CÁTEDRA: FILOSOFÍA
DOCENTE: LIC. CLAUDIO ARISMENDI
PRINCIPIOS LÓGICOS
De todas las cosas que son, que existen, decimos que tienen ser. Se puede tratar de
una mesa, de un vaso, una rosa, un caballo, un cuadro de Salvador Dalí, el poema Martín
Fierro, etc. De todo ello decimos que es. Aquello que tiene ser también se lo conoce como
ente, que es el participio presente del verbo ser. Así cómo a alguien que canta lo llamamos
cantante, a algo que tiene ser, que participa del hecho de ser, lo llamamos ente.
La filosofía es justamente ese viaje por las regiones del ser. A la filosofía le interesa
todo aquello que tenga ser, trata de descubrir, pensar, razonar acerca de cualquier cosa que
es. Así sea de una mariposa, un teorema matemático, un experimento de física atómica, o
de un Dios (pensando acerca de su existencia o no), al filósofo le ocupa del tema del ser,
quiere saber qué cosas realmente son, y cuál es el ser propio de cada cosa.
Para poder tener ser, las cosas que son cumplen con una serie de principios. Estos
principios ya fueron pensados por Parménides, Heráclito y otros filósofos desde el siglo VI
a.C. en Grecia. Estos pensadores lograron hacer un camino por el cual se fueron
distanciando del modo de pensar propio del hombre de los mitos. Para el hombre mítico la
realidad estaba llena de dioses, de modo que las manifestaciones de la naturaleza eran
apariciones mágicas, a veces tenebrosas, de la voluntad siempre oscura de los dioses. Esto
hacía que un dios podía tomar la forma de un toro, o de un árbol, de una roca, o de una
erupción volcánica. Que un espíritu “daimónico”, semidios, que es un ser mitad dios mitad
hombre, pudiera tomar la forma de una corriente de agua o de un fuego. Planteadas las
cosas de este modo se deja notar que las cosas no tienen estabilidad propia, que no posee
identidad, que todo lo que percibimos es parte de un movimiento perpetuo e inestable en el
cual no se puede fijar un conocimiento cierto y seguro.
De este modo, Parménides de Elea planteó rigurosamente el principio de identidad y
de contradicción. Posteriormente Aristóteles (384-322 a.C.) completará con el principio de
tercero excluido, y luego Gottfried Leibniz (1646-1716) completará con el principio de
causalidad.
PRINCIPIOS LÓGICOS O PRINCIPIOS DEL ENTE (las dos expresiones las tomamos
como sinónimos)
1. Principio de identidad. Dice que “todo ente es idéntico a sí mismo”. La relación de
identidad la posee cada ente consigo mismo, por el mero hecho de ser. Esto hace
que cada ente del Universo sea único, sólo identificable a sí mismo. Queremos
hacer notar aquí que identidad no es lo mismo que igualdad. Decimos que dos
cosas son iguales cuando poseen las mismas características. Dos monedas podrían
ser exactamente iguales, tener en común hasta sus últimos detalles, pero serán
iguales, y no idénticas. Porque cada moneda sólo puede ser idéntica a sí misma.
En un ejemplo numérico, 10 = 5 +5, hay una relación de igualdad, pero 10 no es
idéntico a 5 + 5 : son diferentes. La diferencia entonces admite como una de sus
posibilidades a la igualdad, la relación de menor, de mayor, etc. Por lo tanto si entre
dos entes no encontramos diferencia alguna estamos tratando en realidad con el
mismo ente, y por lo tanto estamos situados en el principio de identidad de ése ente.
2. Principio de Contradicción. Este principio, derivado del anterior, sostiene que
para que un ente exista no puede tener al mismo tiempo una cualidad y su opuesta.
Por ejemplo, no podemos decir en nuestro discurso “hoy es lunes….. pero no es
lunes”, “la tiza es blanca, pero no, no es blanca”, o “María es muy simpática……
pero María me resulta insoportable”. Dado un enunciado cualquiera P, como los
anteriores, no podemos sostener que algo sea “P” y al mismo tiempo “no P”. Esto es
una contradicción, por lo tanto el ente del que estamos intentando describir o
explicar es inexistente, no existe, porque nada que tenga ser puede estar en
contradicción consigo mismo.
3. Principio de Tercero Excluido. Este principio deriva del anterior, y nos dice que
para salir de la contradicción tenemos que optar por uno de los dos enunciados, es
decir, el ente del que estamos tratando necesariamente poseerá el atributo P, o el no
P: y no hay una tercera posibilidad. Debemos optar por una de las dos opciones,
porque no podemos sostener que la tiza sea y no sea blanca, o que María es
simpática y al mismo tiempo que no lo es. De este modo, cualquier proposición o
enunciado que sostenemos, necesariamente ha de ser verdadero o falso,
excluyéndose una tercera opción. La Lógica, que es un saber surgido de la filosofía,
desarrolla el tema de la verdad o falsedad de las proposiciones, así como la validez
o invalidez de los razonamientos.
4. Principio de Razón Suficiente, o también Principio de Causalidad, o Principio
de Fundamento. Lo formuló claramente Leibniz: “todo tiene su razón de ser o
fundamento”, o dicho negativamente “nada es porque sí”. De este modo, todas las
cosas que ocurren pasan por algo, y cuando no lo sabemos eso no significa que la
causa no existe sino que escapa a nuestra comprensión. De hecho, la ciencia avanza
justamente por tratar de determinar las causas de tal o cual enfermedad o fenómeno
físico, químico, biológico, etc. que hasta el presente nos es desconocido.