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Resumen Cicchelli-Cicchelli

Este documento presenta un resumen de las teorías sociológicas de la familia desde los siglos XVIII y XIX. Describe tres formas en que se pensó la intervención sobre la familia en esa época: 1) el voluntarismo educativo, que promovía la educación pública y el acceso a la cultura, 2) el higienismo, que buscaba mejorar la salud física y moral de las familias a través de la figura del médico, y 3) restringir el matrimonio entre los pobres para reducir la pobreza. Tamb

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Resumen Cicchelli-Cicchelli

Este documento presenta un resumen de las teorías sociológicas de la familia desde los siglos XVIII y XIX. Describe tres formas en que se pensó la intervención sobre la familia en esa época: 1) el voluntarismo educativo, que promovía la educación pública y el acceso a la cultura, 2) el higienismo, que buscaba mejorar la salud física y moral de las familias a través de la figura del médico, y 3) restringir el matrimonio entre los pobres para reducir la pobreza. Tamb

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LAS TEORÍAS SOCIOLÓGICAS DE LA FAMILIA

Cicchelli – Cicchelli

Apuntes de clase
La familia fue siempre pensada desde el S. XVIII con el objetivo de ser intervenida políticamente. No fue una mera
teorización, sino que refería más bien a la intervención. Esto significa que la familia no es una entidad natural como se nos
presenta. Se la debe desnaturalizar y ver como se instituye y cuáles son sus funciones. La familia está, entonces,
institucionalizada de acuerdo a la época histórica, y a los mandatos que se le colocan.

Intervención política: Del Estado y la escuela. La familia forma a los ciudadanos que formarán a la sociedad. Trasmite valores,
costumbres, que la sociedad considera pertinentes. Forma trabajadores y no trabajadores. La familia no es solo una entidad
social basada en el amor romántico. Es racional respecto a los distintos aspectos sociales, culturales y políticos del momento.
Responde a las pautas de una sociedad, ya que es allí donde se forma a las próximas generaciones. La familia es así un
elemento sustantivo a nivel cotidiano para las acciones diarias, ya que forma ciudadanos, prescribe, orienta y sugiere.

3 formas de pensar la intervención sobre la familia:

Voluntarismo educativo: Movimientos amigos de la consolidación de los sistemas de educación pública. Agrupaciones de
voluntarios que generaron bibliotecas públicas como ayuda a la escuela pública. Buscaba acercar a la gene la cultura de un
época, de una civilización. Otorga un fuerte papel al libro como agente reforzador de vínculos familiares. Nuclea a la familia
en una cuestión cultural y estética. Fortalece la relación entre la escuela pública y la familia. El libro también ayuda a
perfeccionar el labor de la ama de casa, que se considera perfectible por ser un oficio.

Higienismo: Tendencia que caracteriza al saber médico de apropiarse de aspectos sociales que no le son propios, que no son
médicos y que trata de resolverlos desde su mirada. Aplica la lógica médica a un objeto social-cultural o problema. Proviene
de la filantropía. El papel del médico higienista era fomentar la salud así como establecer una alianza orgánica con la muer
madre de familia. Así el médico se aseguraba de que las mujeres más viejas ya no impongan reglas antiguas de crianza. Las
madres de familia se beneficiaban en el sentido de comenzar a tomar más fuerza, aún sin dejar de ser subordinadas Tienen
ahora el respaldo del médico por lo que pasan a ser quienes tienen mayor conocimiento, y toman más fuerza como género.
Se forma una alianza orgánica que beneficia a ambas partes. “Escuchar siempre”: el médico de familia conocía todos los
secretos de la familia por más que no tengan nada que ver con la medicina, lo que tiene que ver con el control que se ejercía.
El médico de familia tiene así una imagen clara de intervención política para llevar adelante una política de Estado. Se
garantizan también que el saber popular pierda fuerza sobre el médico. Como resuelve todo, la medicina gana fuerza.

Se produce el desarrollo de nuevas formas de producción y relaciones sociales, mientras otras se destruyen. Allí se ve a la
familia como un anclaje, como forma de generar derechos y ciudadanía.

En el S. XVIII y XIX desaparece la clase social de los artesanos. Éstos se van a pie hacia las ciudades para formar una nueva
vida, que será signada por la pobreza y la exclusión social. Estos artesanos vendían sus tierras, lo que aumentó las
propiedades de los terratenientes. Se desaparece así una forma familiar, una forma de vida. Pasan a vivir en la calle y a
trabajar en las grandes fábricas, con largas jornadas. Toda la familia entrará en la fábrica. Las relaciones familiares se
tensarán, y la interrelación con otras familias también, por el sentimiento de frustración y de soledad que reinará. Todos son
costos de la instalación del capitalismo que no son tomados en consideración.
Además de la migración del campo a la ciudad, se le suma la migración intra-ciudades, ya que las fábricas se movían según
conveniencia. Se realizan contratos con toda la familia, a cargo del hombre que era quien cobraba. Era como tráfico de
esclavos, que eran su propia familia. Sin embargo, a medida que el capital necesitó nuevas cosas, debió mostrar mayores
libertades formales, por lo que desancló a la familia de la voluntad paterna. Los contratos ya no serán familiares, sino que la
mano de obra será cada vez más libre. Esto generó independencia para la familia y también para los hijos, ya que cada uno
cobraba su sueldo. Para que la familia se adecúe al sistema, ya no sirve la familia extensa y estructurada, sino que se
necesitan trabajadores libres, productivos y dóciles. Entonces, con el capitalismo se genera una familia nuclear y en un
contexto básicamente urbano. La más funcional será la familia monogámica, que va acompañada de dos fenómenos: la
prostitución y la infidelidad. Así, la familia era controlada desde los matrimonios hasta la cantidad de hijos que podían tener.
Capítulo I: ESTUDIAR LA FAMILIA PARA REFORMARLA

En un contexto de deterioro de las condiciones de vida, de una nueva organización del trabajo fabril, de progreso
tecnológico, de aislamiento de individuos en los nuevos centros urbanos, así como de un retroceso de la propiedad agraria,
el ámbito más amenazado es el de la familia. Las conmociones que afectan su estructura y las relaciones entre sus miembros
se interpretan como los signos de una ruptura radical, una crisis profunda que gangrena una sociedad desestabilizada. Esta
inquietud cobra sentido en relación con los valores políticos en competencia, donde conservadores y liberales necesitan de
la familia.

Función familia S. XIX: ¿Cómo soldar a los miembros de una sociedad en un contexto de crisis políticas múltiples? ¿Cómo
pensar el orden social en un contexto de cambio sumamente veloz? Es aquí donde se encuentra la respuesta a estas
interrogantes, en la familia. Pensamiento científico y pensamiento social se mezclan, donde las primeras teorizaciones se
orientan por las actitudes de sus autores en materia de reforma familiar y social.

FAMILIA E HIGIENISMO

La doble función sanitaria y moral del médico de familia

La figura del médico de familia se impone en el S. XIX, sobre todo en los medios acomodados, pero también toca a las capas
populares y a la pequeña burguesía. “Curar a veces, aliviar a menudo, consolar siempre”: Al mismo tiempo que se ocupa de
los cuidados corporales, el médico sondea el alma y tiene con ello acceso al rango íntimo de la vida privada cotidiana. Su
incursión en la vida familiar no se reduce a una función de consejero y poseedor de secretos, sino que su influencia puede
abarcar la totalidad de los aspectos de la vida del grupo doméstico. Por ejemplo, el control de la calidad de la descendencia
entra en su campo de competencia.
La difusión de una “medicina doméstica” contribuye más ampliamente a hacer posible una reorganización de las relaciones
familiares en favor de la figura femenina, ayudando a luchar contra la medicina popular. Ella conquista un nuevo estatus
social, un reconocimiento de sus funciones maternales y educativas, a la vez que disminuye y se desestabiliza la autoridad
masculina y paterna.
Las recomendaciones y las actitudes de los médicos guían así a las familias por el camino del justo medio y las invitan a
reprobar los excesos con el apoyo de una moral de la continencia y el autocontrol. El Higienismo, presupone la conexión
íntima de lo físico y lo moral, y la determinación de éste por aquel. Así, aumenta la competencia médica. Queda a cargo del
médico la determinación de las reglas de mantenimiento de la salud física y moral, tanto de los cuerpos biológicos
individuales como del cuerpo social, tratado de un modo idéntico. Se convierte así, la medicina, en responsable de la
definición de reglas de la vida privada y pública, buscando articular tres puntas: lo sanitario, lo moral y lo administrativo.

Criminalidad y pauperismo: la miseria de las familias bajo el microscopio

Los médicos invisten los bastidores de la vida privada a la vez que desean cumplir un papel movilizador en favor del progreso
social. Su objetivo de saneamiento y control traduce la voluntad de reprimir un temor social. Preocupados por la
inestabilidad política, alertados por las crisis sociales y las epidemias, los médicos sondean con ansiedad los signos
anunciadores de una crisis generalizada que amenaza al cuerpo social, obligados a hacer hincapié en la criminalidad. Los
médicos diagnostican una enfermedad del cuerpo social, y cuestionan la responsabilidad de uno de sus órganos, la clase
trabajadora. Vemos así la pretensión de la medicina de definirse como una medicina social, analizando la sociedad a partir de
la analogía con un cuerpo vivo que nace, se desarrolla y muere. La miseria de las familias se asimila a un germen patógeno
nocivo para la cohesión social. La pobreza se juzga como anormal, síntoma de un disfuncionamiento patológico, con el
pauperismo como sumamente antisocial, como fuente del crimen, como peligrosas.

El debate sobre la restricción del casamiento de los pobres

Cuando la retribución salarial es relativamente escasa, tres condiciones son necesarias para aliviar las restricciones
presupuestarias y conjurar el riesgo de la precarización y la pauperización: que ambos cónyuges trabajen continuamente,
que su prole se reduzca a dos hijos y que carezcan de vicios. Se hacen públicas recomendaciones que exhortan a los solteros
a no casarse y a los recién casados a no tener hijos sin contar con la seguridad de poder hacer frente a los gastos necesarios
para la vida familiar. Con esto, se espera que disminuya el número de niños que se transforman en carga pública porque sus
padres no pueden mantenerlos, fruto de una inconducta y de pobreza moral.

LA SOCIOLOGÍA MARXISTA DE LAS CONDICIONES DE VIDA DE LAS FAMILIAS OBRERAS


La desestructuración de la economía familiar tradicional

El análisis socialista vincula los efectos de la miseria sobre la vida familiar con las condiciones inciertas de la vida profesional.
Así, el modo de producción y el intercambio capitalista afectan el núcleo de la economía tradicional, y al funcionamiento de
las familias. Un ejemplo claro es el de los artesanos (tratado en los apuntes de clase), que se organizaban en torno a una
forma de vida familiar y comunitaria, con una vigilancia continua de los hijos en la casa parental, lo que garantizaba la calidad
de la educación. Vemos así los efectos nefastos del trabajo fabril, fuente del estallido del grupo doméstico, disperso debido a
las obligaciones profesionales. Se separa el hogar y la empresa, de la mano de la industrialización, por lo que las relaciones
de producción afectan directamente la dinámica de las relaciones familiares. Lo vemos en el hecho de que la producción
fabril prioriza, ahora, la mano de obra femenina e infantil, ya que no requiere fuerza, logrando aumentar la cantidad de
asalariados, sin diferencia de sexo y edad. Entonces, disminuye también el precio del trabajo ofrecido por el obrero por el
aumento de la población con posibilidad de trabajar, lo que se traduce en la obligación del proletariado de que trabajen
todos los miembros de la familia para asegurar la subsistencia del hogar. Vemos así que la explotación capitalista
metamorfosea al obrero adulto como un tratante de esclavos, que vende a mujer e hijos para aumentar sus magros ingresos.

Inseguridad del trabajo y fragilidad familiar: la ausencia de vida de familia

La ausencia de vida de familia entre los obreros a partir del estado de sus condiciones materiales, es invocada como causa
primaria de su afición a la inseguridad laboral permanente. Mientras los obreros no sean sino proletarios, el trabajo primará
sobre la vida de familia y obstaculizará oda expansión afectiva. El obrero expresa su rechazo de la monotonía, se revela
incapaz de firmeza, se hace amigo de exaltaciones efímeras, las de la ebriedad y el amor, y de una libertad que pronto se
convierte en desenfreno. Sus desórdenes sexuales expresan simbólicamente el rechazo del sometimiento a un orden
mecánico sinónimo de caos e incluso de muerte para los cuerpos vivos.

La división intrafamiliar del trabajo: la familia patas arriba

Durante el S. XIX, la burguesía industrial modela el mundo a su imagen, enarbolando dos de sus valores claves: la casa y la
familia. Dentro de la casa de organizan las relaciones familiares burguesas, caracterizadas por tres elementos: unos modelos
educativos definidos en función del sexo desde la primera infancia; la asignación de la mujer al hogar, encargándose de las
tareas de educación de los hijos y de mantenimiento de las relaciones con exterior; la atribución del hombre al papel de
proveedor exclusivo de los ingresos familiares.

Sin embargo, esta separación y jerarquización no podía ser observada en el medio obrero, ya que el capitalismo había
generado una redefinición del reparto de las tareas y del poder en el seno de la familia obrera que se contraponía al modelo
difundido por los medios acomodados.

 Los efectos del trabajo femenino sobre las relaciones de sexo

La competencia socaba a la familia obrera desde adentro, dado que cada uno de sus miembros se convierte en rival del otro
en la búsqueda de un empleo, invirtiéndose las relaciones de sexo tradicionales. Al reemplazar el trabajo de los hombres por
el de las mujeres para su exclusivo beneficio, la burguesía despacha al hombre a su casa, a la desocupación y a las tareas
domésticas. Al no cambiar las relaciones sociales, se degrada a ambos sexos, a la mujer por seguir en condición simbólica de
inferioridad y al hombre por tener que hacerse cargo de las tareas históricamente femeninas (que machista por Dios).
Las mujeres que trabajan en la fábrica desde jóvenes no pueden aprender las tareas de la casa ni la manera de criar a los
niños pequeños, lo que se agrava cuando el hombre está desocupado y las mujeres las abandonan completamente,
quedando delegadas a sus esposos.

 Los efectos del trabajo femenino sobre la socialización de los hijos

Las largas jornadas de trabajo ya no dejan sitio a las actividades de crianza y educación. ¿Qué pasa con los hijos? Librados a sí
mismos o cuidados con negligencia, a menudo la falta general de vigilancia les resulta fatal. En una sociedad que se basa en
la familia, esa organización del trabajo produce consecuencias nefastas sobre la estructuración del vínculo social, a corto y
largo plazo. Se produce un individuo mal socializado que, una vez adulto, caerá en un aislamiento que prolongará el de su
infancia: dispersa durante la jornada, la familia ya no genera vínculos, y ya no es el crisol del que salen seres sociales.
Considerado por su padre como un extraño, con indiferencia, el niño será más adelante incapaz de fundar una familia.

 Los efectos del trabajo de los niños sobre la autoridad paterna

Cuando los hijos ganan más de lo que sus padres gastan en su sostén, conservan el resto para sus gastos personales. Así, los
hijos se emancipan y consideran la casa paterna como una pensión. En muchos casos, ya no es el padre el que alimenta a sus
hijos, sino a la inversa. La inversión de los roles familiares tradicionales, obligada y humillante, también concierne a las
relaciones entre generaciones. Marx considera que de aquí surge una explotación de la infancia, no tanto debida al abuso de
autoridad paterna, sino que a la degradación de ésta bajo los efectos de la explotación capitalista.

EN BUSCA DE UN MODELO FAMILIAR RACIONAL Y OPERATIVO

Para atacar al pauperismo, había que establecer nuevas obligaciones morales, considerar la cuestión de la pobreza de otra
manera que en el pasado, “en la forma de un problema de fraternidad, es decir, de organización de los vínculos entre los
individuos”. La adopción de una conducta familiar racionalizada, definida sobre la base de observaciones que aíslen un
modelo sano, debe permitir dirigir la mirada a los individuos, regulando simultáneamente relaciones familiares y relaciones
sociales.

Regular las relaciones conyugales

 La crítica socialista del matrimonio burgués

El proceso de desagregación familiar que afecta a la clase obrera muestra que lo que liga a los integrantes de la familia no es
el amor sino el interés privado. Al reducir las relaciones familiares a meras relaciones de dinero, el advenimiento del modo
de producción burgués descubre los límites del sentimentalismo familiar.
Engels sostiene que a la civilización, le corresponde la monogamia, nacida de la concentración de las riquezas en manos del
hombre y el deseo de legarlas a sus hijos. La transmisión de la propiedad privada a unos herederos exclusivos funda el
matrimonio conyugal. Así, la fidelidad es exclusiva para la mujer, mientras que los hombres tienen la libertad del adulterio.
Entonces, en este nuevo régimen de producción y distribución, el amor sexual individual y los intereses económicos es lo que
prima. Para que el matrimonio se convierta real y racionalmente en monógamo, es preciso que deje de ser burgués.

 La definición liberal del marco familiar: la superioridad de la vida matrimonial

Se juzga severamente la soltería. El obrero solo parece temible. Si la familia constituye la célula social básica, hay que
protegerla contra el vicio moral, la degeneración física, la inestabilidad familiar y la vagancia; en otras palabras, contra el mal
pobre, pintado en general como un soltero impenitente, condenado al desenfreno, que persigue a las mujeres y deja un hijo
en cada esquina. Es tal el temor que genera en la patronal, que los empleadores se niegan muchas veces a contratar obreros
solteros. Se incita a construir la existencia a imagen de la vida de familia burguesa, que descansa sobre el matrimonio, lo que
funciona como una herramienta para arreglar la cuestión social.
La celebración del matrimonio acompaña la estigmatización de la cohabitación, ya que vivir en pareja tampoco representa
una garantía suficiente, y se lo considera como un estado inferior moralmente censurable, empeorado cuando aparece la
natalidad extramatrimonial.

 La doble justificación sanitaria y moral del matrimonio

Se mantiene una exaltación de las virtudes benéficas del matrimonio al indicar que la vida matrimonial corresponde a un
mejor estado de salud de los cónyuges, sosteniendo que el matrimonio ES un estado de salud, ya que consigue atenuar las
muy duras luchas de la vida. Se reconoce así la virtud protectora del matrimonio sobre la integridad física de los individuos.
Sin embargo, esta acción sanitaria de la institución no es disociable de su acción moral. Muralla contra el egoísmo, el
matrimonio obliga a mutuas concesiones y adormece las pasiones. La vida en pareja inspira el amor al orden, genera apego
al orden social, transforma a un rebelde en un ciudadano pacífico, enemigo de las revoluciones. Los filántropos creen que
favorecer las uniones legítimas es el remedio para los males diagnosticados, el más moral y el menos costoso, porque es
fuente de un principio de asistencia mutua que libera al Estado de un pesado gasto al poner a las parejas en una situación
favorable a una lógica de economía y ahorro. Esta actitud implica una capacidad para organizar la vida propia, optar por el
matrimonio, prever los malos tiempos y saber administrar un presupuesto; en síntesis, racionalizar la vida familiar.

El voluntarismo educativo al servicio de la familia

Al aportar a una racionalización de la vida familiar, lo que se espera regular es el conjunto de las relaciones sociales, las de
sexo, las intergeneracionales y las de clase, tres aspectos de la cuestión social que alimentan los debates de la época. Para
cumplir ese objetivo, se propone un vector multiforme: la educación

 Educar a los sexos


Moralizar a la obrera transformándola en ama de casa. Se observa un voluntarismo educativo deseoso de distinguir mejor las
funciones masculinas y femeninas. La economía social dibuja los perfiles de un modo de vida obrero en el que la mujer se
consagra al trabajo doméstico elevado a la altura de un oficio. Profesionalizado, especificado, racionalizado, el trabajo
redefinido revaloriza la posición de la mujer, le ofrece un estatus y la compromete moralmente al confiarle los cuidados del
hogar y la familia. Fundada en la dedicación, su acción civilizadora permitirá moralizar a la clase obrera, erradicar el
pauperismo, convertir al hombre al calor del hogar. El lugar de la mujer está entonces en la casa. Vector de orden y
economía, la acción femenina es determinante.

 Regular las relaciones entre las clases de edad

Una de las misiones esenciales de la educación consiste en moralizar a los pobres socializándolos en los valores burgueses. La
instrucción primaria formará progresivamente la piedra angular de la política de la familia que se introduce. El principio de
una educación a la vez familiar y escolar se convierte en la norma. La familia constituye una muralla contra los peligros
procedentes de la sociedad y la escuela debe ayudar en esta tarea. Sin embargo, la escuela también permite sustraer a los
niños a un entorno familiar desfavorable: les enseña entonces las normas de higiene y conducta socialmente valoradas.
También contribuye mucho a racionalizar la vida familiar. Su obligatoriedad favorece el surgimiento de un control de la
natalidad al quitar a los padres la posibilidad de explotar el trabajo de sus hijos transformados en bocas que hay que
alimentar. El cuestionamiento del trabajo infantil acompaña así al del trabajo femenino. La racionalización de la vida familiar
permite simultáneamente reafirmar la existencia de una jerarquía natural de las edades e insistir en su corolario, la
obligación de respetarla. Se plantea también un vínculo estrecho entre la figura femenina y materna y la educación: la familia
sirve de trampolín a la instrucción que garantiza a su beneficiario un destino social honorable gracias a la figura simbólica del
maestro. La educación se eleva aquí al rango de la ciencia.
La patria sigue constituyendo el elemento estructural que obliga a fundar una moral familiar cotidiana. El encuentro entre el
objetivo pedagógico y la apuesta nacional y republicana permite igualmente subrayar la necesidad de un doble
mantenimiento de valores jerárquicos y del sentimiento de respeto debido por las jóvenes generaciones a las más viejas. Al
educar a los hijos de las familias, la escuela contribuye a nutrir los vínculos sociales verticales.

 Regular la cuestión obrera

Fuerte papel del libro y las bibliotecas. Libros como misioneros que desarrollan en el hogar de la familia las ideas sanas y los
buenos sentimientos. Se concibe más como un apoyo educativo que como un agente de distracción. Induce una imagen de la
familia; mucho más, debe poder expresar simbólicamente el hogar obrero. El libro debe erigirse en un agente integrador y
ligar a los miembros de la familia desarrollando en su seno las condiciones de una comunicación. Simétricamente, quien no
lee encarna la soledad social y moral, aunque tenga familia. Tener mujer e hijos es ahora insuficiente: lo que crea el hogar es
la calidad de las relaciones establecidas. El papel del libro está asó en ese espacio que separa a la familia de la no familia o
hace caer a la primera en la degeneración moral simbolizada aquí, una vez más, por el alcohol. El libro debe cumplir el papel
de un correctivo, proporcionando a su lector una recreación racional, propicia para integrar familiarmente al obrero y
apaciguar las tensiones sociales.

Entonces, las maneras de percibir la familia se vieron afectadas por una triple revolución, médica, política y cultural.

La familia no es un artificio

El hombre es un ser social, que solo existe en virtud de su inserción en una red de cuerpos intermedios, e inscribe sus
acciones en marcos colectivos. Lo social se aprehende por medio de esos cuerpos que vinculan al individuo y la sociedad. Por
esa razón, admitir el carácter íntegramente contractual de la familia era teóricamente difícil de aceptar. Existe una
disyuntiva: el descubrimiento del lugar ocupado por el afecto en las relaciones sociales, y la negativa a hacer descansar el
mantenimiento de la institución únicamente en la elección.

Si la familia contribuye a nutrir el vínculo social, es porque, como institución, su fundamento no descansa sobre un contrato,
sino sobre un tipo particular de vínculo: el formado por la comunidad.

Familia y comunidad

Muchos pensadores hacen hincapié en los grupos intermedios entre el individuo y la sociedad porque no creen que el
vínculo social encuentre garantías suficientes en la agregación de individuos separados. Recurren al concepto de
instituciones para designar ese cuerpo de intermedios, entre ellos la familia. Si esta contribuye a nutrir el vínculo social, es
porque como institución, su fundamento no descansa sobre un contrato, sino sobre un tipo particular de vínculo: el formado
por la comunidad. Definidos en relación con la voluntad orgánica que los anima, los lazos de parentesco, vecindad y amistad,
concretados en la familia, las parroquias, las corporaciones, etc., son comunitarios. Constituyen las relaciones originales, de
fundamento natural, biológico y afectivo, de las que emana un espíritu de grupo, fuente de unión y estabilidad. Entonces, la
que la familia puede constituir el elemento intermediario, restaurador del vínculo. La comunidad representa así la fuente por
excelencia de la integración social.

Familia con carácter sociohistórico

Al definir el carácter institucional de la familia, los sociólogos afirman su historicidad, su variabilidad. Aquella no es un cuerpo
abstraído del resto de la sociedad: su forma y su contenido dependen del contexto social. El estudio de la familia es así
inseparable del estudio de una configuración particular que le confiere sus rasgos principales.

Algunos ejemplos son la familia aristocrática y la familia moderna para Tocqueville, el advenimiento histórico de un
protectorado familiar para Comte, la familia patriarcal, matriz e inestable para Le Play y la conyugalidad de la familia para
Durkheim.

Todos estos autores, por más que diferentes, identifican en la familia un catalizador social, una institución susceptible de unir
a los individuos independientemente de sus voluntades personales e intereses individuales.

LAS SOCIOLOGÍAS CONTEMPORÁNEAS DE LA FAMILIA


En la segunda mitad del S. XX, se registra una renovación de la sociología de la familia. Sin embargo, la complejidad y la
variedad de los enfoques sociológicos contemporáneos expresan esta tensión entre la fuerza, e incluso la reivindicación
consciente de la herencia, y la imaginación innovadora.

La familia: un objeto de observación e intervención

 Nueva cuestión familiar, nueva cuestión social

A partir de 1965 se observa una sensación de crisis entorno a la familia, que adquiere diferentes metodologías para
formarse, transformarse, agrandarse, separarse y desaparecer. Se inicia un proceso de problematización del tema de la
familia, que moviliza a la vez a investigadores, políticos, y trabajadores sociales que reemplazan a los médicos.
La cuestión familiar toma mayor énfasis cuando resurge como una amenaza para el crecimiento económico sostenido y
regular. Esto se ve potenciado con el proceso de aumento de la desocupación, disminución de puestos de trabajo estables,
explosión de los empleos precarios, y una nueva inseguridad laboral, que llevan a hablar de una neopauperización y un
resurgimiento de la cuestión social. Algunos sociólogos asocian este proceso con la difusión de fenómenos de aislamiento
emparentados a ciertas formas de reestructuración familiar. Así, se reactivan cuestionamientos sobre las relaciones entre
vínculo familiar y vínculo social y, como un siglo antes, son muchos los que apuestan a la educación, a la formación y, en lo
sucesivo con mayor claridad, a la especialización para poner remedio a las dificultades y conjurar los riesgos de
pauperización.

Estos análisis se ven potenciados por el shock demográfico, que muestra, para esa época, una caída de la fecundidad, que
alcanza inclusive a un nivel menor al de reemplazo. También se observaron redefiniciones de las formas de vida familiar no
basadas en el matrimonio, como las familias monoparentales y las familias recompuestas.

 El nacimiento de la familia moderna

La historia social centra su atención en otros elementos que el tamaño y la estructura de los hogares: la vivencia, la
mentalidad, el tipo de relaciones entabladas en la familia le parecen igualmente importantes. Al privilegiar el análisis de las
relaciones familiares internas y las configuraciones de sentido asociadas a ellas, destacan la necesidad de no confundir la
estructura de los hogares con su funcionamiento interno.

Ahora se confía a la escuela y el colegio la misión de separar cada vez más a los niños de la sociedad de los adultos,
proporcionarles una formación tanto moral como intelectual y encauzarlos gracias a una disciplina más rigurosa, eficaz y
racional. Sin embargo, a medida que se vuelve cada vez más pública, por intermedio del Estado y la escuela, la familia se
privatiza.

 La institución quebrantada
Para captar las mutaciones, se examina la desestabilización de la institución matrimonial y su declinación. Se observan
transformaciones asociadas a los modos de entrada en la vida matrimonial, comprobando que los primeros casamientos no
sólo se tornan menos numerosos sino también más tardíos. Se desarrollan formas parainstitucionales de vida de a dos, como
la cohabitación, que se impone poco a poco y pasa a convertirse en costumbre, así como la fuerte progresión de los
nacimientos extramatrimoniales. Entonces, la declinación del matrimonio se convierte para algunos en el indicador más
vigoroso de la decadencia de la institución familiar y la fragilización del vínculo de la familia, que pasa de estar instituida a
estar desinstituida. En el hombre, la institución reemplaza el instinto del animal y garantizaría al individuo su supervivencia
en sociedad. Sin ese punto de referencia, la desinstitucionalización amenazaría el vínculo social.

De todas maneras, se sigue depositando en la familia el sostén identitario de cada miembro. Ésta encuentra su justificación si
logra crear las condiciones para la expansión de cada uno de sus miembros. Lo que se valora es el calor del hogar, y aunque
ya no implique el casamiento, se le atribuye no obstante una acción sanitaria y moral innegable: hoy, al igual que hace un
siglo, la integración familiar se revela protectora para los individuos. Así, aunque deslegalizada, la familia sigue siendo una
institución inscripta en la sociedad. No puede existir una sociedad puramente contractual, y es preciso que la familia, bajo la
forma que fuere, contribuya al funcionamiento del sistema social.

Desde esta postura, la familia contemporánea no está en crisis, ya que sigue cumpliendo las funciones sociales de
reproducción, asegura una sociabilidad fuerte y una transmisión intergeneracional y contribuye a la inserción de los
individuos en el mercado laboral, así como los protege contra los riesgos.

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