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Guion Oración Ante El Resucitado

Este documento presenta un guion para una oración de Cáritas ante el Resucitado. Incluye instrucciones para la ambientación, lecturas bíblicas, oraciones para meditar en silencio sobre Jesús resucitado, el Espíritu Santo y la misión de los discípulos de ser testigos de la resurrección. Finaliza con una oración del Padre Nuestro y un abrazo de paz.

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Guion Oración Ante El Resucitado

Este documento presenta un guion para una oración de Cáritas ante el Resucitado. Incluye instrucciones para la ambientación, lecturas bíblicas, oraciones para meditar en silencio sobre Jesús resucitado, el Espíritu Santo y la misión de los discípulos de ser testigos de la resurrección. Finaliza con una oración del Padre Nuestro y un abrazo de paz.

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ORACIÓN ABRIL 2020

Guion de oración de Cáritas para la Comunidad Parroquial

Oración ante el Resucitado


Ambientación del lugar
La oración estará presidida por el Cirio Pascual, rodeado de algunas velas
encendidas. A sus pies estará una Biblia abierta sobre unas telas.
Se entregará a los asistentes fotocopiada la hoja que hay en este guion con las
oraciones para meditar.
Se pondrá música de fondo para crear clima de recogimiento.

DESARROLLO de la ORACIÓN

(lector 1:)
Estamos aquí para unirnos en oración ante el Cristo Resucitado que nos
habita y envuelve. Donde dos o más se reúnen en su nombre, él se hace
presente en medio de ellos.
Estamos reunidos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Os invito en este espacio de oración a tomar conciencia de esta
presencia real de Cristo aquí, con nosotros.
Acallemos la mente, hagamos silencio interior. Él está esperándonos.
Nos llama desde dentro. Quiere encontrarse con nosotros. Deja en sus
manos todo lo que te preocupa y agobia, todo lo que llevas entre manos
y ocupa tu mente. Déjalo todo confiadamente en sus manos… y relájate.
Él vela por ti.
Durante 4 minutos de silencio repite continuamente en tu interior esta
frase: “Aquí estoy. Ven Señor Jesús.”
(Pasados unos 5 minutos dirá el lector 1 :)
Vamos a leer a dos coros la oración titulada “Jesús Resucitado”.
Después de proclamarla juntos dejaremos unos 10 minutos de silencio
para meditarla. Durante ese tiempo, el que quiera podrá proclamar en
voz alta, la frase de la oración que más le haya calado en el corazón.
(Pasados unos 10 minutos, cuando ya no quede nadie que quiera compartir su
frase, el lector 2 se levantará y cogerá la Biblia que está a los pies del Cirio
Pascual para leer este texto desde ahí :)
Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas,
por miedo a los judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los
discípulos, se presentó Jesús en medio de ellos y les dijo: “La paz con
vosotros.” Dicho esto, les mostró las manos y el costado. Los discípulos

1
se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: “La paz con
vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío.” Dicho esto,
sopló sobre ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo.”
(Jn 20,19-22)

(lector 1:)
Leemos ahora a dos coros la oración titulada “Somos enviados”. Al
terminar tendremos unos 10 minutos de silencio para hacer nuestras las
palabras del Evangelio y la oración que hemos proclamado.

(Pasados unos 10 minutos, dirá el lector 1:)


Leemos a dos coros la oración titulada “Yo creo que Cristo ha
Resucitado”.

(lector 1:)
Ahora tenéis un tiempo de silencio para releer esta oración que
acabamos de proclamar. Durante este tiempo de silencio, el que quiera,
podrá decir en voz alta alguna frase de esta oración que quiera hacer
suya, o bien decir una nueva que él quiera añadir y que empiece
diciendo: “Yo sé que Cristo ha resucitado porque…”

(Cuando ya nadie quede por decir su frase, el lector 1 dirá:)

 En estos momentos, si alguien quiere hacer una petición, alguna acción


de gracias, o compartir algo de lo vivido en este espacio de oración,
ahora es el momento de hacerlo.

 Para terminar, vamos a rezar juntos, cogidos de la mano, la oración que


Jesús nos enseñó, y después de rezarla nos daremos un abrazo de paz:
Padre nuestro…

2
(Para fotocopiar)

Jesús Resucitado

Recrea nuestro corazón, Jesús Resucitado:


danos un corazón que salte de alegría, que sepa compartir,
que no acumule “cosas”, sino que se llene de personas.
Jesús Resucitado, danos un corazón que goce con quienes gozan,
que sufra con quienes sufren,
que sea libre para liberar,
que su absoluto sea Dios, Padre-Madre, inmensidad de misericordia y ternura,
y que considere relativo todo lo demás.
Jesús Resucitado, danos un corazón que entienda de audacia
para dar con nuevos caminos,
que construya vida a su alrededor,
que posibilite creatividad a raudales.
Jesús Resucitado, danos un corazón que viva en actitud de discernimiento,
que tenga una profunda experiencia de Dios,
que sea experto en humanidad,
que haga una opción por los últimos,
que anuncie con la forma de vivir y obrar, la Alegría del Evangelio.
Jesús Resucitado, danos un corazón
que sepa acoger la diferencia sin asustarse,
que viva la no violencia, que defienda la justicia, la vida, la paz, Interioriza esta oración.
que tenga entrañas de misericordia, Reléela. Deja que sus palabras
que sea paciente, que viva la fiesta, resuenen en tu ser. Escucha el
que disfrute y cuide de la Naturaleza. eco que te producen…
…Y cuando creas conveniente,
Jesús Resucitado, danos un corazón puedes decir en voz alta la
que sepa leer la vida como historia de Salvación, frase que más te haya calado y
que anhele ardientemente el encuentro contigo. que querrías decirle a Dios.
Que te busque en todo,
que te encuentre y te contemple en las luces y en las sombras.
Jesús Resucitado, danos un corazón que hable lenguaje de ternura,
que mire al interior de las personas,
que no se deje arrastrar por las apariencias, y los prejuicios,
que escuche de corazón a las personas, y sea acogedor con ellas.
Jesús Resucitado, ablanda nuestras rigideces, y modela nuestro corazón.
Recupera nuestra vida, ocúpala transfórmala, llénala de tus dones.
Danos una mirada creyente, descúbrenos esa presencia escondida
de Dios Padre-Madre, en todas las cosas, acontecimientos y personas.

Al atardecer de aquel día, el primero de la semana, estando cerradas, por miedo a los
judíos, las puertas del lugar donde se encontraban los discípulos, se presentó Jesús en
medio de ellos y les dijo: “La paz con vosotros.” Dicho esto, les mostró las manos y el
costado. Los discípulos se alegraron de ver al Señor. Jesús les dijo otra vez: “La paz
con vosotros. Como el Padre me envió, también yo os envío.” Dicho esto, sopló sobre
ellos y les dijo: “Recibid el Espíritu Santo.” (Jn 20,19-22)

3
Somos enviados

Señor Jesús,
nos has enviado para ser testigos de tu Resurrección
con nuestra vida resucitada.
Aquí estamos, conscientes del privilegio de ser tus apóstoles,
sin saber, a ciencia cierta, a dónde nos llevará el compromiso
que asumimos al aceptar seguir tus caminos.
Pero tu vida nos apasiona, tu entrega nos convence,
y tu Resurrección nos confirma: tú eres Camino, Verdad y Vida.
Sabemos que te estás revelando siempre;
en cada sonrisa, en cada lágrima.
Haz que tengamos el coraje de mirarte en cada rostro humano.
Haz que te busquemos no en fórmulas o ritos, no sólo en lo bueno,
sino también en lo que hiere. Que no deje de herirnos la realidad.
Que no nos acostumbremos, víctimas de la rutina y del conformismo.
Que no nos quedemos quietos, de brazos cruzados y corazón frío.
Ábrenos los ojos,
para tener la osadía de ver más allá de las apariencias,
y reconocerte crucificado
en aquellos que sufren el azote de la pobreza,
el paro, el desamparo, el olvido, el rechazo…
Ábrenos los oídos para escuchar tu latido, tu gemido, tu grito
clamando Justicia a nuestro alrededor.

Yo sé que Cristo ha Resucitado...


Porque he experimentado su presencia.
Porque experimento que soy amado.
Porque nunca me siento solo.
Porque siento la necesidad de entregarme y servir.
Yo sé que Cristo ha Resucitado...
Porque ya he dejado de temer, incluso a la muerte.
Porque mi ley es el Amor.
Porque tengo paz y confianza, y las transmito.
Porque noto siempre fresca la flor de la Esperanza.
Yo sé que Cristo ha Resucitado...
Porque hay en mí una fuente de alegría que no se agota
Porque en mis noches siempre me queda una luz.
Porque mis sufrimientos tienen sentido junto a la Cruz.
Porque hago míos los sufrimientos de mis prójimos.
Yo sé que Cristo ha Resucitado...
Porque no me seducen los dioses de la tierra.
Porque las Bienaventuranzas son mi camino de vida.
Porque no soporto ver la pobreza y la injusticia.
Porque espero y adelanto el Reino de la Vida.
Porque sólo espero en Jesús.
Yo sé que Cristo ha Resucitado...
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