0% encontró este documento útil (0 votos)
71 vistas40 páginas

Entrerrianas

Este documento resume la historia de Gilgamesh según se cuenta en el poema épico de once tablillas. Relata cómo Gilgamesh busca la inmortalidad después de presenciar la muerte de su amigo Enkidu, y cómo atraviesa peligros para llegar con Utanapishtim, el único inmortal, en busca de su secreto.
Derechos de autor
© Attribution ShareAlike (BY-SA)
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd
0% encontró este documento útil (0 votos)
71 vistas40 páginas

Entrerrianas

Este documento resume la historia de Gilgamesh según se cuenta en el poema épico de once tablillas. Relata cómo Gilgamesh busca la inmortalidad después de presenciar la muerte de su amigo Enkidu, y cómo atraviesa peligros para llegar con Utanapishtim, el único inmortal, en busca de su secreto.
Derechos de autor
© Attribution ShareAlike (BY-SA)
Nos tomamos en serio los derechos de los contenidos. Si sospechas que se trata de tu contenido, reclámalo aquí.
Formatos disponibles
Descarga como PDF, TXT o lee en línea desde Scribd

entrerrianas

Manuel Palazón Blasco


Creative Commons Atribución/Reconocimiento-CompartirIgual 4.0
Licencia Pública Internacional – CC BY-SA 4.0

~2~
serranillas divinas
Ya arroja sus florecitas azules el lino en el campo –le deía Utu
(vale
el Sol)
a su hermana--. Yo
lo arrancaré con el azadón,
y lo empozaré,
y,
cuando esté seco,
lo majaré con el mazo,
lo espadaré
y rastrillaré,
y labraré,
luego,
el hilo,
y tejeré,
con él,
la sábana para tu ajuar.
--¿Harás,
entonces --le dijo
Inanna — mi interesado rufián? Pero dime,
¿quién ensuciará mis sábanas blancas,
nuevas?

Utu defendió la bandera de Dumuzil,


el pastor; Inanna
prefería a otro, su galán
de los campos de pan,
de lino,
de cerveza. Entró
Dumuzil
y sacó al mercado matrimonial la lana,
la leche,
los quesos,
la miel.

~3~
Inanna
dijo su gente,
soy hija de Nanna, la Luna,
y de Ningal, su esposa,
y nieta de Ningikuga, señora de los marjales,
y hermana de Utu, el Sol.
--Yo –contestó Dumuzil— también soy hijo
de algo,
que tengo,
por padre,
a Enki, dios sabihondo,
y,
por madre,
a Sirtur,
señora de las ovejerías,
y era mi hermana Geshtinanna,
que suelta los sueños y el vino.

Lo mismo que con Fred y Ginger,


de aquellos dares y tomares nació un amor que,
en esta película,
fue cochino.

Inanna, que gobierna el conventillo enramado que llaman


Puerta
del Cielo
(¡Babilú!),
en Uruk,
dueña
alcahueta,
señora de los amores escondidos,
hizo,
para sus bodas con Dumuzil, rey
de ovejas (que sirviera
de epitalamio),
una comedia rimada
y cochina

~4~
los dioses, como moscas
Ya
no
llovía.
El Arca se mece,
incongruente,
en la cumbre del Monte Nimush. Utanapishtim,
su capitán
escogido,
quema en la cubierta cañas,
madera de cedro,
el mirto,
incienso:
¡los dioses
acuden,
zumbones,
al humo
oloroso
“como moscas”1,
buzzzz!

1
Epopeya de Gilgamesh, Tablilla XI.
~5~
~6~
Gilgamess
pajarotada
bajan a almorzar,
al romperse la mañana,
las aves (eran
de érase una vez)
a las orillas fangosas del Éufrates,
y cuando buscan de nuevo el cielo han dejado en el barro
menuda pollería,
las huellas de sus zapatos fantásticos

ahora
se entran en la playa los bibliotecarios de Uruk,
y recortan las tablillas que traen los cuentos de su nación

~7~
por tercios
miran sus júligans en la naturaleza de Gilgamesh, echan
números (son cuentas
marranas),
y sacan dos partes divinas, y una
terrenal

es que engendró al héroe


Lugalbanda,
segundo rey postdiluviano de Uruk,
en el traje de su dios familiar,
en Ninsun, hija del Cielo
y de la Tierra

~8~
apretado en once tablillas
mi vida (el héroe,
vacilón,
se querellaba contra su autor, Sin-lege-unninni, el Homero
entrerriano),
en letra cuneiforme,
(no) cabe en once tablillas de barro

~9~
el estropeado salvaje
Gilgamesh fue en la ciudad de Uruq alcalde de horca
y cuchillo
y desbridado cipote,
y Aruru, la Gran Diosa,
hizo a Enquidu,
mezclando su salivilla maravillosa con el barro,
para que rebajase sus humos

Enquidu tenía su madriguera en las soledades y los silencios de


la estepa,
no conocía la barbería,
ni las ciudades,
ni los hombres,
se apacentaba con las gacelas,
se abrevaba en los aguaderos con las demás bestias

porque estorbaba sus monterías un cazador se querelló delante


de Gilgamesh, y éste, metido
a rufián,
le dio en préstamo a Shamhat, la Ramera: ella
desbravaría al monstruo

la Ramera, desnudándose,
regaló con sus talentos a Enquidu,
y el bruto se derramó durante siete días y siete noches en
aquella deliciosa desembocadura hasta vaciarse

ahora
lo tentaba,
que la siguiese hasta Uruq,
allí tienen sus habitaciones los dioses, en zigurats
que suben,
zigzagueando,
hasta el cielo,

~ 10 ~
allí
suenan las arpas
y los tambores,
podrás visitar los burdeles
y las tabernas,
y luego
luego
se desdecía, no,
Enquidu,
no entres en Uruq,
que su señor,
Gilgamesh (lo han favorecido los dioses con sus gracias),
tremendo,
te acabaría

con eso picaba a Enquidu,


iría,
y desafiaré al tirano

en una villa vecina de la sierra la Ramera enseñó a Enquidu el


pan
y la cerveza,
lo bañó,
lo ungió con óleos perfumados,
lo vistió,
lo armó

ahora Enquidu servía de mastín a los cazadores,


defendía sus rebaños,
mataba a los leones,
las lobadas,
y los animales silvestres, sus compañeros
antiguos,
lo rehuían

~ 11 ~
es que era
ya
Otro,
lo otro

~ 12 ~
mariconerías
Cuando enteran a Enquidu, cruzado
nuevo,
meapilas,
de que el alcalde de Uruq ejerce el derecho de pernada con las
novias de la ciudad que gobierna,
se entra en ella,
para estorbárselo.

Gilgamesh y Enquidu salen a la palestra,


se combaten,
encuentran a su rival admirable,
y cambian su enemistad en un amor algo bujarrón que sellan
con un beso.

Ya no roncaba Enquidu. Gilgamesh


titula al amigo hijo de la gacela
y el onagro,
pupilo de las bestias salvajes. Recuerda
sus hazañas
a dúo. ¿Qué era
ese sueño testarudo que se había apoderado de él? Vuelve
enseguida
conmigo,
de este lado de las cosas.
No lo oía.
Cubrió su rostro con un velo,
como el de una novia.
Lo rodeó como un águila,
como una leona cuyos cachorros hubieran caído a un foso.
Se arrancaba los cabellos,
la ropa.
No se quitaba de sus orillas.

~ 13 ~
Pero el séptimo día vio que un gusano le salía de las narices.
Ordena
inmediatamente,
con ascos,
que lo entierren.
Encarga una estatua que lo repita.
Preparó un holocausto,
y se lo ofreció a Ishtar,
y a su amigo pastor,
Dumuzi,
y a Ashimbabbar, el Dios Lunar,
y a Ereshkigar, que gobernaba los Infiernos,
y a Namtar, su correo,
y a Qassa-tabat, su barrendero,
y a Ninshuluhha, su ama de llaves,
y a Bibbu, su carnicero. Ahora
él
se dejará crecer el cabello desordenadamente,
vestirá una piel de león, habitará
la estepa.

~ 14 ~
Enqidu ¿qué fue de Gilgamesh?
Enqidu, ¿qué fuera
de Gilgamesh? ¿Robin?,
¿Patroclo?,
¿Pablo Picapiedra,
Obélix,
el Flaco,
Pedrín?

su Cantar,
que es el primero del mundo,
afirma que Enqidu fue concebido como “imagen”,
o “huella mnémica” (“zikur
shu”)
de Gilgamesh,
su “réplica” (¿su replicante?)

a mí Enqidu (estropeado
y todo)
me parece el otroyó peludo,
idiota,
mejor,
de Gilgamesh

~ 15 ~
Gilgamesh, delante de la muerte
Las once tablillas del Cantar de Gilgamesh encierran,
en su barro labrado,
los trabajos del héroe para hurtarse a la Parca.

En un principio no se le da nada la muerte:


porque la sabía
segura,
y por que la fama de su hazaña alargase
algo,
si no su vida,
la memoria de su nombre,
quiso matar a Humbaba,
el monstruo que guardaba el Cedral sagrado del Líbano.

Cuando los dioses condenan a Enquidu a morir,


porque han desmontado el Bosque de los Cedros,
y han descordado al Toro Celestial,
su amigo lo consuela.
Lo que los dioses decretan no tiene vuelta atrás.
Muchas veces, le dice, se terminan los hombres antes de
tiempo.
Es mucho peor la suerte del que te sobrevive,
su duelo. Yo
encargaré varias misas por tu alma,
y mandaré que levanten tu imagen, y que sea
de oro.

Sus aprensiones comienzan con la relación del sueño de


Enquidu,
que describe por menudo la Casa de las Sombras,
y echan raíces en el suelo de su conciencia,
destrozándolo,
cuando,
en el séptimo día del velatorio,
entiende la gusanera que verbenea en la carne del amigo.
~ 16 ~
Gilgamesh,
durante su duelo, en la estepa,
en aquellas soledades
nuevas,
considera su provisionalidad,
y la aborrece,
y quiere remediarse.

A pesar de que Shamash, dios del Sol


y de los oráculos,
le ha advertido que jamás encontrará lo que busca,
porque sobrevivió al Diluvio,
y porque los dioses le concedieron después,
arrepentidos de su demasiada cólera,
la inmortalidad,
resuelve visitar a Utanapishtim.

Gilgamesh atraviesa el túnel que guardan dos monstruos


escorpiones, marido
y mujer,
y al otro lado,
en el fin del mundo,
Siduri,
la Tabernera,
le aconseja que goce de esta vida,
y se descuide de la otra. El príncipe
cabezón
insistía. Ojo,
le decía la Tabernera,
que sólo Shamash, el Sol, puede cruzar aquel mar.
Pídele,
en todo caso,
a Ur-Shanabi, el barquero de Utanapishtim,
que te cruce,
que él posee las Piedras Brujas que permiten navegarlo. Él,
bruto,
atacó al barquero,

~ 17 ~
y las Piedras Brujas se hicieron pedazos.
Gilgamesh y el Barquero usaron perchas para atravesar el
marjal.
Cuando las perdieron,
Gilgamesh usó su ropa como traperío.
En el muelle interrogó a Utanapishtim. ¿Habré de morir
yo
también,
como Enquidu? Sí,
que Mammetum,
señora de nuestros hados,
estableció la vida y la muerte para todos los hombres.
Sólo a mí y a mi esposa nos hizo Enlil como dioses,
y vivimos para siempre. Tú
ni siquiera sabrías velar siete días
y siete noches
seguidas,
¿cómo aspiras, entonces, a merecer la inmortalidad?
Gilgamesh aceptó el desafío. El sueño
lo rindió enseguida.
Para demostrar que se había dormido,
la mujer cocinaba un pan cada día,
y lo colocaba junto a su cabecera. Cuando Gilgamesh
despertó,
siete panes mostraban el moho de uno,
de dos,
de tres,
de cuatro,
de cinco,
de seis,
de siete días.
Utanapishtim ordenó al Barquero que devolviese a Gilgamesh
a su orilla
cabal,
y se quedase para siempre en el otro lado,
para que nadie pueda volver a atravesar estas aguas.

~ 18 ~
Bañan entonces a Gilgamesh,
y le dan ropas nuevas,
espléndidas,
que permanecerán mágicamente intactas hasta su regreso a
Uruk.
Su mujer,
sin embargo,
apiadada,
revela a Gilgamesh la existencia de una planta de la juventud
eterna,
y le da instrucciones para obtenerla.
El héroe abre en la tierra una grieta y se arroja al fondo del
mar atándose una piedra a los pies,
arranca la planta, desanuda la cuerda,
emerge en la otra orilla.
Pero mientras se baña una serpiente se come la planta,
y cambia de piel. Gilgamesh
berrea. Ahora
le faltan las herramientas,
y la barca.

De regreso en Uruk, invita a Ur-Shanabi a inspeccionar las


murallas de Uruk,
con sus maravillas: sólo
la memoria de sus gestas,
y de sus arquitecturas (esto
lo sabe
ahora)
aplazarán algo su muerte.

~ 19 ~
misticón
no
al revés que santateresadejesús, ven,
muerte,
tan escondida,
vivosinvivirenmí,
Gilgamesh aborrece el otro lado,
y busca por todos los medios (no
podrá)
quedarse por aquí

~ 20 ~
muerte de Gilgamesh
el Toro, derribado, bufa, no se levantará
ya,
y sueña a Nudimmud conduciéndolo ante una asamblea de
dioses; éstos
trataban la materia-
de-
Gilgamesh,
sus gestas (acabó
a Huwawa,
y arrasó el Bosque de Cedros que cuidaba),
los edificios que empezó,
que rescatara las misas antiguas de los sumerios,
que se llegase hasta las habitaciones de Ziusudra (el Noé
mesopotámico),
y su destino,
que será,
a pesar de tener madre
divina,
el de todos los hombres

Enki,
el Juez,
dictó,
entonces,
dentro
todavía
del sueño,
la suerte
póstuma
del héroe,
que gobernaría los infiernos,
y juzgaría a los muertos en tribunal formidable,
junto con los dioses Ningishzida y Dumuzi,
que Sissig, dios de los sueños, el hijo de Utu,
lo alumbraría en aquellas tinieblas
~ 21 ~
ahora
Enlil, padredetodoslosdioses,
le dice,
Gilgamesh,
no desciendas a la Gran Ciudad con el corazón anudado,
siéntate a la cabeza del banquete funeral que presiden los
Anunna, allí
verás a tu padre, el rey Lugalbanda,
a tu madre, la diosa Ninsún,
a tu hermana,
a tu favorita,
a Enquidu, tu camarada,
y te contaremos entre los dioses de segunda

Gilgamesh despertó algo conformado,


y tuvo otra visión
aún
que su hijo Ur-lugal soltó para él

siguiendo aquellas instrucciones Gilgamesh mandó que Kulaba


desviase el curso del Éufrates,
y construyesen en la cuenca vaciada una sepultura de piedra,
secreta,
y degollasen
luego
a su esposa,
y a su hijo,
y a su esposa
segunda,
y a su fulana,
y a su barbero,
y a sus cortesanos
y pajes,
y los encerrasen, con sus bienes
muebles,
en el monumento

~ 22 ~
entonces,
entrándose en él,
Gilgamesh ofreció regalos a los dioses
mejores,
y apuró el vino que lo terminaría

devolvieron después el río a su cauce,


cubriendo la tumba,
escondiéndola para siempre,
y lloraron a su señor
más famoso
y animal

~ 23 ~
muuuu
parece,
el Cantar de Gilgamesh,
tentadero

dice, para decir al Niño, el poeta,


que fue el ternerillo
algo bruto
del rey Lugalbanda, y mamón
de la diosa Ninsun, la vaca
salvaje

el héroe fue,
en sus mocedades, alcalde
tirano
de Uruk,
“a bully”

Ishtar, la diosa
gamberra
de Entrerríos,
verrionda,
lo titula,
presentándole el trapo,
“Toro Celestial”

otro bicho,
de los corrales sagrados de la Golfa,
sobrero (en este cuento,
y en el mundo),
devastaba las orillas fecundas del Éufrates,
y Gilgamesh,
de torero,
y Enkidu,
su alguacilillo,

~ 24 ~
salieron al ruedo de su suerte
peor,
y lo descabellaron,
e hicieron luego tan torpe carnicería con sus partes (¡y eran
sagradas!)
que Ishtar pidió, también
por esto,
que desgraciaran al matador
y a su monosabio,
y los dos conocieron la muerte

~ 25 ~
ascos de Gilgamesh en las orillas de las
enaguas de Ishtar
Gilgamesh, bañado y perfumado,
viste la fama
nueva
de haber matado a Humbaba, el guardián de los cedros del
Líbano,
y ropa
y alhajas
de príncipe

Ishtar, señora
de la baba,
ventanera, mirándolo,
se ha enamoricado,
y se viene hasta él con billetitos, que fuera
su marido,
y armaría,
para ti,
carro de oro,
y unciría a él un dragón,
hincharía tus graneros, engordaría
tu ganadería

el héroe la baldonaba, se irían abajo,


como casase contigo,
el alcázar,
la ciudad de Uruq,
el mundo,
y pasa el rosario de los novios a los cuales la diosa había
desgraciado,
a Dumuzi, el Zagal, your highschool
sweetheart,
mandaste que lo arrastraran hasta los infiernos los demonios,
por que ocupase allí
tu sillita,
~ 26 ~
y todos los años, por San Juan, sus lloronas hacen duelos por
él,
y las rameras del Templo celebran con escándalo bodas
sagradas con el rey en las terrazas del zigurat que repiten las
vuestras, que fueron
torpísimas,
al pajarillo allalu le rompiste (¿sería
sin querer?)
las alas,
y el pardal publica con su canto su mutilación,
cavaste para el león,
después de que te montara,
un foso que le sirve desde entonces de habitación forzosa,
sujetaste al garañón a los corrales (y guarda luto por él,
por eso,
su madre,
la diosa Silili),
al pastor, que te daba a desayunar gazpacho y cabritos asados,
lo mudaste en lobo, y le va detrás
ahora
su perrada,
porque Ishullanu, que cuidaba de los jardines de tu padre,
y te regalaba con cestos de dátiles,
no quiso darte gusto,
lo has transformado en tallalu, el topo
que deshace las ruzafas

todos tus esposos,


¿ves?,
después de que tú los tocas,
se desastran para siempre, y se cambian
en sus contrarios

~ 27 ~
así
puteada,
Ishtar se querellará delante de su padre, Anu, dios
del Cielo,
contra Gilgamesh,
y le pide que fabrique un Toro que revolcara en la plaza al
alguacilillo
maricón, que haga
el Islero
de desganado mimanolete

~ 28 ~
árbol del huluppu
Inanna, la Venus
mesopotámica,
mimaba en las azoteas ajardinadas de su zigurat el árbol del
huluppu,
el primero del mundo,
y soñaba,
cuando creciese,
fabricar con su madera su sillita de reina de los cielos
y una cama ancha que sirviese para sus golferías

pero un dragón se hizo madriguera entre sus raíces,


y la pájara Zu nido en su copa,
y Lilith,
la demonia,
habitación en sus entrañas

oyó Gilgamesh el lamento de Inanna,


y con su hacha de bronce cortó la cabeza del dragón: Zu,
espantada,
huyó con su pollada a la sierra,
y Lilith plantó sus reales mudadizos en los desiertos

Gilgamesh derribó luego el árbol del huluppu,


y,
metido a carpintero,
armó con el palo santo para su señora sus caprichosos
muebles,
y,
apartando la madera
mejor,
se hizo el pukku
y el mikkú,
sus juguetillos
brujos

~ 29 ~
Enquidu, en el Infierno
armado de los juguetes mágicos que se había fabricado con la
madera del huluppu,
Gilgamesh montaba,
gamberro,
a los niños huérfanos en la Plaza Mayor de Uruk,
arreándolos;
los pequeños se quejaron,
y los dioses hundieron el yoyó,
o lo que fuera,
en el infierno

yo
bajo –se ofreció Enquidu a su amigo

Gilgamesh le aconsejó que,


por que no lo notaran como forastero,
y pensaran que era el último difunto del mundo,
no se bañase, ni se perfumase con aceites, gasta,
la ropa,
sucia,
no empuñes lanza,
ni cayado,
entra descalzo
y desastrado

Enquidu no hizo caso,


y lo hicieron prisionero; Gilgamesh,
a la tercera,
logró el socorro del dios Enki, quetodolosabe,
y éste ordenó a su mayordomo, Utu,
que abriese un agujero en el infierno y rescatase el espíritu
(sólo
el espíritu)
del salvaje
antiguo
~ 30 ~
ahora el fantasma de Enquidu describió los infiernos para su
amigo,
los piojos,
el polvo,
todoslosmuertos, también
a los padres del héroe,
que se abrevan en un charco inmundo, en las orillas de la
matanza
(siete días Gilgamesh ofreció a los dioses libaciones,
por que diesen de beber a sus padres un poco de agua clara)2

2
La epopeya sumeria ‘Gilgamesh, Enquidu y los Infiernos’ fue traducida al acadio, y
añadida, como apéndice, a La epopeya de Gilgamesh, por que hiciera la Tablilla XII.
~ 31 ~
vale,
en aquella conversación entre los esposos,
el coño de la novia,
el cuerno en el que sirve la cerveza al amigo,
la barca celestial que mareará,
el campo de pan que habrá de arar,
el establo en el que estacionará sus bueyes,
los humedales en los que se perderá para siempre,
y hacían,
las ingles de Dumuzil, ruzafa
viciosísima,
que se levanta en medio de ella, huy, el cedro del Líbano

~ 32 ~
adelanta,
en grosero,
este rústico himeneo,
que celebra el casamiento de Inanna y Dumuzil,
dioses entrerrianos,
el matrimonio de Salomón
y la Sulamita
(¡mi gitana morena!),
que sacan los novios,
también en este polizón estupendo,
escandaloso,
del Libro de la gente del apellido de Yahvéh,
al corral de sus piropos,
figuras maravillosas
y sinvergüenzas
de paleto

~ 33 ~
~ 34 ~
las gedeshas de Uruk
Fue Uruq la primera ciudad del mundo,
y Enmerkar, su rey
primero,
levantó, en la orilla golfa del Éufrates, Eanna, la Casa
de los Cielos. Es
ziggurat,
torre
de escaleras
con rellanos deliciosos,
dedicada a Inanna,
Señora del firmamento,
de los campos
de pan,
de las datileras,
de la guerra,
de las tabernas
y del amor desordenado.
Arman diariamente para Inanna sus camareros (hermafroditas
más o menos literales
que saben la escritura),
en el último descansillo,
su tálamo,
y allí la conoce su esposo, Dumuzi, el dios zagal (trae
sobre sus hombros
dos cuencos de leche,
y con eso se desayunan),
todas las noches
menos una.
La madrugada del Año Nuevo, que cae
por San José,
Inanna recibe al Rey de los Sumerios
y lo devuelve al siglo mareado
y maravilloso.

~ 35 ~
El templo,
en sus habitaciones inferiores,
sirve de convento,
bueno,
de conventillo.

Han traído,
del Elam, de Siria, de Egipto, de los Montes Zagros,
o de alguna ciudad vecina mesopotámica,
a la hija de su alcalde,
doncella.

La desvirga el Rey
resacoso,
con la mañanita,
después de su ayuntamiento
divino.

Ya vale, la princesa, la gedesha


nueva, ramera
sagrada.
Durante el resto de ese año
iniciático,
sólo los ángeles la visitarán. No
los querubines,
claro,
ni los serafines, pájaros
maricas. Digo los ángeles
de espada.
Entraban
gallitos,
dándose
aires
magistrales.

~ 36 ~
Dejaban el lecho
alicaídos; la gedesha
seguía durmiendo,
iluminada,
más sabihonda cada vez,
y más guapa.
Al despertar,
con los primeros bostezos,
recogía con la punta de la lengua los cabellos
de ángel
de la almohada,
luego juntaba con cuidado sus ganancias, los rizos
púbicos (eran
de oro)
que habían quedado entre las sábanas,
las plumas que el bendito había ido perdiendo en la marejada
de la fornicación.

La gedesha, desflorada por el Rey en su noche de bodas, echa


flores
a final de curso,
después del comercio carnal habido con las potestades. Ahora
abandona para siempre el santuario,
se instala en uno de los cuartuchos de la planta baja del burdel
mágico,
y vuelca sus artes
celestiales
en condes,
capitanes,
obispos
y terratenientes.
Cuando enmohezca la comprará algún rufián,
y la frecuentarán entonces puteros menos ilustres,
sastres,
sacristanes,
guardiasciviles,
capigorrones.

~ 37 ~
Su oficio la ha desastrado,
pero si vuelve los ojos atrás entenderá,
acaso,
que los trajines de su ciencia han templado los músculos
del alma
de todos los varones entrerrianos.
Sí, durante los primeros diez siglos del mundo postdiluviano
Sumeria se nutrió de los zumos
amorosos
de las gedeshas de Uruk.

~ 38 ~
índice

entrerrianas

 serranillas divinas…3
 los dioses, como moscas…5
 Gilgamess…7
 las gedeshas de Uruk…35

~ 39 ~
~ 40 ~

También podría gustarte