Duende
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Duende Martinico en el grabado "Duendecillos" de los Caprichos de Francisco de Goya.
Los duendes son criaturas mitológicas fantásticas de forma humanoide pero
de tamaño pequeño que están presentes en el folclore de muchas culturas. La
etimología de su nombre proviene de la expresión "duen de casa" o "dueño de
casa", por el carácter de los duendes al "apoderarse" de
los hogares y encantarlos,1 o bien del árabe "duar de la casa" ("que habita,
habitante").2
En Castilla y León la palabra duende define a un tipo de ser sobrenatural de
la cultura popular equivalente al goblin de otros folclores europeos (del francés
normando gobelin, nombre originado en el de un fantasma que se decía asoló
el pueblo de Evreux en el siglo XII),3 de naturaleza maliciosa hacia los
humanos.
Índice
1Historia
2Por región
o 2.1Europa
o 2.2España
2.2.1Los duendes castellanos
2.2.2Los duendes cántabros
2.2.3Los duendes asturianos "apabardexu"
2.2.4Las lamias
o 2.3América
o 2.4Asia
3San Patricio
4Literatura
5Televisión y cine
6Véase también
7Referencias bibliográficas
o 7.1Notas al pie
o 7.2Bibliografía de España
o 7.3Bibliografía de México
o 7.4Bibliografía de Bolivia
Historia[editar]
Los duendes son criaturas mágicas relacionadas en algún caso con
las hadas que no forman parte de la tradición cristiana, aunque algunos
demonólogos de los siglos XVI y XVII, y al menos desde la segunda mitad del
siglo XV, los consideraban un tipo de demonio.
Físicamente, se suele describir a los duendes como personajes de baja
estatura (con altura no superior a un metro) y aspecto humanoide, con largas
orejas puntiagudas y piel verdosa. Se caracterizan por ser seres elementales,
cuidadores de la naturaleza y el bosque y muy escurridizos. 4 En la mitología de
muchas culturas se les supone algún tipo de poder o conocimiento sobrenatural
además de una personalidad bromista o maliciosa, por el cual son culpados de
todo tipo de daños menores en el entorno doméstico o rural. Según esta
definición, serían considerados un tipo de duendes los gnomos, los trasgos, el
tomte sueco, el leprechaun irlandés o el poltergeist alemán.
Cubierta del libro La princesa y el duende, de George MacDonald.
Este tipo de supersticiones ligadas a los hogares fueron difundidas por todo
el Imperio romano, ya que su religión pagana afirmaba que había unos dioses
menores, los lares o genius loci, que habitaban una casa a la que estaban
ligados con la función de protegerla. A veces estaban asociados a la familia
que construyó la casa o que la habitó desde que fue construida, esto explicaría
su frecuente relación con los fuegos del altar familiar u hogar, los pucheros o
las alacenas. A esto habría que sumar una noción semejante por parte de
los druidas, quizá todavía presente en la creencia germánica en los Kobold.
Pero esta tradición se presenta también en el folklore de todas las naciones
eslavas, donde son llamados domovik, e incluso en el japonés, donde unas
criaturas en todo semejantes se denominan zashiki-warashi. Por lo demás,
los djinn de los pueblos semíticos poseen características muy parecidas. La
superstición, por otra parte, podría tener una etiología bastante elemental: una
justificación maravillosa o imaginativa de los ruidos desconocidos que se
producen en las alacenas, sótanos o cuevas subterráneas cerradas de las
casas, casi siempre debidos a la presencia de pequeños roedores o
depredadores en busca de alimento.
Es más, aparte de su origen supersticioso, la leyenda de la llamada "gente
pequeña", como los denominaba en su famoso manuscrito el párroco
escocés Robert Kirk,5 o "duendes", está tan arraigada en unos lugares
concretos de Europa (islas británicas) que algunos han llegado a teorizar la
posible existencia de un pueblo humano de pequeña estatura ya desaparecido
en estas ubicaciones, lo que ha convertido en más probable el descubrimiento
reciente del hombre de Flores y el ya conocido pueblo pigmeo en África.
[cita requerida]
El primero en proponer esta explicación fue David MacRitchie (1861-1925), un
folclorista escocés, en su obra The Testimony of Tradition; este tipo
de leyendas (y muchas otras) se habrían fundado en la existencia histórica de
un pueblo que habitaría en cuevas o que sería subterráneo en las Islas
Británicas, resto de gentes antiquísimas de tecnología muy primitiva, quizás
neolítica, quienes, ante la llegada de pueblos más civilizados y mejor armados,
se habrían ocultado en la oscuridad. Esta teoría habría sido completada en The
Witch-Cult in Western Europe (1921) por la doctora Margaret Murray (1863-
1963).
El alquimista y médico suizo Paracelso (1493-1541) escribió sobre numerosos
tipos de criaturas ni humanas ni divinas en su grimorio Philosophia
Occulta (1570), a los que llama genéricamente elementales y
denominó gnomos (elemento tierra), ondinas (elemento
agua), silfos o sílfides (elemento aire) y salamandras (elemento fuego):
No pueden clasificarse entre los hombres, porque algunos vuelan como los espíritus, no son
espíritus, porque comen y beben como los hombres. El hombre tiene un alma que los espíritus no
necesitan. Los elementales no tienen alma y, sin embargo, no son semejantes a los espíritus, éstos
no mueren y aquéllos sí mueren. Estos seres que mueren y no tienen alma ¿son, pues, animales?
Son más que animales, porque hablan y ríen. Son prudentes, ricos, sabios, pobres y locos igual que
nosotros. Son la imagen grosera del hombre, como éste es la imagen grosera de Dios… Estos seres
no temen ni al agua ni al fuego. Están sujetos a las indisposiciones y enfermedades humanas,
mueren como las bestias y su carne se pudre como la carne animal, y son virtuosos y viciosos,
puros e impuros, mejores o peores.
Los duendes corresponderían a los gnomos y silfos y habitan mundos propios
no muy alejados del nuestro, aunque invisibles para nosotros porque nuestros
sentidos son poco sutiles y poco desarrollados y por tanto no aptos para
observarlos. Sin embargo todas esas criaturas, según Paracelso, tienen en
común ser seres interdimensionales y atemporales, viven en comunidades
jerarquizadas, son invisibles para los hombres, pero no para algunos animales
y niños, son juguetones y tramposos y enormemente interesados en algunos
aspectos sexuales de los humanos, a quienes a veces raptan cuando son
niños; viven muchos más años que los hombres, pero sin llegar a ser
inmortales: 500 años o más, éticamente neutros, inteligentes, y les aterroriza el
hierro y el acero. Poseen tres grandes festividades: la del mes de mayo, la del
24 de junio (solsticio de verano) y la del mes de noviembre.
Siguiendo la terminología de C. S. Lewis en su ensayo «The Discarded Image:
An Introduction to Medieval and Renaissance Literature» (1964), traducido al
español como La imagen del mundo,6 cabría identificarlos con los longaevi o
longevos, espíritus que, cuando Lucifer se levantó contra Dios, no se pusieron
de parte ni de este ni de aquel. Dios habría suspendido su sentencia hasta el
día del Juicio Final, y mientras tanto estos seres circularían por el orbe
infranatural, es decir, por debajo de la órbita de la Luna, pues por encima
estaría lo sobrenatural. Algunos habrían caído a la Tierra y por eso habitarían
en cuevas o subterráneos. No son exactamente demonios ni ángeles: son los
duendes, hadas, etc. de que se ha hablado anteriormente, de ahí su
ambigüedad moral. En otro ensayo,7 el poeta Heinrich Heine llama a toda esta
gente "dioses en el exilio", porque antiguamente eran los diosecillos paganos
menores que detentaban algunas funciones religiosas y ahora han sido
arrojados al margen, por lo que aparecen ridiculizados por la tradición religiosa
dominante en los cuentos folklóricos tradicionales. Su aspecto por ello ha sido
desfigurado como risible y sólo tienen importancia para los niños
impresionables, gracias a los cuales, sin embargo, perdura su recuerdo más o
menos deturpado.8
Por región[editar]
Europa[editar]
El leprechaun, del folclor irlandés.
Existen muchas variantes de duendes en varios países y culturas del mundo,
aunque universalmente los más populares son los de los países célticos. Uno
de los tipos más reconocidos en la actualidad es la del leprechaun, proveniente
de Irlanda y popular durante las festividades de San Patricio, como las que se
llevan a cabo en Estados Unidos. La imagen moderna del leprechaun es la de
un hombrecillo barbado bajo, de aire alegre y a veces gruñón, vestido con
atuendos de color verde, aunque en las leyendas folclóricas irlandesas su
carácter era menos afable y solían vestir con ropajes rojos. Los leprechaun
forman parte del ciclo de leyendas irlandesas relacionadas con los Tuatha Dé
Danann. Otros tipos de duendes irlandeses son los cluricaun (aficionados a las
bebidas embriagantes) y los far darrig (hombres rojos). De Escocia, otro país
celta, provienen las leyendas de los hobgoblins y los puck. Estos seres son
descritos como espíritus traviesos relacionados con la tierra. El hobgoblin es un
ser humanoide, pequeño y peludo, que vive en las casas y hace travesuras por
la noche mientras todos duermen. Al puck se le caracteriza con un aire más
similar a los pixis del folclor británico, sobre todo de Cornualles. Mientras el
hobgoblin es pequeño y tosco y habita en las casas de los campesinos, el puck
y el pixie son más esbeltos y viven en los bosques. Otro tipo de duende del
norte de las islas británicas es el brownie o urisk, similar al hobgoblin aunque
un poco más pequeño, peludo y ataviado con un manto o capucha de color
café, y que habita en las casas ayudando por las noches con las labores
cotidianas.
La apariencia del nisse o tomte ha pasado a formar parte del folclor navideño mundial.
En el folclor escandinavo también hay varios tipos de duendes. Los duendes
escandinavos se encuentran asociados al solsticio de invierno, y en la
actualidad, a la Navidad. Su apariencia moderna es la del arquetípico duende
de jardín o duende navideño: diminutos, ataviados con ropajes de colores
brillantes, sombreros cónicos puntiagudos y una barba larga, sin embargo, en
las tradiciones folclóricas escandinavas se les describe como hombres viejos y
pequeños vestidos a la usanza rural campesina, de carácter voluble, a veces
alegres y traviesos, otras veces iracundos y vengativos, que tienen la
capacidad de volverse invisibles o tomar diversas formas. Reciben diversos
nombres según el país: tomte en Suecia, nisse en Noruega y Dinamarca,
y tonttu en Finlandia. Su presencia es frecuente en la literatura escandinava,
como en los cuentos de Hans Christian Andersen.
En el folclor eslavo, el domovoi es un ser de pequeña estatura, cubierto de
pelo, que es considerado guardián de las viviendas. Estos seres tienen el poder
de transformarse en animales, como gatos o perros, o incluso puede adoptar la
forma del propietario de la casa. Los eslavos solían invitar al domovoi a
quedarse en las casas, pues ayuda a mantener todo en orden, mientras esté a
gusto, pero, si esto cambia, el domovoi se enoja y destroza platos, cambia las
cosas de sitio y gime por las noches.
El lutin, un tipo de duende francés.
Para los pueblos sajones de Inglaterra, Gales, Alemania y Países Bajos,
los goblins eran criaturas monstruosas y de apariencia grotesca, a menudo de
carácter malvado y egoísta, ávidas por el oro y las posesiones materiales. Eran
criaturas mágicas con diversas habilidades, similares a las de las hadas o los
demonios. Los goblins aparecen frecuentemente en la literatura moderna,
como en los libros de Tolkien, y también son parte de juegos de rol y
videojuegos como Warhammer o World of Warcraft. Similar al goblin, pero de
carácter más benigno y hogareño, es el kobold, perteneciente al folclor de
Alemania. El kobold era parte del mundo espiritual, pero a veces interaccionaba
con los humanos. Se le podía representar con formas animales, como fuego,
con forma humanoide o como objetos, a veces se disfrazaban como
campesinos o niños pequeños. Los kobolds podían vivir bajo tierra y trabajar
como mineros, pero a veces hechizaban y vivían en castillos y barcos. Al igual
que otros tipos de duendes, en ocasiones ayudaban a los hombres en las
tareas hogareñas
En el folclor de Rumania, el spiriduș era una pequeña criatura cuyo carácter
podía ser bueno o malo. Su apariencia es similar a la del leprechaun irlandés.
El sufijo -uș es un diminutivo de la palabra espíritu, en un significado más
asociado al término "fantasma". En Francia, el lutin de Normandía juega un
papel similar al de los espíritus hogareños de las tradiciones de Inglaterra,
Alemania y Escandinavia. El lutin también es un duende travieso, pues le gusta
amarrar en trenzas las crines de los caballos. Los lutin han pasado del folclor
francés a América, sobre todo en la provincia de Quebec, en Canadá, o en la
leyenda del "nain rouge" (enano rojo) que hechiza la ciudad
de Detroit, Michigan. El mazapégul es un tipo de duende hogareño de la región
de la Romaña, en Italia. Su aspecto es la de un ser humanoide pequeño, de
pelaje gris, que a veces podía ser bueno pero volverse maligno si se enfadaba.
España[editar]
El folclor de España es rico en cuentos y leyendas sobre diversos tipos de
duendes: Trasgos, Martinicos, Diaños, Gnomos, Hadas, Encantadas, Trastolillu
s, Trentis, Tentirujus, Nuberus, Trasnos en Galicia, Follets en Cataluña, Iratxoa
k (y otros nombres) en el País
Vasco y Navarra, Trasgus en Asturias, Menutos o Menudos en Valle de
Hecho y en otras partes del Alto Aragón, Mengues (Sur de España).
Los duendes castellanos[editar]
Cabe distinguir entre los duendes castellanos
a martinicos, diaños, trasgos, gnomos, encantadas, hadas y elfos. Los
martinicos, emparantados con los bestiones de la Edad Media y grabados en
algunos de los Caprichos de Goya, son enanos cabezones (representados
como cabezudos en las fiestas populares) de grandes manos que se suelen
disfrazar con hábito franciscano, hacen ruido en las alacenas, mueven y
pierden objetos cuando no los ven y gastan crueles chascos y bromas. Los
gnomos habitan en las cavidades de la tierra y la primera mención de
un elfo en la literatura española se hace en el Cantar de mío Cid, cuando se
habla de los "caños de Elfa", esto es, la cueva de Elfa.9 El primero en tratar por
extenso de los duendes fue el demonólogo fray Antonio de Fuentelapeña en El
ente dilucidado: discurso único novísimo que muestra que hay en naturaleza
animales irracionales invisibles y quales sean (1676). Se comentaba que todos
los duendes desaparecieron con la bula de la Santa Cruzada. Posteriormente,
en el siglo XVIII, el preilustrado benedictino padre Benito Jerónimo Feijoo se
embutió en una lucha sin cuartel contra estas supersticiones en su Teatro
crítico universal.
Por otra parte, en el contexto cultural flamenco se denomina duende al carácter
inexplicable y misterioso que ese arte y sus intérpretes adquieren en ciertas
ocasiones, un poder misterioso que todos sienten y ningún filósofo explica.10
Los duendes cántabros[editar]
Son de muchos tipos: los trastolillos, los enanos, los busgosos, los trentis,
los nuberos, los ventolines, los tronantes y las anjanas, entre otros.
Los duendes asturianos "apabardexu"[editar]
Especie de los Lagos de Somiedo que los lugareños dicen ser una especie de
duende. En bable, Asturiano, asturleones de Asturias apabardexu se traduciría
al español o castellano como duende de monte.
Las lamias[editar]
Las lamias españolas tienen correspondencia con las lamiak vasconavarras y
las lainas aragonesas. Tienen cara y cuerpo de bellas mujeres y patas
palmeadas de ánade (ganso, pato, oca...). Habitan en lugares cercanos al
agua, o en los mismos lagos, ibones y barrancos.
América[editar]
Las leyendas mesoamericanas también narran historias sobre gente pequeña que habita en casas,
montañas y sembradíos. En la foto, figura sonriente de la cultura central de Veracruz.
En América existen diversas historias y leyendas sobre espíritus relacionados
con la tierra, las masas de agua, los bosques, los elementos, el aire, el hogar,
el mundo subterráneo. Muchas de estas leyendas se mezclaron con las
leyendas europeas sobre duendes, dando lugar a nuevas leyendas sincréticas.
En México, entre las culturas mesoamericanas como la civilización maya,
los aluxes son un tipo de duende benéfico que habita en los campos de maíz.
Tienen la capacidad de atraer la lluvia y proteger los campos. Los agricultores
solían construirles pequeñas casas llamadas kahtal alux, donde el alux residía
para cuidar del sembradío, pero al cabo de siete años se le debía encerrar
porque el alux se volvía malvado y causaba estragos. Asimismo, se habla
del Uay Chup, duende lúbrico o lujurioso que se mete en las casas para
tener relaciones sexuales con muchachas y muchachos. Otro tipo de duende
es el chaneque, de la mitología mexica, entidad asociada al inframundo, los
bosques, los ríos y los animales. En la actualidad, se les da apariencia de
niños, tienen los pies al revés, el cuerpo deforme, poseen cola, carecen de la
oreja izquierda, y les gusta hacer travesuras. En el estado de Chiapas, México,
en algunas versiones, la Tisigua es descrita como un duende con apariencia de
una señora de cuarenta y vestida de rojo, la cual seduce a los hombres para
luego volverlos locos. Además se dice que es la esposa del Sombrerón.
En Centroamérica, a los duendes también se les conoce indistintamente como
gnomos o enanos. Muchos de estos seres son una mezcla del duende
europeo, sobre todo de los trasgos castellanos, con los genios protectores de
las creencias indígenas. De esta forma, estas criaturas pueden ser desde
pequeños humanoides con vestidos de colores y largas barbas, hasta poseer
características físicas de animales como patas de pollo o tener los pies al
revés, como en el caso del Cipitío de El Salvador. En las leyendas
de Guatemala, Honduras, El Salvador, Nicaragua y Costa Rica, los duendes
gustan de gastar travesuras en las casas, aunque a veces ayudaban con el
quehacer hogareño, como ocurre en la leyenda de los duendes del bacín de
Costa Rica. Uno de los aspectos más oscuros es que estos espíritus gustaban
de perder a la gente, sobre todo extraviar a los niños, como ocurría en las
leyendas de pueblos indígenas como los bribris y cabécares. Entre los tipos
específicos de duendes de los pueblos indígenas centroamericanos están
el mgöra, de la Comarca Ngöbe-Buglé en Panamá, o el cucumi de Cuba.
También merece mención el Sombrerón, personaje de las leyendas de
Guatemala, un enano con un gran sombrero y una guitarra que recorre los
poblados del país enamorando a las mujeres. En el Caribe y Centroamérica,
está la Ciguapa, un ser mítico en forma de mujer, similar a una indígena, de
estatura pequeña, pelo larguísimo del cual usa como su vestimenta y con los
pies al revés.
En Suramérica hay muchas leyendas de seres mitológicos con características
de duendes. En países como Venezuela se les denomina momoyes. En
Colombia, está el Mohán. En la mitología amazónica, como la de
los guaraníes del Paraguay, están personajes como el Pombero, el Yasy
Yateré y el Kurupí, mientras que en Brasil están las leyendas
de Caipora y Curupira. En los pueblos del norte de Chile y Argentina está
el Coquena, un ser mitológico benigno quechua y calchaquí. En la
cultura mapuche de Chile están el Laftrache y el Trauco, en Ecuador, el Tin
tín (duende fálico de la costa) y el Chuzalongo (duende fálico de la serranía), y
en Perú, el Muqui (duende minero de los Andes peruanos), el Chullachaqui,
el Chinchilico, y el Shapishico (en la amazonía del Perú). En Bolivia, en la
región occidental se los denomina como anchancho en aymará y como muki en
quechua, en la zona de los valles.11
Asia[editar]
En Asia también existen seres enanos catalogados como «duendes».
En Japón, existen unos seres denominados como Yokai, y hay un número
incontable de ellos, y algunos son demasiados extraños como para encajar en
alguna categoría. Estos son generalmente la transformación de una cierta clase
de perversión o de criaturas halladas en la vida común, o son enteramente
nuevos tipos de duende. Algunos ejemplos son el abura-sumashi, un goblin o
duende viejo, con aire satisfecho con cara de patata, que bebe aceite; el ami-
kiri, criatura que existe con el único propósito de cortar la red del mosquito; y
el ushi-oni, demonio vaca que se representa a veces con el cuerpo de una
araña gigante. El ningyo es una persona-pez, pero no una sirena, porque tiene
medio cuerpo superior de pez.
Existe la leyenda del Abura-sumashi. Este espíritu que sorprende a las
personas en el paso de las montañas, se piensa que es el fantasma de un
humano que robaba aceite. En los días anteriores a la electricidad, el aceite era
una comodidad muy valiosa, necesaria para calentar y alumbrar una casa. En
la actualidad el abura-sumashi es representado como un ser que usa un abrigo
de paja que le cubre el cuerpo y una cabeza con forma de piedra o papa. Esta
apariencia es inspirada en los trabajos de arte de Shigeru Mizuki.
Otra clase de duende es el amikari, el cual se le puede hayar en cuerpos de
agua y lo pescadores son más propensos a encontrarlo, pues este frecuenta
los lugares donde se hayan los pecadores. El amikari se le conoce también por
ser inofensivo, puesto a que no está tan enfocado en atacar o dañar a los seres
humanos a pesar de su bizarra apariencia. La apariencia general de un amikiri
son las pinzas de langosta, cola de serpiente y cabeza de pájaro. Algunos
investigadores afirman que este puede adoptar la forma de animal pequeño,
como la de un perro, un gato; pero otros dicen que tiene el tamaño de un niño.
También pueden ser buenas amistades con los seres humanos.
Hay otro que le llaman Ningyo (人魚, "Pez humano", a menudo mal traducido
como "sirena"), quien está inspirado en un pez del folclore japonés, llamado
"Ningyo". Antiguamente, fue descrito con la boca de un mono con pequeños
dientes como un pez, brillantes escamas de oro, y una voz tranquila como una
alondra o una flauta.
En Corea del Sur también existen clases de duendes. Por ejemplo,
los dokkaebi (en coreano, 도깨비) son criaturas legendarias de la mitología y el
folclore coreano. También conocidos como los goblins coreanos, poseen
extraordinarios poderes y habilidades que utilizan para interactuar con los
humanos, ya sea haciéndoles trucos o ayudándolos.
En el folclore chino, existen los mogwai que son seres pequeños que se
reproducen con el agua de lluvia, usualmente aparéandose y produciendo una
numerosa estirpe ya que la lluvia les incrementa la lujuria. Se les considera una
representación metafórica de la "abundancia" que puede traer el agua de lluvia
para las cosechas que, descontrolada, puede causar daño.
En Filipinas, está la leyenda del Asuang que es un duende, también a veces
considerado como un brujo o demonio, de la mitología filipina, conocido en casi
todo el archipiélago filipino, particularmente entre
los tagalos, pampangos, bicolanos, etc. Es un ser nocturno que toma las
formas que quiere, como las de un perro, gato, ave u otro animal. El aswang
coge preferentemente niños, abandonados y caminantes solitarios. Con su
lengua horriblemente dilatada, negra y flexible como la seda, extrae los fetos a
las mujeres que están encintas. A él se atribuyen los dolores en el parto.
San Patricio[editar]
San Patricio con un duende a sus pies.
La tradición irlandesa refiere que san Patricio, tras haber fundado su primera
iglesia, invitó a los celtas paganos a convertirse al cristianismo. Tras llevar a
cabo varios milagros, la fe cristiana comenzó a ganar adeptos en Irlanda.
Los druidas vieron esto con alarma. Invocaron una tropa de duendes y la
enviaron a la iglesia con tal de hacer la vida imposible a San Patricio y a los
apóstatas ya cristianos. Los feligreses comenzaron a quejarse de que los
duendes no los dejaban rezar y cometían un sinfín de desmanes desbaratando
el templo, por lo que San Patricio, habiendo averiguado que era obra de los
druidas, decidió hacerles frente. Una vez dentro del templo, se les encaró con
las siguientes palabras: «En nombre de Dios Todopoderoso yo los expulso,
espíritus impuros», y fue así como San Patricio desterró a los duendes de la
iglesia. Por eso en Irlanda la imagen de san Patricio es muy utilizada para
realizar exorcismos de duendes y para protegerse contra ellos, ya que no
soportan la imagen del hombre que los desterró de la casa de Dios.
Su hábitat general son los bosques, aunque algunos habitan en los jardines y
los fondos de ciertas casas, propicias para ello, ya que a estos alguna vez
simpáticos hombrecillos les agrada la compañía de los niños, así como a las
hadas (por su pureza de corazón), para jugar con ellos. Son de buen carácter;
estando por lo tanto casi siempre de buen humor. Aunque también existen
duendes malvados, capaces de hacerle daño a los humanos, si estos los
enojan. Por ese motivo es conveniente evitar ofenderlos, por ejemplo, dudando
de su existencia, de sus poderes o burlándose de su apariencia.