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Tiempo y Eternidad Cristiana

Este documento contrasta las nociones de Cronos y Kairós en relación al tiempo. Cronos representa el tiempo como un devorador voraz que consume todo a su paso, mientras que para los cristianos el tiempo es Kairós, o momento de salvación. Un cristiano vive cada momento como una oportunidad para acoger la gracia de Dios y compartirla con los demás. Aunque a veces parece que no hay suficiente tiempo, los cristianos deben juzgar el presente desde una perspectiva eterna y tomar decisiones con peso de eternidad, no de la coyuntura
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Tiempo y Eternidad Cristiana

Este documento contrasta las nociones de Cronos y Kairós en relación al tiempo. Cronos representa el tiempo como un devorador voraz que consume todo a su paso, mientras que para los cristianos el tiempo es Kairós, o momento de salvación. Un cristiano vive cada momento como una oportunidad para acoger la gracia de Dios y compartirla con los demás. Aunque a veces parece que no hay suficiente tiempo, los cristianos deben juzgar el presente desde una perspectiva eterna y tomar decisiones con peso de eternidad, no de la coyuntura
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Cronos y Kairós

16 octubre, 2015 // Por: Rafael Ismodes Cascón // Desafíos, Espiritualidad, Vida Cristiana // 1
comentario // 2284 Visitas

Qué fugaz esta existencia nuestra. Los días


parecen correr más apurados que nosotros mismos. Entre las obligaciones, la movilización
de un lugar a otro o los plazos que tenemos vamos recorriendo este camino humano. “No
me alcanza el tiempo” es algo muy pronunciado por nosotros. Parece que estamos en lucha
contra el tiempo.

¿Es algo propio de la modernidad? ¿El tiempo se acortó con la llegada de la sociedad
industrial? Las veinticuatro horas son las mismas ayer y hoy. No sabemos si mañana
también, pues el juicio puede llegar en cualquier momento. La sociedad industrial y sus
derivados han introducido en nuestra vida muchas actividades y preocupaciones propias de
un modelo donde el centro no va siendo la persona humana, sino la producción económica
o el beneficio.

Sin embargo en la antigua Grecia también se padecía por la falta de tiempo. O, mejor dicho,
por la impotencia ante el avance indefectible del tiempo. La mitología nos ha dejado el
recuerdo de Cronos, devorador de sus hijos, insensible ante el dolor que esto pudiera
ocasionar. Cronos era un tirano. Cronos era tan dueño del mundo que podía comer a sus
propias criaturas y seguir viviendo. Es buena esa percepción del tiempo como consumidor
voraz que no se detiene ni ante su propia obra. Algo de esa angustia padecemos hoy cuando
vemos que el tiempo no nos alcanza, que parece ser el principal consumidor y a quien ni el
mejor de los tributos satisface. Eso se ha contagiado hasta en los modelos de vida: se tiene
como un valor parecer más joven, “jóvenes” de 60 quieren aparentar ser “criaturas” de 30…
y así sucesivamente.

¿Cómo se ubica un cristiano ante el tiempo? No somos servidores de Cronos. Somos


hechos en el tiempo, pero con vocación de eternidad. Debemos juzgar el hoy desde lo
eterno. Tomar nuestras decisiones con peso de eternidad, no de la coyuntura. El cristiano
sabe que Cristo ha asumido el tiempo y es llamado “Alfa y Omega”, principio y final. Cristo
no nos consume. No nos apura. No devora nuestro sagrado tiempo: lo comparte con
nosotros, lo santifica y nos lo llena de vida. Sin Cristo el tiempo es el desalmado Cronos.
Con Cristo el tiempo es “kairós”: momento de salvación. Todo tiempo cristiano está lleno del
amor de Dios y es invitación permanente a acoger su gracia y compartirla.

[pullquote]Un cristiano vive en permanente tiempo de salvación. Su vida cotidiana se


desarrolla en medio del don de la salvación traída por Cristo: sea que haya pecado o esté
en gracia. ¿Y qué decir de las “horas muertas”? Desde la perspectiva de la producción o
eficiencia son muertas. Desde la perspectiva de la fe están llenas de sentido y no son
muertas. Un tiempo en el metro, el bus, el auto o detenido en el tráfico es tiempo de
salvación. Hacer una fila larga, estar con otra persona más tiempo del que hubiese querido
son momentos en los que Cristo está presente. Debo aprender a advertir su presencia
salvadora, así como a aprender a ver a la otra persona del mismo modo como la ve el
Señor.[/pullquote]
Afinemos un poco más: el tiempo no alcanza para todo lo que quisiera hacer: a muchos,
creo, nos pasa. Pero ¿me tengo que pelear con el tiempo y volverme lo más eficiente posible
para hacer todo lo que debo? No estaría tan seguro. Creo que debemos partir del principio
de que el tiempo es un don de Dios, del que nosotros somos administradores. Si las cosas
son así, entonces el tiempo será un don del que yo soy administrador. Y perder el tiempo
será mal utilizar el don dado por Dios para mi salvación y la de los demás. Un tiempo sin
amorizarme será tiempo perdido. Un tiempo sin poder llegar a realizar todo lo que hubiese
querido porque tuve que distraer mi quehacer para vivir la caridad es tiempo ganado. El
tiempo no es oro. El tiempo es eternidad de amor hecho carne en Cristo y compartido a
nosotros, los hombres.

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