Escuela Oficial de Entrenadores César Luis Menotti
EL ESPACIO
PERDIDOS EN EL “ESPACIO”
“Hay tres clases de futbolistas. Los que ven los espacios libres, los mismos que cualquier payaso ve desde la
tribuna y los ves y te pones contento y te sentís satisfecho cuando la pelota cae donde debe. Después están los
que de pronto te hacen ver un espacio libre sin más, un espacio que vos mismo y quizás los otros podrían
haber visto de haber observado atentamente. Y luego hay aquellos que crean un nuevo espacio donde no
debería haber habido ningún espacio. Esos son los profetas. Los poetas del juego”. (“Arqueros, ilusionistas y
goleadores” – Osvaldo Soriano)
Aquel magnífico e inigualable Barça de Pep Guardiola tenía la firme convicción que quién maneja los Espacios
en el Fútbol, termina administrando los Tiempos y quién se adueña de estas dos variables, normalmente tiene
más posibilidades de conseguir imponerse en el juego que el rival.
Pero vayamos aclarando los criterios… y principiemos por advertir que en una cancha de Fútbol se dispone de
unos 7000 m2 para jugar; cuando la pelota está en posesión del rival, este amplio territorio debe ser cubierto
por diez jugadores de campo, lo que daría como resultado que cada uno debe cubrir unos 700 m², algo casi
imposible… si se cierran unos espacios indefectiblemente se abren otros… Lo mismo sucede cuando uno tiene
la posesión del balón, por eso se debe generar un aprovechamiento correcto de los sectores, por lo que en esta
situación es primordial que la pelota circule rápido de un lado a otro, con jugadores que “entren y salgan” de
la jugada originando muchas opciones de pase, tratando de disponer de la menor cantidad de compañeros
de espaldas al arco rival y la mayor cantidad delante de la línea imaginaria de la pelota.
Por ejemplo, no se puede comprender cuando se argumenta que tal delantero “juega bien de espaldas al
arco”… Ningún delantero que entienda este juego puede jugar mucho de espaldas al arco porque no
imaginamos como podría hacer para concretar la acción más importante de un atacante: la definición. En ese
sentido, basta usar el sentido común, observando por ejemplo, si soy defensor… ¿qué preferiría si debo marcar
a Cristiano Ronaldo, Neymar Jr. o Lío Messi? ¿Qué me encaren de frente, o que estén de espaldas a mi arco? Ya
César comentó la anécdota de un famoso 9 al que dirigió, a quién en una charla “lo desafío a pelear”…eso sí,
debía pelear igual que jugaba, de espaldas a su oponente…
Por otra parte la situación de que la mayoría de los jugadores estén detrás de la línea de la pelota de quien
conduce, provoca normalmente que los jugadores no pueden “salir y entrar” en la jugada, para que aparezcan
los espacios, tal como expresa el concepto menottiano “Para entrar en la jugada, primero hay que saber salir”.
Es necesario entonces que haya jugadores por delante de la pelota, en zona de definición, o en “zona de
definición de la jugada”, para provocar movimientos de salida de esa zona (donde es evidente, estarán
marcados) para luego intentar volver a entrar en la misma con ventajas (sorpresa, perfiles, repentización,
cambio de ritmo).
Usaremos de ejemplo la selección argentina, en función de su partido con Venezuela en 2017, al solo efecto
explicativo y didáctico del concepto. Debemos recalcar que de manera alguna esto es una crítica a los
jugadores o al entrenador (los primeros, en nuestra opinión, todos excelentes, o fuori di serie, respecto a este
último, sería irrespetuoso opinar cuando ha tenido 4 o 5 entrenamientos, en un contexto general, crítico). Es
decir, sólo exponemos situaciones al efecto de que sirvan de ejemplos, y se debe entender exclusivamente en
ese contexto. No debemos olvidar que esto es juego, y que si se lo examina en “la búsqueda del error” ningún
equipo o jugador “se salvaría” porque siempre en un partido, hay una jugada que pudo resolverse mejor,
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aunque se hayan resuelto el 99% de forma excelente. Por esto mismo remarcamos que este análisis es al
efecto explicativo de los conceptos expresados, los que de ninguna manera representan una crítica, siquiera
una evaluación de nuestro equipo nacional, que debería realizarse en otro contexto.
Actualmente en esta Selección Argentina, se puede advertir observando finamente, que la misma “se pierde en
los espacios” cuando el rival se defiende con mucha gente y bien atrás; en esas circunstancias a los volantes les
cuesta aprovechar correctamente las zonas para recibir la pelota en forma cómoda, para desde esa comodidad,
elaborar una gestación acertada. La simpleza de un “concepto menottiano” resuelve este problema,
expresando: “Cuando un jugador dispone del balón sus compañeros más próximos no pueden estar en línea
paralela para ofrecerse como opción de pase, uno debe estar adelante y el otro detrás (“principio de
triangulación”) para desplegar un conveniente manejo del espacio en cualquier sector de la cancha”…
Por supuesto, tampoco es el camino pases verticales como regla, ya que en esos casos las ventajas las tiene
siempre el defensor.
Si tomamos como cierta esta dificultad en la gestación ,los delanteros de área llámese Gonzalo Higuaín, Mauro
Icardi o el Kun Agüero se ven en la misma dificultad para encontrar los lugares para hacer lo que mejor saben
(definir),y van entonces en exceso a recibir la pelota en lugares donde no pueden explotar todo ese poder de
definición que exponen en sus respectivas ligas, en muchos casos ocupando sectores del campo en los que se
hacen demasiado visibles sus “defectos” (acciones que menos dominan en comparación con otras en las que
son letales) y desde donde tampoco pueden generar acciones para que sus volantes piquen al vacío.
Como resultado, hasta Lionel Messi, el mejor jugador del mundo y una de las cinco coronas indiscutidas, se
“fastidia futbolísticamente” con facilidad porque en muchas ocasiones carece de tiempo para buscar una pared
o para asistir a un jugador por la incorrecta utilización de los espacios en la zona de gestación por parte de sus
compañeros, normalmente los volantes, quienes tampoco arriban en condiciones óptimas a la zona de
definición.
Insistimos una vez más: esto no es ni pretende ser un análisis táctico de la selección argentina, estas son
apenas nuestras particulares evaluaciones sobre un concepto, ya que además, entran muchas cuestiones, si
bien futbolísticas, que no están estrictamente ligadas a los aspectos tácticos en sí. Por ejemplo, la capacidad
increíble de los jugadores de mitad de cancha hacia adelante de nuestra selección, que ante las urgencias por
todos conocidas, pueden suscitar esa obligación que sólo pueden asumir estos grandes jugadores,
pretendiendo ganar el partido desde su individualidad y de cualquier manera. Este camino incorrecto, la
mayoría de las veces es lógico que se dé en este tipo de situaciones, cuando las cosas no salen como se
pretende. Más allá de esto que remarcamos, no debemos obviar que nuestra Selección como muy pocas en el
mundo tienen algunos jugadores capaces de ganar un partido por sí solos, como ya lo han demostrado en más
de una oportunidad. No obstante y a fuerza de ser sinceros, debemos remarcar, otro concepto menottiano:
“un jugador solo te puede ganar un partido, pero por sí solo no puede lograr que un equipo juegue bien”…
Si los mejores definidores juegan muy lejos del área y demasiadas veces de espaldas al arco, es porque su
equipo no juega bien en el más amplio sentido de la palabra, o porque sus jugadores no tienen muy en claro
que uno debe intervenir en la zona donde mejor puede explotar sus cualidades naturales, no entender esto, es
un error garrafal si los hay…
Una de las más mayores condiciones que puede tener un entrenador es la de ubicar a sus jugadores de
acuerdo a sus condiciones, lo que promueve la correcta determinación de sus obligaciones y posibilidades; en
realidad de esto tan simple se trata la hoy tan en boga “táctica”, que no tiene otro fundamento que poner cada
cosa en su justo lugar para lograr un objetivo…
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Saber qué sector se defiende cuando un equipo es atacado es clave, si un defensor tiene que elegir entre el
jugador que vienen gestando por la raya o al que está esperando para definir por el medio, debe quedarse
con este último, por sólo dar un ejemplo. Ejemplos, conceptos, que operan a favor del crecimiento y
capacidades de resolución eficiente, en este caso, de un defensor: pero esto determina también, la
importancia de lo que comentara César respecto a los especialistas, en este caso en zona defensiva. Es el
especialista en defender el que (y es especialista porque) va armando un paradigma conceptual que surge del
conocimiento de la geografía de su hábitat, a través del ensayo, de la experiencia, y también, de la intuición:
hay jugadores con poderoso instinto y capacidad natural para definir, otros con esas condiciones, para
defender… otros para estar siempre donde irá la pelota, y otros para ver el pase imposible de percibir. Y estas
capacidades, naturalmente, están relacionadas con el espacio que ocupan, conocen, mejor dominan: no es lo
mismo la capacidad de armado del juego para un volante central típico, si esperamos que pueda desarrollarla
desde al lado de la raya lateral, por dar un ejemplo. Y esto es hasta antropológico y psicológico en el ser
humano en general, donde “el espacio propio” (en taller de un mecánico, o el espacio donde escribe un poeta)
suelen ser determinantes para su mejor expresión profesional. Una vez más, nuestra idea es contraria a
“programar” al jugador (¿alguien se imaginaría a un entrenador tratando de programar a Messi?), que aun
algunos entrenadores sostienen (pedido al lateral que llegue al fondo y tire centro, no importa quién esté o
qué otras opciones tenga). Contrario a esto, hablamos de conceptualizar. Por ejemplo, es primordial que cada
jugador en función de sus características, y sus obligaciones y posibilidades colectivas, sepa “para qué” utiliza
determinados espacios (lo que obviamente, es diferente para los distintos jugadores). Como hablábamos en el
caso de delantero, sabe “que sale” de un sector, para poder volver a “entrar” con ventajas al mismo y no para
ponerse el traje de “gestador” o intentar definir desde afuera, desde espacios no propicios (y en la mayoría de
los casos, salvo jugadores como Messi o Romario que manejan la gestación casi tan excelentemente como la
definición). Lo mismo sucede, por dar otro ejemplo, cuando algunos laterales llegan a posiciones ofensivas, y la
falta de habitualidad y conceptualización, provoca apresuramiento por terminar la jugada, lo que muchas veces
redunda en “falsos pases” (pelotazos a dividir, centros sin observar relación numérica entre atacantes y
defensores, etc.) o en querer definir desde posiciones improbablemente eficaces, desconociendo que en eso
sectores, muchas veces su sola “participación” ocupando un espacio, puede generar ventajas ( mayor
posibilidad de pase para sus compañeros, más jugadores a marcar por el rival) a sus compañeros especialistas.
Como siempre, esto es en términos generales: luego la “geografía” de la acción puede determinar lo contrario
(si el lateral llega solo, sin marcas y frente a un arquero “desacomodado”, por exagerar el ejemplo,
probablemente lo lógico sea intentar definir) y por supuesto también las características individuales de quién
sea el lateral. Pero en cualquier caso, la conceptualización sobre cómo manejarse en cada espacio, es
fundamental. Y esa conceptualización incluye siempre de una manera u otra, los tres principios de tiempo,
engaño, y en este caso, espacio. Ya hemos visto otro ejemplo muy sencillo, dentro del área, en general, no se
puede ir vehementemente sobre el adversario como si se estuviera en zona de recuperación: cualquier amague
“que se come” el defensor, puede ser penal, o dejar al rival mano a mano con el arquero.
El manejo correcto del engaño es el instrumento más importante en la búsqueda de los movimientos
apropiados, esos que permitan hallar el lugar que dé la ventaja necesaria para poder jugar con mayor libertad,
definir o interceptar, reducir espacios o encontrarlos, según sean las circunstancias que reclama el juego. Por
eso hablamos siempre de entender la inter-relación entre los tres principios: tiempo, espacio y engaño. Es
decir, y ya veremos en más detalle, el engaño está relacionado constantemente con el espacio: cuando
decimos “salir de la jugada” para volver a entrar, en el caso de un delantero por ejemplo, hablamos de que el
rival suponga que abandona un espacio, cuando la intención es volver a atacar ese espacio, en situación de
ventaja (sorpresa por repentización de ataque a ese espacio, posibilidad de que el defensor me siga y lo
abandone, posibilidad de llegar mejor perfilado, etc.). Lo mismo sucede en la gestación, acumulo gente por un
sector, esperando que el rival haga lo mismo (cubra ese espacio) cuando en realidad mi pretensión es que
desprotejan espacios por el otro sector. Y podríamos seguir…el defensor le da dos metros de espacio en la
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marca al delantero rival, para provocar que quién conduce la pelota, traduzca eso en una posible oportunidad:
el defensor en realidad está esperando esa jugada, para intentar interceptar el pase.
El maravilloso Barça de Guardiola sabía perfectamente qué espacios utilizaría para defender o recuperar,
acciones que parecen semejantes a simple vista, pero que en realidad poco tienen que ver, y hasta sabían
cuáles eran los lugares más apropiados para utilizarlos como tiempos de descanso.
Cuando muchos hablaban de “equilibrio” para recuperar la pelota, habría que explicar que aquel Barcelona se
servía del conocimiento del juego para proteger los espacios, “achicándolos” cuando hacía falta, y desde esa
condición defenderse mejor: sabiendo defender los espacios, el equilibrio lo daba la solidaridad que entre
todos los jugadores asumían en el momento en que el equipo rival poseía la pelota.
En nuestra opinión consideramos que en general es un error utilizar a tres defensores para hacer circular la
pelota en el fondo…, demasiada distancia entre ellos para poder distraer, no comprendiendo bien para qué se
utiliza la circulación en la zona de distracción, que no es otra cosa que provocar la desatención de los rivales
que nos permita progresar prolija y correctamente a la zona posterior. Para que esa desatención y posible
consecuente desprotección de otros espacios del campo se produzca, es fundamental que la circulación en esa
zona sea fluida, pues si no terminamos más preocupados por no perder el balón, que por observar y promover
posibilidades de progresión. Y aquí es fundamental una vez más entender el espacio, y la intención de que este
sea lo más grande posible cuando disponemos de la pelota. Pero se requiere evidentemente también, de
ocuparlo correctamente: si dispongo del espacio pero lo ocupo con tan pocos jugadores - como en el ejemplo
que me dificulto la ejecución de la circulación, lo que buscaba como desatención del rival (engaño nuestro)
termina convirtiéndose en una oportunidad para él rival, me complico solo la posibilidad de progresión. Esto se
perfecciona con la correcta ubicación de todos los jugadores para participar en la tenencia, única forma de
agrandar el espacio. Es decir, agrandar los espacios implica la más amplia ocupación del mismo por parte de
mis jugadores. Y en el sector donde comenzamos la gestación, lo más importante es mantener la pelota y que
su circulación vaya abriendo espacios de progresión, pero circular la pelota con 3 jugadores en el fondo, hace
que sea sencillo marcar posibles receptores, hace que cada ejecución, implique un pase de 15 o 20 metros.
Como se ve en otros equipos, en ese sector la intención es establecer superioridad numérica, incluso
valiéndose del arquero en la circulación, obligando, “invitando” a que vengan muchos rivales, rivales que no
estarán (si logramos pasar líneas hacia zonas de gestación) en zonas de mayor peligro para el rival.
Sucede algo similar, cuando se supone erróneamente que un pelotazo frontal de 40 metros, implica penetrar la
zona de definición…si juega mi nueve contra 4 defensores, equivale casi a dársela a los rivales, más que
penetrar esa apetecible zona con probabilidades ciertas de culminación eficaz.
Volviendo a la tenencia en la salida, si no se logra concretar este objetivo de distracción y progresión, se
producen toques intrascendentes que ralentizan el juego volviéndolo demasiado previsible y por ende fácil de
controlar, provocando al no encontrar los caminos producto del engaño y la distracción en la circulación de la
pelota, el lanzamiento de pelotazos amenazantes, que no son otra cosa que eso, “una amenaza”, pero ya se
sabe que de “amenazas nadie muere”...
Si hiciéramos el ejercicio de caminar por una cancha desde la línea final hacia el otro arco, veríamos que al
comenzar, la cancha tiene 100 metros por 70 de ancho; en la medida que avanzamos, cuando llegamos a la
mitad de la cancha por ejemplo, comprobaríamos que ahora la cancha tiene 50 metros de largo por 70 de
ancho y cuando llegamos al área grande veremos que la cancha tiene casi 17 metros, pero sigue manteniendo
los 70 de ancho, lo que nos permite descifrar que los espacios se pueden reducir a lo largo, pero nunca a lo
ancho, de ahí la célebre frase del genial Ángel Cappa cuando dice: “en fútbol para ser profundo, primero hay
que ser ancho”…
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Se presiona para acortar los tiempos y se achica para reducir los espacios, ambas acciones buscan lo mismo,
quitarle rápido la pelota al adversario, primero en la zona de distracción y si no es posible en la zona de
gestación, pero con una diferencia: la presión se puede ejercer correctamente como máximo unos 30 minutos,
la reducción de los espacios puede utilizarse durante todo el partido. Es decir, la presión requiere de un
esfuerzo atlético importante para ser eficaz, el achique de espacios no, hasta podríamos decir, opera a favor
del ahorro de energía ya que reduzco el terreno de juego haciendo que los esfuerzos atléticos de mis
jugadores, se realicen en espacios pequeños, con la ventaja de minimizar el esfuerzo que esto supone.
También el achique, opera a favor de la eficiencia de la presión, por ejemplo, si mis jugadores están “dispersos”
de manera que hay 70 metros entre mi último hombre y mi punta más adelantado, será difícil que lleguen a
tiempo a presionar en bloque, será difícil puedan establecer superioridad numérica en esa acción, por eso
como ya vimos, sostenemos dos conceptos básicos ante la pérdida de la pelota: “todos nuestros jugadores
pasan inmediatamente la línea imaginaria de la misma, nuestra línea defensiva (y hasta el arquero) acompañan
los movimientos de adelantamiento y presión del resto de equipo, cuando decidimos realizarlo”.
Las últimas dos verdaderas revoluciones futbolísticas que hubo a nivel mundial (el Milan de Arrigo Sacchi y el
Barcelona de Pep Guardiola) utilizaban ambos recursos, pero no nos equivoquemos, no pasaron a la historia
por como recuperaban la pelota, sino por cómo te agobiaban con la tenencia, la gestación y la definición...
En definitiva, escuchamos y leemos que se habla y escribe mucho sobre “periodización táctica”;
“entrenamiento funcional” y “sistemas”, pero del juego en sí muy poco… Dijo en una ocasión César Luis
Menotti: “el fútbol es un juego de espacios”… por lo tanto saber manejar esos espacios en cualquier
circunstancia del juego es fundamental para alcanzar la eficacia, y muchas veces esos espacios para progresar
en el campo se encuentran utilizando la pausa o jugando la pelota hacia atrás cuando sea necesario.
Aquí es necesario también volver a un concepto de Menotti, que es a la vez un reconocimiento al holandés
Rinus Michel y su naranja mecánica: “se corre mucho cuando no se tiene la pelota, y poco cuando se la tiene”.
¿Qué quiere expresar César? Justamente lo que hacía esa Holanda: presionaba, pero al hacerlo hacía adelante,
lo hacía en un pequeño espacio de terreno. Ahora, cuando recuperaban la pelota, la participación era total,
todos se movían buscando espacios propicios para la progresión. Esto que hoy es habitual ver en equipos,
respecto a presionar para recuperar, en los equipos de Rinus era más asombroso aún, ver la transformación
que lograban cuando se hacían de la pelota, como usaban la misma repentización y participación colectiva,
ahora para gestar.
Con la herencia de Menotti y Cruyff, Pep Guardiola promovió la aparición de varios de esos “profetas” y
“poetas” del juego, a decir del majestuoso e inolvidable Osvaldo Soriano, que inventaban espacios tan solo
porque sabían jugar magistralmente al fútbol y desde el juego encontraban los mejores sectores, las zonas más
fructíferas, los lugares más convenientes para utilizar.
En definitiva, esta Selección Argentina (como muchos equipos) se perdió en los espacios y no pudo ni supo
encontrarlos, fundamentalmente porque es notoria la falta de ensayos. En el caso del entrenador de nuestra
Selección, se encuentra en una circunstancia de la que no es responsable, ni puede operar a favor de
cambiarla: no tiene otra opción que tratar de aprovechar las pocas oportunidades que tendrá de
entrenamientos y ensayos, en medio de la “desestructura” en la que recibió tamaña responsabilidad.
A pesar de estas circunstancias ajenas a jugadores y cuerpo técnico, su tremenda categoría no nos dejan dudas
que el tiempo nos ira acercando a ver una Selección que pueda plasmar las tremendas posibilidades que tiene,
solo comparables con dos o tres equipos del mundo.
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Nuestro objetivo es que desarrollemos el concepto. Y comprender que es vital la importancia y el manejo de
los espacios, utilizar esta variable como uno de los pilares en el análisis del funcionamiento de nuestro equipo,
ya que es una de las partes primordiales del entrenamiento y el ensayo, para ayudar a los jugadores a manejar
estos conceptos individual y colectivamente. Sin dudas, resolverá más a favor de su equipo, que largas jornadas
de trabajo descontextualizadas de espacio y tiempo, del juego en sí.
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