República Bolivariana de Venezuela
Universidad Arturo Michelena
Facultad de Humanidades, Letras y Artes
Escuela de Idiomas Modernos
Historia Contemporánea
Profesor: Luis Zuccato Integrantes:
Luismar Bernal C.I: 26.654.368
Brian Cortez C.I: 26.781.458
Sección 1T
INDICE
Introducción…………………………………………………………………………………p.3
Autor…………………………………………………………………………………………p.5
Personajes………………………………………………………………………………….p.7
Género y forma narrativa………………………………………………………………….p.10
Argumento…………………………………………………………………………………..p.12
Desarrollo…………………………………………………………………………………...p.17
Conclusión………………………………………………………………………………..…p.30
Referencias Bibliográficas………………………………………………………………...p.31
INTRODUCCIÓN
¿Te has imaginado alguna vez estar 10 días en una balsa a la deriva?
Sólo llevas contigo tu ropa, 2 tarjetas, tus llaves y 4 remos. ¿Lograrías
sobrevivir con sólo un poco de pescado y una raíz desconocida?
Descubre cómo Luis Alejandro Velasco lo logra en el fascinante libro de
Gabriel García Márquez: “Relato de un náufrago”.
En este relato verídico, se describe con magistral lujo de detalles el
accidente del destructor Caldas, perteneciente a la Marina de Guerra de
Colombia, que cobró la vida de 7 hombres dejando a uno más a la deriva en
una pequeña balsa, quien después de diez terribles días en el mar logra
sobrevivir y llegar a tierra firme.
Tras zarpar de Mobile, Estados Unidos hacia Cartagena, Colombia, el
Caldas que transportaba carga ilegal mal estivada propiedad de los
marineros, pierde nivel por el exceso de peso y al caer dicha carga por la
borda del barco se lleva consigo a 8 hombres que se guarecían de las olas
cerca de ella.
Sólo Luis Alejandro Velasco sobrevive llegando al fin a Colombia, en donde
se le consideró un héroe por el sólo hecho de no dejarse morir, de
conservarse vivo gracias a un poderoso instinto de supervivencia.
Durante el relato se presentan numerosas analepsias que figuran como
pausas, en las cuales Velasco recuerda numerosas vivencias y reflexiona
acerca de diversos acontecimientos importantes en su vida.
El elemento sumario también está presente de manera constante, al referir
en forma de resumen las historias y antecedentes de sus compañeros.
Es un relato de acontecimiento que incluye los elementos narrativo,
descriptivo y expositivo, desde la perspectiva del narrador protagonista,
quien, como su nombre lo indica, nos cuenta la historia y es el personaje
principal.
Este relato le fue contado a Gabriel García Márquez por el mismo
Alejandro Velasco, quien acudió a él cuando el primero era reportero de
planta del Espectador de Bogotá.
Durante veinte sesiones de seis horas le relató, con asombrosa capacidad
descriptiva y de síntesis, la verdadera causa del accidente del destructor
Caldas, que erróneamente se atribuyó a una tormenta.
Es importante mencionar que la revelación de la verdad, durante el período
de gobierno del presidente Gustavo Rojas Pinilla, costó al Espectador de
Bogotá su clausura y el consecuente exilio de Gabriel García Márquez, quien
partió hacia París.
Tras intentar infructuosamente mediante sobornos y amenazas que
Velasco desmintiera dichas revelaciones, éste fue expulsado de la Marina y
pronto olvidado junto con su increíble historia.
Sin embargo, para finalizar, como menciona García Márquez, Luis
Alejandro Velasco fue un héroe que tuvo el valor de dinamitar su propia
estatua y terminar así con la millonaria gloria de un náufrago convertido en
figura publicitaria y nacional.
AUTOR
Gabriel José García Márquez nació en Aracataca (Colombia) en 1927.
Cursó estudios secundarios en San José a partir de 1940 y finalizó su
bachillerato en el Colegio Liceo de Zipaquirá, el 12 de diciembre de 1946. Se
matriculó en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de
Cartagena el 25 de febrero de 1947, aunque sin mostrar excesivo interés por
los estudios. Su amistad con el médico y escritor Manuel Zapata Olivella le
permitió acceder al periodismo. Inmediatamente después del "Bogotazo" (el
asesinato del dirigente liberal Jorge Eliécer Gaitán en Bogotá, las posteriores
manifestaciones y la brutal represión de las mismas), comenzaron sus
colaboraciones en el periódico liberal El Universal, que había sido fundado el
mes de marzo de ese mismo año por Domingo López Escauriaza.
Había comenzado su carrera profesional trabajando desde joven para
periódicos locales; más tarde residiría en Francia, México y España. En Italia
fue alumno del Centro experimental de cinematografía. Durante su estancia
en Sucre (donde había acudido por motivos de salud), entró en contacto con
el grupo de intelectuales de Barranquilla, entre los que se contaba Ramón
Vinyes, ex propietario de una librería que habría de tener una notable
influencia en la vida intelectual de los años 1910-20, y a quien se le conocía
con el apodo de "el Catalán" -el mismo que aparecerá en las últimas páginas
de la obra más célebre del escritor, Cien años de soledad (1967). Desde
1953 colabora en el periódico de Barranquilla El nacional: sus columnas
revelan una constante preocupación expresiva y una acendrada vocación de
estilo que refleja, como él mismo confesará, la influencia de las greguerías
de Ramón Gómez de la Serna. Su carrera de escritor comenzó con una
novela breve, que evidencia la fuerte influencia del escritor norteamericano
William Faulkner: La hojarasca (1955). La acción transcurre entre 1903 y
1928 (fecha del nacimiento del autor) en Macondo, mítico y legendario
pueblo creado por García Márquez. En 1961 publicó El coronel no tiene
quien le escriba, relato en que aparecen ya los temas recurrentes. En 1962
reunió algunos sus cuentos bajo el título de Los funerales de Mamá Grande,
y publicó su novela La mala hora. Muchos de los elementos de sus relatos
cobran un interés inusitado al ser integrados en Cien años de soledad. En la
que Márquez edifica y da vida al pueblo mítico de Macondo (y la legendaria
estirpe de los Buendía): un territorio imaginario donde lo inverosímil y mágico
no es menos real que lo cotidiano y lógico; este es el postulado básico de lo
que después sería conocido como realismo mágico. Se ha dicho muchas
veces que, en el fondo, se trata de una gran saga americana. En suma, una
síntesis novelada de la historia de las tierras latinoamericanas. En un plano
aún más amplio puede verse como una parábola de cualquier civilización, de
su nacimiento a su ocaso.
Tras este libro, el autor publicó la que, en sus propias palabras, constituiría
su novela preferida: El otoño del patriarca (1975), al que seguiría el libro de
cuentos La increíble historia de la cándida Eréndira y de su abuela
desalmada (1977), y Crónica de una muerte anunciada (1981).
El amor en los tiempos del cólera, se publicó en 1987.
En 1982 se le otorgó el Premio Nobel de Literatura.
Una vez concluida su anterior novela vuelve al reportaje con Miguel Littin,
clandestino en Chile (1986), escribe un texto teatral, Diatriba de amor para
un hombre sentado (1987), y recupera el tema del dictador latinoamericano
en El general en su laberinto (1989), e incluso agrupa algunos relatos
desperdigados bajo el título Doce cuentos peregrinos (1992). Del amor y
otros demonios (1994) y Noticia de un secuestro (1997). En 2002, García
Márquez publicó el libro de memorias Vivir para contarla, el primero de los
tres volúmenes de sus memorias. La novela, Memoria de mis putas tristes,
apareció en 2004.
En 2007, la Real Academia Española y la Asociación de Academias de la
Lengua Española lanzaron una edición popular conmemorativa Cien años de
soledad.
Murió el 17 de abril de 2014.
PERSONAJES
Aquí todo el protagonismo se le atribuye al narrador de su propia
aventura, la del náufrago Luis Alejandro Velasco. No hay más personajes
principales. El resto de personajes son simplemente piezas extras del juego,
son relleno, que la casualidad de la vida les hizo estar en el momento preciso
de la aventura, ya que es un hecho real.
Luis Alejandro Velasco (el náufrago): Joven marinero de apenas 20 años,
macizo, con más cara de trompetista que de héroe de la patria. Natural de
Bogotá provenía de una familia humilde como la que imperaba entonces en
aquella época. Tenía un instinto excepcional del arte de narrar (de hecho, la
obra está firmada en primera persona), una capacidad de síntesis y una
memoria asombrosa y de bastante dignidad silvestre como para reírse de su
propio heroísmo.
Es un personaje fuerte, sensible, por lo que muchas veces se juzga a sí
mismo. Valiente, con ganas de vivir, aunque muchas veces más que en una
convicción se volvió un instinto. Impulsivo en muchos momentos impulsivos
(pues, ¿quién no se convierte en impulsivo cuando se debate entre la vida y
la muerte?). Buen compañero y amigo. Con una fortaleza interna difícil de
encontrar en una persona común. Idealista, y hasta cierto punto fantasioso.
En la barca su físico hizo un cambio: al no poderse ni afeitar durante tanto
tiempo hizo que su barba llegara hasta su cuello, el cuerpo ampollado, los
hombros y los brazos quemados por el sol, los ojos irritados y al caerse del
destructor, se hizo una herida en la rodilla derecha.
Mary Address: Era la novia que tenía Luis Alejandro en Mobile. Tenía gran
facilidad para aprender el castellano y entre el medio inglés de Luis Alejandro
y su medio castellano, se entendían bastante bien. Los amigos de Luis la
llamaban María Dirección y ella no entendía el porqué. Yo me la imagino con
muy buen tipo, rubia y con ojos azules, pero un poco peripuesta.
Diego Velázquez: Compañero del buque de Luis Alejandro que, tras ver una
película en el cine con sus compañeros, tuvo el presentimiento de la
catástrofe.
Luis Rengifo: Marinero primero, nacido en la población de Chocó, lejos del
mar pero llevaba el mar en la sangre. Era un hombre serio y estudioso que
hablaba el castellano tan correctamente como el inglés; estaba casado con
una dama dominicana y era ingeniero civil en Washington. De físico, me lo
imagino robusto, moreno de cara, musculoso, y bastante guaperas. (Murió en
el mar antes de alcanzar la balsa).
Ramón Herrera: Marinero segundo y amigo íntimo de Luis Alejandro. Era de
Arjona. Siempre estaba alegre, sabía tocar el tambor y tenía un don especial
para imitar a todos los cantantes de moda. De físico me lo imagino regordete
no muy alto, con gafas y muy blanquillo de cara. (Fue otro de los marineros
muertos en el naufragio).
Miguel Ortega: Cabo primero y artillero. Nunca ningún marinero había sido
tan juicioso como él. Siempre hablaba de su esposa y sus hijos aunque no
desperdició ni un dólar en su estancia en Norteamérica para comprar regalos
a su familia. Me lo imagino bastante serio y formal, una persona que no se
metía nunca en discusiones ni en problemas, y no sé porque pienso que
tenía bigote y gafas, la cara llena de pecas y era calvo. (Acabó ahogado en
el fondo del mar).
Jaime Martínez Diago: Teniente de fragata y segundo oficial de
operaciones. Fue el único oficial muerto en la catástrofe. Era un hombre alto,
fornido y silencioso. Natural de Tolima y excelente persona.
Julio Amador Caraballo: Suboficial primero y segundo contramaestre del
buque. Era un hombre alto y bien plantado. Me imagino que era muy buena
persona por decir a su amigo Eduardo Castillo que se agarrara de su cuello
en el mar, después del accidente. (Murió ahogado tras el accidente en el
mar).
Elías Sabogal: Suboficial y jefe de máquinas. Era un lobo de mar, pequeño,
de piel curtida, robusto y conversador. Tenía alrededor de 40 años y, según
el protagonista, cree que la mayor parte de sus cuatro décadas los pasó
conversando. Tenía esposa y 6 hijos y fue quien manifestó más
estrepitosamente su alegría de volver a casa.
Eduardo Castillo: Marinero segundo, almacenista, soltero, bogotano y muy
reservado. A éste me lo imagino feo, simplemente por el hecho de ser
soltero, con gafas, los dientes separados, gordo y unos ojos oscuros y muy
profundos, que es lo único que tiene un poco aceptable. (Otro de los muertos
en el accidente).
Jaime Manjarrés: Bogotano y el amigo más viejo de la marina. Y a éste me
lo imagino con barba blanca, no muy larga, y siempre con la pipa en la boca.
En las apariciones, iba vestido con el uniforme de trabajo que era un
pantalón y una camisa azul con la gorra ligeramente inclinada a su oreja
derecha.
Dámaso Imitela: Es la segunda persona que ve cuando llega a tierra firme y
el primer hombre que prestó ayuda al náufrago tras pisar la playa. Hombre
blanco, pálido, con sombrero de caña y los pantalones enrollados hasta las
rodillas con una carabina terciada a la espalda… Tenía una carabina terciada
a la espalda.
Su mujer es la primera persona que Luis Alejandro ve.
Inspector de policía: De la población de Mulatos. Fue la primera persona
que prestó protección para el superviviente del naufragio.
Humberto Gómez: Primer médico que realizó un examen detenido del
estado de Luis Alejandro.
GÉNERO Y FORMA NARRATIVA
Esta novela es un reportaje periodístico en que se cuenta lo que le
ocurrió a un náufrago durante diez días que estuvo en el mar sin comida ni
bebida.
La narración de este libro es lenta y no pega saltos temporales. El discurrir
del tiempo es lineal ya que no tiene sucesivas rupturas que permitan ir hacia
atrás o hacia adelante indistintamente porque es una narración que sigue un
orden.
El tiempo verbal utilizado para la narración, la más predominante, es el
pasado y para los diálogos es el presente.
La obra es de una estructura cerrada, en la que se pueden diferenciar
planteamiento, nudo y desenlace.
El planteamiento o presentación se encuentra entre las páginas 15 a la 37.
En el primero se nos hace una descripción de los tripulantes y también de
aquello que hacían en los días de franquicia. Después de una corta
descripción de esto nos comenta lo que ocurre en el barco cuando vuelven a
Cartagena. Cayeron ocho marineros al mar, causado por el corrimiento de la
carga, de los cuales solo sobrevivió nuestro protagonista, Luis Alejandro
Velasco.
El nudo se desarrolla entre las páginas 38 a la 112. En esta parte se
desarrolla todo lo que le ocurre al náufrago con una total perfección.
El desenlace ocupa desde la página 112 a la 141. Aquí se cuenta cómo fue
su llegada a tierra firme y todo aquello que le sucedió gracias a contar lo que
le ocurrió en esos diez días. Algunas anécdotas que le sucedieron en el
hospital donde estuvo ingresado hasta su total recuperación.
Casi no hay diálogo, nada más alguna pequeña conversación al principio
entre los marineros y otras un poco más largas al final, cuando llega a tierra
firme. Es imposible que predomine el diálogo ya que siendo el relato de un
náufrago, la misma palabra ya nos indica que está solo.
Abunda la narración ya que toda la novela lo es pero también hay mucha
descripción ya que explica muy detalladamente todo lo que ve, utilizando
muchos adjetivos.
Este libro es una narración porque si hacemos las siguientes preguntas al
hecho narrado encontraremos que todas o casi todas se pueden contestar:
¿Qué ha ocurrido? ¿Cuándo? ¿Dónde? ¿Cómo? ¿A quiénes? ¿Por qué?
¿Para qué?
El poco diálogo que encontramos es un estilo directo ya que el autor nos
transmite literalmente las palabras dichas por un personaje; lo encontramos
después del guion y se ve a simple vista.
En las descripciones que encontramos lo podemos ver muy fácilmente
porque se emplean más adjetivos que verbos, para designar varias veces a
algún objeto, etc... No se repite la misma palabra y se evita la rima interna.
No solo se describe lo que ve sino cómo se siente en cada momento y
como se va deteriorando su cuerpo, por eso podemos encontrar fragmentos
de autorretrato que incluya sentimientos, emociones, sensaciones y
fantasías.
El autor describe el efecto que producen la soledad, el silencio, el hambre y
la sed, entre otras sensaciones, al náufrago de tal modo que como lector, te
traslades a la balsa con él para experimentar lo que siente.
ARGUMENTO
El relato está dividido por capítulos, exactamente catorce, pero podríamos
dividir el libro principalmente en cuatro partes:
· Una primera que abarcaría desde el primer capítulo hasta la mitad del
segundo. En este tramo del libro nos cuenta cómo era su vida en la ciudad
de Mobile en los Estados Unidos. También explica cómo eran sus
compañeros ahogados en alta mar y los demás tripulantes del buque con los
que tenía relación.
“Luis Alejandro Velasco, natural de Bogotá, se encontraba en la ciudad
norteamericana de Mobile, en el condado de Alabama. Debían esperar allí
cerca de ocho meses mientras que el A.R.C. Caldas, destructor de la armada
colombiana, era sometido a diversas reparaciones. En Mobile pasaba el
tiempo libre con sus compañeros de buque y con su novia llamada Mary
Address en el cine y en una taberna del puerto llamada Joe Palooka. Al
principio nos relata cómo eran sus ocho compañeros ahogados en alta mar y
concluye diciendo sus últimos momentos antes de zarpar“
La segunda parte consta desde la mitad del segundo capítulo hasta el
tercer capítulo. En esta ocasión describe la tragedia ocurrida en el buque y la
manera en la que pudo salvarse y ver cómo morían sus compatriotas.
“Ya a bordo del buque lo difícil que fue para algunos el acostumbrarse de
nuevo a las travesías en barco. Todos y cada uno de los regalos que habían
comprado en territorios estadounidenses estaban fuertemente amarrados.
Apenas faltaba algo menos de 24 horas para llegar a su destino cuando
empezó a levantarse un fuerte oleaje. Esto propició que el 28 de Febrero de
1955, cuando faltaban apenas 10 minutos para el mediodía y 2 horas para
llegar a su destino, un brutal golpe de oleaje tiró a Luis Alejandro junto con
ocho compañeros al mar. El protagonista veía impotente cómo cuatro de
ellos se ahogaban pero pudo descubrir a tiempo dos balsas aparejadas,
nadó hacia ellas y se puso a salvo, aunque sufrió un fuerte golpe en la
rodilla.”
La tercera es la más extensa, ya que narra sus diez días a la deriva por el
mar del Caribe y cuenta sus peripecias como náufrago. Constaría desde el
cuarto episodio hasta el undécimo.
“Diez días duró la travesía en la balsa. En la primera noche trató de
orientarse por medio de la puesta del sol y por la localización de la Osa
Menor. El náufrago no paraba de pensar que el buque no sólo habría llegado
a su destino, sino que ya habrían empezado las operaciones de búsqueda
de los supervivientes. Pero esta esperanza desaparecía poco a poco.
En el segundo día vio un punto negro en el horizonte que se acercaba a gran
velocidad hacia la balsa. Poco a poco ese punto negro se convertía en un
avión, pero debido a la velocidad del aparato y de la gran altura a la que se
encontraba resultó imposible el divisar al náufrago y volvió por donde vino. A
los 5 minutos apareció de nuevo y nuestro protagonista pensó que lo habían
visto pero realizó la misma operación. Desde ese día Luis Alejandro tomó
nota de que los aviones partían y volvían de la misma dirección, de
Cartagena de Indias, y de que todos los días, desde las 5 de la tarde hasta el
anochecer aparecían los tiburones merodeando la balsa.
El tercer día fue el más desesperante de todos. A parte de no ocurrir nada en
particular empezaba a tener visiones. Veía a su mejor amigo de la marina en
la balsa, Jaime Manjares.
Al cuarto día perdió la noción de los días y no estaba seguro de sí la balsa
avanzaba o retrocedía. También fue el primer día que bebió algo de agua
salada.
En la noche del cuarto al quinto día, mientras conversaba con su amigo
Jaime, vio las luces de un barco pero a los 20 minutos desapareció. Al
amanecer empezó a pensar en un relato, recientemente leído, en el que
hablaba de un náufrago que en una balsa llegaba a una isla desierta en la
que era devorado por caníbales. A lo largo del día una molestia le repercutía
en su estado físico y pensó que ya había llegado el momento, pero descubrió
que desabrochándose el pantalón y descargando el vientre sobre la mar,
volvía a sentirse con fuerzas. Lo más importante de ese día fue la visita de 7
gaviotas. Pensó que se encontraba muy cerca de la costa y eso le dio
fuerzas. De repente una de las gaviotas descendió su vuelo y se posó sobre
la balsa. Luis Alejandro permaneció inmóvil y la gaviota se confió en exceso.
No es digno de un marino matar una gaviota pero el hambre lo puede todo y
con dos vueltas de pescuezo sintió la sangre caliente chorreándole los
dedos. La repugnancia ante tal amasijo de huesos, carne y sangre le hizo
desperdiciar el manjar y lo desechó por la borda después de desestimar la
idea de usarlo como carnaza.
Al sexto día, debido al hambre, recordó que tenía varias tarjetas de Mobile
en el bolsillo y no dudó en echárselas a la boca. Fue un gran alivio y eso
supuso un aumento en su imaginación, llegando a probar el sabor de los
zapatos.
En el séptimo día pensó, al ver tantos peces alrededor de la balsa, que podía
coger uno con facilidad, pero los peces le respondieron mordiéndole y
desgarrándole las yemas de los dedos. La mezcla de la sangre con la gran
cantidad de peces hizo de imán para los tiburones que aparecieron en gran
número. De repente uno de los tiburones dio un aletazo y apareció en la
balsa. Desesperadamente el marinero agarró uno de los remos y se lio a
remazos con el animal hasta que se dio cuenta de la situación: uno de los
peces, perseguido por los tiburones había logrado introducirse dentro de la
balsa junto con medio cuerpo de un tiburón que desistió de su presa y
regresó al mar. Despedazó al pez de medio metro y después de limpiarlo
como pudo le engatusó dos bocados que le saciaron el hambre. Mientras iba
a limpiar su presa ingenuamente al mar, un tiburón envistió contra la presa y
se la arrebató al náufrago. En un ataque de rabia asestó un duro golpe
contra el tiburón y éste respondió tragándose medio remo.
En la noche del séptimo día se levantó un oleaje aún más fuerte que el del
día del naufragio. Una gigantesca ola dio una fuerte sacudida y despidió al
náufrago fuera de la balsa. Al salir a la superficie contempló horrorizado que
la balsa ya no se encontraba, había desaparecido, pero a un metro de
distancia apareció de las profundidades como por arte de magia y volvió a
incorporarse a ella. Aquí no acabó sus problemas con el oleaje, una segunda
ola volvió a destronar al rey de su trono y mandó de nuevo al náufrago al
agua como si ya formara parte de ella. Luis Alejandro se encontraba debajo
de la embarcación, ya que la ola la había volteado. El oleaje logró darle la
vuelta de nuevo a la balsa y como esfuerzo sobrehumano nuestro
protagonista logró introducirse de nuevo en la balsa, exhausto por el
esfuerzo.
Al amanecer del octavo día una gran gaviota revoloteaba en las
inmediaciones de la balsa, no había duda, estaba cerca de tierra firme. Por la
noche la gaviota se acercó y empezó a picotear suavemente la cabeza del
náufrago, entonces, sin saber si lo hacía por un acto de cariño o por la
hambruna, agarró la gaviota con fuerza. Así despertó la mañana del noveno
día.
Tras dejar en libertad a la gaviota se percató del tremendo mal estado en el
que se encontraba. Tenía pensamientos de dejarlo todo y esperar a que la
muerte lo viniera a buscar. Por la tarde fue sorprendido por una extraña raíz
oscura que sobresalía por la superficie de la mar enredada a los cabos
sueltos de la balsa. Sin pensárselo dos veces hincó el diente a la misteriosa
raíz de medio metro. Le supo a veneno pero ya le daba igual. La novena
noche resultó ser la más larga de cuantas había estado a la deriva. Fue una
noche de recapitulación y empezó a reflexionar sobre los últimos
acontecimientos ocurridos en los últimos días y le llevó toda la noche sin
pegar ojo.
Se despertó al amanecer con estado de locura avanzado a su entender y vio
una sombra que le hacía suponer tierra firme, pero pensó que se trataba de
otra alucinación. Se tumbó contra el borde y se percató del contorno de la
costa. Se lo pensó mucho antes de arrojarse al agua y nadar hacia la costa
ya que calculaba que se encontraba a unos 2 kilómetros y medio pero
decidió que el esfuerzo sería recompensado y se tiró al agua, eran las 10 de
la mañana del 9 de Marzo.”
Para concluir y como última parte, que va desde el duodécimo capítulo
hasta el final, revela lo que le ocurrió a su llegada a tierra firme y al final
cuenta cómo es su vida rutinaria.
“Fue una sensación extraña el volver a pisar tierra bajo sus pies.
Completamente agotado por su esfuerzo se tumbó en un tronco cercano y
escuchó el ladrido de un perro y apareció una joven. Intentó comunicarse
con ella y ésta huyó asustada. La segunda persona que se topó con el
náufrago fue un hombre con un burro y con un perro y le descubrió que
había llegado a la población de Urabá, en Colombia. Junto con su mujer y
subido al burro le condujeron hasta su casa en dónde fue atendido
sorprendido al saber que no tenía ningún tipo de noticia. Pronto, tras oír
levemente las noticias del naufragio en una radio, la muchedumbre se
agolpaba en la casa para prestarle ayuda. La multitud, dirigidos por el
inspector de policía, le llevaron al pueblo de Mulatos.
El doctor Humberto Gómez fue el primer médico que reconoció al náufrago y
después lo llevaron en avioneta hasta Cartagena de Indias en donde le
aguardaba su familia. Una vez allí lo trasladaron al Hospital Naval en donde
no se le permitió la entrada más que a su padre, los médicos y los guardias.
La historia del náufrago le proporcionó riquezas por derechos de publicidad y
relatado su historia por televisión y radio. Hoy en día es un héroe olvidado
por su país.”
DESARROLLO
Capítulo 1. Cómo eran mis compañeros muertos en el mar.
Subtítulo: Los invitados de la muerte.
Par de días antes de la fecha para zarpar anuncian que el A.R.C
caldas está listo para navegar, este se encontraba 8 meses en Mobile,
Alabama efectuándole arreglos electrónicos. Luis Alejandro Velasco junto
con grupo de compañeros de navío planea ver “El Motín del Caine” película
la cual fue recomendada por uno de ellos, trata sobre una tempestad en alta
mar. Estos sucesos dejan consternados a Luis Alejandro Velasco y a su
compañero Ramón Herrera quienes deciden que apenas al llegar a Colombia
se retirarían de la marina.
La madrugada del 24 de febrero sale del puerto de Mobile, Alabama.
Velasco da a conocer sus presentimientos y el miedo que tenia de estar otra
vez en mar abierto luego de ver aquel film, sin haber podido dormir bien él y
el resto de los tripulantes ya pueden ver entre la niebla como las luces del
puerto de Mobile van alejándose cada vez más. Velasco afirma que solo le
tomo una hora de navegación para sentirse en casa y que los miedos
desaparecieran.
Capítulo 2. Mis últimos minutos a bordo del “barco lobo”
Subtítulos: Empieza el baile.
Un minuto de silencio.
Avisan a Velasco para la hora de almorzar del 26 de febrero que ya se
encuentran en el Golfo de México, el cual días antes se venía preocupando
por la estadía que les esperaba allí aunque el barco se movía con serenidad.
El cabo Miguel Ortega se ve afectado cada vez más por los movimientos
bruscos que las olas van ocasionando más fuertes al pasar las horas. La
noche del 26 de febrero estuvo aún más dura de cómo pasó el día, ya para la
medianoche estarían en aguas del caribe. A las 6 de la mañana Velasco se
levanta y le manifiesta sus temores a su compañero de litera Luis Reginfo a
lo cual él responde que no habría posibilidades de que ocurriera algún
accidente en aguas del Caribe con el caldas “el barco lobo” este mismo es la
guerra logro hundir un submarino alemán en las mismas aguas.
Las últimas horas había estado el barco turbio pero no tanto como la noche
del 27 de febrero. Velasco en sus horas de guardia comenzó a hacer planes
para cuando llegara a Cartagena y buscar un poco de distracción para su
angustia. El baile comienza a las 10 de la noche cuando la marea y el viento
sube aún más, ya para la medianoche se oyen en los altavoces “todo el
personal a babor” ya dependían de equilibrar el barco con su propio peso. En
la madrugada del 28 de febrero Velasco sube a recibir guardia junto con sus
compañeros sin haber pegado un solo ojo de sueño. Relevan los puestos a
las siete de la mañana justo para desayunar y descansar, Velasco y sus
compañeros deciden mantenerse en popa donde se siente menos el chocar
de las olas y así dormir un rato. Para eso del medio día repiten la alerta en
los altavoces, ya ellos estaban en babor y con chalecos salvavidas, pasados
unos 20 minutos una ola fuerte golpea el barco y los deja empapados
Velasco trata de aferrase a la carga para no ser arrastrado, vuelve acostarse
y cierra los ojos, en cada ola fuerte siente un vació y un silencio… Velasco
calcula dos horas para estar en Cartagena, pero al asomar la cabeza no ve
su brazo ni su reloj, sin darse cuenta ya estaba en las verdes aguas del
Caribe y el buque asomándose lejos brotándole agua por todas partes.
Capítulo 3. Viendo ahogarse a cuatro compañeros.
Subtítulos: ¡Sólo tres menos!
Solo.
Cuando Luis Velasco se encuentra en el mar le toma segundos pensar
y analizar en la situación que estaba viendo además el barco alejarse y salir
a flote cajas de la mercancía que éste llevaba, nadó hasta la caja más
cercana y se sostuvo de ella. Momento después aparecen dos balsas
blancas, Velasco al reaccionar ya se encontraba nadando hacia una ellas
mientras la otra se alejaba, al tercer intento logra subirse a la balsa se
levanta y ve a tres de sus compañeros entre ellos se encontraba su
compañero de litera Luis Reginfo que calmado como siempre trataba de
llegar hasta la balsa, por otro lado se encontraba Ramón Herrera, Velasco
sin pensarlo tomó los remos y empezó a nadar contra la brisa sabiendo que
no iba a lograr mover la balsa de aproximado dos metros cuando de repente
una ola grande los cubre y hace elevar la balsa, dos de los tres compañeros
no se ven en la superficie y al otro lado tampoco se ve Ramón Herrera, solo
queda Luis Reginfo cansado de nadar, se detiene y le dice a Velasco que
reme hacia donde esta él, a lo que Velasco contesta que no puede remar
contra el viento puesto que la balsa no se moverá. Ya casi a cinco metros de
distancia y alejándose cada segundo más la balsa de donde estaba Luis
Reginfo, éste sigue gritándole a Velasco con una mano levantada pero el
cansancio, el sol y la desesperación consumen a Luis Reginfo haciéndolo
hundir en la aguas del mar caribe y a Velasco quedar solo.
Una vez sólo en la balsa Velasco ve su reloj y son las doce del
mediodía, y la última vez que vio la hora eran las once y cincuenta, solo
habían pasado diez minutos en que él se encontraba en popa junto a sus
compañeros, hace un inventario de lo que trae consigo, su reloj, un anillo de
oro, una cadena, las llaves del armario y unas tarjetas que se las habían
regalado en Mobile. Velasco calcula estar a unas doscientas millas de
Cartagena, tendría que esperar tres horas para que fueran por su auxilio.
Capítulo 4. Mi primera noche solo en el Caribe
Subtítulos: La gran noche.
La luz de cada día.
Un punto negro en el horizonte.
Se hacen las cuatro de la tarde y Velasco aún sigue esperando
sentado en la borda, dirigiendo su mirada al reloj y hacia todos lados con
esperanza de que un avión viniese por él. Cinco y media de la tarde del 28
de febrero, el viento ha calmado y sol se va ocultando en el horizonte allí es
cuando Velasco trata de ubicarse en qué dirección y hacia donde lo lleva el
viento, piensa que ya el destructor ha llegado a Cartagena, que sus
compañeros ya se han trasladado con sus familiares, que ya han avisado a
las autoridades y en cualquier momento llegarían por él. La angustia y la
noche llegan, Velasco no puede dejar de ver el reloj, son las siete en punto y
el cielo se arropa con estrellas.
Luis Alejandro Velasco pasa su primera noche en el mar, sólo en compañía
de las estrellas y sin dejar de seguir el reloj cada minuto hasta el amanecer.
La mañana del 29 de febrero fue calmada, ya Velasco empezaba a sentir
dolor en su espalda y sus labios, y el estómago retorciéndole de hambre
cuando ve el reloj y son las siete de la mañana hora del desayuno en el
buque, comienza a sacar conclusiones del accidente y a reprocharse por qué
tuvo que haber subido a popa en vez de quedarse su litera. Duro toda a
mañana pensando sobre el accidente para cuando seria casi el medio día
ve justo en el horizonte un punto negro que viene hacia la balsa, admite que
no sintió ninguna emoción, solo serenidad. Ve acercándose la silueta, se
levanta para hacer señales con su camisa, espera justo el momento exacto
para comenzar a agitarla.
Capítulo 5. Yo tuve un compañero a bordo de la balsa.
Subtítulos: ¡Me habían visto!
Los tiburones llegan a las cinco
Un compañero en la balsa
Velasco agita su camisa, pero se da cuenta de que el avión no va
hacia él, da la vuelta y se regresa por donde llegó. Después de un rato
aparece otro avión este si está cada vez más cerca y a baja altura, Velasco
se coloca de nuevo de pie y agita su camisa, el avión negro pasa tan cerca
que él logra ver a un hombre que lo ve a él también, aliviado de que ya lo
han encontrado sigue de pie agitando la camisa, el avión pasa un par de
veces más hasta que se vuelve a ir por el mismo lugar de donde apareció,
Velasco despreocupado asumía que ya lo habían visto luego de pasar 24
horas en la balsa se sentó a esperar más aviones.
Pasaron las horas y nada, Velasco sigue sentado en la borda
contemplando el atardecer. El sol comenzó a caer a las cinco de la tarde y el
todavía no perdía la esperanza, distraído da un pequeño brinco ocasionado
por el tropiezo de la aleta de un tiburón contra la borda.
El mar estaba sereno esa tarde, más tiburones fueron hacerle compañía a
Velasco, desde allí ya sabía que después de las cinco no se sentaría en la
borda puesto que los tiburones eran puntuales.
Velasco pasa su segunda noche solo en el mar con hambre, sed y
desesperación. No se siente agotado y decide remar a medianoche en
sentido a la Osa Menor durante unas horas, agotado a las tres de la mañana
decide tumbarse en el piso de la balsa a descansar, se queda dormido por
sesiones de minutos.
Admite que también había otro marinero haciéndole compañía, dice
haberlo visto sentado y dándole dirección hacia el puerto de Cartagena, jura
haberlo visto. Este marinero era Jaime Manjarres, un compañero muy
cercano a él desde que comenzó en la marina. Decidido sigue la dirección
que este le da, viendo en el horizonte las luces del puerto. Cuando voltea
Manjarres ya no estaba y la luces del puerto se vuelven los rayos del sol
saliendo de su tercer día de naufragio.
Capítulo 6. Un barco de rescate y una isla de caníbales
Subtítulos: ¡Barco a la vista!
Siete gaviotas.
Perdiendo la noción del tiempo y los días que ya había pasado en el
mar, Velasco cuenta como el hambre y la sed se apoderan de él al quinto día
de estar solo en el mar sin beber, ni comer. En la madrugada de ese día se
encontraba recostado, levanta la cabeza y ve las luces de un barco
acercándose, sin energías pero con mucha esperanza trata de remar, admite
que no se movió mucho para lo que el barco se va alejando cada vez mas,
hasta que y no vio las luces. Sale el sol, el quinto día, pierde totalmente las
esperanzas de que lo rescataran por cualquier medio, en eso trata de atrapar
algunos peces pero sus amigos los tiburones se lo impiden, deja de intentar y
se hecha en la balsa boca arriba, al rato ve pasar siete gaviotas por encima
de la balsa, Velasco siente alegría eso significaba que había tierra cerca, al
menos de días más de navegación.
Una pequeña gaviota se acerca a la borda, Velasco permanece tranquilo
por al menos una hora…
Capítulo 7. Los desesperados recuerdos de un hambriento.
Subtítulos: Yo era un muerto.
¿A qué saben los zapatos?
El hambre hacia estragos en el náufrago, Él estaba ahí, recostado e
inmóvil cuando una gaviota confiada se posa sobre su muslo pensado que él
ya estaba muerto, le picoteaba el pantalón pero no le hacía ningún daño,
lentamente Él deslizo su mano por su pantalón hasta que logro agarrar la
gaviota para luego dispuesto a comérsela. Justo en el momento antes de
matarla recordó cuando el jefe de armas le dijo hace un tiempo: <<No seas
infame. La gaviota para el marinero es como ver tierra. No es digno de un
marino matar a una gaviota>>. En aquel momento las palabras del jefe
resonaban en sus oídos, pero el hambre era más grande que cualquier cosa.
La agarro por el pescuezo y empezó a retorcerlo como si fuera una gallina
dándole una muerte rápida a la frágil gaviota. La sangre chorreante alboroto
a los peces, incluso a un tiburón que asomo su panza mientras rozaba la
balsa, este vino al momento de oler su sangre, que lo atrajo a la balsa.
Aterrorizado el náufrago tiro la cabeza de la gaviota al mar viendo como los
animales grandes se peleaban por esa cabeza, que era más pequeña que un
huevo. Lo primero que trato de hacer fue desplumarla pero no contaba con
que su piel fuera muy delicada, arrancando tajos de piel de la gaviota cada
vez que retiraba una pluma de su frágil cuerpo, Le causo asco el ver la
sangre caliente de la gaviota esparcida en sus manos, que tenía un olor muy
fuerte a pescado crudo y sarna, Se llevó a la boca un muslo de la gaviota
pero no pudo tragarlo, le pareció estar masticando una rana así que escupió
el pedazo que tenía un su boca para luego quedarse inmóvil durante un largo
rato.
Lo primero que le vino a la mente fue que lo que no le servía de alimento le
serviría de carnada, pero no tenía la forma de armar un anzuelo para poder
pescar algo para comer, pensó en armar un anzuelo con el cinturón, pero era
prácticamente imposible, mientras que los peces daban saltos alrededor de
la balsa debido a la sangre que estaba en el agua.
Luego al momento de anochecer arrojo los restos de la gaviota al mar,
acostándose a morir mientras escuchaba a los animales disputándose los
huesos de la gaviota que él no se había podido comer. Esa fue la primera
noche que salía la luna, que le daba un aspecto espectral al mar, lo que le
daba esperanzas.
Al siguiente día, estuvo postrado en la balsa entre la vida y la muerte, justo
en esos momentos pensó en su familia, no lo sorprendió que su familia había
hecho honras fúnebres, lo que le dio a pensar que ya lo habían dado por
muerto, así fue su sexto día, lo único que pasaba sobre sus pensamientos
era que él estaba muerto en la balsa. Eran las cinco de la tarde y los
tiburones siempre puntuales cerca de la balsa, su único pensamiento fue que
no quería ser devorado por ellos y repartido en pedacitos por los animales,
vio otra vez las siete gaviotas del día anterior lo que renovó sus deseos de
seguir con vida.
En ese momento pensó que podía comer cualquier cosa pero el dolor de
sus mandíbulas era insoportable, endurecidas por el poco uso de ellas, en lo
que se recordó de las tarjetas de Mobile, estaban en sus bolsillos, húmedas
e inservibles, despedazo una y se la llevo a la boca, haciendo que sus
mandíbulas recobraran fuerzas, lo que parecía un milagro para él.
El alivio que tuvo que las tarjetas de Mobile agudizo su imaginación para
seguir buscando algo para alimentarse, lo que le dio una idea de comerse los
zapatos, cosa que sería imposible ya que no poseía una navaja con la que
podría separar las tiras de los zapatos, mordió el cinturón pero no logró
arrancar ni un bocado, parecía una fiera tratando de comerse el cinturón, su
camisa y sus zapatos, estaba tan agotado que logro dormir por largas horas,
incluso si las olas lo despertaban, recobraba el sueño inmediatamente de
tanto agotamiento. Al amanecer del siguiente día se sintió el día estaba
nublado y tranquilo y cuando salió el sol a eso de las ocho de la mañana se
sintió reconfortado por el bueno sueño que tuvo la noche anterior, luego
bajaron otra vez las siete gaviotas.
Dos días antes sintió alegría por ver las gaviotas, pero esta tercera vez se
aterro <<son siete gaviotas perdidas>> .Todo marino sabe que a veces las
gaviotas se pierden en el mar, por lo que vuelan en cualquier dirección hasta
que logran seguir un barco que las guie hasta el puerto, talvez las gaviotas
que veía todos los días eran las mismas de siempre, lo que le daba a pensar
que su balsa estaba cada vez más lejos de tierra.
Capítulo 8. Mi lucha con los tiburones por un pescado.
Subtítulos: ¡Un tiburón en la balsa!
Mi pobre cuerpo.
Durante el séptimo día todo le parecía muy distinto, el sol y el mar
habían dejado de ser hostiles, no era un sol que quemaba, había una brisa
que curaba sus quemaduras, incluso los peces eran diferentes, desde muy
temprano escoltaban la balsa, era incluso como si la balsa estuviera en un
acuario, la desesperación del día anterior fue restituida para resignación,
estaba seguro de que el sol y el mar habían dejado de ser hostiles, y que los
peces que me acompañaban era peces amigos, viejos conocidos de hace
siete días. Pensó incluso en acostumbrarse a el mar, después de todo logro
subsistir en el mar bajo viento y marea. Pensó que podía agarrar a los peces
que estaban a su alrededor pero al intentarlo no tuvo éxito, ya que al meter la
mano en el agua los peces se hundieron, luego poco a poco volvieron a la
superficie, trataba de agarrarlos y lo lograba, pero se escabullían entre sus
manos ya que eran más agiles en el agua, algo que su mano no tenia, su
mano no tenía la misma rapidez y agilidad adentro del agua, siguió metiendo
la mano para sacar un peso pero luego un pez de medio metro con los
dientes afilados logro desgarrarle el dedo pulgar.
Luego de un momento había toda una revolución de tiburones alrededor de
la balsa, saltaban como delfines, devorando peces por la borda, me senté en
el interior de la balsa contemplando tal masacre. Luego la cosa ocurrió tan
violentamente que no se dio cuenta en que el tiburón salto fuera del agua,
agarro un remo y se dispuso a matar al tiburón que estaba dentro de la
balsa, era de más de medio metro, sabía que debía dar bien sus golpes ya
que si lo hacía mal podía terminar con la balsa volteada y el terminaría en el
mar infestado de tiburones hambrientos, tenía dos opciones, o caer en el
agua con los tiburones o tener cuatro libras de pescado para poder saciar su
hambre, con 3 golpes con el remo logro matar al tiburón. Los tiburones
empezaron a arremeter contra la balsa mientras el sacaba el agua
ensangrentada de la balsa, al detenerse los ataques un gigante aleta dorsal
de tiburón se asomó cerca de la balsa, en lo que él se puso a despresar el
pescado. Desde niño tuvo la idea de que todo lo relacionada con el color
verde era veneno, lo que lo hizo pensar que el tiburón que tenía en la balsa
era venenoso ya que era de un profundo color verde
El hambre es soportable cuando no se tienen esperanzas de encontrar
alimentos, comprendió que necesitaba proceder con más violencia si quería
comerse al pez, ya que de tantos intentos con sus llaves para quitarle las
escamas no sirvieron de nada, logro destrozarle las agallas metiéndole el
cabo del remo por el sus agallas, para luego darse cuenta que el tiburón
seguía vivo, en lo que le dio otro golpe más con el remo. Ya con el hambre
indetenible logro sacarle las vísceras al tiburón, y darle un bocado a su fría y
dura piel, su sabor horrible, repugnado con el olor a pescado desde siempre,
tenía el pensamiento de que podía comerme un tiburón entero, pero ya al
segundo bocado estaba lleno, mi terrible hambre de siete días se fue en un
instante, y logre entender que el pescado crudo calma la sed, sabía que
tenía alimento para un tiempo ya que solo había dado dos bocados a un
tiburón de medio metro, pero sabía que tenía que lavarlo, lo sumergí por la
borda, fue entonces cuando sentí la embestida y el violento golpe de las
mandíbulas del tiburón, siguió agarrando su alimento pero el tiburón logro
arrebatárselo, logre darle un golpe fuerte en la cabeza, pero la fiera logro dar
un salto y despedazo el remo por la mitad con tal solo un mordisco.
Capítulo 9. Comienza a cambiar el color del agua.
Subtítulos: Mi buena estrella.
El sol del amanecer.
Con el remo roto seguía dándole golpes al agua, sintió la necesidad
de vengarse de los tiburones que lograron arrebatarle su alimento. Al
anochecer la noche fue más oscura, el mar estaba más turbio, amenazaba
con llover. La enorme brisa le penetraba hasta en los huesos, el oleaje era
más fuerte que nunca, luego una fuerte ola hizo dar vuelta a la balsa,
nadando entre esas olas negras logro encontrar la balsa.
Fue suerte que esa volcada de la balsa no fue a las cinco de la tarde ya que
los tiburones lo hubieran descuartizado, quedo con solo el remo
descuartizado, ya que los demás se cayeron y perdieron en el mar, ató el
remo a la balsa, para luego atarse el a ella ya que si se volteaba otra vez el
sentía que no la iba a volver a alcanzar de nuevo.
Amaneció el octavo día, luego de una larga noche de volcamientos de la
balsa y de una lucha incansable, sintió que la lluvia lo había tonificado, a
pesar de que la humedad daba señales de lluvia no caía ni una gota. Luego
de las 8 de la mañana una gran gaviota grande me dio a entender que
estaba cerca de la costa, ya que cuando están más viejas las gaviotas ellas
no viajan muchas millas, lo que me dio a entender que estaba cerca de la
costa, la balsa iba en línea recta, como si estuviera impulsada por un motor,
ni 4 hombres con remos le darían tanta velocidad, logre ver las divisiones del
mar, el azul profundo y la otra superficie verdosa aparentemente más densa.
Paso casi todo ese día esperando ver tierra, esperando que la consiguiera.
Capítulo 10. Perdidas las esperanzas… hasta la muerte.
Subtítulos: “Quiero morir”
La raíz misteriosa.
No sintió la necesidad de dormir esa octava noche en el mar, la
pesada gaviota se posó en la borda desde las nueve de la mañana, donde se
quedaría por un tiempo hasta que logro ahuyentarla, la balsa seguía en línea
recta, ni siquiera sabía hacia qué punto llegaría, no estaba seguro si la balsa
seguía en su posición inicial, era imposible saberlo sin una brújula. Esa
noche no hubo frio pero tampoco pudo distinguir ninguna luz lejana, la balsa
se seguía deslizando en línea recta a través del agua verdosa, luego de una
larga noche de picoteos de la gaviota, procedió a agarrarla por el cuello sin
ningún cautela, no pensó en darle muerte como a la pequeña gaviota que
mato sin sentido, tenía hambre, pero no pensaba en asesinar a ese animal,
luego de esto, el animal huyó. El solo de la novena mañana fue el más
abrasante y hostil de todos en mí estancia en el mar, tenía graves
quemaduras debido al constante y fuerte sol, incluso tenía los ojos irritados,
que no podía fijarlos en algún lugar, hasta incluso una larga barba ya que no
se afeitaba desde hace once días. Ya para el medio día volvió a perder las
esperanzas de que la balsa pudiera llegar a la costa.
Una gran alegría elaborada en doce horas se fue en un instante, sus
fuerzas se derrumbaron, por primera vez se acostó boca abajo, sin tener
piedad con su cuerpo.
Hay un instante en que uno ya no siente dolor, la sensibilidad desaparece
y la razón empieza a desmoronarse hasta cuando se pierde la noción del
tiempo. Por fin cerró los ojos y al abrirlos de nuevo se encontraba en Mobile,
sintió que había ido a una fiesta con sus compañeros del destructor, fue al
café con Massey Nasser, un judío, quien fue quien le dio las tarjetas. No
sabe cuánto tiempo estuvo alucinando sobre esa fiesta en el café solo sabe
que dio un salto la balsa, luego vio a unos cinco metros a una gigantesca
tortuga amarilla que lo estaba observando, él no sabía si era realidad o era
una alucinación, y se preparó para darle muerte a la gigantesca tortuga con
cabeza atigrada, quien no volvió a asomarse más. Marcó la novena raya en
la balsa diciendo que sería la última que haría. Esa mañana decidió entre la
vida y la muerte, y el escogió la muerte, pero sin embargo seguía vivo
dispuesto a seguir luchando por su vida.
Encontró una raíz enrollada entre los cabos de la malla, durante esos
nueve días no había visto esa raíz, ni sabe cómo llego ahí, pero se comió la
raíz para saciar su hambre, sabia a sangre, soltaba una especie de aceite
que le refrescaba la garganta, aunque le supiera a veneno el seguiría
comiéndola hasta que no quedara nada de los treinta centímetros de rama
que se encontraban en la balsa. Luego se dio cuenta que era una rama de
olivo y se acordó de la historia sagrada de Noé cuando echó a volar a una
paloma y esta regreso con una rama de olivo.
Puede esperarse un año en el mar pero hay un día que es insoportable
aguantar una hora más, había pensado que amanecería en tierra pero
seguía en la balsa a la deriva, habían transcurrido veinticuatro horas y solo
seguía viendo agua y cielo, ya no esperaba nada, era su novena noche en el
mar. Pensó que lo que mejor que tenía que hacer era recostarse y esperar a
morir en esa noche, se llevó a la boca la medalla de la virgen del Carmen y
empezó a rezar mentalmente. Entonces se sintió bien, porque sabía que
estaba por morir.
Capítulo 11. Al décimo día, otra alucinación: la tierra.
Subtítulos: ¡Tierra!
Pero, ¿Dónde está la tierra?
Esta fue la noche más larga, las olas rompían contra la balsa pero ya
no era dueño de mis sentidos. Minuto a minuto mi estancia en el mar volvían
a mí como si fueran una película en un cinta, desde el primer momento hasta
esta última noche. Al amanecer el viento se volvió helado, la rodilla empezó a
dolerle, la sal del mar la había mantenido seca pero continuaba viva.
Después de varias horas sentí que la cabeza me iba a estallar, me dolían los
huesos, sentía mi rodilla en carne viva. Seguía en la balsa justo antes de
amanecer sin fuerzas.
Ya había perdido las esperanzas de encontrar tierra, el aire seguía frio a eso
de las cuatro de la mañana, se sentía tan mal porque no había podido morir.
Miro al horizonte al amanecer del décimo día y seguía viendo lo mismo, agua
verde y tranquila, y unas largas sombras espesas, pensando que vería tierra
pronto, si esa alucinación hubiera pasado cuatro o cinco días antes se
hubiera vuelto loco de la alegría, pero en el estado en que se encontraba
estaba listo para cualquier alucinación, veía cocoteros que pensaba que
estaban a solo metros cuando en realidad estaban a kilómetros, lo que le
daba más deseos de morir, maldijo al sol, su vida y su suerte por haberlo
puesto ahí. La mañana era completamente clara, lo que le dio a entender
que su alucinación de la tierra era real, tomando sus últimas fuerzas para
remas hasta la orilla que se encontraba más o menos a dos kilómetros de
distancia.
Ese pedazo de remo no era suficiente para empujar esa balsa, mientras la
empujaba se arrepentía de haber perdido sus remos. Tomó la decisión de
saltar de la balsa nadando dos kilómetros ya que había una corriente
paralela que lo empujaba hacia unas rocas que posiblemente destrozarían su
balsa.
Capítulo 12. La resurrección en tierra extraña.
Subtítulos: Las huella del hombre.
El hombre, el burro y el perro.
Fue una intensa lucha contra el cansancio ya que no tenía las
suficientes fuerzas como para lograrlo, pero de alguna forma llego a la orilla
de la playa nadando solo con sus pensamientos de alegría y de fe. Fue rara
la sensación de sentir la arena entre los zapatos, muerto del miedo de a
nadie.
Se puso a examinar el paisaje, y lo que más predominaba era el silencio,
apoyó su mejilla a la arena tibia y se puso a esperar, con ahogarse en la
orilla después de haber pasado por lo peor, llegó a la orilla sin darle gracias
el tiempo iba recobrando sus fuerzas pero su hambre seguía insaciable, se
arrastró hasta varios cocos enteros que se encontraban en el piso, pero no lo
logro abrirlos, el sonido del agua adentro del coco le revolvía la mente, la
primera sensación de locura la tuvo cuando no encontraba por donde abrir el
coco, incluso en los 9 días en altamar no llego a pasar un pensamiento de
locura por su cabeza.
Al rato de estar ahí escucho los ladridos de un perro que se acercaba con
una mujer de color, pidió ayuda pero la mujer solo lo vio y salió corriendo,
pero fue para avisarle a su esposo de que había alguien moribundo en la
orilla, para sorpresa de Luis se encontraba en Colombia.
Capítulo 13. Seiscientos hombres me conducen a San Juan.
Subtítulos: Tragándose la historia.
El cuento de fakir.
Aquel hombre volvió como lo había prometido, lo montaron encima del
burro de aquel hombre, donde lo llevaron hasta una casa no muy lejos de la
playa donde lo encontraron, pedía comida y agua pero no se la daban, debía
haber una razón por eso, y la razón era que si lo hacían su cuerpo no iba a
resistir el impacto y prácticamente moriría, luego poco a poco le dieron agua
de canela hervida, pero por pequeñas gotas, cada gota le llenaba de fuerzas,
ya que los hombres y mujeres que se encontraban en esa casa ayudándolo
no respondían a lo que él decía, de hecho trato de contar lo que le sucedió,
pero lo ignoraban, casi haciéndolo pensar que esas personas no eran de
este planeta.
Cada vez era más grande el deseo de contar su historia, pero una de las
mujeres le dijo que sería para más tarde, a pesar de todo esto, empezó a
sentirse aliviado, incluso cuando una pequeña niña vino a poner trapos con
agua tibia en sus heridas. El inspector de policía y muchos oficiales se
ofrecieron a ayudarlo, luego de las doce invadieron la casa y lo despertaron,
lo despertaron del único sueño tranquilo que había logrado conciliar luego de
nueve días en el mar.
Al amanecer la casa se encontraba llena de personas, hombres, mujeres y
niños habían venido a verme, la multitud llevaba lámparas que lo cegaban,
cada vez que lo tocaban era como una tortura debido a su frágil piel,
debilitada debido a los días bajo el sol, no veía la hora de llegar a algún
lugar. Desde aquel día que cayó del destructor no había hecho otra cosa que
viajar sin rumbo alguno, esa madrugada siguió viajando sin saber que harían
con él.
Lo llevaron por un largo camino hacia Mulatos, iba en una hamaca colgada
de dos largos palos con dos hombres en cada extremo, a pesar de que iban
al aire libre se sentía sofocado de un gran calor. Luego llegaron a Mulatos,
un pueblo de pescadores donde había alguna oficina telegráfica. Lo
instalaron en una casa donde todo el pueblo hizo cola para verlo, se
recordaba de un fakir en Bogotá que por cincuenta centavos hacían colas
largas para verlo, la única diferencia entre el fakir y él era que el fakir estaba
en una urna de cristal, mientras que él estaba expuesto, no había menos de
seiscientas personas a mi alrededor, algunos hicieron viajes en burro para
poder verme, cada vez sentía que iba recuperando sus fuerzas. Aquello era
como una feria, donde yo era la atracción principal.
Siguió tumbado en la cama mientras el pueblo se desesperaba por
conocerlo, fueron los mismos pueblerinos quienes se negaron a dejarlo partir
solo, quienes lo acompañaron a San Juan de Uraba en un larga caravana.
Durante el viaje sintió sed, pero cada vez recobraba más fuerzas debido a
los pequeños sorbos de agua y a los pedazos de galleta de soda. Ese fue el
final de su viaje, el llegar a San Juan de Uraba, fue ahí donde el doctor
Humberto Gómez me dio la buena noticia al final de mi examen:
“La avioneta está lista para llevarlo a Cartagena. Allí lo está esperando su
familia”.
Capítulo 14. Mi heroísmo consistió en no dejarme morir.
Subtítulos: Historia de un reportaje.
El negocio del cuento.
Nunca creyó que un hombre se convertiría en héroe por sobrevivir
diez días en altamar , en una balsa, soportando el hambre, calor, sed e
incluso estar a merced de tiburones hambrientos que solo buscaban
devorarlo, si la balsa hubiera estado dotada de alimentos, brújula y entre
otras cosas de supervivencia, probablemente tuviera el mismo resultado,
salir vivo, pero a diferencia que al lograr sobrevivir sin nada lo hizo
convertirse en un héroe, todo ese esfuerzo no fue para convertirse en héroe,
si no que fue solo para sobrevivir, no cambio ni por dentro ni por fuera, las
quemaduras sanaron, sus cicatrices se cerraron, fue Luis Alejandro Velasco
y con eso es suficiente.
CONCLUSION
La historia conlleva una serie de enseñanzas o moralejas tales como, no
flaquear o darse por vencido en los momentos atenuantes de nuestras vidas,
así como luchar por lo que se quiere y desea con más fuerza, mantener
siempre la mirada en alto y ver constantemente hacia el horizonte pues en
ese lugar más allá del firmamento puede encontrarse la respuesta o la ayuda
que tan desesperadamente se solicita o requiere.
La fe, más que en alguna deidad, en nosotros mismos es capaz de hacerle
frente en este caso hasta a la más aterradora y desfavorable situación,
aunque en algunas ocasiones el protagonista se veía perdido y sin más
fuerzas para luchar por sobrevivir, siempre se presentó algo que lo hacía
volver en sí, levantar la mirada, el mentón y mirar hacia el horizonte en busca
de algo distinto al interminable azul del agua; sin embargo como toda historia
también tiene su lado negativo, por expresarlo de alguna manera, las cosas
pueden llegar a ser algo repetitivas pues el escenario no cambia en bastante
tiempo y a pesar de que es ese mismo entorno, lo que puede volver
interesante la novela en contraste también puede ser el que reste algunos
puntos de interés en el lector, ya que es posible que para aquél que sigue
con su mirada la historia, está caiga en una especie de vacío, aunque
contradictoriamente por una vez más, es este problema el que puede
envolver en la narración al lector, expectante por descubrir cómo termina la
aventura del protagonista.
Por estas razones antes mencionadas podemos concluir que la novela
puna atractiva combinación de sentimientos, desesperación, impotencia,
enojo, furia, instinto de supervivencia; mismos que el protagonista tuvo que
sobrellevar en esta aventura para lograr erigirse como un héroe con el trofeo
más importante para él en esos momentos que deambulo completamente
sólo por el inmenso mar, protegido únicamente por la balsa a la que tuvo que
aferrarse por 10 días, su vida.
REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS
García Márquez, Gabriel. 2003, Relato de un Náufrago. Editorial Norma.
Escritores.org, (2014, Abril 18) Biografía Gabriel García Márquez.
https://www.escritores.org/biografias/370-gabriel-garcia-marquez