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Actividad 3.

El documento analiza el conflicto en Colombia, centrándose en la represión militar contra la población civil durante las protestas recientes, destacando la deshumanización de los manifestantes y la violencia sistemática del Estado. Se identifican los actores del conflicto, incluyendo al gobierno y a los ciudadanos, y se proponen transformaciones como la reestructuración de la educación en derechos humanos para la fuerza pública y la atención a las demandas sociales. Además, se enfatiza la necesidad de proteger a los líderes sociales y garantizar sus derechos ante la violencia estatal.
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Actividad 3.

El documento analiza el conflicto en Colombia, centrándose en la represión militar contra la población civil durante las protestas recientes, destacando la deshumanización de los manifestantes y la violencia sistemática del Estado. Se identifican los actores del conflicto, incluyendo al gobierno y a los ciudadanos, y se proponen transformaciones como la reestructuración de la educación en derechos humanos para la fuerza pública y la atención a las demandas sociales. Además, se enfatiza la necesidad de proteger a los líderes sociales y garantizar sus derechos ante la violencia estatal.
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Actividad 3

Documento de análisis del conflicto

PRESENTADO POR:

Alba Yamile Chaparro Pulido ID: 396040


Mónica Yeraldine Chaparro Pulido ID: 690115
Michael Eduardo Penagos Chávez ID: 708964

ASIGNATURA
Resolución de Conflictos.

NRC: 9322

DOCENTE:
Ayda Marlenny Bresci Farías

Corporación Universitaria Minuto de Dios


Administración en Seguridad y Salud en el Trabajo
8 semestre Cuatrimestral
Realicen el análisis desde:

a) La estructura del conflicto, sus características y elementos.

LA GUERRA CONTRA EL PUEBLO

En Colombia las redes sociales han censurado muchos de los videos que registran
los ya incontables atropellos y crímenes de la fuerza pública contra la población civil
durante las protestas del paro nacional iniciado el pasado miércoles. Imágenes
consideradas “ofensivas” por el siempre neutral algoritmo donde vemos, por ejemplo, un
helicóptero disparando contra la gente que ha salido a manifestarse pacíficamente en un
parque, un grupo de policías que pasan en moto delante de un jovencito y le disparan a
quemarropa con un arma corta, una tanqueta del ejército lanzando rockets en un barrio
popular bogotano convertido de repente en zona de guerra, uniformados sorprendidos
mientras se disfrazan de manifestantes para infiltrar las marchas y cometer actos
vandálicos, otro donde se ve cómo cortan la luz en un sector residencial y empiezan a
disparar a mansalva o las escenas de la masacre en la populosa loma de Siloé, al occidente
de Cali, la ciudad que se ha convertido en el núcleo duro de la resistencia. Menciono esas
imágenes censuradas, o que circulan con dificultad en medio del caos desinformativo,
con la esperanza de que su concatenación arroje otra imagen, quizá más clara, con mejor
resolución: Colombia en estos momentos se encuentra bajo control militar, a merced de
unas fuerzas armadas que están entrenadas para hacer la guerra en un contexto de
conflicto armado y no para manejar situaciones de orden público. La consecuencia
inmediata de esa táctica bélica es que nosotros, los que nos manifestamos, pero sobre todo
el pueblo hambriento y desesperado que prefiere morir en la marcha antes que seguir
viviendo así, sin atisbo de futuro, sin horizonte laboral, sin derechos elementales,
nosotros, digo, hemos sido despojados de nuestra condición de ciudadanos para ser
considerados objetivo militar. Se puede decir más simple: en estos momentos las fuerzas
armadas de Colombia están empleando todos sus recursos para tratar a la población civil
descontenta como un enemigo.

Escribo esto desde las montañas del Cauca, al suroccidente de Colombia, una de
las regiones más castigadas por el conflicto, así que en los últimos días veo pasar los
helicópteros por mi ventana a todas horas y alcanzo a oír los disparos, los gritos, las
ambulancias y a oler el humo de las lacrimógenas lanzadas contra las barricadas que tapan
la carretera Panamericana, a escasos kilómetros de aquí. Por desgracia, todo lo que se está
viviendo en las ciudades colombianas en estos momentos no es ninguna novedad en zonas
rurales como esta. Los que viven en este lado del país, quienes conocen y sufren la política
territorial del conflicto armado, el extractivismo descontrolado y el narcotráfico desde
hace décadas, saben que las fuerzas militares y la policía son capaces de todo eso y más.

Durante las últimas dos décadas el Uribismo había logrado instaurar con cierto
éxito la narrativa de que estos territorios, simbólica o geográficamente apartados de los
grandes centros urbanos, funcionaban como el escenario oculto de una guerra casi
invisible para los televidentes de Bogotá, Cali o Medellín. Esa desconexión emocional y
cognitiva de los dos países fue fundamental para que Uribe pusiera en marcha una
estrategia de poder basada en la doctrina clásica del enemigo interno -las guerrillas
marxistas y el narcotráfico- y la necesidad de emplear la famosa mano dura precisamente
aquí, en la trastienda de la nación, donde las economías legales e ilegales se trenzan para
formar una máquina mortífera. En la práctica, esa mezcla de represión militar y
gamonalismo clásico supuso el aplastamiento progresivo de las históricas demandas
sociales expresadas por las luchas de campesinos, indígenas y afros. Mientras Uribe pudo
mantener separadas a las dos Colombias, separadas aunque fuera en el relato, por más
que el conflicto se recrudeciera en los márgenes de las ciudades, esa estrategia logró
consolidar su liderazgo político y le otorgó una credibilidad de la que no ha gozado quizá
ningún político colombiano en toda la historia del país. Uribe era entonces el salvador de
la patria, a pesar de que las denuncias por violaciones de derechos humanos se
acumulaban en su contra. A nadie le importaban los datos sobre masacres, ejecuciones
extrajudiciales, escándalos que vinculaban a altos funcionarios del gobierno con el
paramilitarismo o el narcotráfico; daba igual mientras se mantuviera incólume la ficción
de que, en últimas, era necesario hacer la guerra para civilizar estas regiones indómitas,
habitadas por salvajes, enemigos del progreso y comunistas anacrónicos. El enemigo
siempre era un otro, una abstracción, con suerte una caricatura exótica y fue en medio de
ese clima ideológico donde se produjeron los llamados “falsos positivos”, esto es, civiles
inocentes asesinados por militares para ser presentados como bajas en combate. 6.402,
según las cifras de la JEP, el tribunal especial para la paz. A estas alturas ya sabemos,
gracias a las investigaciones oficiales, que los falsos positivos no fueron un hecho aislado
sino una política sistemática ordenada desde arriba. Y añado yo, no fueron solo una táctica
de guerra, sino un paradigma de gobierno que responde a la noción de necro política
desarrollada por el filósofo camerunés Achile Mbembe, es decir, una técnica de control
social basada en la producción selectiva de grupos humanos entregados al exterminio.

Y aunque el relato esquizoide de las dos Colombias y la fantasía de la guerra como


proyecto civilizatorio venían resquebrajándose a raíz del Proceso de Paz, la situación
parece haber cambiado radicalmente en los últimos días a partir de la respuesta de Uribe
y su presidente Iván Duque a las protestas que han llenado las calles de pueblos y
ciudades en todo el país. Ya no hay ninguna línea divisoria que separe a las ciudades del
campo. Ya no hay una Colombia que mira la guerra por televisión y otra que la sufre en
carne propia. Y la revelación más aterradora es que, ni en la guerra rural de entonces, ni
en la urbana de ahora, se trata tanto de luchar contra un enemigo -siempre necesario en el
esquema del necro poder sino de usar a la población civil como un banco inagotable de
cuerpos reutilizables como bajas en combate. Lo que estamos viendo en las calles y en
todos esos videos censurados es la constatación de algo que la gente de estas montañas
lejanas lleva dos décadas denunciando y es que, en el fondo, la guerra de Uribe fue
siempre contra el pueblo. Contra todos nosotros. (El País, 2021; Juan Cardenas, 2021)
b) La tipología del conflicto.

Estructural: Se basa en un conflicto estructural ya se realizaron grandes


movilizaciones a nivel nacional, en los cuales participa el gobierno y los manifestantes
los cuales salen a dar su forma de pensamiento de acuerdo a lo expuesto por el gobierno
lo cual da como resultado una disputa entre ambas partes.

c) Los actores del conflicto especificando sus relaciones interpersonales e


intergrupales dependiendo del caso.

Actores: En este caso los actores del conflicto son todas las personas ya sean
trabajadores, estudiantes, vendedores, etc., los cuales buscan rescindir con la reforma la
cual no fue consultada ante mano con el pueblo.

En lo interpersonal son las personas que por alguna razón se ven obligadas a ir
a la calle a luchar por cada uno de sus derechos los cuales están siendo privados, para así
tener una mejor estabilidad para ellos y sus familias respectivamente.

En lo Intrapersonal es el conflicto que se forma entre los dos agentes que son el
gobierno y el pueblo, provocando choques sociales, pero aun así en algunos casos se llega
a acuerdos favorables para a todos.

1.3. Escriban 3 párrafos en los que planteen cómo transformar el conflicto analizado.

La reestructuración en la educación que recibe la fuerza pública frente a los


derechos humanos que deben ser fundamentales por la magnitud y poder que tienen en su
labor, ya que como es conocido se han violentado derechos a la vida, a la libre expresión
incluso abuso sexual por ende se debe hacer un cambio frente a la educación y formación
que recibe este personal.

Atender a los llamados de la población en todos sus aspectos, la discriminación,


el abandono y la precariedad en muchos sectores de Colombia que son censurados por
los medios de comunicación más reconocidos, lleva a que nuestra población se llene de
muchos motivos y sentimientos para luchar porque se generen cambios, el hecho de que
muchos sectores no cuenten con servicios públicos como agua luz y gas porque mucho
dinero destinado para esto se lo quedan los políticos corruptos y no genera impacto,
también genera indignación en la población Colombiana, se deben generar cambios y
regulaciones por medios de autoridad internacionales que rectifiquen y hagan cumplir lo
que los gobernantes de Colombia hace más de 20 años no han hecho.

Mantener una posición neutra, ante cualquier tipo de acontecimiento ya sea por
parte de entes públicos o privados o por la población en general ya que se ve y la población
civil no lo aprueba como se benefician Silente las personas de alto poder. Me refiero en
casos de robos desfalcos o cambios de identidad.

La protección al derecho de la vida, la protección a los líderes sociales y a las


personas defensoras del medio ambiente, que son muertes a manos del estado de
Colombia quien no garantiza seguridad y que casualmente se relacionan con protección
o beneficio de algo que los lideres sociales quieren evitar por daño a su comunidad o al
entorno natural que es nuestra mayor riqueza.
Referencias

[Link]
[Link]?event=go&event_log=go (Juan Cardenas, 2021) (El País, 2021).

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