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Definición y Aprendizaje de Cultura

Este documento resume las características fundamentales de la cultura según la antropología. Define la cultura como el complejo conjunto de conocimiento, creencias, artes, moral, ley, costumbres y otras capacidades y hábitos adquiridos por los seres humanos como miembros de una sociedad. Explica que la cultura se aprende a través de la enculturación y no se hereda genéticamente. También destaca que el aprendizaje simbólico basado en el lenguaje y los símbolos es exclusivamente humano y proporciona

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Definición y Aprendizaje de Cultura

Este documento resume las características fundamentales de la cultura según la antropología. Define la cultura como el complejo conjunto de conocimiento, creencias, artes, moral, ley, costumbres y otras capacidades y hábitos adquiridos por los seres humanos como miembros de una sociedad. Explica que la cultura se aprende a través de la enculturación y no se hereda genéticamente. También destaca que el aprendizaje simbólico basado en el lenguaje y los símbolos es exclusivamente humano y proporciona

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3.

CULTURA
En:
CULTURAL ANTROPHOLOGY: A GLOBAL PERSPECTIVE
Raymond Scupin
Eighth edition. PEARSON, 2012

Las características de la cultura

La cultura es un concepto fundamental dentro de la disciplina de la antropología. En la


conversación diaria mucha gente usa la palabra cultura para referirse a la "alta cultura": Las
obras de Shakespeare, las sinfonías de Beethoven, las esculturas de Miguel Ángel, la cocina
gourmet, los vinos importados, etc. E. B. Tylor, el primer antropólogo profesional, propuso
una definición de cultura que incluye toda la experiencia humana:

La cultura... es ese complejo conjunto que incluye el conocimiento, las creencias,


las artes, la moral, la ley, la costumbre, y cualquier otra capacidad y hábitos
adquiridos por el hombre como miembro de la sociedad. (1871:1)

Este punto de vista sugiere que la cultura incluye herramientas, armas, fuego, agricultura,
domesticación de animales, metalurgia, escritura, la máquina de vapor, gafas, aviones,
computadoras, penicilina, energía nuclear, rock and roll, videojuegos, pantalones vaqueros
de diseño, religión, sistemas políticos, patrones de subsistencia, ciencia, deportes y
organizaciones sociales. Para Tylor, la cultura incluye todos los aspectos de la actividad
humana, desde las bellas artes hasta el entretenimiento popular, desde el comportamiento
cotidiano hasta el desarrollo de tecnología sofisticada. Contiene los planes, reglas, técnicas,
diseños y políticas para vivir. Tylor usaba el término cultura como un fenómeno general para
toda la humanidad que era diferente de nuestras características físicas o biológicas.

Esta definición de cultura del siglo XIX tiene una terminología que no sería aceptable para los
antropólogos modernos. Por ejemplo, se basa en la palabra hombre para referirse a lo que
actualmente llamaríamos humanidad. Además, teóricos del siglo XIX como Tylor tendían a
pensar que "cultura" equivalía a "civilización", lo que sugería implícitamente que había un
aumento, una acumulación o un crecimiento de la "cultura" y la "civilización" a medida que
las sociedades progresaban y evolucionaban. Este no es el significado de la cultura que los
antropólogos contemporáneos sostienen. Como veremos, los humanos han tenido
diferentes idiomas, creencias, valores, hábitos alimenticios y normas o "culturas" que se
asocian con diversas regiones tanto en el pasado como en el presente. Las culturas no están
evolucionando de manera simplista de las primeras civilizaciones a las civilizaciones
modernas como creían los antropólogos del siglo XIX.
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Además, en el pasado, la mayoría de los antropólogos aceptaban una concepción amplia de


la cultura como un modo de vida compartido que incluía valores, creencias y normas
transmitidas dentro de una sociedad particular de generación en generación. Sin embargo,
como veremos más adelante en este capítulo, los antropólogos contemporáneos tienen una
visión mucho más refinada del concepto de cultura.

Nótese que la definición de Tylor incluye la palabra "sociedad". En términos generales, la


sociedad se refiere a un grupo particular de animales dentro de un territorio específico. En
particular, se refiere a los patrones de relaciones entre los animales dentro de este territorio
definido. Los biólogos a menudo se refieren a ciertos tipos de insectos, animales de rebaño
y animales sociales como los monos y los simios como viviendo en sociedades.

En el pasado, los antropólogos trataron de hacer una simple distinción entre sociedad y
cultura. Se decía que la sociedad consistía en las pautas de las relaciones entre las personas
dentro de un territorio determinado, y que la cultura se consideraba un subproducto de esas
relaciones. Esta visión de la sociedad como distinguible de la cultura se derivaba de los
estudios etnográficos de las sociedades en pequeña escala. En esas sociedades, se creía que
las personas de un territorio específico compartían una cultura común. Sin embargo, los
antropólogos contemporáneos han considerado que esta noción de cultura compartida es
demasiado simplista y burda. Por ejemplo, en la mayoría de los países en que los
antropólogos modernos realizan investigaciones etnográficas, las sociedades son
sumamente complejas y consisten en grupos distintivos que mantienen tradiciones
culturales diferentes. Así pues, esta simple distinción entre sociedad y cultura es demasiado
artificial para los antropólogos modernos. E incluso en las sociedades de pequeña escala, la
concepción de que todas estas personas comparten una "cultura" colectiva es también
demasiado burda y simplista. Como veremos en este capítulo, esta concepción de una
cultura compartida colectivamente a menudo dio lugar a burdos estereotipos y vulgares
generalizaciones sobre los grupos de personas y su comportamiento.

Muchos antropólogos han adoptado el término híbrido de sistema sociocultural -una


combinación de los términos sociedad (o social) y cultura- para referirse a lo que solía
llamarse "sociedad" o "cultura". Como veremos en capítulos posteriores, muchos
antropólogos usan el término sistema sociocultural como marco conceptual básico para
analizar la investigación etnográfica.

La cultura se aprende

La capacidad única de cultura en la especie humana depende del aprendizaje. No heredamos


nuestra cultura a través de nuestros genes de la forma en que heredamos nuestras
características físicas. En su lugar, obtenemos nuestra cultura a través del proceso de
enculturación. La enculturación es el proceso de interacción social a través del cual las
personas aprenden y adquieren su cultura. Estudiaremos este proceso con más detalle en el
próximo capítulo. Los humanos adquieren su cultura (p.40)* tanto de forma consciente, a
3

través del aprendizaje formal, como inconscientemente, a través de la interacción informal.


Los antropólogos distinguen entre varios tipos de aprendizaje. Un tipo se conoce como
aprendizaje situacional, o aprendizaje por ensayo y error, en el que un organismo ajusta su
comportamiento sobre la base de la experiencia directa. En otras palabras, se presenta un
estímulo en el entorno, y el animal responde y recibe un refuerzo o retroalimentación de la
respuesta, en forma de recompensa (placer) o de castigo (dolor). Los psicólogos se refieren
a este tipo de aprendizaje como condicionamiento.
*NOTA. La numeración entre paréntesis con negrillas corresponde a la numeración original en inglés.
Los humanos y muchos otros animales, incluso los organismos unicelulares, aprenden de
forma situacional y modifican su comportamiento en diferentes situaciones. Por ejemplo, los
perros pueden aprender una variedad de trucos a través de recompensas, como los premios
que se dan después de la finalización del truco. En algunos casos, el comportamiento
humano puede ser modificado a través del condicionamiento. Comer en exceso, apostar y
fumar a veces puede reducirse a través de técnicas psicológicas que implican recompensar
nuevas formas de comportamiento.

Otra forma de aprendizaje, llamada aprendizaje social, ocurre cuando un organismo observa
a otro responder a un estímulo y luego añade esa respuesta a su propia colección de
comportamientos. Así, el organismo no necesita tener la experiencia directa; puede observar
cómo se comportan los demás y luego imitar o evitar estos comportamientos (Rendell et al.
2010). Obviamente, los humanos aprenden observando a sus compañeros de clase,
profesores, padres, amigos y los medios de comunicación. Otros animales sociales también
aprenden de esta manera. Por ejemplo, los lobos aprenden estrategias de caza observando
a los miembros de la manada. De manera similar, los chimpancés observan a otros
chimpancés formando ramitas con las que cazar termitas y luego imitan estos
comportamientos. Recientemente, algunos primatólogos y antropólogos han sugerido que
los primates no humanos tienen una "cultura" basada en cómo aprenden socialmente unos
de otros y tienen variaciones de comportamiento de un grupo a otro (Sapolsky 2006; Laland
et al. 2009). Sin embargo, parece que los animales no humanos, incluidos los primates, no se
enseñan unos a otros de forma intencionada o deliberada como lo hacen los humanos
(Tomasello et al. 2005). Además, como veremos más adelante y como ya hemos comentado
en el capítulo 5 sobre el lenguaje, estos primates no parecen tener un aspecto central de lo
que la mayoría de los antropólogos consideran un criterio importante para designar una
"cultura", que es la capacidad de simbolizar (Rossano 2010; Konner 2010).

Símbolos y aprendizaje simbólico

La forma de aprendizaje que es exclusivamente humana y que proporciona la base para la


capacidad de la cultura se conoce como aprendizaje simbólico. El aprendizaje simbólico se
basa en nuestra capacidad lingüística y en la habilidad de usar y entender símbolos, unidades
arbitrarias de significado o modelos que usamos para representar la realidad. Un ejemplo de
los aspectos arbitrarios del simbolismo serían los colores rojo, amarillo y verde de los
semáforos (Sahlins 1976). Los semáforos podrían ser de otros colores en diferentes
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sociedades, pero toman esta forma arbitraria. Los sonidos como "gato", "perro", "árbol",
"uno", "dos" y "tres" en español son simbólicos y arbitrarios porque, como sabemos, los
sonidos que simbolizan esas palabras en idiomas como el chino, el navajo o el ruso pueden
ser completamente diferentes. Sin embargo, los antropólogos lingüísticos saben que los
símbolos no sólo se refieren a elementos como animales o números. La comunicación y el
lenguaje simbólico pueden ser usados para representar ideas y valores abstractos. Los
símbolos son los dispositivos conceptuales que usamos para comunicarnos ideas abstractas
entre nosotros. Comunicamos estos símbolos entre sí a través del lenguaje. Por ejemplo, los
niños pueden aprender a distinguir y nombrar monedas como centavos, veintes y pesos y a
usar este dinero como un medio simbólico de intercambio. Los símbolos del dinero en los
países occidentales u otras sociedades están incrustados dentro de una gran cantidad de
otros símbolos. Los símbolos no están aislados unos de otros, sino que están interconectados
dentro de sistemas de símbolos lingüísticos que nos permiten proporcionar reglas y
significados para objetos, acciones y procesos de pensamiento abstracto. La capacidad
lingüística con la que nacemos (p.41) nos da la habilidad única de hacer y usar distinciones
simbólicas.

Los seres humanos aprenden la mayoría de sus comportamientos y conceptos a través del
aprendizaje simbólico. No tenemos que depender del aprendizaje situacional o de las
observaciones de los demás para percibir y comprender el mundo y a los demás. Tenemos
la habilidad humana única de abstraer la esencia de eventos y patrones complejos, creando
imágenes a través de símbolos y otorgándoles significado.

A través de la capacidad de simbolizar, los humanos pueden aprender y crear significados y


transmitirlos entre sí de manera efectiva. Los padres no tienen que depender de la
experiencia directa para enseñar a sus hijos. A medida que los niños maduran, pueden
aprender reglas y conceptos abstractos que implican una comunicación simbólica. Cuando
estudiamos matemáticas, aprendemos a manipular símbolos abstractos. Al leer este libro de
texto, están aprendiendo nuevas ideas basadas en símbolos transmitidos a través de
palabras en español o inglés con tinta en una página. El aprendizaje simbólico tiene
posibilidades casi infinitas en términos de absorber y utilizar la información de forma
creativa. La mayor parte de nuestro aprendizaje como humanos se basa en este proceso de
aprendizaje simbólico.

Símbolos y signos

Los símbolos son unidades arbitrarias de significado, en contraste con los signos, que se
asocian directamente con elementos o actividades físicas concretas. Muchos animales no
humanos pueden aprender los signos. Por ejemplo, un perro puede aprender a asociar el
sonido de una campana (una actividad física) con el agua potable. Por consiguiente, tanto los
seres humanos como otros animales pueden aprender las señales y aplicarlas a diferentes
tipos de actividades o a elementos concretos.
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Los símbolos se diferencian de las señales en que no están directamente asociados con
ningún elemento concreto o actividad física; son mucho más abstractos. El significado de un
símbolo no siempre es obvio. Sin embargo, muchos símbolos son poderosos y a menudo
desencadenan comportamientos o estados emocionales. Por ejemplo, los diseños y colores
de las banderas de los diferentes países representan asociaciones simbólicas con ideas y
conceptos abstractos (véase "Perspectivas críticas: símbolos nacionales clave"). En algunas
banderas, el color rojo puede simbolizar la sangre; en otras, puede simbolizar la revolución.
En muchos países, la profanación de la bandera nacional, que es en sí misma un símbolo, se
considera un delito. Cuando se violan los símbolos asociados a determinadas ideas y
conceptos abstractos relacionados con el destino nacional de una sociedad, pueden
suscitarse emociones poderosas.

La capacidad de simbolizar, de crear símbolos y de otorgarles un significado, mejora nuestras


capacidades de aprendizaje como humanos en comparación con otros tipos de animales. La
antropóloga Leslie White sostuvo que la característica más distintiva del ser humano es la
capacidad de crear símbolos:
Es imposible que un perro, un caballo, o incluso un simio, tenga alguna
comprensión del significado del signo de la cruz para un cristiano, o del hecho de
que el negro (blanco entre los chinos) es el color del luto. Ningún chimpancé o
rata de laboratorio puede apreciar la diferencia entre el agua bendita y el agua
destilada, o comprender el significado de martes, 3, o el pecado. (1971:23–24)

Símbolos y cultura

La capacidad humana para la cultura se basa en nuestra capacidad lingüística y cognitiva para
simbolizar. La cultura se transmite de generación en generación a través del aprendizaje
simbólico y el lenguaje. A través de la transmisión de la cultura, aprendemos a subsistir, a
socializar, a gobernar nuestra sociedad y a adorar a los dioses. La cultura es la acumulación
histórica de conocimiento simbólico que es compartida por una sociedad. Este conocimiento
simbólico se transmite a través del aprendizaje, y puede cambiar rápidamente de padres a
hijos y de una generación a otra. Sin embargo, generalmente, las personas en las sociedades
(p.42) se esfuerzan mucho por conservar sus tradiciones culturales y simbólicas. La
persistencia de las tradiciones culturales y simbólicas está tan extendida como el cambio
cultural.

La cultura se comparte

La cultura consiste en las prácticas y entendimientos compartidos dentro de una sociedad.


Hasta cierto punto, la cultura se basa en significados compartidos que son, hasta cierto
punto, "públicos" y, por lo tanto, más allá de la mente de cualquier individuo (Geertz 1973).
Parte de esta cultura existe antes del nacimiento de un individuo en la sociedad, y puede
continuar (de alguna forma) más allá de la muerte de cualquier individuo en particular. Estos
significados compartidos públicamente proporcionan diseños o recetas para sobrevivir y
contribuir a la sociedad. Por otro lado, la cultura también está en la mente de los individuos.
6

Por ejemplo, mencionamos que los niños aprenden los significados simbólicos de las
diferentes monedas y billetes que constituyen el dinero. Los niños descubren los significados
del dinero observando las prácticas y aprendiendo los diferentes símbolos que son públicos.
Sin embargo, los niños no son sólo asimiladores pasivos de ese conocimiento cultural. Los
antropólogos cognitivos como Roy D'Andrade y Naomi Quinn hacen hincapié en los
esquemas o modelos culturales que son internalizados por los individuos y que influyen en
la toma de decisiones y el comportamiento. Hacen hincapié en la forma en que la cultura se
adquiere y se modela en forma de esquemas dentro de las mentes de los individuos y puede
motivar, dar forma y transformar los símbolos y los significados (Quinn y Holland 1987;
D'Andrade 1989, 1995).

Los antropólogos contemporáneos reconocen que los entendimientos culturales no son


compartidos por igual por todos los miembros de una sociedad (Fox y King 2002; Barth 2002;
de Munck 2000). Incluso en las sociedades de pequeña escala, la cultura es compartida de
manera diferente por hombres y mujeres o por jóvenes y ancianos. Algunas personas de esas
sociedades tienen muchos conocimientos sobre agricultura, prácticas médicas o creencias
religiosas; esas creencias y esos conocimientos no se distribuyen por igual. En nuestra
compleja sociedad industrializada, la cultura consiste en una enorme cantidad de
información y conocimientos sobre la tecnología y otros aspectos de la sociedad. Diferentes
personas aprenden diferentes aspectos de la cultura, como la reparación de automóviles o
televisores, la comprensión de la física nuclear o de las regulaciones de los impuestos
federales, o la composición de música. Por lo tanto, en cierta medida, la cultura varía de
persona a persona, de subgrupo a subgrupo, de región a región, de grupo de edad a grupo
de edad y de género a género. Los antropólogos contemporáneos también observan cómo
la cultura es "impugnada", refiriéndose a la forma en que las personas cuestionan y pueden
fundamentalmente estar en desacuerdo y luchar por los aspectos específicos de la cultura.
Sin embargo, a pesar de esta variación, algunos entendimientos culturales comunes
permiten a los miembros de la sociedad adaptarse, comunicarse e interactuar entre sí. Sin
algunos de estos entendimientos comunes, una sociedad no podría existir.

Una comprensión antropológica reciente de la cultura se conoce a veces como el enfoque


epidemiológico promovido por Dan Sperber y sus colegas (Sperber 1996, Sperber y
Hirschfeld 1999, Ross 2004). Estos antropólogos recurren a los campos de la ciencia y la
psicología cognitivas para discutir cómo la cultura se propaga como una enfermedad
contagiosa de una persona a otra. Así, las creencias religiosas, las recetas de cocina, los
cuentos populares e incluso las hipótesis científicas son ideas o representaciones dentro de
la mente humana que se propagan entre las personas en un entorno compartido. Las
cadenas de comunicación propagan estas creencias o representaciones culturales dentro de
una población. Al igual que en la propagación de una enfermedad contagiosa, algunas
representaciones se afianzan y se mantienen en poblaciones particulares, mientras que otras
creencias o representaciones no resuenan en grupos específicos y se extinguen. Además,
algunas creencias o representaciones se propagan y se mantienen más fácilmente dentro de
una población porque se adquieren más fácilmente que otras creencias. Por ejemplo,
algunos cuentos populares o narraciones religiosas se mantienen fácilmente dentro de una
7

población en contraste con las fórmulas matemáticas abstractas altamente complejas y las
narraciones basadas en los hallazgos dentro de la ciencia. Como veremos en el capítulo 4,
este enfoque epidemiológico de la cultura es ampliamente utilizado por los antropólogos
cognitivos para estudiar la forma en que la cultura se transmite y se mantiene dentro de las
poblaciones.

Aspectos de la cultura

Dentro de una comprensión amplia y refinada, los antropólogos contemporáneos han


tratado de aislar los elementos clave que constituyen la cultura. Dos de los aspectos más
básicos de la cultura son la cultura material y la no material.

La cultura material consiste en los productos físicos de la sociedad humana (que van desde
las armas hasta los estilos de ropa), mientras que la cultura no material se refiere a los
productos intangibles de la sociedad humana (valores, creencias y normas). Como discutimos
en el capítulo 2, los primeros rastros de la cultura material son las herramientas de piedra
asociadas a los primeros homínidos. Consisten en una colección de cortadores, raspadores y
escamas muy simples. La cultura material moderna consiste en todos los objetos físicos que
una sociedad contemporánea produce o conserva del pasado, como herramientas, calles,
edificios, casas, juguetes, medicinas y automóviles. Los antropólogos culturales investigan la
cultura material de las sociedades que estudian, y también examinan la relación entre la
cultura material y la cultura no material: los valores, creencias y normas que representan los
patrones de las formas de pensar y actuar dentro de una sociedad. Los arqueólogos, por su
parte, se ocupan principalmente de interpretar las sociedades del pasado estudiando sus
restos materiales.

Valores

Los valores son los estándares por los cuales los miembros de una sociedad definen lo que
es bueno o malo, santo o no santo, bello o (p.43) feo. Son supuestos que son ampliamente
compartidos dentro de la sociedad. Los valores son un aspecto central de la cultura no
material de una sociedad y son importantes porque influyen en el comportamiento de los
miembros de una sociedad. Los valores predominantes en los Estados Unidos incluyen el
logro y el éxito individual, la eficiencia, el progreso, la comodidad material, la igualdad, la
libertad, la ciencia, la racionalidad, el nacionalismo y la democracia, junto con muchos otros
supuestos (Williams 1970; Bellah et al. 1985, 2000). Aunque estos valores puedan parecer
normales para los estadounidenses, no son valores aceptados en todas las sociedades. Por
ejemplo, así como la sociedad estadounidense tiende a hacer hincapié en el individualismo
y la autosuficiencia, otras sociedades, como la del Viejo Orden Amish en los Estados Unidos,
hacen hincapié en la cooperación y el interés comunitario.

Creencias
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Las creencias de los miembros de una sociedad son otro aspecto de la cultura no material.
Las creencias son convenciones culturales que se refieren a supuestos verdaderos o falsos,
descripciones específicas de la naturaleza del universo y el lugar de la humanidad en él. Los
valores son nociones generalizadas de lo que es bueno y lo que es malo; las creencias son
más específicas y, al menos en la forma, tienen más contenido. "La educación es buena" es
un valor fundamental en la sociedad estadounidense, mientras que "La calificación es la
mejor manera de evaluar a los estudiantes" es una creencia que refleja suposiciones sobre
la manera más apropiada de determinar el rendimiento educativo.

La mayoría de las personas en una sociedad dada asumen que sus creencias son racionales
y están firmemente basadas en el sentido común. Sin embargo, como vimos en el capítulo 1,
algunas creencias no necesariamente son aceptadas científicamente. Por ejemplo, nuestra
comprensión intuitiva y de sentido común puede llevarnos a concluir que la Tierra es plana
y estacionaria. Cuando miramos a nuestro alrededor, el plano de la Tierra parece plano, y no
sentimos que la Tierra esté girando alrededor del Sol. Sin embargo, nuestras intuiciones
cognitivas y creencias de sentido común sobre estas nociones se contradicen con los
conocimientos adquiridos por el método científico.

Algunos antropólogos en el pasado se han referido a la visión del mundo de una sociedad en
particular. Se creía que una visión del mundo consistía en varias creencias sobre la naturaleza
de la realidad que proporcionaban a un pueblo una orientación más o menos consistente
hacia el mundo. Las visiones del mundo eran vistas como guías para ayudar a la gente a
interpretar y entender la realidad que les rodea. Los primeros antropólogos creían, por
ejemplo, que las cosmovisiones de los tradicionales azande de África oriental y los
tradicionales navajos de la región sudoccidental de los Estados Unidos incluían creencias
significativas sobre las brujas (Evans-Pritchard 1937; Kluckhohn 1967). En estas sociedades,
se creía que la brujería causaba enfermedades en algunos individuos desafortunados. Por
otra parte, en sociedades como la del Canadá, los médicos diagnosticaban las enfermedades
utilizando el método científico y creían que las enfermedades eran causadas por virus,
bacterias u otras fuerzas materiales. Estos primeros antropólogos sostenían que estas
creencias tan diferentes sobre las enfermedades reflejaban las distintas visiones del mundo
de estas sociedades. Sin embargo, los antropólogos modernos siguen siendo muy escépticos
sobre estas nociones de visiones del mundo compartidas por culturas enteras. Esta noción
sugería que las culturas eran muy homogéneas. Actualmente, los antropólogos están de
acuerdo en que el concepto de un pueblo que comparte una visión del mundo es muy
cuestionable. En cambio, los antropólogos descubren una gran variación en las creencias
culturales que se mantienen dentro de cualquier sociedad.

En circunstancias particulares dentro de una sociedad, algunas creencias pueden combinarse


en una ideología. Una ideología consiste en símbolos y creencias culturales que reflejan y
apoyan los intereses de grupos específicos dentro de la sociedad (Yengoyan 1986; Comaroff
y Comaroff 1991:22). Los grupos particulares promueven ideologías para sus propios fines
como medio de mantener y justificar la autoridad económica y política. Los diferentes
sistemas económicos y políticos —incluyendo el capitalismo, el socialismo, el comunismo, la
9

democracia y el totalitarismo— se basan en diferentes ideologías. Por ejemplo, muchos


líderes políticos de las sociedades capitalistas mantienen la ideología de que los individuos
deben ser recompensados monetariamente en función de sus propios intereses. En cambio,
los líderes de las sociedades socialistas han adoptado la ideología de que el bienestar de la
comunidad o la sociedad tiene prioridad sobre el interés propio individual.

En algunas sociedades, especialmente las sociedades complejas con muchos grupos


diferentes, una ideología puede producir una hegemonía cultural, es decir, el control
ideológico de un grupo dominante sobre los valores, las creencias y las normas. Por ejemplo,
un grupo étnico dominante puede imponer sus creencias culturales a los grupos
subordinados. En los Estados Unidos, el grupo étnico dominante en los siglos XVIII y XIX, los
blancos anglosajones protestantes, pudo imponer su idioma, sus creencias culturales y sus
prácticas a los nativos americanos de la sociedad estadounidense. En muchas zonas del
mundo, los grupos minoritarios suelen aceptar las ideologías de los grupos económica y
políticamente dominantes a través del proceso de hegemonía cultural. Algunos antropólogos
han observado que los grupos subordinados pueden aceptar la ideología del grupo
dominante, aunque sea en detrimento suyo. Así, por ejemplo, en el pasado algunos nativos
americanos o afroamericanos aceptaron la creencia de que los americanos blancos eran
superiores porque parecían tener muchas más oportunidades de adquirir riqueza y poder
político que ellos. Así, la cultura ideológica del grupo dominante se convierte en el orden y
la realidad naturales "dados por sentados" de los grupos minoritarios. En otros casos de
hegemonía cultural, los grupos subordinados empiezan a resistirse a los fundamentos
ideológicos del grupo dominante. Por ejemplo, la antropóloga Lila Abu-Lughod estudió la
forma en que las mujeres beduinas del mundo árabe resistieron a la imposición de las
ideologías dominadas por los hombres en Egipto (1990).

Normas

Las normas, las reglas de la sociedad sobre el comportamiento correcto e incorrecto, son
otro aspecto de la cultura no material. Las normas son (p.46) reglas o pautas compartidas
que definen cómo la gente "debería" comportarse bajo ciertas circunstancias. Las normas
están generalmente conectadas a los valores, creencias e ideologías de una sociedad. Por
ejemplo, hemos visto que en la cultura estadounidense el individualismo es un valor básico
que se refleja en la visión del mundo que prevalece. No es de extrañar, pues, que la sociedad
estadounidense tenga muchas normas basadas en la noción de la iniciativa y la
responsabilidad individuales. Se advierte a los individuos que trabajen por su propio interés
y que no se conviertan en una carga para sus familias o la comunidad. Los estadounidenses
mayores, si son autosuficientes, no deben vivir con sus hijos. De la misma manera, los adultos
jóvenes autosuficientes más allá de cierta edad no deben vivir con sus padres. Estas normas
individualistas reflejan los valores de la sociedad estadounidense y contrastan con las normas
existentes en otras sociedades. En muchas sociedades agrícolas, se consideraría inmoral
permitir que los padres ancianos vivan fuera de la familia. En estas sociedades, la familia es
una comunidad moral que no debe ser separada. Más que el individualismo, estas normas
hacen hincapié en la responsabilidad comunitaria dentro de la unidad familiar.
10

Normas populares

Las normas que guían los usos y convenciones de la vida cotidiana se conocen como folclore.
Los miembros de una sociedad a menudo se ajustan a las costumbres populares tan
fácilmente que apenas son conscientes de que estas normas existen. Por ejemplo, si un
antropólogo chino le preguntara a un estadounidense por qué los estadounidenses comen
con cuchillos y tenedores, por qué los estadounidenses permiten las citas entre hombres y
mujeres solteros sin acompañantes, o por qué a los escolares estadounidenses no se les
permite ayudarse mutuamente en los exámenes, podría obtener respuestas vagas y poco
informativas, como "Porque así se hace" o "Es la costumbre" o incluso "No lo sé". Los
antropólogos culturales están acostumbrados a recibir este tipo de respuestas de los
miembros de la sociedad que estudian. Estas normas folclóricas o estándares de etiqueta
están tan arraigadas en la sociedad que no se notan a menos que se violen abiertamente.

Las costumbres populares ayudan a asegurar que la vida social se desarrolle sin problemas
al proporcionar pautas para el comportamiento de un individuo y las expectativas del
comportamiento de otras personas. Al mismo tiempo, las costumbres populares permiten
cierta flexibilidad. Aunque la mayoría de la gente se conforma a las "costumbres populares"
la mayor parte del tiempo, las "costumbres populares" a veces son violadas, pero estas
violaciones no son severamente castigadas. Por lo tanto, en la sociedad estadounidense, las
personas que comen con palillos en lugar de con cuchillos y tenedores o que no mantienen
su césped bien cortado no son consideradas inmorales o depravadas, ni son tratadas como
criminales.

Las Normas o Mores (pronunciadas MOR-ays) son normas mucho más fuertes que las
populares. Los miembros de la sociedad creen que sus costumbres son cruciales para el
mantenimiento de una vida decente y ordenada. Las personas que violan las costumbres
suelen ser severamente castigadas, aunque el castigo por la violación de las costumbres varía
de una sociedad a otra. Puede adoptar la forma de ostracismo, chismes viciosos, ridículo
público, exilio, pérdida del trabajo, golpizas físicas, encarcelamiento, compromiso con un
asilo mental, o incluso ejecución. Por ejemplo, en algunas sociedades islámicas como el Irán
y la Arabia Saudita, la forma en que una mujer se viste en público se considera moralmente
significativa. Si una mujer viola el código de vestimenta en esas sociedades, puede ser
detenida por la policía religiosa y encarcelada. Las reglamentaciones gubernamentales y
religiosas controlan la forma en que las mujeres sauditas deben vestirse. Tienen que llevar la
abaya (una capa negra completa), el hijab (pañuelo para la cabeza) y el niqab (velo para la
cara). Como veremos más adelante en el texto, en las sociedades de caza y recolección, los
individuos que no comparten bienes o recursos con otros son a menudo castigados con
chismes, burlas y, ocasionalmente, con el ostracismo. Las costumbres populares ayudan a
asegurar que la vida social se desarrolle sin problemas al proporcionar pautas para el
comportamiento de un individuo y las expectativas del comportamiento de otras personas.
Al mismo tiempo, las costumbres populares permiten cierta flexibilidad. Aunque la mayoría
de la gente se conforma a las "costumbres populares" la mayor parte del tiempo, las
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"costumbres populares" a veces son violadas, pero estas violaciones no son severamente
castigadas. Por lo tanto, en la sociedad estadounidense, las personas que comen con palillos
en lugar de con cuchillos y tenedores o que no mantienen su césped bien cortado no son
consideradas inmorales o depravadas, ni son tratadas como criminales.

No todas las normas se pueden categorizar claramente como folclóricas o costumbres.


Distinguir entre las dos es especialmente difícil cuando se trata de sociedades distintas a la
nuestra. En realidad, las normas caen en varios puntos de un continuo, dependiendo de las
circunstancias particulares y de la sociedad en cuestión. La prohibición de la desnudez en
público puede ser una norma fuerte en algunas sociedades, pero puede ser sólo una
costumbre o patrón de etiqueta en otras. Incluso dentro de una sociedad, las normas de
etiqueta pueden llegar a tener un significado moral. Por ejemplo, como se ha señalado
anteriormente, la forma de vestir adecuada para las mujeres en algunas sociedades no es
sólo una cuestión de etiqueta, sino que tiene connotaciones morales o religiosas. (p.47)

Los valores, creencias y normas son utilizados por muchos científicos sociales cuando se
refieren a la cultura no material. Sin embargo, no todos los antropólogos están de acuerdo
en que hay distinciones concisas y claras entre estos términos. Los términos se usan sólo
para ayudarnos a entender los complejos aspectos simbólicos de la cultura no material.

Cultura ideal versus cultura real

Al discutir los valores, creencias y normas, los antropólogos culturales a menudo distinguen
entre la cultura ideal y la cultura real. La cultura ideal consiste en lo que la gente dice que
hace o debería hacer, mientras que la cultura real se refiere a sus comportamientos reales.
Los antropólogos culturales han descubierto que la cultura ideal frecuentemente contrasta
con el comportamiento real de las personas. Por ejemplo, un antropólogo extranjero puede
aprender que los estadounidenses aprecian el valor de la igualdad de oportunidades, sin
embargo, al observar a los estadounidenses, el antropólogo puede encontrarse con muchos
casos en los que personas de diferentes orígenes económicos, de clase, raciales, étnicos y
religiosos son tratados de manera muy desigual. En capítulos posteriores, discutimos cómo
algunas sociedades están estructuradas en torno a lazos de parentesco y principios de linaje
como la descendencia patrilineal y matrilineal. Sin embargo, los antropólogos suelen
descubrir que esos principios de parentesco y ascendencia son violados por las prácticas
reales de las personas (Kuper 1988). Así pues, en todas las sociedades, los antropólogos
descubren que hay diferencias entre las prácticas culturales ideales y reales de los individuos.

Diversidad cultural

A lo largo de la historia, los humanos han expresado su interés en la diversidad cultural. La


gente ha reconocido las diferencias de valores, normas, creencias y prácticas en todas partes.
Siempre que los diferentes grupos han entrado en contacto entre sí, las personas han
comparado y contrastado sus respectivas tradiciones culturales. Las sociedades a menudo se
han diferenciado entre sí basándose en estas variantes culturales. Por ejemplo, uno de los
12

primeros historiadores occidentales, Herodoto, un erudito griego del siglo V a.C., escribió
sobre las diferentes formas de comportamiento y creencia en sociedades como la de Egipto.
Describió cómo los egipcios se comportaban y pensaban de forma diferente a los griegos.

Los escritos sobre la diversidad de culturas se han basado a menudo en actitudes


etnocéntricas. Como vimos en el capítulo 1, el etnocentrismo es la práctica de juzgar a otra
sociedad por los valores y normas de la propia sociedad. Parece que el etnocentrismo es un
fenómeno universal (D. Brown 2011). A medida que los humanos aprenden los valores,
creencias y normas básicas de su sociedad, tienden a pensar en su propio grupo y cultura
como preferibles, clasificando a otras culturas como menos deseables. De hecho, los
miembros de una sociedad se comprometen tanto con determinadas tradiciones culturales
que no pueden concebir ninguna otra forma de vida. A menudo ven otras tradiciones
culturales como extrañas, alienígenas, inferiores, locas o inmorales.

El estudio de la diversidad cultural se convirtió en uno de los principales objetivos de la


antropología a medida que se desarrollaba como profesión en el siglo XIX. Pero como los
escritores anteriores, los antropólogos del siglo XIX a menudo reforzaron las creencias
etnocéntricas sobre otras sociedades (véase el capítulo 6). Sin embargo, en el siglo XX, los
antropólogos comenzaron a reconocer que el etnocentrismo les impide ver otras culturas de
manera científica.

Para combatir el problema del etnocentrismo, los antropólogos del siglo XX desarrollaron el
concepto de relativismo cultural. El relativismo cultural es la opinión de que las tradiciones
culturales deben entenderse en el contexto de las respuestas de una sociedad particular a
los problemas y oportunidades. El relativismo cultural es un método o procedimiento para
explicar e interpretar las culturas de otros pueblos. Dado que las tradiciones culturales
representan adaptaciones y sistemas simbólicos únicos para las diferentes sociedades, los
antropólogos deben comprender estas tradiciones de la manera más objetiva posible. Para
realizar un estudio etnográfico, los antropólogos deben suspender sus propios juicios y
examinar la otra sociedad en términos de su historia y cultura. El relativismo cultural ofrece
a los antropólogos un medio de investigar otras sociedades sin imponer supuestos
etnocéntricos. Los antropólogos culturales intentan comprender la lógica de las personas
que estudian. Tal vez esa lógica no tenga sentido desde la perspectiva de los antropólogos,
pero la tarea es comprender y explicar el razonamiento de las personas estudiadas.

Aunque el relativismo cultural proporciona una sólida base metodológica para la


investigación etnográfica, puede entrañar algunos problemas éticos graves. Por ejemplo,
muchos antropólogos culturales se han encontrado en sociedades en las que las prácticas
culturales pueden producir daños físicos a las personas. ¿Cómo se abstienen los
antropólogos culturales de emitir un juicio de valor sobre prácticas culturales nocivas como
el infanticidio, el abuso de niños o del cónyuge, la tortura o el asesinato? Esta cuestión es un
problema siempre presente para los antropólogos y merece una reflexión cuidadosa. Los
antropólogos no sostienen que ninguna práctica o cultura sea tan buena o digna como otra.
De hecho, uno de los principales objetivos de la antropología es mejorar las condiciones y
13

aumentar los derechos humanos de todas las personas. Después de conocer las diferentes
prácticas y tradiciones de otras sociedades a lo largo de este texto, los problemas morales
que plantea el relativismo cultural se examinan en el capítulo 18.

Alimentación y Diversidad

Para entender la diferencia entre los comportamientos biológicos y culturales de los


humanos, podemos simplemente observar la variedad de formas en que las diferentes
sociedades satisfacen un impulso biológico básico como el hambre. Aunque los humanos son
animales omnívoros con la capacidad de digerir muchos tipos de plantas y animales para su
nutrición, hay muchas diferencias en los comportamientos alimentarios y en las preferencias
alimenticias en todo el mundo. La comida no es sólo una fuente de nutrición y placer oral. Se
convierte en una experiencia estética, (p.48) un mecanismo para compartir, un centro de
celebración, y a veces una declaración sobre la propia identidad étnica, religiosa y cultural
(Appadurai 1981; Rozin 2010).

En general, la cultura americana etiqueta a los animales como comestibles o no comestibles.


A la mayoría de los americanos les repugnaría la idea de comer insectos y larvas de insectos,
pero muchas sociedades los consideran una delicia. La cultura americana también distingue
entre los animales domésticos, que no se comen, y los animales de granja, como los pollos,
las vacas y los cerdos, que sí se pueden comer. En los Estados Unidos, los caballos son
considerados como mascotas, y no hay industrias para criarlos para el consumo humano. Sin
embargo, la carne de caballo es una parte regular de la dieta europea continental. Los
franceses, belgas, holandeses, alemanes, italianos, polacos y otros europeos consumen
cantidades significativas de carne de caballo cada año (Harris 1985).

Los antropólogos explican las diferencias en las preferencias dietéticas de diferentes


maneras. Por ejemplo, Mary Douglas ofrece una explicación de por qué el pueblo judío tiene
prohibido comer cerdo. Ella describe esta prohibición en su libro Pureza y Peligro: An Analysis
of the Concepts of Pollution and Taboo (1966) sugiriendo que todas las sociedades tienen
clasificaciones simbólicas de ciertos objetos o alimentos que son inmundos, tabúes,
contaminados o sucios, así como los que son limpios, puros o no contaminados. Para ilustrar
sus ideas sobre la clasificación de la materia o los alimentos, Douglas examinó la clasificación
de los antiguos israelitas de los animales y los tabúes contra el consumo de ciertos animales
como los cerdos y los mariscos, como se describe en el Levítico en la Biblia. Douglas
argumenta que como otros humanos, los antiguos israelitas clasifican la realidad colocando
las cosas en "cajas mentales" distinguibles. Sin embargo, algunas cosas no caben claramente
en cajas mentales distinguibles. Algunas cosas son anómalas y ambiguas y se encuentran
entre las categorías básicas que se utilizan para definir la realidad cultural. Estos elementos
anómalos suelen tratarse como sucios, impuros, impíos, contaminantes o corruptos.

Al explicar cómo estos procesos influyeron en la clasificación de los animales entre los
antiguos israelitas, Douglas alude a las descripciones del primer capítulo de la Biblia, el
Génesis, en el que Dios crea los animales con características específicas: pájaros con plumas
14

se elevan en el cielo; peces con escamas y aletas nadan en el agua; y criaturas con cuatro
pies caminan, corren o saltan sobre la tierra. Sin embargo, algunos animales no encajaban
fácilmente en las categorías culturales utilizadas para la clasificación de los animales. Los
animales que combinaban elementos de diferentes reinos se consideraban ambiguos, y por
lo tanto sucios o impuros. Por ejemplo, los animales terrestres que se desplazan "en
enjambre sobre la tierra", como los insectos, se declaraban inmundos y se prohibía su
consumo. Los animales que tienen pezuñas hendidas y mastican bolo alimenticio, como las
ovejas, las cabras y el ganado, se consideraban limpios y podían ser comidos. Sin embargo,
los cerdos tienen pezuñas hendidas, pero no mastican bolo alimenticio y, por lo tanto, no
encajan en la clasificación cultural de la realidad aceptada por los antiguos israelitas. En
consecuencia, los cerdos se consideraban inmundos y contaminantes y estaban prohibidos
en la dieta de los antiguos israelitas. Los mariscos y las anguilas también eran animales
inmundos porque nadaban en el agua, pero carecían de aletas y escamas. Estas criaturas
anómalas caían fuera de la clasificación sistemática de los animales. Douglas sostiene que las
leyes dietéticas del Levítico representaban una construcción ideal de la realidad que
representaba el plan de creación de Dios, que se basaba en la perfección, el orden y la
santidad. Esto se convirtió en parte integral de la visión del mundo de los antiguos israelitas
y afectó a sus preferencias alimenticias.

El difunto antropólogo Marvin Harris formuló la hipótesis de que las preferencias dietéticas
culturales suelen tener un significado adaptativo (1977, 1985). Al buscar los orígenes del tabú
del cerdo, Harris subrayó, al igual que Douglas, que, entre los antiguos israelitas, los cerdos
eran considerados como animales abominables no aptos para el consumo humano. Sin
embargo, muchas sociedades no muestran ninguna aversión al consumo de cerdo. Los
cerdos han sido una fuente primaria de proteínas y grasas en toda China y Europa. En algunas
sociedades de las islas del Pacífico, los cerdos son tan apreciados que se les trata como a
miembros de la familia (pero también se les come). Una explicación médica de la prohibición
de la alimentación es que el cerdo es un animal impuro y que es portador de enfermedades
como la triquinosis, que es causada por un tipo de tenia. Harris, sin embargo, consideró que
estas explicaciones no eran satisfactorias. En cuanto a la limpieza, Harris reconoció que como
los cerdos no pueden sudar, en climas cálidos y secos como el de Oriente Medio se revuelcan
en sus excrementos para mantenerse frescos. Señaló, sin embargo, que otros animales,
como las cabras y las gallinas, también pueden estar sucios, pero se los comen. Del mismo
modo, Harris destacó que muchos otros animales, como las vacas, que se consumen
ampliamente, también son portadores de enfermedades.

En última instancia, Harris explicó los orígenes del tabú del cerdo en el judaísmo (y más tarde
en el Islam) analizando las condiciones ecológicas de Oriente Medio. Sostuvo que esta
restricción dietética representaba una innovación cultural que (p.49) ayudó a las sociedades
de esta región a adaptarse. Alrededor del 1200 A.C., los antiguos israelitas se habían
establecido en un área de bosque que no había sido cultivado. Como ellos rápidamente
cortaron árboles para convertir las áreas en tierras agrícolas de riego, también restringieron
severamente las áreas aptas para la cría de cerdos con forraje natural. Con el tiempo, los
cerdos tuvieron que ser alimentados con granos como suplementos, lo que los hacía
15

extremadamente costosos y competidores directos de los humanos. Además, requerían


sombra artificial y humedad para mantenerse frescos. Además, los cerdos no eran útiles para
tirar de arados, producir leche o proporcionar pieles o lana para la ropa.

Según Harris, a pesar del aumento de los costos asociados a la cría de cerdos, la gente seguía
tentada de criarlos por razones nutricionales. Su hipótesis fue que el tabú del cerdo se
estableció para inhibir esta práctica a través de las autoridades religiosas y los textos que
redefinían al cerdo como un animal impuro. Los vecinos de los antiguos israelitas, como los
egipcios, comenzaron a compartir el aborrecimiento del cerdo. El tabú del cerdo se incorporó
más tarde al texto religioso islámico, el Corán, de modo que hoy en día tanto musulmanes
como judíos tienen prohibido comer cerdo.

Así, según la hipótesis de Harris, en las regiones calientes y secas del mundo donde los cerdos
están mal adaptados y son extremadamente costosos de criar, la carne de cerdo llegó a estar
prohibida. Hizo hincapié en las consideraciones prácticas de la cría de cerdos, incluyendo el
hecho de que son difíciles de arrear y no son animales de pastoreo como las cabras, las ovejas
o el ganado. Por el contrario, en las zonas más frías y húmedas del mundo que son más
apropiadas para la cría de cerdos, como China y Nueva Guinea, se desconocen los tabúes
sobre los cerdos, y los cerdos son los alimentos más preciados en estas regiones.

Tanto Douglas como Harris ofrecen una visión del desarrollo de las preferencias dietéticas
de judíos y cristianos. Mientras Douglas explora el importante significado simbólico de estas
preferencias, Harris examina la rentabilidad y los aspectos prácticos de estos tabúes
alimentarios. Antropólogos (p.50) como Harris y otros han estado estudiando la diversidad
dietética, como por ejemplo por qué algunas personas prohíben el consumo de carne de
vacuno, mientras que otras lo han adoptado como un aspecto integral de su dieta. Las
preferencias alimentarias ilustran cómo los seres humanos de todo el mundo tienen
necesidades universales de proteínas, carbohidratos, minerales y vitaminas, pero obtienen
estos nutrientes de diferentes maneras, dependiendo de las preferencias dietéticas
establecidas en su cultura. Los antropólogos Sidney Mintz y Christine DuBois han resumido
la forma en que otros antropólogos han estudiado los alimentos y los hábitos alimentarios
en todo el mundo y cómo estos avances están asociados con las condiciones ecológicas, los
requisitos tecnológicos, los factores biológicos, pero también con las pautas de identidad, el
género, las diferencias de clase y las creencias rituales y religiosas (2002).

Los antropólogos han continuado explorando estas numerosas dimensiones de los alimentos
y los hábitos alimentarios en muchas sociedades diferentes. Por ejemplo, Daniel Fessler y C.
D. Naverette examinaron una amplia muestra transcultural de tabúes alimentarios (2003).
Encontraron que los tabúes alimentarios están abrumadoramente asociados con la carne y
los productos animales en comparación con las frutas o las verduras. Los alimentos de origen
animal se consideran mucho más peligrosos que las frutas y las verduras en lo que respecta
a la enfermedad o la muerte. El alto coste de aprender por ensayo y error qué alimentos
animales serían perjudiciales sería contraproducente en cualquier tradición cultural, por lo
que los tabúes alimentarios asociados a los animales tienden a ser más generalizados que las
16

prohibiciones contra las frutas o las verduras. La investigación sobre los aspectos culturales
de los alimentos es un importante campo para la investigación antropológica
contemporánea.

Códigos de vestimenta y simbolismo

Aunque algunas diferencias culturales pueden estar relacionadas con las adaptaciones
ambientales de las sociedades en las que hacen hincapié algunos antropólogos, mucho más
de nuestra diversidad cultural es consecuencia de creaciones simbólicas. (p.51)

Los símbolos proporcionan la base de las creencias compartidas significativas dentro de una
sociedad. Debido a nuestra capacidad cultural inherente, tendemos a ser criaturas
buscadoras de significado. Además de la satisfacción de las necesidades biológicas, tenemos
necesidades de significado y significación en nuestra vida personal y social.

La importancia de los símbolos como fuente de diversidad cultural puede verse en los
códigos de vestimenta y peinados de las diferentes sociedades. En la mayoría de las
situaciones, el simbolismo de la ropa y los peinados comunica diferentes mensajes, que van
desde las creencias políticas hasta la identificación con grupos étnicos o religiosos
específicos. El tartán de un clan escocés, la chaqueta de cuero negro y el pelo largo de un
miembro de una banda de motociclistas en los Estados Unidos y el velo de una mujer islámica
en Arabia Saudita proporcionan un vocabulario simbólico que crea diversidad cultural.

Se pueden utilizar muchos ejemplos de estilos de ropa para ilustrar la forma en que los
símbolos contribuyen a la diversidad cultural. Considérese, por ejemplo, el cambio de los
códigos de vestimenta en los Estados Unidos. En el decenio de 1960, muchos jóvenes
llevaban pantalones vaqueros, sandalias y abalorios para simbolizar su rebelión contra lo que
concebían como las inclinaciones conformistas de la sociedad estadounidense. En el decenio
de 1980, muchas de esas mismas personas llevaban "trajes de poder" de tres piezas mientras
trataban de ascender en la escala corporativa.

Un ejemplo de cómo los peinados pueden crear códigos simbólicos significativos puede verse
en un grupo conocido como los rastafaris (a veces conocidos como Rastas o Rastaman) de
Jamaica. La mayoría de los habitantes de Jamaica son de ascendencia africana. Durante los
siglos XVIII y XIX, fueron traídos a Jamaica por los traficantes de esclavos europeos para
trabajar en las plantaciones. Los rastafaris son un grupo religioso específico que cree que
Haile Selassie (1892-1975), el antiguo emperador de Etiopía cuyo nombre original era Ras
Tafari, fue el Mesías negro que apareció en carne y hueso para la redención de todos los
negros exiliados en el mundo de la opresión blanca. La religión rastafari fusiona las
enseñanzas del Antiguo Testamento, el misticismo cristiano y las creencias religiosas afro-
jamaicanas. El movimiento rastafari se originó como consecuencia de las duras condiciones
económicas, políticas y de vida en los barrios marginales de Jamaica.
17

En el decenio de 1950, durante la primera fase del movimiento rastafari, algunos miembros
varones comenzaron a dejarse crecer el cabello en "mechones" o "rastas" para simbolizar
sus compromisos religiosos y políticos. Este peinado se hizo muy conocido en la sociedad
occidental a través de la música reggae y de músicos rasta como el difunto Bob Marley. Los
rastafaris derivan el simbolismo de su peinado de rastas de la Biblia. Ven al hombre sin afeitar
como el hombre natural e invocan a Sansón como una de las figuras más importantes de la
Biblia. Las rastas también reflejan un símbolo dominante dentro del movimiento rastafari, el
león, que se asocia con Haile Selassie, uno de cuyos títulos era "El León Conquistador de
Judá". Para simular el espíritu del león, algunos rastas no se cortan el pelo, a veces les crecen
los mechones 20 pulgadas o más.

Además, el peinado de rastas tiene un significado simbólico más profundo en la sociedad


jamaicana, donde el cabello se denominaba a menudo un índice de desigualdad racial y
social. El cabello fino y sedoso se consideraba "bueno", mientras que el cabello lanudo y
rizado estaba mal visto (Barrett 1977). La persona blanca de pelo fino y sedoso se
consideraba más alta en la escala social que el típico descendiente africano de Jamaica. Así
pues, el peinado rastafari es un símbolo desafiante de resistencia a los valores y normas
culturales de la sociedad jamaicana.

Las rastas y las barbas largas rastafarianas simbolizan el salvajismo, la naturaleza, el peligro,
el desorden y la degeneración. Transmiten el mensaje de que los rastafaris están fuera de la
sociedad jamaicana. Muchos jamaicanos consideran que las rastas son descuidadas,
peligrosas y sucias, pero para los rastafaris, las rastas simbolizan el poder, la liberación y el
desafío. A través de su peinado, anuncian a la sociedad que no aceptan los valores, creencias
y normas de la mayoría del pueblo.

Así, en gran medida, la cultura consiste en una red de códigos simbólicos que realzan los
valores, creencias, visiones del mundo, normas e ideologías dentro de una sociedad. Los
seres humanos se esfuerzan mucho por crear símbolos que proporcionen significado a los
individuos y grupos. Estos significados simbólicos son una poderosa fuente de diversidad
cultural. Cuando los antropólogos estudian estos códigos y significados simbólicos, a menudo
recurren al enfoque humanístico-interpretativo para comprender estos fenómenos. (p.52)

Etnicidad

Un aspecto importante de la cultura es el reconocimiento de que el propio grupo es distinto


de otro basado en valores, creencias, normas y otras características diferentes. Al referirse a
estas diferencias, los antropólogos utilizan los términos grupo étnico y etnia. La etnia se basa
en las diferencias percibidas en los orígenes o la ascendencia ancestrales y en el patrimonio
histórico y cultural compartido. Un grupo étnico es una colectividad de personas que creen
compartir una historia, cultura o ascendencia común. Por ejemplo, un pequeño grupo étnico
conocido como el Viejo Orden Amish mantiene marcadores de límites étnicos muy fuertes
en la sociedad de los Estados Unidos (Hostetler 1980; Kephart y Zellner 1994). La etnia amish
se originó en Suiza durante el siglo XVI. El Viejo Orden Amish descendía de un grupo de
18

anabaptistas que se separaron con su propio liderazgo durante la Reforma Protestante.


Después de esta escisión, los amish comenzaron a definirse como diferentes de otros
anabautistas, protestantes y católicos, y se enfrentaron a una gran persecución por parte de
las autoridades religiosas (Kephart y Zellner 1994; Kraybill 2001). Eventualmente, los Amish
huyeron a los Estados Unidos en el siglo XVIII, estableciéndose primero en Lancaster,
Pennsylvania. Desde allí, han crecido en número y viven en veinte estados diferentes de los
Estados Unidos. Hoy en día, la población Amish es de unos 227.000 con unos 50.000 en Ohio,
40.000 en Pennsylvania, y un número menor en 17 estados diferentes. Ya no hay ningún
Amish viviendo en Europa.

Los Amish de la Antigua Orden en los Estados Unidos enfatizan su diferencia étnica a través
del lenguaje hablando un dialecto alemán dentro de sus comunidades. Los Amish se visten
de manera tradicional de manera similar a la prescrita por los códigos culturales del 1600.
Los hombres llevan sombreros y tienen barbas largas; las mujeres tienen el pelo largo, que
siempre está cubierto por un sombrero en público. Basándose en su interpretación de la
Biblia, los Amish se esfuerzan por mantener una forma de vida tradicional conservadora que
no permite la adopción de tecnología moderna como la electricidad, los automóviles o la
televisión. No permiten que sus hijos sean educados más allá del octavo grado para que no
estén expuestos a la cultura moderna de los Estados Unidos. Los Amish tienen un apego
extremadamente emocional a su etnia y cultura. Estos sentimientos están profundamente
arraigados en la cultura Amish y son evidentes en su lenguaje, vestimenta y estilo de vida
tradicional, que los distingue de otros norteamericanos.

Discutiremos muchos grupos étnicos diferentes a lo largo de los distintos capítulos de este
texto, y en el capítulo 16 elaboraremos cómo los antropólogos han desarrollado métodos
para investigar las complejidades de la etnia, los grupos y los movimientos étnicos en todo
el mundo.

Universales culturales

Como se ha señalado anteriormente, los primeros antropólogos hicieron hincapié en las


realidades de la diversidad cultural en sus investigaciones y escritos. Sin embargo, algunos
antropólogos comenzaron a reconocer que los seres humanos de todo el mundo comparten
algunas características fundamentales de comportamiento. George Murdock, un
antropólogo que se dedicó al análisis transcultural, compiló una larga lista de universales
culturales de cientos de sociedades. Los universales culturales son (p.53) características de
comportamiento esenciales de las sociedades, y se encuentran en todo el mundo. La lista de
Murdock de universales culturales puede verse en la Tabla 3.1; incluye aspectos básicos
como el lenguaje, la cocina, la familia, el folclore, los juegos, la organización comunitaria, el
arte decorativo, la educación, la ética, la mitología, los tabúes alimentarios, los números, los
nombres personales, la magia, los rituales religiosos, las costumbres de la pubertad, la
fabricación de herramientas y las restricciones sexuales. Aunque el contenido y las prácticas
específicas de estos universales pueden variar de una sociedad a otra, el hecho de que estos
19

universales culturales existan subyace a la realidad esencial de que los humanos modernos
son de una familia biológica y una especie.

En un influyente libro titulado “Los Universales Humanos” (1991), el antropólogo Donald E.


Brown sugiere que, en su búsqueda por describir la diversidad cultural, muchos antropólogos
han pasado por alto las similitudes básicas del comportamiento humano y la cultura. Esto ha
llevado a estereotipos y distorsiones sobre las personas en otras sociedades, que son vistas
como "exóticas", "inescrutables" y "alienígenas".

Siguiendo los pasos de Murdock, Brown describe muchos universales humanos. En un


capítulo imaginativo, Brown crea un grupo de personas a las que se refiere como "Gente
Universal", que tienen todos los rasgos de cualquier persona en cualquier sociedad del
mundo. Las Personas Universales tienen un lenguaje con una gramática compleja para
comunicarse y pensar de forma abstracta; términos y categorías de parentesco para
distinguir a los parientes y los grupos de edad; términos de género para hombre y mujer;
expresiones faciales para mostrar las emociones básicas; un concepto del yo como sujeto y
objeto; herramientas, refugio y fuego; patrones para el parto y la formación; familias y
agrupaciones políticas; conflicto; etiqueta; moralidad, creencias religiosas y visiones del
mundo; y danza, música, arte y otras normas estéticas. La representación de Brown del
Pueblo Universal sugiere claramente que estos y muchos otros aspectos del comportamiento
humano son el resultado de ciertos problemas que amenazan la supervivencia física y social
de todas las sociedades. Para que una sociedad sobreviva, debe tener mecanismos para
cuidar de los niños, adaptarse al entorno físico, producir y (p.54) distribuir bienes y servicios,
mantener el orden y proporcionar explicaciones del entorno natural y social. Además,
muchos comportamientos universales son el resultado de características biológicas
fundamentales comunes a todas las personas.

Tabla 3.1 Universales Culturales descritos por el antropólogo George Murdock


clasificación por curación por la fe bromear usos del embarazo
edades
atletismo familia grupos de parientes derechos de
propiedad
adornos corporales fiesta Terminología de los apropiación de los
parientes seres sobrenaturales
calendario hacer fuego idioma costumbres de la
pubertad
organización folclore magia rituales religiosos
comunitaria
cocinar tabúes alimentarios matrimonio reglas de residencia
trabajo cooperativo ritos funerarios comidas restricciones sexuales
cosmología juegos medicina conceptos del alma
cortejo gestos modestia diferenciación de
estatus
bailar dar un regalo. luto fabricación de
herramientas
20

arte decorativo saludos música comercio


división del trabajo peinados mitología visitar
interpretación de los hospitalidad números destete
sueños
educación vivienda obstetricia control del tiempo
ética higiene nombres personales
etnobotánica tabúes sobre el política demográfica
incesto
etiqueta herencia cuidado postnatal
(p.54)

Los antropólogos han descubierto que la cultura puede ser a la vez diversa y universal. El
desafío para la antropología es comprender las bases de esta diversidad y esta universalidad.
Parafraseando al difunto antropólogo Clyde Kluckhohn: "Cada humano es como todos los
demás humanos, algunos otros humanos y ningún otro humano". El principal objetivo de la
antropología cultural es investigar la validez de esta afirmación. (p.55)

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