Devocional Final
Devocional Final
más encendida caridad, Tú, el tribunal soberano donde reside la Misericordia con dominio
tan absoluto que a Tu querer y voluntad dejó al Altísimo llenar las mansiones de la gloria.
Oh María, Madre de tiernísima compasión, bien sabes que no hay penas más lastimosas
que las que padecen las benditas ánimas en el purgatorio , por ellas te suplicamos, su
alivio deseamos, su gloria te pedimos; para este fin te ofrecemos este Santísimo Rosario;
este Rosario es el Roció Divino que templa el fuego donde se abrazan aquellos afligidos
espíritus, es la apacible niebla que mitiga sus ardores, es la brisa que refrigera sus
incendios, es la nube que apaga sus ardientes llamas y es por último lo que tú, Madre
Santísima, prometiste que bajarías al purgatorio a sacar a las almas, siempre que con el
Rosario te obligasen tus amantes hijos, cumple, Señora, tu palabra y gocen ya de tu
amabilísima presencia las benditas ánimas en el cielo, para que en ti y por ti vean a Dios
que os hago en este día para que os dignéis ser en adelante, en cada uno de los
instantes de mi vida, en cada una de mis acciones, mi director, mi luz, mi guía, mi fuerza,
y todo el amor de mi corazón. Yo me abandono sin reservas a vuestras divinas
amado Jesús. Gloria al Padre Creador. Gloria al Hijo Redentor. Gloria al Espíritu Santo
Santificador. Amén
II. Envía Padre los dones del Espíritu Santo , Eterno Padre, en nombre de Jesucristo
y por la intercesión de la Siempre Virgen María, envía a mi corazón al Espíritu Santo. Ven,
Espíritu Santo, y dame el don de Sabiduría. Ven, Espíritu Santo, y dame el don de
Entendimiento. Ven, Espíritu Santo, y dame el don de Consejo. Ven, Espíritu Santo, y
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dame el don de fortaleza. Ven, Espíritu Santo, y dame el don de Ciencia. Ven, Espíritu
Santo, y dame el don de Piedad. Ven, Espíritu Santo, y dame el don del Santo Temor de
Dios.
III. Ven Espíritu Divino, manda tu luz desde el cielo. Padre amoroso del pobre, Don en
tus Dones espléndido. Luz que penetras las almas, fuente del mayor consuelo. Ven, Dulce
huésped del alma, descanso de nuestros esfuerzos, Tregua en el duro trabajo, brisa en
las horas de fuego. Gozo que enjuga las lágrimas y reconforta en los duelos, Entra hasta
el fondo del alma, Divina luz y enriquécenos. Mira el vacío del alma si Tú le faltas por
dentro, Mira el poder del pecado cuando no envías tu aliento, Riega la tierra en sequía,
sana el corazón enfermo. Lava las manchas. Infunde calor de vida en el hielo. Doma el
espíritu indómito. Guía al que tuerce el sendero, Reparte tus siete dones según la fe de
tus siervos. Por tu bondad y tu gracia, dale al esfuerzo su mérito, Salva al que busca
salvarse y danos tu gozo eterno.
IV. ¡Oh!, San José: cuya protección es tan grande, tan poderosa y eficaz ante el Trono
de Dios, en vuestras manos entrego todos mis intereses y mis deseos. ¡Oh!, San José:
asistidme con vuestra poderosa intercesión, conseguidme de vuestro Divino Hijo Nuestro
Señor todas las bendiciones particulares que necesito a fin de que habiendo conseguido
aquí e la tierra la ayuda de vuestro poder celestial pueda ofrecer mi gratitud y homenaje al
No permitáis que una vez más esta Sangre sea inútil. Mirad la sed que tengo de daros
almas... Padre mío, no permitáis que estas almas se pierdan... Salvadlas para que os
glorifiquen eternamente. ¡Padre eterno! Mirad estas almas bañadas con la Sangre de
vuestro Hijo, víctima que se ofrece sin cesar; esta Sangre que purifica, consume y abrasa,
¿no tendrá eficacia bastante para ablandar estas almas? Dios santo, Dios justo... Padre
de infinita bondad y clemencia, que por amor habéis creado al hombre y por amor le
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expiación. Por esos méritos infinitos perdonadle y ponedle de nuevo en estado de recibir
la herencia celestial. ¡Oh Padre mío! ¡Piedad y misericordia para las almas!
Oh Dios infinitamente Santo... Padre infinitamente misericordioso. Os adoro. Quisiera
reparar los ultrajes que recibís de los pecadores en todos los lugares de la tierra y en
todos los instantes del día y de la noche. Quisiera especialmente, Padre mío, reparar los
pecados que se cometen durante esta hora, y para ello, los ofrezco todos los actos de
adoración y reparación que os tributan las almas que os aman. Os ofrezco, sobre todo, el
holocausto que continuamente os presenta vuestro Divino Hijo, inmolándose en el altar en
todos los puntos de la tierra y en todos los momentos de esta hora. ¡Oh Padre
infinitamente bueno y compasivo! Recibid esta Sangre purísima en reparación de los
Divino Hijo mueva a las almas a descargar el peso de sus delitos en el tribunal de la
penitencia.
Os ofrezco. ¡Oh Padre celestial!, la Corona de espinas de vuestro amado Hijo. Por este
dolor os pido que las almas se dejen traspasar por una sincera contrición. Os ofrezco el
desamparo que vuestro Hijo padeció en la Cruz. Su ardiente sed y todos los demás
tormentos de su agonía a fin de que los pecadores encuentren paz y consuelo en el dolor
de sus culpas. En fin, ¡oh Dios compasivo y lleno de misericordia!, por aquella
perseverancia con que Jesús vuestro Hijo, rogó por los mismos que lo crucificaban, os
perseverancia en el bien. Y así como los tormentos de vuestro Hijo terminaron con la
eterna bienaventuranza, así los sufrimientos de los arrepentidos y penitentes sean
también coronados eternamente con el premio de vuestra gloria. ¡Oh Padre amadísimo,
Dios infinitamente bueno! Ved aquí a vuestro Hijo Jesucristo que, poniéndose entre
vuestra justicia divina y los pecados de las almas, implora perdón. ¡Oh Dios de
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que no sé dejen engañar y caigan en los más terribles pecados... Dad fuerza a las almas
para rechazar los peligros que les presenta el enemigo de su salvación y para que
vuelvan a emprender con nuevo vigor el camino de la virtud. ¡Oh Padre eterno! Mirad los
padecimientos que Jesucristo, vuestro Divino Hijo, sufrió durante la Pasión. Vedle delante
de Vos presentándose como Víctima para obtener luz, fuerza, perdón y misericordia en
Divino Hijo! ¡Recibid la Sangre purísima que de ella sale con tanta abundancia!... Purificad
los espíritus manchados..., iluminad los entendimientos oscurecidos, y que esta Sangre
divina sea su fuerza, su luz y su vida.
Recibid, ¡oh Padre Santísimo!, los sufrimientos y los méritos de todas las almas que,
unidas a los méritos y sufrimientos de Jesucristo, se ofrecen a Vos con El y por El para
muerte a vuestro Hijo único, por su Sangre, por sus méritos y por su Corazón, tened
piedad del mundo y perdonad los pecados de los hombres.
Recibid la humilde reparación que os tributan vuestras almas consagradas. ¡Unidlas a los
méritos de vuestro Divino Hijo, para que sus actos sean todos de gran eficacia! ¡Oh Padre
eterno! Tened piedad de las almas y no olvidéis que aún no ha llegado el tiempo de la
en todos los Sagrarios del mundo, en reparación por las Atrocidades, sacrilegios e
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indiferencias con los que Te ofendemos, por los infinitos méritos del Sagrado Corazón de
VI. Padre Santo y Misericordioso: Tu Hijo Unigénito está parado desnudo a la vista de
todos los hombres, para que Tu pueblo conozca y tema Tu Santa Ley. Acepta mi humilde
oración por todo Tu pueblo que vive en iniquidad, fornicación y adulterio, para que por
toda la vergüenza y desgracia que soportó Tu Unigénito Hijo, Tú toques sus vidas para
que se arrepientan y se salven. Que ellos, a través de la Sangre Preciosa de Tu Hijo
Jesucristo, la cual ruego caiga en sus corazones, ganen arrepentimiento y sean
salvados. Que por la vergüenza de Tu Hijo, los lleves a un profundo arrepentimiento.
Amén.”
VII. ¡Mi amado Jesús!: Delante de las Personas de la Santísima Trinidad, delante de
nuestra Madre del Cielo y de toda la Corte Celestial, ofrezco, según las intenciones de Tu
Corazón Eucarístico y las del Inmaculado Corazón de María Santísima: Toda mi vida,
todas mis Santas Misas, Comuniones, buenas obras, sacrificios y sufrimientos, uniéndolos
Sacerdotales y por todas las almas hasta el fin del mundo. Recibe, Jesús mío, mi
Ofrecimiento de Vida y concédeme la Gracia para perseverar en él fielmente hasta el fin
de mi vida. Amén.
VII. Adorado y Amadísimo Cristo: , ruego con humildad me mires benignamente. Te amo
y Reverencio en nombre de todas las criaturas humanas y reconociéndome pecador e
inmerecedor de tanto Amor, ruego vengas en auxilio de mi Alma, a la que deseo librar de
los momentos en que la contrito y la llevo a padecer. Coloco mi Alma frente a Ti, Señor
mío Ella añora Tu Amor, el que le niego siendo tan humano, porque desprecio lo que me
imanta hacia Ti. Deseo salvar mi Alma liberándola de los momentos indebidos a los que
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Dadme la sabiduría y la humildad para que mi voluntad busque Tu presencia Señor y así
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perfección, no exigir al prójimo lo que debo ser yo. Heme aquí frente a Ti, dame de beber
Tu Amor y limpia Mi Voluntad. Heme aquí Cristo mío, pido Tu perdón. Amén.
Oh glorioso San José: , modelo de todos los que se consagran al trabajo! Alcanzadme la
gracia de trabajar con espíritu de penitencia en expiación de mis pecados; de trabajar a
las dificultades; de trabajar, ante todo, con pureza de intención y con desprendimiento de
mí mismo, teniendo siempre ante mis ojos las almas todas y la cuenta que habré de dar
del tiempo perdido, de las habilidades inutilizadas, del bien omitido y de las vanas
complacencias en mis trabajos, tan contrarias a la obra de Dios. Todo por Jesús, todo por
María, todo a imitación vuestra, ¡oh Patriarca San José! Tal será mi consigna en la vida y
en la muerte. Amén.
ORACIONES DE LA NOCHE:
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Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, Creador y Redentor mío: por ser Vos
quien sois, y porque os amo sobre todas las cosas, me pesa, Señor, de todo corazón de
haberos ofendido, y propongo firmemente nunca más pecar, apartarme de todas las
ocasiones de ofenderos, confesarme, cumplir la penitencia que me fuere impuesta; os
ofrezco mi vida, mis obras y trabajos en satisfacción de todos mis pecados, y así como os
lo suplico, así confío en vuestra divina bondad y misericordia infinita me los perdonaréis
por los méritos de vuestra preciosa Sangre, Pasión y Muerte, y me daréis gracia para
enmendarme y perseverar en vuestro santo servicio hasta el fin de mi vida. Así sea.
¡Mi Jesús, azotado en la columna por mis deshonestidades! ¡Mi Señor, coronado de
espinas por mis malos pensamientos! ¡Mi Dios agonizando de pena en el huerto, por mis
ingratitudes! ¡El Rey del cielo y tierra tenido por loco y pospuesto a Barrabás por mi
soberbia! ¡El autor de la vida puesto en una cruz por mis malditas culpas! ¿Y yo no lloro?
Pero no, que ya se enternece el corazón al considerar que yo fui causa de tantos dolores;
ya se angustia mi corazón; ya clamo a las puertas de vuestra clemencia.
Dios mío, fuente de misericordia, tened por bien, de limpiarme de mis pecados. Pequé,
Dios mío por flaqueza, contra Vos, Padre Eterno, Todopoderoso; por Ignorancia, contra
vuestro Unigénito Hijo, Sabiduría infinita; y por malicia contra el Espíritu Santo. Con estas
culpas os ofendí, Trinidad Soberana. Ayudadme, oh mi dulcísimo Jesús, con vuestra
gracia que todo lo puede. En Vos pongo toda mi confianza. Oh Jesús mío, para Ti vivo,
para Ti muero, oh Jesús mío, soy Tuyo en vida y muerte. Así sea.
Cristo : Divino, protector y pastor de mi camino, te pido que derrames tu preciosa sangre
para que mi descanso, mis ganas de comenzar un nuevo día, yendo a dormir pensando
en ti, sea maravilloso. Sangre de Cristo, no permitas que haya mal que quiera hacerme
pasar terror nocturno. Que la sangre del hijo de Dios me cubra, me embriague y permita
que encuentre mayor descanso, tenga las energías necesarias para que las cosas sigan
transformándose en algo mejor y pueda despertar sintiendo tu amor, tu cuidado y no deje
de llevar tu palabra a todas partes.
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Primer Misterio
El anuncio del Ángel de que lo Concebido en María es obra del Espíritu Santo.
Cuentas pequeñas:
San José, custodio y protector de los corazones unidos y traspasados de Jesús y María.
Inflamad mi corazón para que en él solo reine, mi Dios, Jesús, como reino en vuestro
Santo Corazón. (repetir 7 veces en honor a los 7 dolores y 7 gozos de San José)
En vez de Gloria: Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía.
Segundo Misterio
La búsqueda de posada en Belén.
Cuentas pequeñas:
San José, custodio y protector de los corazones unidos y traspasados de Jesús y María.
Inflamad mi corazón para que en él solo reine, mi Dios, Jesús, como reino en vuestro
Santo Corazón. (repetir 7 veces en honor a los 7 dolores y 7 gozos de San José)
En vez de Gloria: Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía.
Tercer Misterio
El nacimiento del Niño Jesús en Belén.
Cuentas pequeñas:
San José, custodio y protector de los corazones unidos y traspasados de Jesús y María.
Inflamad mi corazón para que en él solo reine, mi Dios, Jesús, como reino en vuestro
Santo Corazón.
En vez de Gloria: Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía.
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Cuarto Misterio
La presentación del Niño Jesús en el templo ofreciendo un par de tórtolas o dos palomas.
Cuentas pequeñas:
San José, custodio y protector de los corazones unidos y traspasados de Jesús y María.
Inflamad mi corazón para que en él solo reine, mi Dios, Jesús, como reino en vuestro
Santo Corazón. (repetir 7 veces en honor a los 7 dolores y 7 gozos de San José)
En vez de Gloria: Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía.
Quinto Misterio
La huida a Egipto con Jesús y con María.
Cuentas pequeñas:
San José, custodio y protector de los corazones unidos y traspasados de Jesús y María.
Inflamad mi corazón para que en él solo reine, mi Dios, Jesús, como reino en vuestro
Santo Corazón. (repetir 7 veces en honor a los 7 dolores y 7 gozos de San José)
En vez de Gloria: Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía.
Sexto Misterio
El regreso de la Sagrada familia a Nazaret.
Cuentas pequeñas:
San José, custodio y protector de los corazones unidos y traspasados de Jesús y María.
Inflamad mi corazón para que en él solo reine, mi Dios, Jesús, como reino en vuestro
Santo Corazón. (repetir 7 veces en honor a los 7 dolores y 7 gozos de San José)
En vez de Gloria: Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía.
Séptimo Misterio
La pérdida y hallazgo del Niño Jesús en el templo.
Cuentas pequeñas:
San José, custodio y protector de los corazones unidos y traspasados de Jesús y María.
Inflamad mi corazón para que en él solo reine, mi Dios, Jesús, como reino en vuestro
Santo Corazón. (repetir 7 veces en honor a los 7 dolores y 7 gozos de San José)
En vez de Gloria: Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía.
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Octavo Misterio
La gloriosa muerte de San José en brazos de Jesús y María.
Cuentas pequeñas:
San José, custodio y protector de los corazones unidos y traspasados de Jesús y María.
Inflamad mi corazón para que en él solo reine, mi Dios, Jesús, como reino en vuestro
Santo Corazón. (repetir 7 veces en honor a los 7 dolores y 7 gozos de San José)
En vez de Gloria: Jesús, José y María, os doy el corazón y el alma mía.
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José, fidelísimo,
Espejo de paciencia
Amante de la pobreza
Modelo de trabajador
Modelo de la vida doméstica
Custodio de vírgenes
Apoyo en las dificultades
Columna de las familias
Consuelo de los desdichados
Esperanza de los enfermos
Patrono de los exiliados
Patrono de los afligidos
Patrono de los pobres
Patrono de los moribundos
Terror de los demonios
Protector de la santa Iglesia.
ORACIÓN
Oh, Dios, que con inefable providencia elegiste a san José como esposo de la santísima Madre de tu
Hijo, concédenos que merezcamos tener como intercesor en el cielo al que veneramos como
protector en la tierra. Tú, que vives y reinas, por los siglos de los siglos. Amén.
Oh justo y glorioso San José, yo os recomiendo incesantemente la salvación del alma de : (decir el
nombre de la persona que encomendamos )…, que Jesús rescató a costa de su preciosa Sangre.
Vos sabéis, oh gran santo, cuán infelices son aquellos que, habiendo echado de su corazón al
Divino Salvador, quedan expuestos a perderlo por toda la eternidad. No permitáis, pues, que esta
alma, que me es tan querida, quede por mucho tiempo separada de Jesús. Hacedle conocer los
peligros que la amenazan. Hablad fuertemente a su corazón. Reconducid este hijo pródigo al seno
del mejor de los padres y no lo dejéis, sin haberle abierto las puertas del cielo, donde os bendecirá
eternamente por la felicidad que le hubieres alcanzado. Amén.
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Amorosísimo San José, que tan tiernamente amaste a Jesús y tan vivamente sentiste la
privación de su presencia cuando le perdiste en el templo, te encomiendo con todo
fervor el alma de (se dice el nombre), que, lejos tal vez de la beatífica presencia de Dios,
está ahora padeciendo en el purgatorio.
!Oh santo patriarca! sé su consuelo en aquel lugar de pena y expiación, dígnate aplicarle
los piadosos sufragios de los fieles, particularmente los míos. Constitúyete su intercesor
para con Jesús y María y rompe con tu poderosa oración sus cadenas, para que pueda
abismarse en el seno de Dios y gozar cuanto antes de la felicidad eterna. Así sea.
Señor Jesús, Tú que por tu pasión dolorosa redimiste a todas las almas, a aquellas que
están el purgatorio llévalas al Cielo por intercesión de la Virgen y San José.
Oraciones especiales :
Oración al dulce nombre de San José:
Acuérdate San José, mi padre y señor, de la prontitud y diligencia con que acudías
en servicio de Jesús y de María cuando te llamaban. Así también, date prisa en
acudir en mi ayuda a la hora de mi muerte para que, ahuyentando al demonio, y
arrepentido de mis pecados, exhale yo el último aliento protegido con tu
intercesión y en los brazos de Jesús y de María. amén
“Tenía en mi hombro, mientras soporté Mi Cruz en el Camino de los Dolores, una herida grave
que era más dolorosa que las demás, y que no es recordada por los hombres. Honra esta
herida con tu devoción, y te daré todo lo que me pidas a través de su virtud y el mérito. Y en
lo que se refiere a todos aquellos que veneren esta llaga, les perdonaré todos sus pecados
veniales y no recordaré sus pecados mortales “.
Oración
“Oh amantísimo Jesús, Cordero mansísimo de Dios: Yo, pobre pecador, saludo y venero la
llaga sacratísima del hombro en que llevaste Tu pesada Cruz, que desgarró Tu carne y
descubrió Tus huesos, causándote un dolor mayor que el de cualquier otra llaga de Tu
sacratísimo cuerpo. Yo Te adoro, oh afligidísimo Jesús: Te alabo, Te bendigo y Te glorifico, y
Te doy gracias por esta sacratísima y dolorosísima llaga, rogándote por su excesivo dolor y el
enorme peso de Tu Cruz, que tengas misericordia de mí, pobre pecador, y me perdones todos
los pecados veniales y mortales que he cometido, y me conduzcas al Cielo por el camino de
Tu Cruz, amén.”
Oremos:
“En tu Divina Voluntad, Señor, extiendo hoy la unción de San Miguel Arcángel sobre mi
familia y el mundo entero y con el Poder de Tu Sangre Preciosa, protégenos Señor, de
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todo mal y peligro, del alma y del cuerpo, e inúndanos con Tu Amor para ser
transformados en Ti, mi Señor”
¡Oh, Mi Dios, ¡Mi Padre amoroso! Yo acepto con amor y gratitud Tu Divino Sello de Protección. Tu
Divinidad abarca mi cuerpo y alma hasta la eternidad. Me inclino, humildemente agradecido (a), y
Te ofrezco mi profundo amor y lealtad hacia Ti, Amado Padre Mío. Te suplico que me protejas a mí
y a mis seres queridos con este Sello especial, y Te ofrezco mi vida a Tu servicio ahora y por
siempre. Yo Te amo, Padre querido. Te consuelo en estos tiempos, Padre querido Te ofrezco el
Cuerpo, la Sangre, el Alma y la Divinidad de Tu Amadísimo Hijo, en expiación por los pecados del
mundo y por la salvación de todos Tus hijos. Amén.
Padre Todopoderoso, por la sangre de tu Divino Hijo, por los clavos de su amarga crucifixión, ten
piedad de nosotros. ya que nos envuelves en tu luz, Aparta de nosotros a los espíritus inmundos,
Por la agonía de tu amado hijo y, ya que has querido darme a conocer el horror del mal, para asi
purificar mi espíritu, danos, por el amor de tu Divino Hijo, la paz y la luz. Nosotros te alabaremos
por siempre amen.
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Rezar Avemaría.
5º. La Crucifixión y Muerte de Nuestro Señor
(Jn. 19, 17-30) María, Reina de los mártires, el dolor y el amor son la fuerza que los lleva tras
Jesús, ¡qué horrible tormento al contemplar la crueldad de aquellos esbirros del infierno
traspasando con duros clavos los pies y manos del salvador! Todo lo sufriste por mi amor. Gracias,
Madre mía, gracias.
Rezar Avemaría.
6º. María recibe a Jesús bajado de la Cruz
(Mc. 15, 42-46) Jesús muerto en brazos de María. ¿Qué sentías Madre? ¿Recordabas cuando Él
era pequeño y lo acurrucabas en tus brazos? Por este dolor te pido, Madre mía, morir entre tus
brazos.
Rezar Avemaría.
7º. La sepultura de Jesús
(Jn. 19, 38-42) Acompañas a tu Hijo al sepulcro y debes dejarlo allí, solo. Ahora tu dolor aumenta,
tienes que volver entre los hombres, los que te hemos matado al Hijo, porque Él murió por todos
nuestros pecados. Y Tú nos perdonas y nos amas. Madre mía perdón, misericordia.
Rezar Avemaría.
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¡Oh Padre Amado, Dios de Abraham, Isaac y Jacob, que protegiste a los antiguos
israelitas bajo Tus santas alas, en la aridez del frío y en el cálido desierto; te ofrezco la
santa muerte de mi Maestro y Salvador Jesucristo por la protección de Tu pueblo, que
está disperso por todo el mundo. Que la Sangre y el Agua nos laven y fortalezcan, nos
guarden y purifiquen para que encontremos refugio en el Sagrado Costado de Tu Hijo,
que está abierto para todos los hombres.
¡Sagrado Costado de Jesucristo, sé mi refugio seguro! Amén.
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¡Padre Eterno, Tu eres el único Dios inmortal, Dios que es Amor, Misericordia y
Bondad! Mira a Tu Unigénito Hijo, Jesucristo, y ten misericordia. Yo te ofrezco el dolor
de Su flagelación en la columna, Sus Llagas y Sangre, por todo Tu pueblo que está
bajo el peso de la maldición, debido a los pecados de sus ancestros, y su
desobediencia rompiendo la alianza que habían hecho Contigo.
¡Omnipotente y Omnisciente Dios, Dios de Elías y los profetas, mira la Sagrada Cabeza
de Tu Unigénito Hijo y ten misericordia! Levántate y salva a Tu pueblo. Te ofrezco toda
la vergüenza, el dolor, las Llagas y la Preciosa Sangre de la Sagrada Cabeza de Tu
Hijo, por todos Tus hijos que están viviendo estos tiempos peligrosos. Fortalece
nuestra fe por la burla que hicieron a Tu Hijo Jesucristo, y sálvanos a través de la
Preciosa Sangre de Su Sagrada Cabeza. Que a través del sufrimiento de Tu Hijo
Jesucristo, aprendamos a sufrir en Ti, y a morir en Ti. Amén.
Padre Eterno, Tu eres el Creador y Autor de la vida. Tú amas el mundo que creaste. Es
por esto que enviaste a Tu Hijo único, a redimir el mundo, a fin de que viniera a
nosotros Tu Reino. Mira a Tu Hijo y levántate de Tu Trono. Levanta Tu Mano derecha y
salva a Tu pueblo. Yo te ofrezco todos los sufrimientos, los dolores y la muerte de Tu
Hijo Unigénito a quién Tu amas, por Tu triunfo y reinado sobre la tierra. Que a través
de la Preciosa Sangre de Tu Hijo, hagas una nueva alianza, y traigas a todos Tus hijos
a Tu Santa Voluntad. Amén.
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Padre Amado y Misericordioso, Tu deseo es que todos los hombres se salven. Mira
bondadosamente a Tu Hijo escarnecido y condenado por los hombres, que sufrió
tantas torturas, y sigue sufriendo por los pecados de Tu pueblo.
Mira lo que el pecado ha hecho a Tu Hijo Unigénito. Te ofrezco todas las torturas,
dolores, repudio y vergüenza que sufrió Tu Hijo Jesucristo, para que todos los que
estamos viviendo en estos días de maldad, tengamos la fe necesaria para sobrellevar
las pruebas, y paciencia para soportar las torturas.
Que a través de los sufrimientos de Tu Hijo único, podamos luchar hasta el fin. Amén.
¡Que las torturas de Nuestro Señor aumenten nuestra fe! ¡Preciosa Sangre de
Jesucristo, sálvanos!
Eterno y Amado Padre mira bondadosamente a Tu Hijo Unigénito. Mira la pesada cruz
que prepararon para Tu Hijo, y ten misericordia de Tu pueblo.
¡Oh Amado y Misericordioso Padre, que todo lo sabes y eres Todopoderoso, el Alfa y
Omega, el Padre Eterno que creó todas las cosas! Tu naturaleza te impide desamparar
a Tus hijos. Mira bondadosamente a Tu Hijo Unigénito Jesucristo, que Vino a salvar a
los hombres y a traer Tu Reino a la tierra.
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Padre Santo y Misericordioso, Tu Hijo Unigénito está desnudo a la vista de todos los
hombres, para que Tu pueblo conozca y tema Tu Santa Ley. Acepta mi humilde oración
por todo Tu pueblo que vive en iniquidad, fornicación y adulterio, para que a través de
la vergüenza y la desgracia que soportó Tu
Hijo único, toques sus vidas, para que se conviertan y se salven. Que ellos, a través de
la Sangre Preciosa de Tu Hijo Jesucristo, la cual te suplico caiga sobre sus cabezas, se
conviertan y salven, y a través de Su vergüenza se arrepientan. Amén
Padre Celestial, Tu amor es eterno. Por Tu amor infinito, salvaste al mundo a través de
Tu Hijo Unigénito Jesucristo. Mira a Tu único Hijo sobre la Cruz, sangrando sin cesar,
por el amor a Su pueblo, y perdónanos. Purifica y bautiza a los niños abortados con la
Preciosa Sangre y Agua que brotó del Sagrado Costado de Tu Hijo, que colgaba muerto
en la Cruz para salvarlos, en el Nombre del Padre, del Hijo, y del Espíritu Santo.
Que a través de la santa muerte de Jesucristo, ellos reciban la vida eterna, por Sus
Llagas sean sanados, y por Su Sangre Preciosa sean liberados. Que se regocijen junto
a los Santos en el Cielo. Amén
ORACIÓN DE REPARACIÓN
(2 de Julio, 1999)
Padre Eterno, te ofrezco todas las Heridas de Tu amadísimo Hijo Jesucristo, los dolores
y agonías de Su Sacratísimo Corazón, y Su Preciosísima Sangre que brotó de todas
Sus Heridas, en reparación por mis pecados y los pecados del mundo entero. Amén (3
veces).
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(Esta invocación también ha sido recomendada por Nuestro Señor, para decirla al final
del exorcismo del Papa León XIII, el cual Nuestro Señor ha ordenado sea dicho
diariamente en nuestros hogares en estos tiempos del mal).
JACULATORIAS
(28 de Abril, 1997)
(28 de Julio, 1997) ¡Preciosa Sangre y Agua del Sagrado Costado de Jesucristo!
¡Purifica la Iglesia, lávanos, límpianos!
Yahveh:
Dios mío, que mi plegaria llegue hasta Ti, escucha nuestro grito pidiendo
misericordia y ayuda, perdona a los que no tienen fe en Ti, Dios mío, ni
tampoco confianza en Tu poder para salvarnos; no extingas las luces de
nuestros días, haciendo con ello que la tierra se marchite en un instante;
antes bien, por Tu Compasión Paternal, ten piedad de nosotros y
perdónanos; no permitas que el maligno derrame nuestra sangre como agua
,perdona nuestra culpa, reprime tu Ira acordándote de nuestra flaqueza,
contén a Tus ángeles del desastre, dándonos una oportunidad más de
probar que somos dignos de Tu Bondad; pongo mi confianza en Ti;
Amén”
Padre Tierno, no descargues tu ira sobre esta generación, no sea que perezca por completo. No
dejes caer sobre Tu rebaño la aflicción y la angustia, porque las aguas se secarán y la naturaleza
se marchitará. Todo sucumbirá ante tu ira sin dejar huella tras de sí.
¡El ardor de Tu Aliento inflamará la tierra transformándola en un yermo! Desde el horizonte se verá
una estrella. La noche sufrirá estragos y las cenizas caerán como la nieve en invierno, cubriendo a
Tu pueblo como fantasmas, Ten Piedad de nosotros, Dios, y no nos evalúes duramente.
¡Acuérdate de los corazones que se regocijan en Ti y Tú en ellos!¡Acuérdate de tus fieles y no
dejes que Tu Mano caiga con fuerza sobre nosotros! Antes bien, en Tu Misericordia, levántanos e
implanta Tus preceptos en cada corazón.
Amén.
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Señor, me has soportado todos estos años con mis pecados, pero a pesar de ello has tenido
compasión de mí. Me he descarriado en todos los aspectos, pero ahora no quiero pecar más. Te
he agraviado y he sido injusto. Ya no lo seré nunca más.
Renuncio al pecado, renuncio al Demonio, renuncio a la iniquidad que ensucia mi alma. Libera mi
alma de todo lo que es contrario a Tu santidad. Te suplico, Señor, que me salves de todo mal.
Ven ahora, Jesús. Ven ahora a habitar en mi corazón. Perdóname, Señor, y permíteme descansar
en Ti. Porque Tú eres mi Escudo, mi Redentor y mi Luz, y en Ti confío. Desde hoy, Señor, Te
bendeciré en todo momento. Repudio el mal y a todos los demás dioses e ídolos, porque Tú eres
el Altísimo sobre el mundo entero, trascendiendo de lejos a todos los demás dioses. Con Tu
poderoso brazo, sálvame de la mala salud, sálvame de estar cautivo, sálvame de los conflictos y
derrota a mi enemigo el Demonio.
¡Ven pronto en mi ayuda, oh Salvador! Amén
Sea vuestra llaga sacratísima la tumba donde sepultar mis innumerables pecados, los
cuales detesto y aborrezco, echándolos en el abismo abierto de esta santísima llaga,
abierta por el amor, para nunca jamás volverlos a ver.
Oh amabilísimo Jesús, por la llaga de vuestro Corazón, concededme una sola gota de
esa sangre preciosísima que de él fluye, como prenda de eterno perdón de mis
pecados.
En esta llaga profunda, escondedme y guardadme allí como prisionero de amor; allí
purificadme, disolvedme, cambiadme en un amante de vuestro Corazón llagado.
Convertidme en otro Corazón de Jesús, para que así no piense, ni diga ni haga nada,
sino lo que es de vuestro mayor agrado. Así sea.
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