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Trabajo Digno y Sociedad Igualitaria

El documento trata sobre diferentes perspectivas teóricas del trabajo y su evolución a lo largo de la historia. Inicialmente, el trabajo fue visto como degradante en la antigua Grecia y Roma, pero luego cobró importancia en la sociedad feudal como elemento clave para la vida comunitaria. Con la revolución industrial y el surgimiento del capitalismo, el trabajo pasó a ser la base de la acumulación de capital pero también trajo problemas como la explotación del trabajador. Más recientemente, se cuestiona el valor del trabajo en el contexto de la
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Trabajo Digno y Sociedad Igualitaria

El documento trata sobre diferentes perspectivas teóricas del trabajo y su evolución a lo largo de la historia. Inicialmente, el trabajo fue visto como degradante en la antigua Grecia y Roma, pero luego cobró importancia en la sociedad feudal como elemento clave para la vida comunitaria. Con la revolución industrial y el surgimiento del capitalismo, el trabajo pasó a ser la base de la acumulación de capital pero también trajo problemas como la explotación del trabajador. Más recientemente, se cuestiona el valor del trabajo en el contexto de la
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Referentes teóricos trabajo y su aporte a la sociedad:

Trabajo y dignidad humana: aportes para una sociedad igualitaria Los presupuestos teóricos
que cobijaron gran parte de las investigaciones sobre el trabajo humano, proponiendo una
relación necesaria entre inserción laboral e inclusión social encontraron el escollo de los
procesos de segmentación social que tienen a la exclusión como uno de sus polos. La
reflexión teórica de los cientistas sociales se vio compelida, por el indito contexto, a una
revisión del rol atribuido al trabajo en la constitución de las relaciones sociales, originando una
suerte de ruptura “en” y “con” los modelos teóricos clásicos. Un mundo en el que el trabajo
puede ser escaso, discontinuo o degradado en sus condiciones lleva, pues, a cuestionar la
subsistencia del orden que, se suponía, estructuraba a las sociedades occidentales a partir de
la centralidad simbólica otorgada a ese trabajo. En este contexto teórico adquiere particular
relevancia la resignificación del trabajo humano desde el ámbito de los derechos humanos.
Desde el “derecho al trabajo”, en su expresión más generica, hasta la “oportunidad de ganarse
la vida” que consagran distintos tratados del Derecho Internacional de los Derechos Humanos
han sido fuente para el reconocimiento efectivo de derechos de los sujetos en situación de
trabajo, tal como lo refleja la jurisprudencia reciente de nuestro país y del ámbito internacional.
En el presente trabajo nos proponemos indagar el contenido y alcance del concepto de
“trabajo digno” -presente en el sistema jurídico internacional- desde la óptica de los órganos
llamados a interpretar los instrumentos que regulan los derechos económicos, sociales y
culturales. Pretendemos dar cuenta de la potencialidad que sta noción conlleva en la
construcción de sociedades igualitarias.

Esbozo preliminar sobre la acepción del trabajo

El trabajo es un concepto elemental dentro de la teoría social, concibiéndose a partir


de las visiones que ella tiene sobre el desarrollo social y humano. La noción intrínseca
del trabajo involucra además, esfuerzo en el individuo, sacrificio tanto físico como
mental que despliega el hombre a cambio de algo (un medio: por ejemplo el dinero)
que le permite desarrollar el intercambio a nivel del mercado para alcanzar la posesión
de bienes y servicios y poder así satisfacer sus necesidades viéndose de esta forma, el
trabajo como una actividad asociada a estas necesidades de seguridad en su
dimensión instrumental. Sin embargo, coexisten otras posturas por ejemplo, vale
señalar una definición tomada literalmente de Internet (http://
[Link]/mercado/mo/ lazzati/concep6).

El trabajo es la expresión del logro humano, es la expresión pura y espontánea del


vínculo entre las personas y el entorno, así también entre las personas y la sociedad;
como se deduce, el trabajo tiene una naturaleza biunívoca, inicia procesos a la vez los
refuerza, el trabajo en la evolución filogenética del hombre representa el salto cuanti-
cualitativo hacia la hominización, y por consiguiente, la construcción social de la
humanidad. Es así como ubicamos al trabajo como un elemento básico en la vida
cotidiana actual, esto porque el trabajo existe en donde exista una sociedad, la vida
cotidiana es la que representa la evolución humana actual y es donde los científicos
sociales deben centrar su atención. Entendiendo el trabajo desde la perspectiva del
desarrollo personal, se hace evidente que éste constituye, en la vida cotidiana, una
fuente vital para satisfacer necesidades. El trabajo es, sin lugar a dudas, el aspecto
más importante de la sociedad humana, esto porque relaciona todas las esferas del ser
con las del quehacer humano.
Desde otra perspectiva, las explicaciones que refiere Guerra en su Libro Sociología del
Trabajo (2001: 17-18) se describen elementos conceptuales, asociados a la noción de
trabajo, como una actividad relacionada a la vida diaria del hombre que simboliza una
actividad útil y socialmente productiva; este autor a su vez, cita al economista Colson
para quien “el trabajo es el empleo que el hombre hace de sus fuerzas físicas y
morales para la producción de riquezas o de servicios”. De igual manera, Guerra
reseña a Bergson quien señala que el “trabajo humano consiste en crear utilidad” y en
esa reconceptualización del trabajo se expresa otro concepto, bajo la mirada marxista
al decir que el “trabajo es en primer término un proceso entre la naturaleza y el
hombre, proceso en el que éste realiza, regula y controla mediante su propia acción,
su intercambio de materias con la naturaleza”, sin embargo, las definiciones sobre el
término trabajo bosquejan disímiles y elocuentes razonamientos al respecto, existen
visiones más objetivas otras obedecen a puntos de vistas particulares que la dibujan
más subjetivamente, de allí que examinar la valoración social que se hace del trabajo
resulte un aspecto sumamente interesante, sobre todo en el ámbito de las
representaciones y la psicología cognitiva. Tendría que darse una ojeada a ciertas
líneas de pensamiento u enfoques que esclareciesen la perspectiva epistemológica de
concebir al trabajo de acuerdo al sentido que cada trabajador o empleado le confiere.

A este respecto, se tiene que entender que el trabajo como acción del hombre,
representa un hecho social que deriva de la cultura y la acumulación de conocimiento e
involucra a la sociedad; según Julio César Neffa (1990), en términos de su elucidación
sobre la naturaleza y significación del trabajo, éste particulariza varios espacios
respecto a cómo concebir la complejidad del trabajo humano: 1) El trabajo entendido
como esfuerzo 2) El trabajo considerado como un momento favorecido para
concientizar a quien lo ejecuta de las debilidades y potencialidades que posee el ser
humano 3) El trabajo es substancialmente un hecho social y 4) El trabajo desde una
óptica transformada involucra a los trabajadores en el proceso de construcción de la
sociedad.

De igual manera, vale referir, que para poder erigir una abstracción sistemática y
crítica de la representación del trabajo a lo largo de la historia occidental, se hace
necesario describir algunas citas tomadas en este caso, de la publicación de Ibáñez
(2005: 29), tal y como sigue: “En la Grecia clásica y también en Roma, el trabajo
resultó ser considerado como una actividad manual de carácter degradante que impide
al ser humano el desarrollo de sus potencialidades…”. Sin embargo, esa degradación
vista en el desempeño del trabajo humano no se acogió en una regla culturalmente
admitida por todos los pueblos. El desmoronamiento del imperio romano fue sucedido
luego, por el feudalismo, y a partir de allí se honró un enfoque del trabajo que
estribaba en el consumo (producto del autoabastecimiento en la actividad feudal), el
trabajo se convirtió en un elemento clave para la vida de la comunidad feudal
subsiguientemente, con la incursión del mercantilismo se sella de nuevo un cambio en
la significación del trabajo, con una carga más profana que envilecía a quien lo
ejecutaba.

Desde la perspectiva de Max Weber, se inicia una noción del trabajo que va más allá
de los principios religiosos y que descansará más tarde en el funcionamiento intrínseco
de la razón capitalista. (Acumulación de capital, la manufacturización, la división social
del trabajo, el neoliberalismo, entre otros muchos aspectos). Por supuesto, que este
proceso de redefinición social del trabajo que trasciende por encima del aspecto
epocacional de la modernidad y la posmodernidad de la evolución societal coligadas
mucho antes a las críticas de Marx (los problemas del trabajador proletariado, la
plusvalía, la explotación, la acumulación del capital, entre otros aspectos), al concepto
de crisis del capitalismo y a sus secuelas en el orden económico y social en razón de
las múltiples transformaciones económicas que traía el modelo capitalista hasta la
nueva concepción de la mundialización que de una u otra forma han incidido en
restarle importancia y valor al trabajo, debilitando alguna de sus dimensiones, muchas
veces concibiéndose una valoración del trabajo meramente simplista como “un medio
para obtener dinero”, otras veces, consideran el trabajo como poco gratificante
asociado al modo de producción, hallándose como una actividad rutinaria y precaria.

Aquí es pertinente señalar, que las teorías de carácter social optaron por negar el
aspecto central del trabajo frente al mercado y las luchas sociales, se observaron
entonces nuevas posturas donde el trabajo es señalado como sujeto ilegitimo, sin
embargo, existe un mundo de contradicciones, lo cierto es que el aspecto socio cultural
modeliza las representaciones que se tienen y se han tenido a lo largo de la historia
sobre lo que es el trabajo, con la postmodernidad se ahonda en el debate sobre el fin
del trabajo, otros lo interpretan desde un punto de vista más economicista como el fin
del empleo, porque no existen garantías para otorgar empleos a todos, y el estado se
muestra incapaz de responder con políticas de pleno empleo. Esto me lleva a destacar
ciertas reflexiones:

Algunas reflexiones sobre el comienzo de la sociología del trabajo

La noción del trabajo y su conexión con los actores de las relaciones laborales ha
ocupado un espacio significativo en la teoría social durante el siglo XIX,
manifestándose de esta forma la importancia y el impacto de los procesos de
expansión industrial, esto es, el paso de una sociedad rural y tradicional a una
sociedad urbana e industrial y el alcance que han tenido históricamente las luchas
sociales de las clases trabajadoras a través de las acciones del trabajador- obrero. De
allí, que sea importante acordarse del aparecimiento de la sociología del trabajo en
Europa, cuyo precursor primeramente en Francia fue Georges Friedmann, el cual le da
un lugar substancial al estudio de la fábrica y del taller como espacios que tratan de
redimir al trabajador obrero como sujeto legitimo dentro del proceso de trabajo, esta
visión se suscribe dentro del Paradigma francés humanista. Del mismo modo, es
relevante traer a colación las indagaciones de Elton Mayo y sus seguidores en cuanto a
destacar el espacio colectivo y la figura de grupos en las situaciones laborales que
dieron lugar al Enfoque adaptativo que refiere lo trascendente del aspecto
organizacional dentro de las ciencias sociales del trabajo y de las funciones
administrativas y de la gerencia de recursos humanos. En efecto, sería válido reiterar
al respecto la consideración de Abramo y Montero quienes escriben en el Tratado
Latinoamericano de Sociología del Trabajo (2003: 69), lo siguiente:” de este
acercamiento entre las ciencias sociales y los problemas de la industria surge el
enfoque de la empresa como sistema social, que será extendido por Parsons a toda la
sociedad”.

Entonces, la mirada del Paradigma industrialista ligado a las teorías del crecimiento
económico o mejor conocido como Paradigma de la Modernización, se vio fortalecido
gracias a las contribuciones del análisis estructural-funcionalista y la intención
integradora expuesta por Talcott Parsons como parte del pensamiento genérico que
involucra los estudios del sistema social en ese incesante ajuste de las nociones
macrosociales y macroeconómicas de la sociedad.

Por otro lado, dentro del contexto del enfoque humanista, tiene preeminencia la visión
de la centralidad del trabajo representada por el obrero calificado en la dinámica social,
el trabajo es un valor que subsiste y se transmuta a presiones de la dinámica social,
lejano de relatividades. Su término en cada momento histórico y en cada sociedad es
función del nivel de conocimiento de los trabajadores, del perfeccionamiento de las
fuerzas productivas, reconociendo las relaciones de poder entre los actores sociales y a
los referentes propósitos de la sociedad, según las argumentaciones de Neffa (2003)
además, a este respecto Antunes, expresa lo siguiente:

Como resultado de las transformaciones significativas en los países dotados de una


industrialización intermedia, el mundo del trabajo vivió múltiples procesos: de un lado,
se verificó una desproletarización del trabajo industrial, fabril, en los países del
capitalismo avanzado. En otras palabras, hubo una disminución de la clase obrera
industrial tradicional. Pero, de otro lado, paralelamente, ocurrió una
significativa subproletarización del trabajo, consecuencia de las formas diversas del
trabajo parcial, precario, tercerizado, subcontratado, vinculado a la economía informal,
al sector de servicios, etc. Se comprobó, entonces, una significativa heterogeneización,
complejización y fragmentación del trabajo. (…) En los países del capitalismo
avanzado, la década del 80 presencia profundas transformaciones en el mundo del
trabajo, en sus formas de inserción en la estructura productiva, en las formas de
representación sindical y política. (…) Década de gran salto tecnológico, la
automatización y las grandes transformaciones organizacionales invadieron el universo
fabril, insertándose y desarrollándose en las relaciones de trabajo y de producción del
capital. Se vive, en el mundo de la producción, un conjunto de experimentos más o
menos intensos. El fordismo y el taylorismo ya no son los únicos, se mezclan con otros
procesos productivos (neofordismo, neotaylorismo), y en algunos casos hasta son
sustituidos, como la experiencia japonesa del “toyotismo”. Emergen nuevos procesos
de trabajo, donde el cronómetro y la producción en serie son sustituidos por la
flexibilización de la producción, por nuevos patrones de búsqueda de productividad,
por nuevas formas de adecuación de la producción a la lógica del mercado. Se ensayan
modalidades de desconcentración industrial, se procuran patrones de gestión de la
fuerza de trabajo, de los cuales los procesos de “calidad total” son expresiones visibles,
no sólo en el mundo japonés sino también en varios países del capitalismo avanzado y
del Tercer Mundo industrializado.

Desde otra perspectiva, se entiende que la escuela de los radicales cuyo nombre
involucra no sólo a un grupo de economistas norteamericanos de corte progresista-
neomarxista sino que incluye a los mercados segmentados constituyéndose en otro
paradigma que trata de revelar la raíz estructural del problema del desempleo y de la
distribución regresiva de los ingresos, su planteamiento fue iniciador al reasentar la
relación entre el capital y el trabajo en el lugar de producción, donde algunos
escritores estudiaron el espacio de la fabrica, otros parten de explicar la polarización
de las calificaciones del trabajador obrero, se emplean conceptos como el de
dualización, segmentación y de polarización en términos de los análisis sobre exclusión
social, precariedad en las condiciones de trabajo y la informalización del mercado de
trabajo, se habla de un vuelco de la sociología del trabajo hacia la sociología del
empleo; aquí vale destacar la postura de autores como Harry Braverman, Benjamín
Coriat, entre otros.

Los debates sobre el fin del trabajo, en general los estudios sobre la serie de
transformaciones en los estándares internacionales de producción y competitividad, las
secuelas del proceso de mundialización sobre todo en términos de la flexibilización de
la producción han traído como resultado un nuevo evento: la disipación de los sujetos
y, más específicamente, la desaparición de los trabajadores y de los movimientos
sindicales, los cuales en el marco de la globalización se han debilitado; dándole
legitimidad a otro sujeto como foco de interés, que sería el empresariado.

Esto nos conduce a retomar los aspectos que involucran la orientación de la dinámica
social, los nuevos esquemas de producción y de competitividad internacional, los
nuevos modelos empresariales y de cómo estos procesos transformadores han incidido
en el mundo del trabajo, en sus actores, y en los mecanismos que regulan sus
conductas y de cómo se afecta el empleo, y por ende, las políticas económicas
dirigidas al llamado pleno empleo.

Otras consideraciones desde el punto de vista histórico social que afectan la


noción sociológica del trabajo: Dimensión Política

Aproximadamente hasta el año de 1789 en Francia acaecía el régimen monárquico


absolutista. Su derrocamiento dio origen al aparecimiento de las clases burguesas
industriales. La Teoría del valor se sustentó en la tierra como generadora de riqueza,
pero este valor dio lugar a otro valor más importante, la industria, como producto del
proceso de revolución industrial. Nace con ella, el concepto de ciudadano (el individuo
es sujeto que tiene derechos, ya no es visto tan solo como un súbdito). Se establecen
derechos y libertades individuales. Esta normatización tiene efectos sobre el proceso
de trabajo como hecho social.

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