EL CULTO AL
AVISPADO
En una sociedad constituida siempre en el campo del otro, el lenguaje, la cultura, las relaciones
establecidas desde el orden social; se realizan construcciones lingüísticas lo que llamaremos
en este documento “jerga colombiana” que se entiende como un lenguaje particular,
expresiones populares que por su uso común se van formalizando en ciertos grupos sociales,
entramados simbólicos que forman parte de la cultura colombiana trayendo a colación un
dicho coloquial, “El Avispado” termino que etimológicamente proviene del verbo «avispar» y
del sufijo «Ado» que indica acción y resultado. Entendido como aquel que esta alerta, atento y
preparado quien obra de manera diligente por lo general por beneficio propio.
El diccionario de colombianismos del Instituto Caro y Cuervo lo define como: “Astuto, hábil
para aprovecharse de las circunstancias”. El avispado tiene profunda confianza en sí mismo;
por tanto, no requiere de preparación, dado que su astucia natural le permite salir triunfante en
todas las situaciones, tiene mil artilugios para burlar cualquier norma social o legal que impida
alcanzar sus ambiciones aprovechándose de la buena fe de las personas. Se podría pensar
que esa concepción origina que, en Colombia, existan muchos políticos corruptos lo podemos
ver cuando observamos los escándalos de corrupción a manos de nuestros dirigentes, quienes
a la primera oportunidad para sacar ventaja en la asignación de un proyecto no dudan en
aprovecharla, también lo evidenciamos con nuestros honorables magistrados de la Corte
quienes en ocasiones extorsionan a congresistas corruptos a cambio de salvarles el pellejo
termino popular que utilizaríamos para referirnos a estas situaciones como “ladrones de cuello
blanco” avispados que llegan al poder para aprovecharse del pueblo y buscar beneficios
personales limitando los particulares. Con lo anterior y tomando una posición constructiva
teniendo en cuenta que el estado colombiano necesita generar cambios significativos que
eviten el crecimiento de la corrupción, de la desigualdad, la pobreza y la violencia, entendemos
el valor que tiene la educación para la vida; también que hay diferentes formas de ganarse la
vida, que tumbar o sacar ventaja de todo lo que hacemos conlleva a consecuencias
degenerativas socialmente y entendemos que lo primero para lograr un cambio positivo frente
a estas conductas es amar el conocimiento, construir una educación infundada en valores que
incentiven el interés por un bien común; otro de los aspectos fundamentales para llegar a la
meta es promover espacios que propicien este tipo de aprendizajes llevándolos a todos los
hogares colombianos y a los habitantes de una sociedad. Es deber del Estado Colombiano y
del sistema educativo del país como de nosotros los padres y jóvenes aportar un granito de
arena para que se pueda aumentar los índices de educación y disminuya las acciones
degenerativas, tenemos que ser un país que se encuentra del lado de la orilla de la creación y
no del mero consumo y si la solución no vendrá de aquellas élites que lo han provocado,
entonces quizá sea el momento de levantar la mano y aprender a elegir.