MOMENTO DE TRANSFERENCIA
FILOSOFIA
PRESENTADO A:
NESTOR DAZA
PRESENTADO POR :
JUAN ESTEBAN VALERO PALENCIA
NELSON DANIEL VALERO PALENCIA
GRADO 11.01
I.D SANTA INES
ACTIVIDAD.
1. de la primera línea del tiempo: escriba cada uno de los. Filósofo; inserte su imagen y
escriba su la tesis filosófica más importante.
Filósofos de la Antigüedad (700 a.C. – 250 d.C.)
Los primeros filósofos trataron de entender el origen del mundo en el que vivían. Se interesaron
por la infinidad de la cosmología, la perfección de la geometría y por la composición de la
naturaleza. Para aproximarse a la reflexión sobre el origen del Universo plantearon el
concepto arché (arjé), que hacía referencia a ese elemento desconocido que era la base de todas
las cosas y componía en última instancia todo el Universo. El arché era la sustancia primigenia, el
elemento esencial del que estaba compuesto el mundo físico. Los filósofos griegos propusieron
distintas respuestas ante la pregunta de qué era el arché. Además de esta búsqueda infructuosa,
también abordaron otros temas como la naturaleza (physis) -especialmente los presocráticos-, o la
política y la antropología.
Tales de Mileto (624 a.C. – 546 a.C.)
En su Metafísica, Aristóteles (384 a.C.- 322 a.C.) escribe que Tales
de Mileto fue el primer filósofo. Nacido en la polis de Mileto, en la
costa de la actual Turquía, Tales viajó por Egipto y aprendió
geometría. Entre sus aportes matemáticos más importantes está
el famoso Teorema de Tales. En cuanto a su obra filosófica, pese a
no conservarse ningún texto suyo, se sabe -por otros autores que
escribieron sobre él- que Tales consideró el agua como el
elemento primigenio del mundo y del Universo. Para Tales
el arché era el agua, porque era algo a partir de lo que se podía
formar todo lo demás, era esencial para la vida, capaz de provocar movimiento y transformación.
Por su búsqueda de la verdad a través de la razón, superando las historias o mitos que se contaban
en la época, se considera a Tales de Mileto el primer filósofo. Como curiosidad, se dice que midió la
altura de la Pirámide de Keops.
Anaximandro (610 a.C. – 545 a.C.)
Discípulo de Tales, Anaximandro siguió reflexionado sobre el
material elemental que componía el Universo. Para encontrar
una explicación inventó el término ápeiron, que hacía
referencia a lo ilimitado, a lo infinito. Según Anaximandro,
lo ápeiron era el elemento primigenio que componía todas las
cosas, desde las piedras y las hojas hasta las estrellas.
Lo ápeiron era indefinible, no tenía forma ni límites. Además
de introducir esta reflexión, Anaximandro planteó que la
Tierra era el centro del Universo y trató de calcular la
distancia entre los astros.
Anaxímenes (590 a.C. – 525 a.C.)
Poco convencido de la compleja explicación de su maestro
Anaximandro, Anaxímenes pensó que el arché debía ser el
aire, un elemento infinito como lo ápeiron, pero que él
encontraba mucho más explicativo de manera racional: el
aire, a través de procesos físicos como la rarefacción y la
condensación, es capaz de crear todas las cosas. Al contrario que su maestro, Anaxímenes pensaba
que la Tierra era «plana como una hoja», y que había sido formada por acción del aire.
Pitágoras (569 a.C. – 475 a.C.)
No se sabe mucho de la vida de Pitágoras, pero se cree que
estuvo en contacto con la Escuela de Mileto -de la que
habían formado parte Tales, Anaximandro y Anaxímenes
tan sólo una generación antes- y que viajó a Egipto y allí
aprendió geometría. Estas influencias hicieron que su
aproximación a la filosofía fuera desde una perspectiva
matemática. Sin embargo, en Pitágoras sorprende
encontrar a un hombre profundamente religioso y creyente
en todo lo relacionado con el alma y la reencarnación. Es
famoso por haber fundado la Escuela Pitagórica, una especie de secta religiosa formada por los
llamados pitagóricos, estudiosos de la obra de Pitágoras y adoradores del personaje. El filósofo
creó todo un culto religioso alrededor de su propia figura, y sus seguidores entendían las ideas de
su maestro como revelaciones místicas. Pitágoras era un científico místico que no encontraba
contradicción en su filosofía. También se atrevió a dar solución al problema del arché, y propuso
que el elemento primigenio del cual estaba compuesto el Universo eran los números.
Heráclito (540 a.C. – 480 a.C.)
Tratando de superar lo estático de sus
predecesores, Heráclito apostó porque
el arché era una sustancia en constante cambio y
transformación. Usó la metáfora del fuego y por
eso algunos interpretan que, para Heráclito, el
arché era el mismo fuego. En realidad lo que
quería transmitir este filósofo nacido en Éfeso era
la idea de que en el Universo existía un constante
cambio que, sin embargo, se mantenía en
equilibrio: el día y la noche, el calor y el frío…
Heráclito llamó a esa ley universal logos, una especie de razón superior que ordenaba el Universo.
Parménides (515 a.C. – ? a.C.)
De manera opuesta a Heráclito, Parménides defendió la idea de
que el cambio no existe. El cambio esencial, el cambio en el ser
de las cosas, no es posible. Según Parménides, todo lo real es
eterno e inmutable. Para él, el elemento esencial del Universo es
el propio ser. Más allá de su filosofía, lo importante en
Parménides es la idea de que la verdad se descubre a través del
pensamiento lógico deductivo, y la convicción de que nuestra
percepción del mundo es errónea. Después de Parménides
ningún otro filósofo fue monista. La búsqueda de un único
elemento se sustituyó por las explicaciones pluralistas, que encontraban el origen del Universo en
varias sustancias primigenias.
Empédocles (495 a.C. – 444 a.C.)
Uno de los pluralistas fue Empédocles, que señaló al agua, la tierra, el
aire y el fuego como los cuatro elementos esenciales que componían
todas las cosas. El arché pasaba de ser una única sustancia (monismo) a
poder estar formado por varias (pluralismo). Los cuatro elementos que
identificó Empédocles como sustanciales estaban en constante
movimiento y mezclándose. Además, Empédocles habló de el Amor y la
Discordia como fuerzas motoras del ser, fuerzas de atracción y repulsión.
Anaxágoras (500 a.C. – 428 a.C.)
Otro pluralista fue Anaxágoras, que habló de una serie
de semillas que formaban el mundo físico. Trataba así de explicar la
pluralidad de formas en el mundo, ya que estas semillas de las que
hablaba eran partículas elementales de muy diferente naturaleza.
Además de esta explicación, Anaxágoras introdujo el concepto
de nous, con el que intentó dar forma a la inteligencia, que según él
era un fluido que se filtraba en el interior de la materia y la dotaba
de movimiento.
Sócrates (470 a.C. – 399 a.C.)
Considerado el fundador de la filosofía occidental,
Sócrates no dejó ningún escrito ni fundó ninguna escuela.
Este famoso personaje nacido en Atenas se dedicó más
bien a plantear preguntas. A menudo se le imagina como
un viejo que iba por la calle molestando a la gente con
preguntas y diálogos. Muchos de los atenienses acabaron
hartos de él, pero otros, como un joven Platón, se
interesaron por ese curioso método de abordar el conocimiento. El método socrático se basaba en
el continuo cuestionamiento y en la profundización personal sobre las creencias de cada individuo.
Más que la búsqueda de respuestas, Sócrates estaba motivado por la comprensión de los
conceptos que cada persona tiene interiorizados. En realidad, él creía que los conceptos no eran
relativos, sino absolutos. Llegar a comprender qué es lo correcto, qué es lo bueno, sólo se podía
conseguir mediante el razonamiento y alcanzando la sabiduría. Para ello debía trabajarse el
cuestionamiento y examen de la vida. Fue condenado a muerte por «corromper la mente de los
jóvenes». Pudo exiliarse, pero decidió suicidarse con cicuta. Platón recogió toda la sabiduría de
Sócrates en una serie de obras llamadas Diálogos, y gracias a esta compilación el pensamiento de
aquel viejo que no dejaba de hacer preguntas ha sobrevivido al paso del tiempo.
Demócrito (460 a.C. – 370 a.C.)
Junto con su maestro Leucipo, Demócrito planteó que el
misterioso arché era en realidad una enorme cantidad de átomos,
sustancias indivisibles. Así pues, el Universo no estaba formado de
una sola sustancia, sino de millones de partículas inmutables y
diminutas. Demócrito las llamó atomos, literalmente: indivisible.
Además, aportó una interesante idea relacionada con el vacío que
había entre los átomos, de manera que en el Universo sólo existían
átomos y vacío, nada más. Y nada menos. Esta corriente,
denominada atomismo, fue la primera visión mecanicista del
Universo.
Platón (427 a.C. – 347 a.C.)
Tratar de exponer la filosofía de Platón en un párrafo no
sería únicamente una empresa imposible: también
constituiría una falta de respeto. Por ello os remitimos al
artículo que hemos publicado en VENTURA hablando
sobre todo el pensamiento, obra y vida de Platón, uno de
los filósofos más importantes de la historia. En este breve
resumen diremos únicamente que nació en Atenas, que
fue discípulo de Sócrates y que reflexionó sobre la
organización política y social de la ciudad-Estado, sobre
la naturaleza del cosmos y sobre el mundo real. Sobre este último punto es más que interesante
recordar la famosa Teoría de las Ideas que planteó el ateniense, en la que propone la existencia de
dos mundos, el Mundo Real y el Mundo de las Ideas. Para Platón, el mundo físico que nos rodea, el
Mundo Real en el que vivimos, es una simple (e imperfecta) imitación del Mundo de las Ideas,
lugar donde habitan las formas correctas y perfectas. Platón considera que es la razón, y no los
sentidos, lo que nos acerca a conocer la verdad. La filosofía de Platón es reveladora y arroja luz,
por ello en VENTURA hemos utilizado su obra para guiar artículos como este o este, y podéis
encontrar su influencia en varios textos de la sección VENTURA Reflexión.
Diógenes (412 a.C. – 323 a.C.)
Famoso por vivir como un vagabundo, Diógenes consideraba que
la pobreza era una virtud, ya que la verdadera virtud es la
supresión de necesidades. Algo sólo al alcance de los más sabios.
Él sin duda era muy sabio: vivía únicamente con un manto, un
zurrón y un báculo. Llevó una vida natural e independiente de los
«falsos bienes» de los que gozaba la sociedad convencional.
Diógenes pensaba que los dioses habían dado al hombre una vida
fácil, pero que este se encargaba de complicarla. La filosofía de
Diógenes era denunciar lo convencional, liberarse de los deseos y
reducir al mínimo las necesidades. En la actualidad hay un síndrome psiquiátrico que lleva el
nombre de Diógenes, y que hace referencia a personas que sufren aislamiento social
(voluntario), abandono personal y acumulación de basura.
Aristóteles (384 a.C. – 322 a.C.)
Al igual que ocurre con su maestro Platón, tratar de resumir la filosofía
de Aristóteles en un párrafo sería un crimen. Por ello os recomendamos
acudir al artículo que VENTURA Educación tiene publicado en la sección
de Filosofía sobre la vida, obra y pensamiento de este gran filósofo. En
este momento simplemente apuntaremos algunas claves sobre
Aristóteles. Nació al norte de la Grecia actual, y a los diecisiete años le
enviaron a la Academia de Platón, donde pasó veinte años como
alumno y profesor. Llegó a ser maestro en la corte macedonia, teniendo
como pupilo a un joven Alejandro que más tarde sería Magno. En el año
335 a.C. abrió en Atenas una nueva escuela, el Liceo, que rivalizó con la
Academia. El pensamiento de Aristóteles difiere mucho de la filosofía de
Platón: principalmente porque mientras su maestro pensaba que la
auténtica verdad se encontraba en el Mundo de las Ideas, Aristóteles
creía que las respuestas estaban en el Mundo Real. Aristóteles sí confiaba en los sentidos para
llegar a conocer la naturaleza de las cosas. Convencido de que en el Mundo Real se encontraba la
verdad, se dedicó a recolectar plantas, piedras y animales para clasificarlos en función de sus
características. Abordó un razonamiento deductivo denominado silogismo, basado en la lógica.
Tras la muerte de Aristóteles, aparecieron dos grandes escuelas de pensamiento filosófico: el
epicureísmo de Epicuro y es estoicismo de Zenón.
Epicuro (341 a.C. – 270 a.C.)
La idea central de la filosofía epicúrea es que el objetivo de la vida es
la tranquilidad y la paz. Como todo filósofo, confiaba en que la
sabiduría era el camino hacia esa paz. A Epicuro le debemos la lucha
contra el miedo. Fue de los primeros en alertar que con miedo no se
podía llevar la vida, y que había que superar el miedo para conseguir
el objetivo vital de la tranquilidad de espíritu. Según Epicuro no había
que temer a nada, ni siquiera a la muerte, que identificó como un
proceso que no nos afecta de ninguna manera: no la sentimos, no nos
causa daño físico ni daño emocional. No hay que temer a la muerte,
como no hay que temer a nada.
Zenón (333 a.C. – 264 a.C.)
Zenón de Citio no debe confundirse con el filósofo presocrático Zenón
de Elea. El Zenón original de la polis de Citio, en la isla de Chipre, es
más importante por haber sido el fundador de la corriente filosófica
del estoicismo. Zenón fue seguidor de las ideas de Diógenes, y por
ello creía en vivir una vida sencilla. Además, defendía dos ideas
importantes: que el Universo estaba gobernado por leyes naturales
hechas por un «legislador supremo» y que el hombre no podía hacer
nada para cambiar esa realidad. Aun así, Zenón creía que los
individuos tenían libre albedrío para decir qué tipo de vida llevar, y
proponía que lo más adecuado era vivir en armonía con la
naturaleza. El estoicismo tuvo mucha influencia en la sociedad y
política del Imperio Romano.
Cicerón (106 a.C. – 43 a.C.)
Con Cicerón llegamos al primer gran filósofo romano. Como vemos la
decadencia de las polis griegas y el crecimiento de Roma hizo virar el
centro político, cultural y social desde Atenas hacia la Península itálica.
Los años dorados de los pensadores griegos habían terminado. Cicerón filosofó sobre temas
sociales como la amistad, la felicidad, la vejez o la sabiduría, sobre temas políticos como la
autoridad o la dictadura, sobre oratoria y retórica, y también sobre justicia. Fue uno de los
abogados más reconocidos de Roma, y ha pasado a la historia como un gran escritor, maestro del
estilo epistolar, y por haber introducido el conocimiento de las escuelas de pensamiento helenas en
la filosofía romana.
Séneca (4 a.C. – 65 d.C.)
Nacido en Córdoba, capital de la Provincia Bética de la Hispania romana,
Séneca fue uno de los más fervientes seguidores del estoicismo. Además
de su importante carrera como político -ocupó los cargos de senador,
ministro, pretor, cuestor… y fue tutor y consejero de Nerón- y escritor
-autor de tragedias como Medea-, Séneca ha pasado a la historia como
un influyente moralista, autor de varios ensayos dedicados a fortalecer
psicológicamente a los individuos, a través de virtudes como la entereza,
la voluntad, la fortaleza, la no resignación… etc. Su pensamiento estoico
le llevó a fijarse en la naturaleza y a tratar de controlar las perturbaciones
de la vida. La clave estaba en superar las necesidades materiales y guiarse
por la razón. Séneca pretendía ayudar a cada individuo a encontrarse a sí
mismo, paso previo necesario para encontrar la felicidad y la verdad.
«Nadie que viva al margen de la verdad puede ser feliz», creía. Su pensamiento fue recuperado por
filósofos medievales como San Agustín, o más adelante por otros como Erasmo de Rotterdam.
Epicteto (55 d.C. – 135 d.C.)
Moralista estoico como Séneca, Epicteto no vivió entre
políticos ni Emperadores, sino que pasó una gran parte de su
vida como esclavo. Su filosofía se basa en la práctica, más
que en la teoría, y no dejó obra escrita. Trató de ayudar a la
gente a vivir correctamente, y aseguró que la filosofía no es
un fin en sí mismo, sino un medio necesario para aprender a
vivir conforme a la naturaleza.
Marco Aurelio (121 d.C. – 180 d.C.)
Pese a ser uno de los Emperadores romanos más famosos y queridos,
Marco Aurelio dejó además una importante obra filosófica. Como buen
romano era estoico, y siguió las enseñanzas de Séneca. Escribió las
famosas Meditaciones, una compilación de reflexiones en doce tomos distintos en las que habla
sobre la condición humana, el universo, la moralidad, los valores… Toda la obra está cargada de
melancolía e impotencia por no poder cambiar la irracionalidad con la que actúan los hombres.
Plotino (204 d.C. – 270 d.C.)
La ciudad de Alejandría era en esos años el mayor centro intelectual del
mundo. Allí estudió Plotino antes de trasladarse a Roma, llevando
consigo una nueva corriente: el neoplatonismo, una variante de la
doctrina de Platón. Plotino creía en la reencarnación del alma, y también
que ésta era inmortal. Si Anaxágoras habló del nous o Platón de
las Ideas, Plotino señaló al Uno como fuente indefinible de todas las
cosas. Ese Uno se situaba en la parte superior de todo, estaba por
encima de todo, y era una sola cosa. No es difícil imaginar por qué el
pensamiento de Plotino fue muy importante en el desarrollo y
afianzamiento del cristianismo, religión que en esos momentos se estaba arraigando en la
sociedad del Imperio Romano.
Filósofos de la Edad Media (250 – 1500)
Durante los tres primeros siglos del Segundo Milenio la corriente filosófica predominante fue el
neoplatonismo, que como hemos visto con Plotino hablaba del alma, de la inmortalidad, la
reencarnación y de «el Uno«, el ser supremo del que emanan todas las cosas y la inteligencia. Es
sin duda una buena base filosófica sobre la que construir el cristianismo. Los cristianos habían
sido perseguidos en el Imperio Romano desde el siglo I (entre los años 64 y 68 d.C. el Emperador
Nerón realizó importantes persecuciones). Hay que comprender que en esa época los cristianos
eran grupúsculos de personas que se reunían para adorar a una serie de santos y seguir a un tal
Jesucristo, que había muerto hacía tan sólo unas décadas (en el año 33 d.C.). Funcionaban como
una secta. Ese cristianismo oculto y perseguido nos ha quedado a través de la pintura
prerrománica, que repasamos en el primer capítulo de Historia de la Pintura.
En el año 313 los cristianos pudieron salir de las catacumbas y de sus escondites y practicar su
religión sin miedo, pues el Emperador Constantino I proclamó la libertad religiosa en el Imperio.
Desde esa histórica fecha, el cristianismo no hizo sino crecer. Se convirtió en una doctrina atractiva
para la gente y ganó rápidamente muchos adeptos, también entre las clases gobernantes. En el
año 529 se ordena el cierre de la Academia fundada ochocientos años antes por Platón, por ser un
centro de difusión del paganismo. El edicto de ese año promovido por Justiniano prohibía además
la enseñanza de la filosofía griega. Durante los primeros mil años de cristianismo no encontramos
tantos filósofos como en la Antigüedad, de hecho hay un vacío entre San Agustín y San Anselmo de
600 años en el que no hay avances en filosofía ni filósofos destacados. Fueron largos años de
oscuridad durante la Alta Edad Media en los que los monjes, en sus monasterios, trataban de
integrar la antigua filosofía griega con la doctrina cristiana. La escolástica fue la orientación
filosófica que predominó, sin pretender dar respuesta a preguntas como «¿Existe Dios?» o «¿tiene
el hombre un alma inmortal?», sino buscando explicaciones que justificaran el creer en Dios y en el
alma inmortal.
San Agustín (354-430)
El primer gran filósofo cristiano es San Agustín, aunque durante su
vida el Imperio Romano de Occidente siguió existiendo (a duras
penas: caería en el año 476). En su filosofía San Agustín nunca puso
en cuestionamiento la existencia de Dios, pero sí reflexionó sobre
cómo era posible que, siendo Dios un ser bueno y todopoderoso,
hubiera podido crear un mundo en el que estuviera presente el mal.
El mal fue el tema sobre el que filosofó San Agustín, y lo hizo
siguiendo el pensamiento de Platón (el neoplatonismo era la única
corriente filosófica vigente en esa época). La clave de la existencia
del mal en un mundo creado por un Ser bueno era el libre albedrío
de las personas. Dios había creado seres humanos racionales, con
capacidad para decidir su propia conducta. Era por ello que algunos
individuos actuaban con maldad. No por culpa de Dios, sino por
voluntad propia. Es interesante la reflexión que hace San Agustín de que, en un mundo sin mal, los
seres racionales no seríamos libres de decidir nuestras conductas. Mientras los no creyentes
pueden encontrar en el mal una prueba de la inexistencia de Dios, San Agustín lo utiliza como una
explicación para demostrar justamente lo contrario
Anselmo de Canterbury (1033-1109)
Tuvieron que pasar nada más y nada menos que seiscientos años para
que el cristianismo diera otro gran filósofo. Anselmo de Canterbury
(canonizado como San Anselmo en el año 1494) se empeñó en
demostrar la existencia de Dios de manera argumentada. Planteó una
ingeniosa manera de conseguirlo. Sólo hace falta aceptar dos premisas
(fácilmente aceptables): que Dios, de existir, es un ser superior a todos
los demás, que no hay nada más grande; la otra premisa es que la
existencia es superior a la no existencia, es decir, aquello que existe es
más importante que lo que no existe. Con estas dos ideas se plantea el
argumento ontológico de San Anselmo, que se puede representar de la
siguiente manera:
El argumento fue aceptado por destacados filósofos como Descartes o Spinoza, pero también hubo
quienes lo encontraron absurdo, como Santo Tomás de Aquino o Immanuel Kant. Fue de hecho
Kant quien, en 1781, bautizó este planteamiento de San Anselmo como «Argumento ontológico».
Además, Anselmo de Canterbury es considerado el padre de la escolástica.
Averroes (1126-1198)
Mientras los monjes cristianos seguían la obra de Platón, el juez
musulmán Averroes se interesó por Aristóteles. Averroes es la
latinización del nombre árabe de este hombre nacido en Córdoba
en el año 1126. En realidad su nombre era Abū l-WalīdʾAḥmad ibn
Muḥammad ibn Rušd, pero es mucho más sencillo para nosotros
llamarlo Averroes. Fue importante en el contexto del mundo
musulmán, porque trató con empeño de hacer compatibles las
enseñanzas del Corán con la reflexión filosófica. Planteó que el
alma estaba dividida en dos partes, una perecedera y otra eterna, y además coincidió con
Aristóteles en que el Universo había existido siempre.
Santo Tomás de Aquino (1224-1274)
El filósofo medieval más importante es Santo Tomás de Aquino. No siguió
presupuesto neoplatónicos como San Agustín o San Anselmo, sino que se
dejó influir por el pensamiento de Aristóteles. Un primer punto interesante
en la filosofía de Santo Tomás es la casación entre dos planteamientos
aparentemente irreconciliables: Aristóteles decía que el Universo ha existido
siempre y la Biblia dice que el Universo no ha existido siempre, sino que fue
creado por Dios en un momento preciso. Ante este dilema, Santo Tomás
propone que el Universo fue creado por Dios, pero que éste lo creó eterno.
Durante toda su obra, Santo Tomás de Aquino defiende que la razón
humana y la doctrina cristiana no entran nunca en conflicto porque no pueden entrar en conflicto,
no se contradicen porque ambas han sido creadas por un mismo Creador. Además, defendió que el
ser humano adquiere el conocimiento a través de los sentidos. Santo Tomás fue un gran ejemplo
de perseverancia en la búsqueda de la tolerancia entre religión y filosofía, planteando siempre la
posibilidad de que ambas disciplinas no se contradijeran.
Maestro Eckhart (1260-1328)
Seguidor del pensamiento de Santo Tomás, el Maestro Eckhart fue
un teólogo alemán muy controvertido en su época. En sus famosos
sermones planteaba que el mundo era eterno o que no era
necesario pedir cosas a Dios. Su estilo místico solo le causó
problemas: la implacable Inquisición lo procesó por herejía. El
mismo año de su muerte, en 1328, la Iglesia decretó que la obra de
Eckhart fuera leída en los ambientes universitarios. En 1886 los
filósofos alemanes redescubrieron su pensamiento y en 1992 fue
rehabilitado por el Vaticano.
Guillermo de Ockham (1288-1349)
Como su predecesor el Maestro Eckhart, el teólogo inglés
Guillermo de Ockham tuvo sus problemas con la Iglesia. Fue
excomulgado por sostener que el papa no tenía autoridad.
Mantenía que los preceptos universales eran abstracciones
derivadas de los individuos particulares, y por ello se le
considera precursor del empirismo británico que inició John
Locke trescientos años después. Es famoso por el principio de la
Navaja de Ockham, que sostiene que la mejor explicación
posible es siempre la más sencilla.
Filósofos de la Razón (1500 – 1750)
El Medievo fue una larga época de la Historia de la Humanidad llena de oscuridad y tonos grises.
Aunque hemos podido repasar algunos filósofos importantes, como San Agustín o Santo Tomás, lo
cierto es que es la etapa menos brillante en producción intelectual, en comparación con la
Antigüedad o la Edad Moderna. Con la aparición de la imprenta en la década de 1440 se arrojó
algo de luz en un mundo acosado por la peste negra y por el miedo a la ira de Dios. El
Renacimiento abrió la ventana y ventiló el aire cargado de una sociedad medieval que necesitaba
evolucionar. El redescubrimiento de la cultura clásica promovió un importantísimo cambio en la
mentalidad: se pasó del teocentrismo al antropocentrismo. El hombre se ponía en el centro de
todas las cosas, pasaba a ser el protagonista. Este nuevo humanismo afectó al arte, al
pensamiento, pero también a la estructura social y política. Poco a poco se fue superando el
feudalismo medieval y se adoptó una vida urbana basada en el comercio, la economía y la ciencia.
La teología perdió influencia ante el razonamiento renacentista, y la filosofía avanzó hacia una
reflexión puramente secular, libre de la doctrina de la Biblia.
Nicolás Maquiavelo (1469-1527)
No podía ser de otra manera: el primer gran filósofo de la Era de la
Razón fue un vecino de Florencia, la capital del conocimiento y la
cultura. Nicolás Maquiavelo se aleja de la moralidad cristiana en su
célebre El Príncipe, un libro con el que propone un manual para
guiar al gobernante perfecto. Según Maquiavelo el gobernante
debe ser feroz como un león y astuto como un zorro. La clave del
pensamiento de este hábil consejero es que un gobernante no
puede verse limitado por la moralidad, sino que debe hacer todo lo
necesario para garantizar su propia gloria y el éxito del Estado que
gobierna. Aun así, nunca debe caer en el error de propiciar que el
pueblo le odie. El príncipe (con esta palabra llama a cualquier
gobernante, líder, rey, papa… etc.) debe ser antes temido que
amado, pero nunca odiado. Maquiavelo cree que el fin justifica los
medios sólo en el caso del príncipe. La conducta adecuada para los
ciudadanos no es la misma que la que se le debe exigir al príncipe. Este pensamiento tan
desgarradamente frío e insensible ha tenido muchísima influencia en los líderes del mundo, que
han abordado las enseñanzas de Maquiavelo desde el pragmatismo y el realismo.
Erasmo de Rotterdam (1466-1536)
El pensamiento de Erasmo de Rotterdam refleja las ideas humanistas que
empezaban a afianzarse en Europa durante los primeros años del
Renacimiento. Criticó mordazmente la corrupción y las discusiones
doctrinales en el seno de la Iglesia, y defendió que la ignorancia era
consustancial al ser humano. De hecho, sostenía que la ignorancia era
fuente de felicidad. El conocimiento podía ser irónicamente una carga que
complicara la vida del hombre. Erasmo llegó a decir que la propia religión
era una forma de ignorancia, ya que se basaba en la fe y no en la razón.
Lo que él proponía era un regreso a las creencias sencillas y sinceras,
estableciendo personalmente e individualmente un vínculo con Dios. Estaba en contra de seguir las
creencias establecidas por la Iglesia. No es difícil entender por qué fue un pensador muy
importante para la inminente Reforma que cambió la historia del cristianismo.
Martín Lutero (1483-1546)
En el año 1517 Martín Lutero se acercó a la puerta de la iglesia de
Wittenberg, en el corazón de Alemania, y clavó un papel. En ese
momento cambió la historia de Occidente. En ese papel había
noventa y cinco tesis que pretendían iniciar un debate en el seno de la
Iglesia. Fue un hecho histórico e importantísimo, que partió a la
cristiandad en dos mitades: el catolicismo y el protestantismo. Martín
Lutero estaba harto de la corrupción y del funcionamiento de la
Iglesia como institución, y demandó regresar a las enseñanzas
originales de la Biblia. Encontró muchos seguidores. Su filosofía se
basaba en ideas revolucionarias que rompían con 1400 años de
tradición cristiana, como por ejemplo que la salvación era un regalo
otorgado por la gracia de Dios (la doctrina del cristianismo oficial
defendía que todos los hombres serían salvados), o que la figura del papa no tenía ningún tipo de
relación con Dios. Tampoco creía en el libre albedrío de los individuos. Su obra fue examinada 400
años después por Max Weber, que relacionó el pensamiento del protestantismo con el desarrollo
del capitalismo.
Francisco de Vitoria (1486-1546)
Considerado como el padre del derecho internacional, el fraile
Francisco de Vitoria fue seguidor de las ideas de Santo Tomás y
Aristóteles. Hizo aportaciones en el campo de la economía (creía
que el orden natural permitía la circulación de personas y bienes),
en el derecho (rechazó la jerarquía medieval, creyó en los derechos
de los indígenas recién «descubiertos» por los europeos en
América) y en el ámbito de las relaciones internacionales (tratando
de convencer de que dichas relaciones no debían regirse por la
fuerza). Fundó la corriente de pensamiento de la Escuela de
Salamanca, muy importante dentro de la escolástica.
Juan Calvino (1509-1564)
Influenciado por las ideas de Erasmo y Lutero, Calvino fue radical a
la hora de asegurar que algunas personas estaban predestinadas a
la salvación, y otras predestinadas a la condenación. Desde su
punto de vista, el individuo podía tratar de demostrar que era un
elegido de Dios con los éxitos que alcanzara en vida. Las ideas de
Calvino fomentaban el espíritu de empresa burgués. No fue
especialmente tolerante, como muestra la implacable condena al
científico Miguel Servet, a quien Calvino acusó de herejía. Servet fue
quemado vivo junto a sus obras. Calvino es el padre del calvinismo,
una corriente dentro del protestantismo.
Bartolomé de las Casas (1484-1566)
Un ejemplo de que los tiempos estaban cambiando con respecto a la
oscura Edad Media es la figura de Bartolomé de las Casas. Este fraile
español se preocupó por la dignidad y derechos de los indígenas, que
sufrían el racismo y la violencia de los colonizadores en la recién
descubierta América. Su defensa fue tal que se ganó el apodo
de Apóstol de los Indios. Se le considera, junto a Francisco de Vitoria,
fundador del derecho internacional moderno, y también precursor de
los derechos humanos.
Francis Bacon (1561-1626)
Francis Bacon es el iniciador del empirismo británico, una corriente
que se basa en la idea de que todo conocimiento ha de proceder de la
experiencia y los sentidos. A esta postura se sumarán célebres
filósofos después de Bacon como Hobbes, Locke o Hume, en
contraposición al racionalismo que defenderán Descartes, Spinoza o
Leibniz. Es una lucha filosófica muy importante, y que tiene su base
más profunda en el debate sobre si el ser humano posee o no ideas
innatas. Bacon, Hobbes, Locke y Hume creen que no hay nada en la
mente que no haya estado antes en los sentidos («Nihil est in
intellectu quod non prius fuerit in sensu»), y que la experimentación
práctica es la única manera de llegar a conocer la verdad del mundo.
Así promovieron la búsqueda de leyes naturales, la formulación de teorías, el planteamiento de
hipótesis… y bajo esa filosofía hicieron sus progresos Copérnico (astronomía), Vesalio (anatomía),
Pascal (matemáticas) o Newton (física).
Gaileo Galilei (1564-1642)
La Iglesia seguía resistiéndose a esa Era de la Razón, y encarceló a
Galileo cuando éste se atrevió a decir públicamente que la Tierra se
movía alrededor del Sol. Galileo fue uno de los mayores defensores
de las tesis de Copérnico, que había planteado la teoría
heliocéntrica. Hizo importantes avances en relación a la mecánica,
a la relatividad -como explicamos – y a la astronomía. Creía que la
materia era eterna y el Universo infinito. El funcionamiento del
mismo se debía a la causalidad de los átomos, bajo las leyes de la
mecánica. Creía que el conocimiento de la naturaleza debía
aproximarse a través de la observación y el experimento.
René Descartes (1596-1650)
A René Descartes le debemos una de las frases más famosas de la
historia: «Pienso, luego existo». Esta sencilla premisa esconde en
realidad una profunda carga filosófica, fruto de un trabajo reflexivo
que tuvo ocupado a Descartes toda su vida: su objetivo fue detectar
y comprender la verdadera realidad del mundo. Desconfiaba de los
sentidos, ya que en su opinión engañaban y distorsionaban la
realidad. Aquello que vemos, que tocamos, que sentimos, no tiene
porqué ser necesariamente la realidad. Descartes fue el precursor
de la corriente del racionalismo, opuesta al empirismo de Francis
Bacon y basada en que el conocimiento sólo podía adquirirse
mediante la razón, el razonamiento, la reflexión. La metodología
que usa Descartes es la duda, y parte de una única certeza: se
puede dudar de todo, de absolutamente todo, pero no de que se
está dudando. La certeza cartesiana es que «soy», «existo». No se puede dudar de nuestra propia
existencia, que se demuestra por el simple hecho de que estamos pensando. No se puede pensar si
no se existe, por lo tanto: «Pienso, luego existo». Partiendo de que existimos, Descartes plantea
que entonces sí que se puede dudar de todo lo demás. No hay certeza en la realidad que nos rodea,
y sólo se puede tratar de entenderla mediante la razón. Además, Descartes defendió la idea de que
la mente y el cuerpo son dos sustancias distintas. Se le considera el padre de la filosofía moderna, y
su obra es tan influyente que los principales filósofos que le siguieron tras su muerte partieron del
pensamiento de Descartes para, o bien seguir por la línea del racionalismo, o bien para refutar sus
premisas.
Baruch Spinoza (1632-1677)
Uno de los grandes filósofos que vinieron después de Descartes fue
Spinoza, que se posicionó a favor del pensamiento cartesiano y
realizó profundas reflexiones sobre el concepto de sustancia.
Siguiendo las enseñanzas de Aristóteles, Spinoza otorgó a todos los
objetos del mundo dos cualidades: un cuerpo y una mente, tanto a
los hombres, como a los árboles, los pájaros o las rocas. En el
pensamiento de Spinoza, Dios o la Naturaleza son las únicas
sustancias que se definen a sí mismas, y todas las demás están
definidas por éstas dos.
Thomas Hobbes (1588-1679)
Influenciado por Francis Bacon y su nuevo método de práctica
científica, Thomas Hobbes abrazó el empirismo y planteó
un fisicalismo que defendía que todas las cosas que componían
el Universo eran corpóreas, físicas, tenían un cuerpo. Todas las
cosas tienen longitud, anchura y profundidad, y aquello que no
tiene cuerpo no forma parte del Universo. Fue muy duro con el
pensamiento planteado por Descartes y realizó importantes
aportaciones a la política con obras como el
famoso Leviatán (1651), donde propone de manera teórica el
contrato social entre el Estado y el pueblo. Se le conoce
popularmente por haber recuperado la famosa frase de Plauto:
«El hombre es un lobo para el hombre». Hobbes desconfiaba de
nuestra especie y creía en el egoísmo intrínseco en el
comportamiento humano.
John Locke (1632-1704)
Como buen inglés, Locke fue un defensor del empirismo. Siguió la
doctrina de antecesores como Francis Bacon o Thomas Hobbes y fue un
paso más allá, asegurando que la mente nace como una hoja de papel
en blanco, que sólo va llenándose de conocimiento a través del
aprendizaje y la propia experiencia. Según él, los bebés recién nacidos
no poseen ningún conocimiento innato, como defendían los
racionalistas. Locke sí admite la capacidad humana de aplicar la razón a
la información que tenemos, pero recordaba que dicha información la
obtenemos únicamente a través de los sentidos. Es por eso que Locke era un gran defensor de la
educación como motor de cambio en las personas. Locke también admitía la posibilidad de que
existieran capacidades innatas, como la percepción o el razonamiento. En su obra encontramos
una continua preocupación por comprender la fuente del conocimiento, como en Ensayo sobre el
entendimiento humano (1690).
Gottfried Leibniz (1646-1716)
La batalla del empirismo vs. racionalismo siguió con Leibniz, que atacó
duramente a John Locke por haber dudado de la existencia de las
ideas innatas en el ser humano. Contestando directamente a Locke,
Leibniz publicó Nuevos ensayos sobre el entendimiento
humano (1704), donde refutaba capítulo por capítulo el Ensayo sobre
el entendimiento humano de Locke. Leibniz introdujo algo interesante
para el debate empirismo vs. racionalismo, ya que si bien defendía
que la razón permitía acceder a todo el conocimiento, añadió un
importante «en principio». Este añadido deja la afirmación en un: «En
principio, la razón permite acceder a todo el conocimiento». Leibniz
creía que las facultades racionales del hombre eran limitadas, por eso
no todo el conocimiento podía abarcarse mediante la razón. Leibniz es considerado inventor del
cálculo infinitesimal, si bien durante su vida tuvo que defenderse de las acusaciones de plagio que
relacionaban su obra matemática con la de su contemporáneo Isaac Newton.
Isaac Newton (1642-1727)
Más allá de sus importantísimos descubrimientos en los campos
de la física y la matemática, Newton dedicó gran parte de su
tiempo a la reflexión sobre asuntos teológicos y filosóficos. De
hecho publicó más páginas de estos temas que sobre ciencia. La
influencia de Newton sobre la filosofía, particularmente sobre las
concepciones del materialismo francés del siglo XVIII, fue enorme.
Newton creía en que Dios había dado un primer impulso al
movimiento del Universo, pero rechazaba la idea de la Trinidad,
por lo que fue criticado por la Iglesia. Propuso el concepto
«Filosofía natural» para abordar el conocimiento sobre el mundo,
partiendo de una base cristiana. Con Newton se culmina la Revolución Científica
Filósofos de la Revolución (1750 – 1900)
Conseguida la separación del Estado y la religión durante la Era de la Razón, a partir de 1750
encontramos la Era de la Revolución, que planteaba oposición a ambas instituciones. El
cuestionamiento del poder y las preocupaciones sociopolíticas pasan a ser temas de la filosofía. Los
debates sobre el conocimiento fueron superados y las ideas revolucionarias ocuparon el tiempo de
los filósofos, que dedicaron papel y tinta a reflexionar sobre cuestiones políticas, sociales y de
justicia. En el marco histórico de la Ilustración, los filósofos se apoyan en los métodos deductivos e
inductivos para llegar a conocer la verdad y en la divulgación de conocimiento científico mediante
el «enciclopedismo». La única manera de arrojar luz e iluminar el mundo era mediante la razón y la
sabiduría, herramientas para derrocar regímenes autoritarios y luchar por valores republicanos y
democráticos. El objetivo de los filósofos en esta etapa fue erradicar la ignorancia, la superstición y
la tiranía. Sus ideas permitieron cambios históricos como la Revolución Americana o la Revolución
Francesa, e inauguraron nuevas corrientes de pensamiento como el idealismo o el marxismo, de
gran influencia en los siglos XIX y XX.
Montesquieu (1689-1755)
El primer gran nombre de estos «Filósofos de la Revolución» es
Montesquieu, famoso por haber propuesto la separación de
poderes en Legislativo, Ejecutivo y Judicial. Un modelo que fue
incorporado en la Constitución de los Estados Unidos de
América en 1776 y que influyó enormemente sobre las naciones
europeas. Publicando El espíritu de las leyes en 1748,
Montesquieu pretendió argumentar que la monarquía
constitucional era el mejor sistema político para luchar contra el
despotismo. Se dejó influenciar por las propuestas que John
Locke planteó en Segundo Tratado sobre el gobierno civil, publicado en 1690.
David Hume (1711-1776)
La eterna disputa del racionalismo vs. empirismo siguió viva en esta
época gracias a la filosofía de David Hume, que se encargó de
asestar el golpe final contra el racionalismo. Siguió las tesis de John
Locke y planteó que el conocimiento -que como empirista
relacionaba exclusivamente con los sentidos-, procedía de las ideas y
de las impresiones. Sin embargo, como en ocasiones tenemos ideas
que no encuentran el respaldo de nuestras impresiones, Hume
añadió que existen dos tipos de enunciados: «demostrativos» y
«probables», fácilmente confundibles. Los enunciados demostrativos
proceden de la lógica, las ciencias exactas y el razonamiento
deductivo, y son evidentes por sí mismos («2 +2 = 4»). Por su parte,
los enunciados probables hacen referencia a cuestiones empíricas,
que sólo se pueden constatar empíricamente («Paco está detrás de
ese muro»). Sólo sabremos si es verdaderamente cierto yendo hasta el muro y mirando detrás: ahí
estará Paco. Sin comprobarlo no podremos creerlo. Otro elemento importante en la filosofía de
Hume, que rechaza completamente las «ideas innatas» de las que hablaba Descartes, es el
concepto de «costumbre» o «hábito», ya que considera que muchas veces nos dejamos guiar por
conocimientos adquiridos por repetición. «El Sol sale todas las mañanas» es una afirmación que
todos apoyamos, pero lo hacemos por costumbre, por hábito, no porque lo hayamos constatado
científicamente. No podemos asegurar que el Sol vaya a salir durante todas las mañanas que
quedan en el futuro. Todo lo que sabemos lo sabemos gracias a nuestros sentidos. Después de
Hume, el debate racionalismo vs. empirismo no volvió a ocupar el protagonismo entre las
cuestiones filosóficas, y los filósofos se centraron en temas como la política, las leyes, el poder, la
autoridad, los derechos, la economía o la sociedad.
Jean-Jacques Rousseau (1712-1778)
La filosofía de Rousseau está muy ligada al movimiento artístico del
romanticismo, ya que fue el primero en romper con la visión bruta y
salvaje de la Naturaleza. Hasta entonces había predominado el
pensamiento de Hobbes («El hombre es un lobo para el hombre»), en lo
referente al papel de la civilización en la transformación de la naturaleza
humana original. En ese momento todos los filósofos consideraban que
las artes, la ciencia, las leyes, el Estado, el progreso… eran elementos
que hacían mejor al hombre. Rousseau rompió con esa idea defendiendo
que el hombre natural es menos egoísta y salvaje que el hombre
civilizado. Para él, es la sociedad civil la que induce el estado salvaje, y el
conocimiento lo que nos vuelve infelices. «El hombre nace libre».
Además de este nuevo enfoque que impulso la corriente romántica, Rousseau es importante por
haber publicado El contrato social, obra con la que pone en práctica su teoría y en la que defiende
la libertad del hombre ante la dirección de la aristocracia, la monarquía y la Iglesia. Su idea de que
los ciudadanos controlaran el proceso legislativo fue un gran apoyo intelectual para los
revolucionarios de la Bastilla, que cambiaron la historia del mundo cortando la cabeza al Antiguo
Régimen. El pensamiento de Rousseau influyó mucho en Marx.
Voltaire (1694-1778)
«La superstición hace que el mundo estalle en llamas; la filosofía
las apaga» – Voltaire fue un escritor francés que dio muestras de
su ingenio en famosas obras como Cándido (1759), y que
planteó una interesante filosofía basada en la duda constante.
Creía que no era posible conocer o descubrir las verdades
absolutas, pero que la ciencia era un buen sistema para
«alcanzar acuerdos». Rechazaba la idea de aceptar lo que
afirmara la autoridad (el Estado, la Iglesia…), pero reconocía que
esa era la posición más cómoda. «La duda no es una condición
placentera», aseguraba, pero era la única postura lógica. Sus ideas fueron muy importantes para
la Revolución Francesa que se inició una década después de su muerte, ya que apostaba por
desafiar a toda autoridad, limitar el gobierno y dar libertad a la expresión de ideas.
Adam Smith (1723-1790)
A menudo considerado el economista más importante de
la historia, Adam Smith propuso una filosofía interesante
e introdujo conceptos nuevos. Analizó la conducta
humana (utilizó el método empírico) para concluir que «el
hombre es un animal que negocia» y que el mercado libre
es la clave para establecer una sociedad equitativa.
Defendió una idea profunda e importante: que la
sociedad se beneficia cuando los individuos buscan un
beneficio propio. Acuñó el concepto «mano invisible»
para tratar de explicar que el mercado, mediante las leyes de la oferta y la demanda, se
autorregulaba. En 1776 publicó La riqueza de las naciones, una de las obras más importantes para
el desarrollo de la ciencia económica.
Immanuel Kant (1724-1804)
Con Kant la historia de la filosofía pasa de capítulo. La pelea
racionalismo vs. espiricismo se ve finalmente superada, y normalmente
se habla de la filosofía «antes de Kant» y la filosofía «después de
Kant». En realidad, la base de la importancia de este filósofo es
sencilla: fue el conciliador entre las dos corrientes, el primero que
argumentó que se podían combinar racionalismo y empirismo. La
doctrina filosófica que fundó Kant, el idealismo, fue abrazada por los
filósofos posteriores, especialmente los alemanes. Su aproximación a la
metafísica lo eleva a lo más alto entre los filósofos de la historia, y su
obra Crítica de la razón pura (1781) es considerado el texto más
importante de la filosofía moderna. Tratando de ser breves, podemos
decir que Kant llega a la conclusión de que los humanos tenemos dos
características básicas que nos permiten relacionarnos con la realidad que nos rodea:
sensibilidad y entendimiento. Con la sensibilidad reconocemos las sustancias (Kant habla de
‘sustancia’ para referirse a lo que significa ser algo, de manera general) y con el entendimiento
comprendemos conceptos que no experimentamos, como el espacio o el tiempo. Realidades
complejas que están fuera del alcance sensorial, de la sensibilidad, pero que sin embargo, como
seres humanos somos capaces de percibir y comprender. Los empiristas criticarían este último
punto que plantea Kant, porque para ellos no hay nada que podamos conocer si no lo podemos
percibir u observar, pero Kant defiende que ningún ser humano es capaz de observar ni
experimentar el tiempo, y sin embargo sí lo entienden y lo comprenden.
Georg Hegel (1770-1831)
Hegel fue el primer gran filósofo del siglo XIX. Muy influenciado por
Kant, fue un idealista que defendió que la realidad no es material, sino
espiritual. Es importante por plantear muchas reflexiones, pero
especialmente por introducir el concepto de dialéctica. La dialéctica
hegeliana asegura que «toda noción -o tesis– contiene en sí misma
una contradicción –antítesis-, que únicamente se supera con el surgir
de una nueva noción, más rica, llamada síntesis, a partir de la noción
original».
Arthur Schopenhauer (1788-1860)
Rompiendo la tradición alemana, Schopenhauer no siguió la
corriente del idealismo (cuyas figuras importantes eran Kant y
Hegel), y apostó por una nueva concepción de la realidad que nos
rodea. Fue ignorado por el resto de filósofos alemanes y sus ideas
se vieron ensombrecidas por las de Hegel, sin embargo en el
campo de la psicología sí fue muy influyente (sobre Freud, por
ejemplo). Schopenhauer recibió influencias del pesimismo y del
budismo, y que aseguraba que era imposible explicar de dónde
precedía nuestro conocimiento (como intentaron hacer
racionalistas y empiricistas). Además, defendió una profunda
idea: «todo hombre considera los límites de su propio campo de
visión como los límites del mundo».
Karl Marx (1818-1883)
El pensamiento de Marx es tan importante para la historia que incluso se
han creado países siguiendo las ideas que planteó. No se puede ser más
influyente. Ha habido gobiernos, leyes, sistemas sociales, modelos
económicos y Estados basados en lo que Karl Marx escribió. Ningún otro
filósofo ha conseguido tener tanto impacto. Lo primero que aportó este
pensador alemán fue la idea de que todos los cambios que han tenido
lugar a lo largo de la historia han sido siempre el resultado de la lucha
entre clases sociales. Esta sencilla idea que hoy tantos aceptan nunca
antes se había propuesto. Nadie había reparado en la importancia de la tensión entre las clases
altas y las clases bajas. Marx sostenía que conociendo el sistema de propiedad de cualquier
sociedad a lo largo de la historia, podíamos comprender las relaciones sociales en dicha época.
Además, planteó reflexiones innovadoras como que el sistema capitalista era financieramente
inestable por naturaleza -lo que lleva a la repetición de crisis económicas periódicas-, o que el
desarrollo de la tecnología llevaría a un aumento del desempleo. Preocupado por dar solución a los
problemas que planteaba el creciente modelo capitalista, Marx propuso un nuevo sistema: el
comunismo. El comunismo se basaba en transformar los medios de producción en propiedad
colectiva y en que cada miembro de la sociedad trabajara según sus capacidades y consumiera
según sus necesidades. Una de las grandes influencias de Marx fue Hegel y su dialéctica, que
hablaba de la manera de conseguir cambios. La puesta en práctica de las ideas de Marx
desacreditó durante el siglo XX a la filosofía de este personaje que, en cualquier caso, es
considerado uno de los grandes pensadores de la historia.
Filósofos del siglo XX
Cuando la Humanidad entró en el siglo XX el marco teórico y filosófico era ya muy distinto. Los
descubrimientos de Charles Darwin, Albert Einstein o Sigmund Freud habían zanjado temas
tradicionales como la reflexión sobre la existencia o la naturaleza del Universo, y los filósofos
empezaron a preocuparse por cuestiones de filosofía política y moral, o por asuntos más concretos
como el análisis lingüístico. Aparecieron nuevas ramas en la Filosofía como el existencialismo -
ahora que se había aceptado un Universo sin Dios-, la fenomenología -que planteaba resolver
todos los problemas atendiendo a la experiencia individual-, o la filosofía analítica. Los
importantes eventos bélicos y políticos del siglo XX hicieron que los filósofos adoptaran posiciones
ideológicas y se situaran en el espectro de la izquierda o del liberalismo. Dios había muerto y la
Filosofía tenía que explorar nuevos horizontes y caminos por los que transitar, en el contexto de la
sociedad más cambiante de la historia.
Nietzsche (1844-1900)
Aunque murió justo en el año 1900, se considera a Nietzsche un filósofo
del mundo moderno. Quiso superar la tradición filosófica platónica de la
existencia de dos mundos, uno físico y otro que sólo se podía conocer
mediante el intelecto. Para ello proclamó su famosa frase: «¡Dios ha
muerto!», tratando de significar que la creencia en valores superiores
había sido superada. Con su concepto del superhombre, Nietzsche se
refiere a un hombre nuevo en la historia, libre de miedos y temores, que
genera su propio sistema de valores, ajeno al marco ético de la Iglesia, de
la tradición, la familia o el Estado. El superhombre es aquel capaz de
controlar y al mismo tiempo disfrutar de sus instintos, un hombre que
sólo cree en lo que puede ver, y que por tanto reniega de la religión.
Nietzsche defiende, con la idea de que no existen dos mundos y con la idea del superhombre, que
los individuos han de encontrarle el sentido a la vida terrenal, a la vida presente, a la vida real, y
disfrutar cada momento, porque no hay un Más Allá (cristianismo) o un Mundo de las Ideas
(platonismo) que nos aguarde tras nuestra muerte. El mundo era uno, la vida una sola vez, y había
que aprovecharla. La obra más importante de Nietzsche es Así habló Zaratustra (1885). El
superhombre de Nietzche fue apropiado por Hitler para dar apoyo filosófico al nazismo.
Henri Poincaré (1854-1912)
Gran matemático, Poincaré es reconocido por sus aportaciones a la
física y a la topología, pero también destacó como filósofo de la
ciencia. Su pensamiento está en deuda con la filosofía kantiana, y
consideraba que las leyes de la ciencia no atañen al mundo real,
sino que constituyen acuerdos (convenios) arbitrarios que deben
servir a la descripción más cómoda y útil de los correspondientes
fenómenos. Esta corriente de pensamiento se
denomina convencionalismo. Poincaré explicaba esta visión con el
siguiente ejemplo: «Los axiomas geométricos no son ni juicios
sintéticos a priori ni hechos experimentales; son convenciones».
Max Weber (1864-1920)
Considerado el padre de la sociología moderna, Max Weber se
interesó por la relación entre esta disciplina y la religión.
Influenciado por Marx, reflexionó sobre el efecto de las ideas
religiosas en las actividades económicas y la relación entre
la estratificación social y la religión, para lo cual estudió el
pensamiento de Lutero. Su obra más conocida es La ética
protestante y el espíritu del capitalismo, donde podemos
imaginar la relación que hace entre el sistema económico
capitalista y la moral protestante. Weber también estudió las
diferencias sociológicas entre las sociedades occidentales y las
de Oriente.
Antonio Gramsci (1891-1937)
En el pensamiento del italiano Antonio Gramsci no sólo encontramos uno
de los grandes exponentes de la corriente marxista, sino también un giro
en la concepción de lo que es la filosofía y los propios filósofos. Para
Gramsci hay que rechazar la idea de que el filósofo es un ser superior
intelectualmente, y entender que cualquier persona es filósofa, ya que
cualquier persona piensa y reflexiona. Quiere de esta manera unir a
intelectuales y masa popular.
Bertrand Russell (1872-1970)
«La moralidad del trabajo es la de los esclavos, y el mundo
moderno no necesita esclavitud» – Bertrand Russell Fundador de
la escuela analítica dentro de la Filosofía, Bertrand Russell vivió
casi 100 años y es uno de los grandes filósofos del siglo XX. El
tema principal sobre el que reflexiona Russell es el trabajo.
Habiendo vivido crisis como la del Crack del 29, el filósofo
británico concluyó que el aumento de la carga de trabajo era
directamente proporcional a la disminución de la felicidad. Por
ello, Bertrand Russell defendió que había que redefinir la ética del trabajo y avanzar hacia una
sociedad en la que los individuos tuvieran que trabajar menos, para así disfrutar más de la vida.
Quería desmontar la visión que tenemos sobre el trabajo como un deber, una obligación e incluso
una virtud.
Jean-Paul Sartre (1905-1980)
«La existencia precede a la esencia» es una idea profunda y
trascendental que propone el filósofo francés Jean-Paul Sartre.
Rompiendo con la tradición que defiende que los seres humanos
estamos aquí por algún motivo, y que somos diferentes a los demás
seres, Sartre defiende que no hay una naturaleza humana
universal, que no hay ninguna finalidad en nuestra existencia.
Aunque parece que somos seres destinados a encontrarle una
finalidad a nuestra vida, eso no quiere decir que nuestra vida tenga
una finalidad. A partir de esta reflexión Sartre va hilando su
ateísmo y su idea de que lo más importante es la libertad. Es la
libertad la que define a los seres humanos, que son los únicos seres
realmente libres de escoger qué ser. Los seres humanos estamos
capacitados para configurarnos a nosotros mismos de manera
activa. No existe un Ser Superior que nos haya creado, y no
debemos limitarnos ante nada. No es difícil imaginar que el pensamiento de Sartre influyó mucho
en los estudiantes del mayo del 68, o que se le considere un «filósofo de la libertad».
Michel Foucault (1926-1984)
La aportación más importante de Foucault a la filosofía es la propuesta de
hacer «arqueología» y rastrear el pensamiento a lo largo de la historia, para
acabar descubriendo que los términos y las ideas no pueden entenderse como
conceptos universales y constantes. Por ejemplo, las ideas «hombre» o «naturaleza humana» no
han sido siempre definidas de la misma manera (en el siglo XIX, en el siglo VIII o en el siglo XX). Las
condiciones históricas cambian con el paso del tiempo, y con ellas también los conceptos y el
discurso. Partiendo de esta base, Foucault propone que la idea de «hombre» es una invención
reciente y que tiene fecha de caducidad: lo que entendemos por «hombre» está cerca de cambiar
radicalmente.
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