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Poesía Chiiena Urbana Teillier Millan Hahn Bertoni

Los poemas tratan sobre temas como el amor no correspondido, la belleza de las mujeres y la atracción física. Los poemas utilizan un lenguaje sencillo y directo para describir observaciones y sentimientos.
Derechos de autor
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Poesía Chiiena Urbana Teillier Millan Hahn Bertoni

Los poemas tratan sobre temas como el amor no correspondido, la belleza de las mujeres y la atracción física. Los poemas utilizan un lenguaje sencillo y directo para describir observaciones y sentimientos.
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CUANDO TODOS SE VAYAN – Jorge Teillier

A Eduardo Molina.

Cuando todos se vayan a otros planetas


yo quedaré en la ciudad abandonada
bebiendo un ú ltimo vaso de cerveza,
y luego volveré al pueblo donde siempre regreso
como el borracho a la taberna
y el niñ o a cabalgar
en el balancín roto.
Y en el pueblo no tendré nada que hacer,
sino echarme luciérnagas a los bolsillos
o caminar a orillas de rieles oxidados
o sentarme en el roído mostrador de un almacén
para hablar con antiguos compañ eros de escuela.

Como una arañ a que recorre


los mismos hilos de su red
caminaré sin prisa por las calles
invadidas de malezas
mirando los palomares
que se vienen abajo,
hasta llegar a mi casa
donde me encerraré a escuchar
discos de un cantante de 1930
sin cuidarme jamá s de mirar
los caminos infinitos
trazados por los cohetes en el espacio.

De El árbol de la memoria, 1961.

Nadie – Gonzalo Millá n

Las calles está n silenciosas


y desiertas. Solamente cruzan
las sombras de los á rboles.

No se oyen pá jaros, bocinas,


ni siquiera el motor inminente
de un auto siempre aproximá ndose.

1
Los ascensores, las escaleras
y pasillos de los edificios, vacíos.

En una cocina un charco


en torno al refrigerador
que se deshiela
con sus bandejas desnudas
y la puerta abierta.

Conservada en el hielo
no hay má s que una arveja
muy pequeñ a, redonda y verde.

De VIRUS (1987) de Gonzalo Millá n

Niño – Gonzalo Millá n

Encontrará n siglos después,


cuando só lo queden los envases
de una sociedad
que se consumió a sí misma,
sus restos
de pequeñ o faraó n dentro
de un refrigerador descompuesto,
enterrado
bajo unas pirá mides de basura.

Limonada de manzanas – Gonzalo Millá n

Solo,
como una pepa
de limó n
en el fondo
de un largo
vaso vacío.

de VIDA

2
Automóvil – Gonzalo Millá n

El automó vil es celeste, metá lico y cromado


con un motor, rejillas, estanque y hélices,
lubricados con aceite mineral y grasas,
que ruge, tiritan, se vacía y giran
por medio de pedales, botones y llaves.
Dentro van por tubos, líquidos minerales
que una chispa prende con ruido y humo quema.
Tiene luz generada por baterías con á cido,
cables multicolores finos y faroles,
intermitente y roja para las señ ales,
amarilla para las noches y la niebla.
Las puertas se abren, cierran, suaves,
y para introducir o dejar el aire
los vidrios se bajan o suben.
Los asientos acomodables se reclinan,
rellenos de resortes, esponjas y espuma,
recubiertos por el plá stico y la goma.
Las cuatro ruedas de caucho ruedan
y con un volante se tuercen o enfilan.
El acelerador se aplasta sin freno corre;
las llantas resbalan, chillan y se queman,
se abolla la lata y quiebra, retuerce,
los esmaltes y cristales se destruyen,
y el hombre puede salvar ileso o muere.

De "La Ciudad", n. 48 – Gonzalo Millá n

El rio invierte el curso de su corriente.


El agua de las cascadas sube.
La gente empieza a caminar retrocediendo.
Los caballos caminan hacia atrá s.
Los militares deshacen lo desfilado.
Las balas salen de las carnes.
Las balas entran en los cañ ones.
Los oficiales enfundan sus pistolas.
La corriente se devuelve por los cables.
La corriente penetra por los enchufes.
Los torturados dejan de agitarse.
Los torturados cierran sus bocas.
Los campos de concentració n se vacian.
Aparecen los desaparecidos.

3
Los muertos salen de sus tumbas.
Los aviones vuelan hacia atrá s
Los "rockets" suben hacia los aviones.
Allende dispara.
Las llamas se apagan.
Se saca el casco.
La Moneda se reconstituye íntegra.
Su craneo se recompone.
Sale a un balcó n.
Allende retrocede hasta Tomá s Moro.
Los detenidos salen de espalda de los estadios.
11 de Septiembre.
Regresan aviones con refugiados.
Chile es un pais democrá tico.
Las fuerzas armadas respetan la constitució n.
Los militares vuelven a sus cuarteles.
Renace Neruda.
Vuelve en una ambulancia a Isla Negra.
Le duele la prostata. Escribe.
Victor Jara toca la guitarra. Canta.
Los discursos entran en las bocas.
El tirano abraza a Prat.
Desaparece. Prat revive.
Los cesantes son recontratados.
Los obreros desfilan cantando
¡Venceremos!

En una estación del Metro – Oscar Hahn

Desventurados los que divisaron


a una muchacha en el Metro

y se enamoraron de golpe
y la siguieron enloquecidos

y la perdieron para siempre entre la multitud

Porque ellos será n condenados


a vagar sin rumbo por la estaciones

y a llorar con las canciones de amor

4
que los mú sicos ambulantes entonan en los tú neles

Y quizá s el amor no es má s que eso:

una mujer o un hombre que desciende de un carro


en cualquier estació n del Metro

y resplandece unos segundos


y se pierde en la noche sin nombre

TRACTATUS DE SORTILEGIIS – Oscar Hahn

En el jardín había unas magnolias curiosísimas, oye,


unas rosas re-raras, oh,
y había un tremendo olor a incesto, a violetas macho,
y un semen volando de picaflor en picaflor.
Entonces entraron las niñ as en el jardín,
llenas de lluvia, de cucarachas blancas,
y la mayonesa se cortó en la cocina
y sus muñ ecas empezaron a menstruar.
Te pillamos in fraganti limpiá ndote el polen
de la enagua, el néctar de los senos, ves tú ?
Alguien viene en puntas de pie, un rumor de pá jaros
pisoteados, un esqueleto naciendo entre organzas,
alguien se acercaba en medio de burlas y fresas
y sus cabellos ondearon en el charco
llenos de canas verdes.
Dime, muerta de risa, adó nde llevas
ese panal de abejas libidinosas.
Y los claveles comenzaron a madurar brilloso
y las gardenias a eyacular coquetamente, muérete,
con sus durezas y blanduras y patas
y sangre amarilla, aj!
No se pare, no se siente, no hable
con la boca llena
de sangre:
que la sangre sueñ a con dalias
y las dalias empiezan a sangrar
y las palomas abortan cuervos
y claveles encinta
y unas magnolias curiosísimas, oye,
unas rosas re-raras, oh.

5
Visión de Hiroshima – Oscar Hahn

Arrojó sobre la triple ciudad un proyectil


único, cargado con la potencia del universo.
Mamsala Purva
(Texto sánscrito milenario)

Ojo con el ojo numeroso de la bomba


que se desata bajo el hongo vivo.
Con el fulgor del hombre no vidente, ojo y ojo.

Los ancianos huían decapitados por el fuego,


encallaban los á ngeles en cuernos sulfú ricos
decapitados por el fuego,
se varaban las vírgenes de aureola radioactiva
decapitadas por el fuego.
Todos los niñ os emigraban decapitados por el cielo.
No el ojo manco, no la piel tullida, no sangre 10
sobre la calle derretida vimos:
los amantes sorprendidos en la có pula,
petrificados por el magnesium del infierno,
los amantes inmó viles en la vía pú blica,
y la mujer de Lot
convertida en columna de uranio.
El hospital caliente se va por los desagü es,
se va por las letrinas tu corazó n helado,
se van a gatas por debajo de las camas,
se van a gatas verdes e incendiadas 20
que maú llan cenizas.
La vibració n de las aguas hace blanquear al cuervo
y ya que no puedes olvidar esa piel adherida a los muros
porque derrumbamiento beberá s, leche en escombros.
Vimos cú pulas fosforecer, los ríos
anaranjados pastar, los puentes preñ ados
parir en medio del silencio.
El color estridente desgarraba
el corazó n de sus propios objetos:
el rojo sangre, el rosado leucemia, 30
el lacre llaga, enloquecidos por la fisió n.
El aceite nos arrancaba los dedos de los pies,
las sillas golpeaban las ventanas
flotando en marejadas de ojos,
los edificios licuados se veían chorrear
por troncos de á rboles sin cabeza,

6
y entre las vías lá cteas y las cá scaras,
soles o cerdos luminosos
chapotear en las charcas celestes.

Por los peldañ os radioactivos suben los pasos, 40


suben los peces quebrados por el aire fú nebre.
¿Y qué haremos con tanta ceniza?

Televidente – Oscar Hahn

Aquí estoy de nuevo


en mi cuarto de Iowa City.

Tomo a sorbos mi plato de Sopa Campbell


frente al televisor apagado.

La pantalla refleja la imagen


de la cuchara entrando a mi boca.

Y soy el aviso comercial de mí mismo


que anuncia nada a nadie.

En la vía pública – Oscar Hahn

Estoy sentado en la puerta de mi casa


esperando que pase el fantasma

En esta mano tengo un recuerdo triste de ti


En esta otra tengo un recuerdo desolado

Y en estas dos que acaban de crecerme


no tengo nada ni siquiera las líneas

Aquí estoy sentado en la puerta de mi casa


esperando al fantasma que vendrá a dibujarlas

para que me mueva y me levante y camine


y pase taciturno frente a esa casa

donde estoy sentado esperando

7
de JÓVENEZ BUENAS MOZAS – Claudio Bertoni

Unicornio

en el bus
iba una mujer
que se bajó
en vicuñ a mackenna
con marín

eso no má s
quería decir

Una vez más

es tan corta la minifalda


y es tan largo el olvido

Walking around

¿existe
algo má s rico
que caminar detrá s
de un buen poto?

Jóvenes buenas mozas

se sientan
en los asientos de atrá s
como si fueran diosas
y apenas son hijas
del huevó n que va manejando

Hecho polvo

có mo quedo
cuando me cruzo con una mujer
que no veré nunca má s en la vida
y con la que me habría gustado pasar
toda la vida.

8
Algo es algo

subo a una micro


y veo a una mujer
que jamá s será mi mujer

me siento detrá s suyo


y su pelo me acaricia
los dedos.

27/4/2000

a veces bastaría
con besarles un poquito el pelo
está n mirando una vitrina
y tienen el pelo encima del suéter
¿qué les costaría dejarnos
besarles un poquito de pelo?

Ademá s el pelo no se siente,


no se darían ni cuenta.

Satisfacción

Me tocó levemente su mochila


su mochila tocaba su chaqueta
su chaqueta tocaba su jumper
su jumper tocaba su calzó n
y su calzó n tocaba su poto

me di por satisfecho.

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