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Edipo A Destiempo - Jean Pierre Vernant

El documento resume la sucesión del trono de Tebas después de la muerte de Penteo. La línea de sucesión se vuelve inestable con luchas entre los Espartoi y la familia real. Polidoro asume brevemente el trono antes de pasarlo a su hijo Lábdaco. Cuando Lábdaco muere, Nicteo y Lico usurpan el trono. Más tarde son derrocados por Anfión y Zeto, quienes entregan el trono a Layo. Layo es exiliado temporalmente y tiene un hijo con Yocasta que es

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Edipo A Destiempo - Jean Pierre Vernant

El documento resume la sucesión del trono de Tebas después de la muerte de Penteo. La línea de sucesión se vuelve inestable con luchas entre los Espartoi y la familia real. Polidoro asume brevemente el trono antes de pasarlo a su hijo Lábdaco. Cuando Lábdaco muere, Nicteo y Lico usurpan el trono. Más tarde son derrocados por Anfión y Zeto, quienes entregan el trono a Layo. Layo es exiliado temporalmente y tiene un hijo con Yocasta que es

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EDIPO A DESTIEMPO Gorgonas, «monstruo itresistible que yace en las profun-

didades secretas de la tierra" y engendra, además de otras


calamidades, a Cerbero, e! perro de! Hades, y a Quimera,
con sus tres cabezas, a la que, con la ayuda de! caballo Pe-
gaso, Be!erofonte consigue exterminar. Así pues, Penteo
muere a manos de la descendencia soberana de Cadmo y
de unos personajes nacidos de la tierra, que poseen un as-
pecto nocturno y monstruoso. Después de su horrible
muerte, e! trono se encuentra vacante. Polidoro sólo lo
ocupa un tiempo muy breve y cede e! poder al hijo que le
ha dado Nicteis, Lábdaco -e! cojo-, vástago legítimo,
pero cuya filiación es, en efecto, coja, ya que por su padre
Después de la muerte trágica de Penteo, y de la mar- Polidoro entronca directamente con Cadmo y con la diosa
cha de Cadmo y Agave, e! trono y lo que significa, es Harmonía, pero que por su madre, Nicreis, está emparen-
decir, e! orden ciudadano, han quedado trastornados. tado con los Esparroi surgidos de la tierra de Tebas, que
¿Quién será e! rey? ¿Quién encarnará las virtudes de! sobe- nacen completamente armados y con el único objetivo de
rano, su capacidad de mandar? Normalmente, la sucesión guerrear. Lábdaco es demasiado joven, cuando muere su
debe corresponder al otro hijo de Cadmo, que se llama padre, para asumir las funciones reales.
Polidoro. Éste se casa con una hija de Ctonio, uno de los Por consiguiente, los primeros momentos de la mo-
Espartoi, e! hombre de! terruño, de lo subterráneo, y que narquía tebana serán inestables y convulsos. Época de vio-
lleva e! nombre de Nicteis, la nocturna. Es la hermana, o lencia, desorden y usurpación, en la que e! trono, en lugar
la pariente más próxima, de toda una serie de personajes, de transmitirse de padre a hijo por una sucesión regular y
Nicteo y Lico (e! lobo) en especial, emparentados con los garantizada, salta de mano en mano como consecuencia
gegenés, con los Espartoi que representan la violencia gue- de luchas y rivalidades que enfrentan a los Espartoi entre
rrera. sí y contra e! poder real legítimo. Cuando, a su vez, desa-
El propio Penteo también tenía un doble origen. Por parece Lábdaco, e! trono está de nuevo vacante. Lo ocu-
parte de su madre, Agave, estaba emparentado con Cad- pan Nicteo y Lico. Lo conservarán largo tiempo, sobre
mo, e! auténtico soberano, e! designado por los dioses, todo, éste último. Dieciocho años, por lo que sabemos.
aquel a quien éstos habían dado a una diosa por esposa Durante ese tiempo, e! pequeño Layo está incapacitado
para subrayar, en cierto modo, la calidad de su poder so- para ejercer la soberanía.
berano. Por parte de su padre, Equión, pertenece también Ambos, Lico y Nicteo, serán eliminados por unos per-
a los Espartoi. El nombre «viperino» de su progenitor sonajes que no son de Tebas y que se llaman Anfión y
hace pensar inmediatamente en un personaje femenino, Zeto. Llegado e! momento, cederán e! trono a su propie-
Equidna, medio mujer, medio serpiente, hermana de las tario legítimo. Mientras tanto, durante todo e! tiempo

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que los usurpadores consiguen mantenerle alejado del po- la violencia lo que Crisipo no está dispuesto a ofrecerle
der, Layo se ve obligado al exilio. Ya ha alcanzado la edad espontáneamente, no existe ninguna reciprocidad entre
adulra cuando encuentra refugio en Corinto, junto al rey ellos, no hay intercambio amoroso. El impulso erótico,
Pélope, que le ofrece una generosa hospitalidad. unilateral, está bloqueado. Además, Layo es el huésped de
Pélope, y esta relación de hospitalidad supone una recipro-
cidad de amistad, de regalos y de contrarregalos. Lejos de
GENERACIONES COJAS corresponder a quien lo ha acogido, Layo intenta poseer a
su hijo en contra de su voluntad y provoca su suicidio.
Llegamos a un episodio cuyas consecuencias serán im- Lico, que ejercía el poder, ha sido sustituido por An-
portantes. Layo se enamora de Crisipo, un bellísimo mu- fión y Zeta: también éstos mueren. Layo regresa a Tebas y
chacho que es hijo de Pélope. Lo corteja intensamente, lo los tebanos están muy contentos de acogerlo, así como de
pasea en su carro, se comporta como un hombre adulro confiar de nuevo el reino a una persona que les parece
respecto a otro más joven, le enseña a ser un hombre, pero digna de ocuparlo.
al mismo tiempo intenta tener con él una relación erótica Layo se casa con Yocasta. También ella, en muy am-
que el hijo del rey rechaza. Parece incluso que Layo se ha plia medida, está relacionada familiarmente con Equión.
obstinado en conseguir por la fuerza lo que la seducción y Es la biznieta de aquel que, como Cronio, representa la
el mérito no habían llegado a darle. Se cuenta también herencia nocturna y sombría. La boda de Layo y Yocasta
que Crisipo, indignado y escandalizado, se suicida. El caso es estéril. Layo se dirige a consultar al oráculo de Delfos
es que Pélope dirige contra Layo una solemne maldición para saber lo que debe hacer para tener descendencia, a
en la que pide que el linaje de los Labdácidas no consiga fin de que el camino de la soberanía siga finalmente una
perpetuarse, que sea abocado a la aniquilación. línea recta. El oráculo le contesta: «Si tienes un hijo, te
El nombre de Lábdaco significa «el cojo», y el nombre matará y se acostará con su madre.» Layo regresa a Tebas
de Layo no es demasiado claro; puede querer decir que es asustado. Tiene con su mujer unas relaciones tales que
un caudillo popular, o que es un hombre «torpe». Cabe está seguro de que no tendrá ningún hijo, no quedará em-
observar, en efecto, que Layo estropea todas sus relacio- barazada. La historia cuenta que un día que Layo está bo-
nes, a todos los niveles. Por una parte, desde el punto de rracho se decide a plantar en el campo de su mujer, para
vista de la sucesión, que a través de su padre Lábdaco, su hablar igual que los griegos, una semilla que germinará.
abuelo Polidoro y su bisabuelo Cadrno, debería llevarle di- Yocasta da a luz a un niño. Los esposos deciden alejar, in-
rectamente y establecerle en el trono de Tebas. Ahora terrumpir esta descendencia y entregan el niño a la muer-
bien, Layo ha sido apartado, soslayado y alejado de él: la te. Así pues, llaman a uno de sus pastores que, durante el
sucesión, por tanto, ha sido desviada. Layo presenta tam- verano, van al Citerón para apacentar los rebaños reales.
bién otra desviación, ya que, a la edad en que podría pen- Le encargan la misión de matar al niño, de abandonarlo
sar en casarse, se inclina hacia un muchacho. Pero, sobre en la montaña para que sea devorado por los animales sal-
todo, desvía el juego amoroso pretendiendo imponer con vajes o por los pájaros.

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El pastor coge al recién nacido y le pasa por el talón, muchacho de Corinto, como se sabe y se dice secretamen-
tras hacerle un agujero, una correa, después se va, con el te. Un día, mientras se pelea con un muchacho de su mis-
niño cargado en la espalda como se llevaba entonces la ma edad, éste le suelta: «¡Al fin y al cabo, tú eres un hijo
caza menuda. Llega a la montaña con sus rebaños, y el purativo!» Edipo va a ver a su padre y le cuenta que un
niño le sonríe. El pastor titubea, ¿lo abandonará? Piensa compañero le ha llamado «hijo putativo», como si no fue-
que no es posible. Divisa a un pastor venido de Corinto ra realmente su hijo. Pólibo lo tranquiliza como puede,
que está apacentando su rebaño en la otra vertiente de la sin llegar a decirle con claridad: «No, en absoluto, claro
montaña. Le pide que se lleve a aquel niño que él no quie- que eres el hijo de tu madre y mío.» Se limita a decirle:
re dejar morir. El pastor piensa en el rey Pólibo y en la rei- «Esto es una tontería, no tiene ninguna importancia. La
na Mérope, que no tienen hijos y desean uno. Les lleva, gente es envidiosa, cuenta cualquier cosa.» Edipo sigue
pues, al pequeño con su herida en el talón. Encantados preocupado y decide ir a consultar al oráculo de Delfos
del regalo, los dos soberanos lo crían como si fuera su para plantearle la pregunta de su origen. ¿Es o no hijo de
hijo. Esta criatura, nieto de Lábdaco, el cojo, hijo de Pólibo y Mérope? El oráculo se niega a darle una respues-
Layo, que también ha sido alejado del poder, y que se ha ta tan clara como su pregunta. Y le dice: «Matarás a tu pa-
desviado de los caminos correctos de las relaciones de hos- dre, te acostarás con tu rnadre.» Edipo se horroriza y esta
pitalidad y las relaciones amorosas, ese chiquillo se en- revelación espantosa anula su pregunta inicial: «¿Soy su
cuentra a su vez, por tanto, apartado de su país, de su verdadero hijo?» Lo más urgente que tiene que hacer es es-
tierra natal, de su dignidad de hijo de rey que ha de per- capar, poner toda la distancia posible entre él y aquellos a
petuar la dinastía de los Labdácidas. Es educado, crece y, quienes considera sus padres. Exiliarse, irse, apartarse, ca-
cuando llega a adolescente, todo el mundo admira su minar lo más lejos posible. Así que parte, y de manera
prestancia, su valor y su inteligencia. Los jóvenes de la algo parecida a Dioniso se convierte en un caminante. Ya
aristocracia de Corinto sienten irremediablemente celos y no tiene tierra en sus sandalias, ya no tiene patria. En su
malevolencia respecto a él. carro, o a pie, se dirige de Delfos a Tebas.
Ocurre que en aquel mismo momento la ciudad de
Tebas padecía una terrible pestilencia, y Layo quería diri-
«UN HIJO PUTATIVO» girse a Delfos para pedir consejo al oráculo. Había salido
con un mínimo séquito, en su carro, con su cochero, y
Aunque no cojee en el sentido auténtico de la palabra, uno o dos hombres. Ya tenemos, pues, al padre y al hijo
Edipo conserva en su pie la huella de la separación que le -a un padre convencido de que su hijo ha muerto, y a un
han infligido, de la distancia a la que se encuentra respec- hijo convencido de que su padre es otro- caminando en
to al lugar donde debería estar, a lo que constituye sus au- sentido contrario. Coinciden en una encrucijada de tres
ténticos orígenes. Así pues, también está en un estado de caminos; en un lugar donde no pueden pasar dos carrua-
desequilibrio. En tanto que hijo del rey, todos lo ven jes a un tiempo. Edipo está en su carro, Layo en el suyo.
como el sucesor lógico de Pólibo, pero no es del todo un Layo considera que el cortejo real tiene prioridad y pide,

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por tanto, a su cochero que indique a ese muchacho que a Edipo que, si consigue derrotar al monstruo, se casará
se aparte. "Sal del camino, déjanos pasan" grita éste a Edi- con la reina.
po y, con su garrote golpea a uno de los caballos del carro
de Edipo o incluso el hombro del propio Edipo. Éste, que
no tiene buen carácter y que, incluso en su papel de exilia- SINIESTRA AUDACIA
do voluntario, se siente un príncipe, el hijo de un rey, no
piensa ceder su sitio a nadie. El golpe recibido lo enfurece, Desde que Yocasta es viuda, encarna la soberanía,
y a su vez golpea con su bastón al cochero, al que mata, y pero en realidad es Creonte quien ejerce el poder. Por ese
después ataca a Layo, que cae a sus pies, también muerto, motivo puede ofrecer a Edipo que, si vence a la Esfinge, la
mientras uno de los hombres del séquito real, aterroriza- reina y el reino a un tiempo serán suyos. Edipo se enfrenta
do, regresa a Tebas. Edipo, considerando que sólo se trata al monstruo, que está encaramado en su pequeño mon-
de un incidente y ha obrado en legítima defensa, prosigue tículo. Al ver llegar a Edipo, piensa que es una bonita pre-
después su ruta y su vagabundeo. sa. La Esfinge formula el enigma siguiente: «¿Quién es el
Tardará mucho en llegar a Tebas, en un momento en ser, el único entre todos los que viven en la tierra, las
que la desgracia azota a la ciudad en la forma de un mons- aguas, los aires, que tiene una única voz, una única mane-
truo, medio mujer, medio leona: cabeza de mujer y senos ra de hablar, una única naturaleza, pero que posee dos
de mujer, cuerpo y patas de leona. Es la Esfinge. Está alo- pies, tres pies y cuatro pies, dípous, tripous, tetrdpousi» Edi-
jada en una de las puertas de Tebas, a veces encima de una po reflexiona. Esta reflexión tal vez sea más fácil para un
columna y otras sobre una roca más elevada, y se divierte hombre que se llama Edipo, Ot-dipous, «bípedo", por su
planteando enigmas a los jóvenes de la ciudad. Exige que relación con su nombre. Contesta: "Es el hombre. Cuan-
todos los días se le envíe la flor y nata de los jóvenes teba- do todavía es niño, camina a cuatro patas, cuando alcanza
nos, los muchachos más apuestos, que tienen que enfren- edad adulta, se sostiene de pie encima de sus dos piernas y
társele. Se cuenta a veces que quiere hacer el amor con en la ancianidad se apoya en un bastón para paliar su paso
ellos. En cualquier caso, les plantea un enigma y, cuando titubeante, oscilante.. La Esfinge, al verse derrotada en
no pueden resolverlo, los mata. Así pues, Tebas ve cómo esta prueba de saber misterioso, se arroja desde lo alto de
día tras día la flor de su juventud es destrozada, destrui- su columna, o su roca, y muere.
da. Cuando Edipo llega a Tebas, entra por una de las Toda la ciudad de Tebas está alborozada, festejan a
puertas, ve a la gente aterrada, con semblantes siniestros. Edipo, le pasean con gran pompa. Le presentan a Yocasta,
Se pregunta qué ocurre. El regente que ha ocupado el la reina, que, como recompensa, será su esposa. Edipo se
lugar de Layo, Creonte, hermano de Yocasta, también es- convierte en el soberano de la ciudad. Lo ha merecido
tá emparentado con el linaje de los Espartoi. Ve a un jo- dando pruebas de la mayor sabiduría y de la mayor auda-
ven forastero de buena planta y mirada audaz, y se dice cia. Es digno de la descendencia de Cadmo, a quien los
que, tal como están las cosas, puede que ese desconocido dioses habían distinguido dándole una diosa por esposa,
sea su última oportunidad de salvar a la ciudad. Anuncia Harmonía, y designándolo fundador de Tebas. Todo va

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bien durante unos cuantos años. La pareja real riene cua- Edipo se compromete solemnemente a iniciar su in-
tro hijos: dos muchachos, Polinices y Etéocles, y dos mu- vestigación para comprender los motivos de! mal y erradi-
chachas, Ismena y Antígona. Después una peste se abare car aquel azote. En ese momento, regresa la embajada en-
brutalmente sobre Tebas. Todo parecía dichoso, normal y viada a De!fos. El oráculo ha anunciado que e! mal no
equilibrado; de repente, todo cambia, todo es siniestro. cesará hasta que e! asesinato de Layo sea vengado. Por
Cuando las cosas funcionan como es debido, en orden, consiguiente, es preciso encontrar, castigar y expulsar defi-
todos los años rebrotan las mieses, los frutos crecen en nitivamente de Tebas, excluir de la tierra rebana, separar
los árboles, los rebaños paren ovejas, cabras y terneros. de ello para siempre, a aquel que tiene las manos mancha-
En suma, la riqueza de la rierra tebana se renueva al com- das con la sangre de Layo. Cuando Edipo lo oye, asume
pás de las estaciones. Las propias mujeres están atrapa- de nuevo un solemne compromiso: «Buscaré y descubriré
das en este gran movimiento de renovación de la fuerza al culpable." Edipo es un hombre ducho en pesquisas, un
vital. Tienen niños hermosos, fuerres y sanos. Bruscamen- interrogador, un inquisidor. De la misma manera que ha
te, este curso normal queda interrumpido, desviado, y abandonado Corinto para salir a la aventura, es un hom-
todo es deforme y monstruoso. Las mujeres paren niños bre para e! cual la aventura de la reflexión y e! cuestiona-
deformes o muertos, o abortan. Hasta las fuentes de la miento está siempre al alcance de la mano. Es imposible
vida, corruptas, se han secado. Para completar la desgra- detener a Edipo. Así pues, emprenderá una investigación,
cia, una enfermedad azota a hombres y mujeres, a jóve- a la manera de una investigación policial.
nes y a viejos, todos mueren. El pánico es general. Tebas Toma unas primeras medidas, hace saber que todos
está desconcertada. ¿Qué ocurre? ¿Qué es lo que no fun- aquellos que puedan aportar informaciones deben hacer-
ciona? lo, que todos aquellos que presuman de estar en contacto
Creonte decide enviar a De!fos una delegación de Te- con un presunto asesino están obligados a expulsarlo, que
bas para interrogar al oráculo y conocer el origen de la en- e! asesino no puede permanecer en Tebas, ya que su cri-
fermedad infecciosa, de la epidemia que devasta la ciudad men causa e! mal de la ciudad. Hasta que e! asesino haya
y provoca que nada funcione. Los representantes de la vi- sido separado y expulsado de las casas, los santuarios y las
talidad de Tebas unen sus dos extremos, los niños más pe- calles, Edipo no cesará de buscarlo. Tiene que saber. Co-
queños y los ancianos de mayor edad (las cuatro y las tres mienza la investigación. Creonte explica al pueblo que Te-
patas) comparecen ante e! palacio real con ramos, supli- bas dispone de un adivino profesional que sabe descifrar e!
cantes. Se dirigen a Edipo para pedirle que los salve: «¡Sé vuelo de los pájaros y, tal vez, gracias a la inspiración divi-
nuestro salvador! ¡Tú nos salvaste una vez de! desastre, nos na, pueda conocer la verdad: es e! viejo Tiresias. Creonre
libraste de aquel monstruo horrible que era la Esfinge, sál- desea que se le llame y se le interrogue sobre los aconteci-
vanos ahora de esta plaga, de esta pestilencia que no sólo mientos. Tiresias no tiene ganas de comparecer, de ser in-
ataca a los seres humanos, sino también a la vegetación y terrogado. Lo llevan de todos modos a la plaza pública,
los animales! Es como si en Tebas ya nada pudiera reno- delante de! pueblo de Tebas, delante de! consejo de los an-
varse ru nacer,» cianos y delante de Creonte y Edipo.

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Edipo lo interroga, pero Tiresias se niega a contestar. los Espartoi. Ambas descendencias se han mezclado cons-
Sostiene que no sabe nada. Indignación de Edipo, que no tantemente. Tanto Lábdaco como Layo y Edipo tienen en
siente demasiado respeto por el adivino. ¿Acaso no ha sido su ascendencia a los Espartoi. Yocasta, por su parte, ha sa-
más inteligente y más sabio que él? Sólo con su inteligen- lido directamente de Equión, que representa algo terrible-
cia, sólo con su capacidad de discernimiento de hombre mente inquietante. Así pues, la ciudad está desgarrada,
razonable, ha encontrado la respuesta al enigma mientras los jefes luchan entre sí, se odian, y Edipo prosigue su in-
que Tiresias, con su inspiración y los signos que descifra, vestigación.
era incapaz de darla. Edipo se enfrenta a un muro, pero Un testigo de primera mano, al que convendría con-
no a un muro de ignorancia, ya que Tiresias se niega a sultar, es el hombre que estaba con Layo en el momento
desvelar lo que sabe por intervención de la sabiduría divi- del drama y que se escapó. Ha contado a su vuelta que,
na. Lo sabe todo: quién ha matado a Layo y quién es Edi- en una emboscada, unos bandidos habían atacado el ca-
po, porque está en contacto con Apelo, su señor. Apelo es rruaje real en el camino de Delfos, matando a Layo y al
el que ha predicho: «Matarás a tu padre, te acostarás con cochero. La primera vez que le cuentan a Edipo este rela-
tu rnadre.» Tiresias entiende lo que representa Edipo en la to de la muerte de Layo, se siente un poco inquieto en su
desgracia de Tebas, pero no quiere soltar prenda. Está de- papel de juez de instrucción: le dicen que el hecho ocu-
cidido a no decir nada, y llega el momento en que Edipo, rrió en una encrucijada de tres direcciones en un camino
al que tal testarudez saca de quicio, piensa que esa negati- angosto, cerca de Delfos; él conoce perfectamente esa en-
va no puede ser fruto del azar. Tiresias y Creonte deben de crucijada, ese camino angosto. Lo que lo tranquiliza es
estar conspirando contra él para desestabilizarlo y arreba- que, si bien ignora a quien ha matado, sabe que cami-
tarle el trono. Imagina que Creonte se ha puesto de acuer- naba en solitario mientras que «son unos bandidos los
do con Tiresias, que es posible incluso que haya sobornado agresores de Layo». Sigue un razonamiento muy simple:
al adivino y que la embajada enviada a Delfos participara «Unos bandidos..., por lo tanto, no fui yo. Hay dos histo-
también en la conspiración. rias diferentes. Yo encontré a un hombre en su carto que
La cólera invade a Edipo, que empieza a ver fantasmas me golpeó, después pasó el carro de Layo, que fue ataca-
y decide que Creonte debe abandonar la ciudad inmedia- do por esos bandidos, se trata de dos historias completa-
tamente: sospecha que ha organizado la muerte de Layo. mente diferenres..
Si Creonte deseaba la muerte de Layo para ejercer la sobe- Así pues, Edipo quiere que comparezca la persona que
ranía a través de su hermana Yocasta, es posible que sea él estaba ptesente cuando ocurrieron los hechos y se pregun-
quien haya organizado el ataque. La cumbre del Estado de ta qué ha sido de él. Le contestan que ese hombre, des-
Tebas se encuentra ahora azotada por las fuerzas de la de- pués de su regreso a Tebas, no ha puesto prácticamente los
sunión, del enfrentamiento abierto. Edipo quiere expulsar pies en la ciudad, se ha retirado al campo y ya no se le ve.
a Creonte y Yocasta interviene. Intenta restablecer la ar- Extraño. Es preciso hacerle venir y plantearle la pregunta
monía entre los dos hombres, los dos linajes. No existe, de en qué condiciones ocurrió el ataque. Hacen venir al
por un lado, el linaje puro de Cadmo y, por el otro, el de infeliz criado de Layo. Edipo le tira de la lengua en su pa-

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pe! de juez de instrucción, pero e! hombre no es más lo- ese niño a mis amos. Fui yo quien te entregué, niño con e!
cuaz de lo que era Tiresias. Edipo tropieza con las mayores talón agujereado.» «¿Quién te dio a ese niño?», pregunta
dificultades para sacarle alguna información y llega a ame- Edipo. El mensajero identifica entre los asistentes al viejo
nazarlo con la tortura para hacerle hablar. pastor que en otros tiempos guardaba los rebaños de Layo
Por entonces llega a Tebas un extranjero procedente y Yocasta, e! que le había entregado al recién nacido. Edi-
de Corinto que ha hecho un largo camino. Se presenta po se pone nervioso. El pastor lo niega. Los dos hombres
ante Yocasta y Edipo, saluda y pregunta dónde está e! rey discuten: «[Claro que fuiste tú! Estábamos con nuestros
de! país. Tiene que darle una triste noticia: su padre y su rebaños en e! monte Citerón y allí me entregaste al nifio.»
madre, e! rey y la reina de Corinto, han muerto. Dolor de Edipo percibe que las cosas toman un derrotero terrible.
Edipo, que se siente huérfano. Dolor mitigado por cierta Piensa por un instante que tal vez era un niño expósito,
alegría, porque, si Pólibo ha muerto, Edipo ya no podrá e! hijo abandonado de una ninfa o una diosa, lo que ex-
matar a su padre. Tampoco podrá acostarse con su madre, plicaría e! destino excepcional de que había disfrutado.
porque falleció también. Edipo se siente con la cabeza Mantiene todavía una insensata esperanza, pero, para los
muy despejada y muy libre, le alegra saber que e! oráculo ancianos congregados allí todo está cada vez más claro.
ha demostrado ser falso. Delante de ese portador de malas Edipo se dirige al pastor de Layo y lo conmina a decir la
noticias, que espera tal vez que Edipo regrese a Corinto verdad: «¿De dónde sacaste a ese niño?» «De! palacio..
para ocupar e! reino como estaba previsto, se justifica: ha- (~¿Quién te lo dio?» «Yocasta.»
bía tenido que abandonar Corinto ya que le habían pro- A partir de ese momento, ya no queda ni la sombra
nosticado que mataría a su padre y se acostaría con su ma- de una duda. Edipo comprende. Enloquecido, corre a pa-
dre. El mensajero contesta: «Te equivocaste al irte: Pólibo lacio para ver a Yocasta. Se ha colgado de! techo con su
y Mérope no eran tus padres.» Estupor de Edipo, que se cinturón. Edipo la encuentra muerta. Con las fíbulas de
pregunta qué significa todo eso. su traje se saca los ojos; sólo quedan las cuencas ensan-
grentadas.
Hijo legítimo de un linaje real y maldito, alejado y
«LOS PADRES NO ERAN LOS PADRES» después devuelto a su lugar de origen, regresó sin seguir
un recorrido regular y en línea recta, sino tras ser desviado
Yocasta oye contar al mensajero que Edipo era un y apartado. Por ello ya no puede ver la luz, ya no puede
niño recién nacido llevado al palacio y adoptado por e! rey ver el rostro de nadie. Podría ocurrir incluso que también
y la reina de Corinto. No era e! hijo de sus entrañas, pero sus oídos estuvieran sordos. Podría estar encerrado en una
habían querido que Corinto fuera su ciudad. Yocasta se soledad total porque se ha convertido en e! baldón de su
siente embargada por una siniestra iluminación. Ahora ciudad. Cuando aparece una peste, cuando e! orden de las
todo quedaba claro. Abandona e! lugar de! debate y regre- estaciones ha sido modificado, cuando la fecundidad se ha
sa al palacio. «¿Cómo sabes tú eso?», pregunta Edipo al desviado de! camino recto y regular, es que existe un bal-
mensajero. «Lo sé», contesta, «porque fui yo quien entregó dón, un miasma, y ese baldón es él. Ha hecho una prome-

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sa, ha dicho que el asesino sería expulsado ignominiosa- parrir del momento de su nacimiento, Edipo asume el pa-
mente de Tebas. Tiene que irse. pel de aquel que no debería esrar donde esrá. Llega a des-
riempo. El heredero de Layo es, a la vez, descendiente legí-
rimo y procreación monstruosa. Su condición es inestable
EL HOMBRE: TRES EN UNO desde un principio. Abocado a la muerte, escapa a ella de
milagro. Nativo de Tebas, alejado de su lugar de origen, ig-
¿Cómo no ver en este relato que el enigma propuesto nora, cuando vuelve a la ciudad para ocupar en ella el más
por la Esfinge contaba el destino de los Labdácidas? Todos alto cargo, que ha regresado a su punto de parrida. Así
los animales, tengan dos o cuatro patas, sean bípedos o pues, Edipo tiene una condición desequilibrada. Al finali-
cuadrúpedos, sin mencionar a los peces, que no tienen pa- zar el recorrido que le devuelve al palacio donde ha naci-
tas, todos poseen una «naturaleza» inmutable. Para ellos do, Edipo ha mezclado los tres estados de la existencia hu-
no hay ningún cambio, del nacimiento a la muerte, en lo mana. Ha alterado el curso regular de las estaciones, ha
que define su especificidad de ser vivo. Cada especie tiene confundido la primavera de la juventud con el estío de
su propia condición, sólo una, una única manera de ser, la edad madura y el invierno de la ancianidad. Al mismo
una única naturaleza. En cambio, el hombre posee tres es- tiempo que mataba a su padre, se identificaba con él y
tados sucesivos, tres naturalezas diferentes. Al principio es ocupaba su lugar en el trono y el lecho de su madre. Al
un niño, y la naturaleza de éste es diferente de la de un procrear unos hijos con su propia madre, al sembrar en el
hombre hecho y derecho. Para pasar de la infancia a la campo que le había dado la vida, como decían los griegos,
edad adulta, también hay que experimentar unos ritos de se identificaba no sólo con su padre, sino con sus propios
iniciación que permiten franquear la frontera que separa a hijos, que son a la vez sus hijos y sus hermanos, sus hijas y
las dos edades. Se pasa a ser diferente de lo que se era an- sus hermanas. El monstruo al que se refería la Esfinge, que
tes, se entra en un nuevo personaje a parrir del momento tiene al mismo tiempo dos, tres y cuatro patas, es Edipo.
en que se deja de ser niño para descubrirse adulto. De la El enigma plantea el problema de la continuidad so-
misma manera, yeso aún resulta más exacto en el'caso de cial, del mantenimiento de las condiciones, las funciones
un rey, de un guerrero, cuando se mantiene sobre dos pies y las ocupaciones en el seno de las culturas, a despecho del
es alguien, alguien cuyo prestigio y cuya fuerza se impo- flujo de las generaciones que nacen, reinan y desaparecen
nen, pero, a parrir del momento en que se entra en la ve- para ser sucedidas por otras. El trono tiene que ser siem-
jez, se deja de ser el hombre de la hazaña guerrera, se pasa pre lo que es, mientras que quienes lo ocupan serán siem-
a ser, en el mejor de los casos, el hombre de la palabra y el pre diferentes. ¿Cómo puede subsistir único e intacto el
consejo sabios, y, si no, un lamentable desecho. poder real cuando los que lo ejercen, los reyes, son nume-
El hombre se transforma, sin dejar de ser el mismo, a rosos y diversos? El problema está en saber cómo el hijo
lo largo de esas tres edades. Ahora bien, ¿qué representa del rey puede converrirse en rey igual que su padre y ocu-
Edipo? La maldición caída sobre Layo impide cualquier par su lugar sin enfrentársele ni apartarlo, instalarse en su
nacimiento que prolongue el linaje de los Labdácidas. A trono sin identificarse tampoco con su padre, como si fue-

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ra idénrico a él. ¿Cómo es posible que e! flujo de las gene- de él, antes de marcharse de Tebas, cuando todavía está en
raciones, la sucesión de los esradios que marcan a la hu- palacio, sus hijos ofrecen al ciego la copa de oro de Cad-
manidad, a la remporalidad, a la imperfección humana, mo y la mesa de plata, pero se reservan los mejores boca-
marchen al compás de un orden social que riene que per- dos mienrras le dan los peores pedazos de los animales sa-
manecer esrabie, coherenre y armonioso? La maldición crificados, lo que se tira. Se cuenta también que fue
pronunciada contra Layo, y, ral vez, yendo más allá, e! he- encerrado en un oscuro calabozo para ocultarlo como una
cho de que en la boda de Cadmo y Harmonía algunos re- vergüenza que se quiere mantener definitivamenre en se-
galos ruvieran un poder maléfico, ¿no es una manera de creto. Así pues, Edipo lanza una solemne maldición en la
reconocer que en e! seno mismo de aquella boda excepcio- que dice que sus hijos jamás llegarán a enrenderse, que
nal y fundadora se insinuaba e! fermenro de la desunión, cada uno de ellos querrá ejercer la soberanía, que se la dis-
e! virus de! odio, como si, enrre las nupcias y la guerra, putarán con la fuerza de los brazos y las armas y que se
enrre la unión y la lucha, exisriera un vínculo secrero? So- matarán e! uno al otro.
mos numerosos quienes hemos dicho que e! marrimonio Eso es, en efecto, lo que ocurre: Etéocles y Polinices,
es para la muchacha lo que la guerra para e! muchacho. que son los vástagos de un linaje que no debía tener des-
En una ciudad en la que hay mujeres y hombres, exisre cendencia, senrirán un odio muruo. Los dos acuerdan
una necesaria oposición y una no menos necesaria interac- ocupar e! trono, uno cada año, alternándose. Etéocles es e!
ción entre la guerra y e! marrimonio. primer soberano, pero, acabado e! año, anuncia a su her-
La historia de Edipo no acaba aquí. El linaje de los mano que no piensa cederle e! poder. Privado de sus dere-
Labdácidas tenía que detenerse en Layo, y la maldición chos, Polinices viaja a Argos y regresa con la expedición de
que pesa sobre Edipo se remonta a la lejanía de! pasado, los Siete conrra Tebas, de los argivos conrra los tebanos.
anres incluso de su nacimienro. Él no es culpable, se limi- Inrenta arrebatar el trono a su hermano aunque para ello
ta a pagar e! pesado rributo que significa ese linaje de tu- tenga que destruir Tebas. En un último combate, se ma-
llidos, de cojos, para aquellos de sus miembros que han tan e! uno al otro, de modo que ambos son el asesino de
surgido a la luz de! sol cuando ya no tenían e! derecho de su hermano. Se acabaron los Labdácidas. La historia ahora
nacer. sí que acaba allí donde parece terminar.
La expedición de Polinices conrra Tebas sólo fue posi-
ble porque Adrasto, rey de Argos, decidió emprenderla
LOS HIJOS DE EDIPO para apoyar la causa de Polinices. Para ello era preciso que
otro adivino, Anfiarao, estuviera de acuerdo con esa expe-
Se cuenta que cuando Edipo está ciego y avergonzado dición. Sin embargo, éste sabía que sería un desastre, en-
por e! peso de su culpa, sus dos hijos lo tratan de manera conrraría en ella la muerte y todo terminaría. Así pues, es-
tan indigna que, a su vez, lanza conrra su descendencia taba absolutamenre decidido a mosrrar su desacuerdo.
masculina una maldición semejanre a la que, tiempo atrás, ¿Qué hace Polinices? Se ha llevado consigo, al abandonar
Pélope había dirigido conrra Layo. Se dice que para reírse Tebas, algunos de los regalos que los dioses habían entre-

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gado a Harmonía en el momento de sus nupcias con Cad- como parte de su herencia a los Espartoi nacidos de la tie-
mo: un collar y una rúnica. Y regala esos dos talismanes a rra tebana, pero que también es descendiente de Cadmo y
la mujer de Anfiarao, Erifila, con la condición de que Harmonía, es un extranjero. Ahí le tenemos, al término
consiga de su marido que abandone su oposición a la ex- de su vagabundeo, sin lugar, sin vínculo, sin rafz, un emi-
pedición contra Tebas e impulse a Adrasto a hacer lo que grante, Teseo le ofrece hospitalidad; no le convierte en
hasta aquel momento no quería. Regalos corruptores, re- ciudadano de Atenas, sino que le concede la condición de
galos maléficos, y que también van unidos a un compro- meteco, de métoikos, de extranjero: pero será un meteco
miso, un juramento. ¿Por qué el adivino cede ante su es- privilegiado. Habitará esa tierra que no es la suya, se esta-
posa? Porque ha prestado un juramento del que no puede blecerá en ella. Así pues, Edipo pasa de una Tebas divina y
liberarse: en todo momento aceptará realizar lo que Erifila maldita, de una Tebas unida y desgarrada, a Atenas: es un
le pida. Regalos maléficos, juramentos con carácter irrevo- paso horizontal, sobre la superficie de la tierra.
cable. Algo que ya estaba presente en las nupcias de Cad- Por tanto, Edipo se convierte en el meteco oficial de
mo y Harmonía reaparece a lo largo del linaje y culmina Atenas. No es el único paso que realiza: se convertirá tam-
en que, a la postre, los dos hermanos se maten mutua- bién en subterráneo -será engullido en las profundidades
mente. de la tierra- y celestial, pues subirá hacia los Olímpicos.
Pasa de la superficie de la tierra a lo que está debajo de
ésta y también a lo que está en el cielo. No posee exacta-
UN METECO OFICIAL mente condición de semidiós, de héroe tutelar -la tumba
del héroe está sobre el Ágora-, desaparece en un lugar se-
Edipo, mientras tanto, se ha marchado de Tebas. creto que sólo conoce Teseo y que transmite a todos los
Acompañado por Antígona, pasará el resto de su días en la que ejercen la soberanía en Atenas, tumba secreta que es,
tierra de Atenas, cerca de Colono, uno de los demos del para la ciudad, la garantía de su éxito militar y su conti-
Ática. Se encuentra en una tierra en la que no debería es- nuidad. Tenemos, por tanto, a un extranjero venido de
tar, un santuario de las Erinias en el que está prohibido Tebas, que se instala como meteco en Atenas, y que desa-
permanecer. Los habitantes del lugar le ordenan que se parece bajo tierra, fulminado tal vez por Zeus. No se
vaya: ¿qué hace aquel mendigo en aquel lugar santo? Se transforma en autóctono, nacido del suelo, como se pre-
siente tan fuera de lugar como Dioniso al llegar a Tebas sentan los ciudadanos de Atenas, ni en gegenés, no surge
con su túnica femenina y asiática. ¡Vaya audacia la de ins- completamente armado, dispuesto a combatir, de la tierra
talarse en un lugar de donde ni siquiera pueden expulsarle tebana. No, realiza el paso en sentido inverso. Llegado
ya que no tiene derecho a poner los pies en él! Llega Te- como extranjero, abandona la luz del sol para arraigarse
seo, Edipo le cuenta su desdicha, siente que su final está en el mundo subterráneo en ese lugar de Atenas que no es
próximo, se compromete, si Teseo lo acoge, a ser el pro- el suyo y al que aporta, como contrapartida de la hospita-
tector de Atenas en los conflictos que puedan sobrevenir. lidad que se le concede al término de sus sufrimientos y
Teseo acepta. Así pues, ese hombre, ese tebano que lleva sus peregrinaciones, la seguridad de la salvación en la paz

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y la concordia: como un eco debilitado de aquella prome- PERSEO, LA MUERTE, LA IMAGEN
sa que representaba Harmonía cuando los dioses la entre-
garon como esposa a Cadmo, en los tiempos lejanos en
que Tebas fue fundada.

NACIMIENTO DE PERSEO

Hace mucho tiempo, en la buena y bella ciudad de


Argos, vivía un poderoso rey llamado Acrisio. Tenía un
hermano gemelo, Preto, y, ya, antes incluso de nacer, se
peleaban en el seno de su madre, Áglae. De ahí nació una
enemistad que se prolongaría durante toda su vida. En
especial, se disputaron el dominio del rico valle de la Ar-
gólida.
Finalmente, el primero reinó en Argos, y el otro, Pre-
to, en Tirinto. Así pues, Acrisio es rey de Argos. Está deso-
lado por no tener un hijo varón. Se va, siguiendo la cos-
tumbre, a consultar al oráculo de Delfos para que se le
diga si tendrá un heredero y, si es así, qué debe hacer para
tenerlo. Siguiendo la regla habitual, el oráculo no contesta
a esta pregunta, sino que le indica que su nieto, el hijo de
su hija, lo matará.
Su hija se llama Dánae. Es una muchacha bellísima a
la que Acrisio quiere mucho, pero se siente aterrorizado
ante la idea de que su nieto esté destinado a matarlo.
¿Qué puede hacer? Piensa que el encierro es una solución.
En realidad, el destino de Dánae será permanecer frecuen-
temente encerrada. Acrisio hace construir, sin duda en el
patio de su palacio, una prisión subterránea de bronce y

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