Entrerrianas
Entrerrianas
~2~
serranillas divinas
Ya arroja sus florecitas azules el lino en el campo –le deía Utu
(vale
el Sol)
a su hermana--. Yo
lo arrancaré con el azadón,
y lo empozaré,
y,
cuando esté seco,
lo majaré con el mazo,
lo espadaré
y rastrillaré,
y labraré,
luego,
el hilo,
y tejeré,
con él,
la sábana para tu ajuar.
--¿Harás,
entonces --le dijo
Inanna — mi interesado rufián? Pero dime,
¿quién ensuciará mis sábanas blancas,
nuevas?
~3~
Inanna
dijo su gente,
soy hija de Nanna, la Luna,
y de Ningal, su esposa,
y nieta de Ningikuga, señora de los marjales,
y hermana de Utu, el Sol.
--Yo –contestó Dumuzil— también soy hijo
de algo,
que tengo,
por padre,
a Enki, dios sabihondo,
y,
por madre,
a Sirtur,
señora de las ovejerías,
y era mi hermana Geshtinanna,
que suelta los sueños y el vino.
~4~
los dioses, como moscas
Ya
no
llovía.
El Arca se mece,
incongruente,
en la cumbre del Monte Nimush. Utanapishtim,
su capitán
escogido,
quema en la cubierta cañas,
madera de cedro,
el mirto,
incienso:
¡los dioses
acuden,
zumbones,
al humo
oloroso
“como moscas”1,
buzzzz!
1
Epopeya de Gilgamesh, Tablilla XI.
~5~
~6~
Gilgamess
pajarotada
bajan a almorzar,
al romperse la mañana,
las aves (eran
de érase una vez)
a las orillas fangosas del Éufrates,
y cuando buscan de nuevo el cielo han dejado en el barro
menuda pollería,
las huellas de sus zapatos fantásticos
ahora
se entran en la playa los bibliotecarios de Uruk,
y recortan las tablillas que traen los cuentos de su nación
~7~
por tercios
miran sus júligans en la naturaleza de Gilgamesh, echan
números (son cuentas
marranas),
y sacan dos partes divinas, y una
terrenal
~8~
apretado en once tablillas
mi vida (el héroe,
vacilón,
se querellaba contra su autor, Sin-lege-unninni, el Homero
entrerriano),
en letra cuneiforme,
(no) cabe en once tablillas de barro
~9~
el estropeado salvaje
Gilgamesh fue en la ciudad de Uruq alcalde de horca
y cuchillo
y desbridado cipote,
y Aruru, la Gran Diosa,
hizo a Enquidu,
mezclando su salivilla maravillosa con el barro,
para que rebajase sus humos
la Ramera, desnudándose,
regaló con sus talentos a Enquidu,
y el bruto se derramó durante siete días y siete noches en
aquella deliciosa desembocadura hasta vaciarse
ahora
lo tentaba,
que la siguiese hasta Uruq,
allí tienen sus habitaciones los dioses, en zigurats
que suben,
zigzagueando,
hasta el cielo,
~ 10 ~
allí
suenan las arpas
y los tambores,
podrás visitar los burdeles
y las tabernas,
y luego
luego
se desdecía, no,
Enquidu,
no entres en Uruq,
que su señor,
Gilgamesh (lo han favorecido los dioses con sus gracias),
tremendo,
te acabaría
~ 11 ~
es que era
ya
Otro,
lo otro
~ 12 ~
mariconerías
Cuando enteran a Enquidu, cruzado
nuevo,
meapilas,
de que el alcalde de Uruq ejerce el derecho de pernada con las
novias de la ciudad que gobierna,
se entra en ella,
para estorbárselo.
~ 13 ~
Pero el séptimo día vio que un gusano le salía de las narices.
Ordena
inmediatamente,
con ascos,
que lo entierren.
Encarga una estatua que lo repita.
Preparó un holocausto,
y se lo ofreció a Ishtar,
y a su amigo pastor,
Dumuzi,
y a Ashimbabbar, el Dios Lunar,
y a Ereshkigar, que gobernaba los Infiernos,
y a Namtar, su correo,
y a Qassa-tabat, su barrendero,
y a Ninshuluhha, su ama de llaves,
y a Bibbu, su carnicero. Ahora
él
se dejará crecer el cabello desordenadamente,
vestirá una piel de león, habitará
la estepa.
~ 14 ~
Enqidu ¿qué fue de Gilgamesh?
Enqidu, ¿qué fuera
de Gilgamesh? ¿Robin?,
¿Patroclo?,
¿Pablo Picapiedra,
Obélix,
el Flaco,
Pedrín?
su Cantar,
que es el primero del mundo,
afirma que Enqidu fue concebido como “imagen”,
o “huella mnémica” (“zikur
shu”)
de Gilgamesh,
su “réplica” (¿su replicante?)
a mí Enqidu (estropeado
y todo)
me parece el otroyó peludo,
idiota,
mejor,
de Gilgamesh
~ 15 ~
Gilgamesh, delante de la muerte
Las once tablillas del Cantar de Gilgamesh encierran,
en su barro labrado,
los trabajos del héroe para hurtarse a la Parca.
~ 17 ~
y las Piedras Brujas se hicieron pedazos.
Gilgamesh y el Barquero usaron perchas para atravesar el
marjal.
Cuando las perdieron,
Gilgamesh usó su ropa como traperío.
En el muelle interrogó a Utanapishtim. ¿Habré de morir
yo
también,
como Enquidu? Sí,
que Mammetum,
señora de nuestros hados,
estableció la vida y la muerte para todos los hombres.
Sólo a mí y a mi esposa nos hizo Enlil como dioses,
y vivimos para siempre. Tú
ni siquiera sabrías velar siete días
y siete noches
seguidas,
¿cómo aspiras, entonces, a merecer la inmortalidad?
Gilgamesh aceptó el desafío. El sueño
lo rindió enseguida.
Para demostrar que se había dormido,
la mujer cocinaba un pan cada día,
y lo colocaba junto a su cabecera. Cuando Gilgamesh
despertó,
siete panes mostraban el moho de uno,
de dos,
de tres,
de cuatro,
de cinco,
de seis,
de siete días.
Utanapishtim ordenó al Barquero que devolviese a Gilgamesh
a su orilla
cabal,
y se quedase para siempre en el otro lado,
para que nadie pueda volver a atravesar estas aguas.
~ 18 ~
Bañan entonces a Gilgamesh,
y le dan ropas nuevas,
espléndidas,
que permanecerán mágicamente intactas hasta su regreso a
Uruk.
Su mujer,
sin embargo,
apiadada,
revela a Gilgamesh la existencia de una planta de la juventud
eterna,
y le da instrucciones para obtenerla.
El héroe abre en la tierra una grieta y se arroja al fondo del
mar atándose una piedra a los pies,
arranca la planta, desanuda la cuerda,
emerge en la otra orilla.
Pero mientras se baña una serpiente se come la planta,
y cambia de piel. Gilgamesh
berrea. Ahora
le faltan las herramientas,
y la barca.
~ 19 ~
misticón
no
al revés que santateresadejesús, ven,
muerte,
tan escondida,
vivosinvivirenmí,
Gilgamesh aborrece el otro lado,
y busca por todos los medios (no
podrá)
quedarse por aquí
~ 20 ~
muerte de Gilgamesh
el Toro, derribado, bufa, no se levantará
ya,
y sueña a Nudimmud conduciéndolo ante una asamblea de
dioses; éstos
trataban la materia-
de-
Gilgamesh,
sus gestas (acabó
a Huwawa,
y arrasó el Bosque de Cedros que cuidaba),
los edificios que empezó,
que rescatara las misas antiguas de los sumerios,
que se llegase hasta las habitaciones de Ziusudra (el Noé
mesopotámico),
y su destino,
que será,
a pesar de tener madre
divina,
el de todos los hombres
Enki,
el Juez,
dictó,
entonces,
dentro
todavía
del sueño,
la suerte
póstuma
del héroe,
que gobernaría los infiernos,
y juzgaría a los muertos en tribunal formidable,
junto con los dioses Ningishzida y Dumuzi,
que Sissig, dios de los sueños, el hijo de Utu,
lo alumbraría en aquellas tinieblas
~ 21 ~
ahora
Enlil, padredetodoslosdioses,
le dice,
Gilgamesh,
no desciendas a la Gran Ciudad con el corazón anudado,
siéntate a la cabeza del banquete funeral que presiden los
Anunna, allí
verás a tu padre, el rey Lugalbanda,
a tu madre, la diosa Ninsún,
a tu hermana,
a tu favorita,
a Enquidu, tu camarada,
y te contaremos entre los dioses de segunda
~ 22 ~
entonces,
entrándose en él,
Gilgamesh ofreció regalos a los dioses
mejores,
y apuró el vino que lo terminaría
~ 23 ~
muuuu
parece,
el Cantar de Gilgamesh,
tentadero
el héroe fue,
en sus mocedades, alcalde
tirano
de Uruk,
“a bully”
Ishtar, la diosa
gamberra
de Entrerríos,
verrionda,
lo titula,
presentándole el trapo,
“Toro Celestial”
otro bicho,
de los corrales sagrados de la Golfa,
sobrero (en este cuento,
y en el mundo),
devastaba las orillas fecundas del Éufrates,
y Gilgamesh,
de torero,
y Enkidu,
su alguacilillo,
~ 24 ~
salieron al ruedo de su suerte
peor,
y lo descabellaron,
e hicieron luego tan torpe carnicería con sus partes (¡y eran
sagradas!)
que Ishtar pidió, también
por esto,
que desgraciaran al matador
y a su monosabio,
y los dos conocieron la muerte
~ 25 ~
ascos de Gilgamesh en las orillas de las
enaguas de Ishtar
Gilgamesh, bañado y perfumado,
viste la fama
nueva
de haber matado a Humbaba, el guardián de los cedros del
Líbano,
y ropa
y alhajas
de príncipe
Ishtar, señora
de la baba,
ventanera, mirándolo,
se ha enamoricado,
y se viene hasta él con billetitos, que fuera
su marido,
y armaría,
para ti,
carro de oro,
y unciría a él un dragón,
hincharía tus graneros, engordaría
tu ganadería
~ 27 ~
así
puteada,
Ishtar se querellará delante de su padre, Anu, dios
del Cielo,
contra Gilgamesh,
y le pide que fabrique un Toro que revolcara en la plaza al
alguacilillo
maricón, que haga
el Islero
de desganado mimanolete
~ 28 ~
árbol del huluppu
Inanna, la Venus
mesopotámica,
mimaba en las azoteas ajardinadas de su zigurat el árbol del
huluppu,
el primero del mundo,
y soñaba,
cuando creciese,
fabricar con su madera su sillita de reina de los cielos
y una cama ancha que sirviese para sus golferías
~ 29 ~
Enquidu, en el Infierno
armado de los juguetes mágicos que se había fabricado con la
madera del huluppu,
Gilgamesh montaba,
gamberro,
a los niños huérfanos en la Plaza Mayor de Uruk,
arreándolos;
los pequeños se quejaron,
y los dioses hundieron el yoyó,
o lo que fuera,
en el infierno
yo
bajo –se ofreció Enquidu a su amigo
2
La epopeya sumeria ‘Gilgamesh, Enquidu y los Infiernos’ fue traducida al acadio, y
añadida, como apéndice, a La epopeya de Gilgamesh, por que hiciera la Tablilla XII.
~ 31 ~
vale,
en aquella conversación entre los esposos,
el coño de la novia,
el cuerno en el que sirve la cerveza al amigo,
la barca celestial que mareará,
el campo de pan que habrá de arar,
el establo en el que estacionará sus bueyes,
los humedales en los que se perderá para siempre,
y hacían,
las ingles de Dumuzil, ruzafa
viciosísima,
que se levanta en medio de ella, huy, el cedro del Líbano
~ 32 ~
adelanta,
en grosero,
este rústico himeneo,
que celebra el casamiento de Inanna y Dumuzil,
dioses entrerrianos,
el matrimonio de Salomón
y la Sulamita
(¡mi gitana morena!),
que sacan los novios,
también en este polizón estupendo,
escandaloso,
del Libro de la gente del apellido de Yahvéh,
al corral de sus piropos,
figuras maravillosas
y sinvergüenzas
de paleto
~ 33 ~
~ 34 ~
las gedeshas de Uruk
Fue Uruq la primera ciudad del mundo,
y Enmerkar, su rey
primero,
levantó, en la orilla golfa del Éufrates, Eanna, la Casa
de los Cielos. Es
ziggurat,
torre
de escaleras
con rellanos deliciosos,
dedicada a Inanna,
Señora del firmamento,
de los campos
de pan,
de las datileras,
de la guerra,
de las tabernas
y del amor desordenado.
Arman diariamente para Inanna sus camareros (hermafroditas
más o menos literales
que saben la escritura),
en el último descansillo,
su tálamo,
y allí la conoce su esposo, Dumuzi, el dios zagal (trae
sobre sus hombros
dos cuencos de leche,
y con eso se desayunan),
todas las noches
menos una.
La madrugada del Año Nuevo, que cae
por San José,
Inanna recibe al Rey de los Sumerios
y lo devuelve al siglo mareado
y maravilloso.
~ 35 ~
El templo,
en sus habitaciones inferiores,
sirve de convento,
bueno,
de conventillo.
Han traído,
del Elam, de Siria, de Egipto, de los Montes Zagros,
o de alguna ciudad vecina mesopotámica,
a la hija de su alcalde,
doncella.
La desvirga el Rey
resacoso,
con la mañanita,
después de su ayuntamiento
divino.
~ 36 ~
Dejaban el lecho
alicaídos; la gedesha
seguía durmiendo,
iluminada,
más sabihonda cada vez,
y más guapa.
Al despertar,
con los primeros bostezos,
recogía con la punta de la lengua los cabellos
de ángel
de la almohada,
luego juntaba con cuidado sus ganancias, los rizos
púbicos (eran
de oro)
que habían quedado entre las sábanas,
las plumas que el bendito había ido perdiendo en la marejada
de la fornicación.
~ 37 ~
Su oficio la ha desastrado,
pero si vuelve los ojos atrás entenderá,
acaso,
que los trajines de su ciencia han templado los músculos
del alma
de todos los varones entrerrianos.
Sí, durante los primeros diez siglos del mundo postdiluviano
Sumeria se nutrió de los zumos
amorosos
de las gedeshas de Uruk.
~ 38 ~
índice
entrerrianas
serranillas divinas…3
los dioses, como moscas…5
Gilgamess…7
las gedeshas de Uruk…35
~ 39 ~
~ 40 ~