, soy Sara! ¿Quién diablos podría
ser? No vuelvas a llamar a Alli con esta clase de mierdas.
Trato de agarrar el teléfono y ella se aleja.
—Lo digo en serio, Rick. Ella no te responde a ti. Y ya no tiene que
ayudarte más. Maneja tu propia mierda.
Y le cuelga. Pone mi teléfono en las baldosas y se vuelve hacia mí.
—No dejes que te hable así nunca más —me instruye—. No tiene el
derecho.
La estoy mirando sin habla cuando mi teléfono vuelve a sonar.
Fuego se enciende en los ojos de Sara y de un tirón se coloca mi
teléfono en su oreja.
—¿Quieres más, Pene Pequeño? Déjala sola. Sólo contáctala a través
de un abogado de ahora en adelante. Ella está TAN harta de ti, que ni
siquiera quiere oír tu voz. De hecho, te ha superado y está saliendo de
nuevo, también. Para tu información, su nuevo jefe es sexy, fabuloso y
malditamente rico. Nunca serás capaz de compararte.
Pausa.
Otra pausa.
Los ojos de Sara se ensanchan y me entrega el teléfono. Ella se queda
sin habla, lo que es aterrador, en sí mismo. La miro inquisitivamente
cuando elevo el teléfono a mi oreja.
—¿Hola?
—¿Allison?
Oh, maldición. Quiero jodidamente morir.
Es Alex.
Es hora de hiperventilar.
Traducido SOS por Shadowy
Corregido por Evey!
—Um. Hola, Alex.
—Hola, Allison. —Mi nuevo jefe suena inseguro de sí mismo y yo no estoy
segura de qué decir.
—¡Dile que tu amiga está demente! —chilla Sara en mi oreja. La alejo
con mi mano.
—Lo siento por eso —le digo a él con toda calma que puedo—. Mi
amiga y yo estamos tomando vino, probablemente demasiado, y mi ex-
marido llamó hace un minuto. Mi amiga estaba alterada y, obviamente,
cuando tú llamaste, pensó que era él de nuevo. Lo siento mucho por la
confusión.
Creo que lo logro. Sueno fresca y confiada.
Alex se ríe, un sonido rico como mantequilla en mi oído.
—Está bien. He estado alrededor de vino y mujeres antes. Lo entiendo. Y
me alegra que pueda ser de ayuda con tu ex-marido. Al parecer él es
una joyita.
Doy un suspiro de alivio. No parece que vaya a ser despedida por esto.
—Siento llamarte tan tarde, de todos modos —continúa—. Sólo estaba
pensando en lo que te dije después de tu reunión con el personal y
decidí que fue inapropiado y quería disculparme. Espero sinceramente
no haberte ofendido. Pero ahora estoy pensando que ya que tu amiga
me llamó un Pene Pequeño, podríamos están empatados.
Se ríe y, no miento, un escalofrío recorre mi columna. Puede que quiera
tomar un baño en su risa. Luego empujarla contra la pared y tener sexo
violento con ella. Y probablemente no debería beber esta cantidad de
vino nunca más.
—No es un problema —le digo—. Te lo dije, no me ofendo fácilmente.
Me disculpo por esta mañana, también, por cierto. Podría explicar toda
la situación, pero realmente no sería apropiado. Digamos sólo que no
suelo ir a trabajar sin ropa interior. ¿Podemos dejarlo así?
Alex se ríe otra vez.
—Por supuesto. Creo que trabajar contigo va a ser muy interesante —
responde, riendo entre dientes.
—Lo siento —le digo de nuevo—. Lo prometo, normalmente soy muy
profesional.
—No lo sientas —me dice con firmeza—. Te lo dije, me gustan los
empleados con valor. Vamos a ser un gran equipo. Que pases una
buena noche, Allison.
Él cuelga.
Y yo me doy vuelta y fulmino a Sara.
—¿Hay algún otro aspecto de mi vida que te gustaría tratar de destruir?
¿Tal vez te gustaría comprarle a Sophie un gigoló y dejarla embarazada
o algo así?
Sara en realidad se ve dolida.
—Lo siento, Alli —dice en voz baja—. Sinceramente no tenía intención
de hacer eso. Pensé que era Rick.
Suspiro.
—Lo sé. Y sólo estabas tratando de ser una buena amiga. Pero maldita
sea chica, con una amiga como tú, ¿quién necesita enemigos?
Lleno nuestras copas de nuevo con lo último del vino y nos sentamos
otra vez, nuestras cabezas inclinadas juntas. Sara levanta su pierna y
empieza a contar las estrellas con la punta del pie.
—Es mejor que te quedes aquí esta noche —le digo—. No deberías
conducir.
—Tienes razón en eso, hermana —murmura ella.
Puedo decir por su cara súper relajada que tengo que sacarla de la
bañera de hidromasajes, pronto, antes de que se quede dormida. Y eso
es lo que lleva al hecho de que esté sacando su cuerpo desnudo del
agua cuando el Sr. Darnell va a su patio trasero para sacar su basura.
En este punto del día, ni siquiera me importa. Simplemente saludo con
mi mano por encima de mi hombro, ignorando su expresión
estupefacta, mientras ayudo a Sara a entrar a mi casa.
Ambas estamos desnudas y chorreando agua.
Este día no puede ponerse peor.
Y nadie debería decir nunca eso. Porque, ¿qué pasa siempre cuando lo
hacen?
Las cosas se ponen peor.
Así es.
Bueno, no exactamente peor, pero definitivamente incómodas. Y un
poco graciosas (en retrospectiva).
Suspiro.
Porque estaba tan cansada que, después de dejar caer a Sara en un
lado de mi cama y cubrirla, me acosté por sólo un segundo en el otro
lado. Por tan sólo un segundo.
Pero, al parecer, cuando dos personas beben cuatro botellas de vino
les hace algo a su sentido del tiempo. Porque cuando abro mis ojos, es
de día y Sophie está parada por encima de mí.
—Buenos días, cariño —murmuro. Ella levanta una ceja.
—Supongo que lo es —dice—. Pero no tan bueno como anoche, al
parecer. ¿Por qué están tú y la tía Sara desnudas juntas en tu cama?
Maldición.
Me siento derecha y miro a Sara. Ella está durmiendo profundamente,
roncando suavemente, con baba cayendo y acumulándose en mis
caras sábanas de algodón egipcio cepillado.
Y está desnuda.
Y yo estoy desnuda.
Suspiro.
—Obviamente, no es lo que parece —le digo a Sophie mientras pincho
a Sara en las costillas.
—Por supuesto que no. —Sara se ríe, mientras se vuelve para salir de la
habitación—. Que tengas un buen día, mamá. Sólo vine a recoger mi
libro de matemáticas. Será mejor que te des prisa. Vas a llegar tarde al
trabajo.
Miro el reloj y luego salto de la cama, arrancando todas las mantas de
Sara en el proceso.
Solo tengo quince minutos para prepararme. Maaaaaaldiiiición.
—¡Sara! —grito mientras me dirijo al baño—. Levántate. Vamos tarde.
Ella se sienta y mira alrededor desconcertada.
—¿Nos emborrachamos y conducimos a Las Vegas y nos casamos?
Me río mientras abro la ducha.
—Tienes medio razón. Nos emborrachamos, tú maldijiste a Rick el
Cretino y luego llamaste a mi nuevo jefe un Pene Pequeño. Y nosotras
vivimos en Las Vegas.
Ella se ve sorprendida, luego me sonríe.
—Bueno, entonces. Tienes suerte de que tu mejor amiga sea tan ruda.
Suspiro.
—Mete tu trasero rudo en la ducha de Sophie. Vamos a llegar tarde.
Ella ser ríe y se tambalea por el pasillo mientras yo salto a la ducha y
trato de averiguar cómo voy a mirar a Alex a la cara hoy.
No es tan difícil como un podría pensar.
Y ciertamente no es tan difícil como yo pensé que iba a ser.
Alex está actuando como si todo fuera perfectamente normal.
Me trajo otra taza de café gourmet y lo dejó en mi escritorio con una
nota.
Este soy yo, empezando de nuevo.
Que tengas un gran día, AH.
Tengo que sonreír ante eso y todavía estoy sonriendo mientras Taylor
entra con un montón de papeles que necesitan mi firma.
—¿Por qué estás sonriendo así? —pregunta sospechosamente—.
¿Personas van a ser despedidas hoy?
Me quedo mirándola con horror.
—¡Por supuesto que no! ¿Y por qué estaría sonriendo por eso?
Ella se encoje de hombros mientras pone las carpetas delante de mí y
se acomoda en una silla a esperar.
—No lo sé. Has estado un poco, digamos… inquieta últimamente. La
gente lo ha notado. Todo el mundo está preguntándome cuál es tu
problema.
Demonios.
Suspiro.
—No tengo un problema —le digo mientras cojo un bolígrafo y empiezo
a revisar a través del montón—. Sólo he tenido una semana interesante
y podría estar de un humor extraño. Lo siento.
Ella me mira fijamente.
—¿Qué ha estado pasando? —pregunta con curiosidad—. Tonya me
dijo que vas a salir con Brian esta noche. Yo le dije que de ninguna
manera eso era cierto, pero ella dijo que el mismo Brian se lo dijo.
Me contengo de estremecerme. Y no puedo negarlo ya que Tonya es la
asistente de Brian.
—Es cierto —admito con tristeza—. Vamos a cenar como amigos esta
noche. Los dos estamos divorciados así que pensamos que podría ser
bueno reunirnos con alguien que entiende por lo que estamos pasando.
Como amigos.
—Gracias a Dios. —Taylor respira—. Pensé que habías perdido la
cabeza.
Firmo mi nombre en un documento y levanto mi mirada a ella.
—No. Mi mente está intacta. Probablemente.
Se ríe y me río con ella. Ella no tiene ni idea de las distancias a las que
ha ido mi salud mental esta semana.
—¿Y cuál es el asunto con Alex trayéndote café? —pregunta—. Nuestro
viejo vicepresidente nunca salía siquiera de su oficina. Alex te ha traído
café dos veces y llega aquí antes que tú en la mañana. Probablemente
va a empezar a enojarse de que no estés aquí cuando él pasa.
Ni siquiera levanto la mirada.
—Estoy segura de que él es solo una raza diferente de vicepresidente —
le digo—. Es energético y progresivo, a diferencia del antiguo régimen
aquí. Personalmente creo que es un soplo de aire fresco.
—Me alegro de oír eso —dice su voz desde la puerta.
Levanto la mirada y mi corazón tiene palpitaciones. Debería haber
dicho que es un soplo increíblemente guapo de aire fresco. Porque él lo
es.
Está vestido con un traje negro hoy, con una camisa blanca de
botones, suelta en el cuello y sin corbata. Logra verse formal y al mismo
tiempo casual. Tiene hermosos rasgos clásicos y sus ojos se ven como si
pudieran mirar directo en mi alma.
Tengo que recordarme a mí misma de respirar.
Y luego responderle.
—Hola Alex —digo alegremente—. Gracias por el café.
—En cualquier momento —responde, entrando y sentándose en la silla
junto a Taylor.
Ella se agita, obviamente incómoda de que él la escuchara
cuestionando su comportamiento. Él lo nota y se vuelve hacia ella.
—Taylor, ¿cierto? —pregunta amablemente. Ella asiente—. Soy un
madrugador. Llego aquí antes de que cualquier otro lo haga. De
hecho, soy el primero en llegar. Es sólo un hábito y ciertamente no
espero que nadie llegue tan temprano. Así que, no te preocupes.
Él le sonríe y puedo ver el alivio inundar la cara de Taylor. Junto con la
apreciación de su atractivo sexual. El hombre exuda sexualidad y poder
y gracia. Es intoxicante. Incluso para mí, una hastiada, divorciada de
mediana edad. Entonces mis pensamientos se detienen por un
momento. ¿Treinta y cinco son mediana edad? Santo infierno. Mis
pensamientos están horrorizados. Pero soy traída de vuelta al presente
cuando Alex se vuelve hacia mí.
—¿Tienes un segundo? Tengo que consultarte algo.
—Por supuesto —respondo, entregándole a Taylor el montón de
documentos firmados. Ella los toma y se va, cerrando mi puerta tras ella.
—Gracias por manejar eso con tanta gracia. Taylor es una excelente
asistente. Sólo es… inquisitiva.
Alex sonríe.
—Y tú eres una buena jefa.
No puedo evitar devolverle la sonrisa. Sucede que tengo al Dios de los
Negocios sentado frente a mí, viéndose todo sexy y perfecto y llenando
mi oficina con su rebosante atractivo sexual. Si hiciera otra cosa que
devolverle la sonrisa, estaría demente.
Probablemente él podría despedirme y yo sonreiría en este punto. Pero
seguramente eso no es lo que quiere consultar conmigo. Para estar en
el lado seguro, pregunto.
—Entonces, ¿qué es lo que quieres consultar conmigo?
Se recuesta en su silla, poniéndose más cómodo mientras cruza un
tobillo sobre el muslo.
—He estado jugando con una idea. Sé que soy nuevo, pero esto ha
estado perturbándome. Somos una empresa de calzado. Siempre
hemos sido una empresa de calzado. Pero tengo una idea… para co-
producir un producto con un distribuidor que conozco. Una plantilla de
zapato personalizada para los atletas. Invertiríamos en la marca de
zapatos Zeller y usaríamos esa confianza del consumidor que ya ha sido
establecida para lanzar este producto. Es una gran manera de
diversificar sin salir de nuestra zona de confort muy lejos. ¿Qué piensas?
Lo miro fijamente, impresionada.
—Es tan simple que es brillante —admito—. Necesitamos otro producto
en nuestro arsenal. ¿Has llevado esto más allá a Investigación y
Desarrollo?
Él ya está negando con la cabeza.
—Aún no. Me gustaría ir y conseguir los detalles así podemos construir un
análisis de costos y un portafolio de riesgo antes de lanzarlo. Tengo una
cita la próxima semana para reunirme con el distribuidor y me gustaría
que vinieras conmigo. Probablemente podemos terminar el viaje en dos
días más o menos. ¿Puedes hacer que funcione?
Asiento.
—Por supuesto. Gracias por tu confianza en mí. Aprecio que me
incluyeras en este proyecto.
Él sonríe.
—Te lo dije… vamos a hacer un gran equipo.
Me siento caliente por dentro por un minuto. La sonrisa de este hombre
derrite mis órganos internos. Decido que yo debería obtener pagos por
peligrosidad por trabajar con él antes de devolverle la sonrisa.
—Sí —le digo—. Lo somos.
Y antes de que pueda detenerlo, mis pensamientos se escapan de mí.
Me imagino sus labios gruesos abrasando un camino por mi cuello,
hacia abajo por mi clavícula y deteniéndose en mis senos antes de
chupar allí y luego inclinándome sobre su escritorio… y luego…
—¿Allison?
Me recupero para poner atención y mis mejillas destellan con color.
—¿Sí?
—¿Estás bien? Te ves sonrojada.
Asiento rápidamente y me levanto.
—Estoy bien. Creo que sólo necesito un poco de desayuno. Que tengas
una buena mañana, Alex.
Salgo y lucho contra el impulso de hacer un viaje al salón y poner mi
cabeza en el congelador para refrescarme. Estoy demente. Soy una
demente y lujuriosa mujer de mediana edad, que acaba de fantasear
con su jefe mientras estaba sentada con él.
Pero para ser justos, Alex Harris es un hombre que fue hecho para
fantasear.
No puedo controlar a la Madre Naturaleza.
Tan sexy como es Alex Harris, mis pensamientos están lejos de él más
tarde esa noche mientras me preparo para mi cita con Brian Cerebrito.
Y seriamente tengo que dejar de llamarlo así. No quiero responderle
accidentalmente con: “Lo siento, no escuché eso, Cerebrito.” Sacudo
mi cabeza y ruedo mis ojos. Él podría ser aburrido y no veo nada
saliendo de nuestra cita, pero no quiero ofenderlo. Es un hombre dulce y
no puede evitar ser aburrido.
Y a pesar de que voy cenar con él, es para Shade para quien me estoy
vistiendo.
Me estudio en el espejo.
Soy una maldita sirena esta noche. He salido de todos los impedimentos.
Estoy usando un vestido de cóctel negro, ceñido en todos los lugares
correctos, que cae a una parada suave cinco centímetros por encima
de mi rodilla. Estoy usando medias negras hasta el muslo y asesinos
Tacones-Fóllame negros. En serio, estos zapatos, con sus tacones de
aguja de diez centímetros, se roban el espectáculo. Podrían haber sido
de 900 dólares, pero en lo que a mí respecta, valen la pena cada
centavo.
Me pongo un poco de lápiz labial rojo brillante y examino el producto
final. Mi cabello cae en cascada sobre mis hombros, mis ojos ahumados
son perfectos… y bueno, ahumados. Personalmente creo que los ojos
ahumados son los más sexis de todos los ojos. Me veo genial. Incluso yo
tengo que admitir eso. Y saber eso me hace sentir sexy.
Me pongo un poco de perfume basado en vainilla, porque leí en
alguna parte, alguna vez, que a los hombres les encanta.
Supuestamente, la vainilla se supone que es un afrodisíaco. Y sé que
estoy pagándole a Shade, pero aun así. Me gustaría que él también
esté excitado.
Y ¿por qué me preocupo por esto? El tipo está en sus veinte. Estoy
segura de que no tiene problemas en esa área todavía.
Estoy transfiriendo cosas de mi bolso habitual a un elegante bolso negro
de noche cuando mi teléfono vibra. Shade.
¿Estás usándolo?
Mierda.
Había estado posponiendo tanto la inserción de ese huevo de plata liso
que literalmente se me había olvidado. Infiernos.
Lo haré en un minuto.
Dejo mi teléfono y busco la pequeña caja blanca que había escondido
en mi mesita de noche. La abro y miro el inocuo juguete metálico.
Parece inofensivo.
Entonces, ¿por qué me aterra?
Porque en el fondo, soy una mojigata, ese es el porqué.
Sí, me acosté con un gigoló esta semana y usé un vibrador, pero esas
fueron ocurrencias de primera vez después de una vida de ser una
mojigata. Los viejos hábitos tardan en morir. Pero estoy determinada a
cambiarlos. Soy la nueva y mejorada Allison, la que no tiene miedo. A la
que cuyo joven amante llama su Alli Cat. Soy invencible. Alli Cat la
invencible. Prácticamente un superhéroe, en serio.
Sonrío ante eso y cojo el pequeño huevo, trotando hacia el baño.
Pensar en mí de esa manera, como Shade lo hace consigo mismo
cuando se separa a él y Colby, lo hace más fácil. Durante el día, soy
Allison. Soy responsable y trabajadora y ambiciosa.
Pero en la noche, cuando no estoy trabajando, soy Alli Cat. Soy feroz y
atrevida y divertida. Y tengo una maldita vagina calva. BC es divertida,
también.
Santa mierda.
Mis dedos tiemblan mientras deslizo la pequeña bala plateada en BC.
Me paro derecha y evalúo la situación.
Puedo sentirlo allí, un ligero peso apoyándose contra mi piso pélvico.
Pero después de un momento, me acostumbro a él y no puedo sentirlo
más. Es como un tampón metálico. Mi cuerpo absorbe la sensación y
ahora es como si ni siquiera estuviera allí.
Pero estoy segura, que tan pronto como Shade presione un botón,
anunciará su presencia de nuevo alto y claro.
Trago mientras cojo mi teléfono de nuevo.
Está bien, estoy usándolo.
La respuesta de Shade es inmediata.
Bien. No puedo probarlo porque estoy fuera de alcance. Pero
estaré en Maninis pronto. Tu misión de esta noche es tener un
orgasmo mientras estás en la mesa con tu cita, y no dejar que él
lo sepa.
Trago. ¿En serio?
Pero incluso mientras estoy indecisa, un poco de emoción se dispara a
través de mí, también. Se siente tan travieso. Porque es tan travieso. Y
¿sabes lo que eso significa? Soy realmente atrevida y divertida. Ya no
soy la aburrida Allison que permaneció casada con un perdedor por
demasiados años. Soy Alli Cat la invencible ahora. Y soy malditamente
divertida.
Cojo mi bolso y me salgo por la puerta.
Traducido por Shadowy
Corregido por Caamille
Maninis es un gran restaurante para una cita, lo cual es el por qué lo
escogí.
Es poco iluminado, romántico y tranquilo. La única desventaja es que
tienen un pan genial que es rociado en mantequilla con ajo. Y eso es
una desventaja porque tengo que encontrar la fuerza para no comerlo
desde que estaré besando a Shade más tarde.
Pero tengo una fortaleza increíble, me recuerdo. Puedo hacer esto.
También puedo superar la charla fácil oh-tan-aburrida de Brian
Cerebrito.
Porque tengo fortaleza.
—Así que, recientemente me uní a un sitio de citas —me dice mientras
mastica un pedazo de pan. Ojeo su pan a medio comer con anhelo. Ni
siquiera me importa que haya estado masticándolo con sus labios de
pescado.
—¿De verdad? —pregunto amablemente, cogiendo mi copa de vino
con delicadeza por el tallo y bebiendo. En realidad, me gustaría
golpearla contra el lado de la mesa y usar los fragmentos dentados
para cortar mi muñeca. Pero me pego una sonrisa para ocultar esos
pensamientos suicidas—. ¿Cómo va eso?
—Oh, hasta ahora, muy bien —responde Brian—. No he recibido
ninguna respuesta a mi anuncio todavía, pero estoy contactando a
unas cuantas mujeres. Creo que te lo recomendaría… cuando estés lista
para empezar a salir de verdad, claro.
Sonríe y me recuerdo que realmente es una buena persona. Y me siento
culpable por querer abrirme una vena hace un momento.
—No sé cuándo estaré lista para eso, pero agradezco el consejo —le
digo.
Cruzo mis piernas y mientras lo hago, siento una sacudida sorprendente,
luego un torrente de placer intenso mientras el huevo situado dentro de
BC empieza a vibrar.
Santa mierda.
Me pongo alerta en mi asiento, tratando con fuerza de actuar casual y
despreocupada, aunque las vibraciones se sienten tan malditamente
bien. Busco alrededor del salón a Shade.
Lo encuentro sentado en las sombras en una cabina a corta distancia.
Está mirándome fijamente, sus ojos azules, azules intensos mientras me
observa retorcerme.
Suelta el botón. Lo sé porque la vibración se detiene. Mis músculos
uterinos se relajan de donde estaban pegados a mi techo abdominal.
Shade me sonríe angelicalmente. Respiro profundo y me doy la vuelta
de nuevo.
Brian está mirándome.
—¿Estás bien? —pregunta con preocupación.
Sonrío.
—Por supuesto. Estoy bien. Sólo un pequeño calambre en mi pierna.
Y por eso, me refiero a una convulsión en mi útero.
Seguimos conversando con la idea de Brian de charla fácil. Me está
emocionando con las razones por las que el Libro Mayor no se equilibró
el mes pasando en el trabajo cuando Shade golpea el botón de nuevo.
Casi paso a través del techo esta vez, porque mis nervios todavía están
en alerta máxima de la primera vez.
Inhalo temblorosa e intento controlarme mientras agarro los bordes de
la mesa con tanta fuerza que mis nudillos se vuelven blancos.
Mientras la vibración amenaza con enviarme sobre el borde esta vez y
yo lucho por lucir normal, me debato entre odiar a Shade y amarlo. Esto
es un dolor/placer insoportable. Y es emocionante como el infierno
porque todo el mundo a mi alrededor está siguiendo con la cena como
de costumbre, porque no tienen idea de que estoy a punto de tener un
orgasmo en mi asiento.
Shade suelta el botón y yo suelto el borde de la mesa.
Oh, mi Señor.
Exhalo lentamente.
Le echo un vistazo a Shade, con una pequeña mirada asesina, y sonríe
beatíficamente de nuevo.
Maldito vándalo.
Como si leyera mi mente, Shade presiona el botón de nuevo
inmediatamente.
Y me arqueo contra la mesa. Mi útero está gritando mientras amenaza
con llevarme directo a un orgasmo. Estoy prácticamente jadeando
mientras Brian continúa hablando en su aburrido monótono.
Y entonces viene el camarero a tomar nuestra orden del plato principal.
Espero a que Shade ceda, a que suelte el botón.
Pero no lo hace.
De hecho, mientras estoy preparándome para decir mi orden entre
dientes, aumenta la velocidad.
Grito y tanto el camarero como Brian me miran con preocupación.
—¿Estás bien? —pregunta Brian otra vez. Asiento, incapaz de hablar.
Respiro profundo y lo vuelvo a intentar.
—Bien. Me. Gustaría. Pasta Alfredo. —Estoy hablando forzadamente,
pero no puedo evitarlo. Tienen suerte de que no esté gritando ahora
mismo. Santa mierda. Voy a correrme con ellos dos mirándome.
Agarro la mesa mientras el camarero toma la orden de Brian.
—Enseguida. Vuelvo —logro decir a duras penas.
Salgo de la mesa y prácticamente corro al baño de mujeres.
Todo el camino, el huevo está vibrando agradablemente, haciendo su
trabajo de llevarme al borde de la locura. Mientras estoy cerrando la
puerta, es empujada y Shade se para allí. El control remoto está
colgando de su mano. Suelta el botón, y las vibraciones
agonizantes/increíbles se detienen. Bloquea la puerta.
Luego deja caer el control remoto.
Cae de rodillas y empuja mi falda hacia arriba, acariciando mi muslo
interior. Entierro mis manos en su cabello.
—Eres un demonio —le digo entrecortadamente mientras lame mi
maldito clítoris. Luego saca mi huevo y lo deja caer con el control
remoto.
—Quería sentirte corriéndote más que verlo —me dice mientras me
empuja contra la pared. Oigo el crujido del papel aluminio de nuevo y
entonces Shade está deslizándose dentro de mí, largo, grueso y
completo.
Santo Maldito Infierno.
Estoy lista para él debido al huevo. No es necesario más juego previo.
Y estoy teniendo sexo en un baño público.
Es un baño público muy limpio y elegante, pero aun así.
Y no importa.
—¿Sabes lo sexy que eres? —murmura Shade en mi oreja mientras la
mordisquea.
Está aumentando contra mí, los músculos de su torso empujándome
contra la pared y es una sensación exquisita y sensual. Sus manos se
curvan alrededor hasta que están ahuecando mi trasero, tirando de mí
hacia él.
Debido al huevo, me vengo en dos minutos.
Caigo sin fuerzas contra Shade mientras él se tensa, luego se relaja.
Él acaba de correrse.
Lo miro fijamente.
—¿Te corres con todas tus clientes?
La pregunta está afuera antes de que siquiera lo sepa. Porque,
honestamente, no quiero saber sobre sus otras clientes.
Sonríe hacia mí mientras se quita el condón y lo deja caer en la basura.
Sus muslos bien podrían estar esculpidos en mármol. Así de musculoso
es. Mis ojos están pegados a ellos mientras se sube los pantalones y los
abrocha.
—Soy un hombre, Alli Cat —responde—. Puedo correrme más o menos
en cualquier momento, en cualquier lugar.
Por ahora, pienso en silencio, recordando como Rick el Cretino empezó
a tener problemas con eso a medida que envejecía. Pero no se lo digo
a Shade. Se dará cuenta en unos quince años.
—Ahora, la segunda parte de tu misión es volver allá y tener una cena
como si nada hubiera pasado —me dice Shade—. Puedes hacerlo. Eres
atrevida y divertida.
—Soy atrevida y divertida —repito con firmeza mientras me bajo la falda
y enderezo mi cabello.
—Luego, te unirás a mí en Utopía después de la cena. Tengo una
sorpresa planeada para ti esta noche. —Sonríe maliciosamente y estoy
ansiosa al instante.
—¿Otra sorpresa? Soy vieja, Shade. No sé si mi corazón puede tomar
dos sorpresas en un día.
Sólo estoy medio bromeando.
Shade se ríe.
—No eres vieja. Estás en tu mejor momento sexual. Y yo también. Vamos
a usar eso a nuestro favor, ¿de acuerdo?
Bueno, infiernos. Si quiere ponerlo de esa manera.
Vuelvo a la mesa de Brian y me disculpo. Explico que tuve un inicio
repentino de dolor de cabeza, pero que tomé un poco de aspirina en el
baño y que ya me estoy sintiendo mejor. Me como todo el plato de
pasta, sintiéndome segura de que voy a necesitar los carbohidratos
como combustible para el resto de mi noche con Shade.
Resulta que tenía oh-tanta razón. Necesitaba esos carbohidratos.
Shade me encuentra en la acera de Utopía. Bajo las luces de neón de
la calle, soy golpeada una vez más por lo muy guapo que es. Es fuerte,
alto y confiado. Su rostro es absoluta y perfectamente cincelado. Una
vez más, me conduce a través de los pasillos traseros del club a una
habitación tranquila.
Después de que entramos, Shade me tira en sus brazos, besándome
rudamente.
—He estado pensando en ti durante la última hora —me admite—. Eso
fue sexy como el infierno, Alli Cat.
Y lo fue, tengo que admitirlo. Mis rodillas en realidad todavía se sienten
un poco débiles de nuestra pequeña aventura en el restaurante.
Dejo que su lengua explore mi boca, mi cuello, mis senos, mientras baja
las tiras de mi vestido y lame mis pezones. Entierro mis manos en su
cabello una vez más. Tiene cabello grueso y oscuro. Cada pedacito es
tan suave como parece, también. Se aleja.
—Esta noche, voy a hacerte un favor —me dice—. Sé que estarás
saliendo de nuevo pronto. Una mujer sexy como tú no va a sentarse en
casa sola por mucho tiempo.
Empiezo a decir algo, pero pone un dedo en mis labios.
—Y quiero que estés preparada. Ya sé que te gusta ser buena en todo
lo que haces. Está en tu naturaleza. Así que, esta noche, voy a mostrarte
exactamente lo que volverá a un hombre salvaje. Y vas a disfrutar la
lección.
Mis labios se curvan en una sonrisa. Es muy perceptivo, éste. Ya me tiene
fichada.
—Entonces, ¿vas a convertirme en una Diosa del sexo? —pregunto con
una sonrisa.
Me devuelve la sonrisa mientras me tira hacia él.
—Ya eres una Diosa del sexo —me dice—. Voy a convertirte en una muy
habilidosa Diosa del sexo que puede poner a un hombre de rodillas en
cinco minutos.
Sonrío más amplio.
—Voy a disfrutar esta noche —respondo.
—Oh, yo también —dice con confianza, haciendo un guiño antes de
continuar—. Está bien. Primero, establecer el escenario. Vas a fingir que
soy un tipo con el que has estado saliendo y te gusto mucho. Ésta es “la
noche”. La primera noche que tienen sexo. Y te vas a hacer cargo total
y completo porque eso es sexy como el infierno. Y yo voy a decirte qué
hacer. No quiero que discutas, sólo haz todo lo que digo y recuérdalo.
¿Puedes hacer eso?
Asiento, con una sonrisa lenta formándose de nuevo.
—Por supuesto. Tengo una memoria excelente.
—Apostaré que la tienes. —Shade devuelve la sonrisa—. Estás en la casa
de tu cita… mi casa. Estás sentada en la sala de estar, tomando una
copa de vino. Dime que te vas a cambiar a algo más cómodo. Luego
entra a su habitación y encuentra una de sus camisas de vestir en su
armario. Quítate el sujetador y déjate puestas las bragas. Quítate las
medias y déjate puestos los tacones. Desabrocha la camisa hasta que
la curva de tus senos sea visible. Luego vuelve aquí con mucha
confianza y párate delante de mí.
—Hecho. —Me vuelvo sobre mis talones y comienzo a alejarme.
—Espera —llama Shade—. No me dijiste nada.
Mierda. Me doy la vuelta.
—Voy a cambiarme a algo un poco más cómodo —le digo. Sonrío lo
que espero sea una sonrisa sexy. Shade asiente.
—Siéntete como en casa —responde, devolviendo la sonrisa.
Entro en el baño y miro alrededor. El baño es increíblemente bonito,
lleno de mármol, granito y accesorios de estaño. También hay un
armario. Lo abro y he aquí, hay una camisa de vestir colgada allí.
Sonrío y la deslizo de la percha.
Hago exactamente lo que Shade me dijo. Desabrocho la camisa hasta
que puedo ver la curva de mis senos en el espejo. Alboroto mi cabello
así me veo sexy. Me quito mis medias y me dejo puesta la ropa interior,
pero me pongo mis tacones de nuevo.
Shade se ha movido al sofá en la sala de estar de la habitación. Está
sentado con sus piernas cruzadas y está tomando una copa de vino.
Está perfectamente en el personaje.
Me mira fijamente mientras salgo del baño.
—Te ves hermosa —me dice en voz baja—. Ven aquí.
Camino hacia él, esperando que me quiera en su regazo. Pero cuando
llego a unos metros frente a él, dice.
—Para.
Yo paro.
—Ahora quédate allí por un momento. Mírame a los ojos.
Lo hago.
Él me mira fijamente.
—Sé confiada —instruye.
Mi barbilla se levanta y hago sobresalir mis caderas.
Una sonrisa se extiende lentamente por su rostro.
—Eso es perfecto. A los hombres les gusta mirar —explica—. Y a las
mujeres por lo general no les gusta ser miradas. Se sienten vulnerables,
expuestas. Son autoconscientes sobre sus defectos percibidos. Lo que
no entiendes es que los hombres no las ven de la misma manera que
ellas se ven. Nosotros vemos curvas y nos encantan esas curvas. La
confianza es sexy como el infierno, Alli Cat. Es la cosa más sexy posible
que puedes usar.
Santa mierda. Recuerdo cuando Sara me dijo eso mismo. ¿En realidad
tenía razón en algo?
—Ahora, camina directo hacia aquí, manteniendo el contacto visual.
Móntame a horcajadas y bésame a fondo.
Así que, lo hago. Su boca sabe a vodka, tónica y limón. Sus grandes
manos ahuecan mi trasero y me tira contra él así estoy moliendo contra
su músculo. Puedo sentir la humedad de mis bragas mientras monto su
entrepierna.
—Ahora, date la vuelta.
Me quedo mirándolo, confundida.
—Tira una pierna por encima y da la vuelta en mi regazo —me dice—. Y
muévete por sólo un momento más.
Todavía estoy confundida, pero hago lo que dice.
Su respiración es un poco trabajosa cuando dice.
—Ahora, levántate.
Me levanto, directamente frente a él.
—Inclínate.
Sin dudarlo, me inclino.
Me siento un poco ridícula, pero puedo escuchar la respiración de
Shade. A él le gusta esto. Está mirando mi trasero, puedo decirlo. Así
que, cruzo una rodilla sobre la otra y lo saco sólo un poco más.
—Los hombres aman la forma en que el trasero de una mujer está
enmarcado por sus bragas —me dice—. Siempre es lindo verlo. Las
mujeres por lo general son tan rápidas para quitarse sus bragas y
meterse bajo las mantas.
Se extiende y agarra mi trasero.
—Y tú tienes un trasero genial.
Sonrío.
—Ahora, aléjate de mí, gira y quítate las bragas. Tíralas en mi regazo.
Mantén el contacto visual conmigo todo el tiempo.
Sigo sus instrucciones palabra por palabra. Y curiosamente, a pesar de
que está dirigiéndome, me siento sólidamente en control. Los ojos de
Shade están pegados a cada movimiento mío. Todo lo que estoy
haciendo es algo que sé que él está disfrutando. La evidencia está en la
forma en que sus pantalones están forzados en su entrepierna y la forma
en que está respirando tan ásperamente.
Me gusta.
Mis bragas están ahora en su regazo.
—Siéntate en mi regazo otra vez.
Eso hago. Las manos de Shade corren por mi espalda, por mis caderas y
agarran mi trasero desnudo mientras me besa. Su lengua explora cada
centímetro de mi boca antes de chupar en la base de mi cuello.
Estoy moliendo contra su dureza y sus manos tiran de mí cada vez más
cerca.
Susurra en mi oído.
—Ahora levántate y lentamente desabrocha tu camisa. Deslízala, pero
tiéntame por un segundo, sostenla en tus senos, como si estuvieras
insegura de si revelarte. Luego déjala caer al suelo. Párate allí sin
moverte, con tus hombros hacia atrás y tu barbilla levantada. Se
confiada y déjame mirarte.
—Sí —digo simplemente. Me levanto y hago lo que dice.
Mientras me levanto y le dejo mirarme, mi piel está en llamas. No estoy
segura de quién está más excitado, él o yo.
Después de que me mira por un par de minutos y veo el deseo en sus
ojos, habla de nuevo. Su voz es ronca y rica.
—La mayoría de las mujeres piensan que para estar a cargo en el
dormitorio, necesitan estar encima. Yo personalmente no prefiero a las
mujeres encima. Creo que la mayoría de los hombres estarían de
acuerdo. Siempre estoy un poco nervioso de que van a calcular mal y
aplastar mi polla. En cambio, tú puedes estar en control, pero aun así
dejarme a mí sentir en control y eso es sexy como el infierno.
—¿Cómo? —pregunto, lamiendo mis labios.
—Camina hacia aquí e inclínate. Susurra en mi oreja que quieres que te
folle ahora.
Me acerco, incluso con mis rodillas debilitadas por el momento, y me
inclino. Saco mi lengua y lo lamo ligeramente en la base de su oreja,
inhalando su delicioso aroma.
—Quiero que me folles ahora —le digo. Estoy tan feliz de que ya haya
practicado diciendo esa palabra en casa. Lo hace mucho más fácil de
decir ahora frente a él.
—A los hombres les gusta las palabras sucias —dice simplemente—.
Coge mi mano y llévame a la cama. Cuando lleguemos allí, puedes
quitarte los zapatos.
Nos dirigimos a la cama.
Me quito mis zapatos como me indicaron.
—Ahora dime que te folle.
—Fóllame —digo en voz baja en su oreja, antes de besarlo
apasionadamente de nuevo. Él inhala mi lengua y me recuesta en la
cama. Se quita la ropa en treinta segundos y rápidamente se coloca un
condón. Antes de que lo sepa, su piel caliente está deslizándose contra
mí.
Envuelvo mis piernas a su alrededor y tiro de él cerca.
—Dime que te encanta mi polla.
—Me encanta tu polla —susurro en su cuello.
Él acelera el paso y se desliza dentro y fuera; duro, luego más duro,
entonces se ralentiza.
—Dime que te folle más duro.
—Fóllame más duro —murmuro.
Así lo hace. Los músculos de su espalda se ondulan y tensionan mientras
se mueve contra mí. Su piel está húmeda y su polla está dura. Me
agarro a sus hombros, sosteniéndome.
—Ahora, dime que pare.
—¿¿Qué?? —Lo miro salvajemente—. No quiero que pares.
Shade sonríe perezosamente mientras se cierne sobre mí.
—Particularmente no quiero parar. Pero sé que si haces lo siguiente,
hará este sexo alucinante y eso es lo que quieres, ¿cierto?
Yo asiento.
—Entonces, dime que pare.
—Para.
—Ahora, quiero que me ruedes a un lado y me chupes. Sé que a las
revistas de mujeres les gusta decirles a las mujeres que lleven a los
hombres al borde del abismo, casi hacer que se corran y luego paren
porque eso hará el orgasmo más intenso. Pero eso no es cierto. Por lo
general, sólo es frustrante. A menos de que estés haciéndolo de esta
manera. De esta manera es increíble.
Sigo sus instrucciones. Me siento pervertida como el infierno, porque
seamos sinceros, es pervertido con el infierno. Pero lo chupo. Y sí, me
saboreo a mí misma.
Se mueve conmigo, empujando contra mí. Sólo toma un par de minutos
antes de que él diga.
—Estoy listo para correrme. Para. Ven aquí arriba y bésame. Luego dime
que te incline y te folle.
Me limpio la boca y me enderezo.
Lo beso.
—Inclíname y fóllame —le digo suavemente, contra sus labios.
—Con placer —dice. Me inclina sobre la cama y se desliza con facilidad
dentro, luego afuera. Duro, más duro, más duro.
—Dime que me corra dentro ti.
—Estás usando un condón —señalo entrecortadamente.
—No importa. Es sólo sexy como el infierno escucharlo. —Él suena igual
de irregular.
—Córrete dentro mí —digo.
—Hecho —responde con dureza. Y se inclina en mi trasero, empujando
contra mí, agarrando mis caderas.
Santa jodida mierda.
Él se estremece por un momento, luego está quieto.
—Eso fue caliente como el infierno —le digo mientras me derrumbo
sobre la cama.
Shade me mira a sabiendas mientras se derrumba a mi lado, su hermoso
rostro petulante.
—Sí. Y ahora eres la ama del sexo alucinante. De nada.
—Gracias —me río, acurrucándome en su lado. Su brazo se envuelve a
mi alrededor y me tira cerca y de repente, no se siente como si
fuéramos cliente y clientela. Me siento como si acabáramos de tener
una experiencia sexual increíble. Fue mutuamente increíble y él la
disfrutó tanto como yo lo hice.
Él es muy, muy bueno en su trabajo.
Traducido por Malu_12
Bibliotecaria70
El sol está afuera, el cielo de Las Vegas es de color azul y Shade tiene sus
manos por toda mi hija.
Bueno, no de esa manera, pero aun así.
Estoy acostada junto a la piscina en un bikini de color amarillo brillante y
pantalones de mezclilla cortados viendo la lección de Colby y Sophie. Él
está mostrándole cómo hacer que su nado de mariposa sea más
eficiente. Y mientras lo hace, todos los músculos de su pecho están
flexionándose. Si Sophie no estuviera aquí, me gustaría saltar en mi
piscina completamente vestida y lamer cada ondulación.
Pero ella está aquí.
Así que estoy en modo mamá. Y Shade es Colby. Y no estoy realmente
a gusto con el hecho de que sus manos la estén equilibrando en el
agua en este momento mientras practican. ¿Eso significa que estoy
celosa de mi propia hija? ¿He caído en un maldito agujero de conejo?
Suspiro y tomo un sorbo de limonada. La cual no tiene vodka, por cierto,
lo que es una verdadera tragedia considerando las circunstancias. Ya
que son sólo las 3:15 de una tarde de sábado, decidí esperar un tiempo
antes de empezar con el alcohol. Especialmente porque Rick el Cretino
va a venir a recoger a Sophie para pasar la noche en un
momento. Probablemente debería estar completamente sobria para
eso.
Realmente tenía una increíble fortaleza.
—Sophie, ¡levanta tu barbilla! —dijo Colby mientras Sophie hacía
mariposas a través de la piscina. Desde aquí, parecía un muy flaco
delfín. Colby miró hacia mí y su mirada se volvió maliciosa. Realmente
me guiñó mientras su mirada se deslizaba por encima de mi pecho y
luego volvía a mis ojos. Mariposas aletearon en mi estómago. Su
9 Jello Shot: Pequeña porción de gelatina hecha con vodka en lugar de agua.
expresión era juguetona y traviesa mientras él salía de la piscina y se
acercaba a mí, inclinándose para agarrar la toalla junto a mí.
—¿Seguimos el próximo fin de semana? —preguntó en voz baja,
mirándome con sus malditos ojos azules, azules, azules.
Sonreí.
—No lo sé —respondí—. Todavía es este fin de semana. El próximo está
muy lejano.
Él se ríe, echando un vistazo por encima de su hombro para asegurarse
de que Sophie sigue nadando. Lo hace.
—Ah, no te burles de mí, Alli Cat. Voy a necesitar mi dosis de Alli el
próximo fin de semana. Y tú vas a necesitar a Shade.
Trago. En realidad, está en lo cierto. Definitivamente voy a necesitar a
Shade el próximo fin de semana. Es una idea que ya ha pasado por mi
cabeza y que es un poco molesta. ¿He llegado ya a depender de él...
para llenar mi tiempo a solas? Es un pensamiento un poco molesto.
—Tal vez —le respondo tímidamente, ocultando mi preocupación.
Él sonríe.
—Te reservaré un bloque de tiempo —me dice—. Sólo por si acaso. —Y
guiña otra vez mientras pasa la toalla por su cabello. Dios, me encanta
cuando guiña. Es tan lindo y malo. Y coqueto. Todavía estoy mirando
hacia él cuando oigo la voz de Rick el Cretino entrando por la puerta.
Infiernos.
Me levanto y Colby camina hacia Sophie, probablemente para darle
algunos últimos consejos antes de que ella se vaya con su padre.
Rick se acerca a mí, su mirada se desliza hacia arriba y abajo por mi
cuerpo. Trato de no estremecerme. La idea de que las manos de éste
lame bolas hayan estado en mi cuerpo tantas veces a lo largo de los
últimos quince años es suficiente para que me quiera ahogar en mi
propia piscina, justo después de llenarla con ácido, por supuesto, para
quemar el recuerdo de sus caricias.
—Te ves muy bien, Alli —me dice.
Incluso su voz es desagradable para mí ahora.
—Has estado haciendo ejercicio.
—Siempre he hecho ejercicio, Rick —le recuerdo bruscamente—. Es sólo
que tú nunca lo notaste. Es difícil notar a tu esposa cuando siempre
tienes una novia al lado.
No parece escuchar mi pinchazo.
Da un paso más cerca.
—Sí, te ves bien.
Con esas palabras, corre su pulgar a lo largo de mi codo. Me aparto de
un tirón y estoy en estado de shock, mirándole fijamente.
—¿Qué diablos, Rick? —exijo—. No me toques.
Rick se me queda mirando, luego se ríe.
—Y ahí está la reina de hielo de la que me divorcié. No me toques,
Rick. Esta noche no, Rick. Tengo migraña, Rick. ¿Y te preguntas por qué
busqué fuera de nuestro matrimonio la satisfacción? Fue porque tú
nunca pudiste satisfacerme, Allison. Un hombre necesita plenitud.
Lo miro, en completo shock y disgusto.
—De algún modo, Rick, esa no es la forma en que yo lo recuerdo en
absoluto. De hecho, recuerdo haber tenido relaciones sexuales dos o
tres veces a la semana, muchos de esos momentos en los que estaba
casi muerta de cansancio, pero nunca me quejé. Recuerdo habernos
ido lejos durante fines de semana, sólo nosotros dos, donde hicimos el
amor abundantemente. Incluso pensé que era buen sexo en ese
momento, pero desde que te has ido, he descubierto que el sexo
contigo nunca fue bueno. No sabía lo que hacía. Pero ahora lo
hago. No puedes echarme la culpa de tu engaño. Es tu culpa, no la
mía.
Rick me mira con calma, aparentemente imperturbable por mis
mordaces palabras.
—Ya sabes, cuando te pones de perra, las patas de gallo alrededor de
tus ojos realmente comienzan a aparecer. Debes evitar hacer eso si
quieres ocultar a la bruja cansada que eres en realidad.
Estoy más que molesta ahora, pero en este punto, Sophie ha salido del
agua y viene en nuestro camino. Sé que no puedo decir nada en
respuesta, y Rick lo sabe también. Él me sonríe.
Colby camina detrás de Sophie, con sus ojos en mi cara. Se puede decir
que estoy agitada. Entrecierra sus ojos.
—¡Papá! —dice Sophie—. ¿Has visto mi mariposa?
Rick me da una última mirada antes de girarse hacia ella.
—Sí, lo hice. Lo estás haciendo maravillosamente. Y este debe ser el
entrenador de natación que estoy pagando.
Ugh. Deja a Rick para reducir todo a dinero. ¿Cómo me quedé con él
durante tanto tiempo? Quiero golpearme literalmente en la frente.
—Hola, señor —dice Colby, estirando su mano—. Soy Colby. Y sí, soy el
entrenador de natación. Su hija está haciéndolo fabulosamente. Creo
que estará satisfecho con su progreso.
—Estoy seguro —dice Rick con frialdad. Sacude la mano de Colby, pero
brevemente. Luego se gira hacia Sophie, ignorando deliberadamente a
Colby al darle la espalda.
Y yo sé por qué.
Rick es un hombre muy superficial, muy inseguro. Estar en presencia de
un joven en forma e increíblemente guapo como Colby causa estragos
en la confianza de Rick en sí mismo.
En especial porque Colby se encuentra todavía en su traje de baño. No
hay ni un gramo de grasa en él y tiene un paquete de seis ondulándose
a través de su abdomen. Y sé que es un hecho que Rick tiene una
panza cervecera de la que es muy, muy consciente. Colby es alto,
delgado y hermoso, y Rick está envejeciendo mientras hablamos. Esta
situación casi compensa lo que Rick dijo sobre mis patas de gallo. Casi.
—Sophie, vamos a buscar tus cosas. Vanessa nos está esperando,
tenemos reservas para cenar en la ciudad —se da la vuelta y se
aleja. Rick no me dice otra cosa y entra en mi casa, como si todavía
fuera suya. Aprieto los dientes.
—¿Estás bien? —pregunta Colby, mirándome a la cara—. Tu ex
realmente tiene su cabeza en el culo.
Le sonrío por el término.
—Sí, la tiene. Ahora imagínate estar casada con ese pedazo de imbécil
durante los últimos quince años.
Colby sacude su cabeza.
—¿Locura temporal?
Sonríe.
—¿Pueden quince años clasificarse como temporal? —respondo.
Colby encoge sus hombros.
—Supongo que depende de la perspectiva. Si nos fijamos en el largo
esquema de las cosas, entonces quince años es temporal si estás
buscando en toda una vida. Sólo piénsalo. Si no hubieras jugado bien
tus cartas, todavía podrías estar con esas joyas —me
estremezco. Literalmente me estremezco. Colby se ríe y pone su mano
en mi brazo.
—Pero no estás con él. Porque jugaste bien tus cartas. Y estás aquí
conmigo.
Sí, porque te estoy pagando, pienso. Pero no lo digo. Sonrío en su lugar.
—Tienes razón. Definitivamente debo contar mis bendiciones. ¿Quieres
una cerveza o algo? Tengo que decirle adiós a Sophie, pero voy a estar
de vuelta en un segundo.
Colby sonríe.
—No tengo ningún lugar al que ir —anuncia—. Tuve una cancelación
esta noche, así que estoy libre. ¿Te gustaría pasar el rato y ver películas?
Lo miro.
—¿Sólo tú y yo, pasando el rato, como si fuéramos amigos? —le
pregunto.
Él sonríe de nuevo y me gustaría lamer sus labios.
—¿No somos amigos?
Lo miro de nuevo.
—Supongo que sí. No lo había pensado de esa manera. Pero creo que
lo somos.
—¿Y acaso no pasan los amigos el rato? —razona Colby—. No soy
Shade en este momento, soy Colby.
Asiento lentamente.
—Por supuesto. Colby y Allison pueden ser amigos. Shade y Alli Cat no
pueden, porque son vendedor y cliente.
—Ahora lo estás entendiendo —responde Colby, riendo—. Es así como
me separo de la locura en mi vida.
Me tengo que reír.
—Voy a tener que tomar clases —le respondo—. Porque la locura en mi
vida se me está yendo de las manos.
Colby (¡no Shade!) toma asiento mientras yo entro en la casa,
agarrando una camiseta a medida que avanzo. No siento la necesidad
de tener a Rick el Cretino comiéndome con los ojos
nuevamente. Todavía quiero bañarme en yodo por la primera vez.
Encuentro a Rick paseando por el pasillo, saliendo de mi dormitorio.
—¿Qué estás haciendo? —le pregunto sospechosamente—. No tienes
por qué estar en mi habitación.
—Oh, no lo sé —responde Rick con el ceño fruncido—. Estaba buscando
mis mancuernas de plata preferidas, las que mi madre me dio para mi
graduación de la universidad. Desaparecieron misteriosamente cuando
me mudé.
—¿Las encontraste? —levanto una ceja.
Rick sacude su cabeza.
—No, pero sí encontré a tu pequeño amigo.
Estoy confundida por un segundo hasta que veo su sonrisa satisfecha.
—Ya sabes, deberías haber dicho que el “buen sexo” que has estado
teniendo es con tu nuevo consolador —sonríe Rick; una malvada,
repugnante sonrisa. Está tan seguro de que es un regalo de Dios para las
mujeres. Me dan ganas de vomitar.
Y luego me lo lanza. ¿Rick estaba sosteniendo a Geronimo en sus manos
desnudas? Voy a tener que frotarlo con alcohol antes de su próxima
utilización. O tal vez tan sólo debería comprar uno nuevo.
—Oh, eso —respondo, lo más tranquilamente que puedo mientras
sostengo el consolador gigante en la mano—. Esto es lo que uso en las
noches cuando estoy demasiado cansada para salir. Mi nuevo novio
me agota.
Rick me mira fijamente, tratando de decidir si le estoy diciendo la
verdad o no.
—Si realmente tienes un nuevo novio —dice—, entonces tengo que
conocerlo si va a estar alrededor de Sophie. Eso está en nuestro
acuerdo de divorcio. TÚ lo pusiste en nuestro acuerdo de divorcio.
Sonrío angelical. O espero que sea angelical.
—Sí, lo hice, ¿verdad? Y cuando decida que es hora de que Sophie lo
conozca, organizaré una reunión contigo también.
Rick me mira.
—No puedo esperar para decirle a tu más reciente víctima acerca de ti.
Pongo los ojos en blanco y empiezo a contestar pero Sophie sale de su
dormitorio. Meto a Gerónimo detrás de mi espalda.
—¿Pueden por favor dejar de discutir? —exige—. Lo odio. Pensé que iba
a parar con el divorcio.
Al instante me siento culpable, sobre todo teniendo en cuenta lo que
estoy sosteniendo. Mamá del año, aquí mismo.
—Lo siento, Soph —le digo con sinceridad—. No sabía que podías
escucharnos.
Ella me mira.
—Por supuesto que puedo escucharlos. No soy sorda y están justo
afuera de mi habitación. Y papá, permanezca fuera de la habitación
de mamá. Ya no es tu habitación. Sus consoladores son asunto suyo, no
tuyo.
Quiero estar malditamente muerta. Mis mejillas se inundan de color y
Rick mira hacia mí, la risa en sus ojos. Sophie no tenía intención de
hacerle feliz con ese comentario, pero lo hizo. Estoy hirviendo por dentro
mientras Rick hace gestos a espaldas de Sophie de sí mismo utilizando
un consolador. Sólo que él está fingiendo ser yo, obviamente.
Así que, obviamente, hago lo que cualquier mujer madura haría. Hago
una moción de mí apuñalando su cabeza con un cuchillo de
carnicero. Pero en este caso, estoy usando mi consolador.
Ambos dejamos caer nuestras manos cuando Sophie se gira
bruscamente.
—¿Saben que hay un espejo frente a nosotros, verdad?
Joder. Tiene razón. Definitivamente debería saberlo, ya que fui yo la que
lo colgó en el extremo de la sala.
Mamá del año, enloqueciendo justo aquí.
Rueda sus ojos y se da la vuelta, arrastrando su bolsa de noche detrás
de ella. En la cocina, se gira y me besa en la mejilla.
—¿Vas a estar bien? —pregunta. Estoy sorprendida por su momento de
pensar más allá de sí misma. Los adolescentes son, en su conjunto,
monstruos ensimismados. Le sonrío.
—Voy a estar bien —le digo—. En serio. Tu padre y yo estamos bien. Tan
sólo discutimos de vez en cuando.
Y pretendemos matarnos el uno al otro con mímica.
Con consoladores.
Eso es normal, ¿no?
Sacude su cabeza.
—Está bien. Estaré en casa mañana. Tengo mi celular por si me
necesitas.
—Estoy bien, cariño —insisto—. Honestamente.
Ella sonríe y se va con su padre, que no dice una palabra más. No
puedo creer que Sophie se preocupara por mí. ¿Mi pequeño monstruo
crecía en un ser humano compasivo?
Sonrío ante ese pensamiento cuando me acuerdo de
Shade. Colby. Demonios.
Dejo a Geronimo de nuevo en mi habitación y luego vuelvo
rápidamente al patio para encontrarlo instalado en una tumbona,
desplazándose a través de su teléfono.
—Hola —dice sonriendo—. ¿Está todo bien?
Sonrío de nuevo.
—Todo está bien. ¿Quieres entrar en la casa? ¿Quieres salir a comer o
deberíamos ordenar a...?
Se encoge de hombros.
—Lo que hubieras planeando hacer.
Iba a ordenar comida para llevar, comer cada pedacito de ella, mirar
alguna película con un hombre perfecto que me hiciera llorar hasta mis
tripas y re-estabilizara mi salud emocional y probablemente utilizar los
servicios de Geronimo.
Pero no diría eso.
—Estaba a punto de conseguir comida china —le digo—. Y luego
comer delante de la televisión.
—Suena como el cielo —me dice—. ¿Sabes qué? Hay un maratón de
viejas películas de terror esta noche.
Levanto una ceja.
—¿Estás tratando de decir que deberíamos verlas porque soy vieja y
porque por eso me sentiré como en casa?
Él luce horrorizado.
—¡No, por supuesto que no! Yo…
Lo interrumpo.
—Estoy bromeando, por supuesto —me río—. No soy vieja. Estoy en mi
mejor momento sexual, ¿recuerdas? —Sonrío—. ¿Películas de terror
antiguas? ¿Te gusta eso?
Él asiente.
—Mi padre y yo solíamos estar despiertos hasta tarde y verlas cuando
era pequeño. Es un buen recuerdo que tengo.
—¿Y no tienes ningún buen recuerdo de él ahora?
Por alguna razón, parecía que eso era lo que quería decir. Se encoge
de hombros.
—Mi padre y yo simplemente no nos estamos mirando a los ojos en estos
momentos. Él quiere que haga cosas que no quiero hacer. Pero no
estoy exactamente seguro de lo que quiero hacer, así que ese es el
problema.
—¿Sabe sobre esto? —Le hago un gesto, pero sabe lo que quiero decir.
—Él no sabe nada sobre Shade. Por supuesto que no. Nadie en mi
familia lo sabe.
Asiento mientras abro la puerta del patio y caminamos adentro.
—Eso debe ser estresante.
Nos vierto a cada uno una bebida.
—No tanto —responde Colby—. Tan sólo tengo que mantener mi vida
compartimentada. Es bastante fácil.
—Una vez más, ¿me puedes dar lecciones? —le pregunto con una
pequeña sonrisa. Shade también sonríe.
—Ya te di una lección anoche —responde—. ¿No es suficiente una
lección por semana?
Los recuerdos de la noche anterior pasan a través de mí y mis rodillas se
debilitan. Y tengo que estar de acuerdo.
—Tienes razón. Esta alumna está lista para el resto. Vamos, te mostraré la
habitación del cine.
—Me gusta cómo suena eso —responde Colby mientras tira de su
camisa. Suena cansado.
Le muestro el camino y luego corro al piso de arriba para meterme en
unos pantalones de chándal y una camiseta. Hey, no juzgues. Él dijo
que hiciera lo que habría hecho si no estuviera aquí. Mis planes
definitivamente involucraban a mis pantalones favoritos.
Y así es como empieza nuestra noche. Conmigo en chándal
acurrucada junto a Colby bajo una manta caliente. Mi habitación del
cine es fría, así que siempre tengo mantas peludas disponibles, y esta
noche sin duda vienen muy bien.
Compartimos palomitas y comida china. Entonces, vemos viejas
películas ridículas hasta que Colby decide que tengo que aprender a
hacer jello shots, ya que aparentemente son deliciosos y una necesidad
para la vida. Entonces corremos hasta la cocina, mezclamos un lote y
los dejamos en la nevera para que se asienten mientras vemos otra
película.
Después de que la película de terror más estúpida y cursi en la historia
de la tierra ha terminado, volvemos a la cocina a probar nuestra obra.
Colby me entrega uno de cereza mientras toma uno de limón.
—De cualquier manera, ¿por qué tienes esas pequeñas copas a mano?
—pregunta mientras le saca la cubierta.
—Honestamente, no lo recuerdo —le digo—. Creo que Sophie lo
necesitaba para recaudar fondos para su equipo de animadoras del
año pasado.
—Bueno, entonces esto es por las animadoras —brinda Colby con su
pequeña copa de plástico. Y luego toma la gelatina con su lengua. Yo
hago lo mismo.
Asiento, procesando el sabor.
—Apenas puedo saborear el vodka —le digo.
Él asiente.
—Ese es el punto —dice. Me da otro—. El porqué de que bajen tan
suavemente.
Volvemos a sacar la gelatina con la lengua. No puedo dejar de mirar la
lengua de Colby. Sé personalmente que es una lengua muy hábil. Pero
esta noche, es Colby.
Y las cosas son diferentes cuando está Colby, me recuerdo a mí
misma. Y probablemente debería estar preocupada de pasar mi noche
de sábado matando el tiempo con un joven gigoló.
Pero, al parecer, los jello shots tienen una manera sigilosa de acercarse
a ti y cambiar la forma en que previamente habías pensado en algo.
Porque mientras Colby y yo reímos y bromeamos, llegamos a tomar
varios jello shots más (como diez) cada uno. Y entonces uno de nosotros
(yo) decide que debemos hacer body-shots10, porque nunca he hecho
uno.
—En serio —le digo—. ¿Me puedes mostrar cómo? Porque creo que es
una habilidad vital que uno debería tener.
Estoy borracha. Y soy una persona lo suficientemente mayor como para
decir que estoy borracha.
—Estoy borracha —agrego—. Y ese es sin duda un buen momento para
aprender a hacer un body-shot.
Colby me mira, me estudia. Es oh-tan-guapo. Y es fácil olvidar, en este
momento, que es más joven que yo. Y que sólo debería pensar en él de
esta manera cuando es Shade. Porque, maldita sea, él es sexy. Tomo
una respiración profunda.
Colby sonríe.
—Tienes razón. Un body-shot es una habilidad vital que definitivamente
deberías dominar. Vamos, haré uno en ti para mostrártelo y entonces tú
puedes hacer uno en mí. ¿Tienes tequila?
Asiento, de repente muy fascinada por la idea de esta lección.
—¿Tienes sal y limón?
Asiento otra vez mientras Colby busca por la cocina. Mientras lo hace,
limpio la barra de granito. Se da la vuelta con todos los suministros que
necesitamos y me encuentra desnudándome.
Levanta una ceja.
—No quiero tener tequila en mi sudadera favorita —me encojo de
hombros inocentemente. Por supuesto, eso no explica por qué también
me estoy quitando las bragas y el sujetador.
Me iré al infierno.
Se ríe y me ayuda a subir al bar. Estiro mis pies y pongo mis brazos
detrás de mi cabeza. El granito está frío debajo de mí, y me estremezco.
—¿Quieres que te haga entrar en calor? —pregunta Colby, su mirada
maliciosa. Me mira con una Shade-mirada y me hace temblar
nuevamente.
10Body Shot: Es una forma sexual de hacer “jello shots” al verter los ingredientes del
tequila sobre el cuerpo de una persona y extraerlos con la boca.
Entonces asiento.
Soy descarada.
No tengo vergüenza.
Me iré al infierno.
Estoy cantando estas cosas en mi cabeza silenciosamente. Y cuando
Colby se despoja de su camisa, dejo de cantar. No puedo evitarlo. El
tipo es una preciosidad. Y una distracción.
Se encoge de hombros.
—No quiero tener tequila en mi camiseta favorita.
El calor inmediatamente inunda mi región inferior cuando él se presiona
contra mi lado. Su piel está caliente y firme.
Corta una rodaja de limón y la coloca entre mis dientes. Luego esparce
un poco de sal alrededor de mis pechos, concentrándose mucho en
mis pezones. Y entonces vierte tequila en mi ombligo. Silenciosamente,
le doy gracias a Dios por ser una lavadora-de-ombligos muy meticulosa.
Mi barra de desayuno tiene la altura ideal para esta actividad. Estoy
justo en frente del pecho de Colby. Tiene fácil acceso a cualquier parte
de mí que necesite. Él se inclina y comienza en el tobillo, besando,
chupando y lamiendo un camino hacia arriba.
Cuando llega a mi muslo, presta especial atención, succionando muy
atentamente. Escalofríos corren por mi cuerpo y disparan fuego en BC.
Porque BC es una desvergonzada, quiere esto incluso más que yo. Y
entonces arrastra la lengua deliberada y provocativamente sobre ella.
Mis piernas se enderezan como tablas mientras mi corazón comienza a
correr.
Él lame hacia mi ombligo, evitándola y concentrándose en cambio en
mis pechos. Chupa cada poco de sal en cada uno, me atormenta
lamiendo, chupando y mordiendo mis pezones. Estoy literalmente
arqueándome contra él antes de que lo haga, pero él me empuja
hacia abajo.
—Derramarás tu tequila —susurra en mi oído. Su aliento es caliente
contra mi piel. Agarro un lado de la barra. En serio, tengo una increíble
fortaleza. De lo contrario, ya habría abandonado esta actividad,
saltado fuera de esta barra de granito y sentado a horcajadas sobre
este hombre-niño en el suelo de mi cocina. Pero en cambio, me quedo
quieta. Con una rodaja de limón entre los dientes.
Colby va hasta mi ombligo y mientras lo hace, su mano derecha
encuentra a BC. Lame el tequila mientras su mano hace perezosos
círculos alrededor de BC... y luego desliza un dedo dentro de ella.
Casi me corro sobre la barra.
Increíble fortaleza, canto.
Increíble jodida fortaleza.
Colby bebe hasta la última gota de tequila y entonces se desliza sobre
mí para volver a mi boca.
Sus ojos oscuros se encuentran con los míos y me muero por sentir sus
labios en los míos... sus carnosos y deliciosos labios.
Por último, finalmente, sus labios tocan los míos mientras toma la rodaja
de limón sin usar las manos. Lo chupa y luego lo escupe a un lado. Sé
que mi ama de llaves va a querer un aumento de sueldo mañana. Pero
no me importa esta noche.
Esta noche, tiro del rostro de Colby hacia el mío y aspiro su beso. Lo
beso con tanta fuerza y tanto tiempo que no puedo ver bien. No puedo
pensar con claridad. Ya no estoy obligada por la lógica o la razón o las
reglas. No me importa cuál es su nombre en este momento, si Colby o
Shade o incluso el maldito Gato en el Sombrero11. Sólo lo quiero dentro
de mí.
Él me desliza fuera de la barra y me acuesta en el suelo.
Hay un breve crujido de papel aluminio y entonces mi deseo es
concedido.
11ElGato en el Sombrero: es un libro infantil escrito por Dr. Seuss. El personaje principal
es un gato antropomórfico, alto, travieso, vestido con un sombrero de copa a rayas
rojas y blancas y una corbata de lazo rojo.
Traducido por yanli
Corregido por Caamille
Nos despertamos a la luz del día en la cama. No me acuerdo haber
logrado llegar a la habitación en ningún momento y muy posiblemente,
Colby me trajo aquí.
Me apoyo en mi codo y lo estudio. Está durmiendo y se ve tan joven
mientras duerme.
Porque es joven, mi mente me recuerda diabólicamente. Es casi lo
suficientemente joven como para ser tu hijo.
¡No, no lo es! La otra mitad de mi cerebro argumenta. Ni de cerca.
Genial.
Suspiro. Ahora estoy discutiendo conmigo misma. Estoy bastante segura
de que es un signo de locura. Todo lo que necesito hacer ahora es
empezar a mecerme en la silla y comenzar a murmurar y Sophie puede
conseguir recluirme.
¡Sophie!
Echo un vistazo al reloj y suspiro aliviada. Son sólo las 10:00. No va a estar
en casa por algunas horas.
—Buenos días —dice Colby, estirándose junto a mí.
Levanto la mirada hacia él nuevamente. Es adorablemente lindo
cuando acaba de despertar. Su cabello está despeinado y sus ojos
están vidriosos por el sueño.
—Lo siento —le digo—. ¿Te he despertado?
Niega con la cabeza.
—No. He estado despierto. Sólo estaba recostado aquí con mis ojos
cerrados escuchándote roncar.
—No ronco —protesto con una risita—. No lo hago.
—Oh, lo haces —insiste, se inclina para besarme—. Pero es lindo.
Su beso es suave y gentil. Y alarmante.
No deberíamos estar besándonos o desnudos ahora a la luz del día. O
juntos en la cama desnudos. Y besándonos. Él es Colby y yo soy Allison.
Él es de algún modo más joven que yo. Y esto no es bueno.
Me arrastro de vuelta.
—¿Está todo bien? —frunce el ceño.
Niego con la cabeza.
—No lo sé. No deberíamos haber hecho eso. Eres Colby en estos
momentos. Y yo soy Allison. Y esto no es algo que debamos hacer.
Colby se queda inmóvil por un momento, y luego se sienta. Tengo que
pasar por alto la forma en que su abdomen se flexiona cuando se
mueve si quiero continuar procesando cualquier tipo de pensamiento.
—Tienes razón —coincide—. Nos dejamos llevar. Eso sucede. Suele
suceder muy a menudo cuando tragos de cuerpo están involucrados —
añade con ironía. Se vuelve hacia mí—. Pero no es el fin del mundo, Alli.
Fue un resbalón. No es gran cosa. Fue muy divertido. Somos amigos. Y
ayer por la noche, fuimos amigos con beneficios. No enloquezcas, ¿de
acuerdo?
Que no enloquezca. Qué cosa más joven de decir. Me acuerdo por
decimocuarta vez hoy ya lo joven que es. Asiento.
—Está bien.
Colby balancea su pierna sobre el borde de la cama y se levanta. No
puedo hacer más que mirar. Tengo fortaleza increíble, pero no soy una
maldita monja. Y entonces deseo no haber mirado. Está de pie allí en la
luz del sol en todos sus veintidós o veintitrés perfectos años y de
inmediato quiero que vuelva a la cama. Pero trago saliva y suprimo ese
pensamiento.
¡Vete al infierno, satanás, donde perteneces! En silencio, castigo mis
pensamientos.
—Ya que ahora estoy aquí, sin embargo, ¿quieres tomar una ducha
conmigo? —pregunta Colby con picardía.
Se da la vuelta y veo el perfil completo de su cuerpo ahora, miembro
semi-erecto y todo.
La Madre Naturaleza en su máxima expresión. Decido que muy
probablemente es una mujer, después de todo. Hizo a los hombres
como Colby como regalos a la especie femenina.
Asiento, contra la voluntad de mis pensamientos lógicos.
—Sí.
Me levanto y me arrastro hacia mi ducha.
Aparentemente, satanás no consiguió volver al infierno, como lo exigí.
Controla mis pensamientos en la ducha en su lugar, porque Colby y yo
tenemos sexo en todas las posiciones imaginables conocida por el
hombre allí… junto con algunos más que satanás inventó sobre la
marcha.
Cuando los espejos están empañados y estamos totalmente gastados y
acabados, nos tropezamos en el aire frío.
—Bueno —suspiro con ironía—. No voy a necesitar ir al Yoga esta
semana.
Colby se echa a reír y quita la toalla.
—Me gustas, Alli. De veras. Y no sólo porque me pagas.
Mi corazón se detiene. Creo. Su expresión en este momento es muy
dulce, pero esto no es lo que quiero. No puedo “salir” con un
veinteañero. No puedo tener una verdadera relación de ningún tipo
con él… ni siquiera con un acuerdo de amigos-con-beneficios. Lo miro y
él inmediatamente lo ve en mi rostro y se retracta.
—No quise decir… quiero decir… —Está tartamudeando y es la primera
vez que lo he visto en forma distinta a ser frío y sereno.
Por una vez, el aparenta los veintidós (¡o veintitrés años!) de edad que
en realidad tiene.
—Está bien —le digo, interrumpiéndolo—. No sé dónde ibas con eso,
pero está bien. No estoy preparada para una relación todavía. Eres
increíble, maravilloso y me gustas, también, sin embargo.
—Eso es lo que quise decir —dice, y no puedo decir por su rostro si es la
verdad o no—. Sólo quería decir que me gustas. Que eres impresionante
y te considero mi amiga.
Sonrío, la calidez corriendo a través de mí.
—También te considero mi amigo. Ésta idea que Sara tuvo en realidad
fue buena.
—¿Así que fue idea de Sara? —pregunta Colby con una sonrisa mientras
se pone su ropa.
Asentí.
—¿Quién más?
Se ríe.
—Buen punto. Esa amiga tuya es otra cosa.
—Ésa es ella. —Estoy de acuerdo—. Me mete en todo tipo de
problemas. Sin embargo, este problema en particular… bueno, me
gusta. Pero me gusta la forma en que es ahora. No quiero que cambie.
Es decir, no voy a salir con un chico veinteañero. Incluso si es sexy como
el infierno y me enseñó a poner a un hombre de rodillas en cinco
minutos.
Me sonríe.
—Mensaje recibido, Alli Cat. Podemos ser amigos, sin embargo. Y sigues
siendo mi cliente, ¿no?
Asiento.
—Por supuesto.
Porque quiero lamer tu cuerpo demasiado para cancelar eso, añado
silenciosamente.
—Bueno —dice—. Ahora, me pongo en marcha. ¿Quieres que te traiga
un café o algo antes de irme?
Niego con la cabeza.
—No, me voy a levantar.
Se inclina y besa mi frente.
—Anoche fue muy divertido. Llama para hacer una cita para el próximo
fin de semana, ¿okey? —Asiento otra vez.
Y luego se va.
Y yo estoy sola en mi habitación.
Me echo mi bata encima y me pongo las zapatillas para bajar a la
cocina a hacer café. Le echo un ojo a los daños.
Hay sal rociada en el piso, mi ropa está en el medio de la habitación y
todo está despejado de la barra del desayuno.
Sonrío al recordar la noche anterior.
Bueno, nadie puede decir que no soy atrevida y divertida.
Suspiro y me pongo a limpiar la carnicería.
—¿Hiciste qué? —Sara está asombrada y prácticamente sin palabras, lo
que es algo que me siento obligada a marcar en mi calendario—. ¿Te
has pasado la noche con él en tu casa?
Asiento.
—Sí. Y era Colby, no Shade. Claramente he diluido una especie de
frontera invisible. Pero lo aclaré con él. Fue un desliz temporal. Las cosas
van a volver a la normalidad.
Sara me mira dudosamente. Estamos en medio del parque de nuevo
para el almuerzo y por eso tiene que bajar la voz o asustara a los
pequeños viejitos que vienen aquí a darle de comer a los patos.
—No sé nada de eso —dice—. Creo que es una de esas situaciones
donde una vez que cruzas esa línea ya nada volverá a ser lo mismo.
Quiero decir, has tenido relaciones sexuales con Colby ahora. Antes,
sólo habías tenido sexo con Shade. Esto es muy importante, Alli. Tal vez
deberías considerar salir con él.
Me quedo mirándola.
Pero no antes de que las imágenes parpadeen a través de mi cabeza.
Yo y Colby, saliendo. Yendo al cine. Teniendo una cena. Teniendo
gente que lo confunda por mi hijo. No, gracias.
Así que se lo digo.
—La gente pensaría que es mi hijo —le digo con firmeza—. Y aunque me
gusta el arreglo que tenemos, no voy a salir con él. No va a suceder,
Sara.
Cierra bien la boca.
—Ya veremos, Señorita Bien Enrollada. Ya veremos.
—No, no lo haremos —le digo—. No esta vez. Pero hablando de ver…
Mira mi rostro y dime lo que ves.
Me inclino sobre mi club turco y meto mi cara en él. Está sorprendida
por un segundo, pero luego me mira fijamente, sus ojos fijos en los míos.
—¿Qué es exactamente lo que estoy buscando? —pregunta mientras
me examina.
—Mis patas de gallo —le respondo—. ¿Qué tan mal están? Rick el
Cretino estuvo en mi casa este fin de semana y, entre otras cosas,
mencionó que tengo horribles patas de gallo. ¿Es cierto?
Voltea mi rostro hacia adelante y atrás en la luz.
—Están ahí —anuncia—. Pero no son horribles. Rick es un idiota.
Obviamente. Tienes treinta y cinco. Vas a tener líneas de expresión. Nos
reímos mucho. Es inevitable.
Sara toma su sándwich lo muerde, indiferente.
—¿Lo es? —respondo pensativa, mirando al vacío—. ¿Alguna vez has
intentado el Botox?
Sara casi se ahoga y le golpeo en la espalda. Recuerdo brevemente el
incidente de la depilación brasileña y golpeo un poco más difícil de lo
necesario. Entonces, sonrío maliciosamente. Golpeando su pequeña
espalda delgada es sorprendentemente satisfactorio.
—¿Hablas en serio? —Ahogándose, limpiándose la boca con una
servilleta mientras empuja mi mano—. No te pondrás Botox. Sabes lo
que es eso, ¿no? Es la bacteria que causa el botulismo. Es una maldita
toxina.
—Oh, lo sé —le digo—. Y no me pongo Botox. Nosotras lo haremos.
Se ahoga otra vez.
—No. Si piensas en eso… no. —Me mira tan firmemente como puede,
mirando bajo su delgada nariz hacia mí. Su pelo corto, de punta roja
incluso parece que se ha levantado en rebelión contra mí, también.
Sonrío.
—Oh, sí —le digo—. He salido con un gigoló, tuve relaciones sexuales
con él, compré un juguete sexual y tengo una depilación brasileña.
Todo por tu requerimiento. Y tengo que admitir, esas fueron buenas
ideas. Vas a tener que admitir que a veces tengo buenas ideas
también. Estoy bastante segura de que éste es uno de esos momentos.
Está tartamudeando ahora. Absolutamente sin palabras.
Definitivamente voy a tener que marcar esto en el calendario.
—Pero… pero… el botulismo es una bacteria. ¡Inyectado en mi cara! Eso
es diferente de…
—¿Diferente de un extraño pene inyectado en mi vagina? —le
pregunto inocentemente. Sara prácticamente farfulla.
—¡No, pero te ha gustado!
—¡Por supuesto que me gusta! —Me le quedo mirando como si le
hubieran crecido dos cabezas—. Ése pene está unido a un perfecto
veinteañero cuerpo. Y estoy segura de que te gustará el Botox, también.
Tienes patas de gallo, ya sabes. Nunca he querido decir nada antes.
Pero mejor que lo sepas. A las dos nos vendría bien borrar-unos-años. Y
eso es exactamente lo que el Botox hace. Y, supuestamente, ni siquiera
duele.
—Eres el diablo —anuncia Sara mientras limpia la basura del almuerzo.
—Irrelevante —le respondo con dulzura, lanzándole de vuelta sus
palabras del otro día—. Y también eres el diablo. Es por eso que nos
queremos tanto. Voy a hacer la cita.
—No puedo hacerlo esta noche —dice bruscamente—. Tengo Spinning.
—Eso está bien —le digo con dulzura—. Estoy segura de que tienen
puestos para mañana por la noche.
Sara salió enfadada, pero no antes de mirarme un par de veces por si
acaso. Se voltea y me muestra el dedo con las dos manos cuando está
a medio camino de su coche. Ambas manos, porque habla en serio. Me
río y la anciana sentada junto a nosotros jadea. Me inclino.
—Lo siento mucho, señora.
Pero realmente no lo hago. Se siente bien lograr una victoria en Sara por
una vez en mi vida. Había tardado mucho en llegar. Es generalmente la
que tira este tipo de mierda.
Estoy de un humor fabuloso cuando vuelvo a mi oficina y le pido ayuda
a Taylor para investigar al mejor cirujano plástico en la ciudad con
Botox.
Tiene una cita para Sara y para mí en una hora.
—¿Por qué sonríes? —pregunta Alex mientras despreocupadamente
entra en mi oficina.
Me aparto de mi ordenador y le sonrió a mi nuevo jefe. De ninguna
manera le iba a decirle que me estoy riendo porque acababa de
enviarle a Sara la hora de nuestra cita para el Botox de mañana por la
noche. Prácticamente puedo oír sus gritos desde aquí y eso me da una
gran alegría. Podría ser un poco sádico y no puedo dejar que mi nuevo
jefe se entere de eso.
—Nada en particular —le digo—. Estoy de buen humor, supongo.
—¿Un lunes? —Alex levanta una espléndida ceja. Sí, incluso sus cejas son
sexy. Sonrío.
—Supongo que sí. Lo sé. Debo ser una extraterrestre o algo así.
—Creo que debes seguramente ser una extraterrestre.
Alex sonríe de vuelta y una vez más, tengo la extraña sensación de que
lo conozco. Pero una vez más, sé que no lo hago. Recordaría una cara
tan sexy. Y el cuerpo. De eso, estoy segura. Me pregunto distraídamente
cuántas horas a la semana pasa en el gimnasio.
—Conseguí determinar nuestra reunión concretamente con el
proveedor —me dice, transportando mis pensamientos de nuevo al
presente—. ¿Puedes estar lista para salir el jueves por la noche? La
reunión será el viernes por la mañana en San Diego. Vamos a hacer la
reunión y luego volar de regreso esa noche.
Miro el calendario. Sin duda puedo dejar a Sophie la noche del jueves
con Rick. Y si no, Sara lo hará.
—Por supuesto —le digo—. Eso estará bien. Estaré lista.
—Genial —responde—. Pondré a Libby para que envíe un correo
electrónico de los detalles para Taylor. Y te he traído la información de
respaldo sobre su empresa para que estés al tanto. —Me entrega el
archivo.
—Perfecto —sonrío.
Espero que se vaya, pero no lo hace. Se demora, charlando sobre cosas
pequeñas… esto y aquello. Me encuentro a mí misma observándolo. La
forma en que se mueve, la manera fácil de hablar.
Alex es definitivamente apuesto de una manera muy adulta. Refinado y
maravilloso. Obviamente está cómodo en su piel y lo lleva bien. Sus
trajes son caros y la medida, sus zapatos están perfectamente pulidos.
Su sonrisa es… bueno, embriagadora. Sé que suena cursi decirlo, pero es
verdad. Y está sonriendo hacia mí en este momento.
—Entonces, ¿qué te parece? ¿Es factible?
¿Factible? Infierno sí, es factible. Pero espera.
Uh-oh. Me preguntó por algo y no tengo ni idea de qué.
—Um, seguro —le respondo.
Por favor, Señor, no me dejes estar aceptando algo horrible, recé
silenciosamente.
Si bien, no estoy segura de que Dios sea el que se incline a ayudar ya
que no sé lo que Alex dijo debido a que había estado reflexionando
sobre lo sexy que es.
Alex sonríe, el calor se propaga a sus profundos ojos azules.
—¡Perfecto! Haré que Libby se encargue de la documentación para
pasantes y le diré a mi hijo que puede comenzar cuando volvamos de
nuestro viaje. Gracias, Alli. Te lo agradezco.
Me congelo. ¿Pasante?
Mieeeeeeerda. ¿Por qué no presté atención? No tengo tiempo para un
pasante. Pero apenas puedo decir que no ahora.
En cambio, sonrío.
—Por supuesto. No es un problema. Seguramente podemos encontrar
algo que hacer para él.
Alex se levanta de la silla y sonríe una vez más, y luego se va.
Dejo caer mi cabeza a mi escritorio.
Soy una idiota.
De mala gana levanto mi cabeza por lo que puedo enviarle un e-mail a
Taylor con la buena noticia. Ella está a cargo de otro pasante. Y no
cualquier pasante, sino del hijo de nuestro vicepresidente. Me va a
matar.
Oigo su grito cuando lo lee, así que me dirijo a mi puerta y le echo el
cerrojo para que no pueda cometer cualquier tipo de violencia física
hacia mí. Soy demasiado joven para morir.
—Voy a matarte —me dice Sara. Y por la expresión de su rostro mientras
caminamos hasta el consultorio del cirujano plástico, lo podría querer
decir. Doy un paso lejos de ella para estar en el lado seguro.
—Todo va a estar bien —le aseguro.
Aunque para ser honesta, no me siento tan confiada. Siempre he dicho
que nunca me haría una cirugía plástica de cualquier tipo. Y a pesar de
que una inyección de botulismo en el rostro no es precisamente una
cirugía, no me hace sentir exactamente mayor ternura, tampoco.
—La gente hace esto todo el tiempo —continuo, mientras nos
registramos y nos sentamos en la elegante sala de espera. Un muro de
agua fluye a nuestra izquierda y mis pies descansan sobre un suelo de
teca—. Y este tipo debe ser muy bueno. ¡Echa un vistazo a esta sala de
espera! Incluso tienen chocolate.
Avancé a la pequeña zona de café a un lado, donde hay una máquina
de moca/café/latte y canastas de barras de chocolate.
Sara rueda los ojos.
—Mmm. Está tratando de crear clientes asiduos. Quiere hacernos volver
para una liposucción.
Me río y recoger una revista. Pero no tengo que esperar mucho tiempo
para leerlo. Nos llaman y regresamos juntas, dirigidas por una enfermera
Barbie muy esbelta.
Después de tener muestras caras pinchadas con agujas largas por un
breve momento, estamos caminando de vuelta en pocos minutos.
Fue rápido, fue sin dolor, y fue para nada como la experiencia-del-
infierno que tuve con la cera brasileña. Casi no me parece justo, parece
que debería haber habido algo de dolor para pagarle de vuelta a Sara.
Me vuelvo hacia ella.
—¿Ves? Estamos bien. Y dentro de un par de días, nos vamos a ver diez
años más joven. Puedes agradecerme luego, si lo desea. No tienes que
hacerlo ahora.
Me río y me fulmina con la mirada.
Pero todo ese escenario se invierte en la mañana.
Cuando Sara se detiene en mi casa a ver mi rostro, se ríe hasta que casi
se hace pis en sus pantalones. Porque me veo como el Hombre
Elefante. O, más bien, me veo como se habría visto el Hombre Elefante si
hubiera tenido una reacción alérgica al botulismo.
Estoy lamentándome mientras Sara se ríe cuando Sophie irrumpe en mi
cuarto de baño.
Veo a mi hija estremecerse visiblemente mientras mira hacia mi rostro. Y
para ser justos, parece que mi rostro ha sido golpeado con un camión
de basura.
Mis ojos están hinchados hasta el punto en que estoy básicamente
mirando desde dos montones de masa esponjosa con ranuras en ellos.
Hay tenues sombras bajo mis ojos y no estoy segura, pero creo que hay
incluso un vaso sanguíneo roto en mi ojo izquierdo. No puedo verlo, sin
embargo, porque no puedo abrirlo lo suficiente para examinarlo.
—¡Oh, Dios mío! ¿Quién te hizo esto? —demanda Sophie, corriendo
hacia mí y dándome la vuelta—. Lo juro por Dios, si papá hizo esto, voy
a matarlo. Vamos a llamar a la policía.
La miro fijamente por un minuto con confusión, antes de darme cuenta
de que piensa que alguien me dio una paliza. Me veo tan mal que
parece que alguien golpeó mi cara.
Sara está agonizando ahora.
Sophie se le queda mirando.
—¿Cómo te puedes reír así? Creo que mi mamá necesita un médico.
Sara suelta un aullido.
—Tu mamá ya vio a un médico —jadea—. Eso es lo que pasó. Se llama
Botox, cariño. Y tu mamá insistió en que fuéramos. Y al parecer, a causa
de una pequeña cosa llamada Karma, tu madre ha tenido algún tipo
de reacción.
Sara recoge su teléfono celular mientras habla, perforando los números.
Un minuto más tarde, está hablando con el consultorio del doctor.
Asiente y está de acuerdo con alguien y luego se vuelve hacia mí.
—¿Estás teniendo problemas para respirar?
Sophie jadea y yo niego rápidamente con la cabeza.
—No.
Sara le transmite a la enfermera, y luego vuelve a asentir antes de
colgar.
—Sí. Suena como si tuvieras una reacción. Dijo que la inflamación debe
desaparecer en uno o dos días probablemente. Si tienes dificultad para
respirar o tragar, se supone que tienes que ir a la sala de emergencias.
De lo contrario, puedes utilizar los medicamentos de venta libre para los
malestares y paquetes de hielo. Estoy tan contenta que hicimos esto,
¿tú no? ¡Qué gran idea fue!
Levanta una sarcástica ceja roja hacia mí.
Y me quedo mirándola.
—No puedo ir a ninguna parte —gruño—. No con este aspecto. Luzco
como si perteneciera a un refugio para mujeres.
Sara finalmente se apiada de mí y deja de reír. De hecho, abraza mis
hombros un poco.
—Creo que esto nos ha dado una lección valiosa —dice en serio.
Asiento.
—¿Nunca tener una toxina insertada en nuestro rostro?
Asiente.
—Eso, pero también, por eso es que dejamos a mí las decisiones como
ésta. Yo soy la que tiene las ideas brillantes.
No me molesto rodando mis ojos, porque nadie sería capaz de hacerlo
de todos modos. En su lugar, pisoteo hacia mi cama y me dejo caer en
ella, cubriendo mi cabeza.
Sophie me trae una bolsa de hielo cuando se va a la escuela porque es
evidente que es un ángel.
Obtiene ese rasgo de su madre. Le doy las gracias y le doy 20 dólares
para el almuerzo. Presiono el hielo en mi pobre rostro y cojo el mando a
distancia. Si voy a estar en la cama, voy a aprovecharlo al máximo y ver
el canal Lifetime durante todo el día.
Y eso es exactamente lo que hago. Es decir, hasta que mi celular suena
a las 4:00 pm. Puedo ver el ID que es de la oficina, así que tengo que
responder.
Es Taylor.
—Hey, jefa —me saluda alegremente—. ¿Te sientes mejor?
Había llamado esta mañana y dije que tenía la gripe. Obviamente, no
había manera de que pudiera decir la verdad.
—Un poco —le respondo con sinceridad—. Con suerte, estaré de vuelta
en la mañana.
—Buena cosa —responde—. Hey, estoy llamando porque Alex se
acercó y me pidió el archivo que te dio ayer, el que tiene la información
básica sobre la empresa que vas a ver esta semana. Le dije que lo
tienes en tu maletín. Es así, ¿no?
Asiento, y luego recuerdo que no me puede ver.
—Sí, lo tengo en mi bolso. Voy a dárselo mañana.
—Bueno, ésa es la cosa. —Y me congelo por su tono vacilante. Taylor
nunca, nunca vacila.
Es parte de su encanto.
—¿Cuál es la cosa? —le pregunto nerviosamente.
—Lo necesita hoy porque está armando una especie de informe o
resumen o algo para la reunión. Tenía que salir temprano para una cita
y quería tu dirección así podría pasar por allí y recogerlo después. Yo se
la di, me figuré que no te importaría.
Quiero suicidarme. En serio. Claramente, el suicidio es la única manera
de salir de esto.
—¿Cuándo se fue, lo sabes? —Estoy sorprendida de ser capaz de hacer
esto con calma. Puedo ver un vago reflejo de mí misma en la pantalla
del televisor y no es bonito.
—Se fue hace una hora. Supongo que debería estar allí en cualquier
momento.
Aprieto los dientes y respiro. Una respiración muy rápida, ya que no
tengo mucho tiempo.
—Taylor, necesito que agregues algo a mi calendario para mañana por
la mañana.
—Está bien, lo tengo en pantalla. Estoy lista —dice—. ¿Qué es?
—Anota, “Matar a Taylor” en una hora como margen de tiempo a las
9:00 a.m. Quiero tener un montón de tiempo.
Luego cuelgo para dar énfasis.
Me disculparé mañana. Por ahora, tengo que averiguar qué hacer.
Considero brevemente ponerme un velo musulmán, para luego
descartar la idea porque no tengo uno a mano.
Mientras vuelo por la sala, en el mismo borde de la histeria, me acuerdo
de la máscara de gel refrescante que viene en un kit de spa que Sophie
me dio para Navidad. Está en el congelador justo ahora,
probablemente enterrado bajo treinta y cuatro bolsas de guisantes
congelados. Nunca lo he usado. Y no hago guisantes congelados,
tampoco.
Doy una carrera a la nevera.
Voy a lucir ridícula, pero es mejor que verme como el Hombre Elefante.
Mientras excavo por todos los alimentos congelados en mi congelador,
estoy empezando a entrar en pánico porque no lo encuentro justo
cuando escucho el golpe de una puerta de coche al cerrarse en mi
camino de entrada.
Mieeeeeeerda.
Y luego, un milagro. Encuentro la máscara enterrada en la parte
posterior.
—Gracias, Dios —susurro.
Mi corazón retumba en mi pecho mientras me deslizo la máscara sobre
la cabeza y la coloco sobre mi cara. Ni siquiera tuve tiempo de mirarme
al espejo. Sólo puedo rezar para que se esconda mi fealdad.
Suena el timbre y enderezo mi camisón, echo mis hombros hacia atrás.
La única manera de llevar esto adelante es tener confianza.
Y actuar con normalidad. Todo el mundo responde a la puerta en
pijama y una máscara de spa, ¿verdad?
Avanzo hacia la puerta.
Sé que me veo ridícula, pero no me importa. Y, además, no se puede
evitar, de todos modos.
Tiro de la puerta para abrirla.
Y Alex se estremece de la misma forma que lo hizo Sophie.
En serio me quiero morir.
Traducido SOS por Shadowy
Corregido por Curitiba
Alex
—Santa mierda —digo, antes de que pueda evitarlo.
Estoy mirando a Allison y se ve como si algo se hubiera estrellado contra
ella. Contra su cara, específicamente. También parece que estuviera
asistiendo a una extraña especie de baile de máscaras como una
despeinada y maltratada ama de casa. Lleva una camisa de dormir,
pies descalzos, cabello desordenado y una especie de máscara de
hielo. Si yo no estuviera instantáneamente preocupado sobre su
bienestar, me reiría.
—¿Fuiste atacada? —pregunto mientras doy un paso adentro. Alli se ve
como si quisiera golpearme o acurrucarse en un rincón. No puedo decir
cuál.
Ella niega con la cabeza.
—No. —Y luego suspira.
—¿Estás bien? —pregunto, examinándola de nuevo. Tiene moretones a
lo largo de sus pómulos—. ¿Alguien te hizo daño?
Se ruboriza, o al menos, creo que se ruboriza. Es difícil decirlo desde
detrás de la máscara.
Este es un lado de Alli que no he visto todavía. Por lo general, ella es
feroz y fuerte, una verdadera dínamo. Para ser honesto, cuando la
conocí, estaba un poco intimidado. Y es hermosa, lo que la hace una
fuerza a tener en cuenta.
Y ahora, estoy viendo que nada más parece estar mal con ella. No hay
otras marcas en ella más que en su cara.
Y está negando con la cabeza.
—No, nadie me hizo daño. A excepción de un médico. Pero yo le
pagué porque soy una idiota.
Levanto una ceja, porque ahora confundido.
—¿Qué?
Ella vuelve a suspirar y se ve avergonzada. O parece estarlo, desde
detrás de su máscara de hielo. Me quedo mirándola, esperando a que
se explique.
Levanta un hombro delgado, encogiéndose de hombros.
—Puse Botox. Y luego tuve una mala reacción a él.
No puedo evitarlo. Me río.
E incluso la indignada y avergonzada expresión en el rostro
normalmente hermoso de Alli no me contiene de reírme más y más
fuerte. Literalmente tengo lágrimas cayendo por mis mejillas antes de ser
capaz por fin de controlarme.
—Me alegro de que pueda divertirte —dice Alli. Por lo que puedo decir,
sus pómulos están ruborizándose aún más ahora. Sus muy hinchados
pómulos.
Me trago lo que queda de mi diversión.
—¿Te duele? —pregunto. Ella niega con la cabeza.
—No. Sólo me veo como el infierno. ¿No quieres entrar? —Hace un
gesto con su brazo y yo doy un paso más dentro de su casa.
Su casa es hermosa, exactamente como yo esperaba. Muebles caros,
arte de buen gusto, mucha luz natural y comodidades modernas. Ella
me lleva a la cocina, donde busca en su bolso.
—Tú no necesitabas Botox —lo digo a su columna rígida. Claramente la
puse a la defensiva por reírme y no te tenía la intención—. Te ves genial.
Lo siento por reírme. Me estaba riendo porque la idea de que hicieras
eso cuando ya te ves genial simplemente me sorprendió.
Y su columna se relaja.
A veces, supongo que puedo retirarlo y decir algo con tacto. He
aprendido algo en cuarenta años, al parecer.
Ella se da vuelta, con una pequeña sonrisa en sus labios.
—Gracias —dice con gracia, entregándome el archivo—. Y no te culpo
por reírte. Mi mejor amiga también se rió.
—Linda mejor amiga —respondo. Alli sonríe otra vez.
—Bueno, para ser justa, yo la convencí en hacérselo conmigo y por eso
ella pensó que era apropiado. El karma y todo eso. Pero ella me ha
convencido en cientos de cosas diferentes… todas ellas peores que
esto, te lo puedo asegurar.
Me quedo mirándola.
—¿Peor que el Botox? —Dudo.
Ella asiente.
—Oh, sí. Mucho peor. Pero son un poco inapropiadas para discutirlas
con mi jefe.
Y ahora estoy intrigado. Pero obviamente, no puedo preguntar. Ella ya
está parada frente a mí en una camisa de dormir. Hablar de cosas
inapropiadas al mismo tiempo estaría sobre la línea, probablemente.
Particularmente ya que estoy atraído por ella. Me había admitido eso la
primera vez que nos conocimos. Después de que superé el ser
intimidado, claro. Hey, ella es una preciosa e inteligente mujer y yo soy
un hombre de sangre roja. Es simplemente normal.
Doy un paso hacia ella.
—¿Qué te dijeron que hicieras para ello? ¿Cuándo crees que bajará la
hinchazón?
—Estoy tomando ibuprofeno y usando un paquete de hielo —dice,
tirando de la máscara hacia abajo un poco. Pienso en eso.
—¿No deberías estar usando una crema antihistamínica? Mi hermana
tiene ronchas a veces y usa una crema para bajar la hinchazón. ¿Tienes
alguna?
—¡Ooh, esa es una gran idea! —exclama Alli, dándose vuelta de
inmediato—. Mantengo un poco a mano para mi hija, Sophie. ¡Ella en
realidad tiene ronchas a veces, también! ¡Gracias por recordármelo! —
grita por encima de su hombro mientras se dirige por un pasillo—. Ya
vuelvo.
—¡Tomate tu tiempo! —respondo.
Me siento en un taburete de la barra de desayuno y espero, mirando
alrededor mientras lo hago. Electrodomésticos de acero inoxidable,
encimeras de granito, un ambiente impecable. No estoy seguro de si
ella realmente usa su cocina, pero seguro que es linda. Un plato de
limones y limas frescas se sienta a mi lado. Entre el arte diverso colgando
en la pared, hay una foto de una adolescente sonriente. Ojos color
avellana, sonrisa preciosa, cabello oscuro. La chica se ve igual a Alli,
tiene que ser su hija.
Mientras estoy mirándola, mi teléfono suena.
Lo miro. El número de mi hijo se muestra en la pantalla.
Suspiro y contesto.
—Hey, Colby.
—Hola, papá —responde mi hijo con frialdad—. Recibí tu mensaje.
Realmente no quiero hacer una pasantía en tu nuevo trabajo. Te he
dicho esto cientos de veces antes.
—¿En serio? —respondo, con toda la paciencia que puedo—. ¿Qué
más vas a hacer? Tienes un título universitario. Tienes que resolver las
cosas y decidir lo que vas a hacer. Tienes veintitrés años.
—Como lo has dicho… muchas veces antes —responde Colby. Yo lucho
realmente fuerte para contener una réplica sarcástica. Mi hijo es
testarudo, un rasgo que podría haber obtenido de mí. O definitivamente
lo obtuvo, de acuerdo con mi ex-esposa.
—Mira, puedes comenzar el lunes. La paga es decente y pondrás tu pie
en la puerta de una empresa muy buena para la cual trabajar. Eres una
persona creativa y creo que verás que el marketing es una gran opción
para tu mente imaginativa. Ven a la sede de Zellers el lunes y pregunta
por Allison Lancaster en la recepción. Ella es la directora ejecutiva a
cargo de marketing. Ella me informa y creo que te gustará.
Colby está en silencio por un segundo antes de responder.
—Allison Lancaster, ¿eh? Está bien. Preguntaré por ella el lunes y le daré
una oportunidad. Tú obviamente sientes fuertemente sobre ello.
Estoy aturdido pero trato con fuerza de no mostrarlo.
—¡Excelente! Me alegro de que hayas cambiado de opinión. Estoy
seguro de que ésta es la decisión correcta, Colby.
—Bueno, ya veremos —responde.
Colgamos y yo exhalo lentamente.
Mi hijo ciertamente está lleno de sorpresas.
Al igual que mi nueva directora ejecutiva. Me giro en mi asiento,
esperando a que vuelva a salir del pasillo. Mi hijo es tan terco y
testarudo como yo puedo ser. Espero que Alli pueda manejarlo.
Traducido por Shadowy
Corregido por Elena Ashb
Colby
¡Santa mierda!
Cuelgo mi teléfono y me siento en silencio aturdido en mi dormitorio.
Allison Lancaster trabaja para mi padre. Y estaré trabajando para ella el
lunes. De carácter no-sexual, quiero decir. Se va a morir. Ella se va
malditamente a morir. Puedo prácticamente ver la expresión en su
rostro ahora mismo.
Echo un vistazo a mi teléfono. Debería llamarla y darle un aviso. Pero
entonces dudo.
Una diabólica idea viene a mi mente y no puedo evitar sonreír. Allison es
adorable cuando está avergonzada. Recuerdo la mirada en su rostro
en el restaurante cuando estaba tratando de no tener un orgasmo
delante del camarero. Y entonces la entrepierna de mis pantalones se
encoge dos tallas ante el recuerdo de lo que siguió después de eso…
en el baño del restaurante.
Así que en su lugar, cojo mi teléfono y le envío un mensaje de texto.
¿Por qué no haces una cita conmigo el sábado? Necesito mi dosis
de Alli Cat.
Dejo mi teléfono.
No voy a decirle. La sorprenderé cuando me presente el lunes. La
mirada en su rostro valdrá la pena.
Traducido por Malu_12
Corregido por Evey!
Alli
Termino de untarme crema antihistamínica mientras me miro en el
espejo del baño cuando mi teléfono vibra con un mensaje texto. Me
limpio las manos y lo recojo.
Shade.
¿Por qué no tienes una cita conmigo el sábado? Necesito mi dosis
de Alli Cat.
No puedo evitar sonreír.
Estoy muy contenta de haberle dejado las cosas en claro y de haberme
asegurado de que él supiera que nunca podría salir con él. Pero eso no
quiere decir que alguna vez deje de usar sus servicios.
Y entonces me siento ultra-traviesa por pensar eso, teniendo en cuenta
que mi nuevo jefe me está esperando en mi cocina. Mi ultra-sexy-y-con-
el-que-podría-hasta-tener-un-flechazo nuevo jefe. El único.
Le respondo a Shade: Lo pensaré.
Pero sé que lo haré. Llegaré a casa desde San Diego el viernes por la
noche, así que probablemente pueda hacerlo esa misma noche. O
puedo jugar seguro y hacer la cita para el sábado.
Ya veremos.
Aplico un poco de corrector debajo de mis mejillas y luego recojo mi
frasco de polvo bronceador. Aplico un poco con el pincel y entonces
me examino en el espejo. La hinchazón está todavía allí, pero al menos
los moretones están ocultos. Sin embargo, todavía parece como si
hubiera pasado cinco rondas en el ring de boxeo con un boxeador.
Me miro otra vez.
Más bien diez rounds.
En ese momento, oigo a Alex llamándome.
—¿Puedo tomar un trago de tu refrigerador?
Empiezo a contestar, pero me doy cuenta de que no sería capaz de
escucharme. Camino de vuelta a la cocina y trato de ignorar el hecho
de que puede ver mi cara de Hombre Elefante más claramente ahora
que la mascarilla se ha ido.
—Por supuesto —le digo, caminando a la nevera—. ¿Qué te gustaría?
Alex se desliza del taburete y gira de la barra de desayuno, llegando
rápidamente a mi lado.
—No tienes que buscarlo —me dice, cogiendo el asa de la nevera al
mismo tiempo que yo—. Puedo hacerlo.
Y de alguna manera, y nunca sabré exactamente cómo, el frasco de
polvo bronceador se escapa de mi otra mano y explota en una nube
de polvo marrón color óxido en la entrepierna del pantalón muy caro
de Alex.
En la entrepierna.
Lo miro con horror y empiezo a tartamudear.
—Yo... yo... ¡lo siento! Oh, Dios mío… deberíamos... —Él lo sacude y yo
agarro su brazo—. No, no hagas eso. Vas a hacer que se adhiera.
Deberíamos... ¡te lo succionaré!
Empiezo a correr hacia el armario de limpieza y cuando me doy cuenta
de lo que acabo de decir, quiero morir.
Y entonces me congelo.
¿¿¿Te lo succionaré???
Me giro lentamente y me encuentro con su divertida mirada cobalto.
—Quiero decir, con la aspiradora. Te lo succionaré con la manguera de
la aspiradora.
Alex sonríe, una sonrisa pícara que ilumina su cara sexy-como-el-infierno.
—Está claro —responde—. ¿Qué más podrías haber querido decir?
Y quiero volver a morir.
Mis mejillas son de color rojo brillante mientras saco de un tirón la
aspiradora del armario, la conecto y luego se la acerco. Él sonríe y
extiende la mano.
—Creo que probablemente debería hacer yo esa parte —sugiere—. No
es que no me fíe de ti, pero...
Y quiero a morir por tercera vez.
Le doy la manguera con dedos flojos y después le enciendo la
aspiradora, mirándolo pasarla por su entrepierna. Esta podría ser la
situación más difícil en la historia de mi vida. En serio. O tal vez incluso en
la vida de cualquiera o de todas las vidas puestas juntas.
Cuando ha terminado, todavía se pueden ver rastros débiles del
bronceador en los pantalones grises. Suspiro.
—Pagaré porque te los limpien, obviamente —le digo—. Y si se tiñen, te
compraré uno nuevo.
Alex agita su mano.
—No te preocupes —me dice muy naturalmente—. En serio. Me
presenté aquí en tu día de enfermedad sin previo aviso. Me lo merecía.
Se ríe y no puedo dejar de reír con él.
Que día.
—Parece que el suelo está en contra de que tengamos una relación
normal, ¿no? —Alex se ríe. Y en la palabra relación, tomo un aliento.
¿Acaso sabe que he estado pensando en él en una manera no muy de
jefe? Trago.
—Lo sé, es culpa mía —le digo con incertidumbre—. Lo siento mucho. Te
lo prometo, por lo general soy muy profesional.
Alex sacude su cabeza.
—No te cambiaría ni un poco —anuncia.
Es tan hermoso con el sol de la tarde brillando en él a través de la
ventana. Trato de no notarlo.
—Haces que ir al trabajo sea interesante —añade.
—Me alegro de poder ser de ayuda —murmuro—. ¿Te gustaría
realmente un trago o debería buscar otra cosa que tirarte?
Se ríe.
—Ya sabes, por muy tentador que parezca, probablemente debería
irme. Quiero leer este archivo esta noche y hacer algunas notas. Pero
ten una buena noche, te veré mañana. Espero que la hinchazón
disminuya. Honestamente, se ve mejor ya. ¡Esa crema debe haber
ayudado!
Toco mis mejillas con cautela. Tiene razón. La piel está mucho menos
hinchada que hace un rato.
—Tienes razón, gracias por la idea. Yo no la hubiera tenido. Tal vez
deberías haber sido doctor.
—Ah, pero entonces habría tenido que ver mujeres desnudas todo el día
en el trabajo; ya sabes, sin su ropa interior y esas cosas. ¡Oh, espera! ¡Eso
me pasa ahora! —Se ríe cuando ve mi cara. La cual, obviamente,
estalla en llamas—. Estoy bromeando —me dice—. No debería
resultarme tan divertido, pero no puedo evitarlo. Espero que no te
resulte inapropiado. Tienes que admitir que toda esta situación es muy
graciosa.
Asiento tristemente.
—Lo sé. Lo es —reconozco—. Últimamente, con cada maniobra
estúpida que hago, siento como si estuviera teniendo una experiencia
de fuera del cuerpo. Como si estuviera viendo a alguien más hacer
todas las tonterías que sigo haciendo.
Alex sólo se ríe.
—No te preocupes por eso. Tuve un período después de mi divorcio en
el que también me puse un poco loco. Pasará y las cosas volverán a la
normalidad.
Asiento porque sé que tiene razón, pero el problema es que no sé ni lo
que es la normalidad. Creo que tendré que encontrar una nueva
normalidad.
Lo acompaño hasta la puerta, le doy las gracias por haber venido a
buscar el archivo y le pido disculpas una vez más por haber arruinado su
entrepierna.
—De los pantalones —agrego, tartamudeando.
Él sonríe.
—Fue bueno verte, Alli —dice sonriendo—. En serio.
Y se va.
Y tan sólo he llegado al pasillo cuando está de vuelta, sonriendo
tímidamente mientras asoma la cabeza por la puerta.
—Um, mi coche no arranca —dice con una sacudida de cabeza—.
Llamaré una grúa. Entonces, ¿te importa si espero aquí contigo?
Lo miro.
—¿Tu coche no arranca? ¿Qué es lo que conduces?
Camino a la ventana y miro hacia fuera para ver a un reluciente BMW
negro. Sin dudas es completamente nuevo.
—Hmm. Bueno, incluso las mejores cosas se rompen —digo mientras me
doy la vuelta—. Por supuesto que puedes esperar aquí. ¿Te gustaría
beber algo ahora?
Alex asiente.
—Eso sería genial.
Encuentra una empresa de grúas en su teléfono y los llama mientras yo
le sirvo una copa de vino. Y luego una para mí. Le hago una seña de
que volveré en un momento y me dirijo a mi habitación para vestirme.
Tengo que forzarme a no ponerme algo sexy.
Estoy sorprendida por esa inclinación.
¿Quiero verme sexy para mi jefe?
Es que mi jefe es sexy-como-la-mierda, me recuerdo.
Así que por supuesto que también quiero lucir sexy.
En lugar de eso, me pongo un par de pantalones de yoga y una
camiseta. Es cómoda y con cuello en V, pero aun así es una camiseta. Y
los pantalones de yoga hacen que mi culo se vea bien, pero siguen
siendo pantalones de yoga. Me echo un vistazo en el espejo. Mi cara se
ve un poco mejor, pero todavía no está fenomenal. Al menos se ha ido
el aspecto de hombre elefante. Definitivamente no me quedaba.
Cuando vuelvo a la cocina, Alex ya terminó con el teléfono.
—Te ves mejor —anuncia, luciendo en todos los efectos como un
modelo de GQ mientras se aparta de las ventanas y me sonríe.
—Bueno, vestirse le hace eso a una persona —respondo. Cuando sonrío,
mi cara ya no se siente tirante por la hinchazón. Eso tiene que ser una
buena cosa—. Está bien —digo, mientras miro alrededor de mi cocina—.
Lo único que tengo para comer es chocolate, palomitas de maíz y un
montón de verduras congeladas. Pero tengo hambre. ¿Quieres llamar
por comida china mientras esperamos a la grúa? Los tengo en
marcación rápida.
Alex se ríe.
—Había pensado que la cocina estaba demasiado limpia como para
ser realmente utilizada. Me encantaría comer comida china. Sé que son
sólo las 17:00, pero me salteé el almuerzo de hoy porque tuve que salir
temprano.
Me encojo de hombros mientras agarro el teléfono.
—No soy muy buena cocinera —le digo con sinceridad—. Pero puedo
hornear una pizza congelada con el mejor de ellos. Y soy excelente en
marcar el teléfono.
Se ríe de nuevo mientras pido nuestra cena. Entonces nos sirvo otras dos
copas de vino y nos instalamos en el patio a esperar.
—Así que, ¿por qué decidiste venir a Zellers? —le pregunto, iniciando
una pequeña charla cortés. Estoy deliberadamente ignorando la forma
en que su estómago plano marca su tabla de lavar. Las únicas
ondulaciones en él son sus músculos. Y prácticamente puedo ver a
través de su camisa a la medida. Siento al bochorno aproximarse con
el mero pensamiento, así que mantengo mis ojos fijos en los de él.
Él tamborilea sus dedos sobre la mesa del patio y me mira. Son largos y
delgados, pero muy viriles al mismo tiempo. Tiene manos sexis. Suspiro.
¿Por qué no lo serían? Están unidas a un cuerpo sexy.
¡Enfócate, imbécil!, me reprendo. Y fijo mis ojos en los suyos de nuevo.
Lo que por supuesto no ayuda porque tiene ojos magníficos.
Pero yo mantengo los míos centrados en ellos e ignoro la forma en que
sus labios se mueven mientras habla.
—Bueno, uno de mis mejores amigos es un reclutador. Y cuando vio esta
posición, pensó que sería perfecta para mí. Él sabía que yo había
estado esperando por hacer un cambio. Realmente quería un total y
completo nuevo comienzo.
Lo miro.
—¿Eres de aquí?
—Sí —contesta Alex mientras toma la copa de vino—. Pero después de
mi divorcio, me movía por la ciudad y como que cambió mi vida en
todos los sentidos. He empezado algunos pasatiempos, hice algunos
cambios saludables... cosas así. A veces, cuando estás casado, te
olvidas de crecer como persona porque estás muy concentrado en ser
parte de una unidad.
—¿Hace cuánto tiempo estás divorciado? —le pregunto con curiosidad.
Por alguna razón, tenía en mi cabeza que desde hacía un buen rato.
—Dieciocho meses —dice—. Y estoy mucho mejor por eso.
También tomo mi vino. Dios, me encanta el vino.
—¿Qué pasó? ¿Por qué el divorcio?
—Nos fuimos distanciando —se encoge de hombros—. Pensé que
estábamos bien y, por lo visto, mi esposa estaba bien... pero con su
profesor de tenis. Así que... nos divorciamos. No soy uno de esos locos a
los que les gusta compartir a su esposa —sonríe irónicamente y quiero
darle un abrazo de repente.
Ciertamente sé lo que se siente ser engañado. Pero, ¿quién en su sano
juicio podría engañar a Alex Harris? Santo cielo, qué tipa tonta debe ser
su ex.
—Mi ex también me engañó —le digo—. Y fue duro. Quiero decir, te
hace volver a examinar todo lo relacionado con tu vida. Pero también
estoy mejor gracias a eso.
Él me mira con una expresión de shock total.
—¿Quién en su sano juicio podría engañarte? —pregunta con
franqueza.
—¡Eso es exactamente lo que yo estaba pensando sobre ti! —admito—.
Creo que nuestros ex estaban locos. Así que, esto es por los locos. —
Choco mi copa contra la suya.
Él sonríe.
—Bueno, la locura también tiene algunos beneficios —dice—. Si no
hubieran perdido la cabeza, todavía estaríamos unidos a ellos, ¿no?
Sí, pienso. Y yo no estaría sentada aquí contigo, casi babeando.
Está bien. Tengo que poner fin a este tipo de pensamientos. Él es mi jefe.
No puedo involucrarme con él. Pero pareciera que no puedo
convencer a mi cerebro de dejar de pensar en él.
Así que hago lo único que puedo imaginar para detener la locura... la
única cosa que podría calmar la insaciable necesidad que tengo de
actuar como una idiota a su alrededor.
Admito mi enamoramiento con él.
Sí, probablemente estoy loca. Pero eso lo he sabido desde hace un
tiempo.
—Así que también me estoy mejorando a mí misma —le digo, llenando
nuestras copas de vino una vez más—. Y una de las cosas que estoy
haciendo es ser completamente honesta acerca de todo en mi vida. Se
necesita mucha energía para jugar y la vida es demasiado corta. Por lo
tanto, estoy luchando contra algo aquí y tan solo quiero que lo sepas.
Porque a lo mejor podría ayudar.
Alex me mira con preocupación.
—Te ayudaré en todo lo que pueda, Alli.
—Está bien, que me mires con tanta dulzura no está ayudando —
anuncio. Ya que estamos en mi patio y en la tercera copa de vino, es
fácil perder de vista el hecho de que él es mi jefe.
—No entiendo —me dice Alex con incertidumbre—. ¿Te he ofendido?
Pensé que habías dicho que no te ofendías con facilidad.
—No, por supuesto que no —le digo, aspirando una bocanada de
aire—. No estoy ofendida. Me siento atraída por ti. Supongo que es por
eso que estoy actuando como una idiota incompetente. Me intimidas y
me siento atraída por ti. Y no estoy de acuerdo con las relaciones en el
lugar de trabajo ya que hace las cosas demasiado embarazosas, así
que como que estoy perdida.
Ahora él me mira en silencio. Y se ve un poco en shock, por lo que me
apresuro a pedir disculpas.
—Está bien, lo siento. Crucé la línea, ¿no? —pregunto con ansiedad, mi
corazón comienza a aporrear. Lo último que necesito es que me
despidan por comportamiento inapropiado. ¿Puede esto ser
considerado inapropiado aunque sea en mi propia casa? Mis
pensamientos corren y mis mejillas arden.
Y entonces Alex sonríe.
—En realidad es un alivio. Porque también me siento atraído por ti. Y
también me intimidas. Y estoy de acuerdo con no salir en el lugar de
trabajo.
Esto no es lo que esperaba. Lo miro fijamente, perdida como para saber
qué decir.
—Y es refrescante hablar con una mujer que es tan honesta. Aunque
creo que me intimida aún más.
Alex vuelve a sonreír, y lo juro por Dios, ¡sus dientes son tan blancos! ¿Eso
es natural? Todavía estoy atónita y Alex me incita.
—¿No vas a decir nada?
—Necesito más vino —tartamudeo, agarrando mi vaso. Tomo un sorbo.
Y lo miro nuevamente—. ¿Te sientes intimidado por mí? ¿Por qué?
Se encoge de hombros, todo guapo, elegante y refinado.
—No lo sé. Sólo lo estoy. Aunque lo he superado un poco ahora. Creo
que fue la cosa de aspirar mi entrepierna delante de ti.
Me sonrojo de nuevo.
¿Cómo puede una mujer lograr ser cien clases diferente de idiota?
—No sé cómo sucedió —le digo de nuevo—. Realmente no lo sé. Como
dije, me convierto en una idiota incompetente a tu alrededor. Me siento
como una maldita adolescente.
Se inclina hacia mí con complicidad.
—Yo también lo hago —admite—. Pero trabajamos juntos. Y somos
adultos. Podemos manejar la situación, ¿no?
Asiento de forma automática.
—Por supuesto. Sólo pensé que era justo decirte por qué parezco estar
actuando tan extrañamente. Se siente como bien tomar al toro por las
bolas y simplemente hacerle frente a una situación, en lugar de darle
vueltas como el coño.
Alex suspira.
—No ayudas cuando utilizas las expresiones “bolas” y “coño” en la
misma frase, Alli. —Él se ríe ahora y tengo que reír también.
—Esta es la conversación más extraña que he tenido con un jefe —le
digo—. Pero claro, nunca he tenido un flechazo con un jefe antes, así
que este es terreno nuevo. Siento un poco como si estuviera tomando el
té con el Sombrerero Loco en este momento.
—Bueno, yo podría ser el Sombrerero Loco, pero al menos llevo ropa
interior —dice Alex inexpresivo.
—¡Yo sí llevo ropa interior! —anuncio—. Usualmente, llevo ropa interior.
No la llevé ese día en particular por una razón muy particular en la que
no quiero entrar en este momento. Y creo que deberíamos cambiar de
tema antes de que me queme.
Alex sonríe.
—De acuerdo. Bueno... ¿qué hay de los niños? Vi una foto de tu hija. Es
hermosa y luce como si fuera tu hermana. ¿Es tu única hija?
Asiento.
—Sí. Sophie. Tiene quince años y es mi única hija. Es una gran chica.
Seguramente estará llegando a casa del entrenamiento de animadoras
en cualquier momento. Ahora, en realidad. ¿Y tú?
—Yo también tengo sólo uno. Un hijo. Tiene veintitrés años y, al parecer,
sigue calculando su vida, pero también es un gran chico. Va a
conseguirlo algún día, estoy seguro.
Y entonces suena el timbre. Puedo oírlo a través de la pantalla de mis
puertas.
—¡La cena está servida! —anuncio con una sonrisa. Tomamos nuestras
copas y regresamos a la casa. Comemos nuestra comida acurrucados
en la sala de estar mientras tenemos otra pequeña charla más. Y,
sinceramente, por una vez, creo que hice algo bien. Decirle a Alex de
mi enamoramiento con él pareció sacarle algo de poder. Ya casi no
estoy tan intimidada.
Alex es interesante y atractivo. Y cuando la grúa llega y él tiene que irse,
me encuentro decepcionada por eso. Y eso es alarmante.
Lo que me lleva a otro hecho que es alarmante.
Tengo un enamoramiento muy claro con mi jefe.
Traducido por Clarksx
Corregido por bibliotecaria70
Desde que Rick el cretino no pudo encontrar un hueco en su agenda
para tener a Sophie por una noche extra, hice arreglos para que Sara
pasara la noche en nuestra casa con ella. Estoy bastante cómoda con
eso, o por lo menos, después dispondré que Sara no pueda hacer de
ninguna manera algo salvaje con mi hija.
Mi mejor amiga lo prometió solemnemente.
Así que salí para el aeropuerto sintiéndome un poco a gusto con la
situación. También tengo una cita programada con Shade para
mañana por la noche. Me imagino una cita caliente, sexy con un
hombre joven sexy y caliente me ayudará a llevar a mi mente el hecho
de que tengo un enamoramiento con Alex. Shade podía llevar la mente
de una mujer moribunda fuera de la suerte de su propia alma. De esa
manera me distraigo.
Aparco mi coche y entro en la terminal... aquel en el que vuelan los
aviones privados. Zellers tiene su propia flota de jets privados. Como yo
no soy uno de los vicepresidentes de la compañía, sólo puedo usarlos
cuando estoy de viaje con uno de los vicepresidentes. Pero aun así es
agradable.
Alex ya está aquí, esperándome. Se ve impresionante y hermoso en sus
pantalones casuales y su blanca camisa abotonada. Sara estaba sin
duda en lo correcto. Las camisas blancas abotonadas pueden ser
calientes como el infierno, después de todo, sobre todo cuando se
extendía por su pecho tonificado.
Y como si un aspecto tan bueno no fuera suficiente regalo para mí tan
temprano en la mañana, él me da una taza de café gourmet. ¿Está
tratando de hacerme caer enamorada de él? Caray.
—Gracias —le dije, sorbiendo el néctar de los Dioses—. No tenía tiempo
para detenerme en el camino.
—Supuse que no lo harías —me dice—. ¿Estás lista?
Asiento.
—Lo estoy. Me quedé despierta anoche y revisé el correo electrónico
que me enviaste. Todo parece estar en orden.
—Lo está. —Está de acuerdo—. Esto debería ir sin problemas. Creo que
este proyecto va a funcionar y van a colocar nuestros nombres en las
salas de conferencias cuando estemos de vuelta. —Él me sonríe de
nuevo, tanto en su arrogancia y en el pensamiento de mi nombre en
una placa lujosa fuera de una sala de conferencias en Zellers.
Lo sigo por las escaleras hasta entrar en el avión, donde estamos
rodeados de la clase de lujo que por lo general sólo los altos ejecutivos
gozan. Sofás de cuero de peluche, mantas suaves, asistentes de vuelo
privadas. Decido que necesito una promoción para que pueda volar
como esto incluso cuando no estoy acompañada por Alex. Vice
presidente es sólo un escalón por encima de mi título director ejecutivo
actual, después de todo.
El vuelo fue de sólo treinta minutos de duración, por lo que en realidad
ni siquiera tuvimos tiempo para instalarnos y sentirnos cómodos antes de
que nos tocara bajarnos en San Diego. Hay un coche esperando por
nosotros, un elegante y negro coche de ciudad, que nos lleva a nuestro
hotel.
—Pensé que podríamos encontrarnos en mi habitación para repasar
algunas cosas y entonces podríamos ir a cenar —sugiere Alex mientras
el coche se desliza a una parada y el conductor abre la puerta.
—Claro —le digo, a pesar de estar encerrado con Alex en su habitación
envió palpitaciones a mi corazón—. Déjame poner mi maleta en mi
habitación primero.
Nos registramos y me dirijo a mi habitación. El hotel es increíble y mi
habitación tiene una magnífica vista al océano. Mandé un rápido
correo electrónico desde el teléfono a Taylor para darle las gracias. Ella
realmente cuida de mí y sé que está tratando de compensarme por
haber enviado a Alex a mi casa ayer.
Me vino un pensamiento y toco mi rostro. La hinchazón ha bajado una
cantidad notable. En serio, apenas se puede ver ahora. Mis ojos
parecen que están un poco hinchados por la falta de sueño, no como
alguien que le golpearon con un bate de beisbol los pómulos. Es el
progreso y lo prefiero así.
Dejo caer mi maleta y me miro en el espejo del baño.
Me veo bastante bien, en realidad, considerando todas las cosas. Me
paso un cepillo por el cabello y algún brillo para los labios y luego me
dirigí a la habitación de Alex, que está al final del pasillo.
Él abre la puerta y tengo que aspirar por aire. Aflojó el cuello de su
camisa, que le hace parecer aún más sexy. El cielo me ayude.
—Hey —me saluda—. ¿Y qué tal la vista?
—Lo sé —le respondo mientras paso hacia el interior—. Si tan sólo las
Vegas tuviera un océano, ¿no?
—Bueno, tenemos un desierto. Eso es casi tan bueno, ¿no? —Me esboza
una sonrisa. Una blanca, una sonrisa blanca. Mi resolución se vuelve de
acero—. ¿Puedo ofrecerte algo de beber?
—El agua sería genial —le digo mientras tomo asiento en la mesa. Él ya
está recogiendo papeles esparcidos por todas partes, a pesar de que
sólo hemos estado aquí durante quince minutos. Me entrega la botella y
luego se sienta a mi lado.
Huele a aire libre... como el sol y a hombre. Y me encuentro con ganas
de saltar sobre su regazo e inhalarlo. ¿Lo cuál sería raro? Así que me
resisto a la tentación y, en cambio, me centro en el papeleo en frente
de nosotros. Nos mantiene ocupados durante dos horas, en realidad.
Y me parece que una vez que empezamos a hablar de negocios, soy
capaz de sintonizar de alguna manera a su sensualidad y a su increíble
olor y centrarme en los asuntos en cuestión. Nos encontramos con un
modelo de coparticipación bastante espectacular para presentar por
la mañana, si me permite decirlo.
—Somos un buen equipo —señala Alex cuando comienza recogiendo
los papeles. Asiento.
—Sí, lo somos.
—¿Estás de humor para bistec? —pregunta—. Porque yo sí.
Sonrío.
—¿Los hombres siempre están de humor para un bistec?
Él asiente.
—Sí.
—Bueno, en ese caso, nada más lejos de mi intención que evitar que
exhibas tus cualidades de hombre. Si quieres golpearte el pecho
durante un segundo, voy a esperar con paciencia.
Alex se ríe y me palpita la vagina.
Él se desliza de sus zapatos y luego mantiene abierta la puerta, un
perfecto caballero. Me encuentro hipnotizada por sus movimientos, por
todo lo relacionado con él, en realidad. Trago. Todo este trabajo en
conjunto es más difícil de lo que incluso esperaba. ¿Por qué tiene que
ser tan hermoso? BC se agita de nuevo, sus antenas vaginales en alerta
máxima. La mando a callar. Ahora definitivamente no es el momento.
Antes de darme cuenta, estamos sentados en un elegante comedor, en
un rincón oscuro de un restaurante que cuenta con música suave de
fondo. Pido tomar un vaso de vino tinto y Alex tiene un gin-tonic. Y estoy
perdiéndome en sus ojos azules.
No ayuda que hay un espejo decorativo en la pared de al lado y
cuando me miro en ella, puedo ver que parecemos una pareja
perfecta. De la edad perfecta, diferencias perfectas de altura e incluso
nuestros colores se complementan uno al otro. Dirijo mi atención a él.
Esto no ayuda.
—Entonces —empiezo—. ¿Qué piensa de Zellers hasta el momento?
Él templó sus dedos, algo que me doy cuenta de que hace cuando
está inquieto.
—Zellers es una gran compañía —me dice—. Está llena de gente
talentosa y energética. Honestamente, estoy impresionado por todo el
mundo que he conocido hasta ahora. Y su departamento es el más
impresionante de todos. Tú seguramente sabes lo que estás haciendo.
El halago me pone las mejillas rosadas.
Es cierto. Soy exitosa y buena en mi trabajo. Y tener a alguien como él,
alguien que también es exitoso y bueno en su trabajo, previo aviso...
bueno, simplemente se siente bien.
—Gracias —murmuro—. Eso trato.
—Haces más de tratar —responde, dando otro trago—. Los cazatalentos
de kilómetros de distancia se han dado cuenta de ti. ¿Me puedes dar tu
palabra de que no consideraras irte hasta que hayas hablado conmigo
al respecto?
Ahora estoy sorprendida.
—Nadie se me ha acercado —le digo con sinceridad—. Y me encanta
Zellers. Tomará un paquete increíblemente bueno para hacer que me
vaya.
Me sonríe.
—Muy bien. Eso es exactamente lo que quería oír.
Seguimos charlando durante toda nuestra comida y luego compartimos
un pedazo de pastel de chocolate para el postre. Después se limpia la
boca y arroja la servilleta en el plato, Alex me mira.
—No he comido tanto en mucho tiempo. ¿Quieres dar un paseo por la
playa? Me gustaría conseguir un poco de aire.
—Por supuesto —le digo, empujando mi silla. Y dentro de un minuto, me
encuentro bajo la luna llena, caminando con este magnífico hombre al
lado del océano estrellado.
No es la cosa más inteligente, Alli, me reprendí a mí misma. Debería
estar evitando este tipo de situaciones, no crear más de ellas.
Pero se siente tan bien que mi brazo se coloca a través de él, hablar de
temas inteligentes que ambos entendemos porque los dos estamos en el
mismo sector. Se siente increíble estar con alguien que me entienda
exactamente lo que soy... una mujer que está tratando de hacer una
nueva vida y salir adelante en el trabajo.
Él entiende porque es exactamente lo mismo... mi perfecta contraparte
masculina.
Yo trago. Y entonces trago más.
Podría estar caminando con mi pareja perfecta.
Me guía en torno a un gran trozo de madera, tengo que reconocer que
mi idea de hablarle de mi enamoramiento no fue tan efectiva después
de todo. De hecho, las cosas sólo han empeorado. Sabiendo que él
siente lo mismo por mí hace que la tentación sea mucho más difícil de
resistir.
—¿Es esto tan difícil para ti como lo es para mí? —pregunta Alex en voz
baja, como si pudiera leer mi maldita mente. Asiento con la cabeza en
silencio. Su caminar se detiene. La luz de la luna brilla sobre él y lo juro
por lo más sagrado, que se parece a un maldito modelo de GQ.
—Sí —le digo—. Definitivamente lo es. Y ¿dónde has estado, en todo
este tiempo, acaso eras modelo para GQ?
Él me mira y no puedo dejar de notar su pecho duro como roca, su
abdomen plano, sus rasgos cincelados. ¿Cómo podría la Madre
Naturaleza hacerme esto a mí? Ella puso mi pareja perfecta en mi vida,
¿pero lo hizo mi jefe? ¿Es ella una masoquista?
Alex sonríe y luego mete un mechón de mi cabello detrás de mi oreja.
—No, no lo estaba —responde con una sonrisa—. Pero lo tomaré como
un cumplido el que pienses que podría haber sido uno.
—No podría haber sido un cumplido —anuncio—. Los modelos son, por
naturaleza, un exceso de confianza y arrogantes.
Alex está estudiándome, entonces sonríe.
—No sé nada de eso —dice—. He escuchado que a veces están
escondidos inseguros y sólo necesitando aprobación. Y que, a veces, se
dejan intimidar por personas que son más atractivas que ellos.
No estoy segura, pero creo que la última parte se refería a mí. Trago
saliva.
—Fue un cumplido —lo reconozco—. Eres precioso. Sexy como el
infierno y estoy luchando un poco.
—Yo también. Pero podemos hacer esto —dice en voz baja—. Podemos
trabajar juntos y ser totalmente profesional. Tengo fe en nosotros.
Nosotros.
Quiero saltar en sus brazos y besarlo con la lengua. No es mentira.
Su boca es tan tentadora. Y hay algo sobre un hombre poderoso e
importante que me excita. BC está prácticamente salivando, pero
ignoro sus alegatos silenciosos.
—Sí. —Estoy de acuerdo—. Podemos. Estoy segura que este
enamoramiento lo lograra.
Se ve tan seguro como me siento yo. Pero continuamos en nuestro
camino ya con mi orgullo intenso, no me invité a mí misma de nuevo a
su habitación al llegar al hotel. Vuelvo a la mía como un adulto
responsable.
Nos levantamos a la mañana siguiente y roqueamos totalmente en
nuestra reunión.
Fue tan bien como ha ido alguna vez cualquier reunión de negocios.
Además, me las arreglé para evitar hacer algo vergonzoso por una vez.
Eso es un milagro en sí mismo.
Cuando volamos a casa, charlamos sobre cosas importantes y no soy
capaz de ignorar por completo la manera en que quiero caer en su
regazo y meter mi lengua en su boca.
Mi lengua es todavía una desvergonzada, al parecer.
Cuando llego a mi casa, me parece que no hay nada fuera de lugar.
Sara ha tenido una noche sin incidentes con Sophie y de hecho, incluso
dejó una cesta de fruta fresca en mi mostrador.
Y, por último pero no menos importante, tengo una cita con Shade esta
noche. Si él no me puede distraer de mis pensamientos acerca de Alex,
nada lo hará.
Mientras me estoy preparando, le envió un texto a Shade.
Necesito una buena distracción. Piensa en algo perverso que
hacer esta noche.
Mis dedos están casi temblando cuando aparte mi teléfono, pero lo
ignoro. Tengo que probar cosas nuevas. Ese es el punto de todo esto,
¿no? Y va a llevar algo nuevo para sacar a Alex fuera de mi mente.
¿Qué tan perverso?, me responde Shade.
Perverso, respondo. Estoy tan loca. Eso lo sé.
No te preocupes, por eso. Tengo un plan, respondió Shade.
Y ahora me tiemblan los dedos. ¿Un plan? Dios mío. Pero él es un buen
chico y confío en él. Y así me encuentro con ganas de esta noche
cuando termine de vestirme con un pequeño y negro vestido, tacones
negros y el pelo recogido en una elegante cola baja de caballo.
Cuando entro en la habitación en Utopía más tarde, sin embargo,
Shade me quita la venda de los ojos y veo a un hombre más de pie allí,
no puedo dejar de estar un poco nerviosa.
Me doy la vuelta hacia Shade.
—¿Cuál es exactamente tu plan?
Mis dedos están temblando con abandono ahora y mis piernas tienen
contracciones. Casi Quiero girar sobre mis tacones y despegar en una
carrera de muerte hasta mi coche.
Shade me toca el codo de una manera reconfortante.
—Cálmate, Alli Cat —murmura—. Sé que confías en mí. No haría nada
que no sepa que no te gustaría.
—Bueno, ¿qué pasa si no sabes lo que no me gusta? —Desafío.
Miro a los ojos del otro hombre. Es alto. Oscuro. Guapo. Mi tipo exacto.
Pero aun así.
Mi corazón late.
—No voy a hacer un trío —le digo a Shade.
—Y yo tampoco —responde—. Acabas de regresar de un viaje de
negocios, ¿verdad? Y así que supongo que estas un poco tensa. Cada
mujer le gusta un buen masaje. Y Tyler aquí sólo pasa a ser un masajista
certificado. Voy a vendarte los ojos. Tyler te va a dar masajes. Y yo voy a
hacer... otras cosas. Te vas a sentir un montón de manos sobre ti y
aunque voy a ser el único que tenga relaciones sexuales contigo, sé lo
que parece. Es una forma segura de obtener toda la emoción de un
conjunto de tres, sin el trío actual.
Lo miro.
Tengo que admitir que me gusta la idea. Es traviesa. Y puede que sea
justo lo que necesito como una distracción.
—¿Tú eres el único que va a tener sexo conmigo? —le pregunto.
Shade asiente.
—Por supuesto. No voy a compartirte, Alli Cat.
Sus palabras me relajaron. Y en este momento, me doy cuenta de que
he permitido que se convierta en mi muleta. Él es mi consuelo seguro. Yo
pago para que haga lo que quiero. Estoy controlando la situación lo
que significa que podría estar limitando mi vida. Pero me sacudo lejos
los pensamientos molestos. Me ocuparé de eso más tarde. En este
momento, tengo un trío falso que atender.
—Quítate la ropa y ponte la venda en los ojos —dijo Shade—. Entonces,
acuéstate en la cama.
Tyler me sonríe desde el otro lado de la habitación y es una preciosidad.
Con toda honestidad, no puedo esperar a que me toque. Sus manos
son largas y sexys... justo mi tipo de manos.
Mi corazón late.
Definitivamente voy a quemarme en el infierno.
Pero eso no me impide quitarme la ropa y subirme en la cama desnuda
antes de ponerme la venda.
Casi de inmediato, Tyler desliza aceite caliente sobre mi piel y yo ni
siquiera tengo que preocuparme de que se tiñan las sábanas, porque
no es mi cama. Y se siente increíble. Él me murmura sobre lo digna y lo
hermosa que soy. Me frota los hombros, los brazos, las pantorrillas. Le
presta especial atención a la tensión en mi cuello y me apoyo en sus
manos.
—Tyler, creo que te amo —le digo. Se ríe en voz baja y se mueve hacia
abajo a mis muslos.
Y entonces siento otro par de manos.
Me acaricia el vientre antes de hacerle lo mismo a los labios. Besos se
arrastraron a través de mi abdomen, hasta mi cuello y de la espalda
hasta mis muslos. Tyler me sigue frotando y después, todas las manos
parecen correr juntas, al igual que dijo Shade harían.
Es travieso.
Es erótico.
Es increíble.
Gimo un poco, Shade se acerca y me susurra en la oreja.
—¿Te gusta, Alli Cat? —susurra. Mientras lo hace, desliza un dedo dentro
de mí. Por lo menos, estoy bastante segura de que lo es. Sé que lo es,
pero es divertido decirme a mí mismo que podría ser Tyler.
Asiento.
—Sí —le susurro.
Es tan increíblemente sexy y caliente saber que Shade me está
toqueteando delante de otro hombre. No puedo creer lo caliente que
me pone. ¿Y como estoy dispuesta a dejar que lo haga? Parece que
hay sin duda una puma enterrada en mí. Sólo le tomó un par de años
para salir.
La lengua de Shade me lamía los pechos, luego besa mi cuello sintiendo
el peso de su cuerpo fuerte encima del mío. Agarro sus caderas, que se
doblan bajo mis dedos. Hay un crujido de papel de aluminio, lo que me
sorprende porque todavía puedo sentir a Tyler acariciando... mis
pantorrillas, los muslos, las caderas.
Y entonces Shade está contra mí, y luego en mí. Suspiro y corcoveo en
su contra. Tyler me sigue frotando, acariciando, acariciándome. Las
manos están en todas partes.
Shade desliza... luego sale. En... entonces acabó. Es muy lento, pero
permite que me concentre en el camino mientras Tyler me está
acariciando, también. Es increíblemente erótico.
—Me voy al infierno —murmuro al oído de Shade.
Se ríe.
—Bueno, si eso es cierto, entonces será mejor que hagamos que valga
la pena.
Él la saca y me da la vuelta, poniéndome de perrito.
Mientras lo hace, hay una boca en mi pecho.... una boca que no
puede ser de Shade desde que está detrás de mí. Jadeo cuando la
lengua rodea el pezón, y luego se desliza en una boca. Una boca sin
rostro, pero una boca que estoy seguro es de Tyler.
—En cualquier momento que desees detenerme, dices piña —me
recuerda Shade.
Asiento y se callan.
Porque me gusta.
Porque soy una descarada, desvergonzada. La malicia de esta
situación es emocionante.
Un juego de manos agarra mis caderas, tirando de mí en su propio ritmo
mientras se desliza dentro y fuera de mí. Shade. El otro par de manos me
acaricia en todas partes, configura todas mis terminaciones nerviosas se
enciendan. Tyler.
Oh, Señor, soy una sucia, una mujer sucia.
—Di mi nombre —me instruye Shade.
—Shade —grito mientras se sumerge en el interior.
—Dilo más fuerte —me dice. Sólo puedo ver la oscuridad aterciopelada
de la venda mientras hago lo que me dice.
—¡Shade! —le grito. Mi respiración es entrecortada, mi voz es áspera.
Y sólo me toma dos minutos más para correrme porque hay un par de
manos más abajo, frotando círculos en BC, que por cierto, está
cantando en alegría silenciosa. Ella es una desvergonzada más grande
que yo, por lo visto.
Me quedo sin fuerzas en la cama y luego me quito la venda de los ojos.
Tyler esta acostado detrás de mí, Shade está acostado en frente de mí.
Estoy acostada en medio de dos hombres bellos y jóvenes. Me siento
como una pintura de la antigua Grecia titulado La mujer en el medio de
una orgía. La sala también podría estar en llamas ahora para que
pueda acostumbrarme a los fuegos del infierno. Suspiro y me doy la
vuelta hacia el cuerpo de Shade.
—Bueno, yo pedí que fuera perverso —digo con ironía.
—Y sabemos que tenemos una política de satisfacción del cliente 100%
aquí en Utopía. —Shade sonríe, una sonrisa perezosa que hace que BC
se anime a la acción de nuevo. Como he dicho, BC es una
desvergonzada—. No me gustaría que pidiera su dinero de vuelta.
Me río, pero sus palabras sólo sirven para recordarme una vez más que
lo estoy pagando. Estoy controlando la situación. Yo misma estoy
cerrando a las oportunidades reales que puedan existir para mí en el
mundo real.
Oportunidades como Alex.
Pero cerré esa voz interior molesta sentándome y sonriendo con
confianza a los dos hombres a mi lado.
—¿Quién se levanta para una ducha? —les pregunto alegremente.
Shade levanta una ceja.
—¿Estás pidiendo dos?
Asiento lo que espero sea un gesto confiado y sexual de zorra.
—Sólo estoy pidiendo una ducha —les digo inocentemente. Shade
sonríe en respuesta, como lo hace Tyler.
—Te he contagiado, Alli Cat. Eres toda una alumna.
Me deslizo de la cama y agarro la mano, tirando de él conmigo al
baño.
Tyler viene detrás de nosotros por su propia voluntad, cerrando la puerta
del baño al entrar.
—Bueno, un alumno es sólo tan bueno como su maestro. —Ronroneo,
pasando mis manos arriba y abajo del plano y fuerte pecho de Shade.
Pero a medida que Tyler se adentra en el agua de la ducha y yo paso
con Shade, lo único que puedo ver es la cara de Alex por un segundo.
Es sorprendente y jadeo.
—¿Estás bien? —me pregunta Tyler con preocupación.
Asiento.
—Sí, estoy bien. El agua no estaba caliente todavía.
Pero eso es una mentira. El agua estaba perfectamente caliente. Y así
están mis mejillas cuando me doy cuenta de que estoy pensando en
Alex mientras estoy duchándome con dos hombres jóvenes y hermosos.
Si hubiera querido hacer un trío real, que, ciertamente, no lo hago, esos
deseos se han desvanecido en estos pensamientos inesperados de Alex.
Así que, en cambio, bloqueo las imágenes de él y disfruto de ser lavada
por dos hombres atentos. Tyler lava mi frente, Shade lava mi espalda. Y
ambos están presionados contra mí, húmedos y resbaladizos y duros.
Santa jodida calentura.
Pero sólo tenemos una ducha. Quise decir lo que dije. No acabo de
sentirme lo suficientemente cómoda con la situación de utilizar los
"servicios" de Tyler. Aun así, es una situación muy sexy. Estos chicos son
preciosos y sexis y muy buenos en su trabajo. Este es un recuerdo que
siempre vivirá en la infamia de mi mente.
Pero Shade me palmea secándome con una grande, mullida toalla, me
encuentro a mí misma imaginando que sus manos son las manos de
Alex. Y doy un largo suspiro.
En serio, sin duda, sin duda estoy en problemas.
Traducido SOS por Clarksx
Corregido por Elena Ashb
—Oh, Dios mío. Te irás directo al infierno ―exclama Sara en mi teléfono
mientras me coloco una bata a la mañana siguiente y voy tropezando
hacia la cocina a hacer café—. Yo no me atrevería a hacer eso. Bueno,
tal vez lo haría. Pero no todavía.
Ruedo mis ojos.
—Tú lo harías. Tú pequeño chico, Chaz, no ha pensado en intentar algo
contigo. Debes mencionárselo a él. Sé que te gustaría eso.
—Cariño, quisiera sacar el infierno fuera de esa mierda —dice Sara y sé
que ya lo ha agregado a su lista mental de cosas por hacer.
Vierto el café en la cafetera mientras escucho su divagación.
—Así que, ¿realmente no tuviste sexo con el segundo? —pregunta, un
poco incrédula. Me río.
—No. En cierto modo realmente quería... pero sería estar cruzando una
línea para mí, creo. Sólo puedo ir tan lejos hasta que siento como que
me estoy poniendo fuera de control. Pero aun así fue divertido. Me sentí
realmente traviesa.
—Fuiste realmente traviesa —contesta—. Oh, ¿alguna vez has pensado
en conseguir una nalgada? Una niña traviesa debe ser nalgueada. Y de
nada. Si no fuera por mí, aún estarías moviendo tus dedos por ti misma
los fines de semana.
—Gracias, Sara —respondo amablemente—. Tienes razón. Tú has
ampliado mis horizontes pero no lo suficientemente lejos para recibir
nalgadas. Estoy bastante segura de que no voy a disfrutar de eso.
Apreté el botón de colar y luego colapso en una silla de la cocina.
Son las 10:00 a.m. y sólo apenas acabo de levantarme. Pero para ser
justos, no conseguí llegar a casa hasta después de las 2:00 a.m. Sophie
pasó la noche con Hayley otra vez y aún no está en casa, así que no
hay razón por la que necesite estar levantada tan temprano.
Sara parlotea en mi oído por un tiempo y no sé por qué, pero decido
hablarle de Alex y de cómo no podía ni siquiera mantenerlo fuera de
mis pensamientos anoche cuando estaba con Shade y Tyler. Ella está en
silencio, asombrada por un momento después de que terminé.
—Oh Dios mío —dice como por cuadragésima vez hoy—. Estás
enamorada de tu jefe. Como, realmente enamorada de él.
—Tal vez —le digo—. Él parece tan bueno para mí. Y es tan divertido.
Sabes cómo me encanta el buen sentido del humor. Además, estamos
en la misma posición en la vida. Es extraño. Pero no creo que pueda
atreverme a salir con nadie en estos momentos. Así es como me
convenciste de todo lo relacionado con Shade, ¿recuerdas? Porque no
estaba lista para citas.
—Sí, pero Shade pretendía ser una manera de facilitarte en el mundo
de las citas. Pensé que si has tenido relaciones sexuales con alguien,
eliminaría el estrés de entrar en una relación real con el tiempo. Ya han
pasado nueve meses desde el divorcio, Alli. Y has estado en terapia
durante un año antes de eso, tratando de averiguar porque se acabó.
Has trabajado por ti misma, te has dado tiempo para ti misma. Si hay
alguien que parece ser todo lo que deseas, no debes dudar en
extender la mano y agarrarlo por las bolas.
—Lo haces sonar como si él fuera un albaricoque maduro en el
supermercado —le digo de mal humor—. Excepto por la parte de las
bolas. No lo entiendes. Él es mi jefe. Tengo miedo de salir con alguien en
estos momentos. Puse quince años en mi relación con Rick sólo para
que el me engañara y botara a la basura todo por lo que hemos
trabajado.
Sara resopla.
—Rick no trabajó para nada. Tú has hecho todo el trabajo. Tú has
trabajado en la relación, trabajaste para ganar suficiente dinero para
que empezara su propio negocio.... Tú trabajaste. Él no lo hizo. Es hora
de que salgas con un hombre de verdad.
Estoy en silencio cuando pienso en eso.
Pero mi momento de reflexión es interrumpido por el timbre de la puerta.
—Hey, me tengo que ir —le digo a Sara—. Te llamaré más tarde.
Camino hacia la puerta y observo por el mirador, sólo para encontrar al
mismísimo Rick el Cretino de pie en mi porche. Mierda. Hablando del
diablo.
Abro la puerta.
—¿Sí? Sophie no está aquí. ¿Se supone que tienes que recogerla?
Estoy confundida. Nadie me dijo nada de esto. Pero él ya está
sacudiendo su cabeza.
—No. En realidad estoy aquí para verte. ¿Puedo pasar?
Rick está inusualmente tranquilo y suave. Y ahora estoy aún más
confundida.
—Por supuesto. Entra, supongo.
Abro la puerta un poco más y pasa junto a mí, caminando
directamente a la cocina. Toma asiento en la mesa.
—¿Puedes sentarte? —Hace un gesto a un asiento vacío frente a él.
Trato de no sentir resentimiento de que esté controlando la situación en
mi propia casa.
En su lugar, abotono mi bata perfectamente cerrándola y me siento.
—¿Qué está pasando? —le pregunto, mirándolo sospechosamente—
.¿Qué quieres?
Rueda sus ojos.
—No quiero nada, Allison —suspira—. ¿No es posible que sólo quiera
tener una conversación contigo? Solíamos hablar todo el tiempo.
Lo miro.
—Sí, lo hicimos —reconozco—. Antes que encontrara que me habías
engañado por años. Este tipo de cosas quema los puentes de
comunicación.
Casi frunce el ceño antes de esconderlo rápidamente. Y esto me hace
sospechar aún más. Está tratando de hacer un gran esfuerzo por ser
agradable, lo que significa que quiere preguntarme algo.
—¿Qué quieres? —pregunto otra vez—. No he tomado ningún café
todavía, así que me temo que estoy un poco impaciente.
Como si fuera una señal, mi cafetera emite pitidos para indicar que ha
terminado. Rick se pone de pie y camina hacia ella, agarrando una
taza del armario. Vierte en él café, crema y azúcar y me lo da en las
manos.
—¿Ves? —dice con una sonrisa—. Sé cómo te gustan las cosas, Alli.
Y ahora estoy en el borde. Su tono es extraño, casi coqueto. Estrecho
mis ojos.
—Allison, he cometido un error. Pienso que es porque estaba pasando
por una crisis de mediana edad. Pero echo de menos estar en casa
contigo y Sophie. Creo que deberíamos volver a estar juntos y darle otra
oportunidad.
Él sólo lo suelta por ahí como si estuviera hablando acerca de un
partido de fútbol, como si incluso fuera una posibilidad. Qué no lo es.
Me quedo con la boca abierta.
—¿Qu-qué? —pregunto estúpidamente.
Rick sonríe.
—Me gustaría volver a estar juntos.
—¿Qué pasa con Vanessa? —pregunto, porque estoy confundida, y es
la única cosa que puedo pensar para decir.
Rick se encoge de hombros.
—Ella es una buena chica, pero es demasiado inmadura. Te echo de
menos, Allison. Extraño la forma en que te hiciste cargo de mí.
Y eso es todo, ahí está. Echa de menos ser atendido. Su pequeña
Vanessa necesita a alguien para cuidar de ella por lo que no hay
manera de que pueda hacerse cargo de él. No se trata de mí en
absoluto, se trata de él. Por supuesto. Al igual que siempre. Mi sangre
hierve instantemente, por lo que cuento hasta diez antes de hablar.
—No lo creo, Rick.
Y ahora es él quien está asombrado.
—¿Qué?
—Me engañaste. —Aprieto los dientes—. Me humillaste delante de
todos los que conocemos por engañarme con niñas que son apenas
mayores que las adolescentes. Y ahora estás comprometido con una. Te
deseo lo mejor, pero ciertamente no será conmigo.
—Vamos, Alli —dice con dulzura, poniendo una mano sobre mi brazo.
Aparto su mano y lo miro—. Piensa en Sophie —añade—. Ella puede
tener a su familia de nuevo.
Lo fulmino con la mirada.
—No puedo creer que estés incluso diciendo estas palabras. Tú eres la
razón de que ésta familia no esté junta en estos momentos. Tú. Me
engañaste. Me desgarraste. Y ahora he seguido adelante. Fuera.
Me mira.
—Alli, vamos… —Pero yo lo interrumpo.
—Fuera.
Frunce el ceño mientras empuja la silla hacia atrás, raspando el suelo de
baldosas.
—Si salgo ahora, Alli, no voy a regresar. No voy a ofrecértelo otra vez.
Estoy atónita cuando me pongo de pie.
—Que regreses no es una oferta, idiota. Es una amenaza. Por favor,
vete. Y no vuelvas aquí a menos que sea para recoger a Sophie. No
quiero tener nada que ver contigo.
Él se va y cierra la puerta tras él antes de caerme al suelo, temblando
como una hoja. ¿Por qué demonios iba a pensar que lo quería de
vuelta... nunca? Que presuntuoso, egocéntrico imbécil.
Le escribo un texto grosero a Sara desde el suelo lo que me hace sentir
mejor. Meto mi teléfono en el bolsillo de mi bata a medida que continúo
hacia la cocina y bebo mi café. Qué manera de empezar mi fin de
semana.
Pero entre mi conversación de texto con Sara y Sophie viniendo a casa,
estoy distraída.
Sophie y yo vamos de compras, la sacaré y básicamente, sólo será un
nuevo fin de semana de chicas. Y mis pensamientos se desvían a pensar
en Alex, que es exactamente lo que quería que pasara.
Es decir, hasta esa noche cuando me estoy preparando para la cama
me llega un mensaje de él.
A pesar de que no debería, estoy pensando en ti.
Mi interior se derrite y caigo en la cama, tirando de las sábanas sobre mi
cabeza. ¿Qué demonios voy a hacer?
El lunes llega muy pronto y no tengo ninguna respuesta para entonces,
tampoco. Me preparo cuidadosamente para el trabajo. Me visto con
una falda tipo lápiz de color gris pálido, una blusa de seda de color rosa
pálido y zapatos de tacón de color gris oscuro. La falda hace que mi
culo se vea fabuloso y la blusa de seda se aferra a mis chicas.
Sé que me veo bien como para ir a mi oficina.
Taylor me mira y sonríe.
—¡Buenos días, jefa! —Me da un montón de mensajes—. Hay una taza
de café recién hecho en su escritorio.
Oh, cómo me gusta esta chica.
Pero cuando llego a mi escritorio, veo el vaso de la casa local de café y
sé que no fue Taylor. Fue Alex. Ha estado llevándome este café porque
sabe que me gusta. Mi interior se derrite de nuevo cuando caigo en la
silla.
Se siente bien ser atendida, incluso de esta pequeña manera. Abro mi
correo electrónico y rebusco a través de ellos, respondiendo algunos y
eliminando algunos otros. Y entonces Taylor golpea suavemente la
puerta de mi oficina.
—Hey, jefa. Su nuevo practicante está aquí.
Su rostro tiene un aspecto extraño y levanto mi ceja.
—¿Qué? —le pregunto. Ella da un paso en mi oficina y baja la voz.
—Está jodidamente caliente —susurra—. Va a ser una gran distracción
en el trabajo. Puedes esperar que la productividad disminuya diez veces
con él por aquí.
Ruedo mis ojos. Taylor es de unos veinte años, por lo que un practicante
de veintitrés años probablemente será una distracción para ella.
—¿Vas a ser capaz de controlarte a ti misma? —pregunto en tono de
broma—. Busca algunas cosas para que él las haga.
—Oh, puedo pensar en algunas cosas para que las haga —dice
lascivamente, y luego se ríe. Ruedo mis ojos de nuevo.
—Sólo enséñale antes de abalanzarte sobre él, por favor. La última cosa
que necesitamos es una demanda por acoso sexual.
Ella sonríe y se va. Y entonces está de vuelta en un minuto. Me toma un
segundo darme cuenta de que la sombra detrás de ella es Colby.
Al igual que... Shade.
Qué.
Demonios.
Lo estoy mirando con la boca abierta mientras Sara me lo presenta.
Pero casi no oigo su voz. El sonido está zumbando en mis oídos. Estoy
asombrada. Y la sonrisa de Colby es traviesa, sus ojos están brillando. Es
casi como si supiera, como si estuviera esperando verme.
Me pongo de pie con rigidez, le doy la mano.
—Hola Colby. Es agradable volver a verte —digo por el bien de Taylor.
Me saluda con la mano que ha estado en todas partes de mi cuerpo,
los dedos que han estado dentro de mi boca... y otros lugares. Mis ojos
nunca dejan los suyos y la expresión intratable nunca desaparece de su
rostro.
Él lo sabía.
Estoy segura de ello.
—¿Ya se conocen? —Taylor está sorprendida mientras me mira.
Mis ojos no han dejado los de Colby.
—Sí. Colby es el nuevo entrenador de natación de Sophie.
—Ah —responde Taylor, prácticamente adulando a Colby—. Eso tiene
sentido. Te ves como un nadador —le dice. Él le sonríe.
—Gracias, Taylor —le digo—. Me voy a tomar unos minutos para hablar
con Colby acerca de su posición. ¿Puedes cerrar la puerta?
Ella me mira intrigada, pero hace lo que le pido y me quedo sola con
Colby. Lucho por mantener la calma mientras las ramificaciones de este
escenario me golpearon en la casa.
Colby es Shade.
Shade es un gigoló con el que me acosté.
El padre de Shade es Alex con el cual tengo un flechazo.
Oh, dulce Señor.
Mi vida es una serie interminable de complicaciones.
—Tú lo sabías —digo en voz baja—. Sabías que cuando entraras hoy yo
estaría aquí, ¿no?
Colby sonríe, sus ojos azules brillando.
—Sí. Mi papá me llamó la semana pasada y me dio tu nombre así que
sabía a quién buscar.
En un valiente esfuerzo por mantener la mierda unida, tomo tres
profundas respiraciones antes de responderle.
—¿Y no me dijiste nada la noche del viernes, porque…? —Levanto una
ceja y ahora trago saliva mientras recuerdo lo que hicimos juntos el
viernes.
—Porque pensé que sería divertido sorprenderte —admite, dando un
paso hacia mí. Doy un paso hacia atrás, de hecho, me voy detrás de mi
escritorio. Hay risa en sus ojos cuando me encuentro con su mirada—.
Alli, ¿por qué estás huyendo de mí? —Sus ojos azules están brillando—.
Esto no cambia nada. De hecho, sólo tomé esta posición después de
que mi padre me dijo para quien trabajaría. Tengo que admitir que
pensé que sería divertido trabajar aquí contigo. Pero eso no cambia
nuestras actividades de fin de semana. Me has visto entrenando a
Sophie. Soy muy bueno compartimentando las cosas. Puedo manejar
todo. Confía en mí.
Él es tan lindo. Así, tan lindo.
Y también, tan joven.
¿He mencionado que es joven?
Tomo una decisión, en el acto, sin siquiera consultar a BC y sé que ella
va a matarme más tarde.
También sé que voy arrepentirme hasta el fin de mis días, pero sé que
tengo que hacerlo.
Y seriamente, mientras lo miro, en que tan joven y hermoso es, mi
resolución vacila. Pero entonces recuerdo que no puedo seguir
pagándole para llenar un vacío en mi vida. Porque mientras lo hago, no
voy a seguir adelante y encontrar algo real.
Así que, suspiro mientras BC llora silenciosamente. Sé que si pudiera,
estaría en el suelo golpeándome la pelvis en estos momentos.
—Colby, eres adorable. Y hemos tenido un montón de diversión. Pero
esto complicará las cosas. Aun así, creo que ésta es una gran
oportunidad para ti mientras intentas averiguar lo que quieres hacer en
la vida. Por lo tanto, voy a terminar nuestra... otra relación. Has cumplido
tu objetivo de todos modos. Te necesitaba para que me prepararas
para salir de nuevo. Y lo conseguiste. Así que, gracias. Ha sido muy
divertido.
Colby me mira, toda la diversión desapareciendo de sus ojos. De hecho,
veo consternación allí cuando se da cuenta lo que estoy diciendo. Y
honestamente, no puedo creer lo que estoy diciendo. ¿Estoy en serio
rompiendo el arreglo perfecto de algo que puede o no puede
suceder?
La imagen del rostro de Alex aparece en mi cabeza y mi resolución se
vuelve de acero.
Sí. Lo estoy.
—¿Ha sido muy divertido? Alli, vamos. Te lo prometo. Puedo manejar
esto. Nadie sabrá nunca que nos conocemos de otra parte.
—Oh, lo sé —le digo—. Pero mira, ese es el problema. Yo lo sabré. Y sé
que no vas a decir nada. Pero no soy tan buena en compartimentar
como tú. No puedo seguir viéndote y trabajar aquí contigo. No soy tan
talentosa.
Colby echa la cabeza hacia atrás y se ríe.
—Alli, eres mucho más talentosa de lo que piensas.
Niego con la cabeza.
—¿Ves? Esto es de lo que estoy hablando. Si me lanzas insinuaciones
sexuales, no podré concentrarme en el trabajo. Y estoy aquí para
trabajar durante el día. Además, estar contigo y tu padre aquí tendré
como veinte diferentes tipos de equivocaciones si sigo viéndote. Así que
no voy a seguir.
Colby está tranquilo mientras me evalúa.
—Mi padre. Ya sabes, cuando me dijiste que necesitabas distracción,
me pregunté si era porque era posible que hubieras conocido a alguien.
¿Estabas hablando de mi padre?
Dudo por un momento demasiado largo antes de contestar, porque
Colby prácticamente suspira.
—Tú estabas.
Asiento con la cabeza.
—Tienes algo con mi padre —dice Colby lentamente como si estuviera
tratando de hacerse entender.
—Puede ser —digo—. Estoy tratando de averiguarlo.
Colby niega con la cabeza.
—Bueno, te he enseñado bien. Al menos sé que mi papá estará bien
atendido. —Se ríe en serio como si fuera una broma lo que dice. Pero
me estremezco.
—¿Ves? Todo esto es demasiado extraño —digo, sintiéndome un poco
mal del estómago—. Ahora no puedo salir con tu padre. De ninguna
manera en el mundo. ¿Y tu padre sabe lo que haces?
Me hundo en mi silla, con la cabeza entre las manos. ¿Por qué mi vida
tiene que ser tan estropeada?
Colby viene y me da masajes en los hombros ligeramente.
—No, mi papá no sabe lo que hago. Y sí, Alli, puedes salir con mi papá.
De hecho, hablé con él ayer por teléfono y sonaba más feliz de lo que
ha sonado en mucho tiempo. Le pregunté si una mujer era la culpable
de eso y me dijo que había conocido a alguien, pero que no podía salir
con ella porque era complicado.
Asiento miserablemente.
—Es incluso más complicado de lo que él sabe. Y esto no está
ayudando —respondo.
Colby deja de masajear mis hombros y se dobla, mirándome a los ojos.
—Alli, conozco a mi padre y te conozco a ti. Son perfectos el uno para
el otro. Sé que suena extraño, pero vamos a dejar de vernos y después
de un tiempo, prácticamente vamos a olvidar que fuimos alguna vez
algo. No va a ser un gran problema en lo absoluto.
—Pero no sé si puedo salir con tu padre sabiendo que me acosté con su
hijo —prácticamente susurro. Diciéndolo en voz alta hace que suene
tan asqueroso, horrible y dramático, como si estuviera en una mala
telenovela.
Colby rueda los ojos.
—Alli, mi padre nunca lo sabrá. Y no dormiste con su hijo. Te acostaste
con Shade. El hijo de mi padre es Colby. Somos dos personas diferentes.
Y mi papá nunca, nunca lo sabrá.
—Es posible que sean dos personas diferentes, pero comparten el
mismo pene —le recuerdo con ironía. Colby se ríe.
—De cualquier manera. Mi vida sexual no le concierne a mi padre. Las
personas no necesitan revelar con quien han tenido relaciones sexuales
en el pasado. Todo estará bien, Alli. Y no puedo creer que tenga que
estar aquí y hablar contigo de esta manera. Tú y mi padre tiene que
entenderlo. Es estúpido dejar que un trabajo se interponga en el camino
de la felicidad.
Lo miro.
—¿Cómo te volviste tan inteligente para ser un joven de veinte tres años
de edad?
Él sólo sonríe, una sonrisa joven y hermosa.
—Supongo que es un rasgo de familia. Ahora, Alli Cat, cambiando de
tema... ¿qué vas a hacer que haga aquí en Zellers?
Cuadro mis hombros, de vuelta a los negocios.
—Bueno, en primer lugar, te diré lo que vas a hacer. No puedes
llamarme Alli Cat. Alguien podría oírte.
Colby sonríe.
—Lo prometo. Cuando salga por esa puerta, pretenderé que la única
manera de que te conozca es a través de tu hija. Pero aquí. —Y él
golpea su sien—. Siempre serás Alli Cat.
Suspiro.
—Taylor será tu supervisor —le digo—. No seré yo. Quiero decir, que en
última instancia va informarme a mí, pero Taylor se encargará de
supervisar tus funciones. Creo que está alineando un poco de
investigación de marketing para que tú lo hagas. Es interesante y muy
buena en su trabajo. Y es exactamente igual de lanzada que mi amiga
Sara, por lo que Dios se apiade de tu alma.
Se está riendo mientras camina para ver a Taylor.
Y dejo caer mi cabeza en mis manos.
¡Qué maldito lío!
Traducido por Mona
Corregido por Curitiba
Colby es todo un éxito en la oficina.
Siempre que salgo de mi oficina por algo, veo a las mujeres (jóvenes y
mayores) mirándolo discretamente. Él parece estar ajeno a ello, pero
seguramente tiene que saberlo. Tiene que sentir todos esos pares de
ojos pegados a cada uno de sus movimientos. Pero nuevamente, él
probablemente está acostumbrado a ello.
Sorprendentemente, no estoy celosa. Es esta comprensión lo que me
permite saber que estoy haciendo lo correcto.
Y cada vez que veo a él y a Alex de pie uno al lado del otro, sé que
estoy haciendo lo correcto.
Colby es joven, hermoso y sexy.
Alex es mayor, refinado y sexy. Igual de guapo y con dos veces la
experiencia. Él es lo que necesito.
Él es lo que necesito.
Las palabras resuenan en mi cabeza.
Y hoy, cuando Alex levanta los ojos y capta mi atención, su mirada de
cobalto es cálida y brillante, como si él supiera un secreto. Y ahora veo
por qué seguía pensando que me resultaba familiar.
Él y su hijo comparten exactamente los mismos ojos. No sé cómo no
reconocí ese rasgo antes.
Él golpea a Colby en la espalda y se dirige hacia mí.
Desde detrás de él, Colby me da una mirada. Una mirada como
diciendo toma la decisión correcta idiota.
No hago caso de ello. Sé que está esperando que su padre y yo demos
el gran salto, que tomemos el riesgo y comencemos abiertamente con
las citas.
Pero esa es una decisión difícil de tomar, por muchas razones diferentes.
Mientras Alex camina hacia mí, Colby está actuando como si este fuera
el momento de la verdad, un momento crucial donde tengo que
actuar. Pero eso no es verdad. Puedo seguir llevando las cosas lentas.
Alex todavía estará aquí. Y yo estaré aquí.
Pero todavía trabajamos juntos en este momento, lo que es un
problema.
Sin embargo, cuando Alex me alcanza y miro en sus magníficos ojos,
tengo que admitir que siento la presión de tomar una decisión… para
de alguna manera ingeniármela para hacer que esto funcione. Porque
hay tal química aquí, una atracción tan palpable, que no estoy segura
de cuánto tiempo quiero resistirme. Las oportunidades no siempre
llaman más de una vez. No quiero perder la oportunidad para construir
una relación con alguien que es aparentemente tan perfecto para mí.
—Todavía no puedo olvidar que Colby es el entrenador de natación de
tu hija —dice Alex cuando se detiene al lado mío—. Qué pequeño es el
mundo.
Prácticamente me ahogo. Él no tiene ni idea de cuán pequeño.
—¿Puedo hablar contigo por un momento? —me pregunta
calmadamente.
Taylor y Colby pretenden no mirar, pero puedo verlos a ambos
mirándonos desde la esquina de sus ojos cuando Alex y yo pasamos a
mi oficina.
—Desde luego —le digo en cambio, cerrando mi puerta firmemente
detrás de nosotros—. Por favor, toma asiento.
—En un minuto —dice, caminando a zancadas hacia mí. Él toma mi
rostro en sus manos y aplasta sus labios contra los míos.
Este es un beso abrumador que amenaza con prender mi cabello en
fuego.
Estoy jadeando para el momento en que ha terminado.
—Solamente necesitaba ver —él murmura mientras se aleja.
—¿Ver qué? —pregunto jadeando. Estoy débil.
Ni siquiera sé qué hacer.
—Ver si eso sería tan bueno como me lo imaginé.
—¿Y? —Respiro.
—Oh, fue mejor —me asegura—. Alli, tenemos que resolver este asunto.
He estado despierto por la noche pensando en ti. No puede ser tan
difícil. Te sientes atraída por mí, me siento atraído por ti. Ambos somos
adultos. Esto no es difícil de entender.
—Pero trabajamos juntos —declaro simplemente—. Esto será
complicado.
—Sólo será complicado si lo hacemos de esa manera —contestó él
firmemente—. Pero que tal esto, ten una cita conmigo. Vamos a ver
cómo nos llevamos fuera del campo del trabajo o negocio. Y luego, si
todavía sentimos de la misma manera, discutiremos de todos estos
temas. No tiene sentido el preocuparse de ello ahora mismo. Ni siquiera
hemos tenido una cita.
Lo miro.
—Creo que todavía sentiremos lo mismo —le digo suavemente, mirando
sus labios. Todo lo que puedo hacer cuando estoy cerca de él, al
parecer, es estar pensando en él sexualmente. Es una locura. Soy una
adulta, no una adolescente.
Porque eres una sucia, sucia mujer, BC me recuerda. La ignoro. BC es
una vagabunda insensible. ¿Qué sabe ella?
—Creo eso también —contesta Alex, dando otro paso hacia mí. Sólo
tengo un breve segundo para inhalar antes de que sus labios cubran los
míos otra vez. Mis manos están sobre su espalda, que es musculosa y
amplia, y me derrito en él. Él sabe como a menta y huele a hombre. Sus
labios son suaves y sus brazos son fuertes. Y su pene está duro. Lo sé
ahora mismo… estoy en serios problemas.
—Esa cita de la que hablas —digo cuando él finalmente se aleja y
acomodo mi ropa—. ¿Cuándo y dónde?
Alex sonríe abiertamente, una risa alarmantemente impresionante. Él
parece no darse cuenta del hecho de que su pene estaba tan duro
que este casi atravesó mi pierna hace un segundo.
—Esta noche. Hay un pequeño restaurante italiano sobre la calle
veintiuno. Maninis. ¿Lo conoces?
Lo miro en shock. Es el mismo lugar que yo había sugerido cuando Brian
Cerebrito no podía tomar una decisión. Es demasiado irónico.
—Sí. Me gusta ese lugar —contesto.
Él sonríe otra vez, contento.
—Bien. ¿Por qué no te recojo a las 7:00?
Trago.
—Okey.
Se acerca a mí otra vez, aplastándome contra él. Otra vez, su pene
duro como una roca está contra mi cadera. BC gime.
—O nosotros podríamos tener una cita almuerzo —sugiere él en mi oído.
Él huele tan bien y se siente tan increíble presionado contra mí que me
cuesta pensar con claridad.
—Okey. —Estoy de acuerdo, sin incluso pensar en cómo se verá eso.
Respiro y me aparto—. Espera. Esto es de lo que estoy hablando. Por eso
es complicado ya que trabajamos juntos. Las personas nos verán
marcharnos. Ellos sabrán lo que estamos haciendo.
Él me mira.
—¿Te preocupa lo que la gente piense?
—No por lo general —admito—. Pero cuando ellos son mi personal, me
preocupa si ellos piensan que soy poco profesional. Porque entonces
tendré todas las de perder si tuviera que reprenderlos por el mismo
asunto en un momento dado.
—Eres su jefa —él me recuerda—. Nunca tendrás que reprenderlos por
marcharse a media mañana para tener una cita con su jefe. Porque tú
eres su jefa. Y estoy bastante seguro de que vas a salir conmigo.
Aspiro aire. Me gusta que él sea tan decidido.
—Pero ni siquiera hemos tenido una verdadera cita todavía —le digo—.
Posiblemente no puedes saber esto.
Él sonríe.
—Tengo una gran intuición. Trae tu cartera.
Estoy congelada ahora cuando lo miro.
—Pero son sólo las 10 de la mañana.
Alex asiente.
—He cambiado de idea. Vamos a un desayuno—almuerzo.
Tengo que reírme, pero hago lo que él dice. Agarro mi cartera.
Caminamos tranquilamente fuera de mi oficina y me detengo para
decirle a Taylor que Alex y yo tenemos una reunión fuera del edificio.
Ya que ella mantiene mi agenda, sabe que no hay tal reunión.
Pero para su crédito (y por una vez en su vida) no dice nada. Ella
solamente asiente. Colby levanta la vista desde su cubículo a
sabiendas, pero él no dice nada, tampoco, aunque veo una pequeña
sonrisa sobre su rostro cuando paso.
Alex y yo caminamos por el estacionamiento y honestamente por Dios
apenas entramos en el auto antes de que prácticamente nos
ataquemos el uno al otro en el asiento delantero.
Las manos de Alex están por todas partes, su boca está sobre mi cuello,
sobre mis labios. Mi mano encuentra su camino a su entrepierna que
está dura como una piedra y tirante contra sus pantalones. Él gime
cuando lo toco.
—Tú me vuelves loco —susurra. Y de repente lo siento oh tan poderoso.
¿Este hombre importante está gimiendo bajo mis dedos?
Este es un sentimiento embriagador. Lo beso con fuerza.
Su mano encuentra mi pecho, sus dedos largos y fuertes a través de la
delgada seda.
—Tenemos que marcharnos de aquí —le digo. Estamos rodeados por las
oscuras paredes de cemento del estacionamiento, pero alguien podría
pasar por delante y dentro de su coche. Y entonces podríamos ser
llevados esposados por exhibicionismo o algo. Eso no estaría bien.
—Sí. —Está Alex de acuerdo afectadamente. Pone el auto en
encendido y mi mano nunca abandona su entrepierna. De hecho,
mientras él conduce fuera del edificio, me inclino y desabrocho sus
pantalones, la piel de mi mano se desliza a través de la piel de su pene.
Él toma una respiración.
—¿Estás probando mi concentración? —pregunta febrilmente. Miro, la
manera en que su boca está apretada y me río.
—¿Tienes problemas para concentrarte? —pregunto inocentemente.
Me da una mirada por una fracción de segundo antes de que vire a un
lado de la carretera y se estacione, prácticamente aplastándome
contra el asiento de pasajeros mientras me besa.
—Vas a tener que comportarte —me dice—. Hasta que nosotros
lleguemos a donde vamos.
—¿Y dónde está eso? —pregunto contra sus labios.
—Nuestra cita —él me recuerda—. Estamos faltando al trabajo hoy.
Tenemos una teoría por probar. Ahora, si puedes sentarte allí y ser
buena. Conduciré.
Me mira, su ceja levantada. Asiento.
—Bien —contesto—. Si no puedes ser multitareas, entonces me
comportaré. —Alex prácticamente gruñe mientras da marcha atrás en
la carretera y tengo que reírme.
Él nos conduce directamente al Hotel Stratosphere. Este es un elemento
principal en el paisaje de Las Vegas y para ser honesta, ya que soy
local, en realidad nunca me he alojado en el hotel.
—¿Por qué estamos aquí? —pregunto cuando él estaciona el auto.
—Tenemos una cita —gruñe.
Me guía del codo cuando nos registramos. Me presiono discretamente
contra él mientras firma el formulario de registro y me da una mirada de
soslayo. Me alejo un paso y devuelvo su mirada con inocencia. Cuando
devuelve su atención al formulario, me presiono contra él otra vez. Él
suspira.
Pero no pasa mucho tiempo antes de que estemos en el elevador y se
vuelve hacia mí.
—Estamos solos —indica él. Y eso es todo lo que necesitamos. Estoy en
sus brazos inmediatamente, inhalando su olor "sexy como el infierno" y
envolviendo mi lengua alrededor de la suya. Es divertido como cuando
fantaseas acerca de alguien, por lo general no sabes en realidad cómo
serían en persona. Tengo el placer de informarles que Alex es diez
millones de veces mejor que mis fantasías.
Él me fija a la pared de espejos dorados, su mano deslizándose por
entre mis piernas.
—Estás mojada para mí —susurra en mi oído—. Puedo decirlo por tus
bragas. ¿Hoy de todos los días, por qué llevas bragas?
Me río.
—Te lo dije, por lo general lo hago.
—Nueva regla —dice con un gruñido—. Sin bragas.
Me río mientras lo agarro a través de sus pantalones.
Él está tan duro que hay una impresión perfecta de su pene a través de
sus pantalones. Lo empujo contra mí, aplastándolo en mí. Gime otra vez
lo que totalmente me excita.
—Nueva regla —le digo—. No pantalones. Jamás.
Es su turno para reír.
—Esto podría hacer las reuniones en el trabajo incómodas. Aunque, tú
de alguna manera lo manejes.
Lo miro con el ceño fruncido mientras mis dedos se aprietan alrededor
de él a través de sus pantalones.
—Una vez. ¿Una maldita vez y nunca voy a escuchar el final de ello,
verdad?
Él ya sacude su cabeza y ríe.
—Alli, lo siento, pero ese incidente particular fue demasiado bueno para
dejar que lo olvides alguna vez.
Estoy rodando mis ojos cuando el elevador se desliza en una parada y
las puertas se abren, dejando que otras dos personas entren. La pareja
más joven nos mira y nos separamos. Sé que mis mejillas enrojecen.
Alex me dirige una mirada de "vas a conseguir que te vean".
Enrojezco otra vez. El elevador finalmente se detiene en nuestro piso y
nos apresuramos a salir y al final del pasillo. Alex desliza la llave en la
cerradura y tropezamos con la puerta. Dejo caer mi bolso y me vuelvo
hacia él y me empuja contra la pared, levantando mi trasero en sus
manos mientras empuja su lengua en mi boca.
Este momento es caliente y primitivo y totalmente cedo ante él.
Mi delicada blusa de seda no dura mucho tiempo. Es arrancada en un
minuto y miro los trozos de tela rasgados caerse al piso. Mis medias
siguen y luego soy levantada otra vez, mis piernas se envuelven
alrededor de las fuertes caderas de Alex. Un crujido rápido del papel de
aluminio y luego él se desliza en mí con mi falda empujada hacia arriba
alrededor de mi cintura.
Jadeo, acercándolo más, jalando su cabeza hacia mis pechos. Él
succiona allí; lamiendo, lengüeteando, pellizcando. Gimo y él embiste
contra mí más fuerte. La pared ralla contra mi espalda, pero ni siquiera
lo noto. Lo único en lo que puedo concentrarme es en la respiración
irregular de Alex, su hermoso cuerpo, su olor intoxicante y este momento
erótico.
Me agarra y me lleva a la cama con mis piernas envueltas alrededor de
su cintura. Me acuesta rápidamente con su mano debajo de mi
cabeza, besándome tan profundamente que creo que me volveré loca
a no ser que él esté dentro de mí otra vez.
—Por favor —le digo, tirando de él.
—¿Por favor qué? —pregunta traviesamente, deliberadamente
oponiéndose a mis dedos.
—Por favor fóllame —le digo, recordando las palabras de Shade. A los
hombres les gustan las malas palabras.
Alex sonríe perversamente.
—¿Follarte cómo? —pregunta suavemente mientras se desliza en mí.
—Fóllame fuerte —le digo—. He estado esperando por esto siempre.
Él inhala y me agarra, deslizándose en mí rudamente. Y realmente me
folla con fuerza. Después de un rato, me da vuelta y me penetra por
detrás, tirando de mi cabeza hacia atrás por mi cabello con la cantidad
justa de presión.
Oh, mi Dios.
Esto es erótico, primitivo y casi desesperado, porque la tensión sexual se
ha acumulado por mucho tiempo. Y ahora está explotando.
Después de que grito su nombre y colapso sobre la cama, Alex lanza su
cabeza hacia atrás y se viene con un estremecimiento. Y luego él cae
en una pila al lado mío. Él está húmedo y yo también. Él me alcanza y
cepilla mi cabello fuera de mis ojos.
—Esto fue asombroso —me dice—. Eres una gata salvaje.
Sonrío.
—Creo que el término apropiado es puma.
Él ríe y me acomodo a su lado.
—¿Pensé que las pumas salían con hombres más jóvenes?
Una punzada se dispara a través de mí, pero la dejo de lado. Esa es una
parte de mi vida que es privada.
Nunca tendré que revelarlo. Así que, en lugar de eso sonrío.
—Oh, me gusta pensar que un puma es simplemente una mujer madura
que sabe lo que quiere, tanto en el dormitorio como fuera de él.
—Oh, seguramente eres eso —Alex está de acuerdo.
Nos quedamos entrelazados sobre la cama de lujo por la siguiente
media hora, relajados y charlando suavemente.
Finalmente, levanto mi vista hacia él.
—Creo que somos sexualmente compatibles.
Él se ríe.
—Um, sí. Creo que es seguro decir eso. No es que yo alguna vez tuviera
alguna duda.
Inclina su cabeza y me besa, con cuidado esta vez. La sensación de
desesperación se ha ido ahora, así que esta vez, nos permitimos el lujo
de ser lentos y relajados.
Desliza sus manos por todas partes y me dice que soy hermosa. Imito sus
movimientos y le digo el mismo.
—Los hombres no son hermosos —dice él con una sonrisa mientras besa
mi cuello.
—Tú lo eres —discuto mientras cubro sus labios con los míos. Y luego él
me hace el amor. Y esto realmente se siente como hacer el amor. Con
Shade, nunca fue eso. Eso fue… sexo, fue follar… eso fue follar
increíblemente. Pero no estaba haciendo el amor.
Con Alex... aquí hay algo entre nosotros. Algo increíble. Y algo tierno,
dulce, sexy y jodidamente caliente. Y se siente como hacer el amor. Y
hacemos el amor tres veces más antes de que nosotros nos demos
cuenta de que son las 3:00 pm.
—¡Mira la hora! —exclamo cuando finalmente miro el reloj—. Sophie
llegará a casa de la escuela en una hora más o menos.
—¿Puedes llamar y decirle que llegarás tarde? —pregunta mientras se
sienta sobre el lado de la cama—. Tenemos que tomar una ducha y
luego creo que me vendría bien algún alimento para el sustento.
Lo miro.
—¿Sustento?
Alex se ríe.
—No soy tan joven como solía ser. Requiero comer y beber después de
tener sexo cuatro veces. Como se suponía, teníamos el desayuno-
almuerzo, tú sabes, hasta que me distrajiste con tus artimañas
femeninas.
Lo miro.
—Um, atravesaste mi pierna con tu pene en mi oficina. Eres apenas
inocente en esto.
Él se ríe otra vez.
Sacudo mi cabeza y lo dejo tirarme a la gran ducha de piedra. Donde,
a pesar de que él no ha tenido ningún alimento todavía, tenemos sexo
por quinta vez.
A medida que el vapor nos cubre y con mi rostro presionado contra el
cristal de la ducha brumoso, Alex me llena otra vez. Nunca me he
sentido tan realizada.
Y estar con él parece tan increíblemente correcto.
—Encajamos, Alli Cat —susurra en mi oído y me congelo, volteándome
hacia él.
—¿Alli Cat? —pregunto temblorosamente. Seguramente Colby no le
había dicho nada. Seguro. Eso sería enfermo en varios niveles. Pero el
rostro de Alex es abierto y honesto e imperturbable cuando él contesta.
—Tú eres mi salvaje y pequeña Alli Cat —contesta él.
Y puedo decir que él solamente inventó el nombre. Él no tiene ni idea
que su hijo lo ha usado antes que él.
—Y realmente encajamos perfectamente juntos.
—Lo hacemos —admito con un suspiro—. ¿Qué vamos a hacer al
respecto?
—Lo averiguaremos —dice él con un encogimiento de hombros.
—Somos dos adultos inteligentes.
Cuando salimos de la ducha, encuentro un mensaje de texto de Sophie.
Ella va a ir a donde Hayley a hacer la tarea y no estará en casa hasta
más tarde.
Me doy vuelta hacia Alex.
—Estoy libre para la cena. Pero hay un pequeño problema… rompiste
mi blusa. No puedo ir desnuda.
Alex sonríe.
—Supongo que estamos a mano ahora. Tú arruinaste mis pantalones y
yo arruiné una de tus blusas. La cuenta está empatada, milady.
Me río y él desaparece para comprarme una blusa en la tienda de
regalos.
Y es como Alex y yo terminamos en el Restaurante Mundial en la parte
superior del Stratosphere cenando mientras llevo una camiseta de
recuerdo de gran tamaño, una falda de vestido y tacones geniales. Y
desde luego, estamos comiendo carne.
—Tú sabes, demasiada carne obstruirá tus arterias —le digo a Alex con
una sonrisa. Él se encoge de hombros otra vez, indiferente.
—Lo he ganado hoy, creo —dice él maliciosamente. Y no puedo discutir
con eso. Se lo ha ganado hoy.
—Esta es una vista magnífica —digo mientras miro el horizonte de Las
Vegas, con sus rascacielos y desierto y la luz del sol que muere.
—No es tan hermosa como la mía —Alex dice mientras me mira
fijamente. Sus palabras serían cursis sino no fuera por la intensa expresión
en sus ojos azules. Inhalo. Bruscamente.
—Sabes que estamos bien juntos —dice mientras bebe sorbos de su
bebida. Yo ni siquiera me molesto en mentir.
—Sí —contesto simplemente.
—¿Y tu único problema es que trabajamos juntos, correcto? —Alex
traga su bebida y hace señas para que el camarero le traiga otra.
Asiento.
—Bien, eso tiene una fácil solución entonces —dice él, apuntando su
mirada hacía—. Estás despedida.
Traducido por Lectora
Corregido SOS por Elena Ashb
—¿Qué? —chillo, mirándolo con asombro y horror—. No, no quiero eso.
Alex me mira con desconcierto.
—No quiero decir que estás actualmente despedida en este mismo
momento. Pero tengo una solución, si deseas escucharla.
Trato de calmar mi corazón palpitante, para obtener control sobre mí
misma.
—Sí, me gustaría escucharlo, siempre y cuando no involucre que sea
despedida. He trabajado duro para llegar a donde estoy, Alex.
—Sé que lo hiciste. —Asiente—. Y no soy el único que se ha dado
cuenta. ¿Recuerdas cuando te dije que directores han preguntado por
ti? Uno de ellos es mi amigo, Tom. El amigo que encontró este trabajo
para mí. Él ha preguntado por ti. Al parecer, hay un trabajo en una
bodega de vino cercana que sería perfecto para ti.
—¿Hay una bodega de vino en Las Vegas? —pregunto
dubitativamente.
Alex sonríe.
—Bueno, está a un poco más de una hora de distancia, al otro lado de
la frontera de California. Pero es un viaje fácil.
—¿Y por qué iba a cambiar de trabajo? —pregunto un poco
acaloradamente—. Me gusta lo que estoy haciendo ahora.
—Bueno —dice Alex lentamente—. Es una posición de vicepresidente. Y
es en una bodega. Amas el vino. Y si tomas un trabajo mejor, entonces
ya no estarás trabajando para mí. Lo que significa que nuestro pequeño
problema se resuelve.
Me quedo en silencio, tratando de asimilar en mi mente en sus palabras.
—Amo el vino —digo con aire ausente.
—Sí, lo haces. —Alex está de acuerdo con una sonrisa.
—Y me gustaría una posición de vicepresidente —digo con
incertidumbre.
—Sí, te gustaría. —Alex está de acuerdo de nuevo—. Y mereces una
posición de vicepresidente. Y por desgracia, el único camino para
conseguir esa posición en Zellers es a través de mí, tomando mi trabajo.
Y yo no voy a ninguna parte en cualquier momento pronto. Así que...
—Así que ésta es una propuesta perfecta para mí —resumo, mirándolo.
—Parece de esa manera —dice, sorbiendo en su copa de nuevo—.
Pero tómate tu tiempo y piensa en ello. Tengo la tarjeta de Tom. Puedes
hacerle una llamada para hablar de ello, si lo quieres.
Me siento un poco aturdida. Todo parece suceder tan rápido. Pero
tengo que admitir. Completamente empezar de nuevo, como Alex lo
hizo, me parece un poco fascinante.
—Tú estableciste esto, ¿no es así? —pregunto—. Contactaste a tu
amigo, no a la inversa.
Puedo ver en su cara que tengo razón.
Se encoge de hombros.
—Yo sólo tanteé el terreno allí. Tú y yo hemos tenido la química desde el
principio. Una vez que me puse en contacto con alguien más acerca
de ti, eso me dio la idea de comprobar. La posición realmente se ajusta
perfecta para ti, Alli. Tú diriges el departamento de marketing. Es
exactamente lo que haces y lo haces bien. Además, ¿te he dicho que...
tú harías la marketing del vino?
Suspiro porque ha despertado mi curiosidad. Suena perfecto para mí.
—Me encanta el vino. —Suspiro—. Está bien. Voy a llamar a tu amigo.
—Excelente —dice Alex con una sonrisa, levantando su vaso—. He aquí
un nuevo comienzo.
Hay un montón de promesas en su sonrisa y sé que no está hablando
sólo de un nuevo comienzo con mi carrera. Trago y tintineo los vasos.
—Por un nuevo comienzo —digo torpemente.
Alex me mira.
—¿Qué pasa?
Niego con la cabeza.
—Vas a pensar que soy tonta.
—Probablemente no —responde—. Sólo dime.
—Tengo un problema ahora... con el compromiso. Después que he
invertido quince años de mi vida con Rick y él me engañó, encuentro
esto un poco desconcertante sólo confiar en ti con tantas áreas de mi
vida. Supongo que tengo problemas de confianza.
Alex asiente lentamente. Y es tan, tan guapo.
Trato de ignorar ese hecho.
—Entiendo —dice—. Pero quiero que sepas... que soy una persona de
confianza. Y no espero que confíes en mí inmediatamente. Espero
ganar tu confianza. Y lo haré, lo prometo.
Su tono es suave, ronco y me calienta. Sonrío. Él ya sabe exactamente
cómo hablarme y tranquilizarme fuera de la cornisa. Él es lo que
necesito.
Terminamos nuestra cena y salimos del hotel. Me devuelve a mi auto y
me besa profundamente.
—Te llamo más tarde —me dice. Asiento.
Me voy a casa, tomé un vaso de vino y hago lo que haría cualquier
mujer racional.
Me meto en la bañera de hidromasaje y llamo a Sara. Ella llega treinta
minutos más tarde y se sube conmigo. Esta vez, llevamos nuestros trajes
de baño ya que Sophie está en el interior.
—No veo cuál es la gran pregunta —anuncia Sara después de que le
haya terminado de explicar—. Él dispuso una oportunidad para que
consigas un mejor trabajo para que puedas salir con él. Y es elegible,
guapo, sexy y perfecto. Al menos, lo parece. No puedo decirlo con
certeza, ya que no lo he conocido personalmente.
Hace una pausa aquí, una larga pausa con una ceja levantada.
—¿Qué? —pregunto—. Puedes encontrarte con él. Algún día. En
probablemente unos cuarenta años. No quiero que lo asustes de
muerte.
—No soy una persona que de miedo. —Ella olfatea—. En serio. Es mi
derecho reunirme con él, Alli. Es la única manera en que puedo hacer
un preciso juicio personal en esto.
—No necesito tu preciso juicio personal —le digo—. Creo que lo he
entendido.
—Entonces, ¿por qué me has llamado, genio? —pide—. Querías mi
opinión, es por eso.
—Tal vez. —Reconozco—. Pero quiero esto sin ti intimidando a Alex por
esto.
Me tomo un largo trago de mi vino y pongo mi cabeza hacia atrás. Sara
pone la suya hacia atrás también.
—Sólo confía en mí, cariño. No voy a avergonzarte. Simplemente tengo
un puñado de preguntas que hacerle. Además, él es un gran
importante Vicepresidente hot-shot. No puedo intimidarlo, estoy segura.
En serio. ¿Cuán posiblemente malo puede ser esto?
—Nadie debería hacer una pregunta como esa.
Eso lo sé. Lo sabía cuándo lo dijo y lo sabía cuatro días más tarde
cuando quería matarla.
Una vez más.
—¿Cómo sé que puedes mantener tu pene en los pantalones? —
pregunta Sara de manera conversacional en una cena de comida
china para llevar y caro vino en mi patio. Ella, por supuesto, está
hablando con Alex.
Después de molestarme toda la semana, finalmente accedí a que ella
cenara con nosotros esta noche. Y fue un error de la mayor clase
posible. Pero Alex se lo está tomando con calma e incluso está
aparentemente divertido.
Estoy impresionada aún más con él, si es que eso es incluso posible.
Alex le sonríe a Sara.
—Bueno, mi pene tiene cuarenta años de edad. No tiene la energía
para aventurarse fuera de mis pantalones en extrañas aguas.
Ella lo estudia.
—Bueno, eso sería una buena respuesta, pero Rick es casi de la misma
edad y su pene encontró energía.
Alex suspira con buen humor.
—Yo no soy Rick el Cretino, sin embargo. —Señala.
Asiento. Ese es un punto muy válido. Esta interrogación se ha
prolongado durante más de una hora ahora. Y tengo que decir que él
está manejando a Sara muy bien.
—Es cierto —dice Sara, mirándolo—. Y esa es probablemente la mejor
respuesta que puede darme.
Alex me lanza una mirada detrás de la escuálida espalda de Sara.
Ella tiene buenas intenciones, le gesticulo. Él asiente.
—Creo que conseguiré otra botella de vino, damas —dice, poniéndose
de pie. Mientras camina hacia la casa, Sara le llama.
—¡Tienes un muy buen culo! Ese es un punto a tu favor.
Alex se gira y sonríe antes de dirigirse a la casa.
—En serio, Sara —siseo—. Oh, Dios mío. Eres vergonzosa.
—Pero me siento mucho mejor ahora —dice—. Está bien. He decidido.
Tienes mi permiso. Puedes salir con él. El sexo es bueno, él es precioso, es
sexy... ¿qué más se puede pedir?
Ella toma un despreocupado bocado de su rollo de huevo, como si
ésta fuera realmente su decisión. Suspiro.
—Se te olvidó paciente —digo—. Es muy paciente.
Ella nivela una mirada hacia mí.
—Es cierto que es paciente.
—Y no necesito tu permiso —le recuerdo—. Pero gracias, no obstante.
Alex regresa y nos vierte a cada uno un vaso de vino. Lucho con el
impulso de inclinarme hacia él y besarlo. Es sexy como el infierno,
maldita sea. Y huele bien, también. Pero entonces Sara me distrae con
una pregunta.
—Todo esto es un poco repentino. ¿Qué piensa Sophie?
Estoy en silencio mientras observo a Alex.
—¿No le han dicho a Sophie todavía? —Sara esta incrédula—. ¿Cómo
se han estado viendo toda la semana sin que ella se diera cuenta?
—Bueno, primero que todo. Esto no es repentino. Nos estamos moviendo
un poco rápido, pero eso es sólo porque somos adultos maduros que
están seguros acerca de lo que queremos —digo—. No hay razón para
esperar. Y en segundo lugar, no le hemos dicho Sophie, ya que aún no
es el momento.
Sara me mira, no convencida.
—¿Y cuándo será el momento?
—No sé. —Admito en voz baja—. Pronto.
—¿Y qué pasa con el nuevo puesto de trabajo —pregunta Sara—. ¿Qué
has decidido?
Miro a Alex sobre la mesa. Él me da una mirada alentadora.
—Voy a reunirme con los bodegueros la semana que viene —digo—. Y si
es realmente tan buena oportunidad, como suena, probablemente lo
tomaré.
Sara se sienta en su asiento, mirándome primero a mí, luego a Alex.
—Bueno, parece que todo está bastante cosido aquí —dice—. Mi
trabajo aquí está hecho.
Alex levanta una sexy ceja.
—¿Tu trabajo?
—Sí —responde Sara antes de que pueda golpearla.
—Es por mí que Alli salió en primer lugar. Nunca habría estado
preparada para salir contigo si yo no hubiera intervenido.
—Ah, sí? —pregunta Alex, sus ojos se reúnen con los míos.
—Sí —interrumpo rápidamente—. Sara me habló de ir a una cita con
Brian de Contabilidad. Sólo por la práctica —digo. Él está
comprensiblemente sorprendido.
—Brian de Contabilidad —repite con escepticismo. Asiento.
—Sí, y fue casi tan divertido como era de imaginar.
Alex se ríe, lento y fácil, y cambia de tema.
Terminamos la nueva botella de vino antes de que Sara se despida,
asegurándose de nalguear a Alex en el culo al salir. Él sacude la cabeza
a medida que caminamos adentro.
—Tu amiga es un personaje —me dice.
—Todo el mundo dice eso. —Me río—. Personaje, petardo, mujer
descarada... como se quiera.
—Pero me gusta —responde—. Dice las cosas como son y tengo que
respetar eso.
Se sienta en el sofá y me tira abajo con él. Besa el lado de mi cuello y
luego se aleja, mirándome.
—Así que puedo o no estar equivocado, pero creo que estabas
dispuesta a tener un ataque de pánico cuando Sara comenzó a hablar
acerca de estar lista para mí. ¿Estoy en lo cierto?
Estoy congelada ahora. No tengo ni idea de qué decir. Desde luego, no
puedo decirle la verdad.
Pues sí, Alex. Sara me convenció de tener relaciones sexuales con un
gigoló que resultó ser tu hijo. No, eso no sería bueno. Yo, obviamente, no
puedo decir eso. Soy como un ciervo atrapado en los faros. Mi boca se
abre, a continuación, se cierra. No sé qué decir.
Alex me estudia.
—No te sientas cohibida acerca de alguno con el que tuviste una cita
antes de mí —dice—. No es asunto mío. Tú acababas de divorciarte. Por
supuesto que necesitabas salir y volverte loca. Eso se espera. Y estoy
seguro de que estabas segura acerca de eso. Honestamente, me
alegro de que Sara te convenciera. Porque ahora ya estás lista para mí.
Estoy callada y asombrada por su más que perfecta respuesta. Puedo
continuar con él sin sentirme culpable por Colby porque Alex sólo me ha
aprobado. Se esperaba, dice. Esperado. Yo apenas dudo de que tener
relaciones sexuales con su hijo fuera lo que quería decir, pero eso es un
detalle, ¿no?
Asiento lentamente.
—Podría haberme emocionado un poco —digo con cuidado—. Pero
eso está terminado. Me gusta estar contigo. Tú y yo somos perfectos.
Y ahora, dice riendo.
—No siempre vamos a ser perfectos —me dice, acercándome más a su
regazo—. Pero nosotros somos el uno para el otro. De eso, no tengo
ninguna duda. ¿Cuándo quieres decirles a nuestros hijos?
Nuestros hijos.
Colby.
Quiero malditamente morir en estos momentos.
Si Alex y yo alguna vez nos casamos, Colby será mi hijastro. El chico que
me enseñó como poner a un tipo en sus rodillas en cinco minutos será
mi hijastro.
Es posible que necesite tratamiento.
Pero, de nuevo, para ser justos, Colby ha sido fiel a su palabra. Toda esta
semana pasada en el trabajo, ha pretendido como que apenas nos
estamos conociendo el uno al otro, como que la única otra manera
que nos conocemos se debe a que él es entrenador de natación de
Sophie. Y como él dijo, está empezando a parecer menos raro. Como
que yo soy verdaderamente su jefe y él es verdaderamente sólo mi
interno.
El hijo del hombre con quien estoy saliendo.
Pero estoy trabajando por eso. Y entre más tiempo pasa, más normal
parece.
Puedo hacer esto. Y Colby parece realmente feliz por su padre.
—No lo sé —digo—. Creo que Sophie va a estar bien. Quiero decir, ella
odia a la novia de su padre, pero Vanessa es apenas mayor que Sophie
y ella es una perra total. Por lo tanto, hay una diferencia.
—¿Crees que voy a estar bien con qué?
La voz de Sophie flota a través de la sala y mi cabeza se mueve
bruscamente hacia arriba. Mis ojos se encuentran con los suyos. Y
recuerdo que estoy sentada en el regazo de Alex.
—Um.
Ni siquiera sé qué decir. Estoy sorprendida. Me apresuro del regazo de
Alex y prácticamente me rompo el cuello para llegar a través de la
habitación hacia ella.
—Bueno, estábamos hablando de ti y lo que dirías... si... Alex y yo
empezamos a salir.
Mi tono es más como una pregunta que una declaración.
Sophie se me queda mirando.
—Pero ya están saliendo —responde tranquilamente—. Si querías mi
permiso, ¿no crees que deberías haber preguntado antes?
Estoy horrorizada ahora mientras la miro fijamente, horrorizada.
—¿Cómo lo sabes? —susurro. Alex está detrás de mí, con una mano en
la parte baja de mi espalda. Empieza a decir algo, pero Sophie lo
interrumpe con una sonrisa.
—Bueno, tú estabas sentada en su regazo, mamá. —Me sonrojo y se
ríe—. Estoy bromeando, mamá. Sí, lo sabía... porque no soy tonta.
Estaban inventando excusas al azar para ir a su casa para trabajar y él
mantenía “olvidados” archivos aquí, así tendría que volver. Ustedes
chicos eran taaan evidentes. Pero está bien, estoy bien con él. Ustedes
son lindos.
Y suena como si ella estuviera hablando con su hijo en lugar de su
madre.
Estoy mirándola fijamente.
Ella sonríe de nuevo y se ve angelical.
—En serio, mamá. Está bien. Estoy feliz por ti. Y estoy feliz de que Alex no
sea un cretino como mi papá. O Vanessa.
Y me da un pequeño abrazo y trota por el pasillo antes de que pueda
recoger mi ingenio.
—¡No llames a tu padre cretino! —le grito. Y luego me giro hacia Alex—.
Bueno, un chico menos —digo sin fuerzas.
—Un chico menos —dice—. Pero Colby va a estar bien. Estoy bastante
seguro de eso.
Yo ya estoy segura de eso, pero no digo nada. En su lugar, sólo sonrío y
camino a la cocina, cada de uno de nosotros con otro vaso de vino.
Dios, me encanta el vino.
Alex le dice a Colby a la semana siguiente.
Colby lo tomó muy bien, al igual que yo sabía que lo haría. De hecho,
llegó a mi oficina y me felicitó poco después.
—En serio, quiero que seas feliz Alli —dice, inclinándose hacia adelante
en su asiento y dándome su sonrisa infantil—. Y mi padre también.
Ustedes realmente son el uno para el otro.
—Yo también lo creo —le digo—. Gracias.
—Y las cosas no van a ser raras entre nosotros —dice—. Lo puedo decir
ahora mismo. Eres una chica fresca. Tú sólo tomas las cosas como
vienen. Eso me gusta. Es justo lo que mi papá necesita.
Sonrío. No me siento como un “chica fresca” lo que sea eso, pero no lo
señalo o incluso pido una definición.
—Y además, te alegrará saber que... estoy dejando Utopía. Algo como
con el empezar aquí en Zeller y no puedo ser un gigoló toda mi vida.
Tengo que hacer algo un poco más respetable. Por lo tanto, voy a ir a la
escuela de posgrado, después de todo. Creo que es lo que tengo que
hacer.
Ahora estoy sorprendida mientras me quedo mirándolo.
—Fuiste un muy buen gigoló —le digo—. Pero vas a ser un gran hombre
de negocios, también.
Sonríe con su encantadora sonrisa.
—Gracias. Y, por supuesto, sigo teniendo la intención de entrenar a
Sophie, hasta que ella esté en un nivel en el que necesita un entrenador
profesional.
—Por supuesto —respondo—. Te lo agradezco.
Él se inclina y me besa en la mejilla y se no se siente sexual en absoluto.
Realmente creo que puedo hacer esto. Puedo llevarlo adelante.
Y más tarde en la semana, después de la entrevista con los propietarios
de la bodega, decido tomar el trabajo. A condición de que pueda
llevar mi propia asistente, por supuesto. Taylor es una fiera y molesta a
veces, pero cuida bien de mí. No la dejaría atrás. Esta es una idea que
me desconcierta aunque después de escuchar sus interminables quejas
acerca de empacar mis cosas de oficina y el hecho de que su nuevo
viaje será más largo de lo que es en estos momentos.
Me quedo mirándola.
—Taylor, vamos a trabajar en una bodega. Una bodega. No digo más.
—Me mira y me sigue, pero no antes de ver su sonrisa. Ella lo va a amar.
Como yo.
Estoy empacando una última caja cuando Alex viene, envolviendo sus
brazos alrededor de mí desde detrás. Suspiro, un suspiro de felicidad.
No tenía idea de que iba a ser así de feliz en un espacio tan corto de
tiempo. BC prácticamente canta para mí todos los días, así es como
demuestra lo satisfecha y feliz que es. Ya sabes lo que dicen... una
vagina feliz es una mujer feliz. Bueno, ellos no dicen eso, pero deberían.
—¿Qué piensas? —pregunta Alex mientras me da un beso a lo largo de
la parte interior de mi cuello, justo donde me gusta—. ¿Estás triste por
dejarlo?
Miro a mi alrededor en la oficina de felpa de la esquina en la que he
trabajado tan duro para llegar. Y sé que no estoy triste, porque estoy
ganando en muchos niveles diferentes. Voy a una mejor oficina.
Victoria. Y está rodeado de viñedos. Doble victoria. Estoy saliendo con
una fabuloso y chico sexy que es exitoso y tiene mucha confianza. Triple
Victoria.
Todo parece estar haciendo clic en su lugar, como que estaba
destinado a suceder de esta manera. Leí en alguna parte que todos los
caminos rotos en la vida conducen a donde se propusieron ir en el
primer lugar. O algo por el estilo. Y lo que realmente es cierto. Pensé que
estaba destinada a estar con Rick el Cretino y vivir hasta que
estuviésemos viejos y grises en una habitación de la esquina de una
casa de retiro. Pero él tenía otros planes... e hizo su vida.
La vida echó las uvas en mí, pero yo las convertí en vino.
Dios, amo el vino.
Me dirijo a Alex.
—No, no estoy triste. No estoy triste en absoluto.
Luego me besa hasta que mis rodillas se vuelven débiles.
Y sé que más allá de cualquier sombra de cualquier duda de que estoy
haciendo lo correcto... con respecto a todos los aspectos de mi vida.
Mis rodillas estaban destinadas a ser débiles por este hombre.
—Bésame otra vez —le digo.
Y así lo hace.
Traducido SOS por Clarksx
Corregido por Curitiba
—Pueden apilar eso ahí —le digo a uno de la empresa de mudanzas.
Todos los de servicio de mudanzas parecen ser corpulentos y toscos,
pero les di donas para el desayuno, por lo que me gustan. Éstos soltaron
gruñidos y movieron la caja.
—Hey cariño —Alex llama desde nuestra habitación—. ¿Cómo quieres
que etiquete esta caja?
Camino de vuelta y parece que ha incluido todo lo de mi mesa de
noche y todos los juguetes gloriosos que contenía. En el transcurso del
año pasado, he añadido algunos compañeros de Gerónimo. Y Alex y yo
los usamos regularmente... juntos. Hey, no juzguen. Es jodidamente
caliente.
—Um, ¿qué hay de juguetes sexuales? —sugiero. Pone los ojos y escribe
MESA DE NOCHE DE ALLI-PRIVADO.
—Como si nadie supiera lo que eso significa —me río.
—¿Estás absolutamente segura de que deseas mudarte? —pregunta
Alex por vigésima quinta vez. Lo miro.
—Creo que tener a una preciosa casa nueva construida en el borde de
un viñedo, probablemente mudarnos sería lo mejor, ¿no crees? —le
pregunto con ironía.
Alex me mira.
—Sólo sé que Sophie se crió aquí. Tú tienes un montón de recuerdos
aquí. No quiero que te vayas a menos que estés segura de que lo
deseas.
Sonrío.
—Eres el hombre más sexy, más guapo del planeta. Fue mi idea
mudarnos. Quiero empezar nuestro matrimonio en nuestra propia casa.
No en mi casa.
Él sonríe.
—Señora Harris. Estoy realmente amando como suena eso. A pesar de
que acabas de saber que nunca te permitiré tomar clases de tenis—.
Sonrío al recordar que su perra ex esposa lo engañó con un instructor de
tenis.
—No te preocupes —le digo—. No me gusta el tenis.
—Sabía que te amaba por una razón —bromea mientras él sella mis
juguetes.
—Tú me quieres por un montón de razones —le respondo.
Él asiente.
—No voy a discutir eso, Alli Cat.
La primera vez que Colby escuchó a Alex llamarme Alli Cat, creo que
casi se ahogó con su lengua. Pero se recuperó rápidamente y las cosas
han sido muy normales en ese aspecto.
Colby tiene un año en su programa de MBA y lo está haciendo muy
bien en Zellers. Mi reemplazo lo ascendió rápidamente de un interno a
un gerente de nivel de entrada, debido a la iniciativa y la unidad de
Colby. Sé por experiencia personal que iniciativa la tiene el niño. Y
fuerte.
Sophie está nadando pateando traseros y tomando nombres. Está bien
en su camino a ganar a nivel estatal y luego puede nadar en la
universidad. ¿Y quién sabe hasta dónde va a ir después de eso?
Rick el cretino está solo. Vanessa rompió con él poco después de que
Alex y yo nos juntáramos. Rara vez tengo que verlo, pero cuando lo
hago, nos las arreglamos para ser civilizados. Él es un idiota, pero no es
más mi cretino. Él puede hacer sufrir a alguien más. Algún día, esto es,
cuando convenza a alguien para salir con él.
Y Sara... mi demonio de mejor amiga está saliendo con Tom, amigo
reclutador de Alex que me consiguió el trabajo en la bodega. Ella lo
llamó para ver cómo va el mercado de trabajo y de alguna manera
terminó saliendo. Sara es buena en voltear una situación como esa. Ella
va a ser mi dama de honor, por supuesto, y ya tiene todo tipo de cosas
de alto secreto previstos para mi despedida de soltera. Ya estoy
aterrorizada.
Ah, y la bodega. Alex terminó comprando la bodega, por lo que somos
copropietarios ahora. Él me lo dio como regalo de compromiso. Me
propuso matrimonio en un acantilado de Hawaii cuando estuvimos allí
el verano pasado. Fue romántico, dulce y perfecto. Al igual que Alex. El
anillo que llevo en mi dedo es enorme. Tan grande y brillante que hizo
que Sara aullara de envidia, por supuesto es importante.
Por último, pero no menos importante, mi chica BC está tan satisfecha
como un gato con un vientre lleno de leche. O igual que un puma con
la barriga llena. Ella es depilada regularmente ahora, cada tres meses o
menos. Y la chica depiladora estaba totalmente en lo correcto. No me
duele casi tanto después de la primera o segunda vez. BC es calva y
orgullosa de ello. Ella es una chica atrevida.
—¿Alli?
Puedo decir por el tono de Alex que no es la primera vez que ha dicho
mi nombre. Me dirijo a él, mirando fijamente la forma en que el sol de la
mañana cae sobre su hermoso rostro. Le acaricio la mano donde la luz
lo toca.
—¿Sí? —le pregunto dulcemente.
—Sólo iba a preguntar de dónde querías conseguir el almuerzo. Pero no
importa. Tengo una mejor idea en mente.
Él da zancadas por la habitación y cierra la puerta de la habitación y
luego me empuja sobre la cama con la sonrisa maliciosa que es, por lo
que lo amo.
Los de servicio de mudanzas pueden esperar.
Courtney Cole es una
novelista de gran éxito en
ventas en el New York
Times y en el USA Today
que prefiere escribir que
comer chocolate. Obtuvo
una Licenciatura en
Negocios, pero ninguna
cantidad de trabajo en el
mundo corporativo podía
reprimir su impulso de
escribir. Courtney nació y
se crió en Kansas, hogar de gente increíblemente amable y el
clima más horrendo del planeta. Debido a que los días de
verano estaban tan calientes, creció leyendo montones de
libros... y cuando no le gustaba el final, ella escribía el suyo.
A Courtney le gusta el esmalte de uñas rosa caliente, Mitch
Albom y las tormentas (no necesariamente en ese orden).
Actualmente vive cerca de Chicago con su Encantador Príncipe
de la vida real, dos hijos, una hija y un pequeño zoológico
doméstico.
Para saber más sobre ella, visita www.courtneycoleauthor.com