Bases moleculares de las patologías humanas
El desarrollo tecnológico de la biología molecular y en especial, de la
genética molecular, ha abierto un sinfín de ventajas clínicas en la práctica
médica diaria. La sensibilidad y la especificidad de las técnicas usadas
en el diagnóstico directo de defectos genéticos o agentes
etiopatogénicos asociados a los procesos mórbidos representan una
herramienta valiosa en la medicina, a lo que hay que añadir la velocidad
con la que se obtienen los resultados. Por ello, es esencial conocer cómo
el ácido desoxirribonucleico (DNA, deoxyribonucleic acid) se replica, se
transcribe y se traduce a proteínas (dogma central de la biología
molecular), así como los mecanismos de expresión basal e inducible de
genes en el genoma. Uno de los principales objetivos es conocer los
mecanismos de regulación y expresión génica en los procesos de la
enfermedad para tratar de detenerla e incluso prevenirla, ya que
mediante estudios genéticos se pueden conocer las probabilidades de
que se presente en individuos susceptibles.
A partir del descubrimiento en que se relacionó que la mayoría de las
enfermedades tienen una causa molecular, se han llevado a cabo
grandes progresos para conseguir un tratamiento eficaz a dichas
enfermedades. Cualquier enfermedad cursa, en mayor o menor grado,
con alteraciones en la estructura, propiedades, metabolismo o función de
una o varias biomoléculas.
Entre las causas que pueden inducir una enfermedad se encuentran
agentes físicos (radiaciones, polvos, traumatismos, etc.), químicos
(exposición a compuestos tóxicos como solventes, metales pesados,
toxinas, etc.) o biológicos (virus, bacterias, parásitos, etc.) y trastornos de
origen genético cuya etiología radica en la información genética
contenida en el organismo.
Según la biomolécula alterada, las enfermedades también pueden
clasificarse en hormonales, inmunológicas, nutricionales y metabólicas,
entre otras. Independientemente de su clasificación, una enfermedad se
encuentra dada por disfunciones celulares o tisulares, y genera cambios
temporales o permanentes en el organismo, así como variaciones en la
función de órganos y sistemas, que en último término se reflejan en
forma de padecimiento, incluso aquellas debidas a otras causas y que no
se consideran de origen molecular.
A continuación se enlistan los diferentes tipos de diagnóstico de una
enfermedad de acuerdo con la información analizada:
1. Diagnóstico clínico. Se lleva a cabo a partir de la observación
médica (exploración), con el apoyo de los datos de laboratorio
(análisis clínicos, radiología e imagen, etc.), y se basa en un criterio
fenotípico y de las manifestaciones bajo la forma de síndrome
clínico.
2. Diagnóstico molecular de una enfermedad. Se basa en criterios
genotípicos que alteran la constitución del genoma. Desde el punto
de vista molecular, las enfermedades se pueden clasificar en:
genéticas, exógenas y mixtas. Esta clasificación no es aceptada de
forma generalizada, debido a que no se conoce con precisión la
causa molecular de muchas enfermedades.
3. Consejo genético. Esta es una orientación no dirigida, es decir, el
genetista ofrece la información necesaria relacionada con la
enfermedad para que el paciente o los familiares tomen la mejor
decisión en caso de que se trate de una enfermedad hereditaria.
Por ejemplo, si al paciente se le diagnostica algún rearreglo
cromosómico o estructural de sus genes, lo que en un futuro podría
inducir una enfermedad, el genetista debe darle a conocer los
riesgos que representa la decisión de tener descendientes; sin
embargo, los profesionales de la salud deben evitar que el paciente
tome una decisión forzada de no tener descendencia considerando
la posibilidad de que se presente la patología.
El objeto de estudio de la patología molecular es el conocimiento de la
enfermedad desde el punto de vista de su alteración molecular para
contribuir a su diagnóstico y terapéutica. A principios del siglo xx se
estableció la definición de errores congénitos del metabolismo para
describir alteraciones hereditarias presentes durante la vida del paciente,
que afectan vías metabólicas específicas, debido a la ausencia o a la
falta de actividad de moléculas particulares (en su mayoría enzimas),
como el albinismo, la alcaptonuria, cistinuria y galactosemia.
Por ejemplo, se sabe que existen diferentes tipos de albinismo, como el
oculocutáneo tipo IA, caracterizado por la disminución o ausencia de la
pigmentación del cabello, piel y ojos; el defecto se produce por la
inactivación de la enzima tirocina cinasa, por lo que no ejerce su función
como tal. El gen afectado en este tipo de albinismo es el OCA1A.
El inicio sistemático de la patología molecular tuvo lugar en el decenio de
1950, con las técnicas que permiten el estudio de los cromosomas
humanos y el conocimiento de su función en el desarrollo sexual y de las
anomalías cromosómicas relacionadas.
La genómica incluye el estudio de una gran cantidad de genes para
dilucidar la interrelación que brinde la información sobre la base genética
de alguna respuesta individualizada, ya sea en el caso de una respuesta
a un fármaco determinado, conocida como farmacogenómica, a un
tóxico, toxicogenómica o bien, como tal, la genómica de las
enfermedades.
De manera análoga, la transcriptómica y la proteómica definen la
función que desempeña el ácido ribonucleico (RNA, ribonucleic acid) y
las proteínas en el inicio o confirmación de la enfermedad.