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La Oracion y Su Importancia

El documento discute varios temas relacionados con la oración. Explica que la oración no es repetir frases memorizadas sino hablar con Dios como un amigo. También señala que Jesús oraba regularmente, incluso en momentos difíciles, y que oraba por los demás. Finalmente, resalta que la oración ha cambiado el curso de la historia y puede seguir haciéndolo si más personas oran con fe.
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La Oracion y Su Importancia

El documento discute varios temas relacionados con la oración. Explica que la oración no es repetir frases memorizadas sino hablar con Dios como un amigo. También señala que Jesús oraba regularmente, incluso en momentos difíciles, y que oraba por los demás. Finalmente, resalta que la oración ha cambiado el curso de la historia y puede seguir haciéndolo si más personas oran con fe.
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La primera pregunta: ¿Qué es la oración?

Pues es como hablar con un gran amigo, en realidad con


el mejor amigo. Orar no es repetir frases aprendidas de memoria. Orar no es tomar las palabras de
otro para repetirlas sin siquiera pensar en lo que estamos diciendo.

Jesús mismo refutó esta práctica cuando según Mateo 6:7

Otra pregunta sería ¿Cuándo debo orar? en 1ª Tesalonicenses 5:17 Esto significa que todo tiempo
es buen tiempo para orar. En realidad habla de adquirir el hábito de orar. La oración debería ser
como el respirar. Algo que lo hacemos automáticamente. Nadie se pone a debatir si debe respirar
o no. Nadie puede decir: Muy bien, he decidido que hoy no voy a respirar. Jamás lo haría. La
respiración es algo natural al ser humano. Lo hacemos automáticamente.

Igual debería ser la oración para el hijo de Dios. Debería ser algo automático, algo que no nos
detenemos a pensar si deberíamos hacerlo o no deberíamos hacerlo, sino lo que lo hacemos de
forma natural, en todo momento y en toda ocasión.

En lugar de pedir que Dios cambie nuestras circunstancias, deberíamos pedir que Dios cambie
nuestro carácter. La próxima vez que ore, recuerde este principio. Si por ejemplo, se halla en una
aguda dificultad económica, o en algún problema de salud, no vaya directamente a Dios
demandando de él dinero y salud. Piense antes de orar. Por algún motivo, Dios ha permitido que
Usted se halle en esas circunstancias.

En su oración diga a Dios: Yo confío en ti. Gracias por estas pruebas que me has mandado. Estoy
seguro que tú quieres enseñarme lecciones importantes para mi vida por medio de estas pruebas.
Quiero aprender esas lecciones.

exprese a Dios su gratitud por todo lo que Dios ha hecho en su vida, aun por las cosas que todavía
no ha hecho, pero que por fe, sabe que las va a hacer.

Juan 14:13-14 dice: “Y todo lo que pidiereis al Padre en mi nombre, lo haré, para que el Padre sea
glorificado en el Hijo. Si algo pidiereis en mi nombre, yo lo haré”.

Además de la ayuda del Hijo, Usted tiene a su disposición la ayuda del Espíritu Santo. Romanos
8:26 dice: “Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir
como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos
indecibles.”.

Jesús se levantaba temprano para orar

En Marcos 1:35 podemos ver un ejemplo de esta rutina que tenía Jesús. En este mundo en el que
vivimos, donde andamos siempre corriendo de un lado para el otro, llenos de actividades, de cosas
por hacer, es importante tener la disciplina para poder dedicarle tiempo de calidad con Dios.
Jesús oraba en los momentos difíciles

La noche en que Jesús iba a ser entregado, comenzó a orar, angustiado porque sabía que en pocas
horas había de morir (Mateo 26:38-39). En esta oración podemos ver analizar lo siguiente:

Jesús se acercó a orar por el momento díficil que estaba viviendo. No debemos nunca alejarnos de
Dios, aunque estemos felices o en momentos de dolor o dificultad

Podemos ser totalmente sinceros a Dios, expresando nuestros sentimientos, como lo hizo Jesús,
diciéndole al Padre que si era posible quitara esta prueba de su vida.

Debemos aprender a vivir en obediencia a la voluntad de Dios, ya que Él conoce lo mejor para
nosotros, así como Jesús dijo “pero que sea como vos queres y no como yo quiero”

Tenemos que tener presente que hay oraciones que Dios “no contesta” o contesta de forma
negativa, una vez más, sabiendo que Él tiene el control de todo

Jesús oraba por los demás

Todas las oraciones que están registradas en los evangelios, en la única en la que podemos ver que
Jesús pide algo para sí mismo es en la oración del huerto de Getsemaní. El resto de las oraciones
de Jesús son oraciones por los demás. Es muy importante que oremos unos por otros, Jesús así lo
hacía

Jesús oraba a solas para tener comunión con Dios

Luego de tardes largas de predicación, curación de enfermos, etc., Jesús se apartaba a orar. Esto
nos da la pauta de que a pesar de estar cansados, no es excusa para no orar. Nuestro corazón
debería desfallecer por un momento a solas con Dios, así como Jesús necesitaba esos momentos al
final del día, así nosotros tenemos que acercarnos a Dios para tener intimidad con Él. Jesús
llamaba a Dios “Abba”, una palabra informal que los judíos usaban para llamar a sus padres. Es
como si nosotros le dijéramos a Dios “Pa”, “Papi”. Ese nivel de intimidad es el que Dios quiere
tener con nosotros.

Dios desea tener intimidad con nosotros

Nadie puede negar la vasta diferencia que hay entre Dios y nosotros. Así y todo, Dios eterno, fuera
del tiempo y el espacio, tiene literalmente todo el tiempo del mundo para poder tener intimidad
con cada uno de nosotros y para eso nos creó. Esta gran diferencia entre nosotros, limitados por el
tiempo y Dios ilimitado, es la que permite que todos podamos tener intimidad con Él.

¿Es influyente mi oración?


Para ver si nuestras oraciones influyen o no, podemos buscar oraciones de personas que hayan
influido en la forma de obrar de Dios.

Cuando Dios iba a destruir Sodoma, una ciudad cuyo pecado era ya demasiado grande como para
ser ignorado por Dios, Abraham oro a Dios pidiéndole que reconsidere el asunto, ya que allí vivía
su sobrino Lot(Génesis 18:16-33). Si leemos el resto de la historia, sabremos que Dios se encargó
de salvar a Lot y su familia de la destrucción de Sodoma y Gomorra.

Cuando Dios se cansó de las constantes quejas de los israelitas en el desierto y decidió terminar
con sus vidas, Moises intercedió por ellos para que Dios reconsiderara su decisión (Números
14:17-20).

¿Qué pasa con las oraciones no contestadas?

¿Cuántas veces pedimos cosas a Dios y no nos contesta? Lo cierto es que a pesar de que parezca
que no contesta, Él siempre lo hace, aunque muchas veces la respuesta no es la que nosotros
queremos ¿Por qué pasa esto?

Muchas veces la oración se convierte en una especie de pedidos egoístas que le hacemos a Dios.
Quiero sacarme un 10, pero no estudié. Quiero que salga el día lindo porque tengo un partido de
fútbol. En Santiago 4:3 podemos ver que la Biblia nos dice “Piden y no reciben, porque piden con
malas intenciones, desean solamente lo que les dará placer”. No podemos evitar a veces esta
actitud, lo importante es que al acercarnos a Dios en oración podamos abrir [pullquote
align=»left» cite=»» link=»» color=»» class=»» size=»»]Debemos saber que no existen formulas
para que la oración sea contestada o no, Dios obra de forma misteriosa.[/pullquote] nuestra
mente y tratar de ver las cosas desde un punto de vista más amplio, el punto de vista de Dios. Ahí
es cuando nos damos cuenta que Dios no esta acá para servirnos a nosotros, sino que nosotros
estamos delante de Dios para servirle.

Oraciones contradictorias: Si dos personas que compiten por un mismo puesto de trabajo, oran a
Dios es imposible que los dos obtengan el mismo empleo. Hay muchos casos en que dos oraciones
son contrariamente opuestas, en esos casos Dios se encarga de realizar las cosas de forma que
todo sea para el bien de sus hijos.

Debemos saber que no existen formulas para que la oración sea contestada o no, Dios obra de
forma misteriosa. Si leemos la Biblia, rara vez vamos a encontrar momentos en los que Dios obra
de acuerdo a un patrón o de la misma manera, así nosotros tenemos que saber esto y confiar en
que Dios es bueno y que siempre va a obrar para nuestro Bien(Romanos 8:28).

Pero hoy, hemos llegado a un punto en que muchas personas consideran que la oración es una
mera formalidad. No tenemos el sentido de buscar ese acercamiento con Dios , sino, más bien, de
cumplir una tradición venerable. Pero ¿cómo podemos seguir adelante si no hacemos un nuevo
énfasis en la oración?
Miles de personas oran solo en tiempos de gran tensión, peligro o incertidumbre. Cristo les enseñó
a sus seguidores que oraran siempre. Tan fervientes y tan directas eran las oraciones de Jesús que
una vez, cuando Él había terminado de orar, sus seguidores se acercaron a Él y le dijeron: “Señor,
enséñanos a orar” (Lucas 11: 1).

De tapa a tapa de la Biblia se encuentran relatos de personas cuyas oraciones fueron contestadas;
personas que cambiaron la dirección de la historia por medio de la oración; personas que oraron
fervientemente, y Dios contestó. Abraham oró, y mientras él oró, Dios no destruyó la ciudad de
Sodoma, donde vivía Lot, el sobrino de Abraham.

Ezequías oró cuando su ciudad era amenazada por el ejército invasor de los asirios comandado por
Senaquerib. Todo el ejército de Senaquerib fue destruido y la nación fue librada por una
generación más… porque el rey había orado.

Elías oró, y Dios envió fuego del cielo para consumir la ofrenda del altar que él había construido en
presencia de los enemigos del Señor. Eliseo oró, y el hijo de la sunamita resucitó de los muertos.
Jesús oró junto a la entrada de la tumba de Lázaro, y el que había estado muerto durante cuatro
días salió, vivo. El ladrón crucificado oró, y Jesús le aseguró que iba a estar con Él en el paraíso.
Pablo oró, y nacieron iglesias en Asia Menor y en Europa. Pedro oró, y Dorcas resucitó para poder
servir a Jesucristo varios años más.

John Wesley oró, y llegó el avivamiento a Inglaterra. Jonathan Edwards oró, y llegó el avivamiento
a Northampton, Massachusetts (EUA), y miles de personas se sumaron a las iglesias. La historia ha
cambiado una y otra vez a causa de la oración, y puede cambiar de nuevo si hay personas que se
ponen de rodillas y oran con fe.

¡Qué cosa gloriosa sería si millones de nosotros hiciéramos uso del privilegio de orar! Jesucristo
murió para hacer que esta comunión y esta comunicación con el Padre sean posibles. Él nos dijo
que hay gozo en el cielo cuando un pecador se aparta del pecado para buscar a Dios y susurra la
oración sencilla: “Dios, ten misericordia de mí, que soy pecador”.

Cuando los discípulos fueron a ver a Jesús y le pidieron que les enseñara a orar, el Salvador
respondió dándoles la petición modelo: el Padrenuestro. No obstante, eso solo fue parte de su
sagrada instrucción. Hay decenas de pasajes en que Jesucristo ofrece otras indicaciones, y dado
que Él practicaba lo que predicaba, toda su vida fue una serie de lecciones sobre la oración
constante. Jesús tuvo solo tres años de ministerio público, pero nunca estaba demasiado apurado
para pasar horas orando.
Jesús nos enseña por quién debemos interceder. ¡Cuán interesante son sus instrucciones, y su
ejemplo! Nos dice: “Oren por quienes los ultrajan y los persiguen ” (Mateo 5:44). Debemos rogar
por nuestros enemigos y pedir a Dios que los lleve a Cristo y, por Él, los perdone.

Las primeras palabras que Jesús pronunció desde la cruz, después que los gruesos clavos
atravesado sus manos y sus pies fueron, de intercesión por quienes lo lo crucificado: “–Padre –dijo
Jesús–, perdónalos, porque no saben lo que hacen” ( Lucas 23:34). ¿Cuántos de nosotros hemos
pasado algún tiempo orando por nuestros enemigos?

También nos dice la Biblia que oremos por la conversión de los pecadores. Cierta vez, escuché un
intercambio de ideas entre algunos líderes sobre cómo comunicar el evangelio. Ni una sola vez
mencionaron la oración Pero sé que hay decenas de iglesias que tienen muchas conversiones los
años, solo como respuesta a la oración. Si hay una persona conocida nuestra que necesita a Cristo
en su vida, debemos comenzar a orar por ella. Nos sorprenderemos al ver cómo Dios comienza a
obrar.

Una lección más que Jesús enseña es la victoriosa seguridad de que Dios responde toda petición
sincera. Los escépticos pueden cuestionarlo, negarlo o burlarse. Pero Cristo mismo hizo esta
promesa: “Si ustedes creen, recibirán todo lo que pidan en oración” (Mateo 21:22). Debemos
confiar en esa promesa. Nuestro Padre es dueño de todo, y Él “les proveerá de todo lo que
necesiten, conforme a las gloriosas riquezas que tiene en Cristo Jesús” (Filipenses 4:19)

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