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6.1.2, La línea
La naturaleza de la línea no es com pleja, ciertam ente. Sin embargo, nos encontra
mos, quizá, ante el elemento plástico más polivalente y, en consecuencia, aquel que pue
de satisfacer un m ayor núm ero de funciones en la representación. Com o dice Berger
(1976a, 231), la línea sirve a dos diferentes fines — el de señalar y el de significar— , con
lo que abarca dos grandes ámbitos en los que este elemento es imprescindible: el de la co
municación visual aplicada y el del arte. El primero de éstos es el de la comunicación via-
ria, las grafías, los patrones de moda, el diseño en todas sus vertientes, Jos planos...; el se
gundo, el de la representación artística desde Lascaux o Altamira hasta hoy, y en cuyo
ámbito destaca sobrem anera otro espacio propio —el dibujo— , en eí cual la línea vuelve
a ser el elemento plástico imprescindible.
Su naturaleza es muy sim ilar a la del punto en cuanto que, igual que aquél, no necesa
riamente requiere la presencia material en la imagen para existir fenoménicamente, tiene
también propiedades inductoras y una cierta naturaleza sinestésica. Sin embargo, para m e
jo r entender esa naturaleza plástica de la tínea y también las funciones que cumple en la
composición y a las que nos referiremos más adelante, lo más conveniente es clasificar
mínimamente esa enorme variedad que nos ofrecen los usos de este elemento. La taxono-
mía que a continuación ofrecem os es el resultado de integrar otras ya existentes, como la
de Dom ínguez (1993, 173), la de Amheim (1979, 246) o la de Villafañe (1985, 105), aun
que reconozcamos el protagonismo de la primera.
Líneas implícitas Por intersección de planos
Líneas geométricas del marco
Líneas de asociación
Líneas aisladas Línea recta Vertical
Horizontal
Oblicua
Quebrada
Línea curva
Haces de líneas Líneas rectas entrecruzadas
Líneas rectas convergentes
Estructuras de fugas
Línea objetual
Línea figurai Línea contorno
Línea recorte
Las líneas implícitas son las que mejor ilustran esa naturaleza intangible de este ele
mento y cómo, en función de ésta, puede actuar plásticamente sin que esté presente de
© E diciones Piràm idi;
El espacio del cuadro / 117
forma material. Es el caso de las líneas fenom énicas que surgen en la intersección de dos
planos de diferente matiz, brillo o cualquier otra propiedad visual que los distinga. Otro
Upo de líneas implícitas citado por D om ínguez son las que constituyen la geom etría inter
na del marco — los ejes, las diagonales— que crean zonas activas en el interior del cuadro
debido a los fenóm enos de atracción y repulsión que producen. Las líneas de asociación
las forman diversos elem entos que, debido a un agrupamiento direccional, quedan asocia
dos entre sí constituyendo este tercer tipo de línea implícita.
Las líneas aisladas, bien sean rectas o curvas, quedan asociadas al espacio del cuadro,
el cual se vuelve más dinám ico con la presencia de éstas. La propia definición geométrica
de una línea — el lugar geom étrico que describe un punto en m ovim iento sobre un pla
no— destaca ya su carácter de elem ento dinam izador del espacio del cuadro. Sin em bar
go, esta propiedad dinám ica y el resto de los efectos que la línea puede producir en el cua
dro varían en función de su propia morfología; así, la recta es muy dinám ica y cuenta
normalmente con un sentido muy preciso porque el recorrido visual entre dos puntos se
concluye antes que con una curva, la cual posee una m enor capacidad direccional pero
puede resultar igualmente dinám ica por su facilidad para crear ritmos sinuosos y envol
ventes. Ahí están para ilustrar ese dinamismo de la curva las formas más genuinas del
modernismo.
Entre las líneas rectas existen además las cuatro variantes apuntadas en el esquema
anterior. Entre las tres primeras, asociadas a la orientación espacial del cuadro, la más di
námica es la oblicua, sobre todo si coincide con las diagonales regulares del cuadro. Una
oblicua, al menos desde la tradición de lectura occidental, se leerá como descendente en
sentido izquierda-derecha y com o ascendente en el sentido opuesto, es decir, derecha-iz
quierda. La línea horizontal es, con diferencia, la orientación típica del reposo y la estabi
lidad y, por tanto, la más estática. Las líneas quebradas connotan un tipo de movimiento
discontinuo y sincopado que dinam iza mucho la com posición; sin embargo, hay que ser
muy cautos con su uso ya que tam bién pueden crear una notable confusión en el espacio
del cuadro.
En los haces de líneas la línea pierde su individualidad com o elem ento en beneficio
de una nueva configuración que puede adoptar diversas formas. La más común es la de
tramas formadas por líneas rectas entrecruzadas, muy utilizadas para sombrear y dar vo
lumen a los objetos (las hatch Une). Las líneas rectas convergentes pueden tener dos sen
tidos, los cuales crean otros tantos vectores direccionales en el cuadro, los que culminan
en el punto de convergencia o las que parten de él. En el prim er caso el espacio se codifi
ca en función de un gradiente decreciente de tamaños relativos con el consiguiente efecto
de profundidad; en el segundo, el citado punto de convergencia se activa desde el hori
zonte hacia el punto de vista del observador. Por último, en las estructuras de fugas la
pérdida de la individualidad de la línea se debe a que ésta, fenoménicam ente, es absorbi
da por las masas y los objetos dibujados en perspectiva. Sin embargo, este tipo de repre
sentaciones, com o son los dibujos de los arquitectos, nunca sería posible sin el elemento
lineal.
La línea objetual es aquella que se percibe com o un objeto unidimensional. Para que
un grupo de líneas sean conceptualizadas com o un objeto independiente su estructura
debe ser más simple que la suma de las mismas sin una ley de ordenación. Un ejem plo tí
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pico de este tipo de lineas son los pictogramas, tan utilizados en todos los repertorios de
señalización actuales,
La línea figural describe la forma de un rostro o de cualquier otro objeto. En función
de que se represente o no la figura con volumen se habla de línea de contorno o línea re
corte. En el arte de los primitivos, por ejemplo, los fondos de oro seccionaban la figura
bruscamente mediante el contraste lum ínico dando la impresión de un recorte figural; por
el contrario, «cuando se exam ina la Gioconda — nos dice Berger (1976a, 259)— , se apre
cia en seguida que una parte de su encanto se debe, mucho m is que a su legendaria sonri
sa, a la línea fundente que la envuelve sin contornearla. Las formas no se destacan ya en
Ja superficie de! cuadro, sino que penetran en el espacio con la ayuda de una luz que les
abre camino. No es posible calcar la silueta de Mona Lisa. La línea no separa ya dos cam
pos igualmente planos, sino que se refuerza en profundidad, línea m etam orloseada al con
tacto del espacio que además ella construye».
Como ya se ha dicho, !a línea es un elemento muy polivalente que satisface diversas
funciones plásticas en la composición, Citamos a continuación sólo aquellas para las que
este elem ento es idóneo por cum plir dichas funciones de manera simple.
a) Crea vectores de dirección de diversa naturaleza, los cuales resultan básicos para
organizar la composición, puesto que las direcciones son, junto al peso visual de
cada elemento, los dos principales factores plásticos de los que depende el equili
brio dinámico. Además, en algunas composiciones las direcciones de la imagen
forman un vector de lectura que codifica e! sentido de dicha lectura de la imagen,
im prescindible para poder captar la significación plástica de ésta.
b) A porta profundidad a la com posición, sobre todo en aquellas representaciones
planas (bodegones, escenas con fondos neutros...). Es típico el procedimiento de
introducir en ía escena algún objeto longitudinal que, ubicado en el cuadro sobre
una orientación oblicua, favorece una cierta sensación de profundidad. Además,
en todas las representaciones en perspectiva central se codifica la profundidad
espacial, de una manera explícita o implícita, gracias a las líneas convergentes.
c) Separa píanos y organiza el espacio, compart¡mentándolo, de manera muy senci
lla. No es ésta, por supuesto, una función exclusiva de la línea, pero hay que in
sistir en la importancia de la simplicidad a la hora de satisfacer una función plás
tica, sobre todo si, como es el caso paradigm ático al que nos vamos a referir en
este libro, se habla de composiciones normativas.
d) Da volumen a los objetos bidimensionales. Tal com o se ha dicho, las tramas de
líneas curvas entrecruzadas crean una activa sensación de volumen. Es éste un
recurso típico de los grabadores; así, en casi todos los grabados de Durero puede
apreciarse este recurso plástico para sugerir una representación tridimensional.
e) La línea puede representar, por último, tanto la forma como la estructura de un
objeto. El prim er caso es el que explicamos al hablar de la línea de contorno, en
la cual la línea describía rostros u otros objetos; el segundo es el de los ya citados
pictogramas, donde se restituían las principales características estructurales del
objeto y, por tanto, la propiedad más importante para la conceptualización visual
de éste, su identidad.
© Rcliciones Pirámide
El espacio del cuadro / 119
6.1.3. El plano
En prim er lugar es necesario precisar la noción de plano com o un elem ento m orfoló
gico, para poder diferenciarlo de otras acepciones del término plano cuya confusión puede
resultar altam ente errónea. En este sentido existen al m enos dos que nada tienen que ver
con este elem ento del espacio de la imagen; nos referim os, primero, a la referida a los dis
tintos tamaños de un plano dentro de la escala cinem atográfica y, en segundo lugar, al lla
mado en el argot de las artes plásticas plano original, que no es otra cosa que el espacio
vacío del cuadro.
En cuanto a su naturaleza plástica, el plano es un elem ento m orfológico de superfi
cie, íntim am ente ligado al espacio que se define en función de dos propiedades: la bidi-
mensionalidad y su forma. La prim era de ellas no debe hacem os olvidar que un plano
puede ser proyectado en el espacio las veces que se desee y en la orientación que conven
ga. De esta posibilidad — que los cubistas tuvieron muy clara— surgió una función histó
rica de este elem ento, es decir, la integración de distintos espacios en otro unitario. El afo
rismo cubista «ver en planos» se refería a la percepción de los distintos planos espaciales
de un objeto, los cuales, una vez abandonado el punto de vista único que había impuesto
la perspectiva renacentista, eran integrados en el espacio del cuadro gracias a que previa
mente habían sido codificados en distintos planos.
De la m ism a m anera que anteriorm ente decíam os, para justificar que un elem ento
simple puede llegar a ser el m ás decisivo en una imagen, que el punto era en las obras
puntillistas eJ elem ento sobresaliente, el plano lo es igual en muchas obras de algunos
impresionistas como Gauguin, de los fauvistas o de los ya mencionados cubistas, tal como
puede apreciarse, por ejemplo, en La Fábrica o el Retrato de Ambroise Vallará, ambos
de Picasso (lám inas 3 .1 y 3.2),
Igual que la ya com entada, las principales funciones plásticas del plano están relacio
nadas con la organización del espacio, su com part i mentación, la articulación en diferentes
subespacios, su superposición para crear sensación de profundidad... El plano, no hay que
olvidarlo, al ser un elem ento superficial estará siempre asociado a otros elem entos com o
el color, de cuya interacción depende el resultado visual y la significación plástica inhe
rente al mismo.
6.1.4. El color
Como objeto de estudio, el color ha concitado el interés de científicos y estudiosos de
las más diversas procedencias. Físicos como Newton o M axwell, fisiólogos como Hering,
artistas plásticos com o Kepes o Kandinsky o poetas com o Goethe y hombres de letras
como Schopenhauer, adem ás de innum erables teóricos y psicólogos del arte como Berger
o Amheim, han reflexionado y escrito acerca de diferentes aspectos de este elem ento que
tiene en su labilidad la principal característica que lo define.
A la Teoría G eneral de la Imagen, al menos desde la perspectiva que ahora nos ocupa,
que es el estudio de la representación visual, 1c interesa básicam ente su naturaleza y sus
funciones plásticas, es decir, aquella dim ensión subjetiva del color, más relacionada
con la experiencia y con la cultura del observador que con aspectos como la longitud de
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Las dos m anifestaciones más evidentes asociadas a esas cualidades térm icas del color
son:
— El efecto de avance en los colores cálidos y de retroceso en los fríos, respecto al
punto de vista del observador.
— El efecto centrípeto de los colores fríos y centrífugo de los cálidos.
Kandinsky (1983, 52) decía refiriéndose al color pigm entario que todo color se defi
nía en función de cuatro atributos: cálido-frío y claro-oscuro. La tendencia de un color ha
cia el am arillo o hacia el azul determ inaba la propiedad térmica correspondiente tal comu
hemos visto. Pero además, Kandinsky consideró una segunda antinomia — claro/oscuro—
determ inada por la tendencia de cada color al blanco o al negro. La relación entre ambas
antinom ias es el efecto multiplicador que los colores claros tienen sobre las propiedades
de los cálidos y el mismo efecto de los oscuros sobre las propiedades de los colores fríos.
d) El color es tam bién un elemento altamente dinam izador de la com posición a tra
vés de lo que, sin duda, resulta el procedim iento dinámico más simple: el contraste. Poco
se puede decir de! contraste desde un punió de vista cualitativo, es decir, en lo que hace
referencia al m atiz crom ático, excepto que los colores fríos y calientes son los que más
contrastan (el par azul/am arillo es el más activo después del blanco/negro)* Sin embargo,
cuantitativam ente, es decir, sí se tienen en cuenta Las diferencias de luminancia y la pure-
za espectral de una luz — su brillo y saturación— el contraste y, en consecuencia, el dina
mismo de la imagen aumenta:
— Con la saturación.
— En las zonas azules del espectro.
— Con la proximidad de los colores.
— Con la elim inación de los contornos de !a figura.
Al hablar del contraste cromático no puede olvidarse una propiedad como la interac
ción cromática, que afecta tanto a su aspecto cualitativo como al cuantitativo y que debe
tenerse muy en cuenta a la hora de com poner una imagen o una escenografía. En la yuxta
posición de dos colores, uno de ellos tenderá a actuar como fondo (dependiendo esta cir
cunstancia de muy diversas causas) asumiendo entonces un color complementario al del
otro, que lo hace como figura.
6.1.5. La forma
Es un elem ento con una naturaleza híbrida, a medio camino entre lo perceptivo y la
representación, ya que no en vano recortocemos gracias a patrones de forma que alm ace
nam os en nuestra m em oria y que nos permiten identificar los objetos de nuestro entorno.
Ya se ha explicado sobradamente en el capítulo anterior cóm o opera el mecanismo de re
conocim iento; baste recordar que la clave está en la homologación entre la estructura de!
objeto que se percibe y !a del pattern almacenado en la m emoria, ei cual, como ya se ha
© Ediciones Pirámide
El espacio del cuadro / 123
dicho también, es genérico. La form a estructural de ese pattern es la que nos permite re
conocer la clase de los objetos a la que pertenece cada espécim en individualizado que
constituye la m encionada clase.
Es necesario, por tanto, distinguir entre la noción de forma estructural, o simplemente
estructura, y la de forma. La primera, la forma estructural, queda plasm ada en los rasgos
espaciales que son esenciales para reconocer al objeto. Un barco puede tener formas muy
diversas (un velero, un junco oriental, un transatlántico...) o, simplemente, ser percibido
desde puntos de vista diferentes (de frente, de costado, por debajo...) y, en este sentido,
adoptará formas distintas; sin em bargo, su forma estructural, su estructura, sigue siendo
en todos los casos la misma. Gracias a esa forma estructural, y a esa colección de rasgos
esenciales y permanentes, reconocem os sin problemas todos los tipos de barco y todas las
vistas parciales de cada uno de ellos y nuestra percepción no es engañada por las ef ímeras
apariencias de los casos individuales.
En la definición del concepto de forma estructural está contenida la más importante
función que un elem ento icónico pueda poseer, la capacidad de identificar al objeto de la
representación o de la percepción. Y esta capacidad puede oscilar desde la acción más
simple posible de reconocer una paloma, por ejemplo, a la más compleja de crear un ar
quetipo, un patrón formal, el cual puede ser portador de determ inado sentido del que la
imagen carecía en un principio. Éste fue el caso de la paloma picassiana adoptada casi
universal mente como sím bolo de la paz.
Sin embargo, de la m ism a m anera que no cualquier proyección de un cubo sobre un
plano bidim ensíonal restablece la identidad de éste, tam poco cualquier representación
puede tener propiedades arquetípicas. En el prim er caso, ya se ha dicho, es preciso que la
representación de la form a cuente con el número suficiente de rasgos que salvaguarden la
identidad del objeto, los cuales constituyen lo que Arnheim (1979, 110) denom ina el es
queleto estructural y que explica así: «al hablar de la “form a”, nos referimos a dos propie
dades muy diferentes de los objetos visuales: 1) los límites reales que hace el artista: las
líneas, masas, volúmenes; y 2) el esqueleto estructural creado en la percepción por esas
formas materiales, pero que rara vez coincide con ellas».
En el segundo caso, el que se refiere al proceso por el cual una forma se convierte en
un arquetipo, existen evidentes procesos de convencionalización pero son im prescindi
bles, además, dos condiciones, una de naturaleza representativa o visual y la otra de sen
tido. En primer lugar, la representación arquetípica exige la simplicidad y el fácil reco
nocimiento y, en cuanto al sentido se refiere, es necesario un proceso de naturalización en
términos de significado de la imagen que va a encarnar dicho sentido, o ¿acaso habría
sido posible que un buitre carroñero acabase siendo el símbolo de la paz aunque el mismo
Picasso lo hubiese representado?
Pese a esa dublé naturaleza perceptivo-representativa de la forma, en este capítulo nos
interesan fundam entalmente su naturaleza y sus funciones plásticas. Y en este sentido, la
principal característica en cuanto a su naturaleza representativa es que la forma supone
una síntesis de todos los elem entos del espacio de la imagen, los cuales muchas veces se
encierran y se resumen en una forma figurativa. En consecuencia, la forma participa de la
mayor parte de las propiedades que definían la naturaleza de tos elementos m orfológicos
y que se recogen en el prim er epígrafe de este capítulo.
© lid ic io n e s P irá m id e
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Hablar de las funciones plásticas de la form a exige previam ente determ inar de qué
tipo de representación de la forma hablamos, ya que existen dos maneras básicas de repre
sentarla: la proyección y el escorzo, a las que Arnheim (1979, 141) añade el traslapo, las
cuales producen diferente significación plástica,
En la proyección la función que cumple la forma es la representación misma de la
identidad del objeto. Una proyección implica la adopción de un punto de vista fijo, lo que
supone la representación, si el soporte es b¡dimensiónal, de un único aspecto del objeto
— el que está enfrente del punto de vista— el cual deberá restablecer el número suficiente
de rasgos de su estructura como para que el observador pueda com pletar los que la repre
sentación omite. Com o quiera que no existe ningún aspecto m ejor que otro a la hora de
elegir la proyección ideal — un coche se identifica m ejor de perfil mientras que la proyec
ción más adecuada para un avión es su planta— , y dado que una proyección no deja de
ser una abstracción visual. Los criterios que deberán seguirse a Ja hora de seleccionar qué
aspecto representa mejor la totalidad del objeto al que sustituye serán los mismos que se
le exigían a la abstracción, para posibilitar la conceptualización visual; es decir, la proyec
ción deberá ser esencial, y recoger el esqueleto estructural del objeto, y en segundo lugar,
generativa, y com pletar así el resto de los aspectos que la representación proyectiva de la
form a no recoge. De esta manera la proyección poseerá las tres propiedades imprescindi
bles para satisfacer esa importante función plástica que es la salvaguarda de la identidad
visual del objeto: concebir a éste com o algo tridimensional, de forma estructural constante
y no sujeto a ningún aspecto proyectivo en particular.
Si la proyección pretende sugerir la totalidad del objeto a partir de un aspecto deter
minado del mism o que cum pla las tres condiciones citadas, el escorzo es una represen
tación desviada de un esquem a estructural mente más sim ple, debido a un cam bio de
orientación en la dimensión de profundidad del esquem a del que deriva. Para Arnheim
(1979, 137) es posible hablar de escorzo en tres representaciones diferentes:
1. Cuando la proyección del objeto no es ortogonal, es decir, si existe distorsión pro
yectiva debido a que la línea de visión no es perpendicular al plano de la representación.
La representación escorzada aumenta en este caso el dinam ism o respecto a la proyección
ortogonal, más estática por estar alojada sobre la vertical o la horizontal del espacio.
2. Cuando no se representa el aspecto más característico del objeto se puede también
hablar de escorzo aunque dicha representación recoja la totalidad del citado objeto. Cual
quier objeto representado a vista de pájaro, por ejem plo, ilustraría este segundo caso.
Plásticam ente este tipo de escorzo introduce tensión, y por tanto dinamismo, en la ima
gen, ya que la representación se aleja de su form a original. Éste es el escorzo más ge
nuino,
3. Por último, geom étricam ente, cualquier proyección implicaría escorzo, ya que to
das las partes del objeto representado que no sean paralelas al plano de la proyección se
representarían desviadas y sus proporciones estarían deformadas. El mayor o menor dina
mismo de la forma visual dependerá del grado de deformación.
El escorzo es probablem ente la form a más dinám ica de representación de la forma
porque implica una deform ación de una estructura más simple y, perceptivamente, toda
© Ediciones; Pirámide
El espacio del cuadro / 125
forma tiende a restablecer el estado original de Ja que deriva, produciendo tensiones en el
sentido de dicho restablecim iento.
El traslapo o superposición es una manera habitual de representación de la forma en
la imagen. Para que objetos superpuestos puedan tener una identidad fenom énica plena
deben cumplirse dos requisitos: prim ero, los objetos superpuestos deben ser percibidos
como independientes y, en segundo lugar, situados en distintos términos del espacio de la
representación. Las funciones plásticas del traslapo son muy diversas; a continuación cita
mos sólo las m ás comunes:
a) La más evidente es la jerarquización que toda superposición implica a favor de la
figura que se representa en prim er término, no sólo por esa ubicación privilegia
da, sino por la integridad de la propia figura en relación con el resto, sólo parcial
mente representadas.
b) La superposición puede crear también itinerarios de lectura dentro de la com po
sición y convertirse así en un auxilio muy importante para construir el orden in
terno de la imagen.
c-) El traslapo crea cohesión, agrupa masas y las constituye en una única unidad vi
sual dotándolas de un carácter unitario en la com posición que adquiere un gran
peso visual y favorece, en muchos casos, el equilibrio dinámico. Una com posi
ción con figuras dispersas a lo largo del cuadro plantea siempre más dificultades
para su equilibrio que si éstas tienen una entidad espacial común.
d) Favorece la tridim ensionalidad, sobre todo en aquellas representaciones con un
espacio de dom inancia frontal, evitando así que los objetos aparezcan como si
estuviesen pegados al fondo del cuadro.
El traslapo supone la representación incompleta de la forma, y aunque el caso de las
figuras cortadas por los bordes de! cuadro no es un caso típico de traslapo, es importante
cuidar en la representación el punto exacto en el que determ inados objetos deben ser inte
rrumpidos para evitar el torpe efecto de la mutilación. «No es nuestro conocim iento de la
anatomía — nos dice A m heim (1979, 143)— , sino la naturaleza de las formas que com po
nen el cuerpo, lo que determ ina que un objeto orgánico se perciba com o completo, trans
formado o muíilado». No deben, en este sentido, cercenarse los brazos o piernas de las
personas por las rodillas o codos para evitar ios m uñones o torsos amputados; en el caso
de que el objeto incom pleto sea, por ejemplo, un disco, debe quedar dentro de la represen
tación un arco superior a la mitad de su superficie. En general hay que advertir que cual
quier objeto longitudinal roto por uno de los bordes del cuadro atenúa el efecto de am pu
tación si está alojado sobre una orientación oblicua.
6.1.6. La textura
Una textura es una agrupación de pautas situadas a igual o similar distancia unas de
otras sobre un espacio bidim ensional y, en ocasiones, con algo de relieve. Como elemento
morfológico tiene una naturaleza plástica asociada, como ningún otro, a la superficie. En
este sentido, frecuentem ente es indisociable del plano y del color.
€> Ediciones Pirámide