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Movimiento 26 - 10-2020

Este documento es el número 26 de octubre de 2020 de la Revista Movimiento. La revista pretende debatir ideas políticas, la democracia y la política, actores políticos y sociales no estatales, y políticas públicas. Incluye artículos sobre temas como el sindicalismo en Argentina, el peronismo, movimiento obrero, justicia social, participación democrática, mujeres sindicalistas, y el impacto de la digitalización en los sindicatos. También incluye secciones sobre política, historia y ficción relacionadas con estos temas
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Movimiento 26 - 10-2020

Este documento es el número 26 de octubre de 2020 de la Revista Movimiento. La revista pretende debatir ideas políticas, la democracia y la política, actores políticos y sociales no estatales, y políticas públicas. Incluye artículos sobre temas como el sindicalismo en Argentina, el peronismo, movimiento obrero, justicia social, participación democrática, mujeres sindicalistas, y el impacto de la digitalización en los sindicatos. También incluye secciones sobre política, historia y ficción relacionadas con estos temas
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com Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

Movimiento pretende intervenir en debates en torno a ideas políticas, a la


democracia y la política, a los actores políticos y sociales no estatales, y a
las políticas públicas, incluyendo normas, programas y provisión de bienes
y servicios por parte del Estado.
Los artículos y comentarios firmados reflejan exclusivamente la opinión de
sus autores. Su publicación en este medio no implica que quienes lo dirigen
o producen compartan los conceptos allí vertidos.
La reproducción total o parcial de los contenidos publicados en esta revista
está autorizada a condición de mencionar expresamente el origen y el
nombre de sus autores.

SUMARIO
MODELO SINDICAL ARGENTINO
SINDICALISMO Y POLÍTICA
HÉCTOR R. ROUDIL....................................................................................... 6
REPRESENTACIÓN POLÍTICA Y REPRESENTACIÓN SOCIAL
EN LA DEMOCRACIA: EL ROL DE LOS SINDICATOS
ROBERTO DIGÓN Y CARLOS HOLUBICA...................................................... 13
EL PERONISMO Y LAS ORGANIZACIONES SINDICALES
VANESA SILEY ............................................................................................ 16
EL MOVIMIENTO OBRERO Y LA LÓGICA DE LOS SINDICATOS
CARLOS “PANCHO” GAITÁN ....................................................................... 19
SINDICATOS Y JUSTICIA SOCIAL: IMPORTANCIA DEL ROL DEL
SINDICALISMO A FAVOR DEL BIEN COMÚN Y EN LA LUCHA
CONTRA LA DESIGUALDAD SOCIAL
DAMIÁN DESCALZO .................................................................................... 23
EL SINDICATO DE AMAS DE CASA CONSTRUYE PARTICIPACIÓN
DEMOCRÁTICA, CONSTRUYE IDENTIDAD COLECTIVA
PIMPI COLOMBO.......................................................................................... 28
MUJERES SINDICALISTAS, UNA HISTORIA DE LUCHA
QUE CONTINÚA
VALERIA AYALA......................................................................................... 30
EL MODELO NO SE TOCA: EL SINDICALISMO DESDE EL FINAL
DE LA DICTADURA HASTA LA CONSOLIDACIÓN DEL
NEOLIBERALISMO DEMOCRÁTICO
NICOLÁS PÉREZ FELICIONI.......................................................................... 37
MOVIMIENTO OBRERO ARGENTINO: HACIA EL MOVIMIENTO DE
TRABAJADORES
CARLOS PANCHO GAITÁN........................................................................... 39
CONTROL DIGITAL, FRAGMENTACIÓN E INDIVIDUALIZACIÓN:
IMPACTO EN LA ORGANIZACIÓN SINDICAL
MÓNICA G. SLADOGNA............................................................................... 40

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POLÍTICAS
COMISIÓN DE CIENCIA, TECNOLOGÍA E INNOVACIÓN
DEL PARTIDO JUSTICIALISTA ............................................................. 45
ECONOMÍA DE PLATAFORMAS: NUEVAS FORMAS,
VIEJOS DERECHOS
ENRIQUE DEIBE........................................................................................... 45
LA GESTIÓN EMPRESARIAL DESPUÉS DE LA CRISIS:
APUNTES PARA LA REFLEXIÓN
MARIO E. BURKUN ..................................................................................... 47
VICENTIN: CRÓNICA DE UNA ESTAFA ANUNCIADA
ALEJANDRO ROFMAN ................................................................................. 51
EL DECRETO ABRE UNA PUERTA, AHORA NECESITAMOS
ESPACIOS DE REPRESENTACIÓN
ENTREVISTAS DE FLORENCIA POPP A PAULA ARRAIGADA Y VICTORIA
IZQUIERDO.............................................................................................................. 57
CONVERSACIONES CON GERMÁN MARTÍNEZ Y GUILLERMO
CARMONA
JUAN CALVO, ARACELI DÍAZ, MAXIMILIANO BORCHES Y AGUSTÍN
MARCONETTO ........................................................................................................ 60
¿ALGUIEN LEYÓ EL INFORME BACHELET SOBRE VENEZUELA?
ALDO DUZDEVICH ...................................................................................... 63
LA IMPORTANCIA DE LOS ORGANISMOS DE CONTROL PARA LA
LEGITIMACIÓN DEL ROL POLICIAL EN DEMOCRACIA
VIVIANA ARCIDIÁCONO, ADRIÁN RODRÍGUEZ Y GLEN EVANS .................. 67
LA NECESIDAD DE INCORPORAR NUEVOS ACTORES QUE
CONTRIBUYAN CON LA JUSTICIA EN EL CONTROL DE LOS
OPERATIVOS DE SEGURIDAD Y LA MALA PRAXIS POLICIAL
DANIEL GARIBALDI .................................................................................... 70
LA COMISIÓN NACIONAL DE ENERGÍA ATÓMICA Y EL
SECTOR NUCLEAR
CARLOS RUBÉN CALABRESE....................................................................... 72
SISTEMA NACIONAL DE VIGILANCIA EPIDEMIOLÓGICA Y SALUD
PÚBLICA VETERINARIA EN EL MARCO DE LA PRODUCCIÓN
PORCINA PARA PROVEER DE CARNE A CHINA
MATÍAS FERNÁNDEZ MADERO ................................................................... 77
LAS ACCESIBILIDADES QUE QUEREMOS PARA EL PAÍS QUE
ANHELAMOS
MARÍA ALEJANDRA WAGNER Y MARÍA MARCELA REICHERT ................... 85
LA REACTIVACIÓN
WALTER DI GIUSEPPE................................................................................. 91
DE “DOLORES QUE QUEDAN Y LIBERTADES QUE FALTAN” A
LA “RESPONSABILIDAD SOCIAL UNIVERSITARIA”
SANTIAGO PÉREZ ........................................................................................ 95

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

FILOSOFÍA, PANDEMIA Y EDUCACIÓN


JUAN MAYA .............................................................................................. 102
LA CRUELDAD DE LA FELICIDAD AL PALO
CARLA ELENA ........................................................................................... 104
LA PANDEMIA PUERTAS ADENTRO
LAURA GERVASI ....................................................................................... 109
EL CONFLICTO SIN LA GRIETA
SALVADOR TIRANTI .................................................................................. 111
UNA TERRITORIALIDAD QUE ALOJA
CARLA ELENA ........................................................................................... 116
HISTORIA
EL ROL DE LAS FUERZAS ARMADAS EN EL DESARROLLO
NACIONAL
MARIELA MONTIEL................................................................................... 118
BRAMUGLIA, EL CANCILLER EQUILIBRISTA EN TIEMPOS DE
TORMENTA
EMANUEL BONFORTI ................................................................................ 131
LA RADIOGRAFÍA DE UN HOMBRE
ELÍAS QUINTEROS ..................................................................................... 134
A CINCUENTA AÑOS DE LA PUBLICACIÓN DE MEGAFÓN O LA
GUERRA: LEOPOLDO MARECHAL Y SU BATALLA DESDE ABAJO
FACUNDO DI VINCENZO ........................................................................... 137
ALBERTO BALDRICH: LEGADO DE UN EDUCADOR ARGENTINO
LUCÍA FERRARIO....................................................................................... 141
TODA ESTÉTICA ES POLÍTICA: SOBRE LA ANTINOMIA PUEBLO-
ANTIPUEBLO Y LA PRESENCIA DE ALTERIDADES EN LAS
REPRESENTACIONES DEL 17 DE OCTUBRE DE 1945
JUAN EZEQUIEL ROGNA ............................................................................ 145
EL 17 DE OCTUBRE DE 1945 CONTADO POR SUS PROTAGONISTAS
NORBERTO ZINGONI ................................................................................. 150
OCTUBRE: VOLVER A LOS 17
HUMBERTO RAVA ..................................................................................... 155
SEMINARIO INTENSIVO: 17 DE OCTUBRE DE 1945, ENTRE LA
MEMORIA, LA HISTORIA Y EL ARCHIVO ................................................. 157
FICCIÓN
PROTECTOR DE LOS PUEBLOS LIBRES
RELATO HISTÓRICO DE MARÍA DEL CARMEN BARCIA .............................. 159
LOS BALCONES, COMO LAS CRISIS, PUEDEN SER UNA GRAN
OPORTUNIDAD
JUAN ROJAS .............................................................................................. 164
CARTA DE LECTOR........................................................................................... 166

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

REVISTA MOVIMIENTO

Director: Mariano Fontela


Consejo de Redacción: Enrique Del Percio, Pablo Belardinelli,
Florencia Benson, Kevin Axel Costa, Lucas N. Diez, Julio Fernández
Baraibar, Juan Godoy, Brenda Maier, Florencia Popp, Aritz Recalde,
Tomás Rosner, Pablo Adrián Vázquez y María Alejandra Wagner
Entrevistas: Beto Emaldi
Editor: Fernando Proto Gutiérrez
Correo Electrónico: editor@[Link]
ISSN: 2618-2416
Arkho Ediciones. RL-2017-23569986-APN-DNDA#MJ.
arkho@[Link]. 54-11-6642-6798.

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

SINDICALISMO Y POLÍTICA

Héctor R. Roudil

El modelo sindical
El modelo predominante en Argentina ha sido el de un sindicalismo
fuertemente ideologizado y politizado en torno al ideario nacional popular, con gran
adhesión al peronismo. No obstante lo novedoso y autóctono de esta orientación
doctrinaria, que significó un cambio cuantitativo y cualitativo de enormes
proporciones en la historia sindical argentina,1 aparecen rasgos que emparentan y
vinculan las dos etapas fundacionales del movimiento obrero en Argentina: la etapa
originaria –principios de siglo hasta los inicios de la década del 40– y la que se
inicia en 1943, aproximadamente con nacimiento “formal” el 17 de octubre de
1945.2
Los rasgos que registran continuidad en el tiempo son diversos y refieren a
las distintas dimensiones que van implícitas en la actividad sindical. Así, el fuerte
pragmatismo o el énfasis puesto en la defensa de los intereses profesionales que
exhibió siempre el “vandorismo”3 reconocen antecedentes en los sindicalistas puros,
corriente oriunda de Francia y de fuerte predicamento en el gremialismo argentino
durante las décadas del 20 y del 30, de donde surge el actual nombre de la
Confederación General del Trabajo (CGT), a imitación de la central obrera francesa.
También aparece como rasgo continuado en el tiempo la fuerte vocación por
la participación política en sentido amplio del movimiento obrero argentino, y
también partidista, ratificadas ambas en el pensamiento y en la acción de los
gremialistas contemporáneos. Este rasgo encuentra su continuidad en el tiempo si lo
comparamos con la tradición socialista del sindicalismo argentino, que también
pugnó por lograr representación parlamentaria y participar de la gestión de gobierno
para imponer demandas laborales. La diferencia entre la doctrina socialista y la
peronista estriba en la relación que conciben entre partido y sindicato. Mientras que
la primera consideraba a la organización gremial como algo parecido a una “correa
de transmisión” entre dirigentes y dirigidos –partido y base trabajadora–, el
sindicalismo peronista, en cambio, se plantó de igual a igual frente al partido,
alentado por la concepción de Perón que distinguía una rama gremial y una política,
entre otras, como armazón del movimiento nacional justicialista o movimiento
peronista.

1
Como indicador cierto se puede observar la progresión de afiliación sindical para la época.
Año 1941: 441.000; 1945: 528.523; 1947: 1.500.000; 1951: 3.000.000; 1955: 5.000.000 de
trabajadoras y trabajadores afiliados (Murmis y Portantiero, 1972).
2
En dicha fecha la clase trabajadora argentina se movilizó masivamente para rescatar del cautiverio
al general Perón, adhiriendo así a la política emancipadora desarrollada por éste desde la Secretaría
de Trabajo y Previsión.
3
Corriente sindical surgida durante los años 60 que respondía al gremialista de la Unión Obrera
Metalúrgica (UOM) Augusto Timoteo Vandor, continuada por figuras tales como Rucci y
Lorenzo Miguel, también de la UOM, que retuvieron para sí un histórico agrupamiento político-
sindical llamado las “62 Organizaciones Peronistas” surgido a partir de la caída del segundo
gobierno peronista en el año 1955, cuando los militares intervinieron la CGT a través de la
Marina de Guerra, tratando de dividir al movimiento obrero.

6
[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

Pero no solo influyó lo dicho a favor de la rivalidad aludida entre partido y


sindicato, ya que también la ideología anarquista, en lo que se refiere a desconfianza
y hasta rechazo hacia el partido político, caló hondo en el movimiento obrero.
Estos rasgos mencionados: ideología nacional popular, defensa de los
intereses profesionales –fundamentalmente salarios y empleo–, participación política
y relación partido-sindicato, más la relación con el Estado, han sido constituyentes
del sindicalismo argentino y se han continuado en el tiempo desde sus orígenes hasta
hoy. Se reconoce entonces una tradición sindical y obrera autóctona que no se
rompió con la llegada de Perón, sino que se integró en una nueva conciencia de clase
enfocada hacia la justicia social y la participación política –en sentido amplio– de la
clase trabajadora, sobre todo en la etapa peronista, desde el año 1945 en adelante.
El modelo sindical resultante de ello es el que ha predominado en Argentina,
llegando hasta el día de hoy, lo cual demuestra la continuidad existente entre los
orígenes y la actualidad del sindicalismo. Los y las gremialistas actuales no son ni
mejores ni peores que los y las de antes, y cuando sectores interesados muestran a
algunos defeccionando, ocultan a miles de sindicalistas argentinos que cumplen
dignamente su rol, contra “viento y marea”.
También integra el modelo el sindicato único por actividad,4 conocido
también como sindicato de industria que ostenta la personería gremial en forma
exclusiva, por demostrar ser el más representativo en cantidad de afiliados y
afiliadas. Debe destacarse que en el estatuto de la CGT de 1936 ya se legislaba a
favor del sindicato único por industria u oficio, antes de la llegada del peronismo.
Esta característica posibilitó la unidad y la fuerza del sindicalismo en Argentina,
forjándose su autonomía. Dicha unidad, acompañada por factores estructurales del
desarrollo económico argentino, tales como la industrialización y la generalización
de la condición asalariada, convirtió al sindicalismo en un poderoso actor5 capaz de
equilibrar la relación capital-trabajo.
Cabe recordar también otro rasgo constitutivo del sindicalismo argentino,
como es la existencia de una vasta red de obras sociales que preservaron la salud de
los trabajadores, las trabajadoras y de sus familias, cuando el Estado era inoperante
al respecto, y posibilitaron la ampliación del concepto de justicia social desde el
nivel salarial a dimensiones tales como salud, educación y recreación, favorables a
condiciones laborales y de vida dignas que suscitan la admiración del sindicalismo
latinoamericano en general.

Algunos cambios en la estructura sindical


En el nivel confederal, o sea en la Confederación General del Trabajo de la
República Argentina (CGTRA) se encuentra el grueso del movimiento obrero
organizado y están representados –muchos a través de federaciones o
confederaciones– los gremios grandes, medianos y chicos en un número aproximado
de 250 gremios confederados.

4
Luego del golpe de Estado de 1955 conformado contra el pueblo, para evitar su participación
en el poder político, se tomaron medidas como la derogación de la Ley de Asociaciones
Profesionales, la intervención de la CGT y de muchos sindicatos, y la promulgación del decreto
9270/56 que imponía la pluralidad sindical para atomizar y debilitar al movimiento obrero
organizado, a través de la creación de muchos sindicatos alternativos y la eliminación de la
personería gremial.
5
A pesar de representar a un sector subordinado de la sociedad, como es la clase trabajadora.

7
[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

En la década de 1980 existían 1.412 entidades gremiales de primer grado –


1.335 sindicatos y 77 uniones– y 75 de segundo grado (MTySS, 1987: 11). La
dispersión tan grande era solo aparente, dado que, de las entidades de primer grado
registradas, el 4% concentraba el 67% del total de afiliados y afiliadas. La dispersión
se daba a nivel de organizaciones, pero no en la masa de trabajadoras y trabajadores
afiliados a entidades de primer grado, que alcanzaba un total de 3.360.000 personas,
de las cuales, según los porcentajes ya indicados, 2.237.000 repartían su afiliación
entre solamente 58 organizaciones sindicales.
Posteriormente, la estructura sindical argentina mostraba una gran dispersión
en el ámbito de entidades gremiales, pues habían pasado de 2.090 en el año 1995 a
2.328 organizaciones de primer grado en el año 2000,6 aunque debe aclararse que
solo 1.239 entidades poseían en el 2000 personería gremial, siendo éstas las únicas
con representatividad sindical integral que afiliaban a 4.377.000 trabajadores y
trabajadoras, los cuales se distribuían por actividad: Comercio y Servicios,
incluyendo Salud (1.784.000 afiliados y afiliadas), Industria (1.133.000),
Administración Pública (785.000), Educación (434.000) y Agropecuaria, Minería y
Petróleo (240.000). De estas cifras se puede deducir que la tasa de afiliación
probablemente siguiera siendo muy alta en Argentina, de acuerdo con
comparaciones internacionales, dado que se puede estimar alrededor del 40% o más
para el año 2005 (Trajtemberg, Senén González y Medwid, 2008).
Actualmente, en el año 2020 hay más de 3.000 organizaciones sindicales, de
las cuales 1.636 tienen personería gremial y pueden ejercer la función sindical en
forma plena, y 1.623 tienen inscripción simple con limitaciones para la acción
sindical por ley, pese a la leve disminución de los valores absolutos de afiliados y
afiliadas, debido a la reducción de la población asalariada formal –única en
condiciones de sindicalizarse–, del desempleo, de las nuevas modalidades laborales,
de las actividades económicas informales –donde predomina el cuentapropismo y el
autoempleo– y del trabajo en negro, actividades todas que escapan a la organización
sindical y debilitan y fragmentan al conjunto de la clase trabajadora.
Pese a la fortaleza potencial del sindicalismo argentino, no pudo escapar a su
carácter estructural que lo encadenaba a la situación socioeconómica general y –muy
especialmente– a las variaciones entre el empleo y el desempleo.
Hoy se estima que el diseño no ha cambiado en lo referido a concentración de
afiliados y afiliadas en pocas organizaciones grandes del sindicalismo argentino,
pero la dispersión a nivel de organizaciones siguió aumentando, por variadas causas,
que van desde políticas gubernamentales coyunturales hasta nuevas modalidades
laborales con nuevos encuadramientos.
Si bien los nuevos fenómenos fueron dándose en un contexto de
empobrecimiento de los sectores populares y en el marco de un modelo económico
estático, que seguía con variantes los ajustes recesivos dictados por el Fondo
Monetario Internacional, no se puede ignorar la nueva composición del movimiento
obrero, los nuevos modelos productivos, la recomposición del empresariado y los
movimientos sociales surgentes.
La clase trabajadora ya no se caracteriza en su totalidad por vivir de un
salario, ni por tener un trabajo estable, sino que los censos indican la desaparición de
cientos de miles de puestos de trabajo estable y el aumento de otras modalidades

6
Según estadísticas oficiales del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social.

8
[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

laborales, que no por eso separan a sus integrantes del conjunto de los trabajadores y
las trabajadoras.

Tabla 1: Principales sindicatos nacionales, uniones y federaciones de la CGT,


según cantidad de afiliados, año 2010 (estimado)7
Organizaciones Afiliaciones
FAECYS (Comercio) 432.000a
UOCRA (Construcción) 221.000a
UPCN (Estatales) 219.000a
FTIA (Alimentación) 189.000a
FATSA (Sanidad) 187.000a
UOM (Metalúrgicos) 170.000a
UTGRHA (Hoteles y gastronómicos) 162.000a
UATRE (Rurales) 117.000a
SMATA (Mecánicos) 89.000a
Luz y Fuerza (Energía) 75.000a
FNTC (Camioneros) 73.000a
Unión Tranviarios Automotor
56.000a
(Transporte colectivo urbano)
Asociación Bancaria 56.000b
CEA (Docentes) 55.000c
Fuente: a De la Calle (2012), b Pérez (2013), c Robles (2010).

Asimismo, por el progreso técnico surgen problemas tales como la


fragmentación de las tareas productivas, que descalifican el trabajo obrero –tornando
obsoleto de un día para otro el conocimiento de años de experiencia– y generan
desocupación indiscriminada por la ausencia de estrategias que contemplen el
progreso integral del país y de su gente.

Calificar de “monopolio sindical” a la institución


del sindicato más representativo es caer en la
falacia del nivel equivocado, dado que dicha
representatividad responde a un
orden político legítimo
Todos estos elementos conforman una nueva situación para los trabajadores y
las trabajadoras, que merecen la implementación de nuevos métodos organizativos y
de acción por parte del sindicalismo, asimilando el impacto de los cambios en el
mundo de la producción y del trabajo, en las comunicaciones y en la tecnología en
general, pero combinándolo con valores tales como unidad, solidaridad, defensa de
los derechos laborales y responsabilidad moral y social de la representación sindical,
siendo el mejor sindicalismo aquel que se halle integrado con sus representados, ya
que frente al avance del neoliberalismo –por encima de toda otra consideración

7
Para entender los alcances de las cifras de la Tabla 1 debemos saber que en la CGT se nuclean
alrededor de 230 organizaciones sindicales confederadas, casi todas de menor tamaño a las que
figuran en la tabla.

9
[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

favorable a la vida en sociedad– el sindicalismo aparece como uno de los últimos


obstáculos existentes.
Por ello se debe respetar a la representación gremial, cuidándola y
aceptándola como columna vertebral del movimiento, tal cual la pensó su fundador,
el general Perón, como requisito de la identidad peronista.
Debido a que los sindicatos son organizaciones de la sociedad civil, tienen
una dinámica de funcionamiento propia que no necesariamente es igual a la que se
puede esperar de los parlamentos o de otras instituciones gubernamentales. Así,
cuando se reclama por más “democracia sindical”, se están desconociendo muchas
formas propias que tiene el sindicalismo de permitir la participación y el cogobierno
de sus organizaciones en un todo de acuerdo con lo que marcan sus estatutos,
aprobados legalmente.
Los sindicatos son expresión de la autonomía de los trabajadores y las
trabajadoras para darse sus propias formas organizativas en acuerdo con las leyes
vigentes. En tal sentido, calificar de “monopolio sindical” a la institución del
sindicato más representativo es caer en la falacia del nivel equivocado, dado que
dicha representatividad responde a un orden político legítimo, y no comercial o
económico.
Por otro lado, no es de ahora ni del peronismo la larga permanencia de los
dirigentes en sus cargos, con el visto bueno de sus adherentes o de sus estatutos. Son
ejemplos: Pérez Leirós en la UOEM, municipales (1919-1944), Gay en la FOET,
telefónicos (1928-1947), Fidanza en el SOIC, calzado (1932-1949), Borlenghi en la
FEC, comercio (1931-1946) y Peter en la FOA, alimentación (1932-1946) (Del
Campo, 1983: 111).
Respecto a las comisiones internas, existen gracias a las leyes del peronismo
desde la revolución de junio de 1943 en adelante, y representan una articulación
necesaria entre los establecimientos de trabajo, los trabajadores y las trabajadoras, y
la conducción que ejerce el sindicato a través de su comisión directiva votada por los
trabajadores y las trabajadoras. La existencia de dichas comisiones y delegados al
interior de los establecimientos le dio una identidad singular al sindicalismo
argentino, dado que el sindicato no quedó en las puertas de la fábrica, sino que se
adentró en ellas hasta que el golpe de 1955 las prohibió.
Todo lo expuesto confluye para señalar la vigencia de nuevos tiempos en
Argentina, siendo lícito explorar nuevos rumbos a transitar.
Siempre existieron dificultades crecientes de sobrevivencia para el
sindicalismo, frente a fenómenos conocidos eufemísticamente como globalización,
reestructuración laboral, ajuste estructural de las economías, etcétera, acompañados
por campañas mediáticas de desprestigio hacia la función sindical, destacando las
defecciones de algunos de sus miembros y no las virtudes de miles de gremialistas
involucrados e involucradas. Será necesario hacer docencia para desarmar la errónea
y malintencionada concepción del sindicalista como alguien a quien solo cabe
corromper o reprimir, para no dejar caer banderas históricas como el derecho al
trabajo digno y a una vida digna para todos los trabajadores y todas las trabajadoras.
Frente al sindicalismo se alzan amenazantes nuevos poderes económicos
espurios, tales como el capital financiero en su necesidad de destruir todo el tejido
social, para imponer una ganancia que no enriquece a la sociedad ni al pueblo. La
organización del conjunto es la única posibilidad que tienen los trabajadores y las
trabajadoras para mantener sus conquistas, y ello se logra por un sindicalismo unido.

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

Las dictaduras militares asolaron de distintas maneras al movimiento obrero


organizado, considerándolo una pieza clave en la defensa del nivel salarial de las y
los trabajadores argentinos y en la resistencia a un régimen que buscaba la
marginación del partido político mayoritario, votado siempre por la clase trabajadora
argentina. La última dictadura militar de 1976 arrasó físicamente a muchos y
muchas dirigentes sindicales, delegados, delegadas y activistas del sindicalismo, a
través de encarcelamientos o desapariciones, secuestros y asesinatos.
En la actualidad está vigente el sistema de relaciones laborales, aunque con
asignaturas pendientes a resolver en el corto y mediano plazo. El saldo hoy es de
muchos trabajadores y trabajadoras desocupados y otros muchos precarizados, que
desearían incorporarse al sector formal de la economía y no pueden. Por ello hay
demandas de inclusión que pivotean sobre la redistribución de ingresos y la
remoción de las causales de pobreza y marginación, entre otras cuestiones de
Justicia Social.
Si bien no hay recetas, habrá que perseverar en políticas de inclusión y
productivas, y corregir la estructura impositiva fiscal que “premia” al capital
financiero y castiga a quienes trabajan y producen.

Sindicalismo y política
En tiempos de democracia, lo político se impone sobre lo sindical, por la
naturaleza del sistema democrático electoral y de gobierno, al revés de las viejas
épocas de proscripción del partido peronista y de dictaduras militares, donde el
sindicalismo se “emparejaba” respecto a los políticos justicialistas.
Sin embargo, la rivalidad entre rama política y rama gremial aflora cuando se
trata de componer las listas electorales por el ordenamiento diferencial de los cargos.
La participación política del movimiento obrero que se vehiculizó a través del
peronismo fue motivo permanente de conflicto con el poder establecido –
“oligarquía” – y con la fuerza política alternativa al peronismo: la Unión Cívica
Radical.

La rivalidad entre rama política y rama sindical


puede reaparecer, y esta vez sin la posibilidad del
arbitraje de Perón. Frente a ello, habrá que
ocuparse más de lo externo que de las “internas”
Los representantes del poder establecido no aceptaron nunca otra cosa que no
fuera un lugar subordinado del movimiento obrero, y por ende vetaron siempre la
participación política obrera a través de su táctica preferida: el golpismo militar.
Intuyeron siempre, con olfato político fino, que allí radicaba la verdadera herencia o
legado de Perón, traducido en un poder sindical organizado para frenar abusos del
capital y para disciplinar –a la vez– eventuales desbordes de grupos marginales de la
política y del sindicalismo.
El radicalismo, por el contrario, fiel a su concepción liberal de la política y
del Estado, exigió siempre un sindicalismo acotado a los límites marcados por el
conflicto entre el capital y el trabajo, sin invadir el espacio de la política partidaria,
considerándolo como una “competencia desleal” a favor de su rival electoral: el
Partido Peronista y luego Justicialista.

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Desde 1955 –caída de Perón en adelante– el sindicalismo se convierte en una


pieza clave para enfrentar a un régimen que de distintas maneras buscaba la
marginación del movimiento político mayoritario y del grueso de la clase
trabajadora y de los sectores populares. La situación de ilegalidad e ilegitimidad –
por la proscripción del peronismo– en que debían desenvolverse los gobiernos los
obligaba a desarrollar tácticas diversas, para atraerse el favor del movimiento obrero
organizado, convirtiéndolo en un factor muy importante a tener en cuenta para la
viabilidad de los planes gubernamentales, y a veces hasta para mantener la
estabilidad.
En los tiempos actuales, en cambio, ya muerto Perón y perforada la coraza
electoral invicta del peronismo, la rivalidad entre rama política y rama sindical
puede reaparecer, y esta vez sin la posibilidad del arbitraje de Perón. Frente a ello,
habrá que ocuparse más de lo externo que de las “internas”. Lo externo tiene que ver
con las siguientes cuestiones, sin excluir a otras:
• Atender a la diversidad que conforma hoy al movimiento laboral argentino para
articularlo en un tipo de unidad lo suficientemente amplia como para contener a
todos, sin negar las características propias de cada uno.
• Analizar la dispersión electoral de los sectores populares, tratando de
coherentizarlos entre preferencias, historia e intereses.
• Fomentar la incorporación de jóvenes trabajadores y trabajadoras –aunque estén
empleados o desocupados– al movimiento laboral argentino.
• Fomentar el encuentro entre la militancia política y la sindical, sobre todo en la
juventud.
• Encontrar nuevos métodos organizativos y de conducción más acordes a las
circunstancias actuales de desempleo, pobreza, trabajo precario e informalidad
laboral, para integrar y representar a esos nuevos grupos sociales en el
movimiento laboral.
• Desalentar las divisiones entre las y los dirigentes, sean políticos o sindicales, por
no responder al sentir de las mayorías y no solucionar los problemas del pueblo
trabajador.
• En la Argentina post-Macri se cuentan por millones las y los trabajadores
precarizados y no registrados, más el trabajo informal, y es a ellos y ellas a
quienes se debe el peronismo, como lo hizo siempre.
• Se debe entender la crisis pandémica como la oportunidad de unir al Movimiento
Nacional Justicialista en la búsqueda de una patria socialmente justa,
económicamente libre y políticamente soberana.

Referencias
Del Campo H (1983): Sindicalismo y peronismo. Los comienzos de un vínculo
perdurable. Buenos Aires, CLACSO.
MTySS (1987): Estructura Sindical en la Argentina. Buenos Aires, Ministerio de
Trabajo y Seguridad Social.
Murmis M y JC Portantiero (1972): Estudios sobre los orígenes del peronismo.
Buenos Aires, Siglo XXI.
Trajtemberg D, C Senén González y B Medwid (2008): “La expansión de la
afiliación sindical: análisis del módulo de relaciones laborales de la EIL”. Trabajo,
ocupación y empleo, 8, Buenos Aires, MTEySS.

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

REPRESENTACIÓN POLÍTICA Y REPRESENTACIÓN SOCIAL


EN LA DEMOCRACIA: EL ROL DE LOS SINDICATOS

Roberto Digón y Carlos Holubica

Las democracias modernas, en lo referente a sus “sistemas políticos”, han


evolucionado hacia modos de coexistencia entre la representación pluralista y la
representación sectorial, tratando de superar así la insuficiencia de las tradicionales
formas de representación de los partidos políticos como canales de expresión de los
múltiples intereses de una sociedad cada vez más diversificada. El objetivo fue y
sigue siendo reafirmar y fortalecer la naturaleza participativa del sistema
democrático.
Este fenómeno, que podríamos denominar “transformación de las
democracias políticas en democracias sociales”, significa reconocer que las y los
ciudadanos son también obreras, obreros, empresarios, empresarias, estudiantes,
profesionales, jubilados, jubiladas, desocupados, desocupadas, trabajadoras o
trabajadores informales, etcétera, y se organizan en función de intereses y
aspiraciones que los partidos políticos sólo pueden asumir parcialmente para no
perder una amplia representatividad. En este sentido, se puede mencionar la
aparición de partidos que expresan reivindicaciones sectoriales o temáticas:
ecologistas, feministas o de jubilados, por mencionar algunos.
Lógicamente, por la significación cuantitativa y cualitativa del sector
trabajador dentro de la sociedad, los sindicatos constituyen una de las formas
principales de representación en los procesos tendientes a lograr sistemas político-
sociales más participativos. Hay por lo menos tres aspectos a considerar en cuanto a
la representatividad social de las organizaciones sindicales: la representación
sectorial en la sociedad; la amplitud y la fortaleza de los sindicatos; la relación con
los afiliados y las afiliadas.
Veamos en particular el caso de la Argentina. En cuanto al primer aspecto,
podemos decir que la capacidad de representación de los trabajadores aumentó con
la ampliación y el fortalecimiento de sus estructuras, que se produjo a partir de
varios hechos concatenados:
• la masificación de las afiliaciones producida durante el siglo pasado, debida al
reemplazo de los sindicatos de oficio por sindicatos industriales;
• la unificación y la centralización de la representación gremial por rama de
actividad y a nivel nacional, que fue también consecuencia de las necesidades del
sindicalismo de base industrial;
• el incremento de los recursos económicos de los gremios, a través de la
recaudación de las cuotas sindicales y de obra social por afiliado o afiliada, que
permitió trascender el ámbito de la negociación colectiva y abarcar la
problemática integral del trabajador y la trabajadora y sus familias: salud,
educación, vivienda, turismo y recreación;
• la sindicalización de los sectores medios de la sociedad –docentes, bancarios,
bancarias, judiciales, médicos y médicas del sector público, personal jerárquico,
técnicos, técnicas y profesionales en general– que asumieron su condición de
asalariados y desarrollaron una conciencia gremial;
• la sindicalización de las mujeres, que se incorporaron masivamente al mercado
de trabajo.

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

Resumiendo: los sindicatos argentinos son en la actualidad grandes


estructuras de mucha complejidad y poderío económico, que representan casi toda la
escala de asalariados y asalariadas, y son capaces de cumplir múltiples funciones
que exceden la tarea reivindicativa básica, proyectándose al conjunto de la sociedad.
Un dato a tener en cuenta es que la tasa de sindicalización en la Argentina (37 por
ciento) no sólo es la mayor de toda nuestra región (25 por ciento promedio), sino
que también supera a la de Europa (30 por ciento promedio).
Este desarrollo del movimiento obrero en nuestro país determina una mayor
mediatización de la relación de las y los dirigentes con las y los afiliados, y una
disminución proporcional al tamaño del sindicato de las posibilidades de los
representados y representadas de participar en las decisiones que toman sus
representantes. En este aspecto, es preciso tener en cuenta tres derivaciones:
• la profesionalización de la dirigencia sindical, imprescindible para el ejercicio
idóneo de su función en las condiciones señaladas, la aleja de su lugar laboral de
origen; a la vez, puede dificultar su reemplazo, haciendo más problemáticos los
procesos de recambio; la capacitación de los cuadros medios se presenta como
un necesario remedio para este problema;
• el ascenso social del dirigente sindical, que –en principio– implica un desafío al
orden establecido por el que “los trabajadores deben ser siempre pobres”,
establece –objetivamente– otro factor de diferenciación con las y los afiliados; de
los y las dirigentes depende que esta diferenciación no signifique un alejamiento
de sus bases;
• el plantel de funcionarias y funcionarios y personal administrativo necesario para
el funcionamiento de los sindicatos y organismos dependientes de éstos se
convierte en el interlocutor más frecuente de los afiliados y las afiliadas que
acuden a su organización para satisfacer alguna demanda.

Más allá de las críticas y los desafíos, el


sindicalismo argentino ha demostrado una gran
capacidad para defender los intereses de los
trabajadores y las trabajadoras en las más diversas
coyunturas, muchas extremadamente difíciles,
manteniendo a nuestro país como un ejemplo en
materia de derechos laborales
El fenómeno de la burocratización sindical, entendido no en sentido
peyorativo, sino como consecuencia de la especialización de los distintos niveles de
la organización, es un rasgo que se presenta de forma proporcional al tamaño del
sindicato. La solución no pasa por la existencia de varios sindicatos por rama de
actividad o por la creación de sindicatos por empresa, que debilitarían el poder de
representación de las organizaciones de trabajadores. De lo que se trata es de adoptar
mecanismos correctivos y compensatorios que aseguren instancias de participación
de los afiliados y las afiliadas en la organización y una comunicación fluida con
ellos y ellas, para evitar la independización de los intereses del sindicato respecto de
los intereses de las bases, que puede convertir al gremio en un fin en sí mismo,
dejando de ser una herramienta al servicio de los trabajadores y las trabajadoras. En
definitiva, el desafío es evitar la pérdida paulatina de la fuente principal de su poder:

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

la capacidad de representar a los trabajadores y las trabajadoras ante los patrones y


las patronas, ante el Estado y ante la sociedad en general.
En este punto cabe resaltar el rol primordial de las y los delegados obreros y
las comisiones internas, formas organizativas que surgieron en nuestro país con el
peronismo, respecto de las cuales podemos decir que:
• funcionan como contrapeso de la dependencia de los sindicatos respecto del
Estado en algunas cuestiones, al ejercer desde abajo una presión sobre los y las
dirigentes que compensa las presiones recibidas desde arriba; aspecto que cobra
mayor relevancia cuando gobierna una fuerza contraria a los intereses de los
trabajadores y las trabajadoras;
• son el núcleo de la fortaleza orgánica de los gremios, en tanto permiten una
participación directa de las y los afiliados y la comunicación entre éstos y la
dirigencia;
• representan el mejor ámbito de formación práctica de las y los futuros directivos
del sindicato;
• constituyen el elemento de la organización gremial menos sometido a los
condicionamientos estatales, ya que pueden funcionar aún en la ilegalidad, como
se demostró en épocas de dictaduras;
• ponen un freno a la discrecionalidad patronal en las relaciones del trabajo: su
vinculación orgánica con el sindicato –y a través de éste con todo un sector
productivo– contribuye a neutralizar intentos de condicionamiento o
manipulación de la patronal; esto los distingue de un sindicato por empresa, que
por actuar aisladamente es más débil en este aspecto.
No fue casualidad que la carga más fuerte de la represión contra el
movimiento obrero durante la última dictadura se focalizara en el nivel de los
delegados. Tampoco fue casual que, en ocasión de la sanción de la ley de
asociaciones profesionales en 1988, uno de los aspectos más discutidos por los
empresarios resultó el de los delegados obreros.
En la actualidad existen otras amenazas a la capacidad de representación de
los sindicatos:
• los reacomodamientos de la estructura productiva y del mercado de trabajo ante
la crisis del sistema capitalista;
• la reconversión industrial y la flexibilización del mercado laboral impulsados por
las políticas neoliberales;
• la contracción del aparato productivo y el aumento del desempleo y del trabajo
informal, como consecuencia de lo anterior;
• las nuevas tecnologías y su impacto en las modalidades de trabajo.
Dichas amenazas son, a la vez, un desafío para el movimiento obrero, que
debe encontrar modos de representar a sectores cada vez más numerosos que, pese a
no estar sindicalizados, son también trabajadores y trabajadoras. En este sentido,
resultan auspiciosas las experiencias de articulación entre la CGT y los movimientos
sociales que hemos visto en los últimos tiempos, además de la iniciativa de estos
últimos de conformar la Unión de Trabajadores de la Economía Popular.
Más allá de las críticas y los desafíos, el sindicalismo argentino ha
demostrado una gran capacidad para defender los intereses de los trabajadores y las
trabajadoras en las más diversas coyunturas, muchas extremadamente difíciles,
manteniendo a nuestro país como un ejemplo en materia de derechos laborales.

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

EL PERONISMO Y LAS ORGANIZACIONES SINDICALES

Vanesa Siley

Quienes somos peronistas entendemos que cada una y cada uno debemos ser
parte y contribuir a la organización del pueblo para participar activamente de las
transformaciones que la Patria necesita. El mensaje de La Comunidad Organizada
hoy cobra más vigencia que nunca.
El modelo sindical argentino fue concebido por Perón en los años de su
primera presidencia. Respondió a la necesidad de organizar a las y los trabajadores
en un proceso de creciente industrialización del país, donde florecía el crecimiento
económico año tras año y cada rama veía incrementada su producción. La
participación del sector del trabajo en el ingreso nacional llegó al 50% –el famoso
fifty-fifty– y fue posible gracias a la implementación de exitosas medidas, como el
salario mínimo, el aguinaldo, las vacaciones pagas y la sanción de la ley 14.250 de
convenciones colectivas, que proporcionó a las organizaciones sindicales la
posibilidad de discutir salarios y condiciones de trabajo anualmente, constituyéndose
a lo largo de los años en una herramienta redistributiva. A través de un virtuoso
proceso de traslado de los fondos excedentes del sector agropecuario hacia la
industria a través del IAPI, se fomentó el crecimiento exponencial del país. En este
proceso fue clave la participación de dirigentes sindicales y sus organizaciones para
el diseño y la ejecución de políticas públicas.
Luego del derrocamiento de Juan Perón, el movimiento obrero organizado
pasó por persecuciones, proscripciones, encarcelamientos y desaparición de
militantes y dirigentes. En aquellos largos años de proscripción, el movimiento
sindical supo ser faro por sus luchas en la resistencia, como la toma del frigorífico
Lisandro De la Torre, los sabotajes del sindicato de Luz y Fuerza, el Cordobazo y
otras acciones que generaron las condiciones para el rechazo de la población a los
sucesivos golpes de Estado y a gobiernos democráticos condicionados, durante los
diecisiete años que transcurrieron hasta el regreso del general Perón al suelo
argentino.
Sin dudas, la noche más oscura llegó con la última dictadura cívico militar,
donde la mayor cantidad de detenidos-desaparecidos formaba parte de las
organizaciones sindicales, y cuyos dirigentes fueron quienes encabezaron las
demandas del pueblo, tal como sucedió en la histórica marcha de “Paz, Pan y
Trabajo”, enfrentándose a la dictadura y marcando un rumbo clave para la
recuperación de la vida democrática.
Durante el menemismo, en nombre del peronismo se llevaron adelante
medidas de ajuste, privatizaciones y desindustrialización. El surgimiento del
Movimiento de los Trabajadores Argentinos (MTA) y de la Central de Trabajadores
Argentinos (CTA) permitieron una bocanada de aire fresco al sindicalismo, que
desde esas expresiones se opuso con claridad y contundencia a todas las medidas en
contra de las y los trabajadores que aplicó aquel gobierno. Con la llegada de la
Alianza, el resultado fue por todos conocidos, una de las más grandes crisis de
nuestra historia.

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

Néstor y Cristina
En esos años se recuperaron derechos, el país empezó a prosperar y a salir
adelante. Néstor y Cristina convocaron a la participación y a la refundación de un
país para todas y todos. Algunos y algunas comenzaron su militancia en barrios,
universidades o clubes, y otros y otras desde nuestra identidad de trabajadores y
trabajadoras que se volvía a dignificar, desde nuestras organizaciones sindicales,
siendo parte de lo que fue la construcción de un proyecto colectivo que retomó las
banderas de independencia económica, soberanía política y justicia social.

La militancia activa de las mujeres sindicalistas de


todas las centrales –construyendo una expresión de
unidad del movimiento de trabajadores y
trabajadoras, coordinando con las organizaciones
del movimiento de mujeres y articulando la calle y
el Congreso– fue central para impedir esta reforma
laboral encubierta y lograr una importante unidad
Nos vimos convocadas y convocados, siendo protagonistas y partícipes de las
transformaciones que se gestaban después de años muy dolorosos para nuestro país.
La creación de cinco millones y medio de puestos de trabajo, el restablecimiento de
las paritarias que fueran precedidas de aumentos salariales otorgados por decreto, la
recuperación del aparato productivo, la reestatización de empresas centrales como
AYSA, Aerolíneas Argentinas o YPF, la asignación universal por hijo, la moratoria
previsional, el programa PROGRESAR, permitieron años de crecimiento con
inclusión social. Una vez más, con la plena participación de las y los trabajadores a
través de sus organizaciones sindicales.
Tal como dijo Néstor Kirchner, recordando a Perón en ocasión de su natalicio
en la quinta de San Vicente (2010): “A nosotros nos preocupa que un pueblo siga
teniendo más trabajo, más empleo, más poder adquisitivo, que pueda estudiar, que
pueda tener la Asignación Universal, que se pueda jubilar, que le puedan aumentar
los sueldos, que se pueda sentar con los pibes a la noche el viejo, la vieja, con los
chicos, para soñar con una Argentina diferente y cada día mejor. En esa Argentina
donde el pibe le vuelva a preguntar al papá o a la mamá cómo te fue en el trabajo, y
el papá o la mamá le pregunte al pibe: cómo te fue, querido, en la escuela”.

Macrismo
En los cuatro años de macrismo vimos la destrucción del poder adquisitivo,
del trabajo y de la producción argentina. Los tarifazos, los despidos masivos, el
endeudamiento externo más grande de nuestra historia y la persecución a opositores,
fueron una constante. En esos años fuimos encontrándonos en las calles, resistiendo
el ajuste, y en 2017, con Cristina a la cabeza, conformamos Unidad Ciudadana en
representación de todos aquellos sectores perjudicados por Cambiemos. Propuesta
política que fuera fundamental para nuestro Frente de Todos y para la construcción
del 2019 y la vuelta de un gobierno popular con Alberto y Cristina.
El movimiento de mujeres fue clave para frenar iniciativas, como aquel
tristemente recordado proyecto de ley de “Equidad de Género e igualdad de
oportunidades en el trabajo” que presentó Macri a principios de 2018: una reforma

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

laboral encubierta, con el objetivo de intervenir sindicatos ante el incumplimiento de


alguna de sus cláusulas.
La militancia activa de las mujeres sindicalistas de todas las centrales –
construyendo una expresión de unidad del movimiento de trabajadores y
trabajadoras, coordinando con las organizaciones del movimiento de mujeres y
articulando la calle y el Congreso– fue central para impedir esta reforma laboral
encubierta y lograr una importante unidad, anticipando lo que luego sería la
comunión del campo popular para poner freno a las políticas de ajuste y construir
una propuesta que devolviera la esperanza al pueblo.

Última reflexión y desafío actual


Las organizaciones sindicales aseguran la participación de trabajadores y
trabajadoras en sus ámbitos y su representación a través de órganos fundamentales,
como son las comisiones internas, instancias de las que también emergen los nuevos
cuadros sindicales, secretarios y secretarias generales de seccionales y delegados y
delegadas de base que fortalecen la vida democrática y la participación sindical.
Aquí se encuentran también las discusiones y los nuevos debates de los movimientos
de mujeres y diversidades que permearon en la sociedad en general y en las
organizaciones del pueblo en particular, y el sindicalismo no es la excepción.

Es importante que nuestras organizaciones


sindicales y nuestro movimiento obrero se inscriban
en su larga tradición de pensar el modelo de país,
siendo parte integrante y fundamental en las
políticas de gobierno, en el diálogo tripartito y en el
acompañamiento a nuestro pueblo y
al presidente Alberto Fernández
Este tiempo que viene, y a 90 años de existencia de nuestra histórica
Confederación General del Trabajo, es importante que nuestras organizaciones
sindicales y nuestro movimiento obrero se inscriban en su larga tradición de pensar
el modelo de país, siendo parte integrante y fundamental en las políticas de
gobierno, en el diálogo tripartito y en el acompañamiento a nuestro pueblo y al
presidente Alberto Fernández. Acompañamiento que implica la incorporación de
nuevas demandas y luchas, la igualdad de género y de oportunidades en los sectores
de trabajo –y en su reflejo, que son las estructuras orgánicas–; una mayor
participación de las trabajadoras y trabajadores en el ingreso nacional; y el abordaje
de los debates acerca del futuro del trabajo. Siempre poniendo en el centro a la
persona humana, como marca el Papa Francisco, una garantía que, hemos visto, solo
existe cuando conduce los destinos de nuestra Patria un gobierno popular.

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

EL MOVIMIENTO OBRERO Y LA LÓGICA


DE LOS SINDICATOS

Carlos “Pancho” Gaitán

Hace 90 años, el 27 de septiembre de 1930, se constituía la CGT:


Confederación General del Trabajo de la República Argentina.
Es sabido que, a partir de la inmigración de trabajadores europeos alrededor
de 1870 y “en forma arrolladora a partir de 1900, un nuevo actor social comenzó a
buscar su lugar en la sociedad y en la historia argentina. En ese período, al compás
del desarrollo de la industria, la reorientación de la actividad agropecuaria hacia la
exportación y la ubicación del país en el nuevo mercado mundial irrumpe una nueva
conformación de la clase trabajadora, cuando millones de inmigrantes –provenientes
en especial de las zonas meridionales de Europa– se amalgaman con los criollos y
los indígenas y comienzan a transitar el camino de creación de una nueva identidad
social” (Gutiérrez, La clase trabajadora nacional, 2014). Eran italianos, españoles,
alemanes, franceses, que venían en busca de trabajo, escapando de las penurias de
Europa, y muchos llegaban perseguidos por su militancia sindical. Crearon
sindicatos por gremios o de oficios: por nacionalidades y regiones, como los
gallegos. O por orientación ideológica: anarquistas, socialistas, o sindicalistas y, a
partir de la Revolución Rusa, comunistas.
Los trabajadores linotipistas en 1876 crean la “Unión Tipográfica”, primer
sindicato que daría origen a los trabajadores gráficos y de imprentas. Los
conductores de máquinas de ferrocarril crearían la “Fraternidad Ferroviaria”, a partir
de 1878. Esa denominación expresaba el sentido de la preocupación originaria de los
trabajadores inmigrantes, que era conformar organizaciones fraternales de socorros
mutuos que permitieran acoger y ayudar solidariamente a “sus paisanos” que
vinieron a poblar los conventillos de La Boca en la Ciudad de Buenos Aires, o a dar
mano de obra y poblar el campo argentino.
La lucha de los trabajadores organizados tuvo un alto costo, pagado con
represión y muertes. “El 1 de mayo de 1909 el sindicalismo anarquista declara una
huelga y el acto de Plaza Lorea es duramente reprimido, matando a 11
trabajadores… El coronel Ramón Falcón, jefe de la Policía que ordenó la represión,
será asesinado por Simón Radowitzky. En enero de 1919, metalúrgicos declaran una
huelga en los Talleres Vasena y son asesinados 700 trabajadores. En 1921, en la
semana trágica de la Patagonia, son fusilados 1.500 trabajadores rurales” de las
estancias.
Las trabajadoras y los trabajadores, fraccionados y a veces enfrentados en
cinco corrientes sindicales, comprendieron que divididos perderían siempre y en
1930 lograron crear una instancia superadora. El 27 de septiembre, en un Congreso,
fundaron la Confederación General del Trabajo que dio cabida a todas las corrientes.
Solo una fracción anarquista, de las dos institucionalizadas hasta ese momento,
quedó al margen por propia decisión, acusando a sus contrincantes de “reformistas y
negociadores”.
Se comprenderá naturalmente que el logro unitario no fue nada fácil, porque
las diferencias provenían de fuertes definiciones teóricas y de prácticas distintas,
entre combativas y negociadoras, dos tendencias que siempre han existido en el seno
del movimiento de trabajadores y trabajadoras. Además, las lógicas aspiraciones de

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

conducir exigían ceder en beneficio de otros, para ocupar los lugares orgánicos
establecidos. Hubo gestos de grandeza y desprendimiento, no siempre fáciles de
practicar. ¿Será que se trata de algo que se dio solo en el siglo pasado, o queda en las
y los dirigentes de hoy capacidad de grandeza en aras del conjunto y de objetivos
superiores?
A partir del comienzo del siglo XX ya había legislación laboral importante
que en realidad no se aplicaba, más bien regía la Ley de Residencia de 1902 que
permitía expulsar a los extranjeros “indeseables”, por lo que los sindicatos eran
estructuras “de hecho”, consideradas ilegales o subversivas. Como se sabe, con la
aparición del coronel Juan Perón en la escena nacional, se creó la Secretaría de
Trabajo y Previsión y eso cambió la historia, porque una de las medidas de fondo
fue la de decretar que “el Sindicato era una organización de bien público y en
consecuencia destinataria de la protección del Estado”. Después de establecerse “el
Estatuto del Peón”, que impuso que los trabajadores y las trabajadoras rurales tenían
similares derechos a los demás, terminando así con una práctica esclavista, había
miembros de la oligarquía que decían que “lo más grave de esta medida es que los
trabajadores han comenzado a mirarnos a los ojos”. La migración interna de miles
de mujeres y hombres de la Argentina profunda y de nuestros hermanos de países
vecinos, modificó la composición de la clase trabajadora nacional y los viejos
obreros “rubios” provenientes de la vieja Europa pasaron a ser minoría. Por eso los
elementos patronales calificaban a los nuevos obreros industriales como “negros,
negras o cabecitas negras”, en forma despectiva.
¿Son hoy los millones de trabajadores y trabajadoras de la economía popular,
emprendedores, changuistas y desempleados, esa nueva migración que amerita
nuevamente la presencia de la lucidez de aquella Secretaría de Trabajo y Previsión,
y de un nuevo 17 de octubre que la implante como actor social? En todo caso, para
ello hace falta una estructura unitaria que contenga y posibilite la participación
orgánica con la que, como aquella CGT, oriente la capacidad de realización de una
clase trabajadora que ya ha demostrado su capacidad de creatividad y de trabajo.
A aquella CGT no le faltaron contradicciones y problemas, pero generaron un
modelo de organización sindical que sigue vigente, a pesar de los retrocesos y los
golpes que sufre, ya que desde 1955 se la trata de destruir. Contradicciones vigentes
que comúnmente se expresaron entre combativos y negociadores. Uno de los
momentos más tensos de esa historia fue cuando, en la dictadura del general Juan
Carlos Onganía, la CGT se dividió en el Congreso Normalizador de marzo de 1968
y la fracción ganadora –nadie se retira de un congreso si cree que gana– denominó a
su sector “CGT de los Argentinos”. El sector en disidencia se había apropiado de la
sede central y fue conocida como “CGT Azopardo”. Estaba constituida por
importantes organizaciones con una dirigencia pragmática y negociadora, con
algunos dirigentes cuestionados en sus posiciones políticas, así como éstos, a su vez,
cuestionaban políticamente a los dirigentes de la CGT de los Argentinos. El paso del
tiempo y la orientación del general Perón desde el exilio facilitó la reconstrucción de
la unidad orgánica. En el período del onganiato comenzó la represión ilegal,
continuada por el general Lanusse. Sectores subversivos consideraron que “a la
conducción burocrática y negociadora había que eliminarla”. De esta forma, y
pasando por encima de los trabajadores y las trabajadoras, se arrogaron el designio
de “justicia”, asesinando dirigentes sindicales.
En 1991 se produce una nueva y a mi entender más importante escisión, con
la creación de la Central de Trabajadores Argentinos (CTA). Digo más importante,

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

porque hasta ese momento las contradicciones se expresaban siempre como


fracciones de la CGT que se disputaban liderazgos y representaciones. Ahora fue un
hecho institucional y jurídico diferente, ya que dio lugar a otra alternativa en la que
la disputa política e ideológica era más clara y diferenciada. A casi 30 años de esta
experiencia, ¿podemos hacer un balance de prácticas diferenciadas que superen las
subjetividades y los personalismos? ¿Podríamos creer en conductas diferentes, entre
“buenos” y “malos”? La subdivisión en tres fracciones y las disputas legales por
ejercer la conducción con acusaciones similares a las que se estilan contra “los
burócratas” de las grandes organizaciones, ¿no parecieran ser parte de prácticas
similares? Lamentablemente, la corrupción ha calado en profundidad en todos los
sectores, tanto la que existe comprobadamente, como la que solo es producto de
falsas sospechas o denuncias que a veces responden a otros objetivos, y no son
patrimonio exclusivo del sindicalismo. Lamentablemente, no hay sector social,
profesional, empresarial o religioso, civil, político, militar o de las fuerzas del orden
o de la justicia que escape a denuncias serias de corrupción. Por veraces que sean,
¿eso involucra a todos los integrantes de esas fracciones sociales de la comunidad?
No, son solo la lacra, los mínimos, y a nadie se le ocurriría pedir que se elimine a los
médicos y las médicas porque entre ellos y ellas haya algún o alguna delincuente.
No es verdad que, porque haya alguna o algún sindicalista corrupto, o incluso
individuos que exprofeso han asumido esa actividad para delinquir, pueda decirse
que todas y todos los sindicalistas son corruptos. Hay miles de sindicalistas en
nuestro país –millones en el mundo– que son honestos trabajadores y trabajadoras
que laboran en sus lugares de trabajo y que además defienden los derechos del
conjunto de los trabajadores y las trabajadoras. Cientos de ellos deben hacerlo desde
tareas oficinescas, burocráticas, cumpliendo obligaciones cotidianas referidas a sus
tareas, muchas veces con responsabilidad legal.

El tema de la unidad, consigna mundial del


sindicalismo, es un problema político de los
trabajadores y las trabajadoras, y en consecuencia
hay que abordarlo de esa manera
Sí es verdad, en cambio, que hay una política generada en los grandes centros
de decisión que pretenden, en el marco del modelo neoliberal, eliminar al sindicato
como contraparte social, y una manera sencilla es denunciarlo como “corrupto”,
utilizando algún caso concreto y generalizándolo, difamando e impactando al
conjunto de la población. Otros, por cuestiones ideológicas o partidarias, denuestan
a dirigentes solo por sus convicciones. En el caso de nuestra experiencia nacional,
donde desde hace muchos años la mayoría de las y los dirigentes de las
organizaciones se definen como “peronistas”, esto es una verdad a medias. Aunque
hay en la CGT una notoria mayoría así identificados, no es menos cierto que junto a
esa mayoría ha habido dirigentes radicales, comunistas, cristianos y anarquistas. Es
verdad también que alguno se “mimetizó”, supongo que para no ser el diferente.
Trotskista, en mi experiencia, recuerdo solo uno, miembro del Comité Central
Confederal en el año 1968. Debemos reconocer que aquellos dirigentes con
frecuencia debatían fogosamente, en base a sus posiciones y creencias y tomado los
acuerdos por mayoría, y luego se las “bancaban”, defendiendo las resoluciones,
incluso las políticas partidarias, porque eran conscientes de que el valor de las

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

medidas y el logro de los objetivos perseguidos estaba en presentar la fuerza de la


unidad como lo fundamental.
Como dicen “los muchachos”: “en el sindicalismo nadie orina agua bendita”.
Es así, ni los burócratas ni los combativos, ni en la izquierda. Todos negocian y eso
no está mal, ni es sinónimo de claudicación, porque el sindicalismo, cuya
responsabilidad fundamental es ‘reivindicar y defender los derechos adquiridos y
luchar por nuevas conquistas’, sabe que estas se logran siempre, con lucha, en la
mesa de la negociación y el acuerdo. El problema está en no equivocarse –que puede
ocurrir– a la hora de firmar los acuerdos. Dirigente que lo hace, a espaldas de sus
representados y representadas, o por fines inconfesables, escapa a la ética y se
inscribe en otro rubro.

Hay en el mundo, y particularmente en América


Latina desde que comenzara el “huracán”
neoliberal, más centrales de trabajadores y
trabajadoras, y menos afiliados y afiliadas
El tema de la unidad, consigna mundial del sindicalismo, es un problema
político de los trabajadores y las trabajadoras, y en consecuencia hay que abordarlo
de esa manera. ¿Alguien cree que es cosa fácil? No, es muy difícil. Cuando los
dirigentes de 1930 lograron la unidad, ¿fue fácil? No. Era tan difícil como hoy. Y
hubo quienes tuvieron que rescindir aspiraciones en favor de la mayor
representatividad y en aras de la unidad, con una generosidad y grandeza que solo
aquellos y aquellas que son capaces de defender los intereses del conjunto y los
grandes objetivos del Movimiento de Trabajadores, por sobre los lógicos y
comprensibles intereses personales o de grupo, pueden demostrar.
Es responsabilidad de las y los dirigentes resolver los problemas de hoy. Hay
en el mundo, y particularmente en América Latina desde que comenzara el
“huracán” neoliberal, más centrales de trabajadores y trabajadoras, y menos afiliados
y afiliadas. Brasil tiene 11 centrales y padecen un ahogo financiero y pérdida de
derechos que pone en discusión la existencia de algunas. La CGT argentina debe
resolver su problema financiero, por el aporte de los trabajadores y las trabajadoras,
con un mínimo 0,5% o 1% de los aumentos conseguidos por lucha de las y los
trabajadores expresados en contratos colectivos de trabajo que deben ser para la
Central que, además de financiar sus gastos con la cuota que pagan sus
organizaciones afiliadas, debe montar sus propios medios de comunicación y
encargarse de la tarea de formación y capacitación de sus cuadros, de tal forma que
pueda volver a forjar su unidad de concepción. Pero para ello es vital trabajar por la
integración del conjunto y el total de las organizaciones de trabajadores y
trabajadoras, en el marco de la realidad socioeconómica y tecnológica de hoy, y el
sindicalismo debe darse, fundamentalmente, una política para el cien por ciento de
los trabajadores, con empleo formal o informal, e incluso con los trabajadores y las
trabajadoras de la economía popular y de los desempleados. Ese es el desafío:
construir el Movimiento de los Trabajadores y las Trabajadoras y posibilitar que los
“nuevos cabecitas negras”, como en el 17 de octubre de 1945, se incorporen al
conjunto de trabajadoras y trabajadores organizados y produzcan un nuevo
protagonismo en la lucha nacional, popular y de unidad e integración
latinoamericana.

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

SINDICATOS Y JUSTICIA SOCIAL: IMPORTANCIA DEL ROL


DEL SINDICALISMO A FAVOR DEL BIEN COMÚN Y EN LA
LUCHA CONTRA LA DESIGUALDAD SOCIAL

Damián Descalzo

En Fratelli tutti, el Papa Francisco ha vuelto a destacar que el gran tema


político es el trabajo. La Iglesia Católica se ha referido, en decenas de textos, al
papel fundamental que cumplen los sindicatos para el buen desarrollo de la
comunidad. Entre tantos, podemos mencionar, la Carta Apostólica Octogesima
adveniens –la denominación hace alusión a que fue publicada en ocasión del 80°
aniversario de la Encíclica Rerum novarum, publicada en 1891– dada por Paulo VI
en 1971, que resume la doctrina social cristiana sobre la relevancia de la función de
la actividad gremial. En el citado documento se mencionan tres aspectos de ese rol:
a) la representación de los trabajadores y las trabajadoras; b) la colaboración en el
progreso económico de la sociedad; c) sus responsabilidades para la realización del
bien común. Así, podemos coincidir y afirmar que los sindicatos son las
organizaciones que representan a los trabajadores y las trabajadoras y colaboran con
el desarrollo social y con el bienestar general.
La palabra sindicato deriva del vocablo griego syndikos, y éste, a su vez,
procede de la unión del prefijo syn –que significa “con” o “junto”– con la palabra
dikein –que equivale a “hacer justicia”. La etimología enseña que el sindicato es una
manera de hacer justicia todos juntos. El Papa Francisco lo ha recordado en más de
una oportunidad. Desde la antigüedad, el término díke hace referencia a una
concepción legal que expresa un tipo de justicia –impersonal– retributiva o
compensatoria por transgresión, que ya se manifestaba dentro del marco de
nacimiento de la pólis, cuya obligación se aplicaba por igual a todos, tanto para los
nobles como para los hombres del pueblo. A su vez, díke proviene del lenguaje
procesal –puede ser identificado con los verbos pagar, dar, tomar o decir– que
equivale a dar a cada cual lo debido. En la medida que constituye una justicia
retributiva y distributiva, la díke alude tanto al proceso como al juicio y el
cumplimiento de la pena. Por último, el concepto de díke encierra, desde sus
orígenes, una acepción más amplia que la emparenta con la noción de igualdad
(Soares, 1999).
La reducción de la desigualdad constituye uno de los objetivos político-
económicos más importantes del siglo XXI. La falta de justicia social produce
consecuencias negativas en términos económicos y de cohesión social. Los
mecanismos para aminorar la desigualdad social forman parte de la agenda de
importantes organismos internacionales, Estados e investigadores. Se ha erigido
como uno de los pilares estratégicos de la Organización de las Naciones Unidas,
siendo el número 10 de los Objetivos de Desarrollo Sostenible publicados en el año
2015. A través de este documento, diversos Estados se han comprometido a mitigar
este flagelo.
El sindicalismo cumple un rol fundamental para contrarrestar los efectos
nocivos que la desigualdad genera. La existencia de un sindicalismo fuerte es una de
las condiciones principales que favorecen a su reducción y propician sociedades más
integradas.

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

En las últimas décadas numerosos investigadores se han ocupado de analizar


los efectos de la concentración del ingreso. Desde el punto de vista económico, se
postula que los marcados niveles de desigualdad perjudican el desarrollo y erosionan
el crecimiento económico de largo plazo, como indicó un informe de la
Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos publicado en 2015.
En los ciclos económicos de elevada desigualdad se incrementa la volatilidad del
PBI (CEPAL, 2010), lo cual, generalmente, desacelera el crecimiento (Martin y
Rogers, 1997). Por su parte, el Banco Mundial sostiene que los altos niveles de
concentración de ingresos no sólo generan pobreza, sino que también disminuyen la
efectividad de los programas de desarrollo tendientes a reducirla (De Ferranti y
otros, 2003), debido a que transforman en inelástica la relación entre crecimiento
económico y reducción de la pobreza (CEPAL, 2010). Joseph Stiglitz (2012)
manifiesta que una distribución desigual de los ingresos produce consecuencias
negativas en la demanda agregada, ya que favorece la concentración de recursos en
grupos cuyas propensiones marginales a consumir son habitualmente más bajas que
las de sectores de menor poder adquisitivo, quienes se verían favorecidos con una
distribución más equitativa de la riqueza.
La República Argentina pertenece a la región que presenta los niveles de
inequidad más elevados del mundo (CEPAL, 2015). A pesar de ello, los resultados
de los primeros años del presente siglo en América Latina habían sido alentadores.
Entre los principales factores explicativos de esa situación aparecen la mejora en el
contexto económico internacional –a partir del boom de los precios de los
commodities–, la aceleración del crecimiento económico y la creación de empleo, la
disminución de la desigualdad en el acceso a la educación y el surgimiento de un
nuevo modelo político a nivel regional, que se expresó –principalmente– en la
elección de gobiernos que pusieron mayor énfasis en lo social (Cornia, 2014).
La cuestión sindical emerge en este análisis a partir de la identificación de un
cambio en las tendencias político-económicas de América Latina entre la década de
1990 y la de 2002-2012, con profundas consecuencias en los ámbitos sindical y
laboral. El período 1990-2000 se caracterizó por una serie de reformas político-
económicas de corte neoliberal, enmarcadas en el denominado Consenso de
Washington. Se favoreció la austeridad fiscal, las privatizaciones, la apertura
económica, la liberalización de los mercados y la reducción del poder de los actores
estatales para regular los asuntos económicos (Stiglitz, 2003). Los sindicatos se
vieron seriamente afectados por este contexto, resintiéndose fuertemente su
capacidad de acción e influencia. Durante los años 90 prevaleció un enfoque que
sustituyó regulaciones laborales basadas en instituciones, como la negociación
colectiva o los salarios mínimos, por otras que asignaban al mercado el rol de
principal agente regulador de las relaciones laborales (Weller, 2009). Este período se
caracterizó por un descenso en la tasa de afiliación sindical, una erosión en los
derechos de los trabajadores y las trabajadoras, y el desplazamiento de los sindicatos
de la arena política (CEPAL, 2004). La década de los noventa significó para los
sindicatos un duro golpe en su capacidad de organización, movilización e incidencia
social. Este fenómeno se produjo en toda la región, pero fue particularmente
evidente en la Argentina, donde la tradición de un sindicalismo poderoso y con
amplio nivel de participación política era más notoria. Siendo los sindicatos
organizaciones que abogan por la defensa de los derechos de los trabajadores y las
trabajadoras, resulta coherente que este proceso de debilitamiento sindical haya
tenido un correlato en el mundo del empleo. Se llevó adelante un proceso de

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

desestructuración del mercado laboral que se tradujo en incrementos de la


desocupación –incluso con despidos en el sector público–, flexibilización laboral y
fragmentación de la clase obrera (Senén González, 2014). En su Informe Social para
América Latina 1990-1999 la CEPAL señaló que: “Hubo en la década diversos
cambios en las condiciones laborales, muchos de ellos perjudiciales para los
trabajadores, como la falta de contrato; la proliferación de los empleos temporales o
de tiempo parcial; la carencia de seguridad social; la ampliación de las causales de
término de contrato; la reducción de las indemnizaciones por despido; y las
limitaciones impuestas al derecho de huelga” (CEPAL, 2004: 24). Estas
consecuencias del debilitamiento sindical retroalimentaron el proceso,
profundizando aún más la pérdida de influencia de los sindicatos en la región. Aldo
Ferrer (2014: 73), colocó al debilitamiento de la “capacidad negociadora de los
sindicatos” como uno de los problemas más grandes de la globalización
contemporánea.

La negociación colectiva es el mecanismo central


para comprender la relación entre sindicatos y
reducción de la desigualdad de ingresos laborales
Sin embargo, el inicio del presente siglo trajo aparejadas transformaciones
significativas. En el período 2002-2012 se evidenció el agotamiento de las
directrices derivadas del Consenso de Washington y del neoliberalismo en la región
(Leites, 2012), lo cual constituyó un cambio político central, dando lugar a un debate
más amplio sobre el rol de las instituciones laborales y las políticas sociales. Esta
nueva tendencia tuvo su correlato en términos electorales. Diferentes movimientos
políticos de extracción popular y contrarios a posturas neoliberales en América
Latina obtuvieron triunfos electorales y quedó la mayoría de la población gobernada
por presidentes de este signo político. Sin perjuicio de lo indicado, no ha sido
unánime esta manifestación y se ha aseverado que el cambio de alineación política
no fue una causa necesaria en la reducción de la desigualdad, dado que se
verificaron disminuciones ante gobiernos de distintas orientaciones.
Respecto a los sindicatos, la década mostró signos disímiles a los del período
precedente. En países como Argentina o México, Brasil y Uruguay se verificó un
importante resurgimiento del actor sindical (Barattini, 2013). Tanto que dio lugar,
incluso, a un nuevo concepto, el de “revitalización sindical” (Senén González,
2014). Este fortalecimiento se evidenció en mejoras en la negociación colectiva, las
disposiciones legales a favor de los trabajadores y las trabajadoras, los salarios
mínimos y las restricciones a los contratos a término (Weller, 2009).
Existe evidencia empírica para considerar que los sindicatos desempeñan un
rol importante en la reducción de la desigualdad. Se ha encontrado una correlación
negativa entre sindicalización y desigualdad de ingresos. Esto implica que las dos
variables se correlacionan en sentido inverso: un mayor nivel de sindicalización
reduce la desigualdad de los ingresos (Pontusson, 2013; y Visser, 2006). Esto podría
explicarse porque las organizaciones sindicales conciben a la reducción de la
desigualdad como un objetivo fundamental de su razón de ser, lo cual responde a su
propia construcción histórica e ideológica (Boeri y Van Ours, 2008). Debe
considerarse que en América Latina el 80% de los ingresos de los hogares provienen
de actividades laborales (Weller, 2012). Por ende, una distribución más equitativa de

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

los ingresos laborales contribuiría de manera significativa a la reducción de la


desigualdad de ingresos.
La negociación colectiva es el mecanismo central para comprender la
relación entre sindicatos y reducción de la desigualdad de ingresos laborales.
Sindicatos y empleadores negocian condiciones de empleo y definen normas que
regirán sus relaciones recíprocas –el salario constituye una de esas condiciones– y a
través de la negociación colectiva los sindicatos fortalecen los ingresos de
trabajadores y trabajadoras en posiciones más vulnerables.

La existencia de un sindicalismo fuerte es una de las


condiciones más relevantes que pueden favorecer a
la reducción de la desigualdad
Resumiendo, los sindicatos son un elemento fundamental en la tarea de evitar
o apaciguar las desigualdades sociales que tanto afectan a la Argentina, a la región
latinoamericana y al mundo. En el caso particular de nuestro país, el llamado
Modelo Sindical Argentino ha producido sindicatos fuertes y con gran poder de
negociación, gracias a su sistema de unidad promocionada, que otorga facultad
exclusiva en la negociación colectiva al sindicato más representativo de cada rubro,
rama, profesión u oficio.
La existencia de un sindicalismo fuerte es una de las condiciones más
relevantes que pueden favorecer a la reducción de la desigualdad. Una sociedad con
mejores condiciones laborales y con mejor distribución del ingreso es más
equilibrada y más homogénea. En ese sentido –y sin pretender reducir todo a esta
cuestión– vale remarcar que las tasas más altas de afiliación sindical se verifican en
los países escandinavos. En sentido contrario, en los países del África subsahariana
casi no hay actividad gremial.
Comenzamos estas líneas mencionando al Papa Francisco, y con otra de sus
enseñanzas las finalizaremos. Para la concepción de la Doctrina Social de la Iglesia,
los sindicatos no deben representar aspectos sectoriales meramente, sino que con su
acción deben contribuir al bien común. El actual Papa ha aconsejado a los gremios
que se cuiden de la tentación del “individualismo colectivista” que consiste en
“proteger sólo los intereses de sus representados, ignorando al resto de los pobres,
marginados y excluidos del sistema”. A tal fin, el sindicalismo argentino –imbuido
de los principios socialcristianos desde mediados de los años 40, gracias a la prédica
de Juan Perón– está actuando mancomunadamente con los llamados movimientos
sociales y los de la denominada economía popular, como se verifica actualmente con
el lanzamiento en conjunto del Plan de Desarrollo Humano Integral. Celebramos que
se continúe profundizando este sendero. Argentina tiene una larga y profunda
tradición sindical que debe seguir siendo honrada. En nuestro país la fortaleza
sindical ha coincido, a lo largo de la historia, con las mejoras en los índices
socioeconómicos: cuanto mayor la actividad sindical, mayores niveles de justicia
social. En definitiva, los sindicatos otorgan inmensos aportes a la construcción de
una Patria más justa.

Bibliografía
Barattini M (2013): “La vitalización sindical en el período de la convertibilidad”. En
Trabajo y sociedad, 20. Universidad Nacional de Santiago del Estero.

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

Boeri T y J Van Ours (2008): The Economics of Imperfect Labor Markets. Princeton
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Cornia G (2014): Falling inequality in Latin America. Policy Changes and Lessons.
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Papa Francisco (2020): Fratelli tutti.
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multisectorial. ¿Nuevas prácticas o renovación de las viejas?”. Trabajo, 2.
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Stiglitz J (2012): El precio de la desigualdad. Madrid, Taurus.
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Proyectos, 306. Santiago de Chile, CEPAL.
Weller J (2012): “Crecimiento, empleo y distribución de ingresos en América
Latina”. Macroeconomía del desarrollo, 122. Santiago de Chile, CEPAL.

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

EL SINDICATO DE AMAS DE CASA


CONSTRUYE PARTICIPACIÓN DEMOCRÁTICA,
CONSTRUYE IDENTIDAD COLECTIVA

Pimpi Colombo

Para algunas personas, la sola idea de que haya un sindicato que nuclea a las
amas de casa, es decir, a quienes trabajamos sin sueldo en nuestro propio hogar, les
resulta una idea tan extraña como comer milanesas con dulce de leche. Sin embargo,
37 años hace que un 12 de marzo, cuando todavía la democracia no había regresado
aunque se encaminaba, un puñado de mujeres, militantes políticas tucumanas, nos
poníamos en marcha, retomando lo que fuera un sueño de Eva Perón: que las
mujeres tuviéramos un reconocimiento económico por convertir cada casa en un
hogar.
Parece un milagro haber logrado reunir dos conceptos tan diferentes: ama de
casa remite a trabajo solitario, a esfuerzo no considerado ni retribuido, a mundo
privado; sindicato lleva a pensar en trabajo en conjunto, en salario, en participación
colectiva. El SACRA juntó esos dos conceptos y construyó la identidad colectiva de
las amas de casa como trabajadoras.
Ahí nos encontramos todas, incluso más allá de que tengamos o no otro
trabajo. Porque todas las mujeres en general nos ocupamos de cuidar, de atender a
nuestra familia.
¿Por qué se nos ocurrió que fuera un sindicato? ¿Por qué no una liga, una
fundación, un centro social? Porque desde el día uno en que empezamos a trabajar,
nuestro objetivo fue lograr que el trabajo de las amas de casa fuera reconocido y,
como tal, remunerado. Queríamos, queremos y luchamos para que el trabajo
doméstico que hace cada mujer en su casa tenga derecho a salario, jubilación,
sindicato y obra social, como el resto de los demás trabajadores y trabajadoras.
Porque, como decía Evita, a las mujeres, al igual que las familias, los pueblos y las
naciones, si no son económicamente independientes, nadie les reconoce derechos.
Porque sólo la falta de autonomía económica de las mujeres explica que persista en
nuestras sociedades la discriminación hacia ellas. Porque ya hace muchas décadas
que el modelo del varón que provee dinero al hogar en exclusividad se terminó: ya
pasamos la etapa en que trabajar fuera de la casa se discutiera como un derecho.
Llegamos hace treinta años a la situación en que lograr un trabajo remunerado dejó
de ser opcional para millones de mujeres, para convertirse en ineludible necesidad
económica de las familias. Por no hablar de las familias que sólo tienen una adulta a
cargo.
Preguntarán ustedes por qué cuento todo esto, si querían que escribiera sobre
sindicalismo y democracia. Bien, les voy a decir: Argentina tiene un modelo sindical
muy potente. En Argentina pasaron Perón y Evita, y los sindicatos fueron
fortaleciéndose como interlocutores en la defensa de los derechos de los trabajadores
y las trabajadoras. Se organizaron por rama de producción y resistieron firmemente
todas las embestidas –de derecha o de izquierda– para que se fraccionaran. Los
sindicatos también se consolidaron con un sistema solidario de cuidado de la salud a
través de las obras sociales, y se constituyeron en la columna vertebral del
movimiento nacional. En nuestro país los derechos de los trabajadores y las

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

trabajadoras son sostenidos porque el sindicalismo peronista tiene un ADN


fundamental: se construye en el marco de la comunidad organizada, compatibiliza
las necesidades sectoriales con el proyecto de nación.
Y las amas de casa, desde nuestra familia, desde nuestro hogar, construimos
comunidad. A nadie sorprende que en los momentos críticos estén las mujeres dando
la cara, enfrentando las situaciones, por más difíciles que sean. Ocurrió cuando
dieron vueltas en la Plaza de Mayo con su pañuelo blanco para recuperar a sus hijos
y a sus nietos; ocurrió cuando el neoliberalismo arrasó con los productores rurales y
salieron a defender que no les remataran sus tierras; y ocurre todo el tiempo con las
madres del dolor que se fortalecen mutuamente frente a la indiferencia, la brutalidad
y el flagelo de las drogas y la trata de personas; las encontramos en la movilización
al grito de ‘ni una menos’ para enfrentar la violencia que sólo encuentra su causa en
la discriminación de género; las encontramos nuevamente en la reaparición de
comedores, merenderos y ollas populares; y las encontramos cada día, en cada
hogar, dando la batalla para superar las dificultades y las crisis.
Por todas esas razones es importante el rol que ha cumplido el SACRA en esa
construcción de identidad colectiva, como es indispensable defender nuestro modelo
sindical para que no nos debiliten, para que podamos renacer cada vez de las
cenizas. Hablo del SACRA porque es mi organización, pero son todos los sindicatos
los que le dan cobertura, protección y su propio lugar a todas las trabajadoras y a
todos los trabajadores en nuestro país.
Democracia, verdaderamente democracia, sólo puede haber si hay derechos,
si hay justicia social, si hay comunidad organizada, y eso es lo que construyen los
sindicatos.

Pimpi Colombo es secretaria general del Sindicato de Amas de Casa de la


República Argentina.

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

MUJERES SINDICALISTAS, UNA HISTORIA


DE LUCHA QUE CONTINÚA

Valeria Ayala

“Mi mamá juntaba a las mujeres en una bañadera, como se les decía en aquel
tiempo a los colectivos, y lo íbamos a ver al General. Era la única mujer sindicalista
en ese momento, porque tenía una oratoria muy especial, que le venía de mi abuelo,
que era un hombre que había venido de Italia porque lo corrió Mussolini”, cuenta
Dora, hija de María Bernabitti de Roldán, la primera mujer delegada sindical de
Latinoamérica.
¿Quién dijo que el sindicalismo era una cuestión de hombres? El movimiento
obrero tiene y ha tenido mujeres valiosísimas en su haber. Por ejemplo, una de las
grandes impulsoras del 17 de octubre fue Doña María, la impulsiva, como la
apodaban por su carácter fuerte y decidido.
El movimiento obrero argentino ha sido protagonista de innumerables
acontecimientos que han marcado su idiosincrasia. Incluso las primeras luchas
obreras y agremiaciones sindicales en nuestro país se remontan a la segunda mitad
del siglo XIX, en tiempos de una Argentina recién constituida como Estado
nacional, con una industrialización temprana y un incipiente proletariado con
conciencia de clase. Preexiste, de tal modo, a los partidos políticos –conservadores,
radicales, socialistas y comunistas– que se crearon años o décadas más tarde. Desde
comienzos de siglo XX, la naturaleza antipopular del orden político y una clase
trabajadora sometida a un duro régimen de explotación en talleres y fábricas,
exponían a la clase obrera a las peores condiciones de vida. La condenaban a un
sistema de poder que ignoró por completo sus demandas y reprimió sus esfuerzos
asociativos. El Estado fue oligárquico, no solo porque restringía derechos, sino
también porque tuvo un sesgo elitista muy profundo y sistemático, que se reflejó en
hostilidad hacia las demandas obreras y populares. La disputa entre capital y trabajo
transcurrió totalmente al margen de la regulación estatal y mostró durante muchos
años un “dejar hacer” que solo se vería alterado cuando esos conflictos alcanzaban
dimensiones que amenazaban con alterar gravemente “el orden público”, o cuando
afectaban al corazón de la política agroexportadora. Se consolidó así una dirigencia
conservadora que defendió sus privilegios y aumentó su poder centralista,
marginando por completo a las clases populares.
El auge que la producción argentina experimentó a partir de la década de
1880 contribuyó a que las asociaciones obreras crecieran en número e importancia y,
a la vez, que acentuaran su retórica y su perfil clasista. A finales del siglo XIX y
primeras décadas del siglo XX se definió una identidad de clase, “la clase
trabajadora”, que pronto sería protagonista de las transformaciones más profundas
de nuestro modelo de país hasta nuestros días. En esa Argentina que empezaba a
forjar su identidad de clase, el italiano Agustín Bernabitti, albañil de profesión con
ideas anarquistas y un fuerte compromiso con los trabajadores y las trabajadoras
conoce a Natalia Souto, una española que venía huyendo del hambre y la pobreza.
Juntos formaron una familia, tuvieron dos hijas, Josefa y María, y empezaron una
nueva vida en un país desconocido. Pudieron salir adelante con el trabajo de Don
Bernabitti como ebanista en el Teatro Colón, nada mal para ese entonces. Pero el
espíritu de lucha que ya traía desde su país natal fue más fuerte. Agustín inculcaba

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

ideas anarquistas a sus compañeros y les hablaba de mejores condiciones laborales.


Aquello le costó una amenaza de muerte que lo obligó a escapar junto a su familia a
la provincia de La Pampa. Allí vivieron una vida rural rigurosa y sacrificada.
Entradas en la adolescencia, Josefa y María ya se mostraban muy distintas, y era
evidente que iban a elegir caminos diferentes. María había sido destinada a algo más
que su hermana Josefa, quien había decidido ser modista. Ella había respirado lucha,
tenía las mismas convicciones que su padre.
Llegando a 16 años de edad, María conoce a Vicente, un hombre mucho
mayor que ella, de 36 años de edad, que había dejado embarazada a una chica de
origen turco con quien había tenido un romance secreto, y la familia lo buscaba para
matarlo. Por eso dejó atrás su trabajo en el frigorífico Armour de Berisso y huyó a
La Pampa, con futuro incierto. Se conocieron y se enamoraron perdidamente. Pese a
la oposición de los Bernabitti, que no avalaban la relación por la diferencia de edad,
se casaron. Juntos comenzaron una vida de nómades, él como cosechero y ella como
cocinera. Tuvieron cuatro hijos, de los cuales uno falleció a temprana edad por una
enfermedad degenerativa. “Mi papá cosechaba y mi mamá, con otras mujeres,
preparaba la comida para todos. Íbamos adonde hubiera trabajo. Por eso mis
hermanos y yo nacimos en pueblos distintos”, cuenta Dora, la hija de María.
Vivían como muchos en esa época, día a día subsistiendo. Era la década
infame. Su madre le contaba que habían decidido dejar el campo e ir a trabajar a los
frigoríficos, después de que cierta noche en un campo de Vedia presenció un
episodio que la aterró y le hizo cambiar el rumbo de su vida. En una chata –esos
carros de cuatro ruedas donde se llevaban las bolsas de trigo– una familia velaba a
su hijo menor, que había muerto de hambre en el camino. Una situación terrible que
la sumió en una profunda tristeza y preocupación. Sabía que, si las cosas seguían
igual, si no mejoraban un poquito económicamente, las consecuencias podían ser
graves. Esa situación fue la gota que rebalsó el vaso. No quería ver a sus hijos morir
de hambre, por eso emprendieron camino y se instalaron en Berisso.
Apenas llegaron, se ubicaron en un conventillo de la emblemática calle
Nueva York. En la casa chorizo con varias habitaciones había un solo baño con una
letrina en el piso para todas las familias. Los Roldán dormían, los cinco, en una sola
pieza con cocina. Sin embargo, los lazos de solidaridad entre los vecinos –en su
mayoría inmigrantes– permitían a María y a Vicente trabajar una cantidad excesiva
de horas y estar tranquilos de que sus hijos no se quedaban solos. “Vivíamos en una
pieza grande de madera, enfrente una cocinita chiquitita y en la punta una pileta
grande donde había que hacer cola para lavar. El baño era a la turca, había que hacer
cola también para ir. La dueña del conventillo nos tenía volando. Me acuerdo de que
una vez toqué una planta, y la mujer me pegó con una varita en la mano y mi mamá
la vio. Mi mamá, que era brava, la encaró y le dio flor de revolcada, parecían dos
perros bulldog. Le pegó una paliza bárbara a la turca”, recuerda Dora. Cuando el
trabajo se cortaba, los echaban del conventillo, porque no podían pagar y tenían que
buscarse otro techo. Para comer se las rebuscaban como podían. Cosechaban fruta
de los árboles de la costa y Vicente pescaba anguilas que –dice Dora– “tienen el
mismo gusto que la merluza, y se metía en el río para pescar sábalos, que cocinaba
con ajo y perejil, envueltos en un papel”. María, ante la situación económica y la
enfermedad de uno de sus hijos, Florentino, no tuvo otra opción que empezar a
trabajar en frigorífico Swift, apenas volvieron de La Pampa. Por su parte, Vicente
volvió a su viejo puesto de depostador en Armour.

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

Los obreros y las obreras trabajaban con contratos por tres meses y después
los despedían. El trabajo en los frigoríficos en aquella época era sacrificado:
laboraban en condiciones infrahumanas, rodeados de humedad, oscuridad, olores
rancios y ácidos. La jornada empezaba a las 6 de la mañana y terminaba a las 8 de la
noche.
En el sector de María trabajaban mil doscientas mujeres, picando carne: “cien
kilos de carne limpia por hora”. Los capataces pasaban constantemente por las
mesas de trabajo para controlar que el pesaje estuviera en los parámetros indicados.
Si habían picado una cantidad menor se convertían en blanco de sanciones, lo que
podía implicar desde una humillación en público hasta un despido. El silencio era
casi sepulcral, no se podía ni charlar y no había tiempo para descansar, ir al baño o
quejarse por alguna molestia. No importaba si alguno se había cortado un dedo,
había que envolverlo en alguna gasa o venda y presentarse a trabajar. Ni siquiera las
mujeres embarazadas tenían un trato diferenciado, parían en pleno frigorífico. Hasta
dicen que en una oportunidad María ofició de partera en la fábrica, cuando una de
sus compañeras rompió bolsa en medio de la jornada.
Vicente la tenía peor: trabajaba en la playa, donde mataban a los animales
que llegaban en trenes y en camiones. Tenía que arrastrar medias reses hasta la
sección donde se hacía la carne picada. Los obreros estaban identificados por
números y se anotaba en un cartel cuántos kilos había cargado cada hombre. Si no
alcanzaban un piso, los suspendían. Ese esfuerzo inhumano le valdría la vida
posteriormente, porque sufriría problemas renales a causa del esfuerzo, que le
provocarían la muerte aún joven. Ganaban una miseria: los hombres 7 centavos por
hora, y las mujeres menos.
Por ese entonces, tras una década realmente infame de corrupción y
privilegios, tres militares con el título de presidente se sucedieron en el mando: los
generales Arturo Rawson –que estuvo al mando del país durante tres días–, Pedro
Pablo Ramírez y Edelmiro Farrell. A fines de 1943, el gobierno militar lanzó el
decreto de creación de la Secretaría de Trabajo y Previsión, que pronto ganó la
imagen de “puertas abiertas”, de la mano del coronel Juan Domingo Perón, quien al
mismo tiempo comenzaba a codearse con el mundo sindical. La Secretaría constaba
de direcciones medulares –Trabajo, Acción Social, Migraciones, Vivienda– lo que
revelaba una intervención estatal que sobrepasaba lo estrictamente vinculado con las
relaciones capital-trabajo, para absorber resortes que permitían articular una política
social más amplia. Tal como el mismo Perón lo explicitaba en su discurso de 1943,
hasta entonces “el Estado se mantenía alejado de la población trabajadora. No
regulaba las actividades sociales, como era su deber. Solo tomaba contacto en forma
aislada, cuando el temor de ver turbado el orden aparente de la calle le obligaba a
descender de la torre de marfil de su abstencionismo suicida. No advertían los
gobernantes que la indiferencia adoptada ante las contiendas sociales facilitaba la
propagación de la rebeldía, porque era precisamente el olvido de los deberes
patronales que, libres de la tutela estatal, sometían a los trabajadores a la única ley
de su conveniencia. (…) Con la creación de la Secretaría de Trabajo y Previsión se
inicia la era de la política social argentina”.
Por primera vez alguien miraba a las clases más oprimidas. Por primera vez
alguien ponía sobre la mesa los verdaderos problemas y traía soluciones. Ese habría
sido el mayor pecado para los sectores conservadores, que no dudaron ni un instante
en correrlo de su cargo y apresarlo. Lo que no se dieron cuenta es que Perón ya tenía
el respaldo del pueblo.

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

En ese mismo año, 1943, Cipriano Reyes junto a otros compañeros y


compañeras formó el Sindicato Autónomo de la Industria de la Carne, el primer
sindicato de Berisso. En esa incipiente Comisión Directiva figuraba una única mujer,
que ya se había ganado la fama de “chiquita, petisa, gordita y de carácter muy
fuerte”, y un apodo que la marcaría para siempre: Doña María, la impulsiva.
El mismo Cipriano la había ido a buscar. “Vengo a visitarla y a hablar con
usted”. María dejó el pesado cuchillo sobre la mesa y le prestó atención a aquel
hombre del que había escuchado hablar en su casa: “Vengo de parte de su esposo, él
ya está de acuerdo. Se corre la bola de que usted pelea mucho con los jefes porque
tiene cualidades... y quería preguntarle si quiere ser la delegada activa de esta
sección”. “Mire, si habló con mi marido y él le dijo que sí, entonces yo también digo
que sí”. Y arrancó su actividad sindical, afiliando compañeras hasta en los baños.
“Si no podés pagar, no pagás, pero afiliate al sindicato. Firmame acá, firmame la
ficha”. Así de brava era la petiza, que se ganó el respeto no solo entre sus pares, sino
también entre los capataces.
El mismísimo Perón iba al Sindicato de la Carne a dar instrucciones y
hablaba con la gente. Les decía que tenían derechos, un lugar en la Tierra, que eran
alguien. “Yo lo vi y escuché varias veces, porque iba con mi mamá a todas partes”,
cuenta Dora. Ella le cebaba mates amargos a Perón. Recuerda uno de los diálogos de
María con Perón:
–Coronel, nosotros vivimos en un conventillo, no tenemos dónde bañarnos.
–Bueno, María, ya va a haber un baño.
–No queremos baños, queremos casas, coronel.
Días después, Perón llegó a Berisso con una bandera grande. Había estado
averiguando qué se podía hacer. En la calle 18 había un campo grande, largo, lisito,
donde se hacían carreras de cuadreras. Puso la bandera ahí y empezaron a construir
el Barrio Obrero.
Perón la respetaba mucho porque era una líder nata, y a ella la escuchaban
mucho las trabajadoras y los trabajadores.
El peronismo terminó de hacerse fuerte en Berisso con la huelga de tres
meses, a mediados de 1945. Dora recuerda que fue el propio Juan Perón quien la
fogoneó.
–Vino a una reunión en Berisso y dijo: “No puede ser que ganen 7 centavos
la hora, vamos a hacer una huelga”. Duró tres meses la huelga, pero había un pueblo
solidario. Me acuerdo de que desde los mataderos nos mandaban camiones con bofe,
con patas, otra gente mandaba bolsas de harina, de yerba. Mi mamá, con las otras
mujeres, hacía paquetes y los repartían. Así bancamos esos tres meses– dice.
Además del hambre, las y los huelguistas y sus familias debieron enfrentar a
muchos obreros –sobre todo extranjeros– que querían ir a trabajar. Se organizaron
para hacerlo.
–A los rusos, que habían venido de la guerra, no les interesaba el
sindicalismo, ellos iban a trabajar. Caminaban por la calle Montevideo a la
madrugada para entrar a los frigoríficos. Yo vi cómo mi viejo y otros, con los
cuchillos filosos de las carneadas, los hacían volver. Nunca lastimaron a nadie y a
muchos los terminaron convenciendo– relata Dora. Y refiere a las mujeres que no
querían hacer huelga: “También había que frenar a las carneras. Mi mamá y otras
mujeres las agarraban, les bajaban los calzones y les llenaban el culo de brea.
Entonces se tenían que volver a sus casas”.

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

A medida que iban pasando los días, el paro se consolidaba. Los siete mil
trabajadores de ambos frigoríficos iban entendiendo la importancia de la huelga,
pero, sobre todo, del sindicato. Sin embargo, nada era fácil. Las presiones de la
patronal para quebrar la huelga chocaban con la fuerza y la decisión de la mayoría
de los trabajadores y las trabajadoras. Algunos testimonios sostienen que Doña
María utilizaba técnicas cuasi maternales para sumar seguidores y seguidoras. Otros,
por el contrario, aseguran que era intimidante y que incluso llevaba en la cartera un
revolver con el que amenazaba a quienes no adherían a la huelga. Junto a otras
mujeres que también participaban en el sindicato, las llamaban “las pistoleras de
Reyes”. Mujeres, muchas de ellas jefas de hogar, defendían sus derechos a toda
costa, porque el progreso era dignidad para sus familias. Varias caían presas.
Se había redactado un petitorio entre delegadas y delegados, con catorce
puntos, para la patronal. Figuraban, por ejemplo: la jornada de ocho horas, la Ley de
la Silla –que permitieran a las mujeres tener sillas para descansar– y la visita a un
médico o médica en caso de sentirse mal. También exigían el pago de horas extras y
un aumento salarial: 15 centavos más por hora para las mujeres y 20 para los
varones.
Finalmente, la huelga se ganó y las condiciones de trabajo en los frigoríficos
mejoraron de manera notable. Pero a María, identificada como una de las cabecillas,
la echaron enseguida. Su hija recuerda que fue a su casa con un papel amarillo en la
mano y le dijo a su pareja: “Me echaron a la mierda, Vicente. Me dijeron: ‘Vaya y
que le pague Perón’”. Pero como triunfó la huelga, los obreros y las obreras
empezaron a ganar mucho más. Tanto, que su madre ya no necesitaba trabajar
porque a su padre le alcanzaba para mantener la casa. “Por primera vez empezamos
a vivir bien. Y entonces lo metieron preso a Perón”.
El 12 de octubre de 1945 Berisso amaneció con la noticia de que Perón
estaba preso y el sindicato clausurado. En pocas horas, casi todos los delegados de
los frigoríficos fueron detenidos por la policía. Los que escaparon a la redada
debieron esconderse. Cipriano Reyes había desaparecido de la ciudad. Algunos
decían que estaba resguardado en el campo de un amigo en Magdalena, otros que
había viajado a La Rioja, otros que estaba en Tucumán. Todos murmuraban algo
distinto. Lo cierto es que el 17, bien temprano, María recibió el llamado de Reyes:
era hora de salir a la calle. María estaba que trinaba: “hay que marchar a Buenos
Aires para liberar a Perón”. Dora dice que María estaba obsesionada por la idea de
que lo iban a matar con una inyección en el Hospital Militar. “Tenemos que ir todos
a Buenos Aires”, arengaba. Se fue corriendo a los dos frigoríficos que quedaban a un
kilómetro y medio de distancia: el Swift y el Armour, donde trabajaba su marido.
Los obreros y las obreras la conocían y confiaban en ella. Por eso tenía que ir y
hablarles, convencerlos de que salieran. Pero ni siquiera podía entrar, la habían
despedido. Entonces se le ocurrió una idea: “vos, Vicente, agarrá a cuatro o cinco
hombres y hacés el que te peleás en la puerta del Swift. Agárrense a las piñas”, le
dijo a su marido. La maniobra de distracción dio resultado. Los dos vigilantes de la
puerta abandonaron el puesto para ver qué pasaba y María entró.
–¡Lo van a matar a Perón! ¿Qué están esperando? –iba diciendo, sección por
sección. ¡Tenemos que ir a Buenos Aires!
–Pero, ¿y los delegados? –preguntó uno de los obreros.
–Los delegados están todos en cana, ¡vamos, vamos! –le gritó María.

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

Unos minutos después, una marea de obreras y obreros empezó a salir del
frigorífico. Al frente de todos iba una mujer, una delegada sindical con todas las
letras, María.
Se unieron a otras columnas que marchaban hacia el Puente de Los Talas, en
dirección a La Plata. “Venía gente en carros de los montes, de las quintas, y se
subían a los camiones. O venían en la marcha. Pasaron varias vallas de policías que
reprimían”. Finalmente, llegaron a la Plaza San Martín, en La Plata: estaba colmada
de gente, la mayoría venida de los suburbios y las localidades cercanas. Se armó una
asamblea enorme de obreras y obreros. Los oradores gritaban que había que ir a
Buenos Aires a defender a Perón. María fue la tercera en hablar. “No sabés cómo
habló. Habló de Perón, de la gente, del hambre de los chicos. Nunca más que un
chico no coma, nunca más, decía. Y la gente gritaba y aplaudía. Era tremenda
hablando”, dice Dora. También recuerda un gesto que, dice, nunca va a poder
olvidar. “Era octubre y en la plaza había unas rosas, unas rosas diferentes, con una
hoja gorda, pocas espinas, tallo gordo, color bordó. Estaba lleno de policías, pero no
pasó nada, vieron tanta gente… Yo estaba jugando ahí con la sobrina de Cipriano
Reyes, Teté. Ya estábamos ahí. Entonces un policía me dice: ‘Qué lindo que habla
esa señora’, y yo le dije: ‘es mi mamá’. Y el policía cortó unas rosas de esas para
que se las diera”, cuenta orgullosa Dora.
Cuando terminó de hablar, María buscó a su hija y le dijo que se iba a
Buenos Aires, pero que ella y los otros chicos y chicas tenían que volverse a Berisso
con una señora más grande que estaba con ellos. Dora vio alejarse a su madre y subir
a un camión para ir a “liberar a Perón”. Era una luchadora. Encabezaba la
maravillosa gesta de la Patria sublevada.

La historia de María es la de miles y miles de


delegadas sindicales que con convicción y esfuerzo
militan día a día en sus sindicatos,
sin ser reconocidas
En Plaza de Mayo, el palco de la Casa Rosada estaba atestado de gente. Era
ya de noche y decían que por el micrófono acababa de hablar una mujer. También,
que el general Edelmiro Farrell, quien en ese momento ocupaba el cargo de
presidente, se asombró al escuchar un vozarrón desproporcionado para la pequeña
contextura física de aquel cuerpo femenino.
–¿Quién es usted, señora?
–Yo soy una mujer que corta carne con una cuchilla así, más grande que yo,
del frigorífico Swift.
–¿Pero quién es? –insistió Farrell.
–Me llamo María Roldán.
–Mucho gusto, señora. Ya va a venir Perón, estén tranquilos que va a venir.
María no le tenía miedo a nada, ya había sufrido lo peor. Defendía con uñas y
dientes al general Perón, porque le había dado la dignidad que ningún gobierno le
había otorgado.
Lo demás es historia conocida. María Bernabitti murió el 6 de julio de 1989.
Fue una de las principales impulsoras de la campaña por el voto femenino durante el
primer gobierno de Perón. Siguió siendo amiga de Cipriano Reyes, aunque el
dirigente laborista se distanció. Ella era peronista de pies a cabeza. Jamás accedió a

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

un cargo de poder, pero estaba convencida de que el sindicalismo era el camino de la


dignificación de los argentinos y las argentinas, porque por primera vez pudo
ascender socialmente. Por primera vez el Estado ponía en el centro la lucha de
trabajadoras y trabajadores, por primera vez alguien escuchaba sus demandas e
incentivaba la organización sindical unificada.
En una entrevista con el historiador estadounidense Daniel James,
rememorando esos acontecimientos, María dijo: “La verdad es que el sindicalismo
es más lindo que la política; la lucha sindical es más linda que la política”.
Recordar su historia no es solo poner de manifiesto la importancia, el logro y
la transformación del movimiento obrero argentino. Es visibilizar lo invisible,
porque su extraordinaria tarea sindical ha pasado desapercibida por casi siete
décadas, sin ser recordada. La historia de María es la de miles y miles de delegadas
sindicales que con convicción y esfuerzo militan día a día en sus sindicatos, sin ser
reconocidas. Las mujeres siempre estuvimos un paso atrás en el reconocimiento de
derechos. Nuestro trabajo y nuestra lucha muchas veces son poco valorados. Estos
tiempos permiten ponerlos sobre la mesa.

Existe una deuda pendiente con las mujeres,


quienes luchamos a lo largo de la historia a la par
de nuestros compañeros, por las mejoras salariales
y las condiciones de trabajo. Nuestra tarea no tiene
género, solo capacidad y convicción de que
podemos lograrlo. Por eso es imprescindible
equiparar nuestra representación, por todas las
Marías que existieron, existen y existirán
Si bien en la actualidad existe una ley del año 2002 que establece que el
porcentaje de participación de mujeres debe ser del 30% en órganos directivos, es
poco, y casi nadie trabaja para que realmente se cumpla. Casi dos décadas después
de la sanción de esa ley, el cupo se vuelve insuficiente como política que rompa con
la hegemonía masculina.
Se estima que en el sindicalismo argentino solo el 18% de las mujeres ocupan
cargos de conducción. De ese número, el 74% corresponde a áreas de igualdad,
género, cultura o servicios sociales. Solo el 5% de las máximas conducciones de
sindicatos son mujeres, y solo una mujer, Susana Rueda, ha ocupado la Secretaría
General de la CGT, integrando un triunvirato entre 2004 y 2005.
Existe una deuda pendiente con las mujeres, quienes luchamos a lo largo de
la historia a la par de nuestros compañeros, por las mejoras salariales y las
condiciones de trabajo. Nuestra tarea no tiene género, solo capacidad y convicción
de que podemos lograrlo. Por eso es imprescindible equiparar nuestra
representación, por todas las Marías que existieron, existen y existirán. Es nuestro
derecho adquirido como mujeres sindicalistas y un deber del movimiento obrero
argentino.

Valeria Ayala es abogada (UNLaM), trabajadora de la Auditoría General de la


Nación y militante sindical en la Asociación del Personal de Organismos de
Control.

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

EL MODELO NO SE TOCA: EL SINDICALISMO DESDE EL


FINAL DE LA DICTADURA HASTA LA CONSOLIDACIÓN
DEL NEOLIBERALISMO DEMOCRÁTICO

Nicolás Pérez Felicioni

El peronismo –el movimiento que transformó a la Argentina– es, como se


puede constatar en sus representaciones visuales y narrativas, una forma de sintetizar
los antagonismos que se presentan en la realidad política. Juan Perón, además de
líder, fue quien mejor explicó al pueblo cómo encauzar los distintos conflictos que
se suscitaran, pero, sobre todo, quien nunca perdió de vista que dicha tarea
implicaba un ejercicio constante. En lo que respectaba a la actividad de gobierno, la
técnica que Perón llevada adelante no era una cáscara vacía o, para ser más precisos:
las políticas llevadas a cabo en sus gobiernos, por el hecho de estar inspiradas en la
Justicia Social, se ejecutaron de modo que resultaran beneficiosas para los
trabajadores y las trabajadoras. 8 El sindicalismo peronista, a pesar contar con el
privilegio tener la guía doctrinaria que legaron Perón y Evita, convive con una
tensión propia en lo que se refiere a sus funciones: la defensa de los derechos de las
trabajadoras y los trabajadores y la participación política de sus representantes. Los
momentos históricos en los que se desarrollaron proyectos nacionales y populares
son directamente proporcionales a la armonía entre ambas acciones, aunque siempre
con matices.
La década del 80 debe analizarse tomando en consideración una complejidad
de una profundidad absoluta. No sólo todavía se tenía que lidiar con la última
dictadura militar, sino que además todos los peronistas y las peronistas llevaban a
cuestas la muerte de Perón, que era el factor que armonizaba específicamente al
movimiento obrero. Luego de una heroica resistencia, que incluyó medidas de fuerza
y acciones directas constantes, finalmente se logró vencer a la dictadura y dar paso
al período democrático. Las elecciones del 83 no sólo fueron una demostración
concreta de las implicancias de la falta de liderazgo político, sino que también, en el
plano sindical, quedó al descubierto que las organizaciones habían sido ampliamente
diezmadas.
Fue una ardua tarea la que hubo que encarar. La reconstrucción material y
simbólica fue llevada adelante, al mismo tiempo que tenían lugar renovaciones en
las conducciones de distintos gremios. Figuras importantes del sector industrial
dotaban todavía de volumen político al movimiento, aunque no lograban consolidar
un liderazgo visible. Desde un gremio de tamaño modesto, pero con la potencia y
amplia legitimidad forjada en la resistencia a la represión y la ilegalización de la
central obrera, emergió la figura de Saúl Ubaldini, quien lideró la defensa del
modelo sindical argentino que el gobierno radical de aquel entonces pretendía

8
Néstor Kirchner quizás haya sido el último que logró expresar concretamente las enseñanzas
de Perón. Se cuenta que durante una paritaria portuaria, en un encuentro con los trabajadores del
sector, y ante el reclamo de uno de ellos para que intervenga activamente en el conflicto, les
recordó que no iba a manifestar su postura respecto de los reclamos gremiales, pero que, cuando
llegara el momento de tomar una decisión, “inclinaría la balanza para el lado de los
trabajadores”.

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

desmantelar, aprovechando el envión, pero, sobre todo, continuando la


demonización al gremialismo iniciada en la campaña electoral.
Es importante destacar que el modelo sindical argentino, diseñado en los
años de oro del primer peronismo, es uno de los pilares que siguen en pie a pesar de
todos los intentos de derribarlo. En palabras del “Gato” Smith, 9 quizás haya alguna
pista de la condición sagrada del modelo: “los derechos que se pierden, luchando
tarde o temprano se recuperan”. El lema, que se repite poco, tal vez debido a
interpretaciones llanas que lo entienden como una invitación a la debilidad y la
concesión, tiene un primer corolario que completa su sentido oracular: “el que se va
de Luz y Fuerza no vuelve más, porque para nosotros defender el Convenio es
defender la propia vida”. Así de insacrificable es el modelo sindical peronista que
une de manera invisible al movimiento obrero en su conjunto.
Para fines de la década en cuestión, el modelo no se tocó, pero un continuo
declive industrial fue dando paso al sector de los servicios que en los años 90
ocuparon el centro de la escena. Desde allí se perfiló un reacomodamiento interno
con sindicatos en franco crecimiento, que poco a poco irían construyendo alianzas
hegemónicas en la CGT, aunque resignando el peso específico político que había
caracterizado la etapa anterior.
Luego del fracaso del gobierno radical, el peronismo volvió al poder con un
apoyo sindical que, aunque divido después, se mantuvo hasta el final. La
participación en el nuevo gobierno fue limitada, y hubo poco lugar para el desarrollo
de políticas que excedieran las tareas de gerenciamiento. El proyecto extranjerizante
que se impuso a través de la aplicación de las recetas neoliberales enajenó el
patrimonio nacional, terminó de destruir la industria y empobreció y desempleó a
una inmensa mayoría del pueblo argentino. En un contexto de hambre y pobreza
cada vez más insoportable, fue cobrando cuerpo un naciente movimiento de
desocupados que, junto con distintas escisiones de sectores que no aceptaban la
pasividad de la CGT, estuvieron al frente de las luchas que denunciaban la situación
y exigían un cambio de rumbo. El hastío general fue capitalizado por un frente
electoral que con su victoria no hizo más que prolongar la experiencia neoliberal
unos años más. Los coletazos de la improvisación y la mala praxis gubernamental
terminaron de erosionar económicamente al sector asalariado sub-representado
gremialmente que había posibilitado la llegada de la alianza gobernante, y
culminaron en la aceleración de una crisis política que terminó en estallido social y
renuncia del presidente.
De las cenizas del 2001 cobró relevancia una figura nutrida en la causa
ubaldinista y que, en la última década, había motorizado la resistencia de las
marchas federales. Comenzaba el tiempo de Hugo Moyano, el último conductor del
movimiento obrero organizado con todas las letras, quizás por ser él también el
último que se animó a explorar la raigambre política del dirigente sindical
peronista… pero sin descuidar nunca la defensa de las condiciones de trabajo de su
sector.

9
Oscar Smith fue secretario general de la Comisión Directiva de SEGBA Capital –secuestrado
y asesinado junto a otros dirigentes y militantes– y baluarte de una de las experiencias más
interesantes del sindicalismo argentino: la “co-gestión” gremial de una empresa estatal.

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

MOVIMIENTO OBRERO ARGENTINO: HACIA EL


MOVIMIENTO DE TRABAJADORES

Carlos Pancho Gaitán

El sindicalismo argentino transita una etapa histórica particular. Sigue siendo


uno de los movimientos mejor organizados, más representativos y con mayores
derechos laborales y sociales de América Latina y de gran parte del mundo. Solo en
los países industrializados de Europa, y en especial en los Nórdicos, el sindicalismo
mantiene –a partir del proceso de reconstrucción como resultado de la segunda gran
guerra– un nivel de participación en el diálogo como contraparte social. El
sindicalismo allí es parte fundamental del proyecto del Estado de Bienestar.
El Modelo Sindical Argentino cumple el principio de “unidad” y la propuesta
estratégica de que “solo la organización vence al tiempo”, después de que el coronel
Perón impusiera desde la Secretaría de Trabajo y Previsión que el sindicato es “una
organización de bien público”. Los trabajadores y las trabajadoras se organizaron
por rama o sector de la economía, lo que consiguió que todos los trabajadores y las
trabajadoras del sector fueran del mismo gremio y en consecuencia miembros de la
misma organización, representados por la organización más numerosa y
administradora del Contrato Colectivo de Trabajo. Esto formalizó la representación
y la participación de las trabajadoras y los trabajadores organizados en la actividad
política y económica de la sociedad. A partir de 1955, con el derrocamiento del
gobierno del presidente Perón, los trabajadores, las trabajadoras y el sindicalismo
vienen sufriendo un ataque sistemático con la intencionalidad de los sectores
económicos concentrados nacional e internacionalmente de –si fuera posible– hacer
desaparecer al sindicato como contraparte social. A pesar de notables retrocesos –
entre los que hay que contar que se haya posibilitado la inscripción de más de 3.000
organizaciones, entre ellas, algunas mini-organizaciones sin ningún tipo de poder; la
penetración de infiltrados; o el arribo de individuos oportunistas y corruptos– no han
logrado desplazar a la CGT como eje y representación mayoritaria de las
trabajadoras y los trabajadores organizados.
Algunos suponen que sus creencias ideológicas –a veces puristas– son el
camino, al margen del conjunto del colectivo que pretenden representar. Con
frecuencia quedan al margen de las soluciones, atrapados en un refinamiento estéril.
Otros, muchas veces alejados de los rigores del trabajo físico, suponen que los
sindicalistas son todos corruptos, sin comprender que también son sindicalistas
miles de trabajadores y trabajadoras que todos los días, junto a sus representados y
representadas, bregan desde sus lugares de trabajo para lograr que la armonía de las
buenas costumbres y el respeto a los deberes sindicales y sociales permitan el buen
desempeño de sus tareas.
El tema es que toda la dirigencia, en función de los intereses fundamentales,
debe comprender que el desafío es trabajar por la unidad del conjunto. Las
organizaciones y dirigentes de la CGT, de las CTA y de las y los trabajadores
organizados en estructuras de la economía popular y de excluidos y excluidas, deben
ser parte de una misma organización, ya que todos, incluidos los desempleados y las
desempleadas, son trabajadores y trabajadoras. Ellas y ellos, nucleados en la CGT
como estructura madre, deben darse una política para el conjunto. Solo así podremos
lograr retomar el protagonismo que nunca debieran haber perdido.

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

CONTROL DIGITAL, FRAGMENTACIÓN E


INDIVIDUALIZACIÓN: IMPACTO
EN LA ORGANIZACIÓN SINDICAL

Mónica G. Sladogna

“La composición ‘técnica’ de la clase obrera dicta su expresión ‘política’,


determina sus formas de resistencia” (Coriat, 1996: 22).

El COVID-19 impacta hoy en el mundo del trabajo: ampliando,


profundizando, pero fundamentalmente acelerando cambios tecnológicos y
organizacionales, afectando de manera heterogénea a colectivos de trabajo. Estos
cambios no son nuevos. El impacto de las Tecnologías de la información y la
comunicación (TIC) se anunciaba mucho antes de ser comprendidas dentro de la
llamada Cuarta Revolución Industrial. En términos organizacionales, los procesos de
subcontratación y precarización tuvieron un fuerte impulso desde la década de 1980
a la de 1990, llamando a reflexionar sobre el sentido del trabajo en las sociedades
modernas, sobre los límites del Estado de Bienestar y sobre el fin de los ‘grandes
relatos’ y las lógicas colectivas que los sustentaban (Offe: 1992). No es de extrañar
que las décadas finales del siglo XX se caractericen por las grandes derrotas obreras
en Estados Unidos y Gran Bretaña y la hegemonía del pensamiento neoliberal a
través de las recetas del Consenso de Washington.
La tercera década del siglo XXI desafía a pensar el trabajo, no sólo el trabajo
del futuro o su futuro, sino su presente. Analizar algunos de los cambios que hoy nos
atraviesan, nos permitirá reflexionar y actuar sobre el presente y el futuro de manera
colectiva. Luchar contra la desigualdad obliga a superar los efectos del
determinismo tecnológico y pandémico: es reconstruir nuevas solidaridades
sectoriales, nacionales y globales.
Cada uno de los cambios merecen un análisis sectorial en profundidad que
excede las posibilidades de este artículo. Esta tensión entre lo general y lo particular
exige rescatar algunas prácticas que organizaciones sindicales han adecuado para
afrontar estos desafíos. A modo de ejemplo:
a) Transformar las encuestas en mecanismo de consulta permanente a quienes
realizan diversas actividades profesionales desde el hogar ha permitido al Sindicato
Argentino de Televisión, Servicios Audiovisuales Interactivos y de Datos
(SATSAID) reconstruir una comunicación con cada uno y una: cuáles cambios les
afectan, cómo son percibidos tales cambios, cuáles son las condiciones de trabajo y
sus características. De esta forma el sindicato se adelantó a la estrategia
empresarial en evaluar las nuevas condiciones de organización del trabajo para
promocionar mejoras protectoras de quienes trabajan. Un nuevo espacio de
reconstrucción de saberes colectivos se promueve sindicalmente.
b) La Asociación de Personal de Plataformas, primera organización sindical
para trabajadores y trabajadoras de aplicaciones digitales, ha diseñado con el
auspicio de la Fundación Ebert de Argentina una aplicación destinada a conectar a
través del medio digital a trabajadores y trabajadoras de plataformas con trabajo a
demanda –especialmente riders. Según afirma Juan Ottaviano, abogado laboralista
vinculado a estos trabajadores y trabajadoras, que “encuentran en la fragmentación

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

del colectivo y en el desempeño digital de las prestaciones laborales un obstáculo


para la circulación de la información, la articulación de demandas, la realización de
reclamos y para alcanzar la organización sindical. La propia dinámica de trabajo es
el desafío mayor para la organización sindical. Esta aplicación puede servir de
herramienta para una mejor integración del colectivo en la era digital”.
Reconstruir estos canales de comunicación y estas nuevas formas digitales de
organización da cuenta de la necesidad de anticiparse al impacto de los cambios y
de actuar en la reconstrucción de un colectivo, cuyos pilares han sido socavados y
que se basaron tradicionalmente en la presencia en un espacio compartido –la
empresa– durante un tiempo delimitado –la jornada diaria, semanal.
Los procesos de subcontratación favorecieron la fragmentación del colectivo
de trabajo de las grandes empresas. El teletrabajo, no sólo el trabajo de oficina,
instala a quienes trabajan con tecnologías hoy encuadradas en la Internet de las
Cosas (IoT), también en sus hogares. Se fragmenta el colectivo de trabajo y se
individualiza. Las mismas tecnologías que favorecen la masividad de las medidas de
aislamiento social preventivo frente al COVID-19 generan las condiciones para
procesos de precarización si no se desarrolla una pronta respuesta del actor sindical
y de las instituciones laborales.
El home office alteró el espacio de trabajo y los tiempos de trabajo –
ampliación e intensificación de la jornada y pérdida de referencia temporal sobre los
días laborales y los días feriados. El tiempo de trabajo en el espacio de trabajo
permitía distinguir y organizar los tiempos de la vida –dedicados al cuidado, la
distracción, el descanso– y los tiempos laborales. Hoy todos estos límites parecen
borrados. En estos nuevos contextos la violencia doméstica se transforma en
violencia laboral, la precariedad de las condiciones de vida se transforma en
condiciones laborales precarias, los mecanismos de control y disciplina externos se
han internalizado y nadie los controla.
Necesitamos construir una matriz común para el análisis de estos fenómenos
que identifique los cambios tecnológicos y los organizacionales, por sector y por
actividad, para favorecer comparaciones globales y regionales. Una matriz que
muestre la configuración del mundo del trabajo, que nos permita preguntar cómo
será y quiénes seremos cuando volvamos a la ‘nueva normalidad’. Es un esfuerzo
urgente que convoca a desarrollar herramientas para construir las nuevas
dimensiones de la solidaridad y el accionar colectivo expresados por los organismos
sectoriales, nacionales y globales, y a percibir la estructura de los cambios para
avanzar en su impacto diferenciado a nivel de subjetividades, identidades y
solidaridades.
A nivel de las subjetividades: ¿qué sentidos adquiere el trabajo? ¿Cómo
impacta el individualismo en esta percepción de sentido? ¿Son sólo los jóvenes, son
sólo las mujeres, son sólo los adultos mayores, son sólo quienes migran? ¿O estamos
frente a una diversidad de sentidos que ocultamos bajo las etiquetas generacionales,
de género, xenófobas?
A nivel de las identidades: ¿la emergencia del individualismo es el fin de las
identidades colectivas? ¿O cómo transformar la necesidad individual en demanda
colectiva y ésta en derechos laborales?
A nivel de las solidaridades: ¿qué características impactan en una sociedad
que se definía como asalariada para ser definida como de consumo? ¿Cómo
reconstruir identidades laborales con experiencias diversas y fluidas marcadas por el
acceso limitado a la estabilidad laboral y atravesadas todas por el consumo?

41
[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

El home office pretende convertirse en el nuevo modelo productivo, algo así


como el taylorismo-fordismo o el modelo japonés de empresa, y ello ha llevado a
concentrarnos quizás en sus efectos. Sin embargo, no todos los colectivos de trabajo
serán afectados por esta modalidad, así como no todos los trabajos serán
reemplazados por la automatización, los robots, los drones o alguna de las múltiples
tecnologías que se desarrollan, cual Frankenstein Desencadenado, escapando
aparentemente del control humano. ¿Cuántos empleos se perderán, cuántas horas de
trabajo disminuirán, en qué medida afectarán estos cambios y en qué condiciones?
¿Dependerá de la intervención sindical y estatal?
El COVID-19 trajo aparejado el uso masivo de los mecanismos de control
digital, legitimado socialmente en términos de políticas de prevención y cuidado de
la salud de la población. Controlar el virus, controlar la población infectada,
controlar la propagación, abre las puertas al uso de las tecnologías de la información
aplicadas a nivel de control social y laboral.
La sociedad de la información, caracterizada por la producción de datos y la
minería de datos –su análisis y comercialización para fines comerciales, políticos y
laborales– se basa en el uso masivo y privado de dispositivos electrónicos. Los
nuevos medios de producción de datos son ahora propiedad privada de quienes
trabajan. Sin embargo, no están exentos o exentas de mecanismos de control digital
en manos de las grandes corporaciones, que deben ser conocidos por el actor
sindical desde su diseño hasta su uso. Hay que controlar que la institución pública o
privada provea herramientas de comunicación, controlar el acceso a la privacidad y,
fundamentalmente, controlar los mecanismos de control digital de la productividad
del trabajo.
Queremos compartir algunas inquietudes sobre el uso de datos biométricos
para el acceso a los lugares de trabajo: ¿quién almacena estos datos? ¿Quién los usa?
¿Con qué fines? ¿Cuáles son los límites de uso? ¿Cuáles son los indicadores y con
qué criterios y quiénes los construyen? Son zonas aún grises para la intervención
sindical. El uso masivo de aplicativos para evaluar la calidad del servicio encubre la
evaluación de quienes trabajan. Nos indigna el bulliying en la escuela y no tomamos
conciencia de quiénes, cuántos y cómo evalúan a quienes trabajan. ¿Acaso no es una
réplica a nivel social y asistido digitalmente del cliente interno, introducido por el
modelo japonés de empresa?
Se trata de construir el trabajo del futuro con una perspectiva sindical que
retome y salde deudas aún pendientes: informalidad, mujeres, migrantes. Estos y
otros colectivos, en cada uno de nuestros países, convocan a repensar su
representación político-sindical, nacional y global. Las experiencias anteriormente
mencionadas permiten analizar la posibilidad, desde la perspectiva del actor sindical,
de apropiarse de las tecnologías para afrontar el presente. Para que el futuro vuelva a
ser un desafío y no una amenaza, debemos reconocer qué herramientas y qué
prácticas se adecuan y cuáles debemos construir solidaria y colectivamente.

Referencias
Coriat B (1996): El taller y el cronómetro. Madrid, Siglo XXI.
Offe C (1992): La sociedad del trabajo. Madrid, Alianza.

Mónica G. Sladogna es directora de Proyectos Sindicales en la FES Argentina,


docente universitaria en temas de sociología del trabajo y experta en temas de
diálogo social e innovación y relaciones laborales.

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

COMISIÓN DE CIENCIA, TECNOLOGÍA E INNOVACIÓN


DEL PARTIDO JUSTICIALISTA

La Comisión de Ciencia, Tecnología e Innovación sostiene una intensa


actividad desde hace más de un año, con el objetivo de interpretar en clave actual los
desafíos que le tocan enfrentar al mundo, al país y al peronismo. Como espacio de
pensamiento, diálogos, debates, consensos y comunicación púbica, desde esta
Comisión se articulan propuestas de políticas municipales, provinciales y nacionales
que consoliden un modelo de país desde el ideario nacional y popular con un fuerte
arraigo federal. Para ello se realizan reuniones con los compañeros y las compañeras
de las distintas regiones de la Argentina, donde se escuchan voces múltiples con
demandas y resultados diversos. Un ejemplo de ello y de esta convergencia es la
construcción de un Banco Federal de Proyectos de Ciencia y Tecnología.
Como mesa de trabajo específica del Partido Justicialista, partimos de una
matriz simple, pero no por ello menos precisa: las ciencias, las tecnologías y las
innovaciones constituyen un campo de acción política transversal. Dicho
coloquialmente, estas áreas tienen la responsabilidad, desde una perspectiva nacional
y popular, de contribuir a la mejora permanente de las condiciones de vida de las
mayorías y del desarrollo del país en distintos planos: la salud, el hábitat, la
producción industrial, el sector energético, la defensa, entre otros. Esta premisa se
basa en que prácticamente todas las actividades humanas pueden ser enriquecidas y
potenciadas desde los saberes y haceres científicos. Allí donde existen necesidades y
nacen derechos, la ciencia y sus aplicaciones tecnológicas tienen algo para decir.
Humildemente, consideramos que el aporte de esta comisión partidaria pasa
por desarrollar un espacio que nos permita construir una mirada colectiva en el
campo científico tecnológico de cara a la etapa por venir. ¿De qué se trata esa etapa?
De construir una nueva normalidad en el marco de una pandemia que, con la noticia
de la vacuna, empieza a tener una perspectiva de cierre, pero aún restan muchos
meses por delante.
Esta etapa encierra, a la vez, la particularidad que para la Argentina la crisis
no empezó con el COVID-19. Cuando Alberto y Cristina retomaron las riendas del
país, ya veníamos con una pandemia socioeconómica en marcha, como resultado de
los cuatro años de la administración de Cambiemos y la implementación de políticas
de endeudamiento, valorización financiera y, para el ámbito CyT, la eliminación del
rango ministerial como signo del ataque y el desfinanciamiento al sector.
El contexto mundial inédito, sumado a los desafíos particulares propios de la
Argentina, son el marco en el que debemos hacer aportes con una perspectiva
transversal, plural y federal.
La recuperación del rango ministerial para la Ciencia, la Tecnología y la
Innovación Productiva, sumado al reposicionamiento de diversas áreas y organismos
del Estado Nacional encargados de desplegar estrategias y acciones orientados a la
recuperación del sistema, constituyen un signo coherente con la propuesta
programática de nuestro espacio.
Los desafíos son enormes. Para nuestro sector, el desarrollo de proyectos
intensivos en conocimiento científico y capacidades tecnológicas es una forma
transversal de construir y fortalecer la soberanía política, un modo de enfrentar los
desafíos complejos que tiene por delante nuestra sociedad, desde el desarrollo de
cadenas industriales con alto valor agregado, pasando por la construcción de

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

procesos de democratización social, como la igualdad de género y la movilidad


social ascendente, entre muchos.
A la vez, la pandemia del COVID-19 puso en el centro de la escena viejos
problemas que, desde hace tiempo, arrastra nuestro país. La macrocefalia –aquel
término que el general Perón utilizó hace más de 50 años para caracterizar el
desequilibrio territorial, demográfico y económico entre el área metropolitana de
Buenos Aires y el resto del país– sigue vigente. Esta realidad dual evidenció las dos
velocidades con las que la pandemia se fue difundiendo por el país. Primero, el
AMBA y, más recientemente, el resto del país.
Generar un nuevo equilibrio territorial no es otra cosa que construir un
horizonte de oportunidades para todos y todas, sin importar en qué jurisdicción nos
tocó nacer o elegimos vivir. Los aportes del sistema de ciencia y tecnología serán
claves para encarar un proceso tan necesario, profundo y decisivo como este. No hay
tema más transversal –en términos de conocimientos científicos– que el rediseño de
una nación orientado a potenciar todas y cada una de las regiones geográficas del
país. Todas y cada una de las territorialidades de nuestra Argentina.
El COVID-19 demostró que, bajo el esquema “Problema-Solución”, las
capacidades científico-tecnológicas nacionales se organizaron en un tiempo récord,
brindando, por ejemplo, soluciones como los test rápidos. Su validación técnica y su
competitividad en materia de costos no sólo generaron un gran ahorro cuantitativo
para los recursos públicos, sino que, cualitativamente, brindaron una respuesta
soberana a un problema global. A ello se suma la expectativa tras los anuncios de
producción local de la vacuna. Generar tecnología nacional en simultáneo a
optimizar recursos es una clave que seguramente trascienda el campo de la salud. En
este punto, las capacidades en innovación locales tienen un potencial en múltiples
aplicaciones y sectores, del cual la salud constituye un botón de muestra.
Los cuatro años de Cambiemos erosionaron las capacidades del sistema
científico tecnológico. Sin embargo, sus fortalezas, sus luchas, su organización y el
talento de miles de argentinas y argentinos –que sostuvieron sus ámbitos de
investigación y desarrollo– permitieron rápidamente volver a poner en marcha
organismos, empresas y universidades, al contar con un gobierno que, desde un
enfoque estratégico, le da al sector el lugar que se merece y requiere.
Es con todas las instancias y desde todos los saberes que debemos recorrer el
proceso de formación y producción de conocimientos. Trascender falsas dicotomías
entre ciencia básica y aplicada, o ciencias sociales versus exactas, es parte de la
construcción de nuevos paradigmas. Históricamente lo dicotómico no sumó, sino
que, al definirse por oposición, se excluyeron. Esta etapa es para sumar, no para
excluir, y de ese ejercicio sabe el Movimiento.
Para esta nueva etapa, potenciar las capacidades en materia científico-
tecnológica de nuestro país será decisivo para lograr el tan anhelado desarrollo
social y económico, priorizando siempre a quienes más lo necesitan. Como señala
nuestro compañero presidente, Alberto Fernández, es imprescindible empezar por
los últimos para llegar a todos.

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

ECONOMÍA DE PLATAFORMAS: NUEVAS FORMAS,


VIEJOS DERECHOS

Enrique Deibe

La crisis global, producto de la pandemia COVID-19, tiene al planeta en


jaque. Nadie se encuentra exento del virus: las principales potencias, los países
emergentes y los más pobres, junto con aquellos que hasta hace menos de un año no
tenían inconvenientes.
La caída del PBI y el desempleo son los resultados del freno de la economía a
nivel mundial y la Argentina es parte del mundo. Además, en nuestro país debemos
sumar la depredación de los fondos públicos, el endeudamiento externo e interno
provocado por la pésima gestión del gobierno macrista, verdadera herencia de un
país devastado y marcado por el odio que, históricamente, los sectores más
reaccionarios de nuestra sociedad han proferido a los sectores populares y a los
gobiernos peronistas, los que, una vez más, deben ponerse al hombro la recuperación
del país basada en la justicia social y el bien común. Es inconcebible que una
administración que endeudó dramáticamente a nuestro país, que desprecia al Estado
y solo lo utiliza para viabilizar sus negocios, que desarrolló un espionaje ilegal como
nunca había ocurrido, continúe ejerciendo ahora una oposición que no respeta los
valores fundamentales de la democracia.
Es, en este contexto, la coalición del Frente de Todos, que llevó a Alberto y
Cristina Fernández a la Casa Rosada, la que debe reestablecer un proceso de
recuperación económica en las más difíciles situaciones que hemos conocido en los
últimos cien años. Sabemos que nuestro gobierno puede hacerlo, a pesar del embate
de la oposición salvaje que intenta todos los días socavar las bases del poder
popular.
En el segundo trimestre de este año, la desocupación alcanzó el 13,1%, con
una suba de 2,7 puntos porcentuales respecto al primer trimestre, y 2,5 puntos
porcentuales por encima de la registrada en igual período de 2019, que había sido
del 10,6%. Queda claro que el gobierno de Cambiemos es mucho más trágico que la
pandemia, ya que sin ella generó desempleo y pobreza como no habíamos tenido
desde la crisis del 2001.
Un segmento de la economía se manifestó como un fenómeno cotidiano
durante la pandemia y su rol en la continuidad es indiscutible. Los servicios de
mensajería y envío de productos generaron mayor número de puestos de trabajo,
pero en las más precarias condiciones laborales de quienes los prestan.
La economía de plataformas llegó para quedarse y se consolida como un
nuevo modelo de negocios, caracterizado por proporcionar al capital la
infraestructura para intermediar entre diferentes grupos de usuarios y desplegar
tendencias monopólicas. Las plataformas son las nuevas fábricas en la era de las
redes. El valor no está en lo físico, sino en los datos. Promueven una administración
algorítmica de las relaciones laborales: pagos mediados por la plataforma;
obligatoriedad de aceptar trabajos; evaluación de desempeño y sanciones;
determinación de precio; determinación de comisiones.
Los desafíos que se plantean de cara al futuro están vinculados con que cada
vez se observa menos la generación de empleo a tiempo completo, a lo que se
agrega el desarrollo de un modelo de negocio de plataformas. En un escenario

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

inédito a nivel global de crisis del empleo, tenemos la oportunidad de ir al ritmo de


las exigencias de articulación político-tecnológicas que la sociedad demanda. La
coyuntura nos exige mirar el aquí y ahora, pero con los ojos puestos en el futuro. Es
por ello que debemos diseñar herramientas que permitan normalizar la tensión –nada
nueva en la economía de mercado– que existe entre las empresas de plataforma y las
legislaciones laborales existentes. La registración de trabajadores y trabajadoras, el
pago de impuestos de las corporaciones de plataformas en igualdad de condiciones
con las empresas físicas y un marco de innovación e intercambio permitirían que las
y los trabajadores de este nuevo segmento del mundo del trabajo estén amparados
por el derecho laboral y la negociación colectiva.

Debemos diseñar herramientas que permitan


normalizar la tensión –nada nueva en la economía
de mercado– que existe entre las empresas de
plataforma y las legislaciones laborales existentes
Nuestro gobierno ha protegido el trabajo de las y los argentinos, atenuando
los efectos negativos de la profunda crisis heredada agravada por la pandemia, las
políticas de asistencia a los sectores con mayores dificultades, la progresiva
reactivación de la economía –que comienza a mostrar signos de recuperación– y el
cuidado de la salud como objetivo prioritario –volviendo a jerarquizar al Ministerio
de Salud de la Nación y con la puesta en marcha de nuevos establecimientos
sanitarios y la conclusión de obras que llevan más de cuatro años paralizadas. Estos
son solo algunos de los resultados de un proyecto político progresista y una férrea
voluntad política de transformación de la realidad.
En este camino, seguiremos reconstruyendo una Argentina que tienda a la
igualación de las oportunidades para todas y todos. No es el mérito individual el que
garantiza una sociedad más justa e igualitaria, sino un proyecto colectivo cuyo
objetivo es el bien común y no una sociedad para pocos a costa de las grandes
mayorías.

Enrique Deibe es coordinador de la Comisión de Trabajo y Seguridad Social de los


equipos técnicos del Partido Justicialista nacional, exsecretario de Empleo de la
Nación (2003-2014) y exdirector de OIT/Cinterfor (2014-2019).

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

LA GESTIÓN EMPRESARIAL DESPUÉS DE LA CRISIS:


APUNTES PARA LA REFLEXIÓN

Mario E. Burkun

La duración de las crisis económicas y sociales en el estado de globalizacion


y de financiarización es cada vez más corta. Pasa de diez años –en momentos de
modernidad y posmodernidad después de la Primera y la Segunda guerras– luego a
siete años –en los países centrales y emergentes después de la Segunda Guerra
Mundial y de la crisis de las subprime y de la bolsa en 2008-2009– los ciclos cortos
de tres años y en disminución –después de las últimas formas de golpes de mercado
con las high tech o las monedas virtuales– a la actualidad con la pandemia y las
cuarentenas. ¿Qué pasa con la gestión y el comportamiento empresarial en esta
situación, en tiempo y lugar, en territorio e incertidumbre? La economía y la
sociedad se fragmentan.

El caso argentino: grandes empresas nacionales


Son el conjunto de empresas nacionales que lideran nuestro mercado y que
orientan la acumulación del capital local. No solo tienen todavía una identificación
acorde con el territorio por origen del capital, por herencia familiar o por propiedad
accionaria, sino también porque parte de su forma de acumulación patrimonial tiene
su base en Argentina o la mantienen como referencia, a pesar de un creciente grado
de internacionalización.
Este grupo tiene una gestión empresarial autónoma desde la inversión y se
referencia con el Estado como ente público facilitador para su gestión empresarial, o
como dificultador de dicha gestión. De allí que busca situarse en forma externa a los
vaivenes de la crisis, y de convivir marcando su diferencia ideológica y conceptual.
Puede evolucionar en forma de planificación intrafirma, como pool de empresas en
distintos países, como los casos en automotriz, bancos, minero extractivas, agrícolas
ganaderas u otras. En los periodos de modificación de los ciclos de reproducción
posteriores a la crisis –que comenzó en Argentina en 2007 y en forma internacional
en 2008-2009– esta forma de gestión o management empresarial se profundizó, y
muchas empresas locales se instalaron o la buscaron en mayor medida, llevando
actividades y casas matrices o identificaciones tributarias al exterior: mayor uso de
mercados off shore; tributación con cláusula de doble imposición; zonas francas; uso
de bandera de conveniencia para navegación: Panamá o Liberia, o directamente para
la sede de la casa central: Paraguay, Islas Caimán; sedes bancarias o de logística –off
shore, Delaware, Nevada o Florida, en Estados Unidos– o más alejadas en lo
financiero: Hong Kong y Singapur.
Para estas empresas, al igual que las grandes o medianas grandes atadas a las
anteriores por la forma de valorización –como el caso de las de la misma cadena
metalmecánica, maquinaria agrícola o energía– sería importante analizar un formato
de gestión privada entre sector propietario –CEO técnico profesional– y
representación sindical cuando entran en crisis. Esto significaría para la mayor
cantidad de actividades de la empresa una cogestión similar a la vigente en varios
países a posteriori de la Segunda Guerra Mundial: al estilo de la cogestión alemana
o francesa, con decisiones de planificación de ritmos de trabajo, productividad,
reparto de dividendos, modificaciones de unidades de trabajo vivo y tecnologías

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

nuevas, como las que protegen la salud laboral, y también la introducción de


robotización y de tecnologías limpias; al igual que la educación continua y la
capacitación, cambios en la logística, en la democracia sindical y en la ética y la
responsabilidad social empresarial; y mejoras en la responsabilidad y en la
transparencia en la actividad y en prácticas justas en el mercado, en lo posible
cumpliendo las pautas de la OCDE. Si bien no es necesario que el Estado tenga una
o un representante con voz y voto en el directorio de estas empresas, sí debe tenerlo
en caso de ser propietario de parte del capital –aquellas empresas con parte del
patrimonio que sea resabio de las AFJP– o por representar a los entes reguladores
respectivos. El desenlace para este sector de grandes empresas es mejorar su
rendimiento y responsabilidad social, propagando la aplicación de métodos de
cogestión de representantes sindicales con representantes del capital propietario.
Esto obliga a formalizar una tecnocracia cogestionada que tiene que formarse en las
necesidades del mercado nacional e internacional para la salida de la pandemia, al
mismo tiempo que para las nuevas necesidades del mercado ampliado. Puede ser
válido que los organismos económicos del Estado orienten e incentiven inversiones
que mejoren la reposición, el mantenimiento y la nueva tecnología “limpia” para
periodos próximos de modificación tecnológica y crecimiento.

Pequeña y mediana empresa


El tejido productivo y comercial tiene a esta forma empresarial como la más
difundida y de mayor utilización de unidades de trabajo vivo en nuestro país. En
función de la expansión a futuro, tienen que generar empleo y ser desarrolladoras de
iniciativas creativas y en la incorporación de nuevas tecnologías “limpias”,
respetando la biodiversidad y el medio ambiente. Los polos de innovación tienen
que cambiar la logística y ser facilitadores de nuevos procesos de producción,
comunicación y cristalización de masas de información y de gestión. La relación
entre la gestión y el vínculo del conflicto capital-trabajo en nuestro caso local
debería ser entre propietarios o propietarias y sindicato, dentro de una legislación
laboral que intente manejar la lucha social y desarrollarla, en un ambiente respetuoso
de la dignidad del trabajador y de la trabajadora, y del trabajo.
Este cambio de cultura empresarial significa reconocer la identidad del
trabajador y de la trabajadora y absorber empleo, sin usar negativamente a éste en el
contenido de productividad y eficacia, y sin desconocer el costo del trabajo para la
valorización del capital avanzado al proceso de producción.
En la salida de la crisis, una mayor presencia activa del Estado tiene que crear
condiciones de sostén de las pequeñas y medianas empresas. La mediación estatal
debe tener el papel de facilitar la nueva gestión asociativa o empresarial. El papel del
Estado es generar propuestas para planificar iniciativas regionales de incremento de
oportunidades de negocios. Esto puede realizarse, y no es necesario impulsar una
presencia que sobredimensione el estatismo. Sí se requiere un sostén permanente
para las empresas que cierran o quebrantan durante la crisis, o al momento de
recuperación. Este es un efecto que se expande en los momentos del ciclo
productivo o mercantil, con más intensidad que en los aspectos financieros.
La gestión administrativa de estas empresas es un aspecto determinante en el
corto plazo, ante el riesgo y la incertidumbre de expansión y crecimiento del
mercado, en el tiempo en que el Estado provoque una inyección de liquidez para
aumentar el consumo y sostener la cadena de pagos, para modificar la transición de
restricción aguda del consumo. Es en esas circunstancias cuando la liquidez

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

empresarial se agota, disminuye el stock de mercancías e inventarios, y la


incertidumbre del contexto del mercado hace que el empresario dude. Es allí, donde
el Estado puede inducir la motivación para seguir en la actividad y no retirar el
capital para buscar otra localización en la búsqueda de retribución, evitando que los
quebrantos y cierres empresariales reduzcan el mercado y aumenten el desempleo y
la carencia de ingresos, vía salarios. En esa circunstancia es factible promover la
gestión de los trabajadores y las trabajadoras en forma de asociación autónoma.
La autogestión es una conducción empresarial que requiere una decisión del
colectivo laboral de hacerse cargo de la empresa, recuperar deudas y salir a competir
al mercado como una empresa más. En caso de que esto ocurra, se debe contemplar
no sólo la internalización del funcionamiento productivo, sino también las funciones
financieras, comerciales y de reproducción de salarios, inversiones de reposición,
amortización y distribución de beneficios y de condiciones laborales.
Otro de los vínculos interesantes para las empresas en autogestión es el de la
educación o formación de los miembros del colectivo, que se traduce en aplicación
del trabajo vivo en creatividad e incentivo en intensidad laboral y en mejoras en
gestión y management empresarial.
Esto exige, en la mayoría de los casos y oportunidades, un apoyo estatal para
créditos y financiamientos, para búsqueda de mercados regionales o internacionales
–papel del comercio internacional– en aplicaciones e intercambios con ciencia y
tecnología, universidades, Conicet, la posibilidad de polos de desarrollo o núcleos de
pequeñas empresas.
Este tipo empresarial es muy probable que tenga una amplia difusión para la
salida de la crisis de la pandemia, sumada o siendo parte constitutiva de la crisis
socioeconómica actual.
La autogestión o los funcionamientos empresariales autónomos tienen
dificultades de permanecer en el tiempo, por problemas del entorno externo a la
empresa, en donde el mercado puede estar concentrado y se necesitan respaldos
financieros para evitar compras hostiles de capital accionario, o precios de dumping
de parte de otras empresas. Estas “externalidades” exigen una gestión reconocida y
con conocimiento del rubro o actividad, para poder funcionar con “profesionalidad”
en el medio o actividad de que se trate. Las mayores dificultades son las que surgen
y desarrollan en la gestión interna, por ejemplo, en el reconocimiento interno por las
trabajadoras y los trabajadores y funcionarios y funcionarias de la manera de
mantener la producción para no generar interrupciones laborales; en disputas de
poder en la dirección empresarial; o en gestión financiera y programación o
planificación de mediano y largo plazo técnico y profesional de nivel.
Esta forma empresarial de autogestión puede desarrollarse con espacios
compartidos de capital público o privado, en donde el Estado asuma deudas o
inversiones iniciales de la forma empresarial y después tenga una representación en
la conducción de la gestión.
La codirección puede no ser cogestión. Lo que importa es que se garantice la
transparencia en la conducción, y la no pérdida de la motivación y el estímulo a la
reproducción y acumulación del capital, como si la empresa fuera de valorización
privada. Esto justifica una solidaridad interna con un comportamiento social en lo
subjetivo de la gestión, aunque conservando la competencia en el mercado como
partícipes de un entorno capitalista. La búsqueda de un mercado de acumulación “no
salvaje” se debe dar cuando el tejido de pymes autogestionadas sea suficientemente

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

importante como para incidir en el mercado y no desaparecer como reproducciones


de capital efímeras en los momentos de crisis de empleo.
Un tema a analizar en esta forma empresarial es el de si opera y se
autogestiona de manera de socializar el patrimonio, las pérdidas y las ganancias en
el conjunto de los miembros del colectivo, o solamente en los primeros miembros y,
si se expande la empresa, si el resto opera con la legislación laboral vigente y las
condiciones laborales del mercado. Trabajo digno y decente, y democracia sindical,
son consignas en la función y la gestión.
Funciona mucho en Argentina el cooperativismo de trabajo, de producción y
de consumo, y las formas mutualistas. Desde la crisis de 2001 las fábricas y las
empresas recuperadas son un ejemplo de sostén de empleo y al mismo tiempo de
experiencia socializadora de las relaciones laborales. Se supone que se producen en
estos colectivos autogestionarios desarrollos culturales con profundización de
formas comunitarias y socializantes, con nuevos formatos intersubjetivos más
propensos a surgir en los sectores sociales que distribuyen responsabilidades y
beneficios, con significaciones más dignas y de identidades más igualitarias y
compartidas.
Como conclusión, para la pequeña y mediana empresa y la recuperación de
los cierres, quiebras y quebrantos agudos, se propone la autogestión, o cogestión
cooperativa, con sostén del Estado.

Propuesta para empresa de intervención, control e inducción de la inversión


En la salida de la crisis, se puede utilizar el Consejo Federal de Inversiones
para provocar un planeamiento regional, descentralizado en el territorio y en la
actividad, con empresas mixtas público-privadas en donde se genere una
valorización que contemple la posibilidad de inducir inversiones, de regulación del
mercado por garantizar la oferta y generar precios testigo, control de calidad,
aprovisionamiento y logística, mercados cautivos en expansión y mejoras en la
calificación del trabajo.
Esto lleva a modernizar la creación de productos, con mayor uso del
teletrabajo, de la inteligencia artificial, de la robotizacion flexible, de la
comunicación y la difusión con soportes virtuales, de uso de diversidad monetaria e
internacionalización del mercado: de lo local a lo mundial.
En este entorno, es dable pensar formas de empresas que sean orientadas por
el Estado para ser usadas como organizadoras de negocios, regulando precios locales
o de mercados ampliados: intentos similares a una “OPEP” de agroalimentos, o de
minerales, o de servicios, como si fueran fideicomisos de servicios o de inversiones
de riesgo; especies de núcleos duros en desarrollo de inversiones, con uso de
capitalización “virtual” y orientación Estado-mercado.
Otra alternativa a profundizar es el uso de propuestas de empresas
cooperativas para orientar cambios poblacionales, con nuevas formas de
colonización como en los siglos anteriores en el campo, con iniciativa de apoyo
estatal, pero de gestión privada colectiva, al estilo de las cooperativas de Entre Ríos,
Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires.

Mario E. Burkun es licenciado en Economía (UBA) y doctor en Ciencias


Económicas (Universidad Pierre Mendes France, de Grenoble) y profesor emérito
de la UNM. Ha sido docente-investigador de grado y posgrado en varias
universidades públicas y privadas, nacionales y del extranjero.

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

VICENTIN: CRÓNICA DE UNA ESTAFA ANUNCIADA

Alejandro Rofman

Parafraseando al gran García Márquez y, a la vez, observando la evolución


reciente de las novedades en torno al caso Vicentin, podríamos construir un
excelente relato de una “crónica de una estafa anunciada”. Tales hechos no son
desconocidos en términos del comportamiento de los grandes grupos económicos en
la Argentina. Es habitual que estos grupos actúen por sobre cualquier regulación
estatal –las desconozcan o intenten eludirlas– y hagan operaciones de muy dudosa
legalidad cuando entran en supuesta cesación de pagos y apelan a una convocatoria
de acreedores para responder, en plazos a convenir, con las deudas acumuladas.
Si hacemos un recorrido de las alternativas recientes en torno al derrumbe del
grupo económico citado, lo más significativo que se ha producido consiste en la
efectivización de un verdadero proceso de vaciamiento empresarial denunciado por
los principales acreedores financieros internacionales de Vicentin. Según los tres
bancos comprometidos –uno de los cuales es el CFI, que pertenece al Banco
Mundial– se expresa, en una presentación ante la justicia de Nueva York, que la
empresa se encuentra en una situación irregular en relación con las elevadas
acreencias –300 millones de dólares– que posee con dichas instituciones. En tal
presentación, dichos bancos afirman lo siguiente, textualmente: “¿Fueron inexactos
los estados financieros presentados a los bancos el 29 de julio del 2019 a los efectos
del cumplimiento del convenio? ¿Y los inventarios fueron muy exagerados o las
cuentas por pagar muy subestimadas? ¿Se desvió indebidamente efectivo del
negocio?”. Esta es una denuncia extremadamente grave, de muy seria procedencia.
Seguramente tendremos prontas novedades provenientes de la justicia neoyoquina
que, como en otras ocasiones, planteará una cerrada defensa de los bienes
seriamente afectados, al haber sido atrapados en la convocatoria de acreedores que
pone en peligro la abultada suma arriba citada en concepto de deudas impagas.
Un segundo aspecto a consignar es que la Inspección General de Personas
Jurídicas del gobierno de Santa Fe comprobó hace poco más de tres meses que diez
inmuebles importantes a nombre de Vicentin habían sido cedidos a parientes y
amigos y, por ende, no forman parte del activo empresarial. Esto podría ser una
verdadera estafa, pues se estaría sustrayendo recursos fundamentales de la masa de
activos necesarios para hacer frente a las acreencias incluidas en la convocatoria.
El tercer eslabón de esta cadena de irregularidades lo constituye el abultado
monto del endeudamiento impago de la empresa con el Banco de la Nación
Argentina por un monto acumulado de 300 millones de dólares. Esa deuda se
concretó durante el año 2019, superando la restricción que tiene para entregar
créditos el Banco Nación: el límite es 15% de su responsabilidad patrimonial. La
tercera parte de tal desembolso se concretó pocos días antes de la cesación de pagos.
El día 6 de julio pasado el fiscal de la causa –abierta por la denuncia del Banco sobre
el irregular trámite de concesión de dicho crédito– denunció ante el juez de dicha
causa que los directivos de la empresa, el expresidente del Banco, doctor Javier
González Fraga, y el exvicepresidente de la institución, doctor Lucas Llach,
“incumplieron deliberadamente los deberes a su cargo”. Y agregó: “los empresarios
accedieron a créditos mientras postergaban el pago de sus obligaciones con el
objetivo de que la entidad finalmente no tuviera de dónde cobrar la deuda”. El fiscal

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

pidió la inhibición general de los bienes de dichos exfuncionarios. Otro hecho


oscuro y lamentable.
Una cuarta incidencia judicial es también muy seria. De acuerdo con la ley de
quiebras, la empresa que se presenta a convocatoria de acreedores tiene que
presentar el balance del último año de su ejercicio económico. El ejercicio se cerró
el 31 de octubre de 2019. Pero el balance no se había presentado ocho meses
después del cierre del ejercicio y el juez interviniente concedió, graciosamente, 40
días hábiles el día 10 de julio para que se introduzca en el trámite judicial dicho
balance, debidamente certificado por un auditor internacional de primer nivel. O sea
que se peticionó una convocatoria de acreedores entrado este año y aceptada por el
juez, doctor Lorenzini sin conocerse los datos fehacientes del endeudamiento ni de
los activos disponibles para hacer frente a las acreencias denunciadas. Sin balance
no hay idea real de cómo le fue a la empresa el último año y se desconoce –como
dijimos precedentemente– los bienes que la empresa tiene para responder ante los
acreedores. El mismo juez, el día 7 de julio, impuso a los directivos de la empresa
que incorporen al expediente los balances desde el año 2014 de quince empresas
asociadas a Vicentin, muchas de las cuales no figuraron en el pedido de
convocatoria, y alguna tiene su domicilio en un paraíso fiscal.

Si hacemos un recorrido de las alternativas


recientes en torno al derrumbe del grupo Vicentin,
lo más significativo que se ha producido consiste en
la efectivización de un verdadero proceso de
vaciamiento empresarial denunciado por los
principales acreedores financieros internacionales
En una posterior decisión, ante la no presentación del citado balance, el juez
Lorenzini volvió a conceder un último y definitivo plazo que vence a fines de
setiembre y que supone una prórroga de 40 días hábiles adicionales desde esta nueva
resolución judicial de mediados de agosto. Es realmente bochornoso este dato, lo
que da cuenta de una evidente colusión entre la justicia y la empresa, pues se dio
curso al pedido de convocatoria sin cubrir un requisito esencial que marca la
legislación vigente en estos temas. Un hecho emergente agrega un dato clave
adicional para resaltar la conducta indudablemente dolosa del grupo Vicentin. La
consultora contable KPMG –de prestigio internacional– que avalaba los anteriores
balances confeccionados por la empresa, entrado el mes de setiembre anunció que en
esta oportunidad no iba a desempeñar la tarea que había llevado adelante
precedentemente, por lo que dejaba sin efecto su vínculo con la empresa. Según
constancias elevadas por la demanda del Banco de la Nación Argentina, dicha firma
consultora se negó a continuar como auditora externa del grupo. La información que
surge de un comunicado de dicho banco del día viernes 4 de setiembre expresa que
KPMG informó que entre las causas de su decisión resalta que está en duda “la
capacidad de la organización Vicentin para continuar como empresa en marcha”
señalando el “impacto generalizado que provocó la decisión de interrumpir la
cancelación resuelta por Vicentin SAIC” con los perjuicios que provocó la decisión
de cesar el pago de sus deudas. Como resultado de la evaluación que hizo la firma de
la gestión de la empresa, decidió suspender la auditoría del ejercicio cerrado el 31 de
octubre de 2019 Esta determinación es sumamente grave pues en forma explícita

52
[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

descalifica el accionar de la empresa. En estas condiciones y sin un balance auditado


por una firma reconocida, Vicentin estaría formalmente imposibilitada de plantear
acuerdo alguno con sus acreedores (ver la información que provee Raúl Dellatorre
en el diario Página 12).
Ante la gravedad del proceso judicial, el fiscal actuante, el doctor Gerardo
Pollicita, reclamó del juez, doctor Julián Ercolini, la inhibición general de bienes del
expresidente del Banco de la Nación, González Fraga, y de otros diecisiete
directivos de la entidad, incluido su exvicepresidente Llach y de apoderados de la
empresa. El juez, en una primera resolución, sólo aceptó la inhibición de una de las
empresas del grupo, Algodonera Avellaneda. El fiscal el 24 de agosto volvió a
reclamar la ampliación de la inhibición a todas las personas involucradas,
incluyendo al expresidente del Banco. El fiscal considera de extrema gravedad las
acciones que él considera ilícitas desarrolladas por el directorio del Banco, y así lo
explica: “entre los días 8 y 26 de noviembre de 2019, contando con la calificación
vencida desde el 31 de julio de ese año y encontrándose ampliamente excedida la
firma Vicentin en las normas que establece el BCRA, que precisamente previenen la
vulnerabilidad de las entidades bancarias frente a un incumplimiento inesperado por
parte de un cliente, los referidos funcionarios del BNA otorgaron préstamos a dicha
empresa por un total de U$D 105.500.000” (Página 12, 25-8-2019: 15). El fiscal
recuerda, además, que el crédito otorgado en tiempo record en cantidad de 27
préstamos, cuando ya estaba en graves dificultades financieras, estaba garantizado
por un fondo respectivo de 800 millones de dólares. Esos recursos, que constituían
un Fondo de Garantía, desaparecieron, pues fueron girados a otros bancos –
sacándolos de la esfera del Banco de la Nación– mientras en simultáneo postergaban
el pago de sus obligaciones con el objetivo de que, cuando las autoridades del Banco
quisieran cobrarse la deuda, no quedaran fondos. El juez aún no se ha expedido.
Una nueva información indica que no ha cesado el surgimiento de evidencias
en torno a muy presumibles ilícitos urdidos por el grupo económico Vicentin. Una
denuncia penal fue presentada por la AFIP el 22 de agosto: muestra que entre 2016 y
2019 Vicentin obtuvo reintegros a la exportación por $111 millones, presentando 54
facturas falsas de supuestos pagos a vendedores de materias primas agrícolas que se
iban a comercializar o industrializar por Vicentin por cuenta de dichos inexistentes
proveedores. “Las tareas de control permitieron constatar que los comprobantes
presentados para justificar los reintegros eran falsos, en tanto no denotaban actividad
real, no poseían plantas acopiadoras, ni poseerían actividad específica conocida, ni
declararon personal”, agregó la AFIP en su denuncia (Página 12, 23-8-2020: 20).
Finalmente, cabe referirse a otro acontecimiento surgido muy recientemente
y que forma parte de la presentación que hace el Banco de la Nación Argentina en
términos de su denuncia de vaciamiento económico del grupo Vicentin que
repercute en su capacidad de acumular recursos para el repago de la significativa
deuda que tiene la empresa con el Banco. Se trata del reclamo elevado ante el juez
Ercolini por dicho banco estatal, en la denuncia sobre el posible vaciamiento del
patrimonio de la empresa santafesina por la enajenación del frigorífico Friar al grupo
empresario BAF Capital, quien apareció como la propietaria del frigorífico, tras
operaciones de venta de la participación de Vicentin SA en dicha planta productiva.
BAF Capital adquirió, según trascendidos, las participaciones en Friar de Nacadie
Comercial y Vicentin Family Group, dos empresas radicadas en Uruguay a las que
los accionistas de Vicentin SA –la hoy concursada– le cedieron paulatinamente
acciones de dicha empresa vinculada al comercio de carnes para la exportación.

53
[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

Nacadie y VFG son, sin lugar a duda, parte del holding Vicentin. Comentando esta
reducción del capital accionario de Vicentin SA que posibilitó que el valor de la
venta de Friar desapareciese del activo de la concursada, salieron a la luz
declaraciones públicas del presidente actual del Banco de la Nación, el doctor
Eduardo Hecker, quien afirmó: “la cerealera concursada continúa con el
desprendimiento de sus activos para evitar la cancelación de créditos, lo que
constituye un importante perjuicio para el comportamiento del Banco” (Raúl
Dellatorre, Página 12, 25-9-2020: 6).
Este conjunto de incidentes en torno a la gestión reciente del gran
conglomerado económico que funciona bajo el paraguas de Vicentin revela una
conducta de muy dudosa legalidad que se instaló a partir del desenvolvimiento de las
actividades de la empresa en fecha reciente. La pregunta central que deberíamos
hacernos es la siguiente: del análisis de lo que antecede en este texto, ¿la conducción
de Vicentin actuó premeditadamente en una sucesión de decisiones que fueron
comprometiendo la solvencia empresarial o, por el contrario, hubo factores
contextuales del derrotero de la economía nacional que la llevaron al derrumbe?
Evaluando en su integridad el comportamiento empresarial, la conclusión a la que
arribamos muestra un caso típico de una gran empresa que, a sabiendas, se involucra
en un accionar de crecientes irregularidades, en especial aquellas que implican
separar del activo bienes que debían haberse incorporado o efectuar maniobras
apresuradas, contando con apoyo oficial, que culminaron en un inevitable destino de
cesación de pagos. Con el comportamiento aquí cuestionado, la empresa ha
seriamente perjudicado a casi tres mil pequeños y medianos productores agrarios
que se han quedado sin cobrar sus ventas del último año al grupo comercializador
Vicentin y, por la situación de insolvencia actual, los trabajadores de Vicentin, en
numero de 6.000, están una situación realmente crítica. Tales trabajadores tienen
deudas a su favor por meses de sueldos impagos o poseen sus sueldos y salarios
congelados, o no poseen certeza alguna de que podrán conservar sus puestos de
trabajo. Por ahora se desconoce si los activos de Vicentin están en condiciones de
responder a tales acreencias, dada la no presentación del balance al 31 de octubre del
2019.
Otra pregunta clave es la siguiente: ¿los responsables del manejo más
reciente de la empresa son conscientes del riesgo que corren de comprobarse el
variado conjunto de ilícitos arriba descriptos o, por el contrario, apostaron a que
saldrían airosos sin ningún tipo de consecuencias penales por su accionar? La
hipótesis que manejamos, que aparece cada vez más razonable a poco que se avance
en la investigación de las diversas presentaciones realizadas en sede judicial, expresa
que todos los indicios conducen a pensar en una primera y casi segura conclusión: lo
que Vicentin SA muestra de modo evidente es que sus directivos tenían plena
conciencia del camino que estaban trazando y que pensaban que, al final del mismo,
la “muerte anunciada” de la empresa no les iría a generar ningún perjuicio personal
ni patrimonial. La toma de créditos en forma acelerada al final de la trayectoria
empresarial en el año 2019 y las estrategias de vaciamiento descriptas indican que el
desenlace que hoy afronta el grupo económico debía formar parte de la estimación
empresarial en vísperas de la cesación de pagos. Como sabían del final que iban a
afrontar de proseguir con la conducta empresarial adoptada, cabe imaginar que
apostaban a que finalmente no estarían expuestos a decisiones judiciales que los
perjudicaran. De ninguna manera la conducta desplegada por el directorio de la
empresa supone que el derrumbe de la gestión los tomó desprevenidos y fue, por

54
[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

ende, sorpresivo e inesperado. Evidentemente, en este y en no pocos otros casos, la


pertenencia al poder económico dominante es un reaseguro para que los actores
económicos responsables de la empresa pudieran operar sin temor a ser sancionados.
Si se mira para atrás se va a poder ubicar muchas otras acciones en donde la
connivencia estatal-empresarial concluyó en decisiones de parte de la Justicia o el
Ejecutivo Nacional totalmente reñidas con la salvaguarda de los intereses públicos
de toda la sociedad. El caso paradigmático fue el de la estatización de la deuda
privada de los grandes grupos económicos en el año 1982, que supuso que el Estado
nacional se hiciese cargo de un endeudamiento que por entonces era de cerca de
25.000 millones de dólares. Tales acreedores, los principales grupos económicos del
país, vieron así esfumarse, sin costo alguno, acreencias que el Estado asumió sin
recibir a cambio ninguna compensación. Tras la caída de la dictadura, un proceso
judicial determinó la ilicitud de la ruinosa operación financiera citada, pero no
surgió ninguna condena a sus promotores, porque se la dejó prescribir por exceso de
tiempo sin sentencia. De antemano se sabía que de algún modo el negociado de la
estatización de la deuda privada transferida al Estado en la magnitud consignada –a
partir de una argucia legal del Banco Central dictada en las postrimerías del régimen
dictatorial– iba a estar exenta de cualquier cuestionamiento, ni se sancionaría a sus
ejecutores.
Como resultado final de este análisis queda abierta una muy inevitable
conclusión: el caso de Vicentin es clara evidencia de que sus responsables confiaban
plenamente en que un manto de impunidad les garantizaría quedar libres de toda
culpabilidad y de sanción penal alguna. Tales responsables tenían la certeza de que
no corrían el riesgo de tener que rendir cuentas de sus desmanejos en el futuro.

El Estado, finalmente, tendrá que intervenir,


asumiendo su rol protector del patrimonio de los
miles de actores sociales perjudicados y de las
finanzas de los bancos estatales comprometidos.
Esperemos que así sea y que se sancione a todos los
personajes –de la esfera privada y pública– que
contribuyeron a esta “estafa anunciada”
En el caso Vicentin que analizamos, estamos hoy enfrentados a un escenario
donde los reclamos y las denuncias de serias irregularidades se acumulan cada vez
más. Pese a estas evidencias y a que son muy numerosos los perjudicados por la
empresa –gran parte de modesta condición social, como pequeños productores
rurales y miles de trabajadores– seguramente los propietarios de la firma sabían de
antemano que, dadas sus vinculaciones con el poder económico dominante, podrían
contar, además, con el fuerte apoyo de las más importantes asociaciones
empresariales. A la vez, debían confiar en el respaldo de la dirigencia política a
cargo del gobierno nacional que suponían continuaría en el manejo del Estado luego
del 10 de diciembre de 2019 –fueron los principales donantes de fondos para la
campaña reeleccionista del expresidente Macri– y con el respaldo mediático de los
más importantes medios de comunicación. Ello se comprueba con el hecho de que,
cuando el Estado nacional –ya no ocupado por políticos amigos– pretendió
expropiar o intervenir el conglomerado Vicentin para defender los recursos

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

comprometidos pertenecientes a la banca estatal o a sectores sociales que no


formaban parte del poder económico dominante, se produjeron generalizadas
declaraciones públicas de voceros de dichas asociaciones con cuestionamientos
basados en la defensa de la “propiedad privada” de la empresa. Ello provocó
confusión y temor en amplios sectores de la sociedad, preocupados por las supuestas
consecuencias negativas de las medidas estatales propuestas, lo que llevó a que el
Estado nacional se replegase en su determinación de actuar. Claro está que la
“propiedad privada” que los referidos voceros y los medios concentrados defendían
con mucha insistencia era solamente la de un grupo económico que había incurrido
en numerosas irregularidades. Y tales voces –como luego ocurrió– se iban a olvidar
totalmente de los trabajadores, sin la propiedad de sus emolumentos y en grave
peligro de perder sus empleos, y de los pequeños productores que resultaron
perjudicados en su propiedad por el incumplimiento del pago de las cosechas que
entregaron a la firma para su comercialización o industrialización.
El final no está definido. Los trabajadores persisten en su reclamo público,
cuentan con una adhesión generalizada de las organizaciones sindicales que los
representan y han insistido con su apoyo a la intervención estatal para conocer las
causas del derrumbe financiero de Vicentin y exigir la salvaguarda de sus sueldos y
salarios, y el lugar de trabajo.
La Justicia debe actuar, protegiendo a los más débiles. El desenlace,
entonces, queda todavía abierto, sobre todo porque próximamente la firma
cuestionada deberá –sí o sí– presentar su balance a casi un año del cierre de su
ejercicio, con el aval de un estudio contable reconocido, y entonces se sabrá la
dimensión del daño inferido. Por otra parte, el 15 de octubre es la fecha de
renovación de sus autoridades que, por informaciones periodísticas varias, habrían
resuelto no continuar al frente del grupo económico. Esta muy poco transparente
gestión, en algún momento, deberá rendir cuentas de los desatinos múltiples
cometidos. Y el Estado, finalmente, tendrá que intervenir, asumiendo su rol
protector del patrimonio de los miles de actores sociales perjudicados y de las
finanzas de los bancos estatales comprometidos. Esperemos que así sea y que se
sancione a todos los personajes –de la esfera privada y pública– que contribuyeron a
esta “estafa anunciada”.

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

EL DECRETO ABRE UNA PUERTA, AHORA


NECESITAMOS ESPACIOS DE REPRESENTACIÓN

Entrevistas de Florencia Popp

La coordinadora de la Comisión de Género y Diversidades de los Equipos Técnicos


del Partido Justicialista nacional charló con dos referentas y militantes peronistas,
las compañeras Paula Arraigada (CABA) y Victoria Izquierdo (Provincia de Buenos
Aires). El contexto del diálogo fue el decreto presidencial 721/2020 que establece
reservas de puestos de trabajo para ser ocupados exclusivamente por personas
travestis, transexuales o transgénero. Las expectativas y caminos que se abren para
el colectivo y para un conjunto de identidades forman parte de los desafíos de
nuestro movimiento y nuestro partido.

–¿Qué significado tiene para el peronismo el decreto presidencial que establece el


cupo laboral trans para la administración pública?
Victoria Izquierdo: El colectivo travesti-trans en Argentina ha tenido a la
prostitución como como único destino para sobrevivir. Por eso venimos luchando
hace muchos años en democracia dentro del colectivo: el derecho a poder trabajar, a
dignificar la vida. No es casual que esta medida suceda en este gobierno, porque
siempre el peronismo se ha dedicado a empoderar y dignificar a las y los más
vulnerables. Fueron los gobiernos de Néstor y Cristina los precursores de empoderar
a nuestro colectivo, y quienes nos abrieron las puertas y nos escucharon. La política
y la democracia tenían una deuda con el colectivo travesti-trans. Este decreto
significa un resarcimiento a todas las compañeras que sufrieron violencia
institucional, y una reparación a todas las que quedamos de pie. Lamentablemente,
seguimos teniendo un promedio de esperanza de vida de entre 35 y 40 años, y esto
no es un dato menor, porque luego de cuatro años de un Estado que avasalló todos
los derechos, nuestra situación se agudizó. En lo que va del año perdimos a 64
compañeras, la mayoría de ellas menores de 30 años. Por ellas y por nosotras, este
cupo es un reconocimiento a la lucha.
Paula Arraigada: El decreto viene a resarcir una larga demanda del colectivo trans-
travesti, a subsanar y reparar ese hilo que estaba roto. No lo habíamos estropeado
nosotras, sino el propio Estado. Alberto dijo hace muy poco que hay que construir
un país más justo, y en esa construcción de un mundo más igualitario aparecen estos
debates relacionados a las poblaciones vulneradas. Creo que esto igualará un poco la
situación de nuestro colectivo con el resto de la ciudadanía, lo que coincide con
nuestra demanda histórica. No es el primer debate que atraviesa el peronismo en este
plano. En todas sus gestiones se han sancionado desde 1943 leyes a favor de
derechos de los trabajadores y las trabajadoras, de los niños y las niñas, los derechos
de la ancianidad, o el acceso al voto femenino. Ya en la última década se inicia una
nueva apertura social, con la Ley de Matrimonio Igualitario y la Ley de Identidad de
Género, que permitió una mayor concientización respecto a la diversidad. Como
toda peronista, estoy agradecida: era lo que esperábamos. Sabíamos que iba a llegar,
pero no cuándo, y sentimos que era el momento para que el Estado reconociera por
primera vez a una población que históricamente ha vivido por fuera de todo sistema,
solo por haber definido nuestras identidades. A través de la lucha hemos puesto en el
tapete, en este decreto, la problemática de nuestro corto promedio de vida. De esta

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

manera, generamos esperanzas en las compañeras que hasta ahora estaban


destinadas a morir a una edad muy joven.

–¿Qué cuestiones quedan fuera del decreto y hay que seguir trabajando?
Victoria Izquierdo: Tenemos un Frente Federal Travesti Trans por el Cupo
Laboral, con la compañera Paula Arraigada, donde hay activistas de distintas partes
del país. Consideramos que no es solo una ley, sino un posicionamiento político.
Porque después en la Argentina algunos pierden la memoria, dan vuelta el voto y
vienen gobiernos a desmantelar estos logros. Teniendo una ley es diferente, ya no
vamos a retroceder. Es decir, no solo trabajamos por establecer una Ley Nacional de
Cupo, sino un posicionamiento político. En cuanto a los desafíos, son muchísimos.
El 95% de la población travesti-trans en Argentina va a tener una vida más digna, va
a poder tener acceso a una tarjeta de crédito. Muchas no sabemos qué es eso, o
derecho al acceso a la salud, con lo dificultoso que nos resulta. Vamos a poder tener
nuestro dinero y poder comer lo que tengamos ganas, porque nosotras las travestis
comemos día por medio. Es así, yo lo vivo a mis 54 años y, pese a las dificultades
diarias, no perdemos de vista los objetivos, ni dejamos de luchar con alegría. Estas
cosas va a hacer el cupo: va a dignificar nuestra vida. Ya conseguimos un país que
va en busca de una nueva construcción de derechos, faltan cosas todavía, pero este
cupo da muchísimas posibilidades.
Paula Arraigada: El decreto lo que hace es abrir una puerta que materializa esto
que estaba en el aire, pero no repara toda una ausencia que trasciende esta medida.
Se necesita una ley de reparación histórica, se necesitan leyes que contemplen el
acceso a la vivienda digna, pero sobre todo hay que cambiar ese paradigma
sociocultural, ya que en el Congreso se piensan, se dictan y se proclaman todos los
días leyes que sólo son pensadas para una sociedad heteronormativa. Cuesta pensar
todavía en una mirada amplia de las diversidades. Es hora de discutir también
cuestiones de otros colectivos, como las mujeres afro, las originarias y las
compañeras sordas, que también tienen problemas para la inclusión real en el ámbito
laboral. Necesitamos que los espacios sindicales y partidarios, como en el Partido
Justicialista, tengan una apertura a otras identidades, para lograr construir poder
popular desde la esencia del Partido, que no solo es ampliar derechos, sino también
democratizar nuevas voces. Esperamos que el año que viene podamos ver a
compañeras trans en las listas. Queremos ser nosotras las protagonistas de ese
momento histórico. No le demos el privilegio a la derecha de llevarse los laureles de
nuestras banderas.

–Pensando en la consolidación del movimiento popular, donde el peronismo actúa


como su eje vertebral, ¿cómo ves su relación con las luchas por el reconocimiento y
la igualdad de las diversidades que se dieron durante estos años? ¿Cómo fue esa
simbiosis y en ese sentido? ¿Y cuáles creés que son las prioridades de una agenda
de las diversidades en el gobierno que encabeza el compañero Alberto?
Victoria Izquierdo: Hace 24 años que milito dentro del PJ, pero nunca me habían
dado un espacio para poder expresarme, al igual que en todas las demás
organizaciones del peronismo. Recién en el segundo mandato de Cristina
empezamos a ocupar espacios dentro de las diferentes organizaciones y empezaron a
escucharnos. Cuando trabajamos en la campaña nos sentimos aceptadas, respetadas,
amadas, abrazadas. Las organizaciones políticas hoy sí abrazan a todo el colectivo.
Cada proceso social lleva un tiempo de deconstrucción. Nuestros cuerpos fueron

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

patologizados. La medicina nos trataba como personas demenciales y en nuestras


adolescencias comúnmente nos medicaban. Por eso para nosotras es muy importante
ser recibidas en las organizaciones políticas. Yo hoy me siento contenida dentro del
Partido y no puedo pensarme por fuera del Movimiento. Necesitamos
representatividad. Nosotras, las sobrevivientes, sufrimos todas las desidias, y
entendemos que ocupar espacios de poder va a ser histórico en Argentina, porque
habrá una nueva visión de la política, y vamos a pelear por otras conquistas.
Queremos compañeras diputadas. Tenemos muchos sueños de una patria justa, libre
y soberana donde todes gocen de los mismos derechos, donde a nuestras infancias
travestis trans también se les garanticen sus derechos. Hoy seguimos invisibilizadas
en el discurso educativo, por ejemplo, con el Derecho a la Educación Sexual
Integral, que no se cumple como corresponde.
Paula Arraigada: En los últimos tiempos, los colectivos sociales en sus diversas
identidades siempre han estado presentes en las luchas del movimiento peronista.
Quizás nos ha faltado aunar los esfuerzos dentro de nuestras construcciones, pero
creo que la mayoría de las identidades de la diversidad se sienten comprendidas en
el campo nacional y popular, y la mayoría tiene en su corazón el sentimiento
peronista. El Movimiento necesita ir contemplando las necesidades particulares de
cada colectivo, no sólo desde fuera, sino desde dentro, desde los lugares de
conducción, en el armado de las comisiones donde se defina lo importante.
Necesitamos que las diversidades estén representadas por quienes las integran.
Gracias a Néstor Kirchner volvimos a creer en la política como esa herramienta que
transforma la vida de los pueblos. Hoy nosotras tenemos este decreto que comienza
a subsanar una de nuestras demandas más urgentes, pero si hay algo que tiene una
buena peronista es que, si hay alguien al lado que no esté comiendo, se reparte lo
que haya en igualdad. Dentro del peronismo seguiremos militando por esta unidad
en la diversidad que, junto a Alberto y Cristina, pondremos a la Argentina de pie.

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

CONVERSACIONES CON GERMÁN MARTÍNEZ Y


GUILLERMO CARMONA

Juan Calvo, Araceli Díaz, Maximiliano Borches


y Agustín Marconetto

Con el propósito de intercambiar opiniones y de continuar articulando con


cuadros técnicos de distintas regiones del país sobre temáticas vinculadas al campo
de la defensa nacional, durante el mes de septiembre la Comisión de Defensa
Nacional de los Equipos Técnicos del Partido Justicialista realizó sendos e
importantes encuentros virtuales con Germán Martínez, diputado nacional por la
provincia de Santa Fe y vicepresidente primero de la Comisión de Defensa Nacional
de la Cámara de Diputados (HCDN), y con Guillermo Carmona, presidente del
Directorio del Instituto de Ayuda Financiera para Pago de Retiros y Pensiones
Militares (IAFPRPM) del Ministerio de Defensa de la Nación, y del Partido
Justicialista de Mendoza.
Durante la primera reunión que tuvo lugar el 14 de septiembre, el diputado
Martínez expuso sobre algunos asuntos del ámbito de la defensa tratados a nivel
parlamentario, y sobre la agenda de trabajo que se encuentra desarrollando el
Ministerio de Defensa. En el plano de la actividad parlamentaria se refirió
particularmente al Fondo Nacional de la Defensa (FONDEF) –creado por la Ley
27.565 sancionada el miércoles 16 de septiembre pasado– y al acuerdo que se
alcanzó con el Ministerio de Economía de la Nación para la constitución de dicho
Fondo en el marco del debate por el Presupuesto Anual 2021. Esta iniciativa es de
singular importancia para la recuperación de capacidades de nuestras Fuerzas
Amadas.
Asimismo, Martínez señaló, ya en el plano extraparlamentario, la decisión
tomada por el presidente de la Nación de restituir el Decreto Reglamentario
727/2006 de la Ley de Defensa Nacional y la de derogar la Directiva de Política de
Defensa Nacional (DPDN) emitida por el gobierno de Cambiemos –uno de los
puntos que la Comisión del PJ había señalado entre los peores retrocesos generados
por el macrismo– así como el mandato para sancionar la nueva DPDN antes de fin
de 2020. Del mismo modo, destacó como un acto de justicia salarial la decisión de
agregar las sumas no remunerativas al sueldo del personal militar en actividad y en
situación de retiro, un hecho que ningún gobierno había adoptado de manera
decidida.
Por otro lado, el diputado resaltó un curso realizado por primera vez entre el
Instituto de Capacitación Parlamentaria de la HCDN y la Universidad de la Defensa
Nacional, dirigido a diputadas y diputados nacionales y a sus asesores y asesoras.
Destacó un rasgo sobresaliente de la gestión del ministro Agustín Rossi, cual
es la articulación de políticas públicas con otros organismos nacionales, entre los
que se destaca la participación en el esfuerzo sanitario contra la pandemia, pero
también la acción decidida en torno de la política exterior referida a la Causa
Malvinas y en la lucha contra la pesca ilegal, en conjunto con el Ministerio de
Seguridad de la Nación. Asimismo, mencionó la participación de la industria de la
defensa en vinculación con actividades industriales de organismos como
Ferrocarriles Argentinos o convenios con el INTA. Mencionó también la elección

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

realizada por el Ministerio de Producción de la Nación para que el sector


aeroespacial se convierta en uno de los ejes de desarrollo tecnológico, que será
apuntalado con inversiones en el mediano plazo. Se refirió, además, a los proyectos
que se encuentran en diseño para la etapa de pospandemia, entre los que se
encuentra la posible participación de la industria para la defensa en los proyectos de
conectividad digital dirigidos a interconectar al país.
Por último, Martínez sostuvo la necesidad de profundizar la acción
combinada entre la gestión del Ministerio de Defensa, el Poder Legislativo y el
Partido Justicialista de manera de generar vínculos de encuentro y de aportes que
permitan desarrollar las agendas de trabajo que se encuentran en trámite.

El Fondo Nacional de la Defensa (FONDEF) creado


por la Ley 27.565 sancionada el miércoles 16 de
septiembre pasado es de singular importancia
para la recuperación de capacidades
de nuestras Fuerzas Amadas
La reunión realizada el 16 de septiembre con Guillermo Carmona giró
principalmente sobre los temas relacionados a las declaraciones del exgobernador de
Mendoza y presidente de la UCR, Alfredo Cornejo, respecto de una presunta
secesión mendocina, y las últimas acciones emprendidas por el IAFPRPM. En lo
que refiere al supuesto proyecto secesionista, Carmona destacó, como primera
cuestión a tener en cuenta, la diferenciación que es preciso realizar entre lo que sale
publicado en los medios y lo que realmente sucede en la provincia, donde la idea de
separarse del Estado Argentino no representa un acuerdo social importante que
amenace seriamente la integridad territorial de nuestro país. Indicó que fue a raíz de
la decisión tomada por el presidente Alberto Fernández de suspender la obra de la
represa Portezuelo del Viento hasta que las provincias ribereñas al Río Colorado se
pusieran de acuerdo, que Cornejo instaló la idea de que Mendoza “tiene todo para
vivir como un país independiente”.
Por otra parte, haciendo uso de un tema que genera mucho interés entre los
mendocinos –la cuestión de los recursos coparticipables– indicó que lo que también
se visualiza detrás del argumento secesionista es la intención de desgastar al
gobierno nacional y al peronismo de la provincia. Al mismo tiempo, señaló, se va
gestando desde sectores de derecha la conformación de un partido provincial de
características “bolsonaristas”, basado en un discurso conservador y misógino, que
podría actuar como ambulancia electoral capaz de cosechar los votos de los partidos
políticos provinciales minoritarios, algunos de los cuales provienen del peronismo.
No obstante estos movimientos políticos, Carmona destacó que el Partido
Justicialista de Mendoza mantiene una clara postura federal y de apoyo al gobierno
nacional y la conducción política del Frente de Todos, y reiteró que no existe un
acuerdo social en el pueblo de Mendoza que avale una idea como esta.
Por otro lado, en lo que respecta a las últimas acciones desarrolladas por la
institución que preside, expuso sobre el otorgamiento de un crédito a la Fábrica
Argentina de Aviones SA (FAdeA) para el desarrollo y fabricación del prototipo de
la aeronave IA-100 “Malvina”. Dicha medida, anunciada en el mes de agosto,
representa una importante novedad en la historia del Instituto que, si bien está
facultado a invertir en operaciones financieras siempre que cuenten con la garantía

61
[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

del Estado, nunca lo había hecho en el campo de la industria para la defensa, para lo
cual se halla también habilitado. En este sentido, el funcionario destacó que el
crédito de 2,5 millones de dólares que se destinará a este emprendimiento se
desembolsará en 12 cuotas mensuales consecutivas, a la vez que generará una tasa
de interés pactada del 4% anual, lo que duplica la rentabilidad del Instituto en
relación a la colocación de plazos fijos en dólares, que hoy no supera al 2% anual.
Asimismo, le brinda la posibilidad a FAdeA de contar con un año de gracia para
empezar a devolver el préstamo y acceder, además, a una tasa preferencial respecto a
lo que ofrece la banca privada, situada tres puntos por encima, al menos.

El otorgamiento de un crédito a la Fábrica


Argentina de Aviones SA (FAdeA) para el
desarrollo y fabricación del prototipo de la
aeronave IA-100 “Malvina” representa una
importante novedad en la historia del Instituto,
que nunca lo había hecho en el campo
de la industria para la defensa
El avión, que será el primer proyecto de producción en serie de FAdeA,
luego del IA-63 “Pampa”, cuenta con la capacidad de formar pilotos militares, a la
vez que plantea una posible adaptación para un tercer o tercera tripulante en cabina y
de aplicación al ámbito civil en una versión de cuatro plazas. Asimismo, se destaca
el aporte de dicho proyecto al desarrollo de la industria nacional, en tanto planea
involucrar al menos a cinco pequeñas y medianas empresas que se verán favorecidas
al participar de un proyecto con alto potencial de crecimiento.
Hacia el final de su exposición, Carmona volvió a indicar que hay ciertos
sectores de la sociedad argentina que buscan erosionar al gobierno que encabeza
Alberto Fernández, recurriendo a argumentos a veces irrisorios. Por dicho motivo,
indicó que es imperativo mantener y construir nuevos espacios de discusión,
participación y organización –aun en tiempos de pandemia, a través de recursos
virtuales– que nos permitan contribuir al desarrollo del proyecto nacional.
De esta manera, en ambas reuniones se destacó el esfuerzo que está
realizando el Gobierno Nacional en materia de Defensa. La aprobación del
FONDEF y la directiva para sancionar una nueva DPDN antes de la finalización del
año en curso, sumado al reconocimiento salarial para el personal de nuestras Fuerzas
Armadas y la puesta en marcha del proyecto IA-63 “Malvina” son algunas de las
iniciativas que contribuyen a vislumbrar un horizonte más claro en materia de
Defensa.

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

¿ALGUIEN LEYÓ EL INFORME BACHELET


SOBRE VENEZUELA?

Aldo Duzdevich

La respuesta más escuchada estos días será: “no, no lo leí, pero no le creo
nada”.
Aclaración necesaria antes de empezar: a) para nuestro gobierno, Nicolás
Maduro es el legítimo presidente de la República Bolivariana de Venezuela;
Argentina no participa del Grupo Lima; Argentina rechaza enérgicamente cualquier
tipo de sanción económica, intervención o injerencia extranjera en los asuntos
internos de Venezuela, y seguimos apostando al diálogo como resolución de los
conflictos; b) Argentina ejerce a nivel mundial un bien ganado liderazgo en materia
de defensa de los Derechos Humanos como política de Estado; su defensa irrestricta
constituye uno de los pilares fundamentales de la política exterior argentina.

El informe del Consejo de Derechos Humano de la ONU


Comencemos diciendo que no se trata de un informe “de” Michelle Bachelet,
sino del Consejo de Derechos Humanos de la ONU, el máximo organismo a nivel
mundial de defensa de los Derechos Humanos en todo el mundo. En 2018, Michelle
Bachelet fue elegida por unanimidad, en la Asamblea General de Naciones Unidas,
Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos.
Michelle Bachelet, dos veces presidenta de Chile por una coalición de
izquierda, sufrió el asesinato de su padre durante la dictadura de Pinochet, y ella y su
madre fueron detenidas y torturadas en Villa Grimaldi. Entre otras cosas, aprendió a
reconocer el olor de su propia carne quemada por la tortura. Pero nada de eso es
suficiente para salvarse de los opinólogos que estos días han explicado que está
“cooptada” por el imperialismo yanqui.
El 8 de octubre de 2019, el Consejo de Derechos Humanos de la ONU
decidió crear una misión para Venezuela con el objetivo expreso de “investigar
ejecuciones extrajudiciales, desapariciones forzadas, detenciones arbitrarias y
torturas y otros tratos crueles, inhumanos o degradantes desde 2014”. Los miembros
de esta misión fueron: Marta Valiñas, especialista en justicia penal internacional y
justicia transicional, con experticia en el caso de Yugoslavia; Francisco Cox Vial,
abogado penalista, dirigió el Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes
nombrado por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) para
investigar el caso de Ayotzinapa en México; Paul Seils, director de Prácticas de Paz
e Innovación en el Instituto Europeo de la Paz, y trabajó en la Fiscalía de la Corte
Penal Internacional. Estos tres reconocidos profesionales elaboraron un detallado
informe de 443 páginas.
Alrededor de este informe se levantó un inmenso coro de indignados con
argumentos tan sólidos como: “por qué no se va a investigar a Chile, ¿ehh?”; “no
dice nada de Bolivia”; “¿y de Colombia se olvida, no?”; “¿por qué no va a
Guantánamo?”. Bueno, diré que basta con ingresar a la página web de la ONU para
ver todas las denuncias e investigaciones en curso en más de 40 países, entre otros
Colombia, Bolivia, Chile, Birmania, Sudan, Congo y el territorio ocupado de
Palestina.

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

Pero en materia de declaraciones desafortunadas, el ganador fue sin duda el


sociólogo y bibliotecario Horacio González, quien en Radio Nacional explicó: “El
gobierno [de Venezuela] está en una batalla de calles. Debe reprimir y esa represión
tiene víctimas”. Agregando: “la palabra socialismo no nos puede dejar indiferentes”.
Sabés que sí, Horacio, la “heroica batalla” que libra el ejército bolivariano contra
esos pibes que salen a tirar piedras a los milicos ya lleva 53 víctimas. Cincuenta y
tres jóvenes estudiantes menores de 25 años, la edad nuestra en los 70, cuando te
conocí y te admiraba como un ídolo.

Mi límite son los 53 estudiantes asesinados en manifestaciones callejeras


“Este es mi límite”, fue una frase que se repitió mucho estos días por parte de
los “indignados”. Es como una sentencia única, moral e irreprochable que da un
áurea de excelso principismo a quien la pronuncia. Bueno, yo también la voy a usar:
mi límite es el asesinato a sangre fría de manifestantes desarmados, aunque se haga
en nombre de “la palabra socialismo”.
Yo sí me tomé el trabajo de leer las 443 páginas del informe sobre la
situación de Derechos Humanos en Venezuela. Un argentino con los ojos curtidos de
leer miles de páginas sobre violaciones a los Derechos Humanos, a poco de leer se
da cuenta que quienes escriben y los testimonios colectados no son fruto de ninguna
conspiración, sino un lamentable muestrario de hechos que conocemos muy bien
como parte de nuestra historia reciente.
Voy a empezar por el capítulo de las “ejecuciones extrajudiciales”, o
asesinatos en manifestaciones de protesta. O en la “batalla en las calles”, como le
gustó decirlo a Horacio González. Primero, porque son los hechos más visibles: hay
videos, cientos de testigos, salen en los medios, no se pueden ocultar o discutir su
existencia.
“Caso 39: muerte de Daniel Alejandro Queliz Araca, estudiante de derecho
de 20 años en los parques del municipio de Valencia, Carabobo (10-11 de abril de
2017). La protesta comenzó alrededor de las 19 horas con un ‘cacerolazo’, en el que
los vecinos golpeaban ollas y sartenes desde sus ventanas. Alrededor de las 23:30
horas, un equipo móvil de cuatro policías comenzó a disparar desde los techos.
Daniel Queliz cayó herido de muerte y llegó al hospital sin signos vitales”.
Acotación: en nuestro país los cacerolazos son habituales, pero nunca se nos ocurrió
silenciarlos a los tiros.
“Caso 40: protesta en Caracas y muerte de Carlos José Moreno Baron de 17
años, estudiante de Economía (19 de abril de 2017). Se encontró con un amigo y se
dirigió al punto de concentración de la marcha de la oposición en la Plaza la Estrella.
Poco antes de las 10:30 llegaron al menos seis motocicletas con 12 hombres
armados con pistolas y escopetas, con pasamontañas y chalecos antibalas, se bajaron
y dispararon contra los manifestantes. Moreno recibió una herida de bala en la
cabeza, falleciendo en el acto. El Ministerio Público concluyó que quienes habían
disparado eran miembros del ‘Colectivo 5 de Marzo’, un grupo armado que operaba
en Cotiza”. Acotación: los “colectivos” son grupos civiles armados que “colaboran”
con el gobierno en la represión de las calles. En mi país los llamamos paramilitares y
tuvimos algo parecido que se llamó Triple A.
“Caso 41: muerte en protesta de Juan Pablo Pernalete Llovera Altamira, de
20 años, Caracas (26 de abril de 2017). Un funcionario de la GNB disparó una
bomba lacrimógena hacia el señor Pernalete desde 15 metros de distancia,

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

golpeándolo en el pecho y provocando que cayera de espaldas. Según testigos el


joven estaba por lanzar una botella”.
“Caso 42: muerte de Armando Cañizales, 18 años, recién inscripto en la
Facultad de Medicina (3 de mayo de 2017). Un testigo reveló que Armando
Cañizales, su hermano y un amigo se encontraban cerca de un piquete de la GNB
sobre la autopista Francisco Fajardo. La GNB comenzó a disparar con escopetas
contra los y las manifestantes, mientras éstos caminaban por el puente. Se oyó un
disparo, Armando Cañizales se agarró el pecho y corrió unos metros antes de
desplomarse”.

Un argentino con los ojos curtidos de leer miles de


páginas sobre violaciones a los Derechos Humanos,
a poco de leer se da cuenta que quienes escriben y
los testimonios colectados no son fruto de ninguna
conspiración, sino un lamentable muestrario de
hechos que conocemos muy bien como parte
de nuestra historia reciente
“Caso 44: muerte en protesta de David José Vallenilla Luis, 22 años,
trabajador de salud, Caracas (22 de junio de 2017). Salió de su trabajo a las 15 horas
para unirse a la protesta. Con un grupo de amigos caminaron por la autopista
Francisco Fajardo en dirección de la Base Aérea Generalísimo Francisco de
Miranda. David José Vallenilla se detuvo cerca de la valla, recogió un objeto y lo
intentó arrojar por encima de las altas rejas, mientras varios soldados se ubicaban de
otro lado de la valla. Uno de ellos, ya cerca de la valla, pasó su escopeta a través de
la reja y disparó de forma directa hacia el pecho desde una distancia no superior a
tres metros”.
“Caso 46: asesinato en protesta de Ender Peña, 18 años, en San Cristóbal,
Táchira Contexto (30 de julio de 2017). Los y las manifestantes corrieron a
esconderse detrás de algunas casas frente al barrio Rómulo Colmenares. Ender Peña
se refugió detrás de un muro y de ahí se asomó para tratar de localizar el lugar desde
el cual los agentes del CONAS estaban disparando. En ese momento fue alcanzado
por un disparo y cayó al suelo. Dos testigos indicaron que tres funcionarios del
CONAS estaban usando rifles de francotirador”.
Bueno, supongo que alguien querrá explicarme que todos estos jóvenes
asesinados eran mercenarios al servicio de la CIA. Solo un idiota podría aceptar ese
tipo de explicación, no es mi caso.

Otros aspectos que señala el informe


“Los oficiales militares activos o ex militares han ocupado entre el 23% y el
44% de los puestos del gabinete desde 2014 y alrededor del 30% de las
gobernaciones estatales. También ocupan puestos de liderazgo en empresas estatales
clave, incluida la empresa petrolera estatal Petróleos de Venezuela SA (PDVSA)”.
Es llamativa la cantidad de organismos militares, policiales y de inteligencia
dedicados a “mantener el orden interno”, empezando por la Fuerzas Armadas
Nacionales Bolivarianas (FANB). Según la Constitución: “la misión de la FANB es

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

asegurar la independencia y la soberanía de la Nación, manteniendo el ‘orden


interno’ y asumiendo un ‘papel activo’ en el desarrollo nacional”.
“El 1 de abril de 2015, el general Néstor Reverol Torres, comandante de la
Guardia Nacional (GNB) emitió un manual de normas y procedimientos”. Según el
mismo, “son enemigos internos aquellos individuos que pueden ser nacionales o
extranjeros que se encuentran en el territorio nacional y mantienen posiciones
opuestas a las políticas del gobierno nacional”.
“La Milicia Bolivariana está compuesta por ciudadanos voluntarios, que
asisten a la FANB en la ‘defensa integral’ de la nación y contribuyen al sistema de
inteligencia y contrainteligencia”.
“En septiembre de 2018 se establecieron Redes de Articulación y Acción
Socio-Política (RAAS). Se trata de comités de vigilancia comunitarios para
identificar al enemigo mediante la cartografía de las preferencias políticas de los
habitantes”.
“El Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (SEBIN) tenía como
objetivo identificar a la disidencia política y activistas de derechos humanos, así
como a otros hombres y mujeres que se percibían como contrarios al Gobierno,
mientras que la Dirección General de Contrainteligencia Militar (DGCIM) tenía
como objetivo al personal militar y a personas civiles asociadas, presuntamente
implicadas, en rebeliones o intentos de golpe de Estado”.
“Las personas detenidas por motivos políticos fueron retenidas en uno de los
dos edificios del SEBIN en Caracas: la sede del SEBIN en la Plaza Venezuela o El
Helicoide. El edificio de la Plaza Venezuela tenía una extensa zona de detención,
conocida como La Tumba”.
A principios de 2020 se creó más espacio en la DGCIM Boleíta para alojar a
más detenidos. Los guardias se refieren a esta área como “La Casa de los Sueños”.
Otras celdas de castigo identificadas son “El Ascensor” y “El Cuarto de Torturas con
Agua”, también conocido como “El Submarino”, donde se sumerge a los individuos
en tanques de agua. Y un espacio central llamado “La Pecera”.
“Los organismos de inteligencia también sometieron a la disidencia –tanto
hombres como mujeres– a violencia sexual, incluyendo violaciones sexuales con
partes del cuerpo u objetos y amenazas de violación sexual a la persona detenida o a
sus seres queridos, desnudez forzada, así como palizas y descargas eléctricas en los
genitales. Estos actos de violencia sexual también constituyen una tortura o un trato
cruel, inhumano o degradante”, dijo Francisco Cox.
Me quedan recortes para llenar diez páginas más, pero creo que es suficiente.
Ninguna de las bellas almas revolucionarias –como Alicia Castro, Carlos Raimundi,
Horacio González o tantos otros– se van a tomar el laburo de leer el informe, y
menos de contestarlo. Mi reconocimiento esta vez a Horacio Verbitsky, quien en su
reportaje al presidente hasta se permitió corregirlo, acotando: “la quinta regla de
nuestra política exterior dice: hay que respetar los derechos humanos”.

Aldo Duzdevich es autor de La Lealtad: Los montoneros que se quedaron con Perón
y Salvados por Francisco.

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

LA IMPORTANCIA DE LOS ORGANISMOS DE CONTROL


PARA LA LEGITIMACIÓN DEL ROL POLICIAL
EN DEMOCRACIA

Viviana Arcidiácono, Adrián Rodríguez y Glen Evans

En el marco del trabajo que venimos realizado en la mesa de Seguridad de los


equipos técnicos del Partido Justicialista nacional se ha definido que la
consolidación de organismos de control policial externos a las fuerzas, conducidos
por profesionales sin estado policial, es uno de los ejes fundamentales para el
fortalecimiento de un proceso que permita la mejora institucional de las Fuerzas de
Seguridad Federales y de las policías provinciales. La función principal de estos
organismos es permitir identificar y proponer soluciones a los problemas existentes
en las fuerzas, partiendo de casos puntuales para reconocer y trabajar sobre los
problemas estructurales.
La definición política de qué seguridad queremos está demorada después de
casi 37 años de retorno a la democracia. Entendiendo a la seguridad como un
fenómeno complejo y multicausal, tenemos claro que la respuesta del Estado debe
ser interdisciplinaria e integral, reconociendo que el tema policial es sólo un
componente de una respuesta más amplia. En este sentido, la necesidad de “gestión
de la información” es uno de los ejes centrales en cualquier proyección desde la
seguridad pública, partiendo de premisas de producción descentralizada con análisis
centralizado. Sin la capacidad de generar información confiable en todas las áreas de
gestión de la seguridad pública, es imposible organizar los recursos del Estado para
lograr resultados tangibles.
En esta misma dirección, necesitamos redefinir la matriz con la cual se
piensan las políticas de seguridad pública en el país, definiendo claramente cuál es la
visión desde la administración sobre este tema y la consecuente definición de una
“política criminal” detallada, seguida de un plan de acción que contemple todos los
actores intervinientes, sus roles, sus responsabilidades y los compromisos de la
gestión en el corto, mediano y largo plazo.
Entendiendo lo anterior, no caben dudas que, si bien no es el único elemento,
las fuerzas policiales son una herramienta primaria en la planificación de la política
criminal y son, sin lugar a duda, el principal actor al definir el brazo visible del
Estado ante la ejecución de una política de prevención o represión del delito ante la
comunidad.
Resolver qué policía queremos es, también, una asignatura pendiente desde la
recuperación de la democracia, y debería ser una prioridad de los decisores, en todos
los niveles: trabajar en propuestas que permitan superar prejuicios preexistentes y
realizar los cambios necesarios que promuevan el acercamiento entre policía y
comunidad. En este punto es necesario destacar que definimos a las y los policías
como trabajadores del Estado, civiles, que cumplen un servicio esencial,
comprendiendo la heterogeneidad de funciones y perfiles que se resumen bajo el
concepto de “personal policial”. En este sentido, es necesario reconocer que dentro
de este espectro estamos hablando de personal de las Fuerzas de Seguridad
federales, las policías provinciales y la Policía de la Ciudad Autónoma de Buenos
Aires, con perfiles y funciones disímiles que abarcan desde la prevención del delito

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

o la intervención ante conflictos vecinales o sociales, hasta la protección de las


fronteras, la investigación de delitos complejos o la producción de inteligencia
criminal, entre otras.
Este “personal policial” requiere, por la función esencial que se le asigna en
el marco del Estado de Derecho, tener una dirección y un control político eficaces,
que transmitan a las fuerzas consignas claras para la ejecución de sus funciones, en
el marco de un proyecto racional y sostenido. Esta claridad conceptual debe
comprender el rol esencial de las fuerzas de seguridad y policiales, fomentando su
colaboración como parte de la solución de las problemáticas de seguridad pública, y
no como una fuente adicional de generación de conflictos.
Dadas las experiencias en el marco de los últimos años, donde se observa un
aumento en la existencia de casos de abuso policial, intervenciones violentas,
presencia irregular de personal en manifestaciones sociales y espionaje a
organizaciones no gubernamentales, se pone de manifiesto la necesidad de asumir la
responsabilidad por parte de la conducción política en el área de seguridad, de
investigar y generar mecanismos de control que garanticen la protección de la
sociedad y del personal de las fuerzas de seguridad ante todo tipo de abusos. La
política criminal adoptada durante la gestión de Juntos por el Cambio se caracterizó
por el empleo casi exclusivamente represivo de las fuerzas de seguridad, generando,
puertas adentro de las instituciones, la sensación de que los abusos policiales estaban
permitidos o no tendrían el castigo correspondiente por parte de las autoridades
políticas con responsabilidad en el área.
Hechos recientes de dominio público que protagonizó un importante grupo de
policías de la provincia de Buenos Aires son otra muestra de acciones llevadas
adelante por personal policial que generan situaciones de conflictividad y, más allá
de la legitimidad o de los fundamentos del reclamo, su no canalización a través de
las instituciones existentes y la no visualización temprana del conflicto por parte de
los decisores políticos agranda, aún más, la brecha en la relación de la policía con la
sociedad en su conjunto.
Entendiendo los antecedentes, queda claro que cualquier reforma o
modernización de las fuerzas de seguridad federales y de las policías provinciales
debe ser considerada bajo las premisas de subordinación al poder político, la
restitución de su poder público y el establecimiento de formas concretas del manejo
del accionar policial. Su labor debe tener reglas claras que delimiten sus funciones y
responsabilidades, reconociendo que los organismos de control tienen un rol
fundamental.
Con respecto al rol específico de los organismos de control policial,
consideramos que es indispensable asumir la responsabilidad, desde la conducción
política, de investigar y generar mecanismos de control que garanticen la protección
de la sociedad y del personal de las fuerzas de seguridad ante todo tipo de abusos,
comprendiendo que quien se desempeña en las fuerzas de seguridad debe ser
investigado, en sus conductas por faltas graves, por personal no perteneciente a la
estructura de la organización de la fuerza y que responda al poder político con
responsabilidad de gobierno.
Entendiendo la seguridad pública con las complejidades propias de un país
federal, la necesidad de plantear esta problemática implica, necesariamente, un
debate que promueva la participación y adhesión por parte de todas las provincias,
generando un espacio de discusión y debate para la creación de organismos de
control policial externos como modelo de gestión. En este sentido, el debate debería

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

priorizar el desarrollo conjunto de pautas comunes de trabajo abarcando: sanciones


similares para las mismas faltas; una matriz común de investigación; la
homogenización de procedimiento administrativo; y relevamientos de información
para poder sistematizarla y analizarla, con el objetivo de tomar medidas que
impacten positivamente en la evolución y la mejora de las fuerzas.
Si bien existen actualmente organismos o auditorías de control policial
externos a las fuerzas en algunas provincias,10 el principal problema no es sólo la
excepcionalidad de los casos, sino que los existentes se encuentran invisibilizados y
subexplotados. Por lo anterior, consideramos que la consolidación de un espacio de
intercambio federal sobre la temática debe ser canalizado a través del Consejo de
Seguridad Interior previsto en la Ley 24.059, dando un marco formal a la interacción
entre las provincias y la Nación, para dar forma a una visión compartida sobre la
función de estos organismos y un ámbito de colaboración para brindar asistencia
mutua en la implementación y seguimiento de las actividades.
Concluimos que la falta de un control adecuado en y de las fuerzas de
seguridad federales y policías provinciales constituye, aún, un déficit importante en
nuestra política de seguridad pública, siendo una temática que debe estar presente al
definir la agenda de debate político-partidaria. Esta discusión debe darse
comprendiendo que los organismos de control policial deben constituirse con
reconocimiento por ley, con jerarquización político-técnica; deben ser organismos
de prevención y sanción, con una fuerte articulación con la comunidad, para que ésta
tenga acceso a las denuncias y participe del control de las fuerzas de seguridad,
como multiplicador ciudadano y de construcción democrática. Asimismo, estos
organismos deben consolidarse como organismos técnicos con una vinculación
esencial con el Poder Judicial, a los efectos de trabajar mancomunadamente en los
posibles casos de delitos cometidos por personal que revista en una fuerza de
seguridad, colaborando con la Justicia en el esclarecimiento de las acciones ilícitas,
dando de esa manera respuestas a la sociedad y a los propios integrantes de las
fuerzas.
En esta dirección, un organismo de control policial eficiente debe gestarse
con una fuerte impronta preventiva, reconociendo su rol indispensable, dinámico y
con fuerte penetración social en el marco de los procesos de construcción de una
mejor policía, más profesional y más cercana a la ciudadanía.

Viviana Mónica Arcidiácono es abogada, fue senadora provincial y auditora


general de Asuntos Internos del Ministerio de Seguridad de la Provincia de Buenos
Aires. Es congresal nacional del Partido Justicialista, vicepresidenta del Centro de
Estudios de Proyectos y Propuestas Bonaerenses (Ceppbo) y fundadora del
Movimiento de Acción Política por la Igualdad (MAPI). Rubén Adrián Rodríguez es
licenciado en Seguridad (IUPFA), comisario general (RA) de la Policía de la
Provincia de Buenos Aires con 32 años de antigüedad. Es fundador de la Red de
Policía y Sociedad Civil de Latinoamérica y docente en la Escuela Superior de
Policía. Glen Evans es coordinador de la mesa de Seguridad de los equipos técnicos
del PJ nacional y fue docente en la Escuela de Inteligencia sobre el Delito y en
posgrados de la UBA, UCASAL y UGD.

10
Hoy existen cuatro organismos de control policial externos a las fuerzas en funcionamiento y
dos en etapa de debate o constitución.

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

LA NECESIDAD DE INCORPORAR NUEVOS ACTORES


QUE CONTRIBUYAN CON LA JUSTICIA EN EL CONTROL
DE LOS OPERATIVOS DE SEGURIDAD
Y LA MALA PRAXIS POLICIAL

Daniel Garibaldi

El campo de la seguridad ciudadana se ha desarrollado en las últimas


décadas, tanto en el plano académico como en el político estratégico, con la
finalidad de comprender e intervenir ante conflictos emergentes que devienen en
delitos y violencias de diversa complejidad. Se constituyó así, a partir de la
formación en docencia e investigación universitaria, un campo del saber que
contribuye a consolidar el carácter interdisciplinario de la administración de justicia
que permite poner en debate los conflictos de intereses en juego en un litigio.
En tal sentido, en la Comisión de Seguridad de los equipos técnicos del
Partido Justicialista nacional se identificó la necesidad de fomentar la formación de
peritos judiciales en seguridad que sean capaces de auxiliar a jueces y juezas,
aportando su saber científico en aquellos casos donde se plantean cuestiones ajenas a
la ciencia jurídica y, por ende, externos a los saberes de la abogacía y la
magistratura. Muchas veces esas cuestiones son tan lejanas que pasan absolutamente
desapercibidas ante la mirada de los principales actores del proceso.
A modo de ejemplo, si tomamos el caso de la fallida final de la Copa
Libertadores que debió disputarse en el Estadio Monumental en el año 2018 y que
debió ser suspendida por los graves incidentes generados por los simpatizantes
locales, podemos afirmar que nos topamos con una de las peores organizaciones de
seguridad que hayan existido en el fútbol argentino y, a pesar de ello, sus
responsables quedaron impunes. Se desplegaron elementos de seguridad
abiertamente ineficientes para el caso, tal como la Prefectura Naval Argentina, cuyos
miembros nada saben de contención y manejo en espectáculos deportivos. De hecho,
la seguridad en espectáculos públicos no es una actividad contemplada en su Ley
Orgánica. Pero mayor gravedad representa que se hayan empleado 800 cadetes de la
escuela de policía de la Ciudad. Es decir, se expusieron jóvenes que no culminaron
su formación policial, que no poseían ART –los estudiantes están becados y no
tienen relación laboral con la Policía de la Ciudad– y peor aún: carecen de estado
policial, porque recién lo obtienen al momento de su nombramiento, a su egreso del
instituto. A los ojos de cualquier experto o experta resultaba altamente improbable
que tal evento se desarrollara satisfactoriamente, a pesar de haber contado con un
despliegue total de 2.700 efectivos –sumando también los de la Policía Federal y de
la Ciudad, y seguridad privada. A pesar de ello, el debate se centró en la ruta que se
dispuso para el micro que transportaba a los jugadores de Boca Juniors, perdiéndose
así de vista la flagrante negligencia por parte de los ministros de Seguridad de la
Ciudad y de la Nación, quien tampoco dio explicaciones respecto al dispenso de
efectivos de una fuerza de seguridad para un simple evento deportivo, en tanto que
jamás se cumplieron los supuestos del artículo 23 de la Ley de Seguridad Interior.
Tales negligencias generaron pérdidas millonarias a River Plate, pues debió devolver
las entradas vendidas a sus aficionados y alquilar un estadio en Madrid, para luego
jugar el partido con las tribunas semivacías. Surge la duda acerca de si en esa

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

ocasión el club River pagó en concepto de policía adicional por los 800 cadetes de la
policía de la Ciudad. Se habría configurado una estafa porque –como ya
mencionamos– no eran policías.
Otro ejemplo de mala praxis policial lo podemos encontrar en el intenso
tiroteo entre efectivos de la Policía Bonaerense y de la Federal mantenido en las
inmediaciones de una estación de servicio en la ciudad de Avellaneda, el 29 de
marzo de 2019. En esa ocasión, los de la Bonaerense estaban siendo vigilados al
momento del cobro de dinero producto de una extorsión. Al retirarse del lugar,
personal de la PFA pretendió detenerlos, empuñando su armamento, a pesar de no
encontrarse uniformados, ni a bordo de móviles identificables –vestían ropas de civil
y chalecos identificatorios–, generándose un violento tiroteo que dio por resultado la
muerte del comisario de la Policía Bonaerense implicado en el delito. El
enfrentamiento se dio en una zona poblada con fuego cruzado, poniendo en riesgo a
transeúntes, trabajadores y clientes de la estación de servicio. Sin dudas, esa
intervención por parte del personal Federal fue temeraria y por ende excesiva –el
dinero estaba marcado y los policías delincuentes identificados y filmados– y su
detención pudo haberse llevado a cabo en cualquier otra oportunidad. A modo de
ejemplo, correcto habría sido que a las pocas cuadras –eligiendo el lugar más
seguro– patrulleros identificables con balizas y sirenas prendidas les cerraran el
paso, resultando así mínimas las probabilidades de que los delincuentes ejercieran
resistencia, pues no cabría posibilidad de que confundieran el procedimiento con un
robo –por no estar de civil los federales– y, sobre todo, por la superioridad
arrolladora del despliegue policial. Sin embargo, ese mal proceder que acabó con la
vida de un delincuente de manera innecesaria, fue casi normalizado, tanto por la
opinión pública como por la justicia.
La acordada 3861/2017 de la Suprema Corte de Justicia de la Provincia de
Buenos Aires y la resolución CAGyMJ 26/19 del Consejo de la Magistratura de la
CABA incluyeron en las nóminas de Auxiliares de la Justicia la especialidad pericial
en Seguridad Ciudadana. Un medio de prueba prácticamente desconocido hasta el
momento por el ámbito judicial, a pesar de que cuenta con el potencial de
convertirse en un actor fundamental en materia de identificación de mala praxis en la
implementación policial y en el deficiente proceder.
El dictamen pericial se constituye en un valioso elemento de prueba y, como
tal, en una opinión calificada que contribuye a generar la convicción del magistrado
y que será tenida en cuenta a la hora de fundamentar la sentencia correspondiente.
Resulta así fundamental continuar aportando cada vez mayores herramientas que
coadyuven al mantenimiento de prácticas policiales adecuadas, velando para que su
eje rector se encuentre centrado en la progresividad del uso de la fuerza y el máximo
respeto de los Derechos Humanos.

Daniel Garibaldi integra la mesa de Seguridad de los equipos técnicos del PJ


nacional.

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

LA COMISIÓN NACIONAL DE ENERGÍA ATÓMICA


Y EL SECTOR NUCLEAR

Carlos Rubén Calabrese

Creada en 1950, esta institución dio lugar a todos los organismos y empresas
nucleares del país. Posee una distribución que abarca gran parte del territorio
nacional y cuatro grandes asentamientos: el Centro Atómico Constituyentes y el
Centro Atómico Ezeiza, ambos en la provincia de Buenos Aires; y en la provincia de
Río Negro están el Centro Atómico Bariloche y el Centro Tecnológico Pilcaniyeu.
En tecnología, la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA) es una de
las entidades rectoras de nuestro país, aún en temas más allá de lo nuclear. Su
colaboración con la construcción y el desarrollo de paneles solares para nuestro
satélite en el Centro Atómico Constituyentes es solo un ejemplo. Llegó a completar
el ciclo de combustible nuclear, tanto en lo productivo como en lo que hace al
conocimiento tecnológico, con un amplio conocimiento en las llamadas tecnologías
sensitivas como la conversión del uranio, además del desarrollo de materiales, desde
la metalurgia –aun la del uranio y de aleaciones especiales– hasta el desarrollo de
materiales sintéticos.
Respecto al desarrollo de técnicas nucleares aplicadas, tenemos por ejemplo
la producción de radioisótopos y radiofármacos que se producen en el Centro
Atómico Ezeiza. Además, allí se producen los combustibles nucleares de nuestras
centrales y nuestros reactores de investigación, como el viejo RA-3 construido en
1964 y actualizado en 2000-2003. También se tiene la producción de aleaciones
especiales, que van desde el circonio y sus aleaciones hasta el titanio. Desde el punto
de vista productivo, constituye el centro tecnológico nuclear más importante. Su
sector de Medicina Nuclear es particularmente importante, con la Escuela de
Medicina Nuclear de Mendoza y su presencia –no solo académica, sino de gran
impacto social– en la zona de Buenos Aires y en Bariloche, entre muchos lugares.
Por otro lado, el Centro Atómico Bariloche ha sido fuente de conocimiento con el
Instituto Balseiro en los laboratorios de investigación básica y aplicada. También
están las regionales de Salta, Córdoba, Mendoza y Trelew, nacidas al amparo de la
búsqueda del recurso uranífero, pero que son asentamientos que le dan a la CNEA
presencia en gran parte del territorio de la nación.
En lo académico, posee tres institutos con diferentes orientaciones, siempre
con vinculaciones con lo nuclear: el mítico Balseiro, el Sabato y el más joven, el
Dan Beninson.
Así, las actividades de la CNEA van desde la investigación básica y el
desarrollo tecnológico hasta la producción. Su actividad desde 1950 dio lugar a
empresas que permitieron expandir la actividad nuclear. Iniciado en 1976, INVAP –
en principio, una sociedad entre la provincia de Río Negro y la CNEA, que en el año
2000 se retiró, dejándola en manos de la provincia– fue creado para comercializar
los productos tecnológicos de CNEA, principalmente los reactores de investigación;
CONUAR y FAE son empresas de CNEA con participación privada asentadas en el
Centro Atómico Ezeiza, además de construir los combustibles de nuestras tres
centrales nucleares y nuestros reactores de investigación, participan en otras
industrias, tales como la aeroespacial, con los tubos de aleaciones especiales;
DIOXITEK es una sociedad de CNEA y la provincia de Mendoza productora de

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

dióxido de uranio, de fuentes de cobalto 60 y comercializadora de radioisótopos;


ENSI, sociedad entre CNEA y la provincia de Neuquén, no solo opera la planta de
agua pesada, sino que también brinda servicios de ingeniería.
No es nuestra intención hacer una descripción detallada de las empresas, cada
una con sus virtudes y defectos, que escapa al alcance de este simple artículo. Las
hay con alto perfil, como INVAP, y otras que no lo tienen, como CONUAR y FAE,
cuya importancia no es menor. Pero corresponde destacar que CONUAR, FAE,
DIOXITEK y ENSI son el corazón productivo de nuestro ciclo combustible nuclear.
Además, de la antigua Gerencia de Área de Centrales Nucleares de la CNEA surgió
la NA-SA, de la misma manera que de la Gerencia de Área de Protección
Radiológica y Seguridad surgió la ARN, el organismo regulador de la actividad. La
NA-SA, además de operar nuestras centrales nucleares, tiene importantes grupos de
ingeniería.

¿Cuál es la situación de CNEA y el Sector Nuclear?


Todo organismo tiene –o debería tener– un objetivo. La CNEA nació con el
fin de dominar todos los ítems relativos al uso de la energía atómica –nuclear– en
todas sus etapas, desde la minería de uranio hasta la producción energética, más las
tecnologías derivadas, como sus importantes aplicaciones medicinales e industriales.
En lugar de transcribir las incumbencias que da la legislación desde 1950 respecto al
tema, aquí se opta por describir someramente los logros y las falencias. Los logros
nos deben dar satisfacción y orgullo, y las falencias son el empuje para seguir
adelante.
Un breve análisis histórico muestra que hemos tenido, con las diferentes
conducciones de la CNEA –al principio, Dirección Nacional de Energía Atómica–,
varios periodos diferenciados. Allá por 1950, el coronel González y luego el
almirante Iraolagoitia encabezaron CNEA durante el primer peronismo; luego, en
1955 fue el almirante Quihillalt hasta 1973 –con un corto periodo del almirante
Helio López– para luego regresar entre 1973 a 1976 Iraolagoitia. Sin dudas, 1950-
1976 fue el periodo de mayor progreso de la actividad nuclear en nuestro país.
Prácticamente de la nada, la actividad de CNEA surgió del famoso intento fallido
del doctor Richter, y en paralelo y en el mismo periodo se pasó rápidamente a poseer
un importante dominio de la radioquímica y se instaló el primer sincrociclotrón de
Latinoamérica. En poco tiempo nacieron los tres centros atómicos actuales, los
reactores de investigación, el sistema productor de radioisótopos y radiofármacos y
una central nuclear en operación –la primera de Latinoamérica: Atucha I– y
comenzaba la construcción de la Central Nuclear de Embalse. Éramos capaces de
construir los combustibles de esas centrales desde nuestras minas de uranio.
Además, ya para mediados de los años 50 nuestra ciencia nuclear descollaba con sus
investigaciones y el descubrimiento de nuevos radioisótopos. Éramos el segundo
país de América que había reprocesado plutonio en 1969… Un observador podría
preguntarse: ¿cómo pudo ser que desde 1950 hasta 1976, habiendo sido un periodo
de nuestra patria con notables antinomias, peronismo-antiperonismo y demás, la
CNEA pudiera avanzar con una relativa eficacia? Una posible respuesta nos la
confesó en su casa el almirante Oscar Quihillalt a mediados de los 90. Allí nos contó
de su amistad con su predecesor –que luego fue su sucesor– el almirante
Iraolagoitia, y cómo ambos pusieron como condición a sus respectivos gobiernos
que no existiera persecución política dentro de CNEA, además de un acuerdo global
sobre los grandes objetivos que se tenían en esos momentos. Fueron factores de

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estabilidad que permitieron tal progreso. Y debemos sumar dos características


presentes en esa época: liderazgo y conducción.
En marzo de 1976 llega el tristemente célebre Proceso de Reorganización
Nacional. Asume la presidencia de CNEA el almirante Castro Madero. Todo lo
mencionado anteriormente se acaba. Comienza la persecución política interna, con
desaparecidos incluso dentro de las instalaciones de CNEA, y al mismo tiempo,
paradójicamente, la aparición de enormes recursos económicos. Así se inicia un
gasto superlativo en el sector. El presupuesto de CNEA llegó a ser mayor al de la
provincia de Buenos Aires. Las Fuerzas Armadas son instituciones de la República,
y al Proceso lo encabezaba una facción de esas Fuerzas que no representaba a la
totalidad de sus integrantes, tal como nos consta. La CNEA se vio sectorizada, al
igual que la Junta y otras áreas de la dictadura militar. Cada institución del Estado
tenía representación de las distintas armas. En caso de la CNEA, la Marina tenía el
control de la institución –como había sido de hecho hasta ese momento, aunque no
oficialmente– pero el Ejército mantuvo una gran parcela. Se generó una disputa
interna dentro de la institución: la Marina iba por el enriquecimiento de uranio, y el
Ejército por el reprocesamiento y el plutonio. El almirante Castro Madero no pudo
ejercer liderazgo ni conducción, más allá del alto perfil que tuvo en esa época.
En ese periodo se logró con demora (1983) inaugurar la segunda Central
Nuclear Argentina: Embalse. Se inició la construcción de la Planta Industrial de
agua Pesada –aunque fue proyectada en 1975 e inaugurada en 1993– y de la Central
Nuclear de Atucha II, inaugurada recién en 2014. Nuestros científicos básicos
tuvieron apoyo, como en la construcción del acelerador TANDAR, y el
equipamiento de los laboratorios. La pregunta es si –con todos los recursos con que
se contó– no deberíamos haber tenido logros mucho más importantes. Si tomamos
los casos de la India o de Corea del Sur, que iniciaron sus actividades después que
nosotros, ellos alcanzaron algo que aún no hemos logrado, como el diseño de
centrales nucleares de potencia con tecnología propia.
Para el fin del Proceso nos quedamos –a un enorme costo– con una Planta de
Enriquecimiento en Pilcaniyeu, con tecnología antigua. Una instalación –digamos–
demostrativa, incapaz de cubrir las necesidades de uranio enriquecido para nuestros
reactores de investigación, y lo que es peor: dejó una enorme instalación en Ezeiza,
la Planta de Reprocesamiento para la obtención de plutonio que no funcionó nunca,
una mala inversión de cientos de millones de dólares, habiéndose desmantelado la
planta original donde ya se había obtenido plutonio.
Con el retorno de la democracia fue lógico que el monstruoso presupuesto
fuera disminuido dramáticamente. Por otro lado, en el periodo posterior al Proceso
se lograron éxitos, como la obtención de radioisótopos por separación de productos
de fisión, la inauguración de nuevos laboratorios, el ciclotrón de producción,
etcétera. Como ya mencionamos, era muy reciente la finalización de Atucha II, que
desde el periodo del Proceso fue como un tapón del desarrollo nuclear. Se construyó
el reactor de 10 MW RP-10 y su planta de radioisótopos en Huarangal, Perú, por
parte de CNEA. También se podrían mencionar los éxitos internacionales de la
empresa INVAP, Argelia, Egipto Australia… También se verificó la expansión de la
empresa, bajo la conducción de nuestro querido y recordado Cacho Othegui, con su
exitoso desarrollo. Radares, satélites, sus exitosas incursiones en el ámbito de la
tecnología de defensa, entre otras. Pero –como ya dijimos– Argentina no logró aún
algo tan fundamental como una central de potencia con tecnología propia. En 1984
se inició el proyecto CAREM, una central de potencia modular. Pasó por varios

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diseños y potencias, la primera versión era de 15 MW eléctricos. Si bien se hicieron


avances todavía faltan años para tener el CAREM versión 25 MW. En caso de
lograrlo, sería el primer reactor de potencia de diseño nacional. Los últimos cuatro
años –de 2016 a 2019– fueron casi mortales para el proyecto, como para casi toda la
CNEA y las demás empresas asociadas.
En tecnología existen “hitos” que significan un escalón hacia arriba, no solo
en el dominio tecnológico propio, sino por su impacto internacional –cuando
decimos “propio” no excluimos el adoptar tecnología foránea si fuera necesario. Es
decir que esos “hitos” significan un antes y un después. Un cambio de estatus en la
tecnología. Por ejemplo, si vamos al desarrollo espacial argentino, sabemos lo bueno
e importante que es como hito el poder construir satélites de gran complejidad,
incluso de comunicaciones, pero debemos alquilar el servicio de ponerlos en órbita,
lo que sin duda nos limita. El próximo hito es la obtención de un lanzador propio y
la posibilidad de poner en órbita un satélite nacional. Esto representaría un impacto
estratégico de primer orden a nivel internacional. Un antes y un después.
Volviendo a CNEA y al sector nuclear en general, podemos mencionar
algunos impactos relevantes, o hitos: en 1958, primer reactor nuclear construido en
Latinoamérica, el RA-1, el primero de una larga sucesión que no describiremos aquí;
en 1969, la ya mencionada obtención de plutonio a partir de combustibles de RA-3,
que fue la llave de desarrollos que nos permiten hoy tener radioisótopos a partir de
radiación del uranio y sus productos de fisión nuclear; en 1974, la primer Central
Nuclear de Latinoamérica –aunque adquirida llave en mano– y a partir de ese
momento pertenecemos al club de países con generación eléctrica de origen nuclear;
en 1983, la obtención de la tecnología de enriquecimiento de uranio, con importante
impacto en su momento, conseguido a partir de la tecnología de los años 40, como
es la difusión gaseosa.
¿Qué nos falta? Completar el desarrollo del CAREM y la planta de
enriquecimiento en algo más que un laboratorio demostrativo, y además profundizar
en tecnologías, como la ya probada centrifugación, o bien variantes de separación
isotópica por láser. Hoy se plantea una disyuntiva para una cuarta central nuclear,
que también será llave en mano. Se habla de un PWR uranio enriquecido de origen
chino –denominado Hualong– y hay quienes encarnizadamente bregan por un
reactor del tipo de uranio natural y agua pesada. En los 60-70, en plena Guerra Fría,
ya existió esa discusión para la primera central nuclear. La disyuntiva “uranio
natural-agua pesada” tenía que ver con la necesidad de tener autonomía respecto al
combustible de las centrales nucleares. Es decir, no depender del extranjero en
cuanto a la provisión de uranio enriquecido en caso de un eventual bloqueo. Hoy las
condiciones son diferentes. La Argentina ya firmó el Tratado de No Proliferación
(TNP), lo que no había hecho en ese momento. Y más allá de que no hemos firmado
el Protocolo Adicional del TNP, eso difícilmente sea una dificultad para obtener
uranio enriquecido de menos del 20%, en caso de necesidad, ya sea de Estados
Unidos, Europa, Rusia o China. Pero además debemos recordar que nuestro diseño
de central nuclear, el único hasta ahora en marcha, es el CAREM, una central de
uranio enriquecido que no es más que un “primo hermano” de los PWR. Existieron
proyectos de centrales argentinas de diseño argentino de agua pesada y uranio
natural, como fue el ARGOS –una evolución de Atucha I– y también se hizo un
diseño nacional de tipo CANDU, pero en ambos casos todo quedó en carpetas y
planos no concretados. En otras palabras, la construcción de una cuarta central no
debe pasar por esa falsa disyuntiva. Antes bien, debemos sacar todo el provecho

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posible a nivel tecnológico si es una Hualong, y no descuidar nuestros trabajos en


separación isotópica o, como se dice en forma más mundana, en tecnología de
enriquecimiento de uranio. Por lo tanto, es relevante, para avanzar en esa dirección
por parte de CNEA, congelar de una vez el diseño del CAREM 25. Con el reactor
funcionando podremos hacer su evolución a módulos de mayor potencia, podremos
comercializar y demás. Se habrá cumplido un hito. Todo será diferente
tecnológicamente a partir de ese momento.
Volvamos entonces a lo que viene. El reemplazo de las autoridades de NA-
SA ya se realizó. Lo mismo sucede con la ARN. Esperamos que las nuevas
autoridades de CNEA pongan en pie la institución, devastada por cuatro años de mal
manejo. Tenemos plantas que no funcionan hace años, como la Planta de Irradiación
de Ezeiza, que hoy sería una herramienta importante ante la crisis sanitaria actual
por la pandemia. Tenemos que evaluar el proyecto RA-10, que es el reemplazo del
reactor RA-3. Pero no podrá reemplazarlo si no tiene las plantas de separación de
productos de fisión y de radioisótopos a su lado, que no se han comenzado a
construir y no se hacen en pocos meses.
El nuevo presidente de CNEA no tendrá recursos de sobra. Tendrá que
definir dónde poner “los porotos” para ser eficaz. El desafío de lograr nuestra central
propia y una planta “creíble” de enriquecimiento no será un tema de cuatro años.
Pero sí se pueden establecer las bases para que esto sea posible, sin dispersión de
recursos en tiempos razonables. Es menester no desviarnos de los objetivos antes de
llegar a ellos. Y lo que es esencial, hacer un relevamiento de las instalaciones de
CNEA. A modo de ejemplo y volviendo al RA-3 y las Plantas de Fisión y
Radioisótopos, debemos prever que deben estar en condiciones –hoy no lo están–
hasta que el nuevo complejo que sea creado con el RA-10 y sus nuevas plantas
anexas estén en condiciones de reemplazarlos, tal vez en una década. El conjunto
RA-3 y las plantas asociadas, que son las principales proveedoras de radioisótopos
del país –y exportan– deben operar todo ese tiempo. Alguien que no sabe de
operación de reactores y plantas insinuó la irradiación en el RA-10 y el uso de las
plantas viejas que están al lado del RA-3. Eso es inviable, dada la distancia del orden
de un kilómetro entre el RA-3 y el RA-10. Sería difícil que ARN autorice una
práctica semanal de transporte de blancos de uranio irradiados, además de ser algo
muy inseguro.
En otro orden de cosas, CNEA tiene una connotación estratégica desde lo
tecnológico, pero en el ámbito civil, ya que hemos firmado el TNP. Algunos insisten
con el desarrollo de un submarino nuclear, tarea que excede a CNEA que, si bien
puede ser importante, debemos recordar que no podría tener misiles nucleares como
las cinco potencias nucleares oficiales. Solamente tendría mayor autonomía. Desde
el punto de vista de la estrategia nacional, consideramos que es mucho más relevante
conseguir los lanzadores de satélites propios.
El avance o no de los proyectos no es un tema de presupuesto, simplemente.
Como ya dijimos, es vital el liderazgo y la conducción de las nuevas autoridades de
CNEA. Esperemos que así sea, porque no debemos perder de vista que cada peso
malgastado es un peso menos para nuestro sistema de salud, o para nuestros
maestros, entre las muchas necesidades que nuestra Patria tiene.

Carlos Rubén Calabrese es ingeniero nuclear (1982), doctor en Ingeniería Nuclear


(1991) y magister en Defensa Nacional (1997). Fue gerente general de CNEA
(2006-2015).

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SISTEMA NACIONAL DE VIGILANCIA EPIDEMIOLÓGICA


Y SALUD PÚBLICA VETERINARIA EN EL MARCO
DE LA PRODUCCIÓN PORCINA PARA
PROVEER DE CARNE A CHINA

Matías Fernández Madero

Ante la oportunidad que se presenta de que la República Argentina se sume


al grupo de países proveedores de carne porcina a la República Popular China, se
torna importante un análisis que colabore con los debates necesarios y las propuestas
que puedan surgir. Estimo que estas propuestas serán de utilidad para que los
funcionarios y las funcionarias que estén en la gestión puedan tomar las decisiones
más acertadas para nuestro país.
Este análisis intenta estar libre de prejuicios y sin forzar una postura definida
o acabada. El avance de cuestionamientos a muchas estructuras, ideologías y formas
de vida que se vienen dando en esta última década nos hace ver claramente que las
viejas categorías de análisis ya no son suficientes y que hay que abrir las miradas,
contemplando cuestiones que hoy interpelan a la humanidad. Esto último, palpable
también en el ámbito de la producción agropecuaria, incluye ámbitos tales como la
producción y la elaboración de alimentos, el cuidado del suelo y del agua, el
fortalecimiento de los modos de vida rurales y el arraigo.
Asimismo, no hay que subestimar a nuestro pueblo, considerando que
muchas de las nuevas –viejísimas– voces que se levantan, y que representan
movimientos tales como la lucha contra el patriarcado o la toma de conciencia sobre
el desastre medioambiental, son patrimonio de sectores acomodados de la sociedad.
Dos simples ejemplos: la conciencia de cuidado que muestra el pueblo más humilde
ante la pandemia, y el cuidado que las familias campesinas tienen de los bosques
nativos a través de todo el país.
Para enfrentar la pandemia del COVID-19 las autoridades argentinas
consideraron lo ocurrido en otros países. esto permitió tomar decisiones que se ven
reflejadas positivamente en cómo estamos transitando esta crisis. Del mismo modo,
cabría conocer qué fue lo que pasó –y está pasando– en China con la Peste Porcina
Africana, y cómo la misma diezmó no solo las piaras de cerdos, sino también
sistemas productivos con siglos de arraigo en esas latitudes.
La pandemia generada por el coronavirus es una emergencia particular del
colapso ambiental y está íntimamente vinculada al modo en que la humanidad se
viene relacionando con el medio ambiente, la producción de alimentos y los hábitos
alimentarios. Esto interpela profundamente cómo nos relacionamos con la naturaleza
y pone de manifiesto la urgente necesidad de replantear ciertos sistemas productivos.
Es por esto que, más allá de identificar posibles debilidades, estas reflexiones
intentan ser propuestas tendientes a fortalecer las políticas vinculadas a la
producción, la elaboración y la comercialización de alimentos en nuestro país.

Sistema de Vigilancia Epidemiológica y atención pública veterinaria local


Según la Organización Panamericana de la Salud (OPS), un sistema de
vigilancia epidemiológica tiene entre otros objetivos identificar las modificaciones
que se puedan estar produciendo en la población respecto a las enfermedades

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transmisibles, los factores de riesgo, los cambios medioambientales –ecológicos y


sociales–, los procedimientos, la calidad de los servicios de salud y los indicadores
del estado de salud. Además, se hace hincapié en la interacción entre los niveles
locales, provinciales y nacionales y la dinámica entre los sectores públicos y
privados.
Nuestro país cuenta con un sistema de atención pública veterinaria a lo largo
de todo el territorio nacional, conformado por organismos estatales nacionales –el
Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria, SENASA, organismo
descentralizado del Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación–,
provinciales y municipales. Todo este sistema, si bien extendido, no cuenta con la
misma fortaleza a lo largo del país. El SENASA es uno de los organismos públicos
nacionales con mayor llegada territorial, sin embargo, su accionar no está
apropiadamente acompañado por sus contrapartes provinciales y municipales,
debido a la carencia de recursos en dichas jurisdicciones, y el mismo SENASA, en
muchas zonas del país, no cuenta con los recursos humanos y materiales suficientes.
En todo este sistema de vigilancia epidemiológica juegan también un rol
preponderante el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA) y las
universidades de Ciencias Veterinarias, como así también los productores
agropecuarios y la industria proveedora de alimentos.
Un sistema de vigilancia eficiente debe contar con acciones coordinadas y de
participación entre las autoridades municipales, provinciales y nacionales, tanto en
el ámbito de la salud pública como en el de la sanidad animal. Asimismo, debe haber
una ligazón entre la investigación y los ámbitos educativos con el mundo concreto
de la producción y la elaboración de alimentos.
Uno de los marcos normativos que rige todo este accionar es el Reglamento
General de Policía Sanitaria de los Animales, aprobado por Decreto 3909 de fecha 8
de noviembre de 1906, y desde sus orígenes nuestro sistema de salud pública
veterinaria tuvo una fuerte impronta sesgada hacia la exportación, orientada al
control de enfermedades que afectan la comercialización. Por ejemplo, la Fiebre
Aftosa. Es por esto que nuestro país históricamente no ha hecho suficientes
esfuerzos en fortalecer los sistemas de atención veterinaria local, especialmente en
lo concerniente a las enfermedades que afectan a poblaciones rurales postergadas.
No por nada a estas enfermedades se las denomina enfermedades desatendidas:
Hidatidosis, Brucelosis caprina, Chagas, etcétera.
Desde los años noventa, el SENASA promovió, y aun sigue vigente, un
exitoso modelo de atención veterinaria local mediante la conformación de Entes
Locales de Luchas Sanitarias con el objetivo de administrar la vacunación contra la
Fiebre Aftosa y la Brucelosis Bovina. Dichos entes son una muestra cabal de la
sumatoria de fuerzas entre el Estado y los productores. Meritorio sería que dicho
modelo fuera alentado también para fortalecer el sistema nacional de vigilancia
epidemiológica, con miras a prevenir, controlar y erradicar todas las enfermedades
que afectan a la población, especialmente a las más postergadas. Algo así se intenta
actualmente fomentar desde los avances que se vienen desarrollando en el ámbito de
los pequeños productores y productoras, chacareros, chacareras y familias
campesinas con los Consejos para la Agricultura Familiar Campesina e Indígena
conformados, como lo establece la Ley de Reparación Histórica, por organizaciones
del sector, en conjunto con las reparticiones pertinentes del Estado.
Se está hablando de establecer polos productivos de cerdos en provincias
periféricas, debido a que se podría transformar el maíz y la soja en carnes, y se daría

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un impulso económico a dichas regiones. Aunque se trate de establecimientos


productivos totalmente cerrados, con bioseguridad y con integración vertical –
plantas de alimentos balanceados, frigoríficos, biodigestores, etcétera– nuestro país
no cuenta hoy con un sistema de atención veterinaria local de envergadura para
asumir los desafíos sanitarios que podrían acarrear estas producciones a gran escala.
Hay que pensar que dichos establecimientos, por más que cuenten con estrictos
protocolos de bioseguridad, no dejan de estar exentos a los riesgos sanitarios de la
región o de las localidades donde se establezcan. Dicho riesgo podría además
trasvasar lo que pudiera ocurrir en los establecimientos, impactando negativamente
en los sistemas productivos locales, con la consiguiente agudización de las malas
condiciones socioeconómicas.
Innumerables factores de riesgo contribuyen en la ocurrencia de
enfermedades emergentes. Entre estos factores figuran el crecimiento de la
población, la evolución de los hábitos de consumo de alimentos y sus consecuencias,
tales como la demanda creciente de alimentos y la intensificación de los sistemas de
producción, el aumento de los desplazamientos y el comercio de animales y de sus
productos y subproductos, el empleo y el uso inadecuado de agentes antimicrobianos
generadores de resistencia, la perturbación de los ecosistemas y el cambio climático.
La salud pública veterinaria se integra dentro del enfoque de una sola salud
sobre los riesgos sanitarios y la preservación de la integridad de los ecosistemas para
beneficio de la salud humana y de la salud de los animales domésticos y de la
biodiversidad. Es por esto que los estamentos del Estado vinculados a la Sanidad
Animal –Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca y SENASA–, la Salud
Pública –Ministerio de Salud– y el medioambiente –Ministerio de Ambiente y
Desarrollo Sostenible– deben trabajar en forma mancomunada cuando se trata de
temas como el que nos ocupa.

Argentina no cuenta a lo largo de todo su territorio


con un sistema de atención pública veterinaria
integral de envergadura para asumir los desafíos
sanitarios que podrían acarrear producciones
animales a gran escala
Estatus sanitario de la República Argentina
La Argentina está libre de enfermedades que afectan a los cerdos –Fiebre
Aftosa, Peste Porcina Clásica, Peste Porcina Africana y Síndrome Respiratorio y
Reproductivo Porcino– que tienen un alto impacto en el comercio internacional. En
el protocolo sanitario rubricado durante 2019 entre Argentina y China se expresa
claramente que la exportación se permitirá solamente si dichas enfermedades no
están presentes en el país de origen. La ocurrencia de estas enfermedades traería
aparejado el cierre del comercio de carnes y subproductos.
Actualmente, los riesgos de que ocurra un foco de las enfermedades
mencionadas son bajos, aunque no inexistentes. Por ejemplo, para el caso de la
fiebre aftosa, Brasil y Paraguay han suspendido recientemente la vacunación y la
situación en Bolivia, con toda la crisis institucional por la que está atravesando, es
incierta. Asimismo, nuestro país viene saliendo de un proceso de cuatro años de
debilitamiento sistemático de los sistemas sanitarios, entre los cuales el SENASA no
quedó exento.

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

Una de las cuestiones primordiales frente al escenario de que la Argentina


aumente en forma exponencial la producción de cerdos es contar con planes de
contingencia claramente delineados para actuar frente a la ocurrencia de eventos
sanitarios adversos. El proyecto que se acuerde debe pasar, antes de ser aprobado y
durante su ejecución, por instancias de consultas interdisciplinarias para el análisis
de escenarios y soluciones posibles ante la ocurrencia de escenarios adversos.
Los cerdos son altamente susceptibles a la Fiebre Aftosa, poseen un gran
efecto multiplicador del virus, se pueden infectar con poquísimas partículas virales,
y dado que no se vacunan, se consideran especie centinela, “identificando” el virus
circulante.

Argentina tiene un estatus sanitario privilegiado.


Ante la eventualidad de convertirnos en un país
productor de carne porcina en cantidades que
superen exponencialmente las que actualmente
producimos, es fundamental contar con un
exhaustivo plan de contingencia donde queden
claramente plasmadas las acciones a tomar frente a
la ocurrencia de un evento sanitario adverso

Peste Porcina Africana (PPA)


A fines de los 70 y comienzos de los 80 Brasil pasó por la experiencia de
sufrir brotes de Peste Porcina Africana, provocando una crisis en todo el sector de la
producción, industrialización y comercialización de carne porcina. Lo mismo está
ocurriendo hoy en Asia y Europa oriental. Por la PPA, China tuvo que sacrificar
millones de cerdos para controlar la transmisión del virus, el cual tiene una altísima
contagiosidad y letalidad, puesto que mata el cien por ciento de los animales
afectados. Esta epidemia ampliamente distribuida por Asia y Europa oriental es
consecuencia directa del sistema globalizado de carne producida a gran escala en
sistemas de producción intensiva en confinamiento. Los focos de la enfermedad son
preponderantemente en zonas adonde la producción intensiva ha ido reemplazando a
las producciones extensivas medianas o pequeñas, que además se ven perjudicadas
por las medidas de prevención y control. Entre los grandes desafíos se destaca la
falta de tratamiento o vacuna disponible, así como la existencia de distintos
escenarios epidemiológicos. El control se centra en las medidas de bioseguridad para
prevenir la introducción del virus y en el sacrificio sanitario a gran escala de
animales infectados o de alto riesgo para contener la propagación de la enfermedad.
La PPA ha puesto en peligro a la mayoría de las poblaciones de cerdos
domésticos y silvestres en el mundo. Para respaldar los esfuerzos de los países que
quieren proteger sus economías y la seguridad alimentaria, la Organización Mundial
de Sanidad Animal (OIE) y la Organización de las Naciones Unidas para la
Agricultura y la Alimentación (FAO) han lanzado una iniciativa conjunta para el
control mundial de la PPA. Matthew Stone, director general adjunto de Normas
Internacionales y Ciencia de la OIE afirma que “En la actualidad, 51 países están
afectados por la PPA. En medio de la difícil situación planteada por la COVID-19,

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la PPA sigue propagándose, agravando así las actuales crisis sanitarias y


socioeconómicas”.
Como parte de un proyecto del gobierno de China para reducir la producción
de cerdos en la populosa zona sur del país –donde la contaminación procedente de
las granjas de cerdos ha llegado a ser inmanejable– y desplazarla hacia el norte,
empresas como la WH Group y otras corporaciones de la industria porcina de China
se han expandido de manera notable. Pero la velocidad y la escala de la construcción
de granjas industriales de cerdos, molinos para la fabricación de alimentos
balanceados y frigoríficos en el Noreste de China no ha estado aparejada con el
desarrollo de la capacidad para manejar la contaminación y los riesgos sanitarios que
genera. Por esto la PPA se diseminó rápidamente por todo el país. Hay pocas dudas
de que las grandes empresas tuvieron un importante papel en la propagación y
escalada de la PPA en China y debería haber sido razón suficiente para que el
gobierno de ese país se cuestionara su compromiso con la agricultura industrial y la
industrialización de su sistema alimentario. En la lectura en diversos medios del
sector agropecuario internacional se entrevé que el gobierno chino ha respondido
prodigando subsidios a los grandes actores, flexibilizando las restricciones
ambientales y dejando sin protección a los productores y procesadores de carne en
pequeña escala. Además, para los pequeños y medianos productores y productoras
no es posible implementar el modelo de bioseguridad que los grandes productores
están promoviendo como respuesta a la PPA.
Algo similar ocurrió en Vietnam: allí también los brotes de PPA golpearon a
todo tipo de productores y productoras, incluso a las granjas pequeñas en las áreas
montañosas donde aún se crían razas tradicionales. La enfermedad y los sacrificios
preventivos, forzados por el gobierno, barrieron con los cerdos y ahora los
productores y las productoras temen volver a abastecerse de animales por miedo a
que la enfermedad reaparezca, y se han quedado sin una fuente esencial de ingresos.
La PPA se propagó muy rápido de China a otras partes de Asia, infectando
Vietnam, Camboya, Mongolia, Corea del Norte, Laos, Myanmar, las Filipinas,
Corea de Sur, Timor del Este e Indonesia, y cientos de paquetes con carne de cerdo
y otros productos porcinos contaminados con el virus de la PPA fueron confiscados
por los agentes fronterizos en Taiwán, Australia, Filipinas y Japón. Grecia informó
su primer brote en febrero del 2020, y no caben dudas de que el virus de la PPA
pronto seguirá su camino hacia otros países.
Antes de la PPA hubo una epidemia de Diarrea Epidémica Porcina (DEP), un
coronavirus que comenzó la devastación de la producción porcina de China en 2010,
antes de entrar a Estados Unidos, donde barrió con siete millones de lechones en
menos de un año. Y antes de la DEP fue el virus del Síndrome Reproductivo y
Respiratorio Porcino (PRRSV) que apareció en grandes establecimientos porcinos
de Estados Unidos y Europa en la década de 1990 y se propagó a China en 2007 y a
Vietnam en 2008, matando millones de cerdos.
Es por esta razón que grandes empresas multinacionales vinculadas a la
producción y comercialización de carne de cerdo están invirtiendo en otros países
para asegurar ganancias y disminuir los riesgos. La Asociación Argentina de
Productores Porcinos (AAPP) afirma haber firmado un acuerdo de inversión por 27
mil millones de dólares con China para aumentar la producción anual de Argentina
de 6 millones a 100 millones de cerdos a lo largo de los próximos ocho años, para
satisfacer la demanda proyectada de China.

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La implantación de mega granjas porcinas en nuestro territorio no estaría


exenta de que se planteen los mismos escenarios que han venido ocurriendo en
China y otros países. En nuestro país la probabilidad de que ocurran focos de PPA es
poco probable. Más probable es que, de ocurrir algún evento sanitario, el mismo esté
vinculado a enfermedades presentes en la región, como la fiebre aftosa.
China reporta avances en el desarrollo de una vacuna contra la PPA y ya fue
aprobada para ensayos por su Ministerio de Agricultura. Asimismo, países como
España, Estados Unidos, Reino Unido o Vietnam también están con estudios
avanzados para obtener una vacuna. Las medidas de sacrificio sanitario, cuarentena
y bioseguridad son actualmente las únicas defensas para prevenir la propagación de
la PPA. Por lo tanto, el desarrollo de una vacuna segura y eficaz es vital para
prevenir la transmisión de la PPA y es cada vez más urgente, considerando la rápida
propagación de la enfermedad en Europa y Asia. Biogénesis Bagó manifestó
abiertamente que ven una oportunidad de mercado en la Argentina, pero aclaran que
esta oportunidad durará hasta que se cuente con una vacuna contra la PPA.
Es esperable pensar que una vez que se cuente con una vacuna contra la PPA,
tanto China como otros países inviertan esfuerzos para volver a fortalecer sus
producciones de carne, lo cual traería aparejado una disrupción en el comercio
internacional.

Virus de la Influenza (Gripe) porcina


El virus de la gripe o influenza porcina (AH1N1) es una variante del mismo
virus que causó la pandemia conocida como la gripe española de 1918, y desde
entonces es uno de los virus de la gripe estacional circulante. La gripe porcina no
infecta asiduamente a las personas, pero cada tanto ocurren brotes esporádicos en la
población humana, principalmente entre quienes trabajan en granjas porcinas o de
aves. Los sistemas de vigilancia epidemiológica están atentos a que no se
desencadene una pandemia similar a la de 1918, principalmente desde el último
brote de gripe porcina de 2009, promoviendo un plan de contingencia global.
En producciones intensivas de cerdos se han aislado múltiples cepas del virus
de la influenza que, cuando conviven en las mismas piaras, tienen la capacidad de
intercambiar genes y formar nuevas cepas, con el potencial salto de especie hacia el
ser humano. Si bien es cierto que la OMS aclaró que el genotipo G4 de gripe porcina
descubierto en China y reportado como otra potencial pandemia por medios
internacionales no se trata de un virus nuevo, Michael Ryan, director de emergencias
de la OMS, remarcó que se está trabajando en la investigación de cualquier virus que
muestre el potencial de contagiar a las personas. También aseveró que el genotipo
G4 ha sido el dominante en las poblaciones porcinas –y entre los trabajadores y las
trabajadoras de las granjas– de China desde 2016. Ryan recordó a los países la
importancia de los sistemas de vigilancia de la gripe para prevenir epidemias, que
ahora están siendo utilizados para luchar contra la COVID-19, y reportó que en
general cuentan con baja financiación y necesitan más recursos.
El 22 de junio de 2020 Brasil compartió un informe preliminar con la OPS-
OMS sobre una infección humana por el virus de la gripe porcina.
Durante 2009 la OMS decidió denominar a la gripe porcina como gripe A
(H1N1). La letra A designa la familia de los virus de la gripe humana y de la de
algunos animales, como cerdos y aves. El origen de la infección es una variante de la
cepa H1N1 con material genético proveniente de una cepa aviaria, dos cepas

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

porcinas y una humana que sufrió una mutación y dio un salto entre especies, de los
cerdos a los humanos, para después permitir el contagio de persona a persona.
Además del virus de la gripe porcina existe el virus de la gripe aviar (H3N2),
endémico en poblaciones de cerdos en China y en Vietnam, aumentando las
preocupaciones sobre la emergencia de nuevas cepas variantes. Se ha encontrado
que los cerdos pueden ser portadores de virus de la gripe aviar y de humanos, los
cuales pueden recombinarse, haciendo un traspaso de genes y mutando en una nueva
forma que podría transmitirse fácilmente entre humanos.

Cuando aumenta la cantidad de cerdos en


confinamiento aumentan los riesgos de virus de la
influenza con potencial pandémico
para las personas

Protocolo Sanitario entre la Argentina y China para la comercialización de


carne porcina
El 24 de abril de 2019 se firmó en Beijing un protocolo sanitario sobre los
requisitos de inspección, cuarentena y sanidad veterinaria para la importación y
exportación de carne porcina entre China y Argentina. En el protocolo se establecen
como organismos de control al SENASA de la Argentina y a la Administración
General de Aduanas (GACC) de China, quedando como responsables de la
inspección y cuarentena de la carne porcina para importación y exportación, y de la
emisión de los certificados zoosanitarios. Entre dichos organismos gubernamentales
se proveerán anualmente los planes e informes anuales del Plan Nacional de Control
de Residuos –medicamentos veterinarios y sustancias nocivas y tóxicas– y la
situación epidemiológica de cada país.
Para la carne porcina congelada y enfriada, el país exportador debe estar:
• reconocido por la OIE como país o zona libre de Fiebre Aftosa y de Peste
Porcina Clásica;
• reconocido por el SENASA y la GACC como libre de Peste Porcina Africana de
acuerdo con las recomendaciones de la OIE;
• reconocido por el SENASA y la GACC como libre de Enfermedad Vesicular
Porcina; y
• la carne provenir de establecimientos que no hayan estado bajo cuarentena, o
donde no se hayan impuesto restricciones de movimiento a causa de
enfermedades infecciosas o parasitarias (Triquinosis) que pudieran trasmitirse
mediante la carne.
De continuar con este tratado, habría que agregar un apartado especial sobre
Bienestar Animal, dado que el protocolo sanitario vigente rubricado durante 2019 no
habla nada sobre este tema. Actualmente, la utilización de antibióticos en la
producción porcina es elevada. El –mal– uso de antimicrobianos en la producción
animal es una de las principales razones por las cuales se genera resistencia
microbiana a los antibióticos, transformándose en un problema serio de salud
pública, puesto que debido a dicha resistencia cada vez son menos los antibióticos a
los que se puede acudir para curar infecciones bacterianas en las personas.
La producción extensiva a baja escala tiene, por sus formas propias de
producción, muchos menos riesgos de generar situaciones adversas de envergadura,

83
[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

tanto desde el punto de vista de la sanidad animal como de la salud pública. Si bien
el tipo de granjas porcinas a gran escala y en total confinamiento se lleva a cabo bajo
estrictos protocolos de bioseguridad, no están exentas de riesgos sanitarios y
ambientales que, cuando ocurren, generan serias crisis.
El surgimiento de enfermedades zoonóticas emergentes, como la producida
por el virus Nipah en cerdos en Malasia en 1999, el Síndrome Respiratorio Agudo
Severo (SARS) en cerdos y en el hombre en China en 2002, la Influenza Aviar de
Alta Patogenicidad, subtipo A/H5N1 (IAAP) durante el segundo semestre de 2003
en el Sureste Asiático, Europa y África, y finalmente el Ortomixovirus de la
Influenza Pandémica A/H1N1 de marzo y abril de 2009 en San Diego y Ciudad de
México, que luego se extendió a Estados Unidos, Canadá y al resto del mundo, han
alertado y concientizado a la opinión pública mundial sobre las relaciones
multidimensionales entre los animales salvajes, los animales domésticos, la
producción pecuaria industrial y la salud pública, tanto veterinaria como humana, a
nivel global. A toda esta alarma se suma hoy la pandemia actual provocada por la
COVID-19.
En un mundo en el que su población humana va creciendo gradualmente y
que a la vez está mejor informada y más interconectada, y que alcanzará los nueve
mil millones de habitantes hacia el año 2050, los sistemas industriales de producción
de proteína de origen animal de todo tipo se verán severamente presionados para
proveer alimentos pecuarios de alta calidad, contemplando parámetros de seguridad
alimentaria y bienestar animal.

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

LAS ACCESIBILIDADES QUE QUEREMOS


PARA EL PAÍS QUE ANHELAMOS

María Alejandra Wagner y María Marcela Reichert

Desigualdades de acceso: las deudas internas que la pandemia desnudó


En estos meses, hemos leído y escuchado un sinnúmero de análisis,
testimonios y reflexiones acerca de la pandemia. Especialistas, investigadores y
comunicadores sociales se abocaron a debatir sobre los diversos modos en que esta
realidad irrumpió en nuestros cotidianos, subvirtiendo de cuajo los escenarios
conocidos de la vida social, e interpelando vertiginosamente a instituciones y
políticas. Sin embargo, en la mayoría de esos debates se reconoció que tales
acontecimientos no resultaron necesariamente idénticos para todos los sectores,
territorios, grupos. Las asimetrías y desigualdades de partida cobraron una
contundencia arrolladora a la hora de fijar pautas para la organización de la
prevención y el cuidado, las estrategias de reproducción hogareña, las medidas de
prevención familiar y comunitaria.
La consigna de difusión masiva “quédate en casa” representó escenarios,
condiciones y posibilidades muy diferentes para poblaciones de barrios
históricamente relegados; trabajadoras y trabajadores precarizados; personas en
situación de dependencia o con padecimientos crónicos; víctimas de violencia
intrafamiliar; colectivos con trayectorias de exclusión; grupos con mayor
vulnerabilidad respecto del riesgo de contraer el virus, entre otros y otras. Para
muchos de estos casos, la noción de acceso remitió a la superación de una carrera de
obstáculos para alcanzar niveles de autonomía o pisos de cobertura de sistemas de
protección social que hicieran efectivamente posible sostener las exigencias que
instaló el ASPO, considerando que los principios mismos de dicha decisión política
apelaron a la adopción de prácticas de cuidado personal y familiar como requisito
indispensable para la preservación de la salud comunitaria, en términos de
corresponsabilidad social. Si bien esta responsabilidad ‘compartida’ partió de una
prescripción estatal con aplicación de restricciones inéditas inmediatas, fue
rápidamente acompañada por el despliegue de un conjunto de medidas e inversiones
que dieron cuenta del reconocimiento de las desigualdades sociales imperantes.
Cabe destacar que la pandemia irrumpió en plena puesta en marcha de la política
denominada “Hambre Cero”, mediante la cual el gobierno nacional buscaba
contener y propiciar mejores condiciones para el acceso a la alimentación por parte
de las familias de los sectores especialmente arrasados en tiempos del macrismo.
Por otra parte, la llegada del COVID-19 ejerció una presión sin precedentes
sobre el sistema público de salud, estructura material de una de las políticas de
Estado más vapuleadas durante la gestión de la alianza Cambiemos, años en que fue
objeto de procesos de desjerarquización y desmantelamiento –con lógicas
consecuencias negativas en materia de salud de los sectores populares. Así las cosas,
el alcance o restitución paulatina de ‘pisos’ de accesibilidad sanitaria fue la
resultante de decisiones estratégicas orientadas a consolidar el pleno funcionamiento
del Ministerio de Salud de la Nación –cuya restauración constituyó una de las
primeras medidas del actual gobierno– y de una fuerte inversión destinada a la
expansión y el fortalecimiento de la capacidad instalada del sistema público. En el

85
[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

caso de la provincia de Buenos Aires –para referirnos al territorio desde el cual


hablamos– esto se tradujo no sólo en el aumento de cantidad de efectores, sino
también en la duplicación de camas de terapia intensiva, la incorporación de
trabajadoras y trabajadores, y la puesta en marcha de dispositivos e intervenciones
preventivas en el territorio, entre otras medidas.
No obstante reconocer aciertos y procesos sumamente alentadores
desencadenados en los últimos meses, vista la especial atención gubernamental
puesta en las brechas de acceso y en las políticas de restitución y ampliación de
derechos, el presente artículo se propone dar cuenta de perspectivas de población
respecto de falencias o vacíos institucionales que permanecen en cierto modo
velados o insuficientemente abordados en el cotidiano del quehacer estatal.

Salud y derechos en poblaciones y territorios de relegación: alertas, tensiones y


desafíos
Entendemos la salud en términos de movimiento, lucha, acción. En palabras
del sanitarista Floreal Ferrara: “nuestra definición de salud es que el hombre y la
mujer que resuelven conflictos, están sanos” (2008). Adoptar esa perspectiva parte
de reconocer que en sociedades como la nuestra, en las cuales las desigualdades e
injusticias permean el tejido social , tensándolo –no pocas veces– al punto de dejarlo
hecho jirones, las demandas por las que se ponen en marcha las personas en busca
de respuestas, los procesos de organización popular que llegan a desencadenar, la
colectivización y la politización de tales conflictos, no son otra cosa que prácticas
que dan cuenta de ese óptimo vital que es necesario reconocer, saludar y poner en
valor. Promover condiciones propicias para que los malestares abran paso a la
construcción de problemas sociales por los cuales se dispute atención en la agenda
pública, generar instancias para que las necesidades puedan ser reconocidas como
contracara de algún derecho vulnerado, sin duda alguna redunda en factores
protectores de salud o aquellos que algunos pueblos hermanos denominan
‘sanógenos’.
Pensar así la salud, revisando nuestras prácticas en clave de acceso, exige
alentar –¡no eludir!– el embate de personas, familias o grupos que bregan por
expectativas por demás heterogéneas y complejas de procesar bajo los parámetros
que instalan ciertos programas o servicios, esos que –desoyendo las señales del
desencuentro– siguen apuntando a conjuntos homogéneos de demandantes, algo así
como estereotipos de sujetos que poco o nada tienen que ver con aquellos que
acuden hoy a nuestras instituciones públicas. Los rasgos –muchas veces
camuflados– del neoliberalismo que aún nos habita se cuelan por doquier.
Mezclados con los reclamos y tensiones que instalan nuestras poblaciones inquietas,
no siempre coherentes ni necesariamente precisas en sus relatos, gestos y exigencias,
pero también escondidos tras los monólogos prescriptivos de trabajadoras y
trabajadores de salud, rondando los juicios moralizantes de algunos debates en
ateneos de casos, o asomando en los desencantos que suelen dejar a su paso ciertos
heroísmos o arrojos que pocas veces se encuentran con las reciprocidades anheladas.
Otra vieja premisa de matriz neoliberal que ronda el ajetreo cotidiano de
nuestras instituciones remite al doble estándar (Clemente, 2018) expresado en
diferencias que algunos intereses refuerzan –cual si se tratara de obviedades– entre
prestaciones público estatales y las del sector privado. Un buen ejemplo de ello se
observa en las políticas de acceso a medicamentos, en las cuales la ponderación de
calidad suele quedar fuertemente asociada a las respuestas y estrategias del mercado,

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

resultando muy difícil avanzar en dispositivos alternativos de producción pública y


de dispensa que no encuentren resistencias, tanto entre quienes requieren de ellos en
el marco de tratamientos crónicos, como entre quien los prescriben y promueven,
incluso tratándose de efectores públicos.
Un último aspecto sobre el que queremos detenernos y que se vincula a la
noción de derecho refiere a las múltiples aristas que comporta, quedando no pocas
veces entrampado en disputas de neto corte liberal. El crecimiento exponencial de la
judicialización de procesos y prestaciones asistenciales ha sido notable en los
últimos años, con severas repercusiones a la hora de encarar la reconstrucción de
políticas y estructuras de salud que fueron desmanteladas, o de tomar decisiones con
respecto a la administración, la asignación y la distribución de recursos finitos. No
obstante señalar el impacto negativo que, según nuestra experiencia, suele derivar de
estos mecanismos fuertemente extendidos para afrontar conflictos de acceso,
entendemos que la condición de exigibilidad del derecho redunda en un accionar
legítimo y comprensible.
El eje de discusión que queremos dejar planteado en relación a este tema no
pretende eludir o subestimar el repudio generalizado en torno a las discontinuidades,
incumplimientos o negligencias que indudablemente es necesario revertir de cuajo
en materia de servicios comprometidos e inadecuada o insuficientemente
disponibles. Es claro que estas situaciones representan consecuencias gravísimas
para las personas y grupos familiares que deben lidiar a diario con vulneraciones
múltiples. Buscamos aquí más bien reflexionar acerca de las vías de solución
individual y litigiosa que estos recorridos proponen, la cual suele redundar no sólo
en perjuicio de organismos estatales con responsabilidades colectivas puestas en
jaque, sino también en el de los propios sujetos a quienes busca representar, dado
que no siempre su accionar se traduce en respuestas superadoras para los propios
afectados. Además, el ámbito jurídico también expone a las personas a derroteros
errantes, porque incluso hallando soluciones de coyuntura rara vez llega a meterse
con las debilidades ligadas a criterios de pertinencia, continuidad, integralidad y
satisfacción de los cuales la atención de estas personas adoleció para constituirse en
denuncia.
En esa puja cotidiana por conquistar mayores umbrales de justicia se echan a
andar tanto los cuestionamientos por entregas interrumpidas o a destiempo de algún
servicio o bien que urge y corresponde por ley, como la demanda de que se
reconozcan necesidades y circunstancias del padecimiento a lo largo de todo el
proceso de salud-enfermedad-atención-cuidado. Se impone desandar los laberintos y
vericuetos institucionales por los cuales muchas de estas situaciones llegaron a
tornarse invisibles.
Adriana Clemente explica que algunos de estos episodios, generalmente
presentes en los procesos de implementación de políticas, son los que activan el
principio de desvinculación,11 puesto que aun cuando los sujetos logran acceder a
aquello que demandan, las percepciones y reconocimientos que devienen de esta
relación resultan por demás diversos, e incluso contradictorios. Esto sucede porque
las personas construyen una representación acerca del programa o servicio al que
acuden, portan ideas respecto de lo que esperan –y no esperan– encontrar allí, abren

11
En palabras de la autora, este principio alude a un fenómeno de mutua implicación entre las
personas y las instituciones ejecutoras de la política social que ocurre cuando los dispositivos
que articulan necesidad y satisfactor resultan relativamente ajenos o cuestionados por los sujetos
destinatarios.

87
[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

juicios sobre la correspondencia entre los requisitos que les solicitan y la duración o
alcance de las prestaciones efectivamente ofrecidas –generalmente acotadas respecto
de la hondura de sus problemas– y vivencian de modos muy diferentes la propia
condición de sujetos de dicha política y las repercusiones que esta condición tiene en
relación a sus entornos y grupos de referencia –presentándose múltiples matices que
van desde la reivindicación de dicha identidad y fuerte sentido de pertenencia a un
colectivo de pares, hasta sentimientos vergonzantes e incómodos frente a una
situación que asumen profundamente injusta o de extrañamiento.

Modelos de atención en (de)construcción: el caso de los colectivos de personas


discapacidad
Los modelos de atención pueden entenderse como un conjunto
interrelacionado de discursos, valores y prácticas que se instalan y legitiman en la
medida en que alcanzan grados significativos de consenso. Como constructo teórico,
dan cuenta de enfoques y perspectivas que se tornan hegemónicas en cada momento
histórico, aunque no sean necesariamente exclusivas ni acabadas. Un modelo no
opera sobre una realidad inerte, ni sobre sujetos dóciles que lo asumen y reproducen
sin más. Existen, por supuesto, sectores o grupos que así lo eligen, adhieren
acríticamente a aquel que identifican como preponderante en cada época, pero como
contrapartida aparece un sinnúmero de colectivos y espacios en donde esos mismos
entramados se discuten, desarman o recrean, generando escenarios dinámicos en
abierta disputa. Preferimos entonces adoptar el plural, y hablar más bien de la
coexistencia de modelos de atención, en virtud de cuya premisa resulta por demás
desafiante tratar de desentrañar y comprender de cuáles se trata en cada espacio-
tiempo, cómo se establece la correlación de fuerzas entre ellos, quiénes representan
a unos y otros, etcétera.
En el caso de las políticas de salud orientadas a las personas con
discapacidad, las narrativas y prácticas han ido transformándose, conforme a los
aportes de convenciones internacionales, legislaciones, declaraciones de organismos
especializados, luchas identitarias y reivindicativas de los colectivos de
discapacidad, innovaciones de terapéuticas y tecnologías, desarrollos propios del
campo de las ciencias sociales en relación al tema, etcétera. La discapacidad como
tal cobró peso en la agenda gubernamental de nuestro país hacia el ocaso de la
dictadura cívico-militar, con el surgimiento de una legislación nacional signada por
debates y tendencias internacionales (Ley 22.431), en ocasión en que la Asamblea
General declara al año 1981 como “Año Internacional de los Impedidos”. Más allá
de la paradoja y de algunas metáforas que se nos ocurren en relación a tales
circunstancias, lo cierto es que es relativamente reciente la consideración de la
discapacidad como asunto público y cuestión de Estado. 12
Con el retorno a la democracia, si bien no hubo significativos avances
normativos-jurídicos, sí se registraron desarrollos de estructuras estatales y
programas nacionales, provinciales y municipales, que variaron entre los modelos de
rehabilitación convencionales y los enfoques sociales más bien instituyentes. Luego
se fueron sucediendo legislaciones provinciales –tales como la Ley 10.592 de la
Provincia de Buenos Aires de fines de los 80– y en el año 2008 nuestro país adhiere
a la Convención de derechos de las personas con discapacidad.

12
Sin pretender desconocer antecedentes afines al tema que se remontan al primer peronismo.

88
[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

En materia de idearios y posicionamientos que dieron sustento a los distintos


paradigmas que siguen permeando los modelos de atención orientados a las personas
con discapacidad, la adhesión a la Convención no puede leerse disociada de un
momento del país en que primaba la vigencia del enfoque de derechos en diferentes
planos de la vida social, al tiempo que se ponía en marcha un conjunto de políticas
cuya direccionalidad estratégica remitía al objetivo de revertir situaciones de
desigualdad e injusticia social, a través de procesos de inclusión y ampliación de
derechos.
En este marco, fue posible generar condiciones para pasar de concepciones
que situaban a las personas con discapacidad como objetos de caridad, tratamientos
y protecciones, a la consideración de las personas con discapacidad como sujetos de
derecho con manifestaciones concretas en materia de políticas sociales –son
expresiones de ello la creación de la AUH con discapacidad; el crecimiento
exponencial de la cobertura de pensiones no contributivas nacionales; la integración
de estas pensiones al Programa Federal Incluir Salud; la Ley de Derecho a la
Protección de la Salud Mental; la modificación del Código Civil en lo que atañe a
Sistemas de Apoyos para el ejercicio de la capacidad jurídica; etcétera. Todas estas
acumulaciones y conquistas colectivas redundan en un capital social que es
necesario poner en valor y no resignar al momento de pensar el tiempo que viene en
materia de políticas de salud para las personas con discapacidad. Esto no supone
eludir o minimizar las feroces consecuencias experimentadas por estos sectores tras
el paso de una de las expresiones más crudas del neoliberalismo. Es claro que llevará
tiempo revertir los estragos que ocasionaron los cortes masivos e indiscriminados de
pensiones, el desmantelamiento de coberturas y sistemas de protección, el
desfinanciamiento y la mercantilización escandalosa de programas tales como el
Incluir Salud.
En este marco, creemos que es posible asumir los desafíos que instala la
construcción de un Modelo de Atención que bregue por el logro de la mayor
autonomía e independencia posibles para las personas con discapacidad, y que
promueva acuerdos de corresponsabilidad socio-estatal resultantes de espacios de
participación y colectivización de demandas y propuestas, y sistemas de cogestión
intersectorial de políticas. Creemos que es necesario y posible generar condiciones
para transversalizar el reconocimiento y la inclusión de las personas con
discapacidad en diálogo con todos los actores implicados en el proceso de salud-
enfermedad-atención-cuidado, considerando no sólo a los tradicionalmente
contemplados dentro del sistema público, sino a los entornos convivenciales, lazos
sociales y redes comunitarias.
Pensar estas coordenadas en clave de acceso exige también hacer pasar cada
una de ellas por el tamiz de la territorialidad, analizando tanto la heterogeneidad de
realidades, capacidades instaladas y puntos de partida que presenta la provincia de
Buenos Aires en relación al tema, como las singularidades de requerimientos,
circunstancias y posibilidades en cuyo marco tramitan sus padecimientos las
personas con discapacidad.

Las accesibilidades que queremos para el país que anhelamos: reflexiones y


aportes desde el Trabajo Social
A lo largo de este documento intentamos recuperar interrogantes y
reflexiones surgidas al calor de la construcción de una política a la cual tenemos el
orgullo de poder contribuir. Elaborar saberes desde las prácticas remite a un

89
[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

ejercicio que, lejos de cerrar, empuja a expandir las fronteras, desencadenar procesos
y crear posibilidades allí donde el neoliberalismo instaló tabiques, clausuró debates,
reprimió otredades. Para analizar, pensar y reconstruir intervenciones y políticas
con-contra los modelos de atención que coexisten actualmente en nuestros servicios,
creemos interesante volver sobre los aportes insoslayables de Floreal Ferrara,
recuperando la potencia de los procesos de lucha-acción-participación-implicación
como condiciones ineludibles para pensar la salud de nuestro pueblo.
Como sujetas políticas inmersas en instituciones signadas por tensiones y
desencuentros, nos sentimos convocadas a participar activamente en la gestación de
respuestas estatales capaces de hacer frente al malestar de la civilización de nuestro
tiempo; a lidiar con amenazas e inercias empeñadas en declararse irreversibles,
asumiendo la conflictividad como constitutiva de la vida social; y a propiciar
escenarios que permitan desplegar las capacidades de actuar, movilizar, relacionarse,
forjando lazos sociales que anuden y produzcan desde la dimensión antagónica
constitutiva de “lo político” (Merklen, 2010).
La pandemia ofrece una condición de posibilidad: hoy se puede visibilizar la
importancia del cuidado colectivo; se puede ligar sin escindir lo personal de la
situación nacional; se pueden dimensionar los desequilibrios y desigualdades
catastróficas que tenemos y que son la resultante de un estado de situación anterior a
la pandemia. En esta hora de los pueblos nos urge la prisa, soñamos y trabajamos
para sumar a la transformación de viejas premisas de control social que siguen
ejerciéndose en nuestras instituciones –reproduciendo y cristalizando desigualdades
e injusticias– en dispositivos y herramientas que habiliten derechos; colectivos
socio-estatales que politicen el acceso hacia la gestación de modelos de atención
centrados en las personas.
Tenemos una cantera de experiencias para aprender por dónde ir. Resta mirar
a nuestro alrededor, reconocer la organización de los cuidados que describen los
trabajos socio-comunitarios de referentes barriales, grupos religiosos, organizaciones
no gubernamentales, agrupaciones partidarias. Anudar nuestro propio quehacer a los
lazos sociales de la comunidad organizada, mirar allí donde ésta se despliega y
materializa, genera vínculos, opera transformaciones en las subjetividades, habita la
vida cotidiana de las familias, subvierte realidades territoriales injustas.
¿De qué habla el acceso que queremos, sino de un país en el que todos
entren? El nuestro.

Bibliografía
Clemente A (2018): La accesibilidad como problema de las políticas sociales: un
universo de encuentros y desvinculaciones. Buenos Aires, Espacio.
Danel P (2018): Trabajo Social y Discapacidad. Intervenciones, trayectorias y
temporalidades. Gualeguaychú, Fundación La Hendija.
Ferrara F (1985): Teoría Social y Salud. Buenos Aires, Catálogos.
Freud S (2011): Obras completas, XXI: El porvenir de una ilusión, El malestar en la
cultura y otras obras. Buenos Aires, Amorrortu.
Giraldez S (2020): Trabajo social y vulnerabilidad: Estrategias institucionales y
prácticas organizativas. La Plata, Archivo digital FTS UNLP.
Merklen D (2010): Pobres ciudadanos. Buenos Aires, Gorla.

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

LA REACTIVACIÓN

Walter Di Giuseppe

Una frase repetida en cada ámbito donde se exponga la realidad actual,


producto de años recesivos hoy agravados por la pandemia, es que la necesidad
imperiosa en la población es la reactivación económica. Idéntica situación se viene
profundizando desde hace bastante tiempo en el mundo. La falta de políticas
generadoras de empleo, la utopía de redistribuir riqueza y la globalización fueron
corriendo el eje sobre uno de los principales pilares: la producción. Efectivamente,
sin producción no hay trabajo. Sin empresas no hay empleador o empleadora, y sin
ellos no hay empleados ni empleadas. Comprobado está que son las PyMEs y
MiPyMEs las que generan el 80% del trabajo argentino. Es en ellas donde debemos
focalizar la atención y proyectar las herramientas que generen rápidamente trabajo
formal.
El empresariado argentino –es necesario describirlo tal cual es– se encuentra
aterrado para una inversión expansiva, ante la inconsistencia en una proyección
estable del negocio. Esta sensación de inseguridad se agrava con los fantasmas de la
supuesta falta de justicia, la tan trillada “industria de juicios laborales” y la
“intromisión” sindical. Pero hoy ya vemos tres generaciones sin trabajo formal, con
viejos paradigmas que no han resuelto la situación, por copiar formatos extranjeros,
como el sabor amargo de intentar corregir el trabajo no registrado con incrementos
excesivos en la indemnización, o pretender generar empleo con los nefastos
“contratos basura”. En sí, la precarización de la relación del trabajo, o la famosa
“flexibilización laboral”, no dan el resultado esperado por un sector del sistema
productivo. Tampoco funcionó la presión fiscal, por más que a través de ella el
Estado pudo financiar infinitos programas de ayuda a los sin empleo, mediante
planes que se fueron incrementando día a día, pero quitando la dignificación que
genera el trabajo genuino.
No es momento de incorporar medidas que intenten palear la situación o que
busquen lograr objetivos alternativos, sino todo lo contrario. Es momento de
desterrar ideas asiduas o supuestamente seguras para navegar sobre paradigmas que
podríamos creer utópicos, pero que, dadas las circunstancias y la gravedad de la
crisis, ameritan ser tomadas.
¿Cómo hemos llegado al hoy? Sin duda alguna, mediante un objetivo común.
Era unidos y entre todos y todas. El diálogo y el consenso son la base de la
convivencia democrática de estos nuevos tiempos. El siempre añorado federalismo
debe abrirse paso, ante los egoísmos promisorios de esquemas puramente
territoriales antagónicos, a un crecimiento general, real y efectivo. Un ejemplo de la
historia es el Pacto de la Moncloa. Necesitamos un instrumento de similar magnitud
que sea suscripto sobre una mesa firme, en cuatro patas, de idéntica magnitud, pero
disímiles responsabilidades: trabajadores y trabajadoras; empleadores y
empleadoras; el gremio; y el Estado. Todos direccionados hacia la producción y el
trabajo y enmarcados temporalmente: por ejemplo, un año. Es absolutamente
necesario e imperioso que estas cuatro columnas interactúen mancomunadamente.
En este nuevo pacto productivo laboral se amplía el esquema de la paritaria. Así
como se negocian las escalas salariales o cuestiones relativas a los Convenios
Colectivos o Convenios Colectivos de Empresas, en esta ocasión se debería

91
[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

conformar una paritaria permanente por ese lapso temporal, para sostener la
producción y el trabajo, para afianzar la inversión aumentando la productividad y,
consecuentemente, incrementando los puestos de trabajo.
Antecedentes ya existen en cuanto a las épocas de crisis, y nadie podrá
objetar que estamos dentro de una de las más grandes. En circunstancias similares,
una empresa presentaría un Procedimiento Preventivo de Crisis de Empresa ante el
Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social (MTESS), donde la autoridad
administrativa debería fijar audiencia, citando a la entidad gremial. En este nuevo
procedimiento ya se encuentra abierto ese espacio, con características disímiles que
pasaré a exponer.
Necesitamos rápidamente generar nuevos puestos de trabajo y sostener los
que se encuentran vigentes. Necesitamos afianzar a las MiPyMes y erradicar viejos
conceptos de individualidades contrapuestas, que creen proteger al trabajador en
perjuicio de su trabajo, o suponen que la acción gremial es en detrimento de la
empresa. Esta clara yuxtaposición solo se conseguirá estableciendo reglas claras en
el nuevo vínculo que se restablecerá a partir de la suscripción del Pacto Productivo
Laboral. Suscripto tal pacto entre la asociación gremial, los trabajadores y las
trabajadoras, la empresa y el MTESS, cada uno con su respectiva representación,
entraría en funcionamiento un andamiaje dispuesto a la credibilidad, seguridad y
trabajo mancomunado por el bien común de la unidad productiva, con beneficios
para todas las partes. No debería existir ningún tipo de precarización laboral.
Tampoco acciones inherentes a impedir, obstaculizar o descuidar el objetivo o
premisa dispuesta en virtud de la inversión a realizar, destinada a una lógica
ganancia para la empresa. Deberá ser garante de ello la asociación gremial, y
controlar el hermanamiento de los engranajes la autoridad administrativa del
Trabajo. Cada uno tiene una actividad y una responsabilidad, además de las propias,
dentro del acuerdo.
Ahora bien, previo a la suscripción del pacto es preciso fijar nuevas pautas
que vincularían a las partes, porque a partir de ellas podremos erradicar dudas en
cuanto a la conformación de un equipo homogéneo y un objetivo común. Para ello
es imprescindible recurrir a nuestra Carta Magna y cumplir el mandato dispuesto en
su Artículo 14 bis. Cada vez es más necesario un Plan Productivo Argentino que
reformule los derechos del trabajo generando producción desde el apoyo mutuo.
Desde hace años creo que es momento de ir un paso más allá: institucionalizar la
solidaridad dentro del marco de productividad y trabajo, y hacer de nuestra
República Argentina un ejemplo al mundo de reactivación económica sustentada en
normas que dejen claridad absoluta sobre el nuevo paradigma que confrontará a la
globalización. El restablecimiento de las economías regionales y la incorporación
del concepto solidario y participativo deben hegemonizar una estructura orgánica
productiva sólida, direccionada al crecimiento interno con proyección futura al
mercado exterior, mediante una serie de ítems que concatenadamente vayan
formando la estructura jurídica funcional que genere las bases del entramado
reconstitutivo del Sistema Productivo Argentino y su ansiada reactivación.
El artículo 14 bis de la Constitución Nacional, en la parte que refiere al apoyo
mutuo, el objetivo conjunto y la participación en el logro, jamás fue reglamentado.
No existe norma que haya desarrollado este importantísimo eslabón para nuestro
objetivo. Es allí donde debemos comenzar. No es posible ya que en el siglo XXI los
trabajadores y las trabajadoras solo participen de las pérdidas. No pueden seguir
viendo que el fruto de su correcto trabajo solo le otorgue una posible

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

contraprestación dineraria y crezca exponencialmente la empresa, a costa de esa


aletargada compensación que en carácter de gratificación podría no llegar nunca.
Establezcamos nuevas reglas claras. Participemos de las ganancias a nuestros
trabajadores y trabajadoras. Cumplamos la manda constitucional. Démosle garantías
a las MiPyMes con el control de una asociación sindical que trabaje a la par en este
nuevo vínculo. Es de vital importancia el acompañamiento sindical en el día a día de
la empresa. Cuidar el trabajo es una tarea de todos. Cumplir con las obligaciones y
los derechos, dentro de un marco de cordura en pos de una finalidad común, es la
nueva responsabilidad, y todo ello dentro de un marco dispuesto por la autoridad
administrativa: el MTESS. Equilibremos la balanza en la ecuación productiva y
otorguemos parte del beneficio que con su labor logran los trabajadores y las
trabajadoras. Sean partícipes ellos y sus gremios de los cambios necesarios para
mejorar el destino perseguido en la célula productiva, estableciendo mecanismos de
control y ayuda para focalizar y profundizar dicha productividad. Garanticemos que
los cambios planteados no tengan dobles intenciones, y deroguemos de una buena
vez el despido sin causa. Ya no es posible, como sucede en casi todos los países
progresistas, que se desvincule a una persona de su trabajo sin justa causa para ello.
Establezcamos objetivos mensuales, trimestrales y semestrales para el pacto,
ya sea en planificación, inversión, incorporación de fuerza de trabajo o resultados.
Pongamos al Estado en una situación de extremo sostenimiento del programa a
desarrollar, quitando la presión fiscal y transformándola en la necesaria inyección de
capital, mediante el acceso a créditos que permitan la reinversión productiva,
otorgando la exención del pago de ganancias en los periodos fiscales donde se
reinviertan las utilidades en bienes de capital. Este último concepto no proviene de
mí, sino de un afamado cuadro técnico de nuestro país, que lo presentara como
proyecto en la legislatura nacional, pero supongo que el consenso no alcanzó para
tanto. Véase aquí al Estado protectorio dando el paraguas que acompañe el proyecto
productivo de la empresa conjuntamente con la asociación gremial, otorgando
exenciones impositivas, controlando la reinversión y creando instantáneamente
puestos de trabajo formales y efectivos. Dicha implementación federal deberá ser
sustanciada también por las provincias y los regímenes comunales, para que la
finalidad perseguida tenga cumplimiento efectivo, además de que estos gobiernos
puedan, también, acompañar con otros beneficios a su alcance en la incorporación
de nuevos puestos de trabajo.
Por último, y como necesaria readecuación de los “planes sociales”, sean
estos directamente aplicados a las trabajadoras y los trabajadores incorporados a los
planteles de trabajo, como paliativo de las cargas sociales que deberán dispensarse
en el periodo que dure el pacto. Ya es hora de comenzar a trasladar el buen uso de
ese capital por generación de trabajo. Téngase en cuenta que la medida no basta con
su solo lanzamiento, ya que es necesario articular con todas las demás herramientas
del Estado, a fin de que tenga efectividad plena e inmediata.
Reconozco que la implementación de un pacto de estas características podrá
verse ilusorio, además de impensado y quizás extremo, por ello no puedo sino citar a
Albert Einstein en su pensamiento sobre la crisis: “No pretendamos que las cosas
cambien, si siempre hacemos lo mismo. La crisis es la mejor bendición que puede
sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de
la angustia como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva,
los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis se supera a sí
mismo sin quedar ‘superado’. Quien atribuye a la crisis sus fracasos y penurias,

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

violenta su propio talento y respeta más a los problemas que a las soluciones. La
verdadera crisis es la crisis de la incompetencia. El inconveniente de las personas y
los países es la pereza para encontrar las salidas y soluciones. Sin crisis no hay
desafíos, sin desafíos la vida es una rutina, una lenta agonía. Sin crisis no hay
méritos. Es en la crisis donde aflora lo mejor de cada uno, porque sin crisis todo
viento es caricia. Hablar de crisis es promoverla, y callar en la crisis es exaltar el
conformismo. En vez de esto, trabajemos duro. Acabemos de una vez con la única
crisis amenazadora, que es la tragedia de no querer luchar por superarla”.

Walter Di Giuseppe es abogado (UBA) con trayectoria en el Derecho del Trabajo y


vinculado activamente con varios gremios.

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

DE “DOLORES QUE QUEDAN Y LIBERTADES QUE FALTAN”


A LA “RESPONSABILIDAD SOCIAL UNIVERSITARIA”:
A 100 AÑOS DE LA REFORMA

Santiago Pérez

La Responsabilidad Social Universitaria (RSU) conduce a la construcción de


un nuevo modelo de educación superior, consolidando el nuevo acuerdo social
mediante el paso de tres funciones –formación, investigación y extensión– a cuatro,
reintroduciendo la gestión en la mira y analizando la problemática del ámbito
administrativo en pie de igualdad con la del ámbito académico. La RSU es una
mirada integral sobre la institución de educación superior (IES) que no olvida
ningún actor, ni ningún proceso, y no está obnubilada por la sola dimensión
extensionista de vinculación con el medio.
El paso es de un enfoque que parte de la universidad y va hacia afuera –
considerando lo que hace la IES para la sociedad– a uno que parte de los impactos
de la universidad fuera y retorna hacia adentro –considerando lo que debería corregir
la IES ante la sociedad. La RSU considera los impactos de la IES para evaluar su
utilidad social y determinar sus responsabilidades. Viene a interpelarla desde fuera,
más que animarla desde dentro. Es la corresponsabilidad como co-culpabilidad de la
educación superior ante los problemas sociales que constituyen una obligación de
cambio, y no un mero compromiso social sui generis que operaría como “buena
voluntad” institucional, siempre discrecional.

Al considerar a toda la universidad a partir de sus impactos, uno ya no se


ilusiona más sobre su quehacer diario: las incongruencias saltan a la vista, las co-
culpabilidades aparecen, llega el tiempo de las responsabilidades. Se advierte el
curso de nutrición saludable de la Facultad de Ciencias de la Salud, pero también la
comida chatarra en la cafetería de la misma facultad. Se advierte el programa de

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

investigación sobre medioambiente, pero también las compras de plásticos de un


solo uso por parte de la administración central. Se advierte el proyecto de
voluntariado para apoyar a poblaciones vulnerables, pero también las enseñanzas
sobre “optimización fiscal” y “Return On Investment trimestral y externalización de
costes” de la Facultad de Gestión y del MBA de la Escuela de Posgrado. Se advierte
la Cátedra de Ética y Derechos Humanos, pero también el aprovechamiento de la
precariedad del personal contratado por horas, o incluso a veces el maltrato laboral.
Se relacionan las eternas quejas sobre falta de trabajo sinérgico entre las
instituciones del país con la tajante segregación monodisciplinaria y los celos de los
decanatos dentro de la IES. Se alerta sobre el cambio climático al micrófono de un
Aula Magna con climatización y todas las puertas abiertas y las luces encendidas en
pleno día soleado.
Generalmente nadie se da cuenta, nadie se queja, no pasa nada. La misma
inacción impávida de fuera ante las incongruencias e insostenibilidades se reproduce
dentro de la universidad, espejo de su sociedad, mero espejo. En esta conversión de
mirada es difícil hacer entender a la comunidad universitaria cuando se le menciona
la “Responsabilidad Social”, porque la suele interpretar inmediatamente como
“ayuda social” y se focaliza en acciones de extensión y proyección social que la
universidad realiza fuera de su recinto, en vínculo activo con actores sociales. Hay
que enseñar a girar de nuevo la mirada hacia adentro, para que se entienda que antes
de tener compromisos hay que tener responsabilidades, hay que saber cambiarse a sí
mismo y transformar el propio modo de ser, antes de pretender transformar a la
sociedad y a los demás. Difícil conversión, incómoda salida de la zona de confort
rutinaria para ponerse en tela de juicio, responsabilizarse y emprender los cambios
organizacionales hacia una IES socialmente responsable. No hay modo de
emprender este cambio organizacional si quedamos focalizados en los buenos actos
hacia afuera y no advertimos los malos impactos hacia adentro.

Actualmente, los impactos sociales de la actividad total de los individuos y


organizaciones humanas en el mundo retornan hacia nosotros con un solo nombre,
una sola característica: somos insostenibles, y si seguimos así, vamos a desaparecer
del planeta, junto con los demás mamíferos y millones de especies que coexisten con

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

nosotros actualmente. Por eso, los Objetivos de Desarrollo Sustentable (ODS) son
una ruta política tan importante para la humanidad, porque señalan con metas e
indicadores por dónde tenemos que transitar para volvernos sostenibles en el
planeta. Son nuestro plan estratégico común consensual para reorientar a la sociedad
humana hacia el buen rumbo de la equidad, la justicia y la sostenibilidad planetaria.
Toda la educación superior debe involucrarse en este cometido global, no por
compromiso, sino por responsabilidad.
Como lo expresó la última Declaración de la Conferencia Regional de
Educación Superior (CRES 2018), en Córdoba, confiar el rol social de la educación
superior a la sola extensión y proyección universitaria es un modelo que se agotó,
porque tomaba como tercera función de la universidad hacia afuera lo que en
realidad es su responsabilidad integral y transversal desde todas sus funciones, en
todos sus procesos. Pero falta mucho todavía para que la mayoría de las personas en
las IES pasen, de una concepción en términos de actos generosos hacia afuera, a una
concepción de vigilancia y responsabilidad ante todos los impactos del quehacer
personal, colectivo e institucional. Se necesita promover una mirada panorámica de
las estrategias, las rutinas, el currículo declarado y el currículo oculto, los criterios
de evaluación, las orientaciones cognitivas y pedagógicas, las decisiones
administrativas, etcétera. En los últimos años empezaron notables progresos en las
mentalidades, pero las prácticas institucionales todavía evolucionaron muy poco,
razón por la cual es imprescindible cambiar las políticas públicas de educación
superior y los criterios de evaluación y acreditación para acelerar el movimiento,
pasando de una concepción activista de ayuda voluntarista a una concepción
correctiva institucionalista de gestión sistémica.
Un sistema de aseguramiento de la calidad socialmente responsable tiene que
contemplar varios aspectos para evaluar el grado de responsabilización de las IES
ante sus impactos:
• gestión, formación, cognición, participación y voluntad institucional de
autodiagnóstico;
• instituir políticas, estrategias y procesos para mitigar impactos negativos y
escalar impactos positivos;
• asociarse a los actores idóneos para gestionar los impactos;
• sistematizar, difundir y escalar en su ámbito de incidencia;
• co-evaluar regularmente la Responsabilidad Social.
La concepción de calidad en educación superior basada en la pertinencia de
los impactos sociales deberá hacer un cuidadoso seguimiento de:
• los procesos de gestión de impactos,
• las alianzas multi-actores en ecosistemas de innovación social,
• los resultados sociales y ambientales alcanzados,
• la coevaluación regular con las partes interesadas y asociadas.
Para ello, será preciso utilizar el marco conceptual y práctico de los ODS
como referencia constante que permita definir los ámbitos de responsabilización y
los grandes indicadores de logro contrastables con el desempeño general del país.
Según el tamaño, el contexto territorial, la historia y las especialidades de cada IES,
es posible que no todos los 17 ODS sean abordados de modo directo, aunque
inmediatamente todos están relacionados y “enredan” a la acción institucional en sus
problemáticas complejas y desafíos locales y globales. Por ejemplo, una IES situada
a cientos de kilómetros del mar y que no tiene ninguna formación relacionada con

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

dicha problemática, tiene sin embargo que ver con el ODS 14 (vida submarina) por
las emisiones de dióxido de carbono y el tipo de basura que produce.
El giro hacia una concepción del rol social de la educación superior en
términos de impactos será muy útil a los sistemas de aseguramiento de la calidad,
porque muchos de los impactos sociales y ambientales pueden ser definidos y
exigidos en forma universal, y medidos y calculados con cierto grado de precisión
objetiva, por ejemplo: la huella ecológica de un campus, o la tasa de pobreza de una
comunidad con la cual una IES trabaja en forma continua. Si nos ceñimos a una
concepción activista de la ayuda social mediante proyectos de extensión, sólo
quedan indicadores de insumos y cumplimiento para medir la acción social de la IES
–cantidad de intervenciones en comunidad por año, por ejemplo– pero la dispersión
de actividades puntuales impide pasar a indicadores de impacto, fuera de la clásica
contabilidad de “población beneficiaria” o “número de personas alcanzadas” por
cada proyecto, que no significan mucho.
Asegurar la calidad del impacto social y ambiental de una IES sí es posible,
aunque laborioso. Buena parte de los criterios de calidad del impacto institucional
tienen que ver con la gestión de riesgos sociales y ambientales definidos por
herramientas de gestión socialmente responsable organizacionales, tales como SA
8000, AA 1000, ISO 26000, SGE 21… Por otra parte, se conocen los modos
amigables y responsables de gestión socio ambiental, como son el comercio justo, el
comercio de proximidad, la vigilancia del respeto de los derechos humanos a lo
largo de la cadena de proveedores, las compras verdes, la inversión socialmente
responsable, la gestión ética e inclusiva del personal, la equidad de género, etcétera.
La RSU recoge y aprovecha todo este aporte de las últimas décadas, y lo adapta a las
genuinas características de la gestión universitaria.
Finalmente, conviene recordar siempre que el “logro” institucional se
interpreta de forma diferente si hablamos de actividades realizadas o de impactos
generados. Hay dimensiones en las cuales la IES tiene mucha autonomía y poder, y
otras en las cuales sólo puede pretender participación proactiva e innovación.
Disminuir su huella ecológica o lograr ser una organización con clima laboral sano y
equidad de género, son cosas que están totalmente al alcance de la IES, mientras que
la tasa de empleo local y la calidad del aire son temas que dependen de múltiples
factores para los cuales la IES sólo puede pretender a la incidencia, la participación,
la promoción, sin mayor garantía de éxito final, porque son cuestiones de liderazgo
compartido.
Al ser la Responsabilidad Social una corresponsabilidad entre todos los
actores sociales en coordinación y aprendizaje mutuo, es en vano verla en forma
solitaria y aislada como tarea de cada organización por separado, por lo que no se
puede resumir en una serie de comportamientos organizacionales a adoptar, en una
lista de logros y quehaceres que, al ser completada, permitiría declarar a una
organización como “socialmente responsable”. Por dicha razón, no se debe concebir
un premio o certificación de “Universidad socialmente responsable” que permitiría a
una IES victoriosa vanagloriarse de ser socialmente irreprochable, después de haber
sido sometida con éxito a una evaluación RSU. Tendríamos la ridícula situación de
una IES pretendidamente perfecta en medio de una sociedad que no lo es,
pretendidamente sin impactos negativos en medio de una sociedad llena de
problemas, pretendida ecológicamente buena en medio de un planeta cada vez más
destruido por la acción humana. Sus estudiantes serían los primeros en burlarse de
tal autosatisfacción, y toda la legitimidad del movimiento de la RSU decaería. El

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

aseguramiento de la calidad socialmente responsable de la educación superior es


posible y deseable, para incentivar una mejora continua de su rol social, no por una
“premiación RSU” de las IES, que sería un modo por definición irresponsable de
entender esa responsabilidad colectiva.
Para que una organización aprenda a dejarse interpelar por su medio, tiene
que abrirse a sus entornos, vincularse con muchos actores fuera de su recinto,
escucharlos, trabajar con ellos y ver en qué medida puede cumplir mejor con sus
propios propósitos en alianza con ellos que a solas, entre las cuatro paredes de su
torre de marfil. Este problema es fácil de resolver para la educación superior, porque
el aprendizaje y la investigación son mucho más interesantes de practicar cuando
tienen que resolver desafíos complejos con un propósito motivador, por lo que el
estudiantado aprende mejor y se forma con pasión por la investigación científica.
Pensando en los procesos que permiten eficacia y eficiencia social desde y a través
del cumplimiento de sus funciones básicas, la responsabilidad social de una IES la
obliga a:
• gestionarse pensando en sus impactos hacia afuera, es decir, implementar una
gestión ambiental y de personas responsable, así como un buen gobierno
universitario –ética, transparencia, equidad, inclusión–;
• gestionar sus tres funciones sustantivas de formación, investigación y
participación social, de tal modo que consiga a la vez los propósitos académicos
de excelencia y los propósitos sociales de pertinencia: aprendizaje basado en
desafíos sociales; investigación transdisciplinaria en y con la comunidad para
resolver sus problemas; participación en la agenda 2030 de los ODS a nivel de su
esfera de incidencia, promoviendo ecosistemas de innovación social en alianza
con otros actores, que deben ser utilizados como escenarios de aprendizaje e
investigación; así, la formación y la investigación sirven a la participación social,
que sirve a la formación y la investigación.
Al definir la RSU en términos de gestión de impactos se puede articular la
lógica de la RSU con la racionalidad de la filosofía de la calidad, evitando un
enfoque blando de compromiso solidario voluntario, buscando precisión conceptual,
eficacia y eficiencia, lo que será esencial al momento de buscar las evidencias de
logro durante el proceso de evaluación de calidad.
Desde el punto de vista interno de la comunidad universitaria que asume el
compromiso de un cambio organizacional para responder a las urgencias y desafíos
del desarrollo sostenible, la RSU es la política de gestión integral y transversal de
una universidad que no sólo quiere formar parte de la solución, sino que se sabe
parte del problema social, y que decide criticar y cambiar sus rutinas
administrativas, formativas, investigativas y de participación social, midiendo y
mejorando continuamente sus impactos sociales y ambientales, a fin de contribuir
activamente en su territorio de desempeño al logro de una sociedad más justa y
sostenible.
En consideración a los impactos de la universidad hacia su comunidad
interna y el medio ambiente, hacia sus estudiantes, hacia el conocimiento y hacia la
sociedad, se considera que cada institución debe responsabilizarse por un desempeño
socialmente responsable en sus cuatro ámbitos de acción:
• gestión organizacional;
• formación;
• cognición;
• participación social.

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

Agrego tres precisiones conceptuales. La denominación “Aprendizaje basado


en desafíos sociales” abarca a todas las metodologías de enseñanza que, en el
conjunto del Aprendizaje Basado en Problemas, diseñan el problema a resolver, no
en forma artificial, sino consultando expertos, comunidades o literatura
especializada sobre problemáticas sociales o ambientales reales que integran el
amplio espectro de los ODS. La determinación del problema social real da lugar a
las iniciativas estudiantiles para ayudar en su solución –hackathon, proyecto,
servicio, investigación-acción…– y son estas iniciativas que forman al estudiantado
mientras sirven para la solución del problema, consiguiendo el doble fin de un logro
educativo y un logro social.
La “inter-disciplinariedad” es el diálogo entre las disciplinas científicas para
abordar en forma articulada un problema complejo que una mera sucesión de
intervenciones disciplinares separadas –multi-disciplinariedad– no permitiría
resolver, por lo que se trata de un proceso innovador por definición que crea nuevos
conocimientos entre las disciplinas. La “trans-disciplinariedad” es un diálogo que
hace salir de las disciplinas científicas, involucrando en el abordaje y la solución del
problema a otros actores no especialistas con sus propios saberes que pueden
resultar claves para la solución buscada. También es innovadora al crear un diálogo
de saberes entre científicos y no científicos.
“Proyectos cocreados”: se refiere a proyectos sociales con actores externos
que son partícipes desde el inicio en todas las etapas de diseño y realización del
proyecto, en pie de igualdad con los actores académicos internos. En desarrollo
comunitario es sabido que sólo los proyectos llevados por la misma comunidad –
auto-desarrollo– son eficaces, eficientes y duraderos. Esta meta permite evitar el
asistencialismo y el paternalismo en las iniciativas solidarias de extensión
universitaria que constituyen problemas crónicos.

Hacia un sistema de gestión de la RSU que redefina la calidad de la educación


superior
Al ofrecer objetivos y descripciones de temáticas y procesos de RSU, se
brinda una batería de indicadores que ratifican la factibilidad de una redefinición de
las exigencias de excelencia pedidas a las IES por parte del Estado y la CONEAU,
como agencia de acreditación en términos de pertinencia social de los impactos
generados por la educación superior. No se trata de desviar las IES de su propósito
principal, sino, al contrario, de permitirles cumplir mejor con su propósito
sustancial de formación e investigación, aportando además a sus territorios de
desempeño, a sus sociedades locales. La articulación real entre calidad educativa y
pertinencia social de la educación es una necesidad de coherencia, eficacia y
eficiencia, tanto para los entes rectores gubernamentales como para la agencia
especializada en evaluación y aseguramiento de la calidad educativa.
Por lo tanto, con lo postulado se cubre una necesidad conceptual que permite
operacionalizar las máximas exigencias del Estado en cuanto al rol social de la
educación superior. Así, se espera poder lograr varios propósitos útiles:
• asegurar una gestión socialmente responsable de la calidad manejada por la
CONEAU, con impactos sociales positivos de su quehacer, reequilibrando en sus
instrumentos y estándares las tres demandas hechas a la educación –responder
por la excelencia cognitivo-científica, la utilidad económica y las necesidades
sociales y ambientales– reintroduciendo fines universalmente deseables en los
propósitos de las evaluaciones, abandonando la tendencia reduccionista inducida

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

por los rankings internacionales y resolviendo así las críticas de la academia


hacia la burocracia poco útil que significa un proceso de acreditación;
• incluir realmente las IES entre los agentes proactivos del desarrollo nacional,
capaces de operacionalizar las políticas públicas referidas al cumplimiento de las
metas de los ODS y las resoluciones estatales del Acuerdo de París sobre el
cambio climático, sirviendo así como entes articuladores de los planes nacionales
en las localidades donde las IES se desempeñan;
• dinamizar la innovación social articulada con la formación de las y los jóvenes
profesionales y el ejercicio de las ciencias y tecnologías, fomentando
ecosistemas organizacionales de promoción del desarrollo justo y sostenible con
la participación de muchos actores institucionales, lo que es una absoluta
necesidad para poder enfrentar y controlar los impactos sociales y ambientales
negativos que provoca el mal desarrollo actual.
Una educación, justa, libre y soberana implica tomar acciones de
responsabilidad que estén a la altura de las circunstancias.
Es hora de iniciar un profundo proceso de cambio social que revierta la frase
inicial de la reforma del 18, y más aún cuando estamos frente a una potencial nueva
ley de educación superior.
“Los dolores que quedan son las libertades que faltan”. Nunca más.

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

FILOSOFÍA, PANDEMIA Y EDUCACIÓN

Juan Maya

Desde hace varias décadas se viene hablando de un cambio de época. A


principios de los años 90 del siglo pasado, tras la caída del muro de Berlín y la
desintegración de la Unión Soviética, el politólogo norteamericano Francis
Fukuyama profetizó “el fin de la historia”. Sin embargo, los 90 fueron pletóricos de
cambios sociales, políticos y culturales de todo orden que hicieron que la historia no
terminara: sencillamente continuó cambiando, para bien o para mal. El capitalismo,
ahora sin frenos y aparentemente triunfante en la guerra fría, aceleró su carrera
depredadora sobre la naturaleza y sobre las sociedades humanas.
El modelo liberal económico se aplicó en toda la línea. Las leyes del mercado
se impusieron. Argentina fue uno de los modelos en ese sentido, hasta llegó a vender
“las joyas de la abuela”: las empresas estatales. Sin embargo, con crisis financieras
como la del “Efecto Tequila” de mediados de esa década, el sistema comenzó a
desmoronarse y regresó el endeudamiento externo de los países emergentes y la
inestabilidad social en la región. Aumentó el desempleo y la pérdida de poder
adquisitivo. Los tenues movimientos de resistencia social y política solo
comenzaron a tener alguna fuerza en la región tras los desastres sociales de fin del
siglo XX. Por su parte, en Rusia se desató una crisis financiera conocida como el
“Efecto Vodka” y en el sudeste asiático otra similar, llamada “Efecto Arroz”. En fin,
prácticamente todo el planeta se encontraba en medio de sucesivas crisis financieras
y económicas que iban a afectar la vida de todos. No obstante, a pesar de los
problemas económicos, ambientales, sociales y políticos, los líderes del sistema
capitalista siguieron su marcha. Por un lado, la naturaleza, y por otro, la
imprevisibilidad humana, provocarían lo que podría llegar a ser una de las
transformaciones más “radicales” de la sociedad y del sistema: la pandemia del
COVID-19 fue un golpe al corazón del sistema.
En Argentina, en 1871 un brote de la fiebre amarilla transformó la ciudad de
Buenos Aires. Cambiaron no sólo los hábitos y muchas costumbres, sino también el
lugar de residencia de la élite porteña. Aquella “peste” redujo la población de
Buenos Aires en un 7%. El higienismo, en cuanto teoría de la salud positivista que
bregaba por una ciudad sin la enfermedad, se convirtió en uno de los puntales del
desarrollo del sistema educativo público. Las normas educativas de aquella época,
emanadas de la ley de educación 1420 sancionada en 1884, se hicieron eco de los
nuevos preceptos de higiene y la obligación de controles de salud y vacunación en
los establecimientos escolares.
Es de esperar que esta nueva peste del siglo XXI traiga nuevos
ordenamientos sociales y hábitos. Para quienes no habían asumido y comprendido la
advertencia del cambio de época, el COVID-19 les vino a significar un cachetazo
impensado. La pandemia provocó una las mayores crisis desde la segunda guerra
mundial, en diversos planos de la existencia, quizás más grave que los “efectos”
señalados anteriormente. El sistema económico tuvo un impacto directo, los
trabajadores y la población en general fueron confinados a una extensa cuarentena,
lo cual dejó en evidencia que la rueda del capitalismo no se puede mover sin los
trabajadores y las trabajadoras que, efectivamente, son esenciales para el sistema.
Quizás por eso muchos empresarios y líderes mundiales defensores del sistema

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

capitalista fueron activos militantes de la anticuarentena. La postura del presidente


de Brasil, Jair Bolsonaro, fue significativa en ese sentido, al comparar los efectos del
coronavirus con el de una “gripecita”; más al norte, en Estados Unidos, Donald
Trump abogaba en los primeros días de la crisis por la aplicación de lavandina para
curar los síntomas de la enfermedad. El transcurso de las semanas y la caída en las
encuestas electorales lo obligaron a aceptar el barbijo y a cambiar su discurso.
Los efectos de la pandemia aceleraron cambios que ya se venían produciendo
en diversas áreas de la vida humana. El sistema educativo es uno de los sectores
donde más fuerte pegó la prolongada cuarentena. Se cerraron las escuelas y la
enseñanza se trasladó a los hogares. La educación virtual irrumpió como nunca antes
y llegó para quedarse. Sin embargo, no todos los y las docentes y estudiantes estaban
preparados para el abrupto cambio. Por ejemplo, en la provincia de Buenos Aires las
diferencias de acceso a la educación y a las tecnologías son profundamente
marcadas, especialmente en los sectores marginales del Gran Buenos Aires. La
imposibilidad de disponer de dispositivos o conexión de Internet adecuados
profundiza la desigualdad y la exclusión preexistentes en la educación. Para el actual
gobierno –con una propuesta de inclusión– se trata de un desafío aún mayor. En
tanto las escuelas de las “élites” siguieron funcionando sin mayores inconvenientes,
en el otro extremo de la escala social amplios sectores de estudiantes quedaron más
excluidos de lo que ya estaban, muchos inclusive más preocupados por el sustento
diario que por la educación en sí misma. Agravan la situación una progresiva
pérdida de la autoestima y el sentimiento de fracaso. Así, la intervención del Estado
y la creación de trabajo genuino deberán ser prioridad en los próximos años.
En este contexto cambian los valores y surgen nuevas preguntas sobre el
significado de la “normalidad”. Cuando esto sucede reaparece la filosofía para
ayudar a preguntarnos sobre estos nuevos valores y confrontarlos con los del pasado,
los que hemos sostenido hasta hace poco. La crisis del sistema educativo no
comenzó con la pandemia, pero ella pone en discusión el formato mismo de la
institución “escuela”. El sistema educativo “moderno” es piramidal: “universal” en
la base, pero, a medida que se sube, varios quedan en el camino. El COVID-19 y la
virtualidad impuesta arrojaron de la pirámide a mayor cantidad de personas.
Paulo Freire en su libro ¿Qué es la educación? afirma que “la educación es la
acción y la reflexión del hombre sobre el mundo para transformarlo”. Es en ese
sentido que la filosofía viene a proponer una mirada crítica sobre todo lo instituido
como “normal” dentro del sistema. Según Leonardo Boff, uno de los referentes de la
Teología de la Liberación, volver a la “normalidad” sería “autocondenarnos”: sería
volver a la educación bancaria, a promover el individualismo y la “meritocracia”
como lógicas del mercado. Se hace necesaria otra mirada, que establezca un nuevo
paradigma educativo. Hay un debate en desarrollo sobre la ética en las decisiones
políticas y en las conductas individuales y sociales en medio de la crisis sanitaria. La
tensión entre la política y la moral de las decisiones y cómo influyen en la vida
cotidiana de la sociedad irán definiendo los nuevos hábitos de enseñanza y el papel
de la filosofía en este nuevo contexto.

Juan Maya es profesor de Filosofía (CENS 452 Vicente López).

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

LA CRUELDAD DE LA FELICIDAD AL PALO

Carla Elena

En el mundo de hoy prima la imagen, la eficacia y el óptimo rendimiento.


Los valores se han transformado en el éxito, el triunfo y alcanzar los objetivos
propuestos por el mercado. Ganar dinero, adquirir bienes materiales y comprar lo
que “sugiere” el capital se han convertido en sinónimo de felicidad, plenitud,
seguridad y pertenencia. Poder. ¿Es eso felicidad, o cumplimiento con el mandato de
un mundo neoliberal que rige y ordena lo que debemos ser y desear? Quien no tiene
o no compra lo que es incitado y está a la moda, queda fuera. “No pertenece”.
¿Adónde? Al mundo del posteo compulsivo y de la selfie de la sonrisa constante.
¿Impuesto por quién? Por una cultura donde la mercancía es un valor en sí mismo y
otorga estatus a los sujetos. En palabras de Guy Debord: “estamos inmersos en la
sociedad del espectáculo”. Somos las y los protagonistas de esta industria feroz de la
felicidad.
¿Es posible aislarse y vivir fuera de este sistema sin sentirse excluidos? ¿Es
factible transmitir a otras generaciones que la felicidad no se halla en un bien
material, sino en un transitar de instantes? La única alternativa es la educación, el
diálogo, la palabra. Enseñar y comprender que la felicidad no está en los objetos
impuestos por el mercado, sino que se construye de momentos trazados mediante
acciones, proyectos, juegos y emociones que hacen sentir pleno al sujeto. Que lo
inquietan y le generan espacios para nuevas búsquedas.
La psicología del positivismo y la autoayuda han inundado redes y librerías.
Depositan en el ser humano el “poder del querer”. Han invadido el mundo con su
discurso, pero generan sujetos frustrados y cada vez más angustiados, al no poder
cumplir con los logros exigidos y esa supuesta completitud. Claro que existen los
momentos de felicidad, y todos los seres podemos transitar ese sentir, pero no
necesariamente mediado por el positivismo que se basa en lo rápido y superficial, en
lo efímero, sino a través de actividades individuales o conjuntas subjetivantes que
causen placer por instantes, escenas que quedarán grabadas en nuestra retina y en
nuestra memoria. La felicidad como sinónimo de bienestar es una falacia que genera
sujetos sumisos y subsumidos a los intereses imperantes. En la Argentina de hoy,
¿cómo pedirle que tenga un pensamiento positivo a un ser que tiene que vive en la
calle? ¿Cómo sugerirle a una madre con varios hijos que no tiene para alimentarlos
que piense positivamente, porque eso la llevará a lograr lo que hoy no puede?
¿Existe algo más cruel? La manera justa y ética de ser y estar con personas en estado
de extrema vulnerabilidad es ser realistas y planear acciones conjuntas y políticas
públicas adecuadas y a disposición, para que puedan transitar de la mejor manera su
cotidianidad, y no naturalizar jamás su condición. ¿Cómo pararse frente a ellos y
mencionarles que si piensan en positivo todo cambiará, que “el que quiere puede”?
Su reacción sería perder el vínculo de confiabilidad, si existiese, y establecer
inmediatamente una distancia.
En este sentido es donde necesitamos un Estado presente, con políticas
públicas que apunten y estén dirigidas a todos y todas, para que estas palabras de los
libros más vendidos en las librerías no sean solo frases hechas, sino se transformen
en derechos –y no privilegios. La autoayuda podrá ser útil para algunos seres, pero
hoy es un comercio. Los libros de esta temática se venden como caramelos en los

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

quioscos, y frases tales como “si sucede, conviene”, o “lo que pasa siempre es por
algo”, son las más oídas y promocionadas, y hoy las pronuncian livianamente
conocidos conductores en diferentes medios.
Es interesante realizar el ejercicio de preguntarse sobre lo que le sucede al ser
que no alcanza esos objetivos impuestos por este mercado voraz. ¿Qué acontece en
esta era del neoliberalismo a ultranza, donde las diferencias se obturan, anulan,
expulsan y eliminan en busca de individuos iguales que produzcan y consuman en
serie? ¿Será el miedo, el terror a sentir al otro, como una amenaza por ser diferente?
La sociedad, para conformarse como tal, está urgida de otros confiables
mediante los cuales pacificarse, con los que crear vínculos afectivos habilitantes y
sostenedores para crecer; requiere del trazado de redes vinculares que demuestren
que se hace y se construye con lo distinto, con lo diferente, y que el miedo se
atraviesa, no se expulsa, y que la felicidad es un conjunto de instantes y escenas, y
no un valor que se vende y compra. En palabras de Byung Chul Han: “Los tiempos
en los que existía el otro se han ido. El otro como misterio, el otro como seducción,
el otro como eros, el otro como deseo, el otro como infierno, el otro como dolor va
desapareciendo. Hoy, la negatividad del otro deja paso a la positividad de lo igual.
La proliferación de lo igual es lo que constituye las alteraciones patológicas de las
que está aquejado el cuerpo social. Lo que lo enferma no es la retirada ni la
prohibición, sino el exceso de comunicación y de consumo; no es la represión ni la
negación, sino la permisividad y la afirmación. El signo patológico de los tiempos
actuales no es la represión, es la depresión. La presión destructiva no viene del otro,
proviene del interior. (…) Se vive con la angustia de no hacer siempre todo lo que se
puede, y si no se triunfa, es culpa suya. Ahora uno se explota a sí mismo figurándose
que se está realizando; es la pérfida lógica del neoliberalismo que culmina en el
síndrome del trabajador quemado... Y la consecuencia, peor: ya no hay contra quién
dirigir la revolución, no hay otros de donde provenga la represión… es ‘la alienación
de uno mismo’, que en lo físico se traduce en anorexias o en sobreingestas de
comida o de productos de consumo u ocio”.

Que las etiquetas sean solo para la ropa


Las escuelas y las aulas permanecen vacías, sin sus actores principales, que
son los niños, niñas y adolescentes que las llenan de vida, juego, inquietudes,
reflexiones, manchones y colores. Tampoco existe una fecha estimada del comienzo
de la presencialidad, por lo cual las tareas continúan siendo caseras de manera
virtual y los padres y las madres se han transformado, sin quererlo, en los maestros y
las maestras de esta nueva normalidad. Es importante pensar qué ocurre con estos
niños, niñas y adolescentes cuando su vida se ha puesto patas para arriba, cuando los
horarios se han trastocado y han perdido su orden, cuando el día no tiene principio ni
fin, más allá de que el sol salga todos los días. ¿Qué sucede con esas subjetividades
en esta época donde un virus ha modificado todas las vidas, los sentires, las
percepciones, y el cuerpo no es ajeno a ello? Esencial es en este momento darle
espacio a la palabra y a la escucha de esos niños, niñas y adolescentes que se
encuentran en un estado de confusión e incertidumbre, atareados y encerrados hace
más de seis meses, vinculándose a la distancia con la escuela, con sus compañeros y
compañeras, y también con sus afectos familiares, sin posibilidad de contacto con el
cuerpo.
Se trata de generar un conjunto de presencias –aunque en ausencia– que
acompañe a cada ser, aceptando su mismidad, singularidad e impronta, sin etiquetar,

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

clasificar y diagnosticar, sino bordeando y acompañado. Es imprescindible alojar al


ser, forjar un sitio para que manifieste sus miedos, malestares, angustias e
inquietudes, y de esta manera tramitarlos de forma contenida por un otro
subjetivante que pueda albergar sus sentires. Es una oportunidad para ser ingeniosos
y ocurrentes, y encontrar herramientas que posibiliten que las emociones circulen,
mediante la palabra, el juego, los dibujos, la música o el baile, donde comenzar a
resignificar situaciones y escenas vividas, temidas o que generen inquietudes en los
niños, niñas y adolescentes, entendiendo que estos meses que transitamos
seguramente dejarán una huella en todos nosotros.
En este sentido es fundamental y esencial el lugar que la escuela ocupa para
estos seres que están en pleno devenir, construyendo su identidad y forjando su
trayectoria. Es imprescindible un Estado presente, donde las políticas públicas sean
claras y que entendamos entre todos y todas que la escuela no se trata solo de
fracciones o tildes correctamente utilizadas, o saber de geografía, sino que el hacer
es mucho más hondo, y en estos momentos la profundidad tiene que ver con prestar
la escucha, con alojar mediante la mirada –aun en ausencia– para que esta pandemia,
que sin duda dejará huellas, no deje etiquetas, rótulos ni niños, niñas o adolescentes
estigmatizados.
Es imprescindible una escuela a disposición de los estudiantes que
comprenda que es fundamental que los sentires, los pareceres y las emociones
circulen, y que los protagonistas de esos espacios –aunque hoy no los transiten–
puedan manifestarse y expresar lo que les sucede en este contexto tan particular que,
al no tener miras de finitud, genera en ellos y ellas una gran ansiedad y angustia.
Hoy más que nunca las y los infantes necesitan la oferta de ese otro subjetivante que
los cobije, sostenga y anide, y crear así un vínculo confiable con el cual poder
expresarse. Es urgente comprender que no hay un “ser” por curar y que, aunque
haya inquietud e incertidumbre por momentos, la opción es recorrerlos juntos, con
ellos y ellas, respetando su peculiaridad y su personalidad, estableciendo una trama
que las y los sostenga.
Para terminar este apartado, me gustaría compartir esta frase: “No sé si
habrás visto el mapa de una mente. A veces los médicos dibujan mapas de otras
partes de ti, (…) pero no es tan fácil trazar el mapa de la mente de un niño. Que no
solo es confusa, sino que gira sin cesar” (James Matthew Barrie, Peter Pan, 1911).

El cuerpo esclavo del mercado


Pocos días atrás, una modelo publicó en su Instagram una foto suya donde se
la notaba sumamente delgada, y una seguidora le comentó que iba a dejar de comer
hasta tener un cuerpo como el suyo. La maniquí le dio un “me gusta” y le respondió
con un corazón. Este intercambio abre un debate sobre el cuerpo, la comida y el
mundo del mercado en el que nos encontramos inmersos, donde imperan e imponen
modelos de éxito asociados a la delgadez y belleza.
Con solo transitar las calles, ojear las revistas o mirar la televisión se observa
a mujeres, niñas y adolescentes con cuerpos irreales que están muy por debajo de lo
que podría ser considerado sano, y están ubicadas como referentes de lo que “hay
que ser” para gustar, atraer y ameritar. Al parecer, para este mundo donde lo que
prima es el espectáculo y la estética, están en boga cuerpos como influencers de una
actualidad donde los sujetos somos mercancías que se compran y venden.
Según un estudio realizado por la Universidad de Buenos Aires, en la
Argentina uno o una de cada tres adolescentes tiene algún desorden alimenticio, y

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

uno o una de cada siete tiene problemas con su cuerpo. En nuestro país, las
enfermedades vinculadas a la alimentación entre las y los jóvenes registraron, en los
últimos 10 años, un incremento del 50%. Las patologías alimentarias tienen mayor
incidencia en la adolescencia, aunque la edad de comienzo es cada vez más
temprana y, si la enfermedad se cronifica, puede acompañar al individuo toda la
vida.
Tanto la anorexia como la bulimia son trastornos alimenticios. La primera se
puede entender como el miedo real y claro que sienten las personas a engordar.
Tienen, por lo general, una imagen distorsionada, tanto de las dimensiones como de
la forma de su cuerpo. Por este motivo les es difícil mantener un peso corporal
adecuado. Otra de las características que tiene esta patología es el rechazo por los
alimentos, y lo poco que se ingiere se convierte en una obsesión incontrolable: el
sujeto se colma de “nada”. En la bulimia, que puede estar asociada también a
sintomatología anoréxica, las personas recurren a atracones y purgas posteriores:
ingieren grandes cantidades de alimentos de todo tipo solo para saciarse, de manera
compulsiva y sin capacidad de disfrute, para luego tratar de eliminar las calorías
mediante vómitos, laxantes, diuréticos, ejercicios físicos en exceso, o mediante la
combinación de varias de estas acciones.
Es válido reflexionar sobre por qué y en qué circunstancias una persona
ingiere alimentos. Para nutrirse, tal vez, para tener la “panza llena” e ir a estudiar o
trabajar, para tener energías, para estar satisfecho o satisfecha, para disfrutar de
banquetes y espacios con amigos o amigas, para estar sano o sana, o en algunos
casos, para colmarse de un “algo” que lo complete. Cuando no se come por hambre,
ni por placer, ni por una necesidad física, ni por el deseo de compartir con otros u
otras, sino por ese “algo” que tiene más que ver con el goce –lacaniano–, con una
sensación que está más allá de principio del placer –freudiano–, con una necesidad
de completitud que se logra mediante un atracón de alimentos que deja a la persona
literalmente muda, invadida, rebalsada, sin posibilidad de poner en palabras lo que
en ella habita, la comida está funcionado como dique de contención, de soporte, para
el ser y el estar de ese individuo que luego queda vacío y aliviado al purgarse. Ha
pagado la culpa de su ingesta.
Las causas o detonantes de estos trastornos pueden ser variados y dependen
de cada sujeto, su contexto y su historia, y por ende los abordajes son muy diversos
también, desde clínicas de internación, tratamientos ambulatorios, psiquiátricos y
terapéuticos, tanto individuales como grupales, centros de atención, etcétera.
Es esencial no perder de vista ni dejar de analizar cómo se genera este
fenómeno a nivel cultural. Existe una imposición social de un ideal de belleza o
éxito con el eje puesto en la delgadez extrema. En ese ideal estereotipado las curvas
no existen, salvo las generadas por implantes quirúrgicos u otras operaciones. Todo
lo que sobra se intenta extirpar de una u otra manera y sin límites. Según la médica
especialista en nutrición Mónica Katz: “En ese contexto, las problemáticas de la
sociedad actual son que se realizan dietas extremas sin regulación, que hay modelos
de ideales estéticos alejados de las mujeres que caminan por las calles. Las modelos
son cada vez más flacas y las mujeres reales cada vez tienen más sobrepeso. Los
consumidores quedan frustrados, ya que no pueden acceder a eso y si lo hacen es
mediante dietas extremas que los dejan absolutamente carenciados, porque cuando
uno no come, se come así mismo. Esto es hipotecar el futuro de los argentinos”.
Es preciso entender que este tipo de patologías no afectan solo a sujetos con
capacidad de pagar un tratamiento. Por tal motivo, es importante que el Estado

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

brinde herramientas para hacerlo. Según un estudio realizado por la Fundación “La
Casita”, la Argentina se encuentra en el segundo lugar con más casos de bulimia y
anorexia en el mundo, luego de Japón. Necesitamos un Estado que tenga en su
agenda atender estas dificultades mediante programas y planes gratuitos que estén a
disposición y al alcance de todos y todas en entidades públicas, generando una red
vincular que aloje para cuidar al sujeto, y en ese hacer cobijar a otros y así construir
nuevas trayectorias. Pero esto no se puede hacer a nivel individual, debe ser en una
escala social donde la cultura de la delgadez asociada a la vida plena y la felicidad
asegurada quede desmitificada, y se comience a pensar en seres reales y existentes
con vidas posibles.
Me gustaría concluir estas líneas con una reflexión del filósofo francés Jean
Luc Nancy: “justamente por esa obstinación de la ausencia, no hemos dejado de
intentar apresar al cuerpo. Son innumerables los intentos de identificación y
significación del cuerpo con los que pretendemos evitar de algún modo la angustia.
Desde el cuerpo de Cristo como el ‘he aquí’ del absoluto que se incorpora en la
eucaristía, hasta los cuerpos siempre-jóvenes, bellos y absolutamente saludables que
se intentan construir hoy y que no dejan de hacer-cuerpo esa angustia”.

Carla Elena es psicóloga social diplomada en Violencia Familiar y Género,


Derecho de Niñez y Adolescencia, y Discapacidad; y posgraduada en Educación
Sexual Integral y Despatologización de las Diferencias; miembro de Forum
Infancias y docente.

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

LA PANDEMIA PUERTAS ADENTRO

Laura Gervasi

Es obvio que nadie imaginaba esta situación cuando empezábamos este año,
pero seguramente lo que está ocurriendo marque la historia de la humanidad. No
descarto que, sin tener aún la perspectiva global, más adelante tenga que reconocer
lo inconexo y, tal vez, injusto de algunos de los análisis de este momento, pero, a
riesgo de merecer ese juicio, considero importante detener nuestra corrida cotidiana
y reflexionar sobre la huella que estamos dejando en este camino desconocido.
A largo de estos meses se ha reflexionado sobre cada una de las situaciones
que nos trajo la pandemia, algunas realmente angustiantes y otras positivas, que
serán dignas de ser aplicadas cuando todo esto pase. Tenemos grandes amenazas y
grandes oportunidades que la sociedad podrá capitalizarlas si está dispuesta a hacer
algunos cambios. Tenemos fácilmente dos posibilidades: o hacemos algunos
pequeños movimientos casi de maquillaje, o tendremos la sabiduría y la fortaleza
necesarias para que sean transformaciones permanentes. En este texto prefiero
detenerme en lo que se sucedió a nuestro hogar, lo que pasó dentro de nuestras
casas, mientras el virus se diseminaba.
Las consecuencias sociales de la pandemia del COVID-19 tienen un impacto
central en el concepto del hogar, sobre todo en la primera fase de aislamiento: ya no
sólo es el espacio que define la distinción entre un ámbito interno-privado, donde se
resguardaba lo íntimo respecto del exterior-público simbolizado por la calle o
lugares anónimos, donde realizamos las actividades económicas, educativas,
etcétera. La sentencia sanitaria #quedate en casa, necesaria para evitar los contagios
masivos, transformó inesperadamente ese espacio en un lugar de aislamiento donde
se llevan a cabo todas las actividades humanas, tanto públicas como privadas. Con
este cambio, la casa tuvo que abandonar su ritmo y espacios exclusivos para
incorporar el mundo exterior dentro de sus cuatro paredes. Así es que se va
formando un nuevo término sociológico –acuñado por Felipe Gaitán Alcalá– como
el de Hogar-Mundo, que parafrasea lo dicho por Marc Augé cuando analiza la
Ciudad-Mundo como utopía de la urbe que resuelve todo lo que el humano necesita
y simultáneamente controla la movilidad de quienes la habitan en horarios y lugares.
Hogar-Mundo es un concepto que busca comprender las nuevas formas de habitar,
donde las relaciones sociales familiares o amorosas se combinan con las actividades
públicas del llamado home-office, la vida familiar con la programación de fiestas en
línea, la sala o el dormitorio convertidos en aula virtual. Es decir, el lugar de habitar:
producir, educarse. Todo lo social y lo emocional contenido en cuatro paredes.
Este concepto desafía la distinción entre lo público y lo privado que la
modernidad había establecido tan tajantemente. Entre otras consecuencias vemos
que, al estar todos en la casa, todo el día, generó una intensificación de la carga de
trabajo dentro de los hogares, sobre todo para las mujeres, ya que por la división
sexual del trabajo suelen ser las que se ocupan de las tareas domésticas y de
cuidados de las personas dependientes de la familia. Esta sobrecarga se refuerza por
no poder contratar o solicitar trabajos que habitualmente desarrollan quienes cuidan
a niños, niñas o familiares mayores o enfermos.
El último informe de la Comisión Interamericana de Mujeres (CIM) indica
que en América Latina habitualmente las mujeres ocupan entre 27 y 47 horas por

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

semana en tareas de cuidados. Cuando llegó el aislamiento, se agregó otra forma de


cuidado que es la educación en la casa. El mismo documento revela que en América
Latina más de 15 millones de empleadas domésticas ya no fueron a sus trabajos, con
el empobrecimiento que ello ocasiona. Podría seguir describiendo el tema de los
cuidados en particular y la división sexual del trabajo como paraguas que aún
determina nuestra cultura, pero por ahora y para rescatar un horizonte positivo,
celebro las iniciativas con vistas a diseñar políticas públicas de cuidados en nuestro
país, porque todos debemos tener “el derecho a ser cuidados y cuidadas”. Este es
otro tema que siempre se trató como un tema privado y debe ser abordado como
público.
Cuando pensamos en nuestro día a día, tal vez lo vemos insignificante, como
si solo “soportáramos” lo que nos impone el aislamiento o el distanciamiento en el
caso de nuestra ciudad, para no contagiarnos. Pero estamos haciendo mucho más
que eso. Por eso me gusta traer la imagen de la novela El Húsar de Arturo Pérez
Reverte, “en la que se narran las peripecias de un soldado que sueña con participar
en una gran batalla. Sin embargo, cuando llega el gran día, nuestro húsar espera en
la reserva, pasa calor mientras oye a lo lejos el fragor de un combate en el que no
participa, y cuando finalmente interviene, le pasa por encima una carga de caballería
enemiga y, herido, ha de refugiarse a pasar la noche en un bosquecillo, escondido y
lleno de miedo hasta el amanecer. Al final, resulta que ha participado en una de las
mayores victorias del ejército francés; pero desde su perspectiva individual, no ha
visto más que miserias, y penalidades. Así, lo que desde una perspectiva global se
presenta como una victoria histórica, es vivido por sus protagonistas como un
absurdo episodio, inconexo y miserable”.

Laura Verónica Gervasi es licenciada en Sociología, maestranda en Sociología y


Métodos avanzados de investigación, profesora universitaria y consultora externa
para investigación en organismos nacionales y entidades privadas. Actualmente es
directora de Presupuesto Participativo de la Municipalidad de Concordia, Entre
Ríos.

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

EL CONFLICTO SIN LA GRIETA: UN INTENTO


DIFERENTE DE ADMINISTRAR LO QUE VIENE,
SIN CAER EN LA EMBOSCADA

Salvador Tiranti

La salida del invierno muestra un ordenamiento del campo político más claro
que a principios del gobierno de Alberto Fernández, y un factor que empieza a
marcar el ritmo de las diferentes estrategias, tanto del oficialismo como del campo
opositor: el tiempo. El 2021 hoy funciona en el GPS de la política argentina como
un ordenador interno. No solo por tratarse de un año de elecciones legislativas que
pueden destrabar cierto empate en la Cámara de Diputados, que hoy funciona con
dos minorías –ni oficialismo ni oposición tienen la posibilidad de aprobar por sí
solos proyectos en la Cámara Baja–, sino porque aparecen elementos que van
configurando un posible escenario que condiciona e interviene en la política actual.
El acuerdo con los bonistas, los primeros signos de reactivación de la
economía –especialmente en la actividad industrial– en julio y agosto, una
desaceleración todavía tenue de la inflación y el horizonte que pone la posible
vacuna contra el COVID-19 condicionan la coyuntura y aceleran los tiempos. La
posibilidad cierta de que hacia mitad del año que viene –previo al momento
electoral– la salida de la pandemia y la aplicación de políticas de reactivación
económica construyan un paisaje diferente al de la cuarentena y la recesión, actúa
modificando estrategias y expectativas.
La resolución de la asonada policial de la provincia de Buenos Aires puede
ser interpretada como el punto de cristalización de una serie de episodios de tensión
y de conflicto político –la intervención en la quiebra de la empresa Vicentin; el
proyecto de reforma judicial; marchas y banderazos del 17A; la declaración de la
telefonía fija y móvil, Internet y televisión paga como servicios públicos y
esenciales; las tomas de tierras– que muestran dos cosas: una oposición activa,
apurada y predecible, con sus principales cartas desplegadas, con altos grados de
coordinación táctica, pero sin la capacidad de daño de otros momentos; y un
oficialismo que administra el “pico” de una delicada crisis sanitaria, económica y
social que todavía se continúa profundizando, y lo hace desde su “piso” de
capacidad de acción y acumulación política, pero todavía con altos niveles de
adhesión a la figura presidencial –especialmente si se los compara con otros
presidentes de la región.
Estos elementos juegan como ordenadores de un mapa cada vez más claro, y
aunque parezca arriesgado, previsible. Seguramente de mucho estrés político, pero
en torno a una dinámica que la sociedad argentina conoce. Pareciera que “el futuro
todavía no llegó” para el Frente de Todos, y los instrumentos del pasado ya no le
resuelven las cosas tan fácilmente a la alianza opositora. El horizonte descrito puso
en alerta a Juntos por el Cambio y a todas las terminales –mediáticas, judiciales, y
económicas– que participan del campo opositor al gobierno, y aceleró su proceso de
reacomodamiento –después de la derrota del 2019– ordenando su conducción
estratégica como bloque; redefiniendo roles y tácticas diferenciadas; y volviendo a
mostrar importantes grados de coordinación discursiva. No sin tensiones internas,
por supuesto, y con diferentes miradas sobre lo que es necesario construir para

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

transformarse en alternativa real de gobierno. Pero privilegiando una unidad que


contiene diferentes modos de relación con el oficialismo –especialmente en torno a
la cuarentena– pero el mismo posicionamiento ante las políticas que el gobierno
nacional propuso.
Es lógico que una oposición aproveche cualquier momento de debilidad. El
gobierno enfrenta a pocos meses de gobierno una profunda crisis de tres
dimensiones –sanitaria, económica y social– que se entrecruzan y retroalimentan.
Sin poder ocupar la calle, ni desplegar medidas integrales para la reactivación,
porque aumentaría la circulación y el riesgo sanitario; con un hostigamiento
sistemático –fake news incluidas– de la mayoría de los medios de comunicación, a
los que el decreto de regulación de las telecomunicaciones terminó de alinear; en un
clima social tenso, y con lugar a aventuras destituyentes, como las que se quisieron
montar sobre el conflicto salarial de la Policía de Buenos Aires. La oposición lo
sabe, y opera en ese sentido. Lo hace desde un instrumento que conoce y que le dio
resultados en otra época: la grieta.

El conflicto es la esencia de la política. En el


conflicto se puede ver más claramente a qué
“juega” cada actor político. La política en
democracia nace y vive del conflicto. Por eso es
importante diferenciarlo de la grieta opositora.
Cuando se intenta unir el concepto de conflicto con
el de grieta, apelando al fin o al cierre de ambos, se
busca deslegitimar las disputas lógicas y necesarias
que todo proyecto con fines transformadores debe
encarar para modificar el estado de las cosas –
mucho más en un país extremadamente
desigual como el nuestro.
El campo opositor no comprende la “grieta” sólo como el resultado de una
puja histórica entre dos proyectos de país –que viene desde el comienzo de nuestra
historia– ni como una narrativa política performativa que busca la construcción de
identidades políticas a partir de un “nosotros” y un “ellos”: es también un modo de
intervenir discursivamente para operar sobre el vínculo que tiene parte de la
sociedad “con lo que se muestra como realidad”. El mecanismo de la grieta
opositora no tiene como principal destinatario a Alberto Fernández, ni a Cristina, ni
al populismo, etcétera. Su objetivo estratégico es intervenir en el modo en que parte
de la población valora los hechos de la vida política y los políticos que las encarnan.
La interpelación principal siempre es el “público”: lo hace sobre miedos, angustias,
deseos, aspiraciones y odios, entre otros sentimientos que circulan entre la gente y
son parte de su construcción identitaria. Porque –más allá de las posturas
políticamente correctas, las respuestas racionales, los posicionamientos sobre la base
de argumentaciones lógicas– la mayoría de las personas transita también por otras
“calles” al momento de decidir y tomar una postura política: menos racionales, más
apasionadas e intuitivas, donde el análisis de la información no se realiza en una
única dirección, sino de forma múltiple y simultánea, y otorgando peso a infinidad

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

de variables. En esa dimensión opera discursivamente la grieta opositora, con el


objetivo de realizar un proceso de “emparejamiento” –que nunca es lineal y no
siempre funciona– entre el acontecimiento o, más precisamente, la interpretación
que se hace de él, y aspectos de esa estructura más borrosa e intuitiva. La finalidad
estratégica es emparejar los hechos a “sentimientos” que se fueron construyendo a lo
largo de estos años, no solo para reforzarlos y actualizarlos, sino para que operen
sobre la forma en que construimos nuestra mirada sobre las acciones del gobierno y,
muy especialmente, sobre las personas que las encarnan.
En este punto se puede observar claramente cómo las distintas expresiones de
la oposición no solo comparten el posicionamiento ante las medidas del gobierno de
Alberto Fernández y Cristina Fernández, sino principalmente la decisión de dar la
discusión apelando al instrumental construido desde la grieta opositora, para
posibilitar un emparejamiento que diluya la discusión del plano de la argumentación,
pero que permita manipular sentidos de manera más eficaz y para un público más
amplio que el interesado por la realidad política.
El ruralista macrista Alfredo D’Angelis se preguntó: “¿Van a expropiar
campos?”13 en relación con el conflicto por la intervención en la empresa Vicentin.
“Yo no vengo por Vicentin, yo vengo por la justicia. Que lo rematen a Vicentin a mí
no me importa”,14 dijo una señora en Entre Ríos al participar de una marcha contra
la expropiación de la empresa. “El único objetivo que persigue la reforma judicial es
la impunidad de Cristina Kirchner”, 15 declaró la diputada Carrió sobre el proyecto de
Reforma Judicial. “Porque no hay justicia y para que devuelvan lo que se
llevaron”,16 dijo una manifestante del 17A. “Intimidar, perseguir, criminalizar,
castigar y, si pueden, encarcelar a los periodistas que no se callan ni se arrodillan es
un objetivo histórico de los Kirchner”,17 gritó Alfredo Leuco en relación con la
denominada “cláusula Parrilli”. Dijo Marcelo Longobardi: “El gobierno apuesta a
negociar con delincuentes que toman tierras y las revenden”, 18 sobre los intentos de
tomas de tierras en el conurbano. “Horacio Larreta se siente traicionado y ya no
confía en su palabra”,19 contó el periodista Román Letjman sobre la reacción del jefe
de Gobierno ante la decisión del presidente de recortar fondos a la ciudad. “Cristina,
la titiritera en las sombras que mueve los hilos, y Alberto, el títere desarticulado que
va hacia un lado con la cabeza y hacia otro con las piernas”, 20 remarcó otra vez
Leuco sobre la pregunta sobre quién gobierna la Argentina. Luego de alertar –y
proponer para la discusión pública– sobre la posibilidad de un golpe de Estado, el
expresidente Eduardo Duhalde declaró: “Alberto Fernández está groggy, como

13
[Link]/273263-para-el-macrismo-la-expropiacion-de-vicentin-es-una-idea-
com.
14
[Link]
expropiacion-de-vicentin.
15
[Link]/politica/el-unico-objetivo-que-persigue-la-reforma-judicial-es-la-
[Link].
16
[Link]/secciones/parana/637017-imnagenes-y-testimonios-se-replicn-en-paranna-
[Link].
17
[Link]
18
[Link]/289283--marcelo-longobardi-critico-con-el-gobierno-apuesta-a-negociar-
con-delincuentes-que-toman-tierras-y-las-revenden.
19
[Link]/politica/2020/09/17/nuevo-golpe-de-alberto-fernandez-a-rodriguez-larreta-
enviara-un-proyecto-al-congreso-que-reduce-aun-mas-la-coparticipacion-de-la-capital-federal/
20
[Link]

113
[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

estuvo De la Rúa o como estuve yo”. 21 Quitando los nombres propios, las
declaraciones muestran un claro énfasis sobre “lo que hacen”, “lo que harían” o “lo
que serían capaces de hacer si se los deja”.
Sería un error pensar que solo se busca deslegitimar una decisión política, o
desgastar con descalificaciones a los políticos que las impulsan, cuando lo que se
intenta –en un juego a tres bandas– es impactar en la imagen que las personas
construyen sobre las políticas mismas. Siempre es una amenaza alguien que es capaz
de “quedarse con lo de uno”. Indigna que alguien quiera que “no podamos
informarnos” sobre lo que hace. Puede dar bronca pensar que “negocien con
delincuentes” para darles algo que uno no puede tener o que le costó mucho tener. El
que incumple con su palabra y “traiciona” deja de ser creíble, y me puede traicionar
a mí. Si alguien no tiene decisión propia, o está groggy, no nos puede “cuidar”. A
nuestro entender, este es un plano más de la disputa política y la construcción de
subjetividades, en el cual se induce a la construcción de sentido en un proceso
eminentemente performativo que no tiene que ver con el contenido proposicional de
los enunciados. Su capacidad de impacto está dada por rasgos contextuales, donde el
sentido impuesto se construye desde lo implícito. Sabemos de lo que se habla, pero
sabemos que “hay algo más”. No se discute en realidad contenido ni forma, se busca
atar a un preconcepto construido y reforzado por años, para que se fijen fuertemente
en el plano inconsciente y emocional, lo que a la vez lo hace atractivo para el que lo
recibe, que se conmueve y participa “activamente” de la discusión –muchas veces
reflejado en el rating o en los niveles de interacción en las redes sociales–
reaccionando a un impulso que toca sus fibras más íntimas.
El conflicto es la esencia de la política. En el conflicto se puede ver más
claramente a qué “juega” cada actor político. La política en democracia nace y vive
del conflicto. Por eso es importante diferenciarlo de la grieta opositora. Cuando se
intenta unir el concepto de conflicto con el de grieta, apelando al fin o al cierre de
ambos, se busca deslegitimar las disputas lógicas y necesarias que todo proyecto con
fines transformadores debe encarar para modificar el estado de las cosas –mucho
más en un país extremadamente desigual como el nuestro. Diferencias políticas van
a existir. Conflictos de intereses, también. La grieta ya no es necesaria para el
oficialismo, especialmente como una narrativa performativa que busque la
construcción o consolidación de su identidad. Pero, paradójicamente, y lo
intentamos dejar claro en este artículo, es fundamental para la estrategia discursiva
de una oposición que encuentra en el antikirchnerismo su “columna vertebral”. La
oposición necesita del adversario para que sea más eficaz el proceso de
emparejamiento, y de alguna manera le otorgue legitimidad. De eso se trata la
“emboscada”, de sentar la discusión sobre alguna cuestión, de generar un debate
argumental que cumpla la función de brindar el contexto necesario donde realizar el
proceso de emparejamiento. Mucho más cuando las posibilidades de Juntos por el
Cambio de construir un modelo alternativo, a poco tiempo de perder las elecciones,
dependen fundamentalmente de que el oficialismo no pueda sortear la crisis.
A diez meses de gobierno, y en un contexto por demás difícil, el Frente para
Todos sigue ocupando –desde las condiciones de debilidad antes descritas– la
centralidad de política en la Argentina, sin fisuras fuertes en su armado ni en su
conducción, y con una mesa plural para el seguimiento cotidiano de la política y la

21
[Link]/politica/eduardo-duhalde/volvio-duhalde-alberto-fernandez-esta-groggy-
como-estuvo-la-rua-o-como-estuve-yo-n5133690.

114
[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

gestión: Alberto Fernández, Máximo Kirchner, Sergio Massa, Wado De Pedro,


Santiago Cafiero; con buenas noticias, como la fuerte articulación entre la
Confederación General del Trabajo (CGT) y los movimientos sociales, la
construcción del Consejo Agroindustrial Argentino y los vínculos con la Unión
Industrial Argentina (UIA), especialmente con la figura de Miguel Acevedo;
administrando con pericia fuertes tensiones sociales y con un esquema de base
federal reflejado en la carta de 19 gobernadores en apoyo a la quita de recursos a la
Ciudad Autónoma de Buenos Aires; con importantes niveles de valoración pública
de la gestión y la figura del presidente, teniendo en cuenta el contexto; y con un
horizonte todavía lejano, pero que proyectan desde el oficialismo con cierto
optimismo.
Tiene el desafío discursivo de evitar caer en la “emboscada”. Esto no
significa retirarse del debate político, sino al contrario: se trata de desmontar la
operación sobre la base de una intervención certera, pragmática, con muchos más
actores y altamente pedagógica; que ponga sobre la mesa el mecanismo de la grieta
opositora y trabaje por vincular empáticamente las decisiones públicas y a sus
ejecutores con parte de nuestro pueblo; pero entendiendo que es necesario desarmar,
evidenciar y contrarrestar esta operación inteligente y subterránea desde el campo de
la disputa política; y, por sobre todas las cosas, que pueda llegar y conmover a las
mayorías. Porque, como bien decía Cristina Fernández en ese espectacular video que
el 18 de mayo de 2019 cambió el rumbo de escena política argentina: “gobernar no
es sólo firmar decretos o dar discursos. Es principalmente tomar decisiones que sean
comprendidas, aceptadas y compartidas por la inmensa mayoría de nuestro pueblo, y
que perciba que ellas son para mejorar su calidad de vida y para que sus hijos y sus
hijas y sus nietos y sus nietas tengan futuro”.

Salvador Tiranti es docente e investigador del Área de Estado y Política Públicas


(FLACSO Argentina), doctorando en Ciencias Sociales (FLACSO Argentina) y
magister en Políticas Públicas (FLACSO Argentina).

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

UNA TERRITORIALIDAD QUE ALOJA

Carla Elena

A siete meses de las medidas preventivas ante la pandemia decretadas por el


presidente Alberto Fernández el día 19 de marzo en nuestro país, las rutinas diarias
de las persoans se han modificado, los colegios se encuentran cerrados, las plazas
comienzan a tomar vida y las calles a reanudar su ritmo, pero los ánimos de la
población se encuentran en estado de alerta, inquietud e incertidumbre, ya que el
número de contagios crece día a día y por ende no existe certeza sobre el final del
confinamiento, y esto genera diferentes sentires y padeceres en los sujetos. Más allá
de que la Ciudad Autónoma de Buenos Aires ha comenzado a ponerse en marcha,
algunos negocios y comercios han abierto sus puertas, los ciudadanos y las
ciudadanas han comenzado a realizar ejercicio físico en las plazas y espacios verdes,
y se han permitido los encuentros en bares al aire libre con distancia prudente y
barbijo, es fundamental mencionar que los contagios en la Ciudad siguen creciendo,
aunque la curva se mantiene estable, por lo cual las medidas de apertura están en un
proceso de evaluación constante para evitar desbordes.
En pos del cuidado propio y del prójimo, varios centros de integración han
abierto sus puertas para alojar a sujetos que se encontraban viviendo en la calle, en
diferentes esquinas, en cajeros de los bancos o en las puertas de edificios. Son sitios
donde buscan resguardarse del frío y del contagio vertiginoso del virus. Más de 200
personas se hallan hospedadas en los cinco centros que la Organización Social
Proyecto 7 ha constituido: más de 200 sujetos tienen por las noches un plato de
comida para compartir; más de 200 almas están siendo cuidadas y preservadas de
esta pandemia que arrasa; más de 200 seres han encontrado un espacio subjetivante
donde sentirse cobijados y alojados, construyendo un vínculo con otros para transitar
este momento tan particular que los afecta en todo sentido y a todos sus sentidos.
Estos centros cuentan con diferentes servicios: la posibilidad de higienizarse, llevar
un control diario del estado de salud, realizar tareas cotidianas para conservar y
propiciar la convivencia y, por sobre todo, una cama caliente donde dormir y
transcurrir días y noches. Durante la jornada se organizan diferentes actividades
recreativas para ejercitarse y crear desde lo lúdico; pueden leer, estudiar y generar
redes vinculares que los y las sostengan y cobijen. Por las tardes se diagraman
charlas con distintos profesionales de la salud, con el fin de anidar la palabra y
prestar la escucha. “Donar el ser”, como dice el psicoanalista infantil Esteban Levín.
Ante todo, estos centros ofrecen un plato de comida en “la mesa”, una mesa
que significa y resignifica, un espacio para compartir y alimentarse, conformando así
un sitio que alberga y donde los sujetos pueden encontrarse con otros y sentirse
protegidos, mirados, queridos, tenidos en cuenta. La mesa en estos sitios es un
borde, una contención, un sostén y una posibilidad que convoca a generar y crear un
“entre” con otras subjetividades, y de esta manera transitar la cotidianidad de otra
forma y no en la soledad de la calle.
Más allá de lo antes mencionado, es fundamental comentar que estos
establecimientos no cuentan con la conectividad necesaria para que los sujetos se
vinculen con el mundo externo, ya que no tienen posibilidad de salir y tampoco
cuentan con la distancia prudente y necesaria, debido a la gran población que
cobijan. En tal sentido, es esencial que el Estado aloje y tenga en cuenta la realidad

116
[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

de ciudadanos y ciudadanas que transitan su vida en la calle y necesitan, en este


momento más que nunca, un lugar para resguardarse y preservarse. Es
imprescindible comprender que para que esto sea posible es necesaria una
responsabilidad grupal, colectiva y comunitaria, y ante todo políticas públicas que
sigan abregando por estos espacios que conforman, construyen y forjan
subjetividades para que.
Termino estas líneas con palabras de la doctora María Aparecida Affonso
Moysés del movimiento Despatologiza de Brasil: “La desigualdad es una gran forma
de violencia. (…) Ciudadanía y derechos son cosas que todos tenemos, o nadie tiene.
Si yo tengo derecho a tomar agua y tú no lo tienes, yo no tengo derecho; yo tengo un
privilegio. Si todos no tienen derechos, nadie tiene derecho. Si hay una persona que
no tiene ciudadanía, nadie es ciudadano. La desigualdad destruye derechos y
destruye ciudadanía”.

117
[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

EL ROL DE LAS FUERZAS ARMADAS


EN EL DESARROLLO NACIONAL

Mariela Montiel

En este texto se analiza el rol que han tenido las Fuerzas Armadas (FFAA)
dentro de la Política Nacional y el consecuente desarrollo económico en el periodo
que comprende la conformación de los Estados oligárquicos hacia 1862, con la
consolidación político jurídica de las Patrias Chicas y una nueva etapa de las FFAA,
llegando hasta el derrocamiento del general Juan Domingo Perón en 1955. Se escoge
como punto de partida del análisis 1862, año en que asume Bartolomé Mitre como
presidente de la Nación luego de dar por finalizada –al menos desde lo discursivo–
la disputa entre unitarios y federales con el desarme de los ejércitos provinciales,
montoneras y del pueblo nativo. En 1955, con el golpe de Estado a manos de la
oligarquía antinacional y sus titiriteros extranjeros, finaliza un periodo de coherencia
entre la teoría y la práctica llevada adelante por las FFAA. Con la autodenominada
Revolución Libertadora culminó la concepción de Defensa Nacional que encuentra
su origen en la Ley 13.234 sancionada por el Honorable Congreso de la Nación el 9
de septiembre de 1948. Históricamente la milicia conformada hacia 1805 para frenar
el avance de la invasión británica posee un origen popular, nacionalista,
industrialista e independentista. Sin embargo, siempre han convivido dos facciones
dentro de esta institución, una que trabaja para la liberación nacional y otra que la
impide.
El historiador y referente de la izquierda nacional argentina, Jorge Abelardo
Ramos, expresa esta dualidad de la siguiente forma: “La presencia dominante del
imperialismo extranjero, de una oligarquía antinacional y de una mediocre burguesía
nativa, permite al Ejército, bajo ciertas circunstancias críticas, asumir la
representatividad de las fuerzas nacionales impotentes, o, por el contrario,
transformarse en el brazo armado de la oligarquía. Esta dualidad se funda en el
antagonismo latente que existe en la sociedad semicolonial, donde no hay una sola
clase dominante, a ejemplo de los países imperialistas, sino dos, una tradicional y
una moderna, aunque mucho más débil. La pugna entre ambos grupos, aquél
vinculado al sistema agrarioexportador y éste situado junto a las clases interesadas
en el crecimiento económico, se introduce en el seno del Ejército y genera en él esa
misma contradicción en otro nivel” (Ramos, 1968: 379).
La definición de una política nacional en términos jauretcheanos remite a
pensar estratégicamente y de manera integral las medidas, las fuerzas y los recursos
que serán necesarios afrontar para lograr la liberación de los pueblos oprimidos por
el imperialismo.
El recorrido histórico refleja esta tensión constante entre un proyecto
nacional a las sombras de las potencias centrales, produciendo materias primas,
endeudado por las políticas monetarias y financieras de tintes coloniales, leyendo y
pensando con matrices y estructuras culturales eurocéntricas y acrecentando las
diferencias sociales y culturales que se desprenden de los patrones de poderes
impuestos por las noblezas europeas a partir de 1492 y posteriormente por las
burguesías que institucionalizan su dominio con las sanciones de las constituciones
liberales, ya bajo regímenes estatales. Desde la conformación del Estado Nacional,
el liberalismo económico, el iluminismo y la consecuente universalización de leyes

118
[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

políticas y sociales de manera arbitraria y ahistórica dan como resultado gobiernos


que sostienen la dependencia sobre las metrópolis. Son ejemplos de la entrega
indiscriminada de la soberanía política y económica las gestiones de Bernardino
Rivadavia y Bartolomé Mitre, este último la más siniestra figura del ejército
portuario que habrá de singularizarse por la eliminación de los últimos gauchos y de
los caudillos sobrevivientes de la vieja Argentina (Ramos, 1968).
Por el contrario, una política nacional pensada para y desde la Patria Grande,
que busca los caminos del desarrollo de los pueblos y sus fuerzas productivas, como
lo ha hecho el general San Martín con su ejército libertador de origen popular, como
lo ha pensado Rosas apoyado en las montoneras federales y en la defensa de la
soberanía ante el avance de ingleses y franceses. También el ejército roquista
modernizando el país o Perón llevándolo al más alto nivel de independencia, al crear
una filosofía y un cuerpo doctrinario que no respondía a los modos de producción
foráneos –capitalista y comunista– sino que piensa y desarrolla una Política
Nacional desde nuestra patria y para nuestros pueblos, que pone el capital al servicio
de la justicia social, en parte expuesta en aquel inolvidable primer Congreso
Nacional de Filosofía en 1949.

Política Nacional y Fuerzas Armadas


El concepto de Política Nacional que desarrolla Arturo Jauretche (1958: 25)
en Ejército y Política expresa “la preocupación de que el país tenga una Política
Nacional, sabiendo que sin Política Nacional no hay ejército nacional y
recíprocamente”. En esta misma obra detalla la importancia de adaptar la técnica
militar a los objetivos de un proyecto independiente y no a la inversa, como muchas
veces ha sucedido.22 Esta noción amplia e integral de la defensa de un país es
desarrollada por el forjista, tomando como objeto de estudio las políticas nacionales
de Brasil y Argentina al momento de llevar adelante la Guerra de la Triple Alianza –
o Triple Infamia, para los revisionistas. “Los países avanzan en extensión y
profundidad; podemos llamar a los horizontes respectivos de ese avance, frontera
exterior y frontera interior” (Jauretche, 1958: 25). Pone énfasis en la imperante
obligación de atender no sólo las fronteras compartidas con países hermanos, sino
mirar hacia el desarrollo interno. Brasil ha sido fiel a esa política nacional,
apostando siempre a la expansión territorial y a su vez al desarrollo económico de
sus regiones. Esto permite preguntarse: ¿qué determina si un país es expansionista o
imperialista? ¿En ambos casos se da una puja entre las políticas nacionales de cada
país?
Esta percepción y la crítica a copiar proyectos nacionales foráneos ha sido
expresada casi cuatro décadas antes por el coronel Vicat (1925): “Sirva esta
experiencia para comprobar que la existencia de una Política Nacional es más
importante para la vida de las naciones que la geografía, la historia y la población
misma. ¡Cuánto más que las teorías abstractas, las ideologías y las concepciones
universales, ajenas a los hechos! ¿Cómo no ha de serlo, si ha sido aún más eficaz
que el resultado de las batallas navales y terrestres, todas ganadas por nuestras
armas, si es que Caseros no es una victoria brasileña?”.
Para comprender qué implica una Política Nacional será imperioso realizar
un recorrido por los antecedentes, acciones y teorías que van conformando la

22
Imposible no mencionar la Doctrina de Seguridad Nacional, técnica y disciplina pensada por
y para defender intereses norteamericanos en la década del 60.

119
[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

maravillosa concepción peronista sobre Defensa Nacional vinculada a la noción de


“Nación en armas”. Se comenzará por el final, trayendo las palabras del coronel
Juan Domingo Perón pronunciadas en la inauguración de la Cátedra de Defensa
Nacional en la Universidad Nacional de La Plata en 1944 y que posteriormente se
plasmarán en documento oficial por medio de la Ley 13.234: “Las dos palabras,
‘Defensa Nacional’, pueden hacer pensar a algunos espíritus que se trata de un
problema cuyo planteo y solución interesan e incumben únicamente a las fuerzas
armadas de una Nación. La realidad es bien distinta. En su solución entran en juego
todos sus habitantes, todas las energías, todas las riquezas, todas las industrias y
producciones más diversas, todos los medios de transporte y vías de comunicación,
etcétera, siendo las Fuerzas Armadas únicamente, como luego lo veremos en el
curso de mi exposición, el instrumento de lucha de ese gran conjunto que constituye
“la Nación en armas”. Y continúa: “El concepto de la “Nación en armas o guerra
total”, emitido por el mariscal von der Goltz en 1883, es, en cierto modo, la teoría
más moderna de la defensa nacional, por la cual las naciones buscan encauzar en la
paz y utilizar en la guerra hasta la última fuerza viva del Estado, para conseguir su
objetivo político” (Perón, 1944).

La Política Nacional de los países semicoloniales


Como hemos visto, la defensa y la industrialización han estado,
históricamente, en manos del sector militar, a diferencia de los países centrales, en
que esa segunda función es llevada adelante por las burguesías locales. Es una
consecuencia del atraso económico, cultural y productivo que impera desde Pavón.
La industrialización en América Latina encuentra su origen en los capitales
británicos. Libras esterlinas que llegaban de manera directa por medio de
empréstitos o en forma de inversiones. Esa incipiente industrialización que comienza
con la consolidación del Estado Nacional moderno hacia 1880 se encuentra
estratégicamente pensada por las potencias europeas y aceptadas acríticamente por
los sectores terratenientes de nuestro país. El modelo agroexportador, función que
asumen las oligarquías locales en plena división internacional del trabajo, en
detrimento de un modelo industrialista, provoca una dependencia productiva
constante, un rol pasivo de la burguesía nacional que prefiere producir mercancías
para abastecer al sector agrario y ganadero y no aporta a la diversificación, como
tampoco a la creación de un mercado interno.
Consecuentemente, en los países semicoloniales, como citamos al comenzar
el trabajo, a diferencia de los países imperialistas, la industria no ha surgido como la
expresión final de un lento y trabado desenvolvimiento económico, desde el
artesanado a la gran producción capitalista. Por el contrario, las posibilidades
industriales de nuestros países han sido rigurosamente limitadas por la introducción
masiva de la producción extranjera. Sólo han podido irrumpir en el mercado a través
de las fisuras abiertas en el sistema del mercado mundial por los golpes de la crisis o
los conflictos militares del imperialismo.
En países donde la producción primaria sin valor agregado copa las
exportaciones, no es la burguesía local la que impulsa la industrialización, sino el
Ejército. Sin embargo, será necesario aclarar que no ha sido esta una constante,
lamentablemente. Hubo momentos en nuestra historia en que las FFAA se han
convertido en el brazo armado de las oligarquías cipayas, ya se ha mencionado el
caso de Mitre y la participación en la Guerra contra Paraguay del mariscal Francisco
Solano Lima, o el rol que asumen las FFAA oligarcas y vendepatria en 1955. Así,

120
[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

históricamente quedan conformadas las dos fuerzas que pugnan desde 1805 hasta la
actualidad por el destino de la Patria.
Esta concepción será desarrollada más adelante. En las líneas que siguen se
expondrá el rol que han cumplido las FFAA con relación a la industrialización de la
Argentina durante el periodo histórico que nos convoca.

Construcción política y militar de las Fuerzas Armadas durante el mitrismo


Para arribar a la concepción de Nación en Armas –arriba descrita– y la
consecuente política de defensa, será necesario remontarnos a la toma del poder por
Mitre. Sin embargo, desde una visión más sociológica será relevante distinguir el
origen popular de nuestra milicia. Ya se ha mencionado anteriormente cómo el
pueblo, principalmente porteño y bonaerense, se organiza en milicias para
defenderse frente al avance británico en plena Guerra Napoleónica.
Aquel origen popular y por consiguiente la defensa de las economías
regionales ante el avance de los ingleses en busca de nuevos mercados se vio
quebrantada con el derrocamiento de Juan Manuel de Rosas en 1852. Esto significó
el fin de la paz cuidadosamente lograda tras la alineación de trece provincias bajo el
Pacto Federal de 1831 y la claudicación de las clases dirigentes porteñas ante el
seductor rol de proveedoras de materias primas para la Europa industrializada y la
desregulación del comercio exterior. Este caudillo conducía la política de la
Confederación Argentina y tras él los ejércitos provinciales levantaban alto la
bandera del federalismo y la soberanía política. Si bien este trabajo comienza su
análisis en 1862, es inevitable traer a la memoria que no hubo en la vieja Argentina
otro medio de vivir que el oficio de morir, ni otra perspectiva que el generalato,
duramente ganado en el combate de arma blanca. Las palabras sabias del historiador
José María Rosa afirman la esencia antinacional de la burguesía, al sentenciar que
“Rosas no podía sacar de la nada una clase dirigente con sentido patriótico. Por eso
fue derrotado”, y continúa: “Por la Confederación Argentina, por el pueblo federal,
por el sistema americano, jugó Rosas su fama, fortuna y honra, aun sabiendo que
habría de perderlas. Las perdió, como necesariamente tenía que ocurrir. ‘Creo haber
llenado mi deber –escribió la tarde de Caseros con absoluta tranquilidad de
conciencia–, si más no hemos hecho en el sostén sagrado de nuestra independencia,
es que más no hemos podido’. La Argentina no pudo cumplir su destino en 1852. Y
no lo podrá mientras no eduque una clase directora con conciencia de su posición.
Los hombres providenciales serán relámpagos en su noche” (Rosa, 1974).
El triunfo en Pavón, como sostiene Jauretche (1968), fue la victoria de la
Política Nacional de Pedro II y el comienzo una etapa de erradicación de las
soberanías provinciales y la consecuente centralización del poder político y militar
en manos de Mitre, representante de la oligarquía porteña.
Sin entrar en detalles, tomaremos las palabras de un historiador argentino que
resume esta etapa, la de Mitre conductor de las FFAA y del futuro de la Nación,
afirmando que era necesario poner en funcionamiento los instrumentos de
dominación que aseguraron el predominio del proyecto porteño de organización
nacional. ¿De qué manera se manifestó esta dominación? Bajo la penetración
represiva, dice Oszlak (1982): “Esta modalidad implica la aplicación de violencia
física o amenaza de coerción, tendientes a lograr el acatamiento a la voluntad de
quien la ejerce y a suprimir toda eventual resistencia a su autoridad. En la
experiencia argentina, el instrumento clave empleado por el Estado para imponer
esta forma de control coercitivo fue la institucionalización de un ejército nacional”.

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

Es decir que, desde la asunción de Mitre, el rol de las FFAA ha sido de penetración
cooptativa, material e ideológica (Oszlak, 1982). Solo se ha encargado de exterminar
los obstáculos que impiden la instauración del modelo agroexportador, dependiente
y rentista dirigido por la oligarquía porteña aliada al capital británico y en
detrimento de un desarrollo nacional. El mitrismo ha sido el ala armada de aquella
oligarquía cipaya, y así lo afirmaba Mitre: “¿Cuál es la fuerza que impulsa este
progreso? Señores, es el capital inglés. (...) Cuando las colonias hispanoamericanas
declararon su independencia a la faz del mundo, nadie creyó en ella. Las nuevas
repúblicas no encontraban en Europa quien les prestase un peso, ni quien les fiase un
ciento de fusil. Sólo el capital inglés tuvo fe en su porvenir, y abriendo sus ferrados
cofres les dijo: ‘Aquí están las libras esterlinas del comercio británico: tomad lo que
necesitéis’. Y este acto valiente de los comerciantes de un pueblo, inspiró a su
gobierno la política que debía seguir hasta el día que por boca de lord Canning
pronunció aquellas memorables palabras: ‘Un mundo no puede llamarse rebelde’”
(Mitre, 8 de marzo de 1861, discurso pronunciado en su mayoría en inglés).
Este nuevo orden mundial, sostenido filosóficamente por la ilustración, la
idea de progreso indefinido y el liberalismo económico, es abrazada por la dirigencia
terrateniente y antinacional argentina. Así, las libras esterlinas de las que habla
Mitre, junto con el avance del ferrocarril que unía los centros de producción –
británicos– con el puerto, destruía al mismo tiempo no sólo las primitivas
manufacturas locales, dejando sin profesión al artesano, sino que también aplastaba
ese vasto sistema de comunicación apoyado en la carreta, abandonando a la
desocupación y a la vagancia a miles de hombres que habían sustentado el sistema
moribundo. Abelardo Ramos (1968: 35) se pregunta: “¿Dónde ir, a qué partido
adherirse, en qué dirección desplazarse? Esa multitud de tejedores, troperos,
plateros, pastores, gauchos nómadas, talabarteros, boyeros y pequeños agricultores
es barrida por la industria europea y por la inmigración extranjera, que acapara las
tierras fértiles del Litoral y expulsa al criollo: miles de ellos ingresarán al Ejército de
línea, sostenido por el presupuesto del Estado y que no necesitará de muchos
instructores para enseñar a esos soldados el manejo de las armas ni programa alguno
para infundirles conciencia nacional. ¡Conciencia nacional les sobraba, la llevaban
en las venas y en las cicatrices!”.
En referencia a lo institucional, el mitrismo creó el Colegio Militar en 1869 y
definió la sede para su alojamiento en la antigua residencia de Juan Manuel de Rosas
en Palermo. En 1872 se crea la Escuela Naval que comienza a funcionar a bordo del
buque de guerra General Brown y la Escuela de Guerra. Ambas durante la
presidencia de Sarmiento. Y finalmente Roca, por medio de Ricchieri en 1901,
echará las bases de una moderna institución castrense, cuyo origen montonero, es
decir, popular, será su mejor heráldica.
El ejercicio de las armas no era sólo una profesión obligada para el
hidalgüelo de provincia, arrebatado por las peripecias patrias y la gloria al alcance
de la mano, sino que la abogacía y el comercio, en las condiciones misérrimas del
país anarquizado, debían dejarse generalmente para un núcleo muy reducido en el
interior y para la gran ciudad del Plata. Pero cuando desaparecen los ejércitos
provinciales y se exterminan los caudillos más rebeldes, cuando después de Pavón y
de Mitre aparecen Sarmiento y Avellaneda, el ejército se estaba haciendo nacional
por primera vez, la oficialidad, aunque con sueldos irrisorios, cobraban sus haberes y
los soldados enganchados encontraban en la estructura militar el primer apoyo
estatal jamás conocido en el país. Estos años han sido de construcción e

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

incorporación de oficiales prusianos que formaban a los argentinos en el arte de la


guerra. En los años que siguen, se comenzará a capacitarlas bajo la concepción de
“Nación en armas”.

La Defensa Nacional y la concepción de “nación en armas”


El libro titulado La guerra de Carl Clausewitz ha formado a gran parte del
ejército nacional. Un concepto fundante dentro del pensamiento militar ha de ser el
de la “trinidad” pueblo-ejército-gobierno y la necesidad de mantener en completo
equilibrio el sentimiento y cohesión de la población no combatiente como sostén de
las fuerzas militares empeñadas en la guerra y bajo la conducción integral del factor
político responsable de la nación. Asimismo, otro aporte fundamental de Clausewitz
es la categorización de la guerra como herramienta de la política para la consecución
de sus fines, estableciendo una subordinación de lo militar a lo estatal. Premisa que
se cumple en Argentina hasta 1930, en que sobreviene el primer golpe de Estado. De
esta manera, el concepto trinitario arriba expuesto se constituyó en el núcleo duro de
lo que puede definirse como una construcción teórica propia de los militares
argentinos, que fue consolidándose a lo largo de la década de 1920 y que se
proyectará hasta los años 40. En una conferencia brindada en 1925 por el Coronel
Luis Vicat, se expone: “la defensa nacional bien entendida no debe considerarse
únicamente como un asunto de preparación y entrenamiento de tropas, sino que se
subdivide en una gran cantidad de ramas, todas de gran importancia. Además de sus
ramas armadas –marina, terrestre y aérea– la defensa nacional tiene fases como la
económica, la industrial, la de los transportes y aún la fase de la educación patriótica
y social que no debemos descuidar desde el tiempo de paz para no tener que
lamentarnos en caso de guerra. Debemos cuidar y organizar hasta los más mínimos
detalles, ya que en asunto tan importante pasa lo mismo que con una máquina
poderosa: una sola tuerca floja puede llegar a ser causa de un irreparable desastre”.
Por eso es que la defensa nacional bien entendida no debe considerarse únicamente
como un asunto de preparación y entrenamiento de tropas, sino que se subdivide en
una gran cantidad de ramas, todas de gran importancia (Vicat, 1925).
Este pensamiento de los militares argentinos en el período entre guerras no
respondía tanto a los avances bélicos tecnológicos de la contienda mundial como a
los cambios sociales que este mismo fenómeno ocasionó, donde la falta de
autodeterminación industrial y la dependencia del extranjero en cuanto a materias
primas estratégicas como el carbón, el petróleo y el acero debilitaron la potencia de
las naciones en guerra.
Sería von der Goltz quien exacerbaría el sentido de la trinidad clausewitziana
a través de una reinterpretación del concepto de guerra total en su obra La nación en
armas. Allí advertía que las victorias bélicas dependen de la superioridad numérica
del factor humano y del material, y esto implicaba ser autosuficientes. De aquí se
desprende la idea de Vicat (1925): “La verdadera defensa nacional es un asunto muy
vasto y complejo y puede definirse diciendo que engloba todas aquellas actividades
y todas aquellas medidas de previsión necesarias para asegurar la tranquilidad, la
prosperidad y la independencia de un país, así como la victoria rápida en caso de
conflicto. De nada servirán las instituciones armadas... si en el momento de la acción
las armas de fuego llegan a carecer de pólvora y municiones, o no pueden
reemplazarse las inutilizadas, o si las tropas no pueden ser transportadas y
abastecidas con la rapidez necesaria, o si se llega a carecer de los combustibles,
hierro y acero, sin los cuales no pueden moverse barcos, aeroplanos, automóviles,

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

ferrocarriles, ni pueden sostenerse con ventaja las fuerzas combatientes... Debo


insistir en la imperiosa necesidad de que modifiquemos todo nuestro actual sistema
económico e industrial a fin de que seamos capaces de producir todo lo que
necesitaríamos en caso de un conflicto, no solamente para tener la seguridad de no
llegar a carecer de nada, sino también para poder considerarnos como
verdaderamente independientes de toda tutela extranjera”.
Esta concepción de “nación en armas” y consecuente búsqueda de la Defensa
Nacional ha sido característica de las FFAA a partir de la profesionalización de
dicha carrera durante la presidencia de Nicolás Avellaneda y Julio Roca. Abelardo
Ramos encuentra en Roca la continuidad de los ideales independentistas de San
Martín y Rosas. Estas FFAA se encuadran detrás del Poder Ejecutivo Nacional hasta
1930 y serán las que impulsen la industrialización en función de la defensa.
En los festejos del centenario de nuestra independencia política de España
asiste el coronel-general barón von der Goltz, y en su informe sobre la organización
del Ejército dice: “El incremento rápido y poderoso de naciones jóvenes pudo ser de
duración únicamente cuando la organización militar de las mismas va en pos de su
desarrollo” (Rodríguez y Soprano, 2018: 4).

Fuerzas Armadas, industrialización y cuestión social


Como se ha visto, desde 1880 a 1930 los militares han desarrollado su
política respetando y subordinándose bajo el comandante en jefe de las FFAA de
turno. Sin embargo, las internas en el sector castrense se acrecientan y encuentran
sus adherentes en el sector civil. Existió una serie de medidas que modificaron el
curso de la historia, incorporando nuevos actores sociales y problemáticas que
obligaron a las FFAA a replantear su visión estratégica y rol dentro de una política
nacional. La primera es la reforma militar de 1901 –conocida como ley Ricchieri–
que a partir de una propuesta legislativa de algunos miembros del cuerpo de oficiales
estableció reglas nuevas dirigidas a aumentar la profesionalización y la autonomía
del sector castrense con respecto a las autoridades civiles y que tuvo entre sus rasgos
fundamentales la introducción del servicio militar obligatorio. El segundo
acontecimiento fue la reforma electoral de 1912 –conocida como ley Sáenz Peña–
que, a partir de la introducción del voto secreto y de una nueva normativa para la
distribución de los escaños, buscó devolver al Estado liberal parte de la legitimidad
perdida a partir de 1890. Dicha reforma lleva al tercer acontecimiento: la llegada al
gobierno de la Unión Cívica Radical (UCR) después de más de veinte años de lucha
frente al liberalismo y la oligarquía terrateniente, con un programa político
reformador que apoyó la reforma universitaria de 1919, pero, sin embargo, no logró
tocar la estructuras económicas y culturales que pudieran alejarnos de la
semicolonialidad.
Así, estos procesos históricos, sumados a la inmigración, provocan una
reformulación en todos los ámbitos. En el orden político, aparece la “cuestión
social” que los liberales creían resolver por arte de magia con el derrame provocado
por las riquezas provenientes del sector agroexportador. Pero la magia en política no
juega. Por otro lado, esa masa inmigratoria comienza a ingresar a las FFAA,
alterando el origen y sus consecuentes cosmovisiones. Donde existió una
preocupación casi unánime puesta en la disciplina y la profesionalización de las
FFAA, ahora surge la necesidad de una industrialización como medio para alcanzar
la Defensa Nacional en un mundo colmado de guerras y bloqueos. Pero se le añaden
las expectativas de un sector civil –y también castrense– que observa a las clases

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

trabajadoras como parte del colectivo nacional. Estos sectores levantarán las
banderas de la “cuestión social” y llegarán a concebirla, veinticinco años después,
como “justicia social”.
Si bien es cierto que ya en 1887 hubo emprendimientos en torno de la
problemática petrolera en Mendoza –de la mano de Carlos Fader, Guillermo
Villanueva, Guillermo White, Emilio Civity o José Zapata– o que en 1910 Jorge
Newbery y Justino Thierry presentaron al Congreso un informe con la necesidad de
reservar para el Estado las zonas petrolíferas, y también que Joaquín V. González,
Carlos Melo, Rodolfo Moreno (h) y Antonio de Tomaso debatieron sobre la
participación estatal en la producción de este mineral, no existieron políticas
institucionales respecto a la gestión a escala estatal del petróleo, a excepción del
sector castrense (Rodríguez y Soprano, 2018: 10), si bien existían divergencias
respecto a si la extracción, la producción y la comercialización del petróleo debían
estar en manos de capitales privados (Dickman y Lagos), o debían ser monopolio
estatal, esto es, la participación exclusiva del Estado y el proteccionismo en la
cuestión petrolera (Mosconi, y especialmente Baldrich).
El Ejército argentino verá en el radicalismo de Yrigoyen al gran movimiento
nacional de sus días y numerosos militares se harán sus partidarios: el retorno de los
militares a pensar geopolíticamente a la Patria Grande y favorecer políticas que
atiendan la integración regional en todos sus vértices. Ejemplo de ello es la
capacitación que lleva adelante Mosconi a todas las naciones del continente que
deseaban tener yacimientos petrolíferos nacionales. Esto queda explicitado en el
siguiente fragmento de la conferencia El petróleo y la economía latinoamericana,
proferida por Mosconi en 1927: “Los países de Latinoamérica que, como el nuestro,
explotan petróleo y no posean yacimientos carboníferos (…) deben preservar las
fuentes de combustible líquido de toda influencia que no sea eminentemente
nacionalista; el combustible constituye la plataforma sobre la que se levantará su
futura organización industrial. (…) Es menester nacionalizar y resguardar por el
Estado las fuentes de petróleo (…) los gobiernos de los países de Sud América que
para mantener la certidumbre de su futuro progreso así lo hagan, ejercitarán una alta
previsión patriótica” (Forte, 2004).
Del roquismo al yrigoyenismo, la supremacía del poder civil sobre las
fuerzas armadas no será sino la expresión jurídica de la identificación completa del
Ejército con una política nacional. Este acercamiento al pueblo vinculado al
desarrollo económico de la nación coincide con la crisis del ideario liberal y un
fuerte cuestionamiento a la concentración de riquezas en manos de los agricultores y
ganaderos. Ya en 1916, el capitán Carlos Sabelli formuló una primera propuesta
articulada que mostró claramente el papel funcional que los militares otorgaban a los
recursos naturales en el marco de una estrategia de reorganización más amplia. En
su ensayo, Sabelli propuso la aplicación de un impuesto entre el 15% y el 20% sobre
las exportaciones, con el fin de crear fondos dirigidos a la explotación de materias
primas útiles para la producción y el desarrollo industrial (Forte, 2004). Medida que,
30 años más tarde, serán la base del Instituto Argentino de Promoción e Intercambio.
En Sabelli, también se vislumbra el resurgir de los discursos antiimperialistas: “la
implantación de la ‘fundición como primera industria nacional (...) y con ella la
fabricación de acero, de armas, de útiles y de máquinas agrícolas”, así como la
creación de “astilleros para la construcción de buques mercantes (...) y aún de
buques de guerra” era fundamental para “obtener nuestra absoluta independencia” y

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“defender los intereses generales del país, peligrosamente puestos en juego por las
naciones europeas” (Sabelli, 1916, citado por Forte, 2004: 6).
Desde 1930 ocupan el gobierno los siguientes militares: Uriburu, Justo,
Rawson, Ramírez, Farrell, Perón, Lonardi, Aramburu y Onganía. El único de esos
militares que cuenta con el apoyo popular antes, durante y después de ser derribado,
es el General Perón.
Los años 30 –con el comienzo de una etapa de reconquista de la oligarquía,
de un nacionalismo tradicional recalcitrante liderado por José Félix Uriburu,
matizado por el fascismo europeo, quien había desempeñado labores directivas en la
Escuela de Guerra que estableció alianzas con el sector intelectual de tendencias
antipopulares– son nefastos en términos políticos por el fraude electoral llamado
“patriótico”, por las FFAA oligarcas, en lo económico caracterizados por las
múltiples consecuencias sociales del fracaso de las premisas liberales, y a nivel
mundial es una década que soporta las consecuencias de la Primera Guerra Mundial
y que espera el comienzo de la Segunda.
Entre 1930 y mayo de 1943 el periódico castrense publicó 106 artículos
directamente vinculados con la exigencia de desarrollar industrialmente el país, con
una media de más de siete artículos al año. La inquietud de los militares concierne
principalmente al desarrollo industrial general del país y la necesidad de transformar
y ampliar el papel del Estado y de los poderes públicos, problemas que ocupaban
más del 65% de los artículos sobre la temática industrial (Forte, 2004).
Reflejo de la creciente industrialización de aquellos años es la puesta en
práctica del complejo siderúrgico en Palpalá, como así la fundación de la Dirección
General de Fabricaciones Militares, entidad que comenzó a funcionar como
organismo autárquico el 10 de septiembre de 1941, con la firma del decreto 10.262.
En 1946 el presidente Perón y el ministro del área firmaron el proyecto de Savio
sobre el Plan Siderúrgico Nacional, convirtiéndose en la ley 12.987 del 13 de junio
de 1947, y poco después se crea SOMISA, segunda acería argentina, cuyo directorio
fue también presidido por Manuel Savio.
Son 13 años de historia donde, por debajo del gobierno de facto y
consecuentemente ilegítimo, comienzan a florecer las semillas plantadas en los
primeros 20 años del siglo XX por sectores de las FFAA nacionalistas, que retoman
las premisas de la “Nación en armas” y la llevaran a la práctica con la Revolución de
1943. Abelardo Ramos (1968: 39) afirma: “Aquella generación militar nacionalista
madurada entre el 30 y el 43, se hizo en su mayor parte, peronista. En su origen, el
peronismo fue una alianza entre el Ejército y el Pueblo”. Y Juan Domingo Perón lo
expresaba así: “Hoy, los pueblos disponen de su destino. Ellos labran su propia
fortuna o su ruina. Es natural que ellos, en conjunto, defiendan lo que cada uno por
igual ama y le interesa defender de la patria y su patrimonio” (1944).

La revolución de 1943 y la institucionalización de la Política Nacional


La revolución del 4 de junio de 1943 fue pensada y llevada adelante por un
grupo de 19 oficiales que creían en la alianza entre FFAA y Pueblo que pregonaba la
Nación en Armas, influenciados también por el pensamiento de FORJA (Fuerza
Orientadora de la Joven Argentina). En oposición a Justo, veían la necesidad
imperante de incorporar al pueblo la democracia de las urnas, dejando atrás el uso de
la represión frente a los trabajadores. En el orden internacional, la neutralidad frente
a la Segunda Guerra Mundial era lo que convenía al desarrollo nacional. De los
oficiales que se destacaron dentro del Grupo Obra de Unificación, claramente el

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coronel Juan Domingo Perón será quien logre llevar a la Nación Argentina a ser
ejemplo para la descolonización del Tercer Mundo, que surgía al finalizar la
contienda bélica.
Los años precedentes habían resultado de gran importancia para sentar las
bases de lo que sería la Defensa Nacional. Desafortunadamente, el desarrollo
capitalista de la Argentina, sea por las inversiones extranjeras o por la presencia de
un débil capitalismo nacional, ha permitido la formación de una “clase militar
negociante” integrada por oficiales retirados de alta graduación. En 1942-1943
ocupan directorios en compañías vinculadas con la industria naval los almirantes
Manuel Domecq García, Ismael Galíndez, Juan Martín y Enrique Plate. El almirante
Galíndez y su colega Domecq García, en especial, defendieron desde sus cargos los
intereses de la Electric Bond & Share y el monopolio inglés del transporte,
respectivamente. Esta “clase” estableció así una conexión íntima entre sus antiguos
camaradas en actividad y las empresas de las que los antiguos generales o almirantes
forman parte (Ramos, 1968). Este sector será quien ponga constantemente su
desafortunada voluntad de interrumpir la revolución peronista.

Fuerzas Armadas peronistas y Defensa Nacional


Se hará una breve descripción de la revolución peronista, ya que no es el
tema que nos convoca. Sin embargo, es imposible no mencionar que desde que
Perón asume la dirección del Departamento de Trabajo y Previsión, pasando por
aquel glorioso 17 de octubre de 1945 que, como escribía Raúl Scalabrini Ortiz, “era
el subsuelo de la Patria sublevado” –lo fue porque eran trabajadores de overol los
que entraban por la puerta de nuestra historia diciendo presente– y hasta 1955, la
estructura económica, social, jurídica y cultural de la Patria viraba hacia la
independencia económica que no habíamos logrado en 138 años de independencia
política.
Fueron numerosos los integrantes de las fuerzas que aportaron en la gestión
peronista desde el avance tecnológico científico para llevar adelante la concepción
integral de la Defensa Nacional. Toda la formación que Perón tenía a partir de la
Escuela de Guerra y su experiencia en viajes de capacitaciones a Europa y por el
interior de nuestro país, lo adaptará al área de la política. Así, afirmará que, mientras
en la guerra se ordena, en la política se persuade. La orgánica que poseía el ejército
será la base para organizar a la comunidad. Bajo la premisa de que Argentina era
una nación pacífica, pero parte integrante de un mundo en que las potencias
insatisfechas intentaban avanzar por sobre la soberanía del resto, era pertinente y
necesario prepararse para la guerra. Cada trabajador aportaría a la defensa y el
consecuente desarrollo de la economía. Ya no era, como en los años 20, sólo rol de
las FFAA, y por esto es que quitará el monopolio de la defensa de la Patria al sector
castrense y fundará en la Universidad Nacional de La Plata una cátedra que se ocupe
de formar a los hijos y las hijas de las y los trabajadores en esta materia. En su
discurso inaugural, Perón exponía lo siguiente: “La defensa nacional es así un
argumento más que debe incitarnos para asegurar la felicidad de nuestro pueblo. (...)
Todas las naciones en contienda movilizan la totalidad de sus industrias, y las
impulsan con máximo rendimiento, hacia un esfuerzo común para abastecer a las
fuerzas armadas” (Perón, 1944).
El peronismo desarrolla un plan estratégico para industrializar el país, como
resultado del diagnóstico y el análisis que formula el Consejo de Posguerra en 1944,
comisión que presidía el coronel Perón, acompañado de varios camaradas que

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

posteriormente estarán en puestos estratégicos dentro del gobierno, entre ellos


Domingo Mercante, Figuerola y Estrada. Es decir, la planificación de una Política
Nacional era el punto de partida para lograr una Defensa Nacional en la que los
integrantes de las fuerzas seguían teniendo un rol relevante. “Las previsiones para el
empleo de las Fuerzas Armadas de la nación forman una larga y constante tarea que
requiere de cierto número de jefes y oficiales, estudios especializados, que se inician
en las Escuelas Superiores de Guerra, y continúan después, ininterrumpidamente, en
una vida de constante perfeccionamiento profesional. (...) No creo equivocarme si
expreso que, durante mucho tiempo, sólo han sido las instituciones armadas las que
han experimentado las inquietudes que se derivan de la defensa nacional de nuestra
Patria, y han tratado de solucionarlas, creando el mejor instrumento de lucha que han
podido. Pero es indispensable, si no queremos vernos abocados a un posible
desastre, que todo el resto de la Nación, sin excepción de ninguna especie, se
prepare y juegue el rol que, en este sentido, a cada uno le corresponde” (Perón,
1944).
La planificación económica se materializó en los dos planes quinquenales. La
comunidad se organizó por medio de las organizaciones libres del pueblo, los
clubes, la Iglesia, las escuelas, los sindicatos, las centrales gremiales, unidades
básicas, etcétera. Las políticas económicas han estado sostenidas y acompañadas por
una fuerte estructura cultural que formaba a las y los trabajadores en la doctrina, las
y los jóvenes encontraban en las universidades creadas por el peronismo la
formación necesaria para aportar al modelo industrialista y todo se institucionaliza
jurídicamente luego de la reforma constitucional de 1949. En materia de relaciones
internacionales, la Argentina del justicialismo ha sido la primera nación en declarar
su Tercera Posición frente a los modos de producción hegemónicos. “Esta obra
política interna, debe ser realizada desde la paz, en todos los ámbitos. Para lograrla
la inician los padres en los hogares; la siguen los maestros y profesores en las aulas;
las fuerzas armadas en buques y cuarteles; los gobernantes y legisladores mediante
su obra de gobierno; los intelectuales y pensadores en sus publicaciones; el cine, el
teatro y la radio con su obra educadora y publicitaria. Y finalmente, cada hombre en
la formación de su auto-educación” (Perón, 1944).

Conclusiones
Luego de describir la evolución que tuvo la noción de Defensa Nacional
dentro de los dos grandes proyectos de país, solo queda compartir algunas
apreciaciones al respecto.
El hecho de que la industrialización y el desarrollo económico de nuestro
país haya estado en manos de las FFAA únicamente, y no fueran acompañadas por
la burguesía nacional, marca lamentablemente un límite al desarrollo. Esto es
maravillosamente expuesto por Jauretche en El medio pelo en la sociedad argentina
cuando explica el origen de la burguesía y su doble fracaso histórico. Ese
ausentismo de las clases altas enriquecidas por la venta de materia prima en los años
20 se repetirá en los 50. Mientras las FFAA iban conformando su estructura y
formando a sus integrantes en las disciplinas francesas y germanas, la burguesía era
colonizada por el iluminismo, el liberalismo y la idea de progreso indefinido. Toda
la riqueza que salía de la tierra de la Patria era egoístamente gastada en viajes a
París, o en construcciones palaciegas en pleno Buenos Aires copiando el estilo
europeo. Es una clase alta que se desamericaniza y también intenta desprenderse del
legado cultural hispánico.

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Mencionamos que Caseros significó la victoria de la Política Nacional


portuguesa, y por ende británica. Podemos también afirmar que el golpe de 1955 fue
de igual modo la victoria norteamericana sobre la nuestra. Cuando Jauretche
interpreta que la generación constituyente del 53 fue la protagonista del primer
fracaso de las clases altas que no toman el rol histórico impulsor del desarrollo
nacional, pone como contrapartida el modelo norteamericano. Jauretche interpela a
sus lectores: “¿La única perspectiva de progreso que se tenía por delante era la
impuesta por la ortodoxia liberal y el libre juego de las fuerzas económicas
nacionales e internacionales con las que se adoctrinaba?”. Responde, rotundamente,
que no: no era el único camino. Aquí transcribimos las palabras tan oportunas,
irónicas, con una retórica tan característica de Jauretche: “En ese debate está
sintetizado el enfrentamiento entre el liberalismo ortodoxo, que implicaba aferrarse a
la división internacional del trabajo, y el liberalismo nacional, que construyó los
Estados Unidos, que fue el instrumento de su grandeza y le sirvió para delimitar la
esfera propia del desarrollo norteamericano por oposición a la subordinación
económica a la metrópoli, que hubiera convertido la independencia en una ficción.
¿Entre tanto libro que leyeron ‘al divino botón’ no encontraron una línea de las que
habían escrito Carey e Ingersoll, y no tropezaron con un volumen del Sistema de
Economía Nacional de List, que fueron los teóricos del desarrollo de una economía
capitalista nacional, es decir, de un capitalismo y un liberalismo para los
norteamericanos o, los alemanes, y no para los ingleses? ¿No sabían que esa
heterodoxia que le cortó las alas al águila de la división internacional del trabajo
nutrió la gallina prolífica que ponía los huevos para los hijos de su tierra,
defendiendo con la protección aduanera el fruto del trabajo nacional y promoviendo
el desarrollo interno, con el Estado como propulsor de la grandeza? ¿Por qué se
atrevieron a la doctrina liberal como mercadería de exportación para vender a
zonzos y no a la doctrina liberal, reelaborada en los Estados Unidos para la
construcción de una economía liberal pero integrada?” (Jauretche, 2003: 22).
La concentración de tierras en manos de esta clase alta colonizada y ausente
colaboró para que la Argentina integre la lista de países semicoloniales. Aldo Ferrer
(citado por Jauretche, 2003: 18) dirá “este sector se orientó en respuesta a sus
intereses inmediatos y los del círculo de extranjeros (particularmente los británicos)
una política de libre comercio opuesta a la integración de las estructuras económicas
del país”. La burguesía de origen contrabandista en sus inicios transmutó a una falsa
aristocracia rentística representada por una oligarquía cipaya que no capitaliza la
economía. Por el contrario, la riqueza surgía de la exportación primaria y la
unificación de la demanda.
Por otro lado, la industrialización y la llegada de inmigrantes conformaron
una nueva estructura social a la que todos los gobiernos le habían temido, hasta
1946. Las masas trabajadoras resultantes de esa incipiente industrialización son las
que Perón tomará como actor político y social y en el que encontrará el único
camino para la liberación nacional: el proletariado. Dirá Hernández Arregui (2011:
195): “es la única clase social congénitamente anticolonialista”, y como tal fue este
sector organizado en el sindicalismo el que continúa solitariamente en aquella lucha.
La Defensa Nacional que se convierte en Política Nacional del justicialismo
ha sido la base de la revolución peronista, su hoja de ruta a seguir. La
industrialización ha tomado características federales por primera vez en la historia.
Hernández Arregui (2006: 196) sostiene que “la industrialización no es nacional si
su planificación no responde a las necesidades totales del país como unidad

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geográfica y demográfica”, y esto se logró tras un largo proceso llevado adelante por
las FFAA a partir de los años 20 e intensificada desde el poder político durante los
diez años del peronismo. Los planes quinquenales, la nacionalización de la banca, el
pago de la deuda externa, la reforma constitucional, la apertura de universidades
gratuitas para los hijos de todos los trabajadores y las trabajadoras, el voto femenino
y la organización de la rama femenina con Eva Duarte a la cabeza, la inmensa labor
de la Fundación, la nacionalización del ferrocarril, el control del comercio exterior
por medio del IAPI (Instituto Argentino de Promoción e Intercambio), la puesta en
práctica de una marina mercante, junto con la redistribución de la riqueza y una
política estratégicamente pensada para lograr la integración del continente con el
ABC, son ejemplos sobrados de cómo la alianza de las FFAA, el Pueblo y los
recursos naturales potencian la liberación de todas las áreas de la nación.
Sin embargo, ha faltado una vez más la cuota nacional y popular de las clases
altas. A pesar de que se había constituido un mercado interno demandante como
resultado de las políticas laborales y el rol de los sindicatos, que la banca nacional
pone a disposición de la burguesía préstamos para ampliar la capacidad productiva,
no ha sido suficiente para nacionalizar la conciencia de la falsa aristocracia, siempre
aliada a los británicos. No es motivo del trabajo desarrollar las múltiples causas que
llevan al golpe de Estado de 1955, pero sí recalcar que la política imperialista
norteamericana y aquel bombardeo del 6 de septiembre han sido el Caseros del siglo
XX.

Bibliografía
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la primera mitad del siglo XX. Iztapalapa, Universidad Autónoma Metropolitana.
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Vicat LE (1925): Conferencia del 17 de julio. Sin datos.

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

BRAMUGLIA, EL CANCILLER EQUILIBRISTA


EN TIEMPOS DE TORMENTA

Emanuel Bonforti

Durante estos últimos días, en el mundo de la militancia se encendió el


debate sobre las últimas decisiones del gobierno nacional en relación a política
internacional. Parte de la base que apoya al frente gobernante criticó el voto de la
Cancillería argentina vinculado a la resolución sobre Derechos Humanos en
Venezuela impulsada por Brasil, Chile, Perú y Uruguay. Posteriormente, a través de
diferentes voceros, el gobierno explicó y fundamentó su posición. Las tensiones al
interior del mundo de la militancia nos llevan inmediatamente a reflexionar acerca
de la política internacional durante el primer peronismo. En ese marco surgía la
figura de Bramuglia. El presente artículo tiene como objeto principal describir el
paso de Juan Atilio Bramuglia como el primer canciller del peronismo, y como
objetivo secundario, describir el contexto de toma de decisiones y equilibrios
geopolíticos durante la década peronista.

Juan Atilio Bramuglia y la táctica internacional


Bramuglia puede ser considerado como un animal político. Desde joven se
vinculó con la militancia y fue “peronista” desde la primera hora. Digirió su primer
trago amargo cuando se decidió que el candidato a la gobernación de la provincia
Buenos Aires fuera Domingo Mercante, a pesar de que Bramuglia había
desarrollado una muy buena labor como interventor federal en dicha provincia. A la
hora de la organización del primer gabinete esperaba ser ministro del Interior, lugar
ocupado finalmente por Ángel Borlenghi. De acuerdo a la investigación de Raanan
Rein, este último ministerio era el más deseado para desarrollar un perfil político, y
evidentemente Bramuglia tenía perfil y ambición para conducirlo. El otro ministerio
que generaba disputas era la flamante cartera de Trabajo, a la que Bramuglia
tampoco tuvo acceso. Sin embargo, Perón lo designa ministro de Relaciones
Exteriores y Culto: era un Ministerio que en nuestro pasado semicolonial era
utilizado para despuntar el tiempo en cenas de gala y cócteles, y profundizar la
entrega de nuestra soberanía. Con lo cual la decisión de Perón cubre un doble
objetivo: en primer lugar, jerarquizar la cartera con un hombre de peso político
fuerte; en segundo lugar, implicó un cambio de paradigma en nuestras relaciones
internacionales.
En materia internacional, Perón debía gobernar con la sombra de la
Conferencia de Yalta y de Chapultepec. Para él, la primera significaba la firma del
conformismo imperialista. Estados Unidos comenzaba a querer hacer pie en su patio
trasero, descuidado a partir de la década del treinta, producto del contexto
internacional que lo obligaba a concentrar sus fuerzas en los sucesos del hemisferio
norte. Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos asiste a tres grandes
tropiezos en la región: falla en la instalación de bases militares en el Uruguay;
fracasa la estrategia de Braden como el gran articulador de la Unión Democrática; y
se malogra un intento de golpe de Estado a Getulio Vargas.
Sin embargo, Chapultepec es el primer intento por retomar la senda del
Panamericanismo. En esa conferencia se destaca la actividad de un tal Rockefeller,
quien invita a las repúblicas sudamericanas a darle igual tratamiento a los productos

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manufacturados norteamericanos que a las industrias locales, una invitación que, de


concretarse, implicaría la quiebra de las incipientes fábricas que crecieron al calor
del proceso de industrialización por sustitución de importaciones. Ese escenario
instaba a ser cauto en materia de política internacional. Era un panorama incierto, en
un mundo partido en dos bloques y con una amenaza de guerra latente, con una
reconfiguración también por parte de Estados Unidos para con la región, situación
que ameritaba un análisis en las decisiones de política internacional.
Perón comenzó su gobierno bajo la lupa inquisitoria de los Aliados. Éstos le
habían exigido al gobierno revolucionario de 1943 la declaración de guerra al Eje, y
Argentina mantuvo su neutralidad hasta casi finalizada la guerra. En ese marco,
Perón, una vez electo, decidió promover una fuerte campaña en política
internacional para mostrar una imagen ajena a los regímenes totalitaristas
derrotados. Por ese motivo se decidió por Juan Atilio Bramuglia, quien, desde los
primeros acercamientos a Perón, mostró un perfil pragmático en las diferentes tareas
que le tocó desempeñar. Con este perfil Perón desarrolla una estrategia de
acercamiento con Estados Unidos.
Sin embargo, la tarea de Bramuglia no era sencilla, sobre todo en el frente
interno. Dentro de la base electoral que formaba al primer peronismo se encontraba
la “pata nacionalista” que siempre mostró su rechazo a la política internacional de
los imperialismos democráticos. En este punto, igualaban a Francia y Gran Bretaña
con Estados Unidos. Esa lectura desencadenó el primer enfrentamiento dentro del
elenco gobernante, al que Bramuglia debió enfrentar con astucia. En ese marco, al
ratificarse desde el Congreso el acuerdo realizado en la Conferencia de Chapultepec,
organizaciones como la Alianza Libertadora Nacional promovieron una
manifestación bajo la consigna “Patria sí, colonia no”. En ese momento hay una
apuesta táctica por mantener buenas relaciones con Estados Unidos. Esta lectura se
da en un período ventana de transición imperial, donde Gran Bretaña como
metrópolis comienza a retirarse, dándole el pase a Estados Unidos en el juego
imperialista. Sin embargo, es un momento donde Estados Unidos aún no es una
potencia consolidada, como lo será más adelante.
Para calmar la ira del nacionalismo, la propuesta de Bramuglia era pendular
entre la estrategia oficial desarrollada por Perón de la Tercera Posición y el
pragmatismo negociador. Al perfil neutralista de los hombres de la Revolución de
1943 se le sumaba la tradición de nuestra política internacional, reacia
históricamente a Estados Unidos. Con lo cual Bramuglia no tenía un terreno sencillo
para su obra. En paralelo, debió construir una relación con el nuevo embajador de
Estados Unidos en Argentina, George Messersmith, sucesor a quien Braden le había
dejado como informe de gestión el Libro Azul contra Perón. Pronto, Bramuglia se
convertirá en una persona de consenso para la diplomacia norteamericana, que
observaba con preocupación posiciones nacionalistas marcadas por parte de otros
hombres.
Sin embargo, como dice el refrán, el infierno está lleno de buenas
intenciones, y lo mismo cabría a las relaciones diplomáticas con Estados Unidos.
Hacia este período se asiste a un momento trascendental que es la instalación del
Plan Marshall en Europa, cuadno Estados Unidos estableció que los dólares
invertidos en las devastadas naciones europeas no podrían utilizarse para la compra
de productos argentinos. Esto derivó en la primera derrota diplomática de
Bramuglia, situación que profundizará la escasez de divisas internacionales. Estados
Unidos comenzaba a desarrollar una de sus armas imperiales más eficaces: asfixiar a

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

los países dependientes en la búsqueda de divisas, y de esta manera se estancaba el


proceso de industrialización, y con esto se bloqueaba el proyecto económico de
Perón.

Juan Perón, entre la estrategia y la doctrina


En paralelo, Perón desarrollaba con vocación estratégica la doctrina de la
Tercera Posición. Ya desde 1946 comenzaba a trazarla, para anunciarla unos años
después. Más allá de que Perón no acuñó el concepto, fue quien le dio entidad y
visibilidad en el escenario internacional. Era mucho más que distancia entre
opuestos: la Tercera Posición estaba respaldada por todo un desarrollo filosófico y
una cosmovisión situada, donde lo popular adquiría una dimensión diferente y se
centraba en un profundo humanismo cristiano.
Perón aprovecha sus viajes para exponer públicamente los beneficios de la
Tercera Posición. En ámbitos internacionales el presidente argentino se dirige a los
ciudadanos del mundo, enfatizando la grave situación en la que quedó el mundo
después de la Segunda Guerra Mundial. En ese marco se dirigió en clave de paz,
convocando a las naciones que quedaron fuera del acuerdo de Yalta. Desarrolló un
documento llamado Por la cooperación económica y la paz mundial, donde el
mismo Bramuglia tendrá un rol central en su presentación ante el Vaticano.
El peronismo despertó entusiasmo en los pueblos oprimidos, en diferentes
políticos de la región seducidos por la agenda emancipadora de Perón, y en
militantes gremiales, cansados de estar sujetos a las directivas de los partidos que
tenían su casa central en Moscú. No es casualidad que tanto Juan Perón como Eva
generaran una fuerte empatía y ebullición popular en sus diferentes giras
internacionales. También serán interesantes los aportes de Perón a los vínculos con
Juan José Arévalo en la defensa de la soberanía de Guatemala frente a la política
interventora de Estados Unidos; la entrega de los trofeos de guerra al Paraguay,
producto del enfrentamiento fratricida de la Triple Alianza; la política de unificación
aduanera desarrollada en la propuesta del ABC que vinculaba de forma tripartita al
Brasil y Chile con nuestro país; y la promoción de la Agrupación de Trabajadores
Latinoamericanos Sindicalistas (ATLAS) que significó un intento de organizar las
centrales obreras hermanas con vocación latinoamericana.
En este breve recorrido hemos descripto no solo dos formas de encarar la
política internacional, sino también dos roles: los de Juan Atilio Bramuglia y Juan
Domingo Perón, que en realidad no son más que las dos caras de la misma moneda,
que expresan una forma de comprender la política internacional. En la Argentina
peronista, las decisiones en materia de política internacional no se sustentan en el
deseo. Muchas dan cuenta de pragmatismos necesarios para mantener cierta
estabilidad en el escenario mundial. Pero hay algo de lo estratégico que se ubica por
encima de los pragmatismos, que es la decisión de un proyecto de país donde la
Patria deberá avanzar en un camino cada vez más libre, cada vez más justo y cada
vez más soberano.

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LA RADIOGRAFÍA DE UN HOMBRE

Elías Quinteros

El Hombre de Corrientes y Esmeralda fue descrito maravillosamente en El


hombre que está solo y espera, por Raúl Scalabrini Ortiz (Corrientes, 14 de febrero
de 1898-Buenos Aires, 30 de mayo de 1959). Este hombre –que tiene como
referencia una de las intersecciones típicas de la “Reina del Plata”– no es de carne y
hueso. No posee un aspecto específico. Ni es conocido por un nombre o un apellido
determinados. Consiste en la encarnación del porteño y, en más de un aspecto, del
argentino. Por ello está en cada esquina. Y, a la vez, no está en ninguna. “El Hombre
de Corrientes y Esmeralda es un ritmo de las vibraciones comunes, un magnetismo
en que todo lo porteño se imana, una aspiración que, sin pertenecer en dominio a
nadie, está en todos alguna vez. Lo importante es que todos sientan que hay mucho
de ellos en él y presientan que en condiciones favorables pueden ser enteramente
análogos. El Hombre de Corrientes y Esmeralda es un ente ubicuo: el hombre de las
muchedumbres, el croquis activo de sus líneas genéricas, algo así como la columna
vertebral de sus pasiones. (…) No se alboroten, pues, los políticos ni los
granjeadores de voluntades. El Hombre de Corrientes y Esmeralda no es ladero para
sus ambiciones. Su nombre no figura en los padrones electorales, ni en las cuentas
corrientes de los bancos, ni en los directorios de las grandes compañías, ni en las
redacciones de los diarios, ni en las nóminas de comerciantes o profesionales. No es
un obrero, ni un empleado anónimo. (…) El Hombre de Corrientes y Esmeralda es el
vértice en que el torbellino de la argentinidad se precipita en su más sojuzgador
frenesí espiritual. Lo que se distancia de él puede tener más inconfundible sabor
externo, peculiaridades más extravagantes, ser más suntuoso en su costumbrismo,
pero tiene menos espíritu de la tierra” (Scalabrini Ortiz, 1973: 33).
Según el autor citado, es un hombre sentimental e intuitivo que valora la
amistad, juzga la conducta de sus semejantes con indulgencia y desdeña la
“inteligencia que se vanagloria de sí misma, la inteligencia que no se aboca a los
planteamientos de la vida común, esa inteligencia conceptual que se nutre de libros,
de teorías, y no de sensaciones” (Scalabrini Ortiz, 1973: 77). Esta última
particularidad –que nos muestra que estamos ante un individuo que no congenia con
el hombre supuestamente inteligente que considera que su título universitario es más
valioso que sus actitudes, o que sus libros son más valiosos que su forma de ser–
recuerda en más de un sentido la opinión de Simón Rodríguez, en Sociedades
Americanas en 1828, respecto de los maestros que llegaban al continente, con su
cargamento de “catecismitos sacados de la Enciclopedia”, por “jentes de letras” en
Francia, y por “hombres aprendidos” en Inglaterra. Asimismo, evoca en más de un
aspecto la postura de José Martí en Nuestra América, respecto de los “letrados
artificiales”, los representantes de la “falsa erudición”, los exponentes de la
“inteligencia superior” que dañaban u ofendían al “hombre natural” con su
pedantería. Por si fuese poco, también adelanta en cierta forma la posición de Arturo
Jauretche en El medio pelo en la sociedad argentina, respecto del que trata de
aparentar un estatus que está más arriba del que posee en realidad y, por ello, adopta
las pautas sociales que corresponden a una posición que es superior a la suya. En
definitiva, ese rechazo no tiene como destinatario al hombre instruido, sino al
engrupido, al que otorga a su persona un valor mayor que el real y que, por esa

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razón, no es más que un infeliz, un “pobre tipo”, un ser que, en verdad, vale poco o
nada.
El Hombre de Corrientes y Esmeralda es un hombre que sabe que su vida se
extingue poco a poco. “El Hombre de Corrientes y Esmeralda tiene un futuro en el
destino de su tierra, un pasado que se renueva en él, pero nunca ha tenido presente.
Fue la suya una vida invisible, como la tierra a que pertenece, una vida que se va
cuesta abajo resbalando despacito, lene, sin sacudones, una vida que se le escurre
entre los días y los años, una vida enaceitada que se aja sin constancias, sin
tragedias, entre días monótonos, que se disuelven atónitos los unos en los otros”
(Scalabrini Ortiz, 1973: 50). Esa extinción –concebida como un proceso que
conduce a la pérdida progresiva e inevitable de algo que es valioso y finito– no alude
con exclusividad a la pérdida de la existencia biológica. También comprende la
pérdida de aquello que brinda un sentido a esa existencia. Esto aparece con una
nitidez indiscutible en la letra de muchos tangos. Por ejemplo, en Almagro de
Vicente San Lorenzo e Iván Diez; La casita de mis viejos de Juan Carlos Cobián y
Enrique Cadícamo; y Volver de Carlos Gardel y Alfredo Le Pera, la pérdida de la
vida conlleva la pérdida de la juventud. En Caserón de tejas de Sebastián Piana y
Cátulo Castillo; y en Barrio de tango y Sur de Aníbal Troilo y Homero Manzi, la
pérdida de la vida conlleva la pérdida del barrio: de un barrio que no constituye un
ámbito geográfico, sino una descripción poética que evoca personas, cosas y lugares
por medio de un conjunto de imágenes, sonidos, fragancias y sensaciones. En
Nostalgias y Niebla del riachuelo de Juan Carlos Cobián y Enrique Cadícamo;
Claudinette de Enrique Delfino y Julián Centeya; Gricel de Mariano Mores y José
María Contursi; Ninguna de Raúl Fernández Siro y Homero Manzi; Garúa de
Aníbal Troilo y Enrique Cadícamo; Tristeza marina de José Dames, Roberto Flores
y Horacio Sanguinetti; Nada de José Dames y Horacio Sanguinetti; Naranjo en flor
de Virgilio y Homero Expósito; María de Aníbal Troilo y Cátulo Castillo; Por qué
la quise tanto y Frente al mar de Mariano Mores y Rodolfo Taboada; y El último
café de Héctor Stamponi y Cátulo Castillo, la pérdida de la vida conlleva la pérdida
del amor. Y en Uno de Mariano Mores y Enrique Santos Discépolo, la pérdida de la
vida conlleva la pérdida de la ilusión: una pérdida que, quizás, sintetiza a las
anteriores.
A todas luces, es un hombre que no ignora que su existencia se aproxima
inevitablemente al momento de su muerte. “El Hombre de Corrientes y Esmeralda es
un ser que ha incorporado a su economía el sentimiento de la muerte. No de una
muerte emblemática y abstrusa, sino de una muerte que está en él, que le envejece.
Este sentimiento invalida los veredictos terminantes a que la inteligencia es propicia.
Una conciencia que se sabe perecedera no puede ser conclusa. Solamente puede
considerarse infalible el que ha olvidado que se muere. Fenecer, no ser eterno, es
falta más grande que errar. (…) Un porteño logra un ascenso y se alegra, porque sus
peculios le permitirán favores de comodidad, pero en el fondo, en lo más intrincado
de su ánimo, una mortificación nubla su alegría. El ascenso es un nuevo peldaño que
ha repechado en esa escalera sin retorno. El ascenso es una satisfacción y una
advertencia: ‘Has conseguido lo que ansiabas tener cuando eras joven. Te estás
poniendo viejo’” (Scalabrini Ortiz, 1973: 67). ¿Alguien puede afirmar
categóricamente que el fragmento citado no tiene punto de contacto con los pasajes
heideggerianos que tratan de la posibilidad de la muerte, es decir, de la asunción de
la muerte como una posibilidad, como la posibilidad más peculiar, como la
posibilidad que imposibilita la totalidad de las posibilidades que están a merced de

135
[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

cada uno por el hecho de ser un proyecto, como la posibilidad que demuestra que
cada una de esas posibilidades no es más que eso: una posibilidad? Y, asimismo,
¿alguien puede enunciar de una manera concluyente que dicho fragmento no tiene
algún punto en común con los pasajes hegelianos que hablan del miedo a la muerte,
es decir, del miedo al señor absoluto, del miedo radical que despoja al siervo de la
posibilidad de aferrarse a algo?
El Hombre de Corrientes y Esmeralda encarna el “espíritu de la tierra”, un
espíritu que ocupa un lugar central en el pensamiento scalabriniano. “Suponga que
‘el espíritu de la tierra’ es un hombre gigantesco. Por su tamaño desmesurado es tan
invisible para nosotros, como lo somos nosotros para los microbios. Es un arquetipo
enorme que se nutrió y creció con el aporte inmigratorio, devorando y asimilando
millones de españoles, de italianos, de ingleses, de franceses, sin dejar de ser nunca
idéntico a sí mismo, así como usted no cambia por mucho que ingiera trozos de
cerdo, costillas de ternera o pechugas de pollo. Ese hombre gigante sabe adónde va y
qué quiere. El destino se empequeñece ante su grandeza. Ninguno de nosotros lo
sabemos, aunque formamos parte de él. Somos células infinitamente pequeñas de su
cuerpo, del riñón, del estómago, del cerebro, todas indispensables. Solamente la
muchedumbre innúmera se le parece un poco. Cada vez más, cuanto más son”
(Scalabrini Ortiz, 1973: 19). Sin duda, y más allá de las especificidades que
distinguen a uno del otro, podemos tender un puente entre este espíritu y el “espíritu
comunal” de Saúl Taborda o, en otras palabras, entre este espíritu y la síntesis de la
relación que enlaza al individuo con su hogar, su plaza, su iglesia, su escuela y, en
definitiva, su comuna, su medio. Obviamente, nos hallamos frente a una realidad
que –por la circunstancia de ser titánica– condiciona el desarrollo de la sociedad,
confiriendo a dicho desarrollo el carácter de un destino ineludible. A la luz de lo
dicho, las diferencias que existen entre el Hombre de Corrientes y Esmeralda que
vivía en los tiempos de Raúl Scalabrini Ortiz y el Hombre de Corrientes y
Esmeralda que vive en estos días no son fundamentales. Si el primero –sin saberlo–
esperaba la llegada del peronismo, el segundo –advirtiéndolo o no– espera la
concreción definitiva de sus aspiraciones más elevadas.

Referencias
Dri R (1996): Intersubjetividad y reino de la verdad. Aproximaciones a la nueva
racionalidad. Buenos Aires, Biblos.
Hegel GWF (1992): Fenomenología del espíritu. Buenos Aires, FCE.
Heidegger M (2003): El ser y el tiempo. Buenos Aires, FCE.
Jauretche A (1987): El medio pelo en la sociedad argentina (Apuntes para una
sociología nacional). Buenos Aires, Peña Lillo.
Martí J (1980): Nuestra América. Buenos Aires, Losada.
Rodríguez S (1988): Sociedades Americanas en 1828. En Obras completas, Caracas,
Congreso de la República de Venezuela.
Scalabrini Ortiz R (1973): El hombre que está solo y espera. Buenos Aires, Plus
Ultra.
Taborda S (1994): La argentinidad preexistente. Buenos Aires, Docencia.
Vattimo G (2006): Introducción a Heidegger. Barcelona, Gedisa.

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A CINCUENTA AÑOS DE LA PUBLICACIÓN DE


MEGAFÓN O LA GUERRA: LEOPOLDO MARECHAL
Y SU BATALLA DESDE ABAJO

Facundo Di Vincenzo

El poeta, ensayista, novelista y dramaturgo 23 Leopoldo Marechal (Villa


Crespo, 1900-1970), además de un centenar de poemas y obras de teatro, escribió
tres novelas voluminosas: Adán Buenosayres (1948), El banquete de Severo
Arcángelo (1965) y Megafón o la Guerra (1970). Dicen algunos de sus estudiosos y
estudiosas –Eduardo Romano, Ángel Núñez, María de los Ángeles Marechal–
(Abós, 2011) que la primera de estas novelas se comenzó a escribir unos dieciocho
años antes de su publicación.
Como historiador y lector apasionado de la literatura argentina de la primera
mitad del siglo XX, observo que Leopoldo Marechal comienza a escribir su primera
novela en el momento en el cual otros autores y pensadores también escriben sobre
la crisis política, económica, espiritual, cultural y social imperante hacia fines de la
década del 20 del siglo pasado. También encuentro que, como otros de su tiempo,
tuvo la cualidad de hablar de las luchas y los reclamos de las trabajadoras y los
trabajadores durante la llamada Semana Trágica (1919) en El banquete de Severo
Arcángelo. Supo retratar en su Adán Buenoayres los oscuros tiempos de la “década
infame”24 (1930-1943), con su embestida política, económica, cultural e ideológica
promovida por un sector dirigente oligárquico y probritánico contra las tradiciones
nacionales y populares del país. En ese sentido, como promotor de un numen 25
nacional perceptible en el Adán Buenosayres, formó filas en la reacción a esa década
semicolonial, apoyando a la Revolución de los Coroneles de 1943. Recuerda
Marechal: “Nos creíamos realizadores de un movimiento histórico”. También como
otros muchos, estuvo en la Plaza de Mayo aquel 17 de octubre de 1945: “Era muy de

23
En varias oportunidades, quien estudia, custodia, compila y revisa su obra, una de sus hijas,
María de los Ángeles Marechal, ha comentado que la figuración de poeta argentino, muy
argentino, es la que más le gustaba a Leopoldo Marechal. En una entrevista realizada en el 2013
por el Canal 7 de la Televisión Pública, afirmaba: “fue un argentino, muy argentino, que fue
bibliotecario, maestro, periodista, un hombre que fundamentalmente al escribir quiso
universalizar las esencias argentinas. Él siempre se consideró poeta, le faltaba la tarjetita que
dijera: Leopoldo Marechal Poeta”. Televisión Pública: Vivo en Argentina. Recordando a
Leopoldo Marechal, 26-6-2013.
[Link]/watch?v=1egXBuXbgTo&ab_channel=Televisi%C3%B3nP%C3%BAblica.
24
Término con el cual el periodista y escritor argentino, José Luis Torres (San Miguel de
Tucumán, 1901-1965), designó al periodo que va desde el golpe cívico-militar al gobierno
democrático de Hipólito Yrigoyen hasta la llamada Revolución de los Coroneles de 1943.
25
En varios trabajos, el filósofo argentino Carlos Astrada (Córdoba, 1894-1970) explicó a qué se
refiere cuando se habla del numen nacional: “Peticiona Martin Fierro, y, con él, José Hernández,
una comunidad armónica, libre, justa, con su ideal educativo, inspirado en sus esencias
históricas como en sus ingredientes profesadas, en un clima de tolerancia recíproca, y asentada
en el derecho a la vida de todos los argentinos. (…) Para la consecución de todos estos fines es
tarea previa terminar con un sistema de gobierno que deliberadamente impedía el ascenso del
pueblo al área de las decisiones políticas en la vida nacional, escenario en el que brillaba por su
ausencia el verdadero protagonista de las peripecias históricas, únicas que dan cuenta de la
autenticidad de un destino colectivo” (Astrada, 1964: 134).

137
[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

mañana, y yo acababa de ponerle a mi mujer una inyección de morfina (sus dolores


lo hacían necesario cada tres horas). El coronel Perón había sido traído ya desde
Martín García. Mi domicilio era este mismo departamento de la calle Rivadavia. De
pronto, me llegó desde el oeste un rumor como de multitudes que avanzaban
gritando y cantando por la calle Rivadavia: el rumor fue creciendo y agigantándose,
hasta que reconocí primero la música de una canción popular, y enseguida la letra:
‘Yo te daré, / te daré, Patria hermosa, / te daré una cosa, / una cosa que empieza con
P. / ¡Perooón!’. Y aquel ‘Perón’ resonaba periódicamente como un cañonazo. (…)
Me vestí apresuradamente, bajé a la calle y me uní a la multitud que avanzaba a la
Plaza de Mayo. Vi, reconocí y amé los miles de rostros que la integraban: no había
rencor en ellos, sino la alegría de salir a la visibilidad en reclamo de su líder. Era la
Argentina ‘Invisible’ que algunos habían anunciado literariamente, sin conocer ni
amar sus millones de caras concretas, y que no bien las conocieron les dieron la
espalda. Desde aquellas horas me hice peronista” (Marechal, 1968: 43).
También como otros, Leopoldo Marechal, tras el golpe cívico-militar de
1955 sufrió las consecuencias de apoyar al gobierno democrático de Juan Domingo
Perón. Toda su obra fue proscripta a partir de la dictadura de Eugenio Aramburu y
excluida de los manuales de literatura y librerías, situación que lo llevó a que se
autodefiniera como “el poeta depuesto”. Marechal entre 1955 y 1970 resistió como
pudo y con lo que pudo. Megafón o la Guerra, su última novela en su último año en
esta tierra, es una novela que expresa el derrotero de los que soñaron, lucharon y
resistieron en aquellos oscuros años.
La historiadora Susana Pereyra (1983: 7) afirma: “Pocas veces a lo largo de
la historia los argentinos vivieron una época de crisis tan profunda como la de
1930”. Marechal escribe durante el ocaso de los proyectos de Nación promovidos
por los llamados “padres fundadores de la nacionalidad argentina”: Bernardino
Rivadavia (Buenos Aires, 1780-1845), Domingo Faustino Sarmiento (San Juan,
1811-1888), Bartolomé Mitre (Buenos Aires, 1821-1906), por mencionar algunos.
Como señalan varios autores y pensadores nacionales (Ugarte, 1911 y 1922; Anquin,
1994; Chavéz, 1956; Palacio, 1960; Astrada, 1964; Buela, 1987 y 1990), estos
hombres estaban imbuidos en una cosmovisión 26 liberal,27 dependiente
económicamente de Gran Bretaña y eurosituada en materia ideológica, cultural y
académica. Autores, pensadores, gobernantes y políticos que bajo los patrones de
“Civilización o Barbarie” se enajenaron de la tierra que los había visto nacer
(Gálvez, 1914). Sostenían una cosmovisión que flotaba en el aire, en el sentido de no
estar arraigada en el suelo ni en la historia y tradiciones de estas tierras. Idea que
promovía elementos culturales ajenos al pueblo que habitaba estas regiones bajo la
cruz del sur. Sin embargo, al ser la cosmovisión que guiaba a los gobernantes,
habitaba las políticas educativas: escuelas, colegios y universidades (Muzzopappa,

26
El Diccionario de la Real Academia Española define al término “Cosmovisión” como el
conjunto de opiniones y creencias que conforman la imagen o concepto general del mundo que
tiene una persona, época o cultura, a partir de las cuales interpretan su propia naturaleza y la de
todo lo existente.
27
El liberalismo al que hago alusión refiere a la doctrina política que sostiene como principios
fundamentales la propiedad privada y la libertad individual. En materia de política económica,
propone un Estado limitado, restringiendo o desechando toda su intervención en la vida social,
cultural y económica. En este sentido, en las sociedades en donde el modo de producción
capitalista es hegemónico, el liberalismo tiende a perpetuar las diferencias entre los sectores
sociales que la integran.

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

2015; Recalde, 2016; Di Vincenzo, 2018). El filósofo y pensador nacional Alberto


Buela (Buenos Aires, 1946) afirma: “La cosmovisión liberal (el radicalismo
alvearizado, el conservadorismo, el demoprogresismo, etcétera) está representada
por los ‘satisfechos del sistema’, su renuencia histórica no es necesaria porque está
oficializada. (…) Entienden lo nacional de acuerdo a su capricho subjetivo
(individualismo) y en función de sus conveniencias” (Buela, 1990: 21).
Leopoldo Marechal nació en un barrio de “insatisfechos del sistema”.
Provenía de una familia de militantes y trabajadores. Frente a la pregunta sobre
cómo era su hogar, respondía: “Era modesto. Mi padre fue un mecánico excelente y
mi madre, una excelente ama de casa” (Marechal, 1968: 11). Su padre, Alberto, era
uruguayo de Carmelo, mecánico que no había pasado por la escuela, un autodidacta
que fabricaba los juguetes a sus hijos. 28 Su madre, Lorenza Beloqui, era porteña. La
parte militante y revolucionaria, que emergerá primero en la Revolución de los
Coroneles de 1943 y luego durante el desarrollo del movimiento popular liderado
por Juan Perón, proviene del abuelo paterno: “No conocí a mi abuelo paterno, que
también se llamaba Leopoldo: murió tempranamente en el Carmelo. Pero conocía su
leyenda: natural de París, y siendo un adolescente, formó parte del grupo
revolucionario de La Commune; derrotado el movimiento, emigró con otros al
Uruguay en espera de que un cambio de régimen favoreciera su retorno”. Luego
agrega: “Me dejó como herencia el gusto por la lectura, el fervor revolucionario y el
paso corto y rápido de la infantería francesa” (Marechal, 1968: 11 y 12). Contar su
historia y la de otros insatisfechos fue probablemente lo más preocupó y ocupó a
Leopoldo Marechal. En otras palabras: la búsqueda, la exposición y la irradiación de
una esencia nacional y popular. No podría ser de otra manera, por la historia
familiar: su escritura es permeable al acontecer social de su tiempo. De allí un
profundo problema, ya que su arte toma el sentido de una tarea, se convierte en una
misión, porque, como se ha dicho, la esencia nacional no se encontraba en la escuela
ni en las universidades, sino más bien todo lo contrario.

Referencias
Abós A (2011): Al pie de la letra. Guía literaria de Buenos Aires. Buenos Aires,
Alfaguara.
Anquín N (1994): El ente y la memoria. Buenos Aires, Bonum.
Astrada C (1964): El mito Gaucho. Buenos Aires, Cruz del Sur.
Buela A (1987): Aportes al Pensamiento Nacional. Buenos Aires, Cultura et Labor.
Buela A (1990): El sentido de América. Seis ensayos en busca de nuestra identidad.
Buenos Aires, Theoria.
Chávez F (1956): Civilización y barbarie. El liberalismo y el mayismo en la historia
y el la cultura argentinas. Buenos Aires, Trafac.
Di Vincenzo F (2018): “El nacionalismo científico de José Ingenieros. Estudio del
libro La evolución sociológica argentina. De la barbarie al imperialismo (1910)”.
En Política, Educación y Sociedad en la Filosofía Argentina del siglo XX, Buenos
Aires, FEPAI.
Gálvez M (1914): La maestra normal. Madrid, M. Aguilar, 1949.
Marechal L (1968): Palabras con Leopoldo Marechal. Buenos Aires, Carlos Pérez.
Marechal MA (sf): Bio-Cronología Leopoldo Marechal. [Link].

28
Marechal (sf) se encuentra en la página más completa dedicada al autor, en Fundación
Leopoldo Marechal: [Link].

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

Muzzopappa H (2015): Educación y trabajo en el Orden Conservador. Ideas


alberdianas y vanguardia normalista. Buenos Aires, Biblos-UNLa.
Palacio E (1960): La historia falsificada. Buenos Aires, Peña Lillo.
Pereira S (1983): En tiempos de la República agropecuaria (1930-1943). Buenos
Aires, Centro Editor de América Latina.
Recalde A (2016): Intelectuales, peronismo y universidad. Buenos Aires, Agebe.
Ugarte M (1911): El porvenir de América Latina. Valencia, Sempere.
Ugarte M (1922): La Patria Grande. Berlín-Madrid, Internacional.

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

ALBERTO BALDRICH: LEGADO DE


UN EDUCADOR ARGENTINO

Lucía Ferrario

“El espíritu de cada pueblo que logra en el Estado su realidad sustancial llena su
fase de la historia universal, que contiene el movimiento dialéctico de los espíritus
particulares de los pueblos. Magnífico privilegio el de esta libertad de aportar el
propio mensaje, pero también tremenda responsabilidad” (Alberto Baldrich:
Libertad y determinismo en el advenimiento de la sociedad política argentina,
1949).

Se busca aquí recuperar los aportes de Alberto Baldrich a la educación


nacional y bonaerense. Se considera que son ideas fundantes de la matriz
justicialista, en tiempos en que lo educativo era pilar de un proyecto integral de
Nación y de desarrollo humano.
Alberto Baldrich fue subteniente de Reserva en el Regimiento 11 de
Infantería, abogado, juez en la Cámara Nacional de Apelaciones en lo Civil de la
Capital Federal, docente universitario, intelectual y político argentino. Hijo del
general Alonso Baldrich, quien fue, junto con el general Enrique Mosconi, uno de
los responsables del desarrollo de la petrolera estatal YPF y quien se opuso a la
injerencia inglesa en el control de nuestros recursos naturales.
Alberto Baldrich en 1947 creó el Instituto de Sociología de la Facultad de
Ciencias Económicas de la UBA, siendo así uno de los fundadores de la disciplina
en el país. Docente en varias universidades, entre ellas, la Universidad Provincial de
Mar del Plata, estaba a cargo de las cátedras Historia Social Argentina y Problemas
Sociales Contemporáneos, donde fue nombrado profesor emérito.
Baldrich se desempeñó en dos oportunidades en la cartera educativa: en 1944
Edelmiro Farrell lo designó como ministro de Justicia e Instrucción Pública de la
Nación, y en el tercer gobierno del general Perón fue designado como Ministro de
Educación de la provincia de Buenos Aires, siendo Bidegain el gobernador.

Historicismo e hispanismo en Baldrich


En el Congreso Internacional de Filosofía de 1949 Baldrich desarrolla la
ponencia “Libertad y determinismo en el advenimiento de la sociedad política
argentina”. En ella afirma que “las concentraciones de poder nacen, crecen, se
expanden, florecen en programas de vida que son programas de cultura y cuya
validez se mide por la jerarquía de los ideales que encarnan y por las formas de
realizarlos, con lo cual lo finito se redime de su limitación, de su accidentalidad, en
la eternidad del valor que se realiza”.
Baldrich inscribe la irrupción del espíritu argentino entre el período de
decadencia del Imperio Español y el poderío creciente de Inglaterra lanzada a la
hegemonía. “Al Imperio Español pertenecíamos en cuerpo y alma”; “América no fue
colonia, sino provincia del Imperio”.
La determinación historicista en Baldrich amplía el horizonte de la historia de
nuestra cultura. El autor consideró que “el pueblo tenía una psicología
eminentemente iberoamericana”, caracterizada por virtudes como la “generosidad, el
desinterés, el sentido de la hospitalidad y del honor, la buena fe en el trato

141
[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

comercial, y la lealtad en la amistad” (Baldrich 1938a: 626). Destacó que “el sentido
de la igualdad, en su formación política, no obstante la literatura francesa y la
influencia circunstancial de su revolución, estaba fundado en una previa e
indispensable concepción religiosa y metafísica, traída por España” (Baldrich 1940:
25). La tradición hispánica incluía costumbres y valores sobre el orden social, la
familia o la colectividad”.
Plantea que “debemos identificar libertad con voluntad de ser nacional y
determinismo con mundo circundante”. Para el autor, el fin de la sociedad es “el
interés general que comprende no sólo la existencia material, sino también su
felicidad y virtud. Y la virtud social es la justicia”. Las entidades económicas, la
familia y el Estado, son organizaciones del espíritu. La Nación revela la etapa
superior de la vigencia de la voluntad. Baldrich se apoya en Hegel para afirmar que
“el ser humano trasciende lo sensible independizándose de la naturaleza, de su
sumersión en ella y la convierte, por la vida humana reflexiva y consciente de sí, en
un medio, en el ámbito necesario para la vida del espíritu”.
Para Baldrich, los protagonistas de la historia universal son los Estados, los
que constituyen la auténtica individualidad histórica, ya que “el Estado es la
manifestación de la voluntad que se despliega en un tiempo histórico, triunfante
sobre las fuerzas internas de dispersión y sobre las externas de confrontación de
capacidades”. El autor plantea que el nacimiento de Inglaterra como nueva
concentración de poderío, con vocación de hegemonía mundial, fue un factor
determinante en el surgimiento de la Argentina como sociedad política. “De la
contemplación de la naturaleza y de su consideración como algo que debía amarse,
se había pasado a la vocación por su dominio en la técnica y la economía”. “No
estaba Inglaterra sola. Era la concreción en una potencia política, en una hegemonía,
de toda una nueva y distinta concepción del mundo y de la vida”. Sin embargo, el
surgimiento del espíritu argentino no se reduce a motivos materialistas. “No
realizaron los criollos la epopeya heroica y ejemplar por un determinismo material
dentro del cual no es posible la existencia de la libertad, ni la virtud de la acción, la
tensión y el esfuerzo volitivo. Si hubo alzamiento criollo, y si entre otros tomó
también lo económico por motivo, fue porque advenía a la historia el espíritu
argentino (…) para continuar en libertad y con acento, capacidad y creación propia,
las viejas virtudes clásicas de la estirpe. Porque en la historia –proceso de formas del
espíritu– hay un sentido y un fin, una Idea”.

El proyecto educativo justicialista ante el “vacío de argentinidad”


En 1938 destacó que había “generaciones de argentinos desconectados del
pasado, sin visión del destino de la nacionalidad, desentendidos de los problemas
nacionales, viviendo en función de un presente utilitario y egoísta, con un sentido
mercantil de la existencia y con el confort y el bienestar material por ideal”
(Baldrich 1938: 623). En el año 1974, siendo ministro de Educación de la provincia
de Buenos Aires, afirmó que la educación debía impartir las nociones de libertad,
verdad y justicia. Ello suponía consolidar un “Estado ético” que pusiera el interés
social y de vida común de un pueblo en el centro del proceso educativo (Baldrich
1974).
En su artículo “El plan educativo justicialista” puntualiza las ideas fuerza que
fundamentarán el aspecto filosófico e histórico de su gestión. Estas ideas fueron
extraídas del texto La Comunidad Organizada del general Perón y son Verdad,
Libertad y Justicia: “Para nuestro pueblo la Libertad es la resultante de la Justicia de

142
[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

la Verdad, del respeto al orden natural y de la esencia de la comunidad constituida


en Estado. Por esto Perón dice que la libertad viene determinada por lo ético. O sea,
por la Justicia. Es interesante notar esta idea de libertad vinculada a lo comunitario,
y no como derecho individual y fragmentador. Su opuesto es lo que Perón llama la
libertad irrespetuosa ante el interés común, enemiga natural del bien social”.
Es la concepción justicialista del mundo y de la vida la que sostiene que “el
hombre ha de ser dignificado y puesto en camino de obtener su bienestar, debe ser
ante todo calificado y reconocido en sus esencias”. Frente al vacío formativo se
imponían en su lugar la “mala prensa y la calle, el mal cine y la escuela extranjera”.
Como resultado del proceso desaparecían los valores de solidaridad colectiva y las
tradiciones nacionales, debilitando la estabilidad y el funcionamiento del orden
social. El egoísmo y la acumulación individual de riqueza eran el valor supremo de
las instituciones educativas y eso generaba un negativo “vacío de argentinidad”.
El autor planteó que la educación estaría en crisis mientras se mantuviera “el
normalismo y no se modifique a los universitarios que van a las cátedras, nada se
resolverá. (…) No se trata de cambios de programas y de métodos, sino de cambios
de los cuadros ideológicos y sentimentales en los cuales se basa la educación. Sólo
así se logrará que las juventudes argentinas estimen el espíritu que hoy niegan los
altos arquetipos sociales, el sentido heroico de la Vida y de la Historia”.
Las ideas expresadas por Baldrich tuvieron fuerza de ley con la sanción de la
“Constitución del Pueblo” de 1949 y con ello el Estado Nacional, a través de su
política educativa, era el contrapeso de la impronta liberal universitaria dada por su
carácter autónomo. En palabras de Baldrich “la libertad convertida en fin en sí
misma no tarda en sublevar el egoísmo individual contra las exigencias del bien
común (…) y cuando cada uno sólo persigue su bien privado, cuando cada uno
degrada por el torpe materialismo la dignidad de su naturaleza espiritual –que es
fundamento de la justa libertad– y en consecuencia sólo piensa en la utilidad y en el
confort (…) compromete la soberanía y destruye la unidad y la grandeza de la
Patria” (Baldrich 1944: 35).
Para Baldrich, las universidades eran corrientes y fuerzas dentro del país que
se enfrentan a las fuerzas político-económicas internacionales, y planteaba que el
imperialismo capitalista internacional las controlaba. El autor reconoció como saldo
positivo del gobierno de Perón a las universidades obreras y la supresión de los
derechos arancelarios en la etapa universitaria, así como la Ley universitaria.
Situándonos desde una “geopolítica de la esperanza”, los aportes de Baldrich
tienen una vigencia ineludible para pensar y construir la escuela argentina en clave
continental, comunitaria, ecológica y soberana. Recuperar su ideario es una
búsqueda para argentinizar el pensamiento pedagógico actual, y darle anclaje en las
luchas emancipatorias que nos antecedieron y en los valores que sustentan nuestra
comunidad nacional.
Alberto Baldrich es uno de los pensadores criollos negados en el ámbito
educativo nacional y bonaerense, 29 y puede ser una llave para forjar la
descolonización pedagógica hoy, cuando resulta prioritario fortalecer el carácter
federal de nuestro sistema educativo ante la presión del lobby globalista que busca
desenraizarlo. Sus aportes pueden contribuir en el desarrollo de un programa de
formación nacional para docentes en todos los niveles, más aún en los cargos
29
Algunos autores lo caracterizaron como “falangista” y “reaccionario”. Sin embargo, “ninguno
de los críticos del autor encontró un acto de represión o de violación de garantías individuales
protagonizado por Baldrich” (Recalde, 2018: 27).

143
[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

directivos y de inspección. Poner en diálogo las ideas de este hacedor con los
problemas educativos actuales y los desafíos que plantea la pospandemia habilita la
esperanza de reconstruir la “voluntad de ser nacional”. En palabras de Alberto
Baldrich, “la emancipación nacional y la soberanía no están terminados. Como todo
proceso político se están haciendo siempre, y como ahora vuelven a negarse y a
discutirse, plantean a los argentinos la reiteración de la lucha para continuarlos”.

Bibliografía
Baldrich A (1949): “Libertad y determinismo en el advenimiento de la sociedad
política argentina”. Mendoza, Primer Congreso Nacional de Filosofía.
Baldrich A (1967): Imperialismo y liberación nacional. Buenos Aires, Huella.
Baldrich A (1974): “El plan educativo justicialista” y “Aporte del general Perón a
estas ideas fuerza”. Revista de Educación, número especial.
Hernández Arregui JJ (1973): La formación de la conciencia nacional (1930-1960).
Buenos Aires, Plus Ultra.
Jauretche A (1957): Los profetas del odio y la yapa: la colonización pedagógica.
Buenos Aires, Corregidor.
Recalde A (2018): Alberto Baldrich, ideario de un nacionalista.
[Link]/archivo/?p=4567.

Lucía Ferrario es profesora en Bibliotecología y Documentación.

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

TODA ESTÉTICA ES POLÍTICA: SOBRE LA ANTINOMIA


PUEBLO-ANTIPUEBLO Y LA PRESENCIA DE
ALTERIDADES EN LAS REPRESENTACIONES DEL
17 DE OCTUBRE DE 1945

Juan Ezequiel Rogna

Con el surgimiento del peronismo hacia mediados de la década de 1940 se


produjo un indiscutido giro en la dinámica histórica argentina, a través de la
emergencia de alteridades socioculturales y la generación de una polarización
política que tuvo su correlato en la esfera cultural. El peronismo nació el 17 de
octubre de 1945 con la visibilización de los “cabecitas negras”, mote que recibieron
aquellos criollos y criollas emigrados del campo a la ciudad durante los años
precedentes. Sus cuerpos marchando desde los suburbios hacia el centro del poder
político, sus torsos “descamisados”, sus “patas en la fuente”, constituyeron una
presencia material que ya no pudo ser obliterada por el discurso hegemónico.
Adoptando “los muchos diferentes” que, según Marc Augé (1993) puede ser el otro,
en el seno de la sociedad argentina se presentó a partir de entonces una permanente
tensión entre la división taxativa “ellos-nosotros” y “el otro interno a la cultura” que
instituye un sistema de diferencias que puede ser sexual, de clase, económico,
político, cultural, etcétera (Barei, 2008: 13). En el caso del peronismo, esta tensión
se cristalizó en la consabida dicotomía libros-alpargatas –actualización de la
fórmula civilización-barbarie– y la reacción principal frente al otro, dentro de este
marco de polarización primigenia, fue la de empatizar o confrontar, quedando
definitivamente clausurada la posibilidad de ignorarse. 30

Una “estética antipopular”


Con la multitud peronista confluyendo hacia la Plaza, el sentimiento de
“invasión” a la polis oligárquica efectuada por una “bárbara otredad” no hizo más
que actualizarse. Entre los antecedentes figuraban el malón indio, táctica militar
predilecta de los pueblos originarios pampeanos, chaqueños y patagónicos durante
buena parte del siglo XIX, o la “anarquía del año 20” encabezada por Estanislao
López y Francisco Ramírez. Las asociaciones fueron establecidas, desde luego, por
el imaginario liberal-conservador de la época. Sin embargo, el carácter festivo de esa
manifestación dislocaba aquella percepción instauradora de genealogías. Los
ejemplos que así lo manifestaron son variados y a ellos nos remitiremos, no solo a
los fines de establecer mutuos cotejos, sino también para ensayar una interpretación
estético-política de carácter más general.
En Peronismo y pensamiento nacional, 1955-1973, Pablo José Hernández
recogió las reacciones de diferentes organizaciones políticas y representantes de los

30
El número 7-8 de la revista Contorno publicado en julio de 1956 incluía una nota de Juan José
Sebreli titulada “Aventura y revolución peronista” que daba cuenta del trastrocamiento en las
dinámicas sociales generado por la irrupción del peronismo: “En el país del individualismo, de
la indiferencia, del ‘no te metás’, de la disponibilidad espiritual, el peronismo nos obligó por
primera vez a afirmar nuestras propias vidas, con nuestros semejantes, con nuestros
compañeros, aun con nuestros enemigos, por medio del amor o del odio, de la ayuda o de la
hostilidad, de la complicidad o de la delación, pero nunca de la indiferencia” (48).

145
[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

sectores hegemónicos frente a esa manifestación popular. En un artículo aparecido el


24 de octubre en Orientación, órgano ligado al Partido Comunista, podían leerse las
siguientes líneas: “también se ha visto otro espectáculo, el de las hordas de
desclasados haciendo de vanguardia del presunto orden peronista. Los pequeños
clanes con aspecto de murga que recorrieron la ciudad no representan ninguna clase
de la sociedad argentina” (21). Por su parte, a través de un trabajo de archivo
similar, Guillermo Korn recuperaba el testimonio de María Rosa Oliver, escritora de
filiación patricia, quien legó una semblanza de ese “extraño desfile” que resulta
coincidente, en esencia, con la de los comunistas: “no solo por los bombos, platillos,
triángulos y otros improvisados instrumentos de percusión que, de trecho en trecho,
los preceden, me recuerdan las murgas de carnaval, sino también por su
indumentaria: parecen disfrazados de menesterosos” (2007: 12).
Si nos detenemos por un momento en ambas citas, notaremos que el pueblo,
es decir, ese sujeto político emergido a la arena pública aquel 17 de Octubre, resulta
percibido como una masa homogénea. Son “murgas de carnaval”, “hordas de
desclasados”. No hay alteridades reconocidas en el seno de ese sujeto colectivo
observado desde la perspectiva de quien se asoma al balcón o a la terraza y,
guarecido en esa distancia, ve pasar con desdén al torrente de “cabecitas negras” que
discurre por las calles. Echando mano a una de las tantas nociones aportadas por
Arturo Jauretche, podríamos afirmar que, tanto en el testimonio comunista como en
el oligárquico, subyace un mismo “subconsciente de élite” (2010: 132) que solo
advierte la unidad en la multiplicidad, y que este tipo de percepción constituye el
cimiento de lo que podríamos caracterizar como “estética antipopular”.

Una “estética popular”


Revisemos ahora los testimonios de Raúl Scalabrini Ortiz y Leopoldo
Marechal. En Tierra sin nada, tierra de profetas, libro de poesías y ensayos
publicado por Scalabrini en 1946, figuraba esta remembranza del 17 de octubre. Se
titula “Emoción para aprender a comprender” y la citamos in extenso: “Corría el mes
de octubre de 1945. El sol caía a plomo sobre la Plaza de Mayo, cuando
inesperadamente enormes columnas de obreros comenzaron a llegar. Venían con su
traje de fajina, porque acudían directamente de sus fábricas y talleres. No era esa
muchedumbre un poco envarada que los domingos invade los parques de diversiones
con hábito de burgués barato. Frente a mis ojos desfilaban rostros atezados, brazos
membrudos, torsos fornidos, con las greñas al aire y las vestiduras escasas cubiertas
de pringues, de restos de breas, grasas y aceites. Llegaban cantando y vociferando
unidos en una sola fe. Era la muchedumbre más heteróclita que la imaginación
puede concebir. Los rastros de sus orígenes se traslucían en sus fisonomías.
Descendientes de meridionales europeos iban junto al rubio de trazos nórdicos y al
trigueño de pelo duro en que la sangre de un indio lejano sobrevivía aún. (…)
Hermanados en el mismo grito y en la misma fe iban el peón de campo de Cañuelas
y el tornero de precisión, el fundidor, el mecánico de automóviles, la hilandera y el
empleado de comercio. Era el subsuelo de la Patria sublevado. Era el cimiento
básico de la Nación que asomaba, como asoman las épocas pretéritas de la tierra en
la conmoción del terremoto. Era el substrato de nueva idiosincrasia y de nuestras
posibilidades colectivas allí presente en su primordialidad sin reatos y sin disimulos.
Era el de nadie y el sin nada en una multiplicidad casi infinita de gamas y matices
humanos, aglutinados por el mismo estremecimiento y el mismo impulso, sostenidos
por una misma verdad que una sola palabra traducía” (1973: 33).

146
[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

Por otra parte, en un fragmento de la entrevista “Palabras con Leopoldo


Marechal” realizada por Alfredo Andrés en 1968 y rescatada por Fermín Chávez en
su libro La jornada del 17 de octubre por cuarentaicinco autores (1996: 35), el
autor de Adán Buenosayres contaba lo siguiente: “Era muy de mañana, y yo acababa
de ponerle a mi mujer una inyección de morfina (sus dolores lo hacían necesario
cada tres horas). El coronel Perón había sido traído ya desde Martín García. Mi
domicilio era este mismo departamento de calle Rivadavia. De pronto me llegó
desde el oeste un rumor como de multitudes que avanzaban gritando y cantando por
la calle Rivadavia: el rumor fue creciendo y agigantándose hasta que reconocí
primero la música de una canción popular y, enseguida, su letra: ‘Yo te daré / te
daré, Patria hermosa / te daré una cosa / una cosa que empieza con P / Perooón’. Y
aquel ‘Perón’ resonaba periódicamente como un cañonazo. Me vestí
apresuradamente, bajé a la calle y me uní a la multitud que avanzaba rumbo a la
Plaza de Mayo. Vi, reconocí, y amé los miles de rostros que la integraban, no había
rencor en ellos, sino la alegría de salir a la visibilidad en reclamo de su líder. Era la
Argentina ‘invisible’ que algunos habían anunciado literariamente, sin conocer ni
amar sus millones de caras concretas, y que no bien las conocieron les dieron la
espalda”.
Al igual que en las declaraciones anteriores, los recuerdos de Scalabrini y
Marechal reflejan el carácter festivo de la manifestación peronista, al tiempo que
aluden al sujeto colectivo que ocupa repentinamente el centro de la escena. Pero a la
vez evidencian un sesgo completamente diferente en lo que respecta al punto de
vista del observador y sus implicancias estético-políticas. Marechal lo explicita en su
relato cuando dice que bajó a la calle para unirse a la multitud. Al abandonar,
literalmente, su posición inicial de “superioridad”, consigue identificar a las
múltiples alteridades que confluyen hacia Plaza de Mayo. Al ras del suelo, esa
Argentina hasta entonces “invisible” pasa a componerse de “miles de rostros” a los
que “el poeta depuesto”, apelando al asíndeton, dice haber visto, reconocido y
amado sin solución de continuidad. En el testimonio de Scalabrini Ortiz esta
apertura del ojo observador ante la presencia de alteridades inusitadas resulta aún
más explícita y radical. Las “columnas de obreros” pasan a ser de inmediato rostros,
brazos, torsos, vestiduras y greñas de peones, torneros, fundidores, hilanderas y
empleados de comercio. Scalabrini recurre inclusive a la hipérbole para graficar la
asombrosa multiformidad de esa presencia colectiva: percibe entonces a “la
muchedumbre más heteróclita que la imaginación puede concebir”, a “una
multiplicidad casi infinita de gamas y matices humanos”. Si contrastamos el modo
de ver de estos dos autores con el de la “estética antipopular”, podríamos decir que
mientras aquélla solo advierte la unidad en la multiplicidad, éste también identifica a
la multiplicidad en la unidad. A partir de esta contraposición, proponemos la
denominación “estética popular” para referirnos a la posición que subyace en
aquellos discursos afirmados sobre esta otra manera de ver.

Breve contrapunto
Si hacemos un raudo repaso por la literatura argentina, veremos que ambas
estéticas presentan ejemplos tanto previos como posteriores a la fecha de
surgimiento del peronismo. Podríamos afirmar, retrospectivamente, que el
nacimiento de nuestra literatura –desde El matadero de Esteban Echeverría– estuvo
signado sobre todo por la “estética antipopular”, aunque la descripción monocorde
del sujeto popular como bárbaro entrañaba una seducción intrínseca por esa barbarie

147
[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

que se intentaba emular retóricamente a los fines de negarla políticamente. La


“estética popular”, por su parte, muestra algunas excepciones a esta regla en la
escritura decimonónica, y entre ellas se cuentan obras imprescindibles como los
Cielitos y diálogos patrióticos de Bartolomé Hidalgo, Una excursión a los indios
ranqueles de Lucio V. Mansilla o Martín Fierro –sobre todo “La ida”– de José
Hernández.
Después de 1945, ambas líneas fueron proyectándose en un rosario de obras
que establecieron un jugoso contrapunto hasta el presente. Por un lado, observamos
un arco que va desde el tándem Borges-Bioy hasta Marcos Aguinis; por el otro, una
serie narrativa en la que participan Rodolfo Walsh, Pedro Orgambide o Juan Diego
Incardona, cuyas obras registran aquellas alteridades que convergen, parafraseando a
Jorge Torres Roggero, en el “sujeto transindividual” llamado pueblo (2014: 24). Si
bien no podremos ahondar en este punto, queríamos dejarlo planteado antes de pasar
al reconocimiento de una alteridad pocas veces advertida que, sin embargo, tuvo un
papel preponderante aquel 17 de octubre: la juventud.

Emergencia del peronismo, emergencia de la juventud


En un conocido debate con David Viñas, Jauretche acusaba al fubismo de no
haber comprendido, por “razones ideológicas”, el “proceso revolucionario” parido
en 1945. En un artículo teñido por el habitual tono autocrítico de los intelectuales
nucleados en Contorno, a la vez que por el mismo “subconsciente de élite” que
marcamos anteriormente, Viñas afirmaba que “la generación del 45” se había
equivocado en su ponderación del peronismo. Ante esta arrogación de la
representatividad de todos los jóvenes de entonces, Jauretche contraponía la
capacidad para distinguir alteridades, propia de lo que denominamos “estética
popular”, señalando que “la juventud se escindió en aquella época en dos fracciones:
la letrada y la iletrada” y que “también eran generación del 45 los jóvenes peones,
los jóvenes empleados, los jóvenes seminaristas y los jóvenes cadetes.” Esa
generación del 45, afirmaba el linqueño, “no se equivocó (y) estuvo en su posición”
(1973). Según Jauretche, ese reconocimiento del papel llamado a cumplir por parte
de los jóvenes “iletrados” habría sido un factor determinante para el triunfo
revolucionario. Así lo explicitaba el propio Jauretche, al comparar las
manifestaciones convocadas poco tiempo después para proclamar las fórmulas
Perón-Quijano y Tamborini-Mosca –candidatos de la Unión Democrática. Teniendo
en ambas ocasiones como casual interlocutor al teniente coronel Gregorio Pomar,
antiguo camarada de lucha devenido aguerrido antiperonista, Jauretche “puso el ojo”
al ras del suelo y vaticinó la resolución de esa pulseada, contrastando el componente
juvenil de la primera con el “mitin de ‘viudos tristes’” que semejaba la segunda:
“Ésa era la sensación que daba la proclamación de la Unión Democrática. Esa gente
se había parado en el tiempo. No comprendía que el país daba un salto adelante; eso
lo comprendían los jóvenes. Los jóvenes, excluidos los estudiantes, que –creyendo
estar mucho más adelantados– también estaban parados en el tiempo” (1973).

Darwin Passaponti y las consecuencias políticas de la “estética antipopular”


Para finalizar, querríamos evocar la memoria de Darwin Ángel Passaponti.
“Mezcla milagrosa” de padre santafecino anarquista, escritor y polemista, y madre
entrerriana fervientemente católica, nació en Santa Fe en noviembre de 1927 y se
mudó con su familia a Buenos Aires cuando tenía seis años. La escasa información
disponible nos dice que el 17 de octubre del 45 se sumó como delegado de la Unión

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

Nacionalista de Estudiantes Secundarios al torrente que fluía exigiendo la libertad


del líder. Esa noche, cuando la manifestación se disgregaba, marchó con su columna
hacia la redacción del diario Crítica, en Avenida de Mayo, ya que desde sus páginas
habían difamado a Perón el día anterior. Los jóvenes apedrearon los vidrios del
edificio y desde la terraza comenzaron a disparar. En algún momento impreciso,
durante las primeras horas de la madrugada del jueves 18, Darwin recibió un disparo
en la cabeza y quedó tendido en la calle. Fue trasladado al Hospital Durand junto
con otros heridos, pero ya era tarde: el antiperonismo hacía su bautismo de fuego
cobrándose la vida de un joven de diecisiete años. Podemos suponer con cierto
grado de certeza que, lejos de percibir la multiplicidad en la unidad, el asesino hizo
fuego al tumulto guarecido en la distancia que le daba su posición de “superioridad”.
Así, sesgó la vida de Darwin Passaponti, impunemente, asomado a una terraza.

Bibliografía
Augé M (1993): Los no lugares. Espacios del anonimato. Barcelona, Gedisa.
Barei S (2008): “El otro en clave retórica”. En Pensar la cultura III. Retóricas de la
alteridad. Córdoba, Grupos de Estudios de Retórica.
Baschetti R (sf): Militantes del peronismo revolucionario uno por uno. Darwin
Ángel Passaponti. [Link]
Chávez F (1996): La jornada del 17 de octubre por 45 autores. Buenos Aires,
Corregidor.
Hernández PJ (1997): Peronismo y pensamiento nacional, 1955-1973. Buenos
Aires, Biblos.
Instituto Nacional Juan Domingo Perón (2015): Darwin Passaponti, el primer
mártir del peronismo. [Link]/2015/02/darwin-passaponti-el-primer-
martir-del-peronismo.
Jauretche A (1973): “Reflexiones sobre la victoria”. Cuestionario, Año 1, 3.
Jauretche A (2010): Los profetas del odio y la Yapa. Buenos Aires, Corregidor.
Korn G, compilador (2007): El peronismo clásico (1945-1955). Descamisados,
gorilas y contreras. Buenos Aires: Fundación Crónica General.
Scalabrini Ortiz R (1973): Tierra sin nada, tierra de profetas. Buenos Aires, Plus
Ultra.
Sebreli JJ (1956): “Aventura y revolución peronista”. Contorno, 7-8.
Torres Roggero J (2014): Un santo populista. Córdoba, Babel.

Juan Ezequiel Rogna es doctor en Letras (UNC), profesor asistente de Literatura


Argentina II de la Facultad de Filosofía y Humanidades (UNC).

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

EL 17 DE OCTUBRE DE 1945 CONTADO


POR SUS PROTAGONISTAS

Norberto Zingoni

“Luego de algunas deliberaciones decidimos ir primero a Lomas de Zamora y


luego a Plaza de Mayo. En la plaza de Lomas de Zamora ya había mucha gente, es
que allí se estaba realizando un acto de apoyo al coronel. Ahí me dijo mi cuñado que
podía traer ‘un camioncito’ con parlantes. Al rato vino con un amigo, Benedicto
Zapienza, comerciante de Lomas, en un camioncito rojo con dos parlantes y decidió
ir con nosotros a Plaza de Mayo, sentándome a su lado. Nos pusimos en marcha
hacia la plaza, con el camioncito delante, hablando nosotros por los parlantes y la
gente en columnas detrás. Cuando llegamos al Riachuelo el puente estaba levantado.
Nos acercamos con el camioncito hasta la orilla arengando a la policía que estaba en
la otra orilla. No recuerdo qué palabras usamos, lo cierto es que al rato el puente se
baja y pudimos pasar [lo que ignoraba Cardellini es que la policía de la provincia de
Buenos Aires también era adicta a Perón y se sumaba]. Llegamos a la plaza y
estacionamos el camioncito en Balcarce y Victoria [hoy Hipólito Irigoyen] junto a la
vereda de la plaza. Empezamos a arengar a la gente que estaba reuniéndose,
pidiendo la libertad de Perón. Alrededor de las 17:30, el doctor Colom [director del
diario Época, único periódico favorable a Perón de todo Buenos Aires] desde
nuestro micrófono del camioncito dijo que el coronel Perón estaría a las 19:30 y
aprovechó para firmar autógrafos en servilletitas de papel. A las 18:30 comenzó a
llegar mucha gente a Plaza de Mayo, porque se habían enterado por radio de los
hechos que ocurrían” (testimonio de Ernesto Cardellini en el libro de Pedro
Michelini: El 17 de octubre, testimonios y protagonistas).
La cronología de esos días frenéticos de octubre es la siguiente.
6 de octubre: los mandos militares opuestos a Perón cuestionan la
designación de Oscar Nicolini, director de Correos y Telégrafos. Nicolini, un amigo
de la familia Duarte y secretario del coronel Imbert, había sido propuesto por Evita
para el cargo. Perón propone su designación. Alguna oficialidad había sugerido a un
militar para el cargo y se sienten humillados por la designación de Nicolini.
Protestan ante el general Eduardo Avalos, jefe de la guarnición de Campo de Mayo.
Avalos presiona a Perón, pero éste se mantiene firme, “cansado de la interferencia
de la guarnición”. Evita participa en la reunión. Tiene una animadversión que no
disimula hacia Avalos, que es recíproca. John Barnes, en Evita, la biografía, relata
los enfrentamientos de Eva con Avalos y en especial con la Marina. Insiste en que
no se deje amedrentar. Lo que está en juego en realidad es el incipiente liderazgo de
Perón entre la oficialidad joven y los trabajadores y las trabajadoras.
8 de octubre: ese día –cumpleaños de Perón– se reúnen en el Ministerio de
Guerra el general Avalos, acompañado por un grupo de oficiales de Campo de
Mayo, y Perón, acompañado a su vez por unos cuarenta seguidores –oficiales de
Ejército y sindicalistas. Allí Avalos presiona por la destitución de Nicolini, y Perón
sostiene que es un buen funcionario con años de antigüedad en el Correo. Perón
desaira a Avalos y pide un voto de confianza del grupo. Obtenido el voto de
confianza, se retiran Avalos y sus seguidores, y se plantean marchar sobre la Casa
Rosada esa misma noche. El objetivo ya no era destituir a Nicolini: ahora el objetivo
era Perón.

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

9 de octubre: la oficialidad opositora dispuesta a accionar con tropas contra


Perón solicita autorización de Avalos, quien se opone. Otros oficiales jóvenes que
apoyan a Perón se reúnen con él en su departamento –seguramente convocados por
Eva– y hasta se llega a hablar de un ataque con aviones y tropas contra Campo de
Mayo. Perón, igual que Avalos en el campo contrario, se niega a “cualquier
derramamiento de sangre”. Evita estaba presente en esta reunión Lucero-Perón.
10 de octubre: el presidente Farrell se reúne en Campo de Mayo con Avalos
y un centenar de oficiales, quienes por aclamación deciden la renuncia de Perón a
sus cargos de vicepresidente, ministro de Guerra y secretario de Trabajo y Previsión.
Lucero visita a Farell y le pide autorización para reprimir Campo de Mayo, que en
forma indirecta también estaba atentando contra el gobierno de Farell. Éste se niega.
Perón sabe que en un aeropuerto de las inmediaciones Lucero y otros oficiales leales
tenían 24 bombarderos con su carga lista y dispuestos a atacar la guarnición de
Campo de Mayo. Como ministro de Guerra y con semejante apoyo de tropas leales,
Perón podría haber sofocado la revuelta de Avalos y los suyos. Pero no quiere –
apuntar este hecho, ya que es muy similar al golpe del 16 de setiembre de 1955.
11 de octubre: exigen la renuncia de Perón a la vicepresidencia, al Ministerio
de Guerra y a la Secretaría de Trabajo y Previsión. Éste la redacta en un pedazo de
papel de puño y letra: “Esto para que vean que no me ha temblado la mano”, les
dice. Avalos informa a los oficiales reunidos, quienes festejan la renuncia. Perón
pide al presidente Farell un “último favor”: solicita permiso para despedirse del
personal de la Secretaría de Trabajo. Los gremialistas amigos, sumados a Mercante
y Evita, movilizan frente a la Secretaría para “despedir” a Perón. La realidad es que
ya empezaba la movilización que culminaría el 17. Ya hay carteles de “Perón
presidente” en una improvisada tarima para que hable Perón. Se habían reunido
alrededor de 30.000 obreros, obreras y simpatizantes. El discurso de Perón a los
trabajadores y las trabajadoras se transmite por la Radio del Estado, con
retransmisión en cadena con la red de radiodifusión de todo el país por imposición
de Eva a Nicolini, quien tenía jurisdicción sobre las radios. Eva le había advertido a
Nicolini, ácidamente: “escuchá bien y hacé lo que te digo, posiblemente sea lo
último que hagas como funcionario antes de que te despidan”, y le pide que
retransmita el mensaje que ella, Mercante y los dirigentes sindicales sabían que
Perón iba a pronunciar. Antes, el jefe de Policía adicto a ellos –y que también tenía
los días contados como funcionario– siguiendo instrucciones de Eva cierra los
diarios vespertinos, alegando que habían informado sobre movimientos de tropas
cuando estaba vigente el estado de sitio. Por tanto, lo único que se podía saber era a
través de la radio. Ahí aparece el vozarrón de Perón: “En esta obra para mí sagrada
me pongo al servicio del pueblo… Y si algún día, para despertar esa fe, ello es
necesario, me incorporaré a un sindicato y lucharé desde abajo. Hay que tener fe en
esa lucha y en ese futuro. Venceremos en un año, o venceremos en diez, pero
venceremos”, les dice a las obreras y los obreros presentes, enardecidos, y a otros
miles que lo escuchaban por radio.
12 de octubre: Avalos es nombrado ministro de Guerra en reemplazo de
Perón y nomina como ministro de Marina al almirante Vernengo Lima, acérrimo
enemigo de Perón. Este personaje –al igual que lo hará diez años más tarde otro
almirante de triste memoria, Isaac Rojas– propondrá luego balear a la multitud del
17 de octubre “para desocupar la plaza de Mayo”.
Sábado 13: detienen a la mañana temprano a Perón y lo llevan a Martín
García. Hay distintas versiones: unas dicen que lo detienen en una isla de Tigre y

151
[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

otras en su departamento de la calle Posadas. Perón no quería ser detenido y


entregado a la Marina, ya que había riesgo serio de que lo mataran. Sobre este
peligro existen versiones que distintos historiadores o testigos dan por ciertas. Es
más, parece que se salvó de milagro en dos oportunidades. Por esa aversión a la
Marina, Perón es acompañado por Mercante al puerto, donde lo embarcarían en una
cañonera rumbo a la isla Martín García. Solicita a sus acompañantes, en especial a
Mercante, que “cuiden a Eva”. Esto es importante ya que –como vimos– hay
versiones que descreen de la participación de Eva en estos hechos de octubre. Había
peligro cierto para la vida de Perón y Eva. Incluso hay una historia –aceptada por los
historiadores José María Rosa y Vicente Sierra– que afirma que Evita habría sido
agredida en la Avenida Las Heras cuando descendía de un taxi: le deformaron la
cara. El libro de Michelini relata una anécdota que se repetirá luego en la larga
historia del peronismo: la excelente relación de Perón con la suboficialidad de las
Fuerzas Armadas: “Cuando Perón se trasladó de la cañonera a la lancha, la
tripulación de la cañonera que estaba formada en cubierta con la mano baja al
costado de las piernas, lo saludaba, moviendo las manos con todo disimulo; Perón
les respondía con un saludo mano en alto. Al ver la reciprocidad del saludo, el
comandante de la isla hace entrar a Perón a la cabina de la lancha”.
Perón recibe en la isla la visita del capitán médico Miguel Mazza, que se
repite el día domingo 14, para una revisión médica. Perón alega que tuvo –o tiene–
una pleuresía y que el clima húmedo de la isla lo pondría en riesgo. El capitán
médico, adherente al grupo de Perón, exhibe unas radiografías falsas e informa al
general Avalos de la necesidad de trasladar a Perón al Hospital Militar, lo que
ordena el lunes. El propio capitán Mazza trae, secretamente, dos cartas de Perón
fechadas ese 13 de octubre. Una dirigida a Eva y la otra a Mercante. La carta a Eva
abunda en referencias cariñosas y en la idea de “casarnos y mandarnos a mudar”. La
reiterada advertencia a Eva es que se cuide. La que es interesante de releer es la que
está dirigida a Mercante, ya que entre líneas pueden leerse instrucciones de
movilizar a los dirigentes sindicales: “Desde que me encanaron no hago si no pensar
en lo que puede producirse si los obreros se proponen parar, en contra de lo que les
pedí”. Es muy extraña esta reflexión de Perón, más bien parece una directiva que se
corresponde con el mensaje a los empleados y las empleadas de la Secretaría de
Trabajo, cuando se despide, de defender los derechos sociales ya adquiridos, y es
coherente con la ultraactividad de Mercante –a quien Avalos hace detener casi
inmediatamente luego de la detención de Perón– y de los dirigentes sindicales
adictos. “Le he escrito al General Farell pidiéndole que me acelere al plazo mínimo
el retiro del Ejército que solicité y le ruego que usted me haga la gauchada de
ocuparse de ello a fin de terminar de una vez con eso”. ¡El retiro del Ejército! Dejar
nada menos que treinta y cinco años de pertenencia al Ejército. La decisión con la
que le pide a Mercante que se ocupe de su retiro no deja dudas: Perón ya estaba
decidido a asumir en exclusividad su carrera política. Quizá todavía no imaginaba
cómo iba a reaccionar el otro actor del drama, el pueblo trabajador, pero su decisión
es previa –o al menos contemporánea– de lo que se avecinaba por decisión exclusiva
de sus protagonistas: el nacimiento de un liderazgo popular. La carta tiene también
una referencia interesante referida a su detención. “Ellos olvidan que soy un soldado
de verdad y que si no hubiera querido entregarme hubiera sido otro el procedimiento
que habría seguido. Con todo, estoy contento de no haber hecho matar un solo
hombre por mí y de haber evitado toda violencia”. En 1955 Perón repetirá el
argumento de evitar muertes por su culpa… lo cual es cierto en parte, ya que la

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

violencia desatada por la represión del golpe de 1955 se llevó por delante cualquier
previsión de no violencia que hiciera Perón en tal sentido. Por último, la carta
contiene una curiosa referencia a algo que no había nacido todavía, o al menos
estaba en ciernes: el peronismo: “Salude a todos los amigos y en especial al
‘peronismo’”, dice Perón (Félix Luna, El 45).
Lunes 15: Hospital Militar: basado en el diagnóstico del capitán Mazza se
ordena por Avalos la internación de Perón en el Hospital Militar, a lo cual se opone
el almirante Vernengo Lima. El traslado desde Martín García se hace el martes 16.
Martes 16: se propagan entre los trabajadores y las trabajadoras tres noticias:
a) Perón está preso y en peligro; b) no se sabe dónde lo tienen preso; c) hay que
rescatarlo. ¿Cómo se transmitió esta inquietud, cómo se difuminó este temor
fundado de los trabajadores y las trabajadoras de que el grupo dominante anti Perón
terminaría con sus conquistas laborales? Presumiblemente, la información previa a
la movilización circuló por los siguientes conductos:
• por Eva Perón en sus contactos con la joven oficialidad del Ejército que recibía
en su casa de la calle Posadas, y en sus arengas-pedido-orden a los dirigentes
sindicales que había conocido a través de Perón en su accionar desde la
Secretaría de Trabajo y Previsión;
• por el coronel Mercante: su amigo, su compañero de la primera hora, incansable
ladero; tanto fue el activismo de Mercante soliviantando a los dirigentes
sindicales –a los cuales conocía tanto o mejor que Perón, ya que su padre y su
hermano eran sindicalistas– que la cúpula militar ordena su detención en Campo
de Mayo;
• por los dirigentes de los sindicatos y de las fábricas: Borlenghi, Bramuglia y
Cipriano Reyes –que era segundo y en cierta medida opositor al titular del
gremio de la carne, Peters– y que fue quien movilizó a los obreros de la carne
por esos días. Cipriano Reyes tiene un papel importante pero no decisivo en la
movilización. Moviliza, eso es cierto, a los obreros de la carne. ¿Y los obreros de
los otros gremios? ¿Qué tiene que ver Cipriano Reyes con toda esa otra
movilización que relata el excelente libro de Michelini, entre otros?
• por dirigentes políticos y gente común que se iba sumando al incipiente
movimiento peronista: “Ese día (el 17 de octubre), con la información que se
manejaba en todos los sindicatos, en las fábricas, la ciudad era un hervidero y de
las vecinas localidades de Ensenada y Berisso llegaban los comentarios de los
activistas que había que rescatar al coronel Perón, preso en Martín García y
obligado a hacer abandono de sus funciones en el gobierno nacional”. Este es el
testimonio del jurista Norberto Blanco que ya adhería al naciente peronismo.
Hay algunos testimonios que será muy importante conservar para futuras
investigaciones: “La Comisión Intersindical fue el nervio y motor de la movilización
general gestada a partir del sábado 13 de octubre, la que tenía la misión, además, de
operar conjuntamente con los distintos comités de huelga constituidos en esos días”,
cuenta el historiador y político René Orsi. Relata cómo se fueron sumando muchos
dirigentes sindicales a la movilización: “Panelli y Cantú, María Roldán, del gremio
de la carne, Ernesto Clave, telefónico, Manuel Bianchi, petrolero, Cipriano Reyes y
algunos más de los Comités de Huelga de la destilería de YPF de Ensenada”.
José María Rosa relata el testimonio de Ángel Perelman:
–En Avellaneda y Lanús la gente se está viniendo para el centro.
–¿Cómo es eso?

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

–No sabemos quién lanzó la consigna, pero están marchando desde hace unas
horas hacia Buenos Aires.
–¡Pero si la CGT resolvió anoche que la huelga fuera para mañana! ¿Qué es
esa marcha?
–La cosa viene sola. Algunas fábricas que estaban trabajando han debido
parar, los hombres en vez de irse a sus casas enfilan a la Plaza de Mayo. ¿Ustedes
saben algo?
El propio Perelman (Cómo hicimos el 17 de octubre) relata la misma historia,
pero agrega al diálogo antes citado la respuesta de los compañeros que lo iban a ver:
“Lo único que sabemos es que Evita está en un auto recorriendo los barrios y
difundiendo la orden del paro general”.
Miércoles 17 de octubre. Hace su aparición el último actor del drama. El más
importante, el sujeto de toda historia popular: el Pueblo.
Abelardo Ramos: “Había, sin embargo, más allá de todos los grandes
personajes de esta historia, de todos los almirantes, generales, próceres o cuasi
próceres, antiguos embajadores y diputados de la Argentina oficial, otro actor del
bullente proceso. Nadie lo conocía aún. Carecía de antecedentes y de domicilio
preciso. No tenía nombre y su aspecto estaba lejos de ser presentable en una reunión
de importancia. Pero este actor era el más importante del drama. Venía de abajo y su
marcha era irresistible. Faltaban pocos días para conocerlo. Si había demorado en
aparecer, lo cierto es que nadie pudo desde entonces olvidarlo jamás” (La era del
peronismo).
Scalabrini Ortiz: “Era el subsuelo de la patria sublevado. Era el cimiento
básico de la nación que asomaba, como asoman las épocas pretéritas de la tierra en
la conmoción del terremoto. Era el substracto de nuestra idiosincrasia y de nuestra
primordialidad sin recatos. Era el de nadie y el sin nada en una multiplicidad casi
infinita de gamas y matices humanos aglutinados por el mismo estremecimiento y el
mismo impulso, sostenidos por una misma verdad que una sola palabra traducía:
Perón” (Irigoyen y Perón).
Leopoldo Marechal: “De pronto me llegó desde el oeste un rumor como de
multitudes que avanzaba por la calle Rivadavia: el rumor fue creciendo y
agigantándose, hasta que reconocí primero la música de una canción popular y en
seguida su letra: ‘Yo te daré / te daré, Patria Hermosa / te daré una cosa, / una cosa
que empieza con P / Peróooon’. Y aquel ‘Perón’ retumbaba periódicamente como un
cañonazo… Me vestí apresuradamente, bajé a la calle y me uní a la multitud que
avanzaba rumbo a la Plaza de Mayo. Vi, reconocí y amé los miles de rostros que la
integraban; no había rencor en ellos, sino la alegría de salir a la visibilidad en
reclamo de su líder… Desde aquellas horas me hice peronista”.
Ese día histórico se forjó la alianza indestructible entre Perón y el pueblo
trabajador.

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

OCTUBRE: VOLVER A LOS 17

Humberto Rava

El 17 de octubre de 1945: la lealtad popular en marcha


Transcurrieron 75 años de un suceso argentino de carácter fundacional por
definición, al quedar revelada allí la existencia de una identidad nacional única e
intransferible. Fruto espontáneo, hecho concreto, innegable, indiscutido, transgresor,
aún se lo persigue como una utopía y se declaman e intentan reediciones, aunque
ellas tendrán siempre el “defecto de origen”, porque –ya lo sabemos– sólo se nace
una vez.
Sujeto y objeto de una historia que tiene tras de sí ríos de tinta que
suscribieron en su momento prestigiosos historiadores, sociólogos y autores de toda
laya, donde nunca faltaron los ensayos bien o mal intencionados. Por eso, el sentido
de este texto debe quedar claro: no se trata de la nostalgia de días mejores, sino del
permanente ejercicio de la memoria que permita una reflexión militante que ayude a
pensar en políticas que aporten a la lucha popular, a la que seguimos manteniendo
puntual lealtad como parte de un compromiso que el peronismo allá lejos y en aquel
entonces forjó en nuestras mentes y corazones: la felicidad del pueblo y la grandeza
de la Nación.
Extraña ventura la del 17 de octubre. Los trabajadores y las trabajadoras se
reconocieron en Perón como representación de sus reivindicaciones y como fruto del
diálogo mantenido desde antes, a través de la Secretaría de Trabajo y Previsión.
Dieron aquel inolvidable día una lección indeleble a las fuerzas del antiguo orden y
se expresó, magnífica, la gigantesca voluntad política de los trabajadores y las
trabajadoras en su toma de conciencia histórica. El pueblo se dio un Estado que
cobró cuerpo, para dar lugar a la potencialidad del país en sus más diversas formas,
comunicaciones, cultura, energía, salud, vivienda, trabajo, educación. Se conformó
una alianza indestructible que perduró sin fisuras hasta la muerte del General,
vínculo que se expresó en toda su magnitud en aquellas inolvidables palabras del 12
de junio de 1974, cuando dijo “llevo en mis oídos la más maravillosa música que
para mí es la voz del pueblo argentino”. La fuerza política que conducía Perón
promovió en la segunda mitad del siglo XX una movilización similar a la de los
países desarrollados y, por cierto, generó el período más extenso de crecimiento
económico con pleno empleo que registra la historia, introduciendo el modelo
industrial con redistribución del ingreso y participación política y social,
caracterizado por dos aspectos básicos: la concepción del desarrollo industrial
nacional y autónomo; el surgimiento de la mano de obra industrial como factor
determinante del poder.
Hoy vivimos un tiempo nuevo y profundamente crítico, luego de la
desastrosa experiencia del reaccionario gobierno macrista y una pandemia mundial
que la agrava. Necesitamos otras guías para enfrentar los desafíos de la hora, nuevos
instrumentos para el debate político-ideológico en torno al proyecto de Nación, de
carácter amplio, participativo y no excluyente, capaces de fortalecer y actualizar las
líneas de unidad de todos los sectores políticos y sociales que conformaron una
alianza electoral exitosa. Si es verdad que una de las acciones más nefastas –aunque
no la más visible– del neoliberalismo fue el debilitamiento de la identidad cultural,
será entonces fundamental recuperar la esencia de Nación. Por ello inexorablemente

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

aparece el 17 de octubre de 1945 como fecha clave, ya que fue el momento en que el
hombre y la mujer argentinos, “con todos sus desvelos existenciales” cómo diría el
gran Scalabrini, se construyeron a sí mismos, se dieron formas y métodos de lucha y
subsistencia. El dato inexcusable de la realidad que no puede ya desmentir ni el
observador más reaccionario es que no hay cultura sin historia, ni proyecto que surja
de la nada. La estrategia de atomización cultural y ausencia de debate político
ideológico se agudizó con el paso de la langosta macrista.
Para nosotros los peronistas, la cultura no es el salón dorado del palacio, ni la
puerta lateral de la casa. Es el cimiento mismo de la casa de todos y todas, el lugar
de lo propio. Y más para las y los que de temprano nos alumbró el Peronismo, para
quienes fuimos marginados y cercenados por mantener la perspectiva “vergonzante”
de tener “esas ideas” en esos tiempos, esas palabras y gestos propios de la vigencia
del pensamiento nacional y popular. Así es como nos encontramos ante la disyuntiva
de los valores que tradicionalmente hemos asumido en la vida argentina y las
exigencias de la realidad que demanda respuestas a los cambios y transformaciones
que están a la vista. Un gran aporte del 17 se expresa en la simbología de esas horas,
el sacrificio, la lealtad, el patriotismo, la entrega, la militancia, las ideas y los
proyectos, todo al servicio de una gran mayoría social que comenzó a recuperar la
esperanza y la dignidad, como lo demostró en las elecciones de 2019. Al decir de
Marechal sobre el peronismo: “es como el otoño que, aún envuelto en hojas secas,
viene cargado de semillas”.
En este escenario nos preguntamos: ¿cuáles semillas, qué adecuaciones
necesitamos para conducir el movimiento nacional en la Argentina actual? Su
vigencia está clara como eje de reconstrucción de esa ancha vereda por donde
transita el pueblo en defensa de sus intereses y sus sueños postergados. Hay por lo
menos tres cuestiones fundamentales a considerar en el momento oportuno: la mega
deuda tomada en tiempo récord, con su herencia de condicionalidades y miseria, que
debe ser investigada; la persecución política a la oposición, incluidas las prisiones
arbitrarias y la destrucción de las empresas de los “enemigos”, con la complicidad
delincuencial de una parte de la Justicia, que no sólo marca la necesidad de
reformarla, sino también de investigar y, en caso fehaciente, llevar a juicio a los y
las responsables de los atropellos; y la profundización de la grieta, de las fake news y
la conspiración permanente de “medios” que se revelan antidemocráticos, llevan a
reflotar y adecuar un instrumento discutido a lo largo y ancho del país, votado en las
cámaras y anulado por un decreto de Macri, como fue la Ley de Servicios de
Comunicación Audiovisual.
No estamos solos. Es necesario consolidar un mercado regional amplio, con
un contenido que trasciende lo económico y se instala en lo político: militar por la
integración de América Latina. La situación está en la encrucijada de las necesidades
económicas y los proyectos políticos del área, frente al avance del neoliberalismo en
la región que es profundo y desestabilizador. Esta inmensa empresa social, política,
moral y cultural necesita de todos y todas, con el único requisito del compromiso
consecuente con el proyecto nacional. Así y solo así, podremos abordar con éxito las
cuestiones estratégicas que marcan la etapa. Los y las peronistas tenemos que volver
a impulsar esos valores e ideales que forjan nuestra unidad y razón de ser. Es el
espíritu viviente de esa maravillosa gesta popular. Estamos de pie por otro 17.
Tenemos los orígenes, vamos a conquistar el futuro.

Humberto Rava fue secretario de Derechos Humanos de Tucumán (2010-2015).

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

SEMINARIO INTENSIVO: 17 DE OCTUBRE DE 1945, ENTRE


LA MEMORIA, LA HISTORIA Y EL ARCHIVO

De manera inmediata a los acontecimientos del 17 de octubre de 1945,


parteaguas de la historia argentina del siglo XX e hito fundacional del peronismo
como movimiento político, se generaron diversas interpretaciones, polémicas y
debates. Ese proceso fue analizado desde hace décadas por intelectuales de diverso
signo, condicionados por los contextos de producción y por sus opciones político-
ideológicas, abriendo un significativo abanico de aproximaciones que resulta
interesante relevar, presentar e interrogar desde nuestro tiempo. Crónicas, memorias,
testimonios personales, manifiestos, discursos, restos poéticos, cantos, consignas se
mezclan en los usos de la historia, la construcción de imágenes del pasado y en las
reconstrucciones que siguen realizándose sobre ese momento decisivo de la historia
política argentina.
Registros sonoros intervenidos… imágenes seleccionadas… repetición ritual
de ciertos registros fotográficos… invitan a reflexionar sobre los archivos
disponibles para nuevas lecturas y reconstrucciones. ¿Cómo llega a nosotros este
conjunto de materiales? ¿Cómo reconstruir las prácticas intelectuales asociadas a las
trayectorias y memorias de los autores? ¿Cuáles son las cuestiones que atraviesan la
historiografía actual? ¿A qué archivos recurrir para la reconstrucción? En este
seminario intensivo, quince investigadores dedicados a la reconstrucción del pasado
comparten sus trabajos en torno a las interpretaciones, autores y archivos
relacionados a los primeros pasos del peronismo. El ciclo se abre con unas
consideraciones de corte conceptual, para facilitar la comprensión del ejercicio y el
desarrollo propuesto. A continuación, se presentan diferentes autores, integrando
algunos rasgos biográficos y sus aproximaciones al fenómeno, recuperando los ejes
sustantivos de explicación de las diferentes lecturas, las polémicas y las
confrontaciones interpretativas y sus contextos de producción. Por último, se realiza
una aproximación, buscando dar claves de comprensión desde el uso de materiales
de archivo. De manera adicional, para ampliar la mirada sobre ese proceso, cada
entrega va acompañada de la presentación de una experiencia local en torno a ese
día, considerándose los casos de La Plata, Tucumán, Rosario y Mar del Plata.
La propuesta se estructura en torno a 15 video-clases que se desarrollan en el
campus virtual de FLACSO. Omar Acha presenta a Félix Luna; Javier Trímboli a
Tulio Halperin Donghi; María T. Bonet a Juan J. Hernández Arregui; Valeria Caruso
a Celia Durruty; Sergio Friedemann a Rodolfo Puiggrós; Horacio Tarcus a Milcíades
Peña; Darío Pulfer a Arturo Jauretche; Mariana Enríquez a Silvina Ocampo; y
Guillermo Korn a Horacio Velázquez. Para ilustrar casos locales, M. Mercedes Prol
trabaja Rosario, Nicolás Quiroga analiza Mar del Plata, Claudio Panella considera
La Plata y Leandro Lichtmajer presenta Tucumán. Por último, Cora Gamarnik
trabaja la fotografía con relación al 17 de octubre y María Sofía Vassallo se
concentra en el estudio del discurso-diálogo de Perón con la multitud de esa noche.
Estas clases se ponen a disposición en el campus virtual de FLACSO. Allí se
agregan recomendaciones bibliográficas. Se acompañan con espacios de consulta y
diálogo.
Esta iniciativa es complementaria al curso de Archivos en la era digital que se
desarrolla desde hace varios años en el área de Comunicación y Cultura a través del
Programas de Archivos Digitales.

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

Destinatarios y destinatarias
Investigadores e investigadoras en letras, humanidades y artes; editores y
editoras, escritores y escritoras, perfiles profesionales que trabajan en y con
archivos; docentes.

Coordinación
Patricia Ferrante y Darío Pulfer

Cursada
Modalidad virtual. Webinar. Video clases.
Inicio: 17 de octubre de 2020.
Duración: 4 semanas.
Las video clases se ponen a disposición semanalmente a partir de esa fecha.

Inscripción
Para inscribirse los alumnos deberán:
Completar el formulario de inscripción AQUÍ
Entregar copia o escaneo del DNI (ambos lados).
Abonar curso.
Arancel: Residentes en Argentina: $2.500. Residentes en el exterior: 100U$S.
Ver modalidades de pago en: [Link]/pagos.
Informes: Coordinadora técnica: Mariana Kopp
Consultas: archivosdigitales@[Link]
Tel.: +54 11 5238-9300 int. 401.
Tucumán 1966 (C1050AAN). Ciudad Autónoma de Buenos Aires.

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

PROTECTOR DE LOS PUEBLOS LIBRES

Relato histórico de María del Carmen Barcia

José Gervasio31 escuchaba, como entre sueños, que alguien lo llamaba:


¡Caraí Marangatú! ¡Caraí Marangatú!32 Se despertó sobresaltado. Estaba postrado
en la cama, empapado en sudor. Hacía días que la fiebre no le daba tregua. Su piel,
que ya sabía de más de ocho décadas, tenía tatuadas marcas de los combates. Tocó
su cicatriz en el muslo, que cada tanto molestaba, recuerdo de la Batalla de las
Piedras, donde luchara contra los realistas, a quienes despojó de las tierras y el
ganado, distribuyéndolos entre los paisanos. Tratando de evocar el momento, las
imágenes se confundían en su memoria, se condensaban y se desplazaban como en
un sueño. Evocó la emigración –“redota”,33 como era llamada popularmente–
hacia el campamento de Ayuí, en Entre Ríos, donde el pueblo oriental lo siguiera
luego del sitio de Montevideo. Recuerda las carretas con familias enteras que lo
acompañaron cruzando el Uruguay. ¡Qué suerte la suya! ¡Él, que había participado
de la reconquista de Buenos Aires cuando fue invadida por los ingleses!
Cinco años más tarde, cuando la Reconquista era historia, Montevideo estaba
gobernada por el español Javier de Elío, a quien habían nombrado virrey del Río de
la Plata. José Gervasio llevaba tatuado a fuego el ideal libertario. Como el otro José,
el correntino San Martín, creía imperioso romper el yugo que los realistas habían
impuesto en tierras americanas. Cerró los ojos para ver mejor la imagen que se
escapaba de su memoria. De Elío, lleno de soberbia por su nuevo cargo, había
declarado la guerra a la Junta patriota que desde 1810 había sido elegida por el
pueblo. Recostado en la cama, sacudió la pierna que se le acalambraba con
frecuencia, hasta que sintió que la rigidez cesaba. ¿Qué había pasado? Se veía
entrando con su uniforme de capitán ante el gobierno porteño, saliendo con el
grado de teniente coronel, y con el objetivo de iniciar el levantamiento de la Banda
Oriental. La empresa le parecía suicida: sólo había conseguido ciento cincuenta
milicianos y doscientos pesos para llevarla a cabo.
Pero él tenía agallas. Conocía el terreno como nadie y su gente confiaba
ciegamente en su valor. En febrero –ya corría 1811– en Asencio comenzaba el
clamor del pueblo oriental, sublevado contra el virrey, dispuesto a ponerse a sus
órdenes. Duro pero sensible, le emocionaba la fidelidad de sus gauchos. Cuando el
calor ya había amainado –no recordaba bien si era mayo– venció a los realistas en la
batalla de Las Piedras y sitió Montevideo.
La traición. Siempre la traición persiguiéndole en las sombras. El Primer
Triunvirato había firmado un armisticio con Javier de Elío, descolocando a los
milicianos y a sí mismo. ¿Todo eso había pasado?
El atardecer se abría paso entre los cortinados austeros de la finca paraguaya.
Un tajý34 blanco daba sombra a la galería. Más allá se erguía un guatambú añoso de
donde pendía una hamaca de fibra de coco, que ya le era imposible usar.

31
Este relato histórico obtuvo un primer premio en los Concursos Nacionales de UPCN hace
cinco años. Fue presentado con el seudónimo Tojunto.
32
“Padre de los pobres”, en guaraní.
33
Deformación de “derrota”.
34
Lapacho blanco.

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[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

José Gervasio tuvo un pensamiento que sembró de tristeza su rostro


arrugado: como ráfagas, pasaban por su memoria el rostro de Rafaela, enloquecida
de dolor tras la muerte de las dos niñas, Francisca y Petronila, a meses de nacer.
Trató de componer el momento: él se había retirado del servicio activo del
Regimiento de Blandengues porque su salud flaqueaba. Para ese tiempo se casó con
su prima, de los Villagrán. Había sido feliz. José María, el varón, era un mozo
saludable que, con el tiempo, había aprendido a montar tan bien como él.
Mucho antes de eso, contrajo matrimonio con Isabel Sánchez, cuando aún se
dedicaba a las tareas del campo y vendía cueros a los exportadores de Montevideo.
Con ella tuvo a su primogénito, Manuel. Como él, también se había dedicado a las
armas. Después llegaron tres niñas. Casi quince años pasó con Isabel, que ya había
estado casada anteriormente. Se preguntó qué sería de sus vidas. ¡Cuánto tiempo
había pasado!
Cerró los ojos nuevamente. Las horas se deslizaban con lentitud.
Nuevamente se ve conduciendo a los suyos a Entre Ríos. Cada vez se sumaban más
paisanos a los milicianos, lo que dificultaba la marcha. Llegaron a ser cerca de
quince mil personas, a quienes de Elío había dejado en la ruina. Veía, como en una
bruma, cuando su segundo le avisó que los portugueses, respondiendo al pedido del
virrey, ya estaban llegando al norte de la Banda Oriental. José Gervasio y sus
hombres estaban dispuestos a luchar.
Un aleteo lo sacó del ensimismamiento. Abrió los ojos. Una araca 35 entró en
el cuarto, persiguiendo un insecto que volaba desesperado intentando salvarse de la
amenaza de su pico. Pensó qué parecido era el destino de todo animal: desde un
insecto hasta el hombre, siempre alguien era perseguido por otro. Era la historia del
poder, que se hacía presente interrumpiendo sus cavilaciones.
Evocó la traición. El Primer Triunvirato, rendido ante el virrey de Elío, había
enviado a Sarratea a deponerlo. Conocía a Manuel, que no tuvo escrúpulos en
reemplazarlo en el mando de las tropas orientales. ¡Qué humillado se había sentido!
Sobre todo, porque tuvo que sofocar una rebelión de su gente, que no aceptaba otro
jefe. Recién al caer el Triunvirato, cuando el año doce estaba acabando, el
reemplazante de Manuel de Sarratea, Rondeau, le reintegró el mando.
Volvió a pensar en San Martín. Supo que alguna vez le había escrito una
carta, que nunca recibió. ¿Quién lo había evitado? Recordaba vagamente que años
después del Congreso de Tucumán de 1816, el Libertador había intentado que
ambos unieran sus fuerzas. Fue cuando el Congreso daba muestras de querer
priorizar el disciplinamiento de las provincias que apoyaban a Artigas, desplazando
la estrategia contra los españoles hacia lo que consideraban un frente interno de
lucha. Le habían contado que San Martín, desoyendo esas órdenes, se había
dirigido con sus tropas primero a Mendoza, y luego a Chile. Supo también que
ambos compartían la visión estratégica sobre liberar a los pueblos americanos del
yugo realista.
Una brisa cálida entraba al cuarto donde José Gervasio yacía en su
camastro. Quiso girar, y esta vez el dolor no fue en el muslo. Tenía la sensación de
que tenazas calientes le comprimían los músculos de su hombro izquierdo –secuela
de un sablazo– invalidándole el movimiento, según cuál fuera la posición en que se
apoyara.

35
Guacamayo, en guaraní.

160
[Link] Revista Movimiento – N° 26 – Octubre 2020

Mbyja36 entró al cuarto con una jarra de tereré. Le agradeció con un gesto.
Sus manos curtidas, su cuerpo enfermo, su rostro adusto, apenas daban muestras de
alguna emoción. Sólo la mirada y una leve sonrisa expresaban su agradecimiento a
la joven guaraní, que lo trataba con devoción. Sorbió la bebida lentamente. Con cada
trago, sus pensamientos se acomodaban de otra forma. Recordó cuando –en el Sitio
de Montevideo– un charrúa joven que lo acompañaba, Evaristo, casi se ahoga en el
río. Lo sacaron medio ahogado. Le había contado que, a medida que tragaba agua,
su mente parecía una máquina que pasaba imágenes hacia atrás a velocidades tan
rápidas que no podía anclar en ninguna. Él sentía algo parecido, sólo que la
cronología de las suyas se mezclaba: se superponían hechos, colores. Lo único que
quedaba intacto era la vivencia, que revivía una y otra vez, cuando la memoria no le
jugaba una mala pasada. Cerca de cincuenta años atrás alguien le había regalado un
cuadro que Rafaela había colgado en una pared del comedor de la casa familiar.
Debajo de la pintura aparecía otra en el lienzo, como si el autor hubiera realizado
una anterior, tapándola después. Supo que era un pentimento. Supo, también, que a
veces las imágenes se superponían sin una razón: tenía que rascar la que aparecía en
su mente para que aflorara la otra, la verdadera, la que permanecía latente. ¡Qué loca
la mente! Por momentos era consciente que sus olvidos no eran tales, sino dolores
que negaba para no sufrir. Le había pasado con las mellizas.
Recordó su nacimiento. Ambas habían tenido la salud delicada. El embarazo
de Rafaela había sido de cuidado. Ella, que era su prima, padeció de fiebre
puerperal que precipitó un cuadro de alucinaciones y manías persecutorias,
muriendo de locura en Montevideo, mientras él estaba lejos, junto a su tropa. Un
asomo de culpa tiñó su rostro. Nunca había podido sustentar la vida de su mujer y
sus hijos. Incluso había solicitado al Cabildo de Montevideo ayuda para su familia,
que recibió una pensión de cien pesos, una vivienda y educación para su hijo.
También evocó que cuando José María supo de su destierro, lo visitó en Paraguay,
rogándole que volviera. Nunca lo consiguió. Un dolor lacerante lo quebró cuando se
enteró que su hijo había muerto en Montevideo en 1847, un año después de su visita.
Una lagartija se desliza en el techo del cuarto. De pronto se detiene. Artigas
trata de adivinar adónde se dirigirá. Hace un juego mental: le parece estar
haciendo un despliegue de estrategia militar. Si va hacia la derecha, se dice, la
salida es la ventana. En cambio, a la izquierda, la puerta pareciera más tentadora
para una rápida huida.
Las sombras entran lentamente, envolviendo la austeridad del cuarto. Además
del camastro, una cómoda de madera oscura guarda sus pocas pertenencias: su
último uniforme militar, sus botas, chiripás, camisas, ponchos, alpargatas, sus
documentos, cartas, mapas… Piensa en el destino de su patria. Piensa en el destino
del sur. Piensa, piensa, piensa.
El Campamento de Purificación había sido el cuartel general de Artigas.
Desde allí planificaba las operaciones militares. Estaba ubicado al norte de
Paysandú, casi donde el arroyo Hervidero desaguaba en el río Uruguay. Su nombre
se debía a que los díscolos permanecían internados hasta que se rehabilitaran y
gozaran nuevamente de la confianza de sus superiores, o sea: hasta que “se
purificaran”. Alrededor del campamento, en 1815 se fue estableciendo un caserío,
donde vivían los civiles en toldos o ranchos de paja y barro. Entre éstos y el
campamento de Purificación había un espacio formado por fosos de la altura de un

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Estrella, en guaraní.

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hombre. Cinco baterías de artillería eran su defensa. Los internados detenidos se


dedicaban a la producción, ya fueran tareas rurales o fabricación de sebo,
manufactura en asta, crin o maderas que se vendían en Montevideo.
Ese mismo año, José Gervasio se casa nuevamente con una joven lancera
paraguaya, Melchora Cuenca, luego que su matrimonio con Rafaela se declarara
nulo a raíz de la demencia de la mujer. Con ella tuvo dos hijos: Santiago y María. La
relación entre ambos nunca fue muy buena. Si bien ella era paraguaya, se habían
conocido en territorios del Río de la Plata, dado que el padre de Melchora era quien
llevaba a Artigas víveres provenientes de Paraguay. Había quedado deslumbrado por
su juventud y pensaba que tal vez podría terminar su vida con ella.
Gervasio observa a Santiago atentamente. Lo mide. Lo estudia. Sabe que –
como sus otros hijos varones– aprenderá a montar diestramente, tarea para la que
su paciencia no tiene límites. Con la niña no tiene grandes demostraciones de
afecto. Piensa cuál ha sido su destino con el otro sexo. Recuerda a su mamá,
Francisca, a quien su padre, Martín José, llamaba “mi señora”. En los tiempos de
su infancia era poco el contacto que tenía con ella. La recordaba silenciosa,
haciendo ganchillo o cocinando. Sin embargo, la cercanía con su padre y su abuelo
paterno, José Antonio, habían forjado su amor por las tareas de campo. Su abuelo
había sido uno de los fundadores de Montevideo, de él había aprendido a arrear
ganado, marcarlo y montar a caballo. Recuerda a dos nativos charrúas que le
enseñaron a enlazar y usar las boleadoras.
Desde chico, el contacto con los indios formaba parte de su cotidianidad, y
las relaciones que establecía con ellos era de total paridad. En Purificación, el
tratamiento que tenía con la soldadesca era también simétrico. Despertaba devoción
entre los suyos y la familiaridad con que lo trataban hablaba de códigos
compartidos. Toda vez que alguien tenía la misión de contactarlo, se sorprendía del
trato que le dispensaba su tropa: era de camaradería, fraternal y afectuoso. No
faltaban las bromas subidas de tono. Nadie habría podido decir que se encontraba
frente a un caudillo militar, pero el respeto y la confianza que había despertado en
sus subordinados corrían paralelos a la falta de formalidad con que se trataban.
Cuando la luna se abre paso por la habitación a través de la ventana, sólo
una parte de la misma queda en penumbras, el resto es –tanto dentro como fuera–
noche cerrada. Artigas no puede dormir. Hace meses que le cuesta conciliar el
sueño. Cuando lo logra, sólo es por momentos que le parecen brevísimos, dado las
largas horas que pasa cavilando.
La traición. Siempre la traición. Recuerda que cuando se convoca a la
Asamblea de 1813 decide previamente organizar el Congreso de Tres Cruces, donde
se definirían los diputados por la Banda Oriental que iban a participar de la
Asamblea, y las consignas que llevarían. Él había sido clarísimo con las
instrucciones dadas a los diputados: planteaba el federalismo –contra el
centralismo porteño–, la implementación de un sistema democrático, la unidad de
todas las provincias, el igualitarismo y la independencia. Creía fervientemente en
igualar el indio al criollo –sentía que tratar a todos con la misma vara era lo
correcto–, que el pueblo tuviera decisiones soberanas, que la tierra se repartiera en
forma justa y que se acordara el rechazo a toda opresión extranjera.
La Asamblea no convalida a los diputados artiguistas por motivos formales,
eufemismo que encubre la verdadera razón: se debía evitar a toda costa el encuentro
entre los partidarios de Artigas y los de José de San Martín, ya que ambos se
oponían a la burguesía porteña y mantenían los mismos ideales libertarios del suelo

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americano. José Gervasio, al declararse partidario del federalismo, tenía la férrea


oposición de los centralistas porteños.
Piensa qué distinto sería todo si ambos hubieran luchado codo a codo,
potenciando sus fuerzas. Evoca cuando el Directorio pone precio a su cabeza,
declarándolo traidor.
Una mosca zumbona lo saca de sus pensamientos. Pensándolo bien, se dice,
no debe ser una mosca, sino algún otro insecto nocturno. Llama a Mbyja. Nadie le
responde. Le incomoda depender de ella, de su solicitud. No se acostumbra a ser
viejo.
Artigas lidera la Liga de los Pueblos Libres. A la Banda Oriental se unen
Misiones, Entre Ríos, Corrientes, Córdoba y Santa Fe. Recibe el título de Protector.
Tiene como lugartenientes a Francisco “Pancho” Ramírez, caudillo de Entre Ríos, y
Estanislao López, de Santa Fe. Ambos se habían unido a Artigas contra el
centralismo de Buenos Aires, y también contra dos enemigos declarados: los
realistas y los portugueses, que habían entrado por el norte a la Banda Oriental.
Luego de recuperar en 1815 Montevideo, que estaba en poder de las tropas porteñas,
hace flamear por primera vez la bandera de Belgrano, cruzada en diagonal por una
franja roja, el color federal. Se niega a concurrir al Congreso de Tucumán,
aduciendo que el Directorio apoyaba la invasión portuguesa a la Banda Oriental para
terminar con su liderazgo. Los portugueses finalmente lo quiebran, tomando
Montevideo en 1817.
Su estrategia era ir contra los lusitanos, mientras López y Ramírez lo harían
contra Buenos Aires. Cuando decide atacar a los portugueses, su último
pensamiento es para su hijo menor. Recuerda el fragor de la batalla, y su tremenda
derrota en Tacuarembó. Le llegan noticias del triunfo de los caudillos de Santa Fe y
Entre Ríos en Cepeda. Ya estaba terminando el año 19.
Nuevamente, la traición. López y Ramírez firman el Tratado del Pilar sin
consultarle, a raíz de su derrota. Artigas se siente abandonado, de hecho lo está.
¿Qué hacer? Con los restos de su tropa se une a los correntinos y misioneros con la
intención de aplastar a Ramírez, que termina venciéndolo en la batalla de Las
Huachas.
Una puntada le atraviesa la sien. Le cuesta saber si sueña o está en vigilia,
pero las imágenes son tan claras… Se ve marchando al Paraguay, seguido por unos
cuantos leales: algunos miembros de su soldadesca, paisanos, indios. ¿Cuántos
años había pasado en suelo paraguayo? ¿Está perdiendo la memoria? Piensa cómo
combatieron su Reglamento de Tierras de 1815. ¡Qué solo se siente!
Su cabello renegrido se ha blanqueado, su agilidad es sólo un recuerdo.
Hace cálculos mentalmente. Ya son treinta los años de exilio.
Una luz tenue penetra por la ventana. ¿Pasó toda la noche despierto? Se
siente muy cansado. Mientras cierra sus ojos por última vez, sus pensamientos
vuelan a Don José de San Martín. No sabe que ese mismo año, 1850, el Libertador,
en su exilio de Boulogne Sur Mer, Francia, cerraría los suyos también por última
vez, pensando en el Protector de los Pueblos Libres.

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LOS BALCONES, COMO LAS CRISIS,


PUEDEN SER UNA GRAN OPORTUNIDAD

Juan Rojas

No es una catedral, pero es la vista que me toca desde mi cuarto. Tampoco


son álamos. Ese edificio lejano ocupa buena parte de la vista desde mi cuarto y
ahora mi lugar de trabajo “cuarentenista”. Es un edificio de la manzana de enfrente a
la mía y está bastante retirado, porque su entrada da a una calle transversal. Frente a
mi departamento hay unas casas bajas y estoy en el cuarto piso. Es un edificio
común, sólo veo la medianera y, de refilón, los balcones que dan al pulmón de
mazana. Es lo que hay, qué va a hacer.
Pero quizás una brisa-musa, como dice mi amigo Osvaldo, me impele o
motive a crear algo. No será un cuadro, como hicieron Monet o Jawlensky sobre la
vista que tenían desde sus ventanas. Pero sí tal vez me anime a escribir un relato.
Por ejemplo, podría relatar sobre la comunicación q establecí con un vecino,
vecina, niño, joven o vieja –porque nunca la o lo pude ver– de ese edificio, cuando
en los primeros meses de la cuarentena se salía a los balcones a aplaudir por los
médicos, médicas, enfermeras, enfermeros, bomberos y fuerzas de seguridad que
nos estaban protegiendo. Creo que esto se inspiró en casos de Italia y España en que
los vecinos salían a cantar en los balcones, generándose así un vínculo, un nosotros,
un colectivo. Yo salía todas las noches y las manos me quedaban ardiendo, porque
no éramos muchos los que salíamos. La gran mayoría de los balcones estaban
vacíos. Qué gente de mierda, qué poco solidaria, ahí se quedan en su comodidad
individual y sectaria. No son capaces del más mínimo gesto de algo colectivo y
común, algo que nos una y vincule lo suficiente para significar que no estamos
solos, que estamos todos en la misma. No son capaces de salir un minuto y medio a
aplaudir a las nueve de la noche. En fin, estamos jodidos.
Pasadas las semanas y ante los primeros “caceroleos” opositores que
empezaron a hacerse a las ocho de la noche, los aplausos de las nueve se
convirtieron –así me gusta creerlo– en gestos de apoyo al gobierno nacional y
popular. ¡Más ardiendo me quedaban las manos! Yo trataba de ubicar de cuáles
balcones salían esos aplausos compañeros y solidarios. Insisto, no eran muchos y,
además, como ya expliqué, no tengo edificios enfrente, y por lo tanto tampoco
balcones cercanos.
Una vez, escudriñando en la oscuridad, veo que en un balcón de aquel
edificio aparecen dos luces de linterna de celular agitándose y moviéndose al son de
los aplausos. Veo que se repite noche a noche. De ese balcón medio lejano no se
aplaudía, se agitaban dos lucecitas. Entonces incorporé esa técnica. Mitad de tiempo
aplaudía, mitad agitaba mi linterna del celular. Una noche sentí que desde ese balcón
salía una señal de sus linternas dirigida a mí, me imaginé que tal vez me estaban
retribuyendo el gesto. Me pareció: insisto en que es muy lejos y que nunca distinguí
una figura humana. No le di importancia. A la noche siguiente siento lo mismo.
¿Será verdad que me están mandando una señal o me lo estoy inventando? A la
tercera noche entonces fui yo el que dirigí con mucha timidez e incertidumbre mi
linterna hacia la dirección de ese balcón. Tenía miedo a la exposición, a quedar en
ridículo. Ridículo fue ese sentimiento porque, insisto por tercera vez, no se veían las

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personas, por lo que presumo que tampoco me veían a mí. De todas maneras, me
costó, no me animaba, pero lo hice.
De golpe ese gesto me pareció correspondido. No estaba seguro. Lo volví a
hacer a las noches siguientes y ya tuve casi certeza de que se había establecido un
vínculo. A partir de ese momento empecé a mirar hacia ese balcón durante las horas
de luz del día, para ver de quién o quiénes se trataba. También intenté distinguir cuál
sería la entrada de ese edificio, ya que veo solamente la parte que da al pulmón de
manzana.
Bueno, nunca vi a nadie y las salidas al balcón fueron decayendo, y al final se
suspendieron, por agotamiento o por el frío. Pasaron los días y me empezaron a
rondar algunas ideas. Me puse a pensar en esa experiencia tan particular de
establecer un vínculo superficial, aparente. Me puse a pensar en qué tipo de relación
había establecido con esa gente, con esos vecinos absolutamente desconocidos. En
primer lugar: ¿se la podía catalogar, definir como una relación? ¿Se podía decir que
hubo una comunicación? Pero luego, los pensamientos tomaron vuelo y se dirigieron
al terreno de las potencialidades. ¿Este tan particular y leve vínculo podría ser el
inicio de algo mayor? Digo: ¿una gran amistad? ¿Un germen de asociación vecinal
para la lucha contra la pandemia? ¿El amor de mi vida? ¿Una asociación ilícita para
entrar a robar en aquellos balcones que nunca se iluminan? ¿La constitución de un
grupo comando peronista para escrachar a los vecinos gorilas “caceroleros”?
Aquí se abren una infinidad de posibilidades y potencialidades. Pero todo
quedó allí. Nunca más nos mandamos señales. Nunca más salió nadie al balcón.
Tampoco ellos, tampoco yo. En fin, tal vez me estoy perdiendo la oportunidad de
iniciar y establecer una relación que podría ser grande, importante, determinante,
trascendental, definitoria y definitiva, más allá de su naturaleza o característica.
Esta situación tan crítica que estamos viviendo, como dice el viejo apotegma,
tal vez sea una oportunidad. Ya me animé a escribir. Tal vez mañana me anime a ir y
tocar el timbre.

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CARTA DE LECTOR

Hola, Mariano, es muy interesante la revista Movimiento.


Leyendo el artículo del señor Zingoni en el número 25 me encuentro con una
serie de mentiras inmensas. Yo en 1973 era miembro de la JUP y uno de los
delegados del turno noche de la UBA de Arquitectura. Era el encargado de recibir
los video-magacin en blanco y negro desde Puerta de Hierro, donde Perón, puntero
en mano, nos enseñaba a través de una trama urbana cómo hacer la guerrilla urbana,
con la representación de Abal Medina y Firmenich, uno de cada lado del Pocho.
También me tocó recibir al compañero presidente, el Tío Cámpora, de visita
dos veces en la FAU, dos noches inolvidables, y fui testigo de la entrega del poder al
neoliberalismo de Perón.
Fui torturado por médicos en la clínica San Lucas de San Isidro –de los
servicios– luego de ser atropellado por miembros de la Triple A. Y soy una voz más
que puede demostrar que FAP y FAR lucharon en los 60 para reivindicar a nuestro
líder, no así la cúpula del sindicalismo, que había transado con los patrones y no
quería un peronismo con Perón.
Una más: yo salí de la Clínica San Martín en Devoto, de Montoneros, sin mi
pie izquierdo, pero –gracias a la intervención de extraordinarios médicas, médicos,
enfermeras y enfermeros– con vida. La triple A me había agarrado una semana
después de que Perón nos echó de la plaza.
Es una pequeña reseña sintética, intentando demostrar que hay otras voces en
esta contradicción.
Atentamente,
Marcelo Pires Rafael

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