GUÍA DE ACTIVIDAD
Lectura y análisis de crónica
Profesor: Rodrigo Córdova Valdés
Asignatura: Taller de Literatura
Objetivo de la guía: realizar lectura de crónica con el fin de reconocer las características
propias de este subgénero literario.
“Una visita a la ciudad de Cortázar” por Miguel Ángel Perrura
Después de leer tanto a Cortázar, Buenos Aires se hace conocida. O al menos una especie
de Buenos Aires: afrancesada, de cafés, de librerías y pasajes, con toda la magia que este
autor argentino le imprimió desde el exilio.
Y es que Cortázar optó por la nacionalidad francesa en 1981, como una protesta por la
dictadura militar que asolaba a su país, del que había partido, enemistado con el
peronismo, décadas antes. Podría decirse que, despojado de la presencia real de su
ciudad, el autor de Rayuela procedió justamente a crearse su propia ciudad, a partir del
recuerdo, la añoranza y las lecturas. A ello se debe que sus personajes nunca hablaran
como la Buenos Aires contemporánea, a la que volvió en 1983 cuando volvió la
democracia, sino como aquella remota Buenos Aires que había dejado atrás cuando joven.
Para un lector de Cortázar como yo, español de nacimiento, Buenos Aires tenía esa aura
mágica y paradójica de la vida real. No es así, desde luego, o no exactamente así. La
capital argentina es, ciertamente, una ciudad encantadora, de cafés y pasajes, de librerías
y marquesinas.
Lo comprobé cuando la pisé por primera vez en 2016. Iba en unas brevísimas vacaciones,
por apenas tres días, pero tenía una misión secreta en mi interior: reconstruir la ciudad de
Cortázar a medida que la caminara. Quise pisar los mismos lugares que el cronopio, quise
tomar los mismos cafés que él tomara y mirar con sus ojos la calle, guiándome por su obra
maravillosa. Pero claro, no todo sale como uno se lo esperaría.
El tránsito entre el aeropuerto y la ciudad fue sombrío, a medianoche, a pesar de las luces
por doquier. Desde el avión había visto la ciudad como un retablo de luz, una cuadrícula
encendida que irrumpía en la negrura vasta pampeana. Podría haberme dormido durante
la mayor parte de trayecto, víctima del jet lag, de no ser porque corría el riesgo de
despertar, como el protagonista de “La noche boca arriba” en algún otro lugar, y
perderme mi llegada a la capital suramericana.
Bajé del taxi a las dos de la mañana. El hotel, ubicado en Callao y Santa Fe, lucía tranquilo
pero concurrido, como si nadie se enterase a pesar de la hora de que debía dormir. Una
ciudad alucinada, insomne, muy cónsona con la obra cortazariana, pródiga en desvelos. La
arquitectura a mi alrededor parecía arrancada de la Europa que había dejado en casa unas
doce horas atrás. Entré al hotel y me dispuse a dormir.
El primer día
Desperté con el ruido del tránsito a las diez de la mañana. Había perdido mis primeros
rayos de sol y debía apurarme si quería aprovechar los tenues días de invierno. Mi
itinerario riguroso comprendía el café Ouro Preto, donde dicen que Cortázar recibió una
vez un ramo de flores -no sé de cuáles- después de que participara de carambola en una
manifestación. Es un lindo relato contenido en Cortázar por Buenos Aires, Buenos Aires
por Cortázar de Diego Tomasi.
También pretendía visitar la librería norte, donde solían dejarle paquetes, ya que la dueña
era amiga personal del escritor. En vez de eso, salí a buscar un desayuno entre el
maremágnum de cafés con medialunas y dulces en que consiste la pastelería porteña. Al
final, después de caminar y elegir por más de una hora, me decidí a almorzar temprano,
para tener energías y caminar. Di con un restaurante peruano, verdaderas perlas
gastronómicas en la ciudad de las que nadie o pocos hablan, seguramente por tratarse de
un elemento foráneo. Y todos saben lo resistentes que son los argentinos con lo de
afuera.
Lo siguiente fue comprar la SUBE y una Guía T, mapa de la ciudad, y dedicar más de una
hora a descifrarlo, antes de darme por vencido y tomar un taxi. Buenos Aires es un
laberinto perfectamente cuadriculado, no me extrañaba que en cualquier vuelta de
esquina pudiera tropezarme con la figura alta y desgarbada del cronopio, yendo o
viniendo en alguna misión secreta e imposible, como su Fantomas.
Finalmente conocí la librería y conocí el café. Me extrañó la ausencia de placas en su
nombre o de figuras de cartón que lo reprodujeran. Puedo decir que estuve un buen rato
en cada lugar, tomando café y revisando novedades, y nunca dejé de sentir su ausencia
como un fantasma compañero. ¿Dónde estás, Cortázar, que no te veo?
El segundo día
Una buena noche de sueño y unas horas de consultar en Internet me aclararon mucho
más el panorama. Plaza Cortázar surgió como un referente vago, tanto como el Café
Cortázar, repleto de fotografías y frases célebres de sus novelas. Ahí sí encontré a
Cortázar, uno recién tallado en el imaginario local, tan pródigo en Borges, Storni o Gardel.
¿Por qué no hay más de Cortázar, me preguntaba, mientras deambulaba detrás de sus
pistas misteriosas? ¿Dónde estaban las estatuas y las calles con su nombre, los museos
dedicados a su memoria, su estatua de cera un tanto ridícula en el Café Tortoni cerca de la
Plaza de Mayo?
El tercer día
Después de un almuerzo prominente y carnívoro y de consultar a varios taxistas, lo
entendí: estaba buscando a Cortázar en el lugar equivocado. La Buenos Aires del cronopio
no era ésa, sino la que había soñado despierto y que estaba escrita en los varios libros en
mi valija. Allí estaba la ciudad que perseguía, como los sonámbulos, al mediodía.
Y cuando entendí eso, de golpe, supe que podía emprender el regreso.
Completa el siguiente recuadro:
Preguntas Respuestas Ejemplo del texto
¿Cuál es el hecho
noticioso que dio origen a
la crónica?
¿Cómo está presentado el
tiempo en la narración?
¿Cuál es la estructura de
la narración?
¿Qué elementos del texto
ayudan a dar veracidad al
relato?
¿Cuál es el enfoque
asumido en la narración?
¿Cómo se posiciona el
narrador respecto a los
hechos narrados?
¿Qué rasgos estilísticos se
aprecian en la narración?